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Lección 6

La lección aborda la obligación de las partes en un proceso civil de pagar los gastos procesales, diferenciando entre gastos del proceso y costas procesales, siendo estas últimas reembolsables a la parte vencedora. Se discuten las tasas judiciales, su regulación y su impacto en el acceso a la justicia, así como la condena en costas, que impone a la parte perdedora el deber de cubrir los gastos del proceso. La normativa establece que la condena en costas se basa principalmente en el principio del vencimiento, donde quien pierde el proceso asume los costos.

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Lección 6

La lección aborda la obligación de las partes en un proceso civil de pagar los gastos procesales, diferenciando entre gastos del proceso y costas procesales, siendo estas últimas reembolsables a la parte vencedora. Se discuten las tasas judiciales, su regulación y su impacto en el acceso a la justicia, así como la condena en costas, que impone a la parte perdedora el deber de cubrir los gastos del proceso. La normativa establece que la condena en costas se basa principalmente en el principio del vencimiento, donde quien pierde el proceso asume los costos.

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LECCIÓN 6ª:
OBLIGACIÓN DE PAGO POR LAS PARTES DE LOS
GASTOS PROCESALES
Por FRANCISCO LÓPEZ SIMÓ
Catedrático de Derecho Procesal de la UIB

Sumario: I. GENERALIDADES.– II. LOS COSTES DEL PROCESO CIVIL. 1. Gastos y


costas procesales. 2. En particular, las tasas judiciales.– III. LA CONDENA EN COSTAS. 1.
Concepto y sistemas posibles. 2. Reglas de imposición.– IV. TASACIÓN Y EXACCIÓN DE LAS
COSTAS.– V. LA ASISTENCIA JURÍDICA GRATUITA (remisión).

I. GENERALIDADES
Como es sabido, en un proceso civil –y en cualquier otro tipo de proceso
jurisdiccional– las partes gozan de toda una serie de derechos, reconocidos básicamente
en el art. 24 CE (vid. al respecto las lecciones 6ª, ap. I, y 9ª de las Lecciones de Derecho
Procesal. Introducción de TAPIA FERNÁNDEZ); pero sobre ellas también recaen
numerosas cargas procesales (alegar, probar los hechos, etc.), así como algunos –pocos–
deberes. Pues bien, uno de los más importantes deberes procesales de las partes es el
de pagar los distintos gastos que genera el proceso civil, ya que, como regla, la
Administración de Justicia no es gratuita para los sujetos que acuden a ella en busca de la
resolución de un conflicto jurídico (lo será sólo “respecto de quienes acrediten
insuficiencia de recursos para litigar”: art. 119 CE).
La regulación de este tema se encuentra fundamentalmente en la LEC, en concreto
en los arts. 241 a 246 (Tít. VII: de la tasación de costas, del Libro I), y en los arts. 394 a
398 (Cap. VIII: de la condena en costas, del Tít. I del Libro II) de dicha Ley. Fuera de
ella, concretamente en la Ley 10/2012 de 20 de noviembre (arts. 1 a 11), se hallan las
normas relativas a las tasas judiciales.

II. LOS COSTES DEL PROCESO CIVIL


1. LA DISTINCIÓN LEGAL ENTRE GASTOS Y COSTAS PROCESALES
Al margen de los múltiples gastos que conlleva el mantenimiento de la organización
judicial (salarios de jueces, adquisición y conservación de edificios, etc.) y que soporta
sustancialmente el Estado –y las CCAA con competencia en esta materia– por vía
presupuestaria, las partes procesales han de hacer diversos desembolsos económicos que
tienen su causa en el proceso mismo. Dentro de estos desembolsos, llamados
genéricamente costes del proceso, la LEC (art. 241.1, párr. 2º) distingue entre “gastos del
proceso” y “costas” procesales, distinción muy importante porque, como veremos, sólo
éstas –las costas– serán reembolsadas a una de las partes cuando el proceso finalice y
como consecuencia de la condena al pago de las mismas impuesta por el tribunal a la otra
parte.
Veamos cómo define la Ley, en el precepto indicado, cada uno de esos conceptos:
— Son gastos del proceso “aquellos desembolsos que tengan su origen directo
e inmediato en la existencia de dicho proceso”. En este amplio concepto se incluye todo
desembolso económico realizado o por realizar por las partes, tanto para la preparación
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del proceso como para su iniciación y continuación, referido ya a las actividades


