The Mane Attraction (Pride 3) - Shelly Laurenston
The Mane Attraction (Pride 3) - Shelly Laurenston
La Melena Atractiva
Pride 3
SHELLY LAURENSTON
LA MELENA
ATRACTIVA
Pride 3
Shelly Laurenston
La Melena Atractiva
Pride 3
Para Madre
No me di cuenta cuanto de Sissy Mae realmente tenías.
Una encantadora señora sureña que amaba los coches rápidos,
los perezosos días de verano y los machos alfa. Te extraño más de lo que nunca
sabrás, pero se me ocurrió mientras escribía este libro que todavía estás conmigo
todos los días.
Shelly Laurenston
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ARGUMENTO
La Melena Atractiva
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Capítulo 1
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Por supuesto, eso fue antes de que ella se pusiera ese maldito vestido. Ahora él
estaba todo distraído y caliente, y Sissy no tenía a nadie a quien culpar sino a sí
misma y a su culo grande.
—¿Has dicho que mi culo estaba hablando contigo?
—Sí.
Había hablado con él durante toda la ceremonia y ahora mientras ellos estaban
siendo obligados a tomarse fotografías bajo el ardiente sol del mediodía de Long
Island, Nueva York. Una cosa tan simple como sacar fotos se había convertido en una
buena hora para que Mitch clavara los ojos en su culo un poco más.
Todo el evento estaba realmente fuera de control. Una enorme boda para dos
personas a las que el matrimonio no les podría importar menos. Había quince
personas al lado del novio y quince al lado de la novia, una interesante mezcla de
machos y hembras—y especies. Caninos y felinos integrados. Quizás no de manera
feliz, pero si cortés. Sissy estaba de pie con su hermano, y Mitch había terminado en
el lado de la novia.
Lo había tomado por sorpresa cuando la novia se lo había pedido. ¿Por qué ella lo
querría en su boda? Y eso era exactamente lo que él le había preguntado. Ella le había
sonreído, esos grandes ojos marrones de perra salvaje de ella haciéndole sentir todo
protector con la hembra, y entonces ella le había dicho:
—Porque, tío, tú eres nuestro rey del karaoke, y te adoramos.
La novia era una chica extraña. Pero adorable como sólo un canino podría serlo.
Aunque realmente, ¿a cuántas bodas de cambiantes sería alguna vez invitado? A
diferencia de muchos completamente humanos, su especie mantenía sus votos una
vez que los hacían, tanto para no desperdiciar dinero en una gran boda o como para
no molestarse con todo el papeleo que, por lo general, equivalía a una completa
pérdida de tiempo. Por supuesto, encontrar cambiantes, macho y hembra, que
quisieran hacer un juramento era a menudo como arrancarse los dientes, pero una
vez atrapados, eran candidatos al largo plazo.
Por supuesto, Bobby Ray Smith, macho alfa de la manada Smith de Nueva York y
palurdo, no estaba casándose con cualquiera. Él estaba casándose con Jessica Ann
Ward, Alfa de la manada de perros salvajes Kuznetsov y una friki guapa y culta. Y
una boda como ésta no ocurría todos los días... o en milenios, para el caso. Así que
ser parte de esto era una especie de honor para Mitch. Añade que la manada de Jess
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era tan rica como Bill Gates, y tú tenías una boda a la altura de un evento de la
familia Kennedy.
De hecho, la boda estaba teniendo lugar en un verdadero castillo. Y Mitch ni
siquiera tuvo que pagar nada. Su esmoquin, zapatos, el intento de corte de cabello,
ya que le había vuelto a crecer la melena completa en menos de veinticuatro horas,
todo pagado. También habían sido reservadas habitaciones en hoteles
verdaderamente caros calle abajo. Él sabía que la comida sería estupenda, y al
parecer había una habitación llamada Salón Chocolate. El chocolate era el tema de
toda la boda, pero habría postres de todo tipo en esa habitación. También estaba el
Salón Juegos de Azar, el Salón Videojuegos, y el Canta a Pleno Pulmón para los fans
del karaoke.
Sí. A él le gustaba cómo vivían estos perros salvajes. Sabían cómo disfrutar de la
vida y no se avergonzaban cuando eran vistos persiguiendo sus colas.
Pero ahora él tenía que sobrevivir a todas estas fotos. Una tras otra con una sonrisa
tonta en la cara.
Mientras los novios se fotografiaban con los padres del novio, Sissy Mae se volvió
hacia él.
—¿Acabas de decir que mi culo estaba hablando contigo?
—Otra Vez. Está hablando conmigo otra vez.
—Otra Vez. Ya entiendo.
De pie junto a él, Sissy apoyó el hombro contra el suyo. Con esos tacones—había
estado quejándose acerca de los zapatos durante días—ella era casi tan alta como
Mitch.
—¿Y, exactamente, qué te dice mi culo?
—No lo sé. Está hablando en lenguas desconocidas.
La risa de Sissy resonó a varios kilómetros a la redonda del castillo. Pero se
desvaneció rápidamente cuando una voz espetó a su lado:
—Sissy Mae, trata de no avergonzar a tu hermano hoy. Si puedes lograrlo por una
vez siquiera.
Sí, allí estaba ese tic. Era uno casi imperceptible, justo en el rabillo de su ojo
izquierdo, y la mayoría de las personas probablemente nunca lo notarían. Pero Mitch
había estado saliendo mucho tiempo con Sissy, y había aprendido sus expresiones
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faciales, porque una cierta expresión probablemente sería la única advertencia que
tendría antes de que ella comenzara alguna mierda. Pero ese tic era nuevo y parecía
aparecer sólo cuando su madre estaba cerca.
—¿Crees que puedes hacer algo útil y ayudar a Jessica Ann a cambiarse el vestido
ahora que hemos terminado con las fotos?—continuó su madre.
—¿Por qué? ¿Ha perdido el uso de sus brazos?
Lo que daba un poco de miedo sobre la madre de Sissy era que ella no se ponía
histérica y cabreada como la mayoría de las madres que peleaban con sus hijas. En
lugar de eso, puso esa sonrisilla aterradora en su cara y se acercó hasta que estuvo a
solo centímetros de su hija.
Con voz dulce, ella dijo:
—Ve con ellas y ayuda a tu cuñada antes de que haga que desees que te hubiera
dejado en la perrera.
Sissy suspiró.
—Si existiera la más remota posibilidad de que no fuera tu hija, habría una razón
para vivir.
—Bueno, el Señor sabe que no querría darte esa chispa de esperanza.
—La llevaré—ofreció Mitch, agarrando la mano de Sissy y tirando de ella hacia la
puerta a través de la que el resto de las mujeres había pasado.
La mayoría de las veces, a Mitch le encantaba observar los conflictos familiares
desde lejos. Pero sabía cuándo dos depredadores mortales estaban poniéndose en
guardia para pelear, y si alguien le dijera que apostara a quien ganaría entre Sissy y
su madre... bueno, Mitch no lo sabría.
Sissy tenía juventud, y era rapidísima cuando quería serlo. Él había trabajado con
ella lo suficiente para conocer el daño que podía ocasionar. Especialmente si estaba
cabreada.
Pero había algo en los ojos de su madre. Algo duro y peligroso que Sissy no tenía.
Al menos no todavía. Y dado que Mitch había sido invitado a la despedida de
soltera, sentía una cierta lealtad para asegurarse de que el día de Jess siguiera siendo
perfecto. No quería que ella tuviera que preocuparse por la sangre sobre las paredes
de su precioso salón de bodas.
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* *
1
Es la versión de póker que se juega en Texas mayoritariamente.
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—No voy a regresar allá arriba. Estás pidiendo demasiado. Además, Mitch está
allá arriba. Él conseguirá que ella se mueva.
* *
Mitch sujetaba un extremo de la cuerda, y las perras salvajes el otro. Con una
pierna cruzada sobre la otra, apoyó el codo izquierdo en la rodilla y estudió sus uñas.
—¡Tirad! —Ellas lo hicieron, y Mitch no se movió.
—Señoras, ¿no sienten un poco de vergüenza por esto?
—¡No! —gritaron todas. No se sorprendió exactamente. Los perros salvajes
africanos tenían un umbral alto de vergüenza.
Jess, que no había participado esta vez en el juego de la cuerda, se sentó junto a
Mitch. Llevaba una bata de raso y no mucho más.
—¿Cómo lo estás haciendo, hermosa?
—Bien. Me alegro de que una parte haya terminado.
Él echó un vistazo a su vientre plano y le hizo su pregunta diaria desde que se
había enterado de que estaba embarazada con el hijo amado de Smitty:
—¿Y cómo está Mitch Junior?
Jess negó con la cabeza.
—Tienes que dejar de llamarla así. Smitty tendrá tu cabeza.
—Pero me encanta ver cómo su cara se pone roja. —Él miró el reloj en la pared—.
Será mejor que te vistas. Todavía hay más en tu día.
Ella puso los ojos en blanco. De lo que Mitch podría decir, Jess no había tenido
mucho que ver con la organización de esta boda, aparte de insistir en el Salón del
Karaoke y prohibir las flores verdaderas en la ceremonia o en la recepción, dado que
era violentamente alérgica. Desde las flores en las mesas al ramo de la novia, todas
eran flores falsas pero tan ingeniosamente hechas que él no lo habría sabido si
alguien no le hubiera dicho algo al respecto.
—No he visto el otro vestido. Póntelo, y veré si puedo darle el sello de aprobación
Mitch.
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—De acuerdo. —Ella miró con nostalgia la cuerda y a las perras todavía
sujetándola.
—No, Jess. No puedes jugar a la cuerda.
Ella lanzó un lindo gruñidito antes de marcharse echando humo por las orejas.
—¡Mi día, y una mierda!
* *
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* *
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* *
—¡Sissy Mae!
Sissy se apartó de la barra y se enfrentó a sus tías favoritas en el mundo. Las
hermanas de su madre, pero ella no les echaría en cara eso.
Chillando, se arrojó en sus brazos, y sus tías la abrazaron y le demostraron que no
era un completo fracaso, no importaba lo que su madre dijera.
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—Mírate, querida niña. ¡¿No eres tan bonita como un cuadro?! —exclamó su tía
Francine, la mayor de las hermanas Lewis.
—Gracias. —Su madre le había dicho que perdiera unos cuantos kilos.
—Tengo que admitir que tenía miedo de lo que las perras salvajes se inventarían
para los vestidos. Especialmente cuando vi el vestido de novia de Jessie Ann. —No es
que el vestido de la novia no fuera hermoso. Pero probablemente encajara un poco
mejor en el año 1066.
Deja a Jessie Ann ir por lo extraño.
Sissy se apartó de sus tías.
—Sin embargo, no me gusta este color en ti—le dijo Francine—. Aunque marrón
para una boda...
—No es marrón—explicó Sissy, porque lo había oído diez mil veces en los últimos
seis meses—. Es chocolate. Chocolate amargo. Setenta y dos por ciento…
—Alto. —Francine levantó la mano—. No puedo escuchar nada de eso.
Sissy se rió.
—Deja a Bobby Ray para quedar atrapado con alguien como Jessie Ann.
—¿Te ha perdonado?—le preguntó Roberta, la segunda más joven.
—Ella dice que sí, pero no le creo. Yo entro en la habitación y ella encuentra la
forma de abandonarla.
—Nadie tiene la culpa de eso excepto tú misma, Sissy Mae. — Francine nunca
dejaba a Sissy olvidar nada—. Torturaste a esa cosita de manera algo feroz.
—Tortura es una palabra dura. Exacta, pero dura—añadió.
Sissy sonrió cálidamente a su tía Darla, la más joven de las hermanas.
—¿Cómo está mi tío Eggie? Ojalá hubiera venido.
—Oh, querida, tienes mejor criterio que eso. Mi hombre no es bueno en las
multitudes. —Y Darla no era mucho mejor.
—Él probablemente está en un contenedor de basura en algún lugar de
Smithtown.
—Mejor que no—gruñó juguetonamente Darla—. Le advertí que mejor que no lo
volviera a encontrar en uno.
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2 Hablamos de estos.
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—Y supongo que tenías que subir hasta allí con esa cara bonita tuya para
comprobarlo, ¿eh?—preguntó Francine.
—Si mi amiga me necesita para hacer eso, entonces, perdón por mi crudo lenguaje,
mierda, sí. Eso es lo que haré.
Sissy se rió entre dientes y empezó a rascarse la cabeza, entonces recordó que
todavía tenía esa maldita falsa corona de flores en el pelo. Según la novia, estas cosas
eran grandes en las Hadas del Renacimiento... Sissy aún tenía problemas para asumir
el hecho de que ahora conocía gente que aceptaba de buena gana ir con esas cosas.
—No eres feliz si tu vida no está en peligro, ¿verdad?
Mitch sonrió.
—No estés celosa de mí y Jess. Tú sabes que yo te revisaría el corpiño en cualquier
momento que quisieras.
—Cállate la boca. —Ella lo agarró del brazo y lo acercó a sus tías—. Mitchell, estas
son las hermanas de mi madre. La señorita Francine, la señorita Darla, la señorita
Roberta, y la señorita Janette. Señoras, este es Mitchell Shaw, el hermano pequeño de
Brendon Shaw.
Ocupado estrechando la mano de cada tía, Mitch todavía se las arregló para
mirarla furiosamente por encima del hombro.
—¿Esa es la mejor manera en que me puedes describir? ¿Simplemente como el
hermano pequeño de Brendon Shaw? —Él suspiró con tristeza, mirando a sus tías
con tristes ojos dorados—. Sabéis que a ella le da miedo deciros la verdad, bellas
damas. Lo que ella quiere decir es Mitchell Shaw, el hombre que amo y adoro con
todo mi imprudente corazón sureño.
—Triste, ¿verdad?
Mitch de repente se encogió de miedo.
—Me tengo que ir. Chicos Reed a las diez.
—¿Qué les hiciste esta vez?
—Tomaría mucho tiempo explicarlo, pero se trata de una llamada a una preciosa
casamentera en Long Island llamada Madge que cree que los chicos Reed andan
buscando el amor. Mierda. —Mitch echó a correr, y los hermanos de Ronnie Lee
estaban justo detrás de él.
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La cena resultó mejor de lo que Sissy pensó que sería. En primer lugar, los
cambiantes importantes y de mayor edad fueron ubicados en la larga tarima en la
parte delantera del salón. Por lo general, ese espacio estaba reservado para la novia y
el novio, pero Jessie Ann había sacado entre manos alguna excusa absurda sobre la
importancia de los ancianos y la familia, y el padre de Sissy estaba todo inflado
porque Jessie había insistido en que él y Janie tenían que sentarse en el centro. En
otras palabras, eran los más importantes.
Por otra parte, tal vez ellos eran los más importantes para Jessie Ann. Había
perdido a sus padres cuando tenía sólo catorce años, y los padres de Sissy habían
cobijado a Jessie Ann de inmediato.
Aún más importante, la distribución de los asientos benefició a Sissy. En lugar de
estar atrapada con su madre durante la hora de la comida, por suerte Sissy se sentó
en la mesa con la novia y el novio, quienes mantuvieron los arrullos de felicidad
conyugal al mínimo. Mitch se sentó a su derecha, y Ronnie Lee a su izquierda, con su
compañero y medio hermano de Mitch, Brendon. Desiree MacDermot-Llewellyn se
sentó frente a ella con su compañero y mejor amigo de Smitty, Mace. El resto de la
mesa pertenecía a los amigos de Jessie Ann, Sabina, Phil, May y Danny.
El enorme salón, no sólo ostentaba mesas suficientes para todos los asistentes, sino
que incluso tenía una pista de baile en el centro. Aunque Sissy dudaba que ella
hiciera cualquier baile con alguna banda aburrida o peor aún, un DJ soso. Pero su
carne estaba sangrienta y deliciosa y la compañía era tolerable.
Aunque Sissy había sabido que iba a ser una gran boda, no se había dado cuenta
de la clase de personas que asistirían. En uno de los costados del salón estaban
algunos de los nombres más importantes en el oh-tan-aburrido universo del software
y de los ordenadores. Sissy sólo sabía eso porque Brendon los mencionó, y parecía
muy impresionado. Siendo un león, no era fácil de asombrar. Alrededor de ese grupo
de humanos había más manadas, Alfas y felinos solteros de los que Sissy jamás
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hubiera visto en un mismo sitio juntos. Algunos de ellos los reconocía debido a su
trabajo en la ciudad de Nueva York. Otros a los que nunca había visto antes, pero
que había oído acerca de ellos. Vinieron de todas partes de los Estados Unidos, desde
tan lejos como la costa oeste.
Luego estaban las manadas de perros salvajes. Perros salvajes asiáticos, dingos de
Australia, y más perros salvajes africanos de los que tú podrías amenazar con una
pelea a puñetazos. Y dado que nunca se callan—Señor, los perros podrían hablar y
hablar—, la verdad es que a Sissy le habría encantado amenazarlos.
El resto eran Smith. Ya sean parientes consanguíneos o relacionados por
emparejamiento. Habían venido desde todas partes, incluyendo Carolina del Norte y
del Sur, Alabama, Mississippi, Louisiana, Virginia, Virginia Occidental y Texas. La
única zona con poca representación era su propia casa, Smithtown.
Sissy se había enterado directamente por Sammy que no podía llegar a la boda. Él
tenía diez cachorros y una fonda que dirigía junto a su esposa, en el centro de
Smithtown. Las vacaciones para ellos eran prácticamente inexistentes. Pero Sammy
se había puesto en contacto tanto con Sissy como con Bobby Ray para avisarles y
ofrecer sus disculpas. Porque esa era la forma en que se suponía que debía ser.
Eso, sin embargo, no explicaba la ausencia de Travis, Donnie, o Jackie. Cómo su
propia familia podría tratar a su hermano así estaba más allá de la comprensión de
Sissy. Tú simplemente no lo hacías, no importa lo que sentías por una persona. La
sangre era la sangre, en la mente de Sissy, y no había nada que no haría por sus
parientes, no importa lo mucho que los odiara y quisiera destrozar sus rostros a la
primera oportunidad.
No obstante, ella se ocuparía de eso en otro momento. Pero le dejaría muy claro a
Travis cómo se sentía acerca de esto. Ella ni siquiera se molestaría con Jackie y
Donnie. De todos modos, ellos sólo hacían lo que Travis les decía.
Mitch se recostó en su asiento, con una larga pierna estirada y el brazo apoyado en
el respaldo de la silla de ella.
El hombre se veía bien en un esmoquin. Por supuesto, ella prefería los hombres en
pantalones vaqueros y una camiseta a un sofocante traje o esmoquin. Bueno, en
realidad, los prefería desnudos, pero la sociedad desaprobaba ese tipo de cosas.
Sus ojos dorados recorrieron la habitación, y ella sabía que él estaba pensando lo
que ella había estado pensando.
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* *
A Mitch le encantaba. Los perros salvajes eran lo mejor. Ellos habían escuchado
menos de seis compases de “Atomic Dog” de George Clinton antes de que todos
“gritaran de alegría” como uno solo y corrieran a la pista de baile. Incluso la novia
dejó a su flamante marido y se metió en esa pista de baile ladrando con el resto de
ellos.
Los frikis ricos se unieron, completamente concentrados. El resto de las especies,
sin embargo, daban la apariencia de estar completamente horrorizados. Los felinos
estaban asombrados ya que estaban acostumbrados a los lobos, que eran más
depredadores que torpes caninos. Los lobos estaban avergonzados por el ridículo
comportamiento canino. Los osos estaban típicamente aburridos.
—¿Por qué te sonríes?
Mitch se echó a reír ante la pregunta de Sissy.
—¡Vamos! ¿Qué tan grandioso fue eso? ¡Fue como que ese tío Encantador de Perros
entró y los congregó a todos en la pista!
Los leones y Dez se rieron. Los lobos... no tanto.
—No os larguéis cabreados—dijo él cuando ellos lo hicieron—. Estáis perdiendo
por completo el humor en esto.
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* *
Sissy agarró la mano de su hermano y lo metió en la cocina, sonriendo y
saludando cuando todo el mundo la llamaba por su nombre.
—¿Cómo conoces a estas personas?
—Nunca fuiste una persona sociable, Bobby Ray.
“Estas personas” fueron la clase de personas que ayudaron a Sissy cuando ella
más lo necesitaba. Fueron las personas que siempre estuvo segura se preocuparon
por ella cuando le prestaron un servicio o le dieron una pequeña ayuda en lo laboral.
Sissy llevó a Bobby Ray a la habitación en la que había estado sentada con su
padre y cerró la puerta detrás de ellos.
—Quería darte algo.
Su hermano cruzó los brazos sobre su amplio pecho.
—¿Otra conferencia sobre los peligros de los niños híbridos?
—¿Por qué molestarme? Tendrás que aprenderlo por ti mismo, supongo. —Ella
recogió el paquete envuelto que había dejado sobre la mesa y se lo entregó. Había
sabido que el personal dejaría el regalo allí. El chef la adoraba.
—Esto es para ti.
Bobby Ray miró el paquete en su mano.
—¿Por qué?
—Por tu boda.
—Dijiste que tener una boda era una estupidez y que el matrimonio era más
estúpido aún.
—Eso no ha cambiado. Pero dado que lo llevaste a cabo, quería darte algo.
¡Ábrelo! —Ella daba saltitos de puntillas mientras su hermano quitaba el envoltorio.
Él abrió la caja y parpadeó. Luego cerró los ojos, y su sonrisa fue lenta y cálida.
—¿Dónde encontraste esto?—le preguntó finalmente.
—Entrando en tu habitación en busca de cigarrillos. Hacía un mes, poco más o
menos, que te habías ido a la Marina.
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* *
Mitch lanzó el brazo por los hombros de su media hermana mayor y sonrió
cuando ella se tensó y apretó sus manos en puños.
Marissa Shaw era gemela de Brendon y la media hermana mayor de Mitch.
Afortunadamente, no era su única hermana. Existía Gwenie. Cinco años más joven, la
dulce e inocente Gwen nunca sería tan mezquina con Mitch. ¡Ella lo adoraba!
Rissa, sin embargo, parecía convencida de que Mitch era nada más que un
malnacido que quería robarles su vasta fortuna. Y él era tan amable con ella,
también...
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—Esos zapatos fueron una interesante elección. ¿Estaban agotados los zapatos
oficiales de payaso, y tuviste que hacer juego con las imitaciones baratas?
Marissa le frunció el ceño.
—¿No te necesitan en alguna parte? Estoy segura de que a Sissy no le importaría
que clavaras los ojos en su gran culo un poco más.
—No te pongas celosa, cariño. Estoy seguro que nadie estaría interesado en clavar
los ojos en tu gran culo.
Ella se apartó de él bruscamente.
—No dudes en permanecer lejos de mí hoy.
—Trato de permanecer lejos de ti todos los días.
—No tratas con el suficiente ahínco.
Mitch la observó alejarse.
—Te quiero, Rissa.
—Cállate.
Riendo, Mitch sacó el teléfono que vibraba de su bolsillo. Pero la risa murió
cuando reconoció el número.
* *
Sissy vio a su madre ponerse de puntillas, buscando a alguien por encima de la
multitud. Probablemente a ella. Presa del pánico, Sissy dio varios pasos hacia atrás,
pero esos malditos zapatos se torcieron debajo de ella. ¿Quién demonios pagaba
setecientos cincuenta dólares por un par de zapatos, de todos modos? ¿En qué
mundo eso estaba bien? Dale un par de botas y una chaqueta de cuero, y Sissy era
una chica feliz por mucho menos dinero.
Calculando que se caería al suelo, Sissy cerró los ojos y apretó los dientes. Y
aunque golpeó contra algo duro, no era el suelo.
Poco a poco, abrió los ojos y refrenó su sonrisa.
—Oh. Hola, Brendon.
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—Eh... hola. —Se veía tan fabulosamente horrorizado sentado en esa silla con la
mejor amiga de su compañera en su regazo que Sissy no pudo contenerse. Todas las
reglas machacadas por Bobby Ray durante las últimas semanas desaparecieron
mientras miraba al hermano mayor de Mitch.
—Supongo que esto es un poco incómodo, ¿eh?
—Bueno…
—Pero yo no podía ocultarlo más. —Ella le echó los brazos al cuello, y todo el
cuerpo masculino se tensó mientras sus ojos miraban alrededor de la habitación,
prácticamente rogándole a alguien que lo rescatara—. Tú y yo... somos perfectos
juntos, Brendon.
—¿Qué? —Sus ojos dorados se abrieron de par en par—. Eh... Sissy... espera un
segundo…
—Hablando en serio. He visto a tus hijos. Tendríamos bebés hermosos.
—¿Qué está pasando?
Pobre Brendon. No sabía si sentirse aliviado o aterrorizado cuando Ronnie Lee se
acercó a ellos.
—Finalmente le dije a Bren que era mío y estaríamos juntos para siempre.
Ronnie puso los ojos en blanco, y se apartó el cabello de la cara.
—Pensé que íbamos a discutir esto primero.
Sissy sintió el agarrotamiento muscular del gran cuerpo de león de Bren, y tuvo
que luchar duro para no soltar la carcajada.
—Soy una hembra alfa, querida. No tengo que discutir una maldita cosa contigo,
ni con nadie.
Ronnie asintió con la cabeza y carraspeó.
—Ella tiene razón. Lo siento, Bren —Ella sorbió una lágrima inexistente, Ronnie
nunca podría fingir lágrimas reales—. Espero que me recuerdes con cariño. —
Entonces escapó corriendo entre la multitud.
Ahora Sissy frunció el ceño. ¿Cómo Ronnie había aprendido a correr con esos
malditos zapatos?
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* *
—¿Estás seguro?
—Por supuesto que estoy segura—espetó Jen Chow—. ¿Crees que te diría esto si
no estuviera segura?
