Libro Alex Solís
Los sistemas de Justicia Constitucional
Concebir la Constitución como norma jurídica superior implica declarar la
ineficacia de los actos contrarios a ella y la necesidad de interpretar y
aplicar el ordenamiento jurídico en función de ella.
Con frecuencia se aprueban leyes, disposiciones o se dictan actos
administrativos incompatibles con la CP o se violan principios, valores o
procedimientos esenciales del derecho de la constitución por lo que se
requiere de un sistema de justicia constitucional para que interprete y
aplique correctamente, los desaplique o elimine del ordenamiento
jurídico.
La defensa de la Constitución se puede llevar a cabo mediante diferentes
sistemas (difuso, concentrado e integral). Acá se establecen las ventajas
del sistema integral respecto de los otros dos. Se considera que por
ofrecer mayores posibilidades de control, también permite una
intervención más activa, creativa o política de los tribunales
constitucionales. Además de propone reclamar la paternidad del sistema
concentrado para el continente americano, el cual se consolidó en
algunos de sus países, muchísimo antes de que Kelsen escribiera sobre
el o se hubiese comenzado a implantar en Europa.
Sección 1. El Sistema Difuso.
Noción.
La característica fundamental es que el control lo llevan a cabo todos los
jueces u órganos judiciales de un determinado proceso y por vía
incidental o principal; pero sin que exista un proceso constitucional
especial.
El asunto de constitucionalidad lo define el mismo juez que debe resolver
el problema de fondo y lo realiza aplicando las normas de mayor
jerarquía, incluso las de la CP y desaplicando las incompatibles con ellas,
sin seguir ningún procedimiento. Los efectos solo alcanzan a las partes
involucradas en dicho proceso. De modo que la solución del problema de
constitucionalidad no supone la facultad política de derogar leyes o actos
contrarios a la CP, por lo cual, el órgano judicial de que se trate se
mantiene dentro del marco limitado de su función de decidir las
contiendas o casos particulares sometidos a su jurisdicción. A los
órganos judiciales no les corresponde declarar la inconstitucionalidad de
las leyes; su función consiste en no aplicar, para el caso concreto, una
norma de rango inferior, por ser contraria a otra superior o a la CP.
Según Mario Cappelletti, La ratio es la facultad de los jueces de
interpretar las leyes con el fin de aplicarlas a los casos concretos
sometidos a su juicio, comenzando por seleccionar la de mayor rango
aplicable. Según él, uno de los cánones más obvios de la interpretación
de la ley es aquel conforme el cual cuando dos disposiciones legislativas
están en contraste entre ellas, el juez debe aplicar la preponderante y,
tratándose de disposiciones de igual fuerza normativa, la prevaleciente
será indicada por los criterios tradicionales lex posteriori derogat leges
priori, lex specialis leges generali, lex posterior generalis non derogat
priori specialis etc. Sin embargo estos criterios no valen cuando el
contraste sea entre disposiciones de diversa fuerza normativa, en cuyo
caso se impone el criterio obvio lex superior derogat leges inferiori.
En el sistema difuso los jueces independientemente de su jerarquía y
especialidad (jurisdicción) poseen un poder-deber para actuar como
jueces de constitucionalidad; razón por la cual, al aplicar la ley a un caso
concreto, están facultados para juzgar la constitucionalidad de dicha ley
y, en consonancia con lo anterior, para desaplicar dicha ley en el caso
concreto sometido a su conocimiento, cuando la estime incompatible con
la Constitución.
Este sistema también se conoce como norteamericano de control, por su
creación jurisprudencial por parte de la corte suprema de justicia de
[Link].
Los aspectos fundamentales que inspiraron la doctrina son:
La constitución es la norma suprema, de ahí que las facultades del
Congreso y de cualquier otro órgano gobernativo están limitadas
por el texto de la Constitución.
¿Que sucede cuando el congreso aprueba las leyes contrarias a la
CP? ¿deben los tribunales acatar y aplicar tales normas? El órgano
judicial tiene dos alternativas: o aplica la Constitución sin tener en
cuenta la ley, o aplica la ley sin tener en cuenta la Constitución. Si
la primera es cierta “un acto legislativo contrario a la CP no es
derecho; si la segunda proposición es verdadera, las
constituciones escritas son intentos absurdos del pueblo para
limitar un poder que por su propia naturaleza es ilimitable.
Si la constitución es la norma suprema, por tanto superior a
cualquier ley ordinaria, los jueces deben aplicar al caso concreto la
CP y no la ley. Su obligación estriba: en reafirmar la CP como ley
suprema del país frente a cualesquiera intentos en contrario del
Congreso. Esa y no otra es la esencia de la función judicial.
La conclusión es que una ley contraria a la CP es inválida y que los
tribunales, como los otros departamentos del gobierno, están
obligados a aplicar la CP, desaplicando la ley.
Este sistema rige en [Link]. Canadá, Argentina, Japón, Noruega,
Dinamarca y Suecia.
Características.
Órgano. Los jueces de cualquier nivel en la jerarquía judicial están
legitimados para actuar como jueces constitucionales, o sea, todos los
órganos judiciales están autorizados y obligados para no aplicar las leyes
al caso concreto, cuando las consideren inconstitucionales, dando así
prioridad a la CP. A la suprema corte le corresponde la interpretación
final con efectos obligatorios y generales para todos los tribunales
inferiores.
Este sistema se critica por la ausencia de unidad de resoluciones y la
incertidumbre legal que resulta cuando un tribunal desaplica una norma,
por considerarla contraria a la CP, mientras que otro tribunal hace lo
contrario.
Estos problemas de incertidumbre son obviados mediante el principio
fundamental del stare decisis (eficacia erga omnes).
Objeto. Consiste en determinar cual es el derecho aplicable a cada caso
concreto. Este poder-deber de los órganos judiciales no implica la
facultad política de derogar los actos contrarios a la CP. Lo que en
realidad hacen los jueces es ejercer una atribución ordinaria: la de decir
cuál es el derecho aplicable a una determinada situación jurídica
concreta que se somete a su decisión. En síntesis, la función de control
encomendada a los jueces en el sistema difuso es judicial y no política.
