UNIVERSIDAD POPULAR
DE LA CHONTALPA
“Universidad del Pueblo y para el Pueblo”
TEMA:
Describe los principales variables macroeconomía y su
efecto en la economía.
Materia:
Macroeconomía
Maestra:
Rosa Guadalupe Morales Osorio
Cuatrimestre:
5°
Integrantes:
Jorge Cristian Sánchez Ramos
Dulce Karehny Alvarado Domínguez
Isabel Sosa Alejandro
Entrega: 18/ Enero/ 2025
INTRODUCCION
Las variables macroeconómicas son indicadores económicos que reflejan el
comportamiento de la economía mismos que ayudan a predecir la evolución de
esta, nos sirven también para la toma de decisiones de la Política Económica. Los
indicadores macroeconómicos nos permiten conocer la evolución de la economía
en una zona o país. Las principales variables macroeconómicas son:
●Inflación.
● Producto Interno Bruto (PIB).
● Desempleo.
El proceso de globalización en el cuál se encuentran la mayoría de los países,
hace que los mercados se vean afectados por movimientos de la economía
internacional. Como es sabido, las firmas constituyen el eje central de la actividad
económica en la mayoría de los países, razón por la cual es importante conocer
dentro de la teoría financiera los elementos que caracterizan el costo de capital.
Por esta razón analizar su comportamiento y el efecto que sobre él ejercen
factores macroeconómicos y microeconómicos resulta de interés en la viabilidad y
sostenibilidad de los proyectos de inversión.
2.1 PRODUCTO INTERNO BRUTO (PIB)
Muchas profesiones usan siglas. Para el genetista, el comerciante y el mecánico,
las letras ADN (ácido desoxirribonucleico), IVA (impuesto sobre el valor agregado)
y rpm (revoluciones por minuto) hablan por sí solas. Pero para los demás son un
obstáculo a la comprensión si no están explicadas. Los economistas también usan
siglas, y muchas. Una de las más corrientes es PIB, el producto interno bruto (o
PBI, producto bruto interno, en algunos países). Muchas veces las encontramos
en el periódico, el noticiero o informes del gobierno, el banco central o el sector
privado. Es un punto de referencia muy común para hablar de la salud de la
economía nacional y mundial. Los trabajadores y las empresas en general están
mejor cuando crece —especialmente si la inflación no está causando problemas—
que cuando no.
Cómo se mide el PIB
El PIB mide el valor monetario de los bienes y servicios finales —es decir, los que
adquiere el consumidor final— producidos por un país en un período determinado
(por ejemplo, un trimestre o un año), y cuenta todo el producto generado dentro de
las fronteras. Abarca los bienes y servicios producidos para la venta en el
mercado, pero incluye también otros, como los servicios de defensa y educación
suministrados por el gobierno. Un concepto parecido, el PNB o producto nacional
bruto, comprende todo lo producido por los residentes de un país. Por lo tanto, si
una empresa de propiedad alemana tiene una fábrica en Estados Unidos, su
producción forma parte del PIB estadounidense, pero del PNB alemán.
No todas las actividades productivas están reflejadas en el PIB. Por ejemplo, el
trabajo no remunerado (ya sean tareas domésticas o la labor de voluntarios) y las
operaciones del mercado negro están excluidas porque son difíciles de medir y
valorar correctamente. Eso significa que un panadero contribuye al PIB cuando
elabora un pan para un cliente, pero no cuando lo hornea para su familia.
El producto interno “bruto” tampoco tiene en cuenta el desgaste de las
maquinarias, los edificios y demás factores que intervienen en la producción.
Cuando descontamos ese des gaste —un paso que se denomina “depreciación”—
del PIB, obtenemos el producto interno neto.
En teoría, el PIB se puede abordar desde tres ángulos:
• El enfoque de la producción suma el “valor agregado” en cada etapa de
producción. Ese valor agregado se define como el total de ventas menos el valor
de los insumos intermedios utilizados en la producción. Por ejemplo, la harina es
un insumo intermedio y el pan es el producto final; los servicios del arquitecto son
un insumo intermedio y el edificio es el producto final.
• El enfoque del gasto suma el valor de las adquisiciones realizadas por los
usuarios finales; por ejemplo, el consumo de alimentos, televisores y servicios
médicos por parte de los hogares; la inversión en maquinarias por parte de las
empresas, y las adquisiciones de bienes y servicios por parte del gobierno y de
extranjeros.
• El enfoque del ingreso suma los ingresos generados por la producción; por
ejemplo, la remuneración que perciben los empleados y el superávit operativo de
las empresas (que equivale aproximadamente a las ventas menos los costos).
El cálculo del PIB de un país suele estar a cargo del ente estadístico nacional, que
recopila datos de un gran número de fuentes. La mayoría de los países se ciñe a
normas internacionales establecidas; en el caso de la medición del PIB, se trata
del Sistema de Cuentas Nacionales 1993, elaborado por el Fondo Monetario
Internacional, el Banco Mundial, la Comisión Europea, la Organización para la
Cooperación y el Desarrollo Económicos y las Naciones Unidas.
Qué es el PIB real
Una cosa que la gente quiere saber es si el total de bienes y servicios producidos
por una economía está creciendo o disminuyendo. Pero como el PIB se calcula a
precios nominales —o sea, corrientes—, no pueden compararse dos períodos
haciendo caso omiso de la inflación. Para encontrar el PIB “real”, hay que tener en
cuenta la variación de los precios; así se puede saber si el valor del producto
aumentó porque la economía produce más o simplemente porque subieron los
precios. Para hacer ese ajuste se utiliza una herramienta estadística conocida
como deflactor del PIB.
El PIB es importante porque da información sobre el tamaño de la economía y su
desempeño. La tasa de crecimiento del PIB real suele usarse como indicador del
estado de salud general de la economía: en términos amplios, cuando el PIB real
aumenta, la economía está funcionando bien. Cuando ese aumento es fuerte, hay
probabilidades de que las empresas contraten más trabajadores y la gente tenga
más dinero para gastar. En este momento está ocurriendo lo contrario. Después
de años de crecimiento excepcionalmente vigoroso, muchas economías se están
desacelerando y varios países industriales calculan que su PIB real bajó en los
últimos trimestres. Pero el crecimiento del PIB real se mueve en ciclos a lo largo
del tiempo. Las economías pasan por períodos de auge y luego de debilidad, o
incluso de recesión (definida a veces como dos trimestres seguidos de
disminución del producto). Estados Unidos, por ejemplo, vivió seis recesiones de
distinta duración e intensidad entre 1950 y 2007 (véase el gráfico).
