Trabajo Social
Trabajo Social
Deshilvanando la pandemia:
otro zoom a las vejeces
Sandra Sande
Yamila Capurro
(Comp.)
Financiación:
Facultad de Ciencias Sociales
Unidad de Extensión
Espacio de Formación Integral
Comité evaluador:
Teresa Dornell
Sandra Sande
Mauricio Arreseigor
Corrección:
Sandra Sande
Yamila Capurro
Diagramación:
Sandra Sande
Yamila Capurro
Prólogo
Soc. Ricardo Alberti.............................................................. 9
Presentación del AVYTS
Área Vejez y Trabajo Social................................................ 13
Entretejiendo Vejeces y Trabajo Social en tiempos de
pandemias por el AVYTS
Yamila Capurro................................................................... 17
Vejeces, duelo y viudedad en contexto de pandemia
Prof. Teresa Isabel Dornell Regueira................................ 31
Participación en la vejez en el contexto de la pandemia
por COVID-19, desde una mirada de género
María Antonella Ruiz Pérez............................................... 57
Entre miedos, inseguridades y temores:
desarticulando discursos de las personas mayores en
tiempos de pandemia
Florencia de Medina, Giulliana Giardello,
Georgina Martínez, Lucila Ocampo................................. 85
7
Impacto del Covid-19 en la Vida Cotidiana de los/as
Viejos/as
Lucía Tajes..........................................................................117
Vejez en pandemia: Nuevas formas de encuentro y
participación
Macarena Pacheco Barrera .............................................145
“Quédate en casa”: ¿Es posible en quienes viven un
envejecimiento activo?
Maira Dutruel Camejo ....................................................171
Envejecer activamente en contexto de pandemia
Sofía Tarde Chavasco........................................................191
Las vejeces y los derechos consagrados ¿Giro estatal
en las políticas sociales hacia las personas mayores?
Mauricio Arreseigor, Sandra Sande................................215
8
Prólogo
9
En el transitar de la lectura descubrirán la participación igua-
litaria de profesionales en diferentes grados formativos y de
experiencia, aspecto que permite visualizar la importancia
que el Área otorga al aprendizaje y a la producción íntima-
mente relacionadas a la intervención, que garantiza el bien-
estar y desarrollo de las personas.
“Deshilvanando la pandemia: Otro zoom a las vejeces” inicia su
presentación con un racconto de las actividades del Área de Ve-
jez y Trabajo Social realizadas y transmitidas por multiplatafor-
mas virtuales en lo que va de la pandemia y como respuesta a
las condiciones vitales –de supervivencia- impuestas a las PAM.
Ya desde su primer artículo, se profundiza en torno a temas
tales como la forma en que, por medio de la “migración” tec-
nológica y cultural de medios, se logra potenciar los meca-
nismos de prevención y cuidado con tecnologías desconoci-
das y hasta temidas por la propia población objetivo.
Sin más preámbulos, se adentran en la intimidad más pro-
funda de la vida de las PAM, analizando las pérdidas más do-
lorosas en la vejez: el duelo, la viudedad, y sus múltiples im-
pactos en todas las dimensiones imaginables, en un contexto
negativamente potenciado de pandemia; análisis a cargo de
la Prof. Dornell Regueira.
Ante una realidad de aislamiento impuesto y temeroso, la par-
ticipación, la interacción y la comunicación colectiva se enfren-
tan a nuevos desafíos. Frente a este escenario, resulta impres-
cindible decodificar la mirada y aportes de género en la nueva
construcción social a nivel micro (hogar) y macro (sociedad).
Sobre este punto se profundiza en el artículo “Participación en
la vejez en el contexto de la pandemia por COVID-19.”
10
Por otra parte, si bien puede establecerse a nivel intuitivo y
general que el bienestar subjetivo de las PAM se vio afectado
en todas sus dimensiones durante este período, esta afirma-
ción requiere un análisis multicontextual a nivel de inter-
vención social. Uno de estos contextos es el abordado por
Medina, Giardello, Martínez y Ocampo, de la mano de las
viviendas colectivas -en este caso los Complejos Habitacio-
nales del Banco de Previsión Social (BPS)- donde sus propios
habitantes, como sujetos de derecho, analizan su bienestar y
las estrategias individuales y colectivas surgidas y empleadas
frente a la situación de pandemia.
Este libro también se introduce en el análisis del lugar e ima-
gen que se les atribuye a los habitantes más envejecidos de la
sociedad, en relación a su posicionamiento en momentos de
crisis, como es el caso de la pandemia de Covid-19. Los efectos
de las medidas de aislamiento y las respuestas individuales en
un marco de libertades responsables, interpelaron a la cultura
de convivencia de los mayores y pusieron a prueba sus necesi-
dades de socialización, tal cual se desarrolla en el artículo “Im-
pacto del Covid-19 en la Vida Cotidiana de los/as Viejos/as”.
Uno de los “saltos” más significativos dados por las PAM fue
el pasaje de la presencialidad a una virtualidad mediada por la
tecnología, hasta ese momento ignorada y temida por muchos.
Este efecto se potencia cuando hablamos de acciones donde la
corporalidad y el movimiento son un binomio imprescindible.
Cómo enfrentaron este cambio y desafío, redefiniendo no sólo
medios de comunicación sino también medios de interacción,
es otra de las lecciones que se reconocen como constitutivas y
se recogen de la mano de la Lic. Pacheco Barrera.
De este diagnóstico sistemático de la realidad de las Personas
Adultas Mayores frente a la Pandemia de Covid-19 no puede
11
quedar exenta la dimensión geográfica: dónde se vive y cómo
se redefine este lugar ante la exhortación a “quedarse en casa”.
La población de personas mayores de San José de Mayo per-
teneciente a la Asociación de Jubilados y Pensionistas se vio
desafiada a redefinir el “envejecimiento activo”, en un contex-
to que invitaba a la quietud y pasividad. Actitudes y prácticas
adquieren nuevas formas que son relevadas y analizadas en
profundidad en el artículo “´Quédate en casa´: ¿Es posible en
quienes viven un envejecimiento activo?”.
El articulo “Envejecer activamente en contexto de pandemia”
profundiza también en el contexto del interior del país -Florida-,
haciendo foco en otra Asociación de Jubilados y Pensionistas,
donde analiza la participación desde un marco de derechos y su
impacto en la actitud y acción de cuidado y autocuidado. Desde
este lugar y ante sus definiciones más amplias, se indaga sobre
cómo se autogeneran y recomponen estos derechos en contex-
tos de la nueva realidad (nueva normalidad), y qué elementos
son constitutivos del fortalecimiento de los mismos.
Un corolario imprescindible para este libro lo constituye la
necesaria discusión en torno a las Políticas Sociales que tie-
nen como población objetivo a las vejeces en el Uruguay del
post Covid-19, en un contexto mundial de neoliberalismo y
de incesante cambio. En este trabajo, Arreseigor y Sande ex-
ploran y reflexionan un posible nuevo posicionamiento del
Estado ante los derechos consagrados de las personas mayo-
res, transfiriendo o delegando el “control” sin las imprescin-
dibles actitudes y acciones de apoyo.
En síntesis, nos encontramos frente a un libro que destaca-
damente, extracta y analiza de forma multidimensional y
proactiva los impactos del primer gran fenómeno global de
vulnerabilidad, que afecta aún a nuestras vejeces.
12
Presentación del AVYTS
13
de la cotidianidad, sobre todo al inicio, dejando consecuen-
cias que van mucho más allá de lo sanitario.
El virus y su enfermedad nos colocó como humanidad en
una suerte de paréntesis, que para algunas personas e insti-
tuciones sigue establecido, mientras que, para otras parecería
que significó una suerte de impasse, del que se retorna como
si todo hubiese sido una especie de pausa, de apagón mo-
mentáneo, del que una vez solucionado el desperfecto, deja el
tiempo estancado y se continúa como si no hubiese existido,
esto vale para personas, instituciones y naciones. En la mejor
de las versiones dejó enseñanzas, en la peor, apenas un mal
recuerdo, una suerte de anécdota de algo de lo que nos libra-
mos y una vez vuelta la luz se continua la vida, como si nada
hubiese pasado.
Pero pasó y sigue pasando, no solo por las vidas que se llevó
el virus, sino por las consecuencias en torno a un tiempo so-
cial que puso a la humanidad en jaque, que trajo consecuen-
cias en múltiples niveles, que para la mayoría de las personas
supuso dolor, pérdida e incertidumbre y que, sin embargo,
para algunos sectores, siempre los mismos, significó un tiem-
po de ganancias, con enriquecimientos inauditos, aumenta-
do las brechas, afirmando la desigualdad y la inoperancia de
un sistema clasista, heteronormativo y desigual.
Al iniciarse la crisis sanitaria, frente al estupor y la angustia
pareció que se podría generar un espacio distinto, nos ima-
ginamos un mundo mejor, frente a las ventanas vimos pasar
sorpresivos renacimientos de la naturaleza, al prescindir de
nuestra especie, se nos imaginó una sociedad donde al sa-
lir nos encontraríamos con lo mejor de nuestra humanidad.
14
Esta ilusión duró muy poco. Luego la muerte, los cadáveres
en las veredas en algunos países, muerte y dolor transmitidos
en cadena las 24 horas hasta que nos acostumbramos y en ese
acostumbrarse la tranquilidad de que no lo teníamos cerca,
que pasaba en otro lado. Por estos lares, apenas una nueva
normalidad, un quedarse en casa, un problema de otras per-
sonas. Mujeres y hombres que transitan sus vejeces fueron a
la vez víctimas del miedo y acreedores del estigma. Las prin-
cipales poblaciones a donde fue guiada la mirada sanitaria
“abuelo quedate en casa”.
Teníamos para enfrentar la crisis sanitaria algunas fortalezas,
el sistema de salud resistió, a duras penas, pero lo hizo, lue-
go la vacunación, el acostumbramiento, la enfermedad de las
personas viejas, el cierre de las instituciones de larga estadía,
porque mejor mantener la vida biológica a cualquier costo,
luego vino el horror y el asombro cuando aparecieron algu-
nas situaciones, como las que se vivieron allá por abril del
2020, en relación a incendios o muertes en esos contextos de
encierros. Luego el olvido. Tan olvidados todavía, que siguen
siendo las personas institucionalizadas las que son aisladas
por temor al contagio.
Este libro habla desde otro lugar, narra sobre otras lecturas.
Cuenta sobre la resistencia y sobre la resiliencia. Nos relata la
otra parte de la historia. Nos conmina a ver qué pasa más allá
de la noticia, del parte diario, de la voz de los medios y en ella
la voz de lo instituido.
En las tres entregas fuimos haciendo un mapeo de lo que las
vejeces nos convocaban a hacer y se convocaban a hacer. Se
trató de una acción en conjunto donde nos propusimos histo-
15
riar lo que se vivenció y se propuso, lo que se logró, lo que se
aprendió y lo que se dejó de lado por inadecuado o inoperante.
Lo que presentamos es un libro que nos habla de una forma
de pedagogía transgresora (Bell Hooks, 1994), donde apren-
dimos haciendo y participando, donde tratamos de incorpo-
rar las voces de las vejeces uruguayas en su (nuestro) tránsito
por la pandemia. Pero también es el lugar de la voz de jóve-
nes estudiantes y recientes egresades que se enfrentaron a la
aventura de romper los prejuicios y ponerles el cuerpo a las
prácticas. Hay en los encuentros entre quienes escriben so-
bre y quienes cuentan sus relatos una suerte de complicidad
creada a partir de romper con los prejuicios y encontrarse en
un saber compartido.
16
Entretejiendo Vejeces y Trabajo Social
en tiempos de pandemias por el AVYTS
Yamila Capurro2
Resumen
Este articulo realiza un breve recontó de las diversas activida-
des impulsadas desde el Área de Vejez y Trabajo Social rea-
lizadas y transmitidas por las plataformas virtuales (Zoom,
Facebook, YouTube e Instagram) en tiempos de pandemia
por Covid-19. La implementación del distanciamiento fisco
como mecanismo de “prevención y cuidado” de la salud in-
dividual y colectiva nos desafío a continuar con nuestras la-
bores con y para las personas mayores en territorio, con mo-
dalidades virtuales. Fueron dos años de entretejidos a treves
de móviles portátiles con conexión a internet que lograron
17
mantener y consolidar nuestras redes sociales y plataformas
virtuales.
Palabras Claves: Área de Vejez y Trabajo Social, Pandemia,
Redes Sociales -Virtuales-.
18
colectivos una considerable cantidad han sido divulgados de
manera oral, escrita y lúdica en aulas y espacios barriales en
la última década por el AVYTS, pero el año 2020 nos implicó
reconvertirnos para construir una real presencialidad, esta
vez en formato virtual.
Esto significó que se construyeran configuraciones comple-
jas, las que se replicaron en cada uno de los escenarios habi-
tuales de encuentros, aprendizajes e intercambios, señalando
las necesarias alternativas a implementar para continuar con
los accionares que nos caracterizan como Área. En las labores
incesantes de fomentar, promover y articular formaciones y
capacitaciones integrales permanentes e intergeneraciona-
les, con anclajes territoriales en la capital e interior del país
se continuaron y ampliaron durante la pandemia. Para ello
continuamos nucleando desde la diversidad a las personas
viejas, estudiantes, docentes, profesionales, y a todas aquellas
personas volcadas e interesadas en las dimensionalidades del
Trabajo Social vinculado al envejecimiento y las Vejeces.
Esos entramados oficiaron además como preludio en la -crea-
ción- y posterior consolidación de los perfiles del AVYTS en
redes sociales (Facebook, Instagram y Youtube); es así que, en
octubre del 2020, específicamente en el Día Internacional de
las Personas Mayores, se difunde el pronunciamiento elabo-
rado desde el Área sobre dicha conmemoración mediante
la cuenta oficial del AVYTS en Facebook. Se da así inicio a
numerosas actividades (las cuales serán brevemente comen-
tadas en este apartado) a través de las redes sociales virtuales,
conectando y difundiendo por esos medios las múltiples rea-
lidades coexistentes en tiempos de pandemias.
19
Desde el Área resultó imperioso producir y visualizar análi-
sis críticos de estas interconexiones con sus entramados pro-
fundamente complejos. Asumiendo como equipo de trabajo
las tareas de (re)pensar y retomar en estás “nuevas” modali-
dades los intercambios, problematizaciones, intervenciones,
demandas, pronunciamientos –con gran urgencia de ser con-
siderados – tratados y atendidos desde la agenda pública y
como sociedad. Tales convicciones oficiaron de ejes orienta-
dores para las acciones desarrolladas desde el AVYTS. Es así
que desde mediados del 2020 se concretaron y extendieron
desde la virtualidad de las redes la propuesta de ir constru-
yendo los “entretejidos de las vejeces desde el Trabajo Social.”
Este “telar” impalpable, inició con la apertura de las cuen-
tas oficiales del AVYTS en redes virtuales, haciendo públicos
nuestros pronunciamientos sobre el 30° aniversario del Día
Internacional de las Personas Mayores3, continuando cada
año al igual que en las fechas del Día Mundial de toma de
conciencia del abuso y maltrato en la vejez, Día Internacional
por la erradicación de la violencia hacia las mujeres, el 8 de
marzo (8M), por el Día nacional del Trabajo Social, y cada 20
de mayo por VERDAD Y JUSTICIA. También nos pronun-
ciamos ante la difusión realizada el año 2021 concerniente
a la propuesta elaborada por la Organización Mundial de la
20
Salud (OMS), de incorporar a la vejez como enfermedad en
el International Code of Diseases (ICD)4
En esta última declaración explicitamos desde el AVYTS
el más profundo rechazo a dicha propuesta, insistiendo en
la importancia de asumir que: “las personas envejecemos
desde que nacemos, somos seres envejecientes, la vejez no
es una enfermedad sino parte del curso de la vida. Cada
envejecimiento es singular y no hay una única manera de
envejecer, hay vejeces, hay tantas como personas que llega-
mos a esa etapa.”5
Todos estos pronunciamientos fueron convertidos en pos-
teos de redes sociales, confeccionando de tal forma “murales”
(virtuales) distintivos, con expresiones construidas colecti-
vamente en proyectos que se diagramaron e implementaron
desde el Área de Vejez y Trabajo Social.
Asimismo en la plataforma YouTube se crea el canal oficial
del AVYTS,6 con los objetivos de transmitir y compartir las
diversas actividades propuestas desde el Área, al igual que las
participaciones de integrantes del AVYTS y estudiantes del
área vejez del Proyecto Integral Cuidado humano, derechos
e inclusión social de Montevideo y CENUR Litoral Norte.
En distintas actividades. En este sentido, y a modo de ejem-
plo, difundimos en el canal las presentaciones locales que se
dieron en el “I encuentro Latinoamericano de estudiantes y
21
recientes graduados: Trabajo Social con Personas Mayores”,
organizado por la UBA en el año 2020.7
Dicho encuentro visibilizó abundantes y diversas produccio-
nes académicas regionales en el campo gerontológico. Desde
el AVYTS se compartieron las siguientes ponencias: “Vejeces
en pandemia: percepciones y estereotipos asociados a la vejez
en un escenario de COVID-19. La experiencia de Salto, Uru-
guay” realizada por Florencia de Medina, Georgina Martínez,
Lucila Ocampo, Ana Palmina CENUR Litoral Norte. Desde
Montevideo expuso su trabajo Alejandra Rivero denominado
“La brecha digital aumentada en tiempos de Covid-19: las TIC
y su efecto en las Personas Mayores. Reflexiones desde la prác-
tica pre-profesional del Trabajo Social con Personas Mayores”8
De igual forma se compartieron en el mismo canal y perfil de
Facebook, las participaciones de las coordinadoras del Área
Vejez y Trabajo Social, Teresa Dornell y Sandra Sande en la
Jornada especial del 5 de octubre de 2020. Encuentro que lle-
vó por nombre “Personas Mayores en el contexto actual CO-
VID-19”, impulsado por el Centro de Investigación y Estu-
dios de Trabajo Social en Gerontología, de la ENTS-UNAM.9
22
En esas jornadas las referentes del AVYTS expusieron de
forma individual sus respectivas ponencias, tituladas: “La co-
tidianeidad de las vejeces en el contexto de la pandemia del
Covid-19”10 y “De vejez y vejeces en tiempo de pandemia.”11
Las posibilidades de acceso y visualización inmediata de in-
formación que proporciona el uso de cuentas en redes vir-
tuales habilitaron la posibilidad de una difusión más am-
plia de actividades, desde las participaciones en diversos
encuentros, jornadas, congresos, etc., en el país y la región
por parte de integrantes y participantes del AVYTS. Como
también permitieron facilitar y compartir una síntesis de los
acompañamientos realizados desde el Proyecto Integral12 en
conjunto con el Área en los procesos particulares de prácti-
ca preprofesional que transitaban el estudiantado en las su-
pervisiones de vejez de Montevideo y CENUR en tiempos
de confinamiento. Encuentro posteado en Facebook bajo el
título “Re-pensando la práctica pre-profesional del Trabajo
Social en tiempos de pandemia.”
En estos perfiles institucionales del Área de las redes Ins-
tagram y Facebook, se compartieron a su vez variedad de
materiales en formato de placas, fotos o videos, generados
por el propio estudiantado desde el marco de sus prácticas
pre-profesionales. Dicho material de difusión apunta al abor-
23
daje de distintos aspectos del envejecer y las vejeces de ma-
neras críticas y didácticas; como se plasmó en las imágenes
informativas sobre los tipos de violencias13 pasibles de sufrir
las personas más envejecidas. Así como videos sobre los pre-
juicios relacionados a la edad, en los cuales principalmente se
rechaza enfáticamente el viejismo y el edadismo, entre otras
problematizaciones producidas en formato de contenido14
para las redes virtuales.
Esta apertura e instrumentalización simultánea e institu-
cional del perfil, cuenta y canal del Área de Vejez y Trabajo
Social en las plataformas virtuales, además de oficiar como
conectores entre los espacios de intercambios e intervencio-
nes habituales en las esferas del AVYTS, en buena medida
también potenciaron la visibilización de actividades y la par-
ticipación de “nuevas” personas interesadas en las temáticas
planteadas a través de las redes. En la conjunción de esos in-
dicadores comienzan a gestarse la idea de elaborar, coordinar
y desarrollar mesas de charlas (virtuales) para todo público
sobre variedad de temas enlazados al Trabajo Social, el enve-
jecimiento y las vejeces.
Bajo ese gran paraguas de múltiples cometidos es que desde
el Área se ha concursado en las convocatorias de financia-
mientos de proyectos de extensión promovidos por el Espa-
cio de Formación Integral15 (EFI). Tanto en las ediciones del
24
año 2020 y 2021 dicho financiamiento fue aprobado para el
proyecto presentado por el AVYTS “Vejez, Interdisciplina y
Trabajo Social”. En el marco de este EFI (entre otras activi-
dades) se produjeron anualmente un ciclo de charlas deno-
minado “Entretejiendo las Vejeces desde el Trabajo Social”;
siendo desarrollados virtualmente (a través de la plataforma
Zoom), transmitidos y compartidos por las cuentas Facebook
y Youtube.16
En ambos ciclos de conversatorios se propusieron mesas so-
bre los más diversos y amplios intercambios de temas relacio-
nados al envejecimiento y las vejeces, los que consideramos
imperiosos de ser tratados desde perspectivas integrales y
con la mayor participación posible de agentes sociales. Es así
que en octubre del 2020 se dio comienzo al 1er ciclo de char-
las con la mesa “Debate feminista sobre las vejeces” con las
exposiciones de la Dra. Paula Danel17 y la Mag. Mónica Nava-
25
rro18 desde Argentina. Seguida por las mesas “Vejeces cultura
y comunidad” con la participación del Mag. Marcelo Piña19
desde Chile y la coordinadora del AVYTS Teresa Dornell. La
última charla de este ciclo “Consecuencias de la pandemia
en las vejeces” contó con las ponencias de la Mtra. Graciela
Casas20 desde México, el Mag. Jorge Paola21 por Argentina y el
Mag. Ricardo Alberti22 de Uruguay.
Lo propio también sucedió el año pasado en el 2do ciclo de
charlas en donde se coordinaron y articularon fructíferos in-
tercambios en las siguientes mesas llamadas “Desafíos y pro-
puestas en el Trabajo Social Gerontológico Latinoamericano”
26
con la participación de la Mag. María del Carmen Ludi23 de
Argentina. Seguida por la mesa “De pioneras a saberes con-
temporáneos: identidad, historia y memoria en el Trabajo
Social” con la ponencia del Dr. Víctor Yáñez24 desde Chile y
el cierre del ciclo con la charla “Ancestras: las vejeces desde
las perspectivas de género y derechos” con la participación de
Mónica Navarro.
Cada charla tuvo como cometido principal extender y pro-
fundizar los intercambios desde y para la comunidad, gene-
rando espacios (pese al distanciamiento social) en los cua-
les compartir saberes, arribando así a otros conocimientos
colectivos. Mediante los detallados mecanismos virtuales se
gestaron, transmitieron y replicaron estos encuentros para
continuar “Entretejiendo las Vejeces desde el Trabajo Social”.
Estas actividades “posteadas” en las plataformas del AVYTS
documentan instancias que han confeccionado parte de este
gran telar que continúa en progreso hasta la actualidad, en
modalidad híbrida.25
A su vez como recortes de este complejo entretejido, también
se plasmaron muchas de estas propuestas en un libro titula-
27
do: “Trabajo Social contemporáneo en contextos de pande-
mia: Nuevos desafíos a la intervención gerontológica”.26 Este
libro compila una diversidad de artículos que contribuyen al
pensamiento del Trabajo Social con enfoques gerontológicos
desde las líneas desarrolladas en el primer ciclo de charlas.
Este trabajo consistió en el segundo libro publicado desde el
Área de Vejez y Trabajo Social con el apoyo del Espacio de
Formación Integral «Interdisciplina, Vejez y Trabajo Social».
Asimismo, por medio del proyecto “Las vejeces convocadas
en pandemia” se publica una guía homónima, nuevamente
enmarcada la labor dentro del presupuesto otorgado desde
el EFI.
En la producción de esta Guía participaron grupos (previa-
mente consolidados) de Personas Mayores (PM),27 siendo
las principales protagonistas de esta edición, al igual que
estudiantes, docentes y público en general de distintas loca-
lidades de Montevideo y el interior. Este último trabajo del
año 2021 expone diversidad de aspectos, datos demográficos
con énfasis en el envejecimiento de la población, género y
feminismos, el valor que la Convención de los Derechos de
las PM28 tiene para las personas mayores, la invitación a la
problematización de mitos y prejuicios asociados a la vejez,
28
así como las múltiples formas de transitar las vejeces, desde
improntas amigables y didácticas29.
Este recorrido sobre las actividades propuestas por el AVYTS
a través de las redes sociales virtuales en el periodo de cruen-
tas pandemias, sorteando las dificultades que surgían en los
escenarios bajo confinamiento, da cuenta de una trayectoria
pensada y transitada por y con las vejeces uruguayas.
Desde el Área se asumió íntegramente el compromiso de
la sistematización, difusión, socialización y divulgación de
informes, documentos y diversos materiales que han surgi-
do como productos reflexivos y críticos en los contextos en
donde se desarrollan prácticas sociales a partir de procesos
de investigaciones colectivas -como acto reivindicativo- de
las demandas y propuestas de las personas más envejecidas.
Incluso este mismo libro emana desde las mismas conviccio-
nes que constituyen y caracterizan el Área de Vejez y Trabajo
Social. Se ha tejido mucho y quedan aún más lanas para con-
tinuar este entretejido.
Referencias bibliográficas
Fuentes documentales del Área de Vejez y Trabajo Social dis-
ponibles en:
Canal oficial del AVYTS en Youtube disponible en: Área Vejez y Tra-
bajo Social - AVYTS - YouTube
Cuenta oficial del AVYTS en Instagram https://instagram.com/avyts.
dts.fcs?igshid=YmMyMTA2M2Y=
29
Perfil oficial del AVYTS en Facebook https://www.facebook.com/
avyts.fcs.3/
Sección del Área de Vejez y Trabajo Social en la página oficial de la Fa-
cultad de Ciencias Sociales-UdelaR https://cienciassociales.edu.
uy/departamento-de-trabajo-social/investigacion/area-de-vejez-
y-trabajo-social-avyts/
30
Vejeces, duelo y viudedad en contexto
de pandemia
Resumen
La pérdida de un ser querido se materializa en un dolor que
se transforma para la persona que lo sufre en una sensación
casi insoportable, el ir afrontando la ausencia de un otro
que ya no estará con nosotros, provoca sentimientos encon-
trados que oscilan entre el miedo y la tristeza, entre la ira y
el enojo, provocando en algunas ocasiones una paralización
31
temporal de nuestros sentidos. Este proceso de duelo repre-
senta una alteración de las rutinas cotidianas, se convier-
te en un hito que hace repensar los proyectos compartidos
de sueños, anhelos y deseos, que han quedado truncados
a partir de la desaparición física del cónyuge, apareciendo
así un nuevo estado jurídico- social que es la viudedad, que
cuando se le asocia a la vejez tiene algunas connotaciones a
desarrollar e interpelar.
Las concepciones y prácticas frente a las ideas de muer-
te-duelo- viudedad han ido variando a través del tiempo y
en las distintas sociedades y culturas. Pero en las sociedades
modernas globalizadas y centradas en las lógicas del consu-
mo, acompañadas de la desvalorización de las experiencias
pasadas y marcadas por la urgencia del vivir de prisa, no se
comprenden como eventos naturales de la humanidad.
Lo que se pretende con el presente trabajo es colocar algunas
reflexiones con relación a constructos teóricos conceptua-
les que van erigiendo imaginarios (individuales, colectivos,
sociales), que reproducen formas arcaicas de comprender e
interpretar la función socio- cultural del proceso de muerte,
duelo y viudedad en la vejez, especialmente en el actual con-
texto mundial de pandemias.
Palabras Claves: Vejez, Duelo, Viudedad, Pandemia
32
Proceso de envejecer en las vejeces y su lazo con la
muerte: algo para pensar
33
desencadenar instancias o procesos de crisis, que en algunas
ocasiones son dificultosas de superar de manera individual
sin apoyo o redes de sustento.
Se debe recordar que la llegada a la vejez, por lo general, va
acompañada de sucesivas pérdidas, como ser: la desvincula-
ción en el mundo formal del trabajo (retiro laboral- jubila-
ción), que significa pasar de la actividad a la pasividad en la
esfera productiva; junto a la pérdida de familiares, pareja y
amigos, así como la convalecencia de algunas enfermedades
esperables en esta etapa de la vida (cardiovasculares, coles-
terol, hipertensión, diabetes tipo II, sobrepeso u obesidad).
Esto no significa dejar de reconocer que la proximidad de
morir no es privativa de una edad en particular, pero en este
momento del curso de vida acontece esta situación con más
fuerza.
Sin embargo, la muerte en las personas viejas adquiere una
nueva mirada de la dimensión temporo- espacial, por tener
que repensar lo que queda por vivir, lo que queda por hacer,
lo que queda por proyectar en función de repensar lo ya vivi-
do, lo ya acaecido en etapas anteriores, de manera individual,
como en pareja.
La angustia que provoca la pérdida del cónyuge va acompa-
ñada del sentido de culpa, y esta sensación debe ser aflorada,
permitiendo que se exprese, se manifieste, con una escucha
por parte de la familia, pero en especial del equipo de profe-
sionales que intervengan sobre el tema, el cual debería habili-
tar procesos comunicacionales, donde la palabra que aparece
silenciada fluya y se expanda en un repertorio conversacional
34
que cuide no solo la psiquis, sino el cuerpo, logrando un pro-
ceso sincrónico y dialógico entre cuerpo y corporalidad.
Para que esto emerja, como construcción proyectiva de su
vida en la vejez después de la muerte de su pareja, es nece-
sario comprender que la vida es un continuo de transforma-
ciones y esto debería compartirse con las personas viejas,
evitando ser escépticos y desconfiados frente a los cambios.
Así como ser comprensivos frente a ese dolor que se padece,
evitando ser aprensivos o tener conductas de infantilización
y sobreprotección excesiva frente a la situación.
La muerte se asocia al fallecimiento de una persona, en el
entendido de extinción de ese ser que tenía vida, es un proce-
so irreversible de esa vida que se fue y que ya no estará, es la
culminación de esa vida cuyo par opuesto y complementario
es el nacimiento, que es una nueva vida que llega.
El deceso de una vida es la terminación conclusiva de una
persona y nos introduce en un mundo de incertezas, contra-
rio al mundo de certezas ya conocido, vivenciado y compar-
tido con ese ser querido que se ha ido y que nos abandonó.
El enfrentar la muerte, provoca miedo, ansiedad y en algunas
ocasiones depresión prolongada, que puede tornarse patoló-
gica si no son abordadas tempranamente sus manifestaciones
primarias. El proceso de muerte, nunca se vivencia desde uno
mismo (es exterior a uno), se produce en referencia al otro
que nos acompañaba y desaparece en nuestro diario vivir.
En la vejez, la muerte del otro que nos acompaña genera con-
flictos, sintiéndose la persona culpable de esa muerte, en tanto
ser que amamos, pero a su vez, también en tanto ser abandó-
nico. Los sentimientos y deseos ambivalentes que se generan
35
por la muerte acaecida del ser querido conllevan un proceso
de dolor que contiene deseos impulsivos de ira. La muerte
se presenta como un hito, que paraliza la vida de la persona
vieja que acompañó a quién murió, es un punto de inflexión
entre los recuerdos entrañables vivenciados y de aquellas fan-
tasías o deseos proyectados que no se podrán concretar, en el
sentido de vivirlo con la persona que nos abandonó no sólo
corporalmente sino también emocional y socialmente.
La percepción de abandono que se deriva de la pérdida de un
ser querido por su muerte produce desasosiego, genera re-
acciones que se traducen como afección del campo emocio-
nal- acaece la ruptura de un vínculo- que se acompaña con
su correlato en el campo comportamental -el otro que se fue
corpóreamente, es un otro que ya no está-, que físicamente
no es visible, produciendo así sentimientos subjetivos que se
denominan duelo.
36
otro que queremos, expresan sufrimiento, pena que se tradu-
ce como una agonía intensa y dolorosa frente a una pérdida
sentida como irreparable de superar, al menos en un período
de tiempo breve, aunque se presenta como indeterminado.
Para abordar y definir el duelo existen diversas concepciones
(Freud,1917; Bowlby,1993; Calvet,1996; Lafuente,1996; Val-
dés y Blanco,1997) que presentan puntos de encuentro cuan-
do se afirma que los duelos lo viven y sufren todos los seres
humanos en el transcurso de su vida, en tanto trayectorias
vitales psico-socio-culturales que producen y reproducen las
personas en contextos históricamente determinados, pero
el duelo asociado a la muerte implica un devenir distinto de
asumir, procesar y elaborar, es un tipo de duelo que se deno-
mina duelo por pérdida relacional.
El duelo permite reafirmar o construir un mundo personal
de significados que ha sido desafiado por la pérdida (muerte)
del ser querido, son procesos que implican prácticas disrup-
tivas de la cotidianeidad con él otro, que pasan a ser actos
sin el otro. Estas nuevas prácticas, suelen verse acompañadas
de factores altamente estresantes, debiendo cambiar los roles
tradicionales, para así, hacerse cargo de desafíos que implica-
rán al doliente asumir nuevos papeles y personajes. Cuando
ese duelo tiene una permanencia no sólo cronológica (tém-
poro- espacial), sino biológica, se puede hablar de duelo pa-
tológico, pero este no es un tema de interés de desarrollar en
el presente ensayo.
El duelo cronológico en el sentido del tiempo que transcurre
(reloj o calendario), es un duelo que demuestra que no es
cierto el refrán popular que dice que “el tiempo todo lo cura”,
37
sino una prenoción social que se convierte en leyenda, la sa-
nación será procesual frente al padecimiento que significa la
muerte y dependerá de una infinita variabilidad de factores:
apego a la persona fallecida, características de la misma, tra-
yecto de convivencia; así como, la personalidad del afligido,
su apego al fallecido y el proceso de duelo que desarrolle,
pues no existe una sola modalidad de procesarlo, sino infini-
dad de expresiones.
En algunas oportunidades se asocia como sinónimos el duelo
con el luto, si bien son parte de un hito vivenciado a partir
de la muerte, son expresiones distintas de la persona en el
proceso de pérdida. El duelo se define como una expresión
personal- emocional que impacta en las estructuras psíquicas
de la persona que sufre la pérdida, siendo de índole intrínse-
co; mientras que el luto es la expresión socio-cultural de esa
frustración, que se manifiesta exteriormente en rituales de
vestimenta (tipo de ropa adecuada para esa ocasión), colores
(generalmente en color negro) u objetos (crucifijos o rosarios
en la tradición judeo-cristiana) a utilizar culturalmente esta-
blecidos en ese grupo humano o civilización.
Por medio del luto la persona que sufre la pérdida muestra
veneración, devoción y admiración por la persona muerta,
es la expresión de respeto a la memoria de quien se ha ido,
de quien ha fallecido. Se lo considera como un comporta-
miento socialmente aceptado para resolver el duelo. Estos
movimientos que envuelven a la muerte a través del luto y el
duelo presentan síntomas que se evidencian en sentimientos
de desesperación, desasosiego, ansiedad, rabia, furor e im-
potencia; que no son secuenciales, sino que se presentan de
manera paralela y disímil.