Las cuestiones planteadas deben ser justiciables, sin embargo,
eventualmente pueden tener consecuencias o efectos políticos. En este
sistema el objeto de control está limitado a los asuntos propios de la
competencia judicial común, o sea, lo que tiene que ver con las
controversias entre personas o entre estas y el Estado. Esa característica
constituye un límite, si se quiere una deficiencia ya que una importante
cantidad de actos de la Administración Pública resulta exenta del control
de constitucionalidad comparado con el sistema de justicia constitucional
de C.R. en el cual no existen áreas comunes de control sino que todo se
basa en que no debe haber poder sin control.
Además, por esta misma razón, pareciera que el sistema difuso es
menos propenso a la “juridificación” de la política, a permitir que la
justicia constitucional sobrepase los límites de su competencia, para
incursionar en terrenos de otros poderes.
Método. El control de constitucionalidad debe plantearse en una causa
vinculada a una situación de hecho, real y concreta, y no meramente
hipotética y solo cuando la ley, cuya constitucionalidad se discute, sea
relevante para la decisión de aquel caso concreto. Esta característica
permite afirmar que el método es la vía incidental, contrapuesta a la vía
principal. Esto por dos razones: 1. porque todos los órganos judiciales
son competentes para llevar a cabo ese control y 2. porque esos órganos
sólo pueden pronunciarse sobre la hipotética vulneración de la CP,
cuando las partes, en el curso de cualquier proceso judicial, así lo piden.
Como en el sistema difuso las cuestiones de constitucionalidad no son
resueltas por cortes especializadas, tampoco existen procedimientos
especializados para tales propósitos, esto implica una deficiencia
importante del sistema difuso, como solo pueden dilucidarse cuestiones
de constitucionalidad, por vía incidental o de excepción, muchas leyes
lesivas a la CP o a los derechos humanos, pero no susceptibles de ser
invocadas en causas particulares, subsisten en el sistema, sin que
existan medios procesales apropiados para invocar su
inconstitucionalidad.
Momento. Si el ejercicio del control de constitucionalidad en el sistema
difuso solo puede ser promovido en el curso de un caso o una
controversia concreta es obvio afirmar que dicho control siempre será
posterior a la promulgación de la ley. Los órganos jurisdiccionales no se
resuelven ni se pronuncian sobre situaciones abstractas, menos sobre
proyectos de ley que se encuentren en trámite en el Parlamento, control
que si es factible en los sistemas de justicia concentrada, cuando dicha
facultad está expresamente atribuida a los tribunales constitucionales.
Efectos. Son individuales, limitados al caso concreto del cual se ha
planteado el asunto de constitucionalidad. No existe la declaratoria de
inconstitucionalidad; más bien lo que produce es la decisión de no
aplicar ley a un caso concreto, por parte de un órgano judicial. La norma
sigue vigente mientras no sea derogada por el órgano competente y el
mismo juez puede aplicarla si en otro juicio no se plantea la
inconstitucionalidad o si el magistrado cambia de criterio. Por esa razón
en el sistema difuso la doctrina califica las sentencias que acogen una
inconstitucionalidad de “declarativas”, eso sucede porque el juez, que
“ejercita el poder de control, no anula, sino meramente declara una
preexistente nulidad de la ley inconstitucionalidad” pero solo para el
caso concreto. Por ende, se concluyes que cuando una ley se califica
como contraria a la CP el juez que así lo decida la considerará como sin
nunca hubiera tenido validez o como si siempre hubiese sido nula y sin
valor.
Como el asunto de inconstitucionalidad se ventila por vía incidental, las
consecuencias de una sentencia que declara una inconstitucionalidad
tienen efectos inter partes y no erga omnes. No obstante, aunque los
efectos de las sentencias que declaran inconstitucionalidades, en
principio solo producen efectos entre las partes atadas por un caso
concreto, lo cierto es que por el principio del stare decissi y el papel de la
corte de [Link]. dichas sentencias acaban siendo vinculantes para todos
los órganos judiciales asumiendo una eficacia erga omnes. Con lo cual se
produce una coincidencia del difuso con los otros sistemas.
Sección 2. El sistema Concentrado.
Noción.
En este sistema el poder de control solo lo ejerce un órgano judicial,
especialmente creado para cumplir tal control: el Tribunal Constitucional.
La jurisdicción constitucional obra con independencia de los casos
concretos que se tramitan en los tribunales judiciales ordinarios. La
decisión del Tribunal Constitucional versa solo sobre el problema
abstracto de compatibilidad entre dos normas igualmente abstractas: la
CP y la ley impugnada. Su función está limitada a declarar si esta última
es o no compatible con la CP y a eliminar, del ordenamiento jurídico, las
incompatibles.
En el sistema concentrado la solución del problema de constitucionalidad
sí supone la facultad política del Tribunal Constitucional para derogar o
anular las leyes o actos contrarios a la CP con una eficacia que opera ex
nunc y efectos erga omnes.
Características.
Órgano. La tarea de control está asignada a la Corte Suprema de
Justicia o a un Tribunal Constitucional creado específicamente para esa
función, es decir, corresponde a un solo órgano velar por la
constitucionalidad de las leyes para lo cual cuenta con el poder de
eliminar, las que califique como contrarias a la CP.
Desde ese punto de vista, el concentrado ofrece mayor seguridad a los
administrados, cuando se compara con el difuso, en el sentido de que el
Tribunal Constitucional resuelve “de una vez por todas el
cuestionamiento de una ley como inconstitucional”, al eliminarla del
Ordenamiento Jurídico, mientras que en el difuso, a lo mas a que puede
llegar el juez común es a desaplicar la norma en el caso concreto; pero
ella queda vigente en el ordenamiento jurídico.
Sin embargo, se critica el modelo puro concentrado de Kelsen porque
obliga a los diferentes órganos judiciales a tomar por buenas las leyes
existentes, dado que les está vedado ejercer el control de
constitucionalidad. Para obviar esta crítica, muchos países que aplican el
concentrado permiten a los diferentes órganos, plantear la cuestión de
constitucionalidad ante el Tribunal Constitucional, cuando tengan dudas
sobre la constitucionalidad de la norma aplicable al caso concreto.
Gracias a la evolución de la jurisprudencia en el difuso y a las reformas
legales introducidas en el concentrado, estos sistemas se han venido
acercando diluyendo sus diferencias originales. Coincidiendo con esas
tendencias aproximativas entre estos sistemas, en CR. La ley orgánica
del Poder Judicial fue modificada y estableció que:
Los funcionarios que administran justicia no podrán:
Aplicar leyes ni otras normas o actos de cualquier naturaleza,
contrarios a la Constitución Política o al derecho internacional o
comunitario vigentes en el país. Si tuvieren duda sobre la
Constitucionalidad de esas normas o actos, necesariamente
deberán consultar ante la jurisdicción constitucional.
