Playlist de la novela
The Trouble I'm In – Twinbed
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If I could fly - One Direction
https://youtu.be/tw3-dORqUW4
Little person - Matt Maltés
https://youtu.be/j3hYp-nA_cU
Done For Me – PUNCH
https://youtu.be/cftZlVYXXfU
Stuck in Love - Kim Kyung Hee
https://youtu.be/c6BRH16pnQQ
Christmas Tree – V
https://youtu.be/-tBh_ulXnfA
Capítulo 1
Haru
Estoy de pie frente a un lago cristalino, los rayos del sol se reflejan en el
agua y recorro con mi mirada el lugar para tener una vista panorámica. Al
rededor de él hay piedras redondas y árboles que son tan altos que
proporcionan la suficiente sombra para descansar si hace falta. El lago es
tan extenso que fácilmente puede ser comparado con el mar. Aunque
intenté ver su final lo único que encuentro en el horizonte son las lomas
que rodean todo. El cielo es celeste y las nubes abundan en él. Este acaba
de ser decorado por una bandada de aves que vuelvan al sur y llenan el
silencio con su parlar sin contar con los diferentes sonidos exóticos que
provienen del bosque tupido de árboles.
Todo un paraíso frente a mis ojos, tomo asiento en la orilla y me quedo
deleitando el paisaje que me brinda la naturaleza. Con las horas la
sensación de paz que este Edén me brinda es reemplazado por una
soledad que inunda mi ser. Al instante el agua del lago empieza a subir
mojando así mis pantalones. Me pongo de pie y me alejo de la orilla con
rapidez, ya no se siente tan agradable estar aquí. Hasta el aire se siente
pesado y se hace difícil aceptar que el lugar perdió su magia en solo unas
horas por culpa del tiempo.
De repente una gran ventisca alborota mis cabellos y las copas de los
árboles empiezan a sacudirse con violencia. Levanto la cabeza y observo
como poco a poco unas nubes grises se apoderan del empíreo. Está a
punto de llover y la única forma de escapar es introduciéndose en el vasto
bosque, donde ahora predomina la oscuridad y las tinieblas. La enorme
tormenta me alcanza sometiendo así el paraíso a la lluvia que cae a
garrafones mojando absolutamente todo a su paso, los truenos
majestuosos caen del cielo y su estruendo me hace sentir que acabo de
perder el sentido del oído. Todo se oscurece por completo.
Me introduzco en el arbolado y comienzo a caminar sobre el suelo que es
inestable a causa del barro que provoca la humedad. Un montón de raíces
cubren el terreno y hacen aún más dificultoso el poder avanzar sobre el
sendero inexistente. Mis pies se hunden en él, pero continúo avanzando
sin razón, quiero huir, pero ni siquiera sé a dónde ir. Apenas logro observar
a mi alrededor y lo que aún dificulta más mi visión son los árboles enormes
que se parecen todos entre sí. Siento como si estaría dando vueltas en el
mismo lugar porque nada ha cambiado, a pesar que llevo mucho tiempo
caminado entre toda esta enredadera de árboles. Mi ropa está mojada y
eso provoca que se pegue a mi cuerpo, estoy cansado y la respiración me
empieza a fallar. Necesito descansar, pero donde se supone que lo valla a
hacer. Tengo tanto frío que siento que estoy a punto de morir de
hipotermia.
Doy mi último suspiro y me apoyo sobre un tronco de árbol. Su gran copa
me libra de que la lluvia me caiga directamente, pero eso no evita que el
agua se filtre por las ramas y resbale por su madero. Cierro los ojos y tomo
asiento a sus faldas, no me importa si es incómodo, cualquier cosa es
mejor que estar caminando en medio de todo este desastre.
El tiempo pasa y la intensidad de la lluvia disminuye. Ya no corre tanto
viento, pero sigue haciendo frio. Un nudo se forma en mi garganta y mis
ojos arden, odio sentirme tan solo. Antes de que las lágrimas empiecen a
caer, mis oídos se agudizan al escuchar como las hojas caídas chirrían y las
ramas del suelo se rompen. Alguien más está en este bosque y con cada
paso que da se acerca a más dónde estoy.
Cuando por fin el ser se encuentra en la zona donde me hallo, trato de
hacer silencio absoluto e incluso dejo de respirar por momentos para
pasar desapercibido. Podría ser un animal salvaje o tal vez alguien que
está perdido como yo. De todas maneras, no quiero arriesgarme.
De la nada una joven con rasgos asiáticos y con la piel tan blanca como los
copos de la nieve aparece frente a mí sin ninguna expresión en el rostro.
Viste un vestido largo que le cubre los pies y está completamente seca.
Como si todo este tiempo habría estado resguardada de toda la tormenta.
A comparación mía, yo estoy sucio y lleno de fango. No sé cómo se
encuentre mi rostro, pero creo que está en las mismas condiciones.
Sin pedir permiso ella sostiene mi mano y avanza haciéndose camino a
través del bosque. Su mano se siente suave y pequeña al contacto, pero
eso no es impedimento para que tome la mía con fuerza, como si fuera un
niño al cual cuida y no puede dejar escapar. Solo me limito a seguirla sin
hacer protesta alguna y no comprendo lo que está sucediendo conmigo. Ni
siquiera sé la razón por la que no me alejo de ella y permito que me
introduzca aún más en el bosque, sin saber las intenciones reales que tiene
la desconocida para conmigo. Aunque la verdad es que no creo que pueda
hacerme daño. Incluso me atrevo a creer que es menor que yo por su
estatura y su rostro infantil.
Ambos caminamos casi tantas horas como cuando yo me quedé bajo el
árbol a esperar que la lluvia cesara. La tormenta ha acabado y ha
comenzado anochecer. Mágicamente el terreno del bosque se vuelve
sólido otra vez. Mis piernas me han dejado de doler a pesar que continúo
caminando, hasta podría decir que con cada paso que damos los árboles
de nuestros alrededores se empiezan a secar. La luz de la luna se empieza
filtrar por las copas de estos y ahora algunos pájaros nocturnos salen de
sus escondites para posarse sobre sus ramas mientras que los insectos
escalan por sus troncos. Poco a poco se va borrando el rastro que la
tormenta dejo.
El tiempo que duro la tempestad parece tan lejano, que mis oídos han
olvidado casi por completo el estruendo de los truenos y la lluvia chocando
contra el suelo. No puedo mirar más que a mi alrededor. Estoy
experimentando los mismos sentimientos que cuándo me encontraba
frente al lago, solo que ahora existe una mínima diferencia. Ahora alguien
está tomando mi mano y la sensación de soledad ha desaparecido.
Ella se detiene y me suelta. Yo miro a mi alrededor y me percato que ya no
hay más bosque, ambos estamos a un lugar donde parece que la tormenta
no llego porque no hay rastro alguno de humedad. Las luciérnagas
revolotean a alrededor del nuevo paisaje nocturno y la luna llena es la
protagonista. Bajo mis pies hay pasto verde y frente a mí un patio lleno de
girasoles. La belleza de este paisaje es mucho más hermoso y salvaje que
el lugar donde me encontraba antes.
En el cielo brillan las estrellas fervientes. Hay muchas de ellas, millones
que parpadean junto a los insectos luminosos. El páramo es perfecto,
impresionante y deleitable ante cualquier ojo humano. La joven se para
frente a mi quitando la atención que le brindo al lugar y provocando que
solo la mire a ella. Me dedica una cautivante mirada y luego sonríe con
ternura mientras entrelaza sus dedos con los míos, yo trato de alejarme,
pero me detengo al oír como alguna voz a la lejanía pronuncia mi nombre.
—Haru.
—Haru.
Abro los ojos y paso mis dedos por mi rostro y cabello. Todo había sido
solo un sueño y eso me sorprende. Generalmente tengo pesadillas al
dormir, pero está vez ha sido una agradable excepción.
—Haru. —Mi madre me mira por el espejo retrovisor del auto haciendo
que mis ojos choquen con los suyos. —Pronto vamos a llegar.
Decksheimer queda a 20 horas en auto a Creepingbear, sin contar con el
tráfico y las paradas para comer e ir al baño llevo aproximadamente 26
horas sentado en la parte trasera de él Jeep de mi padre. Aunque el
asiento es cómodo a este momento del viaje y después de haber dormido
sobre él ya hasta me duele el cuerpo.
—¿Qué tal dormiste? —me pregunta mi padre.
Yo dormí relativamente bien, pero en definitiva él no. Tiene los ojos
hinchados y supongo que es porque ha manejado durante toda la noche.
Si a mí me empezó a molestar tanto la cabeza que tuve la necesidad de
tomar Diamox a las primeras diez horas de viaje no me imagino como
debe de encontrarse él.
—Descanse bien.
Mi madre prende la radio y el presentado comenta que la canción que
continúa es Dumb de Nirvana. Su cara es digna de una fotografía, le da
codazos a mi padre mientras él le sigue la corriente.
—I'm not like them —Ella comienza a cantar sin preocuparse por
desafinar, pero la verdad es que no lo hace para nada mal —But I can
pretend —mi papá la acompaña y mueve su cabeza al compás de la
canción.
Tengo entendido que se han casado hace veinte años, pero parecen un
par de novios que acaban de conocerse y tienen gustos en común. En
todos estos años que he estado viviendo con ellos jamás los he visto
discutir por absolutamente nada. Si algún día me hubiesen dicho que al
final de toda una pareja de esposos obsesionados con el rock de los 90's
me iban a adoptar me habría reído en su cara sin duda alguna. Pero Cherry
y Jhoe hicieron real lo imposible.
—The sun is gone —mi madre voltea a verme y como si un micrófono
tuviera en las manos me lo acerca —Vamos Haru, sé que te conoces la
canción.
¿Cómo no conocerla? Estos últimos seis años me aprendí prácticamente
toda la discografía de Queen, Nirvana y el resto de las bandas de rock más
famosas de los 80's y 90's. Cada mañana en la antigua casa me levantaba
con la música que ponía mi madre al hacer el desayuno.
—Or maybe just happy —pronuncio con pesadez. Apenas son las siete de
la mañana, me preguntó cómo es que esta mujer tiene tanta energía
después de dormir en el asiento del copiloto, que es incluso aún más
incómodo y estrecho que el trasero.
—Think I'm just happy —repite después de mí.
—Cherry súbele el volumen, esa estrofa es mi favorita. —ella le hace caso
y gustosa sigue la orden —My heart is broke —a diferencia de mi madre,
Jhoe no es un buen cantante. Pero al menos lo intenta, se nota.
Aún recuerdo el día en el que me llevaron a la anterior casa donde vivían,
lo primero que vi al poner mi pie en su sala fueron unos cuadros de Queen
y los Ramones en la pared. Los cuales no combinaban para nada con el
estilo de la casa. Las paredes estaban pintadas de un azul vibrante y los
muebles antiguos le daban un toque anticuado al lugar. A simple vista no
pareciera que tienen esos gustos. A Cherry le gustan los vestidos de color
pastel y mi padre... Bueno él es el vivo estereotipo de un periodista, tanto
así que viste como uno. Usa lentes y pantalones de vestir todo el tiempo.
—Me gusta Creepingbear. —musita mi madre mirando por la ventana.
