Sobre Carlos Fuentes
Carlos Fuentes nació en Panamá, en 1928. Fue un escritor, intelectual y
diplomático mexicano. Es considerado como uno de los más destacados
escritores mexicanos y latinoamericanos de los tiempos recientes.
Perteneció al Boom de la literatura latinoamericana. Recibió los más
importantes premios por su destacada labor literaria, como el Premio Rómulo
Gallegos de novela (1977), el Premio Cervantes (1987) y el Príncipe de
Asturias (1994). Es autor de novelas como La región más
transparente (1958), La muerte de Artemio Cruz (1962), Aura (1962), Cambio
de piel (1967) o Terra nostra (1975).
Influenciado por autores como James Joyce y William Faulkner, utilizó muchas
de sus estrategias literarias (pluralidad de puntos de vista, fragmentación
cronológica, elipsis, monólogo interior, etc.), para crear una obra que, a su vez,
calara en lo más hondo de la mexicanidad. Y se dio a conocer como escritor, a
los veintiséis años de edad. Los días enmascarados (1954) fue su primer libro
de cuentos, el cual contó con una buena recepción por parte de la crítica y el
público. En estos cuentos, hay quienes dicen que ya se advertían muchas de
sus preocupaciones que también abordaría en muchos de sus otros libros.
El 15 de mayo de 2012, a sus 83 años de edad, murió en la Ciudad de México
debido a una úlcera gástrica. Luego de la cremación, las cenizas se
depositaron en el Cementerio de Montparnasse, en París, donde descansan los
restos de sus hijos que tuvo con la periodista Sylvia Lemus (Carlos y Natasha),
quienes murieron en circunstancias poco claras, a los 25 y 31 años de edad
respectivamente. Cecilia Fuentes Macedo, autora de la biografía Mujer en
papel, es su única hija viva, fruto del matrimonio con la actriz y productora Rita
Macedo.
¿Qué es el boom latinoamericano? Fue un
fenómeno literario, editorial, cultural y social que surgió entre los años 1960 y
1970, cuando las obras de un grupo de novelistas
latinoamericanos relativamente jóvenes fueron ampliamente distribuidas
en Europa y en todo el mundo. La literatura del boom es vanguardista, rompe
las barreras entre lo fantástico y lo cotidiano, convirtiendo esta mezcla en una
nueva realidad.
Aura es una nouvelle fantástica de inspiración gótica, escrita por Carlos
Fuentes, en 1962. Es considerada una de las mejores obras del autor.
Cuenta la historia de Felipe Montero, un joven historiador que es contratado por
doña Consuelo, viuda del general Llorente, para que ordene y termine de
redactar las memorias de su difunto marido. La condición es que deberá vivir
en su casa, un lugar misterioso que permanece en las tinieblas para evitar el
recuerdo del general.
En esta casa, Felipe conocerá a Aura, enigmática joven, sobrina de doña
Consuelo, que se encarga de ayudar a la anciana con las labores domésticas,
y por la cual Felipe sentirá una particular atracción. La extraña relación entre la
anciana y la joven, lo llevará a pensar que la vieja la mantiene como prisionera.
Por lo que Felipe se sentirá en la obligación de liberarla.
Posteriormente, sin embargo, descubrirá que la dependencia de Aura de doña
Consuelo va más allá de lo imaginable.
La casa resulta extraña para Felipe. Está permanentemente a oscuras para no
avivar el recuerdo del general fallecido. Apenas iluminada con luz de velas, y
con un mobiliario y una decoración antiguos, como si en la casa el tiempo no
hubiera pasado.
Por su parte, la lectura y orden de los manuscritos del general, escritos en
francés, llevará a Felipe no solo a explorar las tramas de la vida política
mexicana del siglo XIX, sino también a conocer, de primera mano, la historia de
su enamoramiento con doña Consuelo y el paulatino proceso de deterioro de la
mujer.
Doña Consuelo, incapaz de concebir hijos para el general, en su sentimiento de
culpabilidad, empieza a experimentar con una serie de rituales mágicos que
recuerdan a las prácticas de brujería.