Tampoco podrán interpretarlos ni aplicarlos de manera contraria a
Los precedentes o la jurisprudencia de la Sala Constitucional.
Esta reforma vino a tratar de atemperar, de modo sensible, un sistema
de justicia constitucional “concentradísimo” con una característica del
sistema difuso.
Objeto. Determinar la constitucionalidad de las leyes y otros actos con
rango de ley.
En general, se suele encomendar a los tribunales de justicia
constitucional o a sus homólogos el control de constitucionalidad de las
normas y, por lo menos en último término, la protección específica de los
derechos fundamentales, lo cual se hace, por lo general mediante
recursos de Habeas Corpus y amparo.
Con menos frecuencia, estos tribunales resuelven conflictos entre
órganos supremos del Estado y menos aún otras competencias
relacionadas con el control previo de constitucionalidad. Esto último en
relación con la constitucionalidad de algunos proyectos de ley, mediante
la evacuación de una consulta que, con tales propósitos, formule el
Parlamento.
Momento. Es posterior a la promulgación de las leyes o actos que se
estiman inconstitucionales. el control también puede ser a priori, si se
ejerce sobre proyectos de ley, en la forma y condiciones establecidas en
las diferentes legislaciones.
Método. En principio, el procedimiento para solicitar la intervención de
los tribunales constitucionales no se produce por medio de una cuestión
incidental, sino de una vía principal o directa; es decir, “mediante un
recurso autónomo ex profeso y con la instauración de un proceso
autónomo ex profeso ad hoc delante de la Corte constitucional”.
Contrario al difuso, en el concentrado existen procedimientos especiales
para poner en movimiento la justicia constitucional, lo cual, un última
instancia, es el resultado lógico de la existencia de un órgano
especializado para la solución de los problemas de constitucionalidad.
Más claramente, la justicia es concentrada cuando existen tribunales
especializados a los que se puede acudir, de conformidad con procesos o
procedimientos específicamente constitucionales.
Efectos. En el sistema concentrado original, cuando una norma
contrastaba con la CP el Tribunal lo que hacía era anularla, con efectos
ex nunc o pro futuro; o sea, la sentencia no tenía efectos retroactivos,
esto quiere decir: que el vicio de inconstitucionalidad de la ley no es
propiamente un vicio que genere una nulidad de pleno derecho de esta
última, sino constitutivo de una simple anulabilidad, que hace de la
sentencia del Tribunal Constitucional… una sentencia constitutiva.
Hoy en el sistema concentrado se admiten los efectos retroactivos de las
resoluciones, por razones prácticas, de seguridad, de certeza y de
estabilidad en las relaciones jurídicas.
Otra característica de las resoluciones del Tribunal Constitucional es su
fuerza general o los efectos erga omnes. Esto significa que, la ley. .. una
vez dictada la resolución de inconstitucionalidad es quitada de en medio
para todos los efectos, del mismo modo como si hubiese sido abrogada
por una ley posterior.
De ahí que kelsen compare el Tribunal Constitucional con un legislador
negativo, encargado de eliminar las leyes que no son compatibles con la
norma superior: la CP
Sección 3. El sistema Integral o Iberoamericano.
Noción. Combina en uno solo el sistema difuso y el concentrado. Posee
características propias, que permiten atribuirle un valor autónomo y no
de mero compromiso entre los otros dos. Este sistema es original, se
consolidó mucho antes de que apareciera el concentrado (por Kelsen).
Algunos opinan que este sistema es el más eficiente y depurado por
aglutinar en uno sólo los rasgos diferenciadores de los otros sistemas
existentes.
Características.
Órgano. Son varios los órganos a los cuales les compete llevar a cabo el
control de constitucionalidad. En el sentido del control difuso le
corresponde a todos los jueces del país la facultad de desaplicar leyes
que consideren inconstitucionales en los casos concretos sometidos a su
conocimiento; por otro lado y simultáneamente el sistema integral
habilita para el ejercicio concentrado del control de constitucionalidad a
un solo órgano judicial, como la Sala Constitucional en la Corte Suprema
de Justicia pero con total autonomía de función jurisdiccional como está
organizado en C.R.
Jurisprudencia de Venezuela que indica que corresponden no sólo al
Supremo Tribunal de la República sino a todos los jueces en general,
cualquiera que sea su grado y categoría, verificar la constitucionalidad
de las leyes en los casos concretos sometidos a su jurisdicción:
“… basta que el funcionario forme parte de la rama judicial para ser custodio de
la Constitución y aplicar, en consecuencia, las normas de ésta
prevalecientemente a las leyes ordinarias”
Debe entenderse que la aplicación de la norma fundamental, por parte
de los jueces de grado, sólo surte efecto en el caso concreto debatido y
no alcanza, por lo mismo, sino a las partes interesadas en el conflicto.
Por esa misma razón la autoridad de tales jueces solo alcanza para
desaplicar la ley considerada inconstitucional en dicho caso y nunca
para eliminarla o anularla del ordenamiento jurídico.
Paralelamente a ese poder atribuido a todos los órganos judiciales, para
considerar en un caso concreto una ley como inconstitucional, también
la Corte Suprema de Justicia o la Corte Constitucional, en su caso, tienen
el poder de anular, con efectos generales, las leyes impugnadas por
inconstitucionales.
En suma, por ser integral el sistema de justicia constitucional, se suman
órganos de la jurisdicción común a un órgano especial, que puede ser la
Corte Suprema de Justicia o una corte constitucional especial para llevar
a cabo el control de constitucionalidad de las leyes. Así, el difuso y el
concentrado se combinan.
Objeto. No hay una práctica uniforme que permita llevar a conclusiones
generales sobre el objeto del sistema integral.
Como orientación general se puede afirmar que de conformidad con el
principio de la supremacía constitucional, que el poder anulatorio de la
Corte Suprema o del Tribunal constitucional se refiere principalmente, a
las leyes o proyectos de ley, a los actos que se derivan de la ejecución
directa de la CP, así como a los decretos leyes, los actos de gobierno y
los actos parlamentarios sin forma de ley, aunque en muchos
ordenamientos también se refiere a cualesquiera otras normas
infraconstitucionales, como los reglamentos ejecutivos y autónomos,
incluso a actos de la autoridad y hasta normas de los particulares, como
las convenciones colectivas.