Aún no puedo creer que ambos hayan dejado su vida y su ciudad para
mudarse al norte del país solo por mi salud mental. Debo de admitir que
jamás pensé que alguien me iba a querer tanto que sería capaz de
renunciar a su estilo de vida. Supongo que así es el amor de un padre,
pero yo soy adoptado y no comprendo cómo es que me aman como si
compartiéramos la misma sangre.
—¿Qué te parece a ti cariño?
—Es diferente a lo que estoy acostumbrado, pero es bonito. —respondo
mirando a través de la ventana. Hasta ahora no veo más que árboles y
neblina. A pesar que es temprano y el sol ya debería de estar asomándose
lo único que veo es el cielo gris.
Crecí en un lugar que a donde sea que dirijas tu mirada vas a ver edificios,
rascacielos y te encontrarás rodeado de gente apurada que va y viene por
todos lados. Aquí lo único que te rodea son pinos y cada casa está a
mínimo diez metros de distancia. Aunque tampoco es que valla a extrañar
Decksheimer, no tengo recuerdos agradables en esa ciudad y como dice
mi madre, que siempre intenta hallar lo positivo en todo: Mudarnos a otro
estado nos ayudará a crear recuerdos nuevos como familia. Solo espero
jque algún día sus palabras ganen algo de peso en mi vida.
Esa chica, la de mi sueño regresa a mi mente de repente. Nunca antes
había visto a alguien que se le parezca, eso es extraño. No podemos soñar
con alguien que no conocemos. Supongo que la habré visto en alguna
parte e inconscientemente mi mente la recordó. Debo de admitir que su
sonrisa fue reconfortante, de alguna manera hizo que mi corazón se sienta
cálido.
Bajo la ventana del auto y asomó mi cabeza por ella. Mi cabello se
descontrola y siento como el viento débilmente acaricia mi rostro. El aire
se siente más puro que el de la ciudad, me gusta también este lugar. Los
locales se ven rurales y la gente va tan calmada caminando por las calles.
—Haru, ten cuidado.
No comprendo la preocupación de mi padre ya que no hay ningún auto
que este cerca de nosotros. Hace unos segundos una bicicleta pasó a
nuestro lado y nos rebasó por completo. Para que se den cuenta de lo
lento que vamos.
Mi padre ha llegado a un cruce de carretera y se ha detenido ante a un
semáforo. Me meto al interior del carro y estoy a punto de cerrar la
ventana cuando un auto negro muy moderno frena al lado nuestro. Una
jovencita observa a través de la ventana y me sostiene la mirada por unos
segundos para luego regresar sus ojos hacía su celular.
No lo puedo creer, es la misma chica con la que soñé hace unas horas.
Esto es imposible. Parpadeo con fuerza y acomodo mis lentes, pero antes
de que la vuelva a mirar para verificar si lo que está frente a mí no es el
producto de mi imaginación o causa de mi miopía mi padre avanza y el
auto dónde ella va gira hacia la izquierda. Esto debe de haber sido una
extraña coincidencia o tal vez quede tan afectado por el sueño y por el
deseo de que ella exista que la imaginé en aquella joven que iba dentro de
ese coche.
Mi cara está ardiendo y mi corazón ha empezado a palpitar tan fuerte
como cuando terminó de correr. Me hecho un vistazo en el espejo
retrovisor y veo como poco a poco mis mejillas y orejas se empiezan a
tronar tan rojas como una manzana. Esta característica mía me causa
inseguridad, no puedo mantener mis emociones ocultas porque la sangre
sube con rapidez a mi rostro y me delata al instante.
—¿Estas bien? —pregunta padre mirándome por el espejo.
Asiento y giro mi cabeza para que no note el estado en el que me
encuentro. Tal vez estoy perdiendo la cabeza, pero puedo jurar que era
ella. Sus ojos, su tono de piel, hasta su corte y color cabello eran el mismo.
¿Debería de hablar de esto con mi nueva psicóloga? Tiene que haber una
explicación razonable. Abro una botella de agua y me la meto a la boca,
hasta la temperatura de mi cuerpo ha subido.
—¿Porque pareciera que acabas de ver un fantasma? —Mi padre vuelve a
insistir con preguntas. Según yo no me encuentro tan mal. Aunque en el
arte de ocultar emociones soy bastante inexperto.
—Solo... Recordé algo.
Mi madre gira a mirarme preocupada y me pide que le dé la mano.
—Haru. Si te sientes mal por favor házmelo saber. Haré todo lo que esté
en mis manos para ayudarte. Aquí nadie te lastimará, lo prometo. —ella
intenta transmitirme fuerza, pero se nota que aún esto le afecta. Debí de
haber explicado mejor lo que pasó. Hice preocupar innecesariamente a mi
madre.
Imagino que para ella debió de ser difícil dejar Decksheimer. La psicóloga
les dijo que me haría bien cambiar de aires. Entonces mi padre busco una
pasantía en el trabajo y mi madre hizo las maletas sin siquiera dudarlo un
segundo. Más que sentirme amando por su sacrificio, me siento culpable
porque de alguna manera siempre el oscuro pasado de el niño que
adoptaron los persigue. Es doloroso ver cómo ellos dan todo de sí para
que yo pueda estar bien y yo no les pueda retribuir su esfuerzo.
Quisiera desaparecer o que ellos de la nada decidan abandonarme.
Cualquiera de las dos opciones estaría bien porque ya no les causaría
problemas. Con el primer abuso que sufrí supe que jamás volvería a ser
una persona común y corriente. En ese entonces sentí como una cadena
se ataba a mi pie y me hacía prisionero de cada hombre que tocaba mi
cuerpo sin mi consentimiento.
Desde los doce empecé a ir a terapia. Recuerdo que le tenía mucho miedo
a Jhoe e incluso a Cherry cuando intentaban acercarse a mí. Tuve muchas
dificultades para adaptarme. Estoy seguro que ellos querían a un niño
sano que les brinde amor y termine de formar la familia que siempre
desearon, pero no sé qué es lo que esperaban realmente de un niño que
fue captado por una red de trata de menores a los seis años. Un niño que
fue abusado sexual y psicológicamente por los siguientes cinco años de su
vida ¿Lo hicieron por pena o por qué querían demostrar que tenían un
buen corazón? No sé cuál fue la razón que los impulso a adoptarme, jamás
se los pregunte y no sé si algún día lo haga. Pero de lo que estoy seguro es
que eso fue de las pocas cosas buena que me dio la vida.
—Estoy bien mamá. No hay nada de qué preocuparse. —le ofrezco una
sonrisa sincera y presiono su mano. —Solo... Solo vi a una chica dentro de
en un auto y me pareció bonita. Eso es todo.
—¿Bonita? Una chica —Mi madre hace una pausa larga y luego sonríe —
¿Y cómo era ella?
—Cherry deja en paz a tu hijo. —la reprende mi padre —No ves que se
pondrá rojo otra vez.
—Es que no puedo creer que Haru esté creciendo tan rápido. —comenta
mi madre con un notorio tono emocionado.
Prefiero que ella crea que aquella joven me pareció visualmente llamativa
a tener que explicarle todo el sueño y su aparición repentina en el auto
que freno hace unos minutos a nuestro lado. No quiero que piense que
estoy loco. Mi madre ya ha dado bastante por mí todos estos años y que
crea que ese apoyo ha sido de ayuda es gratificante.
Aunque mi tiempo con mis padres sea bueno no quiero tener que seguir
esforzándome para no provocarles problemas. Solo quiero que ellos
descansen. Con cada kilómetro que avanzamos en Creepingbear la idea de
morir aquí se hace cada vez más interesante.
Capítulo 2
Ashleigh
—¿A esto le llamas calificación? —cuestiona mi padre enojado mientras
de un portazo entra a su oficina. Yo solo me limito a seguirlo en silencio
con lágrimas retenidas para que no me vea llorar, sino tendrá una razón
más para gritarme. Él siempre dice que las personas fuertes no deben de
llorar y que él no ha criado a ningún ser débil.
Deja sobre su escritorio mi cartilla de notas junto a mi diploma que da
reconocimiento a el segundo puesto de mi grado y me dedica una mirada
amenazante. Puedo sentir la decepción y la vergüenza a través de sus
ojos, aunque eso no es nuevo. Casi siempre me hace sentir como si mi
esfuerzo no valiera nada —¿Sabes cuánto trabajo para que tengas las
comodidades en la que vives?
Sé que estoy rodeada de extravagancias y que puedo gozar de lujos que
las personas de otras clases sociales no pueden darse, pero odio que me
haga sentir que mientras más años pasan más grande se hace mi deuda
con él. Siempre es así, por cada error que tengo mi padre es el primero en
notarlo y echarme en cara mis fallas exigiendo a humillaciones que debo
de mejorar. También que, por más que lo haga bien siempre existirá
alguien que lo hace mucho mejor.
Cuando tenía seis años me golpeó por primera vez en las palmas de mis
manos con una regla por leer con dicción confusa el relato de Ernest
Hemingway: La feliz vida corta de Francis Macomber. Recuerdo cómo
arranco el libro de mis manos y me pidió que las extendiera, me
estuvieron ardiendo por el resto del día. No quería que me volviera a
golpear, pero esa solo fue la primera de muchas más ocasiones. Una pena
que esa pequeña niña aún no sabía lo que le esperaba.
Tengo memorias de cómo después se puso a leer mientras movía
frenéticamente sus brazos para darle dramatismo a sus palabras. Yo solo
me aguantaba el llanto y lo escuchaba con mucha atención para poder
entender lo que decía. No quería que me sorprenda con preguntas que no
pudiese contestar. Pero, aunque lo intentaba no lograba comprender
ninguna de sus palabras. Todo era muy confuso para mí en ese momento.
Gracias al cielo que no me cuestiono nada al terminar la lectura, pero si
me retuvo por media hora para explicarme sobre la esencia de la historia
¿Cómo maldita sea esperaba que una niña de seis años pueda leer 594
páginas sin cansarse? ¿Qué le costaba hacerme leer la caperucita roja?
Lo único que puedo recordar de esa historia en medio de mi confusión es
cierto proverbio que repitió más de una vez en su enredosa explicación: —
"Un hombre valiente siempre se asusta tres veces con un león: cuando ve
su huella por primera vez, cuando lo oye rugir por primera vez, cuando lo
enfrenta por primera vez".
Y no lo puedo olvidar ya que el rugido del león que asustó a Macomber
me recordó a los gritos duros de mi padre. Yo siempre soy valiente y me
permito asustarme en estás únicas tres ocasiones frente a Vladimir (mi
padre): Cuando me mira con aquellos ojos imponentes, cuando lo oigo
alzar la voz y cuando lo enfrento en una situación como en la que me
encuentro".
En un momento como este siento mucho más miedo que al ver una
película de terror sola por la noche. Al menos el temor que te causa la
película no es real y sabes que nadie te dañará físicamente. En cambio,
ahora mismo es incierto lo que me espera ¿Me golpeará o solo me
humillará? En el mejor de los casos no me permitirá cenar.
Mi padre toma asiento tras el escritorio y señala hacia la pared derecha
del salón. Dirijo mi mirada hacia donde apunta con pesadez y con temor al
saber lo que me espera. Sobre el estante observo cada premio y en el
muro todos mis diplomas de primer puesto que he ganado. Todos
aquellos galardones representan a la disciplina que mi padre ejerció sobre
mi cada año de mi vida desde que mi madre me abandono. Muestra con
orgullo todos los reconocimientos que alcancé en las diferentes categorías
que decidí y me impuso aprender a lo largo de mis 16 años. Aunque
también he ganado diplomas y medallas de segundo y tercer puesto, esos
méritos no están exhibidos ya que son una vergüenza. Dice que
observarlos le hace sentir como sí no estuviera haciendo bien su trabajo.
