0% encontró este documento útil (0 votos)
11 vistas15 páginas

Camargo, Astor, Schiarolli. Movimientos Sociales

El capítulo analiza la evolución de los movimientos sociales en Argentina desde el siglo XIX hasta la actualidad, destacando su relación con las demandas sociales y el contexto político. Se identifican los 'nuevos movimientos sociales' que surgieron en las últimas décadas del siglo XX, en respuesta a la crisis de representación y la exclusión social, así como su impacto en la lucha por derechos e inclusión. Además, se discuten las transformaciones en la acción colectiva y la influencia de factores estructurales en la naturaleza de estos movimientos.

Cargado por

rociaveiro21
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
11 vistas15 páginas

Camargo, Astor, Schiarolli. Movimientos Sociales

El capítulo analiza la evolución de los movimientos sociales en Argentina desde el siglo XIX hasta la actualidad, destacando su relación con las demandas sociales y el contexto político. Se identifican los 'nuevos movimientos sociales' que surgieron en las últimas décadas del siglo XX, en respuesta a la crisis de representación y la exclusión social, así como su impacto en la lucha por derechos e inclusión. Además, se discuten las transformaciones en la acción colectiva y la influencia de factores estructurales en la naturaleza de estos movimientos.

Cargado por

rociaveiro21
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Camargo, W. y otros (2015). Movimientos sociales en la historia argentina.

Controversias y
consensos. En AAVV, Cuadernillo de Ingreso. Facultad de derecho UNCUYO.
CAPÍTULO 1: LOS MOVIMIENTOS SOCIALES Y SUS DEMANDAS: PRECISIONES TEÓRICAS.

Walter Camargo. Marta Astor. Gladis Schiaroli


Introducción
Las relaciones entre la sociedad, sus demandas y las instituciones estales tienen un largo derrotero en los 1
estudios históricos por ser éste un tema que ha preocupado y ocupado a los investigadores desde múltiples
perspectivas.
En la Argentina, como en América Latina, durante las dos últimas décadas del siglo XX, esta temática cobró
significado dentro del marco dado por la transición democrática y la consolidación del modelo económico
neoliberal. De este modo, surgieron los movimientos de organización social, los de políticas de identidad y
los culturales, así como expresiones de demanda y protesta, denominados “nuevos movimientos sociales"
(NMS).
En un momento de profunda "crisis de representación" plantearon "nuevas formas de hacer política" por
medio de las cuales los ciudadanos encontraron cauces innovadores para construir y expresar
colectivamente sus intereses, reivindicaciones y valores comunes. Los cambios producidos en esas
sociedades supusieron la expansión de la lucha hacia ámbitos hasta entonces considerados como
pertenecientes a otras esferas, como la del género, las identidades étnicas o religiosas y las expresiones
artísticas, o aspectos de la vida cotidiana misma, como son las relaciones familiares, el trabajo y los
consumos colectivos.
Sin embargo, la focalización de la acción colectiva en objetivos específicos no derivó, en el continente
americano, hacia el campo político institucional. Por el contrario, la reivindicación de identidades sociales
alimentó la lucha por derechos e inclusión social.
En los años noventa caracterizados por la pobreza y el desempleo, en muchos sectores surgieron las
reivindicaciones particulares y se amalgamaron en movimientos populares masivos que se constituyeron,
en varios casos, en los principales espacios de resistencia al modelo de exclusión social en los países de la
región. Al respecto, podemos mencionar el movimiento de los zapatistas en México, los cocaleros en
Bolivia, los indígenas en Ecuador, los piqueteros en la Argentina, los denominados “sin tierra” en Brasil.
Ellos son sólo algunos ejemplos de la incidencia política de múltiples actores sociales en ámbitos, tanto,
nacionales como regionales. (Seoane, 2003)
En los comienzos del siglo XXI, en América Latina, encontramos grupos de hombres y mujeres que se
organizan en torno de la búsqueda de reivindicaciones o demandas, de muy diferente amplitud y objetivos.
Se trata de grandes movilizaciones en contra de los efectos de las políticas económicas: organismos de
derechos humanos, movimientos de pueblos indígenas u originarios, cooperativas de trabajo y asociaciones
de trabajadores que trascienden las estructuras sindicales tradicionales y los partidos políticos,
movimientos pro vivienda y asentamientos, asociaciones vecinales y barriales, comunidades eclesiásticas
de base, asociaciones étnicas autónomas, movimientos de mujeres, grupos de jóvenes, coaliciones locales
para la preservación del medioambiente y la defensa de tradiciones regionales, organismos políticos
articulados en torno a cuestiones de género o sexualidad, movimientos ensamblados alrededor de la
música, el arte y otras expresiones de la cultura popular, grupos de desocupados o pobres y heterogéneas
organizaciones que han florecido en el continente desde el inicio de los ochenta.
La novedad de este fenómeno hizo que se pusiera la atención en ellos dejando de lado su historicidad y sus
antecedentes, los cambios y el devenir histórico de los mismos que nosotros intentaremos desarrollar. Por
tal motivo, para dar cuenta de su recorrido temporal es que pretendemos analizarlos, desde 1890 hasta
nuestros días, en su evolución, transformaciones e influencia dentro del marco de la Historia de las
Instituciones Argentinas y sus políticas estatales.
1. Consideraciones generales acerca del concepto “movimiento social”.
Los orígenes y evolución.
Los movimientos sociales como estructuras de cambio social surgieron históricamente como consecuencia
de distintas crisis sociales y presentaron distintas orientaciones ideológicas: tanto revolucionarias como
reaccionarias. También, los integraban todos los sectores intermedios hasta los marginados; a veces
identificados con un campo político más o menos concreto, y en otras ocasiones de forma interclasista y
multipartidista.
2
En el siglo XIX, se empezó a utilizar el concepto de movimiento social ligado a un tipo de cambio particular y
revolucionario. El término fue introducido al vocabulario académico alemán por Lorenz von Stein en 1846,
quien entendía que un movimiento social era, básicamente, una aspiración de sectores sociales (clases)
para lograr influir sobre el Estado, debido a las desigualdades en la economía. Por ejemplo, la aspiración del
proletariado a lograr representación en los sistemas de gobierno1.
Desde el siglo XIX hasta la década de 1960, el concepto de movimiento social definía a una acción colectiva
consciente, sostenida por un grupo que se identificaba en términos de nación o clase social, que pasaba los
límites institucionales impuestos por un sistema social y político determinado, y que perseguía un cambio
sustancial del propio sistema (Pastor, 1993). Por ejemplo, los “carbonarios”, era una organización que
buscaba “el surgimiento del espíritu nacional” en Italia (mediados del siglo XIX) o, la Asociación
Internacional de Trabajadores en Londres, en 1864.
En la búsqueda de respuestas a la crisis internacional de 1929, se va dando forma al Estado de Bienestar o
Estado Social, en los países europeos después de la Segunda Guerra Mundial, mientras la protesta obrera
perdía fuerza como movimiento. Esta forma estatal dio respuestas a sus demandas vinculadas con las
condiciones de vida, y el ordenamiento político de las democracias liberales originando la organización de
partidos obreros comprometidos en la competencia dentro del sistema electoral.
En ese contexto, la idea sobre la eficacia de la democracia occidental para absorber conflictos en su seno
y procesar las demandas constituyó uno de los supuestos de las teorías sobre los comportamientos de
masas durante el período posterior a la Segunda Guerra Mundial. Las teorías psicológicas que explicaban la
adhesión individual al movimiento social, la interpretaban como problemas de adaptación a los cambios
sociales que se expresaban en estados de insatisfacción o frustración como consecuencia de la Primera y
Segunda Guerra Mundial y la crisis de 1929. Intentaban buscar identidad a través de acciones colectivas.
(Cohen, 1985; Giménez, 1994).
La década de 1960: nuevos paradigmas de interpretación
El concepto de Nuevo Movimiento Social (NMS) se nutre de la acción colectiva concretada a través de las
movilizaciones sociales que tuvieron lugar a partir de esta década en Europa. Situación clave que influyó en el
surgimiento de una serie de movilizaciones en diferentes partes del mundo que no podían enmarcarse en las
tradicionales protestas obreras del siglo XIX y principios de siglo XX.