Cómo se compara el PIB de dos países
Dado que el PIB se mide en la moneda nacional, es necesario hacer un ajuste al
comparar el valor del producto de dos países con distinta moneda. Lo que se
acostumbra es convertir el valor de cada PIB a dólares de [Link].; esa conversión
se basa en el tipo de cambio vigente en el mercado de divisas o en el tipo de
cambio ajustado según la paridad del poder adquisitivo (PPA). Este último es el
tipo de cambio que habría que aplicar al convertir una moneda a otra para poder
comprar el mismo volumen de bienes y servicios en cada país (véase “Vuelta a lo
esencial” en la edición de marzo de 2007 de F&D). En los países de mercados
emergentes y en desarrollo hay una gran diferencia entre un tipo de cambio y otro;
en la mayoría, la relación entre el tipo de cambio de mercado y el ajustado según
la PPA es entre 2 y 4. Eso se debe a que los bienes y servicios no transables
suelen ser más baratos en los países de bajo ingreso que en los de alto ingreso —
un corte de cabello sale más caro en Nueva York que en Bishkek—, aun si el
costo de fabricar bienes transables, como maquinaria, es el mismo. En las
economías avanzadas, la diferencia entre los tipos de cambio es mucho menor.
Todo esto significa que los países de mercados emergentes y en desarrollo tienen
un PIB estimado en dólares más alto cuando se utiliza el tipo de cambio ajustado
según la PPA.
El FMI publica una variedad de datos sobre el PIB en su sitio web ([Link]) y
es una de las instituciones internacionales que elaboran indicadores mundiales y
regionales del crecimiento del PIB real que permiten formarse una idea de la
rapidez o la lentitud con que se están expandiendo la economía mundial o las
economías de una determinada región. Los agregados se calculan como
promedios ponderados del PIB de distintos países y las ponderaciones (basadas
en tipos de cambio ajustados según la PPA) reflejan el porcentaje del PIB que
corresponde a cada país dentro del grupo. Así, por ejemplo, en la última
actualización de su informe Perspectivas de la economía mundial, el FMI proyecta
que el PIB real mundial crecerá 2,2% en 2009, comparado con 3,7% este año y
5% en 2007. Se prevé, por primera vez desde la segunda guerra mundial, una
contracción anual de las economías avanzadas.
Lo que no muestra el PIB
También es importante comprender qué es lo que el PIB no nos dice. No es un
indicador del nivel de vida ni del bienestar general de un país. Aunque a menudo
se usan las variaciones de la producción de bienes y servicios por persona —el
PIB per cápita— para determinar si el ciudadano promedio de un país está mejor o
peor, no se ven cosas que pueden ser importantes para el bienestar general. Por
ejemplo, la producción puede aumentar destruyendo el medioambiente o acarrear
otros costos externos como el ruido, o puede restar tiempo de ocio o agotar
recursos naturales no renovables. La calidad de vida también puede depender de
la distribución del PIB entre los residentes de un país, no solo del nivel global.
Para tener en cuenta esos factores, las Naciones Unidas elaboran un Índice de
Desarrollo Humano que clasifica los países no solo en base al PIB per cápita, sino
también a otros factores como la esperanza de vida, la alfabetización y la
matrícula escolar. También hay otros intentos por saldar algunas de las
deficiencias del PIB, tales como el Indicador de Progreso Real y el Índice de
Felicidad Nacional Bruta; pero estos tampoco han escapado a las críticas.
2.2 PRODUCTO NACIONAL BRUTO (PNB)
El producto nacional bruto es el parámetro que mide el crecimiento
de una Economía en un momento determinado, es decir, estudiará el
valor monetario de los bienes y servicios finales, generados por los
residentes de un país en un periodo determinado.
El producto nacional bruto(PNB) es un indicador que mide la
producción de bienes y servicios de un país en un periodo de tiempo, es
decir, al PNB habría que restarle la producción total del trabajo o del
capital de extranjeros, y a la vez, sumarle la producción nacional en los
países extranjeros, de manera que obtengamos la producción que hay
dentro de un país, independientemente de quién lo genere.
Si, por ejemplo, una fábrica de coches francesa realiza su producción en
España, los vehículos que fabriquen en nuestro país, formará parte
del producto nacional bruto español, pero no formará parte
del producto nacional bruto español.
¿Cómo se calcula el producto nacional bruto (PNB)?
Para el cálculo del PNB, habría que sumarle al producto nacional
bruto, la producción de las empresas españolas en el extranjero, y, le
restaríamos la producción de empresas extranjeras en España, es decir:
Siendo PN la producción nacional en el extranjero y PEX la producción
extranjera dentro de España.
Observando esta fórmula, el PNB y el PIB son índices diferentes, donde
uno será superior al otro en economías abiertas.
Mientras qué, en economías cerradas, donde no hay intercambio con
países extranjeros, el PIB y el PNB serán prácticamente iguales.
Quizás te interese nuestro artículo sobre técnicas para mejorar la
productividad laboral.
¿Qué es el producto nacional bruto (PNN)?
El Pproducto nacional bruto sería la producción de bienes y servicios
que realizan las empresas españolas menos en consumo de capital fijo,
es decir:
Siendo KF, el consumo de capital fijo que se define como la
amortización de los activos de un país que se utilizan para producción,
como, por ejemplo, una maquinaria que se va desgastando con el paso
del tiempo, para posteriormente, se reemplazaba por otra nueva.
Por tanto, las Cuentas Nacionales usan los datos el PNB más que los
del PNN, ya que, resulta complicado medir la amortización del consumo
de capital fijo.
De ahí, que los países usen los datos brutos, porque, resulta más
sencillo que usar los datos netos.
¿Cómo de importante es el Producto Nacional Bruto?
Los responsables políticos confían en el Producto Nacional Bruto como uno de los
indicadores económicos importantes. El PNB proporciona información crucial
sobre fabricación, ahorro, inversiones, empleo, producción de las principales
empresas y otras variables económicas. Los responsables políticos utilizan esta
información para preparar documentos políticos que los legisladores utilizan para
elaborar leyes. Los economistas se basan en los datos del PNB para resolver
problemas nacionales como la inflación y la pobreza.