—No sé por qué tú te estás poniendo tan tensa. Soy yo el que tengo la recompensa
por mi cabeza.
—Realmente me gustaría que tomaras esto en serio, Detective.
—Tomo todo en serio. —Sobre todo su vida—. Pero confía en mí. Nadie que no
debería estar aquí va a entrar en esta boda. Probablemente estoy más seguro aquí que
en cualquier lugar.
—Sí. Probablemente tengas razón. Sin embargo, te quiero de regreso aquí el lunes.
Enviaré…
—Allí estaré.
—Detective…
—Dije que allí estaré.
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—¿Ah, sí? —Mitch se agachó a su lado, con los codos apoyados en las rodillas—.
Cuenta.
—Estuve torturando a Brendon de nuevo.
—¿No es eso un poco demasiado fácil, Culo de Oro?
Ella sonrió, parpadeando por la sorpresa.
—Odio ese apodo.
— Lo sé. Y, sin embargo, de alguna manera no me importa.
—Continúa con eso, y conocerás mis aspas de brazos y piernas golpeando y
pateando con furia salvaje.
—Una habilidad de combate eficaz.
—Yo creo que sí.
—Y tú torturando a mi hermano...
—Lo sé. Demasiado fácil. Y él cae en la trampa siempre. Necesito algo más para
satisfacer mis necesidades.
—¿Un reto mayor?
—Exactamente.
Él se puso de pie y le tendió la mano para que ella la tomara. Lo hizo, sus dedos
calientes contra los de él, y Mitch la ayudó a ponerse de pie.
—Vamos.
—¿Adónde?
—Tenemos un castillo lleno de cambiantes, alcohol, y un apenas contenido
instinto depredador.
—Le prometimos a Bobby Ray.
Inclinándose, él apoyó su frente contra la de ella.
—El lunes, siéntete en libertad de culparme de todo.
Un pequeño ceño frunció la frente femenina, y ella le acarició la mejilla con la
mano derecha.
—No creas que no lo haré.
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Capítulo 2
—Gracias.
—Sólo un insulto apenas velado hacia Jessie Ann. Creo que ella quedó
impresionada.
Sissy respingó.
—De hecho, no estaba tratando de insultarla. Pensé que debería mantener esto
limpio por Bobby Ray, ya que es su boda y todo eso.
—Vaya. Gracias.
—¿Me estás diciendo que mi propia madre está divulgando rumores sobre mí?
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—Porque fueron interrumpidos. Él cree que estás enamorada de él. Que quieres
sus bebés... y su seguro de vida.
Sissy agarró una copa de champán de una bandeja que pasaba, y ahí fue cuando lo
vio mirándola fijamente. Era muy lindo, aunque un poco bajo para ella. Asiático,
limpio, ordenadísimo... y muy lindo. ¿Había mencionado eso ya?
—Yo las conozco—dijo él. Sissy se dio cuenta de que el inglés no era su primera
lengua, pero su acento era impecable, y detectaba una pizca de inglés británico allí.
Él chasqueó los dedos—. ¡Te llevaste mi Lotus!
Sissy se atragantó con su champaña, y Ronnie empezó a buscar las salidas o los
agentes de policía con las órdenes de detención.
—Oh... seguro. —Hasta que ellas lo habían vendido. Ese pequeño bebé había
financiado sus siguientes seis meses en Asia.
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—Sí.
—Interesante. Sabes que estoy trabajando con él y Mace para comenzar una
división japonesa de su negocio.
—¿Lo estás? —Bobby Ray no le había dicho, probablemente porque sabía que ella
le rogaría que la dejara ir a Japón para la puesta en marcha.
Ellos iban a discutir esto cuando regresara de su luna de miel. La idea de volver a
estar en la ruta casi la mareó. No era como antes. No tenía la necesidad de escapar
durante años, sólo siendo obligada a regresar a Tennessee para las vacaciones y las
visitas culposas. Ahora vivía en una ciudad que adoraba y como Hembra Alfa de los
Smith de New York tenía una razón para volver, pero ella siempre necesitaría viajar
y Bobby Ray tenía que saber eso. Además, Ronnie Lee podía manejar a las hembras
lobo cuando Sissy no estuviera allí.
—¿Vas a esperar hasta después de la luna de miel o antes para torturar a Bobby
Ray acerca de esto?
Ronnie se echó a reír y negó con la cabeza. Sissy no sabía lo que haría sin su
compañera de ruta de siempre. Juntas, Ronnie y ella habían hecho algo de daño
importante alrededor del mundo y no tenían permitido entrar en un buen número de
países debido a ello.
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Pero Ronnie estaba con Brendon Shaw ahora y locamente enamorada de él.
Aunque a ella le encantaba viajar, no tenía la misma motivación que Sissy por volver
a hacerlo.
—Oh. —Ronnie señaló a una mujer bonita y delgada con un vestido muy sexy—.
Chicas, no creo que os hayáis conocido todavía. Gwen O'Neill, esta es Sissy Mae
Smith. Sissy, esta es la hermana pequeña de Mitch, Gwen.
¡Dios bendito! ¿Esta era la hermanita de Mitch? ¿Su “inocente” hermanita? ¿Su
“adorable y dulce” hermanita? Puede que fuera la imaginación de Sissy, pero la
mujer demasiado caliente en su vestido negro sin mangas, con un profundo escote en
la parte delantera y uno aún más profundo en la espalda, tacones de trece
centímetros, y una masa corta de rizos negros que cubrían provocativamente unos
ojos rasgados de color oro brillante, no era para nada inocente.
Según Mitch, ella era medio león. Su padre era un tigre del sur de China, lo que la
convertía en una de las raras Tigons3. Y había obtenido lo mejor de cada uno de sus
progenitores. Hermosa, con clase, y…
—Daría mi teta izquierda por echar un polvo en algún momento de este fin de
semana, pero no creo que eso vaya a suceder.
—Pensé que encontraría a alguien aquí, pero—ella miró a su alrededor con las
manos en jarra—nadie es verdaderamente prometedor. —La voz era baja y ronca.
Por teléfono, podría ser fácilmente confundida con un hombre.
3 Esto es un Tigons.
Shelly Laurenston
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Pride 3
—Aunque esta es una bonita boda, ¿eh? Aun cuando no fuéramos invitadas. Pero
Ma tomó una decisión. Ella iba a venir, y yo pensé que mejor venía para mantenerla
apartada de los problemas, ¿sabes? Un par de margaritas en mi madre, y el infierno
se desata. Pero Brendon nos hizo pasar sin ningún problema, y todo el mundo ha
sido muy amable. Excepto esa perra. —Ella resopló y miró echando fuego por los
ojos a través del bar a la hermana gemela de Brendon Shaw—. Marissa “Soy un
regalo de Dios para el universo” Shaw. Ella está tan cerca—hizo el gesto de una
pequeña cantidad con el pulgar y el dedo índice— de conseguir ácido arrojado a su
cara. No creo que ella entienda que nadie habla mierda sobre mi hermano. Me
importa un carajo quien eres. O en su caso, quién se cree que es.
Sissy se alejó físicamente, así no corría ningún peligro de siquiera echar un vistazo a
la cara de Ronnie o a su lenguaje corporal. No sería capaz de contenerse.
—Lo que me encanta es que ella actúa como si su mierda no oliera mal. Como si
yo no supiera quien es y de donde viene. Pero lo sé porque yo vengo del mismo
lugar que ella. ¿Entiendes lo que estoy diciendo?
Esperando un momento, Sissy se dio cuenta de que sí, Gwen quería una respuesta.
—Por supuesto.
—Conozco a muchas de estas perras, ellas olvidan a los machos una vez que ellos
tienen la edad suficiente para valerse por su cuenta. Pero ni mi madre ni yo
olvidamos. Es de Mitch de quien estoy hablando. Nadie se mete con él. —Una vez
más, esos ojos dorados oscuros evaluaron a Sissy—. Sabes, eres más linda de lo que
pensé. Estoy sorprendida de que él no te haya follado todavía. Pero dice que vosotros
sois amigos, aunque por qué alguien tendría a un macho como amigo está
completamente fuera de mi entendimiento. Pero tal vez sea una cosa de los lobos,
Shelly Laurenston
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Pride 3
¿no? Porque aparte de para follar o poner a punto mi coche, no veo la finalidad. Pero
bueno, esa soy yo.
—¿Todo bien por aquí? —Y él dio a Sissy una mirada de advertencia para que no
se metiera con su hermana.
—Todo está bien—le aseguró Gwen—. Deja de preocuparte por mí. —Ella deslizó
su brazo alrededor de la cintura de Mitch y apoyó la cabeza contra su pecho.
Considerando su linaje, Sissy pensaba que Gwen sería considerablemente más
grande. Al menos más alta. Pero no llegaba al metro ochenta. La mayoría de los
Smith la considerarían “diminuta”. No era de extrañar que llevara esos zapatos,
aunque Sissy no sabía cómo lograba caminar con ellos.
—Soy tu hermano mayor. Siempre me preocuparé por ti. —De repente, la mirada
de Mitch se clavó en algo en el bar, y él gruñó.
—¿Qué?
—Está mirándote.
Gwen puso los ojos en blanco, y Sissy ni siquiera se molestó en ver de quién estaba
hablando.
—Bueno—Ronnie, que amaba decir lo obvio, suspiró—, ahora ya sabes por qué no
conseguirás echar un polvo este fin de semana.
* *
Shelly Laurenston
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Pride 3
—¿Ya terminaste?
—Vale. Gracias.
—Lo único que dijo fue: “Madres a las seis en punto”, entonces ella y Ronnie
salieron corriendo. Fue... interesante.
—Tú y Ma se llevan bien. No sabes cómo sufren las personas que no se llevan bien
con sus madres.
—¿Qué?
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Pride 3
—Brendon se encargó de eso por nosotros. —Gwen sonrió—. Él siempre dijo que
si necesitamos algo lo llamáramos, así que Ma lo llamó.
—Él lo decía en serio. Si alguna vez necesitáis algo, acudid a Bren. Él siempre va a
velar por vosotras.
—Eh... de acuerdo.
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Pride 3
* *
Dez era probablemente en la única completamente humana que Sissy podría decir
con toda honestidad que confiaba. Una ruda policía, una madre increíble, y una gran
amiga, a Dez no había que tomarla a la ligera. Era una depredadora letal, como el
resto de ellos. Cuando le pidió a Sissy ser la madrina de su hijo, ella específicamente
había afirmado: “Porque sé que matarás a cualquiera que trate de hacerle daño”.
Nunca habían sido dichas palabras más verdaderas, pero el hecho de que Dez se
diera cuenta de ello y actuara en consecuencia, era lo que la distinguía de sus
congéneres más débiles.
Pero cuando se trataba de chocolate, Dez podría ser un dolor en el culo tan grande
como Jessie Ann.
—No puedo. Entiendes eso, ¿verdad? —Ella echó a andar hacia un extremo de la
mesa en forma de U—. Aquí tenemos el dulce. Chocolate con frutos secos. Con
caramelo. Con frutas.
—Dez…
Tapándose la boca con las manos, los ojos de Dez iban de un extremo de la mesa al
otro.
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Pride 3
Dios Santo.
—Cariño, sabes que te amo, pero hay una mesa de ingenuos jugando Texas Hold
‘Em, y me están llamando.
—¡No!
Dez se acercó, su plato lleno con trozos de esto y aquello de las selecciones de
chocolate disponibles.
—Desiree.
—Y todavía hay pastel de bodas. Esa cosa es de chocolate negro. Ojalá mi pastel de
boda hubiera sido así.
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Pride 3
—No puedo tener esta conversación contigo. —Sissy se volvió para alejarse.
—Estás armada, ¿verdad? —Dez conservaba su arma de servicio con ella en todo
momento. Incluso llevó una pequeña pistola en su propia boda. Sip. Una
depredadora completamente humana.
—Maldita sea. —Allá se iba la potencial paliza que Sissy había estado lista para
darle.
* *
Mitch estaba sentado solo en una mesa grande y picoteaba su rebanada de pastel
de bodas. No era que el pastel no fuera delicioso. Lo era. De hecho, la torta no era de
chocolate; era de chocolate amargo con setenta y dos por ciento de cacao. Lo sabía
porque la novia lo había anunciado antes de cortar el pastel y un “ohhhh” colectivo
había venido de los perros salvajes… y de Dez. Para Mitch, el chocolate era
chocolate.
Nah. No era el pastel. Era él. Su familia tenía razón. Estaba adelgazando. No tenía
hambre en estos días. Debía ser que el miedo generalizado a la muerte le había
jodido el apetito.
Lo había hecho, ¿cómo? Cinco años atrás, cuando él había usado sus viejas
conexiones del instituto para abrirse paso en la banda O'Farrell. Su departamento lo
había hecho aparecer como un policía corrupto, y su antigua historia de ser la estrella
de fútbol del instituto había aceitado los engranajes.
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Pero después de todo ese trabajo y de ese riesgo, en su mayor parte, no sirvió para
nada. Casi todos los cargos contra la banda O'Farrell habían caído después de más
disputas legales de lo que parecía posible. De hecho, toda esta situación debería
terminarse ahora. A excepción del único cargo que no desaparecería. Lo que había
jodido la tapadera de Mitch, eso que no se atrevía a decirle a su familia, y que todavía
le daba pesadillas.
Sissy se dejó caer en el asiento vacío junto a él, deshaciéndose de sus zapatos y
pateándolos. De una manera extraña, su mera presencia lo tranquilizaba. Él nunca lo
había notado antes.
Girando la silla, Sissy puso sus pies en su regazo, ignorando el hecho de que él
todavía estaba comiendo... o en este caso, picoteando.
Ella levantó un poco el pie y lo volvió a bajar sobre la ingle, haciéndolo gruñir.
—Frótalos— le ordenó.
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—Hasta ahora, todo bien. La he evitado. Si ella está en un lado del piso, me
aseguro de estar en el otro. Si empieza a mirar por encima de la multitud como si
estuviera tratando de encontrarme, corro como que estoy compitiendo por el oro
olímpico.
—Sí. Ese es mi plan. Y ya que insistes en que matar a tus padres es equivocado,
realmente no tengo ninguna otra opción.
—Buen argumento. Ya casi termina, sin embargo. Unas pocas horas más de
música New Wave y malvados perros salvajes bailando, y todo esto será un recuerdo
lejano.
—Pero es exuberante.
—Tengo que decir, Sissy, que pensaba que tenías algunos hermanos más. —Sissy
siguió la mirada de él a Smitty, que estaba parado hablando con uno de sus primos
que se había molestado en asistir, él había venido de Smithville o Smithburg... alguno
de los lugares Smith de los que aparentemente Estados Unidos estaba repleto.
Parecía que muchos de los familiares de la ciudad natal de Smitty estaban
lamentablemente ausentes.
—Por desgracia, tengo más hermanos, pero no saben comportarse bien. —Ella
suspiró—. Eso no es correcto. Sammy tiene diez crías y una fonda que dirigen él y su
compañera. Pero Travis Ray y Donnie Ray podría haber cerrado el garaje durante
unos días. Y lo último que oí, los asesores fiscales no son dramáticamente necesarios
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Pride 3
a mediados de junio, así que creo que Jackie Ray podría haber cerrado su pequeño
pedazo de mierda de oficina por un fin de semana.
—Porque son unos bastardos. Porque piensan que esto es estúpido. Porque
cuando padre no está, Travis quiere pensar que está a cargo. Y, lo más importante,
porque es la temporada de fútbol.
Mitch frunció el ceño. Amaba la mayoría de los deportes, pero el fútbol era su
verdadera pasión.
—Seh, bueno...
—Si pero…
—Ella lo hizo.
—Lo estás—bromeó, amando como la obligaba a sonreír con las cosas más tontas
que la mayoría de las mujeres no encontraron ni remotamente divertidas—.
Simplemente no le has hecho frente todavía. Insolente sirena.
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—Lo era.
—Se llama ser un tío raro. —Su cuerpo se tensó de repente—. ¿Es ella?
Mitch se echó a reír mientras Sissy hacía señas a uno de los camareros.
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—¿Vas a preguntarme?
—Cerveza.
—Bud.
—No te deten…
—Sissy Mae Smith—le ordenó—. Actúa como si tuvieras algo de sentido común.
Mitch mantuvo el agarre sobre los pies de Sissy, asustado de que ella se levantara
y se metiera en una verdadera pelea de perros con su madre.
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Pride 3
Tan rápidamente como ella se enfureció, Janie Mae se calmó. Ella besó a Mitch en
la frente.
Era extraño como la madre de Sissy había visto a Mitch varias veces durante el
día, pero esta era la primera vez que lo había saludado... y sin duda la primera vez
que lo había besado. Él tuvo la clara sensación de que estaba siendo utilizado aquí.
No es que le importara. A él, en realidad, le gusta la Loba loca. Por supuesto, no de la
misma manera en que le gustaba su hija.
—Hola, señorita Janie. —Todo el mundo la llamaba señorita Janie, y Mitch tenía
miedo de llamarla cualquier otra cosa.
Mitch parpadeó.
—¿Sí? —Incluso él tenía que admitir que su madre no era una mujer fácil con
quien llevarse bien. Era fuerte, guarra y ruda. Pero eso no significaba nada para
Mitch porque la mujer lo asombraba. Su sueño siempre había sido ser dueña de un
salón de alta gama, pero la manada no pagaría por eso. Ellos, sin embargo, pagaron
para que fuera a la escuela de enfermería. Ella terminó siendo enfermera durante
años, aportando dinero y tomando clases de estilista en su tiempo libre. Le tomó
años, pero al final, abrió su propio local y ahora tenía tres en el área de Filadelfia.
Con sus agallas y determinación, había hecho escalar a la manada O´Neill en los
rankings y le había ofrecido a Mitch más de una vez formar parte de la manada.
—Es encantadora. Estoy planeando una gran fiesta de fin de verano en agosto, y la
invité, a ella y esa hermosa hermanita tuya. Quiero que tú vengas también. ¿De
acuerdo?
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—Oh, no. —La señorita Janie negó con la cabeza—. La tendremos aquí en alguna
parte. Dios mío, hijo, yo nunca te llevaría a Smithtown. —Ella le sujetó la cara con
una mano, los dedos largos a ambos lados de ésta y apretó hasta que sus labios
formaron un puchero. Su madre solía hacer lo mismo. ¿Era un instinto maternal
como la lactancia materna?—. Esta cara es simplemente demasiado hermosa para
que se arruine de esa manera.
Cuando miró a Sissy, ella lo estaba mirando fieramente como si de alguna manera
la hubiera traicionado.
—¿Qué?
* *
¿Como hacía eso? Sissy tenía treinta y un años, y su madre todavía tenía una
forma de hacerla sentirse como una niña de doce años. Toda la planificación de la
boda había sido en cierto modo divertido hasta que su madre prácticamente se había
mudado a Nueva York para los preparativos finales. Durante un mes, había tenido
que tolerar a esta mujer todos los días. Y diariamente, Bobby Ray había tenido que
disuadirla de tomar el primer avión a Japón, Australia o dondequiera que su madre
no estuviera… y le permitieran entrar legalmente.
No es que ella no amara a su madre. La amaba. ¿Pero tenía que hacer que Sissy se
viera y se sintiera tan pequeña? ¿Y tenía que hacerlo delante de Mitch? Es cierto que
hacerlo delante de cualquier hombre era mezquino, pero frente a Mitch, era
particularmente malo en lo que a Sissy se refería.
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Pride 3
—¿Qué te pasa?
—Mitchell…
Sissy pasó el dedo por encima del tatuaje de Mitch. Un trébol verde de diez
centímetros.
—¿Bailes Go-go? —Sissy había bailado con éxito sólo dos bailes, y ambos habían
sido canciones lentas. ¡No era que ella no pudiera bailar, pero vamos! ¿Go-go? ¿Estos
perros salvajes no tenían música del siglo XXI? ¿O incluso de los años noventa?
Una vez en la pista de baile, ella vio con horror como Mitch hacía algo que algunas
personas—nadie que ella conociera, por supuesto—, llamarían bailar.
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Pride 3
Mitch se detuvo, volviendo a mirar a todos los perros salvajes bailando. Incluso la
novia estaba haciendo pogo5 como si estuviera en un baile de graduación de 1985.
* *
—¿Qué?
Desde el balcón con vistas a la pista de baile, Bren observaba con esa intensa
mirada suya. Él siempre lucía como si estuviera clasificando los problemas del
mundo. Finalmente, respondió:
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Pride 3
—Y Marissa…
—Le toma un poco más de tiempo entrar en confianza con las personas—explicó
Brendon sobre su gemela.
—Gwen está pensando en venir aquí para una visita de un par de meses. Tal vez
ella pue…
Mitch abrió la boca para decir algo, y Bren interrumpió, prácticamente gruñendo:
—Me gustaría que dejaras de tomar literalmente lo que algunas personas te dicen.
Además, los hoteles son tan tuyos como nuestros, y si quieres alojar huéspedes en la
suite del ático que vale diez mil dólares la noche, es decisión tuya. —Bren tomó un
sorbo de cerveza. A diferencia de Mitch, él se decantaba por una de esas cervezas de
botellas oscuras—. Además, Mitch, Gwen es familia.
—Tu hermana es mi hermana, imbécil. Si alguna vez necesita algo, lo único que
tiene que hacer es pedirlo.
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Pride 3
Mitch asintió y sintió que el alivio se precipitaba por él. Había estado preocupado
por quién cuidaría de Gwen si—cuando— algo le sucediera. Saber que Brendon lo
haría por él, hizo que Mitch se sintiera más aliviado de lo que podría decir.
—Gracias, hermano.
Y Mitch sonrió.
* *
—Por las buenas amigas, los buenos momentos, y la esperanza de que nunca
tengamos que hacer esto de nuevo.
Ronnie se echó a reír mientras chocaban sus vasos, luego se bebieron el tequila de
un solo trago. Sissy en cierto modo se estremeció. Maldita sea, era buen tequila. Pero
no más. No esta noche. Tanto como podría desear emborracharse así podría ahogar
por completo las críticas sin fin proviniendo de su madre, Sissy se había prometido…
—¿Por qué bebes eso?—espetó su madre detrás de ella—. Sabes que no puedes
manejarlo.
—Mi esperanza es que me haga ciega a ti todavía estando aquí. —Sissy hizo señas
al camarero por otro chupito, y ella ni siquiera tenía que mirar para saber que Ronnie
había hecho una huida desesperada. No es que la culpara. Ronnie tenía su propia
madre con quien tratar—. Todavía te vas mañana, ¿verdad, madre?
Con una copa de champán en la mano, Janie Mae Lewis se apoyó contra la barra.
Su madre nunca tuvo que intentar verse aterradora. Simplemente lo era. Mientras que
al mismo tiempo, lucía agradable. Nadie jamás había tildado a Sissy de ser
agradable... nunca. En su aspecto, ella se parecía a la familia de su padre. El cabello
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Pride 3
oscuro, los ojos de color marrón claro, a diferencia de los de color ámbar de su
madre, y una mandíbula cuadrada.
Las otras hermanas Lewis no eran ni de cerca de aspecto duro, ni irritaban hasta el
último nervio de Sissy de la forma en que su madre lo hacía.
—Estoy segura de en alguna parte de allí, has escondido un cumplido. Así que
gracias por eso.
—Sólo quiero que seas feliz, Sissy Mae. —Y Sissy se sintió muy orgullosa cuando
se guardó ese resoplido para sí misma—. Y no serás feliz si sigues ahuyentando a
todos los machos que se cruzan por tu camino. Quiero decir, mira lo feliz que está tu
hermano. Y Jessie Ann ya está embarazada. Así que estarán felices con un aluvión de
niños, y tú serás la tía favorita de sus cachorros. Los puedes visitar durante las
vacaciones, y tal vez sus perros dormirán sobre tus pies por la noche.
—Oh, cariño, lo siento. —La leona había echado un poco de champán en el vestido
de Sissy y estaba limpiándolo desesperadamente—. Lo siento mucho. Déjame
ayudarte a limpiarlo. —Ella sonrió a Janie Mae—. Lo juro, soy un culo tan torpe,
Janie. Déjame limpiarla. Regresaremos enseguida. —Entonces ella estaba sacando a
rastras a Sissy del salón de baile y entrando en la oscuridad, hasta que se detuvo en
un banco de mármol.
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Pride 3
Sissy lo hizo, y fue cuando sintió la oleada de pura rabia inundarla. Si esta leona
no la hubiera apartado, Sissy habría roto la promesa a su padre—y posiblemente,
hubiera terminado yendo a la cárcel por la noche—, y ella nunca se lo habría
perdonado.
¿Cómo sabía que había un zumbido en sus oídos? Porque allí definitivamente
estaba zumbando.
Después de unos buenos diez minutos, poco más o menos, Sissy finalmente se
sintió lo suficientemente fuerte como para sentarse derecha. La leona se sentó junto a
ella, fumando un Marlboro Light, y Sissy consiguió una buena mirada de ella.
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—Ten.
Dándose cuenta de que ella tenía razón, Sissy tomó un cigarrillo del paquete y
dejó que Roxy se lo encendiera con su encendedor de oro.
La madre de Mitch era hermosa, pero había un salvajismo en ella que hizo que
Sissy se encariñara con ella al instante. Nada de esa mierda de leona engreída que
había visto de las Llewellyn y de las manadas de la Costa Este asistiendo a la boda.
Esta mujer era sin clase y sin gusto, y Sissy supo en ese instante que la adoraba.
—Tengo que decir, bebita, que mi muchacho habla de ti todo el tiempo. Pero la
conversación es definitivamente extraña. —Se volvió un poco y miró a Sissy—.
¿Realmente te dio unos calzoncillos el otro día?