Por el contrario, cuando el control es difuso, los diferentes órganos
judiciales pueden desaplicar cualquier ley, norma o acto que, para la
resolución del caso concreto, la autoridad judicial correspondiente estime
inconstitucional.
De esta forma, al combinarse el concentrado con el difuso de un tajo se
eliminan las principales críticas formuladas contra dichos sistemas,
cuando se establecen por aparte.
Un requisito esencial del difuso es que el problema de constitucionalidad
planteado sea justiciable, esta deficiencia o límite es corregida por el
integral, este elimina casi todas las áreas inmunes del control
jurisdiccional que existen en el sistema difuso, al permitir el
funcionamiento paralelo del control de constitucionalidad con un órgano
concentrado, lo cual hace posible una mayor eficacia en la defensa y
protección del derecho de la Constitución.
El sistema integral permite corregir una crítica importante del
concentrado en el sentido de que ningún órgano judicial puede
desaplicar una ley para el caso concreto, aunque la estime
inconstitucional, lo cual es un contrasentido, desde el punto de vista de
la supremacía constitucional. Para obviar esta deficiencia, el integral
obliga al juez común a desaplicar la ley que considere inconstitucional
para el caso concreto, mientras que la Corte Constitucional la puede
declarar inconstitucional eliminándola del ordenamiento jurídico con
efectos erga omnes.
En consecuencia el integral es el más eficiente, completo,
experimentado, avanzado y depurado de occidente.
Momento. Una de las características del difuso es que el control de
constitucionalidad solo puede ser posterior, mientras que el concentrado
puede operar mediante la implementación de controles, tanto previos
como posteriores. En el integral el control puede ser tanto a priori como
a posteriori. El control se puede ejercer, preventivamente, para impedir
la entrada en vigencia de una ley que, durante su tramitación en el
proceso legislativo, sea considerada inconstitucional, o bien después, en
cualquier tiempo, cuando ya haya sido aprobada y puesta en vigencia.
Método. En el integral existen diferentes mecanismos para ejercer el
control de constitucionalidad, es así como en vía incidental o en vía de
excepción, cualquier órgano judicial, a instancia de parte o actuando ex
oficio, ejerce el control de constitucionalidad, claro está a condición de
que la cuestión de constitucionalidad esté vinculada al caso concreto de
su conocimiento. Además el integral prevé una acción especial o
directa, tanto por parte de algunos órganos públicos, como de cualquier
interesado en general: acción que corresponde resolver a una corte
constitucional. De esta manera el integral establece, paralelamente al
control difuso vinculado a casos concretos, el control directo
desvinculado del todo a cualquier caso particular o a los procesos
comunes.
Dicho control se ejerce por vía principal o por vía de acción, mediante la
instrucción de un recurso y proceso autónomo y ex profeso. Sin
embargo, a diferencia de lo que pasa en el concentrado, la acción directa
puede ser promovida no solo por ciertos órganos de relevancia
constitucional, sino también por cualquier interesado, con matices que
llegan hasta la acción popular como pasa el Colombia y Venezuela.
El rasgo más destacable en el sistema integral, desde el punto de vista
de las vías para ejercer el control de constitucionalidad, es la acción
popular, mediante la cual se faculta a cualquier ciudadano para
impugnar (contradecir, refutar) la constitucionalidad de una ley.
En C.R. la acción directa puede ser promovida por el Contralor General,
el Procurador General, fiscal General y Defensor de los Habitantes y
también por cualquier otro ciudadano, siempre y cuando: “por la
naturaleza del asunto no exista lesión individual y directa, o se trate de
la defensa de intereses difusos, o que atañen a la colectividad en su
conjunto”
En suma, para el sistema integral el derecho de la Constitución se erige
en un auténtico derecho fundamental autónomo de toda persona, el cual
cuenta con un específico sistema de garantías, para ser exigido por sí
mismo. De modo que, desde la perspectiva del derecho comparado, el
ejercicio del control concentrado de constitucionalidad, por vía principal,
mediante una acción popular, puede considerarse no sólo como un
singular e importante aporte del derecho constitucional a la cultura
jurídica contemporánea sino también como sistema más completo de
justicia constitucional.
Efectos. Los efectos difieren según el método empleado. Si la cuestión
se plantea por vía de incidental o de excepción la decisión tomada por el
órgano judicial es declarativa con efectos inter partes y en el proceso
concreto en que aquella se adopte. Es decir, la decisión de un órgano
judicial común sólo puede desaplicar la ley considerada inconstitucional
en el caso concreto, en el que se alega la inconstitucionalidad, razón por
la cual los efectos de dicha declaración solo alcanzan a las partes que
han participado en el proceso. Además cuando un juez declara
inconstitucional e inaplicable una ley a un caso concreto es porque la
considera nula, como si nunca hubiera existido, así pues, lo que el juez
hace es declarar tal nulidad con efectos retroactivos, en el sentido de
que dichos efectos se retrotraen al momento en el cual la ley fue
dictada.
Si el control de constitucionalidad se produce por vía principal o de
acción, ante una corte constitucional los efectos de la decisión son
declarativos y con consecuencias erga omnes. En otras palabras la
sentencia que establece la inconstitucionalidad es declarativa y
retroactiva. De ese hecho, se deriva a su vez, que la declaración de
inconstitucionalidad posee efectos generales con carácter de cosa
juzgada.
En C.R la LJC prevé que los efectos de la declaración de
inconstitucionalidad y anulación de ley, por parte de la Sala IV son ex
tunc y por consiguiente declarativos y retroactivos, salvo en lo referente
a derechos adquiridos de buena fe o respecto de las situaciones
consolidadas por prescripción, caducidad o en virtud de una sentencia
judicial.
La Justicia Constitucional En C.R.
La jurisdicción constitucional en C.R. fue creada a partir de la reforma de
los artículos 10, 48, 105 y 128 de la CP y la promulgación de la LJC en
1989.
Con esas reformas se reconoce a la CP como norma jurídica aplicable por
sí misma y como consecuencia, se concede carácter jurídico a los
principios y valores constitucionales. Se amplía el catálogo de derechos
fundamentales protegidos por la CP al reconocerse los derechos
humanos consagrados en el derecho internacional.