Su proyección era muy grande por su diversidad, por sus muchos objetivos, porque se transforma en una de las
vías lógicas de participación ciudadana. Esto se manifestó en el Mayo Francés (1968) que representó un ícono
cultural donde confluyeron una serie de actores y procesos históricos que reflejaron unas formas y
organizaciones diferentes. A partir de entonces, desde las Ciencias Sociales comenzaron a estudiarse estos
eventos y tratar de desentrañar su naturaleza y alcances.
Este concepto revivió en Alemania hacia los años 1970, con la formación de los grupos de acción cívica
(Bürgerinitiativen). Las diversas investigaciones de la época, articularon dos paradigmas interpretativos de los
movimientos sociales: en [Link]. el de “movilización de recursos” y en Europa Occidental el de “orientación

1"Historia de los Movimientos Sociales Franceses desde 1789 hasta el Presente (1850)". Existe una versión española
parcial, Movimientos sociales y monarquía, trad. E. Tierno Galván, Madrid, 1981.
hacia la identidad”. Ambos coinciden en la idea de que los movimientos sociales implican la disputa
contestataria entre grupos organizados, provistos de asociaciones autónomas y redes de comunicación públicas.
Se estudia el modo de organización de los movimientos, o las relaciones sociales que dan lugar a conflictos
constitutivos de identidades colectivas (Cohen, 1985).

El principal referente del tema en esos años fue Alain Touraine quien sostuvo que las movilizaciones sociales de
la década de 1960 expresaban las líneas de conflicto que caracterizan a la identidad colectiva de una sociedad
posindustrial (Munck, 1995). Para Touraine, según Gledhill: “(...) Los movimientos sociales son formas de
movilización social que implican una disputa por los modelos culturales que gobiernan las prácticas sociales y el 3
modo de funcionamiento de las sociedades, una lucha por los modelos normativos de sociedad” (Gledhill, 2000).

Tengamos en cuenta que Touraine diferencia los movimientos sociales de las “acciones conflictivas” que serían
aquellos comportamientos defensivos frente a la explotación y la opresión; y, también, de “las luchas sociales”
que girarían en torno a la distribución de recursos económicos, a políticas determinadas o al proceso de toma
de decisiones. De este planteo se deduce que la emergencia de sujetos “autorreflexivos” que protagonizan los
movimientos sociales solo es posible en sociedades post industrializadas, que no serían otras que las sociedades
europeas. Es por esto último, que autores como Gledhill sostienen que la teoría de los movimientos sociales
presenta un sesgo marcadamente eurocéntrico.

En el caso de América Latina, debemos tener en cuenta que en, en la década de 1970, el proceso histórico
transcurría por caminos diferentes del europeo. Aquí la Revolución Cubana (1959), las dictaduras y la
modernización del Estado marcaban la agenda de los Estados, por lo cual, las acciones de lucha y demandas
populares, estudiantiles, obreras o campesinas necesariamente se inscribían dentro del contexto mayor de
conflicto entre el campo socialista o el nacional-popular y el sistema capitalista. La palabra que en esos años
sintetizaba este conflicto era revolución. En general, puede decirse que toda acción popular era entendida como
revolucionaria, formando parte de un conflicto mayor que tenía por eje la búsqueda de un cambio de sistema.

Las décadas de 1980 y 1990.


En estos años el mundo habría de sufrir amplias y profundas transformaciones: 1989 marca una bisagra crucial:
cierra definitivamente un período histórico, con la caída del bloque socialista, la desaparición de la URSS y la
expansión acelerada de la globalización económica.
En los 80, en América Latina, se producen las transiciones democráticas y es, precisamente en este contexto,
que se enmarcan el nacimiento y auge de los nuevos movimientos sociales. En esos años ingresan de lleno
problemáticas como los Derechos Humanos, el género y la identidad, entre otros, logrando estos estudios un
desarrollo considerable de la mano de la aplicación de teorías europeas y su resignificación.
Para el investigador argentino Javier Auyero (2002)2, los cambios en la acción colectiva están atravesados por
procesos estructurales como la desproletarización; la retirada y desmantelamiento del Estado de Bienestar-
populista; y la descentralización de los servicios educativos y de salud. Estos procesos estructurales no inciden
de forma directa sobre la forma y el sentido de la “beligerancia popular” sino que impactan en los intereses, las
oportunidades y la organización colectiva.

Se concluye, desde esta línea, que durante la década del noventa emergió una forma de protesta en la
Argentina, vinculada a dos actores sociales: desocupados y empleados públicos, y que se expresa en medidas de
reprobación social como el corte de ruta.

2Licenciado de la Universidad de Buenos Aires, (en los 90) y se doctoró en The New School for Social Research.
Profesor de Sociología en la Universidad de Texas, Austin. Sus áreas de trabajo son la etnografía política, la pobreza
urbana, la acción colectiva, los estudios latinoamericanos y la teoría social y cultural. Algunos de sus libros -como La
zona gris. Violencia colectiva y política partidaria en la Argentina contemporánea- son referencia ineludible para
entender las relaciones no siempre visibles entre política, violencia y vida cotidiana. Su último libro –el quinto- Patients
of the State acaba de ser publicado en Estados Unidos por Duke University Press y el año que viene saldrá publicado
en Argentina.
A partir de estos años, los estudios sobre acción colectiva y movimientos sociales se hallan desarrollados, en
Brasil, México, Bolivia, Venezuela, Ecuador y nuestro país, y atrae a un conjunto de disciplinas diversas, que
incluye no sólo la sociología política, las ciencias políticas y la historia, sino también la geografía y la teoría social.
Podemos distinguir dos tendencias diferentes, que resumen lo dicho anteriormente: por un lado, encontramos
aquellos trabajos que se insertan en el vasto campo de estudio de las acciones colectivas y apelan para ello a la
noción de protesta social; por el otro, están aquellos que (re)valorizan una conceptualización específica en
términos de movimientos sociales3. (Svampa, Maristelle)
Como conclusión podemos afirmar que lo significativo es que la naturaleza de los movimientos sociales descritos
4
implica modalidades de acción colectiva nuevas y poco convencionales como es el caso de su relación con las
nuevas tecnologías y la instrumentalización de las redes sociales. Nos preguntamos: ¿estas formas de protesta
en apariencia novedosas en realidad son o no son versiones de antiguos modelos?
Para analizarlos, partiremos de una división convencional entre movimientos centralmente basados en
demandas de identidad y derechos de ciudadanía en la década de 1980. Movimientos por demandas de
inclusión económica de la década de 1990. Esta división es sólo para un ordenamiento cronológico de la
discusión, ya que muchos movimientos permanecen activos a lo largo de ambas décadas, y las diversas
categorías se superponen. Tal vez la división se refiere más al contexto político y económico en que se
despliegan los movimientos que a los contenidos y las prácticas.

1. Hacia una definición de los movimientos sociales.

La intención de lograr una posible, pero necesaria, definición de movimiento social es compleja. En primer
término, por la heterogeneidad de procesos y actores que podemos incluir o excluir. Así mismo, por la
historicidad que el fenómeno abarca al menos dos siglos de recorrido4.
En segundo término, encontramos la polémica que se ha generado en el ámbito académico, originada por la
novedad de los movimientos sociales surgidos del ciclo de protesta abierto desde 1968.
En uno de los polos del debate, están quienes destacan la novedad de las formas de acción colectiva
contemporáneas, al punto de distinguir entre “viejos” y “nuevos” movimientos sociales. En el otro extremo
encontramos especialmente a historiadores o sociólogos históricos, defensores de una perspectiva del cambio
social de más largo alcance, a quienes la referencia a la novedad de las formas recientes de movilización les
parece que no tiene en cuenta los antecedentes históricos de esas formas y que encuentran huella en el pasado
inmediato.
La diferencia entre ambos es el acento que pone el primer grupo en la participación política no convencional que
tienen los nuevos movimientos sociales, como contrapartida del modo convencional de los viejos movimientos.
La forma de participación convencional alude a aquellas formas de intervenir en el proceso político que se
ajustan a las normas de la ley y la costumbre que regula la participación bajo un régimen particular, sobre todo,
participar de campañas, efectuar contribuciones políticas, contactar con representantes o, las más importantes
de todas ellas en las democracias liberales, ejercer el derecho a voto.
Como contrapartida, los modos no convencionales no se avienen necesariamente con las normas de la ley, es
más, a menudo la innovación en las formas de acción acontece en los márgenes de la legalidad (como escraches,

3 Svampa, Maristella. Protesta, Movimientos Sociales y Dimensiones de la acción colectiva en América Latina. En
[Link])
4 Los movimientos sociales admiten una periodización. De forma general la protesta colectiva responde a distintas

tipologías según se den en la etapa preindustrial, industrial o postindustrial. Tanto a la historiografía marxista británica
(E. Thompson) como a Rude, con sus estudios sobre la multitud en la historia, le debemos el desplazamiento de la
atención prestada a los movimientos estructurados hacia la acción colectiva en las etapas previas a la industrialización.
Charles Tilly ha dotado a la protesta popular “espontánea” y asistemática de una naturaleza política desarrollada desde
marcos no institucionales [Ver: Thompson, Eduard. (1963). La formación de la clase media en Inglaterra; Rudé, Goerge
(1979). La multitud en la historia. Los disturbios populares en Inglaterra y Francia. 1730-1848. España. Siglo XXI.; Tilly,
Charles (2004) Social Movements (1768-2004) Library of Congress, USA].
marchas no autorizadas, sentadas, boicots, huelgas salvajes y actos de desobediencia civil). Se trata de
expresarse públicamente perturbando el orden establecido si ello fuese necesario. Es decir, un grupo social que
carece de acceso rutinario a los canales de toma de decisión política, cuenta con un respaldo ciudadano
cuantitativamente importante, es lo suficientemente respetable como para merecer la atención de las
autoridades, da muestras fehacientes de un compromiso inquebrantable y se mantiene cohesionado en la
defensa de unos objetivos concretos.
Según la interpretación más extendida entre quienes destacan la discontinuidad histórica de los nuevos
movimientos sociales, los mismos se singularizan porque intervienen en el proceso político movilizando a la
5
opinión pública mediante “métodos legales, aunque no convencionales” (Offe, 1988: 178).
Sin embargo, nos parece más estimable la afirmación de la ampliación del repertorio de acción política, según la
cual los NMS recurren de modo flexible y simultáneo, tanto a las formas convencionales como a no
convencionales de participación. Ambas cohabitan y se complementan en los movimientos sociales tal como
podemos observar en los trabajos que ha llevado a cabo el historiador norteamericano Hanagan (1998) quien se
ocupó de estudiar las relaciones entre los movimientos sociales progresistas de su país tales como pacifismo,
feminismo, movimiento obrero, entre otros, y los partidos políticos a partir de 1870. Su principal conclusión es
que lejos de tratarse de actores incomunicados, los partidos políticos y los movimientos sociales han tenidos
canales de diálogo de distinta intensidad a lo largo de los años. Es decir, a formas de crítica como marchas,
protestas, etc., le sumaron lazos estables con los partidos progresistas de la época.
Al mismo tiempo, en algunos movimientos identificados como los “viejos”, encontramos algunos rasgos
“novedosos” que se atribuyen sólo a los NMS. Un acercamiento al movimiento ludita5 de comienzos del siglo XIX
y principios del XX en Inglaterra, nos proporciona un ejemplo clave acerca de los movimientos de acción y su
metodología.
Este movimiento asociado con una respuesta defensiva, espontánea, violenta e irracional frente a los embates
de la industrialización empleaba unos modos de acción notablemente más complejos y sofisticados que el mero
recurso del “golpe al martillo”. Las revueltas de destructores de máquinas vividas en los condados centrales y el
norte de Inglaterra entre 1810 y 1820 han sido a menudo interpretadas como la reacción intempestiva por parte
de un movimiento obrero todavía incipiente cuyos miembros veían agravarse por momentos sus condiciones de
existencia. La materialización esa reacción y expresión de su impotencia contenida consistió en arremeter contra
la maquinaria que, según su interpretación les desplazaba de sus puestos en el proceso productivo. La
destrucción de máquinas es una forma de acción directa y violenta que podemos ubicar inequívocamente en el
campo de las formas no convencionales de expresión de demandas. (Hobsbawm 1979). Por su parte el
historiador inglés Thompson6 en sus trabajos trató de dignificar y rescatar estas formas de la visión peyorativa
con la que se han trasmitido y evidenció que estas experiencias de movilización colectiva, que demuestra la
ampliación del repertorio de acción, no es una práctica en absoluto original de los NMS.
En definitiva, coincidimos con el punto de vista de quienes afirman que las características en la forma de
organización no son propios a los NMS, sino que se trata más bien de una pauta recurrente de todos los
movimientos sociales, actuales e históricos en su fase fundacional, tal como han demostrado los trabajos
provenientes de la Academia Británica marxista.
Hecha esta aclaración se hace necesario dar una aproximación más clara al tema. Por lo cual de las posibles
definiciones existentes7, entendemos que la más pertinente para nuestro estudio es la siguiente:
“Articulación de carácter político, de sujetos sociales alrededor de una colectividad común que se desenvuelve
a través de un proceso dialógico y que tiene tres componentes:

5 La palabra “ludita” surgió durante la Revolución Industrial para designar la resistencia obrera a las nuevas formas de
producción industrial. Entró a formar parte del lenguaje sindicalista por primera vez en 1811cuando una serie de cartas y
proclamas firmadas por Ned Ludd, precedieron y acompañaron los ataques a maquinarias en los distritos de tejido de
Nottingham (Inglaterra) por considerarlos responsables del deterioro de sus condiciones laborales y de vida.
6 E. Thompson. La formación de la clase obrera en Inglaterra. (Barcelona, Crítica, 1989).
7 Otra posible definición la aportada por Melucci, que designa como movimiento social “aquella acción colectiva que

rompe con los límites de compatibilidad del sistema y obliga a una reorganización del poder”, en la medida en que
subraya el carácter disrruptivo e interpelador de los movimientos sociales en las sociedades contemporáneas. (Svampa,
Maristelle)
a) Identidad: identificación social, ética, cultural y/o político-ideológica. Definirse como grupo, definir su
accionar.
b) Negociación y definición de campos de conflicto y de resistencia a los adversarios y a los mecanismos de
discriminación, dominación o exclusión sistémica, definiendo sus adversarios, opositores y antagonistas.
c) Acción colectiva para trasponer los límites de una situación sistémica en orden a realizar sus propuestas
alternativas, con sus objetivos y proyectos para el cambio”. (Diccionario del Pensamiento Alternativo, 2008: 347-
350)

6
2. El Estado y su relación con los movimientos sociales

La importancia del estudio de los movimientos sociales, su historicidad y respectivas demandas en un período
determinado de la historia argentina, deriva de su potencial contribución al tema de las transformaciones del
Estado y de las nuevas modalidades que asumen sus vinculaciones con la sociedad civil.
Conviene, por tanto, conceptualizar el término “Estado”. En la actualidad se considera al Estado como una
“colección” de instituciones y reglas, que integra una diversidad de actores públicos, cada uno con sus roles,
restricciones y derechos específicos, cuya presencia puede ser fácilmente contemplada en las distintas policy
networks8. Para esta perspectiva no es necesaria una “función” o una “dirección” conjunta para concebir al
Estado, sino que en cada uno de sus ámbitos de acción las instituciones públicas toman formas,
comportamientos y objetivos diferentes, definidos según las características que presenten sus respectivas
networks.
Así, el Estado ya no es un actor unificado, sino una multiplicidad de actores, en todo caso conectados débilmente
entre sí por numerosas reglas que no evitan el predominio de direcciones particulares y específicas por parte de
cada uno de sus agentes.9 Esta perspectiva “relacional”, introducida por T. Mitchell (1991) en su artículo “The
Limits of the State: beyond statist approaches and their critics”, niega que Estado y Sociedad sean unidades o
espacios separables, argumentando que ambos son representaciones complejas de “lo social”, donde se
construye discursivamente el Estado como una estructura o como un agente intencional.
La concepción del Estado y su relación con la sociedad civil ha ido variando a lo largo de la historia. El Estado
liberal-democrático que emerge con la Revolución Francesa de 1789, -es del cual nos ocupamos- se constituyó
como ámbito de mediación, construcción y realización del interés general como unidad que no suprime la
diversidad. La igualdad, la solidaridad y la inclusividad son patrimonio de este modelo. También la idea de un
orden político basado en la voluntad colectiva que presupone la integración de todos, confiriéndoles status de
ciudadano y preservando tanto sus derechos políticos como civiles y sociales.
Sin embargo, en la realidad, observamos que en cada período histórico la multiplicidad de relaciones entre lo
público y lo privado, lo estatal y lo civil, lo interinstitucional y lo interpersonal genera situaciones de diferencias,
exclusiones, asimetrías y desigualdades.
Frente a ello, se han ido constituyendo agrupaciones, a las que llamamos movimientos sociales, que deciden
actuar con el fin de modificar una situación que perciben injusta. A través de movilizaciones colectivas, expresan
un reclamo que consideran legítimo. Dicho reclamo es una construcción subjetiva, eminentemente social que
identifica al grupo. A dichos reclamos los llamamos demandas sociales. Como reverso de las demandas es
importante indagar en la capacidad de las instituciones que gestionan el orden social para dar respuesta, definir,
desplazar o cancelar el conflicto.
Para Retamozo, la tematización de las demandas sociales es fundamental para indagar en aspectos claves de la
constitución de los movimientos. Esta relevancia es evidente si tenemos en cuenta que éstos elaboran

8 La noción de policy networks -o “redes de decisiones políticas”- ha sido propuesta para afrontar las dificultades que
experimentaban los análisis tradicionales, basados en la acción primordial de la burocracia, para explicar las políticas de
distintos ámbitos sectoriales.
9 Jacint Jordana “El análisis de los policy networks: ¿Una nueva perspectiva sobre la relación entre políticas públicas y

Estado?”. En: Lecturas sobre el Estado y las políticas públicas: retomando el debate de ayer para fortalecer el actual.
Proyecto de modernización del Estado. Jefatura de Gabinete de Ministros de la Nación Ciudad Autónoma de Buenos
Aires. 2011.
demandas que presentan en el espacio público mediante acciones colectivas que sostienen en el tiempo y que
implican procesos identitarios.10
El estudio de los movimientos sociales y sus respectivas demandas, su relación con el poder y su lucha política,
pueden ser abordadas desde óptica tradicional que parte del concepto de políticas estatales entendidas como
decisiones tomadas por el Estado a cargo de una élite, de un grupo reducido que es el que detenta el poder en
cada momento histórico. Esta mirada considera a esos grupos como los únicos responsables de las políticas
estatales y la toma de decisiones tendría un proceso unidireccional: de arriba hacia abajo. En ellos, los grupos
dirigentes son los actores principales y las masas sus agentes pasivos de las medidas que se toman desde el
7
Estado. Pese a que muchos de esos gobiernos llegan al poder a través del voto popular, este enfoque resta
importancia a la participación de los habitantes en la toma de decisiones.
En la tradición hegeliana y weberiana se supone que “...la acción del Estado trasciende a los intereses
particulares múltiples de la sociedad civil” (Muller y Surel, 1998). Las decisiones estatales, por tanto, son
entendidas como acciones inducidas fuertemente por éste que es considerado el actor dominante en la escena
de los agentes participantes.
Buena parte de los países de América Latina y la Argentina, en particular, comparten una fuerte presencia
histórica del Estado. Han desarrollado formas verticales de relación con la sociedad, son proclives a la formación
de redes de intermediación entre grupos y actores, con una escasa tradición participativa, y han hecho del
centralismo y del clientelismo su concepción de la acción colectiva.
En la actualidad, esa óptica tradicional está en proceso de cambio. El aporte de la nueva historia cultural, a
través de sus investigaciones, ha enriquecido las perspectivas para su estudio: intenta establecer cómo se
construyó el Estado y cuál fue la participación específica de los grupos subalternos en dicho proceso. De acuerdo
con su visión, esos grupos, actúan autónomamente durante los momentos en que se reestructura el poder
político. De ahí que la estabilidad conseguida y la hegemonía de un grupo político se construyen a través de una
negociación entre las élites y los grupos subordinados.11
Por lo cual es nuestra intención en cada periodo histórico intentar poner en discusión el surgimiento y la
actuación de los movimientos sociales y la influencia que han tenido posteriormente en las políticas de
Estado, entendiendo que las demandas que surgen desde la sociedad muchas veces son canalizadas por
diferentes vías hasta que logran incorporarse (aunque no siempre) en la agenda de los diferentes gobiernos. Un
ejemplo de esta situación son los reiterados pedidos de entrega de sus tierras del Movimiento de los pueblos
originarios en Argentina.

3. Viejos y nuevos movimientos sociales. Rupturas y continuidades


Como vimos, la historia de los movimientos sociales puede remontarse al menos al siglo XVIII y perdura hasta
hoy pese a los diferentes contextos y recorrido histórico. Sin embargo, el debate acerca de la novedad de los
movimientos sociales contemporáneos, se revela como menor cuando consideramos lo que, a nuestro juicio
constituye el rasgo interpretativo clave de los movimientos sociales: su propósito es el de ejercer una política
de influencia tanto sobre las autoridades encargadas de la toma de decisiones (poder Estatal), como sobre la
sociedad en su sentido más severo.
Mediante la difusión de otros valores desafían a los dominantes y contribuyen a configurar los esquemas de
pensamiento y de actuación, tanto de los grupos, como de los individuos que han perdido esos valores. Un
ejemplo lo constituye el movimiento ambientalista Greenpeace; otro el alterglobalización.

10 Retamozo, Martín. Las demandas sociales y el estudio de los movimientos sociales. Centro de Investigaciones Socio-
históricas. Universidad de La Plata. Buenos Aires.
11 En este sentido sobresalen los aportes del historiador británico E. Thompson con su obra La formación de la clase

obrera en Inglaterra. (Barcelona, Crítica, 1989). Este teórico de la "historia desde abajo" asume que, dada la mutua
reciprocidad que implica la relación arriba–abajo, es posible y legítimo reconstruirla rescatando el punto de vista de los
que se sitúan en una posición dominada de la jerarquía social, manteniendo siempre presente que esta experiencia sólo
adquiere significado en el contexto de oposición frente a los dominantes. Cabe aclarar que estas interpretaciones no son
las únicas lícitas y que su posición no invalida otras interpretaciones hechas desde arriba, pero sí llama nuestra atención
para completarlas.
El seguimiento de esta estrategia dualista, Estado-Sociedad, se erige en el criterio fundamental para delimitar
analíticamente la categoría de movimiento social y diferenciarlo de otras formas de acción colectiva existentes
en la sociedad con la que a menudo corre el riesgo de confundirse, en particular los partidos políticos y los
grupos de presión.
En efecto, el destinatario natural de las demandas, -tanto las vinculadas con los partidos políticos como las de
los grupos de presión-, son las autoridades. Las energías de estos dos actores colectivos van orientadas a lograr
satisfacer los requerimientos de sus bases sociales de apoyo. Cuando se cierran los canales de comunicación con
el Estado aparecen los modos de participación no convencionales, pero sólo como última opción.
8
Sustancialmente distinto es el caso de los movimientos sociales. No creemos desvirtuar la realidad ni la
evidencia histórica disponible, si afirmamos que ellos son el único actor colectivo que persigue un cambio en las
políticas de Estado y en las mentalidades de la sociedad. Desde el Estado con una nueva ley, con la reforma de
la Constitución o la protección de determinados derechos, etc. Al mismo tiempo tratan de concientizar a la
sociedad acerca de la necesidad e importancia de su lucha. A modo de ejemplo, pensemos en las organizaciones
defensoras de Derechos Humanos, en la Argentina, quienes por años lucharon en forma simultánea por enjuiciar
a los genocidas y al mismo tiempo hacer visible ante la sociedad lo ocurrido durante última dictadura militar.
Así, aunque la distribución de actividades entre las arenas, tanto, la política como la cultural, oscila de un
movimiento a otro, y dentro de cada movimiento, de una organización a la otra, lo cierto es que ambas,
constituyen pilares co-presentes en la actividad de todo movimiento social desde sus orígenes. las formas de
acción que emplee, cómo se organice o cuál es la escala de su movilización alcanzada, son cuestiones
relativamente menores cuando los comparamos desde este criterio que constituye la doble orientación: las
autoridades y la sociedad. En ese sentido, reiteramos, los ejemplos que en la actualidad se multiplican con las
organizaciones ambientalistas, raciales, de género y muchas más.
Pero esta característica no es exclusiva de los últimos años, pues, ya a fines del siglo XIX los grupos abolicionistas
contra el tráfico de esclavos en Europa y América latina o los defensores del voto femenino llevaban adelante
esta doble vía.
Encontramos, aquí, otro argumento favorable acerca de la historicidad de los movimientos sociales y la
continuidad de sus luchas y métodos. Con lo cual lo novedoso y lo caduco se encuentran entrelazados en una
relación dialéctica, por lo que lo viejo habita en lo inédito y que lo inédito, por su parte, no es sino el punto de
llegada fruto de un proceso acumulativo de confrontación entre lo que es y lo que no es, pero que luchar es por
llegar a ser. En otras palabras, lo nuevo se alza indefectiblemente a hombros de lo viejo.
Sin caer en el extremo de considerar a los NMS como totalmente originarios, a continuación, mencionamos
algunas de sus características que permiten diferenciarlos y distinguir la evolución entre los primeros
movimientos sociales y los actuales. Tomamos para ello la tipología que utiliza Jesús Casquette:

a) Primacía de la búsqueda de la identidad: A juicio de los defensores de la novedad de los NMS, los ejes
de conflicto económicos y políticos, objeto de la lucha colectiva del movimiento obrero, van perdiendo
progresivamente su relevancia a favor de otros ejes culturales y simbólicos que giran, en gran media,
alrededor de la identidad.