relacionadas con el proceso que las propias partes lleven a cabo o ya a las efectuadas por
terceros a petición de aquéllas (o del tribunal).
En cualquier caso, lo que exige la definición legal de gastos procesales es que se trate de
desembolsos cuya causa directa sea el proceso, de manera que sin éste no sería necesario realizarlos:
p.e., los honorarios del abogado, las indemnizaciones a los testigos, el arancel del notario a quien se
solicita la copia de una escritura, la retribución del investigador privado a quien se contrata para la
obtención de fuentes de prueba, etc.
— Se consideran, en cambio, costas procesales “la parte de aquéllos [de los
gastos del proceso] que se refieran al pago de los siguientes conceptos: 1º. honorarios de
la defensa y de la representación técnica cuando sean preceptivas; 2º. inserción de
anuncios o edictos que de forma obligada deban publicarse en el curso del proceso; 3º.
depósitos necesarios para la presentación de recursos; 4º. derechos de peritos y demás
abonos que tengan que realizarse a personas que hayan intervenido en el proceso; 5º.
copias, certificaciones, notas, testimonios y documentos análogos que hayan de
solicitarse conforme a la Ley, salvo los que se reclamen por el tribunal a registros y
protocolos públicos, que serán gratuitos; 6º. derechos arancelarios que deban abonarse
como consecuencia de actuaciones necesarias para el desarrollo del proceso; 7.º la tasa
por el ejercicio de la potestad jurisdiccional, cuando sea preceptiva ...” (este último
ordinal se añadió a la LEC por la Ley 37/2011, de medidas de agilización procesal, casi
nueve años después de la reinstauración de las tasas judiciales en España por la Ley
53/2002).
Como se ve, la LEC no define qué son las costas procesales, limitándose a establecer los
conceptos o partidas que las integran, así que lo más que se puede afirmar es que las costas son una
parte de los gastos del proceso (costas es una especie del género gastos procesales) y, en concreto,
aquellos gastos incluidos en el listado del art. 241.1, párr. 2º LEC que acabamos de reproducir (siempre
que, además, no concurra en tales gastos ninguna de las causas que excluyen su cuantificación en el
proceso cuando se practique la tasación de costas: vid. art. 243, aps. 2 y 3 LEC).
Sobre la distinción entre gastos y costas procesales existe una abundante doctrina de los
tribunales: vid. p.e. la SAP de La Rioja de 31 de mayo de 2005.
Los gastos procesales, en general –los que conforman las costas y cualquier otro
gasto nacido con ocasión de un proceso–, tienen que pagarlos las partes (cada parte pagará
los causados a su instancia) “a medida que se vayan produciendo” (art. 241.1, párr. 1º i.f.
LEC) o, como dice el ap. 2 del mismo artículo, “sin esperar a que el proceso finalice…”.
No obstante, a fin de evitar la injusticia que supondría el que una persona que no
encuentra más remedio que acudir a los tribunales para hacer valer sus derechos e
intereses legítimos debiera soportar, además, todos los gastos que esto conlleva, la LEC
prevé que, una vez finalizado el proceso, puedan reembolsarse a esa persona –si resulta
vencedora– algunos de los gastos ya satisfechos por ella (aquellos que integran las costas
procesales), mediante la correspondiente condena en costas, que se estudiará en el ap. III.