Al calcular la cantidad de ingresos obtenidos por los residentes de un país
independientemente de su ubicación, el PNB se convierte en un indicador más
fiable que el PIB. En la economía globalizada, los individuos disfrutan de muchas
oportunidades para obtener ingresos, tanto de fuentes nacionales como
extranjeras. Al medir datos tan amplios, el PNB proporciona información que otras
medidas de productividad no incluyen. Si los residentes de un país se limitaran a
las fuentes de ingresos nacionales, el PNB sería igual al PIB, y tendría menos
valor para el gobierno y los responsables políticos.
A pesar de lo dicho, el PIB es más relevante de cara al análisis macroeconómico
al tener en cuenta lo producido dentro del país, sin importar la nacionalidad de los
productores. De hecho, para medir el crecimiento o decrecimiento económico los
analistas suelen dar más relevancia al PIB
2.3INGRESO NACIONAL (IN)
El ingreso nacional es la suma de los ingresos de los ciudadanos de un país en un
período de tiempo. Es un indicador del bienestar de los hogares y de los
individuos.
Para calcular el ingreso nacional se consideran los ingresos de los ciudadanos, sin
importar si se obtienen dentro o fuera del país.
El ingreso nacional se puede calcular de dos formas:
Sumando los ingresos de los trabajadores, capitalistas, empleados, entre
otros
Sumando los bienes y servicios producidos en el país
El ingreso nacional neto (INN) es el valor total de los bienes y servicios generados
en un año, menos los costos de las materias primas, los servicios y la
depreciación de los bienes de capital.
El INN es un indicador del bienestar de los hogares y de los individuos. Un
aumento del INN indica que la economía está creciendo y que los hogares y los
individuos tienen más posibilidades de consumir.
¿Cómo se calcula el ingreso nacional?
Para calcular el ingreso, nacional, debemos aplicar la siguiente fórmula:
Ingreso nacional = PIB + RRN – RRE
Donde:
PIB= Producto interior bruto.
RRN= Rentas de residentes nacionales en el extranjero.
RRE= Rentas de residentes extranjeros en el país.
También podría calcularse mediante esta otra fórmula:
Ingreso nacional = PIB – (T – Sub) + (EBE – CF) + (RRN – RRE)
Donde:
PIB= Producto interior bruto.
T= Impuestos.
Sub= Subvenciones.
EBE= Excedente bruto de explotación.
CF= Consumo de capital fijo.
RRN= Rentas de residentes nacionales en el extranjero.
RRE= Rentas de residentes extranjeros en el país.
Características del ingreso nacional
Las características son las siguientes:
Lo esencial en el cálculo es la nacionalidad de los factores productivos. Aun
cuando el factor productivo se encuentre fuera del país, sus ingresos entran
en la contabilidad. En el mismo sentido, si en el país se encuentran factores
productivos extranjeros, estos son excluidos de la contabilidad.
Generalmente se utiliza como una medida de bienestar del país en cuestión
Se busca evitar la doble contabilización, por eso se excluye el consumo
intermedio.
Diferencia entre ingreso nacional y producto interno bruto
En el caso del ingreso nacional, lo que define si se incluye o no el ingreso de un
factor es su nacionalidad. En cambio en el producto interno bruto lo que importa
son los límites del país, se contabiliza todos los ingresos generados dentro del
territorio, sean nacionales o extranjeros.
Críticas al ingreso nacional
Las principales críticas a la hora de medir la economía utilizando el ingreso
nacional son las siguientes:
No considera la distribución de los ingresos.
Las externalidades negativas como la contaminación, el ruido, la
desaparición de especies, etc. no se contabilizan en la medición.
No incluye una medida del trabajo de aquellas personas que no son
asalariadas, pero cuyas actividades generan valor: por ejemplo dueñas de
casa, personas que tienen que cuidar a sus ancianos, voluntarios, etc.
El ingreso nacional, llamado también dividendo nacional, renta nacional y aun
entrada nacional, comenzó a calcularse regularmente en el período interbélico y
desde entonces se le considera como un barómetro económico y como un índice
de la actividad productiva de una nación. Ciertos economistas hicieron estudios
teóricos sobre el ingreso nacional y efectuaron cálculos de éste durante la década
pasada, pero ha sido sólo en los últimos años cuando han adquirido un impulso
rapidísimo las investigaciones y se han preparado cálculos oficiales para los
países más importantes. No es sorprendente, por lo tanto, que las técnicas
seguidas estén aún en su etapa inicial y que año con año se introduzcan cambios
y se hagan correcciones a las cifras previamente calculadas y, más aún, que los
cálculos difieran de nación a nación y aun entre investigadores de un mismo país
Algunos economistas piensan que el ingreso nacional no es una medida adecuada
de la producción de un país y que dicha medida está mejor representada por el
producto nacional. En estas condiciones los investigadores no se conforman ya
sólo con obtener valores del ingreso nacional; ahora calculan también el producto
nacional, pero no como una medida que excluya a aquella sino como una que la
complementa.
El producto nacional y el ingreso nacional son dos medidas de la producción
nacional. Esta es un resultado neto en el sentido de que mide el valor creado en el
proceso productivo y no la suma de este valor y la del consumo intermedio.
La producción supone una interdependencia continua de todas las actividades
económicas. La agricultura produce la fibra de algodón que va a ser consumida en
la industria textil.
Las minas de carbón y mineral de hierro son las fuentes de abastecimiento de las
fundiciones; éstas a su vez lo son de la industria de construcción. Las industrias
de petróleo y eléctrica producen el combustible y el fluido necesarios para mover
todas las demás industrias, etc., etc. La fibra de algodón, el carbón, el mineral de
hierro, los productos de fundición, el petróleo y la energía eléctrica -para sólo
mencionar los ejemplos anotados- representan para la industria textil, para las
fundiciones, para la construcción y para todas las demás únicamente valores
creados por otras actividades. Al valor de las manufacturas que obtiene la
industria textil tanto como al de los productos de la industria siderúrgica hay que
deducir el valor transferido por. las demás industrias --consumo intermedio- para
obtener el valor creado en estas actividades.