Cría conejos y gatos, sacrifica a machos cabríos, se alimenta únicamente de
vísceras, convive con ratones, etc. Lo cual contrasta con la imagen que ofrece
a Felipe: la de una anciana muy devota del catolicismo.
Pero Felipe empieza a darse cuenta de que la forma en que se comportan
doña Consuelo y Aura se escapa de lo común. La anciana y la sobrina tienen
una extraña relación en la que doña Consuelo tiene poder para controlar lo que
hace y dice Aura, sus gestos y movimientos.
Felipe se ha enamorado de Aura. Y en la idea de que la joven es una prisionera
de la anciana, le propone liberarla, pero esta se niega. En el último de los dos
encuentros amorosos que mantienen, se percata de que la vieja y la joven son
la misma persona, como si la anciana hubiera desarrollado un poder mágico
para controlar a Aura con la finalidad de poder concebir el hijo que no pudo
darle al general.
En ese punto, Felipe se dará cuenta de que ha asumido también él la persona
del general al igual que Aura se ha transformado en doña Consuelo en sus
tiempos de juventud.
Estructura y tiempo
Se estructura en cinco capítulos a lo largo de los cuales se va contando, de
manera lineal, la sucesión de hallazgos y descubrimientos a los que va
accediendo Felipe Montero durante su estancia en la enigmática casa de doña
Consuelo. El tiempo se ve interrumpido, únicamente, por las evocaciones al
pasado que hace Felipe a través de las historias y las fotografías del general
Llorente.
Narrador
Está narrada en segunda persona de singular. ¿A quién le habla esa voz? La
voz, como tal, se dirige al personaje principal, Felipe Montero, dando la
impresión que lo conduce a lo largo de la historia.
“Lees ese anuncio: (…) Tú releerás (…) No hay teléfono” (4)
¿Cómo funcionan el presente y el futuro narrativo?
Clima gótico.
El movimiento gótico surge en Inglaterra a finales del siglo xviii, como expresión
emocional, estética y filosófica contra el pensamiento dominante de
la Ilustración, según el cual la humanidad sería capaz, solo en uso de la Razón,
de llegar a obtener el conocimiento verdadero y la felicidad. La narrativa gótica
se caracteriza por un ambiente de miedo, la amenaza de
sucesos sobrenaturales y la intrusión del pasado en el presente. El escenario
suele incluir recuerdos físicos del pasado, especialmente a través de edificios
en ruinas (castillos, monasterios, conventos, y criptas) que se erigen como
prueba de un mundo anteriormente próspero que está decayendo en el
presente. La atmósfera suele ser claustrofóbica, onírica, oscura, húmeda y
entre los elementos habituales de la trama se encuentran la persecución
vengativa, el encarcelamiento y el asesinato. La forma de un relato gótico suele
ser discontinua y enrevesada, incorporando a menudo relatos dentro de otros
relatos, el uso de un estilo epistolar (carta), narradores cambiantes, recursos de
encuadre como manuscritos descubiertos o historias interpoladas y una intensa
carga descriptiva llamada efecto de realidad. También, pueden incluir estados
similares al sueño y la muerte, entierros en vida, dobles, ecos o silencios
antinaturales, el descubrimiento de lazos familiares ocultos, escritos
ininteligibles, paisajes nocturnos, lugares remotos y seres malignos como
demonios y posesión demoníaca, fantasmas .
“El olor de la humedad, de las plantas podridas, te envolverá mientras marcas
tus pasos, primero sobre las baldosas de piedra, enseguida sobre esa madera
crujiente, fofa por la humedad y el encierro. Cuentas en voz baja hasta
veintidós y te detienes, con la caja de fósforos entre las manos, el portafolio
apretado contra las costillas. Tocas esa puerta que huele a pino viejo y
húmedo; buscas una manija; terminas por empujar y sentir, ahora, un tapete
bajo tus pies. Un tapete delgado, mal extendido, que te hará tropezar y darte
cuenta de la nueva luz grisácea y filtrada, que ilumina ciertos contornos.” (7)
“—Esta bien, señora. ¿Podría visitar el jardín? —¿Cual jardín, señor Montero?
—El que esta detrás de mi cuarto. —En esta casa no hay jardín. Perdimos el
jardín cuando construyeron alrededor de la casa. —Pensé que podría trabajar
mejor al aire libre. —En esta casa solo hay ese patio oscuro por donde entro
usted. Allí mi sobrina cultiva algunas plantas de sombra. Pero eso es todo” (23)
Vacilación
“Vivirás ese día, idéntico a los demás, y no volverás a recordarlo sino al día
siguiente, cuando te sientes de nuevo en la mesa del cafetín, pidas el des-
ayuno y abras el periódico. Al llegar a la página de anuncios, allí estarán, otra
vez, esas letras destacadas: historiador joven. Nadie acudió ayer. Leerás el
anuncio. Te detendrás en el ultimo renglón: cuatro mil pesos.” (5)
Personajes
Felipe Montero
Felipe Montero es el personaje principal de historia. Es un joven historiador y
profesor auxiliar con conocimientos del idioma francés. Planea escribir una
obra sobre los descubrimientos y las conquistas españolas en América. Acude
a la casa de la señora Consuelo, viuda del general Llorente, gracias a un aviso
en el periódico para un trabajo para el que está plenamente capacitado.
“LEES ESE ANUNCIO: UNA OFERTA DE ESA NATURALEZA no se hace
todos los días. Lees y relees el aviso. Parece dirigido a ti, a nadie mas.
Distraído, dejas que la ceniza del cigarro caiga dentro de la taza de te que has
estado bebiendo en este cafetín sucio y barato. tu releerás. Se solicita
historiador joven. Ordenado. Escrupuloso. Conocedor de la lengua francesa.
Conocimiento perfecto, coloquial. Capaz de desempeñar labores de secretario.
Juventud, conocimiento del francés, preferible si ha vivido en Francia algún
tiempo. Tres mil pesos mensuales, comida y recamara cómoda, asoleada,
apropiada estudio. Solo falta tu nombre. Solo falta que las letras mas negras y
llamativas del aviso informen: Felipe Montero” (4)
Con el transcurrir de la historia entiende que se ha transformado en la
personificación del general Llorente.
Se enamora de Aura
“Al fin, podrás ver esos ojos de mar que fluyen, se hacen espuma, vuelven a la
calma verde, vuelven a inflamarse como una ola: tú los ves y te repites que no
es cierto” / “estas ansiando, ya, mirar nuevamente esos ojos” (12)
”Cuando el vaho opaque otra vez el rostro, estarás repitiendo ese nombre,
Aura” (14)
Consuelo Llorente
Es una anciana mujer, viuda del general Llorente, militar mexicano que, al
morir, dejó sus memorias inconclusas. Contrata a Felipe Montero para que se
encargue de completar y publicar la obra del general. Se casó a los 15 años y
su marido murió cuando tenía 49, hace sesenta años. Felipe Montero calcula
que la anciana, de piel arrugada y cabello blanco, pequeña y de voz débil y
aguda, tenga unos 109 años de edad. Es una mujer devota que tiene como
apoyo a su sobrina Aura. Su gran frustración es no haber sido capaz de darle
hijos a su marido. Cuando Felipe lee las memorias descubre el carácter de
Consuelo. Así terminan:
"Consuelo, no tientes a Dios. Debemos conformarnos. ,;No te basta mi cariño?
Yo se que me amas; lo siento. No te pido conformidad, porque ello sería
ofenderte. Te pido, tan solo, que veas en ese gran amor que dices tenerme
algo suficiente, algo que pueda llenarnos a los dos sin necesidad de recurrir a
la imaginación enfermiza. . ." Y en otra página: "Le advertí a Consuelo que
esos brebajes no sirven para nada. Ella insiste en cultivar sus propias plantas
en el jardín. Dice que no se engaña. Las hierbas no la fertilizaran en el cuerpo,
pero si en el alma..." Más tarde: "La encontré delirante, abrazada a la
almohada. Gritaba: 'Si, si, si, he podido: la he encarnado; puedo convocarla,
puedo darle vida con mi vida'. Tuve que llamar al médico. Me dijo que no
podría calmarla, precisamente porque ella estaba bajo el efecto de narcóticos,
no de excitantes. . ." Y al fin: "Hoy la descubrí, en la madrugada, caminando
sola y descalza a lo largo de los pasillos. Quise detenerla. Pasó sin mirarme,
pero sus palabras iban dirigidas a mi. 'No me detengas —dijo—; voy hacia mi
juventud, mi juventud viene hacia mi. Entra ya, esta en el jardín, ya llega' . . .
Consuelo, pobre Consuelo. . . Consuelo, también el demonio fue un ángel,
antes..." (45)
Aura
Aura es el personaje enigmático que da título a la obra. Es la sobrina de
Consuelo Llorente. Vive con su tía para apoyarla en labores domésticas. Es
silenciosa y tímida. Cautiva a Felipe Montero, al punto de que este se enamora
de ella y trata de llevársela de la casa de la señora Consuelo. Aura, sin
embargo, actúa de manera extraña, como mecánicamente, lo cual llama la
atención de Felipe. Con el transcurrir de la historia entenderemos que Aura es
una personificación de doña Consuelo joven.
“—Aura... La señora se moverá por la primera vez desde que tu entraste a su
recamara; al extender otra vez su mano, tu sientes esa respiración agitada a tu
lado y entre la mujer y tú se extiende otra mano que toca los dedos de la
anciana. Miras a un lado y la muchacha está allí, esa muchacha que no
alcanzas a ver de cuerpo entero porque esta tan cerca de ti y su aparición fue
imprevista, sin ningún ruido —ni siquiera los ruidos que no se escuchan pero
que son reales porque se recuerdan inmediatamente, porque a pesar de todo
son más fuertes que el silencio que los acompaño—. —Le dije que regresaría...
—¿Quién? —Aura. Mi compañera. Mi sobrina” (11)
Elementos y simbolismos en Aura
[Link]
Animales
-El conejo (símbolo de fertilidad- se confunde con Aura)
“Te apartaras para que la luz combinada de la plata, la cera y el vidrio dibuje
esa cofia de seda que debe recoger un pelo muy blanco y enmarcar un rostro
casi infantil de tan viejo. Los apretados botones del cuello blanco que sube
hasta las orejas ocultas por la cofia, las sabanas y los edredones velan todo el
cuerpo con excepción de los brazos envueltos en un chal de estambre, las
manos pálidas que descansan sobre el vientre: solo puedes fijarte en el rostro,
hasta que un movimiento del conejo te permite desviar la mirada y observar
con disimulo esas migajas, esas costras de pan regadas sobre los edredones
de seda roja, raídos y sin lustre” (8)
“Saga. Saga. ¿Dónde esta? Ici, Saga... —¿Quien? —Mi compañía. —¿El
conejo? —Si, volverá (…) —Le dije que regresaría... —¿Quien? —Aura. Mi
compañera. Mi sobrina.” (12)
“(…) la señora Consuelo acaricia a su conejo blanco. De la garganta abotonada
de la anciana surgirá ese cacareo sordo: —¿No le gustan los animales? —No.
No particularmente. Quizás porque nunca he tenido uno. —Son buenos
amigos, buenos compañeros. Sobre todo cuando llegan la vejez y la soledad.
—Si. Así debe ser. —Son seres naturales, señor Montero. Seres sin
tentaciones. —¿Como dijo que se llamaba? —¿La coneja? Saga. Sabia. Sigue
sus instintos. Es natural y libre. —Creí que era conejo. —Ah, usted no sabe
distinguir todavía. —Bueno, lo importante es que no se sienta usted sola. —
Quieren que estemos solas, señor Montero, porque dicen que la soledad es
necesaria para alcanzar la santidad. Se han olvidado de que en la soledad la
tentación es más grande.” (30)
-Los gatos son un símbolo ambivalente: protección de la casa y asociados a la
hechicería. Pero, ¿qué hacen con los gatos?
