GABINO URIBARRI BILBAO, S.J.
*
Facllliad de Teología. U. P. Comillas (Madrid)
TRES NOTAS SOBR E
EL CONTR A NOET UM HIPOLITANO
El enigma en torno a Hipólilo romano sigue siendo hoy en día uno
de los rompecab ezas más persistent es para los estudioso s de la teología
y la iglesia del siglo tercero. Los do simposiw ns celebrado s en su honor
en Roma, en 1976 y 1989, resp clivament e, bajo el patrocinio del 111s-
titutum Patristicu m «Augustin ianum» 1 han terudo la virtualida d de rea-
nimar la discusión 2 • Dentro de este panorama , la obra de A. Brent 3 me-
-rece especial atención, tanto por su originalid ad, extensión , amp litud de
los materiale s analizado s, como por pretender soluciona r todos los as-
<• Nac.ió un Maddd un 1959. lngresó un la Compañía Jc Jcsüs en
1977. Licen-
ci <tclo en Filosofía y Letras (secci ón Filosul"ía) por b UPCo . Comenzó s us estudio · ue
Teología un la Onivct·sidad Pontificia Comillas, licenciado en Tr.!ología por h1 Philo-
so phisch-Thc ologischt: Hochschul • de Sanh.-t Gcorgen de Franckfort del Meno (1993 )
y d octor en Teología por la UPCO (199-n con Lma tesis public¡¡da con el título Mo-
Jum¡zda ' Tdnida.d. El co nc:eplo leoló~ ico «Momtrchia » en la cOIIIYol ersia «Momu·-
t¡Hicma », UPCO, Madrid, 1996, 588 pp. y Reaviva r d don de Dios (2 Ti111 1,6}. Um1 pro-
pueslrl. ele pro1110c:i6 n t•ocacio nal, Sa l Tcn·ae, Santander, 1997, 299 pp. Enseña
Escatolog ía e Historia de la Teologia en la UPCO (Madrid).
' [Link]: s z1 lppolito (SEAug 13), Roma 1977; N1101 e ricerclte su !pp o/il(l
(SEAug 30). Roma 1989.
' Para la bibliogrnfía anterior s ·pueden'' r las obrlls citadas en la primera no-
La. A lgtl l1<'s de las llltimas visiones de conjunto son: CL ScHOLTEN, Hi ppolytos ll
(1 o n
R o!ll ): RAC XIV (19 1) c . 492-551; V. SAXER, «Rippolytc ~. en DRGE XXIV (1993)
c. 627-635 .
.1 A. BRENT, Hippoly tus and the RollllUI Church in th · rhird cenlll!)'· Commzmiti es
in ten.>ÍI) /1 be(ure tlw entergence o( a nw¡wrc:h-bi slwp (SVigChr 31), Leiden, E. J. Brill,
1995 , xn + 611 p .
72 (1997) ESTUDIOS ECLESIÁSTICOS 309-339
310 GABINO URÍBARRI BILBAO, S.J.
pectos en la intrincada cuestión hipolitana. Cualquiera que esté míni-
mamente al cabo del asunto reconocerá la importancia excepcional que
el opúsculo titulado Contra Noetum juega dentro de los diversos inten-
tos de descifrar el enigma hipolitano 4 ; consecuentemente, también en la
propuesta de Brent -'. En estas notas, primero, presentaré muy sucinta-
mente las líneas de fuerza de la nueva propuesta de Brent 6 • Segundo,
discutiré su interpretación del Contra Noetum, centrándome en tres
puntos concretos: 1) si este tratado es o no el final del Syntagma de Hi-
pólito; 2) si el Contra Noetum es posterior al Adversus Praxea11 de Ter-
tuliano, y 3) si la teología que refleja supone una aproximación (rappro-
cheme11t) al patripasianismo de Calixto como Brent sostiene.
l. LA TESIS GENERAL DE BRENT
La principal novedad del libro de Brent radica en el modo de apro-
ximarse a toda la cuestión hipolitana. Su interés primordial es socioló-
gico o, mejor dicho, eclesiológico. En su estudio prima la reflexión acer-
ca del tipo de comunidad o comunidades que las obras del corpus
hipolitano reflejan y, consecuentemente, tanto la situación eclesial
(f'ractionalized community) que estas comunidades reflejan como la pra-
xis eclesiológica (ordenación eclesial, estado de desarrollo del ministe-
rio episcopal) de la época (p. 1). Además de ello, maneja una documen-
tación realmente copiosa, abordando no sólo cuestiones sociológicas y
' Sobre el CN después del último s imposio de tacan: R. M. H üBNER, Die antig-
nostische Glaubensregel des Noé't von Smy nw (H ippolyt, Refiltatio IX, JO, 9-12 zmd
X,27,1-2) : MThZ 40 (1989) 279-311; lo., «Melito von Sardes und Noet von Smyrna »,
en Oecumenica et Patristica (FS W. ScHNEEMELCHER), Hg. v. D. PAPANDREou; W. A. BIE-
NERT, y K. ScHXFERDIEK, Chambésy- Genf, 1989, 219-240; lo., «Der antivalentinianis-
che Charakter der Theologie des Noet von Smyrnan, en Lagos (FS L. ABRAMOWSKI),
Hg. v. H. Ch. BRENNECKE, E. L. GRASMÜCK y CH. MARKSCHIES, Berlín 1993, 57-86; J. FRIC-
KEL, Der Antinoet-Bericht des Epiplumius als Korrektiv fiir den Text von Hippolytus
Contra Noetwn : Compostellanum 35 (1990) 39-53; lo. , «Hippolytus Schrift Contra
Noetum: ein Pseudo-Hippolyt», en Lagos, o.c., 87-123 . Con quienes discrepa: M. SI-
MONETTI, Tm Noeto, Ippolito e Melitone: RSLR 31 (1995) 393-414. También han inter-
venido en el debate: C. P. BAMMEL, The State of'Play with regard to Hippolytys and the
Contra Noetum: HeyJ 3 1 (1990) 195-1 99; A. P ouRKIER, <<La notice contre Noetn, en su
libro L'lufrésiologie che?. Ép iplume de Sa.l.a111ine, Par fs 1992, 115-146 y A. BRENT, Was
Hippol)1rts a Sclrim r<tl ic?: VigChr 49 (1995) 2 15-244.
' Véase la p . 17 del artículo citado en la nota siguiente.
'' Para una presentación y discusión de conjunto más amplia, véase M. SJMO-
NETTI, Una mwva proposta su Ippolito: Aug. 36 (1996) 13-46.
TRES NOTAS SOBRE EL CONTRA NOETUM HIPOLITANO 311
eclesiológicas, sino también arqueológicas, iconográficas, textuales, li-
túrgicas, doctrinales y de estilo. Como se hace eco de todos los testimo-
nios posteriores pertinentes sobre Hipólito, su estudio abarca autores
situados dentro de un período muy extenso. Sobre este material tan di-
verso, Brent aplica combinadamente el análisis y la síntesis, hasta re-
construir una imagen de conjunto en la que todas las piezas del galima-
tías hipolitano parecen encajar armónicamente.
La obra consta de siete capítulos, a mi modo de ver estructurados en
tres partes. La primera parte considera la problemática en torno a la fa-
mosa estatua. El primer capítulo (3-50) defiende, contra Guarducci y
Cecchelli, la fiabilidad de las informaciones de Ligorio: el lugar original
de la estatua habría sido la vía Tiburtina. Dentro de su hipótesis, resul-
ta fundamental situar la estatua en un lugar cristiano de culto. En el se-
gundo capítulo (51-114) arguye que la estatua era un objeto comunita-
rio que, representando a la sabiduría, se convirtió en un símbolo
iconográfico de la comunidad hipolitana. Positivamente, la estatua fe-
menina de la filósofa epicúrea Temista de Lampsaco pudo venir a colo-
carse en un lugar cristiano de culto y reunión, la casa de Hipólito, lugar
de encuentro de la comunidad; donde, a su vez, estarían recogidas las
obras de Hipólito. Una estatua femenina de una filósofa pudo identifi-
carse con la sabiduría, dada la cristología del Logos de esta comunidad,
en la que se identifican sofía y logos. Así, la estatua pasó a simbolizar a
Cristo. Las coincidencias entre las secuelas epicúrea y joanea favorece-
ría esta hipótesis. Negativamente, la estatua no representa a un indivi-
duo, sino a una comunidad o una escuela. Consecuentemente , no hay
por qué presumir que las obras que figuran en el plinto de la estatua se
refieren a un único individuo y no hay que buscar un único autor al que
quepa atribuir todas las obras de la estatua, ni siquiera dos autores. En
cuanto que la estatua representa a una comunidad, las obras pueden
abarcar una serie de autores cercanos por la teología e incluso el estilo,
pero sin tener que llegar a la identidad. Es más, puede que dentro de la
escuela se hayan retrabajado, pulido y reelaborado materiales de auto-
res anteriores como sería el caso de: la Traditio apostolica, la readapta-
ción del calendario pascual o el Contra Noetum como una reelaboración
retractaría de la Refutatio.
La segunda parte trata del corpus hipolitano. La intención es mostrar
positivamente lo que con la nueva interpretación de la estatua quedó
abierto como posibilidad: las obras del corpus no se pueden entender
como de un único autor. Más bien, hay que suponer al menos tres au-
tores de la comunidad hipolitana. Para ello pasa revista, en el capítulo
312 GABINO URÍBARRI BILBAO, S.J.
tercero (115-203), a los aspectos externos del corpus. En los dos capítu-
los siguientes se atiene a los internos. Primero considera la relación en-
tre las obras de la estatua y las que se vinculan con la Ref (204-299) y
luego hace lo mismo con las que se asocian al CN (300-367). Como co-
lofón, considera que detrás del CN y la Ref subyacen dos perfiles litera-
rios diferentes. Una vez más, tanto el CN como la Ref y sus respectivas
relaciones se convierten en la piedra de toque de la cuestión hipolitana 7 •
La tercera parte de este estudio (368-540) aborda el orden eclesial
existente en Roma en el primer tercio del siglo m. Junto con su inter-
pretación de la estatua, es la otra clave de bóveda que le permite articu-
lar las relaciones internas dentro del corpus hipolitano. Aquí arguye,
contra Lampe, que cuando menos hasta después del 235, consecuente-
mente bastante después de Víctor, no se habría dado la evolución hacia
el episcopado monárquico. De ahí que fuera posible la existencia de co-
munidades eclesiales, con semejanzas con las escuelas filosóficas hele-
nísticas, con teología, liturgia y calendario pascual diferente dentro de
una misma región, sin que esto implicara un cisma. La comunidad ro-
mana estaba fraccionada. La comunidad hipolitana habría desarrolla-
do, así, una existencia en gran parte paralela y antagonista a la de Víc-
tor, Ceferino y Calixto. Más adelante, se llegó a una reconciliación entre
ambas comunidades, testimoniada como una reconciliación entre Hi-
pólito y Ponciano, llevada a cabo bajo la dirección del presbítero Hipó-
lito, mediante la composición del CN Rastros de dicha reconciliación se-
rían la exclusión del CN y la Ref de la lista de la estatua, para no alardear
de su triunfo teológico sobre posturas de índole monarquiana como las
de Ceferino y Calixto; la adaptación del calendario pascual al de la co-
munidad mayoritaria y la retractación hacia posturas teológicament e
más cercanas a Calixto (rapprochemen t) que supone CN frente a Ref; en
concreto la recusación tácita de la preexistencia personal del Lagos an-
tes de la encarnación. Las divergencias e incongruencia s entre las noti-
cias de los autores posteriores en torno a Hipólito se explicarían por
proyectar éstos el orden eclesial existente en su época y lugar sobre la
comunidad romana del primer tercio del siglo m.