El producto nacional es la suma de los valores creados por todas las actividades
económicas de una nación o sea la medida del valor bruto de la producción menos
el valor del consumo intermedio. En el producto 1 nacional están consignados
todos los valores creados en el proceso productivo; en el ingreso nacional todos
los valores creados menos la parte de éstos equivalente al consumo de capital
habido en el proceso. En consecuencia, el producto nacional mide la capacidad de
producción de una economía nacional y el ingreso nacional su resultado neto.
Al calcular las dos medidas de la producción el objetivo no es el de considerar la
totalidad de los satisfactores provenientes de todas las fuentes, sino simplemente
el de anotar la producción de todas las fuentes de satisfacción que pueden ser
medidas por el investigador.
El campo del producto e ingreso nacionales lo constituyen los bienes económicos.
El más obvio atributo de la actividad económica es su estrecha conexión con el
mercado y la más importante característica de los bienes eco1Ónlicos es que
usualmente aparecen en el mercado. No obstante que ambas medidas tratan
fundamentalmente de los bienes que entran al mercado, se acostumbra
considerar, dentro de los cálculos correspondientes, ciertas actividades ajenas a
éste: tal es el caso de los bienes retenidos por los productores para su consun1o,
los pagos en especie hechos por las empresas a los últimos consumidores, el
ingreso calculado sobre las casas ocupadas por sus propios dueños, etc. Ciertos
investigadores acostumbran consignar los servicios de las amas de casa. Según
una conocida paradoja, si tales servicios no se incluyeran en la medición de la
producción, un soltero, al casarse con su sirvienta, originaría una baja del producto
e ingreso nacionales. Antes del matrimonio los servicios de la sirvienta se
incluirían, pero se excluirían después de celebrado el acto.
2.4 TASA DE DESEMPLEO
La noción de tasa de desempleo, como tradicionalmente se la define, constituye
una medida de la distancia del sistema económico considerado del equilibrio de
pleno empleo. Tal noción recuerda (aunque sin implicar necesariamente una
conexión), la idea de que la economía básicamente depende de los mecanismos
de ajuste de mercado entre oferta y demanda.
Consideremos este punto más detalladamente. Antes que nada, se debe distinguir
la noción de no empleo de aquellas más específicas de desempleo y desempleo
involuntario. Conjuntamente, se debe distinguir esta última de la que, siendo
todavía más específica, señala que el conjunto de personas involuntariamente
desempleadas constituye una categoría central para el análisis del mercado de
trabajo.
La primera de esas nociones es muy genérica y, definida como está, negativa: el
no empleado es simplemente la persona que no está trabajando. Precisamente
porque está definida de manera negativa, tal noción no constituye una categoría
general con la cual se pueda contar para la construcción teórica. En realidad, la
categoría del no empleado constituye simplemente el complemento, con respecto
a la población como un todo, del grupo de los empleados, y es indiferente a la
razón de por qué uno es no empleado: razones de edad (muy joven o muy viejo),
elección individual (desempleo voluntario), ausencia de oportunidades de trabajo
(el verdadero desempleado), o cualquier otra (por ejemplo, el discapacitado). Lo
que constituye una cuestión teórica no es tanto la magnitud de esta categoría, sino
más bien las causas que dan lugar a entradas y salidas con respecto a ella
(correspondiéndose ipso facto a salidas y entradas en la categoría de empleado).
Así, por ejemplo, dentro de la teoría clásica de la compensación, 2 el progreso
técnico, bajo la forma de introducción de maquinaria en una actividad económica
dada, implica una salida de trabajadores de dicha actividad; los empleos así
destruidos son, sin embargo, subsecuentemente compensados mediante la
creación de nuevos empleos en otras actividades favorecidas por el crecimiento
económico total inducido por el incremento en el poder adquisitivo debido a la
disminución de costos y precios en la actividad en la cual originariamente tuvo
lugar el progreso técnico. En cambio, en las descripciones de las consecuencias
sociales de los encercamientos (enclosures) de los siglos XVI-XVII, aquellos que
fueron arrojados de las tierras destinadas a la ganadería, comúnmente entraban a
las filas de los pobres o los bandoleros, así como también a nuevos empleos.
Para atribuir a la noción de desempleado un significado diferente de aquél
genérico de no empleado, se ha hecho un intento en las colecciones estadísticas
al excluir de la noción de no empleable a los jóvenes y los viejos, los estudiantes y
las amas de casa, los discapacitados, etcétera. Sin embargo, aquí se encuentra
uno con la dificultad obvia de utilizar al mismo tiempo motivaciones objetivas y
subjetivas para la exclusión de la categoría del empleable, con una arbitrariedad
en la delimitación de las primeras (por ejemplo, en las fronteras de edad que se
ponen entre el joven, el empleable y el viejo), y con la dependencia de las otras en
el estado de la economía (efectos de desaliento), de modo que la oferta de trabajo
resulta no ser independiente de la demanda. 3 Deberíamos reconocer, en otros
términos, que no puede considerarse que las nociones de empleo y desempleo
tengan el mismo grado de generalidad.