b) Movilización sin referencia específica de clase: Los NMS, a diferencia del contraejemplo que ofrece el
movimiento obrero, no movilizan a sus militantes y simpatizantes según su ubicación en la estructura
social. Existe unidad de criterio, entre los especialistas, al afirmar que los sectores de la nueva clase
media son la base social por excelencia de los NMS. Sus miembros se caracterizan por poseer un capital
de naturaleza cultural más que económica. Desarrollan su labor en los sectores educativo, sanitario y
administrativo, todos los cuales se desarrollaron durante la vigencia del Estado de Bienestar. Las
posiciones de prominencia que ocupa la nueva clase media en las movilizaciones contemporáneas no
significan que se trate de una acción colectiva específica de clase. Por el contario, el medio ambiente, la
igualdad entre géneros, las solidaridades con los desposeídos del planeta son todos ellos exponentes de
bienes universales o públicos cuya consecución beneficiaría al género humano en su conjunto, y no sólo
a quienes han participado activamente en su consecución.
c) Carácter defensivo: En sus orígenes decimonónicos, el viejo movimiento obrero anhelaba erradicar todo
rastro de explotación mediante la trascendencia del sistema capitalista. Posteriormente, desde la etapa
de la II Internacional, -desde 1889 hasta 1914-, con la aparición de posturas revisionistas y con el
carácter más abierto y extendido a partir de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) tras el compromiso
que inauguró el moderno Estado de Bienestar, las expresiones organizativas mayoritarias de la clase
obrera (partidos políticos y sindicatos) se contentaron con una serie de conquista sociales que confiriese
al capitalismo un rostro más humano. Los NMS en contraste con la práctica seguida por el movimiento
obrero, plantean desafíos al orden establecido más tangenciales y limitados en alcance. No se trata de 9
asentar las sociedades sobre nuevos cimientos sino, más modestamente, de conseguir una igualdad real
y no solo formal entre géneros y ciudadanos, un mayor respeto a las bases de existencia, promocionar el
diálogo como alternativa al disenso, el principio directriz en el ámbito de las relaciones internacionales,
etc. Todas estas reivindicaciones confluyen en su carácter defensivo frente a los embates que traerá los
de la modernización.

d) Politización de la vida cotidiana: Estrechamente relacionada con la búsqueda de la identidad en un


mundo sin hogar se encuentra el argumento de que los NMS están activamente comprometidos,
aunque no siempre deliberadamente, en la politización de la vida cotidiana en lugar de volcarse en
plantear sus demandas ante las autoridades económicas y/o políticas. De acuerdo con este argumento,
mientas que el movimiento obrero desde la postguerra se conforma con la obtención de ventajas
distributivas y con la garantía de seguridad política y social, todo ello como pago a su conformidad y
contribución al crecimiento económico sostenido y a la estabilidad política, los problemas que los MNS
ponen sobre el tapete emanan de aspectos de la vida cotidiana, como la sexualidad o la igualdad
efectiva entre géneros. Con anterioridad a su problematización por partes de los NMS, estos aspectos
eran catalogados como relativo a la esfera privada del individuo. Ahora se generaliza la opinión de que
lo personal es político (público) (Casguette, 2001)

4. Tipos o clasificación de los movimientos sociales.


La variedad y posibilidades de los tipos de movimientos sociales son importantes y, dependiendo de la
definición aceptada, son numerosas.
a) Movimiento obrero.
A nivel mundial el origen del movimiento obrero se remonta a fines del siglo XVIII12. El desarrollo industrial
determinó el crecimiento de un sector social que hasta entonces había representado una porción reducida de la
sociedad: los trabajadores asalariados, aquellas personas que por carecer de propiedades o rentas debían
ponerse a disposición de un patrón y que por su trabajo recibían un salario. Con el advenimiento del capitalismo
industrial este sector de la población comenzó a crecer hasta convertirse en el más numeroso de la sociedad.
La combinación de explotación y represión contribuyó a solidificar los vínculos entre los obreros. Rápidamente el
malestar se tradujo en protesta y organización en sindicatos -asociación que reunía a obreros que trabajaban en
una misma rama de la actividad industrial o del sector de servicios-. Por este camino los trabajadores,
anteriormente aislados, constituirían un nuevo colectivo social: el movimiento obrero. La protesta y la huelga
pacífica dieron paso a las acciones violentas. Una de las formas que adoptó la rebelión consistió en la
destrucción de los talleres y las máquinas en la industria textil. (Barral, M.E. y otros.1999: 33)

12 Los primeros pensadores que criticaron las injusticias de la sociedad burguesa y reivindicaron los derechos de los
trabajadores, se pueden rastrear en la Revolución Francesa. En 1797, durante el Directorio, se descubrió “la
conspiración de los iguales”, un grupo aglutinado en torno a Francois Babeuf, cuyo planteo era que la sociedad no debía
garantizar solamente la igualdad de oportunidades, sino también “la igualdad de resultados”, es decir, que no solo debía
haber igualdad jurídica y política sino también igualdad económica. La conspiración fue desbaratada y sus dirigentes
ejecutados, pero éste fue el antecedente político más evidente del movimiento de reivindicación de los trabajadores y
los desposeídos.
Concluidos los sucesos de 184813, la burguesía quedó establecida como la clase dirigente de la sociedad y su
alianza con los trabajadores se quebró definitivamente. Durante estos acontecimientos, la clase obrera, aunque
en muchos casos se trataba de artesanos y jornaleros, mostró una presencia diferenciada. Su enfrentamiento
con los patrones burgueses dio origen a la llamada “cuestión social” que constituyó una de las características
principales de la lucha de clases de fines siglo XIX y parte del XX. Durante estos años, a medida que el régimen
político avanzaba hacia una mayor democratización se daba forma a una ciudadanía política mientras que los
gobiernos promovían leyes sociales favorables a los trabajadores.

Por otra parte, los dirigentes más importantes del proletariado europeo conformaron una organización política 10
en Londres en 1864 a la que llamaron la Asociación Internacional de Trabajadores, también conocida como
Primera Internacional14. No se trataba de un partido político nacional sino de una asociación que reunía a
militantes y trabajadores de distintos países que actuaban de forma autónoma y en ella la influencia de Karl
Marx fue decisiva.
Su accionar se caracterizó por fuertes enfrentamientos políticos e ideológicos acerca de su participación o no en
la política. En conmemoración de los sucesos ocurridos el 1° de mayo de 1886 en Chicago, en los cuales la huelga
por la reducción de la jornada laboral a ocho horas diarias fue reprimida por la policía, La Primera Internacional
estableció que el 1° de Mayo sería el Día Internacional de los Trabajadores. Hacia fines de siglo en muchos
países comenzaron a conformarse partidos políticos obreros con diferentes denominaciones -Partido
Socialdemócrata, Partido Socialista, Partido Laborista-. Los integrantes de estos partidos reconstruyeron una
organización internacional de trabajadores, conocida como Internacional Socialista o Segunda Internacional,
que se mantuvo en funcionamiento hasta 1914, cuando los enfrentamientos entre las distintas tendencias que la
conformaban, llevaron a su disolución.

b) Movimiento por los derechos de la mujer.