Este año alcancé notas destacadas, según mis maestros. Reconozco que
estudie mucho. Pero no dividí con responsabilidad mi tiempo en las clases
de la escuela, cursos de español y clases de música. A pesar que
sobresalgo en cada una de las cosas a las que me dedico en cuerpo y alma,
mis esfuerzos no bastaron para ganar el primer puesto de mi salón. En
cuanto vi mi promedio supe con toda seguridad lo que vendría. Puede que
la mayoría de mis notas sean mayor a 80, pero eso no es suficiente para
ser la mejor. Me siento tan decepcionada de mí misma ya que después de
haber sido la primera de mi grado durante los últimos años, que ahora no
lo haya logrado me hace sentir como una completa inútil.
—¡¿Crees que el segundo puesto es suficiente para alguien como tú?! —El
estampa su mano con fuerza en la mesa y hace que las cosas salten sobre
ella. Cierro los ojos y doy un respingo por el susto. Aunque mil veces
prefiero que se desahogue golpeando objetos envés de a mí.
—No. —respondo firmemente, pero con la cabeza baja. No quiero que vea
las lágrimas que resbalan por mis mejillas. Suelto un sollozo y sello mis
labios, solo ruego que no me haya escuchado. Me avergüenza que mi
padre, el hombre que me ha enseñado que llorar es solo para débiles, me
vea de esta manera. Tan propensa y vulnerable.
—¿Entonces que necesitas? ¿Quieres más dinero? ¿Más libros? —no
puedo creer lo que me está preguntando. Jamás le pido dinero y ahora
mismo me está haciendo quedar como si fuera una niña rica de papá.
Todo el tiempo ignora el dolor que me causan sus palabras ¿Cuándo será
el día en el que pueda cumplir sus expectativas y dejé de compararme con
los demás?
—No quiero nada de eso. —musito con un hilo de voz —Lo único que
necesito es tiempo.
Si el día tendría más de 24 horas, cabe la posibilidad de que tenga la
oportunidad de hacer más actividades. Creo que solo así dejaría de ser
humillada por él cada vez que no puedo alcanzar un promedio perfecto.
Lamentablemente no es algo que mi padre me pueda dar porque el
tiempo no se compra con dinero.
—¿Tiempo? —arruga la frente y luego suelta una carcajada que provoca
que se me ponga la piel de gallina. —¡Excusas! Tienes 16 años Ashleigh
¿Qué tanto podría hacer una niña de tu edad?
Me acercó a su escritorio y tomo la cartilla de notas. Al observarla siento
un vacío en mi pecho al ver mis puntajes entre 80 y 90. El año pasado
estos recuadros estaban llenos de la nota perfecta: 100. También tendría
en mis manos, por segunda vez, el diploma de primer puesto.
Lamentablemente este año no lo pude lograr y yo sé la razón, solo que no
lo quiero aceptar.
—¡No quiero volver a tener que pararme en medio de los padres de tu
escuela para que me feliciten porque mi hija alcanzó el miserable segundo
puesto! —suelta un grito que estoy segura que se ha escuchado hasta el
otro lado de la mansión. Esta histérico, tanto así que, si digo una sola
palabra, ya sea para disculparme o excusarme sé con toda seguridad que
me golpeara sin dudarlo.
Dejo que los segundo pasen y que él relaje los puños para poder decir
alguna palabra. Espero a que diga algo más, pero no lo hace. Me pregunto
en lo que estará pensando y si ya llegó el momento de pedir perdón. Toda
es mi culpa, lo sé. Este año descubrí lo apasionante que es la música y
admito que dedique más tiempo en aprender a tocar la guitarra que a
repasar mis clases de la escuela. Quería detenerme, pero no podía. Lo
único en lo que me podía fijar era en el reloj que colgaba al lado del
proyector del salón para que en cuánto terminen las clases salga
corriendo hacia la sala de música. Deseaba poder tener entre mis manos
otra vez la guitarra que tanto me ayudó a despejarme del estrés que me
provoca mi padre.
Aún después de pasar el año así, me sorprende que haya logrado alcanzar
el segundo puesto del salón. Todo ocurrió muy rápido y yo no sé cómo,
pero reconozco que las madrugadas frías en las que me quedé estudiando
no fueron en vano. De lo contrario mi padre no estaría regañándome por
alcanzar el "miserable" segundo puesto, sino, por no haber recibido
ningún reconocimiento y eso sería mucho peor ya que ni siquiera se
habría tomado la molestia en gritarme porque me habría golpeado al
instante que pisamos su oficina.
—Lo lamento. Sé que no hay excusa que valga, pero me encuentro
cansada de todo esto. —alzo la voz y levanto la cabeza. No pretendo
retarlo. Solo debo de aparentar fortaleza, no puedo permitirme ser débil
en un momento como este. Solo deseo que vea que no estoy sensible por
sus gritos, aunque fingir que no me afecta no surte efecto.
—¿Dé que podrías estar cansada niña? Tienes absolutamente todo.
¿Quieres viajar? viajas ¿Quieres ropa? La compras. Tienes el maldito
mundo a tus pies y más oportunidades que el resto de tus compañeros de
clases.
—No me refiero a eso. —Me limpio las lágrimas nuevas que nacen en mis
ojos sin dejar caer ninguna. —Yo me esfuerzo. Nunca dejo nada a la mitad
y trabajo duro para que todo salga perfecto.
—"Trabajo duro para que todo salga perfecto" —-repite en tono burlón —
¿A esto tú llamas perfección? —Apunta la boleta de notas y me observa
esperando una respuesta. —¿Cómo quieres llegar a ser alguien si no eres
la mejor? En el mundo solo hay dos tipos de personas: Las que pisotean y
los que son pisados ¿Qué tipo de persona quieres ser?
Es muy difícil poder cumplir con las expectativas que él tiene para mí. No
puedo creer que siempre tenga que soportar esto. Desde que soy una niña
me recuerda lo inútil y lo incapaz que soy de alcanzar las metas que él
mismo me impone. Solo tengo que aguantar unos años más y podré ser
libre de sus maltratos.
—¿Qué es lo que quieres de mí? —Me quedo callada y dejo que la
pregunta flote por el ambiente. No pienso darme por vencida, hoy no.
Toda una vida enseñándome y repitiéndome las mismas frases: "Jamás te
atrevas a perder un debate" "Tú siempre tienes que ser la mejor" "Nadie
está a tu nivel, tú eres superior a todos". Ahora mismo no daré mi brazo a
torcer ¿Será mi orgullo lastimado al fin saliendo a la superficie o solo
quiero hacerle saber que no dejaré que me siga humillando? -No recuerdo
ningún momento de mi vida en el que no esté estudiando. Soy buena
alumna, aunque no lo aceptes. Mis maestros dicen que tengo una gran
facilidad al aprender idiomas, domino el italiano y el japonés. Apenas
empecé a estudiar el español este año y ya estoy en un buen nivel. Jamás
te causo problemas y sé gestionar el dinero que me das.
La expresión de mi padre se suaviza y una sonrisa aparece en su rostro. —
Al fin lo reconoces mi querida hija. —Él se pone de pie y camina a mi
dirección. No se ve furioso y eso me provoca aún más miedo. Se detiene
frente a mí y pone sus manos sobre mis hombros —Eres lo que eres
gracias a mí. Haber Ashleigh dime ¿Quién te diciplinó para que logres todo
eso?
En silencio pienso en lo que acaba de preguntarme. Él me instruyó en este
camino, su perfeccionismo y mi obsesión por se la mejor en todo lo he
heredado de él. Me esforcé he hice todo lo que pude, incluso más de lo
una hija debería de hacer para enorgullecer a un padre que no lo satisface
absolutamente nada.
—Ahora te das cuenta que no serias nada sin mí. —afirma. —Tú eres muy
fuerte y capaz Ashleigh, pero lo eres solo porque eres mi hija. —Siempre
está jugando con mi mente. Hace lo que quiere conmigo como si fuera un
juguete, sabe manipularme y como callarme cuando lo desea. No quiero
darle tanto poder sobre mi vida. Pero debo de admitir que mi padre sabe
más de mí misma que yo. Por qué él me crío y me hizo de esta manera, mi
padre creo todas mis debilidades y fortalezas.
—No. Yo... Yo lo alcance por mi cuenta. Fue mi esfuerzo, no el tuyo. —Mi
corazón empieza a latir tan rápido que siento que se escapará de mi
pecho. El pensar que toda mi vida voy a tener que darle las gracias por lo
que soy me hace ver como la idea de alejarme e irme para nunca más
volver a verlo se va haciendo inalcanzable. —Yo no te debo nada. —Doy
unos pasos hacia atrás y por primera vez en mi vida le sostengo la mirada.
Si tanto se vanagloria en decir que soy su creación, pues haré que se dé
cuenta que me hecho a perder y que su crianza es un asco —Solo sabes
gritar y golpear como un salvaje para obligarme a que haga lo que tú
quieres. Me haces sentir como si mis esfuerzos no fueran suficientes y yo
no valiera nada. Si en esta habitación hay un miserable, ese no soy yo. —
mi pecho sube y baja como si hubiera corrido un maratón. Quiero romper
en llanto, pero no lo haré aquí. No frente a él —No soy como tú porque yo
nunca trataría nadie como tú me tratas a mí.
—Sabía que este día llegaría. —masculla mi padre tranquilamente
mientras suspira. No sé a lo que se refiere y es sorprendentemente
aterradora la tranquilidad que posee. —¿Te sientes muy fuerte y capaz?
¿No es así? —El camina alrededor de su oficina sin apartar su mirada de
mí como un león que acecha a su presa. —Me recuerdas a alguien. Todos
estos años me esforcé para que tú seas distinta Ashleigh, pero me faltó
carácter. Debí ser más duro.
¿Más duro? Siempre ha sido exigente conmigo. No puedo imaginarme una
vida en la que sea más estricto. Posiblemente ni siquiera estaría viva para
contarlo.
—Eres la copia exacta de tu madre. —Un hoyo se crea bajo mis pies y
comienzo a caer en él mientras una terrible sensación se apodera de mí —
Te crees muy valiente, pero terminaras huyendo cuando no soportes
alguna situación más difícil que esta.
Él lo sabe, siempre lo supo. Destruirme es sencillo, mi padre conoce mi
talón de Aquiles y lo acaba de utilizar contra mí. Ahora mismo quisiera que
mis palabras hayan provocado que me lance una bofetada y no que
pronuncie esas palabras.
No sé cuántas veces ya me han dicho que soy la viva imagen de ella. Que
tengo sus ojos, su sonrisa y su tono de piel. Odiaba mírame al espejo por
las mañanas, hasta que un día simplemente corte mi cabello hasta los
hombros sin pedir permiso. Tenía que tener algo distinto, algo que me
convirtiera en Ashleigh. Desde ese momento me empecé a sentirme mejor
conmigo misma. Ahora este hombre viene y con una simple comparación
hecha a la basura todo el esfuerzo que me ha tomado poder sentirme
segura otra vez.