2. EN PARTICULAR, LAS TASAS JUDICIALES


Las tasas judiciales –que habían sido suprimidas por la Ley 25/1986, de 24 de
diciembre– fueron reinstauradas en nuestro ordenamiento de forma limitada por la Ley
53/2002, de 30 de diciembre, de medidas fiscales, administrativas y del orden social (art.
35). Esta normativa fue derogada y sustituida, en plena crisis económica, por la Ley
10/2012, de 20 de noviembre, por la que se regulan determinadas tasas en el ámbito de
la Administración de Justicia y del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses
(Tít. I, arts. 1 a 11), que generalizó las tasas judiciales. Dicha Ley 10/2012 ha sido
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modificada en varias ocasiones (sobre todo, por el Real Decreto-Ley 1/2015, de 27 de


febrero); además, se ha visto afectada por varias sentencias del Tribunal Constitucional
(sobre todo, por la STC-Pleno nº 140/2016, de 21 de julio, que declaró la
inconstitucionalidad y consiguiente nulidad de diversos preceptos de esta Ley).
La tasa judicial es un tributo de carácter estatal (su gestión está legalmente
encomendada al Ministerio de Hacienda) que deben satisfacer en determinados supuestos
las personas jurídicas por acudir a los tribunales y hacer uso del servicio público de la
Administración de Justicia en los órdenes civil, contencioso-administrativo y social. La
finalidad de esta tasa es muy clara y totalmente legítima, según el Tribunal
Constitucional: “se dirige a financiar el servicio público de la Administración de Justicia
con cargo a los justiciables que más se benefician de la actividad jurisdiccional,
disminuyendo correlativamente la financiación procedente de los impuestos, a cargo de
todos los ciudadanos” (STC-Pleno) nº 20/2012, de 16 de febrero de 2012, cuestión de
inconstitucionalidad 647-2004). Mientras no impidan el acceso efectivo a los tribunales
(art. 24 CE), las tasas judiciales son constitucionalmente admisibles.
En un principio, la Ley 53/2002 limitó la posibilidad de exigir el pago de las tasas judiciales a
las personas jurídicas, si bien desde la entrada en vigor de la Ley 10/2012 fueron exigibles también a
las personas físicas. Finalmente, el Real Decreto-Ley 1/2015 introdujo diversas modificaciones en la
Ley 10/2012, siendo la más importante de ellas la supresión de la tasa judicial para las personas físicas
en todas las jurisdicciones e instancias.
En el orden jurisdiccional civil, los actos procesales por los que se devenga la tasa
judicial –hecho imponible del tributo– son: la interposición de la demanda en toda clase
de procesos declarativos y de ejecución de títulos ejecutivos extrajudiciales; la petición
inicial del proceso monitorio y del proceso monitorio europeo; la solicitud de concurso
necesario y la demanda incidental en procesos concursales; la formulación de
reconvención; la oposición a la ejecución de títulos judiciales (art. 2 Ley 10/2012). Y
sujetos pasivos de la tasa u obligados a abonarla son las personas que promuevan el
ejercicio de la potestad jurisdiccional y realicen alguno de los anteriores actos procesales,
si bien el pago de la tasa podrá efectuarse por el procurador o el abogado en nombre y
por cuenta del sujeto pasivo (art. 3 Ley 10/2012). No obstante, se establecen algunas
excepciones, o mejor, exenciones, tanto objetivas (la interposición de demanda cuando se
trate de procedimientos para la protección de los derechos fundamentales, la presentación
de petición inicial del procedimiento monitorio y de demanda del juicio verbal en
reclamación de cantidad cuando la cuantía de las mismas no supere 2.000 euros, etc.)
como subjetivas (además de ciertas entidades que se señalan, no han de pagar esta tasa
las personas físicas y el M. Fiscal) (vid. art. 4 Ley 10/2012).
La tan mencionada Ley 10/2012 (arts. 5 y ss.) y otras normas complementarias (Orden
HAP/2662/2012, de 13 de diciembre) se entretienen en regular los diversos aspectos de este tributo:
base imponible, cuota tributaria, autoliquidación y pago de la tasa, bonificaciones, etc. De todo esto,
basta aquí con saber, por un lado, que el importe a pagar en concepto de tasa judicial viene dado por
una cantidad fija determinada en atención, entre otros factores, al tipo de proceso (por ej., 150 euros en
el juicio verbal, 300 euros en el juicio ordinario...); por otro lado, que a todo escrito procesal gravado
con esta tasa deberá acompañarse por el sujeto pasivo el justificante del pago de la misma (previa
autoliquidación e ingreso del tributo en el Tesoro Público), pues de lo contrario –y aparte de la infracción
tributaria que supone la falta de liquidación o de pago de la tasa– el letrado de la Administración de
Justicia no dará curso al escrito de que se trate, salvo que el defecto sea subsanado en el plazo de diez
días.
Actualmente –y desde la Ley 37/2011, de 10 de octubre, de medidas de agilización
procesal– es indudable que las tasas judiciales son costas del proceso (nuevo ordinal 7º
del art. 241.1, párr. 2º LEC, añadido a ésta por aquella Ley), al tratarse de un gasto
necesario para litigar; y, en consecuencia, el importe abonado por una parte –persona
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jurídica– en concepto de tasa podrá repercutirse a la parte contraria cuando ésta resulte
condenada al pago de todas las costas.