No cabe duda de que a partir de ahora se habrá de contar con esta nue-
va hipótesis en todo acercamiento a la cuestión hipolitana. La puesta de
relieve del aspecto eclesial y sociológico abre nuevas vías para la investi-
gación y el debate. Por mi parte, dejo de lado todo lo relativo a la estatua
7
Sobre la discusión anterior, además de lo citado en la nota pdmera,
cf. G. Monarquía y Trinidad. El concepto teológico «17Willlrclzia» en la con-
URfi3ARRI,
troversia «11101Wrquiana», Madrid 1996, 233-248.
TRES NOTAS SOBRE EL CONTRA NOETUM HIPOLITANO 313
y al desarrollo de la form a monárqu ica del episcopa do, aspectos contes-
tados por Simone lli . Me centraré exclusiva mente en la compren sión de
Brent del CoiLlm Noetum, de la que dis iento, s in entrar en la cuesti n d
la autoria. En particula r, solamen te me detendré en los tres puntos con-
cretos, qu e a nunci é en al comienz o. Son sufici en tes como p ara rechaza r
la visió n d conjunto que Brent propugn a so bre e te tratadito teológico ".
2. EL CONTRA NOETU M ¿FINAL DEL SYNTAGMA?
No es mi intenció n entrar en todos los aspectos que han interven ido
en la discusió n acerca de si el Contra Noetum constitu ye o no el final del
Syntagm a . Simplem ente me limito a dialogar con la postura defendid a
por Brent~.
2.1. CRíTICA EXTERNA
Para identific ar el CN con el final del Syntagm a de Hipólito contra
treinta y dos herejías del que nos habla Focio ([Link] 121; PG 103,
401 C-403 B) se barajan argumen tos tanto de crítica externa como in-
tema. Para Brent (117-8) parece que los argumen tos de crítica externa
son contund entes. En su opinión, la conjunc ión de los siguient es ele- ,
mentos no daría opción a negar la identida d del CN con el final del Syn-
tagma, pues todos ellos inciden unánime nte en el título de la obra:
l. El título del manuscr ito, «Homilí a de Hipólito , arzobisp o roma-
no y mártir, contra la herejía de un cierto Noeto», no podría ser
original 10 •
2. Gelasio nos proporc iona otro título de una obra hipolitan a, me-
moria haeresiu m, concord ante con el de Focio. Dado que cita li-
' M. StMONirrn. Una 1111 0va proposta, centra gran parte de su discusión con
Brent sobre o.:ste mismo punto; véase pp. l7-33 .
• Para una informaci ón sobre la discu sión, cf. la introducc ión de R. BuTTER·
woRTH a su edición del Co w m Noetwn {London 1977), 7-33, y A. BRENT, Hippoly
ws,
1 16- 127 . M . SIMONETTI, Una lllLO\ a proposlll, 39-41, también discrepa con Brcnt
en es-
te punto. Entre lo defensore s del S y11 lag111a destaca: P. NAUT!N, Hippolyte . Conlre
les
luJrésies. Fmg111e111 (étudc er éditicm crilil{llll}, París 1949, 13-70.
11
' Sin entra¡· a cliscutir este asu nto, R. BuTTERWORTH, a .c. , esp. 118-141, ha mos-
b·ado que nmlrncnlc se trata de algo muy similar a una homilía. En defensa del
ca-
r ácte r homil!!tic o de ·taca: E . S CHWMTZ, Zwei Predigten Hippolyts: [Link]
1936,
HcH 3. Eo contra: CH. MA!uJ N, Le «Contra Noetum» de saint Hippolyte: fragment
d'homélie ou finale du syntagma? : RHE 37 (1941) 5-23 .
314 GABINO URÍBARRI BILBAO, S.J.
bremente de CN 16,5-18,7, Gelasio estaría manejando el Syn~ag
ma hipolitano y nos proporcionaría la pista de identificación del
mismo con el CN 11 •
3. CN 8,4: rráam ToaafJTm mpÉaELS' nos proporcionaría de nuevo el tí-
tulo del tratado, coincidente, por lo demás, con Eusebio (HE
VI,22) y Jerónimo (Vir. ill. 61).
4. El Chronicon Paschale 8 menciona el mismo título.
Así, concluye Brent: <<Despite this clear and tight association of titles
in the literature, problems have nevertheless been raised with the iden-
tification of CN with the aúvmyiJ-a» (118, subr. mío).
En mi opinión, la crítica externa es radicalmente insuficiente y la
cuestión se ha de resolver desde la crítica interna. Focio nos informa de
la existencia de un tratado hipolitano contra treinta y dos herejías que
comenzaba por los dositeos y terminaba con Noeto y los noetianos.
Ahora bien, cualquier escrito hipolitano que se haya ocupado exclusiva-
mente de Noeto y los noetianos puede inicialmente considerarse como
el final del Syntagma, dado que, supuestamente, su última parte versa
sobre los noetianos. Dada la importancia de la herejía noetiana, no pa-
rece que pueda descartarse a priori la posibilidad de una obra exclusi-
vamente contra Noeto y los noetianos, aunque ningún autor antiguo nos
porporcione un título con el cual podamos identificarla. Menos aún se
puede eliminar esta eventualidad en el caso de Hipólito, habida cuenta
de los avatares que acompañan la transmisión de su corpus. De otro mo-
do simplemente estaríamos poniendo una etiqueta sobrante en nuestro
catálogo de obras sin habemos cerciorado de si encaja con el contenido
" Este argumento se suele reforzar, de diversas formas, con: HIPÓ LITO, Ref' 1,1;
X,S,l; PsEUDOTERTULIANO, Adv. 011111. lzaer.; ErTFANIO, Pan. 57; TEODORETO, Emnistes 11;
Haeretice f'abulae 2,5, y FnASTRO, Liber de l111eresibus. No entro en la valoración del
texto de Epifanio. Para unos prueba la existencia del Syntagnw (A. BRENT, Hippoly-
tus, 126-7; J. FRICKEL, Der Antinoet-Bericht des Epiphanius), mientras que para
A. PouRKIER, a.c., no interesada en probar nada sobre Hipólito y considerando la obra
de Epifanio en sí misma, la <<notice contre Noet>> supone una confirmación más de
una característica propia del autor: Epifanio no se habría limitado simplemente a co-
piar de sus fuentes. En contra de la opinión de Frickel: M. SIMONETTI, «Aggiorna-
mento su lppolito», en Nzwve ricerclze su Ippolito, 75-130, aquí 88-92; C. P. BAMMEL,
o.c., 198, nota 16.
" Brent esgrime un argumento similar en otro contexto: «Simply because so-
meone is given in a dial o que the fictitious name of Gaius, which was a very commom
praenomen in Roman antiquity, it does not follow that he must be the same Gaius as
the author of the rrpo<; npóK>..ov, nor modelled on anything that Gaius said in that
workn (148). El paladín principal del Syntagma, P. NAUTIN, Notes sur le catalogue des
TRES NOTAS SOBRE EL CONTRA NOETUM HIPOLITANO 315
de la misma 12 • Es decir, para identificar el Contra Noetum con el final
del Syntagma deberíamos encontrar suficientes pistas en su interior,
que nos mostraran que no se trata de un tratado unitario, consistente en
sí mismo 13 •
2.2. CRíTICA INTERNA
Dentro de la crítica interna podemos dividir el razonamien to de
Brent en dos series: a} De forma congruente con su manera de ver, la
presentació n de la verdad, en la segunda parte del tratado, no solamen-
te estaría concebida en contra de la herejía noetiana, sino también con-
tra las demás herejías vistas anteriormen te. b) Por otra parte, en el mis-
mo texto del Contra Noetum habría alusiones que nos permitirían
colegir que nuestro opúsculo es una parte de un todo mayor. Veamos
cada una de estas cuestiones por separado.
a) Adversus omnes haereses
Según Brent, la segunda parte del tratado (10,1-18,10 ) consiste no
sólo en una refutación de Noeto, sino también y expresamen te de las he-
rejías anteriorme nte tratadas:
«<n CN 8,4, as we have seen, the Ti¡v Tí')S" ci>..T]Sdac;- is introduced in
conlusion to the work as a refu tation of a number of heresies, and not
s imply that of Noetus (KaO · 1is- nuam Toaaí)Tm mpÉaELS" 'YE'YÉVTJVTGL
8wdJ1EIIOt dnáv)n (124, cf. Lb. 126) 14 •
Ul!llvre.s tl'Hippolyte: RSR 34 ( 1947) 99-107, aquí 106, previene sobre la üabilidad de
los titul as de Teodoreto y advierte la necesidad de pre aución. Sobre la preeminen-
cia de la aítica interna sobre los títu1os,1n., Hippolyte el Jostj1e. Ccmtribution a f'his-
toire de lalittérat11e c:hrétie11ne dtt troisieute sicc:le, P aris 1947, 37. 96.
,., Que d CN es un tratado unitario ha :.ido convincentemente:: establ ecido por
R. BurrERWORTil , o.c. Sin cm bru-go, Brenr opina: o: Aowever none o[ his analys is is io-
consisten t witl1 CN having been origina lly onc secti on of a longer worb (123-4). No
puedo estar de acuerdo con Brent y argumenta ré ex abwulrmtia. desde otra perspec-
tiv·t, complementa ria a la de Butter\YOI·th .
P En este punto coincide con R. A. LIPSIU ·, Die Quellel! der Alt~t e!l Ket-z.~J rg es
chichte IICLI [Link] tersucht, Leipzig 1875, 129-131; Cu. MARTIN, o.c., 22-23, quienes se cs-
[uen:an en demostrarlo. cosa que no hace Bren t; y P. Al!TJN, Notes _,·ur le cata /ague,
105, nota 2. Lipsius opina que los capítulos 9-11 contendrían argumentació n a ntig-
nóstica, el 16 seria antiemanacio nisla y que los capítulos 15-18 estarían concebidos
como una defensa de la humanidad de Cris-to. Vere mos cómo sí son e:-..-pLíctamcnt e
an timonarquian os . Vt!asc mi estudio citado en la nota siguiente.
316 GABINO URÍBARRI BILBAO, S.J.
Sin embargo, en la segunda parte del Contra Noetum, la demostra-
ción de la verdad, el autor simplemente se limita a abordar los mismos
temas que en la primera parte, circunscrita a la refutación de la herejía
noetiana, como seguidamente veremos 15 • Ciertamente, hay algunas alu-
siones al gnosticismo (11,3), a Marción, a Valentín y a Cerinto (11,3) y
trazos antidocetas (4,10; 15,7; 17,5). Pero esto no implica que se esté
atendiendo expresamente a la refutación de estas herejías. En esta épo-
ca, estos incisos no tienen nada de particular. Más aún, la cuestión de
la encarnación, aquí con fuerte contenido antidoceta, era expresamente
uno de los teologúmenos centrales dentro de la discusión patripasiana 16 •
Y el antidocetismo está presente también en la primera parte del trata-
do, en la que se está refutando la teología noetiana.