Ella era dulce, amable y linda. Eso es lo que dicen, pero yo no les creo.
Nunca la conocí porque se fue a cuando apenas tenía tres meses. Mi
padre me contó que le dio depresión posparto y que en cuanto nací ni
siquiera quería verme. Ella no me quería, de seguro porque odiaba al
hombre que la embarazó. Pensaba en eso recurrentemente, hasta que
hallé una foto en la que me estaba cargando cuando era bebé, no se veía
feliz, pero al menos me estaba alimentando. Así que si hay una razón por
la que me abandonó, la única que se me cruza por la cabeza es que lo hizo
porque no aguantaba a mi padre. Me cuestiono entonces que culpa tuve
yo. Que me comparen con esa débil y cobarde mujer es uno peores
insultos que se me pueden decir. Ashleigh Labianca no es como Ayaka
Hikari. Si está viva o muerta ya supérenla y no la mantengan viva en la
apariencia de la hija que dejó atrás.
Mi padre se acerca a la puerta y la abre. Después de destruirme con sus
palabras se va como si nada hubiese pasado. No quiero que se vaya
todavía. Estoy cansada de esperar e intentar incansablemente
complacerle solo para saber si llegará el día en el que me ame, más
abandone esa idea hace muchos años.
—Me haces sentir miserable. —mascullo. —Cuando estás lejos de mí, me
siento tan feliz. —los nervios me han ganado. Jamás pensé que algún día
podría ser capaz de decirle todo esto a mi padre. —Todo lo que haces es
ponerme triste. —Las lágrimas que jure retener ahora están cayendo. Él
saca lo peor de mí y me hace perder el control. Odio ser tan emocional y
no poder controlarme, otra cosa en la que me parezco a mi madre
¡Maldición! —Así que no me hagas perder el tiempo y no trates de
continuar haciéndome sentir mal. Arruinas todo lo bueno. Todos los
momentos de mi vida, mis momentos. Maldita sea ¡Los tienes tú! Jamás
me voy a conformar con tener que vivir una vida mediocre a tu lado. Algún
día tendré éxito y te demostraré lo lejos que puedo llegar sin tu ayuda. —
Incluso si me golpea debo de salirme con la mía al menos una vez.
Mis piernas tiemblan, pero no por miedo sino por la furia que recorre mi
cuerpo. Con una mirada cansada regresa a mí, me mira fijamente y me
lanza una bofetada en la cara. Todo ocurre tan rápido que no logro
mantener el equilibrio y caigo al piso después del impacto. Pongo mi
mano sobre mi mejilla y al tacto la piel me empieza a arder.
Nunca suele golpearme tan fuerte ni mucho menos en el rostro, supongo
que lo hice perder el control. Ahora estoy segura me dejará encerrada en
mi habitación hasta que la inflamación baje. No debí de retarlo, fue mi
culpa. No lo volveré a hacer ya que si aún voy a tener que quedarme bajo
su techo durante dos años tengo que hacer llevadero este tiempo y no
provocar que me maté a golpes antes que logré escapar.
—La verdad no me importa que quieras. Lo único que deseo es que el año
que viene apruebes con honores tu último grado ¿Me entendiste? —Sale
por el umbral del portón y antes de cerrar la puerta se da la vuelta sobre
su mismo lugar y me observa mientras aún estoy en el piso —Ashleigh
debes de entender que todo esto lo hago por amor.
Dicho esto, se va. Al intentar ponerme de pie mis piernas tambalean, pero
lo logro. Cuando doy unos cuantos pasos siento como un líquido tibio baja
por mis fosas nasales, paso mis dedos por ella y se manchan de rojo.
Amor ¿El amor duele y lastima? Eso no lo dicen los libros y las películas.
Este sentimiento está tan romantizado que se olvidan de lo difícil que es
obtenerlo ¿Porque nadie te cuenta que tienes que hacer cosas
extraordinarias para ganártelo? Si lo que mi padre me da es amor,
entonces no quiero estar ni cerca de sentirlo algún día en mi vida.
Capítulo 3
Haru *
Me acurrucó entre mis sábanas y dejó que mis lágrimas caigan por mis
mejillas. Otra vez me encuentro aquí, todo es como un cuento de nunca
acabar. No importa a dónde valla o si logro escapar lejos, siempre voy a
estar condenado a tener que vivir recordando mis experiencias pasadas.
Las pesadillas no me dejan dormir, lo único que quiero es una noche en la
que pueda descansar mis horas completas. Tal y como sucedió cuando
dormí en el Jeep de mi padre el día que llegaba a Creepingbear. No me
molesta para nada tener que soñar con desconocidos. Sobre todo, si me
van a hacer sentir como aquella joven desconocida. Exista o no le
agradezco que se haya metido en mis sueños porque esa fue la primera
noche, desde hace seis años, en la que pude dormir en plenitud.
Mis ojos me arden y mi cuerpo se siente cansado, pero no me quiero volver
a dormir. Aún el sol no se asoma por las cortinas de mi habitación y me
preguntó qué hora es. Retiro las sábanas de mi encima para ponerme de
pie.
He estado posponiendo esto desde que llegué aquí. Es muy común en mí,
dejar cosas importantes para el último momento es mi pasión. Durante
este mes busque razones para quedarme, pero no encuentro ningún
propósito para continuar con vida.
Mi nacimiento fue un milagro, mi madre biológica al ser una prostituta y
gastar su poco dinero en sustancias ilegales, asumo que no le alcanzó para
el aborto. Me separaron de ella a los seis y los siguientes cinco años viví en
un infierno. Era solo un niño cuando me secuestraron y me utilizaron para
la trata de menores.
Cuando la policía obtuvo contacto con mi madre, solo les dijo que no
quería saber nada de mí. Ellos estaban seguros que ella me vendió a esa
red con toda intención y que no hubo un secuestro de por medio. Eso dolió
en su momento. Pero el mismo día que entre a un orfanato, fue el día en el
que Cherry y Jhoe me adoptaron. Nunca les pregunté que vieron en mí o
que fue lo que los impulso a adoptarme habiendo tantos niños ahí e incluso
bebés. Es común que las parejas que buscan adoptar solo acojan niños
pequeños, pero yo ya tenía más de diez años cuando me hicieron su hijo.
A los once logré escapar junto a otro niño unos años menor que yo. Lo
consideraba un amigo, cuando me llego la noticia de que murió por VIH me
sumergí mucho más en mi miseria. No merecía morir así después de todo lo
que vivió en ese lugar. Al menos yo fui adoptado y me dieron amor
paternal, él se fue sin experimentar nada de eso. La vida es tan injusta que
encuentro detestable el hecho de que no todos reciben lo que merecen.
Lo lamento.
Observo mis palabras escritas en el papel y la mente se ha quedado en
blanco. Pensé muchas maneras de escribirla bien, pero ahora que me
encuentro sentado en mi escritorio tratando de redactarla mi pecho ha
empezado a quejarse de dolor. Hasta para hacer una carta suicida soy un
desastre. Solo quiero encontrar la manera correcta de hacer esto.
Tomo el lápiz con fuerza y espero a que llegue alguna idea, alguna excusa
buena para que a mis padres no les duela tanto la decisión que he tomado.
Sé qué pensarán que hicieron algo mal, pero les juro que no fue así. Todo
esto es mi culpa. Quisiera ser más fuerte, pero ya no puedo aguantar.
A duras penas termino tres líneas y ya he empezado a llorar. No quiero
estar en esta situación. Todas las noches acostado en mi cama me
preguntó porque tuve que ser yo. Las mañanas son difíciles, es duro
aceptar que tengo que esforzarme por vivir cuando en realidad me
encuentro muy cansado para seguir.
Las pesadillas son recurrentes. Aún tengo vagos recuerdos de manos sobre
mi cuerpo, de las luces de las cámaras que me grababan y mis plegarias
suplicando que pararan porque me lastimaban. Me trataban peor que a un
perro, por mucho tiempo me sentí como si solo fuera un objeto que no
valía para nada. Mi corazón y mi mente están muertos. Antes creía con
firmeza que todo iba a quedar solo como un recuerdo lejano con el pasar
del tiempo, pero la verdad es que mientras más años pasan no logro ser
capaz de liberarme. Los recuerdos me tienen esclavizado, el Haru de 6 años
aún no me deja ser libre.
Los pilares de mi vida hasta ahora han sido el miedo, la culpa y la
vergüenza. Cuando vivía en Decksheimer no salía de casa por temor a que
alguien me vea y se le haga conocido. Aunque qué ser miserable vería
películas de pornografía infantil y tendría el descaro de al menos intentar
reconocer al niño que fue abusado en esa cinta vista.
Ahora ya estoy muy cambiado, tengo 16. Así que ya no debo de parecerme
al Haru de 6 años. Pensar en eso me consuela, a pesar que sé muy bien que
solo soy diferente físicamente a mi yo de hace diez años atrás, porque aún
vivo recordando a diario lo que me pasó.
La psicóloga dice que no soy yo el que debería de sentir vergüenza porque
yo no tuve la culpa. Solo fui un niño que no tuvo la suerte de nacer, ni de
estar en el lugar correcto, pero que eso no significa que yo deba de vivir con
miedo. Antes tenía dificultades para entenderlo porque me hicieron creer
por años que mi apariencia era justificación para todo lo que me hacían.
A los dos primeros años de estar ahí, recuerdo que le pregunté al hombre
que me vendía porque tenía que ser yo y no otro niño. Él me abrazo y me
dijo que era una mina de oro por qué soy rubio y tengo un rostro muy
inocente, que eso volvía locos a los clientes. Era solo un niño que no
llegaba ni a los diez años ¿¡Quién maldita sea siente atracción física por un
niño!?
Lo peor de todo es que me sentía responsable por eso. Al lograr escapar
recuerdo con claridad como un policía de tránsito me ayudó a llegar a
buenas manos. Aunque eso no sirvió de mucho porque durante toda la
investigación daban a entender que yo había seducido a esos hombres.
Que, aunque sea un niño tenía la madurez de un adulto.
Eso me hizo cuestionarme muchas cosas, pero después que me adoptaran
y de recibir ayuda psicológica, Jhoe y Cherry intentaron hacer justicia por
mí. Pero como es de costumbre, las autoridades no hicieron nada al
respecto. Hasta el día de hoy él sigue libre y posiblemente continúe
comprando niños de bajos recursos para luego ganar dinero ilegal con
ellos. Odio pensar que aún hay inocentes que están pasando por lo mismo
que yo y eso me parte el alma.
No todos tienen la suerte de encontrar a un Jhoe y a una Cherry que los
salve. Después de morir aún estaré agradecido con mis padres, al menos
me ayudaron a vivir estos últimos años con dignidad. Ellos me tratan como
si fuera su hijo de sangre. Invierten tanto tiempo, dinero y amor en mí que a
veces siento que en algún momento me cobrarán. Antes siempre era así,
aquel hombre me daba privilegio por encima de otros niños y luego tenía
que devolver los favores obligándome a hacer cosas que no quería. Todo
esto desarrolló en mi un gran agujero psicólogo y emocional que aún me
causa gran dolor.
Al intentar inhalar, pero a cambio sale un sollozo de mis labios. Tomo la
hoja y la observo. Debo de ser valiente y al menos lograr explicarles a mis
padres que estoy cansado de sonreír y de fingir que estoy avanzando. Que,
aunque doy todo de mí para que la terapia funcione, no me ha ayudado.
