TEMA 56. EL ARTE CLÁSICO: GRECIA Y ROMA.
Índice
1. Introducción
2. Grecia
2.1. Arquitectura
2.2. Escultura
2.3. Cerámica
3. Roma
3.1. Arquitectura
3.2. Escultura
3.3. Pintura y mosaico
4. Conclusión
5. Bibliografía
1. Introducción
El tema Arte clásico: Grecia y Roma tiene su referencia legislativa en el RD. 217/2022
y en el D. 39/2022 por el que se establece la ordenación de enseñanzas mínimas de la
Educación Secundaria Obligatoria dentro del bloque de saberes básicos de 1º y 2º de
ESO de la materia Geografía e Historia titulado Sociedades y
territorios como Significado y función de las expresiones artísticas y culturales en las
distintas civilizaciones. Diversidad y riqueza cultural. Respeto y conservación del
patrimonio material e inmaterial.
También en el RD. 243/2022 y en el D. 40/2022 por el que se establece la ordenación y
enseñanzas mínimas del Bachillerato dentro del bloque de saberes básicos de la materia
Historia del Arte titulado Aproximación a la Historia del Arte, El arte y sus funciones a
lo largo de la historia, Dimensión individual y social del arte y Realidad, espacio y
territorio en el arte.
El término "classicus", ya desde la Antigüedad, hace referencia a la calidad y a lo que es
digno de ser imitado. Sin embargo, en el siglo XVIII, su uso se amplía para designar
tanto lo relacionado con las culturas griega y romana como para referirse a los
momentos de mayor plenitud y perfección dentro de un movimiento artístico.
El arte clásico es de vital importancia no solo por su valor intrínseco, sino por ser la
cuna de la cultura occidental, tanto en Grecia, donde nacen la Filosofía, la Historia, la
Física o la Literatura, como en Roma, cuyo arte fue bastante homogéneo. Ambos
pueblos recogieron de cada cultura en donde se asentaron, sus características
particulares.
2. Grecia
El arte de la Antigua Grecia, fundamental para la historia del arte occidental, se
caracteriza por su búsqueda de la armonía, el equilibrio y la proporción. A través de sus
diversas manifestaciones, como la arquitectura, la escultura y la cerámica, los griegos
no solo dejaron un legado artístico, sino también un reflejo de sus ideales filosóficos y
culturales.
2.1. Arquitectura
El templo fue la manifestación arquitectónica por excelencia del arte griego. Su
finalidad era conservar la imagen de la divinidad: las ceremonias y las ofrendas se
realizaban en la entrada. Su estructura es estructura sencilla y elemental: un espacio
rectangular formado por una sala, la cella o naos, precedida por un pórtico o pronaos,
delimitado por la prolongación de los muros de la cella. Puede contar además con el
opistodomos, pórtico trasero separado de la cella, y que era la sala donde se guardaban
las ofrendas. El origen del templo se encuentra en el antiguo mégaron, del que
conservamos algunos restos micénicos en ciudades como Tirinto, del siglo XV a. C.
Hay una serie de características que se deben tener en cuenta respecto a los tipos de
templos. En función al lugar donde se colocan las columnas los templos pueden ser: In
antis (dos columnas entre dos tramos de muro o ante), próstilo (pórtico columnado se
dispone solo delante de una de sus fachadas menores), anfipróstilo (con columnas en
ambas fachadas), períptero (totalmente rodeado por una fila de columnas exentas y el
más frecuente de todos), pseudoperíptero (las columnas están adosadas al muro de la
cella) o díptero (contiene dos filas de columnas por sus cuatro costados). Además, un
templo clásico dependiendo de las columnas en sus frentes menores puede denominarse
dístilo, tetrástilo, hexástilo u octóstilo en función a si tienen 2, 4, 6 u 8 columnas,
respectivamente.
La cubierta se dispone a dos aguas por fuera y está formada por un armazón de madera
recubierto de tejas. El empleo de materiales pobres llevó a pintar todo el templo para dar
sensación de riqueza.