Sus orígenes se remontan a fines del siglo XIX y principios del XX con las primeras luchas a favor del voto
femenino. Esta fue principal bandera de “combate” que recorrió un largo derrotero.
El primer Estado en ofrecer el sufragio universal (y también permitir a las mujeres presentarse a elecciones para
el parlamento) fue Australia del Sur en 1902 y Tasmania en 1903. Noruega y Suecia lo aprobó en 1907, mientras
que Uruguay fue el primer país en América Latina en aprobar el sufragio femenino en 1927. En 1931, fue
reconocido en España. En algunos países llega recién a mediados del siglo XX, como ocurrió en Argentina con la
ley 13.010 el 9 de septiembre de 1947. Se puso en práctica en las elecciones del 11 de noviembre de 1951, en la
que votaron 3.816.654 mujeres (el 63,9 % lo hizo por el Partido Justicialista, el 30,8 % por la Unión Cívica
Radical). Más adelante, en 1952, las primeras 23 diputadas y senadoras ocuparon sus bancas, representando al

13La llamada Revolución de 1848 que se inició en Francia dando lugar al establecimiento de un régimen republicano y
que se extendió por casi toda Europa, clausuró el ciclo revolucionario iniciado con la Revolución Francesa de 1789.

14 Cabe distinguir la diferencia entre socialistas utópicos y científicos por ser quiénes irrumpieron y dominaron el
movimiento obrero desde sus inicios. Los franceses Saint-Simon, Charles Fourier y Auguste Blanqui y el inglés Robert
Owen consideraban que las nuevas formas de organizar el trabajo provocaban profundas desigualdades sociales.
Proponían construir una sociedad en la que la producción industrial estuviera al servicio de todos los hombres, en la que
reinaran la justicia y la igualdad, basadas en la solidaridad y la cooperación de sus miembros y no en la competencia y
en el individualismo. Por esta forma de imaginar los cambios sociales los denominaran “utópicos, lo consideraban
irrealizables. Los socialistas alemanes Kart Marx y Friedrich Engels, que se denominaron a sí mismos socialistas
científicos, Marx desplegó un vasto trabajo de investigación destinada a explicar la organización de la economía
capitalista y a criticar las injusticias sociales. Su prédica a favor de la organización política y gremial de la clase obrera y
de la lucha por una sociedad en la que no hubiera “ni explotados ni explotadores”, lo convirtió en un referente de las
luchas sociales y de las nuevas ideas del proletariado revolucionario. Consideraba que la única forma de eliminar las
diferencias de clase, era “la revolución del proletariado” (los obreros al poder) y abolieran la propiedad privada de los
medios de producción – socializarlos -, pues este era el origen de la explotación. En 1848, junto con Engels, escribió el
Manifiesto Comunista. Anticipaba la inminencia de una revolución social en los países industrializados y convocaba a
los obreros a luchar para destruir al capitalismo. La frase más famosa es: “¡Proletarios1 del mundo, únanse!”. (Alonso,
M. E. y VAZQUEZ, E. C. 2000)
Partido Justicialista. Mientras que el voto universal masculino, lo encontramos aprobado, por ejemplo, en Grecia
en 1822; en Francia en 1848; en España en 1891; o en Argentina en 1912.
Estos datos demuestran que las relaciones de género son una de las áreas donde las estructuras de poder se
hallan más "naturalizadas", mediante mecanismos socioculturales que regulan roles y actitudes de hombres y
mujeres. Los movimientos feministas y por los derechos de las mujeres ejemplifican los tipos de movimientos
convocados alrededor de una identidad y que instalan sus demandas tanto en relación con las estructuras
institucionales como con las formas organizativas de la vida cotidiana.
Un hito en los inicios del movimiento fue el Encuentro de la Mujer realizado en México en 1975, donde las 11
actividades de un foro paralelo al oficial estuvieron marcadas por la presencia masiva de organizaciones que
instalaban en las agendas oficiales los derechos e intereses específicos de las mujeres como la igualdad, la lucha
contra la discriminación, los derechos reproductivos, la violencia doméstica, etc.
A partir de entonces, las organizaciones feministas -aun con grandes diferencias ideológicas entre sí- han logrado
que sus propuestas sean reivindicadas por otras organizaciones e instituciones. En algunos casos es interesante
destacar la utilización de roles tradicionales y "naturalizados" de la mujer como eje convocante de grupos que
buscaban otros fines. Tal es el caso del movimiento de las Madres de Plaza de Mayo en la Argentina, cuyos
integrantes recurrieron a su condición de madres como identidad intrínsecamente femenina, y le dieron un
nuevo significado al desplazarla del ámbito privado del hogar al espacio público de la plaza.
En barrios pobres urbanos de todo el continente, también son las mujeres las primeras en movilizarse en busca
de una mejor calidad de vida, servicios e infraestructura para sus familias. Aunque generalmente esta
participación está signada por las tareas usualmente atribuidas a las mujeres, la misma participación las va
llevando a otras inquietudes y nuevas formas de organización, tanto enfocadas a modificar estructuras de poder
dentro del hogar como al cuestionamiento de la situación económica o al accionar de instituciones estatales.
c) Movimientos por los [Link].
Los regímenes autoritarios latinoamericanos de los años setenta ejercieron una dura represión sobre un campo
social amplio conformado por ciudadanos a los que se identificaba como disidentes o potenciales opositores. Las
dictaduras militares produjeron una cultura del miedo mediante asesinatos, desapariciones y detenciones
arbitrarias de personas por razones políticas e ideológicas. Frente al terrorismo de Estado se forjó un
movimiento social que a través de diversos organismos denunció las extensas violaciones a los derechos
humanos dentro y fuera de Latinoamérica, y demandó respeto a los derechos de los detenidos, así como la
reaparición de secuestrados y desaparecidos. En países como Chile, Argentina, Uruguay, etc., la dirección de los
organismos estuvo constituida por familiares de las víctimas, profesionales, intelectuales y líderes religiosos o
políticos. En todos estos casos, la presencia y el accionar de las mujeres fue fundamental, particularmente el de
los grupos de madres -y luego abuelas- de detenidos desaparecidos. En ocasiones fueron duramente reprimidos
por los gobiernos militares.
El movimiento de Derechos Humanos tuvo una incidencia primordial en el retorno de la democracia en los
países del Cono Sur. El respeto por la integridad física de todas las personas fue visto como uno de los ejes
esenciales del nuevo Estado de derecho. Como señala Elizabeth Jelin, este logro hace necesario reflexionar sobre
los parámetros con los que se miden el éxito o el fracaso de un movimiento. En la medida en que la defensa de
los derechos humanos se instala como uno de los pilares de lo que se entiende por democracia y es sostenida
por instituciones públicas y vastos sectores de la sociedad en lugar de quedar tan solo limitada a los organismos
se va diluyendo la especificidad y el protagonismo de estos.
Las consignas de búsqueda de verdad y justicia enarboladas por los movimientos de Derechos Humanos
encontraron un campo de acción más amplio durante los años de la transición democrática (Argentina: 1983;
Uruguay: 1986; Chile: desde 1990) y fueron retomadas por otras organizaciones. Fue entonces que se accedió a
cierta documentación estatal concerniente a la represión y se establecieron en algunos países “comisiones de la
verdad” (como la CONADEP argentina), y se llevó a juicio a responsables por crímenes de lesa humanidad. En
algunos países se procedió a realizar exhumaciones de restos de personas desaparecidas. La participación de
dirigentes y especialistas en derechos humanos en estas comisiones y en instituciones oficiales produjo intensos
debates en el seno de los movimientos donde algunos sectores insistían en mantener la autonomía de los
organismos frente al Estado.
Hoy en día, a lo largo de la región en democracia, además de proseguir con los reclamos por los crímenes de las
dictaduras todavía no resueltos, los organismos de derechos humanos, junto con movimientos locales de
vecinos o campesinos, se organizan para denunciar manifestaciones de autoritarismo residual que surgen, por
ejemplo, bajo la forma de violencia arbitraria por parte de las fuerzas de seguridad. En este contexto han
surgido también nuevas prácticas, como las marchas del silencio, para rechazar la violencia y demandar la
aplicación de la justicia
d) Movimientos por el derecho a la identidad y la diferencia
En los parámetros de defensa del derecho a la identidad y la diferencia se enmarcan también los movimientos 12
por los derechos de los homosexuales, que generaron un espacio propio de expresión y acciones públicas,
estableciendo conexiones con otros movimientos contra la discriminación social y por derechos legales
específicos. Estos son ejemplos de movimientos que va más allá de las instituciones y apunta a "educar" a la
sociedad toda contra la discriminación.
e) La creciente influencia de los medios de comunicación generó también que lo político -entendido en un
sentido amplio, más allá de lo partidario y electoral- se entremezclara con nuevos lenguajes y formas
estéticas. Es decir que formas de cultura popular, arte, símbolos e imágenes, pasaran a tener un contenido
de demanda y acción política. Diversos movimientos sociales cuestionaron la cultura dominante (los valores
y símbolos mayoritariamente respetados y reproducidos como propios de una sociedad) en tanto negadora
de aspectos culturales de las minorías. Un ejemplo de la utilización de formas estéticas por los movimientos
sociales fueron las campañas públicas nacionales e internacionales de demanda por los desaparecidos en
Uruguay, la Argentina o Chile. Murales y siluetas con las figuras de los desaparecidos fueron exhibidos como
arte público en las calles y plazas latinoamericanas, y reproducidos en los medios de comunicación
regionales y globales.
Otros ejemplos que conjugaron arte y política en la búsqueda y reafirmación de identidades fueron el
movimiento de reivindicación étnica de las raíces africanas en el nordeste brasileño y el movimiento del rock
latinoamericano, localizado en diversos centros urbanos de la región. El movimiento afrobrasileño originado en
la ciudad de Salvador de Bahía en 1974, con la fundación del Bloco Ilê Aiyê, y luego extendido a otras ciudades
de Brasil, reivindica la herencia cultural africana de la población de ese país. Estos movimientos utilizan la
"cultura negra" como instrumento de concientización sobre discriminación, marginación y pobreza de la