Disculparme por haber hecho que gasten tanto dinero y tiempo en alguien
que nunca tuvo solución.
Años atrás no podía dormir, por eso la doctora me recetó somníferos, pero
al drogarme para lograr conciliar el sueño las pesadillas empezaron a
atacarme a diario. La culpa me consume y odio mi cuerpo. Han pasado
años y aún me siento como si fuera objeto creado para satisfacer los bajos
instintos de los demás, a pesar que me han repetido más de una vez que no
lo soy.
Siento que hay mucho dolor y sufrimiento para mí en este mundo. Todo este
tiempo he intentado tapar mis oídos y he cerrado mis ojos para no poder oír
mi ver los miedos que me atormentan. Les juro que lo intente, pero me he
dado cuenta que ocultar tus luchas y no hablarlas solo hacen que crezcan a
tal punto que ya no puedes cargarlas solo.
¿Porque soy tan débil? Desearía tanto tener el control de mi cuerpo y mis
emociones, quiero saber y aprender a controlarme. A veces suelo alejarme
de todos sin ninguna razón aparente y otras trato de mantenerme cerca de
las personas de mi alrededor. Ni siquiera yo logro entenderme ¿Cómo
espero que los demás lo hagan?
Deseo terminar con esto rápido, si me continúo exigiendo a mi mente a
tener que recordar mi pasado para acabar de escribir la carta, terminaré
teniendo un ataque de ansiedad. Respiro y me obligó a tranquilarme,
pronto va amanecer y mi madre empezará a poner su extensa discografía
en el piso de abajo. Después de eso ya no podré mantenerme concentrado.
Además, el resto de la semana no lograré planear con detalle mi suicidio
por qué oficialmente comenzaré a ir a la secundaria en una escuela real.
Esta es mi primera vez yendo a ese tipo de lugares, durante estos cinco
años solo he recibido educación desde casa.
Nada pudo llenar este vacío solitario. Sé que mi existencia les ha estado
causando problemas. Reconozco con claridad lo que deseaban, solo querían
un hijo y en cambio solo obtuvieron una carga. Siempre sentí que se
equivocaron al elegirme. De alguna manera los sigo arrastrando a este
infierno del que intentan sacarme. Es confuso ¿Verdad? Sin embargo, todos
sabemos perfectamente cuando nos encontramos mal. Todo tu
cuerpo, física y psicológicamente te lo hacen saber. Te notas flojo, con
pensamientos fatalistas y te llena la sensación que te hace sentir que ya todo
está perdido. Te torturas pensando y recordando vivencias pasadas
aleatorias que debes dejar ir, pero simplemente no puedes olvidar.
Gracias por todo, lo valoro con corazón entero. Son lo mejor que me ha
pasado en esta vida, me regalaron un poco de su felicidad y una oportunidad
para comenzar de nuevo. Me dieron el tipo de amor que no tuve la suerte de
tener cuando nací. Estaba condenado a estar solo y de pronto tú, Cherry, me
diste un abrazo y me dijiste a partir de ahora serías mi madre. Ese momento
lo recuerdo tan grato, fuiste la primera persona que me abrazo de esa
manera, eso fue reconfortante. También a ti, Jhoe, no sé si sigues buscando
las suficientes pruebas para detener esa red de dónde salí. Pero gracias por
haber investigado sin descanso, solo para que hagan justicia por mí y todos
los niños que aún siguen atrapados.
Ahora que me voy de aquí ustedes podrán llevar una vida más tranquila.
Dejarán de gastar tanto dinero, dejarán de preocuparse tanto por mi salud
mental y hasta tal vez tengan la oportunidad de adoptar a alguien más. No
saben lo feliz que un niño se puede llegar a sentir cuando le dicen que es
deseado y que lo quieres amar.
Me pasó las manos por mis mejillas húmedas y mientras intento regular mi
respiración en el piso de abajo empieza a sonar Good old - Fashioned Lover
Boy de Queen. Una sonrisa se escapa de mis labios, es por Cherry que ya
despertó y debe de estar preparado el desayuno. Los primeros meses que
empecé a vivir con ellos no podía acostumbrarme a tener que levantarme
de esta manera. Ahora sí no oigo música en el piso de abajo es signo que
algo malo está pasando.
Casi todo se encuentra listo. La carta, las pastillas y ahora solo falta el día.
Podría hacerlo ahora, en la noche o mañana. No tengo idea de cuál sería el
mejor momento. Tomo mi celular e intento marcar un recordatorio. Suelo
olvidar fechas de manera muy fácil, incluso el año pasado olvidé mi
cumpleaños.
—Haru —Mi madre baja el volumen de la música y en seguida oigo su voz
desde el piso de abajo —¡Ya baja a desayunar!
Hoy es domingo así que de seguro mamá se debe de haberse lucido.
¿Habrá hecho panqueques o jugo de plátano, tal vez crepes? Al pensar en
comida el estómago me empieza a sonar. Cherry es la mejor y por cierto la
única cocinera que conozco. A pesar de eso estoy muy seguro que nadie le
podría ganar.
—Buenos días —entró a la cocina y veo unos wafles con miel de maple
sobre la mesa. De la nada una sonrisa se dibuja mi rostro.
—Buenos días cariño. —Me saluda mi madre con una sonrisa mientras me
sirve un poco de jugo de naranja. —¿Adivina qué?
—Dime.
—Tu uniforme nuevo a llegado. —Cherry camina hasta la sala y trae de
regreso consigo una caja. —Te verás muy guapo vistiendo esto ¿No te
emociona ir a la escuela por primera vez?
Asiento lentamente mientras observó a mi madre. Ella rebosa de alegría,
no quiero que esa sonrisa sea reemplazada por llanto.
—Me emociona —mascullo.
Si todo este tiempo lo he estado intentado es solo por ella y por Jhoe. La
verdad es que no quiero morir, pero tampoco quiero vivir cargando las
cadenas de mi pasado. Lo que deseo en realidad es comer la comida de
Cherry de por toda la vida, escuchar su música cada mañana y sentarme
en la sala a ver películas de misterio con Jhoe.
Puedo intentarlo una vez más. Una semana, ese es el tiempo que me
queda de vida, intentaré que esto funcione. Iré a la escuela por ella, si
Cherry se emociona por ver el uniforme, no me imagino como se sentirá
después de verme vestido con él. Además, siento curiosidad, creo que
sería divertido.
Ya no estoy en Decksheimer, este es un lugar distinto. Iniciaré de nuevo y
aprovecharé están segunda oportunidad, no todos tienen esa suerte. Con
un poco de paciencia tal vez pueda aguantar siete días más, fingir tener
una vida normal y experimentar que se siente estar rodeado de
adolescentes comunes y corrientes.
Creo que el 20 de marzo sería un buen día para morir. Los sextos días día
de la semana son mis días favoritos, no importa que tan mal me
encuentre, si es sábados sé que me irá bien.
Capítulo 4
Ashleigh
Que día asqueroso. Es mi primera semana de mi último año de secundaria y
el tiempo se puso de acuerdo con mi padre para arruinar mi día. Está
mañana él no estaba en casa cuando me levantaron para tomar el
desayuno. Aunque eso no es algo nuevo, siempre tiene que viajar por
trabajo.
La verdad es que yo no sé porque Vladímir insiste en tener una enorme
mesa en el comedor si casi nunca merienda en casa. De igual manera su
agradable ausencia no evito que me llamara temprano por la mañana y me
haga perder la paciencia con sus impertinentes comentarios.
Trato de mantener mi mente libre para no desconcéntrame de la lectura.
Esto es importante por qué este mes todos tomaremos una prueba de
entrada para saber las capacidades con las que comenzamos el año y
aunque no sea una nota que defina mi promedio, no puedo permitirme que
sea menor a 95. Solo de esa manera podré zafarme de mi padre por los
próximos dos meses del año. A él no le importa mi vida en lo absoluto, con
tal llevarle buenas notas no se meterá conmigo.
—Bueno ya me tengo que ir —una de mis compañeras del grupo de estudio
se pone de pie y empieza a alistar sus cosas para retirarse.
Al parecer ya son más de las 4:00 pm y no me he dado cuenta de que estoy
a tiempo límite. Posiblemente la tutora llegará a la biblioteca en cualquier
momento y nos pedirá que nos retiremos por exceder el tiempo que
tenemos permitido de estar aquí.
—Ari tiene razón —me pongo de pie y empiezo a ordenar los libros que
saque de los estantes. —Además el tiempo es malo. Puede que pronto
empiece a llover aún más.
Después de la hora de almuerzo comenzó a garuar, pero a esta hora de la
tarde pareciera que se aproxima el segundo diluvio. Allá afuera está tan
mojado que incluso suspendieron las clases de educación física para no
salir al patio. Ahora mismo solo quiero llegar a casa para darme un baño
relajante de magnesio y lavanda para luego acostarme en mi cama. Tengo
todos los músculos agarrotados.
En menos de diez segundos nadie se encuentra en la biblioteca, ni siquiera
note si alguno de ellos se despidió de mí. Al parecer tenían prisa por dejar
la estresante clase de repaso, excepto Matt que está con el entrecejo
fruncido y murmurando soeces mientras guarda sus cosas frustrado.
—Al menos si te quedarás aquí ¿Por qué no me ayudas a guardar estos
libros Matt?
—Matteo —declara firmemente sin siquiera dirigirme la mirada. —Soy
Matteo no Matt. —Siempre odio que lo llame así y no sé la razón. Solo deja
que Kay abrevie su nombre y eso que yo soy su amiga mucho antes que él.
—¿Por qué siempre estás tan al borde con todo mundo? —me quejo.
Lo conozco desde los cinco años. Sus padres y el mío son amigos cercanos,
así que cuando éramos pequeños teníamos encuentros planeados para
jugar y hacernos compañía. —¿Y dónde está Kay?
—Se fue sin mí, ese bastado... —rechina poniéndose de pie y haciendo bulla
al arrastrar la silla para atrás. Un poco más y la tiraba al piso.
Los dos se hicieron amigos a los meses de haberse conocido. Lo que a otras
personas les toma casi una vida entera, a Kay le llevo 65 días para ser
exactos.
—Ah, por eso estás tan enojado.
Fue increíblemente rápido como él y Matt se hicieron amigos. Sabiendo
como es el carácter de Matteo, que lo criaron como si fuera el mejor en
todo. Cuando él se dio cuenta que no lo es, se volvió prepotente y muy
narcisista. Sin mencionar que siempre ha sido un gruñón con poca
paciencia. Sus padres son iguales a al mío, hasta me tomo la libertad de
decir que esa es la causa por la que somos tan parecidos. La única
diferencia es que él se deja llevar por sus emociones todo el tiempo
mientras yo solo las intento ocultar.
Su carácter provoca que la mayoría de personas se aleje de su lado,
sorprendentemente hay una sola persona que se mantiene a su lado sin
importar las circunstancias y ese es Kay. Así que supongo que eso es lo que
Matteo más aprecia del pelirrojo, su amistad funciona de esa manera.
—¡No estoy enojado por eso tonta!
Algo que me causa incertidumbre es que, a pesar de su actitud es famoso
con las chicas. Lo consideran uno de los chicos más guapos de la escuela y
yo no niego que sea llamativo, pero jamás saldría con Matt. Casi todos mis
conocidos creen que salgo con él porque siempre estamos juntos.