Las siguientes razones son suficientes para rechazar que en esta par-
te se esté atendiendo a otras herejías distintas de la de Noeto.
1) No se ataca a los dositeos
De las treinta y dos herejías que deberían combatirse simultánea-
mente en esta parte final, por las informaciones de Focio sólo tenemos
constancia de la necesidad de la inclusión de Noeto y los dositeos. Sin
embargo, no encontramos nada expresamente dirigido en contra de es-
tos últimos 17 • Los defensores del Syntagnza arguyen que la principal he-
rejía a combatir, como en la Ref; sería la noetiana 18 • De ahí la concen-
tración expresa en ella. La ausencia de cualquier referencia a los dositeos
no es un argumento de mucho peso, aunque no deja de extrañar que la
herejía colocada en primer lugar, con todo lo que ello implica, haya que-
dado inmune a cualquier crítica. Sin embargo, sí lo es, como pasamos a
" Para nuestro propósito nos basta con la división del tratado propuesta por
R. BuTTERWORTH, o.c., 94-117. Coincido con Butterworth en la división de las partes
principales y en su simetría interna. Difiero, por contra, en la dinámica que estruc-
tura el razonamiento. En mi opinión, el autor no sigue una secuencia teológica ra-
cional de índole económica: «pre-incarnate Word, incarnate Word, unity and dis-
tinction of God», sino que se atiene a una exégesis antinoetiana de los tres textos que
discute: Is 45,14-15; Bar 3,36-38 y Rm 9,5. Sobre ello me pronuncio en: La estmctzt-
ra del Contra Noetwn: MCom 55 (enero-junio 1997).
'" Cf. CN 1,2; 3,2; Prax 1,1; 2,1; 5,1; 11,1; 26; 27; RefiX,10,11; 11,3; 12,17-18.
17
Sobre los dositeos, cf. R. McL. WrLSON, Sinzon, Dositheus and tlze Dead See
Scrolls: ZRGG 9 (1957) 21-30; K. ScHUBERT, Dositheos v. Samaria: LThK2 111 (1959)
c. 527-528; A. ToRHOUDT, Dosithée de Samarie: DHGE XIV (1960) c. 701-702; C. GrA.
NOTTO, Dositeo di Samaria: DPAC 1 (1983) c. 1039-1040. La última edición del LThK3
111 (1995) c. 350-351 ha suprimido toda referencia a este autor.
" Cf. A. BRENT, Hippolytus, 126.
TRES NOTAS SOBRE EL CONTRA NOETUM HIPOLITANO 317
examinar seguidam ente, que la herejía noetiana no es sólo la preemi-
nente en la demostrac ión de la verdad , sino también la única.
2) In demostrac ión de la verdad está estrictame nte dirigida
contra Noeto 19
Si se acepta la estructura que Butterwo rth encuentra en el tratado,
queda claro que tanto la demostra ción de la verdad como la refutación
de Noeto tienen en su punto de mira a Noeto y sus seguidore s, no sólo
de forma preponde rante, sino exclusiva . Vamos a demostra r que esto es
así ateniéndo nos al contenido mismo de la teología expuesta mediante
un triple razonami ento. Recorreré cada una de las partes de la demos-
tración de la verdad viendo cómo: primero, en sí misma considera da
aborda la herejía noetiana; segundo, cómo los paralelos con el Adversus
Praxean de Tertulian o confirman que los temas tratados son antimo-
narquiano s; y, tercero, cómo lo que se discute en la demostra ción de la
verdad está en estrecha consonan cia con lo tratado en la refutació n de
la herejía noetiana.
Lo que Brent considera segunda parte, en realidad consta de dos epí-
grafes diferentes . Uno de ellos está dedicado a la demostra ción de la ver-
dad en cuanto tal (8,4-17,2) y el otro represent a la conclusió n final o pe-
roración de todo el escrito (17,3-18,10)2°. El peso de la prueba ha de
recaer sobre la demostra ción de la verdad, pues es lógico que en la pe-
roración el autor proceda con mayor libertad. De hecho, el estilo de es-
te epígrafe posee una personali dad propia 21 •
" Ya h abía a rguid o en este sent ido A. v. HARNACK, Über das verlorengegange11e
Syntagwa Hippo(yfs, die. Zeif scil w r Abfczssu Hg zmd die Quellen, die ihm zu Grwzdc lie-
gen: Zeitschrirt Fü t· d ie h istorischc Theologie 44 (1874) 141-226, aquí 181; y E. ScH-
WARTZ, o.c., 35, quien, a su vez, remite a Harnack sin avanzar sobre él.
2
" Véase la nota 15.
~ ' Cf. R. B UTTrmwoRTH , <l .C., 115, 131; J . F RICKEL, Hippolytus Sc:hrifi Contra
Noe-
tzm/, lO l s. Bu ttcrwm·t h (11 4-5) con sidc1·a que la pcromción está construida siguien-
do la misma secp enda q ue la res puusta inicial de los presb ítcms a Nocla (CN 1,7).
En cualquier caso, en esta pm·tc s igue ha biendo una presencia predomina nte de as-
pectos antinoetian os : la alteridad entre el Lagos y el Padre (17 ,3), en lugar de la iden-
tidad cnu·c a m bos proclamada p or los patri pnsianos; que el Lagos es quien se m anj-
fes tó ( 17,4) y no el Dios ú nico, lema que, como explico seguida mente, per tenece al
ele nco de las tesis n oetianas; y qu e el Logos es quien real men te se en carnó (18 ,1-
18,9), en contra de la an tocncarnad ón del P a lrc.
318 GABINO URÍBARRI BILBAO, S.J.
Una vez terminada la introducción a esta parte, con las aclaraciones
pertinentes sobre el método (8,4-9,3), el autor aborda tres cuestiones su-
cesivas.
2.1. Primero, en continuidad con la exégesis noetiana deIs 45,14-
15 condensada en CN 2,6, indaga quién es el que se ha manifestado vi-
siblemente22. Que esta es la cuestión en liza resulta evidente si se obser-
va la coincidencia entre CN 2,6, justo tras la cita deIs 45: «-Ves, dicen,
cómo las Escrituras proclaman un Dios único que se ha manifestado vi-
siblemente (E:¡.tcj>avous- 8ELKVU¡.tÉvou)», y el final de este apartado, CN 12,4:
<<Si, pues, dijo: "El mundo fue hecho por medio de él" [Jn 1,3], co-
mo dice el profeta, "Por el Lagos del Señor se establecieron los cielos"
[Jn 1,10-11], entonces este es el Lagos que se ha manifestado visible-
mente (€~<!Jav~s 8ELKvÚ~Evos)» 23 •
Para responder a esta cuestión, el autor del Contra Noetum, a quien
por comodidad llamaré Hipólito, articula su razonamiento en dos pasos
sucesivos. Primero (10,1-11,3) se remonta al estadio inicial en que Dios
todavía no había establecido una relación con el mundo. Es decir, al
momento en que no había manifestación divina ninguna a creatura al-
guna, por no haber creación (10,1-2). Desde aquí aborda tanto la crea-
ción del mundo, como la prolación del Lagos. Pues, en efecto, el Lagos
que estaba en Dios (10,2) es el autor de la creación y el que se ha mani-
fiestado como visible a la creación:
<<Teniendo en sí al Lagos que era invisible, lo hace visible para el
mundo creado. Pronunciando una primera palabra y engendrando una
luz de luz, envió a la creación, como señor, a su propia mente, que an-
tes era visible sólo para El; hace visible para el mundo creado al que era
invisible (Kóa~4J c:iópaTov <'ivTa 6paTov TIOLE'L), para que, a través de su ma-
nifestación (8L<1 Tov <Paví']vm), el mundo, viéndolo, pueda ser salvado»
(10,4)><.
22
Además de las ediciones ya citadas de Butterworth y Nautin, he podido con-
sultar, por gentileza de su autor, la traducción castellana del texto de Butterworth
realizada por M. RACZKIEVICZ, bajo la dirección de J. J. AYÁN, en el Instituto de Filolo-
gía Clásica y Oriental San Justino, Madrid 1995/96. Mientras no indique lo contra-
rio, sigo la versión de Raczkievicz.
" Traducción ligeramente retocada.
'" Insiste en lo mismo en 11,2: «Esta es la mente, que, al venir al mundo, se mos-
tró (EOELKVUTo) como Hijo de Dios.»
TRES NOTAS SOBRE EL CONTRA NOETUM HIPOLITANO 319
Es decir, Hipólito está discutiendo un tema estrictamen te noetiano:
quién es el que se manifiesta visiblement e al mundo. Y dice que es el Lo-
gas, distinto del Padre, sin que esto implique caer en el diteísmo del que
le acusan lo noetianos (11,1) .
Los paralelos entre CN 10,1-11,3 Pra.x. 5- 82.~ son muy fuertes. En am-
bos casos se parte de la consideraci ón de Dios, sólo antes de la creación
del mundo, pero con el Logos o sermo en su seno (CN 10,1-2; Prax 5,2-4).
Se continúa con la prolación del Logos y la creación (CN 10,3-4;
Prax 6,3-7,1) . Finalmente , se defiende la prolación frente a la acusación
de contaminac ión gnóstica, que esgrimirían los patripasian os contra los
teólogos del Lagos (CN 11,3; Prax 8)26 • Dentro de la argumentac ión se
recalca cómo el Logos es una voz emitida (CN 10,4; Prax 7,6) y una luz
que procede de la luz (CN 10,4; Prax 7,1; 8,5). Por consiguient e, el Lo-
gas es otro distinto del Padre (CN 11 ,1; Prax 5,6-7), lo que se ilustra con
unas metáforas binitarias (CN 11,1) y t rin itarias (Prax 8,5-7) 27 • Así pues,
toda esta sección es estrictamen te antimonarq u iana y antinoetian a.
Una vez visto el momento inicial, Hipólíto se asoma al resto de la
economía p r evia a la encarnación , pues n o cab e duda de que Cristo es
el encarnado . Así, r esulta qu e los profetas testimonia n que el que se ha
ma n i(estado visiblemente h a sido el Lagos (11 ,4-1 2,4) :
«En efecto, viviendo en ellos [se. los profetas], el Lagos habló de sí
mism o. P ues ya El se hi2o h era ld o de s í misrn o a l m osu-ar que e l Logos
iba a m a n ifes tarse (<jla( l'r:a9m ) e n tre los hombres. P o r es ta ca usa giil.ó
así: "- Me hice manifiesto (' E¡1<jlni'~S ~ycrt•Ó illll') a los que no me busca-
ban; me hice cnconLrnr p o r los que no p r egunta ba n p or mí"[Is 65,1}
Pero, ¿quién es el que se ha hecho manifiesto (óE:¡1<Pavf¡s )'EVÓ!lEvos ) si-
no el Lagos del Padre, al cual el Padre envió para mostrar a los hombres
la potestad que viene de El? Así pues, se hizo manifiesto el Lagos
(É¡l<jlavT¡s- ÉyÉvno ÓAóyos), tal como dice » (CN 12,1-2) ' ".
Es decir, sigue abundando en la misma cuestión planteada por la
exégesis noetiana deIs 45,14-15.
" Sobre el sentido de esta sección argumental dentro d e Prax p uede veL"Se mi es-
tudio: Arqllitectura retórica del Adversus Pra:xcan de Terw lia.11o: EE 70 (1995) 449-
487, aquí 4 79-80.