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Sissy rió, recordando su pelea durante la cena de ensayo. Ella pensó que su madre
iba a tener una apoplejía de tan avergonzada que estaba.
—Así que tú y mi hijo... eh... —Ella movió sus cejas perfectamente depiladas, y
Sissy se rió más fuerte.
—Dios, no.
—¿Por qué diablos no? ¿Mi hijo no es lo suficientemente bueno para ti?
—Señorita O'Neill…
—Roxy.
—Roxy, confíe en mí cuando digo que hay pocos Smith que puedan acusar a
alguien de no ser lo suficientemente bueno para ellos. Pero somos compinches.
Amigos.
¿Mitchy?
—Lo amo más de lo que cualquier mujer puede amar a su hijo. Aunque su padre y
yo, bueno... digamos que era más sobre la obligación con la manada que cualquier
gran historia de amor. Pero con mi bonita Gwen... su padre y yo... —Entonces ella
ronroneó. Bromas aparte. Ella ronroneó.
—Déjame decir que nunca he tenido algo así antes, ni después. Gwenie es mi hija
natural. Y eso es lo que tú quieres. Alguien que te haga sentirte de esa manera.
—¿Qué pasó con el padre de Gwen? —Sissy sabía que algo debió haber sucedido
porque Roxy hablaba de él en pasado. Y ella no tenía ni idea de cómo Mitch la hacía
sentir, y Sissy estaba bien con eso. No acostumbraba a analizarlo todo. Ese nunca
había sido su estilo.
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Pride 3
Roxy encogió sus hombros que se veían fuertes y poderosos. Típico felino del
pantano y probablemente por eso Roxy no parecía tener miedo de nadie. ¿Por qué lo
tendrías cuando estás construida como un tanque?
—Además, tú no quieres tener que acabar con tu propia madre así podrías estar a
cargo.
—Podría.
—Pero hasta que sientes cabeza, hasta que tengas una pareja y tu pareja sea de
algún lugar fuera de Smithtown, ella siempre estará preocupada de que puedas
regresar. Para siempre. Cuando conoces a alguien tan fuerte como tú, tienes que
encontrar otras maneras de mantener el control.
Sissy congeló.
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—La mirada, cuando alguien menciona tener hijos a alguien que quiere tenerlos,
tú ves todo tipo de anhelos y mierdas en sus ojos. ¿Sabes lo que vi en tus ojos cuando
tu madre mencionó a los niños? Impaciencia.
Sissy se rió tan fuerte que empezó a toser, y Roxy asintió con la cabeza.
—Me lo imaginaba.
—Detente. —Sissy empujó el hombro de granito de Roxy con una risita—. Por
favor detente. ¿Y no deberías estar tratando de engancharlo con una bonita hembra
de la manada o una humana? Creía que la mayoría de los felinos preferían ver a sus
cachorros con un humano en vez de con un canino.
—Quiero que mi Mitchy sea feliz, y él no sería feliz con nadie de la manada. Y es
demasiado bondadoso para estar alrededor de otros felinos. — Sacó otro cigarrillo y
su rostro se puso serio—. Me preocupo por él, sin embargo. No está durmiendo. O
comiendo lo suficiente. Lo sé muy bien.
—Eso es por ese juicio que se avecina y todo lo relacionado. Y ahora hay una
recompensa por su cabeza.
Con las piernas cruzadas y los ojos clavados en el cielo, Roxy frunció los labios.
— Él ha tenido una recompensa por su cabeza. Por eso es que vino a Nueva York,
¿verdad? ¿Varios de los grandes?
—¿Cómo lo sabes?
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—Él es mi mejor amigo, Roxy. Junto a Ronnie Lee. Así que por supuesto que lo
voy a extrañar.
Esa mirada dorada observó a Sissy durante mucho tiempo, y cuando Roxy se
movió, Sissy se preparó, esperando ser golpeada. En lugar de eso, Roxy la besó en la
frente. Casi en el mismo lugar donde su padre lo había hecho. ¿Qué estaba pasando
con todo el mundo? ¿Era la boda? ¿Afectaba a las personas de la manera en que lo
hacían los funerales?
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—¿Qué es una más? No te preocupes. —Ella sonrió, y Sissy juraría que vio
colmillos asomando de sus encías—. Yo estaré atenta por ti.
* *
Mitch se estaba divirtiendo con los tíos y hermanos de Ronnie Reed aderezado con
el toque de pueblo que habían traído de Tennessee, cuando vio a Dez MacDermot
salir del salón de baile. A él le gustaba Dez. Ella era una buena policía. Un poco loca,
pero tenías que serlo para hacer el trabajo.
—¿Vas a meterte conmigo ahora, gato? Porque estoy cansada y de mal humor, y el
chocolate está desapareciendo.
Mitch y los chicos Reed se rieron mientras seguían a Dez de nuevo al castillo. Tú
en realidad puedes sacar a la chica del Bronx, pero no necesariamente el Bronx de la
chica. Dez era la prueba.
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—¿Dónde está?
—En el bar de nuevo. —Eso no le preocupó. Fue su siguiente frase la que le causó
un intenso pánico—. Con tu madre.
—¿Repítelo?
—¿Qué está haciendo con ella? —Mitch sabía que sonaba desesperado, ¿pero no
veía Dez la receta para el desastre que era eso?
Mitch corrió, dejando atrás a las personas y tratando de fingir que no pasaba nada.
Especialmente cuando vio a la señorita Janie. Sus ojos se entrecerraron, y su mirada
inmediatamente escaneó la multitud, sin duda, buscando a Sissy. Acercándose a
Ronnie, Mitch tiró de su pelo y le señaló a la madre de Sissy. A Ronnie le tomó un
segundo, pero luego se levantó y avanzó, poniéndose delante de la mujer antes de
que pudiera ir en busca de su hija.
—Sólo estoy conociendo a la bebita aquí. —Roxy lo agarró del brazo—. Me gusta,
Mitchell. Es lista, divertida y fuerte. Sabes lo que dice tu tío Joey.
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—¡Ma!
—Estoy segura de que ella está en el cuarto de baño, señorita Janie. ¡De veras!
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Mitch asintió y salió a hurtadillas por una puerta trasera... evitando a la señorita
Janie por un pelo mientras ésta entraba.
—Sé que ella ha estado aquí, Ronnie Lee Reed. Puedo olerla... ¡y al tequila!
Mitch se movió rápido, atravesó el castillo y salió por la parte trasera. Tenía que
conseguir que el culo borracho de Sissy regresara al hotel. Por supuesto, no tenía ni
idea de lo que haría con ella después de eso. Sobre todo cuando ella de repente
barbotó:
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Capítulo 3
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Los ojos de Sissy se abrieron de golpe, pero inmediatamente los volvió a cerrar
cuando la brillante luz solar abrasó su cerebro dentro del cráneo.
—¿Mitchell?
—Seh—ronroneó él, acariciando con la nariz su barbilla, su oreja—. ¿Despierta
para más de mí, cariño? Porque aún no hemos terminado.
Sin importar hasta qué punto dolería la luz, Sissy golpeó sus manos contra el
pecho de Mitch y lo apartó de un empujón mientras retrocedía gateando hasta que
sus hombros golpearon la cabecera de la cama. Ella sostenía la sábana debajo de la
barbilla con ambas manos.
—¿Qué demonios está pasando?
—¿Qué te pasa, cariño?
Ella clavó los ojos en él horrorizada.
—¡Mitchell Shaw, dime que no lo hiciste!
—¿No hice qué? —Se arrastró sobre la cama hacia ella—. ¿Qué no te volteé y te
follé como nunca antes has sido follada? Bueno, si estás pidiéndome que sea honesto,
supongo que tendría que decir…
—No lo hagas. —Una mano soltó la sábana que tenía agarrada con fuerza para
detener sus palabras—. Ni una palabra más.
—No seas así, cariño.
—¡Y deja de llamarme así!
Él agarró la sábana y comenzó a apartarla de ella.
—¡No seas tímida, cariño. No tenemos secretos ahora.
¡Esto no estaba sucediendo! ¡Esto no estaba sucediendo! ¡Ella estaba
completamente vestida!
Un momento. Estaba completamente vestida.
Sissy miró la camiseta blanca y los pantalones de chándal blanco limpios. Ella olió
claramente el aroma de Ronnie. Éstas eran ropas de Ronnie. Tenían que serlo. Sissy
nunca se vestía de blanco. Tenía tendencia a conseguir comida en la ropa en cuestión
de segundos. Y algo le dijo que había sido Ronnie quien la había vestido con las
malditas cosas.
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—¿Mitchell?
Él abrió los ojos y la miró.
—¡Vete, Sissy!—logró decir—. Vete ya.
—No te vas a deshacer de mí tan fácilmente, amor. —Ella examinó todo su cuerpo
y de inmediato vio su teléfono celular. Él lo utilizaba para llamadas personales, pero
estaba preparado para sus llamadas laborales, también.
Ella utilizó la parte de walkie-talkie.
—Aquí Sissy. Responda.
Su hermano era un hombre muy desconfiado, y había dispuesto seguridad para
los huéspedes desde que comenzaron a llegar a Long Island hasta que todos se
hubieran ido. Nunca había estado tan agradecida.
—Soy Té, Sissy. ¿Qué pasa, chica?
—Té, necesito que consigas a Mace y a Brendon en la habitación de Mitch ahora
mismo. Él está abatido, sangrando por el cuello y el hombro.
Con su voz ya no más relajada, la hembra oso de dos metros le contestó:
—Resiste.
Sissy arrancó la sábana de la cama y la desgarró con sus garras. Tomó varias tiras
y las presionó contra su cuello y hombro. Estaba más preocupada por el cuello.
—Mitch, cariño, necesito que te quedes conmigo. —Ella usó su voz de mando, a
pesar de que se sentía como un lío aterrorizado—. Tú solo conserva esos
extraordinarios ojos de gato sobre mí.
Lo hizo, pero ella sabía que era un reto para él. Él quería dormir.
Té regresó a la línea.
—Sissy, ¿estás ahí?
—Estoy aquí. Adelante.
—Estamos en movimiento. —Eso fue todo lo que ella dijo, y todo lo que Sissy
necesitaba oír.
—Ningún hospital—le dijo Mitch, clavándole sus ojos dorados. Y ella sabía que
tenía razón. No podía llevarlo a un hospital. No a un hospital normal de todos
modos donde la capacidad de ellos para protegerlo se vería seriamente limitada.
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Los hermanos se miraron a los ojos, y Sissy sintió la conexión que paso a través de
ellos. Ella la tenía con Bobby Ray. Esa conexión que va más allá de los lazos de
sangre a algo mucho más profundo.
Brendon tomó la mano de Mitch en la suya y la apretó con fuerza.
—Necesitamos sacarlo de aquí.
—Ninguna ambulancia—repitió Mitch—. Ningún policía.
—No podemos dejarlo aquí—dijo Brendon con calma—. ¿Conocemos a un médico
local?
—Yo no—dijo Mace—. Pero estoy seguro…
Ronnie entró corriendo, y detrás de ella estaban la madre de Mitch y Gwen.
Roxy apartó a Brendon y se agachó junto a Mitch. Ella retiró los pedazos de
sábana y examinó las heridas.
—Necesito agua. Gwen, ve al coche y trae el kit.
Gwen se movió sin preguntar, y Ronnie agarró el cubo de hielo antes de ir al
cuarto de baño para conseguir el agua.
Roxy agarró tiras limpias de la sábana rasgada y las presionó contra las heridas de
Mitch. Ella llamó a Sissy con una inclinación de la cabeza.
—Sostén esto contra sus heridas hasta que te diga que te detengas.
Sissy asintió e hizo lo que le ordenaron.
No más de dos minutos más tarde Gwen volvió a entrar en la habitación con una
caja de metal con “Primeros Auxilios” escrito en rojo en la parte superior. Hizo
estallar los broches a presión y sacó un enorme rollo de gasa. Arrancando tiras, se las
entregó a su madre.
Para entonces, Roxy tenía su agua. Ella apartó las manos de Sissy y
cuidadosamente limpió la sangre. Más sangre parecía salir a raudales, pero su
expresión nunca cambió. Se veía intensamente concentrada, pero nada más. No
mostraba ninguna señal de pánico, miedo o rabia. Solo limpiaba las heridas de su
hijo y examinaba la zona.
—Veo tres heridas de entrada. La de su cuello es en su mayor parte un rasguño.
Las otras dos... —Ella metió la mano por debajo del hombro de Mitch, logrando
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* *
Lo último que Mitch recordaba era... estar encima de Sissy. Había tenido una
fracción de segundo para pensar:
—Guau. Esto se siente muy bien. —Entonces todo lo demás se volvió una especie
de nebulosa.
Abrió los ojos y miró a su alrededor, y fue entonces cuando vio a Sissy sentada en
el suelo enfrente de donde él estaba tendido. Tenía la cabeza inclinada mientras sus
piernas estaban levantadas y los codos descansaban sobre sus rodillas.
—¿Sissy?
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Ella alzó la cabeza y sonrió, pero él podía ver lo cansada que estaba simplemente
mirando su cara. Exhausta, incluso.
—Hola—dijo ella, y parecía aliviada.
—Hola. —Mitch parpadeó y miró a su alrededor otra vez. Estaban en un avión. El
avión de su hermano basado en el lujo. Algo muchísimo mejor que la zona de
pasajeros en una aerolíneas.
—Nos vamos a casa, ¿verdad?—le preguntó a Sissy, preocupado por ella. No
debería haber venido con él. ¿Y dónde estaban todos los demás? Algo no estaba bien,
pero no podía concentrarse lo suficiente para averiguar qué.
—Sí, cariño. Estamos yendo a casa. Ahora vuelve a dormir.
—¿Estás bien?
Su sonrisa aumentó, pero él no sabía por qué.
—Sí, Mitch. Yo estoy bien.
—Oh. De acuerdo. —Comenzó a quedarse dormido, pero se despertó sobresaltado
de nuevo—. Pero…
—Sssh. —Y mejor que ella lo había interrumpido, porque en realidad no recordaba
lo que había estado a punto de decir—. Duerme. Todo está bien. —Algo suave rozó
su frente, y si él tuviera mejor criterio, juraría que Sissy acababa de besarlo.
Sonrió mientras empezaba a quedarse dormido de nuevo.
—Loba sucia. Tratando de aprovecharte de mí en mi estado de debilidad.
Ella soltó una risa suave y susurró:
—Tonto.
—Descarada—le respondió al instante.
Él oyó a Sissy volver a reír antes de quedarse completamente dormido. El sonido
lo tranquilizó y lo hizo sentirse más seguro de lo que se había sentido en muchísimo
tiempo.
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Capítulo 4
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—La familia—dijo a nadie en particular. Sabía por experiencia que sólo la familia
puede volver a alguien tan loco.
—¡No creas ni por un segundo, Jackie Ray Smith, que puedes traer ese culo gordo
tuyo aquí y decirme lo que puedo o no hacer! —El lobo tenía anchas caderas para un
hombre.
—Si mal no recuerdo, Sissy, ésta ya no es más tu manada. Tú estás aquí sólo en
calidad de invitada.
—Eso no es cierto—dijo el otro hombre, empujando hacia atrás a su hermano. Éste
se parecía tanto a Smitty, que era un poco raro—. Sissy es familia y siempre será
bienvenida aquí.
—Sissy es una puta, trayendo a alguien… —Él no consiguió terminar esa
declaración cuando el doble de Smitty le dio un puñetazo en la boca. Buena cosa
también, de lo contrario Mitch habría tenido que hacerlo, porque eso había sido algo
muy descortés de decir.
—Vete—le dijo el lobo a Jackie con una calma mortal—. ¡Vete ya mismo! —Mitch
sabía quién ganaría una pelea entre estos dos. Y al parecer, Jackie también.
—Esto no ha terminado—advirtió Jackie, avanzando lentamente hacia la puerta
—Me sorprende que tengas un título universitario. —Sissy lo despachó con un
gesto de la mano—. Adelante. Corre y cuéntale a Travis, como el bebé gordo y
grande que eres.
Él se escabulló y si hubiera tenido un rabo, sin duda estaría metido entre sus
piernas.
Una vez que la puerta se cerró, el lobo se volvió hacia su hermana.
—¿Estás bien, cariño?
—Sí. —Ella se encogió de hombros—. Sí, estoy bien.
El gran lobo abrazó a Sissy, enterrando su cabeza en el masculino pecho.
—Si ayuda, yo me alegro de que estés en casa.
Ella rió.
—Supongo que eso es mejor que nada.
—Vas a tener que hablar con Travis en algún momento. Con padre fuera del
pueblo…
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—Sí, lo sé. —De repente, Sissy alzó la cabeza del pecho del lobo, y olfateó el aire.
Miró a Mitch y parpadeó sorprendida—. ¿Mitch? ¿Qué demonios estás haciendo
fuera de la cama?
Él no tenía aliento para gritar esa respuesta a través de la habitación, por lo que
esperó hasta Sissy se paró frente a él, el gran lobo detrás de ella.
—Escuché una pelea—explicó—. Pensé que estabas en problemas.
—¿Y tú ibas a ayudar? —Ella cruzó los brazos sobre su pecho—. Ni siquiera
puedes mantenerte en pie.
—He traído un arma de fuego.
—Tú disparas con la derecha. —Ella tomó el arma de su mano y la metió en la
parte trasera de sus pantalones cortos de mezclilla. También eran unos diminutos
pantaloncitos, y se veían asombrosamente bien en ella.
—Deberías haberme llamado—lo reprendió.
—¿Por qué? Dado que pareces tener un problema para hacer lo que te diga.
Sissy ladeó la cabeza, y clavó los ojos en él.
—¿Qué significa eso?
—Te dije que hicieras una cosa. Una. Llévame a Filadelfia.
—No, no lo hiciste.
—Sissy…
—Dijiste llévame a casa. Así que lo hice.
Mitch volvió a mirar a su alrededor, clavando la mirada en la sala familiar a través
de la barandilla. Era una casa pequeña pero acogedora. Muebles usados que habían
soportado un montón de abusos en los últimos años, pero que habían resistido bien
porque habían sido de calidad cuando fueron comprados o hechos. Había docenas de
fotos, algunas de ellas de humanos y caninos y otras sólo de caninos. Un televisor
gigante ocupaba una buena parte de la pared del fondo. La cocina no era muy
grande, tampoco. Tenía una mesa de formica con ocho sillas alrededor haciendo
juego. Pero la sala de estar sin uso era bonita y aun así hogareña. Entonces él pensó
en el cuarto de Sissy… ese no era el cuarto de una Sissy adulta.
Tomando una respiración profunda, Mitch capturó dos aromas importantes...
canino y aire fresco, y todo encajó en su lugar.
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* *
Sammy Ray Smith se quedó mirando los ciento... ¿qué?... ciento doce, ciento
diecisiete kilos de gato desnudo desmayado en sus brazos. En pocas palabras, esto
era una de esas grandes cosas que él contaría a su compañera cuando se reunieran
para cenar más tarde, ya que la haría reír muy fuerte.
Mirando por encima del hombro a su hermanita, dijo:
—Eh... ¿Sissy?
Ella apenas echó al hombre un vistazo.
—Oh, déjalo allí. Deja que se pudra en esas escaleras, me importa un carajo.
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Oh, Señor. No había nada que él odiara más que una Sissy caprichosa e irracional.
Esa Sissy no aparecía a menudo, pero cuando lo hacía, podía ser el mayor dolor en el
culo.
Tan pronto como Sammy escuchó que Sissy había regresado al pueblo, había
venido directamente aquí, perdiendo la avalancha matinal en su fonda. Pero él sabía
que con sus padres fuera de la ciudad, Travis, Jackie, y Donnie irían contra Sissy. Su
hermanita les molestaba porque no cedía. Si tú querías una pelea, ella te la daría. Si
eras grosero, ella te lo diría y actuaría en consecuencia. Ella nunca desviaba la
mirada; nunca dejaba que nadie la arrinconara.
A diferencia de Sammy, que conocía y aceptaba lo que él era, Sissy nunca se
doblegaría a la voluntad de nadie, excepto la suya. Ella era un Alfa de pura cepa. Y
eso la convertía en un problema para Travis, que quería que su compañera fuera la
próxima Alfa femenina cuando asumiera el control de sus padres. Shame Patty Rose
no era ni de cerca tan fuerte como Sissy. Y al final, eso es a lo que se reducía todo. No
una mera resistencia física tampoco, aunque eso ayudara, sino fuerza de voluntad.
Sissy no retrocedía hasta que conseguía lo que quería, sin importar las consecuencias.
—¿Por qué no llevo a este macho arriba, y tú le preparas algo para comer? Estoy
seguro de que se muere de hambre.
—Déjalo que se muera de hambre.
Sammy negó con la cabeza y dejó escapar un suspiro.
—Sissy, prepara al hombre un poco de sopa. Por favor.
Ella estaba de pie en medio de la cocina, con los brazos cruzados sobre el pecho y
con un pie descalzo taconeando contra el suelo de linóleo. Sip. Estaba cabreada.
—¿Tienes alguna idea de lo mal que huelen los gatos después de morir? Toda la
casa apestará a rancio, y entonces tendrás que responder ante Padre.
Ella puso los ojos en blanco mientras su boca se crispaba.
—Él entrará quejándose de un “fuerte olor a gato”. Y yo no me haré responsable
de ello.
—Está bien, está bien. —Ella lo despachó con un gesto de la mano—. Lleva al gran
idiota arriba, y le haré una sopa o algo por el estilo.
—Gracias, cariño. —Él levantó al hombre sobre su hombro y lo llevó de nuevo a la
planta alta. Sammy comenzó a entrar al cuarto de Sissy, pero a él realmente no le
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gustaba la idea de un tío estando allí. Después de todo, era su hermana pequeña. Así
que se movió unas pocas puertas a la antigua habitación de Bobby Ray. Tiró al gato
en la cama y se lo quedó mirando.
Después de unos momentos, le dio una bofetada en la frente.
—¿Estás despierto? —Cuando no obtuvo una respuesta, volvió a abofetearlo. Más
fuerte.
—¿Eh? ¿Qué? —Los ojos dorados se abrieron—. ¿Smitty?
—No me insultes, hijo. —Él cruzó los brazos sobre su pecho y se quedó mirando al
gato—. Mi nombre es Sammy Ray Smith. Soy el hermano mayor de Sissy. Ahora, ella
va a cuidar de ti mientras te mejoras. Y sé como vosotros los gatos os ponéis cuando
estáis enfermos. Gruñís, gritáis y sois básicamente desagradables. Pero si no quieres
que venga y arranque grandes porciones de tu piel mientras gritas y lloras pidiendo
ayuda, serás amable con ella. La tratarás con respeto, y mantendrás tus sucias patas
de gato apartadas de ella. ¿Me has entendido, viejo?
Esos ojos dorados se entrecerraron.
—¿Seguro que no eres Smitty?
Eso hizo reír a Sammy.
—Nop. No soy Smitty. Pero él te diría lo mismo. Y probablemente lo haya hecho.
Ahora Sissy estará aquí dentro de poco con algo de sopa para ti...
—¿Sopa? ¿Qué soy? ¿Un niño de ocho años con gripe?
—Ahora veo, eso es lo que quiero decir. Eso no es agradable y respetuoso. Eso es
grosero y desagradable. Agradable y respetuoso te mantendrá cubierto con el pellejo
que Dios te dio, lo contrario te convertirá en donante de piel. ¿Me comprendes, viejo?
Él sabía que el gato quería gritar y gruñir de nuevo, pero él probablemente
también sabía que no estaba lo suficientemente fuerte como para encargarse de la
hija menor de Sammy Ray, mucho menos de Sammy.
—Sí—dijo, a la postre, malhumoradamente.
—Bien. —Sammy sacó una manta del final de la cama y cubrió a Mitch desde el
pecho hacia abajo. Lo último en lo que él necesitaba pensar era en un gato desnudo
corriendo de acá para allá delante de su inocente hermanita—. Disfruta de tu sopa.
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Él salió y se dirigió a la cocina. Sissy estaba parada revolviendo una olla llena de
sopa enlatada y agua. Gato estúpido. Si él hubiera sido agradable, ella
probablemente habría hecho una gran sopa desde el principio. Eso era algo que sus
estúpidos hermanos, además de Bobby Ray, nunca habían entendido. Sissy tenía el
corazón más grande que Sammy había conocido. Y ella protegía a los suyos. Pero
tenías que tratarla bien, y Travis, Donnie, y Jackie nunca lo hicieron. Dejaron a todas
esas chicas celosas decir cosas horribles sobre Sissy y a veces se les unieron. Era lo
único que Sammy no toleraría. No de cualquier persona, pero especialmente de un
miembro de su familia. Alfa o no.
—Fideos y pollo—dijo, entrando en la pequeña cocina, pequeña para una familia
de siete, de cualquier modo—. Mis favoritos.
—¿Quieres un poco?
—Nop. —Él la besó en la frente—. Tengo que volver a la fonda.
—Está bien. Gracias por venir.
Se acercó a la puerta y la abrió cuando la voz de Sissy lo detuvo.
—¿Qué tan malo puede ponerse esto, Sammy? Con la manada. Y no lo endulces.
—Ellos te toleran, cariño, porque eres familia. Pero tú no viniste sola, y Travis va a
tratar de usar eso para su beneficio.
—Bien. —Ella apoyó con fuerza el cucharón—. Iré allí ahora mismo y…
—No. No lo harás. —Él se acercó nuevamente y le puso una mano en el hombro—
. Deja que él haga el primer movimiento.
—¿Por qué?
—Porque cuando todo estalle, puedes decirle a padre y a los ancianos que Travis
empezó. Llegado el momento, eso obrará en tu favor. —Él le volvió a poner el
cucharón en la mano—. Ahora alimenta a ese niño antes de que comience a
lloriquear.