población afrobrasileña. Estos blocos constituyen movimientos masivos que exceden lo artístico y propugnan
una inserción política mediante el auspicio de proyectos comunitarios de mejoras de las condiciones de vida y el
desarrollo de programas educativos.
f) El movimiento de rock latinoamericano
Constituyó un espacio contracultural de resistencia durante las dictaduras argentina, chilena o brasileña,
mediante la expresión poética de protesta que pugnaba por burlar la censura estatal, como también por medio
de reuniones masivas en espacios públicos, circulación de medios de comunicación y otros elementos de una
cultura de lenguajes e identificaciones juveniles. Esta corriente desbordó los cauces alternativos a fines de los
ochenta, con la masificación regional de las grandes bandas, la expansión de ventas de discos y un alto grado de
exposición mediática. Surgieron asimismo nuevos polos de producción de rock latinoamericano,
fundamentalmente en México. A mediados de la década de 1990, el discurso y la estética del rock
latinoamericano se homogeneizaron y el movimiento que fuera contracultural apareció ya absolutamente
estructurado en torno al mercado y convertido en parte esencial de la cultura oficial de la región.
g) Movimientos ambientalistas
Estos movimientos tienen relación directa con la aparición de la ecología en el campo social. La misma, tiene
como ciencia un corto desarrollo, ya que nació a mediados del siglo XIX, cercana a la biología, cuando encontró
los marcos teóricos adecuados (evolucionismo). Hasta entonces había predominado una concepción bíblica de la
naturaleza que se contraponía a su aparición. (Capel, H. 2003: 44-47) El surgimiento de esta rama tiene relación
con el aumento de la sensibilidad pesimista frente a los riesgos de la civilización actual. Sin negar sus raíces en
experiencias anteriores, que la acercan a la historia, la geografía y la economía, su surgimiento se dio de la mano
del concepto medio ambiente propio del siglo XX. De allí que su principal preocupación es el cuidado de los
bosques y la desforestación, las diferentes coberturas del suelo -y los usos que de ellas hacen las poblaciones
que los habitan-, la pesca y sus recursos limitados, el agua y la contaminación atmosférica, entre otros. Por
mencionar algunos. (González de Molina, M. y J. Alier. 1993)
Sus cultores proceden de un variado espectro ideológico, sin embargo, presentan una postura activa y militante
ante la cuestión de los recursos del planeta, más allá de cual pueda ser su posición teórica. En general tienen una
activa participación en la sociedad, y se han organizado preferentemente en ONGs, siendo Greenpeace la de
mayor difusión. La misma se define, así, como a sus objetivos, de la siguiente manera:
“Somos una organización ecologista internacional, económica y políticamente independiente, que no acepta
donaciones ni presiones de gobiernos, partidos políticos o empresas. Nuestro objetivo es proteger y defender el 13
medio ambiente, interviniendo en diferentes puntos del Planeta donde se cometen atentados contra la
Naturaleza” ([Link]
Los métodos de protesta que utilizan son originales y variados y dependen de las circunstancias histórico-
políticas. Entre otras podemos mencionar: la ocupación de fábricas, el alquiler de barcos para alcanzar a barcos
cazadores de ballenas para interponerse ante sus arpones, etc.
En el sitio on line oficial de Greenpeace encontramos datos sobre su surgimiento: “Greenpeace nació en 1971 de
una forma casi espontánea. Un grupo de activistas antinucleares canadienses, algunos cuáqueros y objetores de
conciencia estadounidenses que se habían refugiado en Canadá para no participar en la guerra de Vietnam,
formaron una pequeña organización llamada "Don't make a wave" ("No hagas una ola") Este grupo protestaba
contra las pruebas nucleares que los Estados Unidos llevaban a cabo en el archipiélago de Amchitka (Alaska), al
norte de Canadá. (…) Después de llevar a cabo otro tipo de iniciativas, decidieron alquilar un viejo pesquero, el
"Phillys Cormack", y viajar con él a la zona donde debía tener lugar la prueba nuclear, para impedir con su
presencia física que la bomba fuese detonada. Para este viaje, rebautizaron al barco con un nuevo nombre, que
resumía la filosofía del grupo: Greenpeace. (…) En los años que siguieron, distintos grupos independientes, sin
ninguna conexión entre sí, tomaron el nombre de Greenpeace en Estados Unidos, Nueva Zelanda y Australia.
h) Movimientos antiglobalización
Es un amplio conjunto de movimientos sociales formado por activistas provenientes de distintas corrientes
políticas, que a finales del siglo XX convergieron en la crítica social al denominado pensamiento único.
Existe cierta controversia sobre el término que define a este movimiento. Muchos de sus partidarios prefieren el
término "altermundismo" o "alterglobalización", para evitar definirse por oposición, y porque el término
"antiglobalización" daría una imagen imprecisa y negativa. El nombre altermundismo proviene precisamente del
lema "Otro mundo es posible", nacido en el Foro Social Mundial, que cada año reúne a movimientos sociales de
cientos de países del mundo.
Acusan a este proceso de beneficiar a las grandes multinacionales y a los países más ricos, acentuando la
precarización del trabajo, y consolidando un modelo de desarrollo económico injusto e insostenible; también
acusan a la expansión del capitalismo de socavar la capacidad democrática de los Estados , entre otros aspectos
negativos.
Este movimiento se vuelve visible en la llamada batalla de Seattle, en Estado Unidos, y se ha constituido como
un hecho histórico mundial. Existe un consenso generalizado en que a partir de su surgimiento en 1999 se
produce una bisagra en la dirección que traía el proceso de globalización corporativa. Hasta ese momento,
durante la década de los años 1990, la globalización era presentada con un lenguaje exclusivamente comercial y
afín por las Empresas Multinacionales (EMN) y los grandes grupos financieros mundiales. Desde entonces,
incluso los sectores más conservadores comienzan a utilizar en su lenguaje términos y propuestas vinculadas a
los derechos del trabajo, del ambiente, de los derechos humanos, de la pobreza y la distribución de la riqueza.
El hecho de que por primera vez las organizaciones sindicales y ambientales ("tortugas y camioneros unidos al
fin") pudieron unirse en una acción conjunta, abrió un proceso mundial de alianzas entre organizaciones
heterogéneas que finalmente tuvo una de sus máximas manifestaciones en el Foro Social Mundial, cuya primera
versión se realizó en Porto Alegre en 2001.
i) Movimientos en defensa y acceso a la tierra.
Una de las principales reivindicaciones de los sectores populares en toda América Latina se refiere a la tenencia
de la tierra, tanto urbana como rural. La mayoría de las ciudades se ha formado históricamente sobre la base de
un modelo dual, con un sector formal de infraestructura moderna y un sector informal y disperso, usualmente
organizado en cordones que rodean las áreas centrales. A partir de mediados del siglo XX, un acelerado proceso
de urbanización y recurrentes crisis económicas generaron un flujo constante de población rural hacia las
ciudades, que muchas veces ocupa irregularmente tierras fiscales o privadas sin infraestructura urbana
(cañerías, desagües, cloacas) y en condiciones precarias.
En este contexto, desde hace décadas, cientos de organizaciones de base se movilizan en las ciudades de todo el
14
continente en torno a cuestiones de vivienda, loteo y regularización de barrios, trazado de calles y provisión de
servicios. Buscan generar debates y políticas públicas para la regularización de los asentamientos urbanos. En
algunas metrópolis, como San Pablo o Buenos Aires, se han dado procesos de ocupación de edificios.
En estos casos, han surgido variadas organizaciones sociales que luchan contra los desalojos y en pro de la
radicación definitiva de los ocupantes dentro de las ciudades. Esto se lleva a cabo mediante de la formación de
cooperativas de vivienda y de propuestas de políticas autogestionarias que permitan el acceso de los sectores de
bajos recursos a la tierra urbana, cuyos precios son muy altos. Un ejemplo de organización en este sentido es la
Federación Unificadora de Cooperativas de Vivienda por Ayuda Mutua (FUCVAM) en Uruguay, que aglutina a
más de 300 cooperativas y a alrededor de 16.000 familias. Nacida en el ámbito sindical hace más de treinta años,
la federación ha obtenido logros tales como la sanción de legislación nacional que destina presupuesto a la
construcción de viviendas organizada por cooperativas. La FUCVAM ha tenido una participación trascendente en
movilizaciones que van más allá de la reivindicación puntual del derecho a la vivienda: fue, por ejemplo, uno de
los tres movimientos (junto con el sindical y el estudiantil) más activos en la campaña por el plebiscito que
frustró la búsqueda de legitimidad del régimen militar uruguayo en 1980. Más tarde, la federación multiplicó su
accionar en Montevideo a partir de la llegada del Encuentro Progresista-Frente Amplio a la intendencia, lo que
es otra muestra de la creciente articulación entre organizaciones sectoriales y otros actores, como los partidos
políticos. Esta y otras organizaciones urbanas en varios países del continente establecen contactos entre ellas y
comparten experiencias tendientes a fortalecer las propuestas de cada una ante los gobiernos nacionales o
locales.
En numerosos países de Latinoamérica hay una profunda desigualdad en la distribución territorial en el ámbito
rural, producto de la existencia de enormes latifundios que privan a los trabajadores rurales del acceso a los
medios de subsistencia. De allí que la reforma agraria y la obtención de tierras hayan sido históricamente las
principales reivindicaciones de los movimientos rurales, conformados por campesinos, indígenas y pequeños
productores. El caso de Brasil es paradigmático, tanto por el tamaño de su población y economía, como por
poseer el más alto índice de concentración de latifundios en el continente, es decir que un muy pequeño
número de dueños posee el título de propiedad de la mayor parte de las tierras. Diversos movimientos sociales
en toda la región muestran la complejidad y urgencia de los conflictos del mundo rural. Un caso ineludible, por
tratarse probablemente de uno de los movimientos sociales más grandes del mundo, es el del Movimiento de
los Trabajadores Rurales Sin Tierra de Brasil. El MST es un ejemplo sólido que reúne las características
mencionadas como definitorias de los nuevos movimientos sociales en la región.