,. Sobre las diferencias entre ambos tmtados en la consideració n de este asun-
to, cf. Monarquía y Trinidad, 259-260.
27
Sobre las mism as y s u inten·clació n , c f. M. SLMONETil, Due note su Ippolito: lp-
polito interprete di Ge11esi 49. !ppolito e Te111tlia11o: Riccrche s u lppolito, 121-136,
aquí 132-4 y mi p1·esentación en : Mmwrquú1 y Trinidttd, 261-263 .
" He mod ific ado ligera mente la h-aducción.
320 GABINO URiBARRI BILBAO, S.J.
En este caso el paralelismo con el Adversus Praxean no es tan fuerte.
Tertuliano se ha inspirado más en los testimonia de Justino, que en el
discurso hipolitano 2 ~. Por otra parte, esto no tiene tanto de particular,
ya que en Prax no se combate una exégesis monarquiana equivalente a
la noetiana de Is 45, 14-15 30 • Allí, Is 45, 14-15 se ha convertido en una
prueba de la diferencia entre Cristo y el Padre (Prax 13,2), siguiendo ca-
balla estela hipolitana. A pesar de ello, los testimonios que Tertuliano
presenta en favor de la diferencia entre el Padre y el Hijo (alteridad), y
la pluralidad divina 31 ostentan cierta semejanza con la pretensión de Hi-
pólito sobre el autotestimonio que el Logos da de sí mismo a través de
los profetas. Compárese la cita deIs 65,1 en CN 12,1 con la presentación
deIs 42,1 y 49,6 en Prax 11,5. O el manejo hipolitano de Jn 1,1.3 y 1,10-
11 en CN 12,3 con la referencia a Jn 1,1.3 en Prax 12,5-6. Estas seme-
janzas son indicación suficiente de que el combate contra la teología pa-
tripasiana había de demostrar la presencia actuante del Logos, del Hijo,
a lo largo de la economía antes de la encarnación.
Terminemos este primer punto volviendo la mirada hacia la refuta-
ción hipolitana de la herejía noetiana. La sección equivalente (CN 4,1-
13) también versa sobre la exégesis noetiana deIs 45,14-15 32 • Y aquí, de
nuevo, Hipólito presenta su respuesta a Noeto en dos pasos sucesivos.
En el primero de ellos (4,1-4,8) se remonta al misterio de la economía
(4,5.7.8), que es, a fin de cuentas, lo mismo que hizo en 10,1-11,3 33 •
Y aquí encuentra que:
«Al decir "porque Dios está en ti" [Is 45,14] mostraba el misterio de
la economía: que al encarnarse el Logos y hacerse hombre, el Padre es-
taba en el Hijo y el Hijo en el Padre, cuando el Hijo habitaba entre los
hombres» (CN 4,8).
Y a este primer paso, apostilla un segundo en el que de nuevo insis-
te en el testimonio que el Logos da de sí mismo:
" Cf. mi estudio: Las teofanías veterotestamentarias en lustino, Dial. 129 y Ter-
tulimw, Prax 11-13. Un caso de continuidad en la argumentación exegética anti-
monarquiana: MCom 52 (1994) 305-319. Mantengo, como veremos, la anterioridad
y el int1ujo del CN sobre Prax.
'" Cf. Monarquía y Trinidad, 264 y 273.
" Sobre esta sección de Prax, cf. Arquitectura, 465-466.
" Cf. R. BUTIERWORTH, o.c., 50, 137.
" El paralelo con Prax 5,1, tras el que sigue la misma temática de CN 10,1-11,3
lo confirma. Véase también Prax 2, l.
TRES NOTAS SOBRE EL CONTRA NOETUM HIPOLITANO 321
«Y esto no lo digo yo, sino que lo atestigu a (¡wpTVpEl) el mismo que
bajó del cielo. Pues dice así: "-Nadi e ha subido al cielo sino el que ba-
jó del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo" [Jn 3,13]. ¿Qué bus-
ca, pues, con lo dicho? ¿Acaso dirá que en el cielo era carne? Pues cier-
tamente la carne ofrecida como don por el Lagos del Padre, la carne que
procede del Espíritu y de una virgen, es el Hijo de Dios perfecto mani-
festado (drro8E8Ety~Évos)» (CN 4,9-10).
Es decir, el que se ha manife stado es el Hijo de Dios, el Lagos del Pa-
dre, y no, como Noeto pretend ía con su exégesi s deIs 45,14-1 5, el Dios
único (cf. CN 2,6).
Así pues, en CN 10,1-12 ,4 Hipólit o aborda una cuestió n estricta men-
te relativa a la teología de su adversa rio, sin darnos pie para conside rar
que se ocupa de otros herejes .
2.2. Hipólit o afronta en segund o lugar, dentro de la demost ración
de la verdad, la cuestió n general de las teofaní as (12,5-13 ,4): ¿quién fue
visto por los hombre s en las teofaní as? Para Noeto, según su exégesi s de
Bar 3,36-38 , fue visto el Dios único: «-Ves, pues, dicen, que este es
el
Dios que existía solo y despué s fue visto (ócp8Eis) y convivi ó (auvava a-
TpacpEL5) con los hombre s» (CN 2,5). Este es el asunto que conside ra
de
nuevo, afirman do que el que fue visto es el Hijo y no el Padre. Precisa
-
mente median te el Hijo es como alcanza mos noticia del Padre: <<¿Acaso
no contem plamos (8EwpoDilEv) al Lagos encarna do? Por medio de El
compre ndemos (vooDilEv) al Padre ... ,» (CN 12,5). Y desarro lla este argu-
mento en el resto de la sección (13,1-13 ,4).
El mismo tema de las teofaní as ocupó a Tertuli ano en el Adversu s
Praxean . Allí Tertuli ano combat e la exégesi s praxea na combin ada
de
Ex 33,13.2 0 (Prax 14-15,9), tratand o de demost rar precisa mente que
el
Hijo es visible, mientra s que el Padre es invisibl e, reafirm ando la dife-
rencia entre uno y otro 14 •
El asunto de las teofaní as había sido introdu cido por la exégesi s de
Bar 3,36-38 . La primer a parte del Contra Noetum , la refutac ión de la he-
rejía, se ocupa de deshace r esta interpr etación (5, 1-5,5)3s . Y concluy e di-
ciendo que el Hijo <<es aquel a quien dio el Padre toda la ciencia ; este fue
" Sobre las teofanías en Prax, cf. Arquitectura, 467-468. Este mismo tema
muy present e en la presenta ción que la Refittatio hace de la teología está
de Noeto:
IX, lO, lO ; X.27,2 .
" R. BUITERWO RTH, O.C., 54.
322 GABINO URÍBARRI BILBAO, S.J.
visto (w<j>ST]) sobre la tierra y convivió (auvavwTpÚ<j>T]) con los hombres»
(CN 5,5).
En esta segunda tentativa nos hemos encontrado de nuevo con que
la demostración de la verdad se ocupa de una temática estricta y pro-
piamente noetiana y patripasiana. Pasemos a la tercera y última sec-
ción.
2.3. La última sección de la demostración de la verdad se ocupa de
aquello que debemos creer y confesar. Según la exégesis noetiana de
Rm 9,5, el mismo Pablo confesaría un único Dios, al que identificaría
con Cristo:
«Pues también el apóstol confiesa (Ó¡.tof.o-yE1) a un único Dios, di-
ciendo: «ellos son vuestros padres, de los cuales procede según la carne
Cristo, el cual es sobre todas las cosas Dios bendito por los siglos»
[Rm 9,5]» (CN 2,8) 36 •
Este es el objeto de la nueva sección: qué hemos de creer de acuerdo
con la economía 37 • La respuesta de Hipólito es clara. Veamos dos ejem-
plos. En primer lugar, qué es lo que confiesa el mismo Juan:
«Esta economía nos transmite también el bienaventurado Juan dan-
do testimonio en el evangelio, y confiesa (Ó¡.tof.o-yEI.) que este Logos es
Dios diciendo así: "En el principio existía el Logos, y el Logos estaba
junto a Dios y el Logos era Dios"» [Jn 1,1] (CN 14,1).
En conclusión, lo que sostenemos cuando creemos en el Dios único,
es la creencia en la Trinidad: «Y no podemos comprender al Dios único
de otro modo, si no es creyendo (maTE:úaw¡.tEv) verdaderamente en el Pa-
dre y en el Hijo y en el Espíritu Santo» (CN 14,6). Esta es la fe atesti-
guada por las Escrituras (cf. CN 14,1.8).
También en el Adversus Praxean Tertuliano realiza un recorrido a
través de la economía para obtener una confirmación trinitaria (Prax
15,9-16,7) 38 •
En la parte correspondiente a la refutación de la exégesis noetiana,
Hipólito ya se había ocupado de deshacer esta interpretación de
Rm 9,5 39 • Allí (6,1-6,6) acudió al misterio de la verdad (6,1), algo muy
"' Traducción retocada. Véase lo que antecede en CN 2,7.
" Dentro de esta sección, la economía se menciona expresamente en 14,[Link].
'" Sobre el sentido de este pasaje en Prax, cf. Arquitectura, 468.
" R. BUTTERWORTH, o.c., 56.
TRES NOTAS SOBRE EL CONTRA NOETUM HIPOLITANO 323
parejo con el misterio de la economía, al que se había referido previa-
mente~0. Por tanto, muy cercano a la apelación directa que hace a la eco-
nomía en la demostraci ón de la verdad. Aquí aclara, contra Noeto, qué
es lo que hemos de creer:
«Puc es to dijo Cr isto, cua nd en el evan gelio lo confesó (wp oAó-yt:-
<Jt:v ) como sa Padre y u Dios. Pues d ice a f: "-Subo a mi Padre y vues-
tro P adre, a mi D ios y vues tro Dios" [Jn 20, 17]. Pue si Nocto tiene la
audacia de decir que El es el Padre, ¿a qué Padre dir á que va Cristo se-
gún la expresió n del evangelio? Pero si le parece que nosotros, dejando
de lado el evangelio, vamos a creer (m<rTEÚELv) en su insensatez, en va-
no se esfuerza. Pues "hay que obedecer a Dios antes que a los hombres"
[Hch 5,29]n (CN 6,5-6) .
A la exposición de la fe que acaba de hacer en la demostraci ón de la
verdad, los noetianos apostillan dos dificultades . Según la primera,
Juan es taría hablando d e maner a alegó d ca cuando se r efiere al Lagos
(CN 15,1). Hipólito responde negando que el sen tido del La gos joánico
sea alegór ico (15, 2- 16,2). Si el Lagos fuera mera mente alegórico no ha-
brfa podido padecer, arruinando por completo la dime nsión soterioló-
gica de la cristología noetiana, que recae sobre la pasión de Cristo 41 • Por
eso la respuesta de Hipólito insiste en la pasión y pasibilidad del Lagos:
la sangre de Apoc 19,11-13 es figura de la pasión (15,2-3), Mi 2,7-8 se re-
fiere a la pasión según la carne (15 ,3). El mismo Pablo (Rm 8,3-4) in-
siste en la realidad de la encarnació n (15,5) de tal manera que no pue-
de quedar en pie el intento noetiano de desus tantivizar la existencia
preencarna toria del Lagos, su alteridad real ni su encarnación , no la del
Padre (16,1-2) . De otro lado, como prueba confirmato ria de que se tra-
ta de un tema noetiano basta con parangonar CN 4,9-13 con esta sub-
sección: en ambos casos se expone que el Hijo perfecto es el encarnado
(cf. esp. 4,10 y 15,7).