III. LA CONDENA EN COSTAS


1. CONCEPTO Y SISTEMAS POSIBLES
La condena en costas (regulada en los arts. 394 y ss. LEC) es un pronunciamiento
judicial por el que se impone expresamente a una de las partes el deber de pagar todas las
costas del proceso, es decir, las causadas tanto a su instancia como a instancia de la otra
parte.
Acerca de esta condena hay que hacer, para que se entienda bien su significado, las
precisiones siguientes:
— la condena en costas es impuesta por el tribunal, incluso de oficio, en la
resolución que pone fin al proceso en cada una de sus instancias o recursos (también en
la que decide un incidente o sobre la tutela cautelar);
— puesto que, como hemos visto, cada parte paga sus costas a medida que se
van produciendo, de la condena en costas nace un derecho de la parte favorecida por ella
a que la otra –la parte que ha sido condenada– le reembolse su importe;
— la resolución judicial que condena en costas no fija la cuantía de las mismas,
para lo que será necesario –salvo que las partes lleguen a un acuerdo– acudir al trámite
de la tasación de costas, que se practica por el letrado de la Administración de Justicia
(arts. 242 y ss. LEC); y una vez tasadas las costas, se procederá a su exacción o
satisfacción forzosa por el procedimiento de apremio (de la tasación y exacción de las
costas nos ocuparemos en el ap. IV de esta lección).
Entre los diversos sistemas o criterios posibles sobre condena en costas (que
básicamente son dos: el objetivo o del vencimiento y el subjetivo o de la temeridad o mala
fe), nuestra Ley sigue, como criterio general, el objetivo o del vencimiento, que consiste
en que el litigante vencido ha de hacerse cargo de todas las costas procesales o, dicho de
forma más expresiva, paga las costas quien pierde el proceso.
Este sistema, que es el adoptado también por la mayoría de las legislaciones extranjeras, se basa
en la consideración de las costas procesales como una disminución del derecho del vencedor que ha de
reembolsarse juntamente con el derecho declarado a favor del mismo: porque, como decía
CHIOVENDA, “la necesidad de servirse del proceso para obtener la razón, no debe volverse en contra
de quien tiene la razón”. Se trata con ello, en definitiva, de asegurar la indemnidad del litigante
vencedor, garantizar que la parte que vea estimadas sus pretensiones no sufra perjuicio económico
alguno derivado del proceso.
El sistema subjetivo consiste, en cambio, en imponer las costas a quien haya litigado con
temeridad o mala fe –de manera culposa o dolosa–, a pesar de ser sus pretensiones inconsistentes o
infundadas. Como se verá, la LEC, si bien hay en ella un claro predominio del sistema objetivo, también
recoge este otro sistema de imposición de las costas procesales.