* *
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—Venga. Te ayudaré.
Mitch miró la cuchara y luego dijo:
—¿No vas a hacer chu chuuu?
Ella soltó una carcajada. Incluso en los peores momentos, el hombre nunca dejaba
de conservar ese sentido del humor.
—Abre la boca antes de que te dé un motivo para llorar.
Lo hizo, y Sissy le dio de comer una cucharada de sopa.
—¿Bien?
Mitch asintió con la cabeza incluso mientras parecía a punto de volver a dormirse.
Sissy rara vez lo había visto sin la ropa puesta, y ahora sabía lo que su hermana y su
madre vieron. Estaba demasiado delgado. Demasiado delgado para los de su especie
de todos modos. Comparado con un no cambiante, Mitch seguía siendo enorme,
pero Sissy lo sabía mejor. Ella había visto a Brendon caminar alrededor de su
apartamento del hotel sólo con un par de pantalones vaqueros, y el muchacho se
había fortalecido. Aunque Mitch siempre había sido el más atlético de los dos.
Debería al menos igualar en tamaño a su hermano, si no ser un poco más grande.
Tendría que dedicarse a eso mientras él estaba aquí. Obligarlo a que comiera más.
Algunos ciervos, algunos jabalíes, y él debería estar como nuevo. Por supuesto, eso
después. En este momento, tenía que asegurarse de que se recuperara. Nunca lo
había visto tan débil antes. Tan... frágil. Eso simplemente no continuaría. No para su
felino.
—Vamos, otra cucharada.
Él la tomó, tragó, y le preguntó:
—¿Dónde está todo el mundo?
—Eso puede esperar.
Sissy trató de darle de comer de nuevo, pero él volvió la cabeza.
—Respóndeme, Sissy.
—Todo el mundo está de vuelta en su casa. Y déjame decirte, convencerlos para
que no vinieran con nosotros fue una de las cosas más difíciles que tuve que hacer.
Tuve que ser muy convincente, lo cual dice mucho.
—Me sorprende que lo lograras.
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—¿Qué?
—¿Por qué es relevante que los federales puedan intervenir las líneas de teléfono?
—Haces un montón de preguntas para alguien que apenas puede mantener los
ojos abiertos. Vamos. Uno cucharada más, y luego puedes dormir un poco.
La dejó alimentarlo con la sopa, incluso mientras la miraba.
—¿Y qué hay de tu manada?—preguntó después de tragar.
—Están en Nueva York. Ellos cuidarán de Bren y Marissa, así que no te preocupes
por eso.
Mitch sonrió.
—¿Marissa lo sabrá?
—Por supuesto que no.
—Supongo que ella está manejando esto bien.
—Te equivocas. Realmente... —Ella no podía borrar de su mente el recuerdo de la
cara llena de lágrimas de Marissa—. Esto la destrozó, Mitch.
—Oye, Sissy, cuando me mientes, deterioras el amor y la confianza que hemos
construido.
—No me creas. Pero yo sé lo que vi, y sé que Ronnie parecía asustada porque tenía
que calmar a Marissa. Estaba llorando. Pero no me creas.
—No lo haré. Aunque aprecio el intento.
Dejó el cuenco vacío sobre la bandeja y ayudó a Mitch a recostarse en la cama.
—Sissy...
Ella terminó de arreglar la sábana y miró a Mitch.
—¿Qué, cariño?
—Sé que esto no puede ser fácil para ti... traerme aquí. ¿En cuántos problemas te
estás metiendo?
Sissy le brindó su sonrisa más alegre. La que utilizaba cuando no quería que su
padre supiera que acababa de sacar a empujones a un chico por la ventana de su
cuarto momentos antes de que Padre entrara. Su madre nunca se la compró, pero su
padre solía hacerlo. Ella nunca la había utilizado en Mitch antes.
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Capítulo 5
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de un puñetazo los listones de madera. Una vez que había hecho eso, había agarrado
los pedazos de madera y tironeado hasta que hizo un bonito boquete. Si los perros no
hubieran ladrado como si la casa estuviera ardiendo, se habría caído de cabeza.
Pero debido a que ellos sabían lo importante que su hijo era para ella, los
cambiantes sentían que podían confiar en ella para protegerlos a todos. Cuando
llamó a Mace, él había sonado en parte impresionado y en parte preocupado. Los
casos de los que se encargaba esta unidad podrían ser más peligroso en algunos
casos y más seguro en otros. Pero entrar, incluso para un cambiante, era una gran
cosa. Ésta era una unidad importante, y el silencio era obligatorio.
Y su primer caso… el intento de asesinato de Mitch. El intento de asesinato que
nadie más en el Departamento de Policía de Nueva York conocía.
—Nadie estuvo aquí.
Dez se volvió hacia su nueva compañera. Su nombre era Ellie Souza, del distrito
del Bronx. Ella era sorprendentemente hermosa y extraordinariamente alta. Pero eran
esos ojos dorados claros los que Dez encontraba muy cautivadores. Los de Mace
siempre parecían oro fundido; los de esta chica eran de un dorado claro que hacían
que Dez no desease nunca encontrarse a esta mujer en un callejón oscuro. Al parecer,
era jaguar, el producto de una madre humana natural de las Antillas y un padre
cambiante brasileño. No hablaba mucho, lo cual Dez apreciaba, pero tenía tendencia
a quedársela mirando.
Y esa mirada fija la ponía nerviosa.
Dez volvió a medir la distancia de este árbol a la habitación de Mitch.
—Tuvo que estar aquí. Considera la distancia.
Souza no dijo nada, simplemente se volvió y se alejó. Dez la siguió, molesta por
sentirse obligada. Pero esta mujer tenía un don especial. Dez se preguntaba cómo los
otros compañeros humanos de Souza habían tratado con ella antes de que fuera
trasladada a esta unidad. ¿Esta unidad sin nombre y sin ningún registro oficial?
Diablos, al menos Dez sabía lo que era Souza. Sabía a qué atenerse con los de su
especie. Sin embargo, deseaba que la hubieran emparejado con una loba. Ella era una
persona de caninos.
De repente, la cabeza de Souza giró, y olfateó el aire. Su cabeza se movió mientras
buscaba el olor. A Dez le recordó cuando ella escondía golosinas alrededor de la casa
y enviaba a sus perros a encontrarlas.
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* *
Sissy miró a Mitch. Ella estaba preocupándose. Dormía mucho. Por lo menos, ella
presumía que dormía. Era más como si estuviera desmayado. Era la mañana del
martes, y excepto para acompañarlo al baño y alimentarlo con otro poco más de
sopa, él no había movido ni un solo músculo.
Estaba acostumbrada a las fiebres. Su padre las había tenido más de una vez, y por
lo general se recuperaba en unas veinticuatro horas. Durante la fiebre, su padre
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cambiaba de hombre a bestia muchas veces. Tenía delirios, y afición por agarrar a
Janie Mae y liarse a puñetazos con ella.
Pero Mitch había estado tendido desde el domingo sin fiebre y muy poco
movimiento.
Comenzó a preocuparse tanto que incluso llamó al médico del pueblo. No parecía
muy contento de lidiar con un gato, pero a él siempre le había gustado Sissy y quería
ayudar. Pero incluso él no sabía qué hacer con un cambiante sin fiebre.
—Vigílalo—le había dicho—. Y espero que no se muera mientras duerme.
¿Qué manera de tratar a los pacientes era esa de todos modos?
Dejando escapar un suspiro, Sissy volvió a intentar no entrar en pánico. Se sentía
tan sola. ¿Cómo vivían así los humanos? Sin manada. Sin nadie que te cuidara las
espaldas o estuviera allí cuando ella necesitaba a alguien. Daría cualquier cosa por
tener a Ronnie aquí. Alguien que pudiera decirle:
—No te preocupes. Mitch va a estar bien. Es demasiado loco para morir.
Pero ellos seguían en “silencio de radio”, como Bobby Ray siempre decía.
Ella suspiró cuando pensó en su hermano. Realmente lo echaba de menos. Él era el
cerebro racional en su sociedad, y ella era la loca que daba miedo a todo el mundo
para empujarlos. Les funcionaba de manera brillante. Ella deseaba que él estuviera
aquí, pero no iba a ser la que arruinara su luna de miel. Tenía el presentimiento que
Jessie Ann pensaría que Sissy había usado esto para arruinar su tiempo con Bobby
Ray. Tenían un montón de años para sacarse de quicio una a la otra; Sissy preferiría
no comenzar de inmediato.
Así que en lugar de estar rodeada de su manada e incluso de esos perros molestos,
estaba atrapada en territorio hostil con un gato enfermo y su hermano mayor Travis
a menos de ciento cincuenta kilómetros de distancia de ella.
Ella y Travis nunca se habían llevado bien. Él quería que todos se sometieran a él,
pero ella nunca lo hizo. Tampoco Bobby Ray. Y él los odiaba por eso.
La asombraba que no hubiera venido aún, pero sabía que vendría. Iba a tratar de
echarla, no tenía ninguna duda de eso. Que ella pudiera detenerlo era una cosa
completamente distinta. Con sus dos padres y los de Ronnie Lee fuera del pueblo, no
tenía respaldo y a nadie de su manada para protegerla.
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Y no era sólo de sus hermanos de los que tenía que preocuparse. Sin la protección
de su madre, tenía que preocuparse de esas que vivían en la colina. Nadie hablaba de
ellas. Nadie pronunciaba sus nombres a menos que fuera absolutamente necesario.
Habían estado aullando por ella cada noche desde que había llegado. Volviéndose
más insistentes, también, mientras más las ignoraba.
Por primera vez, Sissy sabía cómo era estar completamente sola, y lo odiaba.
Bueno. Eso era erróneo. No estaba completamente sola. Sus tías le habían hecho
una visita para vigilarla.
—Si nos necesitas, sólo llama—habían dicho cada una de ellas en su camino hacia
la puerta.
Ella no le había dicho a nadie sobre las llamadas desde la colina. Para ser honesto,
temía lo que sus tías harían. Aquellas en la colina no se llevaban demasiado bien con
las hermanas Lewis, y Sissy no quería ser responsable de que les ocurriera algo a sus
tías. Ella las amaba demasiado. Y no quería oír la mierda que conseguiría de su
madre.
Sissy frunció el ceño cuando se dio cuenta de que el tablero de corcho sobre la
cabeza de Mitch estaba a punto de caer sobre él. Había sido parte de su cuarto desde
que tenía doce años y tenía su importantísima lista de viaje. Todos los lugares a los
que había estado planeando ir desde que tenía siete u ocho años. Dejó el tablero para
recordarse que había estado en la mayoría de esos lugares. Eso la ayudaba a lidiar
con su madre. Y más de una vez, después de uno de los “sermones” de su madre,
había echado un vistazo a la lista, llamado a Ronnie Lee, y preguntado algo como:
—¿Alguna vez quisiste ir a Sidney? —Si ella no fuera más inteligente que eso,
juraría que la mujer lo hacía a propósito.
No. Sería mejor que trasladara ese tablero, o Mitch se despertaría con más heridas
que con las que se fue a dormir.
* *
Mitch abrió los ojos, los cerró, y luego los volvió a abrir de par en par.
—Hay grandes pechos en mi cara—anunció a todo el que quisiera escucharlo.
—¿Qu… oh, ya basta.
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No sabía por qué Sissy estaba suspendida sobre él, pero despertarse con sus
pechos era definitivamente agradable.
Levantando la mano izquierda, palmeó uno y obtuvo una bofetada en la abusiva
extremidad.
—Detén eso ahora mismo, Mitchell Shaw.
Él sonrió.
—Tus pezones están duros.
Sissy se echó hacia atrás, colocando un pequeño panel de corcho en el suelo, y ahí
fue cuando Mitch se dio cuenta de que estaba a horcajadas sobre su cintura, usando
nada más que un diminuto par de pantalones cortos y una camiseta de la banda AC /
DC. ¿Exactamente qué estaba haciendo?
—¿Qué te pasa?— le preguntó.
—He tenido una experiencia cercana a la muerte, Sissy... y estoy realmente
caliente. Eh... creo que podemos…
—No. No podemos. Y tú ni siquiera podías alimentarte no hace mucho tiempo
atrás.
—Fue toda esa sopa de pollo. Me curó.
—Sí. Correcto. ¡Y detén el manoseo! —Ella volvió a apartarle la mano de una
bofetada.
—Oh, vamos, Sissy. Casi me muero. ¿No puedes ayudarme?
—No lo hiciste. Y no voy a tener sexo contigo porque casi mueres.
—Bien. ¿Una paja? —preguntó esperanzado.
—No.
—¿Una mamada?— Cristo, estaba caliente. Caliente, hambriento, y... a salvo. Hacía
tanto tiempo que no se sentía así, que casi no lo reconoció. Pero así era como lo hacía
sentirse estar aquí con Sissy. A salvo.
—¡Mitchell!
—Por lo menos déjame enterrar la cara entre tus pechos. Sólo durante unos cinco
segundos.
—No me hagas lastimarte.
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—Perfecto.
Se acercó a la cama y sacó los pantalones de chándal y una camiseta.
—Ten.
—Gracias.
Esperó a que se fuera, pero ella se quedó allí.
—¿Sí?
—¿Necesitas ayuda para vestirte?
—No. —Él hizo movimientos de salir con la mano izquierda. Sabía que era
ridículo, pero no quería que Sissy lo viera tan débil y necesitado.
—¿Puedes mover el brazo derecho?
—Me las apañaré. Vete.
—Bien. Sufre. —Ella se movió hacia la puerta—. Déjame saber cuándo estás listo
para bajar las escaleras. Te ayudaré.
—Puedo apañármelas solo.
—Bien—repitió ella—. Pero si te caes, voy a dejarte allí hasta que aprendas la
lección.
—Muy amable.
—Comenzaré a cocinar. Tomará un tiempo, así que no te apresures.
Él no creía que pudiera aunque quisiera.
* *
Para cuando Mitch llegó a la planta baja, Sissy estaba retirando del horno los
macarrones con queso que había preparado la noche anterior. Había hecho una
buena cantidad de comidas en los últimos tres días entre las comprobaciones de
Mitch. No podía dormir bien de todos modos, y tenía miedo de dormirse durante
mucho tiempo y que pasara algo. Así que Sissy hizo lo que siempre hacía cuando
estaba estresada… cocinó. Le resultaba tranquilizador, y era bastante buena en eso.
En el tiempo que le llevó a Mitch despertarse, ella había abarrotado ambos
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congeladores con futuras cenas. Lo que quedara cuando ella y Mitch se fueran,
alimentaría a sus padres durante un par de meses.
El largo tiempo que él tardó en prepararse, le dio tiempo para cocinar la comida y
poner sus incontrolables pezones en orden. De todos modos, ¿qué pensaban sus
pezones exactamente? ¿Ponerse todos duros y necesitados sólo porque Mitch Shaw,
de todas las personas, tenía su rostro entre sus tetas? Ella los culpaba. No a ella. A
sus malditos pezones.
—Eso huele bien.
Sissy se sobresaltó antes de darse la vuelta y ayudar a Mitch a sentarse en una de
las sillas alrededor de la mesa. Ella sintió su ceño fruncido como lo había estado
sintiendo una y otra vez durante tres malditos días.
—¿Estoy bien, madre?
—No seas gilipollas.
—Sip. Incluso suenas como mi madre. —Mitch dejó escapar un suspiro—. Estoy
preocupado por ella. Por mi madre.
—Ella está bien. Y sabe que estás bien.
—¿Lo sabe?
—Sí. Llamé a mi tía Janette, y ella llamó a mi otra tía, una hermana de padre, tiene
seis, en Alabama; ella llamó a mi tío, uno de los hermanos de mi madre, en Carolina
del Norte que llamó…
—Detente. Por favor. Te lo suplico.
—Yo sólo estaba tratando de…
—Lo sé. Y te lo agradezco. Te adoro por ello. Pero... deja de hablar.
—Bien. Compórtate así conmigo, adelante, lo tengo asumido. —Sissy se acercó a la
cocina—. ¿Qué quieres beber? ¿Leche, jugo o té dulce?
—Té.
Sissy asintió con la cabeza mientras servía un poco de macarrones con queso en un
plato y lo ponía delante de Mitch. De la nevera, sacó la ensalada que había hecho y
una jarra de té dulce. Cuando se dio la vuelta, Mitch seguía mirando el plato de
comida que ella había puesto delante de él. Ya no parecía preocupado por su madre
como simplemente disgustado.
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Pride 3
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—Lo sé. Son los mejores macarrones con queso, con o sin jamón, que jamás
comerás. Así que disfrútalo, dado que no cocino muy a menudo. Ahora come.
Él lo hizo.
Mientras Sissy observaba, Mitch acabó con los macarrones con queso, incluso los
que ella había dejado en la cocina, la ensalada, y la jarra de té dulce como si no
hubiera comido en años.
Echando un vistazo a su alrededor a los cuencos y platos vacíos delante de él,
Mitch frunció el ceño.
—¿Hay algo más?
Sissy parpadeó.
—¿Algo más?
—Todavía estoy un poco hambriento.
—¿Eso es normal en ti?
—No, no. —Mitch recogió el queso cheddar fundido en la fuente para horno vacía
cerca de él y lo lanzó en su boca—. Por lo general como mucho más hasta que el
estrés comienza a atacarme. Pero ya lo verás. Cuando recupere mi apetito.
Sissy calculó el dinero que le habían entregado antes de que se hubiera marchado
y los pocos dólares que tenía en su billetera.
Dependiendo de cuánto tiempo se quedaran, ella podría tener que empezar a
obtener sus alimentos a la antigua usanza... cazando y arrancándoles las tripas ella
misma.
* *
Travis cerró de un golpe el capó de la camioneta Ford de veintidós años que su
primo había dejado tirada la noche anterior y miró al normalmente furioso Jackie. Si
no fuera de su sangre, Travis lo abofetearía por principio. Pero era familia, y Travis
no podía permitir que su debilidad hiciera que el resto de ellos parecieran débiles.
Así que mantenía cerca a Jackie y lo usaba para hacer las cosas que él y Donnie no
querían. Como enviarlo a averiguar lo que Sissy estaba tramando. Él había sabido,
incluso antes de que enviara a Jackie allí, lo que sucedería.
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* *
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Mitch abrió los ojos, dándose cuenta de pronto de que estaba sentado en el sofá de
lo que había averiguado por Sissy que era, sin duda, la sala familiar.
Como Sissy le contó:
—Madre no permite que nadie excepto una compañía especial utilice la sala de
estar. Pero mi padre no le cae bien a muchas personas, por lo que la compañía
especial no siempre viene. De modo que la habitación nunca se usa.
Lo extraño era que él podría haber jurado que, hacía sólo unos momentos, había
estado sentado en la cocina.
Miró a Sissy, y ella se encogió de hombros.
—Te quedaste dormido en la mesa de la cocina—explicó.
—Oh. Eh... lo siento.
—No necesitas disculparte. Me alegro de que esta vez fuera un sueño verdadero, y
no pérdida del conocimiento total. Aunque es difícil diferenciarlos. Con ambos, es
como que te desplomas donde estés. —Para ilustrar, todo su cuerpo cayó laxo contra
el sofá, con los ojos cerrados.
—Luego te despiertas. —Ella abrió los ojos y se incorporó un poco—. Entonces de
repente vuelves a desplomarte. —Una vez más se quedó laxa, haciendo sonreír a
Mitch—. Pero esta vez—susurró sin abrir los ojos—, roncabas... y babeabas un poco.
Mitch se rió y empujó su pie desnudo contra el de ella.
—No babeo.
—No es vergonzoso babear—dijo ella, sentándose.
—No babeo.
—Entonces no encajarás aquí. Los Smith son conocidos por babear y arrastrarse
sobre los nudillos.
—Me pareció ver raspones en tus nudillos más temprano.
Sissy le sacó la lengua y se puso bizca, haciendo reír a Mitch más fuerte.
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Sonriendo, Sissy subió el sonido del televisor. Tenía puesto un canal de deportes
para poder escuchar los últimos resultados de la carrera de stock car6.
—Sabes—dijo él después de unos momentos—, quería agradecerte por todo esto,
Sissy.
—Esos macarrones con queso estaban buenos, ¿eh?
—No estoy hablando de eso. —Aunque pudo haber visto a Dios después del
primer bocado de esa deliciosa comida—. Estoy hablando de esto. De que me hayas
traído aquí. De que te encargues de mí. Gracias. Por todo. Y lamento haber sido un
gilipollas antes.
—Entiendo, pero gracias por pedir disculpas.
Se quedaron en silencio, y ese tenía que ser su primer silencio embarazoso. Él lo
odió.
—¿Quieres ver un DVD o algo así? —preguntó Sissy finalmente, sonando
desesperada—. Mis padres tienen una buena selección.
—Sissy, está bien.
Sissy frunció el ceño.
—¿Qué está bien?
—Tú... locamente enamorada de mí. Está bien. Sé lo tentador que debió haber sido
tenerme holgazaneando en tu casa... desnudo. Y deliciosamente vulnerable. —Mitch
levantó las cejas—. Necesitado incluso, y en tu cama.
—Mitchell…
—No, no. No hay necesidad de negar tus sentimientos. No cuando los dos
sabemos la verdad.
—¿Terminaste?
—Por el momento. —Él sonrió—. Descarada.
Finalmente, Sissy se echó a reír y el momento incómodo desapareció.
6 Este tipo de auto con defensas y alerones son los Stock Car.
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plana, pero Mitch se sentía más cómodo en las modestas habitaciones de los Smith
que en las ricas de su padre.
La película comenzó, y Sissy se sentó en el otro extremo del sofá.
Mitch se aclaró la garganta y se quedó mirándola.
—¿Qué?
—Ven aquí.
—Estoy cómoda.
Mitch suspiró.
—¿Realmente tengo que palmear el sofá y decir: 'Aquí perrita'? ¿En serio vas a
hacerme caer tan bajo?
—Pero estoy cómo…
—¡Estoy enfermo! —Aulló, obligando a Sissy a deslizarse rápidamente hasta que se
sentó a su lado. Él no se detendría hasta que ella lo hiciera.
—¿Feliz?
Él se calmó y se apoyó sobre su lado.
—Mucho.
La película apenas había comenzado cuando un golpe en la puerta hizo que Sissy
se levantara. Lo que le molestó fue que ella tenía una mano en la culata de la 45 que
le había sacado antes, la cual todavía estaba metida en la parte trasera de sus
pantalones cortos. Ella incluso soltó el seguro.
Olfateó la puerta y frunció el ceño, mirándolo. Abrió la puerta un poco.
—¿Sí?
—Hola, Sissy Mae. —Cuando ella sólo se lo quedó mirando—. Soy yo. Frankie. El
hijo de Big Joe.
—¿Frankie? —Sissy abrió la puerta para revelar un... lobo—. No puedo creerlo.
Para sorpresa de Mitch, Sissy se arrojó en los brazos de ese lobo, y el lobo parecía
realmente feliz por eso, también. Por supuesto, no perjudicó que ella estuviera
usando nada más que esa maldita camiseta y esos irrazonablemente diminutos
pantalones cortos.
—¿Cómo estás?—le preguntó Sissy, finalmente apartándose.
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—Bien. —El lobo realmente silbó. ¿Un silbido de admiración?—. Y mírate. Te ves
muy bien.
—Gracias.
Él se apoyó en el marco de la puerta, mirando a Sissy.
—Entonces... eh... ¿tienes planes para esta noche?
Sissy parecía inusualmente confundida.
—Estee...
—Pensé que tal vez podríamos ir al cine, a cenar algo.
Eso era grosero. Estaba sentado aquí mismo, y ese perro estaba actuando como si
Mitch fuera invisible.
—Eso es realmente dulce, cariño. Pero tengo un invitado, y nosotros ya tenemos
planes.
—¿Quién?
Sissy señaló a Mitch, aunque todos sabían que el hijo de puta lo había visto.
—¿Vas a quedarte en casa por… él? —Él resopló, sintiéndose a las claras muy
engreído ya que probablemente sabía que Mitch todavía estaba demasiado débil para
soportar una pelea. Lástima para él que los leones tuvieran memorias muy largas—.
¿Todavía no se ha curado?
—Lo está haciendo mucho mejor… y puedes decírselo a Travis.
El lobo frunció el ceño.
—¿Qué tiene que ver tu hermano con esto? Vine aquí a verte. No sé porque lo
estarías relacionando con él.
—Eso es realmente dulce de oír, pero yo estoy relacionada con él por lo que…
—Sabía que Ronnie dio un giro así, Sissy, ¿pero tú también?
Sissy levantó las manos y las dejó caer en un gesto de impotencia.
—¿Qué puedo decir, Frankie? —Ella puso su mano sobre el pecho del lobo y lo
empujó suavemente hacia atrás de modo que ya no obstruía la puerta—. Pero, ¿qué
es una chica sin su coño?
Y si no le hubiera dolido muchísimo, Mitch habría caído rodando del sofá debido
a lo fuerte que se estaba riendo.
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* *
—Sissy.
Él había murmurado eso en su oído, su mano subiendo y bajando por su columna
vertebral.
—Sissy. Despierta.
Ella de alguna manera lo hizo. Ni siquiera estaba segura de cuando se había
quedado dormida. O cuánto tiempo había estado acomodada sobre Mitch Shaw
mientras dormía.
Su mejilla descansaba sobre su pecho, y ella podía sentir los latidos del corazón
masculino. Sus manos estaban apoyadas contra sus hombros, y ella había extendido
el resto del cuerpo entre sus muslos.
Cuando se dio cuenta, saltó sorprendida, pero sus brazos la rodearon,
abrazándola.
