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Nicolás Maquiavelo

Biografía.

Maquiavelo nació en Florencia el 3 de mayo de 1469 y falleció en esa misma ciudad en 1527. Su
azarosa vida, rica en viajes y experiencias políticas, le per­mitió, no obstante, nacer y morir en una
ciudad a la que amaba de manera apa­sionada y que formaba parte esencial de una Italia, fragmentada
en diversos Estados, que necesitaba ser unificada y consolidada. Los primeros años de su vida
transcurrieron bajo el dominio absoluto de los Medici en la ciudad de Florencia. En 1494, ocupó un
puesto de funcionario que conservaría hasta 1512.

Maquiavelo ejerció diversos cargos públicos y se le encomendaron distintas misiones diplomáticas en


Francia, Alemania e Italia. Esta experiencia cimentaría sus posteriores escritos políticos.

En 1512, la intervención de las tropas españolas derrocó el poder republicano y restauró de nuevo el
poder aristocrático de los Medici. Maquiavelo pasó en­tonces a ser considerado un peligro para los
intereses de esta familia poderosa e influyente, por lo que fue encarcelado, inhabilitado para la política
y, final­mente, desterrado. Paradójicamente, fue en este momento cuando comenzó su periodo más
fructífero: escribió El príncipe (1513), Discursos sobre la pri­mera década de Tito Livio (1512-1517).
En 1521, después de ser amnistiado, de nuevo fue acusado de cons­pirar contra el poder establecido.
Falleció en 1527, olvidado, denostado y sin conocer la enorme trascendencia que, con el tiempo,
tendría su obra.

El problema de la política.

El problema principal que quiere resolver Maquiavelo es cómo organizar el Estado para asegurar su
cohesión y permanencia, pues sin Estado no es posible la libertad ciudadana ni la seguridad. Hasta
Maquiavelo había dominado el idealismo político: Platón, Aristóteles y Sto. Tomás habían pensado
que el buen funcionamiento del Estado dependía de la virtud de sus gobernantes y ciudadanos.
Además, los gobernantes debían poseer cualidades superiores intelectuales y usarlas para el bien de
los gobernados. Así, la figura fundamental de gobernante era la del hombre sabio y prudente que
ejercía su poder en beneficio de sus súbditos. Frente a esta visión del Mundo Clásico y la Edad Media,
Maquiavelo defenderá el Realismo Político. Para Maquiavelo la política es absolutamente autónoma
de la filosofía o la moral, y sólo debe buscar la consecución de los fines propuestos. El fin
fundamental de la política, según el autor florentino, es mantener y acrecentar el poder del Estado.
Maquiavelo considera que los seres humanos son, por naturaleza, egoístas, astutos e interesados
(concepción pesimista del ser humano), y por ello, el gobernante deberá utilizar cualquier medio,
incluyendo el engaño, el miedo y el castigo, para que las acciones individuales beneficien al Estado.
El gobernante debe partir de esta condición para conocer, de manera eficaz, al pueblo que ha de
gobernar y para no engañarse con planteamientos optimistas acerca de la bondad de sus súbditos. La
condición humana descrita exige la promulgación de leyes que obliguen a todos los ciudadanos de un
Estado a actuar de acuer­do con el bien común, no de los ciudadanos, sino del Estado en su conjunto.
Estas leyes han de tener presente la maldad propia del ser humano y estable­cer mecanismos rigurosos
de control para velar por su cumplimiento.

El maquiavelismo defiende dos tesis básicas.

En primer lugar, la idea de “razón de Estado”, según la cual lo más importante es la construcción,
consolidación y ampliación del Estado pues es el que posibilita la seguridad y libertad de los
ciudadanos y el beneficio colectivo, frente al interés individual. Para ello el Príncipe debe tener un
poder fuerte, que garantice que los ciudadanos desarrollen su vida de forma provechosa, y no un poder
débil que lleve a revueltas que desestabilicen el Estado. El Estado es soberano y no estará supeditado
nun­ca ni a sus ciudadanos ni a ninguna instancia de orden divino.