2. REGLAS DE IMPOSICIÓN
Sentado lo anterior, vamos exponer, esquemáticamente, las diversas reglas de
imposición –o no– de costas previstas en los arts. 394 a 398 LEC, distinguiendo, tal como
hace la Ley en estos preceptos, entre las costas de la primera instancia y las de los recursos
en los procesos declarativos (para la imposición de costas en los procesos de ejecución
la LEC establece otras reglas, que serán estudiadas en 4º curso).
A) Costas de la primera instancia
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a) Reglas generales y excepciones o matizaciones a las mismas (art. 394 LEC)


— En caso de vencimiento total: las costas se imponen a la parte que ha visto
rechazadas todas sus “pretensiones” (este término debe entenderse aquí en sentido no
estricto, como equivalente a petición o reclamación de cualquiera de las partes).
Téngase en cuenta que la jurisprudencia, apelando a la equidad, ha interpretado esta regla en el
sentido de que existe vencimiento total también cuando el tribunal estima sustancialmente las
pretensiones de una parte, es decir, si hay una leve diferencia entre lo pedido por ésta y lo concedido
por aquél, un “cuasi-vencimiento”: vid., así y entre otras, STS (Sala de lo Civil, Sec. 1ª) de 12 de febrero
de 2008.
Pero, a pesar del vencimiento total y como excepción a dicha regla, no se impondrán
las costas a la parte vencida cuando el tribunal aprecie que el caso presentaba serias dudas
de hecho o de Derecho (atendiendo para ello a la jurisprudencia recaída en supuestos
similares).
Si ha habido vencimiento total, se establece, además, un límite cuantitativo a la condena en
costas: el litigante vencido sólo está obligado a pagar, de la parte correspondiente a los abogados y
demás profesionales que no estén sujetos a tarifa o arancel, una cantidad que no exceda de un tercio de
la cuantía del proceso. No obstante, cuando el tribunal declare la “temeridad” del litigante condenado
en costas (es decir, cuando este litigante haya tenido una actuación procesal culposa o negligente), no
se aplicará esa limitación.
— En caso de vencimiento mutuo o parcial: cada parte abona las costas causadas
a su instancia y, en su caso, la mitad de las comunes (nótese que, en realidad, no existe
aquí condena en costas para ninguno de los litigantes, sino que éstas se compensan entre
ellos).
Esto será así excepto cuando el tribunal crea que hay motivos para imponer las
costas a una de las partes, por haber litigado con temeridad.
— No imposición de costas al M. Fiscal en ningún caso: en los procesos civiles
en que intervenga como parte (básicamente, los procesos especiales a que se refiere el tít.
I del libro IV de la LEC: vid. art. 749), el fiscal nunca será condenado en costas.
b) Reglas particulares para los casos de allanamiento y desistimiento (arts. 395 y
396 LEC)
— En caso de allanamiento del demandado: la Ley distingue entre: 1º) si el
allanamiento se produce tras la contestación a la demanda, se aplica la regla general antes
referida de la condena en costas al vencido; y 2º) si el allanamiento se ha producido antes
de contestar a la demanda, se premia al demandado con la no imposición de las costas,
salvo que el tribunal aprecie “mala fe” –esto es, una actuación dolosa– en dicho
demandado (y prevé la Ley tres situaciones en las que se entenderá que, en todo caso,
existe esa mala fe por parte del demandado que se allana: vid. párr. 2º del art. 395.1 LEC).
— En caso de desistimiento del actor: de nuevo es preciso distinguir entre: 1º) si
el desistimiento no ha de ser consentido por el demandado (vid. art. 20.2 LEC), se condena
en costas al actor; y 2º) si el desistimiento debe consentirse por el demandado (vid. art.
20.3 LEC) y éste efectivamente lo consiente, no se condena en costas a ninguna de las
partes.
B) Costas en los recursos de apelación, extraordinario por infracción procesal
y de casación
— En caso de desestimación total del recurso: rige en cuanto a las costas del
recurso la regla general del vencimiento establecida para la primera instancia, es decir, el
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litigante (recurrente) vencido, que haya visto rechazadas todas sus pretensiones de
impugnación de la resolución recurrida, será condenado en costas (art. 398.1 LEC).
— En caso de estimación total o parcial del recurso: no se condenará en las costas
del recurso a ninguno de los litigantes (ap. 2 del mismo art. 398 LEC).
Adviértase que cuando el recurso sea totalmente estimado, la parte perdedora no será condenada
al pago de las costas del mismo, por la sencilla razón de que contaba con una sentencia anterior que le
era favorable, de modo que su oposición al recurso tenía pleno sentido.