—Está bien. Soy yo. —Él mantuvo la voz baja, casi un susurro. Y sabía que era él.
Ese era el problema.
—¿Qué... qué hora es?
—Tarde. —Él la sujetó con más fuerza, y ella se dio cuenta de que todas las luces
estaban apagadas y estaba negro como boca de lobo en el exterior. Señor, ¿cuánto
tiempo había dormido?—. ¿Oyes eso?
—¿Oír qué?
Pero lo oía ahora. Sissy oyó el persistente y demandante aullido en la oscuridad.
—Sissy…
—Está bien, Mitch.
Apoyando las manos contra su pecho, empujó hasta que se incorporó. El aire
acondicionado central prendido, y la pérdida de calor del cuerpo de Mitch la hacía
sentirse como si se estuviera helando.
—¿Qué es?
—Cosas de familia.
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—¿Tus hermanos?
Ella lo deseaba. Ellos eran fáciles. Fáciles y estúpidos , no tenía ningún problema
para manipularlos, incluso aunque la hicieran enojar.
—No. No son mis hermanos. Me tengo que ir. —Se puso de pie, pero Mitch la
agarró de la mano—. Puedo ir contigo.
¿Cómo podía no haberse dado cuenta antes? Era tan dulce. En serio.
Simplemente... dulce. Ella nunca había conocido a nadie dulce antes. Aunque en su
familia, dulce se traducía como cobarde.
—Estaré bien.— Y si Mitch viniera también, él no lo estaría. Había algunos lugares
de esta ciudad a los que los gatos nunca podrían ir. No si les gustaba respirar.
—No tardaré.
—Está bien. —Sonrió—. Estaré aquí cuando regreses... hambriento.
Ella dejó caer los brazos.
—¿Otra vez? —Lo había alimentado antes... la comida que debería haber durado
días estaba desapareciendo rápidamente en una noche.
—Sí. De nuevo. Así que no te demores mucho, ¿de acuerdo?
La preocupación que mostraba la hizo sentir una especie de calor en su interior…
o le estaba dando urticaria. Le sucedía eso cuando venía de visita a su casa.
—Bueno. Incluso trataré de traer a casa algo sangriento. —Ella le entregó la 45 que
le había quitado antes.
—Si aún está moviéndose y sangrando, sería genial.
Sissy salió de la casa y se dirigió a los bosques que rodeaban el terreno de sus
padres. Cambió mientras caminaba, quitándose la ropa antes de echar a correr.
Nunca creyó que iba a pensar esto, pero echaba de menos a sus padres. No se
había dado cuenta de cuánta mierda familiar la protegían con su sola presencia.
Sissy siguió corriendo. Se sentía segura en el territorio de sus padres, a pesar de
que si fuera demasiado lejos al oeste, cruzaría de Smithtown a Barronville. El
territorio de los felinos se extendía por la salvaje selva virgen de la cruel manada
Barron, que incluso Sissy evitaba, a menos que tuviera a sus lobas con ella. Si fuera
demasiado al sur, cruzaría al territorio de los osos. Ellos eran mucho más acogedores
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que los felinos, pero Sissy tenía una reputación allí que no la hacía exactamente una
canina bienvenida en su ciudad.
Pero si iba muy al norte, y se metería en un territorio donde pocos se aventuraban.
Ni los leones, ni los osos, ni los lobos. Y una buena parte de los Smith tampoco iban
allí. Nadie. Y con muy buena razón.
Sissy supo en el momento en que cruzó a ese territorio. Lo sintió en sus huesos. En
su alma. El poderío de éste impregnado en el suelo bajo sus pies. Un lugar de poder.
Un poder que no era ni bueno ni malo. El problema más bien era cómo se ejercía ese
poder.
La esperaban a menos de dos kilómetros. Sissy se detuvo a tres metros de ellas.
Ella no cambió hasta que la primera lo hizo.
—Gertie—dijo después de cambiar.
—Sissy Mae.
Las otras tres hembras cambiaron, pero ninguna de ellas se le acercó.
—Así que, ¿qué quieres?
Gertie se encogió de hombros.
—Sólo quería verte. Pensé que te gustaría subir a beber un té dulce. —Hizo un
gesto detrás de ella—. A ella le encantaría verte.
—Olvídalo. No voy allá arriba.
—Sissy, sabes que ella no te lastimaría. —Resultar herida no era lo que le
preocupaba a Sissy.
Todo el mundo la llamaba Abuela Smith, pero lo más que ella era para Sissy era
como una tía abuela. Nadie lo sabía a ciencia cierta, pero se decía que era una
adolescente durante la Guerra Civil. Ella no tomó partido por ningún bando ya que
considera todo eso “asunto completamente humano”, pero Dios no quisiera que
algún soldado de cualquier bando entrara en territorio Smith.
Incluso el padre de Sissy le temía, y el hombre no temía a muchos. Tan vieja como
las montañas y tan mala como una serpiente, la abuela Smith era una poderosa bruja
y cambiante que lideraba por el miedo. A ella no le gustaban mucho los machos, y
arrebataba hembras Smith con poderes a sus madres y las criaba. Se escuchaba a las
tías de Sissy decir, que la abuela Smith había querido a Sissy y había bajado de su
preciosa colina a buscarla. Fue Janie Mae la que la hizo retroceder. Y con ese único
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* *
Mitch había acabado la mayor parte de los cereales que la señorita Janie tenía en
sus armarios antes de darse cuenta de que Sissy había llegado a casa.
La encontró sentada en la mecedora del porche, con las piernas dobladas debajo
de ella y los ojos enfocados en la oscuridad.
Sentándose a su lado, comenzó a mecerse suavemente. Nunca había estado en una
mecedora en un porche antes. Le gustó.
—¿Estás bien?
—Sí.
—Sissy... —Mitch dejó escapar un suspiro—. Estoy mucho más fuerte ahora, y voy
a irme mañana.
—No se trata de ti, Mitch. —Ella lo miró—. Yo sentada aquí, pensando. Esto no es
acerca de ti. Pero necesito que me prometas una cosa.
—Lo que sea.
—No trepes a esa colina. —Señaló a la misteriosa colina con el temible bosque que
la rodeaba donde había entrado corriendo antes—. Nunca subas allí. Y si algo te
llama, como un tío muerto, o si crees ver a un perro mascota que una vez amaste
cuando tenías diez años, ya sabes... ignóralo.
—Lo recordaré. —Sissy no tenía nada de qué preocuparse. Por instinto, un hombre
sabía que no debía ir a algunos lugares. Esa colina era uno de esos lugares.
Mitch se rascó la barbilla.
—Entonces, ¿podemos volver a mí ahora?
Sissy sonrió, luciendo aliviada de que no hubiera hecho más preguntas.
—Sí, podemos volver a ti ahora.
—Que yo esté aquí no te está ayudando con tu familia, ¿verdad?
—Aparte de tu apetito aterrador... eres el menor de mis problemas cuando regreso
a casa.
—¿Entonces cuál es?
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—¿Realmente no lo sabías?
—Nop. —Apoyando la barbilla contra el puño, el codo en la parte posterior del
columpio, le preguntó—: ¿Y Marissa?
—No preguntes por la inalcanzable, viejo.
—Buen argumento.
—Entonces, mientras que tus hermanos están corriendo de un lado a otro
haciendo alarde de ti y sollozando sobre tu cuerpo sin vida, estoy atrapada con mi
pandilla.
—¿Es eso tan malo?
—Una vez le dije a Travis que estaba pensando en solicitar un puesto de
recepcionista en una oficina de abogados, y me dijo: “¿No suelen contratar chicas
guapas para eso? “
Mitch apretó los dientes. Ni siquiera había conocido a Travis todavía, pero ya
odiaba al hombre.
—Por suerte, sé lo increíble que soy, de lo contrario habría estado devastada.
—Y él está celoso.
—¿Celoso? ¿De qué?
—Está celoso de ti.
—¿Es eso cierto?
—¡Por supuesto! Porque no importa lo que haga, cuando se pone los pantalones
cortos y uno de tus sostenes, nunca luce tan lindo en ellos como tú.
Y mantenerla riendo durante la próxima hora hizo a Mitch sentirse increíble.
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Capítulo 6
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No hubo respuesta, así que corrió por el pasillo y por las escaleras, llamándolo.
Cuando entró en la cocina, se dio cuenta por primera vez de la hoja de bloc
doblada sobre la mesa.
Famélico. Fui a la ciudad a por comida. ¡Necesitamos suministros, mujer! No estás
cuidando de mí correctamente.
A continuación, una molesta carita sonriente.
Su ojo parpadeó.
¿Fue a la ciudad? ¿Solo? ¿Qué estaba mal en ese hombre?
Sissy cambió, corriendo a toda velocidad hacia la ciudad, su coche de alquiler
completamente olvidado dado que ella iba caminando a la mayoría de lugares
cuando venía de visita.
Nunca se le había ocurrido que él pudiera deambular por su cuenta, pero debería
haber recordado que él nunca iría de caza si podía evitarlo. Los leones machos eran
carroñeros en lo más íntimo. Acostumbrados a ser atendidos por las hembras en su
vida. Dado que Mitch no tenía a su propia manada para alimentarlo, pasaba la
mayor parte del tiempo en los restaurantes o pidiendo comida a domicilio.
Sissy cortó por la maleza en dirección contraria a los bosques donde había vagado
anoche.
Acortó camino por varios de los patios traseros de sus parientes, saludándolos a
los que la saludaban mientras ignoraba el pequeño ciervo que saltaba en su camino.
Su estómago gruñó, pero ella siguió hasta que llegó a la carretera principal que
llevaba a la ciudad. Por supuesto, allí fue cuando chocó contra la puerta de un
Camaro 78 rojo brillante, el impacto arrojándola de nuevo al bosque.
En momentos como éste, estaba agradecida de ser una cambiante.
Oyó los neumáticos chirriar cuando el conductor pisó el freno. Unos segundos
más tarde, se abrió una puerta y una ronca voz femenina gritó:
—¿Hola? —Entonces Sissy la oyó olfatear mientras la hembra loba trataba de
localizarla.
—Estoy aquí—respondió Sissy mientras se incorporaba hasta que estuvo sobre sus
manos y rodillas.
Los ruidos de pasos se acercaron, y ella escuchó:
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* *
La camarera puso otra hamburguesa con patatas fritas delante de él y dio un paso
atrás.
—¿Algo más?
Con la boca llena de comida, Mitch levantó su vaso vacío.
—Más leche—dijo ella—. Entendido. —Agarrando varios platos vacíos, la
camarera dejó escapar un pequeño suspiro y negó ligeramente con la cabeza antes de
marcharse.
Mitch no sabía por qué todo el mundo lo miraba fijamente. Tenía hambre, maldita
sea; eso no lo convertía en un fenómeno.
Cuando se zambulló en la séptima hamburguesa Mighty Burger de la fonda
Smithtown, el sonido retumbante de un silenciador modificado le llamó la atención,
y el Camaro rojo cereza más dulce pasó como un tiro por el ventanal del frente de la
fonda. Los neumáticos chirriaron, y el coche regresó prácticamente zambulléndose
en el lugar vacío justo enfrente.
En realidad no debería haber estado sorprendido cuando Sissy riendo salió del
lado del pasajero, ni cuando la camarera apoyó su vaso de leche lleno y dijo:
—Oh, Señor. Aquí vienen los problemas.
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—¡Ahí estás!—dijo Sissy mientras entraba en la fonda con otra mujer justo detrás
de ella.
Mitch tenía que admitir que le gustaba cómo Sissy entraba en cualquier lugar. Al
instante, todos los varones eran conscientes de ella. Pero Sissy o bien no se daba
cuenta, o hacía un esfuerzo extraordinario para no darse cuenta. Mitch no lo sabía,
pero disfrutó lo ajena que parecía, fastidiando a todos los machos en un radio de diez
metros.
Sacó una silla y se dejó caer en ella.
—La próxima vez que salgas de la casa, ¿por qué no te pones un gran blanco en el
pecho?
—¿Qué significa eso?—preguntó él mientras masticaba su hamburguesa.
—Estoy tratando de proteger tu tonta persona, y tú vas de vagabundeo.
—No estabas satisfaciendo mis necesidades—dijo simplemente—. Y tengo grandes
y exigentes necesidades.
—Eres un glotón—espetó ella y tomó una patata frita de su plato. Él le gruñó, pero
ella sólo resopló—. Y tacaño.
—Yo no comparto.
—Supéralo. —Tomando más patatas fritas, y arriesgando su mano en el proceso,
Sissy señaló a la mujer que había entrado con ella y que ahora se sentaba en la silla
frente a Mitch—. Este es mi prima, Dee-Ann. Dee-Ann, este es Mitch Shaw. Es un
gato y mi personal dolor en el culo.
—Hola—dijo entre dientes Dee-Ann mientras miraba alrededor de la fonda. Mitch
se percató inmediatamente de esa mirada. Solía tenerla hasta que aprendió a ser más
sutil. Ésta era una mujer cautelosa y suspicaz. Con una mirada, ella probablemente
podría indicarle cada salida en el local, quién creía que sería el mayor problema, y
cuál sería su plan de escape si alguien que la pusiera nerviosa entrara por la puerta
principal.
El cabello de Dee-Ann era más oscuro que el de Sissy y mucho más corto. Sus ojos
eran de un amarillo brillante, y su cuerpo hacía el aspecto de Sissy casi pequeño. Ella
era manifiestamente fuerte y lucía cicatrices que no provenían de garras o colmillos.
—Ella acaba de regresar del extranjero—le dijo Sissy, y sus ojos dejaron en claro
todo.
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* *
Ronnie no había dormido bien durante la noche y durmió hasta la tarde, así que
no se sorprendió al despertarse y darse cuenta de que su compañero no estaba.
Tampoco se sorprendió de encontrarlo caminando de un lado a otro en su oficina.
Shaw pensaba que podía ocultarle sus sentimientos. Pero eran compañeros. Ella
sentía lo que él sentía. No en algún loco nivel metafísico. Simplemente de la manera
en que uno que ama a otro lo siente. Y todo el cielo sabía que amaba a Brendon
Shaw.
—Vas a hacer un agujero en la alfombra, cariño.
Él se detuvo e inmediatamente la miró. Entonces cerró los ojos e hizo retroceder la
furia cociéndose a fuego lento en ellos. Ella raras veces había visto a Shaw tan
enojado. Tenía una naturaleza maravillosa y eso hacía estar con él más fácil de lo que
pudo haberse imaginado. Pero su amor por su hermano era profundo y duradero y
teñido de culpa por la forma en que el padre de Shaw había parecido olvidar la
existencia de Mitch durante catorce años.
Shaw había intentado muy duro proteger a Mitch, pero después de lo que Dez le
había dicho ayer, ellos necesitaban tomar precauciones diferentes para proteger a
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Mitch. Aunque Ronnie aún tenía dificultades para creer lo que Dez le había dicho.
Incluso cuando sabía que era verdad.
—Lo siento—dijo él.
—Y deja de pedir disculpas. No has hecho nada malo. —Ella se acercó a él y le
rodeó la cintura con los brazos—. Nada de esto es tu culpa.
—Entonces por qué tengo la impresión de que lo es.
—Porque está en tu naturaleza. Proteger a todo el mundo a tu alrededor es lo que
haces.
—Tenemos que asegurarnos de que Sissy sabe con lo que está tratando ahora.
Cómo ha cambiado todo.
—Ella lo hará.
—Y luego tenemos que asegurarnos…
Ronnie le puso la mano sobre la boca.
—Alto. —Ella movió sus brazos hasta que estuvieron alrededor del cuello de
Shaw y tiró de él hasta que su cara estuvo presionada contra el lado de su cuello y los
brazos masculinos se apretaron alrededor de su espalda.
Él la abrazó tan fuerte que una mujer más débil habría tenido costillas rotas.
—¿Confías en mí, Brendon?
Él asintió con la cabeza, y ella sabía que no podía hablar en ese momento. Eso
estaba bien. No le hacía falta.
—Entonces, déjame esto a mí, amor.
* *
Finalmente, Mitch parecía haber terminado de alimentar esa cara gorda suya y se
recostó en la silla con un suspiro.
—Ahora esto estuvo bueno.
—Y con suerte, dejaste suficiente comida para el resto del pueblo—disparó ella.
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* *
Mitch salió a la acera y miró a su alrededor. Smithtown era un lugar pequeño y
bonito. Realmente acogedor y limpio. El tipo de lugar donde las personas dejaban su
puerta sin llave durante el día. Incluso con todos los caninos locales mirándolo
fieramente, él todavía se sentía bastante cómodo. A pesar de que había revisado cada
hamburguesa para asegurarse de que nadie hubiera escupido en su comida.
Abriendo la puerta del pasajero del Camaro ’78, Mitch esperó hasta que Dee-Ann
se metió en el asiento trasero, y luego entró él. El coche había sido mantenido por
expertos y prácticamente tuvo a Mitch ronroneando mientras se hundía en el asiento.
—Abróchate el cinturón—le dijo Sissy.
Él casi resopló de nuevo. ¿Qué? ¿Pensaba que podía asustarlo yendo a ciento
treinta o algo así? Una de las razones por las que se había convertido en policía era
porque había intimado con los que lo habían detenido con regularidad. Finalmente,
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* *
Sissy nunca supo que Mitch tenía un vocabulario tan colorido hasta que puso su
viejo Camaro en marcha y pisó el acelerador.
Cuando tomó esas curvas cerradas sobre Deer Road a más de ciento cuarenta y
cinco kilómetros por hora, la llamó con los tipos de nombres por los que su padre le
daría collejas. Cuando jugó Play Chicken 9con un par de sus primos, al menos, estaba
bastante segura de que eran sus primos, en esa camioneta, él se aferró al salpicadero
y apretó los dientes. Cuando iba a más de doscientos kilómetros por hora en Duckbill
Drive, podría haber escuchado algunos rugidos más violentos y uno o dos gemidos.
Pero cuando alcanzó los doscientos sesenta y cinco y tomó esa curva en Watermans
Way, ella supo que tendría que reemplazar el tablero de instrumentos de Dee. Esas
marcas de garras no harían nada más que depreciar el vehículo.
Haciendo volar grava y tierra, giró y aparcó en la tienda. Una tienda de
comestibles que atendía a su especie seguramente ubicada entre el territorio de los
caninos, felinos, y de las hienas. El llamado Mega Store era una de las pocas “zonas
seguras” locales, donde diferentes especies podían socializar con comodidad.
Sissy apagó el motor y arrojó las llaves a su prima, sentada tranquilamente en el
asiento trasero.
—Tío, eso se sintió bien. Tú no puedes hacer ese tipo de cosas en Nueva York. —
Ella palmeó la rodilla de Mitch, deleitándose en la forma en que todo su cuerpo se
apartó de ella—. Vamos, Mitchy. Vamos a conseguir algunas provisiones para
encargarnos de ese hambre tamaño león.
Mordiéndose el labio y disfrutando de su forma de vida mucho más de lo que
realmente debería, Sissy salió del coche y se dirigió hacia las grandes puertas de
cristal de la tienda.
9En inglés Play Chicken: es un juego en el que ambos autos se enfrentan a toda
velocidad uno contra el otro y pierde aquel que se desvía hacia un lado del camino y
gana el que se mantuvo en línea recta.
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* *
Cuando se dio cuenta de que Mitch Shaw no se iba a mover a corto plazo, Dee-
Ann Smith se trasladó al otro lado del asiento trasero y salió del lado del conductor.
Inclinándose, se asomó y frunció el ceño un poco al ver lo pálido que había quedado
el gato grande desde que lo había conocido.
Pálido y un poco verde.
—Hay un pequeño lugar tranquilo detrás de la salida del jardín por allí. Si
necesitas un par de minutos.
Sin mirarla, Mitch asintió con la cabeza.
—Gracias.
—De nada. —Se puso de pie y cerró la puerta del coche, cuidando de no golpearla
bruscamente, dado que realmente no quería que el hombre descargara sus galletas
dentro de su vehículo.
Dee-Ann alcanzó a Sissy dentro de la tienda. Ella tenía lágrimas en los ojos, y Dee
sabía que había estado riéndose del pobre Mitch.
—Eres mala.
—¡Él lo pidió!
—En este momento, ese pobre muchacho está arrojando sus galletas en el jardín y
tú…
—¡Oooh! Dame tu teléfono. Quiero tomar una foto. —Ella trató de alcanzarlo, pero
Dee la agarró del brazo y se lo puso en la espalda.
—No estoy de humor para pelearme.
—Tú no sabes cómo tener algo de diversión.
Dee ni siquiera se molestó en discutir. Ella sabía que su prima era increíblemente
olvidadiza y despistada acerca de muchas cosas. Ella podría ser egoísta, un poco
obsesiva y una cambiante de primer orden. Pero en general, Sissy era una buena
persona, y Dee había estado realmente apenada de ver que su prima no era la
Hembra Alfa de Smithtown. Por supuesto, Dee no supo que Sissy se había mudado a
Nueva York para siempre hasta que había regresado a casa. Su vida en los últimos
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Pero era demasiado tarde. Él ya había agarrado la parte trasera de sus pantalones
cortos y tirado hacia arriba, jalándola de sus bragas10.
El chillido de Sissy alcanzó una nota que Dee nunca supo que su prima fuera
capaz, irritando a cada cambiante en el edificio, antes de que Mitch diera un paso
atrás, se sacudiera las manos, y agarrara un carrito de compras.
—Muy bien, damas. Vamos a conseguir algunas provisiones.
Tratando de conservar un mínimo de dignidad, Sissy se echó el pelo hacia atrás y
mantuvo su columna vertebral recta mientras se dirigía hacia el baño para poder
sacarse las bragas del culo.
Y ahí fue cuando Dee se dio cuenta de que nunca había conocido a un hombre lo
suficientemente valiente como para meterle las bragas en el culo a Sissy Mae Smith.
Más allá del factor entretenimiento, Dee encontró todo el asunto en cierto modo
interesante.
* *
Mitch empujaba su carrito lentamente por el pasillo de la carne. Amaba las tiendas
amigables con los cambiantes. No sólo podía encontrar los cortes de carne más
grandes que en cualquier otro lugar, sino también los más interesantes.
Mmm. Impala. Hacía siglos que no comía impala.
Agarró un costillar congelado, lo dejó caer en su carro y siguió adelante.
Estaba mirando de arriba abajo una pata de cebra cuando se dio cuenta de que
estaba siendo observado de la misma manera, y se volvió para encontrar a tres leonas
extremadamente calientes de pie detrás de él.
—Hola—dijeron al unísono.
10 Hizo esto.
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Mitch sonrió.
—Hola.
—Soy Paula Jo Barron. Estas son mis hermanas, Lucy y Karen Jane.
—Hola. Mitch Shaw.
—Eres nuevo en la pueblo, ¿eh?
—Sí.
—¿Hay alguna posibilidad de que estés planeando quedarte?
—Bueno... —Mitch observó cambiar sus expresiones cuando miraron a su
izquierda. Él siguió sus miradas y se encontró mirando a los grandes y estúpidos ojos
de un lobo. Otro macho. ¿Quiénes eran estos machos? ¿Cuántos había en esta zona
de todos modos?
—¿Qué?
—¿Sissy está contigo?
Mitch sintió el deseo de desnudar los colmillos.
—¿Por qué lo preguntas?
—Sólo quería saludar.
Luego se quedó allí, sin decir nada. Smitty hacía eso a veces. Y los chicos Reed.
Simplemente se quedarían mirando cualquier cosa por ningún motivo. Era irritante.
—Bueno, ella no está aquí en este momento.
—¿Se está hospedando en la casa de sus padres, como de costumbre?
—Te vas a largar ahora, y no te lastimaré, porque te largaste.
El lobo asintió.
—Es justo. Dile a Lou que dije hola.
El lobo se marchó, y Mitch negó con la cabeza. ¿Qué extraña mierda sureña era
eso?
Mitch oyó un carraspeo, y alzó la vista a los tres pares de ojos dorados mirándolo.
—¿Sí?
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Todos esos ojos dorados parpadearon con sorpresa, pero antes de que Mitch
pudiera entender por qué, otro carrito se estrelló contra el de él.
—Si crees—gruñó Sissy Mae, retrocediendo y golpeando su carrito de nuevo—,
por un maldito segundo que voy a pagar por la carne de cebra, ¡has perdido tu
jodida cabeza de gato!
—Eso es impala. No he agarrado la cebra todavía. Y tú vas a pagar por ello. ¿Y
quién diablos es Lou?
—¿Quién? ¿Y qué te hace pensar que voy a pagar por mierda?
—Porque yo lo quiero.
—Yo quiero la paz mundial y no tenerte a mi alrededor. Y sin embargo, no todos
conseguimos lo que queremos.
Él puso los ojos en blanco.
—Te devolveré el dinero, canina llorona.
—Podemos cazar ciervos en el patio trasero—le dijo exasperada.
—¿Cazar? ¿Yo? —Él se puso las manos en las caderas—. Tu trabajo es conseguirme
comida. ¿Por qué no has entendido ese concepto?
—Te puedo traer un bocadillo de puño. —Entonces ella puso su puño debajo de su
nariz—. Es mi especialidad.
Solo para cabrearla, y porque a él algo le gustaba, Mitch le lamió los nudillos.
—¡Puaj! —Ella rápidamente se limpió la mano en la camiseta—. ¡Eres asqueroso!
—Tienes un trabajo, canina. Atender todas mis necesidades y deseos. —Miró a las
leonas todavía mirando ávidamente—. Decidle cuál es su función. Y cómo debería
adorar cada minuto que emplee en atender mis necesidades y deseos.
Sissy miró a las leonas.
—Paula Jo.
—Sissy Mae. ¿Divirtiéndote?