El soporte por excelencia de la arquitectura griega es la columna, sobre la que se levanta
un sistema adintelado a base de vigas horizontales, lo que confiere a la obra una
sensación de serenidad y estabilidad. La columna y el conjunto de elementos que esta
soporta se pueden articular u ordenar de diferente manera, a cada una de las cuales se le
denomina orden clásico o estilo arquitectónico: el dórico, el jónico y el corintio.
El orden dórico es el más antiguo, sobrio y severo. Carece de basa y se levanta
directamente sobre tres escalones. El fuste está recorrido verticalmente por estrías de
arista viva, y su diámetro va disminuyendo de grosor según se asciende; cuenta además
con un ensanchamiento central, éntasis, para corregir la posible deformación óptica que
la perspectiva provoca. El fuste está formado por piezas cilíndricas superpuestas, los
tambores. Coronando el fuste está el capitel, formado por el collarino, el equino y el
ábaco rematando. Sobre la columna se apoya el entablamento, formado por arquitrabe –
una viga lisa que corre de columna a columna–, el friso y la cornisa. El friso dórico es
uno de sus elementos más característicos, con su alternancia de triglifos y metopas.
El orden jónico es más esbelto, rico y elegante que el dórico. Cuenta con basa, moldura
y fuste recorrido por estrías, y carece de éntasis, aunque sí que mantiene la gradual
disminución del diámetro de la columna de abajo arriba. El rasgo más distintivo es el
capitel, decorado con volutas, unas formas en espiral a ambos lados. El entablamento
jónico está formado también por el arquitrabe, ahora dividido en tres bandas, el friso
con decoración corrida y la cornisa volada, generalmente decorada.
El orden corintio es consecuencia de la riqueza que va adquiriendo la arquitectura
griega. Deriva claramente del jónico, del que se distingue casi exclusivamente por la
forma de su capitel, formado por dos filas de hojas de acanto superpuestas, de las que
arrancan dos largos tallos enroscados en espiral, los caulículos. Este orden aparece ya en
fecha tardía, por lo que Grecia lo utilizará poco; en Roma alcanzará su máximo
esplendor.
En los tres órdenes, y sobre sus correspondientes cornisas, se alzan los frontones
triangulares, cuyo espacio interior se denomina tímpano, donde se colocaba la
decoración escultórica.
El arte griego podemos dividirlo en tres periodos:
-Periodo arcaico (ss. VII-VI a. c.). El orden más abundante fue el dórico: se trata de
obras robustas, de columnas chatas y muy próximas, con éntasis muy acentuado,
templos largos y estrechos. De entre los ejemplos más antiguos que conocemos, del
siglo VII a. C., cabe recordar el templo de Hera, en Olimpia.
-Periodo clásico (ss. V-IV a. c.). Es el momento de mayor esplendor y perfección en el
arte griego, en el que encontramos su obra maestra: la Acrópolis de Atenas. Arrasada
junto con la ciudad en 480 a. C., durante las Guerras Médicas, Pericles emprendió la
tarea de su reconstrucción entre los años 450 y 420 a. C. La obra cumbre de este
conjunto es el Partenón, obra de los arquitectos Ictinos y Calícrates y del escultor Fidias.
Otro de los templos destacados es el Erecteion se sitúa en el extremo más septentrional
de la acrópolis. Es de una gran originalidad, pues rompe el esquema compacto habitual
de los templos griegos.
-Periodo helenístico (ss. III-I a. c.). Las múltiples conquistas de Alejandro Mango
dieron pie a una diversidad de pueblos, razas y lenguas que convirtieron el helenismo en
una cultura heterogénea, tomando elementos de los distintos lugares sobre los que se
asienta, lo que se traducirá en la arquitectura en un cierto eclecticismo. Se acentuaron
las tendencias al colosalismo y a una mayor suntuosidad, lo que llevó a emplear con
frecuencia el orden corintio. Los órdenes pierden sus rígidas normativas tradicionales,
aplicándose ahora con mayor libertad y flexibilidad: los fustes se estiran, los
entablamentos se afinan, las basas se decoran y complican. El gran templo de Zeus
Olímpico de Atenas (siglo II a. C.), al pie de la Acrópolis, era uno de los más grandes
del mundo griego.
2.2. Escultura
En la escultura griega el hombre es el eje y la medida. A lo largo de los siglos se
produjo una clara evolución desde la simplicidad arcaica hasta el periodo helenístico. La
mayor parte de la escultura griega la conocemos a través de copias romanas, y toda ella,
a excepción de los bronces, se policromaba.
En la época arcaica ya existe una escultura monumental en piedra bastante homogénea,
que se reduce a la representación de hombres desnudos (koúroi) y mujeres vestidas
(kórai). Son representaciones de cuerpo entero, en actitud hierática e inmóvil, de frente,
con un modelado sencillo y estilizado, una fuerte geometrización en el cuerpo y pelo, y
en los labios un cierto rictus de sonrisa (sonrisa arcaica). Un ejemplo de Kórai es La
llamada Dama de Auxerre, en el Museo del Louvre.
La escultura en la época clásica. En el siglo V a. C. se produjo un proceso febril de
realizaciones artísticas, por la euforia provocada tras el triunfo sobre los persas,
atribuido a los dioses. El objetivo estético fue plasmar la belleza ideal: se trata de un
arte naturalista, pero con cierta dosis de estilización e idealización. El cuerpo humano
desnudo pierde el hieratismo, capta infinidad de gestos y actitudes, y gana en movilidad.
El broncista Mirón es el maestro del famoso Discóbolo: en él se capta un instante, el
momento previo a lanzar el disco, lo que provoca una atrevida postura que rompe con la
tradicional posición erguida. Policleto, también broncista, fue un artista con vocación
teorizante, lo que le lleva a publicar una obra escrita, el Kanon, en la que establece la
medida armónica de las estatuas (la altura de la cabeza por seis). Sus estatuas se apoyan
en una sola pierna, consiguiendo un mayor equilibrio y ritmo. Entre sus esculturas
destaca el Doríforo.
El gran escultor Fidias, destaca por hacer el conjunto ornamental del Partenón: las 92
metopas del friso, en altorrelieve, con escenas de la Gigantomaquia, la
Amazonomaquia, la Guerra de Troya y la Centauromaquia.
Praxíteles es el escultor de la delicadeza, la elegancia, la belleza y las superficies
suaves. En su obra aparece la llamada curva praxiteliana, que consiste en acentuar la
tradicional postura clásica, provocando una mayor inclinación de la cadera.
Lisipo acentúa el naturalismo, cultiva el retrato, gusta de los temas infantiles y de
ancianos, sin limitarse a plasmar a jóvenes hermosos. Fijó un nuevo canon de belleza,
más esbelto, y el número de cabezas que han de repetirse en el cuerpo son ocho.
En cuanto a la escultura helenística, se acentúa la expresividad, el movimiento y la
naturalidad. Se enriquece la variedad temática. Triunfa ahora el realismo, entendido
como la reproducción de rasgos individuales, que llevará al cultivo del retrato. Otro
tema de éxito serán los niños bien caracterizados anatómicamente, con toda la gracia y
el encanto de este mundo (el Espinario, el Niño de la Oca, Eros y Psiquis). El desnudo
femenino tiene ahora su momento de esplendor con la Venus de Milo (Museo del
Louvre), majestuosa, con naturalidad y elegancia en la pose, sereno gesto y un ligero
movimiento helicoidal.
2.3. Cerámica
La cerámica griega muestra una gran variedad de formas, con vasijas destinadas a
diferentes usos, como conservar, mezclar o beber líquidos, así como objetos de tocador
o funerarios. Los motivos decorativos incluyen leyendas heroicas, temas históricos,
escenas cotidianas y juegos atléticos. Además, la cerámica experimenta una evolución
clara. Los primeros ejemplares, del periodo prearcaico (siglos X-VIII a.C.), presentan el
estilo geométrico, caracterizado por patrones como puntos, triángulos y espirales,
ordenados en bandas horizontales, con frecuencia representando ceremonias funerarias.