Tal dificultad resulta relevante cuando nos proponemos analizar un fenómeno
caracterizado como mercado de trabajo mediante la construcción de teorías
basadas en la noción del equilibrio por desatascamiento del mercado (market
clearing). De hecho, tales teorías contraponen la demanda por trabajo y la oferta
de trabajo como nociones directamente comparables, por así decirlo, en el mismo
nivel analítico, y más precisamente como funciones del salario real (y
posiblemente de alguna otra variable) bien definidas e independientes.4
Los economistas clásicos, en cambio, no dependían para su análisis de
mecanismos de desatascamiento del mercado, y eran, en consecuencia, capaces
de referirse con mayor generalidad a una comparación entre población y dinámica
de empleo. Petty utiliza el término supernumerarios para designar a los
trabajadores que exceden a aquellos que son estrictamente necesarios para
alcanzar los niveles de producción corrientes, dadas las técnicas productivas,
incluyendo así tanto al desempleo manifiesto, como al que ahora se llama
desempleo disfrazado (u oculto).5 Otras expresiones usadas por autores del siglo
XVIII son ociosidad y falta de empleo, las cuales pueden ser consideradas como
referencias elípticas al asunto del desempleo, pero que ciertamente no
corresponden a él, en lo que se refiere a una magnitud bien especificada y
medible. De hecho, dentro de la teoría clásica las nociones de desempleo, o más
aún, de tasa de desempleo, están sustancialmente ausentes. Indirectamente,
podemos notar que el término desempleo no aparece en el índice analítico de La
Riqueza de las Naciones de Smith (1776), ni en muchos otros escritos del período
clásico, mientras que en el índice monumental preparado por Sraffa para
los Trabajos y Correspondencias de Ricardo (1873), hay sólo un artículo de
trabajadores desempleados (en relación a una carta de Malthus a Ricardo, del 12
de octubre de 1817, la cual hace referencia al destino de los nuevos trabajadores
que llegan al mercado de trabajo cuando la demanda por trabajo es estacionaria),
junto con la conexión a otro artículo, “Empleo del trabajo”, el cual resulta un poco
más rico en referencias, aunque en ninguno de ellos podemos identificar una
noción rigurosa, claramente definida, de desempleo, o cualquiera parecida a la
tasa de desempleo.6
Incluso en lo referente al impacto de la demanda de trabajo sobre los salarios, los
autores clásicos, (por ejemplo, Malthus, 1836, pp. 218-223) no utilizan el desempleo para
medir la distancia entre oferta y demanda de trabajo, y están lejos de establecer
una relación funcional entre dos variables bien definidas, la tasa salarial y el
desempleo (como subsecuentemente lo hará la teoría neoclásica, por considerar a
la demanda y oferta de trabajo como funciones decreciente y creciente,
respectivamente, de la tasa salarial real).
Una excepción parcial, la cual confirma la regla, es Giammaria Ortes, (1713-1790).
En su Della economia nazionale (1774), Ortes discute extensamente la estructura
del empleo de un país imaginario, con una población de tres millones; su idea
básica es que las necesidades de consumo determinan el producto nacional y la
estructura de la producción y, por tanto, el empleo y la estructura del mismo. La
categoría de desempleo es, en consecuencia, de carácter residual e igual a la
población menos el empleo; Ortes distingue entonces, dentro de los
desempleados, a los incapaces de aquellos capaces para el trabajo. Estos últimos
no estarán, de alguna manera, totalmente desempleados, debido a la necesidad
de lograr su subsistencia -a este respecto, dentro de otras ideas, Ortes se refiere a
algo similar a la noción moderna de desempleo oculto (overmanning)-. Ortes
ilustra así una economía sustancialmente estacionaria, donde la categoría
estadística de desempleo juega un importante rol en la descripción de la situación,
pero un papel puramente pasivo en su interpretación.
La noción de desempleado involuntario aparece dentro del ancestral debate sobre
la ayuda a los pobres, aunque no necesariamente designada con el término
moderno. Contrastando con la tesis de acuerdo a la cual los pobres sanos pueden
ganarse la vida por sí mismos, de tal modo que los subsidios deben ser otorgados
solamente a huérfanos y discapacitados, algunos autores más caritativos hacen
hincapié en el hecho de que el no empleado no es necesariamente una persona
indolente: el estar sin trabajo puede depender de la ausencia de oportunidades, no
de la culpa.7 En este caso también la noción es rica en matices: ¿podemos
considerar como voluntariamente desempleada a una persona joven que rehúsa
un trabajo que no le ofrece un salario suficiente para su supervivencia
independiente fuera de la familia de origen?, ¿o a una persona la cual, habiendo
seguido a la familia a una nueva residencia, abandona un trabajo o rechaza, en la
nueva locación, otro empleo que no corresponde a su calificación de antemano
obtenida? Una vez más, la noción tiene un significado no por que éste sea por sí
mismo evidente, sino sólo en la medida en que es útil para clarificar un problema
bajo escrutinio: en el caso bajo consideración, si es o no oportuno subsidiar a los
pobres sin empleo aunque estos estén físicamente aptos para el trabajo. Nótese
que en este contexto las razones por las cuales los pobres no encuentran trabajo
no son comúnmente discutidas: en los escritos de los siglos XVI, XVII, XVIII, y XIX,
el problema de la pobreza se considera de manera separada de aquél de construir
una teoría del empleo.
Este es, por ejemplo, el caso de Mandeville. Hutchison (1988, p. 121) recuerda su distinción
entre desempleo voluntario e involuntario, pero sin capturar la diferencia sustantiva
entre éste y la distinción comúnmente utilizada en el debate actual sobre el
desempleo. Mandeville (1924, p. 242), dice: “no deberíamos confundir a aquellos que
permanecen desempleados por carecer de una oportunidad de aplicarse al
máximo, de aquellos que, por un deseo del espíritu se envuelven en su pereza, y
preferirán pasar hambre antes que moverse.” Sin embargo, el contexto de este
pasaje no es un análisis del desempleo o del ingreso nacional: es un
cuestionamiento acerca de las motivaciones de las acciones humanas; siguiendo
lo que Mandeville señala, no deberemos considerar como ociosa a una persona
que deja de trabajar después de haber recibido una herencia suficientemente
grande (“deberá ser llamado un hombre honesto y tranquilo”), así que él puede
concluir que la distinción relevante, (obviamente desde su posición ventajosa) es
aquella entre la persona que está satisfecha con sus condiciones y la persona
industriosa que quiere mejorarlas. La noción de tasa de desempleo es claramente
ajena a argumentos de este tipo.
Llegamos finalmente a la noción del total de los involuntariamente desempleados
como una categoría analítica. Esta se obtiene por la diferencia entre empleable y
empleado, después de haber recurrido a todas las motivaciones, objetivas o
subjetivas, de exclusión del número de los empleados. Como veremos más
adelante, la categoría de desempleo involuntario adquiere relevancia sólo con el
desarrollo de la teoría marginalista tradicional y subsecuentemente dentro del
marco del conflicto entre ésta y la teoría keynesiana.
Las categorías referentes al empleo dentro del enfoque clásico
Los economistas clásicos, por tanto, no utilizan la categoría de desempleo
involuntario, aún cuando ocasionalmente hablan de los desempleados en el
sentido genérico del término, e incluso si algunos de ellos se refieren a los
involuntariamente desempleados en el contexto de debates específicos sobre la
ayuda a los pobres. La cuestión central para los economistas clásicos era la de
explicar la sustentabilidad y el desarrollo en el tiempo de una economía basada en
la división del trabajo: las condiciones bajo las cuales cada unidad productiva es
capaz de reponer su stock inicial de medios de producción y subsistencia, y es
inducida a continuar la actividad, la distribución del ingreso y su relación con la
acumulación, el rol del progreso técnico. En consecuencia, la atención se centra
en el empleo, y más precisamente en aquellos empleados en los núcleos
modernos (capitalistas) de la economía.