38
Las etapas de este movimiento procesual del duelo, según
varios autores (Kübler Ross,1974; Parkes,1975; Bowbly,1993;
Grollman,1986; Rando,1988; Bourgeois y Verdoux,1994;
Filgueira,1995; Valdés y Blanco,1997; Fernández y Rodrí-
guez,2002), parten desde la inmovilidad y paralización frente
a la noticia de que el ser querido- cónyuge en la vejez- falle-
ció, hasta la asunción parcial o total de esa pérdida que es
irremediable, reconocida como etapa de shock, mostrándose
conforme de que el otro no va a volver, que es la etapa de
conciencia de pérdida, con la posterior aparición de la resig-
nación que es la etapa de reorganización frente a la pérdida.
Entre estos extremos de las distintas etapas del duelo se pre-
sentan sensaciones de sonambulismo y anestesiamiento y
sentimientos de decaimiento y desfallecimiento, acompaña-
dos de negación de esa realidad, con enojo e ira por lo su-
cedido, que lleva a la persona vieja a aislarse (momento re-
gistrado como de crisis existencial), para reponer lentamente
esa pérdida; hasta que afronta la situación de que aceptar esa
pérdida no es olvidar al ser querido, sino repensar nueva-
mente la vida, sin su presencia física, aprender a vivir con su
ausencia, sin dejar de recordar los momentos vividos y expe-
rimentados con ese otro que ya no va a estar presente física-
mente (denominado momento de reparación de la muerte-
con afrontamiento del duelo).
Se debe reconocer que la pérdida de nuestra pareja puede de-
berse a un duelo anticipado o a un duelo relacional- súbito.
Cuando se presenta como duelo anticipado es porque la per-
sona llega a la muerte después de haber padecido una enfer-
medad quizás de larga data, donde el que vivencia el duelo se
ha ido preparando por el tiempo transcurrido en la agonía de
39
la enfermedad padecida, la experimentación de las diversas
sensaciones afloradas en el trayecto lo van anticipando (pre-
parando) emocional como mentalmente para afrontar esa
inevitable pérdida que brindará generalmente una sensación
de aplomo, calma y serenidad, a pesar de dolor que le puede
provocar la despedida de ese ser querido.
Cuando el duelo es relacional- súbito esto presenta una ma-
yor complejidad, pues la persona no espera la pérdida de su
cónyuge, aparece de manera repentina y no da tiempo de
procesar lo ocurrido, el dolor subsume a la persona en situa-
ción de duelo, la cual debe encontrar rápidamente estrategias
de resiliencia para poder reponer ese vacío, ese espacio soli-
tario con lo cual nos enfrenta la muerte. Eso no significa que
no existan duelos no resueltos o duelos denominados cróni-
cos, que se tornan duelos patológicos, por no lograr superar
lo sucedido, paralizándose, donde no logra reconstruir y/o
reponer vínculos y lazos de sociabilidad que le permitan re-
armar un tejido social de sostén frente a la pérdida, significa
la no resolución del proceso de duelar.
El concepto de duelo que se ha pretendido desarrollar en este
documento tiene puntos de encuentro con el planteo freudia-
no (1917) de duelo asociado a la melancolía, por compartir
estados de ánimo que se caracterizan por el dolor, la incapa-
cidad de sentir (inhibición de funciones) y la centralidad de
cesación de vínculos con lo exterior. Aunque no son sinóni-
mos comparten una serie de características que los enlaza,
sin embargo, la melancolía acarrea la incapacidad de proce-
sar el duelo, lo encapsula y no logra su resolución. El duelo se
vive como un peligro, que es penoso y conlleva sentimientos
de angustia, dolor y tristeza, donde se debe estar atento a la
40
posible existencia de un alto riesgo de suicidio, en especial en
las vejeces.
El duelo requiere tiempo, las fechas o momentos que pue-
den ser particularmente complejas para las personas viejas
son cuando se acercan los aniversarios de cumpleaños o ca-
samientos, fechas de compromisos, o los festivos navideños
que son relevantes para la familia o grupo de amigos, siendo
momentos de conmemoraciones colectivas que se desarro-
llan y celebran sin el fallecido.
La persona en proceso de duelo puede experimentar en es-
tos festejos sentimientos (transitorios) de culpa y hasta de
traición hacia la persona fallecida por considerar que no le
está siendo leal en el sentido de fidelidad a la memoria del
difunto, por eso se debe habilitar la explicitación (por parte
del equipo de profesionales) de estos sentimientos para que
junto con la persona doliente se tomen decisiones que permi-
tan ir disminuyendo el sufrimiento que padecen esas fechas.
41
las experiencias vivenciales más difíciles de poder afrontar
(Hagedoorn et al., 2006).
Cuando la pérdida de ese ser que amamos refiere a la per-
sona compañera de ruta, compañera de la vida, a nuestra
pareja, esto genera quiebres de importancia en nuestra vida
cotidiana, paralizando inmediatamente nuestras capacidades
de responder frente a un evento de tal magnitud como es la
muerte y posteriormente proceso de duelo. A veces, desde la
cotidianeidad de nuestros tránsitos de vida escuchamos que
frente al duelo, en especial de las personas viejas, tienden a
retraerse y reducir sus expectativas en referencia a planificar
acciones para el futuro; o que dejan de luchar y no quieren
seguir viviendo, estas nociones, lo que producen y reprodu-
cen son pre-nociones prejuiciosas en torno a esta etapa de
vida, asociando de manera no explícita, pero sí manifiesta,
que la vejez es sinónimo de muerte y por ende carente de
proyecciones de su diario vivir.
Si bien pueden existir episodios aislados donde estos eventos
ocurren, deben contextualizarse en referencia a las historias
personales y sociales de las personas en proceso de duelo y
los grados de dependencia en que se han gestado las rela-
ciones apego, o cuando especialmente la dependencia econó-
mica es fuertemente relacional al fallecido. Esto no significa
negar que la pérdida del cónyuge representa un punto de in-
flexión que marca dos momentos distintos de la vida de la
persona y que ello le va a implicar cambios sustantivos en su
vida cotidiana, a partir de la viudez.
42
Diversos estudios en distintos países (Parkes,1975; Bowlby,
1993; Tizón, 2004), han constatado que el duelo en la vejez
pasa por varias fases, las cuales se pueden resumir en:
i)Fase de desgaste emocional
Cuando se toma conocimiento de la pérdida, se ingresa a un
estado shock, donde no se acepta o no se quiere aceptar la
realidad, y la duración de la superaraciòn dependerá de lo in-
esperado que sea esa pérdida, no procesándolo igual si es el
fallecimiento fue natural, accidental, por suicidio u homicidio.
ii)Fase de perturbación de los sentimientos.
El impacto afectivo que provoca la muerte podrá durar meses,
días u horas; en esta fase comienzan a aflorar sentimientos di-
similes de desconsuelo, congoja acompañados de llanto y de
ira, así como, sentimientos de desesperanza y culpa, que a ve-
ces contienen auto reproches de lo que se podía haber evitado,
esto sucede especialmente en el suicidio u homicidio.
iii) Fase de transformación de los sentimientos.
Esta fase se conoce por tener un tiempo extenso de ser tran-
sitado, donde los sentimientos de culpa predominan, algunas
veces acompañados de tristeza, pena; hasta llegar a la depre-
sión. La persona empieza a darse cuenta a que el evento suce-
dido es irreversible, inalterable y definitivo, debiendo comen-
zar a proyectarse su nueva vida en viudedad, recordando con
menor intensidad el sufrimiento.
iv) Fase de resolución del duelo.
En ella se va disminuyendo la culpa, apareciendo sentimien-
tos de ilusión hacia un cambio que desvanecerá el dolor pa-
43
decido, con esperanza y confianza del futuro que vendrá, an-
helando que los sentimientos de rencor, desasosiego e ines-
tabilidad vacilante que disminuyan hasta su desaparición,
pudiendo recordar sin gran dolencia lo viviendo con el otro
que ya no está. Aunque la pérdida, se presenta análoga en las
personas, la discrepancia se centra en cómo ellas esgrimen
las réplicas afectivas- emocionales.
En estudios realizados sobre viudez en la vejez, varios inves-
tigadores (Bonanno et al., 2002; Hahn, Cichy, Almeida, y Ha-
ley, 2011; Koren, 2015) manifiestan que el comportamiento
entre mujeres y hombres en situación de viudedad han te-
nido comportamientos diferenciales, expresando que gran
parte de las viudas presentar características resilientes fren-
te a sus pares varones, mostrando capacidad de reconstruc-
ción de su vida con sentido de independencia, con prácticas
socialmente activas y niveles saludables de funcionamiento
físico, psicológico y social tras la pérdida del cónyuge, situa-
ción que no se vivencia igual para los viudos, que tienden a
presentar mayor vulnerabilidad en estos procesos.
El afrontar y elaborar el proceso de duelo, con la consiguiente
acomodación de los cambios en la vida diaria, junto a la sig-
nificación emocional y psicológica de la pérdida de la com-
pañera/compañero son algunos de los componentes sustan-
tivos que definen la viudez. El duelo torna vulnerables a las
personas, para poder comprender la viudedad se debe inter-
seccionalizar con género, clase social y reconocimiento en el
envejecimiento y la vejez (Lopata, 1973).
Si bien, la pérdida del compañero/compañera produce cam-
bios de diferente índole, la familia y amigos representan en
44
esta situación un ámbito de protección y sostén. Algunos es-
tudios (Barret, 1977; Utz et al., 2002 y Carr, 2004), expresan
que las mujeres viudas tienden a confiar en sus seres más cer-
canos, como ser los amigos e hijos y presentan gran capaci-
dad de ingresar o acrecentar sus vínculos sociales.
En las sociedades occidentales centradas en el consumo, con
una ética utilitarista, de corte patriarcal y familiarista, la si-
tuación de viudedad femenina puede asociarse a la disminu-
ción de ingresos que le crearon situaciones de dependencia
económica y social, junto al aislamiento social por jornadas
diarias, prolongadas en el tiempo por las tareas domésticas
asumidas y cuidados hacia otros, así como, un incremento
del riesgo al suicidio, acompañado de síntomas de ansiedad y
depresión (Tizón y Sforza, 2008).
Pero, para otras mujeres, la viudedad le puede significar go-
zar por primera vez, después de mucho tiempo de restriccio-
nes, debido al mando social, del disfrute de la soledad para
ser independiente, de estar y vivir solas, sobre todo, si la rela-
ción ha sido de fuerte sometimiento. La pérdida de la pareja
puede ser, a pesar del dolor, una oportunidad de crecimiento
personal y aprendizaje de cómo mantenerse y administrar-
se en la cotidianeidad del hogar (Carr, 2004; Tizón y Sforza,
2008).
Se debe recordar que gran parte de la bibliografía citada en
este documento consensua que las mujeres son más longevas
que los varones, fenómenos que sustenta bajo la premisa de
que esta longevidad se debe a ciertos componentes de consti-
tución biológica y social, pero eso no nos confirma que ellas
vivan mejor que los varones.
45
La viudedad en contextos de pandemias: algo para actuar
46
vas de las personas que nos rodean, y por ende a la propia so-
ciedad, al Estado y a las instituciones que no han encontrado
la cura a este virus, poniendo a prueba en la sociedad el mie-
do al cambio, a la crisis y al caos que esos cambios provocan.
Cuando acaece la pérdida de un ser querido la situación
vulnera aún más a actores con desigualdades e inequidades
históricas, por no poder verlo, por no poder velarlo, por no
poder despedir a ese ser querido, piénsese estas condicio-
nantes en las vejeces, donde el duelo se vivencia de manera
compleja, con una gran carga de dolor por los trayectos com-
partidos, planificados y anhelados con la persona vieja que se
ha perdido.
El no poder acompañar a esa persona vieja que se nos ha ido
provoca agobios, frustraciones e insatisfacciones personales
como familiares, demarcado por ese distanciamiento que se
convirtió en una opción a cumplir y no una disposición a ele-
gir (Dornell, 2020), no pudiéndose asimilar esta despedida,
ni mitigar el efecto desolador de que todo lo que nos rodea se
desmorona rápidamente.
Esa pausa indeterminada del mundo exterior unida al falle-
cimiento de la persona vieja querida que se nos ha ido cor-
póreamente, junto a las reacciones provocadas por las emo-
ciones, lleva a tener en cuenta que la adaptabilidad a estos
cambios abruptos dependerá de las historias personales,
familiares y sociales de cada persona vieja en ese contexto,
situación que no quita que sea esperable que dichos cambios
generen ansiedad, presentándose como exacerbados y exa-
bruptos, apareciendo así manifestaciones corporales de es-
trés con sentimientos de inseguridad, angustia y frustración.
47
Las sensaciones de estrés, de desacierto o de angustia, como
las de inseguridad que frustran y generan miedos, penetran
y se expanden en el entramado de nuestras cotidianidades,
constituyéndose en mecanismos de irreflexivilidad frente a
sucesos no esperados, pero que acaecen, como en la muerte
de la persona vieja con la cual se han compartido tránsitos de
vida comunes, como poder superar este duelo en esos con-
textos de inseguridad frente a lo nuevo e incierto para explo-
rar, aflorando contextos de temor y pánico, que están asocia-
dos a lo instintivo, a respuestas espontáneas no reflexivas, y
por ende de sobrevivencia.
Cómo sortear los temores que se presentan frente a una
pérdida, para pensar y actuar reflexivamente, venciendo
aquellos componentes emocionales que paralizan y pueden
provocar un pánico que desemboque en descontrol y no se
pueda superar ese duelo. Se debe recordar que la depresión,
la ansiedad y el estrés en la pandemia de COVID-19 han cau-
sado una “crisis de salud mental” sin precedentes en todo el
continente americano, según la Organización Panamericana
de la Salud (OPS, 2020).
Cuando los familiares y amigos no han podido estar juntos y
no se han podido despedir de la pérdida de un ser querido, la
importancia de contar con redes personales sustantivas para
la superación del duelo es de suma importancia. Este duelo
que se concreta sin los abrazos y la calidez de quienes nos
quieren y queremos, es de dificultosa y lenta resolución en los
afectos y en la sensación de soledad.
En variados estudios (López Doblas y Díaz Conde, 2018) se
confirma que la viudedad en la vejez es uno de los compo-
48
nentes que pueden desencadenar sentimientos de soledad no
deseada. Estar y encontrarnos en soledad, en el domicilio en
que se ha construido toda una vida con la persona fallecida, y
no poder salir, puede ser un factor de riesgo a destacar en los
contextos de pandemia.
Cuando la persona vieja por la pérdida de su ser querido ha
quedado sola, se deben repensar estrategias de reordena-
miento de su cotidiano, al igual que si vive acompañada, se
debe pensar en negociar los espacios que se comparten, pero
también se debe compartir como se sienten, compartir los
miedos, el dolor y los manejos frente a las frustraciones, a
través del intercambio de los sentimientos y sensaciones que
se van vivenciando, brindado importancia no sólo a la pala-
bra escrita o dicha sino además a aquella que no se pronuncia
y queda en los gestos.
Es necesario reestructurar los recuerdos de la persona que ha
partido, apoyando a la persona que ha quedado, articulando
las expresiones entre los actos del habla con los actos de lo
escrito, lo visual, el cara a cara con lo virtual, permitiendo
sobrevivir al encierro, creando estabilidad dentro de la incer-
tidumbre, pero que serán tiempos distintos para el cuidado y
el ocio del espacio de convivencia, sin quitar la importancia
de mantener redes de conexión, soporte o sostén, en especial
para personas viejas, como espacios de diálogos que habili-
tan transitar en el relato las ideas, vivencias, sentimientos y
pensamientos.
49
El sacrificio de arribar a las conclusiones preliminares
desde el pensar, decir, sentir y actuar
50
sociales y de lo emocional como una oportunidad que no se
debería desaprovechar en el enfrentamiento contra la sole-
dad, desde el reconocimiento de las complejidades.
Muchas veces, las singularidades de las vejeces en esta si-
tuación duelar, no sólo necesitan de un acompañamiento de
familiares y amigos (fortalecimiento del lazo social comuni-
cacional) sino además de profesionales que pueda sustentar
vínculos de apego (empatía con el doliente) que favorezcan
una subsistencia independiente, autónoma y emancipada
(abordaje del trabajo redal, que permita aunar y articular los
conflictos, las diferencias y los valores que se colectivizan),
especialmente en contextos de pandemias.
Las profesiones desde la mirada de lo interdisciplinar inter-
pelan las complejidades desde su acervo disciplinar, y deben
hurgar en otras disciplinas para poder fusionar conocimien-
tos que le permitan ir encontrando potenciales interrogantes
a ser debatidas, cuestionadas y manifestadas desde ese agru-
pamiento congregado, como viables respuestas a esos espa-
cios vacíos en el conocimiento.
Lo interdisciplinar germina cuando las disciplinas no en-
cuentran solución a las problemáticas que les preocupan y
deben trascender la frontera disciplinar para poder resolver-
los, tratando de encontrar objetos de estudio comunes, con
lenguajes acordados- consensuados de esos conocimientos
que requieren compartir, signando la llegada de rupturas de
los límites disciplinares (Dornell, 2021).
El duelo y su tránsito doloroso se convierte en un proceso
fundamental para la aceptación de la pérdida y las profesio-
nes/ los equipos interdisciplinares deben ocupar un lugar
51
de importancia junto al sufriente que le permita transitarlo,
tratando de comprender cómo vive y entiende o no esa fi-
nitud de la vida del ser querido que falleció, como la suya
propia.
Las propuestas de abordaje interdisciplinar deberían estar
centradas en respuestas humanas hacia las personas viejas en
proceso de duelo, de manera de contribuir en cuidados indivi-
dualizados y singulares desde una perspectiva inclusiva de su-
peración de la situación de modo integral e integrador. En una
intervención temprana, el punto clave es brindar apoyo frente
al duelo aportando alternativas diversas (como es el acompa-
ñamiento virtual), sin dejar de respetar las tradicionales (como
es acompañar en la ceremonia ritualizada del velatorio), sien-
do el encuentro con el doliente una dimensión central.
Para ello, se hace necesario identificar las necesidades, inte-
reses y problemas individuales, familiares e incluso comuni-
tarios que aparecen o afloran a partir del duelo, favoreciendo
el potenciar las cualidades emancipadoras que las vejeces en
esta sucesión del proceso duelar.
La elección pertinente por parte del equipo interdisciplinar de
herramientas para la comprensión tanto de la muerte como
de los procesos de duelo debe ser construida y reconstruida,
entendiendo que la interacción permanente e interrelación
armónica y dinámica entre el individuo y su medio, debe-
ría ser un resultado que aporte a la transformación recíproca
entre las personas viejas y su entorno social. Las circunstan-
cias que provocan ese dolor no deseado pueden acumularse,
y por ello es crucial mirar al duelo y las secuelas de esta crisis
con perspectiva de interseccionalidad.
52
“¿Qué es vivir?
Heráclito decía: ‘Morir de vida, vivir de muerte.’
Nuestras moléculas se degradan y mueren, y
son reemplazadas por otras. Vivimos utilizando
el proceso de nuestra descomposición y para
rejuvenecernos, hasta el momento en que ya no
podemos más.”
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55
Participación en la vejez en el contexto
de la pandemia por COVID-19, desde
una mirada de género
Resumen
A partir del inicio de la pandemia por COVID-19 los modos
de vida de las personas mayores se han transformado, trayen-
do consigo consecuencias a nivel de salud, económicas, so-
ciales y psicológicas que han incidido de diferentes maneras,
entendiendo que la vejez se desarrolla de manera compleja y
heterogénea en cada persona.
En este artículo se tratará de exponer brevemente cómo im-
pactó y repercutió este contexto en las formas de participa-
ción social de esta población y cuáles fueron las nuevas alter-
nativas que se debieron construir para mantener la interac-
ción y los lazos sociales entre las personas mayores.
57
Se incluirá además una mirada de género que atraviesa la te-
mática de estudio, permitiendo enriquecer y realizar distin-
ciones según el género, ya que se entiende al mismo como
una construcción social que atraviesa todos los aspectos de
las vidas de las personas, siendo influyente sobre la vida coti-
diana y los roles establecidos socialmente.
Palabras claves: Vejez, Personas Mayores, participación so-
cial, pandemia, género, lazos sociales.
Introducción
El presente artículo tiene como objetivo realizar una síntesis
de un estudio de caso realizado en el marco de la Monogra-
fía Final de Grado de la Licenciatura en Trabajo Social en
un grupo de personas mayores, el cual inicialmente se reúne
para realizar actividades de Educación Física.
Se presentan dos ejes que transversalizan a la vejez, como son
la participación y el género. A partir de ello, es que se desea
indagar cómo han sido los modos, las experiencias y los sig-
nificados que las personas mayores otorgan a su participa-
ción social, abordando específicamente si existen diferencias
en función de su género, teniendo en cuenta el contexto de
pandemia por COVID-19 en Uruguay.
Resulta interesante destacar que el contexto de pandemia
por COVID-19, presente tanto a nivel mundial como a nivel
nacional, impactó significativamente en las personas consi-
deradas en la etapa de la vejez, trayendo consigo importan-
tes consecuencias económicas, sociales y a nivel de la salud,
58
determinando además el surgimiento de nuevas formas de
participación.
El Índice de envejecimiento32 en Uruguay corresponde al
64,62 en relación al total poblacional, mientras que, si nos
centramos en la capital, la cifra se eleva al 77,68 según se
explica desde el Instituto Nacional de Estadística (INE) en
el documento “Uruguay en cifras” (2014). A partir de estos
datos es que se comprende como la vejez ocupa un lugar par-
ticularmente importante, por lo que resulta fundamental es-
tudiar su vinculación con la participación social y el género.
En torno a la vejez giran muchos prejuicios que la vinculan
como el fin del ciclo de vida, donde se presentan las enferme-
dades, la dependencia, la pasividad, el sedentarismo, la inac-
tividad, entre otros. Sin embargo, como se desarrollará pos-
teriormente, se puede visualizar que la participación desde
diferentes espacios culturales, sociales, comunitarios, logra
romper con estos estereotipos, mitos e imaginario social, ge-
nerando una mejor calidad de vida desde distintos aspectos.
La participación de las personas mayores contribuye al bien-
estar físico y mental, a través de actividades como el ejercicio
físico, generando lazos sociales en espacios de recreación y
esparcimiento. Genera además sentimientos agradables se-
gún expresa Pindado (2008), donde a partir de la interacción
se producen “sensaciones positivas”.
32 Población de 65 y más años por cada 100 personas menores de 15 años. Fuen-
te: Instituto Nacional de Estadística (INE) - Estimaciones y proyecciones de po-
blación (revisión 2013).
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Por otro lado, cabe aclarar que la temática se encuentra atra-
vesada por una mirada de género, lo que habilita a analizar
las diferentes experiencias entre varones y mujeres, teniendo
presente relaciones de poder y desigualdad entre géneros, ya
que esto afecta las trayectorias y las vidas cotidianas de las
personas.
En cuanto a la organización del artículo, en primera instan-
cia se desarrollará la metodología que se utilizó para llevar a
cabo esta investigación. Seguido a esto, se presentan las cate-
gorías teóricas-conceptuales que se entienden fundamentales
para entender la temática, a efectos de que posteriormente se
dé lugar al apartado “La participación de las personas mayo-
res en el contexto de pandemia, desde una mirada de género”,
donde se expone el análisis del trabajo de campo realizado.
Finalmente, se exponen las reflexiones finales, donde se da
cuenta de los puntos centrales de los desafíos para el Trabajo
Social contemporáneo en torno al tema.
Metodología
A partir de todo lo expuesto, cabe destacar que para la rea-
lización de este estudio de caso se utilizó la metodología
cualitativa, entendida como aquella que “en su más amplio
sentido a la investigación que produce datos descriptivos:
las propias palabras de las personas, habladas o escritas, y la
conducta observable.” (Tylor y Bogdan, 1987, p.20), haciendo
alusión a que se estudia el mundo empírico, entendiendo la
complejidad y el contexto de las personas. A su vez, se man-
tuvo un diseño de investigación abierto y flexible, el cual fue
dialogando continuamente con el objeto de estudio.
60
Se realizó un estudio de caso centrado en un grupo de perso-
nas mayores que realiza prácticas de Educación Física. Stake
(1999) plantea que en este tipo de estudios no generaliza ni
es representativo, sino que pone el enfoque en comprender el
caso en particular.
Como técnica de investigación se utilizó la entrevista. Cor-
betta (2007) propone que ésta permite comprender “catego-
rías mentales, sus interpretaciones, sus percepciones y sen-
timientos, los motivos de sus actos” (p.344), teniendo como
objetivo central comprender la mirada de las personas entre-
vistadas. Las entrevistas se dieron de forma semiestructura-
da, teniendo como base un guion, el cual permitió seguir un
lineamiento sobre los puntos que se interesaba indagar.
En relación a lo anterior, se entrevistaron a diez integrantes,
seis mujeres y cuatro varones del grupo de personas mayo-
res, siendo los mismos elegidos aleatoriamente entre aquellas
personas que quisieron participar del estudio. No obstante, se
realizó una entrevista a una referente calificada, la profesora
de Educación Física.
61
(...) una construcción socio-cultural, sobredeterminada por
dimensiones contextuales socio-económico-político-cultu-
rales que atraviesan la vida cotidiana; de allí que el envejecer
sea un proceso particular y complejo, que comprende dife-
rentes aspectos: físicos, biológicos, psicológicos, sociales y
emocionales, constituyéndose en una experiencia única en
relación con estos aspectos y dimensiones (p.208).
La vejez se encuentra configurada por un componente social,
por lo que la vida de los sujetos se encuentra atravesada por
un sistema socio-cultural que impacta sobre sus vidas y que
determina ideas negativas o positivas vinculadas a la vejez.
En relación a esto, Ludi (2013) sostiene que:
Las diferencias de género, de clase, de credos religiosos, de
etnia, de inserción profesional, también están presentes en
la construcción de las representaciones y de las experiencias
del envejecer, dimensiones fundamentales en el análisis de
la identidad de este grupo etario (p.3).
Dentro de estas diferencias, el género se entiende como un
elemento constitutivo que se produce en las relaciones so-
ciales e implica diferencias entre sextos, a partir de marcar
posiciones de poder según expresa Scott (1996). Asimismo,
“El género es una estructura social que ordena la cultura, las
políticas públicas, las subjetividades, y lo hace de manera dia-
léctica entre la estructura social de género y la vida particular
e individual de los sujetos” (Risman en Aguirre y Scavino,
2018, p.25). El género se asocia con relaciones de poder y, por
ende, con roles que atraviesan la estructura social y determi-
nan las experiencias de mujeres y varones.
62
No obstante, es pertinente entender a la vejez como un en-
tramado de complejidades, puesto que las personas mayo-
res viven su vida de forma singular y diferente, entrando en
juego las condiciones materiales y simbólicas, las trayectorias
y el sentido de la vida en relación a su envejecer en particu-
lar (Ludi, 2013). En palabras de Ludi (2005) “Sí hay aspec-
tos comunes en el proceso de envejecimiento que se pueden
destacar, pero que asimismo cobrarán diferente sentido y
significación en cada persona o grupo” (p.32), determinan-
do “situaciones de vejez”, las cuales refieren a las condiciones
estructurales y contextuales de cada persona y de su curso de
vida.
Sánchez (2005) entiende que desde las sociedades modernas
la vejez es definida en base a la edad cronológica. Por ejem-
plo, la Convención Interamericana sobre la Protección de los
Derechos Humanos de las Personas Mayores, plantea que la
vejez se produce a partir de los 60 años de edad. Por parte del
Estado Uruguayo, se expresa en la Ley 17.796 “Promoción
Integral de Adultos Mayores”,
La presente ley tiene como objetivo la promoción integral
de los adultos mayores, entendiéndose por tales todas las
personas que en el momento de alcanzar la edad de sesenta
y cinco años tengan residencia permanente, fehacientemen-
te demostrable, en el país, independientemente de su nacio-
nalidad o ciudadanía. (Art.1ª)
Si bien la edad aparece como un punto clave para determinar
el inicio de la vejez, posteriormente se entiende que factores
físicos, psíquicos y socioeconómicos se vuelven fundamenta-
les a tener en cuenta.
63
En cuanto al envejecimiento, es pertinente destacar que se
encuentra ligado a todo el desarrollo del ciclo vital desde que
nacemos. La Convención Interamericana sobre la protección
de los Derechos Humanos de las Personas Mayores entiende
el mismo como un “Proceso gradual que se desarrolla duran-
te el curso de vida y que conlleva cambios biológicos, fisioló-
gicos, psicosociales y funcionales de variadas consecuencias,
las cuales se asocian con interacciones dinámicas y perma-
nentes entre el sujeto y su medio.” (Capítulo 1, artículo n°2).
Por tanto, se puede aludir que no son únicamente cuestiones
biológicas, sino que se vincula con un entramado familiar,
social, cultural, económico, entre otros factores.
Sánchez (2005) entiende al envejecimiento como un fenóme-
no natural que implica cambios desarrollados en el correr de
la vida, modificando tres dimensiones como son: la bioló-
gica, la psicológica y la social, estando estas profundamente
ligadas e interrelacionadas entre sí.
La dimensión biológica está relacionada con los cambios y el
deterioro físico que las personas transitan desde que nacen,
afectando su apariencia y el funcionamiento de su cuerpo.
La dimensión psicológica se vincula con los “procesos sen-
soriales y perceptuales, destrezas motoras, funcionamiento
mental (ejemplo: memoria, aprendizaje e inteligencia), la
personalidad, los impulsos, emociones y las motivaciones”
(Sánchez, 2005, p.35). Esta dimensión se encuentra relacio-
nada en gran medida a los cambios físicos, así como también
a los aspectos sociales. Por último, el envejecimiento social se
asocia a las relaciones sociales -familiares, amigos, organiza-
cionales- y cómo las mismas se transforman a medida que las
personas van envejeciendo. Del mismo modo, explica que el
64
medio social, influye en el proceso de envejecimiento, dando
significado a la vejez y determinando si es transcurrida de
forma positiva o negativa, por lo que trae aparejados impac-
tos emocionales (Hooyman en Sánchez, 2005, p.36).
Los cambios sociales generados en la vejez se vinculan con
pérdidas de personas cercanas, lo cual impacta emocional-
mente. De igual manera, los mismos influyen en la motiva-
ción por participar de espacios de interacción.
Otro de los cambios sociales que se desarrolla con mucho
impacto en las sociedades modernas según explica Dornell
(2019) se produce con el retiro del mercado laboral, conlle-
vando a que esto sea visto como una pérdida de productivi-
dad y el inicio de un estado de positividad, lo que tiene una
connotación negativa que produce estigmatización y atribu-
ye una carga negativa a esta etapa.
En cuanto a ello, parece pertinente entender los prejuicios y
mitos que se atribuyen a la vejez. Allport (1962) explica que:
“El efecto final del prejuicio, así definido, es colocar al objeto
del prejuicio en una situación de desventaja no merecida por
su propia conducta” (p.24). Los prejuicios generalizan bajo
una misma percepción a determinado sector poblacional, sin
considerar particularidades. Es decir, si se considera a la ve-
jez bajo la idea de inactividad, no se realiza una distinción
entre aquellas personas que, a pesar de estar transitando por
esta etapa, son participativas.
Asimismo, cabe destacar que Sánchez (1990) explica que
la imagen asociada a la vejez se vincula con el contexto so-
cio-histórico, del tiempo y del lugar en el cual nos posicione-
mos. Por tanto, a pesar de que la vejez se trate de una expe-
65
riencia universal, ha estado arraigada socialmente a estereo-
tipos que generan distancia entre las generaciones.
Sánchez (1990) plantea que las personas mayores son poco
consideradas, dado los prejuicios que se establecen, lo cual
no necesariamente se vinculan con la realidad pero que si li-
mitan oportunidades para ellas. Por esto, propone que desde
el Trabajo Social se deba trabajar en pos de generar concien-
cia y derribar estos mitos, poniendo el énfasis en las poten-
cialidades de las personas mayores y entendiéndolas como
contribuyentes a la sociedad.
Dornell (2019) plantea que:
La imagen que la sociedad actual expresa sobre la vejez re-
fiere a representaciones negativas, predominando las preno-
ciones que derivan en prejuicios; es así, que la noción de es-
tigma se relaciona con la idea de marcas o huellas que están
presentes en lo físico de la persona, así como también en su
alma, en su emocionalidad. (p.9).
Reconocer a esta población a partir de concepciones negati-
vas implica un hecho de discriminación a partir de prejuicios.
La autora plantea la preocupación por la indiferencia que se
realiza frente a la vejez, lo que genera que sea una población
marginada, generando daño y dolor.
No obstante, Salvarezza (s/d) plantea que “el término viejis-
mo define el conjunto de prejuicios, estereotipos y discrimi-
naciones que se aplican a los viejos simplemente en función
de su edad” (p.23), por lo que es necesario desarrollar las de-
terminaciones y terminología que se utilizan para dirigirse a
esta población.
66
En relación a las formas de nombrar a la vejez, existen dife-
rentes terminologías para referirse a esta población. Algunas
denominaciones son: tercera edad, cuarta edad, ancianidad,
adulto/a mayor, abuelos/as, jubilados/as, viejos/as, personas
mayores, entre otros.
Ludi (2011) propone que:
es importante trabajar conceptualmente los modos de nom-
brar a la vejez y a las personas que envejecen, en tanto posi-
cionamiento teórico y para mostrar, a la vez, que detrás de
ello subyace una concepción de sujeto, de mundo, en este
caso de vejez (p.34).
Existen formas de nombrar que se asocian a prejuicios, lo
que conlleva discriminación y estigmatización, puesto que se
asocia a la vejez a connotaciones negativas que no se vincu-
lan con las realidades. En el presente artículo, se hará refe-
rencia a esta población como personas mayores, debido a que
Uruguay adhiere y promulga la Convención Interamericana
sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Perso-
nas Mayores, donde se utiliza dicho término.
Asimismo, parece pertinente mantener un lenguaje no sexis-
ta, es decir, que no discrimine ni oprima simbólicamente al
sexo femenino bajo la idea de generalización, utilizando tér-
minos que refieren a la terminología masculina bajo una idea
de universalidad. De esta manera, se evita reforzar la cultu-
ra patriarcal y otorgar igual pertinencia a todas las personas
comprendidas en este estudio de caso, independientemente
de su género.
67
Ya habiendo abordado la categoría vejez desde diversos as-
pectos, es pertinente dar cuenta del contexto actual, por lo
que cabe aclarar que en Uruguay se declaró la emergencia sa-
nitaria por COVID-19 en la fecha del 13 de marzo de 2020, lo
que trajo consigo la implementación de medidas para evitar
el contagio de la enfermedad. Esto implicó la suspensión de
espectáculos públicos, el cierre de centros turísticos termales,
la suspensión de eventos que conlleven aglomeración de per-
sonas, la exhortación de tomar extremas medidas de limpieza
y desinfección, según establece el Decreto N° 93/020. Esto
repercutió en consecuencias sanitarias, económicas, educati-
vas, sociales, poblacionales, entre otras.
Carballeda (2020) en relación a lo anterior explica que:
Los trabajadores sociales sabemos que, como toda enferme-
dad, el Covid-19 es una enfermedad social, es decir que no
puede ser pensada sólo desde la medicina, la biología o los
efectos psicológicos. De allí que lo social la atraviesa total-
mente, dándole sentido, heterogeneidad y diferente impac-
to, tanto a nivel singular como territorial (s/d).