En la época arcaica, a partir del siglo VII a. C, encontramos una cerámica que se conoce
como de figuras negras. En ella lo narrativo desplaza a lo puramente decorativo,
tomando la figura humana cada vez mayor protagonismo. Desaparecen paulatinamente
las bandas, hasta llegar al tema único en la panza de la vasija. A finales del siglo VI a.
C. se idea invertir la policromía, dando lugar a la cerámica de figuras rojas y dejando en
color negro el fondo. A lo largo del siglo V a. C. se añaden otros colores, hasta llegar a
la cerámica policromada.
3. Roma
El arte romano es práctico, utilitario y funcional. Se vivifica el lenguaje artístico, se
excita la inventiva arquitectónica y se desarrollan y perfeccionan las técnicas
constructivas.
3.1. Arquitectura
La sociedad romana es rica y poderosa, con gran diversidad de funciones, por lo que
requiere de nuevos edificios capaces de satisfacer estas necesidades: teatros, circos,
basílicas, termas, puentes, acueductos, etc.
Los romanos emplearon una amplia variedad de materiales en su arquitectura la piedra
uso del ladrillo. Sin embargo, su mayor innovación fue el cemento u hormigón (opus
caementicium), un conglomerado de ladrillos rotos, piedras pequeñas, cascotes,
guijarros, agua y cal, que al fraguar formaba un bloque sólido y resistente.
Los romanos adoptaron los órdenes griegos, pero introdujeron notables innovaciones:
crearon una variante del dórico, el llamado dórico romano, más esbelto que el griego,
con basa y sin la tradicional éntasis. La gran aportación de Roma en el campo de los
órdenes fue el orden compuesto, que enriquecía con volutas el capitel de acantos
corintio, reflejo de su amor al lujo. Una innovación importante fue la utilización de
distintos órdenes en una misma fachada, llegando a establecer una ordenación canónica:
dórico, jónico y corintio de abajo a arriba.
Roma introduce el arco, elemento básico de su arquitectura, tomado de los etruscos. El
tipo de arco empleado sistemáticamente por los romanos fue el de medio punto, lo que
hizo que su arquitectura fuera más flexible, rica y dinámica.
La ciudad romana se caracteriza por la regularidad en su trazado: su planta es
rectangular, con dos vías que se cruzan perpendicularmente en el centro, el cardo
(norte-sur) y el decumanus (este-oeste).
Otro elemento son los foros. El foro es la plaza principal, un espacio abierto rodeado
por los edificios más representativos, públicos y sagrados, y es el centro de la vida
comercial, política y religiosa de la ciudad. Todas las ciudades romanas poseían al
menos uno: el más importante de todos es el Foro romano, en la capital. Los
emperadores romanos construyeron sus propios foros, como el de César, Augusto,
Vespasiano, Nerva y Trajano, siendo este último el más grande y completo. En cuanto a
la arquitectura religiosa, los templos romanos, apegados a la tradición, pero
innovadores, se elevaban sobre altos podios y tenían una escalinata de acceso en un solo
lado, destacando una fachada principal. La obra cumbre de la arquitectura religiosa
romana es el Panteón de Roma, que data de la época de Adriano y está dedicado a todos
los dioses. Obra de Apolodoro de Damasco, consta de un gran pórtico octóstilo, con dos
filas de columnas corintias dispuestas en tres naves, y una cella circular. Se cubre con
una gran cúpula semiesférica y su clave está abierta a modo de gran óculo.
La basílica es el edificio romano que mayor repercusión tuvo en la arquitectura
posterior occidental, al ser tomado como modelo por el templo cristiano. En ellas se
realizaban intercambios comerciales y se impartía justicia, y por ello necesitaba de un
espacio interior diáfano.