A Matt no le gusta que este a su lado y se la pasa la mayor parte del tiempo
empujándome. Así que yo siempre estoy detrás suyo para molestarlo.
Según mis conocidos esa es una muestra de afecto. Suelo reírme cuando
los oigo decir eso, porque simplemente no tiene sentido. Es mi amigo de
toda la vida. Estoy muy segura que él es el tipo de novio tóxico que domina
en la relación y te grita por cualquier error. Además, crecí con él, no tengo
tan retorcida la mente como para verlo como un hombre. Él es
prácticamente mi hermano.
—Si, claro. —utilizo un poco de sarcasmo en mi voz y antes que Matt
explote por intentar burlarme de él me doy prisa y abandono la sala sin
voltear mi cabeza.
No solo intentado huir de él, sino también corro para tratar de llegar al
estacionamiento a la hora acordada, por qué sino me dejarán aquí. Mi
padre me dijo que si no era responsable con mi tiempo yo sería la que
pagaría las consecuencias. Así que esa es la razón por las que el chófer solo
me espera veinte minutos después de las 4:00 pm. Sino no llego para
entonces tiene el deber de dejarme tirada, sin derecho a que haga algún
tipo reclamo.
Cuando estoy a punto de llegar a la salida de la escuela me doy cuenta de
que para cruzar el aparcamiento necesito el paraguas, más no lo traigo en
la mochila.
Maldigo en un susurro y regreso corriendo a la biblioteca, para suerte mía
Matt ya no se encuentra ahí. Tomo la sombrilla e intento mirar el reloj de mi
muñeca. Apenas son las 4:10 tengo el tiempo de mi lado. Al cruzar por el
último pasillo escucho bullicio proveniente desde uno de los callejones que
se encuentra detrás de los salones de clases. Algo dentro de mí me dice que
no valla a mirar ya que no es problema mío, pero si es lo que me imagino y
alguien necesita de mi ayuda debo de ir a ver lo que está pasando.
El año pasado una alumna se lanzó del quinto piso gracias al bullying que
estuvo recibiendo. Yo me la crucé pocas veces, pero jamás pude entablar
una conversación con ella. Debo admitir que cuando la vi parada ahí, yo en
medio del bullicio y el tumulto sentía mi corazón romperse. Los maestros
intentaron detenerla, pero mucho no pudieron hacer. Nadie la pudo salvar
y no quiero que otra persona pase por lo mismo. Morir de esa manera es
uno de los finales más tristes y humillantes que alguien puede tener, sin
importar sus pecados ella no lo merecía. Lo peor de la situación es que la
escuela no dirigió el caso con seriedad, solo lo ignoro y todo siguió como si
nada hubiese ocurrido. Los que la maltrataron siguen libres y quieran
ignorarlo o no ellos son unos asesinos que deben pagar por sus crímenes.
Recuerdo que los días siguientes a aquel accidente en la escuela mis
"amigos", los que se sentaban al lado mío a la hora del almuerzo, opinaban
de las decisiones que tomo la chica. Tal como expertos en el tema
comentaban cosas como: "¿Por qué lo hizo aquí y no en su casa? En
privado" "Solo quería llamar la atención" "Yo la conocía, casi nunca
hablaba". Cada comentario era más insensible que el otro y yo solo tenía
ganas de alejarme de ellos, sentía repugnancia hacia su indiferencia. En las
noches acostada en mi cama pensaba en los sola que pudo sentirse y en lo
que pude hacer. Sé que no fui responsable, pero si aquel día me hubiese
detenido a darle la hora cuando me la pidió tal vez...
Me acerco en silencio por una de la esquina y asomo mi cabeza. Tres
alumnos tienen doblegado a un joven rubio que apenas puede ponerse de
pie por que a empujones lo regresan al suelo. Me escondo detrás de la
pared y tomo aire tratando tranquilizarme. Pero la sangre se me ha subido
a la cabeza y no puedo pensar con claridad.
—¡Ey! Dime porque eres tan débil —uno de ellos grita y los demás se ríen. —
Esa voz. Yo creo que conozco esa voz.
Me asomo por la pared y al verlo con más detenimiento reconozco a Jake,
el chico que se llevó el primer puesto de mi grado el año pasado. Ese
bastado por la mañana es un alumno ejemplo para todos y por las tardes es
un abusador. Si saco mi celular para grabarlo en este momento podría
hundirlo.
—¡Levántate! ¡La otra chica era al menos más valiente que tú! —vuelve a
gritar mientras lo patea y provocando que su cabeza choque con la pared.
"La otra chica" Una idea surca mis pensamos y el enojo me inunda ¿Habrán
sido los mismos que acosaban a Mei? ¿Cómo se atreven? Bajo el celular y
salgo de mi escondite.
—Pero Jake ¿Qué haces aquí? Las horas de repaso ya terminaron, deberías
de estar en casa— Ellos quitan los ojos del rubio y me miran.
Apreciar la expresión de Jake al verme fue una obra de arte digna de ser
exhibida, triste que no lleve mi celular conmigo.
La lluvia me ha empapado el uniforme y el cabello. Debí de abrir el
paraguas antes de salir a enfrentarlos. Pero olvide la lluvia por completo,
en ese momento solo podía oír los quejidos de dolor del chico y los golpes
que le daban aparentemente sin causa.
Al pararme frente a ellos, uno me barre la mirada y levanta ambas cejas
mientras sin disimulo analiza mis piernas para luego sonreírme de manera
provocativa. Que asco, si estaría cerca a él le patearía la entrepierna ahora
mismo sin dudarlo.
—¡Lárgate tú de aquí! —uno de ellos tiene una mirada fría y me parece que
a ninguno de ellos les interesa mojarse con tal de manifestar su poder
contra el rubio que no tiene intenciones de defenderse.
—Tampoco le hables así. Es una chica —el asqueroso que miro mi cuerpo
trata de justificarme frente a su amigo, pero no soy ninguna dama en
apuros y yo puedo defenderme sola e incluso al chico que tienen en el
suelo.
—¡Cállate! —Vuelve a gritar a Jake.
La verdad es que jamás me lo imagine comportándose de esta manera.
Esta fuera de sí, está gritando y tiene un comportamiento muy violento. Es
como si fuera otra persona. Si alguien vendría y me dijera que es el gemelo
de Jake le creería sin dudarlo.
—¿El perfecto Jake Morrison ha perdiendo su compostura?
—Vete de aquí, sino quiere ser la siguiente.
Una carcajada escapa de mis labios y sus amigos incluido el chico rubio que
continúa en el suelo me miran como si fuera un bicho raro.
—¿Enserio Jake? ¿Enserio? — Me acerco a él y recuperó la compostura —
¿Estas amenazándome Maldito becado? Si tú me tocas un solo pelo yo no
me detendré hasta que los expulsen de este colegio ¿Acaso has olvidado
quién soy yo? Mi padre es accionista mayoritario de este colegio. Y si tú —
pongo mi dedo índice en su pecho y hago contacto visual con él —estás
estudiando aquí es gracias al dinero que él invierte anualmente ¿Crees que
soy tonta? Si te expulsan de este lugar tu mamá se sentirá tan
decepcionada que ni la quimioterapia la salvará de la muerte. Así que
lárgate antes de que yo abra la boca.
Haber tocado un tema tan delicado como la enfermedad de su madre y el
utilizar el nombre de mi progenitor para ganar autoridad me hace un asco
de persona. Siento como poco a poco me transformó en una hipócrita, que
habla mal de su padre a sus espaldas mientras frente a otros utiliza su
nombre y el poder que posee para convertirse en alguien importante,
cuando en realidad no es nadie. Pero no tengo salidas, tan solo con
tenerlos frente a mí, sé que me golpearían sin pensarlo dos veces. La única
manera de ganarles es mediante las palabras. Al mirar los ojos del chico
que acabo de amenazar noto que, en vez de mostrar debilidad, estos se
ponen rojos y se llenan de irá. Jake tiene los puños apretados y los nudillos
casi blancos por la presión. Mantiene los brazos estirados y tiemblan
haciendo notorias sus venas. Aunque siento que debo de retroceder antes
de me lance algún golpe o haga algo mucho peor conmigo, no lo hago. No
sé si es porque odio dar mi brazo a torcer o por qué no quiero que vuelvan a
molestar al rubio.
— Jake es mejor que nos vallamos. —Su amigo lo toma del brazo
intentando llevárselo de ahí.
Esas palabras lo sacan del trance y aparta sus ojos de mí. Uno de ellos toma
las maletas de los tres de un rincón y se van sin decir nada más. Tomo aire y
siento como esté llena mis pulmones, la tensión libera mi cuerpo y por fin
abro el paraguas. El rubio aún está arrodillado en el suelo, mientras recoge
sus cuadernos y libros empapados del suelo. Sin dirigirme la mirada mete
dentro de su maleta sus pertenencias mientras lo cubro con el paraguas. Al
ver que tiene sangre en la nariz y la ropa hecha tirones una ola de
melancólica y lastima invade mi corazón. Sus ojos están rojos y está
sollozando, se ve como un niño abandonado.
Me agachó hasta su nivel y lo veo más de cerca, él se ve tan frágil como una
mariposa. Su rostro es delicado a comparación de los chicos que he
conocido antes. Tiene una presencia impresionante, incluso en la situación
en la que se encuentra se ve estéticamente bien. Lo primero que se me
pasa por la cabeza es que podría ser un buen modelo o actor. Si es que su
sueño es trabajar en los medios de entrenamiento de seguro llegará lejos y
ganará mucho dinero. Hoy en día lo que más aprecia el público es la
apariencia física.
—Intentaría darte algo para que te seques, pero yo también estoy
empapada —una sonrisa nerviosa escapa de mis labios, pero no hay
respuesta de su parte —¿Te encuentras bien? —el levanta la mirada y hallo
miedo en ella, siento como me trasmite ese dolor y un nudo en la garganta
se me forma, trago saliva con dificultad e intento sonreír —¿Puedes
mantenerte de pie? —pregunto mientras le estiró la mano para que se
intenté levantar.
Él ignora mi intento de ayuda y con un quejido se pone de pie apoyándose
en sus rodillas para levantarse ¿En qué estaban pensado para dejarle de
esa manera? ¿Acaso lo querían matar? ¿Pero qué podría hacer ese joven de
buena apariencia para hacer despertar la furia de sus compañeros en la
primera semana de clases?
—Tú ve a la enfermería. —le informo entregándole el paraguas —dime la
combinación de tu casillero para buscar tu buzo de educación física y de
paso buscaré también el mío, ni modo que regresemos así a nuestras casas.
—Casillero 206 y la combinación es 9450.
Me doy la vuelta, pero él me toma de la manga haciendo que me detenga.
—Gracias. —susurra con la cabeza gacha mientras sostiene el paraguas con
fuerza como si su vida dependiera de ello.
Mis ojos vuelven a arden, quisiera darle un abrazo por qué eso es lo que
quisiera que hagan conmigo después de que mi padre me discipline. Pero
no lo haré. Tal vez me arrepienta otra vez, como cuando me arrepentí de no
darle la hora a Mei ese día en el pasillo de la escuela.