Esta pandemia reconfiguró la cotidianeidad de las personas,
lo que supuso el surgimiento de nuevas y complejas proble-
máticas sociales y el agravamiento de otras ya existentes, va-
riando en torno a las condiciones de vida de las mismas.
En este sentido, el desafío para el Trabajo Social se centró en
enfrentarse a nuevos retos, brindado respuestas en el mar-
co de una situación que tuvo un proceso de desarrollo muy
acelerado e impactó sobre diversos aspectos, por lo que se
debieron incorporar “distintas formas de vinculación, con-
tinuidad de las estrategias educativas, uso del tiempo libre,
68
incluso también de recreación.” Carballeda (2020, s/d), trans-
formando las formas de participación y cómo las mismas im-
pactan en la vida de las personas mayores, favoreciendo un
envejecimiento activo y saludable.
Como otro de los ejes centrales, la participación es entendida
como una necesidad que engloba otros aspectos de la vida
de las personas, tal como mejorar la seguridad psicosocial
a través de la sociabilidad y la producción de sentimientos
de control según expresa Zambrano Constanzo (2005), quién
entiende que:
La participación promueve el desarrollo personal y comu-
nitario en la medida que favorece el desarrollo de diversas
competencias, sentimientos de pertenencia, autonomía,
proactividad, sentimiento de control psicológico y porque
adicionalmente activa mecanismos que interconectan el es-
pacio público y el privado, haciendo que logro del bien co-
mún sea una tarea compartida (p.2).
La participación se vincula con “ser parte de”, lo que impacta
a nivel personal y colectivo, a partir del dinamismo indivi-
duo-sociedad. No obstante, el hecho de involucrarse en ac-
ciones colectivas repercute en que se habilite el espacio a la
toma de decisiones de acuerdo a las necesidades de las per-
sonas. Por ello, se puede aludir a que se trata sobre “un pro-
ceso activo y responsable de integración de actores diversos
en una relación orientada al desarrollo de las personas que
participan” (Zambrano Costanzo, 2005, p.2). La participa-
ción contribuye a generar espacios de sociabilización y con
esto lazos sociales que se construyen e integran desde allí,
69
donde los sujetos se desarrollan como integrantes activos e
impulsores de diversas iniciativas.
Pindado (2008) refiere a la participación:
como sentimiento. Se trata de un elemento emocional, en
este caso, placentero, de algo que produce una sensación
positiva. Y que se construye en las relaciones con los otros,
cuando se tiene suficiente inteligencia emocional para
aprender de la interacción con nuestros semejantes (p.124).
Desde estos aportes, cabe aclarar que para participar es ne-
cesario que se dé un vínculo de al menos dos personas según
expresa el autor, además de que se incorpora una dimensión
emocional, donde se desarrollan sentimientos de pertenencia
por parte de los sujetos, que vivencian sensaciones agrada-
bles y de seguridad en la interacción con otras personas de
determinado grupo o comunidad.
Perilla Lozano y Zapata Cadavid (2009) explican que la parti-
cipación en torno a la democracia repercute en ejercer y for-
talecer la ciudadanía, así como también aluden a que produce
“relaciones vinculantes” a partir de “intereses, necesidades,
reivindicaciones; en la búsqueda de transformaciones en la
vida cotidiana, en la búsqueda de nuevas formas de relacio-
narse, de dialogar o conectarse con los otros” (p.153), pues-
tos que ello implica que las personas se sientan motivadas a
participar de espacios colectivos, generando redes sociales.
Las redes generan acciones políticas para cambiar y/o trans-
formar situaciones, ya sean inmediatas, es decir, en formas
de relacionamiento en la vida cotidiana y comunitaria, o
acciones colectivas, o en contextos más amplios, como inci-
70
dencia en prácticas socio-institucionales, en agendas de po-
líticas públicas y de gestión de estas (Perilla Lozano y Zapata
Cadavid, 2009, p.154).
A partir de que en la participación se generen redes sociales,
se produce un impacto sobre el empoderamiento de las per-
sonas, forjando empoderamiento e identidad colectiva, influ-
yendo sobre transformaciones en cuanto a su vida cotidiana
y a la reivindicación de sus derechos.
En relación a las redes sociales, Dabas (1993) alude que es-
tas suponen “un proceso de construcción permanente (...) es
un sistema abierto que a través de un intercambio dinámico
entre sus integrantes y con integrantes de otros grupos socia-
les, posibilita la potencialización de los recursos que poseen”
(p.21). Las mismas tienen repercusiones positivas, dado a que
los integrantes impulsan sus aprendizajes y potencialidad a
partir del intercambio con otros integrantes, lo que produce
un mayor nivel de resolución de conflictos.
En suma, Gascón y Browne en Ludi (2012) explican a la red
social como un “proceso de construcción permanente”, don-
de se potencian recursos y se proponen nuevas alternativas
de respuesta, a partir de la interacción e intercambio de ac-
tores.
El Ministerio de Desarrollo Social desde el Instituto Nacional
de las Personas Mayores (2019) planteaban que:
La participación como un derecho puede ser definida como
una forma de incidir en la toma de decisiones y de promo-
ver la mejor calidad de vida de las personas. En este sentido,
la participación contribuye al alcance del pleno ejercicio de
71
los derechos, y es por ello que ha sido promovida por diver-
sos instrumentos internacionales de protección de derechos
de las personas mayores aprobados en las últimas tres déca-
das (p.14-15)
En relación a lo anterior, cabe destacar que este derecho ha
sido reconocido por la demanda y lucha de las personas ma-
yores, lo que implica entender que las mismas son sujetos de
derechos y que, por tanto, deben tener la oportunidad de ha-
cerlo ejercer.
La Convención Interamericana Sobre la Protección de los
Derechos Humanos de las Personas Mayores, expresa que: La
persona mayor tiene derecho a la participación activa, pro-
ductiva, plena y efectiva dentro de la familia, la comunidad
y la sociedad para su integración en todas ellas. (Artículo nº
8) Este punto insiste sobre la idea de que el Estado es quién
debe ser responsable y proporcionar las condiciones necesa-
rias para garantizar sus derechos.
Ludi (2015) explica que en la actualidad la participación de
las personas mayores transita por un momento histórico ya
que ha aumentado, de forma tal que los espacios y organiza-
ciones de y para esta población han ido ganando importan-
cia. En palabras de la autora:
Este auge de crear y sostener espacios, donde las actividades
recreativas, de esparcimiento, de encuentro, de aprendizaje,
aparecen a la vez como demandas y respuestas significati-
vas antes necesidades socio-culturales, identitarias de los/as
viejos/as, comienzan a ser visibilizadas a través de la presen-
cia, existencia, de estos espacios, y viceversa (p.213).
72
La diversificación de dichos espacios aparece muchas veces
como una respuesta del Estado y tiene implicancias sobre la
sociabilidad y las identidades de las personas, transformando
su vida cotidiana.
Como se ha mencionado, el género atraviesa todos los as-
pectos de las vidas de las personas, por lo que es oportuno
entender cómo impacta esta cuestión estructural en la parti-
cipación. Desde el Instituto de Mayores y Servicios Sociales
(2008) de España, se entiende que:
Mujeres y hombres mayores, por razones obvias de edad,
arrastran la carga social asignada a su género materializán-
dose la participación social de forma muy dispar entre ellos
y ellas. Este hecho implica que mujeres y hombres no en-
vejecen de la misma forma, llegando a esta etapa en condi-
ciones muy dispares: hombres jubilados, mujeres mayores
trabajadoras no remuneradas, distinto poder adquisitivo,
distintas relaciones sociales, distintas actividades de ocio,
distintas inquietudes, etc. (p.28)
Las trayectorias de vida están moldeadas por un sistema so-
cio-cultural que implica desigualdades de género, por lo que
determina que el envejecimiento y la participación de las
personas mayores se desarrolle de manera particular según
su género.
En el mismo sentido, Sánchez (2005) expresa que en mayor
medida son las mujeres quienes integran los espacios don-
de participan las personas mayores, por lo que es necesario
entender que la vejez se encuentra transversalizada por “ los
atravesamientos culturales, los avances en la igualdad de gé-
nero, la feminización en la vejez y el aumento de expectativas
73
de vida” (Ludi, 2015, p.210), entre otros aspectos que mol-
dean el curso de vida.
Desde el Ministerio de Desarrollo Social y el Instituto Na-
cional de las Personas Mayores (2016) en el Plan Nacional de
Envejecimiento y Vejez 2016-2019 se propone que:
Es importante destacar que los rituales culturales que mar-
can socialmente el inicio de la vejez tienen impactos sociales
y económicos muy distintos para varones y mujeres. Estas
son algunas de las razones por las cuales el enfoque de géne-
ro resulta crucial en la definición de política pública sobre
envejecimiento y vejez (pp. 19-20).
Es necesario tener presente las diferentes vivencias y los diver-
sos modos de envejecer de acuerdo al género ya que el con-
texto socio-histórico marca que las experiencias sean distintas.
74
jubilación o el retiro del mercado laboral, el surgimiento de
enfermedades o recomendación médica, el deseo de querer
evitar un deterioro físico precoz, viudez, entre otros cambios
sociales que impactan fuertemente.
Lo anterior implica que las personas mayores vivencien sus
trayectorias de vida de forma particular, heterogénea y com-
pleja, lo que permite vislumbrar las diversas situaciones de
vejez que menciona Ludi (2005). Sin embargo, se logra en-
trever que a pesar de las heterogéneas formas en que las per-
sonas mayores han llegado al grupo, todas coinciden en que
este espacio ha aportado positivamente en su calidad de vida,
contribuyendo a la salud, a la dimensión social y a la dimen-
sión psicológica.
A partir del relato de las personas mayores se puede observar
que la participación ha provocado que tengan una actitud ac-
tiva en relación a lo físico, social, emocional e intelectual, de
forma tal que el espacio grupal ha beneficiado en el desarro-
llo individual tal como expresa Zambrano Constanso (2005)
y por ello ha contribuido a una mejora en su calidad de vida
y a fomentar mayores niveles de socialización, puesto que se
han generado relaciones sociales, las cuales implican que los
integrantes se sientan pares, impactando a nivel emocional y
además generando una identidad colectiva, construyendo un
espacio de intercambio y de sostén.
A partir de lo anterior, se puede aludir a que las personas
mayores trascienden el objetivo inicial que es la realización
de Educación Física, ya que ha generado cambios en otros
aspectos que no están arraigados puntualmente a lo físico
como compartir actividades e instancias donde se puedan in-
75
tegrar socialmente y con esto construir lazos sociales, siendo
“parte de” como expresa Pindado (2008).
Dicho esto, la pandemia ha sido un punto de quiebre ya que
ha provocado que durante determinado tiempo se suspen-
dan las actividades, lo que ha tenido fuertes impactos a ni-
vel emocional, dado a que se presentaron factores como el
aislamiento que para muchas personas significó quedarse en
la soledad de sus casas, lo que en las entrevistas se presentó
como una gran preocupación en cuanto a cuál sería la situa-
ción a partir de ese momento, así como también la ausen-
cia del contacto físico se presentó como una gran necesidad,
siendo que la interacción con otras personas fue desaconse-
jada en ese contexto.
Fuentes y Osorio (2020) explican que “Los efectos negativos del
confinamiento se han agudizado en la vejez puesto que la mayor
parte de sus relaciones sociales y de su vida cotidiana transcurre
y se configura en la interacción cara a cara” (p.95). Si bien las
medidas implementadas pretendieron controlar y disminuir los
niveles de contagio, también aumentó riesgos como el deterioro
cognitivo, la recaída de estados físicos y anímicos.
Teniendo en cuenta lo anterior, para el grupo fue importan-
te reinventarse y reconfigurar sus formas de participación,
a efectos de que la pandemia impactará en menor medida
sobre el desarrollo de las actividades colectivas, por lo que
surgieron nuevas formas de participación virtuales que se
mantuvieron puesto que existían previamente lazos sociales
conformados que habilitaron a generar estrategias en bús-
queda de sortear la situación, es ese contexto de incertidum-
bres sin precedentes.
76
La principal herramienta que utilizaron para mantenerse en
contacto fue la red social WhatsApp, que les permitió reali-
zar actividades semanales ya que se proponían desafíos, fa-
voreciendo al intercambio. Estas nuevas dinámicas tuvieron
repercusiones en la cotidianeidad de las personas mayores, y
el uso de esta estrategia les permitió sentirse acompañadas y
afianzar aún más las relaciones.
Por otro lado, teniendo en cuenta la mirada de género que
transversaliza el análisis de la temática, cabe destacar que el
grupo en el cual se realizó el estudio de caso se encuentra
integrado mayormente por mujeres desde sus inicios. Según
han expresado en las entrevistas ello se debe al deseo de in-
tegrarse a nuevos espacios que les generaran satisfacción por
el hecho de contar con mayor tiempo libre luego de haberse
dedicado gran parte de su vida a tareas domésticas y de cui-
dado. Sin embargo, los varones se han ido incorporando con
el correr de los años, entrando en juego factores como re-
comendaciones médicas o por el deseo de realizar actividad
física o por disponibilidad de mayor tiempo libre luego del
retiro del mercado laboral.
Se muestra en lo anterior, designaciones de roles en torno
al género, por lo que tomando los aportes de Chodorow en
Aguirre y Scavino (2018) se puede expresar que “La socia-
lización de género establece ámbitos diferenciados de des-
empeño y valorizaciones sociales distintas sobre ellos. En la
división sexual del trabajo, esta socialización se erige sobre
la base de un modelo dicotómico” (p.26). Dicho modelo di-
cotómico se centra en la idea de asociar a las mujeres con el
ámbito privado, es decir, con las tareas del hogar y de cuidado
ya que “las mujeres son asociadas con lo emotivo, lo sensi-
77
ble, lo frágil y lo dócil” (p.26), mientras que se vincula a los
varones con el mundo público y político, por lo que actúan
como proveedores económicos del hogar. Repercutiendo
posteriormente esto en las formas en que las personas mayo-
res deciden comenzar a participar del grupo.
Por otro lado, en los relatos se visualizó que el lugar de las
mujeres frente a los varones correspondía a un lugar de infe-
rioridad, lo que puede corresponderse a relaciones de poder
desiguales a lo largo de la vida, ya que en muchas ocasiones
los varones eran quienes limitaban que ellas realizarán acti-
vidades fuera del ámbito privado. En suma, las mujeres han
relegado su propio deseo de participación para dedicarse a
las tareas que socialmente les fueron asignadas, teniendo que
asumir responsabilidades arraigadas a los roles determinados
por construcciones sociales que oficiaron de marco cultural
durante sus trayectorias.
En cuanto a las vivencias de las personas mayores dentro del
grupo, no se identifican diferencias en relación al género, se-
gún ellas mismas expresan, ya que se centran en cooperar,
intercambiar y respetarse, a pesar de que también se aludió al
hecho de que eran las mujeres quienes principalmente pro-
ponían las iniciativas grupales.
Finalmente, parece pertinente dar cuenta de un empodera-
miento por parte de las mujeres y una transformación en su
curso de vida, lo que se puede asociar con las nuevas formas
de educar y de tener presente los derechos. Asimismo, se ha
podido visualizar en este estudio de caso cómo han influido
las experiencias personales en el desarrollo de las personas
mayores del grupo, quienes entienden este espacio como un
78
sostén, donde conviven con sus pares, generando lazos socia-
les que trascienden la actividad física.
Reflexiones finales
En el presente apartado, se desarrollarán las reflexiones fina-
les del presente artículo, así como también los desafíos para
el Trabajo Social contemporáneo en torno al tema.
Para comenzar, es necesario comprender que la vejez es un
tema a tener en cuenta en las sociedades actuales, así como
también que su expresión ha ido ganando y consolidando es-
pacios, donde en muchas ocasiones se pone el énfasis en la
participación.
Dichos espacios se presentan como ejes centrales en la vida
de las personas mayores, dado a que a partir de ello logran
mantener un nivel de vida activo, que trasciende el objetivo
inicial, que en este estudio de caso se trataba de las clases de
Educación Física. Sin embargo, las personas mayores lo lle-
van más allá de la realización de actividad corporal, sino que
entran en juego factores referidos a lo social, lo emocional, lo
psicológico, que termina impactando sobre su vida cotidiana
y su calidad de vida, proporcionando también mayor socia-
bilización.
Si bien, como se ha mencionado, la vejez se encuentra aso-
ciada a determinados prejuicios, este estudio de caso aporta
a comprender que la vejez es heterogénea, reivindicando su
condición de sujetos de derechos.
En cuanto al contexto de pandemia, se puede aludir a que, si
bien esto impactó fuertemente sobre las personas mayores,
79
las mismas lograron superar este obstáculo, reinventándose y
reconfigurando sus formas de participación. Para lo cual de-
bieron adoptar nuevas formas virtuales de mantenerse comu-
nicados y activos, resultando para la mayoría de las personas
una experiencia muy positiva que enriqueció al intercambio
grupal e impulsó nuevas formas de participación.
Esto se vincula con los lazos sociales que existían previamen-
te dentro del grupo y que pudieron fortalecer a pesar del con-
texto de incertidumbre, permitiendo que la herramienta más
utilizada -WhatsApp- se vuelva una compañía en su día a día.
En cuanto al género, se puede plantear que existía una mayor
participación de mujeres desde los inicios del grupo, lo que
en los relatos se explicó a partir de la historicidad de las per-
sonas y de los roles/representaciones asignadas socialmente.
Las relaciones de poder se reflejaron claramente en el correr
de la vida adulta, aunque al llegar a la etapa de la vejez las
mujeres han elegido dedicar su tiempo libre a espacios que
sean de su agrado y priorizar sus deseos, evidenciando un
empoderamiento por parte de ellas.
Por parte del Trabajo Social contemporáneo, se debe seguir
profundizando en investigaciones de la vejez, puesto que
como se ha mencionado, es una población particularmen-
te importante en Uruguay, teniendo en cuenta que el país es
uno de los más envejecidos de Latinoamérica. Estas investi-
gaciones, se vuelven fundamentales para la intervención ya
que a partir de estas se logran comprender las perspectivas
desde diferentes actores.
Por otro lado, la profesión debe seguir trabajando en romper
los mitos y prejuicios asociados a esta etapa de la vida y pro-
80
blematizar acerca de la diversificación en las trayectorias de
vida y las diferentes situaciones de vejez.
En relación al género, cada vez se vuelve más relevante incluir
esta mirada para deconstruir relaciones de poder y roles asig-
nados que reducen la posición de las mujeres, de forma tal
que se realce el empoderamiento desde el ámbito académico.
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84
Entre miedos, inseguridades y
temores: desarticulando discursos de
las personas mayores en tiempos de
pandemia
Florencia de Medina33
Giulliana Giardello34
Georgina Martínez35
Lucila Ocampo36
85
Resumen
En el presente artículo se exponen hallazgos abordados desde
una metodología cuantitativa y cualitativa, sobre una temá-
tica que involucró la pandemia por covid-19 y su incidencia
en la calidad de vida de las personas mayores que habitan en
los complejos habitacionales del Banco de Previsión Social
(BPS), en el departamento de Salto, Uruguay durante el año
2021.
Mediante este estudio, se pretendió recabar información
acerca de cómo las personas mayores transitaron la pande-
mia, para ello los propósitos se enmarcaron en conocer los
impactos en el bienestar subjetivo, los sentimientos de ais-
lamiento y soledad a partir del distanciamiento social, y la
incidencia que tuvieron los medios de comunicación en las
representaciones sociales sobre la vejez y envejecimiento. A
través de los datos empíricos recopilados, esta investigación
aspira a contribuir al saber y debate gerontológico, nutrido
por el protagonismo de las personas mayores desde una pers-
pectiva que contempló su posición de sujeto de derecho.
Palabras claves: Complejos Habitacionales, pandemia, perso-
nas mayores, vejez y envejecimiento.
Introducción
A partir de la urgencia que produce la enfermedad del coro-
navirus y las complejidades de los escenarios actuales, esta
investigación pretendió conocer la incidencia que causó la
pandemia en las distintas vejeces que habitan en los Comple-
jos Habitacionales de BPS en Salto, durante el año 2021. Des-
86
de el campo gerontológico, no se puede aludir a una única ve-
jez como válida, dado que se entiende que existen múltiples
vejeces, las que se habitan de acuerdo al contexto sociocultu-
ral y material de cada persona. Por lo tanto, la pandemia si
bien ha cambiado las formas de vida que estaban instauradas
con anterioridad al virus, claro está decir, que cada cual cons-
truye una subjetividad asociada a su personalidad y forma de
afrontar los acontecimientos.
Desde una perspectiva médica, se ha planteado que las per-
sonas mayores conforman un grupo de riesgo ante la pande-
mia, es decir, tienen mayor probabilidad de alcanzar la muer-
te al padecer el virus. Según Zarebski (2020) esta perspectiva
generalizó la afirmación de que las personas viejas se encon-
traban expuestas a un mayor peligro a causa de la expansión
del coronavirus, por poseer un sistema inmunológico debi-
litado, y por la presencia de enfermedades crónicas, que po-
drían generar el agravamiento de la condición de la salud.
En ese sentido, se dilucidan concepciones de vejez respalda-
das en el saber médico, cargadas de estereotipos y estigmas
mediante los cuales se asocia a la vejez con la vulnerabilidad
del cuerpo físico, lo que no significa que todas las personas
envejecidas sufran patologías previas que agraven su condi-
ción ante el contagio; este contexto coloca en escena a las en-
fermedades preexistentes, y no necesariamente a la edad de
la persona.
En ese marco las personas viejas, al ser denominadas como
población de riesgo, adquirieron un mayor protagonismo en
los medios de comunicación. El plano discursivo en ese pro-
tagonismo se presentó a través de expresiones infantilizado-
87
ras, paternalistas e incluso gerontofóbicas, lo cual asoció a
la vejez desde una condición biológica y deficitaria (Villar y
Bravo, 2020)
Nuestra investigación pretendió conocer las diferentes reali-
dades que atravesaron las personas mayores durante el con-
finamiento, ya que entendemos que el contexto y la relación
que la persona establece con él, determina y construye su
realidad. Coincidimos con Carballeda (2020) en pensar a la
pandemia desde una mirada social, puesto que la misma no
impacta a todas las personas de la misma manera, debido a
que hay factores sociales, psicológicos, económicos, ambien-
tales, entre otros. que se ponen en escena en esta construc-
ción.
En esta línea, el artículo contribuye al debate gerontológico,
nutrido por el protagonismo de las personas mayores desde
una perspectiva que contempló su posición como sujetos de
derecho. Con esto reafirmamos la importancia de visibilizar
las producciones de las vejeces de forma situada, reconocien-
do que no hay una única forma de vivir la vejez, y por lo tan-
to, tampoco existe una única manera de transitar los aconte-
cimientos que ocurren en la vida diaria.
88
escapa de este proceso, ya que la estructura poblacional evi-
dencia una población envejecida y a nivel latinoamericano se
presenta como uno de los países más envejecidos (Paredes,
2014).
Estas dinámicas demográficas colocan una serie de desafíos
por afrontar desde el campo gerontológico, la vejez ya no
puede ser entendida como un período corto o aquel que se
consideraba como una etapa previa a la muerte. Como cons-
tructo se va reconfigurando en la historia, y su definición im-
pacta en todas las esferas de nuestra sociedad. No obstante,
a pesar del triunfo del envejecimiento poblacional, las repre-
sentaciones sociales existentes sobre la vejez, forman parte
relevante de la dimensión subjetiva del proceso de enveje-
cimiento, es decir, la manera en cómo se inscribe la misma
determina en cierta forma el comportamiento y accionar de
las personas mayores.
Durante la historia se han ido entretejiendo distintas teorías
sociológicas que han sido debilitadas a la hora de explicar la
situación de la vejez. Estas corrientes teóricas presentan im-
plícitamente creencias y mitos que hacen temer al envejecer,
instaurando un modelo de vejez como patología social.
Una de las lecturas predominantes se sustenta en el paradig-
ma estructural-funcionalista el cual basa su pensamiento en
la teoría del retraimiento y la modernidad. Estas perspectivas
presentan enunciados que deberían ser puestos en cuestión;
primero el desplazamiento de ciertas funciones sociales no
es un fenómeno universal, algunas personas transcurren por
este proceso, pero es equívoco universalizar este enunciado
89
sabiendo que muchas personas mayores continúan cum-
pliendo un rol esencial en la vida social (Sánchez, 2005).
La teoría de la modernidad en conjunto con la estratifica-
ción por edad, han sido las corrientes teóricas que estaban
marcado con gran énfasis la posición de las personas mayo-
res en las sociedades. La implicancia de la modernidad y la
sociedad panóptica (Foucault, 2002) fueron los procesos que
tendieron a la estandarización de las edades, y a crear en este
grupo etario diferencias notables y características atribuidas
a la vejez, donde la persona vieja quedó sujeta a una fuerte
vigilancia, control y normalización (Iacub, 2011).
Las representaciones sociales que aún hoy se tienen, están
muy condicionadas por un conjunto de mitos, prejuicios y
estereotipos que operan en los procesos de toma de decisión
de profesionales y las propias personas mayores (Paola, 2012).
Estos discursos con una impronta discriminatoria, limitan la
posibilidad de visualizar la diversidad y particularidad que
implican la vejez y envejecimiento.
En general, estas representaciones suelen apuntar a la biolo-
gía del ser humano, persistiendo una mirada reduccionista y
simplista, en donde se concibe a la persona únicamente por
su condición biológica, asociada a la enfermedad o patología.
Así pues, se instala un estigma biológico de la vejez (Ludi,
2018) el cual se presenta como un fuerte entramado sobre la
patología corporal y conforman los prejuicios más típicos de
la sociedad, concibiendo a la persona vieja igual a enferma.
Ante la situación de pandemia, el estigma biológico para con
la vejez lo podemos ver a partir de la señalización de grupos
en riesgos, pues desde una mirada biomédica, las personas
90
viejas fueron las más afectadas en esta catalogación, debido a
que fueron seleccionadas sin tomar en cuenta la heterogenei-
dad innegable en este grupo etario, considerando que por el
simple hecho de ser viejo/a sufren comorbilidades que los/las
ponen en riesgo ante el contagio.
Entender a la vejez como riesgo únicamente contemplando
su edad, significa reproducir estereotipos y estigmas los cua-
les asocian a este período de vida como vulnerabilidad del
cuerpo físico. Si bien es cierto que el covid-19 se presentó
en nuestras sociedades como una amenaza a la vida, lo que
se pone en escena para el riesgo son las enfermedades pre-
existentes y no la edad de la persona, por lo cual es un error
creer que las vejeces son vulnerables por el simple hecho de la
edad. Más bien, son vulneradas por un sistema hegemónico
que glorifica la juventud como modelo estandarizado para
justificar la productividad, belleza y salud.
Este reconocimiento social de status de superioridad frente a
las personas mayores conlleva a que la juventud sea un estado
deseable y anhelado; mientras que la vejez se concibe como
lo indeseado y despreciable. En esa imagen no deseada de la
vejez, también se promueve una mirada homogeneizadora,
que implica una perspectiva unidimensional, como si todas
las personas mayores transitan por el deterioro progresivo de
la condición biológica en un mismo proceso lineal.
En ese sentido, la noción de prejuicio y estereotipo se piensan
como marcas sociales que imprimen un sesgo identificador
(Iacub, 2011) donde la vejez suele colocarse desde un para-
lelismo inexorable de inferioridad, con una carga profunda-
mente negativa a este periodo de vida.
91
En este escenario, se ha visualizado esta connotación nega-
tiva para referirse a las personas mayores bajo denominado-
res de “abuelitos” “nuestros viejitos” “ancianos” “jubilados”,
desde los medios de comunicación, marcando fuertemente
una discriminación por razón de edad asociada a lógicas de
tutelaje, sobreprotección e infantilización.
Al momento de analizar a los medios de comunicación como
uno de los mecanismos que presenta y construye la imagen
de la vejez y envejecimiento, es importante apoyarse en Fou-
cault (2002) para problematizar las formas en cómo constru-
yen y reproducen mediante el poder, imaginarios, represen-
taciones, tergiversaciones, prejuicios o estereotipos asociados
a creencias distorsionadas sobre la vejez.
Una concepción sobre comunicación implica pensar en
“cualquier hecho comunicativo como hecho social, cultu-
ral e histórico que construye sentidos o significados todo el
tiempo” (Franchello, Laurino y Rodríguez, 2015: 15) que se
presenta como un espacio por excelencia donde se inscriben
las representaciones sociales enmarcadas en un modelo he-
gemónico. En esa misma línea, los/las autores/as mencionan
que la vejez además de ser una etapa de vida también es una
construcción social de sentido.
De acuerdo con lo expuesto, los medios de comunicación in-
ciden en las maneras de envejecer, así como también en la
construcción que las sociedades realizan y crean los signi-
ficados de la vejez (Franchello, Laurino y Rodríguez, 2015).
De esta manera, los medios de comunicación en un sentido
foucaultiano, se traslucen a nivel conceptual, como disposi-
tivos de control cargados de saber que buscan el dominio y
92
reproducen el pensamiento de un modelo de individuo como
único posible para las sociedades capitalistas. Los prejuicios
que fueron reproducidos aportaron fuertemente a una mira-
da biológica de la vejez, encauzada a partir de la escenifica-
ción de corporalidades fragilizadas que son expulsadas de los
parámetros exigidos por la sociedad moderna.
Por ende, si bien es cierto que los medios han tenido y tienen
una influencia importante en la circulación de las imágenes
que se tiene sobre la vejez y envejecimiento; estos terminan
reforzando una variedad de concepciones y representaciones
que se entretejen en las sociedades. La pandemia y la crisis
sociosanitaria solamente desnudaron el arraigado imagina-
rio negativo que se tiene sobre la vejez en la sociedad.
Por esta razón, es necesario desde una mirada rupturista y
crítica de la gerontología, darles visibilidad a nuevos escena-
rios de envejecimiento y vejez desde los medios. Es decir, que
los discursos mediáticos coloquen el énfasis en las personas
mayores como sujetos de derechos, comprendiendo que no
existe una única forma de vivir la vejez, sino una multiplici-
dad de vejeces, que se traducen en distintas maneras de vivir
y afrontar la vida.
Para comprender las formas en cómo las personas mayores
afrontan el riesgo, es necesario el posicionamiento desde la
óptica de la Teoría de la Identidad Flexible como factor pro-
tector en el curso de la vida (Zarebski, 2019) es un insumo
para la reflexión. La autora menciona que el comportamiento
psicosocial de las personas mayores en pandemia ha puesto
en juego la resiliencia que han adquirido en el curso de su
vida, dándole una gran importancia a los factores protecto-
93
res personales que ayudan a la persona a soportar con mayor
flexibilidad los cambios que se desarrollan durante el enveje-
cimiento y la vejez.
La pandemia nos ubicó en una situación de espera, e impactó
de manera diferente en la vivencia del confinamiento. El dis-
tanciamiento físico aconsejado por las autoridades sanitarias
operó en la vida de las personas en función del desenvolvi-
miento particular en su vida cotidiana. Este hecho, implicó
un proceso de singularización de las repercusiones, tanto ne-
gativas como positivas de las medidas adoptadas.
De acuerdo con lo expuesto, nuestro interés subrayó la im-
portancia de conocer las experiencias de vida de las perso-
nas mayores que viven en los complejos, y analizar cómo se
ponen en juego el sostén de resiliencia de las personas ante
la adversidad que viene atravesando la humanidad (Zarebs-
ki, 2020). Esto nos lleva a pensar en el concepto de calidad
de vida subjetivo (Vera, 2007) el cual vincula la personalidad
con el bienestar y la satisfacción por la vida que lleva cada
quien, y cuya evidencia está intrínsecamente relacionada a
su propia experiencia, a su salud y a su grado de interacción
social, ambiental y en general a múltiples factores.
Según Vera (2007) la subjetividad en la calidad de vida es la
resultante de la interacción entre las diferentes característi-
cas de la existencia humana cómo la vivienda, alimentación,
educación y las libertades humanas, en donde cada una con-
tribuye de manera distinta permitiendo un óptimo estado de
bienestar para la persona, teniendo en cuenta la multiplici-
dad de modos de envejecer, las adaptaciones del individuo a
94
su medio biológico y psicosocial cambiante, el cual se da en
forma individual y diferente.
A propósito, si pretendemos construir una mirada hacia la
vejez de forma heterogénea, los aportes de Ludi (2018) son
indispensables para comprender a la vejez de forma situada,
reconociendo el concepto de “vejeces” que la autora propone
en sus postulados, el cual alude a:
Situaciones personales, particulares, singulares de viejos,
que se corresponderá a la contención y respuestas que cada
trama relacional familia-sociedad, hace a sus requerimien-
tos: físicos, afectivos, psicosociales y culturales, todos ellos
configuradores de la identidad en sentido amplio (p.57)
En ese marco la identidad prioriza el modo en que un suje-
to significa las transformaciones que vivencia a partir de los
cambios biológicos, psicológicos, sociales y existenciales, los
cuales inciden en el envejecer y ponen en juego la continui-
dad de la representación del sí (Iacub, 2011). El autor argu-
menta que estas transformaciones pueden ser detonantes de
cambios en la identidad del sujeto, el cual puede fragilizar los
mecanismos de control y afrontamiento, o demandar nuevas
formas de adaptación.
Por ello, la pandemia como un hecho externo al sujeto, se
interioriza de manera diferencial, sometiéndose a distintos
grados de flexibilidad o rigidez, que los lleva o no a la acep-
tación de los cambios y a las transformaciones que se pre-
sentan durante el envejecimiento (Zarebski, 2019). En conse-
cuencia, no todas las personas han vivido y enfrentado de la
misma forma el confinamiento aconsejado por la emergencia
sanitaria, ya que la manera de posicionarse ante la vida y a los
95
acontecimientos que en ella ocurren, determina el modo en
cómo afecta al sujeto.
Al ser la pandemia un evento que atraviesa la vida cotidiana
y moldea la identidad de las personas, es indispensable reco-
nocer el concepto de calidad de vida de forma subjetiva. Los
aportes de Verdugo, Schalock, Arías, Gómez y Jordan (2013)
conjugan en buena manera esta conceptualización cuando
mencionan que la calidad de vida es eminentemente subje-
tiva, y se asocia a un estado deseado de bienestar personal,
donde cada uno desde su percepción de bienestar, determi-
na su satisfacción con la vida. Este estado se compone por
diversas dimensiones influenciadas por factores personales
y ambientales, y que a su vez tiene componentes objetivos
y subjetivos. Las mismas resultan centrales están compren-
didas de igual forma para todas las personas, sin embargo,
varían individualmente según la importancia y valor que se
les atribuye.
La evaluación de las mismas es sensible a la cultura y al con-
texto en que se aplica (Verdugo, Schalock, Arías, Gómez y
Jordan, 2013). Por eso cuando hablamos de calidad de vida
en la vejez, siempre debemos recurrir al contexto en el cual la
persona se desenvuelve, a partir de condiciones socio-cultu-
rales que se encuentran atravesadas al momento de satisfacer
sus necesidades personales. No debemos obviar que no existe
una única forma de vivir la vejez sino una multiplicidad de
vejeces traducidas en distintos estilos de vida que las perso-
nas asumen de manera subjetiva.
Cada contexto histórico-social va dando lugar a distintas
concepciones acerca de vejez y envejecimiento y los roles que
96
se le asignan a la persona mayor. En ese marco, reiteramos la
necesidad de reconocer que las personas mayores no transi-
tan por un mismo proceso de envejecimiento, y, por lo tanto,
es erróneo considerarlas como un grupo homogéneo, ya que
esta perpetuación alimenta los estereotipos, no contemplan-
do que existen distintas formas de afrontar este proceso de
acuerdo al contexto social en el que se habite.
Pensar la calidad de vida subjetiva, nos permite desde nues-
tra intervención considerar la particularidad de la persona,
reconociendo la realidad por la cual atraviesa y los factores
que inciden en la satisfacción del bienestar, que estará de-
terminado por decisiones de carácter individual. Por eso, se
debe reconocer la importancia del desarrollo de la autono-
mía, para que la persona sea capaz de controlar su estilo de
vida en función de intereses y necesidades propias (López,
2018).
Referido a lo anterior, es de suma importancia un posicio-
namiento rupturista con las teorías tradicionales de la ge-
rontología que homogenizan este grupo etario. Planteamos
entonces, el desafío de repensar y reinterpretar los marcos
subjetivos que conciben al envejecimiento desde el modelo
médico hegemónico, en pos de pensar al mismo como un
proceso signado por distintas transformaciones, que le otor-
gan una identidad propia al sujeto. Sobre todo, apuntando
a una investigación gerontológica que proyecte una visión
orientada a comprender el significado individual y social de
la experiencia del envejecer particular (Yuni, 2015).
97
Aspectos metodológicos
El objetivo general planteado ha sido conocer las consecuen-
cias que trajo la pandemia covid-19 en la calidad de vida de
las personas mayores en los complejos habitacionales. Y como
objetivos específicos, i- indagar los impactos que ocasionó la
pandemia en el bienestar subjetivo de las personas mayores,
ii- explorar las formas en que se desarrolló el distanciamiento
social en términos de sentimientos de aislamiento, y soledad
en las personas; a su vez, iii- conocer la incidencia que tu-
vieron los medios de comunicación en la percepción de las
personas mayores sobre el covid-19.
Desde el punto de vista metodológico se desarrolló una es-
trategia respaldada en un enfoque metodológico mixto. La
elección del método mixto mediante la combinación de los
enfoques cuantitativo y cualitativo respondió al propósito de
describir, entender y caracterizar el objeto de estudio, desde
una visión integral y multidimensional de cada participante,
comprendiendo a su vez la riqueza y el complemento de estos
enfoques combinados. Consistió en la realización de encues-
tas y entrevistas a personas usuarias de los complejos habi-
tacionales de la ciudad de Salto. Para la identificación de los
beneficiarios se tomó como referente al Banco de Previsión
Social (BPS) debido a que ellos llevaban a cabo un trabajo de
acompañamiento y asesoramiento técnico con dicha pobla-
ción.
La muestra estuvo compuesta por un total de 80 personas ma-
yores, se relevó que un 60% eran del sexo femenino, mientras
los varones alcanzaron un 40% de la totalidad. Las técnicas
seleccionadas para obtener información primaria fueron en-
98
cuestas, en donde se relevaron datos sobre las características
y condiciones socio-demográficas de las personas mayores.
Adicionalmente se realizaron algunas entrevistas, las cuales
aportaron información subjetiva vinculada al sentimiento de
aislamiento y soledad, y la consulta sobre su percepción de la
incidencia que generaban los medios de comunicación en la
vida cotidiana de las personas envejecidas.
Se procedió a aplicar un cuestionario estandarizado a un
total de 70 personas mayores, las cuales se ubicaban en los
siguientes Complejos: Calafi III (24), Salto (20), Ayuí (10),
Arenguará (10), Pueblo Belén (2) y Colonia Lavalleja (4). Y,
10 entrevistas, de las cuales se realizaron 2 en cada complejo,
excepto en Colonia Lavalleja y Pueblo Belén, en que se llevó
a cabo solamente 1 en cada uno de ellos.
Dicho cuestionario consistió en preguntas estandarizadas y
estructuradas, respaldadas en las dimensiones, teóricamente
definidas, que conforman a la calidad de vida, siendo estás:
bienestar material, relaciones interpersonales, desarrollo per-
sonal, autodeterminación, inclusión social, bienestar físico,
bienestar emocional y cuestión de derechos. Mientras tanto,
en la entrevista, se recuperaron estas dimensiones, pero to-
mando como punto de partida los objetivos específicos plan-
teados en esta investigación.
99
adecuen a la situación de pandemia, las relaciones sociales,
actividades recreativas, y el cuidado hacia las personas ma-
yores fueron desde el discurso las principales en verse mo-
dificadas.
El impacto de esta situación ha cambiado la rutina de las per-
sonas mayores, un 56% afirmó haber sufrido cambios, mien-
tras que el 44% de la población no notaron cambios en ella.
Creemos necesario reconocer este dato, ya que, desde nues-
tro posicionamiento conceptual, entendemos que no hay una
única forma de vivir la vejez, y, por lo tanto, tampoco lo hay
sobre cómo las personas afrontan los cambios que ocurren
en la cotidianidad.
De hecho, fueron diversos los impactos que tuvo la pandemia
en la vida cotidiana de las personas mayores, marcando una
transformación en la calidad de la misma, de manera que,
entre las personas entrevistadas, se torna coincidente, la pér-
dida de actividades realizadas fuera del hogar y las significa-
ciones que impartían en su bienestar.
Extraño salir como antes, pero me acostumbre a no estar en
amontonadera, estoy acá tranquilo en la casa. (Entrevista 5,
septiembre, 2021)
Y como pude nomas, antes trabajaba, pero ahora no voy ni
al almacén, me ayudaban en todo, la vecina de acá que es un
amor, recién estoy saliendo a caminar algo, pero no mucho,
y solo que iba a ir al almacén (...) pero cuando estuve con la
gripe esa y estuve solo con la caída, estar solo fue peor por-
que no tenía cómo pedir ayuda. (Entrevista 1, septiembre
2021)
100
Los relatos de las personas entrevistadas dan cuenta de cómo
las relaciones sociales se vieron transformadas durante la
pandemia, de manera que se remarca el sentido de pérdida
respecto al disfrute del contacto cara a cara con los vínculos
cercanos, e incluso con actividades que anteriormente fre-
cuentaban y tuvieron que suspender por las medidas sani-
tarias.
Sin embargo, cuando pensamos en el concepto de bienestar
subjetivo damos por hecho que cada persona es única e irre-
petible, y el impacto de la pandemia será de manera distinta
para todos. En ese sentido, es pertinente considerar la parti-
cularidad de cada persona, reconociendo la realidad por la
cual atraviesa y los factores que inciden en la satisfacción del
bienestar, que estará determinado por decisiones de carácter
individual.
Los marcos normativos sugeridos y pautados por la emer-
gencia sanitaria significaron una disminución en la capaci-
dad de decidir según dichos intereses, necesidades y deseos.
La diversidad de vejeces y las múltiples formas de expresarse
en la vejez demuestra como la imposibilidad de realizar las
actividades con normalidad para algunas tenían un impacto
más negativo que para otras.
Bien, yo no la sentí nunca. En cuanto a las actividades pre-
senciales sí, pero yo me manejo con zoom, el teléfono, me
gusta leer mucho, cada vez que iba a cobrar compraba un
libro. (Entrevista 8, septiembre, 2021)
aunque salgo poco, como te dije salgo a caminar unas horas
después llegó limpio, me encanta limpiar, decorar la casa, yo
cocino hago tortas, pollo deshuesado, y después todo esto
101
que ves acá, es mi espacio en donde yo ocupo mi mente y
hago cosas para tratar de no hacer nada, sino uno se tira
para abajo, y no se trata de eso. (Entrevista 5, septiembre,
2021)
El bienestar subjetivo en relación con las actividades y las
relaciones sociales no se puede medir únicamente por la au-
sencia o presencia de actividades que se realizaban con goce
y disfrute, sino también la posibilidad de construir alterna-
tivas, por lo cual contar con los medios, habilidades y redes
necesarias para mantener el vínculo social fue fundamental a
la hora de mantenerse conectado a las redes sociales, pudién-
dose percibir un mayor bienestar subjetivo al respecto.
La búsqueda de alternativas también conforma parte del
bienestar subjetivo, en este caso, podemos ver que hay per-
sonas entrevistadas que remarcaron la importancia de cons-
truir otras opciones para enfrentar la pandemia, mientras
que otras, padecieron las consecuencias de la misma.
Los aspectos subjetivos y las fases por las cuales atraviesan
los sujetos también se ven mediadas por la condición de la
identidad flexible (Zarebski, 2019). Desde el campo geron-
tológico la flexibilidad en la identidad de las personas es un
determinante clave para afrontar las pérdidas y/o cambios
en la vida. El análisis discursivo denota que no todos/as en-
frentaron la pandemia de la misma manera, estas diferencias
están marcadas de acuerdo a las formas en que los sujetos se
han posicionado durante toda su vida, algunos con mayor
flexibilidad, mientras que otros con ciertos grados de rigidez.
102
El distanciamiento social y los sentimientos de
aislamiento y soledad de las personas mayores
Para analizar el impacto en los sentimientos de las perso-
nas mayores, recuperamos la teoría de la identidad flexible
como factor protector en el curso de la vida, propuesto por
Zarebski (2019). Desde esta perspectiva, la autora observa la
importancia que adquiere la flexibilidad en la identidad para
que las personas logren estar mejor preparados para afrontar
cualquier acontecimiento que ocurra en la vida. Como re-
sultado, se pone en juego la resiliencia que las personas han
adquirido a lo largo de su envejecimiento, donde las formas
de adaptación que prevalecieron a lo largo de su vida serán
aquellas que estarán presentes en las transformaciones que
ocurran durante la vejez.
Por estas razones, no todas las personas han vivido de la mis-
ma forma el aislamiento aconsejado por la emergencia sa-
nitaria. Los discursos que se reprodujeron en los medios de
comunicación, generalizaron un imaginario social de que las
personas viejas estaban solas, y padecían el confinamiento
porque en sus vidas persistía la soledad. Desde este punto es
equívoco hacer este tipo de generalizaciones, puesto que el
aislamiento es vivido de acuerdo a cómo la persona se posi-
ciona ante los acontecimientos de la vida, y no necesariamen-
te se torna negativo para todos/as.
De hecho, los datos recopilados en las encuestas revelaron
que casi la mitad de la población, afirmó no haber sentido
sentimientos de soledad antes ni durante la pandemia. Se
puede visualizar cómo este contexto pandémico no influyó
drásticamente en el sentimiento de soledad de las personas
103
mayores. Un 40% afirma que no ha sentido sentimientos de
soledad antes ni durante la pandemia, un 31% se mantuvo
igual, un 26% ha aumentado y únicamente para un 3% ha
disminuido. Estos datos nos reafirman lo postulado por Za-
rebski (2019); las formas de adaptación a las transformacio-
nes que ocurren en la vida, estarán mediadas por las trayec-
torias de vida de cada persona.
Este sentimiento en sí mismo no fue visto de forma negativa,
porque las personas viejas traían previamente una vida con
cierto grado de soledad. Por eso, es pertinente destacar que la
soledad es subjetiva, y en ella cada persona la puede vivir de
manera distinta de acuerdo a cómo la ha afrontado durante
el curso de su vida.
Y viste la sensación de estar sola, pero después en sí, pasé
bien, gracias a dios, y te afecta, pero a mí no me afectó mu-
cho (Entrevista 7, septiembre, 2021)
A mí no me afectó, yo nada, siempre me siento igual así sola
con la pandemia o no, por eso siempre voy a la casa de mi
hija, porque es cuando me siento acompañada por ella (En-
trevista 3, septiembre, 2021)
La soledad es entendida como una condición subjetiva a
una experiencia desagradable en un nivel íntimo, que apare-
ce cuando la persona siente que no tiene a nadie con quién
comunicarse para compartir preocupaciones y necesidades
sociales y emocionales. (Arruebarrena y Sánchez, 2021). Di-
chos autores aseguran que la soledad es una experiencia sub-
jetiva negativa que surge cuando una persona tiene una baja
calidad de vida y menos relaciones sociales, por lo que, nace
de una interpretación de la situación personal. Es decir, se
104
puede encontrar con personas aisladas, pero no solas, solas
pero no aisladas, solas y aisladas o ni solas ni aisladas.
En las diferentes formas de entender y vivir el aislamiento
social, puede que varias personas no lo sientan como algo ne-
gativo en sus vidas y llega a ser algo que se disfruta, estas si-
tuaciones pueden estar influenciadas por sus trayectorias de
vida y los modos en que construyeron sus relaciones sociales
durante la misma, puesto que la mayoría de las personas ade-
más de vivir solas en los complejos, traen una vida en donde
la soledad siempre estuvo presente.
105
gía, se produce un estigma biológico de la vejez, donde el he-
cho de ser viejo es igual a estar enfermo.
Los prejuicios que fueron reproducidos en los medios de co-
municación aportaron fuertemente a una mirada biológica
de la vejez, encauzada a partir de la escenificación de corpo-
ralidades fragilizadas que son expulsadas de los parámetros
exigidos por la sociedad moderna. En ese sentido, cuando
preguntamos sobre los derechos de las personas viejas con
respecto a la pandemia, salieron a la luz algunos relatos que
comprendían los prejuicios asociados a la mirada biológica
de la vejez, estos hicieron alusión a una vulnerabilidad en los
derechos, y a una posible discriminación por el simple hecho
de su edad.
Nos asustaban igual, pero yo creo que a los viejos no son
discriminados por la pandemia, eso ya estaba desde antes de
la pandemia (Entrevista 5, septiembre, 2021)
Creo que hay que cuidarse y más uno cuando va quedando
viejo, igual viste que no hubo de personas mayores, cuando
empezó a agarrar a los jóvenes los agarraba fuerte, creo que
ahí fue cuando se terminó la joda y se empezaron a procu-
rar, porque viste que mientras moría gente vieja no pasaba
nada, porque somos como desechos ya (se ríe) pero preocu-
pa la gente joven (Entrevista 2, septiembre, 2021)
El problema no se reduce a si las personas mayores figuran
o son representadas o no en los medios de comunicación,
sino la imagen que de ellas se proyecta (Franchello, Laurino
y Rodríguez, 2015). Es en esta imagen de las personas mayo-
res donde los prejuicios y estereotipos hacia la vejez tuvie-
ron trascendencia, a tal punto que las personas preferían no
106
escuchar ni mirar informativos por las noticias masivas que
había sobre el covid-19, “mira trato de no mirar informativo,
prefiero mirar películas en la tele porque parece una película
de terror el informativo” (Entrevista 6, septiembre, 2021)
Ahora bien, son diversos los agentes que transmiten y repro-
ducen dichas miradas prejuiciosas sobre las personas mayo-
res, los medios de comunicación fueron tal vez, los que hicie-
ron llegar más directamente estas formas de ver a las perso-
nas viejas, de manera que día a día y en el transcurso de los
mismos, se repetían en mensajes limitantes que apostaban al
cuidado de una población totalmente heterogénea, negando
su constituyente diversidad.
Detrás de las representaciones sociales que se tejían sobre
la vejez y envejecimiento en los medios de comunicación,
y la constitución de las personas mayores como población
de riesgo, las percepciones de las personas viejas sobre esta
concepción influyó fuertemente en sus vidas, puesto que se
autopercibían como población de riesgo.
Esto se refleja en el cuadro 1, el cual constata que un 50% de
las personas encuestadas, se conciben población de riesgo,
mientras que un 49% mencionó no serlo. Cuando se consultó
sobre las razones de calificarse como tales, la mayoría res-
pondió que se sienten personas de riesgo por la edad y las
distintas patologías que puedan tener. Sin embargo, los que
respondieron no sentirse en esa condición, es porque sos-
tienen que se cuidan en la alimentación, no fuman, hacen
ejercicio y principalmente porque no tienen enfermedades
preexistentes.
107
Cuadro 1. Población de riesgo
Personas de riesgo Porcentaje Porcentaje acumulado
Si 50,7% 50,7%
No 49,3% 100,0%
Total 100,00 100, %
108
sideradas como sujetos pro-activos, portadores de saberes
diferenciales y capaces de resistir al orden vigente a través de
un replanteamiento de nuevas formas de vivir la vejez.
Lo que se necesita en la actualidad, es darles visibilidad a
nuevos escenarios de envejecimiento y vejez. Reconocer que
todas las personas afrontan distintos procesos de envejeci-
miento es el primer paso para construir una mirada hetero-
génea, sobre todo, desafiando a las representaciones sociales
que circulan en la sociedad con una marca profundamente
negativa sobre las personas mayores.
Proponer una mirada rupturista sobre la vejez implicaría el
reconocimiento de la misma, no negar los años sino mostrar
las distintas formas de vivir las vejeces, que vaya contra de
los prejuicios que limitan a pensar el envejecimiento desde
la pérdida y la enfermedad. Por lo tanto, es preciso que los
discursos y prácticas hagan énfasis en las personas mayores
como sujetos de derechos y como población heterogénea,
comprendiendo que no existe una única forma de ser viejo/a,
sino una multiplicidad de vejeces que se traducen en distin-
tas maneras de vivir y afrontar la vida.
109
la vida de las personas; los modos de envejecer también se
encuentran transversalizados por las maneras en cómo el
medio social influye en ellos, siendo capaces de construir sus
vidas y sus propias culturas.
La coyuntura de pandemia ha sacado a la luz la situación del
edadismo cultural que por décadas ha estado presente y ha
sido invisibilizado por la sociedad. Con esto nos referimos
a los estereotipos y prejuicios hacia la vejez que han sido de-
velados producto de que las personas mayores fueron cata-
logadas como población de riesgo, bajo el discurso de que
merecían extremos cuidados ya que en caso contrario la pa-
sarían mal.
A partir de esto, nos proponemos una serie de desafíos que
son necesarios de colocar sobre la mesa para producir cono-
cimiento que contemple la situación de las personas viejas sin
homogeneizar los discursos. Uno de los primeros desafíos
es poder deconstruir ideas arraigadas sobre la vejez, como
si todos/as por el simple hecho de pertenecer a este colecti-
vo requieren cuidados extremos. Es decir, despojarnos de la
mirada biomédica que coloca a los sujetos únicamente tras
su condición biológica, como si todo este colectivo tuviera
patologías por su edad.
Esta mirada que aparece configurada por la impronta biolo-
gicista, comienza a tensionarse con los avances que se han lo-
grado en la perspectiva de derechos sobre el envejecimiento,
orientando los desafíos actuales en el campo gerontológico
en las formas en cómo entendemos a las personas mayores
(Arreseigor y Sánchez, 2021). Con la existencia de tensiones
en las formas de ver y entender a las personas mayores, la
110
extensión de modelos anticuados para explicar el proceso de
envejecimiento podría desencadenar mecanismos políticos
que acentúen las desigualdades, agravándose en este período.
En este contexto de pandemia, las desigualdades en varios
aspectos de la vida fueron más evidentes y la cuestión de los
cuidados no es un tema ajeno a esta visibilización. En ese
punto se hace visible una paradoja que no podemos perder
de vista: por un lado, nos encontramos ante un sistema de
cuidados con ciertas falencias tanto en los complejos habita-
cionales, como en los domicilios particulares. Mientras que,
por otro lado, los discursos que se reproducían, generaron un
etiquetamiento en las personas mayores como población de
riesgo, realzando la necesidad de que los cuidados sean aún
mayores.
Como consecuencia, en este escenario, las personas viejas
fueron despojadas de sus capacidades de decidir por ellas mis-
mas, ya que el modelo hegemónico que perdura en la moder-
nidad no acepta la diversidad innegable en este grupo etario,
así pues, los modelos de cuidados tienden a implementarse
desde una mirada homogénea, con prácticas indiferenciadas
que no contemplan el envejecer como tránsito particular, y
que por lo tanto vulneran el derecho de la autonomía.
Para promover el enfoque de derechos, y orientar prácticas
de intervención hacia la integración social de las personas
mayores, necesitamos promocionar desde nuestro rol profe-
sional, un modelo de atención integral centrado en la per-
sona, el cual mejora el bienestar y la calidad de vida de los
sujetos, debido a que se reconoce su dignidad, sus derechos,
111
pero sobre todo las particularidades y preferencias que hacen
del envejecer un tránsito individual.
Por ello, la intervención gerontológica debe retroalimentarse
con la investigación; para fomentar y promover una mirada
heterogénea desalojada de discursos discriminatorios es ne-
cesaria la información basada en evidencia. De este modo, el
protagonismo de las personas mayores debe generarse desde
su participación para conocer y comprender las formas en
cómo han afrontado la pandemia, a partir de sus propias vo-
ces y relatos.
Fruto del edadismo cultural y el viejismo, también debemos
romper las ideas impregnadas que revelan que las personas
viejas han sufrido y padecido la pandemia por el simple he-
cho de que la afrontaron de manera solitaria. Esto solamente
tiende a una mirada homogénea y discriminatoria para y con
la vejez, puesto que la evidencia indica la existencia de recur-
sos emocionales y psicológicos que han contribuido de ma-
nera positiva al momento de afrontar la pandemia, incluso
mejor en relación a otros colectivos.
De acuerdo con esto, hay que repensar las formas en cómo
nombramos a las personas mayores. Ludi (2018) nos plantea
que los modos de ver se tornan en los modos de hacer, por
lo tanto, debemos evitar todo tipo de generalización e infan-
tilización en las maneras en cómo nos dirigimos hacia este
colectivo No son “abuelos” puesto que no todos/as tienen el
rol de abuelidad; no son “viejitos”, no son “nuestros mayores”,
son sujetos de derecho que han afrontado la pandemia de
acuerdo a cómo han vivido el curso de sus vidas.
112
Es equívoco pensar que el contexto de aislamiento ha impac-
tado en su estado de ánimo en un sentido negativo. Como
pudimos establecer en los hallazgos de esta investigación, la
gran mayoría mencionó que su rutina no cambió en su totali-
dad por la pandemia, y por lo tanto, los factores emocionales
y psicológicos han contribuido a que no la hayan sufrido.
Lo mismo sucede con los sentimientos de soledad, no siem-
pre debe verse asociada a un estado negativo en que la per-
sona está sola y no tiene relaciones familiares ni amistades.
Muchas veces la soledad es disfrutada por las personas, y has-
ta incluso demuestran que es mejor ese estado a estar acom-
pañado/a; por lo tanto, no podemos caer en reduccionismos
y considerar que todos/as han sufrido la pandemia por estar
solos/as, puesto que la gran mayoría venía con determinadas
formas de vida donde la soledad estaba presente.
En definitiva, los desafíos y tensiones en el campo geronto-
lógico instaurados en este contexto nos obligan, desde nues-
tro quehacer profesional, a desplegar nuevas prácticas que
apuesten a otras formas de ver, entender y sobre todo de in-
tervenir con las personas mayores. La vejez como tal, no debe
verse planteada únicamente desde una mirada biologicista,
es necesario enaltecer una perspectiva bio-psico-social, que
permita reivindicar la perspectiva de derechos para las per-
sonas mayores.
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115
Impacto del Covid-19 en la Vida
Cotidiana de los/as Viejos/as
Lucía Tajes37
Resumen
La emergencia socio-sanitaria que se encuentra atravesando
el mundo producto de la enfermedad Covid-19 ha repercuti-
do en todas las aristas de las sociedades y ha vuelto a eviden-
ciar las desigualdades sociales existentes. Los sujetos toma-
dores de decisiones públicas han optado por distintas medi-
das para mitigar los efectos del virus, entre la más utilizada se
encuentra el fomentar el aislamiento social. Uruguay adoptó
dicha medida mediante el uso de la libertad responsable,
siendo las personas viejas las destinatarias por excelencia.
En este artículo se presentarán los hallazgos más relevantes
que se obtuvieron de la Tesis Final de Grado de la Licenciatu-
ra en Trabajo Social, que buscó conocer los cambios ocurri-
dos en las vidas cotidianas de los viejos y las viejas producto
de la emergencia socio-sanitaria y de la medida de confina-
117
miento impuesta por las autoridades. Para poder problemati-
zar el lugar que las sociedades les atribuyen a los sujetos más
envejecidos.
Palabras Claves: representaciones sociales, vejez y envejeci-
miento, vida cotidiana, redes sociales, pandemia, aislamiento
social.
Introducción
118
los efectos del virus y disminuir los contagios. Esto puede
agravar aún más la situación de complejidad que vivencian
algunas de las personas más envejecidas, como son el maltra-
to, la desprotección social, la soledad, el deterioro cognitivo,
entre otras (Naciones Unidas, 2020; Fuentes y Osorio, 2020).
A su vez, y no es menor, el mundo se encuentra atravesan-
do un envejecimiento poblacional sostenido, producto de
las bajas de las tasas de natalidad y mortalidad, y el aumento
sostenido de la esperanza de vida, lo que produce cambios
sociales, culturales, económicos y políticos, donde es menes-
ter que los gobiernos y las sociedades adopten las medidas
correspondientes para hacer frente a los mismos y garantizar
así los derechos de las personas viejas.
Uruguay que no se escapa a este cambio demográfico, cuenta
con Leyes y reglamentaciones que pretenden garantizar los
Derechos Humanos de las personas mayores, como son la
Ley n° 18.617 del año 2009 y la Ley n° 19.430 del 2015, sin
embargo, queda camino por recorrer, ya que para el año 2011
seguía existiendo un 23,2% de personas mayores con alguna
necesidad básica insatisfecha (INE, 2011).
Por otro lado, el Covid-19 también alcanzó al Uruguay, in-
gresando al país en marzo del año 2020, lo que provocó un
accionar rápido por parte del gobierno nacional mediante la
implementación de diversas medidas, entre ellas, la utiliza-
ción del aislamiento social a través el uso de la libertad res-
ponsable, siendo la población mayor de 65 años la destina-
taria por excelencia de la exhortación de permanecer en sus
hogares cumpliendo una cuarentena preventiva.
119
Sin embargo, pensar en esta medida de aislamiento social,
obliga a cuestionarse si no se contrapone a lo establecido en
las Leyes antes mencionadas, en donde no se tienen en cuen-
ta las diversas situaciones de vejez para poder cumplir, o no,
con la exhortación de permanecer en sus hogares, homoge-
neizando a los sujetos viejos, no respetando su derecho de
autonomía, de libertad, como tampoco no teniendo en cuen-
ta sus voces para tomar este tipo de disposiciones que pueden
repercutir en sus cotidianidades.
Es por todo esto que, se pretendió en la Monografía Final de
Grado de la Licenciatura en Trabajo Social conocer los cam-
bios ocurridos en la vida cotidiana de los viejos y las viejas
producto de la emergencia socio-sanitaria, siendo el objetivo
general “contribuir al conocimiento en las ciencias sociales
desde el Trabajo Social acerca de cómo impactó la pandemia
en la vida cotidiana de los/as viejos y viejas desde la perspec-
tiva de los propios protagonistas” (Tajes, 2021, p. 14), cues-
tión que resultó central para la investigación, ya que el interés
primordial fue poder dar voz a lo que las/los viejos/as tienen
para decir.
El estudio llevado a cabo pretendió contribuir, en lo que su
alcance permitía, a la construcción de un campo geronto-
lógico donde se tengan en cuenta los aportes de las viejas y
viejos con el debido valor que confiere, incorporando la par-
ticipación de un Trabajo Social crítico que busque romper
con las relaciones de poder que allí se generan. De forma que
lo anteriormente mencionado de lugar al reconocimiento de
las multiplicidades de vejeces y formas de envejecimientos
en el que las desigualdades según las distintas clases sociales
siguen siendo una problemática y que la pandemia ha vuelto
120
a evidenciar. De manera que es una obligación ética reclamar
un involucramiento mayor de parte del Estado para garanti-
zar los derechos de las personas viejas y el verdadero goce de
su ciudadanía (Danel y Sala, 2019; Danel, 2020).
En vista de la amplitud de la población objetivo y la imposibi-
lidad de abarcarla se debió de acotar la muestra, por lo que la
investigación se centró en las viejas y viejos que residen en los
Complejos Habitacionales para Jubilados/as y Pensionistas
del Banco de Previsión Social (BPS) en Montevideo y dentro
de estos, aquellas/os que residen en el Complejo “Las Viole-
tas”. Decisión dada debido a cómo está planteada la política
habitacional y las características de la población beneficiaria.
El Programa de Soluciones Habitacionales para Jubilados/
as y Pensionistas del BPS está destinado a aquellos/as viejos/
as de bajos niveles económicos y que no son propietarios/
as. Brinda tres soluciones distintas: la vivienda en carácter de
usufructo, el cupo cama y el subsidio de alquiler (Banco de
Previsión Social).
El estudio se centró en la solución habitacional en carácter de
usufructo. Sirlin (2007) destaca algunas características de la
población destinataria, como son que la mayoría viven solas/
os, que muchas/os tienden al aislamiento, entre otras. Por lo
tanto, pensar en los efectos del Covid-19 y en específico de
la medida de confinamiento en esta población resultaba de
interés para investigar, por lo cual se llevó adelante un estu-
dio de caso. En el presente artículo se expondrá de manera
sucinta el proceso realizado y los hallazgos alcanzados.
Para esto se comenzará enunciando el marco metodológico
utilizado, en el que se apeló a realizar una investigación de
121
corte cualitativo que permitía indagar sobre las percepciones
que tenían las personas viejas, mediante el uso de la técnica
de entrevistas en profundidad para convocar a que las y los
participantes pudiesen extenderse libremente sobre el tema
a analizar.
En los siguientes dos apartados se expondrán las categorías
teóricas utilizadas en el que se realizará un análisis de “ida y
vuelta” con los aportes recabados en las entrevistas, con el fin
de pensar a la construcción de conocimiento como un “jue-
go” dialéctico entre entrevistada/o y entrevistadora.
Por último, se presentarán las reflexiones finales alcanzadas
que no pretenden ser conclusiones cerradas y limitantes, sino
que se busca generar nuevos espacios depensamiento y re-
flexión en el que el Trabajo Social tiene el desafío de conti-
nuar problematizando.
Marco Metodológico
En virtud de que el interés primordial del estudio era cono-
cer lo que tenían para decir los y las viejos y viejas sobre los
sucesos vivenciados en sus vidas cotidianas y los significados
que les otorgaban, es que se optó por llevar adelante una me-
todología cualitativa, la que como plantea Vasilachis (2006)
requiere de generar un espacio de sensibilidad y respeto para
garantizar el proceso de comunicación entre entrevistado/a e
investigador/a.
La generación de un espacio acorde para llevar adelante estos
estudios exige que la/el investigadora/or practique una cons-
tante vigilancia epistemológica donde se pueda romper con
122
las prenociones y prejuicios propias, como también dismi-
nuir la violencia simbólica que se genera por la posible ubi-
cación diferencial de los sujetos participantes en el espacio
social (Bourdieu, 1999; Bourdieu, Chamboredon y Passeron,
2002).
Por lo tanto, se optó por utilizar la técnica de entrevistas en
profundidad para la obtención de información, ya que la
misma permite mayor flexibilidad como también una comu-
nicación más espontánea (Valles, 1999). Como la atención
radicaba en indagar en sus vidas cotidianas y las represen-
taciones sociales que le atribuían a estos momentos inéditos
que estaban viviendo, la utilización de este tipo de entrevis-
tas permitía mayor libertad para que las/os entrevistadas/
os, pudieran ahondar en lo que consideraban importante de
comunicar, permitiendo así generar ese espacio de respeto y
escucha activa.
Por otro lado, como fue mencionado, se realizó un estudio
de caso lo, que permitió recoger de forma más profunda las
experiencias y significaciones de los sujetos. Para esto, se
llevó adelante la investigación en el Complejo de Viviendas
del BPS “Las Violetas” ubicado en María Orticochea 4444.
Se realizaron 10 entrevistas hasta el punto de saturación, de
forma aleatoria según disponibilidad de los/as entrevistados/
as, a 7 mujeres y 3 hombres de entre 69 y 85 años de edad, en
el que solo dos de ellos/as vivían acompañados/as por otros
familiares. Se optó en común acuerdo realizarlas de forma
presencial, lo que permitió un mayor acercamiento entre los/
as participantes de la investigación, generando así un espacio
más amigable y donde se sintieran más cómodas/os, y en el
que a veces el lenguaje no verbal como los gestos y silencios,
123
tienen más para decir que las propias palabras. En todo mo-
mento se respetaron las medidas impulsadas por el gobierno,
es decir, el uso de tapabocas, alcohol en gel y la práctica del
distanciamiento social, para que ninguna de las partes se vie-
se afectada.
124
Estas representaciones se producirán a través de los procesos
de objetivación y anclaje, en donde se pretende construir una
imagen de un concepto que resulta ser abstracto e incorpo-
rarlo en una red de categorías conocidas para su utilización,
permitiendo así la reproducción y producción de la realidad
(Jodelet, 1984).
Las medidas que fueron implementadas para enfrentar las
posibles consecuencias que puede traer el Covid-19, en es-
pecífico, fomentar el aislamiento social en base a la edad tie-
ne en sus raíces una forma de comprender a la vejez, la cual
se discute en este artículo. Encasillar a los sujetos según la
acumulación de años omite las representaciones sociales que
las sociedades le dan a las personas viejas y el lugar que les
atribuyen en las mismas. A su vez, no son tenidas en cuenta
las representaciones que los propios viejos y viejas tienen so-
bre sí mismos/as y qué consideran que es ser viejo/a o no. Es
por esto que, resultó de interés pensar en esta categoría para
analizar las formas de accionar que se dan en la sociedad y
hacia los viejos/as en particular, que están cargados de dis-
tintos imaginarios sociales, los cuales muchos de ellos deben
ser problematizados para su deconstrucción. Por otro lado,
dichas representaciones sociales contribuyen a comprender
cómo vivencian los cambios sufridos en su cotidianidad ac-
tual y las significancias que le dan a los mismos, a la pande-
mia y a las medidas impulsadas.
Según la normativa uruguaya se considera que una persona
es vieja cuando alcanza los 65 años de edad, sin embargo, aquí
optamos por comprender a la vejez como una construcción
social y cultural. No obstante, como reflexiona De Beauvoir
(2011) definir la vejez resulta dificultoso, ya que comprende
125
distintos factores biológicos, psicológicos, existenciales, so-
ciales y culturales, por lo que es necesario que sea entendida
en su totalidad.
A su vez, las personas viejas han sido ubicadas en un lugar
desprestigiado e impregnado de desprotección social por ya
no aportar activamente al sistema productivo de las socieda-
des modernas, dejándolos como meros receptores de limos-
nas y otorgándoles un sinfín de mitos y prejuicios por su sola
condición de ser viejo/a (De Beauvoir, 2011).
En la misma línea que Simone De Beauvoir, Ludi (2005) va
a plantear que los sujetos viejos, a su vez, son los más em-
pobrecidos debido a esta relación desigual existente entre
“activo-pasivo” y un sistema de seguridad social incapaz de
afrontar el aumento del envejecimiento poblacional y las
consecuencias que trae. Todo esto contribuye a fomentar los
prejuicios hacia dicha población, a lo que le llamará “viejis-
mo” retomando los aportes de Salaverzza (2002). Entre ellos
encontramos la asociación de viejo/a con dependencia, pa-
sividad, enfermedad, por nombrar algunos, que son eviden-
ciados además con las formas que se tienen de nombrarlos
y nombrarlas, tendiendo al eufemismo, como por ejemplo
llamarlos/as como “adulto/a mayor”, “anciana/o”, “abuelo/a”.