EPILOGO
El concepto de movimiento social se nutre de una serie de supuestos que recortan como paradigma de la acción
colectiva a la movilización social que tuvo lugar a partir de la década de 1960 en Europa. No obstante, ello, como
fenómeno histórico, antes de ese momento se refería a los movimientos de masas, entre los que destacamos al
movimiento obrero. Al respecto, Santiago Wallace sostiene: “este término pasó a ser de uso corriente después
de la Revolución Francesa y fundamentalmente tras las revoluciones de 1848 cuando es aplicado al nuevo
movimiento obrero que emerge con fuerza social y política al margen de las instituciones del Estado liberal.”
(Wallace, 1998: 330).
De acuerdo con esto, desde el siglo XIX hasta la década de 1960, el concepto de movimiento social definía a una
acción colectiva consiente, sostenida por un grupo que se identificaba en términos de nación o clase social, que
trasgredía los límites institucionales impuestos por un sistema social y político determinado, y que perseguía un
cambio sustancial del propio sistema (Pastor, 1993).
Sin embargo, la década del sesenta es clave por el surgimiento de una serie de movilizaciones en diferentes
partes del mundo que no podían enmarcarse en las tradicionales protestas obreras de principios de siglo XX. El
Mayo Francés (1968) representó un ícono cultural donde confluyeron una serie de actores y procesos históricos
que reflejaron formas y organizaciones diferentes. A partir de entonces las ciencias sociales comenzaron a
estudiar estos eventos para dar cuenta de su aparición y tratar de desentrañar su naturaleza y alcances.
Por otro lado, la década del ochenta es la de las transiciones democráticas en América Latina y al mismo tiempo 15

en el contexto internacional el año 1989 marca una bisagra crucial y cierra definitivamente un período histórico,
con la caída del bloque socialista, la desaparición de la URSS y la expansión acelerada de la globalización
económica.
Es precisamente en este contexto que se enmarcan el nacimiento y auge de los nuevos movimientos sociales en
Latinoamérica. En esos años ingresan de lleno problemáticas como los Derechos Humanos, el género y la
identidad, entre otros, logrando estos estudios un desarrollo considerable de la mano de la aplicación de teorías
europeas y su resignificación.
No podemos dejar de remarcar aquí como proceso histórico sobresaliente, la emergencia y el fuerte rol de las
Organizaciones surgidas a finales de la década del setenta y principios de los ochenta en nuestro país, tales como
Madres de Plaza de Mayo, Abuelas de Plaza de Mayo, Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones
Políticas, entre otras, en su lucha contra las violaciones de los derechos humanos de la última dictadura militar
Lo significativo es que la naturaleza de los movimientos sociales descritos implica unas modalidades de acción
colectiva nuevas y poco convencionales. Es el caso de su relación con las nuevas tecnologías y la
instrumentalización de las redes sociales. Sin embargo, estas formas de protesta en apariencia novedosas en
realidad no lo son o son versiones de antiguos modelos.
La novedad de este fenómeno hizo que se pusiera el foco de atención en ellos olvidando en muchos casos la
historicidad del fenómeno y sus antecedentes, que nosotros desde este trabajo intentaremos buscar. Se
destacó su originalidad y la fuerza de sus reivindicaciones, olvidando sus antecedentes, los cambios y el devenir
histórico de los mismos
De las posibles definiciones existentes, tomamos como más pertinente para nuestro estudio la que nos
proporciona el “Diccionario del Pensamiento Alternativo” que hace referencia a estos movimientos como la
“Articulación de carácter político, de sujetos sociales alrededor de una colectividad común que se desenvuelve
a través de un proceso dialógico y que tiene tres componentes: “Identidad”, “Negociación y definición de
campos de conflictos”, y por último “Acción colectiva”.
Para analizarlos, partimos de una división convencional entre movimientos centralmente basados en demandas
de identidad y derechos de ciudadanía (década de 1980) y movimientos por demandas de inclusión económica
(década de 1990). Esta división es sólo para un ordenamiento cronológico de la discusión, ya que muchos
movimientos permanecen activos a lo largo de ambas décadas, y las diversas categorías se superponen. Tal vez
la división se refiere más al contexto político y económico en que se despliegan los movimientos que a los
contenidos y las prácticas .
Finalmente entendemos que la incorporación en nuestro trabajo de los conceptos, discrepancias y consensos
sobre los movimientos sociales nos muestra que son objeto de estudio de historiadores, sociólogos y otros
pensadores, quienes han enriquecido el tema mostrando puntos en común, y también de divergencia, Citamos a
modo de ejemplo a Alain Touraine, Virginia Manzano y Maristella Svampa.

Sumado a esto, sólo nos queda agregar que ambos conceptos están implícitos en la temática, ya que al interior
de un movimiento social se da un consenso sobre una determinada situación. A la vez, cada movilización
colectiva que plantea demandas, muestran una discrepancia respecto a una situación dada.

También podría gustarte