IV. TASACIÓN Y EXACCIÓN DE LAS COSTAS


1. La tasación de costas (arts. 242 a 246 LEC) es un trámite contingente, que sólo
tiene lugar cuando, una vez firme la resolución en que se impone la condena en costas, la
parte condenada no las satisface voluntariamente. Consiste dicha tasación en la
determinación de la cantidad exacta que el condenado ha de reembolsar a la parte
contraria en concepto de costas procesales; es, por lo tanto, una operación contable, de
cuantificación o liquidación de las costas. Y se practica, a instancia de parte, por el letrado
del tribunal que haya conocido del proceso o recurso (art. 243.1 LEC).
El procedimiento especial que la Ley prevé para ello comienza con una solicitud de
la parte favorecida por la condena en costas dirigida al LAJ competente, acompañando
los justificantes de haber satisfecho la parte las cantidades cuyo reembolso reclama.
Además, los abogados, procuradores, peritos y demás personas que hayan intervenido en
el proceso y cuyos derechos u honorarios no se hayan satisfecho aún, pueden presentar
minuta detallada de estos derechos u honorarios para que sean incluidos en la tasación de
costas (art. 242, aps. 2 y 3 LEC).
A la vista de todo eso, el LAJ practicará la tasación, incluyendo en ella todas
aquellas partidas de gastos que formen parte de las costas con arreglo al art. 241.1, párr.
2º LEC. En la tasación no se incluirán, sin embargo, las partidas que señala el art. 243,
aps. 2 y 3 LEC: derechos correspondientes a escritos y actuaciones que sean inútiles,
superfluas o no autorizadas por la ley; partidas de las minutas que no se expresen
detalladamente o que se refieran a honorarios que no se hayan devengado en el pleito;
derechos de los procuradores devengados por la realización de los actos procesales de
comunicación, cooperación y auxilio a la Justicia, así como de las demás actuaciones
meramente facultativas, que hubieran podido ser practicadas en otro caso por las oficinas
judiciales; etc. Además, si en virtud de la regla general del art. 394.1 LEC las costas se
han impuesto al litigante vencido, el LAJ reducirá el importe de los honorarios de
abogados y demás profesionales no sujetos a tarifa o arancel cuando los reclamados por
éstos superen el límite a que se refiere el ap. 3 del mismo artículo (la tercera parte de la
cuantía del proceso) (art. 243.2, párr. 3º LEC).
Hecha ya la tasación de costas, el LAJ dará traslado de ella a las partes por un plazo común de
diez días (desde este momento no se admitirá la inclusión o adición de partida alguna para su tasación).
Dentro de dicho plazo puede ocurrir:
— Que ninguna de las partes impugne la tasación, en cuyo caso el LAJ dictará un decreto
aprobándola. Contra esta resolución sólo cabe recurso de revisión (art. 244 LEC).
— Que la tasación sea impugnada, bien por la parte condenada en costas (basándose en la
inclusión de partidas de gastos indebidas o de honorarios profesionales excesivos), bien por la parte
favorecida por la condena (basándose en la exclusión total o parcial de partidas de gastos reclamados y
debidamente justificados). En ambos casos, en el escrito de impugnación deben mencionarse las partidas
concretas a que se refiere la discrepancia y las razones de ésta, inadmitiéndose la impugnación de lo
contrario (art. 245 LEC).
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La tramitación de la impugnación de la tasación es distinta según se base ésta en la indebida