Cuestiones estas que deben ser puestas a discusión para rom-
per con el imaginario social negativo que cargan las personas
viejas.
Ludi (2005) define a la vejez como una construcción social y
cultural, circunscrita a dimensiones contextuales de la vida
cotidiana, y al envejecimiento como un proceso particular de
cada sujeto que está marcado por distintos factores sociales,
126
psicológicos, biológicos, entre otros. Concluyendo que exis-
ten múltiples vejeces y formas de envejecer.
En esta coyuntura mundial, los sujetos tomadores de deci-
siones han entendido a la vejez de forma homogénea, defi-
niéndola como un grupo generacional sin particularidades
específicas de cada ser, lo que además de acarrear estos mitos
y prejuicios antes descritos, no son tenidas en cuenta las di-
versas situaciones de vejez, concepto que Ludi (2005) plantea
y que resulta de suma importancia para pensar, del cual dirá:
“situaciones de vejez que expresan el desarrollo de procesos
de envejecimiento atravesados dialécticamente por la confi-
guración histórica de las diferentes protecciones con que el
sujeto en su trayectoria de vida ha contado.” (p. 42).
A modo de “bajar a la realidad” lo expuesto hasta el momen-
to, se pudo evidenciar en las entrevistas llevadas a cabo como
no fueron tomadas en cuenta las diversas situaciones de vejez
que los sujetos presentan, sus distintas acumulaciones de ca-
pitales, la posesión o no de soportes que permitieran afrontar
las vicisitudes que la pandemia traía consigo y en específico
poder cumplir de manera efectiva (en caso que pudiesen)
con la medida de confinamiento. Lo que prueba aún más la
existencia de imaginarios sociales que se tienen sobre la ve-
jez. Una vejez que aparece en esos discursos como pasiva, sin
deseos, sin proyectos, en contraposición con las normativas
promulgadas que se proponen garantizar los derechos de los/
as viejos/as y su envejecimiento activo.
Ludi (2013) define al envejecimiento activo como un concep-
to abarcativo que incorpora no solo aspectos de la salud, sino
también la fomentación a la autonomía, la participación, y el
127
ejercicio efectivo de la ciudadanía. Asunto que quedó limitado
en estos tiempos, conllevando a que muchas de sus actividades
cotidianas se vieran afectadas negativamente, como por ejem-
plo la participación en grupos de la sociedad civil, reuniones,
encuentros con otros y otras. En el siguiente apartado nos
adentraremos específicamente sobre los cambios ocurridos en
sus vidas cotidianas y las estrategias asumidas para enfrentar-
los, como también los soportes brindados por las distintas re-
des sociales a modo de contribuir con los mismos.
128
social, debiendo aprender los distintos sistemas de uso para
poder desenvolverse en la sociedad, y permitir así su propia
reproducción y la reproducción social. Por tanto, el indivi-
duo es sujeto particular como también histórico, específico
(Heller, 1987).
Es por esto que, aprender y aprehender los sistemas de usos
requiere ser una tarea imprescindible para todas las perso-
nas, los cuales no tienen una fecha de caducidad, sino que
irán variando a lo largo de sus vidas, debiendo ser apropiados
para enfrentar los cambios que surgirán. Lo que permitirá,
como dirá Heller (1987) “crear” su “pequeño mundo”, es de-
cir, decidir sus redes sociales, su lugar de trabajo, de estudio,
entre otros.
Estos momentos de pandemia han evidenciado alteraciones
en las vidas cotidianas de los sujetos, en el que han debido de
incorporar diversas estrategias para enfrentarlas. Las perso-
nas viejas no quedan excluidas de dicha situación, sino que,
las medidas impuestas con el objetivo de preservar su salud
o el cuidado de no contagiarse del virus del Covid-19 han
repercutido en distintas aristas de sus vidas, debiendo adap-
tarse a la coyuntura.
De igual forma, como se mencionó al comienzo del apartado,
la ubicación diferencial en la división social del trabajo va a
determinar las instituciones, los sistemas de uso que debe-
rán ser aprendidos, limitando su mundo. Sin embargo, Heller
(1987) no reducirá a los sujetos a la mera particularidad, sino
que dirá que todas las personas en algún momento de sus
vidas devendrán en individuos, lo que logrará que se eleven
hacia la genericidad, para entenderse como parte constituti-
129
va de ella, mediante la comprensión de la alienación y pro-
curar así luchar por modificar el ambiente que lo pretende
recluir en esa particularidad que busca la mera reproducción
a modo de autoconservación.
El estudio llevado a cabo pretendió de forma muy preliminar,
que los viejos y viejas entrevistados/as pudieran pensarse,
aunque sea un poco, como entes genéricos, en el que sus vi-
das cotidianas se encuentran permeadas por pautas, normas
e instituciones dadas según su posición en el espacio social y
en el que están ubicados jerárquicamente por una estructura
socio-histórica determinada.
Retomando nuevamente la importancia de apropiarse de los
distintos sistemas de uso, la filósofa dirá que “los sistemas de
exigencias sociales aparecen cada vez más mediados por gru-
pos concretos, por unidades en las que imperan las relaciones
face-to-face” (Heller, 1987, p. 69). Es decir, los grupos brin-
dan herramientas necesarias para poder aprender las pautas
establecidas en la sociedad, actuando como mediadores entre
la genericidad y la particularidad y contribuyendo a que los
sujetos puedan participar en otros grupos.
Por este motivo, las redes sociales brindan un aporte funda-
mental en la vida cotidiana de los sujetos. No solo en otor-
garles las herramientas necesarias para que puedan apren-
der los sistemas de usos concretos y adaptarse a los cambios
venideros, sino también a que puedan pensarse como entes
genéricos y lograr objetivarse de la alienación.
Por otro lado, Heller (1972) establece que la vida cotidiana
presenta distintas características como son: la espontanei-
dad, la inmediatez, el pragmatismo, la ultrageneralización, la
130
probabilidad de acciones, la imitación, el economicismo y la
entonación, características que pueden haberse visto afecta-
das por la llegada del coronavirus, y en específico por la im-
plementación de la medida de aislamiento social.
La evidencia recogida en las entrevistas llevadas a cabo mos-
tró cómo sus vidas cotidianas y las características de ellas an-
tes descritas se vieron trastocadas.
El impacto de las medidas de confinamiento en los hogares
que se impusieron para enfrentar o disminuir los posibles
efectos que tendría el Covid-19 no sólo repercutieron en la
salud o el “cuidado”, sino que afectaron en todas las aristas de
la cotidianeidad.
Según el discurso de las viejas y los viejos, previo al comienzo
de la pandemia todos/as realizaban algún tipo de actividad
recreativa fuera de sus hogares que les permitía fomentar el
envejecimiento activo, compartir con otras personas, sentirse
acompañado/a, gozar de su vida y libertad según sus proyec-
tos y deseos personales. Una vez ingresado el virus al país y
en específico, una vez establecida la exhortación de resguar-
do por prevención, todas esas actividades fueron mermando,
muchas de ellas hasta llegar a su finalización.
Algunas de las personas participaban de organizaciones de la
sociedad civil (OSC), de grupos barriales, de gimnasia, en el
que realizaban distintas actividades, pero todas ellas cerraron
sus puertas e invitaron a que los/as viejos/as permanecieran
en sus hogares.
El bombardeo de campañas publicitarias en los medios de co-
municación en donde se mostraban los efectos del Covid-19
131
en las personas viejas, y el continuo llamado de resguardo,
pero responsabilizando a cada sujeto sobre las decisiones to-
madas, provocó, por lo menos en las personas que se entre-
vistaron, que la mayoría adoptara la medida. Cuestión que
no resulta ser “blanco o negro” sino que presentó distintos
matices, ya que muchas de las personas debían satisfacer sus
necesidades cotidianas por sí mismas, debido a que no tenían
soportes que les brindasen una ayuda, terminando en una
“exposición” en el exterior.
A pesar de que muchos/as no tenían otra opción que satisfa-
cer sus necesidades de forma individual, sí adoptaron medi-
das personales que acompañaban el argumento que se daba
desde las autoridades públicas. Por ejemplo, disminuyeron
las visitas de familiares, amistades, hasta vecinos y vecinas, lo
que resultó ser de mayor pesar según sus discursos. Algunas
personas entrevistadas permanecieron aisladas de sus seres
queridos durante todo el período de pandemia, flexibilizan-
do la decisión recién cuando comenzaron a implementarse
las vacunas a toda la población, por ende, fechas festivas,
como celebraciones de cumpleaños, recibimiento del año
nuevo, por nombrar algunas de los que resaltaron, debieron
de transcurrirlos solos/as.
Algunas/os de ellas/os no lograron permanecer aislados mu-
cho tiempo de sus seres queridos, y optaron por volver a reu-
nirse mucho antes de la implementación de las vacunas, de-
clarando que les resultaba contradictorio tener que limitar las
reuniones sociales y encontrarse obligados a salir al exterior
para realizar mandados para satisfacer distintas necesidades
cotidianas por no tener quién se los hicieran por ellos/as.
132
Por otro lado, la pandemia y su consecuente medida de confi-
namiento repercutió negativamente en la economía de algu-
nas de las personas entrevistadas. Dos de ellas/os realizaban
actividades remuneradas previo a la pandemia, y una vez lle-
gada esta, perdieron sus trabajos. Es de tener en cuenta que,
como dice Sirlin (2007) en su investigación “Una aproxima-
ción al estudio del perfil de beneficiarios del programa de vi-
vienda para jubilados y pensionistas del Banco de Previsión
Social”, muchas de las personas beneficiarias del programa
cuentan con bajos niveles económicos. Por lo tanto, pensar
en la pérdida de sus actividades laborales en momentos don-
de la vida puede resultar ser aún más caótica o compleja, di-
mana en una gran complejidad, que debería ser tomada en
cuenta por los organismos competentes, pero que, según el
discurso de los/as entrevistados/as, no sucedió.
El último aspecto y más nombrado como uno de los más afec-
tados por esta emergencia socio-sanitaria fue el ámbito de la
salud. Todos/as los/as participantes de la investigación hicie-
ron referencia a la disminución en la atención presencial en
centros hospitalarios y el comienzo de instancias en modali-
dad virtual. Además, algunos/as de ellos/as hicieron énfasis en
que enfermedades o patologías previas se les agravaron debido
a las medidas impuestas en los centros de salud, lo que lleva a
pensar e interrogarse sobre la efectividad de las mismas. Por
un lado, se pretendía la disminución de consultas médicas para
prevenir contagios de coronavirus, pero por otro, no se asistía
a las otras tantas enfermedades que los sujetos podían tener.
Por lo tanto, ¿existió un verdadero cuidado a la salud de la po-
blación? ¿las medidas implementadas fueron efectivas?, temas
que deben seguir siendo interrogados.
133
Todas estas contradicciones que se generaban entre el discur-
so del deber ser y lo que realmente podían hacer las personas
afectadas, debido a sus diversas situaciones de vejez, como a
la posición diferencial de capitales, eran cuestiones que los
propios viejos y viejas reflejaban en sus discursos y proble-
matizaban. Había, según Heller (1987), una elevación de la
cotidianidad, un pensarse como entes genéricos interpelados
por una realidad social cargada de instituidos que los coloca-
ban en determinada posición en el espacio social. Reflexio-
nes como el sentimiento de discriminación por su sola con-
dición de ser viejos/as o la posibilidad de cumplir o no con la
exhortación del gobierno, como también entender que había
una homogeneización de las personas viejas, eran formas de
considerar y cuestionar lo que estaba pasando.
Sin embargo, la vida seguía transcurriendo y debían de hacer
frente a los cambios venideros, por lo cual, como dice Heller
(1987) necesitaban aprender nuevos sistemas de uso para
adaptarse a estos cambios de sus vidas cotidianas. Un ejemplo
de esto es tener que instruirse en la utilización de los dispositi-
vos móviles para mantener el contacto con sus seres queridos
o atenderse con las/os profesionales de la salud. También el
hecho de tener que buscar estrategias para satisfacer sus nece-
sidades cotidianas como hacer mandados, teniendo que pedir
ayuda a sus redes sociales, si es que las tenían.
De los datos recabados en las entrevistas, se puedo visualizar
las distintas situaciones de vejez, en donde la acumulación
de capitales confluye en que se posicionen diferencialmente
en el espacio social respecto a los/as otros/as, lo que reper-
cute en poder hacer frente a sus necesidades, a los cambios,
a las diversas circunstancias que surgen en sus vidas cotidia-
134
nas. Las personas entrevistadas poseen una acumulación de
capital económico similar, debido a cómo está planteada la
propia política habitacional que establece cierta situación so-
cio-económica para determinar quién es beneficiario/a o no.
Sin embargo, las diferencias pueden surgir cuando analiza-
mos los capitales sociales y su acumulación, quienes poseen
más pudieron enfrentar de mejor manera los avatares pro-
ducto de la emergencia socio-sanitaria y de la reclusión en
sus hogares.
Para poder comenzar el análisis sobre la importancia de la
acumulación de capital social, es necesario desarrollar breve-
mente la teoría que sustenta dicho concepto y que presenta
Pierre Bourdieu.
Según el autor, los sujetos actúan, piensan y sienten según su
ubicación en el espacio social, en los campos, debido a la acu-
mulación diferencial (mediante acuerdos y luchas) de capita-
les económicos, sociales, culturales y simbólicos, lo que va a
establecer posiciones de poder, de desigualdad social (Bour-
dieu, 1997; Bourdieu y Wacquant, 2005).
Para Bourdieu (2001) “el capital social está constituido por
la totalidad de recursos potenciales o actuales asociados a la
posesión de una red duradera de relaciones más o menos ins-
titucionalizadas de conocimiento y reconocimiento mutuos”
(p. 148). Su acumulación dependerá de la extensión de la red,
del tiempo y energía destinados a las relaciones de intercam-
bio. De igual modo, este capital irá variando a lo largo de la
vida del sujeto según los campos que ocupe.
Las personas entrevistadas le otorgan un lugar de relevancia
al capital social en estos momentos en específico, el que ha
135
brindado estrategias para la satisfacción de necesidades coti-
dianas, como ayudas para la realización de mandados, trámi-
tes, pero también para el sentirse acompañada/o, apoyada/o,
cuidada/o por un otro/a. Sin embargo, como especifica Bour-
dieu (2001) la acumulación del capital social es diferencial
para los sujetos acorde a la extensión de su red, al tiempo y
a la energía destinados. Diferencias que se evidencian según
la extensión y posesión o no de redes sociales, en específico
redes primarias.
Chadi (2007) define a la red social como “un grupo de per-
sonas, miembros de una familia, vecinos, amigos y otras per-
sonas, capaces de aportar una ayuda y un apoyo tan reales
como duraderos a un individuo o una familia.” (p. 27). Las
clasifica en redes primarias, secundarias e institucionales.
Las redes primarias son aquellos vínculos más estrechos de
un individuo, es decir, sus lazos. Está compuesta por la fami-
lia ampliada, la familia (nuclear), amigos/as y el vecindario,
todas ellas aportan al proceso de socialización del sujeto. Por
otro lado, las redes secundarias están compuestas por grupos
recreativos, de estudio, de trabajo, religiosos, por nombrar
algunos, son vínculos que pueden transformarse en lazos se-
gún la importancia que los sujetos les atribuyen a las relacio-
nes dadas. Finalmente, las redes institucionales pueden ser el
sistema educativo, de salud, o judicial, brindan los soportes
que las redes primarias no pueden garantizar (Chadi, 2007).
Según el discurso de las viejas y viejos entrevistadas/os, las
redes primarias ocupan un lugar de importancia en sus vidas
y en específico en esos momentos, en donde las abrumadoras
campañas publicitarias fomentaban la permanencia en los
136
hogares para el “correcto” cuidado personal y social. En cam-
bio, la vida continúa y las necesidades diarias obligan a satis-
facerlas. Quienes contaban con redes primarias encontraban
en ellas un soporte o ayuda, pero quienes no las tenían, de-
bían recurrir a la individualidad.
A su vez, estas redes primarias no sólo cumplen el rol de fa-
cilitadores para la satisfacción de sus necesidades cotidianas,
sino también, como dirán los/as entrevistados/as, brindan
acompañamiento, sentirse cuidado/a y querido/a. El aisla-
miento social, y en específico el aislamiento de sus allegados
resultó ser el costo más importante que destacaron.
Será, para la mayoría, el vecindario la red más cercana y per-
manente en esos tiempos, con quienes comenzaron a reu-
nirse antes, con quienes contaban cuando era necesario. Sin
embargo, se visualizó una diferencia en aquellas personas
que hace menos tiempo viven en el Complejo “Las Violetas”,
en donde la conformación del nuevo capital social, debido
a la relocalización en el espacio social, les ha resultado más
costoso, ya sea por no poder destinar tiempo y energía para
su acumulación por dificultad de relacionamiento, o simple-
mente como consecuencia de la exhortación de permanecer
en sus hogares. Además, como especifica Sánchez (2005) la
relocalización de los viejos y viejas en nuevos espacios pro-
ducto de cambios de vivienda, obligan a que los sujetos deban
adaptarse al nuevo lugar y a las nuevas personas conllevando
dificultades para estos.
Por último, pareciera de suponer que las organizaciones que
impulsaban la medida de aislamiento social por prevención,
debieron ofrecer soportes a aquellas personas que no conta-
137
ban con redes primarias que les brindasen las ayudas necesa-
rias, cuestión que según las/os viejas/os entrevistadas/os no
sucedió. Los sistemas de apoyo formal, es decir, las políticas
sociales, instituciones gubernamentales y no gubernamen-
tales, como nombra Sánchez (2005), no tuvieron presencia
en la vida de las personas del Complejo. Siendo un reclamo
constante por parte de los/as viejos/os un rol más activo y
garantizador de derechos.
El Programa de Soluciones Habitacionales para Jubilados/
as y Pensionistas del BPS brinda como lo dice su nombre,
una solución habitacional. Sin embargo, como especifican las
personas entrevistadas, el BPS no acompaña en el proceso de
adaptación al nuevo lugar, ni se tiene en cuenta la posesión
diferencial de capitales y sus diversas situaciones de vejez.
Por lo tanto, resulta contradictorio que se fomente una medi-
da de confinamiento que algunas de las personas no pueden
cumplir eficientemente por no contar con los recursos nece-
sarios. Ya sean recursos económicos, como se mencionó an-
teriormente en el artículo, en el que algunas personas debían
realizar actividades remuneradas porque sus ingresos no cu-
brían sus necesidades, donde la pandemia puso fin a estas,
provocando consecuencias negativas en su situación econó-
mica. O recursos humanos deficientes, en el que algunas per-
sonas no cuentan con redes sociales sólidas, por lo tanto, las
redes institucionales que deberían brindar los soportes que
las primarias no logran realizar, no lo hicieron.
En fin, las/os viejas/os entrevistadas/os lograron, como se
propuso en la monografía, elevarse por un momento de su
cotidianidad y pensarse como sujetos parte de la genericidad.
De una realidad social en donde se les exigen determinadas
138
cosas que no pueden cumplir por diferentes situaciones, las
cuales muchas de ellas se deben a estar ubicados en un lu-
gar de desigualdad social, en una posición de subordinación
con respecto a otras personas de la sociedad. Reclaman sus
derechos, entienden valederos los mismos y expresan en sus
discursos que quieren ser escuchados y tenidos en cuenta.
Reflexiones finales
139
tancias que permitieran la continuidad, de alguna manera, de
distintas actividades; además debieron buscar ayuda de sus
redes sociales, en específico sus redes primarias, para satisfa-
cer necesidades cotidianas como la realización de mandados,
trámites o cuidados de diversa índole. Todo esto afectó, en
mayor o menor medida a sus envejecimientos activos, enten-
didolo en la amplitud que confiere dicho concepto.
A pesar de las dificultades vivenciadas por las personas en-
trevistadas, existe una interpelación por parte de las mismas
tanto de la medida de confinamiento impuesta, como tam-
bién del porqué de la aplicación de la misma y a qué se debe
que los sujetos destinatarios por excelencia sean viejos y vie-
jas. Hay un cuestionamiento de fondo del lugar que ocupan
en las sociedades, del papel que les otorgan las políticas so-
ciales y en específico el programa habitacional que les brinda
el Banco de Previsión Social y del cual son parte, en donde
pretenden no ser meros receptores pasivos, sino que buscan,
solicitan y reclaman mayor involucramiento de los organis-
mos públicos, en el que se tengan en cuentas las diversas si-
tuaciones de vejez.
Por su parte, el aislamiento social coloca miedos, inquietudes
e incertidumbres, retorna al individualismo, deja en eviden-
cia y en un lugar de subordinación a aquellos viejos y viejas
que no cuentan con capitales sólidos, que no tienen redes so-
ciales capaces de brindarle los apoyos necesarios. Responsa-
biliza a los sujetos particulares y desresponsabiliza al Estado
y a las sociedades.
La pandemia, por lo tanto, vuelve a dejar en evidencia las
desigualdades generacionales existentes y los imaginarios
140
sociales negativos que se asocian a la vejez. Una vejez que
pareciera ser homogénea, pasiva, sin proyecciones a futuro,
sin deseos ni necesidades, y sobre todo sin voz.
En el estudio llevado a cabo y nuevamente aquí, se presenta
el desafío de poner en palabras los discursos de las viejas y
los viejos, de sus percepciones y reclamos, buscando trans-
mitirlas sin las mayores alteraciones posibles, desde un lugar
ético y de respeto, desde una profesión crítica hacia la reali-
dad y las posiciones desiguales en que se ubican a los sujetos
y que se encuentran marcadas y jerarquizadas por relaciones
de poder.
A pesar que el estudio presentó la dificultad de ser realizado
en pleno auge de la pandemia y, por lo tanto, en el momen-
to en donde la medida de confinamiento parecía ser más es-
tricta, los viejos y las viejas abrieron sus puertas para que la
investigación pudiese ser realizada. Quizás por el hecho de
encontrarse aislados, en el que muchos/as no habían tenido
contacto con otros/as por un largo tiempo, o quizás también
por encontrar una oportunidad de expresar sus posturas, sus
críticas y reclamos, por entender que el espacio era de ellos
y de ellas.
Estudiar la vida cotidiana para el Trabajo Social no redunda
únicamente en la intervención profesional, sino que pensarla
y problematizarla contribuye para la comprensión de la rea-
lidad social, para que las/os trabajadoras/es sociales brinden
las herramientas necesarias para que los sujetos con los que
se trabaja puedan objetivarse y entenderse como parte de la
realidad social no solo en su reproducción, sino también en
la producción de la misma.
141
A su vez, continúa siendo un desafío profesional evidenciar las
desigualdades sociales existentes, trabajar críticamente para
construir un campo gerontológico donde se tengan en cuenta
las necesidades, deseos e inquietudes de los/as protagonistas,
en el que sus voces sean escuchadas y tenidas en cuenta, bus-
cando romper las relaciones de poder existentes allí.
Finalmente, en momentos donde la individualidad y la res-
ponsabilidad pública pareciera recaer sobre los sujetos par-
ticulares, es necesario, desde esta posición ética del Trabajo
Social, cuestionarlo, criticarlo y evidenciarlo, para reclamar,
mediante los fundamentos teórico y metodológicos que la
profesión tiene, que el Estado garantice los derechos de los/
as ciudadanos/as.
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Fuentes documentales
144
Vejez en pandemia: Nuevas formas de
encuentro y participación
Resumen
En el mes de marzo del año 2020 en Uruguay se declaró la
emergencia sanitaria por el virus COVID-19. A raíz de ello,
desde el gobierno se tomaron medidas de prevención, desta-
cando entre las mismas el aislamiento y el distanciamiento
social. Asimismo, dichas medidas tuvieron una fuerte reper-
cusión a nivel económico, político, cultural y social, resaltan-
do la incertidumbre como sentimiento compartido.
En este contexto, se declaró a las personas mayores como “po-
blación de riesgo”, teniendo que reorganizar su vida cotidiana
en relación a esta nueva coyuntura, entre otros cuidados, tu-
vieron que mantenerse resguardados en sus respectivos ho-
gares dejando de asistir a diferentes espacios de encuentros
presenciales.
145
A través del presente artículo se pretende dar conocimiento
de cómo las personas mayores vivieron y experimentaron di-
cho contexto, específicamente evidenciando el impacto que
tuvo el cambio de la presencialidad a la virtualidad en la par-
ticipación y en los procesos de envejecimiento activo, en el
grupo de Educación Física “Vamos por Más”, de Paso de la
Arena, Montevideo, que trabaja presencialmente desde hace
aproximadamente 20 años.
Palabras Claves: vejez y envejecimiento, participación, “nueva
normalidad”, virtualidad
Introducción
A partir de la emergencia sanitaria por el virus COVID-19 en
el año 2020, la vida cotidiana de todas las personas cambió de
forma rotunda. Esta emergencia trajo consigo consecuencias,
causando que la mayor parte de las actividades cotidianas,
como las educativas, laborales, recreativas, entre otras, se de-
tuvieran y/o comenzaran a organizarse de otra manera. Fue
así, que la virtualidad tomó un rol central para realizar estas y
otras actividades que se acostumbraban a llevar a cabo desde
la presencialidad, por lo que se convirtió en la protagonista
de esta pandemia.
En cuanto a la población con el que se trabajó en la realización
de esta investigación39 , se trata de un grupo de Educación Fí-
sica compuesto por personas mayores llamado “Vamos por
más”, perteneciente al barrio de Paso de la Arena, Montevi-
146
deo, situado en el Centro Comunal Zonal 18, Municipio A,
previamente las clases eran dictadas dos veces por semana
en el Centro Cultural Julia Arévalo, mientras que el periodo
de confinamiento se utilizaron diferentes canales virtuales,
como WhatsApp, Facebook live y Youtube, e incluso a través
de un programa de televisión llamado “En movimiento” emi-
tido por TV Ciudad.
El grupo forma parte del Programa de Personas Mayores, de
la Secretaría de Educación Física, Deportes y Recreación de
la Intendencia de Montevideo, el cual tiene “el fin de ampliar
el derecho a la práctica de la actividad física, fortaleciendo la
participación ciudadana organizada, la integración y la inclu-
sión social, con la consecuente mejora de la calidad de vida
de la ciudadanía.” (Secretaría de Educación Física, Deportes y
Recreación, 2021, Intendencia de Montevideo, párr.1). Como
otro objetivo, este programa “plantea incentivar la creación
de espacios para la expresión artística, de encuentros, de
sensibilización, capacitación y aprendizaje destinados a es-
tas personas, con el fin de evitar la discriminación y aquellos
factores que puedan influir negativamente en su calidad de
vida.” (Pacheco 2021, p.25)
“Vamos por Más” está constituido desde hace aproximada-
mente 20 años, y cuenta con alrededor de 60 integrantes,
mayoritariamente mujeres, entre sesenta y cinco y ochenta
y cinco años de edad. La característica más visible del grupo
es una amplia participación social, un ejemplo de ello es la
constante asistencia de sus integrantes a diferentes activida-
des recreativas, viajes, eventos y festejos, tanto dentro como
fuera del horario de las clases de educación física, lo que hace
que la participación social y el grupo en sí tome un carácter
147
positivo y beneficios en el día a día de estas personas mayores.
(Sistematización de la práctica pre profesional 2019-2020)
A raíz de lo expuesto anteriormente, el objetivo principal del
estudio de caso fue conocer, indagar y visibilizar cómo vi-
vieron las personas mayores el cambio de la presencialidad
a la virtualidad en la participación en el grupo de Educación
Física de “Vamos por Más”, en el periodo 2020-2021.
La metodología implementada fue de corte cualitativo, dado
a la posibilidad de flexibilidad que le brinda al investigador,
sin encasillarlo en su idea preliminar. (Quintana y Montgo-
mery, 2006). Para la recolección de la información se reali-
zaron diez entrevistas semi estructuradas por vía telefónica,
respetando el protocolo sanitario. Este tipo de entrevistas se-
gún Batthyány y Cabrera (2011) son técnicas conversaciona-
les provocadas y guiadas por el entrevistador con preguntas
flexibles y no estandarizadas.
Para lograr una mayor comprensión y organización del pre-
sente artículo, se lo divide en cinco apartados. En primer lu-
gar, se plantea lo entendido por vejez y envejecimiento en
base a diferentes autores que exponen en una misma línea, a
su vez, se da cuenta de los mitos y prejuicios que se han crea-
do en torno a esta etapa de la vida. En el siguiente apartado
se explica lo entendido por participación social en la vejez,
la implicancia de las redes sociales para estas personas y su
relación con los procesos de envejecimiento activo.
En el tercer apartado, se contextualiza la pandemia por el vi-
rus COVID-19, y se plantean las principales repercusiones
de la misma en la sociedad, y específicamente en las personas
mayores.
148
En el cuarto apartado, se expone el análisis de entrevistas en
relación a la participación de las personas mayores en el gru-
po de “Vamos por Más” y las consecuencias de la pandemia
sobre ello, vinculado a la participación virtual.
Para finalizar, se realizan reflexiones finales que surgen a par-
tir de la investigación, en relación a aportes del Trabajo So-
cial.
Vejez y envejecimiento
Según Huenchuan y Rodríguez-Piñero (2010) la vejez y el
envejecimiento son procesos multifacéticos, que van más allá
que solo la edad de calendario, puesto que comprende aspec-
tos tanto sociales, como culturales y fisiológicos.
En una misma línea, Ludi (2011) explica que la vejez “com-
prende diferentes aspectos: físico-biológico-psicológico-so-
cial y emocional, constituyéndose en una experiencia única
en relación a estos aspectos y dimensiones.” (p.39). La autora
contempla que en los diferentes procesos de envejecimiento
existen aspectos en común, en cambio, no quiere decir que
se experimente y se viva de igual forma para todos, puesto
que cada proceso será transitado con significaciones y senti-
dos diferentes, en relación a los distintos contextos sociales,
económicos, políticos y culturales en los que se encuentren
inmersos. De este modo, no existe una única forma de vivir
y/o comprender la vejez.
Para Sánchez (2000) el envejecer es un fenómeno natural, es
parte de la vida y sucede desde el nacimiento, entiende al en-
vejecimiento “como un proceso natural, gradual, de cambios
149
y transformaciones a nivel biológico, psicológico y social, que
ocurren a través del tiempo.” (p.67). A su vez, la autora plan-
tea que “La vejez es un hecho biológico y una construcción
social.” (p.37), donde se experimentan numerosos cambios,
los cuales se derivan y están determinados por el ambiente
social y cultural en el que se encuentran las personas ma-
yores, lo que a su vez determinará un nuevo estrato social
para las mismas, que funciona como un marcador social que
designa privilegios, derechos, y expectativas para esta edad.
De igual forma, para la autora es relevante tener en cuenta
que existen otros elementos que influyen en las formas de
envejecer, como los estilos de vida, la cultura, los adelantos
médicos, entre otros factores.
Es preciso señalar que existe un marco normativo interame-
ricano denominado “Convención Interamericana sobre la
Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayo-
res” proclamada en el año 2015, que entiende a la vejez como
“Proceso gradual que se desarrolla durante el curso de vida y
que conlleva cambios biológicos, fisiológicos, psico-sociales
y funcionales de variadas consecuencias, las cuales se asocian
con interacciones dinámicas y permanentes entre el sujeto y
su medio.” (Artículo 2, párr.25).
Si bien, como se explicó en líneas anteriores, la vejez y el enve-
jecimiento son procesos particulares, complejos y naturales,
la sociedad ha construido en torno a ello mitos y prejuicios
“vinculados, principalmente, a los cambios físicos, biológicos
y cognitivos, pero también sociales, participativos e incluso
vinculados al aprendizaje” (Pacheco 2021, p.13), creando una
representación social negativa de la vejez. Como explica Sán-
chez (2000) “La persona anciana padece de discriminación,
150
segregación, opresión y a veces exclusión de la sociedad, del
estado y no es raro, hasta de sus propios familiares.” (p.41).
Se crean estereotipos y prejuicios de la vejez que la tienden a
vincular con la decadencia, la dependencia, la soledad y en-
fermedad, lo que causa miedo y rechazo a vivirla, incluso por
las propias personas mayores, existe el temor a ser y sentirse
viejo. Como menciona Ludi (2005) “La vejez asusta, provoca
angustia; la vejez parece un secreto vergonzoso; la vejez es un
tema conflictivo, genera muchas desventajas, enfermedades,
la vejez remite a la muerte” (p.20). Si bien, en la vejez se pue-
de vivenciar una disminución en las capacidades cognitivas,
sensoriales y físicas, esto no quiere decir que conlleve a situa-
ciones de dependencia, de enfermedad o a la muerte.
Sánchez (2000) explica que existen diferentes mitos vincu-
lados a la vejez y al envejecimiento. Como es el “mito de la
inutilidad”, donde cada persona vale por lo que produce en
el mercado laboral, como las personas mayores no forman
parte del mismo por su retiro pasan a ser vistas como perso-
nas pasivas, inactivas, incapaces de producir, perdiendo “va-
lor” para el mercado y para la sociedad, resaltando la idea de
cuerpo joven “útil” y cuerpo viejo “inútil”.
Otro mito es el vinculado a la poca creatividad e incapacidad
para aprender de las personas mayores, se entiende que en
esta etapa de la vida es más dificultoso aprender y capacitarse,
asociando puramente al aprendizaje con la vida productiva.
De esta forma, se ha construido y asumido estereotipos de
la vejez y el envejecimiento, “que los hacen sinónimo de pa-
sividad, dependencia, reposo, quietud, enfermedad y déficit
de capacidades, que coloca a las personas mayores lejos de
151
los ámbitos participativos, activos y de toma de decisiones”
(Pacheco 2021, p.15), lo que conlleva que se entienda como
una etapa de la vida no deseada y muchas veces temida, que
puede ocasionar en algunas personas mayores un limitado
ejercicio de su libertad y derechos.
152
En una misma línea, Ludi (2013) explica que la creación de
espacios para la participación, esparcimiento, encuentros y
aprendizaje de las personas mayores son sumamente necesa-
rios en su vida y en sus procesos de envejecimiento, debido a
que estos espacios cumplen una función de apoyo y les per-
mite su involucramiento con los otros y con el medio.
En relación a lo expuesto, la Convención Interamericana so-
bre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas
Mayores (2015) expone en el Artículo 8 que “La persona ma-
yor tiene derecho a la participación activa, productiva, plena
y efectiva dentro de la familia, la comunidad y la sociedad
para su integración en todas ellas.” (párr.55).
Previo a continuar, cabe destacar que cuando se habla de ca-
lidad de vida se la piensa como una definición integradora.
Según Ardila (2003) se la debe pensar así porque toma tanto
aspectos subjetivos como objetivos que hacen a las personas, es
decir, aquellos elementos que componen lo más íntimo de los
individuos junto a los factores externos de los mismos, hacien-
do referencia a la relación con el ambiente y la comunidad, son
igual de importantes para construir dicha categoría.
Por otro lado, la participación social contribuye a la creación
de redes sociales, las cuales son de gran relevancia para la
mejora de la calidad de vida y salud de las personas mayores.