—¡No! —Ella se volvió hacia Mitch, poniendo sus manos en jarras, imitando su
postura—. No estoy divirtiéndome. ¿Y cómo vosotras los aguantáis?
La leona se encogió de hombros y admitió:
—Es su esperma. Aguantamos mucho para conseguirlo.
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* *
Sissy agarró una caja de cereal. Era la caja más grande que tenían. Esto debería
funcionar. Dejó caer la caja en su carro.
—Bien podrías agarrar cuatro más si quieres que duren más allá de hoy.
Sissy cerró brevemente los ojos.
—Dime que solo estás siendo cruel porque nos odiamos.
Paula Jo negó con la cabeza.
—Ojalá pudiera, ya sabes, porque te odio. Pero es cierto. Por supuesto—le dijo con
una sonrisa lenta—podrías enviarlo a mi casa. Mis hermanas y yo sabemos cómo
encargarnos de los leones machos, y te libraremos de él. Y tú puedes volver a lo que
sea que hagas. Lamerte el culo. Perseguirte la cola.
Sissy apenas oyó los viejos insultos. Ni siquiera los registró. Estaba demasiado
ocupada dándose cuenta de que Paula Jo lo decía en serio. Ella quería a Mitch. Para
ella y su manada.
Y Sissy sería condenada antes de permitir que eso sucediera.
—Lo siento. Prometí que lo mantendría conmigo.
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—Sí, pero él está comiendo fuera de tu casa. Y continuará haciéndolo. Las dos
sabemos que los tiempos son difíciles en este momento, así que, ¿por qué no me dejas
tenerlo?
Sissy presionó la mano contra el pecho. ¿Qué era esa extraña sensación que tenía?
Era algo... raro. Y ella nunca la había experimentado por un hombre antes. Pero se
había sentido así una vez antes con Paula Jo. Cuando la leona le había quitado el
primer ciervo que Sissy había derribado por su cuenta. Era sólo una pequeña cosa y
enfermiza, pero era de Sissy. Entonces Paula y su hermana Karen Jane salieron del
bosque y ahuyentaron a Sissy y Ronnie Lee. Mientras Sissy las observaba comerse su
premio, había estado tan enfadada que, directamente, no podía ver.
Señor en el cielo... ¡estaba celosa!
—Lo siento, Paula Jo. A diferencia de vosotros, cuando los lobos se comprometen,
incluso con un gato, cumplimos.
Como de costumbre, fue en ese momento cuando Mitch, de repente, se deslizó por
el final del pasillo. Literal. Se deslizó. Debido a que tenía los pies en el carro y se
había empujado a sí mismo.
—¿Estaba bailando ballet? —Paula Jo frunció el ceño.
Por la posición de los brazos...
—Creo que sí.
Sissy se frotó los ojos con los puños y se preguntó cuánta vergüenza acarrearía al
nombre Smith si se escapara de Paula Jo.
La leona se alejó lentamente.
—Interesante.
* *
Mitch metió el brazo hasta el fondo del estante de las papas fritas, hizo una
pequeña U, y lo arrastró hacia adelante. Las grandes bolsas cayeron del estante
directamente dentro del carro. Él hizo lo mismo con los pretzels.
Su nariz olfateó el aire, y miró por encima del hombro.
—Hola, Dee.
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—Hola.
—Aprovisionándome.
—Ajá.
Lo rodeó y miró su compra. Cuando su mirada se encontró con la de él, no dijo
una palabra.
—¿Qué?
—Nada.
Mitch empujó el carrito hacia adelante, Dee caminó a su lado.
—Dee, ¿puedo hacerte una pregunta?
Ella se encogió de hombros.
—No veo por qué no.
Eso parecía una respuesta extraña, pero... lo que sea.
—¿Quién es Lou?
—¿Lou? Conozco a montones de Lou. Vas a tener que ser más específico.
—Él es lobo y estaba preguntando por Sissy hace unos diez minutos.
—Oh. Ese Lou. Sí. Lo conozco. Él es de Smithtown.
—¿Qué es lo que quiere de Sissy?
—Lo que todos los machos de Smithtown quieren de Sissy. —Dee se detuvo por
dulces y agarró una barra de Hershey. Nada elaborado. Nada de almendras o
caramelo. Sólo sencillo chocolate con leche. Tenía una sensación que explicaba muy
bien a Dee.
—¿Y qué es eso?
—Follarla.
Mitch de repente miró a su alrededor. Nunca esperaba una respuesta tan…
contundente. Ni siquiera de Sissy. Y no le gustó esa respuesta cortante ni un poquito.
—¿Es así?
Ella mordió su chocolate y lo masticó. Esperaba que planeara pagarlo. Por ahora,
todavía era un policía.
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—Y marcarla.
—¿En serio?
—Ella es Sissy Mae. Nació Alfa. Y descendiente directa de los Smith. Además,
siempre he oído que es una traviesa en la cama.
—Está bien. Detente. —Mitch levantó las manos—. Sólo... detente.
—Tú preguntaste.
—Sí. Porque soy un idiota. Gracias por el recordatorio.
Por primera vez, Dee sonrió abiertamente. No la hizo más bonita, pero le quitó esa
perpetua mirada feroz.
—De nada.
* *
—¿Cuánto?—preguntó bruscamente Sissy cuando la cajera le dio el precio final.
Mitch se acercó a su hombro.
—Págale. Me está dando hambre.
Sintiéndose enferma, Sissy lo miró.
—¿Otra vez? Acabas de comer hace una hora. —A este paso, el hombre acabaría
con todas las provisiones de alimentos de Smithtown. Y se comería su dinero hasta
dejarla en un asilo de pobres.
—Casi dos. Y no vas a conducir esta vez. Devuélvele las llaves a Dee-Ann.
—No me digas qué…
—Ahora. O es el momento de un meterte las bragas en ese culo atómico. —Ella
sabía que él no estaba bromeando.
Gruñendo, le entregó la tarjeta de crédito de su madre a la cajera, debería a esa
mujer una fortuna cuando volviera al pueblo, pero Sissy no podía arriesgarse a usar
la suya, y a Dee Ann las llaves del coche.
—Te odio.
—¿Cómo puedes odiar esta cara?
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—Fácilmente.
—Pero soy adorable.
—Más como un psicópata.
Sintiéndose enferma de lo mucho a lo que ascendía esa sola factura de alimentos,
Sissy firmó el recibo, mientras que Dee miraba toda la comida que los dos
dependientes de la tienda embolsaban.
—No vamos a poder meter todo esto en el Camaro.
Sissy no estaba exactamente sorprendida. Ellos habían llenado tres grandes carros
con toda la comida que habían comprado. No estaba muy segura de adónde iba a
meter todo en la casa de su madre tampoco. Sólo tenían dos congeladores.
—Sissy podría caminar hasta la casa mientras tú nos llevas a mí y a los comestibles
de regreso.
—O yo podría destriparte aquí y dejar que tu cadáver en descomposición atraiga a
las hienas, mientras nos vamos a casa y disfrutamos de una agradable y tranquila
comida en casa de mis padres—respondió Sissy.
Mitch lo pensó un momento, pero finalmente negó con la cabeza.
—Eso realmente no funciona para mí.
—Entonces cállate.
Requirió un poco de trabajo, pero al fin, se las arreglaron para meter toda la
comida y a ellos tres en el coche, aunque Sissy terminó conduciendo porque Mitch no
cabía en el asiento trasero con todos los comestibles y ella se negó a entrar en el
asiento trasero ya que se rehusaba a parecer débil. Realmente nunca fue fácil ser una
Loba Alfa. Mitch sugirió que podía conducir, pero Sissy y Dee sólo se rieron de él.
Pero si Sissy siquiera superaba los cien, Mitch comenzaba a rugir, lo que pronto se
tornó cansino... y no hacía nada por sus oídos sensibles.
Una vez que llegaron a la casa de sus padres, ella y Dee pasaron otra hora
tratando de averiguar dónde poner toda la comida. Por supuesto, Mitch no fue de
mucha ayuda allí tampoco.
—Estoy demasiado hambriento para pensar—reclamó él y terminó sentado en el
sofá de sus padres comiendo un gran plato de Frosted Flakes y leche.
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—Está bien. A la cuenta de tres... ¡uno, dos... tres! —Las primas cerraron la puerta
del congelador, y de alguna manera, la trabaron.
Sissy dejó escapar un suspiro.
—Bueno. Conseguimos que entre.
—Ya sabes, en dos días más, le estarás comprando más comida.
—No quiero hablar de eso.
Regresaron a la cocina.
—¿Quieres quedarte un rato?
—No puedo. Prometí a madre que estaría en casa para la cena.
—Ven de visita mañana si quieres.
—Está bien. —Dee comenzó a ir hacia la puerta—. Y recuerda vigilar tu espalda.
—¿No lo hago siempre?
—Vigila más—le dijo Dee antes de cerrar de un portazo.
Sissy negó con la cabeza.
—Como siempre con esa chica... incomprensible.
* *
Mitch limpió la 45 y revisó el cargador.
—¿Trajiste algunas otras municiones con nosotros?
Sissy entró desde la cocina, secándose las manos en un paño de cocina. No sabía
qué diablos estaba ella cocinando allí dentro, pero Cristo Todopoderoso, olía tan
jodidamente bueno.
—¿Qué?
Él sostuvo en alto el cargador.
—¿Más municiones? ¿O es todo?
—Eso es todo lo que traje de Nueva York.
Él hizo una mueca.
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—Esto no es mucho.
—Lo sé.
Se miraron el uno al otro durante varios segundos. Por último, dijo Mitch:
—Gracias por tu alto nivel de preocupación.
—Realmente no está a la altura de tu alto nivel de lloriqueo.
—No estoy lloriqueando, estoy preocupado por nuestra seguridad.
Sissy se metió el paño de cocina en la cintura de sus pantalones cortos y atravesó
la habitación. Hizo a un lado un estante de madera que sostenía todo tipo de
pequeños y curiosos objetos y cosas. Cosas que Mitch sólo rompería accidentalmente,
por lo que nunca tuvo nada de eso en su propia casa.
Sissy no quitó el estante adosado a la pared; simplemente lo abrió. Fue entonces
cuando Mitch vio la falsa pared detrás de éste. Ella se apartó hacia un lado, dejando
al descubierto una caja de seguridad. Él conocía la marca. Era una de las de última
tecnología. Sissy marcó un código y bajó la palanca. Abrió la puerta, y Mitch dejó
escapar un suspiro ahogado.
—Santa mierda.
—Éstas son las cosas de madre—dijo Sissy mientras daba un paso atrás para que él
pudiera tener una vista aún mejor del arsenal detrás de la pared—. Puedes usar
cualquier cosa aquí excepto sus cuchillos. No te metas con sus cuchillos. Yo robé solo
uno, una vez cuando tenía doce años, y me azotó el culo. Y como parece que le
gustas, voy a ser la que sufra.
Cuando Mitch simplemente se sentó y se quedó mirando, ella le hizo un gesto
para que se acercara.
—Ven acá. Te voy a mostrar lo que tiene. Luego te mostraré el piso de arriba de
padre.
Poco a poco, Mitch se puso de pie.
—¿Podéis tener legalmente estas cosas?
—La caza es una forma de vida por aquí.
Mitch metió la mano en la caja fuerte de ocho estantes y sacó la semiautomática
Tech Nine.
—¿Y qué, exactamente, es lo que caza con esto, señorita Smith?
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Capítulo 7
Sissy no sabía que alimentar a Mitch sería tan agradable, excepto por el gasto, por
supuesto. Él había gemido y ronroneado mucho durante toda la comida. Todo lo que
pusiera delante de él lo haría sonreír, y luego lo devoraría como si no hubiera comido
en días.
Le había hecho a su ego un mundo de bien y eliminado el enfado por todo el
dinero que había gastado antes. Ella raras veces cocinaba por estos días y había
olvidado cómo era tener a alguien apreciando sus esfuerzos.
Por supuesto, le hizo limpiar la vajilla mientras tomaba una ducha. Él había
tratado de luchar contra eso, pero cuando ella le prometió guiso de cebra para el día
siguiente, cerró la boca y se puso a trabajar. Cuando entró en esa cocina una hora
más tarde, brillaba como si los ángeles la hubieran tocado.
Ahora, con una cerveza en la mano, estaba sentada en la mecedora del porche
delantero vistiendo su vieja camiseta de béisbol favorita y disfrutando de la noche
de final de verano. Esto era lo que echaba de menos de vivir en Smithtown. Noches
como ésta. En Nueva York, nunca era tranquilo, y aun mientras adoraba la energía,
había que aceptar lo maravilloso de oír los grillos y los pájaros nocturnos.
Mientras se peinaba el cabello mojado, comenzó el aullido. En la parte más alejada
de Smithtown, un lobo comenzaría, y se extendería hasta que todos en Smithtown
estuvieran animados con el sonido. Sonriendo, Sissy inclinó la cabeza hacia atrás y
aulló junto con ellos. Ella simplemente adoraba ese sonido. Adoraba el significado
detrás de él. El poder. El…
—¡Cierra la boca! ¡Estoy tratando de dormir!
Sissy se puso bizca mientras los aullidos se detenían abruptamente. Señor, ella
escucharía hablar de esto hasta que estuviera en su tumba.
Con un suspiro, se dirigió a su cuarto y cerró la puerta. Mientras terminaba de
peinar su cabello, hojeaba una vieja revista de autos que había encontrado metida en
uno de los cajones del escritorio. La hizo sonreír ver todas las notas que Ronnie Lee y
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ella habían hecho. Escogiendo sus coches de ensueño y marcando todas las piezas
necesarias que planeaban conseguir un día. En aquel entonces, a ellas les gustaban
sus coches como sus hombres. Grandes, poderosos, y malos.
Por supuesto, Mitch no era malo. Nunca ex profeso, de todos modos.
Espera. ¿De dónde vino ese pensamiento? ¿Por qué estaba pensando en Mitch y en
qué hombres le gustaban al mismo tiempo? ¿Qué le pasaba? ¿Y cuándo había
comenzado a hacerse tantas preguntas? ¿Y por qué no podía detenerse?
Un golpe brusco trajo de regreso a Sissy al momento, y ella terminó mirando
fieramente a su pobre puerta indefensa.
—¿Qué, Mitchell?
Mitch abrió la puerta de un empujón y se quedó allí luciendo demasiado bueno
para ser remotamente justo. Llevaba un nuevo par de pantalones de chándal y... nada
más. Estaban apoyados bajos sobre sus caderas, atormentándola cruelmente. ¡Ella no
era una santa, maldita sea!
—Sexy, sexy—le gruñó antes de que pudiera detenerse.
—Me tratas como a una puta.
—Eres una puta.
Él sonrió.
—Esto es cierto.
Ella lo miró.
—No puedes dormir, ¿verdad?
—Lo intenté.
—¿El aullido?
—No. Eso fue realmente molesto.
—Por aquí, eso es todas las noches, así que acostúmbrate.
—Estupendo..
Sissy levantó las piernas y las rodeó con sus brazos.
—¿Tiene pesadillas?
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—No como solía hacerlo. Sobre todo porque simplemente no duermo. Supongo
que definitivamente estoy sintiéndome mejor ya que parezco estar volviendo a mis
viejos hábitos.
—Sin embargo, tu apetito está funcionando adecuadamente.
—Sí, ¿verdad?
Entró en su habitación, mirando todas sus fotos y coches de juguete.
—¿Dormiste anoche?
—Eh... seh. Lo hice. —Él la miró a través de sus ridículamente largas pestañas
doradas oscuras, que ella nunca había notado antes. Señor, ayúdame—. Creo que fue
por tu culpa, sin embargo.
—¿Mi culpa? —No infieras demasiado en eso. No infieras demasiado en eso.
—Seh. Creo que fueron tus ronquidos. Fue muy relajante, y todo ese babeo me
recordó a una cascada.
¿Viste? Sissy agarró una de sus almohadas y la lanzó a su cabeza.
—Cabrón.
Mitch rió. Ella apreciaba el hecho de que a pesar de que el tío había pasado por el
infierno y se veía obligado a permanecer en un pueblo extraño donde todo el mundo
lo odiaba por principio, aún amaba reír.
—Entonces, ¿tienes un diario que pueda leer?—le preguntó en broma—. Sería un
cuento descarado sobre una Sissy Mae joven y obstinada, descubriendo su
apasionada sexualidad.
—¿Un diario? ¿Con mi madre alrededor? Pensé que tenías más sentido común. Mi
padre no la llama la Gran Detective por nada. Si la mujer se concentra en ello,
probablemente podría encontrar a D.B. Cooper y Hoffa11. Así que tener un diario con
todos mis más profundos y oscuros secretos sería una de esas cosas tontas que trato
de no hacer.
Ella metió la mano bajo su cama y sacó un álbum de fotos.
—Pero tengo fotos mías y de Ronnie Lee en bikinis. —Ella se movió hacia atrás en
su cama y palmeó el colchón.
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Mitch se quitó la Glock primero, y luego se lanzó sobre la cama como un niño de
diez años. Una vez que se acomodó, con la espalda apoyada contra el cabecero y su
demasiado largas-para-la-cama piernas estiradas, Sissy colocó el álbum sobre su
regazo.
Ella abrió la tapa y pasó unas pocas páginas, pero Mitch la detuvo. Él la miró
cuando ella tenía ocho años y Bobby Ray diez.
—Guau. Jess tenía razón, Sissy. Su cabeza era enorme.
Sissy arrugó la nariz.
—Lo sé. Le tomó un tiempo crecer a esa cosa. La Armada realmente ayudó. Su
cabeza nunca se volvió a achicar, pero por suerte, su cuerpo se desarrolló mucho.
Mitch comenzó a pasar las páginas. Él sonrió ante una foto de ella cuando tenía
unos once años. Llevaba un bikini con pantalones cortos de mezclilla y tenía su dedo
medio levantado para la cámara.
—Dee tomó esa. Ella estaba en el club de fotografía en la escuela.
—¿Tu madre ha visto esta foto?
Ella se rió.
—Oh, sí. La ha despedazado seis o siete veces… pero Dee tiene el negativo y un
cuarto oscuro.
Después de algunas páginas más, Mitch se detuvo en una foto de ella, Ronnie Lee,
y su prima Katie de Carolina del Norte. Las tres estaban en bikini, y se podía ver a
tres tigres en el fondo observándolas.
—¿Qué edad tenías aquí?
—Dieciséis.
—Tío, incluso entonces.
—¿Incluso entonces qué?
Él no respondió y en lugar de eso le preguntó:
—¿Quiénes son los gatos callejeros?
—Algunos chicos que conocimos cuando yo estaba de vacaciones en Smithville.
¿Alguna vez has estado allí?
—No. Sin embargo he oído hablar de eso. Se supone que es divertido.
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—Si te gusta luchar contra osos, tigres y hienas por tu cena de cebra, es una
pasada. Me encanta ir allí, pero no he estado en mucho tiempo.
—¿Es cierto que tienen focas?
Sissy se encogió de hombros.
—Sí. —Ella bajó la voz—. Sólo durante el invierno, sin embargo. Son para los osos
polares. Ellos sólo se sientan junto a ese lago de agua salada y esperan a que las focas
se acerquen lo suficiente.
—Tú tienes cuestiones morales con eso, ¿verdad?
—Por lo menos mis cenas pueden correr velozmente.
Mitch volvió unas páginas más.
—Eh... ¿Sissy?
—¿Uuumm?
—¿Por qué a la mayoría de las fotos de esta sección les falta la mitad?
—Oh, sí. Eso.
Mitch se rió entre dientes.
—¿Ex-novio?
—Sip. Mi primer novio. En realidad... mi único novio. A los hombres con los que
he estado desde entonces nunca los llamaría novios.
—¿Una mala ruptura?
—Algo así. —Ella se frotó la frente y bostezó—. ¿Y tú? ¿Tuviste una novia cuando
tenías dieciséis años?
—Sip. Una loba. Mira... Yo soy las Naciones Unidas del mundo cambiante.
Dispuesto a tomar a todas las participantes.
—Una loba, ¿eh? ¿Te recuerdo a ella?
—No. —Mitch hojeó unas cuantas páginas más—. Ella era muy agradable. —Sissy
estrelló su puño en el masculino hombro izquierdo—. ¡Ay! ¿Por qué fue eso?
—¿Estás diciendo que no soy agradable?
Mitch se rió entre dientes.
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—Eso no es lo que quise decir. No, tú no me recuerdas a ella y ella era muy
agradable. No que tú no me recuerdes a ella porque ella era realmente agradable.
—Mejor que sea eso lo que quisiste decir. —Sissy apoyó la barbilla en las rodillas
levantadas—. ¿Qué pasó con ella?
—Ella me dejó por un tigre con un Mustang.
—Puedo decir que nunca me deshice de un hombre por un coche. Sin embargo,
me han disparado por un coche.
—Eso, de alguna manera, no me sorprende. —Miró alrededor de la habitación—.
Estás obsesionada con los autos poderosos, Sissy.
—Sí. Ronnie Lee y yo solíamos reconstruirlos. Hace mucho tiempo que no lo
hacemos.
—¿Erais buenas?
—Sí. —Ella lo estudió por un momento, debatiendo brevemente consigo misma.
Eh. ¿Qué demonios?—. Puedo llevarte a ver uno mañana. Acabó en la casa de mi
hermano. La casa de Sammy. —Ella no confiaría en ninguno de los otros para
conservar algo tan importante para ella.
—Me encantaría. No me canso nunca de los coches.
—Bien. Haremos eso después de que vayamos de caza por la mañana.
—¿Quieres decir después de que tú vayas de caza por la mañana?
—Tú estás viniendo conmigo. Vamos a caza un cerdo para el desayuno. Será
divertido.
—No suena divertido. Parece que estoy trabajando por mi comida. ¿Cómo es eso
justo? —Él se tocó el hombro herido y puso sus grandes ojos de gato. Parecía una de
esas pinturas de terciopelo—. Duele.
—Dolerá más si no empiezas a hacer tu parte por aquí, viejo. Además, necesitas el
ejercicio para recuperar tus fuerzas.
—No estás cuidándome muy bien.
—¿He puesto una almohada sobre tu cabeza mientras dormías?
—Eh... no.
—¿Te he lanzado algo pesado y mortífero?
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—No.
—Entonces te he cuidado.
—Agradable. —Él hojeó unas cuantas páginas más, pero ella podía ver que estaba
luchando para mantenerse despierto. Bueno. Mientras más durmiera, mejor se
pondría—. ¿Puedo hacerte una pregunta extraña?
—No, no haré el amor contigo en mi cama de la infancia.
Mitch se rió entre dientes.
—Eso no es un problema. De todos modos, soy más la clase de tío de tomarte
contra la pared. —Y ella casi se tragó la lengua—. Pero esa no es mi pregunta.
—Pregunta entonces.
—¿Por qué esta casa tiene tantas puertas? Tienes una en la salita, en la cocina, en la
sala de estar, y la que está detrás de las escaleras.
—Hacienda—dijo simplemente.
Mitch frunció el ceño.
—¿Hacienda?
—Sí. Así es como mi abuelito la llamaba. Él construyó esta casa, y quería ser capaz
de huir cuando tenía que huir. ¿Bobby Ray nunca te lo dijo?
—Decirme, ¿qué?
—Cariño, el imperio Smith…
—¿Imperio?
—… se basa en el dinero del licor destilado ilegalmente. Muchas puertas significan
muchas salidas. Y al abuelito le gustaban sus salidas. Si a él no le gustaba alguien, y
me refiero a que podría ser la reina de Inglaterra, el hombre se levantaría y saldría.
Mitch examinó las paredes de nuevo.
—Eso explica el fetiche del coche.
—Sip. En esta familia, naces sabiendo dos cosas. Cómo reparar un carburador y la
forma de correr más rápido que los de Hacienda.
—Programado en tu ADN, ¿verdad?
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12Shiner significa ojo negro. El término es de origen irlandés donde existía un castigo
por no conservar la maquinaria entregada brillante como la bota de un oficial
británico.
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En su sueño, él la agarró del brazo y la sostuvo contra él. Incluso si ella hubiera
querido irse a otro lugar, no parecía como que fuera posible.
Sin embargo, no le importaba. Sissy sabía a ciencia cierta que había peores
maneras de pasar una noche.
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Capítulo 8
Por supuesto, eso podría tener mucho que ver con el hecho de que su cara estaba
enterrada entre dos grandes y perfectos pechos.
Mitch no podía creer lo bien que había dormido. De hecho, él había comulgado
con su posible muerte simplemente al darse cuenta de que por una vez, dormiría de
nuevo. Un sueño real. Profundo, sin inquietarse y sin preocuparse por absolutamente
nada.
Pero él no tuvo que morirse para conseguir ese tipo de sueño. En lugar de eso,
simplemente tuvo que confiarse a Sissy. No fue tan difícil como sonaba porque sabía
que ella cubriría sus espaldas. Si ella supiera que había peligro, lo levantaría y estaría
listo para pelear en cuestión de segundos, y él haría lo mismo por ella.
Ese tipo de asociación significaba más para él que cualquier pieza de culo porque
ese tipo de asociación lo mantenía respirando.
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De repente, Sissy gimió en sueños, y sus brazos lo rodearon con fuerza, las manos
escarbando en su pelo.
¡Ay no! Esto no era bueno. No, esto estaba mal. Esto era bueno. Se sentía bien. Se
sentía increíble, tener a Sissy abrazándolo así. Pero no sería correcto aprovecharse de
ella cuando estaba fuera de combate.
Correcto… ¿correcto?
Tenía que apartarla. Tenía que ponerla a un lado, entrar en la ducha y encargarse
de las cosas por sí mismo. Y tenía que hacerlo ya.
—Clyde.