Estos cambios permitieron a C.R pasar de un sistema de justicia
ineficiente a un sistema constitucional ágil y moderno.
Sección 1. Generalidades de la Jurisdicción Constitucional.
Órgano. De conformidad con la CP le corresponde a la Sala IV ejercer
la jurisdicción constitucional, esta sala está facultada para:
“El objeto de la Jurisdicción Constitucional es el de garantizar la supremacía
de las normas y principios de la Carta Magna, así como las libertades y
derechos humanos en ellas consagrados...” Art. 1 LJC.
A la Sala IV le han sido encomendadas todas las formas de control de
constitucionalidad: acción de inconstitucionalidad, consulta legislativa y
judicial, y el veto (impedir o retardar la promulgación y vigencia de una
ley) por razones de inconstitucionalidad. También los recursos de
habeas corpus y amparo, tanto contra sujetos de derecho público como
privado y el derecho de rectificación y respuesta que es una modalidad
de amparo. Además debe resolver los conflictos de competencia entre
poderes del Estado, incluido el TSE y los de competencia constitucional,
entre éstos y la CGR, las municipalidades, entes descentralizados y
demás personas de derecho público.
La Sala Constitucional está sometida solo a la CP y la ley, en el ejercicio
de sus funciones actúa independiente de los órganos constitucionales.
Dice la jurisprudencia:
…El objeto de la jurisdicción constitucional es el de garantizar la
supremacía de las normas y principios de la carta magna, así
como las libertades y derechos humanos en ella consagrados…
La jurisdicción constitucional es un “superpoder” porque, mediante la
interpretación y aplicación del Derecho de la Constitución, se impone a
todos los poderes públicos. Es el árbitro supremo de las competencias
constitucionales y legales de los supremos poderes, así como de las
competencias constitucionales –no legales- de los entes menores y
demás personas de derecho público. Como consecuencia, también es el
árbitro supremo de su propia competencia.
De conformidad con esta descripción, el sistema de justicia
constitucional encaja, en principio, con el sistema concentrado.
Sin embargo, nuestro criterio (el del libro) que no comparte la Sala IV es
que tal sistema fue modificado en la ley orgánica del Poder Judicial ya
que introduce una característica propia del sistema difuso al autorizar a
los funcionarios que administran justicia para desaplicar las leyes,
normas o actos de cualquier naturaleza, cuando los consideren
contrarios a la CP
Los funcionarios que administran justicia no podrán:
1.- Aplicar leyes ni otras normas o actos de cualquier naturaleza,
contrarios a la Constitución Política.
Si tuvieren duda sobre la Constitucionalidad de esas normas o
actos, necesariamente deberán consultar ante la jurisdicción
constitucional.
Tampoco podrán interpretarlos ni aplicarlos de manera contraria
a
Los precedentes o la jurisprudencia de la Sala Constitucional.
Según esta investigación, esta norma introdujo un cambio sustancial en
el sistema de justicia constitucional de C.R., el cual permite que operen,
paralela y concurrentemente, elementos del sistema difuso con
elementos del sistema concentrado correspondiente a la Sala IV, lo cual
a su vez, lo acerca al sistema integral. A esta conclusión es fácil llegar si
además se tiene en cuenta que el párrafo segundo del art. 5 de la ley
orgánica dice:
“Los tribunales no podrán excusarse de ejercer su autoridad o de
fallar en los asuntos de su competencia por falta de norma que
aplicar y deberán hacerlo de conformidad con las normas
escritas y no escritas del ordenamiento, según la escala
jerárquica de sus fuentes”.
El fundamento para aceptar la existencia de un sistema de justicia
difuso, paralelo y concurrente con la jurisdicción constitucional, se
sostiene en las disposiciones transcritas y además, en dos principios
universales:
1. que la CP es norma jurídica, por tanto debe ser aplicada directa e
inmediatamente por los entes públicos y sus titulares, así como por los
sujetos privados.
2. que en un sistema constitucional democrático, como el de C.R., la
aplicación de la CP es un asunto que concierne a todos y no sólo a la
Sala IV.
Apoyando esta interpretación, la nueva Ley Orgánica del Poder Judicial
crea cuatro situaciones diferentes, las cuales deben acatar los
funcionarios:
1. que el juez estime que la norma es constitucional, por lo cual la
aplica sin más.
2. que el juez estime que la norma es inconstitucional, por lo cual la
desaplica para el caso concreto.
3. que el juez dude sobre la constitucionalidad de la norma, por lo
cual consulta a la Sala IV.
4. que el caso ya haya sido resuelto, por lo cual el juez no tendrá
más remedio que atenerse a la jurisprudencia y antecedentes
establecidos pro la Sala IV los cuales son vinculantes erga omnes,
salvo para sí misma.
Tal conclusión responde a una interpretación, conforme a la CP, de la
totalidad del ordenamiento jurídico y a la idea de que: “…el carácter
normativo de la CP vincula inmediatamente a la totalidad de los jueces y
tribunales del sistema y no sólo al Tribunal Constitucional…”
Esta tesis no es aceptada en C.R. por el contrario, la Sala IV ha
interpretado que, de acuerdo con el sistema concentrado imperante en
C.R. solo a ella le corresponde desaplicar una ley y que los funcionarios
que administran justicia siempre deben consultar a dicha Sala, bien sea
que “estimen” inconstitucional una ley o que tengan “duda” sobre la
constitucionalidad de ella.
La Sala IV admite una excepción para que los jueces comunes, per se,
desapliquen leyes y normas siempre y cuando existan precedentes o
jurisprudencia que enmarquen el caso en examen en los términos,
supuestos y criterios sobre la base de los cuales actuó la Sala. Para que
el juez común pueda hacer esto se requiere que: “la situación bajo el
conocimiento del juez (resulte) idéntica a la resuelta por el precedente o
la jurisprudencia constitucional” sin embargo esta excepción no tiene
sentido ya que no existen casos idénticos.
La jurisprudencia constitucional que rechaza la tesis del sistema difuso
paralelo y concurrente con el concentrado en la jurisdicción
constitucional afirma: que por el hecho de existir regulado en el nivel
constitucional, un sistema concentrado de justicia constitucional esto
“implica una prohibición implícita para que los jueces comunes puedan
desaplicar normas inconstitucionales…”
En esta misma dirección se pronuncia la Procuraduría la cual sostiene
que la CP, en el art. 10 garantiza un sistema integrado de justicia
constitucional, por lo que corresponde, exclusivamente, a la Sala IV
declarar la inconstitucionalidad de una norma.
