La Puerta del Otro Lado
Laura se mudó a una vieja casona en las afueras del pueblo. Desde el primer día, notó algo
extraño: en el pasillo del segundo piso había una puerta cerrada con llave.
Cuando le preguntó al casero, él desvió la mirada.
—No te preocupes por esa puerta —le dijo—. Está mejor así.
Pero la curiosidad de Laura creció con el tiempo. Una noche, mientras exploraba la casa,
encontró una llave antigua en un cajón. Su corazón latía con fuerza cuando la sostuvo entre
sus dedos.
Sin pensarlo más, subió las escaleras y la insertó en la cerradura. Giró la llave con un
chasquido y empujó la puerta.
El cuarto estaba vacío, excepto por un gran espejo en el centro. Su reflejo la observaba…
pero había algo raro. Su reflejo sonreía.
Laura dio un paso atrás, pero su reflejo no se movió. Su sonrisa se ensanchó de una forma
antinatural.
—Por fin… —susurró su reflejo con una voz que no era la suya.
Antes de que pudiera reaccionar, una mano salió del espejo y la agarró del brazo. Sintió un
tirón y el mundo se volvió negro.
Cuando despertó, estaba dentro del espejo. Miró hacia afuera y vio a su reflejo… no, a otra
versión de ella, sonriendo con satisfacción antes de girarse y salir de la habitación, cerrando
la puerta con llave.
Laura golpeó el vidrio con desesperación, pero nadie la escuchó. Estaba atrapada.
Y afuera, su otro yo ahora vivía su vid