Así, para Adam Smith, (1776) la categoría central en la teoría de la Riqueza de las
Naciones, es aquella del trabajo productivo. Cuando identificamos la riqueza de
las naciones con el ingreso per cápita más que con el ingreso total, si indicamos al
producto nacional con Y, a la población con N, a la productividad por trabajador
con q, y al número de trabajadores productivos con L, dado que por
definición q=Y/L, multiplicando esta identidad por L, y dividiendo
entre N obtenemos:
Es decir, encontramos que la riqueza de las naciones depende de dos elementos,
la productividad del trabajo y la parte de trabajadores productivos sobre la
población total.8 Sobre esta base podría parecer como si los trabajadores no
productivos y los desempleados estuvieran igualmente clasificados por lo que
respecta a su contribución a la riqueza de las naciones, con una contribución
aparentemente nula en la ecuación anterior. Sin embargo, Smith, mediante la
distinción entre trabajadores improductivos útiles e inútiles (aunque con algo de
escepticismo sobre la posibilidad de encontrar límites precisos entre las dos
categorías), recuerda que el buen funcionamiento de la economía, y por ende un
buen nivel de productividad del trabajo, depende entre otras cosas de una serie de
servicios, tales como aquellos que los doctores proveen al mantener a los
trabajadores saludables, o aquellos proporcionados por los maestros, que mejoran
la calidad de la fuerza de trabajo. Detrás de la productividad del trabajo y de la
proporción de trabajadores productivos sobre la población, Smith enfoca su
atención hacia dos elementos: la división del trabajo, la cual favorece el
crecimiento de la productividad, y la acumulación, cuyo ritmo, al ser más rápido o
lento que aquel del crecimiento de la población, lleva a un incremento o
decremento de la parte de los trabajadores productivos sobre la población total.
En este sentido, la categoría del no empleado está situada muy cerca de aquella
de los trabajadores improductivos, que son básicamente trabajadores que
pertenecen a los sectores no capitalistas de la economía. A este respecto, la
visión de Smith parece análoga (aunque ciertamente no del todo coincidente) a
aquella propuesta por Marx con la noción del ejército industrial de reserva, la cual,
como es bien sabido, incluye también junto con los desempleados a aquellos que
con un término moderno podríamos llamar desempleados ocultos, y que se
encuentran en la agricultura y en trabajos artesanales tradicionales.
Dentro de este análisis, la categoría de desempleado involuntario no juega un rol
particular. De hecho, el análisis clásico no está construido sobre los cimientos de
la noción de equilibrio entre oferta y demanda, tanto para el caso del trabajo como
para el de cualquier otra mercancía.
La noción de desempleo involuntario en Keynes y en la tradición
marginalista
La noción de desempleo involuntario juega un papel relevante en el análisis
de Keynes (1936); sin embargo, deberíamos agregar que éste es esencialmente
negativo. Lo que Keynes quiere mostrar es que los mecanismos reequilibrantes de
una economía de mercado pueden resultar incapaces para reabsorber el
desempleo, lo que puede llegar a constituirse en un problema persistente, (como
ha sido enfatizado, por ejemplo, por Tonveronachi, 1983, a mi juicio uno de los mejores
intérpretes de Keynes). En consecuencia, cuando se enfrenta una situación de
crisis o depresión, la intervención pública en la economía se vuelve una
necesidad. Este es el punto central de la conexión entre Keynes y el
autodenominado Enfoque del Ministerio de Hacienda (Treasury View).
Con el fin de darle soporte a este argumento, en la Teoría General Keynes utiliza
un modelo específico para la determinación del nivel de empleo: el marshalliano
(de Alfred Marshall) de equilibrio de corto plazo (como el desarrollado por Kahn [1929],
1989), el cual presupone a los empresarios en una situación cercana a la
competencia, pero no coincidente con ella. 11 Tal modelo permite a Keynes, por un
lado, expresarse en un lenguaje que esperaba fuera fácil de entender para los
economistas formados dentro de la tradición marshalliana, dominante en su propio
medio, pero también generalizada fuera de Inglaterra (por ejemplo, en Viner
Chicago o Pantaleoni, Italia), y por otro, dejar de lado -gracias al contexto de corto
plazo escogido- cuestiones tales como el cambio técnico y el nacimiento de
nuevas firmas, para así poder enfocar su atención en la problemática de la
existencia o no existencia de mecanismos automáticos de mercado que
reabsorban el desempleo. Su respuesta a ello, y no el modelo específico dentro
del cual sus ideas están incrustadas en la Teoría General, constituye la
contribución con la que Keynes intenta oponerse a la teoría económica (como él
mismo repetidamente lo hace notar, Keynes, 1937). De cualquier manera, el principio de
la demanda efectiva nos permite, dentro de ese modelo, la determinación del nivel
de ingreso de equilibrio y, en consecuencia, del nivel de empleo de equilibrio; el
monto del desempleo involuntario y la tasa de desempleo son simplemente
corolarios, definibles si y sólo si la fuerza de trabajo disponible (oferta de trabajo),
es considerada como una magnitud dada, y no constituye el objetivo directo de
análisis para Keynes.
Por el contrario, el desempleo y la tasa de desempleo tienen un rol teórico directo
en el contexto de teorías -las desarrolladas dentro de la tradición marginalista- las
cuales pretenden explicar el funcionamiento de la economía en términos de
mecanismos de equilibrio de oferta y demanda activos en el mercado de trabajo
(en analogía a lo que se asume que funciona para cualquier otro mercado), así
que tienen que atribuir un papel central a un exceso en la función de oferta de
trabajo. En síntesis, de acuerdo a esta teoría, en la presencia de desempleo
involuntario (el cual corresponde a un exceso en la oferta de trabajo), la
competencia entre los desempleados en busca de empleo induce una caída en los
salarios reales; el supuesto de una curva de demanda de trabajo ascendente
cuando los salarios caen, debido a la sustitución capital-trabajo, sirve de soporte a
la idea de que ello provoca un incremento en el empleo. Los salarios y la relación
capital-trabajo se mantienen decreciendo hasta que la competencia entre los
trabajadores en busca de empleo cese; es decir, -en un sistema donde el mercado
de trabajo está caracterizado por la competencia perfecta- hasta que el desempleo
involuntario haya desaparecido. El desempleo involuntario puede ser por tanto
explicado o como un fenómeno (desequilibrio) temporal, o como debido a
elementos no competitivos (tales como los sindicatos) que impiden el
funcionamiento de los mecanismos automáticos de desatascamiento del mercado;
por consiguiente, los remedios de política para el desempleo consisten en llevar a
la economía real a ajustarse a los requerimientos teóricos de la competencia
perfecta.
Keynes en cambio mantiene dichos mecanismos de mercado sin actuar de modo
que reabsorban el desempleo involuntario; los equilibrios caracterizados por el
desempleo constituyen por el contrario el caso general, ya que no hay razón para
que las decisiones de inversión de los empresarios, determinadas por sus
expectativas sobre el futuro en un mundo caracterizado por la incertidumbre,
deban equilibrarse con sus decisiones de ahorro, conectadas principalmente con
el ingreso al nivel de ingreso de pleno empleo más que a cualquier otro nivel de
ingreso.
La tesis del equilibrio de pleno empleo es común a la teoría marginalista
prekeynesiana, (por ejemplo, Pigou), y a las lecturas de la teoría keynesiana
provistas por la síntesis neoclásica (de acuerdo a las cuales los mecanismos de
mercado, aunque activos en el largo plazo, como se indica líneas arriba, en el
corto plazo son incapaces de asegurar una eliminación suficientemente rápida del
desempleo, dejando así el espacio para la intervención pública en la economía,
con un papel sustancialmente limitado para estabilizar las fluctuaciones
cíclicas). El mismo esquema domina el subsecuente debate macroeconómico, por
ejemplo, con los teóricos de las expectativas racionales, que mantienen la validez
general de los principios marginalistas tradicionales, mediante el rechazo de la
posibilidad, incluso en el corto plazo, de desviaciones del equilibrio por
desatascamiento del mercado. El corolario de política económica de esta última
postura es que, bajo condiciones de competencia imperfecta, el desempleo no
friccional no puede sino ser voluntario, conectado a la preferencia por no trabajar
cuando el trabajo no es más una cuestión de vida o muerte, sino simplemente una
cuestión de un mayor o menor ingreso (la diferencia entre salario y subsidio al
desempleo), confrontado con la desutilidad atribuida al trabajo. Es esta una tesis
que es mantenida en oposición a la ampliación del estado de bienestar, el cual
asegura también el apoyo a los pobres sanos; y esa tesis, por tanto, regresa a los
ancestrales y tradicionales enfoques conservadores.
Valor heurístico de las tasas de empleo y de la tasa de desempleo
Como es -o mejor dicho, como debería de ser- ampliamente conocido, el enfoque
marginalista tradicional sufre serias fallas en cuanto a la teoría del empleo se
refiere. Aún cuando el modelo de Keynes en la Teoría General se limita al corto
plazo, el análisis basado en éste constituye por sí mismo una crítica radical a la
teoría tradicional; para el largo plazo se encuentra la crítica sraffiana a la relación
inversa entre tasa salarial y demanda de trabajo, implícita en la crítica a la noción
de capital como un factor de la producción. Dejaremos aquí este aspecto de lado,
refiriéndonos a otras contribuciones.
Las críticas de Keynes y Sraffa a la teoría tradicional abren la puerta al
reconocimiento de la importancia del análisis de la acumulación y el desarrollo por
el lado de la demanda; en particular, dentro de las teorías poskeynesianas los
elementos monetarios y financieros asumen, junto con las instituciones, un rol
central. Hay de manera paralela una pérdida de importancia de las limitantes al
crecimiento representadas por la disponibilidad de recursos, el primero de todos
los cuales es la oferta de trabajo, que junto con la tecnología determina la tasa
natural de crecimiento, la cual dentro de los modelos de crecimiento neoclásicos -y
contrario a la tesis original de Harrod- se torna también en la tasa de crecimiento
de equilibrio.
Tan pronto como la economía deja de ser leída en términos de una tendencia al
equilibrio entre oferta y demanda de trabajo, podemos ver que la barrera del pleno
empleo, aunque no es negada en principio, pierde mucha de su relevancia: en las
economías abiertas, la posibilidad de largas fases de crecimiento a una tasa
mayor que la natural, está garantizada por la inmigración (como lo muestra, por
ejemplo, el milagro económico de Alemania Occidental en las dos décadas que
siguieron al fin de la Segunda Guerra Mundial); en las economías cerradas, un
amplio margen de flexibilidad en la oferta de trabajo queda garantizado por el
incremento en las tasas de actividad femenina en respuesta a las nuevas
oportunidades de empleo (como lo muestra, por ejemplo, el caso de Estados
Unidos durante la Segunda Guerra Mundial).
Todo esto significa que la noción de desempleo involuntario, si bien es un pilar
fundamental para la tradición marginalista y en consecuencia para su crítica, no
resulta ya relevante cuando se construye una teoría de los niveles de empleo y
producción y se dirige sobre las líneas clásicas-keynesianas. 16 Por lo demás esto
es válido para la tasa de desempleo, la cual puede ser utilizada como un indicador
(aunque parcial) del poder de negociación de los trabajadores en el contexto del
análisis de la dinámica de las tasas salariales nominales, pero es inútil como
medida de la distancia de un equilibrio, el cual resulta muy difícil de definir, debido
a la vaguedad de las fronteras de la noción de pleno empleo, y sobre todo porque
ese equilibrio no puede ser considerado como un centro de gravitación para el
mercado de trabajo, una vez que la teoría marginalista tradicional es abandonada.
En lugar de tales nociones, la atención debería centrarse en las tasas de empleo -
tanto a las generales, que se refieren a la sociedad como un todo, como a
aquellas específicas para región, sexo, edad, grupos- y en las razones que
explican las diferencias de tales tasas en las comparaciones internacionales:
efectos de composición debidos a la religión, edad y sexo, y sobre todo
componentes debidos a la situación económica específica del país en estudio.
Nótese que la naturaleza objetiva de la tasa de empleo rinde comparaciones más
significativas para país y tiempo que las comparaciones de la tasa de desempleo.