Desde la perspectiva del Principio de Legalidad, se insiste en que ningún
funcionario público puede arrogarse facultades que la ley no le concede
y que una competencia sólo puede surgir de un texto expreso que la
autorice, no basta, pues, que una ley ordinaria (art. 8 poder judicial)
disponga de una forma de una forma si la CP lo hace en sentido
contrario.
El Magistrado Solano Carrera sostiene que:
“la Ley Orgánica del Poder Judicial, si bien da un paso en el sentido de que
los jueces deberán utilizar más el mecanismo de la consulta de
constitucionalidad ante la Sala, no llega –ni podría llegar por sí sola- a
establecer una modificación sustancial al sistema concentrado que deriva de
normas constitucionales y legales muy específicas, y que, separándose en
ciertos aspectos de suyo importantes, evidentemente está inspirado en el
sistema europeo y no en el [Link]., éste último el paradigma del sistema
difuso.”
Siguiendo esa línea argumentativa, se cuestiona la capacidad del juez
costarricense para razonar de conformidad con el derecho de la
Constitución. Se sostiene que dada la cultura legalista imperante en el
país, los jueces y tribunales comunes no se han atrevido siquiera, a
consultarle a la Sala IV, en caso de dudas fundadas, sobre la
constitucionalidad de alguna norma. Entonces, “¿cómo esperar que
desapliquen directamente normas inconstitucionales, cuando este
ejercicio sí requiere un verdadero rigor de razonamiento?”
La Procuraduría y el voto de mayoría de la Sala establecen que se
afectaría el principio fundamental de la seguridad jurídica, si se
diera la facultad a los jueces comunes para desaplicar las normas
que estimen inconstitucionales esto porque “tendríamos entonces
que dos jurisdicciones –la constitucional y la ordinaria- estarían
simultáneamente ejerciendo control de constitucionalidad (ejercicio
paralelo y concurrente), con la posibilidad de que haya criterios
contradictorios, a lo interno de la jurisdicción ordinaria o entre ésta
y la constitucional”
Estos criterios, empero, no son sostenibles. Se ha afirmado que el art. 8
introdujo un cambio sustancial en el sistema de justicia constitucional
costarricense, propio del sistema difuso, el cual lo acerca, en mucho, al
integral.
Como esta conclusión es diferente a la de la jurisdicción constitucional,
hay algunas razones que dan base para afirmar que el art. 8 de la Ley
Orgánica del Poder Judicial consagra un sistema difuso a plenitud, que
autoriza a los jueces a desaplicar leyes y otras normas o actos que sean
incompatibles con el Derecho de la CP.
1. La letra de ley dice lo que dice
El art. 8 indica que: “los funcionarios que administran justicia no
podrán aplicar leyes, decretos, acuerdos o resoluciones que sean
contrarios a la CP” sostener otra tesis implicaría cambiar la letra y
el sentido de la norma.
Si el sentido de la reforma no es el que aquí se defiende, ¿para qué,
entonces, se incluyó este nuevo párrafo, si ya antes la propia LJC
facultaba a los jueces para consultarle a la Sala IV cuando tuvieren
dudas fundadas? No parece lógico que se haya creado por razones
cosméticas o para generar problemas de interpretación. Por el
contrario, la reforma se propició con el fin de autorizar a todos los
órganos que administran justicia, para desaplicar las leyes que
estimaren contrarias al Derecho de la CP, en los casos concretos
sometidos a su jurisdicción.
2. la ley dice lo que los proponentes y el legislador querían
que dijese.
El nuevo art. 8 es la consecuencia del deseo expreso de modificar el
sistema concentrado de justicia constitucional.
Así lo entendieron los proponentes de los textos originales, la Comisión y
el Plenario legislativo que los aprobaron, la Corte cuando se envió a
consulta constitucional y en la primera publicación oficial de la nueva ley.
3. La Constitución Política es una norma de aplicación
inmediata y directa.
la CP no sólo es la norma suprema, sino también: …una norma
jurídicamente exigible y vinculante por si misma para todos los
poderes, órganos, autoridades, funcionarios y entidades públicas, y
desde luego también para los particulares.
Lógicamente, esa vinculación opera con la misma fuerza para
dichos sujetos de derecho, por lo cual no cabe ningún tipo de
excepción. La Carta Fundamental es norma jurídica y suprema para
todos en general y para nadie en particular, menos para las
autoridades que administran justicia “todo lo cual conlleva la
consecuencia capital de que el control de constitucionalidad es
siempre posible salvo que la CP lo prohíba”.
Así pues, no resulta extraño al sistema de justicia constitucional,
construido sobre la concepción de la CP como norma jurídica, que el
legislador haya autorizado, expresamente, a cada juez para desaplicar in
casu et inter partes, no anular, lo que es competencia exclusiva de la
Sala IV, la norma o acto que se estime inconstitucionales.
4. El sistema de justicia constitucional difuso es normal y
encaja naturalmente en el ámbito de la función
jurisdiccional.
Los magistrados Mora Mora y Piza Escalante han dicho que la
reforma introducida por el Poder Judicial está conforme con la CP,
en cuanto establece una justicia constitucional difusa, paralela y
concurrente con al concentrada en la jurisdicción constitucional, a
cargo de la Sala IV.
Explican que las reglas de la hermenéutica imponen que “la justicia
constitucional difusa sea la normal; de ahí que deban interpretarse,
extensivamente, las normas que la regulen y, restrictivamente, las que la
excluyan o limiten; es más bien la justicia constitucional concentrada la
única que, por su carácter precisamente anulatorio excepcional, tiene
que ser consagrada a texto expreso y debe interpretarse
rigurosamente”.
Esa conclusión es una lógica consecuencia de considerar la CP como una
norma suprema y criterio de validez del ordenamiento jurídico, de donde
se desprende que ella es exigible por sí misma.
5. El sistema de justicia constitucional difuso o concentrado
atenuado no es nuevo.
El sistema de justicia constitucional creado en 1989 es
especializado, concentrado y reforzado pero esto no implica que no
se le pueda introducir enmiendas. Aquí se defiende la tesis de que
esto último ocurrió con la nueva ley Orgánica del PJ, la cual ha
consagrado una justicia constitucional difusa, paralela y
concurrente con la concentrada, correspondiente a la jurisdicción
constitucional, solo para desaplicar, no para anular leyes, lo cual es
potestad de la Sala IV.