Mitch se congeló. ¿Clyde? ¿Quién carajo era Clyde? ¿Y por qué coño estaba Sissy
gimiendo su nombre en su sueño? Era ese ex novio que ella había mencionado
anoche? ¿Todavía estaba obsesionada con ese tipo?
—Clyde.
Suficiente.
Sissy abrió los ojos, y Mitch se obligó a ignorar lo bonitos que esos ojos de color
marrón claro eran tan temprano en la mañana.
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—¿Eh?
Espera. ¿Qué significó eso? ¿Qué fue esa expresión en su cara? ¿Qué le estaba
ocultando?
—Nadie.
—Sissy…
—Vamos. Me prometiste que iríamos de caza. —Ella escapó de sus brazos y salió a
toda prisa de la cama—. Voy a cepillarme los dientes primero, luego nos vamos.
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Cinco segundos más tarde, ella regresó caminando en cuatro patas y meneando la
cola. Cuando él continuó con el cepillado, ella le ladró.
Sissy se sentó y se rascó la oreja con su pata trasera. Ella se parecía a todos los
lobos Smith cuando cambiaba. Pelaje marrón oscuro, casi negro, con diminutas
manchas blancas y doradas. A diferencia de sus ojos, o incluso los de Bobby Ray, los
ojos de Sissy iban del marrón claro al amarillo solo cuando era loba.
Y por suerte, había terminado de pelechar. Aunque había sido divertido cuando
entró en su habitación de hotel y la encontró frotándose contra una maceta o los
muebles, tratando sacarse los mechones de pelo.
Mitch terminó el cepillado, escupió, y Sissy se estrelló contra su costado con sus
patas. Hembra impaciente. Entonces comenzó a ladrarle y no se detendría.
* *
Le tomó un tiempo, y para ser franca, Mitch no era el mejor cazador con quien ella
alguna vez había trabajado. De hecho, su hermana mayor, Marissa, era diez veces
mejor, pero finalmente habían rastreado al jabalí y lo habían acorralado. El jabalí era
un enorme macho viejo y malvado. Cuando se dio cuenta de que había sido
acorralado, bajó la cabeza y cargó.
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Mierda.
Sissy se lanzó a un lado cuando la bestia se abalanzó sobre ella, y cuando él pasó a
su lado, lo agarró de la pata y lo arrastró hacia atrás.
La pareja fue tras él, y Mitch había agarrado al jabalí de nuevo para cuando Sissy
los alcanzó.
Mitch arrastró al jabalí hacia atrás para que Sissy pudiera agarrarlo. Pero antes de
que pudiera hacerlo, el agua del lago de repente estalló alrededor de ella, y Sissy se
tambaleó hacia atrás.
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Pride 3
Por supuesto, eso significaba que todos ellos se mantenían alejados de Ralph. Si
Ralph conseguía su presa, ellos encontraban otras.
Cuando Sissy se limpió el agua de los ojos, vio como Mitch jugaba a tirar con un
maldito cocodrilo. Ella le ladró, pero él parecía decidido a no entregar al maldito
jabalí.
Sissy ladró más fuerte y golpeó sus patas contra el costado de Mitch. Pero él sólo
clavó sus enormes patas en la tierra blanda que rodeaba el lago y se instaló en un
tironeo en el que Ralph parecía más que feliz de participar.
—Sissy Mae.
Sissy miró y vio a Dee-Ann de pie a unos tres metros de distancia, la ropa
apretada en su mano.
—Tienes que... —La mirada de Dee viajó de Mitch a Ralph—. Sagrada mierda.
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Pride 3
—¡Dee-Ann!
—No grites. —Su prima se volvió hacia ella—. Me enviaron aquí a por ti. —Ella
suspiró—. Ellos quieren verte en la ciudad.
Sissy dejó escapar un suspiro enojado. ¿Ahora? ¿Su hermano la quería ahora?
Entonces se detuvo un momento para pensar en ello. Bastardo. Era perfecto. Echarla
a patadas mientras Mitch no podía caminar, habría hecho que el pueblo se volviese
contra él por ser un gran gilipollas. Espera a que el gato pueda pelear contra
cocodrilos, y la ciudad tendría un desfile de vehículos conduciéndolos afuera.
¡Bastardo!
Sissy apartó su molesta mirada de Mitch y volvió sus ojos hacia su prima.
—¿En serio?
* *
Mitch tenía un buen agarre sobre el jabalí, que sin ninguna duda había muerto
hacía bastante tiempo por la pérdida de sangre y daños internos, pero ese maldito
cocodrilo no renunciaría.
¿Y eran los cocodrilos autóctonos de esta región? Había visto documentales sobre
cocodrilos, y nunca había oído hablar de una enorme población en las selvas de
Tennessee.
¡Pero la investigación tendría que esperar porque la maldita cosa no iba a soltarlo!
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Pride 3
Pero Mitch sintió su ira escalando a un nuevo nivel cuando se acercó a la casa y los
vio. Había alrededor de ocho, y todos ellos sujetaban flores o cajas de chocolate.
¿Qué carajo?
¿Y Sissy estaba espantando a esos lobos cachondos? ¡No! Ella estaba luciendo
demasiado linda y mojada del lago, con esos diminutos pantaloncitos y camiseta, ¿no
tenía ningún otro tipo de ropa?, mientras que aceptaba sus flores o chocolates y
sonreía.
¡No había entendido ella que hasta que él se fuera, su atención sólo debería estar
enfocada en su persona? Cierto que sólo tenían una amistad, y eso probablemente
permanecería igual, pero hasta que regresara a Filadelfia, esperaba que se enfocara
exclusivamente en él.
De pie detrás de Sissy y consiguiendo una mirada muy agradable de ese gran
culo, clavó los ojos en los lobos que habían venido de visita. Ellos le devolvieron la
mirada, ninguno haciendo un esfuerzo por marcharse.
Sissy lo miró.
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Ahora los lobos parecían un poco preocupados. Pero Mitch no tenía idea de quién
era Ralph. Para dejarlo claro, él inclinó la cabeza hacia un lado, y Sissy sacudió la
cabeza con evidente disgusto.
No dispuesto a ser ahuyentado por algunos pastores alemanes que llevaban flores,
Mitch agarró la parte posterior de los pantalones cortos de Sissy y la arrastró hacia
los escalones.
A Mitch no le importó.
* *
Sissy dejó que la arrastra a la casa porque sabía que si intentaba alejarse, sus
pantalones cortos se rasgarían y ella no estaba de humor para eso.
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Pride 3
Dee entró tras ellos y cerró la puerta mientras Sissy abofeteaba el hocico de Mitch,
hasta que la soltó.
Esa había sido una maniobra estratégica. Ella no quería tener que preocuparse de
que nadie empezara una pelea con Mitch cuando ella estuviera fuera de la casa. Al
menos no hasta que recuperara todas sus fuerzas.
—Sí. Sí. Pero estoy empapada de sangre de jabalí, así que mejor me doy una
ducha. —Ella tenía el pie en el primer peldaño, pero una gran mano la tiró contra la
pared y el gran brazo unido a ésta bloqueó las escaleras. Miró a un Mitch ahora
humano, ensangrentado, y completamente desnudo. Sí, Señor—. ¿Sí?
—Tengo hambre—repitió.
—Dee, cariño, ¿podrías encargarte de que el rey de la selva aquí tenga algo para
desayunar ya que parece ser incapaz?
—Sí.
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Pride 3
* *
Sissy tenía razón, Dee no era tan buena cocinera como ella. No era mala, pero Sissy
realmente tenía una habilidad especial con la sartén.
—Sissy…
—Adiós. No me demoraré. —Ella salió por la puerta de atrás sin decir una
palabra.
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Dee se rió entre dientes o bufó, Mitch no podría decirlo, y puso las sartenes sucias
en el fregadero.
—¿Eso es un sí o un no a mi pregunta?
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Capítulo 9
Por supuesto, también fue en estos pasillos donde el profesor de inglés le dijo que
podría querer pensar en un trabajo que no requiriese que pensara demasiado. O la
vez que el director citó a su madre a la escuela porque Sissy había perseguido a Jessie
Ann Ward hasta dentro de los respiraderos del aire acondicionado donde Sissy había
conseguido golpear su pequeño cuerpo escuálido. Tío, Mama estaba cabreada ese
día.
La escuela secundaria local era también el lugar donde se reunieron los ancianos
de la ciudad. En algunas de las ciudades, la junta estaba constituida por muchas
especies. Caninos, felinos, osos e incluso hienas. Pero no en Smithtown. Debido a que
dentro de las fronteras de Smithtown, sólo había caninos y un par de osos
antisociales que vivían en casas cerca de las cuevas. Los osos que vivían en
Smithtown eran simplemente demasiado grandes y malos para joder con ellos,
especialmente los polares, así que los lobos los dejaban en paz. La política del pueblo,
sin embargo, estaba bajo el control de los lobos, y esos eran a los que ella se estaría
enfrentando hoy. Su parentela.
Su único problema ahora era que su padre y su madre no estaban allí, lo que
dejaba este asunto a los más fuertes.
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—Es una pena que no volviste a casa sola—dijo Travis Ray suavemente. Como
siempre, hablaba suavemente y tenía una pata grande y gorda… y una cabeza igual.
Aunque a diferencia de Bobby Ray, Travis nunca había podido usar su cabeza.
—¿Cómo estás, cariño?—preguntó con su mejor voz de “Soy tan sincera”—. ¿Estás
bien?
—Estoy muy bien, Patty Rose—respondió Sissy con su mejor voz de “Eres una
miserable mentirosa, pero fingiré que no lo eres”—. Muchas gracias por preguntar.
—¿Acerca de qué?
—Él tiene que irse. —Travis rara vez se molestaba en andarse por las ramas. Era
un hombre directo que esperaba respuestas directas.
—No puedo hacer eso. Le prometí a su familia que estaría a salvo aquí.
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Pride 3
Haciendo caso omiso de Jackie como siempre lo hacía, Sissy se acercó más a
Travis.
—Entonces tal vez deberías escoger mejores amigos con quienes pasar el tiempo,
hermanita.
—Ya, Travis Ray—le llamó la atención Patty gentilmente, como si pensara que
Sissy creería algo de eso durante dos segundos. La loba la odiaba. Siempre la había
odiado, siempre lo haría—. Manejemos esto amistosamente.
—Está bien.
—Si él se va, me voy con él. —Y su hermano sabía eso de ella. Sabía que nunca
despacharía a Mitch por su cuenta.
—¡Oh, no! —Travis dio un paso más cerca, pero no muy cerca—. Tú te vas porque
quieres. Sólo expulsé a ese gato. Y eso es exactamente lo que le diré a padre cuando
regrese a casa de sus grandiosas vacaciones.
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Enojada, exasperada, y lista para matar, Sissy levantó las manos y se volvió para
marcharse.
Sissy abruptamente dejó de caminar, y ella pudo sentir cómo todo el mundo,
excepto Travis dio un paso cauteloso hacia atrás. Probablemente eso fuera
inteligente. Normalmente, un comentario sarcástico como ese comenzaría una pelea,
pero no ahora. No cuando Sissy tenía que cuidar a la bestia glotona recuperándose en
la casa de su padre.
Pero lo que detuvo en seco a Sissy fue el calendario clavado en la pared de la sala
de la banda, específicamente esa fecha remarcada. De repente, esa fecha significaba
más para ella de lo que nunca había significado antes.
—¿A menos que qué? —La pausa fue larga y dramática hasta que Travis volvió a
preguntar—. ¿A menos que qué, Sissy Mae?
—Oh, lo sé. —Ella se dio la vuelta y lo miró—. Pero hay algo que significa
muchísimo para ti. Y Mitch puede ayudar con eso. Cuando haya sanado un poco
más, por supuesto.
—Él es bueno.
—Gilipolleces. Fuimos por este camino con su hermano, y viste lo bien que
funcionó.
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—Mitch es mejor.
—Seh. Correcto.
—Entonces tú tienes una oportunidad por lo que quieres. Lo que has estado
esperando durante años.
Ella agarró la pandereta apoyada en un escritorio y la lanzó tan rápido que Jackie
no tuvo posibilidad de moverse antes de que lo golpeara justo en el frente. Él chilló
como una hiena herida, y como siempre, todo el mundo lo ignoró. Para ser honesto,
él podría incluso no haber estado en la sala por la forma en que todos ni siquiera se
molestaban en mirarlo.
—Es cierto.
—Si eso es cierto, entonces ese es un trato que yo estaría inclinado a aceptar. Pero
mejor que sea cierto, Sissy. Y mejor que él esté preparado para ello.
Ella sonrió.
—Pero si estás mintiendo, Sissy Mae, mejor consigue que el gato salga de la
ciudad antes de que le demostremos lo que los sábados por la noche acostumbraban
a ser en los días de la abuela Smith .
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Los ojos de Sissy se entrecerraron ante la mención del nombre de esa vieja bruja, y
todo el mundo, excepto Travis dio otro paso atrás.
—No estaba tratando de ser divertido, no soy muy conocido por mi sentido del
humor. Ahora bien, si no te importa, necesito reunirme con la manada, de la cual,
por lo último que supe, tú ya no formas parte.
Sissy sonrió.
—Oh, eso es muy cierto. Porque si lo fuera, te habría matado hacía mucho tiempo
y usado esa cabeza gigante tuya de sombrero como una advertencia para cualquier
retador.
* *
Mitch estaba por la mitad del increíblemente delicioso guiso de cebra que Sissy le
había preparado para el almuerzo cuando se dio cuenta de que ella seguía
mirándolo. Con cualquier otra persona, él asumirá que estaría un poco enamorada de
él. Pero Sissy era el tipo de chica que no tenía enamoramientos, y cuando ella quería
a alguien, iba por ello. Sin dudas, sin problema. En cierto modo, era como una
especie de chico. Así que ¿por qué diablos seguía mirándolo?
—¿Terminaste?
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—Bueno…
Mitch respingó.
Sissy detuvo bruscamente el paseo y se volvió hacia él con un letal ceño fruncido.
—¿Crees que podemos poner a un lado los estereotipos culturales hasta que
hayamos terminado con esta conversación?
—Lo lamento.
Con las manos en las caderas, Sissy dejó escapar un profundo suspiro.
—¡Mitch!
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Como no tenía ni idea de dónde estaba ubicado Collinstown, todo esto no tenía
sentido.
—Está bien.
—Bueno, hemos tenido esta rivalidad con ellos durante años y... bueno, ya sabes...
—Sissy comenzó a caminar de nuevo y de nuevo se detuvo abruptamente—. El
meollo de la cuestión es que quiero que juegues.
Sissy de repente encontraba fascinante las grietas en el suelo, y Mitch tenía que
admitir que estaba entretenido. Nunca la había visto tan obviamente incómoda antes.
—Eh... fútbol.
—Mira—ella se sentó en el sofá junto a él—, sé que esto es una petición extraña.
Pero tenía que pensar en algo. Sin mis padres aquí, estoy a merced de ese imbécil de
Travis, y si sigo adelante y lo mato como traté cuando tenía ocho años, padre tendrá
mi culo.
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Pride 3
—¿Pero por qué fútbol? Quiero decir, seamos realistas, siempre podemos pedir
dinero a Bren o…
—Puedo decir con toda honestidad, que Travis no se preocupa por el dinero. Él se
preocupa de dos cosas... Ser el Macho Alfa…
—Y el fútbol.
—Y el fútbol—confirmó ella.
—¿Así que él me necesita para jugar un pequeño juego de pelota contra unos
osos?
—No es así de simple. —Ella se volvió hacia él, subiendo sus piernas en el sofá y
descansando sobre los talones—. Como sabes, cada pueblo de cambiantes es
diferente de todos los demás. Y cada región es diferente. Pero la única cosa que los
cambiantes del sur y del medio oeste tienen en común es nuestro amor por el fútbol.
Tenemos equipos oficiales que viajan, y algunas de las ciudades más ricas tienen
estadios verdaderos destinados para estos juegos específicamente.
—¿Estás bromeando?
—Ni siquiera un poco. Desde que era niña, he tenido el fútbol metido en mi
garganta. Mi padre y sus hermanos jugaban cuando eran jóvenes y sus padres
jugaban cuando todavía se usaban esos cascos de cuero y muy poco relleno.
Simplemente les encanta el juego.
Mitch se frotó la cabeza donde ella le había tirado con fuerza del pelo.
—¡Si crees que esto es fácil para mí, no lo es! Y tú haciendo bromas caninas
simplemente me cabrea. Y para tu información, todas las especies en los estados
sureños juegan.
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—Básicamente. Quiero decir, sus muchachos pueden llegar a medir casi dos
metros y medio y a pesar ciento ochenta kilos en su forma humana. Dios sabe que
nunca podrían jugar legalmente en la NFL. Serían letales.
Mitch conseguía algunos juegos con los amigos de su antiguo barrio alguna que
otra vez, pero una vez más, siempre tenía que contenerse porque eran
completamente humanos. La idea de poder jugar de la forma en que siempre había
querido casi lo tenía meneándose.
—Sé que estoy pidiéndote mucho, y por supuesto que vamos a esperar hasta que
estés totalmente recuperado, pero esperemos, que sea antes del próximo sábado ya
que ese es el día del gran juego, aunque en verdad, entendería si dices que no, y voy
a luchar para que te quedes de todos modos. Travis es un imbécil, pero por ti, Mitch,
voy a pelear con él. Lo juro.
Ella sonaba tan sincera, tan molesta, tan traumatizada que Mitch no pudo evitar
torturarla.
—¿Qué crees que estás haciendo? —Él apartó su mano de la pierna, y Sissy se echó
hacia atrás, sorprendida.
—¿Eh?
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—Mitchell…
—¿Cómo funciona?
—¡Mitchell Shaw!
—¡Dios mío!
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—Podría. Pero me imaginé que ésta era una mejor manera de obligarte a estar de
acuerdo en dejarme mirar debajo de tu camiseta.
—¡Mitchell!
—¿Seh…?
Sissy cayó hacia atrás en el sofá, con las rodillas levantadas, sus pies descalzos
clavados en los almohadones. Siempre se veía tan sexy como ahora.
—No estoy segura de que estés listo para esto. Clyde... significa mucho para mí. Él
sabe cómo tocar todas mis, ¿cómo las llamaste?, zonas traviesas favoritas.
—Osos—gruñó.
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—Insisto.
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Capítulo 10
Mitch salió del coche de alquiler y miró a su alrededor. Sissy los había
estacionado al lado de una pequeña pero bonita casa que estaba ubicada justo en el
medio de una gran propiedad. Al crecer en Filadelfia, Mitch estaba acostumbrado al
pequeño patio cubierto que tenía la manada de su madre. Toda esta propiedad lo
aturdió. Montones de árboles con pequeños ríos y grandes lagos.
Ahora Mitch entendía porque Bren no tenía ningún problema en venir aquí para
visitar a la familia de Ronnie Lee. Todo lo que Mitch tenía que hacer era sentarse en
el porche de Sissy a beber café, y vería ciervos y alces pasar corriendo. Por supuesto,
eso lo mantenía en un estado de hambre constante.
—Ja, ja.
—¡La tía Sissy! —Una voz joven gritó, entonces Sissy fue asediada por cinco niños
que parecían tener apenas un año de diferencia. Lo que su madre llamaría gemelos
católicos.
Sissy levantó al más pequeño y le dio la vuelta mientras los demás la rodeaban.
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Los niños eran un lío sucio, pero eso era de esperar, ya que Mitch dudaba de que
pasaran más de diez minutos en la casa en todo el día. Y los niños cambiantes
jugaban rudo de manera instintiva. La forma en que jugaran hoy sería la forma en
que cazarían la cena mañana.
—Todos vosotros decidle que se reúna con nosotros en el granero. ¿De acuerdo?
—Guau.
—No. Sabes que no podemos tener vacas por aquí. Salen en estampida muy
fácilmente.
Sissy agarró las asas de la puerta del establo y las empujó en direcciones opuestas.
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—Hola, Sissy Mae. —Una bonita loba con brillantes ojos azules se acercó a ellos—.
Hace mucho que no te veo.
—Dámelo.
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Usando las puntas de los dedos, ella pasó las manos a lo largo del techo.
—Nos tomó más de dos años construir este y el de Ronnie, pero maldita sea si no
valió la pena.
—Cuando salimos del país, dejamos los coches en los lugares más seguros que
podríamos imaginar. Dejé el mío con Sammy Ray porque al igual que Smitty, sabía
que podía confiar en que no lo vendería, ni nada por el estilo. Ronnie dejó el suyo en
casa de su madre porque sabía que la mujer no dejaría que nadie se acercase a ese
coche. Ella nunca lo admitiría, pero estaba muy orgullosa de que Ronnie Lee hiciera
semejante buen trabajo.
Sissy sonrió.
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Mitch rió.
—Olvídalo, Smith. No estoy listo para tener canas en mi melena leonada, muchas
gracias.
Cristo, él quería.
Sissy chilló y abrió la puerta. El hecho de que el coche estuviera sin llave, incluso
en este granero, era un testimonio de la seguridad de este pequeño pueblo. Estaba
dirigido por depredadores, sin embargo. Así que roba a tu propio riesgo.
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—No lo puedo evitar. —Mitch extendió la mano a la radio que Sissy había puesto.
Tenía un reproductor de casetes, y Mitch sonrió, recordando el suyo—. Veamos que
melodías nuestra hermosa Sissy acostumbraba a escuchar al final del día. —Lo
encendió y después de algunas bandas magnéticas, la miró—. Sissy... honestamente.
Lentamente, salió del establo, y los niños de Sammy Ray estaban de pie en el
porche con su madre, coreando, “Clyde, Clyde, Clyde”, una y otra vez.
Ella suspiró.
* *
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Pride 3
—¿Cuándo?
—¿Y?
—Conoces a Sissy. Ellas las rechazó, pero no me gusta. —Janette se dejó caer en la
silla frente al escritorio de su hermana—. Si Janie regresa y se entera…
—Ella es como su madre cuando se trata de eso. Pero a Sissy le gusta el poder
sobre el que tiene el control total. —Francine se apartó el pelo de la cara, la irritación
estaba en sus ojos—. No, no creo que tengamos nada de qué preocuparnos. Sabe
mantenerse alejada de ellas.
Lo mismo Francine. No podían permitirse perder a Sissy por esa perra en la colina.
Nunca la recuperarían si eso ocurriera. Y nadie sabía realmente lo lejos que la mujer
iría para conseguir y conservar su poder. Y ella iba más allá que la mayoría.
—Confío en Sissy. Está loca, pero no va a hacer nada que la haga quedarse aquí
para siempre.
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Capítulo 11
Sissy deambuló por la ciudad con Mitch unas buenas dos horas, le mostró la
escuela secundaria, donde ella y su pandilla de jóvenes lobas acostumbraban a pasar
el rato, cuando no se estaban metiendo con los omegas más débiles. Incluso donde
había sido detenida por primera vez.
—¿Y ves ese árbol de ahí?—le preguntó, señalando el roble gigante en la calle
principal.
—Sí.
—Follé debajo de ese árbol. —Ella asintió con la cabeza ante el recuerdo—. Fue
muy agradable.
Lo que Mitch no sabía era que ella no podía recordar haber tenido tanta diversión
con un hombre antes cuando no había sexo de por medio. La mayoría de los tíos la
aburrían rápido, y en más de una ocasión, ella había mirado a Ronnie y dicho, “Creo
que esas hembras león tienen la idea correcta. Sexo y protección únicamente. No
estoy segura de para qué otra cosa son buenos”. Entonces ella había vuelto a salir con
sus lobas quienes, incluso cuando la molestaban, lo encontraba muy entretenido.
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—Bastante bueno.
—Baja la ventanilla.
—Confía en mí. Tuvimos que venir. Pero podemos ponerte al corriente más
tarde—. Ronnie Lee sonrió desde la comodidad de su '71 Barracuda amarillo,
levantando la vista hacia la luz y de regreso a Sissy.
La cabeza de Mitch giró bruscamente, y miró echando chispas por los ojos a Sissy.
—¡Me lo prometiste!
Sissy se volvió para mirar hacia adelante cuando la luz se puso verde.
* *
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Pero cuando él no estaba tratando de mearse los pantalones de miedo, Mitch tuvo
que admirar en secreto la forma en que estas dos hembras manejaban los
automóviles. Ronnie dio un giro cerrado, y Sissy estaba justo con ella. Ella no se
inmutó; ni siquiera lucía estresada. En un momento dado, llegó a decir:
—¿Viste eso?
—¿Vi qué? —Y él no pudo evitar que su voz se rompiera cuando los neumáticos
chirriaron.
Cómo vio eso nunca lo sabría. Él no podía hacer nada más que mirar ciegamente
hacia la próxima calle, rezando para que no apareciese algo de repente. Salieron
rápidamente del centro y hacia el bosque. Ahora Mitch entendía por qué los caminos
eran tan amplios. De ese modo dos coches podrían correr uno al lado del otro. Por lo
que Mitch podía decir, toda la ciudad, no sólo los Smith, estaba llena de los
descendientes de los contrabandistas que, cuando no estaban huyendo de la policía
local, estaban compitiendo entre sí por diversión.
—¿Era alemán?
No tuvo tiempo para responder cuando Sissy pasó como un rayo junto a Ronnie,
su malvada carcajada haciendo que su estómago revuelto se revolviera un poco más.
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Mitch agarró el salpicadero más fuerte cuando Ronnie se detuvo junto a ellos, las
dos a una velocidad que no podría ser ni remotamente legal en cualquier país del
planeta.
—¿Estás rezando?—preguntó.
—Me criaron como buen católico irlandés. Cuando sabes que vas a morir, rezas.
Mitch levantó la cabeza a tiempo para ver el coche del sheriff de Smithtown
aparcado de lado, bloqueando completamente la carretera. El sheriff estaba apoyado
en la puerta, con los brazos cruzados sobre el pecho, él había estado esperando.