inclusión o exclusión de ciertas partidas de gastos o en ser excesivos los honorarios de abogados o
peritos (vid. art. 246 LEC); pero en todo caso la impugnación será resuelta mediante decreto del LAJ,
manteniendo la tasación efectuada o 66 introduciendo en ella las modificaciones oportunas. Contra este
decreto cabe únicamente recurso de revisión (aps. 3 y 4 de dicho art. 246 LEC).
2. Una vez que sea firme la tasación de costas, si el condenado sigue negándose a
pagarlas de forma voluntaria, se procederá a la exacción de las costas, es decir, a su cobro
inmediato por el procedimiento de apremio –embargo y enajenación de los bienes del
condenado–, con base en la resolución del LAJ que aprueba la tasación (título ejecutivo
en virtud del art. 517.2.9º en relación con el art. 242.1 LEC). Se seguirán a tal fin los
trámites previstos en la LEC para la ejecución dineraria (arts. 571 y ss.).

V. LA ASISTENCIA JURÍDICA GRATUITA (remisión)


En términos generales, no habrán de pagar gastos y costas del proceso quienes,
por no tener medios económicos suficientes, gocen del derecho a la asistencia jurídica
gratuita (antes llamado “beneficio de pobreza”). En tal caso, estos gastos se sufragarán
con fondos públicos, concretamente con cargo a las dotaciones presupuestarias del
Ministerio de Justicia.
En efecto, a fin de asegurar a todas las personas, incluso a aquéllas que carezcan de
recursos, el acceso a la tutela judicial efectiva (art. 24 CE), la propia CE establece en el
art. 119 que “la justicia será gratuita cuando así lo disponga la ley, y en todo caso respecto
de quienes acrediten insuficiencia de recursos para litigar”. Esta previsión constitucional,
tras recogerse en la LOPJ (art. 20, cuyo ap. 2 remite la regulación del tema a la ley
ordinaria), ha sido desarrollada por la Ley 1/1996, de 10 de enero, de Asistencia Jurídica
Gratuita (LAJG, modificada por Ley 42/2015, de 5 de octubre, de reforma de la LEC) y
por el RD 996/2003, de 25 de julio, por el que se aprueba el Reglamento de Asistencia
Jurídica Gratuita (RAJG, modificado por RD 1455/2005, de 2 de diciembre).
La LAJG tiene por objeto, según su E. de M., “regular un sistema de justicia gratuita que permita
a los ciudadanos que acrediten insuficiencia de recursos para litigar, proveerse de los profesionales
necesarios para acceder a la tutela judicial efectiva y ver adecuadamente defendidos sus derechos e
intereses legítimos”. Por lo que se refiere a su ámbito objetivo, dicha Ley es aplicable a “todo tipo de
procesos judiciales, ... así como al asesoramiento previo al proceso ...” (art. 1, párr. 3º LAJG).
Como ha señalado la doctrina (GÓMEZ COLOMER), la asistencia jurídica gratuita
tiene dos componentes claramente diferenciados: por un lado, el derecho a tal asistencia
(ámbito subjetivo, requisitos, contenido, etc.); por otro, el procedimiento para su
concesión. La LAJG se ocupa de ambos componentes: del primero en su cap. I, que lleva
por título “derecho a la asistencia jurídica gratuita” (arts. 2 y ss.); y del segundo en su
cap. II, titulado “competencia y procedimiento para el reconocimiento del derecho a la
asistencia jurídica gratuita” (arts. 9 y ss.). A todo esto ya se hizo referencia, de manera
breve y genérica –para cualquier clase de proceso– pero suficiente, en el ap. IV de la
lección 9ª de las Lecciones de Derecho Procesal. Introducción de TAPIA FERNÁNDEZ,
por lo que nos remitimos a lo dicho allí.

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