Se entiende a las redes sociales como aquellas “construccio-
nes permanentes tanto individuales como colectivas, impli-
can intercambios dinámicos y apelan a la reciprocidad de
quienes pertenecen a ella, permiten potenciar los recursos
que poseen y la creación de alternativas novedosas para la
153
resolución de problemas” (Pacheco 2021, p.18), en busca de
un bien común.
Como se mencionó, la participación social es ampliamente
positiva para las personas mayores y su calidad de vida, ade-
más de que representa uno de los componentes que contri-
buyen a los procesos de envejecimiento activo. Según Ludi
(2013) este se refiere a “la optimización de las oportunidades
de bienestar físico, social y mental; de participación y seguri-
dad; con el objetivo de ampliar la esperanza de vida saluda-
ble, la productividad y mejorar la calidad de vida.” (p.4), con
el propósito de lograr una mayor autonomía e independencia
en sus propias decisiones y en su forma de vivir.
En resumen, la participación social contribuye a que las per-
sonas mayores vivan de forma activa, tomen decisiones, ge-
neren redes sociales y se involucren, favoreciendo a su bien-
estar psicológico, emocional, físico y social, que permite vivir
la vejez desde la productividad, autonomía e independencia,
promoviendo una mejor y más saludable calidad de vida.
154
fiebre, tos y dificultades para respirar, en los casos más graves
puede causar la muerte. Cómo se propaga tras el contacto di-
recto de persona a persona, dentro de las medidas para evitar
su contagio se sugiere a la población mantener la distancia
social y evitar aglomeraciones, estableciendo el slogan “Qué-
date en casa”, acompañado de un protocolo de higiene.
Si bien, el virus afecta a personas de todas las edades, las
personas mayores junto a aquellas personas con patologías
médicas preexistentes, tienden a ser más vulnerables a enfer-
marse de forma severa, por esta razón se los denominó como
“población de riesgo”. (CEPAL, 2020).
A raíz de estas medidas de prevención, por un lado se lo-
gra cuidar a las personas mayores, pero por otro implica que
surjan nuevos riesgos, como explica Huenchuan (2020) el
envejecimiento y las condiciones de salud hacen que estas
personas estén en riesgo, pero la soledad como emoción y
el aislamiento pueden tener un fuerte e importante impacto
sobre estas personas y en los procesos de recuperación ante
dicho virus, de manera que no solo se pone en juego y afecta
a la salud física, sino que también la emocional y mental.
Por esta razón, la autora “recomienda que las medidas de dis-
tanciamiento social sean aplicadas de manera cuidadosa en
las personas mayores, puesto que podrían tener consecuen-
cias negativas sobre sus vidas, con la posibilidad de acentuar
situaciones preexistentes al virus.” (Pacheco 2021, p.22).
En una misma línea, la OMS (2020) plantea que es necesario
“garantizar que las personas mayores sean protegidas de CO-
VID-19 sin estar aisladas, estigmatizadas, dejadas en una si-
155
tuación de mayor vulnerabilidad o sin poder acceder a las dis-
posiciones básicas y a la atención social”. (CEPAL, 2020, p.9).
Antes de continuar es preciso aclarar, que si bien aislamiento
social y soledad tienden a entenderse como conceptos simi-
lares refieren a cosas distintas, según Gené-Badia et al (2016)
la soledad “es la sensación subjetiva de tener menor afecto y
cercanía de lo deseado en el ámbito íntimo (soledad emocio-
nal), de experimentar poca proximidad a familiares y amigos
(soledad relacional) o de sentirse socialmente poco valorado
(soledad colectiva)” (p.605), mientras que el aislamiento so-
cial es una situación objetiva, en donde se tiene un menor
contacto ya sea con familiares o amigos. Por lo cual, se puede
estar aislado socialmente sin la necesidad de sentirse solo.
En relación a lo desarrollado, en el trabajo de Araujo, Denevi
y Urtubey (2020) se plantea como algunas de las medidas de
prevención para el cuidado de las personas mayores resultaron
en la estigmatización de esta población, debido a que se los
tomó como mero objeto de cuidado, donde otros fueron quie-
nes decidieron lo “correcto” para ellos. Un ejemplo de esto, es
la carga que representa para las personas mayores ser identifi-
cadas como población de riesgo, es decir, el tomar la decisión
de que tienen que permanecer en sus hogares aislados de fami-
lia y amigos sin consultarles, ni escuchar su opinión, los fue co-
locando, de cierta manera, en una posición de vulnerabilidad.
“lo que conlleva que las personas mayores vivan la pandemia y
el distanciamiento social, como algo más allá que solo un virus
y una enfermedad.” (Pacheco 2021, p.22).
En relación a ello, Scribano (2020) plantea que el virus trajo
consigo diferentes modificaciones que afectan a la sociedad.
156
Una de las que identifica, es que este virus ha despertado en
la población miedos, como el de contagiar o tocar a otros, ge-
nerando cambios en las prácticas de conexión como el beso
y el abrazo en el saludo, lo que implica grandes modifica-
ciones en las normas de convivencia, gestos y expresiones.
Del mismo modo este autor plantea que han surgido expre-
siones de estigma y discriminación frente aquellas personas
que presentan síntomas, a los asintomáticos e incluso a los
recuperados.
Otro gran cambio que este autor visualiza, es el rol central
que toman las aplicaciones de comunicación y las redes so-
ciales en este contexto, “Sin duda esta es una pandemia vivi-
da en, por y a través de las redes sociales” (Scribano, 2020,
p.62). Las aplicaciones como WhatsApp, Instagram, Tik Tok
y Zoom, entre otras, pasaron de ser simplemente para el en-
tretenimiento y la información, a abarcar la totalidad de la
vida de los sujetos, convirtiéndose en los nuevos y más habi-
tuales medios de interacción social. Los cuales permitieron
que aquellas personas que se encontraban en confinamiento
salieran, se conectarán con otros y participarán en diferen-
tes actividades sin tener que dejar sus hogares, “yo-tú-él-no-
sotros nos encontramos, nos alegramos, nos enojamos, nos
enamoramos, somos solidarios, degustamos, compramos,
protestamos y apoyamos por, en y a través de las aplicacio-
nes.” (Scribano, 2020, p.62).
De esta manera, la pandemia y sus respectivos protocolos,
afectaron y generaron grandes modificaciones en las formas
de comunicación y en la conectividad, en la organización del
trabajo, en la educación, en las familias, en las formas de re-
creación y en la participación, entre otras áreas. Fue a raíz de
157
estas situaciones y la constante incertidumbre que predomi-
nó en este contexto que se le denominó como “nueva norma-
lidad”.
Cabe destacar, desde lo planteado por Scribano (2020), que
la pandemia también reveló situaciones de desigualdad, dejó
en evidencia como millones de personas aún trabajan desde
la informalidad, con malas remuneraciones, sin protecciones
ni seguros sociales, y como muchos dependen del consumo
de los otros para vivir, la pandemia fue una “excusa perfec-
ta” para visibilizar aquellas formas de vida que la sociedad se
estaba normalizando. “La pandemia ha dejado ver lo que era
obvio que eran sociedades basadas en la desigualdad” (p.65).
Para cerrar, a modo de reflexión, pensar al virus COVID-19
como una simple enfermedad que afecta lo biológico y que
se cura solamente con indicaciones médicas es detenerse en
lo superficial de sus consecuencias, puesto que dicho virus
debe ser entendido desde un entramado de dimensiones que
abarca desde lo físico hasta lo psicológico, emocional y social
de las personas.
158
su vez, cabe destacar que cinco de estas diez, plantearon estar
jubilados/as.
En primer lugar, se destaca que todas las personas entrevis-
tadas tenían una misma opinión sobre qué significaba para
ellos participar en el grupo en cuestión, puesto que todos
dirigieron su respuesta en un mismo sentido, destacando la
gran relevancia que tiene para sus vidas ser parte del grupo
de “Vamos por Más”. En dicho grupo no solo están presente
aspectos vinculados con lo físico, sino que también, están in-
volucrados elementos psicológicos, emocionales y sociales. A
su vez, dichos aspectos son entendidos como los principales
motivos de interés que los llevaron a formar parte del grupo.
En relación a lo expuesto, varios de los y las entrevistados/as
mencionaron que contaban con un nuevo tiempo libre vin-
culado al retiro del mercado laboral y el paso a la jubilación,
por lo que buscaban invertirlo en actividades saludables y
beneficiosas para ellos/as, encontrando en el grupo esta posi-
bilidad, además de que el mismo articula la actividad física y
otras cuestiones que hacen a su vida social.
En cuanto a los aspectos más físicos de las clases de Educa-
ción Física, parte de los y las entrevistadas mencionaron que
presentan disminución de la movilidad de sus cuerpos vincu-
lado a la edad, destacando que las clases les permite sobrelle-
var de mejor manera esas dolencias y los ayudaba a sentirse
bien. Como explican Rodríguez, García y Luje (2009) la acti-
vidad física en las personas mayores “contribuye a mejorar la
flexibilidad, fuerza, coordinación y equilibrio, las cuales pro-
pician una mayor estabilidad en su postura corporal, permi-
tiendo así una fuerza que permite soportar su propio cuerpo
159
y evita posibles caídas que podrían generar una lesión severa”
(p.25), además, la actividad física les permite tener una mejor
condición física, fomenta la integración social y contribuye a
mejorar su autoestima, por lo que mejora su calidad de vida.
Con respecto al rol docente, los y las entrevistados/as hicie-
ron énfasis en la importancia de que las clases sean progra-
madas para personas de su edad, y con la flexibilidad que se
les brinda para realizar los ejercicios, pudiendo manifestar
sus límites en relación a los mismos y que estos sean respeta-
dos, lo cual genera un espacio seguro y de confianza, que los
impulsa a continuar participando.
Es preciso destacar, que para estas personas el grupo de “Vamos
por Más” trasciende el simple hecho de asistir a clases de educa-
ción física, ya que muchos/as manifestaron que han construido
un espacio de encuentro, escucha y apoyo, donde comparten,
interactúan y conocen a otras personas de su misma edad, in-
cluso es considerado como un lugar de escape y distracción, que
para algunos se convierte en un refugio y sostén.
A través de distintas actividades como festejos, salidas y re-
uniones los y las integrantes fueron entablando relaciones de
compañerismo y amistad, lo que les permitió establecer lazos
sociales y construir entre ellos/as redes sociales de apoyo y
contención, favoreciendo la consolidación de un grupo unido.
160
las medidas implementadas para evitar el contagio del virus
COVID-19 y qué piensan sobre la participación virtual.
En un principio, cinco de los diez entrevistados/as manifes-
taron de forma explícita sentir miedo a contagiarse del virus
o que un familiar lo haga. Cabe recordar que las personas
mayores fueron declaradas como población de riesgo, lo que
refuerza aún más dicho temor.
En relación a las medidas de prevención, todos/as los/as en-
trevistados/as manifestaron estar de acuerdo e implementar
dichas medidas, en especial el distanciamiento y aislamiento
social, sin embargo, dentro de esta conformidad hubo opi-
niones diferentes, por un lado, estaban quienes consideraban
que las medidas no eran aplicadas de formas justa y equitati-
va para toda la sociedad, y por otro lado quienes manifesta-
ron que dichas medidas tendrían que ser aplicadas de forma
más rigurosa.
En cuanto a la pandemia, el distanciamiento y aislamiento
social, los/as entrevistados/as expresaron sentir como este
nuevo escenario modificó de gran manera su día a día, des-
tacando que mantener el confinamiento, reducir sus interac-
ciones cara a cara y dejar de lado sus actividades cotidianas
fue lo que mayor impacto tuvo tanto a nivel físico, como psi-
cológico y emocional.
Teniendo para algunos/as de los/as entrevistados/as efectos
desfavorables, causando sentimientos de angustia, tristeza y
falta de libertad. De igual manera, algunos de ellos y ellas
consideraban estar, de cierto modo, acostumbrándose a vivir
según el protocolo por el tiempo transcurrido desde que ini-
ció la pandemia.
161
Como se ha mencionado, el grupo de “Vamos por Más” se
caracteriza por ser un grupo que busca constantemente es-
tar activo, y la pandemia no fue impedimento para que lo
siguieran siendo, algunos/as de los/as entrevistados/as mani-
festaron buscar actividades para mantenerse ocupados en el
confinamiento. Y en muchos de los casos lo hicieron a través
de los diferentes canales virtuales.
En cuanto a la participación virtual, los y las entrevistados/
as tuvieron opiniones similares, puesto que todos/as consi-
deraron que el uso de Whatsapp, Facebook, Tv Ciudad, entre
otros canales virtuales, fueron herramientas de gran ayuda
para mantenerse distraídos y en contacto con otras personas,
y así poder sobrellevar y adaptarse a esta nueva coyuntura.
Como explica Dornell (2020) “la virtualidad, (...) posibilitó
un nuevo y original lugar de encuentro, generando dispositi-
vos de contención, como redes de apoyo, que permitieron el
acompañamiento y acercamiento desde la distancia” (p.15),
en relación a las personas mayores, estos dispositivos logra-
ron sostener los vacíos emocionales que causó el distancia-
miento físico y social.
Si bien, para algunas personas fue dificultoso adaptarse al
uso de estas tecnologías, ninguna presentó algún tipo de re-
chazo hacia las mismas, incluso solicitaron ayuda y buscaron
formas de aprender a utilizarlas. Estas posturas tomadas per-
miten discutir uno de los mitos presentados con anteriori-
dad, denominado como “poca creatividad e incapacidad para
aprender” (Sánchez, 2000.p.72).
Muchos y muchas de los entrevistado/as encontraron aspec-
tos positivos en la virtualidad, como poder comunicarse a
162
la distancia, ver a familiares y amigos/as del exterior, asistir
a clases por Zoom, entre otras cosas, sin embargo, todas las
personas entrevistadas coincidieron que la virtualidad no lo-
gra reemplazar lo enriquecedor de la presencialidad, que la
aceptan como una modalidad temporal pero no como una
opción permanente. Lo que llevó a que expresaran extrañar
la interacción cara a cara y el poder asistir de forma presen-
cial a diferentes actividades, y entre ellas a las clases de edu-
cación física con el grupo de “Vamos por Más”.
Reflexiones finales
En este apartado se expondrán las reflexiones finales a las cua-
les se llegó luego del proceso de investigación. Las reflexio-
nes presentadas corresponden a los objetivos de los cuales se
partió, teniendo en cuenta que el objetivo general pretendía
analizar cómo vivieron las personas mayores el cambio de la
presencialidad a la virtualidad en la participación en el grupo
de Educación Física de “Vamos por Más”.
En un principio, cabe señalar que la vejez y el envejecimiento
son procesos que toda persona experimentará desde su parti-
cularidad y complejidad, en relación a los diferentes contextos
sociales, económicos, políticos y culturales, y a aquellos aspec-
tos físicos, psicológicos y emocionales. Cómo se desarrolló en
el documento, en torno a la vejez se han construido estereoti-
pos, mitos y prejuicios que hace a esta etapa de la vida sinóni-
mo de pasividad, inactividad y dependencia, haciendo creer
desde esta mirada que se trata de una población que carece
de interés en participar socialmente y generar opinión, lo que
hace que la vejez tome un sentido totalmente negativo.
163
Es a raíz de ello, que con el presente trabajo se pretendió po-
sicionarse desde otra perspectiva sobre la vejez y el envejeci-
miento, partiendo del concepto de envejecimiento activo en
relación a la mejora de la calidad de vida de estas personas.
Una perspectiva que tome a las personas mayores como suje-
tos autónomos, independientes y activos, es sí, como sujetos
de derechos que son.
El grupo de Educación Física de “Vamos por Más”, pertene-
ciente al Programa de Personas Mayores, de la Secretaría de
Educación Física, Deportes y Recreación de la Intendencia
de Montevideo, se conformó hace aproximadamente 20 años,
asisten alrededor de 60 integrantes, entre sesenta y cinco y
ochenta y cinco años de edad, con una fuerte presencia fe-
menina, constituyéndose como un grupo unido y con una
amplia participación social.
Siguiendo los relatos de los/as entrevistados/as, su decisión
de participación se encuentra asociada principalmente a dos
razones, una por la relevancia que tiene la actividad física
para su salud y calidad de vida, y dos por la impronta so-
cial que les posibilita el grupo, es decir, en este espacio logra
distraerse, entretenerse, relacionarse e integrarse con otras
personas de su misma edad, generando relaciones de amis-
tad y/o compañerismo, lo que también favorece a mejorar su
calidad de vida.
Como se mencionó, para estas personas participar en el gru-
po es de suma relevancia, se trata de un espacio donde pueden
mejorar y mantener su condición física pero también pueden
socializar, compartir y relacionarse con otros, lo cual tiene
efectos positivos sobre su bienestar psicológico y emocional.
164
Cabe destacar, que los encuentros entre los integrantes del
grupo trascienden el horario de clase, puesto que muchos/
as manifestaron reunirse para festejos, salidas y otras activi-
dades, lo que posibilita que muchos de ellos/as establezcan
relaciones de compañerismo y amistad, construyendo redes
sociales.
De este modo, el grupo de “Vamos por Más” se convierte en
un espacio de apoyo, contención, integración y disfrute, don-
de las personas mayores se sienten seguras y acompañadas, lo
que promueve considerablemente procesos de envejecimien-
to activo. Problematizando el mito sobre la pasividad de las
personas mayores, los/as entrevistados/as manifestaron en
varias ocasiones que participan en diferentes actividades, con
el fin de ocupar su tiempo libre, mantenerse activos, poder
distraerse y conocer a más personas.
Por otro lado, en cuanto al contexto de pandemia y sus pro-
tocolos de prevención, los/as entrevistados/as manifestaron
que su vida cambió rotundamente, teniendo que modificar
y adecuar sus rutinas a este nuevo escenario. El sentimiento
de incertidumbre, la pérdida de la presencialidad, el confina-
miento, el estar aislado, entre otros factores, como problemas
de económicos y de salud, pérdida de familiares, amigos/as
y/o vecinos/as -que si bien no fueron desarrollados en el tra-
bajo se conoce su existencia- tuvieron un fuerte impacto en
estas personas, tanto a nivel físico, como psicológico y emo-
cional, lo que influyó negativamente en su salud, en su cali-
dad de vida y en los procesos de envejecimiento activo.
Es necesario señalar, que al haber transcurrido más de un
año desde que inició la pandemia, algunos/as de los/as entre-
165
vistados/as plantearon que lograron adaptarse a esta “nueva
normalidad”, logrando interiorizar las medidas de preven-
ción como parte de su cotidianidad.
Si bien, todos y todas manifestaron estar de acuerdo con el
protocolo sanitario, el mantener el confinamiento fue para
ellos y ellas lo más difícil de sobrellevar, puesto que el extra-
ñar a sus seres queridos fue lo que más los afectó, expresando
sentimientos de angustia, tristeza y pérdida de motivación,
lo que implica un impacto negativo sobre su calidad de vida.
Sin embargo, destacaron que la presencia de los diferentes
dispositivos de comunicación contribuyó a que no se sintie-
ran solos y solas, demostrando que el estar aislado social-
mente no implica soledad.
A raíz de la emergencia sanitaria, las clases de Educación
Física se llevaron a cabo a través de los diferentes canales
virtuales, lo que posibilitó continuar con la participación y
motivar la comunicación constante entre los y las integrantes
del grupo, apaciguando, de cierta forma, las consecuencias
de la pandemia. Los y las participantes del grupo no nega-
ron el uso de estos canales virtuales y buscaron aprender a
utilizarlos, puesto que significó una forma de escape al con-
finamiento, sin embargo, para ellos y ellas no reemplazan lo
beneficiosos de la presencialidad.
Estas actitudes, permiten problematizar y debatir otro de los
mitos y prejuicios presentados en este trabajo, debido a que
estas personas no tomaron una posición pasiva frente a las
contingencias que se le presentaron.
Es importante tener en cuenta, que estos procesos que vivie-
ron las personas mayores, los hicieron estando acompañados
166
por otros/as, sean familiares, amigos/as, vecinos/as y/o los
profesionales que acompañaban al grupo, donde muchos/as
hicieron énfasis que el estar acompañados alivianó, de cierta
forma, las consecuencias negativas de la pandemia y sus pro-
tocolos, lo que evidencia la relevancia de las redes sociales en
la vejez.
En relación a ello, y a medida en que se iba desarrollando el
trabajo, surgieron interrogantes, como por ejemplo, qué pasó
con aquellos grupos de personas mayores donde la participa-
ción virtual no fue una opción o no pudo ser utilizadas por
las personas.
Cómo se desarrolló en el documento la necesidad de la es-
cucha activa y del acompañamiento en las personas mayores
estuvo presente constantemente, por lo cual la intervención,
en esta oportunidad, de los estudiantes de Trabajo Social fue
fundamental para que estas personas pudieran sobrellevar el
nuevo escenario. Lo que también implica desde el rol profe-
sional afrontar y adaptarse a las nuevas realidades, creando
nuevas estrategias que permitan intervenir en pos de garan-
tizar los derechos de las personas.
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Fuentes documentales
169
“Quédate en casa”: ¿Es posible en quienes viven
un envejecimiento activo?
El envejecimiento activo y los efectos de la
exhortación a: “Quedarse en casa”, en la vida
cotidiana de las personas mayores. Que residen en
San José de Mayo.
Resumen
El siguiente artículo tiene como objetivo general contribuir
al conocimiento de los efectos generados por la exhortación
a: “Quedarse en casa” en las personas mayores que viven un
envejecimiento activo, en San José de Mayo, Uruguay.
La población objetivo elegida para llevar adelante dicho es-
tudio fueron las personas mayores de la ciudad de San José
de Mayo, que viven su envejecimiento de forma activa y se
encuentren inscriptas en la Asociación de Jubilados y Pensio-
nistas realizando diversos talleres en ella.
171
El tema surge debido al interés personal de quien escribe,
quien buscó indagar sobre cómo el contexto de Pandemia
por Covid-19, que comenzó a finales del año 2019 en el mun-
do, pero afectó a Uruguay a comienzos del año 2020, impac-
to en la vida cotidiana de las personas mayores que viven y
asisten con regularidad a las actividades impartidas por la
Asociación de Jubilados y Pensionistas de San José de Mayo.
En el presente artículo se busca evidenciar los aspectos más
relevantes obtenidos a partir de un estudio cualitativo reali-
zado en el contexto de pandemia, dicho estudio fue realizado
en el marco de la Monografía Final de Grado de la Licencia-
tura en Trabajo Social.
Palabras Claves: Vejez, Envejecimiento Activo, Vida Cotidia-
na, Vivienda-Hogar, pandemia
Introducción
El año 2020 se vio atravesado por el descubrimiento de una
nueva especie de Coronavirus, más específicamente Co-
vid-19 siendo: “La COVID-19 (...) enfermedad causada por
un nuevo coronavirus que no había sido detectado en hu-
manos anteriormente.” (Organización Mundial de la Salud,
2020.p.1)
En lo referente a Uruguay, el día 13 de marzo de 2020, al de-
tectarse los primeros casos positivos, las autoridades decre-
taron el estado de emergencia nacional sanitaria (Decreto N°
93/020), por ello se comenzaron a tomar las primeras medidas
para afrontar la Pandemia, medidas que tienen como fin últi-
mo disminuir los contagios, se exhortó a la población a que-
172
darse en su casa, dicha exhortación estaba dirigida a quienes
tienen más de sesenta y cinco años de edad, o quienes tengan
más de sesenta, que posean patologías médicas previas como
diabetes, hipertensión, entre otras. (Dutruel,2021, p .7)
Es pertinente, contextualizar el país, el mismo al momento
de tomar las primeras medidas, transcurría por un Nivel Si-
tuacional 1, lo que llevó a que dichas medidas fueran de con-
trol, principalmente localizadas, exigiendo a las personas que
ingresaban a nuestro país, cuarentena obligatoria de 14 días,
exhortando a las personas a informarse sobre la evolución en
el número de contagios, reducir la movilidad, utilizar masca-
rillas -tapa bocas-, procurar distanciamiento entre personas
de un metro y medio, así como mantener una buena higiene
de manos y ventilación en los hogares. (Dutruel,2021, p .9)
La población objetivo del estudio, fueron las personas ma-
yores que viven su envejecimiento de forma activa, en San
José de Mayo, Uruguay, se optó por dicha población dado
que Uruguay es un país envejecido, por tanto, es pertinente
realizar estudios que evidencien cómo las personas mayo-
res; perciben las circunstancias por las que está atravesando
el mundo y en particular su país, así como identificar como
ellas repercuten en su cotidianidad.
Desde el comienzo de la pandemia, dicha población objeti-
vo, fue considerada como población de riesgo frente al Co-
vid-19, ya que hasta el momento en el mundo se evidenciaba
que la misma impacta más en quienes pertenecen a este gru-
po etario, por ello que:
Quienes serían considerados población de riesgo en contex-
to de Pandemia, según el Ministerio de Salud Pública en sus
173
Recomendaciones para las personas mayores con relación al
COVID-19, “Quedarse en casa: un ejercicio de autonomía,
autodeterminación y autocuidado de la salud.” Considera
como población de riesgo: (...) las personas adultas mayores
(65 años o más) y especialmente aquellas más frágiles, están
más predispuestas a contagiarse y a desarrollar formas más
graves y complicadas de la enfermedad. (Ministerio de Sa-
lud Pública, 2020, p.2)
Es por ello que se abordó el tema: “El envejecimiento activo y
los efectos de la exhortación a: “Quedarse en casa”, en la vida
cotidiana de las personas mayores. Que residen en San José
de Mayo (Uruguay).” (Dutruel,2021, p .4-5).
La investigación tuvo como objetivos específicos: Explorar
los efectos en la vida cotidiana, de la medida “Quédate en
casa”, en las personas mayores que viven un envejecimien-
to activo en San José de Mayo (Uruguay). Así como poder
identificar cambios en su vida cotidiana con la “nueva nor-
malidad”. E indagar la percepción de las personas mayores
sobre las medidas tomadas por las autoridades para lidiar
con la pandemia. (Dutruel,2021, p .9-10)
Para dar sustento teórico a la investigación se utilizaron las
categorías Vejez, Envejecimiento Activo, Vida cotidiana, Vi-
vienda y Hogar. Se realizó un estudio cualitativo, de carácter
exploratorio, ya que los mismos sirven para preparar el terre-
no cuando el tema a abordar es nuevo y/o hay pocos estudios
del mismo. Al momento de analizar los datos, se tomarán los
aportes brindados por los testimonios de quienes fueron en-
trevistadas.
174
Vejez y envejecimiento activo
Desde la perspectiva de María del Carmen Ludi (2013), en su
texto “Envejecimiento activo y participación social en secto-
res de pobreza”, se expresa que:
(...) la vejez se configura como una construcción socio-cul-
tural, sobredeterminada por dimensiones contextuales so-
cio-económico-político-culturales que atraviesan la vida
cotidiana; de allí que el envejecer sea un proceso particu-
lar y complejo, que comprende diferentes aspectos: físico-
biológico-psicológico-social y emocional, constituyéndose
en una experiencia única en relación a estos aspectos y di-
mensiones. (Ludi.2013, p.2)
Dicha definición de vejez deja en evidencia su complejidad,
no reduciéndose solo a su factor biológico, sino también rea-
firmando la importancia de entender a la vejez como un pro-
ceso multifactorial, en el cual intervienen factores sociales,
psicológicos, físicos, que van a ir configurando la forma de
vivir dicha etapa. Es por ello que el proceso de envejecimien-
to es un proceso único, en el que cada persona experimenta
e interioriza dichos factores de formas distintas. (Dutruel,
2021, p-21)
Por otro lado, haciendo foco en las características de la po-
blación objetivo, se entiende por envejecimiento activo, se-
gún Ludi (2013):
El envejecimiento activo aparece como un concepto supe-
rador, más abarcativo, ya que no se centra en aspectos sólo
ligados a la salud. Comprende entre sus premisas: la opti-
mización de las oportunidades de bienestar físico, social
175
y mental; de participación y seguridad; con el objetivo de
ampliar la esperanza de vida saludable, la productividad y
mejorar la calidad de vida. (p.4).
El enfoque de envejecimiento activo, busca que las personas
mayores logren vivir su vejez desde una participación activa
en la sociedad, dejando de lado, la idea, de que las personas
mayores sólo deben dedicarse a las labores domésticas o de
cuidado, dicho enfoque prioriza el relacionamiento con el
entorno como forma de lograr una mayor autonomía y par-
ticipación, considerándolo valioso para una mejor calidad de
vida en la vejez. (Dutruel, 2021, p. 22)
176
movilidad, evitando el avance de los contagios por Covid-19,
es por ello que se cree pertinente investigar como dicha ex-
hortación afectó o afecta la cotidianeidad de la población,
en particular de las personas mayores que viven su enveje-
cimiento de forma activa en la ciudad de San José de Mayo,
siempre tomando como referencia que antes de la Pandemia
las personas no tenían que acatar medidas de seguridad sani-
tarias de estas características, como el distanciamiento, per-
manecer dentro de su “burbuja”, burbuja quienes comparten
la vivienda-. (Dutruel,2021, p. 5)
177
Esto se debe a que: “(...) la vivienda en particular y el hábitat
en general, ocupan un lugar relevante. No se trata solamen-
te de lugares físicos, sino que, al ser habitados por personas,
adquieren significados sociales y sociológicos. (Giorgi, 1997.
p.30)
Planteo metodológico
El diseño metodológico utilizado fue de carácter cualitativo.
Dichos estudios según los aportes disponibles en la recopila-
ción de Vasilachis, la cual citando a Denzin y Lincoln (1994)
describen a este tipo de investigación como:
(...) multimetódica, naturalista e interpretativa. (...) se in-
daga en situaciones naturales, intentando dar sentido o in-
terpretar los fenómenos en los términos del significado que
las personas les otorgan. La investigación cualitativa abarca
el estudio, el uso y recolección de una variedad de materia-
les empíricos-estudio de caso, experiencia personal, intros-
pectiva, historia de vida, entrevistas, textos observaciona-
les, históricos, interaccionales y visuales- que describen los
momentos habituales y problemáticos y los significados en
la vida de los individuos. (Denzin y Lincoln citado en Vasi-
lachis, 2006, p.24-25)
Es de acuerdo a los objetivos de la investigación que se opta
por un estudio cualitativo, considerando que estamos ante
un fenómeno nuevo -la pandemia y sus efectos en la pobla-
ción- por lo que se optó por realizar un estudio exploratorio,
dado que:
178
Los estudios exploratorios sirven para preparar el terreno,
y generalmente anteceden a los otros tipos. Los estudios
exploratorios se efectúan, normalmente, cuando el objeti-
vo es examinar un tema o problema de investigación poco
estudiado o que no ha sido abordado antes. (Batthyàny y
Cabrera, 2011, p.33)
La técnica de investigación que se utilizó fue la entrevista,
la misma es pertinente dados los objetivos planteados en la
investigación, así como considerando la coyuntura por la que
está atravesando el país, de Pandemia por Covid-19, y bus-
cando cumplir con las recomendaciones de las autoridades
de no aglomeración, así como tratando de mantener la dis-
tancia entre personas de un metro y medio como mínimo.
Definiendo a:
la entrevista cualitativa como una conversación: a) provo-
cada por el entrevistador; b) realizada a sujetos selecciona-
dos a partir de un plan de investigación; e) en un número
considerable; d) que tiene una finalidad de tipo cognitivo;
e) guiada por el entrevistador; y, f) con un esquema de pre-
guntas flexible y no estandarizado. (Corbetta, 2007, p.344)
Las mismas se realizarán por medio de preguntas abiertas.
“La pregunta abierta es aquella que el entrevistador plantea
dejando libertad total al entrevistado para la formulación de
la respuesta (que el entrevistador transcribe íntegramente).”
(Corbetta, 2007, p.158)
179
Aportes desde los testimonios
Realizando el análisis de los datos obtenidos, se aclara que
las entrevistas fueron realizadas en distintos días y horarios,
con el objetivo de entrevistar al mayor número de personas
mayores, comprendidas entre 60 y 85 años de edad, así como
procurando entrevistar tanto a mujeres como hombres, evi-
denciando una ausencia significativa de personas del sexo
masculino en los distintos grupos de personas mayores que
viven su envejecimiento de forma activa. (Dutruel, 2021,
p. 27)
Lo antes mencionado se corresponde con los datos expuestos
en el Segundo Plan de Envejecimiento (2016) donde “al ana-
lizar la distribución de la población por sexo, resulta que seis
de cada diez personas mayores son mujeres.” (p.11)
En lo que respecta a las enfermedades preexistentes, que po-
sicionan a las personas mayores como población de riesgo
frente al Covid-19, es pertinente mencionar que la patología
predominante en quienes fueron entrevistadas es la hiperten-
sión.
En lo referente el envejecimiento activo: (...) quienes fueron
entrevistadas además de compartir el grupo etario, -vejez-
también comparten la forma de vivir la vejez, ya que la mis-
ma es vivida desde una perspectiva activa, esta forma de vi-
vir la vejez se vio reflejada en las actividades que realizan, las
cuales son variadas, (...) quienes fueron entrevistadas creen
que la realización de dichas actividades, les asegura un buen
envejecer ya que les permite seguir en movimiento, seguir
aprendiendo, así como compartir con otros esta etapa de la
vida. (Dutruel, 2021, p. 28)
180
De lo anteriormente mencionado se desprenden aspectos
comprendidos en la definición de envejecimiento activo rea-
lizada por Ludi (2013) dado que:
aparece como un concepto superador, más abarcativo, ya
que no se centra en aspectos sólo ligados a la salud. Com-
prende entre sus premisas: la optimización de las oportuni-
dades de bienestar físico, social y mental; de participación
y seguridad; con el objetivo de ampliar la esperanza de vida
saludable. (p.4).
Es en esa línea, que el siguiente testimonio es a destacar: “Por
estar distraída.” (Entrevistada, T, 83), dicha frase se acompa-
ña de el discurso de estoy sola, y es una forma de compartir
con gente y mantener activa la mente, resaltando como valor
la participación en los distintos grupos, dicha participación
es buscada con el fin de mantener la mente activa, dado que
ello es fuente de bienestar y salud, así como señal de no de-
pendencia, lo cual es una preocupación constante en quienes
fueron entrevistadas. (Dutruel, 2021, p. 28).
En lo referente a la categoría vida cotidiana, de sus relatos se
desprende, que la vida cotidiana es definida como su día a
día, en el cual las entrevistadas comparten no solo su rango
etario, sino también la zona geográfica y con ello sus carac-
terísticas socio-culturales, el espacio físico en el cual realizan
sus actividades, así como algunas de las entrevistadas refieren
realizar tareas de índole domésticas como hacer la comida,
hacer mandados, pagar cuentas, ayudar con el cuidado de
nietos, entre otras. (Dutruel, 2021, p. 30).
Con respecto a los cambios en su vida cotidiana con la “nue-
va normalidad”, al ser consultadas, sobre los efectos en su
181
vida cotidiana, la mayoría plantea que no han percibido un
impacto significativo en su cotidianeidad hasta el momento
(Dutruel, 2021, p .31).
Refieren que en donde notaron más los cambios, fue en las
actividades que brindaba la Asociación de Jubilados y Pen-
sionistas, puesto que las mismas fueron postergadas en los
primeros meses del año 2020 y a principios del 2021 debido
al aumento de casos en la ciudad.
La “nueva normalidad” trajo con ella la adaptación a nuevas
medidas de higiene en la Asociación de Jubilados y Pensio-
nistas como, por ejemplo: la utilización de alcohol en gel, la-
vado de manos, uso de forma individual de vasos descarta-
bles para la ingesta de agua durante las actividades, el uso de
tapabocas, así como dentro de lo posible respetar un cierto
distanciamiento entre compañeras.
Con respecto a la exhortación a “Quédate en casa”:
es pertinente aclarar que dicha medida fue tomada en marzo
del 2020, cuando comenzaron a aparecer los primeros con-
tagios de Covid-19, pero las entrevistas fueron realizadas en
la semana del 11 al 19 de marzo de 2021, cuando se habían
flexibilizado algunas medidas por parte de la población, no
de las autoridades. Por ello en los relatos se distingue que, en
los primeros meses, como fue marzo, abril y mayo aproxi-
madamente de 2020, la medida fue acatada en su totalidad,
por miedo y desconocimiento de dicha enfermedad. (Du-
truel, 2021, p. 33).
A su vez relatan que, a pesar de la exhortación a permanecer
en sus hogares y dentro de su “burbuja”, realizaban activida-
182
des al aire libre como, por ejemplo: salir a caminar al par-
que, o ir a visitar parientes, esto lo realizaban como forma de
mantener su bienestar físico y mental ya que el encierro les
provocaba angustia y malestar.
De sus relatos se desprende que están de acuerdo con las me-
didas, pero que temen por las personas mayores, sobre todo
por quienes tienen más de 80 años que ante esta situación, ya
no participaban de las actividades que realizaban asiduamen-
te, provocando ello cambios en su cotidianidad. (Dutruel,
2021, p. 35)
Por otro lado, en lo que respecta a la vivienda y quienes com-
parten el hogar los relatos se tornan similares, refieren vivir
solas, vivir con su marido o con algún familiar como puede
ser una hija/ o hijo.
Por último, en lo que respecta a la vivienda, de los testimo-
nios se desprenden dos formas de percibirla, por un lado, la
vivienda toma significado desde lo positivo, como una forma
de ocuparse de su vivienda, de realizar actividades de espar-
cimiento que les agraden -como escuchar música, hacer ma-
nualidades, entre otras-. A su vez, la vivienda también fue
percibida con un tinte negativo, dado que causó angustia, ya
que al vivir solas o estar en el día solas, dado que los familia-
res con los cuales comparte el hogar trabajaban, provocaba
en ellas un sentimiento de angustia y soledad. (Dutruel, 2021,
p. 38).
183
Reflexiones finales
A modo de cierre es pertinente reflexionar sobre los datos
obtenidos, en la investigación que hace parte de la Mono-
grafía Final de Grado de la Licenciatura en Trabajo Social, la
cual se resume en el presente artículo.
De los relatos realizados por las personas mayores entrevis-
tadas se evidencia, que para ellas las actividades en el grupo
son parte importante y necesaria de su cotidianidad, a pesar
de su edad y/o sus padecimientos físicos de salud.
Al indagar sobre dichos padecimientos de salud, consideran-
do que son ellos los que colocan a las personas mayores como
población de riesgo ante el Covid-19, un número considera-
ble de ellas refieren a padecer hipertensión.
En lo referente a la vida cotidiana, al consultarles qué es para
ellas la misma, describen sus actividades diarias, las cuales
constan en la realización de actividades de índole domésticas
-mandados, cocinar, limpiar- así como actividades de cuida-
do las cuales están dirigidas a sus nietos. También enumeran
las actividades que realizan en la Asociación de Jubilados y
Pensionistas en las cuales realizan la mayor cantidad de acti-
vidades sociales y físicas.
La Asociación de Jubilados y Pensionista imparte actividades
que promueven la participación, el esparcimiento aprendi-
zaje y el desarrollo de autonomía por parte de las personas
mayores, a su vez las personas entrevistadas hacen hincapié
en la importancia de participar en las actividades impartidas
por la Asociación de Jubilados y Pensionista como forma de
mantener la mente activa, ya que ello es un factor de preocu-
184
pación en las mismas, ya que buscan evitar la dependencia en
la vejez. (Dutruel, 2021, p. 39-40)
En lo que refiere a la “nueva normalidad”: -Las medidas to-
madas: uso de mascarilla, distanciamiento social, entre otras.
- las entrevistadas creen que las mismas son adecuadas, re-
fieren no haber percibido un impacto significativo hasta el
momento. (Dutruel, 2021, p. 39-40).
En lo que concierne a la medida: “Quédate en casa”, en los
primeros meses del año 2020, la misma fuera acatada en su
totalidad, debido al miedo que provocó el desconocimiento
de dicha enfermedad en la población.
Por otro lado, de las entrevistas realizadas se identifican dos
formas de percibir dicha medida:
Como es de esperarse no todas las personas perciben los
acontecimientos de la misma manera, es por ello que bajo
este contexto de Pandemia hubo personas que lo tomaron
como algo pasajero que pronto terminaría, pero en el trans-
curso de dicha situación, lo vivieron como la oportunidad de
encargarse de su vivienda, y por ello aprovecharon que no se
realizaban las actividades para procurar mejorar la misma,
pintando, ordenando. etc.
Así como otro grupo lo vio como la oportunidad para reali-
zar actividades de disfrute como escuchar música, hacer ma-
nualidades, salir a caminar, lo cual podían realizar sin incon-
venientes, ya que dicha actividad era realizada al aire libre,
manteniendo la distancia social, como forma de mantenerse
en actividad, tanto física como mental, en busca de autono-
mía.
185
Por otro lado, para algunas personas dicha medida fue per-
cibida de forma negativa, ya que provocó angustia y soledad,
sobre todo en quienes viven solas o quienes por el día están
solas, a causa de que sus familiares con los cuales comparten
la vivienda- hogar continuaban trabajando fuera de la mis-
ma, a pesar de la Pandemia y las medidas.
Durante la emergencia sanitaria las autoridades colocaron a
la vivienda- hogar, como un lugar de protección, tanto para la
población en general, como para quienes eran considerados
población de riesgo, personas mayores o personas con co-
morbilidades, pero luego de pasado un año de tomada la me-
dida que exhortaba a “Quedarse en casa”, de los relatos de las
entrevistadas se desprende que la misma provee protección,
así como sentimientos de angustia y soledad en la población.
(Dutruel, 2021, p. 41)
Surge con fuerza de sus relatos que quienes fueron más afec-
tados por las medidas, fueron las personas de 80 años o más,
ya sea porque las mismas viven solas o porque no entendían
lo que estaba pasando y al no tener quienes les expliquen con
claridad, el miedo se apoderó de ellos al punto de limitar su
movilidad y provocar en algunos casos deterioro físico de
consideración.
Esto ocasionó en quienes participaban con ellas en las acti-
vidades, preocupación y angustia, en algunos casos las per-
sonas eran ingresadas a casas de salud, en las cuales no se
permitían las visitas, factor que aumentó la preocupación por
su salud emocional al no estar en su vivienda, así como por la
muerte en soledad de sus compañeras de actividades.
186
Dando respuesta a la pregunta: “Quédate en casa”: ¿Es posible
en quienes viven un envejecimiento activo? las entrevistadas
creen que sí, pero que es pertinente tomar a su vez medidas
de contención y apoyo. (Dutruel, 2021, p. 42).
Por último, como parte del proceso de investigación es opor-
tuno dejar constancia que se comenzó con una idea, así como
planteándose determinadas interrogantes, pero en el trans-
curso de la misma se fueron presentando nuevas, como las
siguientes. “¿Quién les explica a las personas mayores, en
particular a las de edad más avanzada de forma clara y en un
lenguaje adecuado lo que está sucediendo? ¿La vivienda es
un lugar de protección o un limitante en el desarrollo de un
envejecimiento activo? ¿Dicha medida garantiza el derecho
a la salud de las personas mayores o la empeora?” (Dutruel,
2021, p. 42).
Como sugerencia, y tomando lo aportado por las entrevis-
tadas, se cree pertinente el fortalecimiento de redes de apo-
yo, tanto institucionales, como comunitarias, que permitan a
las personas mayores un acceso adecuado a la información,
considerándose sus posibilidades de entendimiento, en par-
ticular a quienes viven solas, tienen más de ochenta años y
que no cuentan con niveles educativos altos. (Dutruel, 2021,
p. 42).
En síntesis, de lo elaborado, se cree pertinente el estudio de
estos temas, ya que todo fenómeno nuevo que surge, puede
acarrear impactos en la coyuntura social de la población y
como Trabajadores Sociales es pertinente tener herramientas
y una visión amplia de cómo afectan a la población, para po-
der actuar acertadamente ante el fenómeno.
187
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189
Envejecer activamente en contexto de
pandemia
Resumen
Este artículo se propone dar a conocer cómo se presenta la
vejez y el envejecimiento activo en el departamento de Flo-
res. Particularmente, se procura profundizar en aspectos de
la participación y cómo ésta influye en el envejecimiento de
un grupo de personas mayores, el grupo de Pilates de la Aso-
ciación de Jubilados y Pensionistas de Flores.
Dicha investigación se llevó a cabo en el contexto de COVID
19 transversalizando dicha pandemia la vida de las personas
mayores y su participación, viéndose afectado este derecho
ciudadano en esta realidad inédita. En el estudio se abordan
temas de análisis que hacen al envejecimiento, como son
cuidado-autocuidado, el sentido de pertenencia, el relacio-
namiento social, los derechos, aspectos que adquieren más
191
significado en este presente. Entra en interjuego la “realidad”
y la “nueva realidad” en donde se dejan entrever aspectos a
destacar, así como aspectos a mejorar y a repensar en el con-
texto socio-histórico actual.
Palabras claves: Vejez y envejecimiento, participación, pande-
mia, derechos, lazos sociales.
Introducción
La pandemia de COVID 19 aparece en Uruguay en el año
2020, influyendo en la vida cotidiana de las personas y más
en la vida de las personas mayores por ser una enfermedad
desconocida hasta ese momento y por los efectos adversos
que provoca en las poblaciones “consideradas” vulnerables.
A partir de las medidas impuestas por el Gobierno nacional
como fue el aislamiento social, el uso de barbijo, el distancia-
miento social, se empezaron a reproducir nuevas formas de
vincularse produciendo cambios en las rutinas. Ello ocasionó
que las personas mayores “cumplan” con estas exigencias vi-
sualizándose como los aspectos biológicos, sociales, psicoló-
gicos, culturales, económicos se desarrollan de otra forma en
esta nueva realidad.
(...) La pandemia ha cambiado muchas cosas de nuestra
vida cotidiana: ha afectado a nuestra manera de vivir el
ocio, hacer deporte, trabajar o relacionarnos. Ha cambiado
nuestras percepciones y comportamientos sobre los demás,
sobre otros grupos y el mundo en general. En algunos ca-
sos, han aumentado las conductas discriminatorias (Pina-
zo-Hernandis, 2020, p.249).
192
Las consecuencias anteriormente descritas se deben según
Pinazo- Hernandis (2020) a los nuevos hábitos a incorporar
perjudicando la cercanía con el entorno social, predominan-
do el distanciamiento social a partir de la toma medidas sa-
nitarias para autocuidarse, pero también para cuidar al otro.
Además, el miedo que despierta la pandemia provoca que las
personas estén a la expectativa de las conductas de otras exis-
tiendo cierto temor frente a alguien que posee la enferme-
dad. Psicológicamente ha afectado a éstas ya que se han visto
sumergidas en la incertidumbre de cómo les puede afectar la
enfermedad.
En este sentido, según Martínez (2020) la soledad es uno de
los sentimientos que ha adquirido más trascendencia en este
contexto, pero a su vez no se debe desconocer que la misma
es una problemática que se encuentra presente desde antes
de la pandemia, lo que implica una doble implicancia en las
personas que ya se encontraban transitándola.
Durante la pandemia de COVID 19 las personas en general y
particularmente las personas mayores tuvieron que adherirse
a las medidas sanitarias impuestas por el Gobierno. En este
documento se propone conocer cómo influyen las experien-
cias recreativas en el proceso de envejecimiento de las per-
sonas mayores de la Asociación de Jubilados y Pensionistas
de Flores. Este objetivo se plantea en un contexto peculiar
obteniéndose a través de los relatos de las personas mayores
las percepciones singulares con respecto a su participación y
a su envejecimiento.
El artículo se organiza en cinco partes. En primera instancia,
se centraliza en los conceptos de vejez y el envejecimiento,
193
dando cuenta del concepto que propone Ludi (2005) “En-
vejecer es un proceso particular y complejo que compren-
de factores biológicos, psicológicos, sociales; constituye una
experiencia singular, concreta, “marcada” por las huellas de
trayectorias de vida, de prácticas sociales” (p.17).
De esta forma la autora hace hincapié en que el proceso de
envejecimiento es único y diferente ya que cada persona lo
transita de forma distinta.
La vejez deviene desde un pasado impregnado de prenocio-
nes y prejuicios que hacen que esta etapa sea percibida de una
forma tradicional y sin proyecciones. A continuación, el se-
gundo apartado aborda la participación social proponiéndo-
la como contrapartida el concepto de envejecimiento activo
propuesto por Ludi (2014) haciendo referencia de su impor-
tancia en la calidad de vida de las personas mayores, promo-
viendo un bienestar psicosocial. Por otro lado, el concepto de
envejecimiento activo, envejecimiento saludable y participa-
ción han constituido un lugar esencial en la Convención In-
teramericana sobre la Protección de los Derechos Humanos
de las Personas Mayores (2015) en donde se trazan distintos
vectores que apuntan a una vejez respaldada en materia de
derechos en donde esta población pueda alzar su “voz” frente
a distintas negligencias que se presenten.
El tercer apartado, explica la metodología utilizada basándo-
se en una metodología de corte cualitativa debido a que los
objetivos que se plantearon requirieron ahondar en los signi-
ficados y percepciones de las personas entrevistadas centrali-
zándose en un estudio de caso.
194
Luego, en el cuarto apartado se plantean los relatos de las
personas mayores analizando minuciosamente los mismos y
reflejando los principales temas que se traducen de los objeti-
vos específicos. Dicho apartado se titula, “La participación de
las personas mayores en actividades recreativas nucleadas en
la Asociación de Jubilados y Pensionistas del Departamento
de Flores”.
Finalmente, se presentan las reflexiones finales que reflejan al
envejecimiento activo como una forma de vivenciar un enve-
jecer saludable, aunque el contexto de pandemia implique un
desafío en cada persona mayor surgiendo diferentes estrate-
gias para participar en distintas actividades frente a una nue-
va realidad incierta. También se plantea seguir profundizan-
do en el área de la vejez, trayendo nuevas líneas de análisis
como son el género en la participación, la predominancia de
mujeres en actividades recreativas, y la escasa participación
masculina.
Vejez y envejecimiento
María del Carmen Ludi (2005) entiende que la vejez “(...) se
construye social y culturalmente en cada espacio y tiempo, a
partir de determinadas condiciones materiales y simbólicas
de vida; adopta una multiplicidad de rostros irreductibles los
unos con los otros. (...)” (p.17)
La vejez se encuentra enmarcada en un contexto socio-his-
tórico determinado, el cual se construye a partir de distin-
tas circunstancias que adquieren lo material y lo simbólico,
además según Ludi (2005) las personas mayores transitan su
195
vejez de forma particular y única, ya que cada persona siente
y vivencia su envejecimiento de forma propia.
La autora hace referencia también a las situaciones de vejez,
entendiendo por éstas a todos aquellos aspectos que devie-
nen de circunstancias que condicionan a la misma a través
de dimensiones de diversa índole, visualizándose el signifi-
cado de la “condición humana”. Las situaciones de vejez en-
tran en un interjuego de fracaso y reconfortación, generán-
dose debido a las necesidades y conveniencias de los sujetos
en su presente (Tarde, 2021, p.15).
En este sentido, se visualiza el contexto dinámico en donde
las situaciones de vejez se encuentran transversalizadas por
las necesidades y aspiraciones de los sujetos que implican la
condición humana. En dicho contexto, según Ludi (2005) se
desarrollan relaciones sociales que se interiorizan de valores
sociales y culturales que permiten la construcción de la socie-
dad. Por ello “en el proceso de envejecimiento van emergien-
do cambios en la persona propios de la etapa vivida. Cambios
físicos, emocionales, económicos y sociales, los cuales deben
visualizarse en interacción, pero también cómo impactan
todos estos en el envejecimiento individual” (Tarde, 2021,
p.16). Cada uno de los cambios determina el envejecimiento
de las personas, influyendo de acuerdo a la realidad.
Según De Beauvoir (1970) la vejez es un fenómeno bioló-
gico, el cual está comprendido por cambios físicos y psico-
lógicos, estando las conductas generadas al transitar dicha
etapa relacionadas con la edad que se posee. El proceso de
envejecimiento se manifiesta en cambios físicos como son la
escasez y el blanqueamiento del pelo, las arrugas en la piel,
196
la pérdida de piezas dentales y la modificación de la estruc-
tura del esqueleto debido a las transformaciones ocurridas
en los huesos y articulaciones. A su vez, aparecen enferme-
dades y dolores físicos, característicos de esta etapa (Tarde,
2021, p.16).
Los cambios mencionados influyen a nivel biológico, psico-
lógico y social. Particularmente, en el ámbito social Neugar-
ten citada en Salvarezza (1988) hace referencia a que en di-
cha área se encuentra expuesta por ideales hegemónicos en
torno al deber ser según el “reloj cronológico interno”. Esto
significa que las personas están “alertas” a los momentos que
transitan si concuerdan con la edad que poseen o la etapa en
sí en que se encuentran, teniendo como referencia “lo que
espera la sociedad”.
“Las personas mayores afrontan como uno de los cambios
sociales más importantes la jubilación entendiéndose por ella
el pasaje de ser activo laboralmente a ser pasivo impactando
dicha transición en su “status social” así como también en el
ámbito económico” (Tarde, 2021, p.17).
De Beauvoir (1970) hace referencia que la jubilación influye
ampliamente en las personas mayores ya que éstas deben des-
prenderse del pasado, de los hábitos y rutinas que llevaban a
cabo teniéndose que incorporar a nuevos hábitos y costum-
bres como son el “descanso” y el “tiempo libre”, generando
pobreza y desprestigio. Éste último se lo vincula con el peso
social que la sociedad impone a la idea de trabajo y al des-
empeño de éste remarcando cómo las personas se alejan del
mismo y por ello no otorgándole valor social ya que se consi-
dera el ideal de que no trabajar significa no tener valor social.
197
Tal es el cambio que acarrea la jubilación que “(...) Sea elegi-
da o forzada por la suerte, jubilarse y abandonar las ocupa-
ciones -esas ocupaciones que nos hacen ser lo que somos-
equivale a bajar a la tumba” (De Beauvoir, 1970, p. 327).
La jubilación genera en la persona mayor una “pérdida” de
identidad siendo el abandono del ámbito laboral considera-
do como una nueva etapa que será asociada con la muerte.
(Tarde, 2021, p.17)
En este sentido la jubilación promueve un cambio en el estilo
de vida de las personas, Salvarezza (1988) menciona que las
personas mayores cuando se jubilan y pasan a tener otro es-
tilo de vida suelen alejarse de los compañeros de trabajo, las
amistades generando tiempo libre sin estar determinado o
presionado por la rutina.
Cabe destacar que este autor hace referencia a cómo se ge-
neran cambios individuales, sociales, así como también en el
ámbito económico repercutiendo de esta forma, emocional-
mente teniéndose que adaptar al distanciamiento del merca-
do laboral y de sus respectivas relaciones, así como también
asumir nuevos roles en la familia y en la comunidad.
Por otro lado, la vejez se ve expuesta a prejuicios y prenocio-
nes que se encuentran instituidos en la sociedad.
“Las personas actúan y perciben a la vejez en función de
lo que la sociedad considera como válido, instalándose la
idea de “viejo” con una connotación negativa relacionada a
la pasividad y a una etapa no deseada de la vida asociada a
enfermedades, al dolor y a características denigrantes.” (Tar-
de, 2021, p.18).
198
Salvarezza (1988) alude al concepto de “viejismo” como una
expresión que refiere a situaciones de discriminación que su-
fren las personas mayores de acuerdo a su edad, así como
también por las ideas negativas preconcebidas.
Tal como expresa De Beauvoir (1970) la forma en que la so-
ciedad percibe a las personas mayores genera que éstas ten-
gan sentimientos de tristeza, soledad, inutilidad, sintiéndo-
se indiferentes. Esto es provocado por la sociedad que no le
otorga el reconocimiento que ellos esperan como seres hu-
manos.
De Beauvoir (1970) coloca la “duplicidad” que se genera en
los adultos con respecto a las personas mayores. Particular-
mente hay situaciones en donde los adultos se desempeñan
de forma antiética, por un lado, dicen actuar de una forma y
por otro hacen lo contrario ya que en lugar de respetar a las
personas mayores se autoperciben en un nivel de superiori-
dad con respecto a las mismas. Existen algunas situaciones
en donde diferentes miembros de la familia subestiman a la
persona mayor a través de comentarios hirientes.
Las personas mayores se ven implicadas en un contexto en
donde priman estructuras e ideas hegemónicas determi-
nando qué rol “debe” desempeñar y cómo “debe” vivenciar
su vejez. De esta forma, es importante que puedan trascen-
der dichos ideales pudiendo tomar decisiones con respecto
a su envejecer asimilando y afrontando su envejecimiento
de acuerdo a sus intereses y necesidades. Muchas personas
mayores logran “romper” con las concepciones hegemóni-
cas, pero también existen aquellas que se encuentran vulne-
rables frente a ello (Tarde, 2021, p.20).
199
Participación social y vejez
Ludi (2014) propone el concepto de envejecimiento activo,
como una forma de envejecimiento diferente a la vejez na-
turalizada por la sociedad y por los prejuicios mencionados
anteriormente los cuales aluden a una vejez pasiva. El enve-
jecimiento activo,
(...) Comprende entre sus premisas: la optimización de las
oportunidades de bienestar físico, social y mental; de parti-
cipación y seguridad; con el objetivo de ampliar la esperan-
za de vida saludable, la productividad y mejorar la calidad
de vida. Entre sus objetivos de lograr mayor autonomía/
independencia, hace hincapié en generar condiciones para
controlar, afrontar y tomar decisiones personales acerca de
cómo vivir de acuerdo a normas y preferencias; contribu-
yendo a ello la participación continua en espacios y cuestio-
nes sociales, económicas, culturales y cívicas (p.210).
Como lo menciona la autora, el envejecimiento activo pro-
mueve un bienestar psicosocial, estimulando la participación
de las personas mayores en diferentes áreas de la sociedad
teniendo como principal premisa mejorar la calidad de vida.
El envejecimiento activo también ampara la autonomía, pro-
moviendo que las personas mayores puedan desempeñarse
de acuerdo a sus necesidades e intereses priorizando sus de-
cisiones, espacios y su bienestar.
De Beauvoir (1970) hace referencia a cómo las personas ma-
yores les otorgan gran valor a sus hábitos por lo que generan
en ellas una “seguridad ontológica” provocando además cos-
tumbres y rutinas en la realización de distintas actividades.
200
Adquieren una relación estrecha con los hábitos, la recrea-
ción, la participación, los vínculos familiares y de amistad,
convirtiéndose su entorno cercano esencial para poder lo-
grar un envejecimiento saludable.
El envejecer activamente permite que las personas mayores
puedan incluirse en distintos ámbitos de la sociedad visibi-
lizando sus intereses y generando espacios constructivos en
materia de derechos mejorando su calidad de vida (Tarde,
2021, p.22).
(...) cada uno es el constructor de su propia vejez, por lo que
depende de cada individuo en particular el vivir una senec-
tud plena y satisfactoria. Un envejecimiento de calidad se
debe a factores individuales y sociales. De ahí que se deba
considerar el importante papel de las políticas sociales y sa-
nitarias adecuadas, junto con las estructuras informales de
apoyo, las cuales permitirán la integración social de las per-
sonas de edad como estrategia oportuna y eficaz en el logro
de una vejez saludable (Sánchez y González, 2004, p.184).
En este sentido, para que el envejecimiento sea de calidad,
los factores individuales y sociales se deben tener presentes
en el proceso de envejecimiento, ya que éstos requieren de
un contexto, un entorno y un Estado que vele por los inte-
reses y las necesidades de las personas mayores. También se
centra en que la persona pueda desarrollar su autonomía a
través de la toma de decisiones y construir su vejez desde una
perspectiva de derechos. Es por ello, que las leyes, los planes,
las Convenciones que tienen como prioridad a las personas
mayores cumplen un papel importante ya que amparan y de-
fienden que las personas mayores vivan un envejecimiento
201
de calidad. El Preámbulo de la Convención Interamericana
sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Perso-
nas Mayores (2015) afirma
(...) la importancia de facilitar la formulación y el cumpli-
miento de leyes y programas de prevención de abuso, aban-
dono, negligencia, maltrato y violencia contra la persona
mayor, y la necesidad de contar con mecanismos nacionales
que protejan sus derechos humanos y libertades fundamen-
tales; (...) Convencidos también de que la adopción de una
convención amplia e integral contribuirá significativamente
a promover, proteger y asegurar el pleno goce y ejercicio de
los derechos de la persona mayor, y a fomentar un envejeci-
miento activo en todos los ámbitos(...) (p.1-2).
Los marcos normativos son un sostén para las personas ma-
yores, es decir, respaldan a la vejez ante cualquier negligencia
promoviendo la vejez activa, como una etapa de la vida.
El contexto actual de COVID 19 a nivel mundial y particular-
mente en Uruguay ha generado efectos adversos en las per-
sonas mayores provocando cambios en su curso de vida. En
este sentido, las personas han tenido que aislarse de sus acti-
vidades cotidianas y de sus vínculos (seres queridos y amista-
des) frente a la cuarentena inicial impuesta por parte del Go-
bierno, dado que las personas mayores se consideran como
las más propensas a adquirir el virus, peligrando su salud por
las graves consecuencias que la enfermedad ocasiona.
Dornell (2020) plantea que la pandemia refleja otros aspec-
tos que se encuentran disimulados pero presentes en la vida
de las personas producto de las vulnerabilidades que existen
en la sociedad las cuales se vinculan con las desigualdades
202
de género y de clase, las condiciones históricas de contextos
de escasez perjudicando la obtención de los derechos (Tar-
de, 2021, p.26)
Por ende, la pandemia no es solo lo que ocurre por la acción
del virus, sino que va acompañada de otras carencias históri-
cas, sociales y económicas que afloran en estos contextos de
pandemia, haciendo visibles otras pandemias (Dornell, 2020,
p.194).
Metodología
La metodología empleada fue de carácter cualitativa dado
que se buscaba conocer los significados, las percepciones y
acercarse a la realidad de las personas para recabar datos. Se
estudió la participación de las personas mayores específica-
mente en el grupo de Pilates para de este modo poder cono-
cer de qué manera influye ello en su envejecimiento.
La investigación se centró en un estudio de caso, en el gru-
po de Pilates de la Asociación de Jubilados y Pensionistas de
Flores. El grupo de Pilates, lo conforman principalmente per-
sonas mayores, funciona desde hace tres años, es numeroso
y diverso en torno a las edades que lo comprenden, siendo
entre los 50 y 80 años de edad. El grupo tenía una numerosa
concurrencia previo a la llegada de la pandemia. Una carac-
terística importante es que dicho grupo está conformado por
mujeres.
Las Técnicas de Investigación implementadas fueron diver-
sas, realizándose entrevistas con una pauta guía, además del
uso de la observación y el análisis documental. En primer
203
lugar, se realizó una búsqueda documental permitiendo re-
cabar contenido de relevancia que oficiaran de antecedentes.
Las entrevistas se realizaron a personas mayores a partir
de los 65 años de edad que participan del grupo de Pila-
tes impartida por la Asociación de Jubilados y Pensionistas
de Flores, focalizándose la selección en aquellas personas
que estaban interesadas y dispuestas a brindar su relato con
respecto al tema. También se tomó en cuenta información
brindada por la Profesora de Pilates de los integrantes que
no estaban asistiendo al mismo momentáneamente debido
a la pandemia que atraviesa nuestro país. En cuanto a la can-
tidad de entrevistas se tuvo en cuenta el criterio de satura-
ción de la información (Tarde, 2021, p.13).
Las entrevistas se realizaron en dos contextos. Por un lado,
tres de ellas se efectuaron en la Asociación de Jubilados y
Pensionistas del Departamento de Flores en el horario de
finalización de la clase de Pilates, mientras que cuatro entre-
vistas se coordinaron de forma telefónica; dado los deseos
de las personas entrevistadas y respetando las normas sa-
nitarias. El trabajo de campo se llevó a cabo de esta manera
dado que la actual pandemia de COVID 19 condicionó a
que las personas mayores concurran al grupo y a la Aso-
ciación. Se realizaron un total de siete entrevistas a mujeres
integrantes del grupo de Pilates y también se obtuvieron los
testimonios de la Presidente de la Asociación de Jubilados y
Pensionistas del Departamento de Flores y la Profesora de
Pilates (Tarde,2021, p.13).
Cabe destacar que la Asociación de Jubilados y Pensionistas
del departamento de Flores fue fundada el 14 de octubre del
año 1978, cuenta con 1118 afiliados. Es una Asociación civil
204
en donde se desarrollan varios grupos de personas mayores
las cuales realizan diversas actividades recreativas, como son
crochet y tejido, cuadros texturados, pintura en tela, trabajo
en cinta, taller literario, gimnasia, zumba, pilates, así como
también viajes y excursiones. Las personas deben abonar una
cuota de $50 pesos por mes para participar de este espacio
de recreación. Los objetivos de la Institución son mejorar
la calidad de vida y bregar por los derechos de las personas
mayores que la integran. El reglamento que se lleva adelante
para poder participar es tener 50 años de edad o más, estar
jubilado o ser pensionista. Sin embargo, la Institución acepta
a las personas interesadas en participar, aunque no reúnan
con todos los requisitos descritos.
205
cuanto a la contención y acompañamiento que propicia, pu-
diendo compartir intereses en común. La vejez es percibida
por las entrevistadas como una etapa natural de la vida, que
da indicios de la última etapa que a todo ser humano le toca
transitar, pero también la perciben como una etapa de pro-
yecciones para vivir una vejez de calidad.
La Presidente de la Asociación deja entrever la desigualdad
de género que existe en los espacios recreativos, dado que hay
una recurrente asistencia de mujeres y no así de hombres. En
las actividades asisten pocos hombres, éstos más bien partici-
pan en festejos, bailes, juegos, pero la organización de distin-
tos aspectos que se tiene que dar para que se desarrollen las
actividades es llevada adelante por las mujeres.
Se pudo visualizar que las personas mayores además de invo-
lucrarse e integrarse en las actividades recreativas se sienten
parte del grupo en el que participan y por ende de la institu-
ción, esto producto del sentido de pertenencia que se genera
al participar.
Ello se produce dado a que los lazos sociales son valorados
-por los integrantes del grupo de Pilates, así como por sus
referentes- como positivos, amenos, influyendo en la rutina
de cada una de las personas mayores ya que se generan lazos
sociales estrechos, en donde se sienten contenidos, influyen-
do anímicamente, recordando que las personas mayores vi-
vencian su envejecimiento de forma particular.
La participación en sí es amplia pero no se debe desconocer
que se configura como un derecho fundamental. Es decir, la
Asociación de Jubilados y Pensionistas de Flores despliega
espacios constructivos en donde las personas mayores pro-
206
curan el bienestar, es decir, se desarrollan jornadas, activida-
des que promueven derechos. Lo anteriormente expresado
se trasluce en lo que Pindado (2008) hace referencia cuando
alude que la participación se funda en una base democrática.
La participación genera en las integrantes del grupo de Pi-
lates motivación para poder seguir optando por desarrollar
una vida saludable, y una mejora en la calidad de vida de
éstas.
Las referentes de la Asociación de Jubilados y Pensionistas
de Flores, consideran que se debe seguir trabajando en los
derechos de las personas mayores, así como también seguir
deconstruyendo los mitos existentes ya que expresan que se
sigue discriminando y excluyendo a la vejez por parte de la
sociedad.
Algunos de los relatos reflejaron cierta resistencia a los cam-
bios que conlleva la etapa de la vejez visualizando en la ma-
yoría de los casos como una etapa más de la vida.
La actual pandemia de Covid 19 ha repercutido particular-
mente en el grupo de Pilates. Algunos relatos como los de la
referente del grupo dan indicios de lo difícil que fue adap-
tarse a una nueva realidad en donde predominó el distan-
ciamiento social, el alejamiento de las relaciones sociales y
el aislamiento, siendo la vejez vulnerable frente a las conse-
cuencias de la enfermedad.
La pandemia de Covid 19 llegó para trastornar la vida de las
personas, especialmente, la rutina de las personas mayores.
Algunos relatos de las entrevistadas hacen referencia a cómo
la pandemia afectó a nivel personal, así como también su
207
vida social y emocional teniendo que adquirir nuevos hábi-
tos. Uno de los aspectos recurrentes en ésta nueva realidad
fue el exceso de información que se generó una vez arribada
la pandemia, siendo en muchos casos contraproducente.
Algunas de las personas mayores dejaron de asistir al grupo
de Pilates frente a este contexto por sentimientos de miedo,
incertidumbre, por el autocuidado de su salud ya que ésta
franja etaria fue catalogada como la más vulnerable y por
ende la que más debería cuidarse. Esto ocasionó que las per-
sonas mayores cambiaran su rutina, su cotidianeidad.
Uno de los aspectos en que más perjudicó la pandemia fue en
los lazos familiares, así como también en los vínculos socia-
les, sobre todo entendiendo que las personas mayores requie-
ren de las demostraciones de cariño a través de las relaciones
sociales. La pandemia desdibujó estas relaciones repercu-
tiendo emocionalmente en estas personas.
Por otro lado, la virtualidad instauró una nueva medida de
convivencia que cada vez fue en aumento generando un dis-
tanciamiento grupal, dificultado la expresividad cara a cara,
así como el funcionamiento normal de las actividades. En
este sentido, se resalta la soledad como un problema que ya se
encontraba con anterioridad antes de la pandemia en algunas
personas mayores.
Los relatos de las personas mayores aluden a que el relacio-
namiento involucra necesidades recreativas y afectivas, así
como también acompaña a aquellas personas que se encuen-
tran en soledad o con problemas de salud. Esto se interrela-
ciona con las estrategias y las alternativas por las que se optó
por parte de la Institución para que tras la pandemia los in-
208
tegrantes del grupo de Pilates sigan en contacto como por
ejemplo a través de Whatsapp. Sumado a ello, la Profesora de
Pilates impulsó la actividad al aire libre como estrategia para
que las personas mayores no dejarán de asistir reconociendo
que la comunicación y los lazos sociales que se generan en
el grupo son fundamentales en una realidad tan dinámica e
incierta como la que toca transitar en la actualidad.
En cuanto a la temática de los derechos, los relatos reflejan
que las personas mayores vivencian su envejecimiento res-
paldado en derechos sintiéndose satisfechas consigo mismas,
pero a la vez se posicionan desde el lugar de otra persona que
transita por determinadas circunstancias de vida, como una
enfermedad crónica en donde se perjudica una atención más
cercana, desdibujándose el derecho a la salud. Una preocupa-
ción recurrente fue la situación de las personas mayores que
se encuentran institucionalizadas en torno a sus derechos, su
dignidad, y la participación en distintos ámbitos, consideran-
do que deberían contar con más espacios de recreación, fes-
tejos y jornadas con niños y jóvenes.