El profundo deseo de alcanzar la gloria terrenal impulsó a los romanos a desarrollar
monumentos conmemorativos como ninguna civilización lo había hecho antes,
erigiendo columnas y arcos para celebrar sus hazañas. Entre las columnas
conmemorativas la más significativa es la que Trajano mandó construirse en su foro a
inicios del siglo II d. C. Su inmenso fuste cilíndrico está decorado con relieves, en un
friso helicoidal donde se narra la conquista de la Dacia. El arco de triunfo se convirtió
casi en un símbolo del Imperio. Los hay sencillos (de un solo vano), triples (de tres
arcos) y cuádruples. De los primeros quizás el más conocido es el arco de Tito en
Roma, de los triples es muy interesante el arco de Constantino, alzado tras su victoria
sobre Majencio, ya que su rica decoración es arrancada de obras anteriores.
En relación con la arquitectura funeraria, hay que tener en cuenta que Roma ideó para
sus enterramientos una gran variedad de soluciones, desde las más sencillas a las más
monumentales. Cabe señalar mausoleo de Augusto, de forma cilíndrica y proporciones
colosales, y el mausoleo de Adriano, hoy Castello Sant Angelo.
Como pueblo eminentemente lúdico, amante del ocio y de las diversiones, los romanos
crearon una arquitectura recreativa rica y variada. Para cada espectáculo construyeron
un edificio diferente y capaz de satisfacer sus necesidades: teatros, anfiteatros, circos,
termas, etc., todos ellos de enormes dimensiones.
Roma introdujo innovaciones en la forma del teatro: es exento y está ubicado en el
interior de las ciudades. Consta también de tres partes: la orchestra, semicircular; la
cavea o graderío, abrazada a la orchestra, con escaleras radiales que la articulan
verticalmente en tramos y con puertas (vomitoria), que facilitan el acceso y la salida de
los espectadores, a través de pasillos abovedados bajo los asientos, y la escena (scena).
En Hispania podemos señalar el Teatro de Mérida o el de Sagunto.
El anfiteatro es la unión de dos teatros por la scena. Es una estructura nueva y estaba
pensada para celebrar los combates de gladiadores, las luchas con animales salvajes
(venationes) y las naumaquias o encuentros navales. Aún hay varios en pie, pero el más
importante fue el Anfiteatro Flavio o Coliseo de Roma (70-80 d. C.). Este último tiene
un aspecto exterior que se articula en cuatro plantas. En el primer piso las columnas son
de orden dórico, jónicas las del segundo y corintias las del tercero; el cuarto piso es
ciego y se articula con pilastras corintias. Esta peculiar estructura calada permitía aliviar
la sensación de pesadez.
El circo romano se utilizaba para las carreras de cuadrigas, aunque su origen es griego.
De forma alargada y con extremos curvados, en el centro estaba la arena y alrededor las
gradas, contaba con una zona central (spina) que servía de separación.
Los romanos fueron muy aficionados a los baños públicos o termas. Varían mucho entre
ellas por su complejidad, pero siempre hay partes comunes: frigidarium (agua fría),
tepidarium (templada) y caldarium (caliente). Entre las termas más monumentales, y
cuyos restos se conservan, destacan las termas de Caracalla. El conjunto podía
completarse con bibliotecas, jardines, palestras, estadios, pórticos, vestuarios, salas de
exposiciones, etc.
Roma destacó por sus grandes procedimientos en obras públicas. Los acueductos eran
necesarios para abastecer de agua a las ciudades, Una perfecta red de vías de
comunicación (calzadas) recorría todo el Imperio y los puentes fueron el complemento
de las calzadas cuando había que salvar algún desnivel.
3.2. Escultura
La admiración por lo griego lleva a realizar muchas copias de sus esculturas, se traen
originales a Roma y hasta a los propios artistas. Pero partiendo de esta estética,
evolucionó y aportó importantes novedades hasta alcanzar un estilo propio y original.
Podemos encontrar retratos de todo tipo (bustos, ecuestres) y de materiales diversos
(mármol, bronce). Todos tienen en común un fuerte naturalismo, que imita fielmente los
rasgos individuales. Durante el Imperio la figura del emperador fue la más repetida, del
cual se mostraban distintos aspectos de su personalidad: sumo sacerdote, general e
incluso dios. Destaca el Augusto de Prima Porta (s. I d.C).