—Sissy...
Cuando lograron una chirriante y estridente parada, Mitch se dio cuenta de que su
lado del coche estaba a aproximadamente doce centímetros de distancia de un
enorme árbol. Imágenes de él y el coche enroscados en ese tronco no hicieron nada
por su actual desequilibrio.
Agarrada al volante, Sissy tenía los ojos cerrados y seguía murmurando, “Mierda,
mierda, mierda”, una y otra vez. Aunque Mitch no creía que su actual cántico tuviera
algo que ver con que fallara por poco de estrellarse contra el árbol. Estaba seguro de
eso cuando el megáfono estalló.
—¡Ayyy!
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—Apenas dos días que regresaste, y ya te encuentro quebrantando cada ley escrita
en los malditos libros.
—Mantén esa boca cerrada, Sissy Mae. ¡Ronnie Lee Reed, trae tu culo aquí!
Mitch necesitaba salir del coche, pero el lado del pasajero estaba demasiado cerca
de ese árbol. Así que tuvo que hacer algunas increíbles artimañas para sacar su gran
cuerpo del coche por el lado del conductor. Su hermano lo agarró por debajo de los
hombros y lo ayudó a salir los últimos centímetros. Una vez que él estuvo de pie, los
dos hermanos se miraron entre sí y luego se lanzaron uno a los brazos del otro,
sollozando.
* *
Cuando Ronnie Lee la pinchó ligeramente en las costillas, Sissy nunca esperó
mirar por encima del hombro y ver a Mitch y a su hermano abrazados como si
acabaran de bajar del Titanic. Cuando la mirada de Sissy regresó a la de Ronnie,
ambas pusieron los ojos en blanco ante el drama ilimitado que los dos gatos podían
crear.
—¿Me escucháis?
—Sí, señor.
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—No sé.
—¿No sabes?
—Sí, señor.
—¿Y vosotras pensáis que podéis venir aquí y comenzar donde lo dejasteis hace
doce años?
—¡Jesucristo! ¿Qué tienes debajo de ese capó? —Cuando todos lo miraron, Mitch
simplemente se encogió de hombros—. Tengo curiosidad.
Pero Sissy no dijo nada, y el tío de Ronnie se paró delante de ella esperando por su
respuesta. Se clavaron las miradas, y Sissy no dio marcha atrás. Nunca lo hacía.
Realmente no sabía cómo.
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Con un gruñido, el sheriff se alejó, pero no antes de arrojar por encima del
hombro:
Ella sabía que lo había dicho a propósito. Un golpe bajo, pero casi tenía las manos
alrededor de su garganta cuando un brazo fuerte la agarró por la cintura y tiró de
ella hacia atrás. Ella se sacudió salvajemente ordenándole al sheriff:
—¡Retráctate, bastardo!
Mitch rodeó su cuerpo temblando de rabia con sus brazos y la besó en el cuero
cabelludo.
—Cálmate.
—Gracias.
—Vamos. —Ronnie sonrió—. Salgamos de aquí. Creo que las dos necesitamos una
cerveza.
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* *
—Sí. —Ronnie puso una servilleta de papel en su regazo antes de mirar a Sissy—.
¿Puedes creerlo? ¿Dónde está la lealtad?
—No lo sé. Suena como que Mitchy aquí presente cabreó a algunos de la manada,
y quieren venganza.
—Deja de llamarme así. Sólo mi madre me puede llamar así porque estuvo de
parto durante dieciocho horas. Y nadie de la manada se metería conmigo porque
nadie quiere meterse con mi madre.
—Me sorprende que O'Farrell contratara a una mujer. Él no confía en ellas para
hacer otra cosa que cocinar y… —Dejó de hablar cuando levantó la vista para ver a
Sissy y Ronnie mirándolo—. Olvídalo.
—Él pudo no haberla contratado. Tiene una recompensa por esa cabeza tan
grande.
—Podría quedarse como león todo el tiempo. —Ahora todo el mundo se quedó
mirando Ronnie.
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permanecerá en esa forma. No es como que pueda dar alguna prueba de su muerte al
gilipollas.
—Gracias.
—Pero no puedo. —Mitch tomó un rollo del plato de Sissy, y ella se debatió sobre
cortarle las manos.
—Dios mío, Mitchell, más vale que nos movamos si vamos a llegar a ese
entrenamiento a tiempo.
—No vas a creer esto, hermano, pero para quedarme aquí, tengo que jugar al
fútbol.
Sissy vio a Ronnie respingar segundos antes de que la mano de Brendon golpeara
contra la mesa.
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Sissy apenas se agachó a tiempo cuando ese rollo vino volando hacia su cabeza,
cortesía de Ronnie Lee.
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Capítulo 12
—Ella es tu hermana.
—Mira, no le dije a ella que tenía que irse. Pero no es seguro tenerlo aquí.
Señor, Bobby Ray y Sissy tenían razón. Deja a este pueblo con sus costumbres
locas. Porque, en realidad, Sammy no sabía cuánto más podría soportar de su
hermano mayor.
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—Siempre protegiéndola.
—Sólo de ti. Ella o ese gato no deberían tener que hacer nada para permanecer
aquí, y lo sabes.
—Pero él lo hará. —Travis recogió todas sus cosas para llevar al campo y se acercó
a su hermano—. Y si tienes un problema con eso, hermano menor, eres más que
bienvenido a hacer algo al respecto.
* *
—No puedo creer que esté de regreso aquí otra vez. —Sissy miró alrededor de la
enorme cancha de fútbol. La ciudad se jactaba de varias. Una para el fútbol infantil,
una para la escuela intermedia y secundaria, y ésta, que estaba reservada para los
enfrentamientos de pueblo-contra-pueblo. Todos los sábados de verano mientras
crecía en Smithtown se los había pasado aquí. Cuando ella y Ronnie Lee se habían
marchado, juró nunca volver a este maldito campo. Pero aquí estaba.
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A pesar de que el partido en casa contra los osos no era hasta el sábado después
del siguiente, se vendían los habituales perros calientes y hamburguesas durante
todos los entrenamientos para los que venían a verlos. Pero Sissy y Ronnie los
dejaron de lado por un par de cafés calientes del Starbucks de enfrente.
Mientras caminaban hacia las gradas acolchadas, Sissy miró y observó a Mitch
atrapar un pase perfecto. Ella sabía que aún le dolía un poco, pero no lo demostró. En
cambio, él atrapó la pelota y parecía francamente aburrido por el lanzamiento.
Ella sonrió.
Y fue entonces cuando su mejor amiga de más de veinticinco años le dio una
colleja.
—¡Ay! —Sissy se detuvo y miró furiosamente a Ronnie. —¿Por qué fue eso?
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Ella se volvió y miró a los ojos por los que habría hecho cualquier cosa... cuando
tenía dieciséis años.
Él sonrió.
—Hola, cariño.
* *
Mitch atrapó el balón con facilidad, y él podía decir por la cara del lobo que él
realmente pensaba que le había arrojado con fuerza el balón. Caninos. Sólo tenías que
amarlos.
Ellos habían comenzado a tratarlo con mano suave porque sabían que él todavía
se estaba curando. Pero eso no duró mucho tiempo, cuando nada de lo que hacían
parecía desconcertarlo.
Mitch rotó su hombro. Dolía, pero si lo remojaba esta noche, el dolor sería
tolerable en la mañana.
Travis hizo un gesto a uno de los chicos, y Mitch lanzó la pelota. El lobo la atrapó,
pero retrocedió varios metros. Sorprendido, miró a Travis.
—Lo sé.
Shelly Laurenston
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Mitch sonrió.
—Vamos a ser realistas, Smith. Me necesitas más de lo que te necesito. Sobre todo
si quieres ganar contra los osos. ¿Correcto?
—Seh. ¿Y?
—Voy a jugar.
La boca de Travis se abrió, y por un breve momento, perdió esa irritante expresión
fría que parecía usar todo el tiempo.
—Ponlo en la línea ofensiva. Él nunca tendrá que tocar una pelota. Pero o él está
dentro… o yo estoy fuera.
Travis miró por encima del hombro a Bren sentado en el banco... bueno, eso era
más como hacer pucheros en el banco.
Dejando escapar un suspiro que Mitch a menudo escuchaba de Sissy, Travis gritó:
Bren se enderezó.
—¿Yo? ¡Sí!
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—Déjalo en mis manos. —Mitch buscó a Ronnie para que pudiera avisarle. Pero
vio a un tipo hablando con Sissy.
—¿Quién es ese?
—Hoy. Él va y viene.
—¿Cómo puedo decir esto? —Él se acarició la barbilla—. Se podría decir que Gil
fue la primera vez… de Sissy. Y un chica nunca olvida su primera vez, ¿verdad?
—Claro.
* *
Sissy no podía creer esto. ¿Gil? ¿Gil jodido Warren? De vuelta en Smithtown
después de todos estos años y actuando como si no la hubiera tirado a la basura. O
Shelly Laurenston
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tal vez pensara que ella era una de esas mujeres que dejaban pasar esas cosas. Que
perdonaban y olvidaban. Que encontraban la paz a través del perdón.
Bien, sin duda, así no era Sissy. Ella no perdonaba, ni olvidaba ni una puñetera
cosa.
—Seh. Gracias.
—No lo sé.
—Veo que tu hermana está aquí, también, Gil. —Ronnie miraba echando fuego
por los ojos a la hembra que había dicho a Gil que podría tener algo mejor que “la
hermana perra de Bobby Ray”. Ronnie siempre había odiado a Tina, pero no tanto
como odiaba a Gil.
Es por eso que Ronnie era la mejor amiga de Sissy. Ella odiaba a todas las
personas.
—Genial. —Sissy buscó una manera de salir de esta conversación, sin llegar a
patear al hombre en las pelotas. Lo cual era algo que había querido hacer durante
años.
Él sonrió. Ella había amado esa sonrisa. Ahora, sólo se veía empalagosa.
—Ni siquiera un poco, cariño. Tendremos una buena cena y nos pondremos al día.
Será genial.
Shelly Laurenston
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—No.
Ronnie se rió, pero se convirtió en un chillido cuando una pelota de fútbol golpeó
en la parte posterior de la cabeza de Gil, haciendo caer hacia adelante al lobo. Sissy y
Ronnie se hicieron a un lado y observaron a Gil caído en el suelo.
Sissy quedó allí, aturdida durante varios minutos, hasta que Ronnie la agarró del
brazo y la llevó a las gradas, rodeando el cuerpo sacudiéndose de Gil.
—Si yo te preguntara por qué Mitch podría haber hecho eso, ¿me darías otra
collleja?—preguntó Sissy una vez que se sentaron en sus asientos.
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Capítulo 13
Mace Llewellyn entró a su casa en Brooklyn tarde en la noche. Había sido un día
duro con Smitty, Sissy Mae, y Mitch ausentes. Él todavía debatía si contactar a
Smitty, pero todo parecía estar controlado. ¿Valía la pena arruinar la luna de miel del
hombre por una situación que, de todos modos, no podía solucionar? Y Mace conocía
a Smitty lo suficiente como para saber que su amigo querría solucionarlo.
—Estoy en casa—gritó.
—En la cocina.
Mace cerró la puerta y se volvió hacia los perros de Dez. Gruñó, y los dos machos
se echaron a correr. La cachorra, sin embargo, no se movió. A ella no parecía
molestarla los gruñidos o rugidos de Mace. Cuando él estaba en casa, lo seguía a
todos lados fielmente. Para ser honesto, Mace no tenía ni idea de qué hacer con ella.
Ella ya había crecido hasta tres veces su tamaño original, y claramente no había
terminado, si el tamaño de sus patas era alguna indicación. Además, lo miraba con
esos ojos grandes de adoración.
Sencillamente no tenía corazón para ser malo con ella de la forma en que lo era
con los otros dos. Mirando a su alrededor primero para asegurarse de que no había
nadie cerca, Mace se agachó al lado de ella y le acarició la cabeza y debajo de la
barbilla como a ella le gustaba. Sus ojos se cerraron, y todo su cuerpo se meneaba
mientras le rascaba un poco más duro el cuello.
—¿Mace?
Al oír la voz de Dez, Mace se puso de pie y rápidamente se limpió las manos en
los vaqueros.
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—En camino.
Mace lanzó su chaqueta en el sofá, cruzó la casa y entró en la enorme cocina. Dez
estaba sentada en la mesa de la cocina, trabajando en su nuevo ordenador portátil.
Una de las ventajas de su nuevo trabajo. Ella se había sentido muy infeliz cuando
descubrió que la habían trasladado a una nueva división y con una nueva
compañera. Todavía no entendía cómo este trabajo era un gran paso hacia adelante y
la forma en que podría cambiar su carrera para mejor.
—Están jugando.
—Marcus es feliz.
Era cierto que su hijo estaba riendo, pero era un niño pequeño. Los niños se reían
de todo tipo de mierdas hasta que la sangre empezaba a manar.
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Mace gruñó para sí mismo y decidió no entrar en una pelea con Dez. Para ser
honesto, estaba caliente como el infierno, y ella se veía tan bien con esa camiseta.
—¿La comida?
—Nevera.
Mace abrió la puerta de la nevera y sacó los tres sándwiches gigantes que la niñera
había dejado antes de retirarse.
—Bien.
—Oh, sí, la hay. Pero eso no es de lo que tengo que hablar. Smitty y tú estaban en
los SEAL, pero en una unidad especial, ¿verdad? ¿Sólo cambiantes?
—Sí.
—¿Algunas hembras?
—No.
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—Sí—dijo después de que tragara—. Creo que el Ejército tiene alguna. No sé una
mierda sobre la Fuerza Aérea. Y los marines definitivamente.
—Ninguna. Conspiración.
—Bien. Pero durante todos los años que estuve dentro, nunca oí nada acerca de
una unidad especial llena de cambiantes.
—Confiaba en ti. —Él sonrió—. Y sabía que si lo hubieras dicho, nadie en su sano
juicio te creería. Tienes que ser inteligente y saber cuándo hay que romper las reglas.
No solo nos estamos protegiendo; también estamos protegiendo a la próxima
generación.
Mace recordó lo que había dicho Sissy cuando todavía estaba cubierta con la
sangre de Mitch.
—Empieza con los marines. Dios sabe, tío, que amáis a vuestros francotiradores.
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Por último, Dez se rió un poco y se recostó en la silla, chasqueando los nudillos.
—No dije nada. —Ella empujó su silla hacia atrás y se agachó para recoger a su
hijo—. Vamos a llevarte a la cama, niño mimado, así papá puede dedicar tiempo a su
novia.
* *
Había sido idea de Dee encontrarse en el bar, y Sissy se había tirado de cabeza.
Desde que Mitch le había dado un golpe a Gil Warren en la nuca, Sissy se había
sentido realmente... extraña. Mitch seguía siendo torpe... ¿verdad? Seguía siendo su
compañero. Su amigo. Y solo amigo.
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¿Correcto?
No, no. Estaba pensando demasiado en esto. Probablemente sólo se sentía así
porque Mitch casi había muerto ante sus ojos. Tenía que ser eso.
Porque ¿cómo podría estar sintiendo cualquier otra cosa por un hombre cantando
con sentimiento “Living on a Prayer”?
—No puedo creer que tuviera las agallas para regresar aquí—murmuró Dee.
—Y trajo a esa hermana suya. —Ronnie se burló—. La odio. Y oí que ella espera
convertir en Alfa a Gil.
Sissy resopló.
—Tener una hembra fuerte a su lado sin duda ayudaría con eso.
Lo que más ofendía a Sissy era la forma en que la estaban mirando, como si
esperaran que tuviera un colapso nervioso o algo por el estilo.
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—Voy al baño.
Pero ella se alejó antes de que Ronnie pudiera terminar lo que demonios tuviera
que decir. Se detuvo en el cuarto de baño e hizo lo que tenía que hacer, pero no sentía
ganas de volver a la mesa, dado que todavía quería darle un puñetazo a alguien en la
cara. Salió por la puerta de atrás y se metió en el callejón en lugar de eso. Cuando la
puerta se cerró, Sissy oyó ruidos procedentes del contenedor de basura. Lo rodeó y
se detuvo para mirar al lobo mitad dentro y mitad fuera.
—¡Tío Eggie!
Su tío salió del contenedor de basura, con los ojos de color ámbar abiertos de par
en par.
Sissy no sabía cómo las hembras de su familia aguantaban a los machos. Parecía
un montón de trabajo por muy poca recompensa.
Ella se acercó al contenedor de basura y miró dentro. La radio. Tenía que ser la
radio. Su tío, probablemente pensó que podía arreglarla y venderla en eBay o algo
así.
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—Yo no estaba, sólo estaba… ¡oh! Olvídalo. —Se dio la vuelta y lo enfrentó—.
¿Qué quieres de todos modos?
—¿Quieres bailar?
—¿En el callejón?
—Ay.
—¿Cabeza de Cubo?
—Dentro.
—O podría admitir que eres un chiflado. Pero eso sería redundante. —Se
encaminó hacia la puerta, Mitch detrás de ella.
Mientras abría la puerta con una mano, golpeó a Mitch con la otra. Él se la atrapó
y se rió.
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—Algunos lo dirían.
Sissy dio un paso atrás hacia el callejón, dejando que la puerta se cerrara detrás de
ella.
—No lo sabía. Según él, regresó, pensando en quedarse. —Sissy metió la mano
izquierda en el bolsillo de los pantalones cortos, dado que Mitch todavía le sujetaba
la derecha—. ¿Por qué lo golpeaste con la pelota?
Sissy tragó.
—¿Estás enojada?
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—Ni siquiera un poco. —Entonces Sissy hizo lo que había estado deseando hacer
desde hacía mucho, mucho tiempo. Se puso de puntillas y besó a Mitchell Shaw.
Pero si no fuera más inteligente que eso, habría pensado que había agarrado la
polla del hombre por la respuesta que recibió.
* *
Bien eso había sido tierno. Sí. Muy bonito, vapulear a Sissy en el callejón de atrás
de un bar. Pero él nunca había esperado que ella lo besara. Definitivamente nunca
había esperado sentir la explosión que provino de lo que no fue más que un beso
dulce y suave. Probablemente no más que un “gracias” por encargarse de ese ex de
ella. Y aquí estaba él, estallando de manera desproporcionada.
Pero ella sabía tan puñeteramente bien y olía incluso mejor. En realidad no era
justo. ¡Él era un poco humano!
Entonces Sissy rodeó su cuello con los brazos, acercándolo más. Su pierna derecha
se enroscó en la de él, su pie descalzo se deslizaba de arriba a abajo por la pantorrilla.
Su lengua se enredó con la de él, metió profundamente los dedos en su cabello y lo
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sujetó mientras le devolvía la pelota y lo besaba con más pasión que la que él había
experimentado con nadie.
Cuando ella separó bruscamente su boca, Mitch no sabía qué hacer. Mendigar. Él
no estaba por encima de mendigar. Especialmente cuando su polla estaba
ordenándole mendigar.
—Vamos. —Ella dio un paso atrás, agarró la puerta abierta, y volvió a entrar en el
club, arrastrando a Mitch detrás de sí. Se detuvo junto a la mesa, donde Ronnie
estaba sentada en el regazo de Bren, y a Dee no se la veía por ninguna parte.
Sissy les arrebató las llaves del coche y salió, todavía arrastrando a Mitch detrás de
ella.
Ronnie bostezó.
—Entra.
* *
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Pete O'Farrell, Jr. salió del muy caro restaurante francés y se dirigió a su coche,
que ellos habían aparcado en el callejón. Siempre hacían esto en caso de que hubiera
un motivo para tener que salir rápidamente.
Uno de sus chicos, un torpe gigante llamado Meat, debería haber estado
esperándolo. Tan pronto como se dio cuenta de que a Meat no se le veía por ninguna
parte, Pete regresó al restaurante. Pero ella se paró frente a la puerta.
Había oído hablar de ella. No se podía crecer en su barrio y no oírlo. Roxy O'Neill.
Dirían que ella era extraña. Extraña, sexy y peligrosa. Pero nadie sabía por qué. Ellos
sólo sabían que tenían que evitarla, a ella y a sus hermanas.
Pero él sabía por qué ella estaba allí. Para luchar por la vida de su hijo.
Contrariamente a la creencia popular, Pete no había contratado a un sicario para
matar a ese policía. Mierda, ese chico había hecho lo que nadie había sido capaz de
hacer... deshacerse de su viejo. Es cierto que durante un tiempo pareció que el policía
sería capaz de cargarse a algunos de los tipos más importantes de la banda, pero un
buen abogado, como él, podía encontrar todo tipo de razones para hacer caer los
cargos. Una cosa tras otra había hecho que esos cargos desaparecieran en los últimos
dos años. Casi le daba pena el chico.
Pero el problema con los cargos de Petey era que el policía había sido testigo de
primera mano. Mitch Shaw simplemente había resultado estar en el lugar
equivocado en el momento adecuado, y atrapó a Petey O'Farrell cortando la garganta
de alguna pequeña puta que había cometido el error de amenazar con ir a la tercera
esposa de Petey con su amorío. Era una típica maniobra estúpida de Petey O'Farrell,
y resultó que el policía lo vio. Tal vez si no hubiera sido una mujer, el policía se
habría mantenido en secreto rondando por allí hasta que tuviera más. Pero él había
enloquecido y casi mató al anciano. Los tíos habían dicho a Pete que fue extraño
cómo Shaw se había vuelto... diferente. Cada vez que Pete había hablado con él,
siempre fue muy afable y relajado, por lo que nadie lo vio venir. Pero de alguna
manera, el policía se había descontrolado y destrozado al viejo allí mismo, quedando
al descubierto para siempre.
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—Hola Pete.
—Señorita O'Neill.
—No sé qué decirle. Ya he hablado con la policía, y les dije lo que estoy a punto de
decirle... yo no disparé a su hijo.
—No entiendo.
Su sonrisa regresó.
—Señorita O'Neill…
La fuerte explosión cortó sus palabras, y él se dio la vuelta. Ellas habían dejado
caer a Meat en el techo de su coche, y luego... eso se posó sobre él. Era grande, dorada
y...estaba ensangrentada.
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Y cuando Pete se volvió, había otra de pie al lado de Roxi O 'Neill, en dos patas
contra su costado, y luego Pete escuchó ese extraño... gruñido, y vio a dos más en el
otro extremo del callejón. Y dos machos en la entrada del callejón. Él sabía que ellos
eran machos porque tenían esas grandes melenas.
Podría pedir ayuda a gritos, pero algo le dijo que nunca le darían la oportunidad.
Tenía una pistola, pero sabía que nunca la alcanzaría antes de que lo despedazaran.
Negando con la cabeza mientras los leones macho se le acercaban, Pete balbuceó:
—Eso es bueno, niño consentido. Eso es bueno —De repente, la mano femenina
estaba alrededor de su garganta, y las grandes y llamativas uñas de color rojo se
sentían diferentes, más gruesas, más duras, más filosas, y se clavaron en su piel. Sin
ningún esfuerzo por su parte, ella lo arrastró hacia atrás hasta que golpeó contra el
coche. La cabeza de Meat estaba cerca de la de Pete. Si el tío estaba respirando ahora,
no lo estaría por mucho tiempo.
La que estaba de pie sobre Meat se inclinó, y la sangre y la baba gotearon encima
de la frente de Pete.
—Me conoces—dijo Roxy—. Como mínimo, sé que has oído hablar de mí. Y mi
hijo significa más para mí de lo que podría decir. Me encargaré de tu padre, y tú
podrás asumir el control sin ningún problema, y asegúrate de que cuando llegue el
momento todos dejen de molestar a mi niño. ¿Entendido?
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—Bueno. Porque no importa lo que intentes hacerme a mí... a mi hijo... habrá más
de nosotras por todas partes. Y eso hará que vengan a buscarte. Lo entiendes,
¿verdad?
—Sí. Entiendo.
Entonces ella se fue pavoneándose por el callejón con un simple bolso dorado
colgando de su mano.
—Buena suerte asumiendo el control de los negocios, Pete. Creo que lo harás muy
bien. Sin duda, eres más inteligente de lo que tu padre jamás fue.
Entonces se había ido. Y toda esa grasosa comida francesa subió volando por su
garganta.
* *
Una vez que Sissy tomaba una decisión, no se iba por las ramas. No agonizaba
sobre su decisión. O se cuestionaba si estaba haciendo lo correcto. ¿Quién tenía
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tiempo para eso? Además, su cuerpo estaba haciendo demandas que necesitaba
satisfacer o morir en el intento.
Sissy no sabía cuánto tiempo estuvieron sentados allí, pero finalmente se volvió en
el asiento para mirarlo a la cara.
—¡Fuera! ¡Ahora!
Riéndose, Mitch se apeó por su lado, y Sissy arrebató la llave del encendido y
rápidamente abrió la puerta del lado del conductor. Juntos, se dirigieron hacia los
escalones del porche. Pero cuando Sissy pisó con fuerza el último escalón, el dolor
recorrió su pie, y ella aulló, inmediatamente saltando sobre una pierna mientras se
agarraba el pie herido.
—¿Qué pasa?
—¡Astillas!
—¡Astillas!—gritó de nuevo.
—Maldición. Esas son astillas. —Mitch la miró a la cara—. Por supuesto, si insistes
en caminar descalza…
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Sissy gruñó y comenzó a brincar para entrar en la casa, pero Mitch la agarró por
debajo de las rodillas y la alzó. Sin embargo, sólo la sostuvo por las piernas, y su
cabeza colgaba peligrosamente cerca del suelo. Ella gritó, y Mitch le dio una
sacudida.
Mitch agarró una manta de la otra silla y empezó a tirarla sobre su cuerpo.
La manta le cubrió la cara, y Sissy gruñó. