Sin saber que esperar iba camino a la biblioteca de la escuela.
Mi relación con Stella siempre fue complicada. Nos conocimos
cuando ella y su tutora se mudaron a mí misma calle. Como mis
padres estaban más ocupados por su empresa que por su hija, y al
tener afinidad con esa horrible mujer, yo pasaba todos los días con
Stella . Seneca era una mujer amargada con la vida, que
detestaba a la niña que estaba en su cuidado, pero por alguna razón
parecía encantada conmigo, tanto que nos comparaba y me usaba
para exponer los “defectos” que tenía Stella.
Por tal motivo ella me odiaba al principio, pero después de varias
semanas intentábamos no escuchar lo que Seneca decía, y nos
sumergimos en nuestro propio mundo. Hacíamos todo juntas, íbamos
al colegio, jugábamos, dormíamos en mi patio, con una mantita y
almohadas a la sombra de los árboles. Creábamos historias donde
combatíamos un fuerte alienígena que quería gobernar el planeta y
exterminar la magia.
A medida que crecíamos, también lo hacia la complejidad de
nuestros sentimientos… y las peleas entre ella y su tutora. Stella que
estaba formando su carácter, se cansó de los malos tratos de Seneca,
y un día huyo de su casa. Vino en medio de la noche, tirando
piedritas a mi ventana, me rogo que me fuera con ella, pero solo
teníamos 11 años y estaba asustada. Le suplique que lo pensara dos
veces, que podría vivir en mi casa, pero con lágrimas en nuestros
ojos, y la acusación de que la estaba traicionando, se fue.
Semanas después, preocupada por saber a dónde había ido y si
estaba bien, me entere que había terminado en terminado en un
lugar para niños sin hogar, Seneca había renunciado a su custodia,
empaco sus cosas y abandono la casa que estaba enfrente de la mía.
Esa fue la última vez que la vi.
Intente varias veces convencer a mis padres que me llevaran a
visitar a Stella, pero se reusaron rotundamente. Así que tres años
después, nos encontramos en la secundaria, volver a verla fue
paralizante, pero hermoso de igual manera. Estaba tal como la
recordaba, piel morena, pelo salvaje de color café, y los ojos más
únicos y hermosos que podrían haber existido, uno celeste como el
cielo en su mejor parte del día, y el otro de un miel intenso, casi
amarillo, como una puesta de sol.
Al volver a encontrarnos nos dimos cuenta que, a lo que llamábamos
amistad de niñas, tal vez era algo más. Nos tomó 5 meses de agonía,
pero por fin lo aceptamos, nos amábamos incondicionalmente. Pero
dos niñas que habían crecido sin saber que era el amor, ¿Cómo
sabríamos manejarlo?, la respuesta que es no sabíamos, miles de
veces mis amigos me repitieron el circulo dañino y vicioso en el que
nuestra “relación” estaba. Pero, como hacerles caso, cuando amar a
Stella fue lo mejor que pude haber hecho en la vida.
Es verdad que lo nuestro estaba lejos de ser algo sano, los celos por
su parte y el mío solo agregaban conflictos, sumando la actitud
altanera que Stella había desarrollado. Lo que había pasado en la
fiesta de Jade fue una de las tantas peleas, pero por alguna razón se
sintió diferente.
Todo parecía ir bien, el viernes a la noche una compañera organizo
una fiesta en su casa, los ciclos superiores estaban invitados. Mis
amigos me convencieron de asistir, ya que no tenía muchos ánimos.
Cuando llegamos al lugar empezamos a tomar lo que había a
disposición, no fue la opción más inteligente, ya no sabía regular
muy bien lo que consumía, pero con la música a todo volumen, que te
incitaba a bailar descaradamente, y las luces tenues de colores,
prendiendo y apagando al ritmo del DJ, no podías evitar adaptarte al
ambiente de la situación.
Stella no se tomó muy bien mi repentino cambio de actitud (le había
dicho que no iba a ir cuando me pregunto), ya que de verdad estaba
disfrutando la fiesta, y como me reusaba a irme como me estaba
pidiendo, se enojó y se fue a un rincón, donde comenzó a coquetearle
a una chica de nombre Sharon. Eso me hizo hervir la sangre, así que
mientras estaba bailando, tratando de no mirar en la dirección de mi
supuesta novia, un cuerpo femenino se me arrimo al mío por detrás,
alentándome a bailar pegada a esta, al ritmo de la música
pecaminosa.
Para cuando la canción termino, me fui de la pista de baile buscando
un baño. Al no estar en mis 5 sentidos, iba abriendo todas las puertas
que me encontraba, hasta que al abrir una, me encontré en el
interior a Stella con Sharon, la segunda besando a la primera. No
pude contenerme y empecé a gritar y revolear cosas por la
habitación, Stella trato de calmarme, pero solo dio paso a una
acalorada discusión, que termino en yo confinándome a mi
habitación el resto del fin de semana.
No solo me sentía traicionada, si no estúpida, por tener que llegar a
este punto. Luna tenía razón, pasara lo que pasara, Stella solo
necesita un rato a solas para que volviera a sus brazos y todo
quedara perdonado y olvidado. Pero esta vez no, me reusaba a seguir
en el círculo dañino en que nosotras mismas nos habíamos metido.
Entre con aire decidido a la biblioteca, no iba a dejarme convencer
esta vez. Fui directo al cuartito donde guardan los archivos, que era
donde nos escabullíamos muchas veces entre clases.
A penas abrí la puerta Stella se abalanzo sobre mí, acorralándome
sobre una pared, fundiendo sus labios con los míos en un beso
apasionado, necesitado, y que definitivamente me hacía perder la
cabeza. Ignorando las protestas de mi cerebro, me rendí a
corresponderle el beso. Era tan dulce y hermoso estar entre sus
brazos, la sensación de seguridad, que a pesar de todo me seguiría
buscando a mí, y solo a mí. Cuando sus labios bajaron a mi cuello y
sus manos a mi cintura, fue donde mi mente me transporto a lo que
había pasado solo tres días atrás, la furia que había sentido, y como
estaba dispuesta a no pasar por eso otra vez.
Así que, yendo en contra de mis hormonas, la empuje para crear
espacio entre nosotras. Sus labios estaban rojos, y su respiración
agitada igual a la mía, me miraba confundida ante mi ceño fruncido y
repentino alejamiento, intento acercarse a mí, pero la empuje lejos
otra vez, no podía arriesgarme a caer de vuelta.
-¿Qué pasa?-. Me replico, ahora enojada por no seguirle la corriente.
-Pasa que esto se acabó. No puedo seguir así-. Intente que mi voz
sonara lo más firme posible, pero se partió en un momento.
-¿A qué te refieres con que no podes seguir así?-.
-Que no quiero seguir aguantando tus actitudes. ¡Coqueteas con todo
el mundo, cuando estas enojada conmigo no me hablas, pero después
queres volver como si nada, esperando que te reciba con los brazos
abiertos!-.
-Si lo decís por Sharon, ¡¡fue ella la que me llevo a esa habitación, y
no pasó nada, solo nos besamos!!-.
-Y YO SOLO ESTABA BAILANDO CON UNA CHICA CUANDO TE
ENOJASTE-.
-PORQUE SE ESTABAN RESTREGANDO COMO DOS ANIMALES-.
-Pero no es solo por eso, ya ha pasado miles de veces. Y siempre te
perdonaba porque nunca habías hecho algo así. Pero esta vez fue
demasiado lejos, no pienso ser tu tonta otra vez-.
-¿Así que eso es todo?, ¿Me dejas porque bese a una chica que ni
conozco?-.
-Si, por que no te importo como yo me sentiría al respecto, para vos
es fácil ir a hablar con cualquiera, por que después no es a vos a
quien te llaman cornuda en los pasillos-. Para este punto las lágrimas
recorrían mis mejillas otra vez, la frustración se apoderaba de mí y
no podía controlarlo.
-Ósea que te importa más lo que los demás dicen de nosotras-.
-Noo, solo digo que ya no quiero llorar más por tu culpa, no quiero
sentirme insuficiente cuando te veo coqueteando con quien sea. Y
definitivamente no quiero sentir lo que me hiciste pasar el viernes.-
-…-.
-Simplemente ya no lo quiero, Así que ya sos libre, podes ir a besar y
enrollarte con quien quieras, pero tene siempre en mente que, la que
arruino la relación fuiste vos. Y ya no voy a tomar más tus excusas de
tu infancia difícil, porque mis padres tampoco estuvieron para mí,
pero no por eso le hago daño a la gente que quiero-.
-Bien, pero no me llames a la madrugada contándome tus problemas,
cuando literalmente vivís en una mansión-. Y con eso dicho, abre la
puerta, cerrándola de un portazo para irse.
Yo solo me hago bolita en el piso contra la pared, llorando en
silencio, deseando desaparecer.
Para cuando llego a casa, me siento peor de como desperté, mis
amigos prometieron venir a visitarme cuando salgan del colegio,
gracias a ellos que me cubrieron, pude irme sin que ningún profesor
o directivo se diera cuenta. Me obligo a comerme una manzana ya
que realidad no tengo mucha hambre. Después subo a mi habitación
que sigue igual de asquerosa que hoy a la mañana, pero sin ganas de
ordenar me acuesto a llorar un rato mas mientras caigo dormida.
-Shhh, la vas despertar.-
-Solo voy a abrir la ventana y la cortina, el olor a encerrado que hay
acá es insoportable.-
Un par de voces tratando de susurrar hacen que me despierte
asustada, ya que mis padres están de viaje de negocios y nadie a
parte de mí, tiene la llave de mi casa. Pero me tranquilizo al divisar a
mis tres amigos con el uniforme escolar.
-¿Chicos?, ¿Cómo entraron?-. Pregunto somnolienta y confundida.
-Natii, despertaste, ¿Cómo te sentís?-. Rena se sienta a mi lado
mientras me corre el pelo de la cara.
-Ahh, me duele la cabeza y siendo los ojos pesados.-
-Hay que decirlo, te ves peor que hoy a la mañana, te dije que no
tenías que ir a hablar con ella-. Luna se cruza de brazos mirando de
forma desaprobatoria, pero igual se acerca y se sienta del otro lado
de la cama.
25/05/2023