El relieve histórico trata de perpetuar las hazañas imperiales y decora los monumentos
conmemorativos. Hay que destacar el Ara Pacis, levantado por Augusto en el siglo I a.
C., en cuyos muros exteriores se narra una procesión encabezada por el propio Augusto,
acompañado de su familia, sacerdotes, magistrados, senadores, etc. Técnicamente
consigue dar una sensación de profundidad a la escena, graduando el grosor del relieve,
más acentuado en los primeros planos y menos en los del fondo.
3.3. Pintura y mosaico
La pintura adquiere un desarrollo extraordinario y destaca sobre todo el mural. La
técnica utilizada fue básicamente el fresco, a veces conjuntamente con el temple. Los
restos son abundantes en Pompeya y Herculano, ciudades sepultadas tras la erupción del
Vesubio en el año 79. Distinguimos los llamados cuatro estilos pompeyanos:
- El estilo de incrustaciones: trata de imitar los revestimientos de mármoles o jaspes,
valiéndose de una amplia gama cromática.
- El estilo arquitectónico: emplea columnas, frontones, arcos, etc., tratando de ampliar
ilusoriamente el espacio real. Supone un perfecto dominio de la perspectiva y se realiza
con una pincelada suelta y fluida.
- El estilo ornamental: deriva del anterior, pero los elementos arquitectónicos se afinan y
perfilan linealmente. Es más decorativo y fantasioso.
- El estilo ilusionista: potencia la sensación de irrealidad, con detalles de fantasía y
originalidad, adornos en miniatura y un marcado carácter escenográfico: cortinajes,
máscaras, etc. Fue el estilo de la época de Nerón.
El mosaico está estrechamente ligado a la pintura. Se utilizó principalmente para cubrir
suelos y está formado por pequeñas piezas policromadas (teselas) de piedra y mármol
generalmente, en forma de cubo. Al mosaico realizado así se le denomina opus
teselatum.
4. Conclusión
El arte en Grecia y Roma fue rico y original, muy similar, aunque con motivaciones
diferentes. Mientras que el arte griego perseguía ideales de perfección y belleza basados
en la proporción y el equilibrio, el arte romano, aunque influenciado por Grecia, estuvo
más orientado hacia la funcionalidad y la representación del poder político y militar.
Ambos, sin embargo, dieron lugar a un legado que cambió para siempre la historia del
arte.
El arte clásico, con sus innovaciones formales y técnicas, no solo rompió con el pasado,
sino que estableció las bases de la estética y la arquitectura en Europa. La influencia de
los órdenes arquitectónicos, las proporciones escultóricas y el uso de elementos como el
arco de medio punto, son visibles a lo largo de la historia del arte occidental, desde la
arquitectura medieval hasta el Renacimiento, el Barroco y épocas posteriores.
Fue el Imperio Romano el responsable de la expansión de este arte por el Mediterráneo,
difundiendo tanto las creaciones originales griegas como sus propias adaptaciones. Así,
las expresiones artísticas de Grecia y Roma no solo definieron una era, sino que
configuraron los cimientos de la tradición artística occidental, cuyas influencias siguen
siendo palpables hoy en día.
5. Bibliografía
RAMÍREZ, J. A. (dir.) (1996): Historia del Arte, Tomo 1 El Mundo Antiguo. Alianza.
Manual general que abarca el arte de las civilizaciones griega y romana, aunque también
las culturas mesopotámicas y egipcias. Imprescindible para una introducción al tema, La
dirección de Ramírez y las contribuciones de diversos especialistas hacen de este
volumen una referencia esencial para comprender el desarrollo y la evolución del arte
antiguo dentro de un marco académico accesible.
ROBERTSON, D. S. (1988): Arquitectura Griega y Romana. Cátedra.
Robertson analiza en profundidad las innovaciones técnicas y estéticas de ambas
civilizaciones, proporcionando un marco de referencia esencial para comprender la
influencia perdurable de su arquitectura en épocas posteriores. Además, la obra está
ampliamente ilustrada, lo que facilita una mejor comprensión visual de los conceptos y
ejemplos arquitectónicos discutidos.