Algunos de los testimonios reflejan la desigualdad existen-
te en la vejez, ya que cada persona está determinada por un
contexto, el ámbito social, cultural, económico en donde mu-
chas veces se encuentran vulnerados sus derechos como ciu-
dadanos. Se centralizan en que se debe seguir trabajando en
los derechos ya sea en el ámbito de la salud, educación y en lo
laboral, colocando la importancia de los recursos humanos
y el sostén emocional en los Hogares de Ancianos, aspectos
que deben ser reconocidos ya que es un derecho que tienen
las personas mayores.
209
Las entrevistadas si bien valoran lo realizado por la Asocia-
ción de Jubilados y Pensionistas, algunas consideran que en
el departamento de Flores se requiere de más espacios recrea-
tivos que tengan en cuenta los intereses de las personas ma-
yores, así como también espacios educativos accesibles.
Para finalizar, el grupo de Pilates se vio invadido en el con-
texto de Covid 19, por sentimientos de incertidumbre y preo-
cupación siendo el grupo y la Profesora un sostén emocional
en medio de ésta pandemia. Las integrantes del grupo man-
tuvieron una estrecha relación optando por comunicarse por
Whatsapp así como tomando estrategias para seguir activos
siendo la actividad promoción de esparcimiento y conten-
ción.
Reflexiones finales
A partir de esta investigación, se presentan las principales re-
flexiones vinculadas al envejecimiento activo, este como se
expresó anteriormente promueve una mayor calidad de vida
propiciando la autonomía de las personas mayores.
La emergencia sanitaria por COVID 19 provocó que las per-
sonas mayores cambien su rutina, teniendo que aislarse de su
familia y de las actividades recreativas que frecuentaban. Esta
medida fue implementada por las autoridades del Gobierno
para proteger la salud de las personas mayores, teniéndose en
cuenta que esta franja etaria era la más propensa a acarrear
consecuencias negativas de la enfermedad. Si bien se priori-
zó ese aspecto, se relegó por otro lado la salud mental de las
210
personas mayores, generando este contexto un gran impacto
emocional en las mismas.
Los relatos de las personas mayores expresan cómo atravesa-
ron por distintos sentimientos, miedo, asombro, tristeza, in-
certidumbre frente a la llegada de la pandemia de COVID 19.
La misma influyó e invadió su cotidianidad ocasionando que
se sintieran muchas veces solas. Se visibilizó la soledad vivida
durante la pandemia, pero dicha realidad ya se encontraba
instituida en la vida cotidiana de algunas personas mayores
generando una resignificación y otro peso y/o preocupación
en aquellas personas que ya se encontraban solas.
Otro tema recurrente es la preocupación de las personas ma-
yores por sus semejantes que se encuentran vivenciando vul-
nerabilidades o que se hayan institucionalizadas. Proclaman
por una mejor calidad de vida para las mismas ya que la vejez
según ellos debe ser una etapa cubierta en necesidades, inte-
reses y derechos.
Particularmente, la Asociación de Jubilados y Pensionistas de
Flores es reconocida por ser una Institución que posee pro-
puestas recreativas que fomentan la participación y disten-
sión para las personas mayores más allá de la actividad que
desarrollan, ya que se conforman lazos sociales amenos y se
reproducen valores sociales como la empatía.
Cabe destacar que en el pasado se asociaba a la vejez con con-
cepciones denigrantes, retrógradas, asumiendo que la perso-
na mayor era una persona pasiva, inservible, ociosa y enfer-
ma. Sin embargo, en la actualidad se viene trabajando en la
vejez y el envejecimiento como causa de lucha para que sean
reconocidos como sujetos de derecho y puedan desarrollarse
211
autónomamente y saludablemente. Marcos normativos como
la Convención Interamericana sobre la Protección de las Per-
sonas Mayores (2015) reflejan la importancia de los espacios
recreativos.
Se hizo énfasis en que se propongan más espacios recreativos
o participativos que promuevan el bienestar psicosocial tal
como lo lleva adelante la Asociación de Jubilados para poder
abordar a la vejez. Los relatos de las personas mayores aluden
a que el participar les cambia el ánimo y su forma de vivir.
Uno de los efectos que impuso la pandemia de Covid 19 fue
la virtualidad en donde las relaciones sociales se desdibuja-
ron predominando la distancia. A partir de ello se tomaron
estrategias por parte de la Profesora para que pudieran seguir
en actividad y poder relacionarse con sus compañeras. Ade-
más, algunas personas manifestaron optar por otras alterna-
tivas para seguir desempeñándose de forma activa, unas in-
tegrantes del grupo asistían al parque, otras se comunicaban
por Whatsapp, otras salían en bicicleta y a caminar. Esto de-
muestra el interés por mantener una vida activa y saludable
trascendiendo mitos y prejuicios.
Finalmente, se traslucen líneas de análisis a profundizar en
un futuro, como la desigualdad de género en espacios re-
creativos, en donde existe una predominancia femenina en
ámbitos de la participación y la no concurrencia de hombres
pudiéndose conocer de esta manera los motivos. Es menes-
ter reflexionar acerca de la importancia de las investigaciones
sobre la vejez ya que se debe seguir generando nuevos apor-
tes que conlleven a una crítica reflexiva a ser abordada desde
el Trabajo Social, para lo cual es esencial desarrollar herra-
212
mientas en esta realidad dinámica y nutrirse de información
para trabajar de forma integral con esta población.
Referencias Bibliográficas
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Diálogo de saberes desde el Trabajo Social”. Departamento de Tra-
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miento desde la academia y la práctica profesional. Universidad
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www.elsevier.es/es-revista-revista-espanola-geriatria-gerontolo-
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Tarde, S (2021) “Envejecer activamente en contexto de pandemia”. La
participación de las personas mayores en el grupo de Pilates de
213
la Asociación de Jubilados y Pensionistas del Departamento de
Flores. Monografía Final de Grado, Udelar, Montevideo.
Fuentes documentales
214
Las vejeces y los derechos consagrados
¿Giro estatal en las políticas sociales
hacia las personas mayores?
Mauricio Arreseigor42
Sandra Sande43
215
Resumen
Se pretende ofrecer una discusión en torno a las políticas so-
ciales que tienen como población objetivo a las vejeces en el
Uruguay en el escenario actual, post covid-19 y de avance del
neoliberalismo como política de gobierno.
Se trata de problematizar el alcance de las respuestas que el
Estado ha brindado en un momento particular a las necesi-
dades de su población. Frente a una crisis en torno a los mo-
delos de vida, las angustias en cuanto a la salud y la amenaza
al liso desarrollo de la cotidianidad que implicó el virus, las
contestaciones propuestas desde el gobierno fueron sanita-
ristas, apelando al autocuidado y al aislamiento, sin contra-
prestaciones que apoyaran esas medidas.
Palabras Claves: Vejeces, Políticas Sociales, Neoliberalismo
Introducción
La pandemia ha sido un fenómeno mundial histórico que
dejó en evidencia las concepciones que portamos sobre el
mundo, la otredad, y el vínculo entre los otros/as con el no-
sotros/as. Una de esas relaciones intersubjetivas que se vio
sobredimensionada fue la de las personas mayores con la so-
ciedad misma. En su amplia mayoría, la pandemia ofició de
telón de fondo para reivindicar como posición casi unánime,
lo que no se desea ser, o, lo que por lo menos, se prefiere
evitar, contagiarse, enfermar, morir y eso en relación funda-
mentalmente a la edad, a no ser viejo, a no estar en la primera
línea.
216
Esta situación no es accidental ni circunstancial únicamen-
te, la construcción social de las personas mayores transcurre
en una sociedad que diseña dispositivos de diversa índole,
donde se sostienen relatos sobre lo que es ser una persona
vieja y sus efectos para la sociedad toda (Yuni, 2015). Las in-
tervenciones estatales son dispositivos de poder que crean y
sostienen una imagen de la vejez, en tanto prácticas, acciones
y discursos, que pretenden regular en base a las prioridades
que se constituyen en determinado momento histórico.
Contexto 2020-2022
La situación emergida a partir de la declaración de pandemia
mundial por la enfermedad Covid-19 generada por el coro-
navirus SARS-COV-2 y sus consecuencias, aún vigentes, nos
impele a problematizar que sociedad dejó/deja/dejará la pos-
pandemia, sobretodo en términos de crisis en los sistemas de
cuidados y en la atención a las personas mayores en situación
de vulnerabilidad. La situación atravesada con el devenir del
tiempo nos hace preguntar si los dispositivos preexistentes
en torno al cuidado fueron eficaces desde un marco de de-
rechos humanos (DDHH) y de respeto a la autonomía de las
personas viejas.
Esta interrogación se sustenta en el entendimiento de que
las respuestas desde el Estado en términos de cuidados a la
población necesitada de ellos ya eran acotadas previamente,
y que a partir de la emergencia sanitaria se vieron aún más
focalizadas a la vulnerabilidad extrema. A poco tiempo de
levantadas las medidas sanitarias en el país (abril,2022) ya se
perciben algunos indicios que apoyan esta tesis. A la caída del
217
salario real (y su consecuente impacto en pensiones y jubila-
ciones), el aumento en los niveles de pobreza, se le suma el
giro liberal que asume la forma de proponer la política social.
El Estado no es un espacio neutro; las intervenciones son de
por sí contradictorias y están cargadas de una mirada que
representa, muchas veces, una violencia simbólica para los
colectivos que han sido históricamente excluidos de los be-
neficios que produce la sociedad (Rovira, 2015). Las políticas
dirigidas al envejecimiento y la vejez, son ni más ni menos
que una arena de disputa inacabada, donde entran en juego
múltiples posiciones sobre el envejecimiento, la vejez y las
personas mayores como tales.
No es menor esta afirmación, en tanto los discursos que aflo-
raron en la pandemia no son una consecuencia exclusiva de
las matrices subjetivas de quienes comunican sobre la vejez.
Los relatos que aparecen una y otra vez en los actores políti-
cos, agentes institucionales y comunicadores de prensa, son
formas de hacer la política social hacia las personas mayores,
desde regulaciones socio-culturales que van modulando las
conductas, las prácticas de las propias personas viejas y, por
lo tanto, los recursos que a ellas le es posible demandar al
Estado (Huenchuan, 2018).
Durante la pandemia, el gobierno aprovechó la ocasión de
crisis, transformación y situación de emergencia sanitaria,
para tomar decisiones políticas respecto a la protección social
de las personas mayores, sin antes, construir discursivamente
una mirada sobre ellas que estuviese en concordancia con los
cambios iniciados en periodos anteriores. La recomendación
del aislamiento físico, voluntario, con cierto énfasis en las
218
personas viejas, fue ni más ni menos, que la desarticulación
de todas las organizaciones dispensadas para confrontar po-
siciones en la arena política.
Manes (2021) anticipaba los cambios que vienen ocurriendo
en la matriz de protección social hacia las personas mayores
en un contexto de época donde las políticas neoconservado-
ras entran en vigencia. Para la matriz neoliberal, la vejez se
configura como algo improductivo, ocasionando desequi-
librios por los costos que supone su atención. Este posicio-
namiento entra en vigor en Uruguay justo en el inicio de la
pandemia, momento donde las personas viejas quedaron
alojadas en un lugar de vulnerabilidad física, en relación a
otros colectivos de la sociedad.
Esta paradójica situación comienza a suscitarse en las formas
de dar cuenta de las personas mayores en Uruguay. Desde los
actores institucionales y algunos políticos, la vigencia del dis-
curso sobre los derechos continúa vigente. Esta situación no
debe trasladarnos a miradas mecanicistas y simplistas. El re-
lato sobre los derechos es cooptado por la matriz neoliberal,
dotando de cierto giro ideológico la adquisición de bienestar
e igualdad, hacia otro dónde el derecho es configurado como
libertad y responsabilidad individual.
Esta situación se comprueba a partir de la sub-ejecución de
los derechos reconocidos de las personas mayores (Manes,
2021) donde se ratifican las desprotecciones, pero se carga a
la familia, a las personas, o al entorno mismo, la resolución
de algunos de ellos. El Estado uruguayo parece quedar ajeno
a algunas problemáticas que recientemente había dado cuen-
ta de su compromiso, a partir de la ratificación por el país de
219
la Convención Interamericana de Protección de los Derechos
Humanos de las Personas Mayores.
220
biernos (Hunchuan,2004,2018,2020; Sande, 2014,2018,2021).
Si bien, en el país durante la denominada era progresista se
fueron dando señales de reconocimiento de derechos, no se
materializaron en la provisión de institucionalidad y de polí-
ticas públicas.
El país cuenta con una serie de normativas específicas para
personas mayores en materia de derechos humanos, que in-
cluye la ratificación de la Convención Interamericana sobre la
Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayo-
res por parte del Estado uruguayo. El 24 de agosto de 2016, la
Cámara de Senadores y de Diputados, reunidos en Asamblea
General la aprueban y se convierte en ley (Ley Nº 19.430). Sin
dudas, la Convención supuso un avance inestimable en la ga-
rantía de los derechos de las personas mayores, pero, su sola
presencia no es suficiente para disponer de un Estado que
garantice mediante políticas sociales aquellos derechos que
se encuentran vulnerados, o escasamente protegidos. Roqué
(2019) advierte que no parece simple la puesta en marcha de
los derechos conquistados en la convención en un contexto
en que los Estados desconocen los derechos de las personas.
Al iniciarse la emergencia sanitaria (marzo, 2020), y durante
los primeros meses, el confinamiento se vio facilitado por-
que persistían ciertas fortalezas en términos de recursos – un
sistema de salud consolidado vía Sistema Integrado de Salud
(SNIS), o la apelación a algunas prestaciones que estaban am-
paradas por el presupuesto anterior-. pero a medida que fue
pasando el tiempo estas ventajas se vieron disminuidas. Se
incrementa el gasto de las familias, vía aumento de las tarifas
públicas y empiezan a deteriorarse o cerrarse programas pen-
sados como apoyos.
221
Al comienzo del actual gobierno, en su afán de acelerar los
procesos de ordenamiento institucional – en base a los pos-
tulados ideológicos-políticos propuestos en este entonces –
figuraba como medida la derogación del artículo que crea el
Instituto Nacional de las Personas Mayores (Inmayores) en el
año 2009, sustituyéndolo por una dirección de menor rango
dentro del Ministerio de Desarrollo Social.
Este fenómeno no pasó desapercibido, y en cierta forma la
contramarcha de esta medida no fue por un convencimiento
político, sino por el posicionamiento que las personas mayo-
res organizadas (la Red de Adultos Mayores- Redam, entre
otras) lograron promover a partir de instancias y moviliza-
ciones, en tiempos donde la pandemia recriminaba a quie-
nes se colectivizaban, para situar sus reclamos en la esfera
política. La participación de estas organizaciones, que fueran
muchas veces cuestionadas por su rol estrictamente recrea-
tivo-cultural, se asumió un lugar de resistencia política y de
marcada ubicación teórica, respecto a cómo entiende el lugar
del Estado en la protección de las personas viejas.
Fassio (2015) nos aporta algunas reflexiones para compren-
der este suceso ocurrido en Uruguay. Durante la conforma-
ción de la institucionalidad pública sobre envejecimiento y
vejez, en la primera y segunda década del presente milenio,
las organizaciones de personas mayores fueron actores de
destacada relevancia, conformando espacios de negocia-
ción permanente en la edificación de la institucionalidad y la
construcción de las agendas de gobierno durante los perío-
dos progresistas.
222
Podemos inferir que la desarticulación de la institucionali-
dad vigente en materia de envejecimiento y vejez por parte
del gobierno actual, finalmente no alcanzada, aunque haya
quedado seriamente debilitada, tenía como propósito reafir-
mar el posicionamiento teórico-ideológico de que los asun-
tos de relevancia en materia de necesidades en la vejez son en
materia de salud y Seguridad Social.
Esta situación no es ajena a discusiones que en el campo ge-
rontológico se han venido produciendo tiempo atrás. Ludi
(2005) exponía que los sistemas de protección social hacia
las personas viejas solían tener una significativa inclinación
hacia las políticas de salud y Seguridad Social, reservando los
restantes asuntos atinentes a las personas, a su esfera privada.
A su vez, una atención selectiva de los temas que han sido
sectorializados por parte del Estado, anticipan una mirada
respecto a la posición que se tenía sobre la vejez.
Las políticas sociales hacia las personas viejas han estado
marcadas por lo que los sujetos no poseen. Su diseño parte
de lo que falta y es a partir de sus necesidades, asumidas por
otros, que se forjan las respuestas públicas. Se daba cuenta
de la vejez entendida como un período de pérdidas, déficits
acumulados y carencias permanentes, a partir de lo cual el
Estado constituye respuestas que intentan aminorar los pro-
blemas de salud y de ingreso económico, que son los más
pronunciados a partir de algunas características vinculadas
a la edad (vía jubilación, por ejemplo) y la particular manera
de responder a ellas por parte de la administración pública
(Huenchuan, 2004).
223
En concreto, el Estado uruguayo en este tiempo ha venido
desarticulando la integralidad y complejidad en algunas de
las respuestas alcanzadas por las políticas sociales tiempo
atrás, pretendiendo, con ello, favorecer una nueva reinven-
ción de la vejez como asunto ligado a la atención personal y
responsabilidad familiar.
Estas situaciones en el plano nacional se suman a un intento
de cambio paradigmático en las formas de pensar los proce-
sos de envejecimiento y vejez.
224
Esta individualización y fragmentación social (Carballeda,
2015) presenta un correlato con los discursos emitidos por el
Estado durante la pandemia. La exigencia a que las personas
mayores no salieran de sus hogares no estuvo acompañada
de ninguna medida pública que ofreciera garantías de apoyo,
protección y seguridad. Las personas mayores, sin importar
las circunstancias en las que se encontrasen, debieron resol-
ver por su propia cuenta, las necesidades humanas que se les
fueran presentando en ese período.
En ese orden, se puede visualizar como en el país, la concre-
ción de un cambio en las políticas sociales hacia el enveje-
cimiento y la vejez que se inician con un período de debi-
litamiento de algunas prácticas y programas que se habían
conquistados años previos, supuso una fase inicial que puede
derivar en una re-capitulación de los modos de atención de
las personas viejas por parte del Estado, hacia zonas menos
colectivas y más privatizadas (Sande, 2022).
El Uruguay se ha caracterizado por contar con una larga tra-
dición de políticas de bienestar consolidadas desde la primera
mitad del siglo XX. A partir del año 2005, cuando asumió el
gobierno el Frente Amplio, se vuelve a implementar un “esta-
tismo moderado” (Antía y Midaglia, 2013), donde el Estado
tiene un rol interventor en torno a las políticas sociales, ex-
pandiendo las transferencias monetarias, tomando medidas
en el ámbito laboral, en la salud, con acciones asistenciales
focalizadas de amplia cobertura. Durante ese período se fue-
ron consolidando algunos aspectos de las políticas universa-
les no contributivas como lo fueran en torno a la educación,
y otras con altas tasas de cobertura como la salud.
225
El Estado uruguayo ha actuado en la previsión de situaciones
sociales en la larga duración, a través de la provisión de bienes
y servicios (Filgueira; 2006, Hernández; 2000; Paredes; 2006
y 2008, Migdalia; 2001) fundamentalmente con políticas arti-
culadas al mundo del trabajo. En tanto las respuestas para las
problemáticas concretas han sido escasas y con niveles altos
de focalización (Cinve,2018; Van Rompaey & Scavino, 2018;
Sande 2014,2018).
Las políticas pioneras en materia de vejez fueron las de Segu-
ridad Social (SS), desde finales del siglo XIX Uruguay cuen-
ta con una normativa sobre pensiones contributivas, siendo
uno los primeros países en lograr una amplia cobertura.
En el periodo de gobierno progresista las políticas sociales
que se implementaron estuvieron vinculadas también a la Se-
guridad Social -con cobertura casi total (95,53%) - y en salud,
vinculadas al Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS).
Para el año 2017, fueron 713.551 personas quienes recibieran
ingresos por jubilaciones (DGI, 2017). A junio de 2020 según
datos de la organización de jubilados y pensionistas (ONA-
JPU) percibían el monto mínimo ($13.783/ U$S 321) 125.000
jubilados y 11.000 pensionistas.
Para completar la cobertura en torno a la Seguridad Social,
en el 2007, la Ley Nº 18.241 instituyó una prestación no con-
tributiva para los mayores de 65 años que presentaran caren-
cias críticas en sus condiciones de vida y se encontraran en
situación de indigencia. Alcanzaba a quienes no accedían a la
pensión no contributiva por vejez (Art. 43 de la Ley 16.713,
que requiere 70 años). Esto significó un avance en la cober-
tura de las personas mayores, sobre todo para quienes no
226
podían alcanzar los mínimos requeridos para el trámite ju-
bilatorio y/o no llegaban a la edad mínima para solicitar una
pensión a la vejez.
Se trata de una re-focalización de algunas prestaciones no
contributivas que se habían originado durante la consolida-
ción del Plan de Equidad. La Asistencia a la Vejez, política
de corte asistencial, orientada a la protección económica de
personas que estando en situación de vulnerabilidad, presen-
taban serias dificultades para permanecer en el mercado la-
boral formal. La población objetivo estaba conformada por
personas de entre 65 años y hasta los 69 años, las cuales in-
gresaban posteriormente a la pensión a la vejez.
Al inicio de la nueva administración de gobierno en 2020,
esta prestación así formulada se discontinua. Esto permite
reflexionar sobre cómo esta situación se pudo concretar, en
la medida en que la propuesta habilitaba a que la asistencia a
la vejez evitara bajar la edad “legal” para ser beneficiario de
la pensión a la vejez lo que se consagra implica discreciona-
lidad. Al no ser un derecho, se puede quitar según la pers-
pectiva y el marco teórico de los gobiernos de turno, lo que
efectivamente ocurrió.
Así, en los primeros dos años del gobierno de la coalición
conservadora, la asistencia a la vejez pasó por períodos don-
de el programa no recepcionaba nuevas postulaciones ar-
gumentando, de forma poco clara, cuestiones atinentes a la
reformulación de la protección social. La situación produjo
un sinnúmero de personas en situación de vulnerabilidad so-
cioeconómica que han visto impedido el acceso a la política,
derivando en situaciones de mayor precariedad social.
227
Esto, además, nos advierte que, pese a los avances normati-
vos, que incluyen los posicionamientos en torno al Derecho
Internacional, surgen vacíos normativos para quienes no lo-
gran configurar una causal jubilatoria (30 % según las esti-
maciones) y aquellos que no logren acceder, por superar la
pobreza extrema, al subsidio de la ley 18.241.
Si bien, como medida de protección ante la emergencia sa-
nitaria debida al virus COVID-19, se crea un subsidio por
enfermedad para que los trabajadores con 65 años o más
puedan permanecer en aislamiento dentro del período de
vigencia de la normativa (por decreto del Poder Ejecutivo y
por un periodo acotado), el monto que percibían tenía un
equivale al 70 % de los ingresos que constituyan materia gra-
vada, calculado en base al promedio total de lo percibido en
los 180 días anteriores al último día del mes anterior al de la
certificación, resultó claramente insuficiente.
En materia de cuidados, en el año 2015 se establece la pro-
puesta de un Sistema Nacional de Cuidados (SNC) el cual
implicó una invitación a la corresponsabilidad entre el Es-
tado y la familia. El sistema se planteaba una división según
la etapa del curso vital. Para la población vieja existía una
cobertura- en principio a personas de más de 80 años con
dependencia severa- a partir de programas de asistentes per-
sonales y teleasistencia. La nueva administración lo reposi-
ciona en el marco del Programa de Discapacidad y además
mantiene la focalización a Personas con dependencia severa.
Dentro de este desmontaje de acciones llevadas a cabo, cabe
destacar la iniciativa de suprimir los espacios de negociación
entre el Estado y la sociedad civil organizada, a partir de la
228
experiencia que traía el Inmayores con la Redam. Desde el
año 2011, se venía consolidando la participación política de
las personas mayores en el diseño, elaboración y monitoreo
de las políticas sociales dirigidas a las personas mayores.
Rovira (2022) expresa que la participación política de las
personas viejas configuró un nuevo orden de temas coloca-
dos en la agenda pública de los Estados. La asunción de un
lugar específico y su confrontación con las matrices técni-
co-profesionales, coadyuvó hacia una mirada integral de las
personas mayores, en tanto los temas de interés y las formas
de abordarlo no estaban dentro del universo de atención del
Estado. En la actualidad, y de forma repentina, Inmayores
decide limitar los espacios de diálogo con la sociedad civil
organizada, existiendo momentos donde los canales de co-
municación estuvieron obturados por la escasa disposición
del Estado a conformar espacios de construcción de política,
conjuntamente con los propios sujetos protagonistas.
Otra de las transformaciones silenciosas que se vienen pro-
cesando en este tiempo es en materia de cuidados. El debili-
tamiento no supone de por sí la no existencia de la política,
sino, una presencia que no responde ya a los postulados que
habían sustentado su creación. El caso del Sistema Nacional
Integrado de Cuidados (NIC) es la situación más evidente
en tanto sus programas quedaron sencillamente paralizados
durante casi tres años, no cursando la tramitación de las so-
licitudes realizadas por las personas mayores en situación de
dependencia.
Esta definición se inscribe dentro de una política de cuidados
de retorno al modelo familiarista, donde el Estado se posicio-
229
na en un lugar subsidiario en las respuestas a las situaciones
que merecen atención (Batthyany, 2020). Si bien no hay una
definición expresa desde qué modelo se asienta el Estado en
la actualidad, la profunda inacción durante este tiempo deja
a las claras que lugar se les adjudica a las prácticas de Cuida-
do en este tiempo. Un detalle que ha patentizado esta situa-
ción es la exposición permanente de la preocupación por la
humanización de los cuidados, deslizando en los discursos
que, para cuidar bien, no se requieren servicios ni acciones
estatales, sino personas bien formadas e intencionadas para
asegurar el apoyo requerido.
En esencia, el Sistema de Cuidado originado en el año 2015
se encuentra en plena transformación. Su fusión con el Pro-
grama de Discapacidad marca a las claras la pretensión de
forjar un cambio conceptual en los modos de entender y
comprender a los cuidados. A esto, se suma la paralización
en el acceso de nuevos postulantes a los servicios de cuidado
a domicilio, cuestión que ha desestimulado la demanda, pro-
duciendo nuevas estrategias familiares de cuidado para quie-
nes no logran obtener respuestas desde las políticas estatales
(Acosta, Piccaso y Perrota, 2018).
La paralización de políticas asistenciales presenta un impacto
no menor en las personas que ya traen de arrastre situaciones
de pobreza persistente, en algunos casos, el no acceso a una
política es un motivo más para el desencadenamiento de pa-
tologías psicofísicas vinculado a las dificultades para cubrir
diariamente las carencias mínimas (Clemente, 2016).
Esta acción estatal, mediante la inacción ante la protección
mínima y necesaria para las personas mayores, es una forma
230
de ejercer la necropolítica. El Estado no mata, pero deja mo-
rir a partir de las políticas orientadas a la ampliación de la ex-
clusión social de las personas viejas (Guajardo, 2019). En este
tiempo la asistencia a la vejez, vuelve a reactivarse, pero con
un formato hiperfocalizado, donde podrán acceder aquellos
que muestren que su situación es de desposesión absoluta en
todas las dimensiones de la vida humana.
La sutileza de la acción necropolítica está en la sustitución de
políticas institucionalizadas de asistencia social, como lo es
la asistencia a la vejez, por la re-edición de nuevas formas de
atender a la pobreza crónica, mediante la entrega de canastas
de alimentos. La pandemia dejó entrever las formas que el
Estado se apresta a atender a los colectivos que se encuentran
en situación de vulnerabilidad social, mediante la entrega de
canastas de alimentos, sin un criterio técnico debidamente
formulado y un sistema de acceso que excluye aquellos que
no cuentan con sistemas de tecnología digital (Baraibar,
2021).
Los cambios hasta aquí mencionados y otros que vienen ocu-
rriendo, dejan entrever nuevas formas de percibir al enveje-
cimiento y la vejez, en sus múltiples acepciones. Por un lado,
es de notar el retorno de la matriz deficitaria del envejeci-
miento (Iacub, 2011) donde la mayor parte de los problemas
que representan a las personas mayores son fundamentados
a partir de las posibles alteraciones biológicas.
231
La neo medicalización o el giro despolitizante de la vejez
La biomedicalización del envejecer no es una novedad en
el campo gerontológico, sus postulados y afirmaciones se
acrecientan con los datos provenientes de la pandemia, ad-
quiriendo nuevamente una legitimidad que había quedado
relegada a partir del accionar de los propios agentes, tiempo
atrás. Esta posición cuestiona la visión más compleja del en-
vejecimiento, donde los argumentos trascendieron la mera
existencia de un cuerpo que ya no se representa como en
otros momentos de su vida.
Otra perspectiva en curso, es la visión privatizante de la ve-
jez (Debert, 2015). Las personas mayores son conducidas a
hacerse cargo de su vida, como responsables últimas de los
acontecimientos que ocurran en ella. De alguna manera,
afloran los idearios contemporáneos de la subjetividad neoli-
beral, donde cada cual debe ser capaz de orientar su vida, to-
mando las decisiones más acertadas y asumiendo los costos
en caso de no hacerlo.
Este hecho se viene patentizando a partir de la búsqueda in-
cesante de que las personas mayores continúen quedándose
en casa. El relato de lo domiciliario como el espacio privi-
legiado para las personas mayores, es por momentos, una
pretensión de ocultamiento de los rostros que la vejez pue-
de evidenciar en una sociedad que aspira a cuerpos excelsos,
capaces de preservar una estética que vaya en línea con la
matriz de consumo actual.
Pero eso no es lo único, el discurso predominante sobre el va-
lor del domicilio como ámbito aconsejable para las personas
232
mayores guarda relación directa con la presencia en prime-
ra plana de la primera generación de teorías gerontológicas
estructural-funcionalistas. En parte, el discurso vigente, se
enlaza con los ideales planteados por la teoría de la desvin-
culación (Cumming y Henry, 1961) donde la vejez per se, era
una fase de la vida orientada a la desvinculación de los roles y
funciones sociales, y una preparación para el cierre de la vida.
En un sentido similar, no parece menor dar cuenta de los
cambios ocurridos a principios de mayo del 2022 en el Ins-
tituto Nacional de las Personas Mayores (Inmayores). Los
cambios en la dirección de esta entidad, llevaron a nombrar
a un coronel retirado como la autoridad máxima en la pla-
nificación de los asuntos sobre envejecimiento y vejez en
Uruguay.
Reflexiones finales
La experiencia y el trabajo de campo desde el Área Vejez
y Trabajo Social nos habilita a considerar que en su am-
plia mayoría la estrategia de las personas mayores en el país
significó adherir al aislamiento (a la hora de cuidarse de la
enfermedad) incorporando las medidas sociosanitrias pro-
puestas por el grupo Asesor Científico Honorario (GACH)
con uso de tapabocas, desinfección (lavado de manos, uso
de alcohol en gel).
Si bien, las personas mayores no fueron la población que vi-
venció con más ansiedad la crisis, probablemente sostenidas
en una trayectoria vital que acumula vida vivida, y la expe-
riencia de otras pandemias (gripe española, sarampión, etc.),
233
se puede considerar que si fueron las que más adhirieron a las
medidas propuestas.
Una de las enseñanzas que nos dejó la pandemia es el hecho
de que contrario sensu, de lo que, a partir de los viejismos
y el prejuicio, las personas mayores sostuvieron el confina-
miento con mayor facilidad a partir del uso de las tecnologías
con un aumento en las destrezas para su uso, aprendiendo y
apoyándose en ellas para mitigar la falta de contacto entre
las personas. Esto se destaca desde la empiria y aporta a la
desmitificación de prejuicios montados desde los discursos
de los medios masivos de comunicación, los actores del go-
bierno y la sociedad en general.
Si se tiene en cuenta la crisis mundial provocada por el adve-
nimiento de una pandemia producto de un virus, que generó
una conmoción en la vida cotidiana de quienes habitamos en
planeta en esa oportunidad, y que dejó como ilustración la
fragilidad de la vida humana, una enseñanza imprescindible
es entender la inexorable interdependencia entre las perso-
nas, poniendo en primera línea todos los miedos, “el miedo
a la muerte ha sido interpretado como el temor más básico
que experimenta el ser humano, del que derivan los restantes
miedos” (Salvarezza, 1998, p.386).
En un primer momento Uruguay estuvo mejor que otros
países a partir de las fortalezas previas. Con el transcurrir
del tiempo, que coincidió con el cambio de gobierno y del
modelo de gestión del Estado, comenzaron a aparecer otras
situaciones.
Se puede considerar que aparece un giro en la implementa-
ción de las políticas públicas por parte de la administración
234
del Estado, que surge tras el triunfo en las elecciones del 2019
de una perspectiva neoliberal que deja por el camino algunos
avances en materia de protecciones y de derechos adquiridos.
Asistimos a un cambio en la mirada hacia las políticas socia-
les, una reducción del Estado y una marcada una apuesta al
mercado.
Esto no ha sido resuelto sin dificultades, ni con la anuencia
de toda la población, se han procesado en el periodo movi-
lizaciones, de los gremios de trabajadores, de colectivos de
Personas Mayores, de parte de un porcentaje importante de
la sociedad civil, con una serie de reclamos por la pérdida sa-
larial de trabajadores y pasivos, así como por la preocupación
por el lugar que ocupan en la actual administración las po-
líticas dirigidas a las personas mayores en el Sistema Nacio-
nal Integrado de Cuidados (SNIC), en tanto está en cuestión,
además, los cambios en la matriz de protección, contenido y
direccionalidad de las políticas públicas, ya sea en términos
presupuestales, como de orientaciones filosóficas y de justicia
social.
Los resultados del tránsito de la pandemia en el país pueden
considerarse como relativamente buenos con respecto a la
gestión de la pandemia, sobre todo pensados en términos de
la instrumentación de la vacunación y en acatamiento al ais-
lamiento físico como uno de sus fundamentos, esto sostenido
en pilares de protección social, salud, educación y Seguridad
Social, previamente construidos e interactuando entre sí.
Resultaron asimismo problemáticos en torno al cuarto pilar,
que completaría el bienestar de las personas, ya que el Siste-
ma Nacional de Cuidados (SNC) era de reciente creación y
235
aún estaba en etapa de focalización, de ahí que las mayores
dificultades se dieron en torno a los cuidados.
Problematizar el cambio en la matriz teórica, de modelos de
justicia y de tenor en tanto apuesta a la defensa de los dere-
chos de todas las personas a lo largo del curso de vida, que
se sustenta desde el Derecho y la norma, sin perjuicio de las
capacidades personales, nos conmina a la preocupación so-
bre la definición tomada por el gobierno actual que viene a
consolidar un divorcio temporal, pero perdurable, entre la
matriz gerontológica y las políticas hacia las personas ma-
yores. Estas últimas, parecen estar libradas a los esquemas
neoliberales, donde la persona vieja es un sujeto al servicio
de las necesidades del mercado.
Apostar a reivindicar de una perspectiva crítica, donde estén
contemplados los derechos y la voz de las personas viejas es
el desafío que nos convoca.
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