“te detienes al escuchar los maullidos dolorosos de varios gatos —si, te
detienes a escuchar, ya cerca de la mano de Aura, para cerciorarte de que son
varios gatos— y la sigues a la sala: Son los gatos —dirá Aura—. Hay tanto
ratón en esta parte de la ciudad” (15)
-El perro de la aldaba de la puerta de entrada se sitúa en un lugar de transición
entre dos espacios: el afuera (ciudad) y el adentro (casa). Recordemos al
cancerbero, el perro mediador entre el mundo de los muertos y de los vivos,
actúa como guía de la ánimas, de los muertos.
-El macho cabrío es un animal trágico/religioso. Aquí representa al mundo de
la masculinidad; está relacionado junto con el conejo a Afrodita: una naturaleza
ardiente y prolífica.
-Las alimañas: ratas, cucarachas
El color verde (lo natural, lo salvaje, lo que brota)
“(…) será Aura, porque viste la tafeta verde de siempre, aunque un velo
verdoso oculte sus facciones” (41)
Los rituales: actos de repetición porque el rito es el eterno retorno: las cenas
con el mismo menú, disposición de los cuatro cubiertos en la mesa del
comedor, el sacrificio del macho cabrío, el toque de la campana para pasar a
la mesa, el martirio de los gatos, la comunión con Aura
El menú -¿Qué es líquido rojo?
“Aura apartara la cacerola. Tú aspiras el olor pungente de los riñones en salsa
de cebolla que ella te sirve mientras tú tomas la botella vieja y llenas los vasos
de cristal cortado con ese líquido rojo y espeso. Tratas, por curiosidad, de leer
la etiqueta del vino, pero el limo lo impide. Del otro platón, Aura toma unos
tomates enteros, asados” (16)
Lo onírico
“(…) sueñas una sola cosa, suenas esa mano descarnada que avanza hacia ti
con la campana en la mano, gritando que te alejes, que se alejen todos, y
cuando el rostro de ojos vaciados se acerca al tuyo, despiertas con un grito
mudo, sudando, y sientes esas manos que acarician tu rostro y tu pelo, esos
labios que murmuran con la voz más baja, te consuelan, te piden calma y
cariño. Alargas tus propias manos para encontrar el otro cuerpo, desnudo, que
entonces agitara levemente el llavín que tu reconoces, y con él a la mujer que
se recuesta encima de ti, te besa, te recorre el cuerpo entero con besos. No
puedes verla en la oscuridad de la noche sin estrellas, pero hueles en su pelo
el perfume de las plantas del patio, sientes en sus brazos la piel más suave y
ansiosa, tocas en sus senos la flor entrelazada de las venas sensibles, vuelves
a besarla y no le pides palabras. Al separarte, agotado, de su abrazo, escuchas
su primer murmullo: "Eres mi esposo". Tu asientes: ella te dirá que amanece;
se despedirá diciendo que te espera esa noche en su recamara. Tu vuelves a
asentir, antes de caer dormido, aliviado, ligero, vaciado de placer, reteniendo
en las yemas de los dedos el cuerpo de Aura, su temblor, su entrega: la niña
Aura” (28)
“Caes en ese sopor, caes hasta el fondo de ese sueño que es tu única salida,
tu única negativa a la locura. "Está loca, está loca", te repites para
adormecerte, repitiendo con las palabras la imagen de la anciana que en el aire
despellejaba al cabrío de aire con su cuchillo de aire: ". . .esta loca. . .", en el
fondo del abismo oscuro, en tu sueño silencioso, de bocas abiertas, en silencio,
la veras avanzar hacia ti, desde el fondo negro del abismo, la veras avanzar a
gatas. En silencio, moviendo su mano descarnada, avanzando hacia ti hasta
que su rostro se pegue al tuyo y veas esas encías sangrantes de la vieja, esas
encías sin dientes y grites y ella vuelva a alejarse, moviendo su mano,
sembrando a lo largo del abismo los dientes amarillos que va sacando del
delantal manchado de sangre: tu grito es el eco del grito de Aura, delante de ti
en el sueño, Aura que grita porque unas manos han rasgado por la mitad su
falda de tafeta verde, y esa cabeza tonsurada, con los pliegues rotos de la falda
entre las manos, se voltea hacia ti y ríe en silencio, con los dientes de la vieja
superpuestos a los suyos, mientras las piernas de Aura, sus piernas desnudas,
caen rotas y vuelan hacia el abismo.”(34)
-Según la creencia popular, soñar con dientes es señal de muerte o
enfermedad
El doble (Doppelgänger o desdoblamiento)
Consuelo-Aura
Aparece cuando dos incorporaciones del mismo personaje coexisten en un
mismo espacio o mundo ficcional.
En el relato se origina la presencia simultánea del original (primer yo) y su
doble (segundo u otro yo), que tiene una confrontación de la cual, surge el
conflicto de identidad que nutre el motivo romántico.
“La encuentras en la cocina, si, en el momento en que degüella un macho
cabrío: el vapor que surge del cuello abierto, el olor de sangre derramada, los
ojos duros y abiertos del animal te dan nauseas: detrás de esa imagen, se
pierde la de una Aura mal vestida, con el pelo revuelto, manchada de sangre,
que te mira sin reconocerte, que continúa su labor de carnicero. Le das la
espalda: esta vez, hablaras con la anciana, le echaras en cara su codicia, su
tiranía abominable. Abres de un empujón la puerta y la ves, detrás del velo de
luces, de pie, cumpliendo su oficio de aire: la ves con las manos en
movimiento, extendidas en el aire: una mano extendida y apretada, como si
realizara un esfuerzo para detener algo, la otra apretada en torno a un objeto
de aire, clavada una y otra vez en el mismo lugar. En seguida, la vieja se
restregara las manos contra el pecho, suspirara, volverá a cortar en el aire,
como si —si, lo veras claramente: como si despellejara una bestia. . .— Corres
al vestíbulo, la sala, el comedor, la cocina donde Aura despelleja al chivo
lentamente, absorta en su trabajo, sin escuchar tu entrada ni tus palabras,
mirándote como si fueras de aire.” (33)
“(…) recordarás a la vieja y a la joven que te sonrieron, abrazadas, antes de
salir juntas, abrazadas: te repites que siempre, cuando están juntas, hacen
exactamente lo mismo: se abrazan, sonríen, comen, hablan, entran, salen, al
mismo tiempo, como si una imitara a la otra, como si de la voluntad de una
dependiese la existencia de la otra” (40)
Felipe-Gral Lorente
“Acercaras tus labios a la cabeza reclinada junto a la tuya, acariciaras otra vez
el pelo largo de Aura: tomaras violentamente a la mujer endeble por los
hombros, sin escuchar su queja aguda; le arrancaras la bata de tafeta, la
abrazaras, la sentirás desnuda, pequeña y perdida en tu abrazo, sin fuerzas, no
harás caso de su resistencia gemida, de su llanto impotente, besaras la piel del
rostro sin pensar, sin distinguir: tocaras esos senos flácidos cuando la luz
penetre suavemente y te sorprenda, te obligue a apartar la cara, buscar la
rendija del muro por donde comienza a entrar la luz de luna, ese resquicio
abierto por los ratones, ese ojo de la pared que deja filtrar la luz plateada que
cae sobre el pelo blanco de Aura, sobre el rostro desgajado, compuesto de
capas de cebolla, pálido, seco y arrugado como una ciruela cocida: apartaras
tus labios de los labios sin carne que has estado besando, de las encías sin
dientes que se abren ante ti: veras bajo la luz de la luna el cuerpo desnudo de
la vieja, de la señora Consuelo, flojo, rasgado, pequeño y antiguo, temblando
ligeramente porque tu lo tocas, tu lo amas, tu has regresado también...”(49)