Hay que agregar que ello no implica una negación de la existencia de diferencias
culturales que tienen un impacto sobre la actitud hacia el trabajo, y en
consecuencia sobre las diferencias en las tasas de empleo; sin embargo,
deberíamos reconocer que tales aspectos, aunque afectan la oferta de trabajo,
pueden ser influenciados a través del tiempo por la dinámica de la demanda de
trabajo. Finalmente, esto no implica que no pueda serle atribuido ningún
significado a la tasa de desempleo: por ejemplo, puede ser interpretada -como se
ha ya sugerido líneas arriba- como un indicador del malestar social conectado a
una difícil situación en el mercado laboral; en este sentido, el manifiesto voluntario
de tener un empleo constituye, si no es satisfecho, una razón inmediata y directa
de anomia.
Las categorías estadísticas no son neutrales, sino son un vehículo de diferentes
enfoques sobre la forma en que funciona la economía. Una discusión explícita
sobre este aspecto es esencial para una evaluación crítica del poder explicativo
real de dichas categorías.
2.5 TASA DE INFLACIÓN
La tasa de inflación es un indicador del aumento en los precios de los productos y
servicios durante un periodo de tiempo. Es decir, con el mismo dinero que tenías
antes, te alcanzará para menos.
La tasa de inflación es un indicador que mide el aumento de los precios de los
bienes y servicios en un periodo de tiempo. Se expresa como un porcentaje y es
un factor que afecta el costo de vida y la planificación financiera de las personas.
El Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) es una herramienta que se
utiliza para medir la inflación en México. El INPC mide la variación de los precios
de una canasta de bienes y servicios representativos del consumo de los hogares
mexicanos.
Algunas causas de la inflación son: Aumento en la demanda de bienes y servicios,
Aumento en los costos de producción, Depreciación de la moneda.
La inflación galopante es un tipo de inflación en el que los precios aumentan a
tasas de dos o tres dígitos en un año.
Tipos de inflación
Según su causa
Inflación por política monetaria: depende de las políticas que lleve a cabo
el Banco Central. Una política en la cual se incremente la emisión de dinero
por encima de su demanda real en la economía producirá una disminución del
poder adquisitivo del dinero, y por ende, los precios, expresados en unidades
monetarias, aumentarán. Entre las medidas de tal política se pueden citar:
Devaluación en línea con la Política fiscal.7
Reducción del salario para disminuir costos y lograr precios
competitivos en el mercado internacional.8910
Inflación por consumo o demanda: obedece a la ley de oferta y demanda. Si la
demanda de bienes excede la capacidad de producción o importación de
bienes, los precios aumentan. También puede ocurrir que suceda una crisis de
oferta de ciertos productos ante la misma demanda, lo que también hará que
suban los precios.
Inflación por costos: ocurre cuando el precio de las materias primas aumenta,
provocando así que el productor, para no perder dinero, incremente sus
precios.
Inflación generada por expectativas de inflación: ocurre cuando se prevé un
fuerte incremento futuro en los precios y por ende, se comienzan a ajustar los
precios desde antes para que el aumento sea gradual, o bien, por
incertidumbre, para asegurarse de poder cubrir los costos futuros.
Inflación generada por puja distributiva: sucede cuando los trabajadores piden
aumentos de salarios para contrarrestar los efectos de la inflación, esto
provoca que, al haber un aumento de salario, hay también un aumento de
precios por parte de los empresarios.
Según su magnitud
Inflación moderada. La inflación moderada se refiere al incremento de forma
lenta de los precios. Cuando los precios son relativamente estables, las
personas se fían de este, colocando su dinero en cuentas de banco. Ya sea en
cuentas corrientes o en depósitos de ahorro de poco rendimiento porque esto
les permitirá que su dinero valga tanto como en un mes o dentro de un año. En
sí, las personas están dispuestas a comprometerse con su dinero en contratos
a largo plazo, porque piensan que el nivel de precios no se alejará lo suficiente
del valor de un bien que puedan vender o comprar.
Inflación galopante. La inflación galopante sucede cuando los precios
incrementan las tasas de dos o tres dígitos de 30, 120 o 240 % en un plazo
promedio de un año. Cuando se llega a establecer la inflación galopante
surgen grandes cambios económicos. Muchas veces en los contratos se
puede relacionar con un índice de precios o puede ser también a una moneda
extranjera, como por ejemplo el dólar. Dado que el dinero pierde su valor de
una manera muy rápida, las personas tratan de no tener más de lo necesario;
es decir, que mantienen la cantidad suficiente para vivir con lo indispensable
para el sustento de los integrantes familiares.
Hiperinflación. Se conoce como hiperinflación a una inflación anormal en la
cual el índice de precios aumenta al menos en un 50 % mensual, esto es, una
inflación anualizada de casi 13 000 %. Este tipo de inflación anuncia que un
país está viviendo una severa crisis económica; debido a que el dinero pierde
su valor, el poder adquisitivo (la capacidad de comprar bienes y servicios con
el dinero) disminuye rápidamente y la población busca gastar el dinero antes
de que pierda totalmente su valor; cuando una hiperinflación ocurre, se torna
imprescindible el incremento salarial en cuestión de días o incluso diariamente.
Este tipo de inflación suele deberse a que los gobiernos financian sus gastos
con emisión de dinero fiduciario sin ningún tipo de control, o bien porque no
existe un buen sistema que regule los ingresos y egresos del Estado.
CONCLUSION
En las economías es fundamental tener en cuenta los fenómenos asociados a la
macroeconomía y a la microeconomía. Al conocer el panorama macroeconómico
del país y la situación particular de la firma, el inversionista puede realizar
estimaciones de maximización de beneficios y evaluar el retorno de su decisión.
Como es sabido, con variables que afecten la economía es de esperar que su
efecto se traslade a las empresas.
Las variables macroeconómicas son indicadores económicos que miden el
comportamiento de la economía y ayudan a predecir su evolución. Son
importantes para la toma de decisiones políticas económicas y para comprender el
bienestar de la sociedad.
Las empresas dependen de un entorno macroeconómico estable y favorable para
llevar a cabo sus operaciones. Las tasas de interés, la inflación, el nivel de
desempleo y el crecimiento económico son factores que influyen en las decisiones
de inversión, contratación de personal y fijación de precios.
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