Por otra parte, la reducción del Lagos a mero sonido o voz es una
puntada típicamente patripasian a en contra de los teólogos del Lagos
(Prax 7,6). En realidad, es una especie de reproducció n de la cuestión
quid sil?, referida al Lagos, de la cual Tertuliano trata en Prax 6-7 42 •
La segunda dificultad se centra en el cómo del nacimiento (CN 16,3).
A lo cual Hipólito responde en el resto de esta sección (16,4-7), cierta-
mente de manera evasiva, insistiendo de nuevo en la fe:
'" CN 4,5.7.8.
" Cf. CN 10,4; 12,2; 16,6; 17,2-3; y esp. 2,7 .
42
Cf. Prax 5,1 y lo citado en nota 25.
324 GABINO URÍBARRI BILBAO, S.J.
«¿Acaso no te basta saber que el Hijo de Dios se te manifestó
(E:<j>avopUÍ9TJ) para salvación, si es que crees (E:av maTEÚaJJ!> ), sino que ade-
más te enredas en cómo nació según el espíritu?>> (CN 16,6).
Este tipo de objeción tiene pleno sentido dentro de la teología noe-
tiana. Si se ha identificado al Padre con el Cristo encarnado, se pide
una explicación de la misma encarnación. Para los noetianos el mismo
Padre se encarnaría (CN 1,2; 1,3). Pero ¿cómo puede ser que Dios se en-
carne y, a la vez, el Padre, es decir, Dios, no se encarne? De aquí que
rearguyan con el quomodo sit? referido a la encarnación. Este asunto
ocupó igualmente a Tertuliano en su discusión con la versión praxea-
na de la teología patripasiana (Prax 26 y 27).
Es decir, toda esta sección de la demostración de la verdad se ocupa
de temas claramente noetianos y patripasianos: el testimonio de la Es-
critura para que creamos en el Padre como alguien distinto de Cristo (la
alteridad entre Padre e Hijo); la sustancialidad del Lagos (necesaria pa-
ra su individualidad distintiva), que no es reducible a una voz; y la en-
camación del Lagos como el Hijo (en contra de la autoencarnación del
Padre como Hijo).
Como colofón de toda la demostración de la verdad y, singularmen-
te, de todo este último apartado, Hipólito sitúa una exhortación a la fe,
seguida de una declaración con sabor a regla de fe:
«Bastan estos testimonios para los creyentes (maTD'ls) que se ejerci-
tan en la verdad; pero los incrédulos no creen en nada (ol 8€ amaToL
ou8EVL lTLUTEÚoaLv). Pues también el Espíritu enteramente santo, por bo-
ca de los apóstoles, dio testimonio diciendo: "-Señor, ¿quién dio cré-
dito a lo que hemos oído?" [Is 53,1]. De modo que no seamos incrédu-
los (ÜrrwToL), para que nunca se cumpla en nosotros lo dicho. Creamos
(maTEWEilEv), pues, bienaventurados hermanos, según la tradición de
los apóstoles, que el Logos Dios bajó de los cielos a la santa virgen Ma-
ría, para que, tomando came de ella, recibiendo también un alma hu-
mana, quiero decir racional, y habiendo llegado a ser todo lo que es el
hombre excepto el pecado, salvase a Adán caído y ofreciera la inmorta-
lidad a los hombres que creen (maTEÚaoaLv) en su nombre>> (CN 17,1-2).
Como conclusión de este subapartado podemos afirmar que la de-
mostración de la verdad, que corona el texto del Contra Noetum, abor-
da temas estrictamente patripasianos y explícitamente noetianos. Por si
fuera poco, el mismo Hipólito sintetiza en estos términos en qué ha con-
sistido la demostración de la verdad (aATJ8das- <inó&L~LV, CN 8,4):
TRES NOTAS SOBRE EL CONTRA NOETUM HIPOLITANO 325
«En todo, pues, ha sido mostrada por noso tms la exposición de la
verdad (cinoo&&u .-rcn ruil11 Tils- dXTJGE[u.,-): que existe un único Padre, jun-
to al cu"l está e1 Logos, por quien hizo tod.-tslas cosas; a quien, en tiem-
pos posteriores , como hemos dicho más arriba, envió el Padre para la
salvación de los hombres» (CN 17 ,3).
Luego, según Hipólito, la demostra ción de la verdad ha estatuido tres
puntos que directame nte concierne n a la herejía noetiana: el monoteís -
mo, la alteridad del Lagos con respecto a l Padre, y su envío, no el del Pa-
dre, para nueslra salvación . Esto no deja lugar pam excursos o amplia-
ciones, en las que se habría incluido un tratamien to de otras l1erejías,
supuestam ente ref-utadas anteriorm ente, en opinión de quienes, como
Brent, sostienen que el Contra Noelwn seria el onal del Sylltagma . El
mismo Martín ¡·econocía en su a¡·gument ación contra Schwariz que la
crítica interna, en í misma considera da, era favorable a la postura de-
fendida por su adversario ").
b) Indicacion es textuales de pertenecer a un todo mayor
Una vez establecid o que la demostra ción de la verdad s ocupa en ex-
clusiva de la herejía noetiana, las indicacio nes textuales que podrían
apuntar hacia que el Contra Noelwn fuera una parte de una obra mayor
sólo pueden probar· que esto es así si, y sólo si, solament e pueden inter-
pretarse unívoca y exclusiva mente en ese sentido. Es decir, las indica-
ciones textuales deberían ser una contrapru eba fehacient e de lo que he-
mos visto sobre el contenido , for-zándonos a cambiar la imagen del
Contra Noetwn que nos hemos forjado atendiend o a la teología que ex-
pone.
Brent (124-125), como la mayoría de los autores partidario s del Sy l1-
lagma , fundamen ta su argument ación desde la crítica interna en dos pa-
sajes del Cm1lra. Noetwn (1 ,1; 8,4), que parecen apun tar que esta obra
formaba parLe de algo mayor. Pasemos revista, pues, a estos textos.
1) El comienzo abrupto: CN 1,1
El Contra Noetum comienza así: " ETEpo( TLVES' E'TÉpcrv 8L8acrKOA.(av
napEwáyou crLV (andan introduci endo otra doctrina algunos otros) 44 • Pa- \
" O.c., 18.
" R. Butterwort h traduce, desde su interpretac ión: «Certain strangers are in-
troducing a strange teaching.» La versión castellana de Raczkievic z coincide con la
francesa de Nautin.
326 GABINO URÍBARRI BILBAO, S.J.
ra Brent, y los partidarios del Syntagma, es señal evidente de que ante-
riormente se han discutido otras herejías. Para apuntalarlo, Brent alude
a expresiones similares introduciendo el tratamiento de nuevas herejías
en la Re(utatio (elcasaitas: X,29,1; quatordecimanos: VIII,18,1; Teodoto:
X,23,1; montanismo: X,24,1 y noetianismo: X,26,1). Ahora bien, la ape-
lación a la Refittatio sólo puede ser determinante si ambos tratados per-
tenecen a un único autor, cosa que Brent claramente rechaza. En el ca-
so de dos autores estos paralelos no son necesariamente concluyentes,
por más que entre el autor del Contra Noetum y el de la Refittatio pu-
diera haber habido relaciones.
Por otra parte, este comienzo tan abrupto se puede explicar satisfac-
toriamente con otros argumentos. Butterworth ha mostrado la presen-
cia de otras aliteraciones en el texto con «héteros, (CN 5,1 y 11, 1). Aun-
que Brent rearguya diciendo que no sirven como prueba por la
presencia de Bar 3,36, esto sólo se puede aplicar a 5,1. Por otra parte,
éste no es el único caso de aliteración o de juego con palabras 45 • El co-
mienzo abrupto no es descartable como artificio estilístico típico de la
diatriba ~ 6 , género literario en el que el CN se inspira. Además, la suge-
rencia de Simonetti 47 de una serie de homilías encadeoadas sobre dife-
rentes temas explica perfectamente este inicio tan brusco, sin tener que
postular la pertenencia de nuestro texto al Syntagma; cosa que, como
hemos visto, el conjunto de su contenido no corrobora. Por ello, estimo
que este texto no obliga a corregir la impresión del conjunto del texto
que hemos obtenido atendiendo a su temática teológica.
2) La supuesta alusión a un conjunto
de herejías previamente discutidas: CN 8,4
El otro texto que se trae a colación está situado precisamente en la
transición entre la refutación de la herejía noetiana y la demostración
de la verdad. Dice así:
«Así pues, una vez que ya Noeto ha sido también refutado (brEL8~ oi5
v TrSTJ Kal 6 NoT]TOS' dvaTÉTpa;rrm), vamos a la exposición de la verdad, pa-
ra establecer la verdad contra la cual han nacido todas estas sectas que
nada son capaces de decir (KaS' ~S' m1crat Tooaurat al pÉcrELs- yeyÉVT]VTat
8uvá[1EVaL ElTIEi.v), (CN 8,4).
45
R. BUTTERWORTH, O.C., 129-133.
...R. BUTTERWORTH, o.c., 129.
47
Una mwva proposta, 40, nota 47. Véase también, lo., Aggiornamento su lppo-
lito: Nuove Ricerche su lppolito, 75-130, aquí 111-116.
TRES NOTAS SOBRE EL CONTRA NOETUM HIPOLITANO 327
Según Brent, aquí se aludiría a las herejías anteriormente tratadas.
Sin embargo, hemos visto que la conclusión lógica que Brent extrae de
ello, la demostración de la verdad habría de considerar el conjunto de
las herejías anteriormente tratadas, no se corresponde con el texto que
poseemos.
Esta alusión a otras herejías se puede explicar de otras maneras. Ya
Schwartz y Harnack 48 entendieron que se refería a otras herejías patri-
pasianas, que se habrían discutido antes, basándose en que la demos-
tración de la verdad se limita a refutar posturas cristológicas patripa-
sianas. Otra manera de entenderlo, sin apelar al Syntagma, consiste en
entender que un inciso de este tipo, dentro de una sección con observa-
ciones metodológicas, puede muy bien considerarse como una afirma-
ción de carácter general sobre las relaciones la verdad y las herejías 4 ~.
Noeto es un caso más, que, evidentemente también ha sido refutado.
Y lo propio de todas las herejías es oponerse a la verdad de la fe. Por
consiguiente, la demostración de la verdad de la fe es siempre una de-
fenestración de todas las herejías. Encontramos un inciso similar, aun-
que más claro, en el Adversus Praxean de Tertuliano, referido al manejo
de la Escritura:
«His tribus capitulis totum instrumentum utriusque testamenti uo-
lunt cedere cum oporteat secundum plura intelligi pauciora. Sed pro-
pium hoc est omnium haereticorum» (Prax 20,2-3).
En esta ocasión, igual que Hipólito, Tertuliano está realizando una
serie de consideraciones metodológicas.
Todo esto adquiere mayor consistencia si aceptamos, con Simonetti,
que el Contra Noetum se inscribe dentro de una serie de homilías. La
alusión, entonces, no es a las treinta y una herejías del Syntagma, sino
al contenido desarrollado en la serie homilética. Que el público estaba
familiarizado con algunas otras herejías se desprende de CN 3, 1, con la
alusión a Teodoto, además de la mención de Valentín y Marción (11,3),
a la que ya aludimos.
Así pues, ya sea que nos inclinemos por la solución del primer Har-
nack y Schwartz, de Butterworth o por la de Simonetti, lo que queda en
pie es que cualquiera de estos dos textos pueden interpretarse cohe-
rentemente sin que nos veamos forzados a acudir a la hipótesis del final
del Syntagma. La evidencia en contra del contenido, a la cual se le pue-
" Véase la nota 19 .
., Cf. R. BUTTERWORTH, o.c., 133-134.
328 GABINO URÍBARRI BILBAO, S.J.
de sumar el carácter claramente oral, evidenciado por los frecuentes in-
cisos con a8d.<jlo( (3,2; 4,8; 8,3; 9,1; 14,1; 15,3; 16,1; 17,2) y ó[Link] y simi-
lares (1,2; 2,5; 2,6; 3,2; 4,1; 13,1; 15,3; 16,1)~ 0 refuerza todavía la eviden-
cia en contra del Syntagma.
2.3. CONCLUSIÓN
En conclusión, la evidencia interna, que es la determinante, no nos
inclina hacia la identificación del Contra Noetum con el final del Syn-
tagma. El texto en nuestro haber es una unidad consistente en sí misma,
exclusivamente centrado en la refutación de la herejía noetiana y en una
presentación de la verdad, excogitada para demostrar desde otro ángu-
lo los errores de los patripasianos. El Contra Noetum no necesita en ab-
soluto pertenecer a algo mayor para adquirir sentido. Las indicaciones
textuales que podrían avalar esta hipótesis ( 1, 1 y 8,4) se explican cabal-
mente sin tener que recurrir al Syntagma . Por otra parte, el contenido
mismo del texto se vuelve en contra de la interpretación pro-Syntagma
de estas frases que esgrime Brent, pues la demostración de la verdad no
aborda explícitamente ninguna otra herejía distinta de la noetiana. Las
alusiones a títulos hipolitanos no son un argumento suficiente para vio-
lentar el sentido del contenido, a no ser que prescindamos totalmente
del contenido y nos centremos exclusivamente en el baile de títulos. En
mi opinión, discrepando de Brent, los títulos por sí mismos no consti-
tuyen una razón suficiente.
3. LAS RELACIONES ENTRE EL ADVERSUS PRAXEAN,
LA REFUTATIO Y EL CONTRA NOETUM
Las dos cuestiones que nos restan por revisar están bastante interre-
lacionadas. De hecho, Brent entiende la relación entre el Contra Noetum
y el Adversus Praxean desde su tesis general del acercamiento de Hipó-
lito al patripasianismo de Calixto. Examinaré, en primer, lugar la argu-
mentación de Brent sobre este punto, ya discutido por Simonetti ~~.
"' P. NAUTIN, Hippolyte, 56, no considera que esto sea un argumento concluyen-
te, pues en el comentario a Daniel también encontramos ú8€A<j¡o(, y el estilo oral se-
ría característico de Hipólito.
51
Una nuova proposta, 28-31, 33 .
TRES NOTAS SOBRE EL CONTRA NOETUM HIPOLITANO 329
Brent presenta dos cuestione s . Primero cree encontrar razones sufi-
cientes para identifica r a Praxeas con Calixto (525-529) . No entro en es-
te asunto. Simpleme nte me limito a resaltar que no encaja con la pro-
veniencia asiática de Praxeas (Prax 1,5) , laguna que Brent reconoce en
su tesis. La propuesta de identifica r a Praxeas con Calixto se remonta
cuando menos a Hageman n y no ha conseguid o imponerse~ 2 •
La segunda cuestión se refiere a las relaciones teológicas entre el Ad-
versus Praxean, la Refittatio ~ 3 y el Contra Noetum (529-535) . En otro lu-
gar me he ocupado de los lazos entre el CN y Prax ~ 4 y no encuentro m0-
tivos suficiente s para modificar mi parecer. Ahora m e limito a seguir el
raciocinio de Brent. Brent presenta una triple prueba en favor de la se-
cuencia: Ref; Prax, que corrigiría insuficien cias de la teología antipatri-
pasiana de la Refutatio, y CN, que daría marcha atrás sobre el argu-
mento antipatrip asiano de Tertulian o.
l. En Prax 9,4 Tertulian o estaría haciendo frente a la teología de
Calixto expuesta en Ref IX,l2,15-1 9 y X,27,3-4, según la cual, la dife-
rencia entre Padre e Hijo sería meramen te nominal. Sin embargo, Prax
9,4, con la defensa de la fides vocabulor um, no va dirigido contra una
distinción meramen te nominal entre Padre e Hijo, sino contra la afir-
mación típicamen te praxeana: « "Ipse se, inquiunt, Filium sibi fecit" »
(Prax 10,1)~~. Esta afirmació n pertenece a lo que he denomina do patri-
pasianism o burdo, no al filiopateri smo, que es la postura de Calixto ~ 6 •
Tanto la Ref como el CN reflejan la versión burda del patripasia nismo.
En CN 3,2 se nos dice que Noeto simpleme nte identifica ba Padre e Hi-
jo, sin apelación alguna a la cuestión nominal:
1
; Cf. H . H AGEMANN, Die RiJmische Kirche 1111d ihre Einflu{J cm { Discipli11 twd Dog-
IIW in d.e 11 ersten drei Jahrl111nderten, F1·eiburg 1868, 234-257 . Sobre el estado d e la
cuesti ón en torno a Praxeas y l éL~ I-azoncs p ar a no identificarl e con Calixto, cf. la edi -
ción de G. S c,\ RPAT y Q . S. F. TERTULLIANO , Cm ztro Pmssea, Tolin o 1985, 28-36 .
.!.' La al'irm aci6 n de que Tertulian o dep cndetia de la Re{ (B RENT, Hippalytus,
529), parece ser: un lapsus , como Simon etti ( Una 111.101a praposra, 3 1, nota 31 ) be-
nigna mente interpreta . P ara ell o habda que modilicar la datación de la Re( adelan -
tarla a los aconteci mien tos que rela l sob re Calixto. Aún así, veremos que las razo-
nes d e l3renl n o son concluyent es.
" Monarquía y Trinidad, 249-280.
'' Cf. Prax 1,1 y esp. 5,1 con la cita patripasian a de Gn 1,1: «Aiunt quidem et Ge-
nesin in Hebraico ita incipere: In principio Deus fecit sibi Fílium. » Cf. Arquitectura,
480-482.
,. Monarquía y Trinidad, 284-297.
330 GABINO URÍBARRI BILBAO, S.J.
«Ved, hermanos, cómo introdujeron desvergonzadamente una doc-
hina insensata y presuntuosa, diciendo: El Padre es Cristo mismo (a T
EaT X <JT ··aT' p), El es el Hijo (a T Y ' s ), El nació, El padeció, El se resu-
citó a sí mismo» 57 •
Algo semejante encontramos en la Ref" IX,10,10 referido a Noeto:
<<Oue dice que el mismo Hijo es el Padre (TaTE a É, EL a na Épa) nadie
lo ignora»; y en RefiX,lO,ll:
<<Así le parece mantener la monarquía, afirmando que el Padre y el
llamado Hijo son uno y el mismo, no otro (procedente) de otro, sino el
mismo (procedente) de sí mismo.>>
Ciertamente aquí incluye la diferencia nominal (RefiX,l0,11), pero
el conspectus de la descripción de la teología noetiana es diferente de la
de Calixto.
Las principales diferencias estriban en el papel otorgado por Calixto
al Espíritu Santo, como Brent ha observado, de la mano de Le 1,35
(RefiX,12,16-17; cf. Prax 27,4s.), y en la modificación de la compren-
sión de la Pasión. El Padre habría compadecido con el Hijo (T naTe: a a
~ne:no .. e: a T ti); RefiX,12,19; cf. Prax 29-30), siendo Padre e Hijo una
única persona (Ref'IX,12,18).
Tertuliano hace referencia a una teología similar en los capítulos 27-
30 de Prax. Allí mismo nos indica que esta postura supone una reelabo-
ración del patripasianismo inicial:
<<Undique enim obducti distinctione Patris et Filii quam manente co-
niunctione disponimus ... aliter eam ad suam nihilominus sententiam
interpretari conantur, ut aeque in una persona utrumque distinguant. .. »
(Prax 27,1).
Hay una alusión a la cuestión nominal en Prax 28,1, pero la infor-
mación de Tertuliano no nos permite colegir si se trataba de la misma
cuestión presente en el filiopaterismo de Calixto, cosa que no se puede
excluir de raíz, o si, simplemente, el ductus de la argumentación radi-
caba en la cualidad del nombre, que no es una apelación 55 • En cualquier
caso, tomando la cuestión de la diferencia nominal, los datos en nues-
tro haber son: ninguna mención en el CN, presencia, en todo caso me-
" Véase también: CN 1,2; 2,3; 2,7.
"" Cf. N ovACIANO, Trin 4,26, y los comentarios respectivos de H. WEYER y NovA-
TIANUS, De Trinitate, Ober den Dreifaltigen Gott, Düsseldorf 1962, 58, nota 30, y V. LOJ
y NovAZIANO, La. Trinita, Torino 1975, 216-7.
TRES NOTAS SOBRE EL CONTRA NOETUM HIPOLITANO 331
su cada, en Prax y manejo habitual de la misma enRef; especialme nte re-
fetida a Calixto. Me parere m ás lógico entender que la apelación a la di-
ferencia meramente nominal entre Padre e Hijo haya sido un subterfu-
gio que se introdujo en una segunda fase de la disputa, para disimular
el fracaso de la necesaria distinción entre Padre e Hijo, que el proceso
contrario. A saber, 1u postura de Brent indica que en la R.e{la reducción
de la diferencia a meramente nominal habría sido importante. Luego
Tertuliano prácticame nte la habría dejado de lado, pues no la trata en
Pmx 9,4 ni aparece en ninguna d las formulacion es que nos ofTece de
la teología de Praxeas, sin que haya razón alguna que le obHgara a si-
lenciar este motivo. Finalmente , en CN está ausente toda referencia a la
misma y el patripasian ismo se reduce a una postura mucho más ele-
mental y menos sofisticada.
La secuencia que propongo, por otra parte, concuerda con la evolu-
ción de los acontecimi entos que narra el autor de la Ref patripasian is-
mo burdo de Noeto y u escuela (Epígono, Cleomenes y seguidores) y
posterior filiopalerism o de Calixto y, quizá antes, de Cef rino. Por tan-
to, en Prax 9,3-4 no se está tratando de la postura de Calixto.
Tampoco se introduce al Espíritu Santo en Prax para suplir la ca-
rencia pneumatoló gica de la RefLa convicción trinitaria tertulianea, in-
cluyendo al Espíritu, es anterior a esta polémica s~. Además, tanto la Tri-
nidad como el Paráclito aparecen en el tratado con total independen cia
del filiopaterism o de . Calixto, porque pertenecen al acerbo de las con-
vicciones del montanista Tertuliano 60 •
Por tanto, Prax 9,3-4 no avala ninguna dependenci a de Tertuliano
respecto a la [Link]. Menos aún hemos de postular desde aquí una
dependenci a del cospectus trinitario del CN con respecto a Prax. La ma-
yor insistencia trinitaria en Prax y su desarrollo más orgánico indica en
buena lógica lo contrario: la posteriorid ad de Prax.
2. Brent opina que lo expuesto en Prax 7,6-9 por Tertuliano sería
anterior a la comprensió n instrumenta l del Lagos que él supone esbo-
zada en CN. Aquí, como en el caso anterior, Tertuliano estaría corri-
giendo la carencia pneumatoló gica de Ref Sin embargo, la comprensió n
tertulianea de la generación del Lagos presenta casi los mismos trazos
en el Adversus Hermogenem 18, donde se acude a sophia, se cita
Prov 8,22 y se identifican sermo y sophia: «Si uero sophia eadem dei ser-
'" Cf. Praesc. 13.
'" Cf. Prax 1,5; 2,1; 2.4; 3,1; 3,5; 4,1.
332 GABINO URÍBARRI BILBAO, S.J.
mo est» (Herm. 18,5). Por tanto, lo que Tertuliano aduce en Prax 7 sim-
plemente pertenece a su teología, sin que la Refittatio intervenga para
nada 6 ' .
Por otra parte, en el CN (14,1-2) ya encontramos el Lagos pree-
xistente con plena personalidad:
«Esta economía nos transmite también el bienaventurado Juan dan-
do testimonio en el evangelio, y confiesa que este Logos es Dios dicien-
do así: "En el principio existía el Logos, y el Logos estaba junto a Dios
y el Logos era Dios" [Jn 1, 1]. Si, pues, el Logos estaba junto a Dios sien-
do Dios, podría decir alguno, ¿cómo entonces afirmar dos dioses? No
diré que hay dos dioses, sino uno solo; p ero dos personas (1Tpóaw1Ta 8€
8úo), y una tercera economía, la gracia del Espíritu Santo.»
Frente a la supuesta despersonalización del Lagos antes de la encar-
nación, Hipólito está calificando como «persona» al Lagos antes de la
encamación. La cita de Jn 1,1, que está comentando, se r(Jiere a esta
Lagos que estaba junto a Dios y era Dios; al mismo Lagos que es profe-
rido y realiza la creación (cf. CN 12,2 y 10,1-11,3). Por tanto, no cuadra
con la comprensión de Brent, según la cual el CN habría rechazado una
comprensión personal del Lagos para aproximarse a Calixto. Más pare-
ce que Hipólito en el CN defiende la individualidad de Padre e Hijo in-
troduciendo el concepto <<persona» y predicándolo de los dos. Frente a
este movimiento, Calixto habría tomado nota del concepto y habría di-
cho que son una única persona. De no aceptar esta secuencia, Brent ha
de explicar por qué e~ la Ref no aparece <<persona» en la exposición de
la doctrina de Noeto y los noetianos y, sin embargo, sí lo hace al des-
cribir la postura de Calixto 62 • La explicación más sencilla es la que nos-
otros proponemos: Noeto no empleó este concepto, como el CN ates-
tigua.
Así pues, ni Tertuliano depende de la Ref; ni, al menos de momento,
en el CN aparece una despersonalización e instrumentalización del Lo-
gas, que supondría una marcha atrás frente al Prax.
" Sobre Prov. 8,22s. en los autores de la época: M. SIMONEITI, «Sull'interpreta-
zione patrística di Proverbi 8,22», en lo ., Studi sull'arianesimo, Roma 1965, 9-87. So-
bre Hem 1. 18 y la generación del Hijo, cf. A. Ü RB I;, [Link] de teolog(a trinitaria en
el Adversus Htm nogenem ce. 17-1 8. 45 : Gr. 39 (1958) 706-746; lo ., Hacia la primera
teología de la procesió11 del Verbo, R om a 1958, 1,153-1 64; 1,351 -361; II,51 9-5 3 1;
lo., Estudios sobre la teología cristiana primitiva, Madrid-Roma 1994, 26-29.
"' No sólo en el libro IX (12,18), ta mbién en el resumen: RefX,27 ,1-4.
TRES NOTAS SOBRE EL CONTRA NOETUM HIPOLITANO 333
3. En último lugar, Brent opina que en Prax 8 Tertuliano no está si-
guiendo CN 11 y rechaza la interpretaci ón que Simonetti ha ofrecido so-
bre la influencia de las metáforas binitarias, en CN, expandidas , corre-
gidas y seleccionad as a trinitarias en Prax. Yo comparto la opinión de
Simonetti 61 • Además, la defensa contra la acusación de gnosticismo que
los patripasian os lanzan a los teólogos del Logos está mucho más ela-
borada en Tertuliano que en Hipólito 64 • Por mencionar la diferencia
más importante, Tertuliano deslinda claramente su concepción de la ge-
neración del Logos de las prolaciones gnósticas de Valentín (Prax 8,2-3),
mientras que Hipólito se limita a afirmar que todo procede del Uno, tan-
to para los herejes como para los ortodoxos. ¿Qué sentido tendría para
Hipólito mostrarse más próximo a un supuesto gnosticismo de Calixto,
del que no tenemos noticias algunas? ¿Por qué habría renunciado Hi-
pólito a deslindar más claramente su postura de la gnóstica, siendo así
que claramente la rechaza?
Brent se equivoca al postular una dependenci a del Contra Noetum
con respecto al Adversus Praxean, mediada además por el conocimien to
que Tertuliano habría de tener de la Refittatio y sus carencias antipatri-
pasianas. Brent se ve forzado a sostener esta hipótesis para mantener
coherentem ente que Hipólito se habría aproximado a Calixto, consi-
guiendo así la reconciliaci ón de las dos comunidad es, la hipolitana y la
mayoritaria , siendo ésta la clave principal que articula su visión del
enigma en torno Hipólito. Por ello, en lugar de entender, como es más
lógico, que Tertuliano continúa y construye sobre los trazos antipatri-
pasianos esbozados en el CN, ha de afirmar que el Contra Noetum acha-
ta el embate antipatripa siano del Adversus Praxean.
4. LAS SUPUESTA S CONCESIO NES AL PATRIPASI ANISMO
La argumentac ión de Brent con respecto al supuesto acercamien to
del autor del Contra Noetum al patripasian ismo más mesurado de Ca-
lixto es muy resbaladiza 65 • La manera más fácil y lógica de examinar la
cuestión es recurriendo al Adversus Praxean de Tertuliano. Pero como
Brent indica que, frente a lo que parecer ía más lógico, Hipólito acorta
sobre el desarrollo de Tertuliano, las diferencias entre ambos tratados
" Monarquía y Trinidad, 261-263.
"' Cf. Monarquía y Trinidad, 259-260.
" En contra de la postura de Brent, M. SIMONETII, Una nuova proposta, 2 7-28, 33.
334 GABINO URÍBARRI BILBAO, S.J .
siempre se pueden seguir viendo desde el punto de vista de Brent. Por
otro lado, las relaciones entre la Ref y el CN son uno de los temas que
más tinta han hecho correr dentro del intrincado enigma hipolitano. La
conexión entre ambos es difícil de precisar y se ajusta con tal ductilidad
a casi cualquier hipótesis ingeniosa, dentro de la cual se la quiera in-
sertar, que, en mi opinión, es difícil probar algo concluyente acudiendo
a ella 66 •
La argumentación de Brent en favor del acercamiento patripasiano
de CN se concentra en tres argumentos 67 :
l. El Logos no tendría plena personalidad en el CN (esp. cf. 11,1-2)
antes de la encarnación. Por consiguiente, el argumento antipatripasia-
no es más débil que en la Ref; con un Logos proferido plenamente per-
sonal.
Frente a esta argumentación basta con considerar los siguientes ele-
mentos68. En CN 14,2, como hemos visto, considera que el Logos prola-
ticio es persona. Por si esto fuera poco, en CN 11,1lo considera un ETE-
pos-: «Y así, fue establecido otro en relación con El [se. con el Padre].
Pero al decir "otro", no digo dos dioses ... » Parece difícil concebir que al-
go que produce alteridad carezca de auténtica individualidad. Por otra
parte, que califique al Logos de potencia divina no implica que lo des-
personalice. Pues también lo designa como Señor (10,4) e Hijo de Dios
(11,2). Y además, es un centro operativo por sí mismo, que actúa en la
creación como guía, consejero y artesano (10,4), y que, a través de los
profetas, hace de heraldo de sí mismo (12,1).
Por otra parte, como ya he indicado anteriormente, en este epígrafe
el autor de CN está respondiendo a una cuestión concreta de la teología
noetiana: ¿quién es el que se ha manifestado al mundo? De ahí que és-
te sea el punto que Hipólito trata de recalcar (10,4; 12,1-2).
2. La concepción de la economía en CN, ausente en la Ref; donde la
pone exclusivamente en boca de los herejes, supondría un acercamien-
to a la concepción de Calixto, pues de alguna manera combina la afir-
mación monoteísta de los patripasianos con la pluralidad de personas.
"' Monarquía y Trinidad, 246-24 7 .
•, Cf. pp. 206-215, con argumentos más o menos repetidos en: 70-74, 180-182,
355-363.
.. Sobre la cuestión general de la pwlación del Logos, sobre la que Brent vuel-
ve en repetidas ocasiones, cf. las críticas de M. SIMONETti, Una mwva proposta, 17-26,
quien rechaza fundadamente la singularidad que Brent pretende atribuirle al CN
TRES NOTAS SOBRE EL CONTRA NOETUM HIPOLITANO 335
Se trata de un acercamiento, no de una identificación, pues la plurali-
dad de personas para Calixto era solo aparente.
En primer lugar, ciertamente la presencia de la economía en el CN
frente a su ausencia en Ref es un argumento a favor de autores diferen-
tes. Ahora bien, esto no indica que el empleo en el CN sea señal de acer-
camiento patripasiano. El concepto había sido empleado por los gnós-
ticos, pero también por Ireneo 6~. Tertuliano lo emplea como un arma
decisiva contra los praxeanos, sin que ello indique acercamiento alguno
a su postura. Antes al contrario: los praxeanos rechazan claramente la
economía o dispensatio, dispositio 10 •
En segundo lugar, no tiene nada de particular que Hipólito busque
un concepto para dar cuenta simultáneamente del monoteísmo eclesial
y de la pluralidad trinitaria. Esto no indica ningún tipo de acercamien-
to a los patripasianos, ni al filiopaterismo de Calixto. Simplemente es
señal de agudeza teológica. Los teólogos eclesiales también defendían el
monoteísmo, que no era patrimonio exclusivo de los patripasianos 71 •
En tercer lugar, los textos que Brent aduce no prueban su tesis.
a) CN 3,4: «Pues ¿quién no dirá que hay un Dios único? Pero no por
eso destruirá su economía», es una mera defensa del monoteísmo.
b) CN 4,5: «En ti, pues, dice, está Dios. Pero ¿en quién está Dios si-
no en Jesucristo, el Logos del Padre y el misterio de la economía?» No
veo que esto sea una acercamiento a la concepción calixtiana del Logos
(RefiX, 12, 16-19).
En primer lugar, esta postura de Hipólito es francamente cercana a
la de Tertuliano: «Sermo ergo et in Patre semper, sicut dicit: Ego in Pa-
tre [Jn 14,11], et apud Deum semper, sicut scriptum est: Et sermo erat
aput Deum [Jn 1,1], et numquam separatus a Patre aut alius a Patre
quía: Ego et Pater unum sumus [Jn 10,30]» (Prax 8,4). Simplemente es-
tá afirmando la divinidad de Jesucristo, que es lo que pretende probar
en la exégesis que está haciendo deIs 45,14-15, citado en CN 4,4. La exé-
gesis noetiana entendía esta palabra referida al Dios único, al Padre.
Y ahora Hipólito la adjudica al Dios Hijo, a Cristo. Lo mismo encontra-
mos en Prax 13,2:
" Cf. M. WIDMANN, Der Begrif{ olKovo~!la im Werk des Irenilus und seine Vorges-
chichte, Diss., Tübingen 1956.
"' Cf. Prax 2,1; 2,4; 3,1; 4,2; 5,1; 8,7, etc. Cf. Monarquía y Trinidad, 178-184.
" Cf. HIPúLITO, CN 3,6; Re{X,32,1; TERTULIANO, Prax 2,1; 2,4; 4,1; 13,6; 31,1; No-
VACJANO, Trin. 30-31.
336 GABINO URÍBARRI BILBAO, S.J .
«Si ad Deum loquitur et unctum Deo a Deo, affirmat et hic duos
deos. [Pro uirga regni tui] Inde et Esaias ad personam Christi: Et Se-
boin, inquit, uiri elati, ad te transibunt et post te sequentur uncti maní-
bus et ad te adorabunt, quía in te est; tu enim es Deus nostes et nescieba-
mus, Deus Israhelis [Is 45,14-15]. Et hic enim dicendo "Deus in te" et "tu
Deus" duos proponit: qui erat in Christo et Christum ipsum.»
La línea argumental es la misma: Dios está en Cristo, de ahí que Cris-
to sea Dios. ¿Acaso hemos de postular un acercamien to tertulianeo a
Calixto, que Brent identifica con Praxeas?
En s.e gundo lugar, para Calixto ·e da una identifi cac ión Lagos, Pa-
dre, Pneuma . El Lagos o el Hijo es La mis m a sus tancia divin a (pneuma),
Dios P adre, bajo la forma de la en cam ación. Sin embárgo, el CN desco-
noce la identificaci ón entre el pneuma y el Padre. El pneuma da cuenta
de la divinidad del Hijo (CN 4,11; 16,2), no de la identidad con el Padre.
En mi opinión, no hay un acercamien to a Calixto. Lo que ocurre es
lo contrario: la teología filiopaterist a de Calixto es la que finge un acer-
camiento a Ja posició n defendida por los autores antipatripas ianos. De
ahi que aparen temen te parezca más próxima a la de CN, que la de Ref;
que comba te directam ente esta pos tura .
e) CN 4,7-8: «Al decir "porque Dios está en ti" mostraba el misterio
de la economía: que al encarnarse el Lagos y hacerse hombre, el Padre
estaba en el Hijo y el Hijo en el Padre, cuando el Hijo habitaba entre los
hombres. Se indicaba, pues, esto, hermanos: que realmente el misterio
de la economía era este Lagos, hecho Hijo único para Dios del Espíritu
Santo y de una virgen.» Para Calixto (RefX,27,4) la cuestió n nominal es
un elemento fundamenta l: las diferencias Padre e Hijo son meramente
nominal es, como es típico d el fi liop a terismo . De ahi que el Lagos en-
carnado sea el Dios único. Sin embargo e n CN 4,7-8 Hipólito se es tá re-
fi riendo a la encarnació n del Lagos . No a que el único Dios se encarne
como Hijo. Acentúa la unidad entre Padre e Hijo, para salvar el mono-
teísmo, y acentúa el component e divino , pneuma, y humano, sarx, del
Hijo. No hay ningún juego de una unidad con dos apariciones .
d) CN 8,2; 14,2 y 14,4 son textos con significado trinitario, de los
que no cab e deducir nada especial para el tem a que ahora nos ocupa.
e) CN 16,3: «Pero me dirás: - ¿Cómo h a nacido? No puedes dar la
explica ción referente a ti, a cóm o nac iste, a un viendo cada día la causa
en cuanto al hombre, y no puedes explicar exactament e la economía so-
bre éste.» No veo que haya una concesión a Calixto. Simplemen te se nie-
ga a responder, porque va a replicar que es una cuestión de fe, no de ex-
TRES NOTAS SOBRE EL CONTRA NOETUM HIPOLITANO 337
plicación teológica (16,6). Calixto entendía el Espíritu como indivisible
(RefiX,12,16). Ahí estaba la clave el filiopaterismo : el espíritu indivisi-
ble aparece como Padre y como Hijo, manteniendo inalterada la identi-
dad sustantiva del único Dios, sin admitir pluralidad alguna.
En conclusión: la concepción de la economía del autor de CN no im-
plica una aproximación a la postura de Calixto, por más que suponga
diferencias con la de la Ref
3. La versión hipolitana de la encamación y del Hijo de Dios (na'l<;
8Eou), según la cual sólo en la encarnación el Hijo es verdaderamen te hi-
jo (TÉAELO<; ULÓ<; ), mientras que previamente, sin la carne ( acmpKO<;) no era
Hijo perfecto, sería una cesión a la concepción de Calixto que identifi-
caba al Lagos con el espíritu del Padre (cf. RefiX,12,18).
En mi opinión, toda la consideración en tomo al Hijo perfecto que
hace Brent está equivocada. El punto de vista de la perfección no es la
naturaleza ontológica del Hijo, que sólo llegaría a ser tal con la encar-
nación y, por tanto, no sería Hijo perfecto antes de la misma. La pers-
pectiva de CN, como la de los autores de la época, es la de la manifesta-
ción económica al mundo 72 • Por ello, el Hijo es perfecto en la
encarnación, porque es cuando su manifestación alcanza su culmen. Al-
go parecido encontramos en Tertuliano con su concepción de la «na-
tiuitas perfecta» (Prax 7,1), aquí referida a la prolación y la aparición
mundanal de la luz.
Como hemos visto ya, este Lagos es plenamente personal. Hipólito se
refiere a él diciendo: «Pero no hay nadie que haya visto a Dios sino el
Hijo único y perfecto hombre (fl-ÓVO<; ó 1TQLS' Kal TÉAELOS' av8pw1TOS') y el
único que ha dado a conocer la voluntad del Padre» (CN 5,4). Este el
mismo de quien habla en CN 11,2 como Hijo de Dios, que conoce lavo-
luntad del Padre y la lleva a término (11,4; 13,4; 14,7).
La consideración del Lagos «ásarkos» no hay por qué considerarla
como un acercamiento a Calixto. Desde el patripasianism o se conside-
raba que el Hijo era la carne, el encarnado. Por tanto, se definía la iden-
tidad del Hijo por ser el encamado, la carne, el Dios pasible (CN 1,2; 2,3;
3,2). De ahí la dificultad de entender que se pueda dar un Hijo sin car-
ne; un Hijo que ya es Hijo antes de la encamación, con una alteridad re-
al con el Padre; un Hijo que simultáneame nte es persona y «ásarkos»;
un Hijo que mantiene su identidad en el cielo, sin la carne, y en la tie-
" Cf. W. MARCUS, Der Subordinaticmis nws als historiologisches Plziino111en, Mün-
chen 1962, esp. 140-151. Además de este aspecto, Simonetti (Una mtova proposta,
26) insiste en su sentido antidoceta.
338 GABINO URÍBARRI BILBAO, S.J.
rra, con la encarnación, mediante el nacimiento virginal: «¿Acaso dirá
que en el cielo era carne?» (CN 4,10). A esto responde Hipólito di-
ciendo:
«Pues ciertamente la carne ofrecida como don por el Lagos del Pa-
dre, la carne que procede del Espíritu y de una virgen, es el Hijo de Dios
perfecto (TÉAElos u1os 9Eou) manifestado. Está claro, pues, que El se ofre-
ció a sí mismo al Padre. Antes de esto, en el cielo no era carne. Pues
¿quién estaba en el cielo sino el Logos sin carne, que fue enviado para
mostrar que el que estaba sobre la tierra estaba también en el cielo (au-
Tov ElTt "Y~S OVTQ Elvm Kal El' oupavt~)? Pues era Lagos, era Espíritu, era
Poder (Aó-yos -yc\.p ~v, lTVEUilG ~v. 8úJJa¡lLS ~1')» (CN 4,10-11 ).
Aquí se habla del Logos identificándolo con el Espíritu, pero no con
el Espíritu del Padre. De modo semejante dice Tertuliano: «Sermo au-
tem Spiritu structus est et, ut ita dixerim, sermonis corpus est Spiritus»
(Prax 8,4). El Espíritu no asegura la continuidad de la identidad entre el
Padre y el Logos encarnado, como en Calixto; sino que, al contrario, ase-
gura la identidad del mismo Logos antes y después de la encarnación.
Este es el sentido de: <<mostrar que el que estaba sobre la tierra estaba
también en el cielo» (4,11).
En conclusión, ni la generación del Hijo ni la economía ni la con-
cepción de la encarnación dan muestras de aproximación a la teología
de Calixto. Por tanto, no me parece probado que la teología del Contra
Noetum no sea radicalmente antipatripasiana. Naturalmente, como la
adaptación filiopaterista de Calixto es posterior puede inicialmente pa-
recer menos agresiva contra esta forma de patripasianismo. Aún así, los
textos considerados no dan muestras de que Hipólito se haya plegado a
ciertas pretensiones de Calixto. Más parece que Calixto habría adapta-
do su postura tratando de hacerla más inocente a los ojos de los teólo-
gos antipatripasianos.
5. CONCLUSION FINAL
Resumiendo lo que he expuesto, podemos sintetizarlo así: ni el Con-
tra Noetum se puede considerar como el final del Syntagma, ni es pos-
terior al Adversus Praxean de Tertuliano,· ni se ha de entender como una
aproximación (rapprochement) mediadora a la teología de Calixto y su
comunidad ni, en este sentido, como una retractación de lo defendido
en la RefiLtatio. Por el contrario, el Contra Noetum es el primer tratado
TRES NOTAS SOBRE EL CONTRA NOETUM HIPOLITANO 339
antipatripasiano que conocemos. Se trata de una obra estructurada en
su totalidad en contra de Noeto y sus seguidores; de la cual Tertuliano
se aprovechó, tomando prestadas algunas exégesis, conceptos y argu-
mentaciones. En este opúsculo se ataca de frente, sin ninguna conce-
sión, la exageración monoteísta patripasiana.
El enigma en torno a Hipólito seguirá inquietando con sus incerti-
dumbres a los investigadores. Creo haber mostrado grietas significati-
vas en la construcción explicativa de Brent, sugerente e interesante,
pues el Contra Noetum es una pieza clave dentro de su hipótesis. Que-
dan otros aspectos de la tesis de Brent, la estatua y el desarrollo del epis-
copado monárquico, sobre los cuales no estoy capacitado para juzgar.
UNIVERSIDAD PONTIFICIA COMILLAS
MADRID
CÁTEDRA DE BIOÉTICA
Director
]AVIER GAFO
Duración
Dos cursos académicos
Requisitos
Titulados superiores
Clases
Viernes, por la tarde, y sábados, por la mañana
Lugar
Quintana, 21
Comienzo del curso
26 de septiembre de 1997
Honorarios
300.000 pesetas por curso
Inscripción
Campus de Cantoblanco • Universidad Comillas, 3 • 28049 MADRID
INFORM ACION
~ 75)~ ~~ 55®
(D. a Elena Garc.ía)