Antes de que haga algo él se da la vuelta mientras camina a rastras hacia la
enfermería. La culpa me llena por completo, pero esta vez no dejaré que
me domine. Ahora soy yo la que está involucrada en el problema y no
permitiré que la historia de Mei se vuelva repetir.
Subo las escaleras corriendo y con cuidado de no hacer ruido. Si algún
maestro me encuentra aquí, fuera de horario, mojando los pasillos y
ensuciando de barro los pisos definitivamente me darán una buena
reprimenda. Primero voy a buscar mi buzo y mis zapatillas. Luego voy hacia
el casillero que indicó que era suyo, pero antes de que me dé cuenta veo
que la puerta de este ya está abierta. No hay rastro del candado y al
parecer fue abierto a la fuerza.
Miro a su interior y lo que observo me deja sin palabras. La bilis se me sube
hasta la garganta y el pecho se me cierra. El buzo y zapatillas están dentro
del casillero con unos cuantos libros y lapiceros, pero hay más. El estrecho
lugar está repleto de agujas y cuchillas. Una nota está pegada al interior de
la puerta y en está dice en letras rojas "SUICIDATE".
Unas ganas intensas de vomitar se apoderan de mí, pero las logro
controlar. Cierro el casillero de un manazo y las lágrimas invaden mis ojos.
Me pregunto si eso es lo que tuvo que vivir Mei ¿Qué tipo de ser humano es
capaz de hacer eso? Ella vivió en carne propia el verdadero infierno y este
chico también estaba siendo entrenado para vivirlo.
Cada vez que siento un poco de lastima por mí misma, me doy cuenta que
alguien sufre algo peor. Y entonces me siento como una idiota por
quejarme de la vida que me da mi padre. Luego me resiento y, después, me
siento más estúpida por ese resentimiento. Mientras yo vivo en medio de
mis comodidades otros luchan por sobrevivir el día a día. Que alguien me
diga ¿Qué se gana al ejercer autoridad sobre una persona hasta que esta se
autodestruya?
Sé muy bien que me demoré más de lo que debía ya que después de
aguantar las ganas de llorar y de odiar a Jake por estar detrás de esto, tuve
que limpiar el casillero. No tenía dónde esconder todos aquellos objetos
para autolesionarse así que lo único que se me ocurrió fue meterlos todos
en mi maleta. No iba a permitir que él los viera de ninguna manera.
Abro la puerta de la enfermería y lo encuentro sentado en una camilla
envuelto en una manta mientras se limpia las raspaduras de su brazo
izquierdo. Dejo la ropa limpia a su lado y me siento frente a él.
—Te ves triste. —Yo intento escurrir mi cabello y levanto la mirada por su
afirmación.
Corrección: No estoy triste, estoy furiosa.
Él se ve tranquilo, como si nada hubiese pasado y eso me desespera. Esta
muy diferente a como lo vi hace un rato.
—¿Por qué ellos están tan empeñados en lastimarte?
—Supongo que no sirvo para hacer amigos. —masculla sonriendo.
—¿Estas minimizando lo que te hicieron? —mi tono de voz expresa
molestia. No es posible lo que en esta diciendo.
—Tal vez. Si no hubiese... —Se pone a pensar y se detiene. Pareciera que
está internado ocultar algo. —no importa.
—¿Por qué no has hecho nada para detenerlos? —pregunto aún con más
insistencia.
—No lo sé. —El rubio vuelve a subir los hombros restándole importancia al
tema. —Seguro pensaron que acosar al tipo nuevo era más fácil.
—Esos bastardos —Una rabia y melancólica interna me hacen sentir
furiosa.
Las imágenes mentales de Mei en el borde de la azotea regresan a mi
cabeza y eso me provoca migraña. Me acercó al rubio e intento ayudarlo
con la desinfección de sus heridas, pero él se aparta de mi bruscamente.
—Perdón —masculla con arrepentimiento —Pero no me gusta que me
toquen.
—Ah. —Trato de sonreír para calmar el ambiente incomodo —No te
preocupes.
—Me llamo Haru Culpepper —él toma mi brazo antes que me aleje y me
entrega una de las toallas que descansan a su lado —Soy de la clase 4
—Ashleigh Labianca, de la clase 1. —Recibo la toalla y le agradezco el gesto.
—Pero puedes llamarme Ash.
Tomo asiento en la a su lado mientras vuelvo a secar mi cabello. Aunque
quiera no puedo apartar mi mirada de él. Sé que lo he visto en otro lugar
solo que no sé dónde.
—Perdona —Intento tocar su hombro y luego recuerdo que no le gusta el
contacto físico, así que alejo mi mano de él. —¿Nos hemos visto antes?
Haru levanta la mirada y niega con la cabeza—No lo creo.
Capítulo 5
Haru
Es hoy, 20 de marzo. Mi recorrido ha llegado a su final. Después de tanto
sufrimiento podré descansar de la manera que merezco. Diría que me
encuentro relativamente bien ya que puse en orden todo lo que está
dentro de mis posibilidades. La carta está sobre mi escritorio, la
habitación está limpia, tomé un baño y les dije a Cherry y Jhoe que los
quiero antes de desearles las buenas noches. A pesar de eso no hallo paz
en mi decisión. Todos los días de mi vida he esperado con paciencia la
llegada de este momento y ahora que estoy a un paso de cumplir mis
deseos no puedo sacar de mi cabeza a la niña con la que soñé hace un
mes y con la que me encontré repentinamente.
Aun me encuentro asimilando lo que ocurrió la tarde del día de ayer. No
estaba loco, la joven si existe y ayer la he tenido frente a mis ojos. Esa
mirada que me brindo cuando se acercó a mí para cubrirme con el
paraguas, su preocupación y esas palabras me hicieron sentir mejor al
instante, fue impresionante. A pesar que trataba de ignorarla ella no
dejo de sonreír tal y como lo hizo en mi sueño. Esa sensación fue
increíble que incluso olvide el dolor de mis heridas, quisiera sentirme de
esa manera todo el tiempo.
Pero no me puedo desconcentrar de mi propósito, sobre todo ahora que
ya he llegado tan lejos. Suelo ser cobarde siempre y no sé si en otro
momento tenga la valentía de hacerlo. En todas estas semanas de
cuenta regresiva estuve tratando de comenzar el día como una persona
nueva, pero a las primeras horas de la mañana los pensamientos me
atacaban haciéndome recordar de dónde vengo y mi turbio pasado, eso
bastaba para volver a hundirme.
El día lunes por un instante creí que podía ser capaz de tener amigos y
me di la osadía de acercarme a un grupo de compañeros que hablaban
en la parte trasera de mi salón. Es increíble como con solo decirles "Hola
me llamo Haru” les di prácticamente una invitación para que me
empiecen a acosar. Nadie me dijo que eran matones, de lo contrario no
me habría acercado. De alguna forma pensé que podía hacer nuevos
amigos. Fui un idiota al creer que me podría integrar a la sociedad tan
rápido, pero eso me pasa por intentar pensar en positivo.
De igual manera sabía que no lograría nada tratando de aparentar que
soy un adolescente normal. Odio que a pesar de todo lo que me pasó
aún albergue dentro de mí esperanzas y añore tener una vida como las
de las demás personas de mi edad. Ir a la escuela, tener amigos, salir a
divertirme con ellos y que mi única preocupación sea no desaprobar
alguna materia. Pero eso no me hunde en la depresión por completo por
que en mi caso yo tengo algo mejor que el resto y eso es tener la
posibilidad de fallecer eligiendo tus condiciones.
Desde que la idea de acabar con mi vida llegó a mí siempre estuve
seguro que la mejor opción eran las pastillas. El cortarme las venas
nunca la tomé en cuenta por qué la sangre me da asco y ya tuve mucho
dolor en toda mi vida, morir de esa manera sería muy injusto para mí.
Por otra parte, aventarme de un edificio desfiguraría mi rostro y según
las personas, es lo único bueno que tengo, de cierta manera yo también
lo creo. Además, que en Creepingbear no existen los edificios.
Definitivamente lo más adecuado es morir acostado en mi cama
esperando a que los somníferos hagan efecto.
El suicidio es como renunciar a tu puesto de trabajo antes de que te
despidan. Los tomas a todos por sorpresa y te vas con la cabeza en alto.
Pero incluso para eso soy un incompetente. Por qué ni siquiera deseo
renunciar, solo lo hago por obligación. Quiero aligerar la carga se los
hombros de mis padres, ellos merecen una vida más digna. Todo el
tiempo piensan en mi bienestar y no en el suyo, eso me desquicia.
Saco de uno de los cajones del velador el frasco de pastillas que estuve
guardando durante el último mes. Aquí debe de haber, al menos, unas
cien píldoras. Me preguntó cuánto tiempo me llevará tomarme todas. Me
pongo de pie y voy hacia el escritorio para tomar la botella de agua.
Antes de volver a sentarme en mi cama me detengo en la ventana. Si
todo sale bien está será la última vez que podré ver el cielo. Cuando era
niño solo podía verlo contadas veces ya que me tenían encerrado en una
habitación sin ventanas y con la puerta cerrada, pero cuando me
sacaban de ahí por x razón tenía la oportunidad levantar mi mirada
hacia él. Esos momentos eran especiales, podía sentir la libertad que no
tenía y deseaba con todo mi corazón ser un pájaro para escapar de aquel
lugar.
Aquí las noches son igual de opacas que el día. Hace un mes que llegué y
solo he visto el sol un par de veces. Este lugar se caracteriza por siempre
tener el cielo gris, lo leí en Google antes de llegar a Creepingbear y es no
se equivocó. En el oscuro cielo se encuentra una sola estrella que brilla
como si creyera que es la luna, se ve tonta. Pero al menos tiene alguna
utilidad en este mundo. Tomo las cortinas para cubrir la ventana, pero
me detengo cuando veo a alguien conocido pasar caminado por la acera
frente a mi casa.
Acomodo mis lentes para verificar si lo que estoy viendo es real o solo
una ilusión, pero mientras más atención presto me percato que ella si es
Ashleigh. La chica lleva una guitarra en la espalda y tiene la mano
izquierda vendada. Ayer que la vi no la tenía lastimada. Me pregunto que
le habrá pasado, solo espero que no sea nada grave. Se nota que ella
tiene prisa por llegar a algún lugar ya que avanza con rapidez. Me quedo
unos segundos mirando por dónde acaba de pasar y no creo que sea
normal que una chica este fuera de casa cuando ya es de noche. Pero
ahora que lo pienso no todos los adolescentes son como yo. Algunos
tienen vida social y existe la posibilidad de que ella solo esté yendo a ver
a alguien.
Me obligó a olvidarla y cierro las cortinas. Tengo cosas más importantes
que hacer envés de estar preocupándome por alguien que apenas
conozco. Abro el frasco, pongo las píldoras sobre la palma de mi mano y
mientras lo hago casi al instante una gran incertidumbre invade mi
cuerpo. No puedo creer que después de esperar por semanas a que
llegue este día me esté echando para atrás. Sin pensarlo dos veces
regreso las pastillas a su recipiente y lo guardo en el cajón de dónde lo
saque. Comprenderme siempre fue un reto, pero en este momento
simplemente siento que no estoy controlando mis movimientos. Ahora
mismo me encuentro buscando mi abrigo y mis zapatos para ir tras ella.
No quiero asumir nada de su vida, pero parecía que estaba huyendo de
algo y tal vez yo debería de hacer lo mismo.
Abro la puerta de casa y el viento me golpea. Está haciendo demasiado
frío afuera, tomo el manubrio con fuerza y antes de dudar más cierro la
puerta detrás de mí. Empiezo a caminar y con cada paso que doy
aparece la posibilidad de regresar a casa, pero ya avancé unas cuantas
cuadras y la acabo de encontrar. Estoy a unos cinco metros detrás de
ella. No comprendo cómo es que no tirita, solo lleva unas mayas y una
falda que por muy bien que se vean no son suficiente para cubrirla del
frío. Creepingbear serviría a la perfección para que se grabe una película
de terror. No haría falta que editen la neblina porque aquí hay de sobra y
las escenas en el bosque saldrían muy bien. Prácticamente este pueblo
está rodeado de pinos.
Éticamente no me parece correcto que un hombre siga a una chica por la
calle, mucho menos de noche. Que puede pensar alguien si me ve
caminando detrás de ella, creerá que soy un pervertido o que le quiero
robar. Ninguna de las dos es verdad.
Ashleigh camina rápido y confiada, al parecer conoce el lugar muy bien.
Mientras yo intento grabar en mi mente las calles que recorre para poder
regresar a casa sin perderme en el intento. Ni siquiera traje mi celular
para llamar a madre si eso ocurre.
En menos de dos minutos llegamos a una plaza. No sabía que algo así
existía en el pueblo. Hay faros en cada metro cuadrado de la zona y una
pileta en el centro de todo decora el lugar. Para ser ya las nueve de la
noche hay mucha gente, asumo que es por qué mañana es domingo.
Cuando intento volver a ver a Ash, ella ya no se encuentra en mi campo
de visión. La busco con la mirada, pero no la hallo, ahora sí siento que
me acabo de perder.
Tener tanta gente a mi al rededor me hace sentir incómodo y buscarla
aquí es como intentar hallar una aguja en un pajar. Tomo asiento sobre
una banqueta mientras solo me limito a observar a la gente caminar de
aquí para allá y a los niños jugar. Al parecer los pobladores ya están
bastante acostumbrados al clima de este lugar porque a ninguno le
molesta el frío o tal vez solo ya se resignaron.
No sé con certeza si me arrepiento de haber salido de casa sin permiso.
Si no hubiese visto a Ashleigh por la ventana tal vez estaría terminando
de tomarme todo el frasco de pastillas. Ella fue la que me hizo dudar
desde el principio. La frustración hace que suspiré y vaho salga de mi
boca, esta es la primera vez que veo algo así. En Decksheimer no hace
tanto frío como acá, no sé cuánto tiempo me llevará acostumbrarme a
este lugar.
De la nada, por un instante me imagino a mi madre entrando a mi
habitación y descubriendo que no me encuentro ahí. Sé que primero que
se preocupará y luego empezará a echar humo por las orejas por lo
enojada que estará. Una corriente eléctrica recorre mi espina dorsal y
eso me obliga levantarme de la banca. Cherry puede ser tan dulce como
los pasteles, pero cuando se enoja es mejor huir. Estoy a punto de
avanzar hasta que una pelota rueda hasta mis pies. Bajo la mirada y me
encuentro con un niño de ojos extremadamente grandes.
—Esa es mi pelota —él apunta a mis pies y me agachó para alcanzar el
balón.
Ahora que estoy a su nivel puedo notar que no tiene los ojos tan grandes,
solo fui engañado por la perspectiva. Extiendo mis brazos y él se acerca
para tomarla.
—Gracias —sonríe y se aleja de mí.
Los niños, ellos son tan lindos. Son como un papel en blanco, como un
vaso vacío. Desearía haber tenido la oportunidad de jugar con la pelota
en un parque de pequeño. Sin miedo, sin preocupaciones, sin dolor. Los
ojos se me llenan de lágrimas al verlo regresar con su padre y tomarlo de
la mano. De alguna manera es reconfortante ver como ese pequeño es
protegido y cuidado como debe de ser, creo con firmeza que él será un
buen hombre en el futuro, aunque ignoro su crianza.
Me pongo de pie y vuelvo a mirar a mi alrededor. Mis intensiones son
claras, la estoy buscando otra vez. Quizás Ashleigh solo paso por aquí
para llegar a su destino real. Debo de volver a casa, esto es ridículo.
Cuando estoy a punto de cruzar a la otra calle, observo a gente reunida
en la pileta de la plaza. La llama de la curiosidad se enciende en mí y me
acerco solo para ver qué está ocurriendo. Mientras más pasos doy a mis
oídos llega una hermosa melodía. De repente veo a Ashleigh rodeada por
todo ese gentío, está sentada bajo la pileta y tiene la guitarra entre sus
brazos.
—I wanna feel your touch... —Su voz.
No conozco la canción.
—It's burning me like an ember...
Jamás he escuchado algo que se me parezca. Oírla cantar simplemente
convierte en una obra de arte cualquier canción. Su voz es mucho más
hermosa que cualquier otra que haya escuchado antes. Comprendo la
razón por la que las personas siguen llegando hasta aquí para oírla.
—To the trouble I'm in...
La manera en la que toca la guitarra es tan apasionante de ver.
—You are you are, my favorite medicine
You are you are, you're where the edge began
You are you are, just one last time again
You are you are, you are the trouble I'm in
Su voz cautiva y te hace adicto haciéndote desear más. Ese talento que
posee es de otro mundo. Si antes estaba confundido y no sabía si estaba
arrepentido por salir de casa detrás de ella envés de suicidarme, ahora
estoy seguro que tome al menos una buena decisión por primera vez en
mis 16 años de vida. No escuchar su canto seria perderse de las mejores
cosas que te puede brindar el universo y siento lastima por los que no la
han escuchado.
—You are the trouble I'm in...
Soñar con ella antes de conocerla fue extraño ¿Habrá sido una
coincidencia, fue Dios u obra del destino? No estoy seguro de nada en mi
vida. Divagó diariamente y en las noches tengo pesadillas. Mi tiempo lo
pierdo fotografiando todo lo que se me atraviese solo para olvidar por
momentos los recuerdos de mi pasado. Soy un desastre, pero hoy acabo
de hallar algo que me hace sentir como si valiera la pena que me
encuentre aquí.
—You are you are, my favorite medicine...
Ella canta con tanto sentimiento, sus expresiones y la manera en la que
sus dedos acarician las cuerdas de su guitarra provocan que nazca en mi
garganta un gran nudo. Desearía pedirle que cante por más tiempo para
mí.
—You are you are, you're where the edge began...
Mis ojos se llenan de lágrimas y antes de que caigan las enjuagó con la
manga de mi abrigo. Estoy rodeado de gente no quiero que otros me
vean pasando vergüenza. Algunos espectadores se acercan a ella para
dejar monedas y otros billetes en la gigbang de su guitarra. La verdad es
que mucha gente lo está haciendo y yo también desearía hacerlo, pero
no traigo ni una sola moneda conmigo.
—You are you are, just one last time again...
Como me arrepiento de no haber traído mi cámara conmigo, quisiera
fotografiar este momento y recordarlo por siempre. Jamás me había
sentido tan vivo.
—You are you are, you are the trouble I'm in
Tres minutos oyendo su canto no es suficiente, necesitaría al menos diez
vidas y aun así no me cansaría de oírla. No quiero que pare.
—You are the trouble I'm in...
Ella deja de cantar y mi pecho se queja. Quiero que cante otra vez, pero
solo para mí. La magia se acaba y siento que acabo de regresar al mundo
real. Todos empiezan a aplaudir y yo sigo a la masa. Hay un gran bullicio
en la plaza, casi todos los que estaban en el lugar se encuentran ahora
mismo rodeando a Ashleigh. Ella solo sonríe y se pone de pie
agradeciendo.
Definitivamente Ashleigh no es alguien que se pueda ignorar con
facilidad, yo ya lo intenté y no funcionó. Ella brilla con propia luz. Ash es
todo lo que deseo ser. Tiene una presencia cálida, no se deja intimidar
por nada, tiene talento y belleza. Es la persona más impresionante que
he conocido en toda mi vida.
La gente empieza a esparcirse y me doy cuenta que Ashleigh ya no está
sentada a los pies de la pileta. Esa chica es tan escurridiza como
talentosa. Antes que por casualidad ella me vea me pongo la capucha y
meto mis manos en los bolsillos de mi abrigo.
Aunque quiero que mi mente esté en paz no puedo. Solo pienso en una
sola cosa y esa es que sí tal vez solo me quedo un poco más en este
mundo existe la mínima posibilidad de encontrar algo valioso por el que
valga la pena vivir. Desearía golpearme muy fuerte por volver a creer en
esa estupidez.
¿Por qué sigo pensando que todo irá mejor solo si tengo voluntad de
mejorar? Al iniciar la semana llegue a la escuela con algo de emoción.
Solo agradecí por tener la oportunidad de tener un nuevo comienzo.
Pero claro, justo tenía que reemplazar a la persona que Jake utilizaba
para "jugar". A veces realmente pienso que solo vine al mundo para
satisfacer las necesidades de las personas, ese debe de ser mi propósito.
Miró a mi alrededor y comienzo a caminar. Debo de volver a casa pronto,
pero definitivamente está no será la última vez que venga aquí, este
lugar es agradable sobre todo si existe una Ashleigh que cante a orillas
de la pileta. Cuando dobló la calle frente a mi encuentro un auto negro y
un hombre que está tenido una acalorada conversación con una joven
mucho más joven que él. Me acerco en silencio y me sorprende ver que
la joven es Ashleigh.
Me escondo detrás de la pared y trató de tomar atención para escuchar
lo que están hablando. Si ella está en problemas no sabre como
ayudarla, soy demasiado cobarde para enfrentar una situación como
esta.
—No me subiré al auto. —se queja Ash.
—Señorita por favor. Su padre...—le ruega con insistencia.
Claramente si fuera un secuestro no creo que le estuviese suplicando
para que entre al auto.
—No quiero ver a mi padre —musita con la voz rota.
Así que mis suposiciones eran ciertas. Ella estaba escapando de alguien
y ese era su padre. Mi corazón siente lástima al oír la tristeza y la
desesperación en su voz. La última vez que hablé con ella me pareció tan
invencible, tan fuerte y capaz. Ahora sólo parece alguien que tiene
miedo y que no que no tiene la suficiente valentía de enfrentar lo que la
amedrenta.
—Señorita...
—Puedo volver caminado. —le ruega Ashleigh.
—Él desea cenar con usted.
—Siempre come en su oficina y ahora quiere hacerlo conmigo. De seguro
es solo para preguntarme como voy en la escuela y criticar cada cosa
que le cuente.
—Señorita por favor le suplico que no se niegue. Su padre está muy
enfadado si regreso a casa sin usted él podría dejarme sin trabajo.
Luego de eso todo queda en silencio. Lo siguiente que oigo es la puerta
del auto cerrarse y el motor del vehículo encenderse. Me asomo y veo
como el carro empieza a avanzar mientras desaparece en la siguiente
calle.
Nota de la autora: Hola. Quería darte las gracias por acceder a leer este
estrato de mi novela. Hace un tiempo he comenzado este proyecto y lo
que busco son opiniones sinceras sobre este. Entonces si podrías
dejarme un comentario sobre la novela, me harías muy feliz.