De ahí que, no resulta extraño, desde el punto de vista teórico ni
práctico, que el sistema concentrado costarricense haya sido atenuado,
de modo que los jueces comunes puedan desaplicar leyes
inconstitucionales, únicamente con carácter in casu et inter partes.
Para combatir este modelo que la nueva ley Orgánica quiso implantar, se
subraya que no basta con decir que el juez costarricense está formado
en una cultura legalista y no constitucionalista, esto aunque sea cierto
no es un argumento válido. En el 89 cuando se creó la Sala IV los
magistrados nombrados también gozaban tenían esa cultura legalista,
sin embargo, así como ellos evolucionaron es posible que todos los
jueces, con la reforma de la ley del PJ empiecen a razonar de modo
constitucionalista, ya que inexorablemente la sociedad costarricense y
principalmente los abogados, se dirigen hacia ese camino.
6. El principio de legalidad obliga a los funcionarios públicos
a observar y cumplir con la CP y las leyes.
Según el art. 10 de la CP los jueces comunes no pueden desaplicar
leyes y otros actos constitucionales, este artículo indica que sólo la
Sala IV está facultada para declarar inconstitucional, con efecto
erga omnes, las normas y actos que se le opongan o contradigan.
De esta forma, ningún funcionario del PJ, diferente de los
integrantes de la Sala IV, puede declarar, en ningún caso, la
inconstitucionalidad de una norma o acto. Lo más que podrían
hacer los jueces comunes respetando el principio de legalidad es
desaplicar la norma o el acto de que se trate en el caso concreto.
7. El sistema democrático es un sistema de controles
múltiples.
La historia de la humanidad ha demostrado que la defensa y protección
de los derechos e intereses de los habitantes es una tarea difícil. Por
ello la expansión de la actividad administrativa del Estado moderno,
ideada para servir mejor a los ciudadanos, hoy constituya, en buena
medida, una carlanca para el desarrollo pleno de los derechos
ciudadanos, así como la moral y las justicia que deben imperar en el
sector público.
La opinión entre pluralistas y politólogos coincide en que tiene sentido
hablar de Constitución, en una democracia pluralista y constitucional
como la costarricense, si a dicha Constitución se la concibe como un
instrumento efectivo de limitación y control del ejercicio del poder.
De ahí que, en un estado de derecho, no se pueda hablar de un
concepto único de control constitucional o de protección y defensa
de los derechos ciudadanos. Por el contrario, existe una gran
variedad de controles, los cuales se manifiestan en modalidades
diferentes, pero todos con un sentido común: limitar el ejercicio
del poder y garantizar la protección y defensa de los derechos e
intereses de los ciudadanos.
Tal diversidad se encuentra, por un lado, en los objetos mismos de
susceptibles de control por Ej. las normas jurídicas y los actos de
gobierno de la Administración Pública, del Poder Legislativo y del Poder
Judicial. Por otro lado, son varios los agentes que pueden ejercer el
control, como la Sala IV, los tribunales de justicia, la Asamblea, los
diputados, la CGR, la PGR, SUGEF, ARESEP, Defensoría, los partidos
políticos, grupos de interés, medios de comunicación etc.
También las modalidades de control que pude adoptar son variadas:
control previo y posterior de constitucionalidad, de legalidad, de
oportunidad, de eficacia e incluso de absoluta libertad en la apreciación
de los medios como sucede con el control político.
Así, resulta congruente con el sistema democrático constitucional
aceptar, de conformidad con la nueva ley del PJ, la posibilidad de que los
jueces comunes puedan desaplicar normas y actos que estimen
inconstitucionales para el caso concreto.
Hay una única situación por resolver: la inseguridad jurídica que
provocaría la diversidad de criterios y contradicciones en el foro
nacional, en torno a la constitucionalidad de las leyes.
Este argumento en principio parece muy razonable pero si se piensa
que los tribunales de casación, tribunales superiores, juzgados y
alcaldías todos los días resuelven situaciones muy diversas,
teniendo como único parámetro el ordenamiento jurídico y ello no
ha desembocado en anarquía (ausencia de poder público),
desórdenes ni contradicciones insalvables. Todo esto a pesar de que
la jurisprudencia que crean estas oficinas no es vinculante. ¿Cómo
entonces, suponer que algo así podría pasar en una jurisdicción
donde los precedentes son vinculantes? Además, en una
jurisdicción en la cual el número de casos comparados a los de la
jurisdicción común es infinitamente inferior, todo lo cual facilita la
comunicación y el conocimiento de los precedentes, ya no sólo de
la Sala IV, sino también de los tribunales comunes.
Unido a esto está el hecho de que los jueces puedan fiscalizar la
constitucionalidad de las normas o actos, antes que debilitar la
seguridad jurídica de los ciudadanos, con lo cual la fortalecen, ya
que serían muchos los funcionarios que velarían por la concreción
de los principios y normas constitucionales.
Si los argumentos anteriores no fueran suficientes, estaría la Sala IV que
sería el órgano cúspide encargado de mantener la unidad de la
interpretación constitucional. Además del poder de todo juez para
desaplicar normas o actos, estaría la posibilidad de que la Sala IV
conozca el asunto y definitivamente establezca una regla que, de ser
confirmatoria, sentaría un precedente aplicable con carácter erga
omnes.
¿Cual sería la vía para llegar a la Sala IV? Mediante un recurso de
amparo. La CP prohíbe la interposición de acciones de
inconstitucionalidad contra las resoluciones jurisdiccionales de los
jueces; en cuanto al habeas y al amparo no establece ninguna
prohibición, por lo que debe admitirse que el constituyente no vedó,
sino que más bien autorizó al legislador ordinario, para que
estableciera la posibilidad de que tanto el habeas como el amparo
puedan ser interpuestos contra las resoluciones jurisdiccionales de
los órganos del Poder Judicial. El voto de mayoría de la Sala
distingue donde la CP no distingue, por lo que so pretexto de
interpretarla, ha terminado modificándola de manera ilegítima.
Según todo lo anterior se puede afirmar que en C.R. rige el sistema
integral, en tanto que faculta, expresamente, a todos los
funcionarios que administran justicia para desaplicar las normas o
actos de cualquier naturaleza, contrarios a la CP.