En segundo lugar la defensa de que “el fin justifica los medios”. La moralidad del fin perseguido
justifica el medio empleado. La virtud del gobernante, que en la filosofía clásica suponía honradez,
honestidad, generosidad, justicia y piedad, según Maquiavelo está en lograr el fin perseguido aunque
esto implique actuar en contra de la moral. Se propone así una distinción absoluta entre la ética y la
política. De esta forma, las virtudes fundamentales del Príncipe son la astucia (zorro) y la fuerza
(león). La astucia para conseguir sus objetivos de la forma más inteligente posible logrando no
resultar odiado por sus súbditos y la fuerza para resultar temido y hacer imposible la rebelión.
Uniendo ambas cualidades, el príncipe asegura su poder, fin último de la política. Aunque Maquiavelo
nunca enunció la famosa frase «el fin justifica los medios», su pensamiento político queda pa­tente en
dicha afirmación. El fin del Estado consistiría en la vida en paz de sus ciudadanos y en la prosperidad
económica y, para conseguirlo, será lícito em­plear medios inmorales si las circunstancias lo exigieran.
La ética quedará, por tanto, relegada del ámbito político.

En relación a la forma de gobierno, Maquiavelo defiende la República como forma ideal de


gobierno y menciona, a modo de ejemplo, la antigua República romana. La Italia de Maquiavelo
estaba fragmentada y so­metida al poder de monarcas extranjeros. Lejos se hallaba, por tanto, el
anti­guo esplendor de Roma y su poder. Maquiavelo anhelaba aquella gloria y, por tal motivo, volvió
su mirada hacia la grandeza de Roma y de su República como la forma de gobierno que propició su
gran prosperidad. Sin embargo, la República no era una forma de Estado posible en un territorio que,
como el de la Italia de su época, estaba dividido. Resultaba necesaria, por tanto, de forma transitoria,
la figura de un príncipe que aglutinara bajo su autoridad un Estado fuerte y cohesionado. El Príncipe
se presenta, así, como un tratado que señala la estrategia que debe seguir cualquier gober­nante que se
precie de serlo, para la consecución de dicho Estado.

Como conclusión, para el autor la política es una ciencia. La ciencia estudia la realidad y, a partir de
esta ob­servación, desprende una serie de leyes que la explican y que permiten adelan­tar hechos
futuros. La política tendrá que ser una ciencia que estudie esas regularidades para poder obtener el
mayor beneficio posible de ellas El realismo de Maquiavelo se pone de manifiesto en este aná­lisis, ya
que no se conforma con describir cómo deben ser las formas políticas, sino que también expone por
qué llegan a ser lo que son. La obra de Maquiavelo supone la vertebración ideológica de los Estados
absolutistas y, al mismo tiempo, la consideración de la política como una cien­cia autónoma
desvinculada de ascendientes morales y religiosos. Maquiavelo es precursor del pensamiento político
moderno.

El texto de Selectividad corresponde a la obra El Príncipe, obra representativa del pragmatismo


político. Algunos la consideran la primera obra moderna de filosofía política.

En las acciones de todos los hombres, pero especialmente en las de los príncipes, contra los cuales no
hay juicio que implorar, se considera simplemente el fin que ellos llevan. Dedíquese, pues, el príncipe
a superar siempre las dificultades y a conservar su Estado. Si sale con acierto, se tendrán por
honrosos siempre sus medios, alabándoles en todas partes: el vulgo se deja siempre coger por las
exterioridades, y seducir del acierto. Ahora bien, no hay casi más que vulgo en el mundo; y el corto
número de los espíritus penetrantes que en él se encuentra no dice lo que vislumbra, hasta que el
sinnúmero de los que no lo son no sabe ya a qué atenerse.

Maquiavelo. El Príncipe cap XVIII

“Obsérvese bien que si todos los hombres fueran buenos este precepto sería malísimo; pero como
ellos son malos y que no observarían su fe con respecto a ti si se presentara la ocasión de ello, no
estás obligado ya a guardarles la tuya, cuando te es como forzado a ello. Nunca le faltan motivos
legítimos a un príncipe para cohonestar esta inobservancia; está autorizada en algún modo, por otra
parte, con una infinidad de ejemplos; y podríamos mostrar que se concluyó un sinnúmero de felices
tratados de paz y se anularon infinitos empeños funestos por la sola infidelidad de los príncipes a su
palabra. El que mejor supo obrar como zorra tuvo mejor acierto.”

Maquiavelo. El Príncipe cap XVIII

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