Objeto. El objeto es el Derecho de la Constitución, este objeto es
total ya que el control de la constitucionalidad comprende toda
clase de normas y actos sujetos al derecho público. Esta
particularidad acerca más al país al sistema integral. Recuérdese
que, como norma general, en los sistemas concentrados el poder
anulatorio del tribunal o corte constitucional se refiere sólo a las
leyes o proyectos de ley y a los dictados en ejecución directa de la
CP, mientras que en los sistemas difusos las posibilidades de ejercer
el control de constitucionalidad tienden a extenderse, como sucede
en CR., no sólo a las leyes propiamente dichas, sino también a
cualquier norma o acto sujeto al derecho público.
Momento. Este es otro aspecto que acerca más a CR. Al sistema
integral. Es posible tanto a priori como a posteriori. De esta forma
se reúnen en un solo árgano dos características de un propósito
común: asegurar la plena vigencia del derecho de la constitución.
Método. El sistema de justicia constitucional tiene una amplia
gama de mecanismos o vías para ejercer el control de
constitucionalidad lo que de nuevo lo identifica con el sistema
integral.
La LJC contempla la vía incidental o de excepción. Ante un caso
concreto pendiente de solución en sede judicial o administrativa,
esta vía permite, a cualquier particular, elevar a la Sala IV un
asunto para que se determine la constitucionalidad o
inconstitucionalidad de las leyes, normas o cualquier acto aplicables
a este caso concreto.
Así mismo, los órganos que administran la justicia, actuando ex oficio y
conforme con el art. 8 y el voto de la Sala IV 1185-95, cuando tuvieren
dudas sobre la constitucionalidad de alguna disposición o acto, deben
hacer la consulta de constitucionalidad respectiva ante la jurisdicción
constitucional.
Paralelamente a estas vías propias de sistemas difusos, el ordenamiento
contempla otros procedimientos de acceso a la justicia constitucional,
característicos del sistema concentrado. Concretamente, la LJC
contempla la posibilidad de una acción directa, la cual puede ser
promovida por el Contralor Gral., el Procurador Gral., Fiscal Gral., y
Defensor Gral.
Sin embargo, desde el punto de vista de los medios de acceso a la
justicia constitucional, el rasgo más singular del sistema de justicia
costarricense es una especie “limitada o restringida” de actio populares,
prevista a favor de cualquier ciudadano, siempre y cuando, pro la
naturaleza del asunto, no exista lesión individual y directa o se trate de
la defensa de intereses difusos o que atañen a la colectividad en su
conjunto.
Con esa condición, la acción popular acerca mucho al país al sistema
integral donde se faculta a cualquier ciudadano para ejercer esa acción
directamente, sin ningún presupuesto procesal, como reconocimiento a
que el derecho de la constitución se erige en un auténtico derecho
fundamental.
Efectos. Los efectos que producen las sentencias, que se
producen como resultado de una acción de inconstitucionalidad.
Sentencias desestimatorias. Son las que deniegan la acción de
inconstitucionalidad. Solo surtirán efecto entre las partes, en el caso
concreto y no producirán cosa juzgada.
Sentencias estimatorias. Sus efectos son declarativos y retroactivos
a la fecha de entrada en vigencia del acto o norma declarada
inconstitucional, sin perjuicio de los derechos adquiridos de buena
fe. Es decir, mediante esa sentencia se considera que el acto o
norma de que se trate es nulo y sin ningún valor, como si nunca
hubiera existido, con la salvedad dicha.
No obstante, la sentencia constitucional de anulación puede graduar y
dimensionar, en el espacio, tiempo y por razones de la materia, los
efectos retroactivos a que se ha hecho referencia, y la Sala IV, cuando lo
estime oportuno, podrá dictar las reglas necesarias para evitar que la
anulación produzca graves dislocaciones de la seguridad, justicia o paz
sociales.
Además, las resoluciones de la Sala IV, son vinculantes y erga omnes,
salvo, para sí misma. Existe la posibilidad de que la jurisprudencia pueda
variar, conforme lo requieran las nuevas circunstancias, cambien de
criterio los jueces o cambie la integración del tribunal, cuando dichos
cambios ocurran por respeto a la seguridad jurídica, los magistrados
están en la obligación de razonarlos.
Otras sentencias. Entre las desestimatorias y las estimatorias hay
una amplia gama de resoluciones, resultantes del criterio de que el
control de constitucionalidad no se reduce al del precepto, sino que
se refiere, a las normas o efectos de los actos en cuestión.
Sentencias que no anulan el acto o norma cuestionado, sino
ciertos efectos o su interpretación o aplicación por las autoridades
públicas.
Sentencias interpretativas, que condicionan la validez de la
norma a una determinada interpretación o aplicación, conforme con
el principio de conservación del Derecho de la Constitución.
Sentencias normativas aditivas, las cuales se caracterizan por
innovar el ordenamiento preexistente, introduciendo nuevas
disposiciones con eficacia erga omnes. Esta hipótesis puede darse
cuando se suprimen palabras o párrafos o se sustituyen por otras,
con lo cual cambia el contenido normativo del enunciado original.
Sentencias normativas sustitutivas, comúnmente se originan
cuando se ha declarado inconstitucional una norma y el vacío que
deja la declaratoria debe llenarse para que no se produzcan graves
dislocaciones de la seguridad, la justicia o la paz sociales por Ej. la
ley de inquilinato.
La Sala es el árbitro supremo de los conflictos constitucionales, con
excepción de los amparos de naturaleza electoral, los cuales, por
disposición expresa de la misma CP y la LJC, corresponde conocerlos al
TSE. Es decir, las resoluciones dictadas por el Tribunal Constitucional no
tienen ningún tipo de recurso, salvo el de aclaración y adición. Esto es
así porque este tribunal y su jurisdicción “no conocen superior”, ya que
solo están sometidos a la CP y a la LJC.
Finalmente, caracterizan la supremacía e independencia del Tribunal
Constitucional dos aspectos más: 1. es el árbitro supremo de los
conflictos que por razones de competencia, se pueden suscitar entre
los poderes del Estado, así como con las demás entidades u órganos que
indique la ley, tales como entidades descentralizadas, municipalidades, u
otras personas de derecho público, o los de cualquiera de éstas entre si.
Por otra parte, y como consecuencia inmediata de lo anterior, la Sala IV
también es árbitro supremo de su propia competencia, “incluso frente a
la propia Corte Suprema de Justicia de la que forma parte”.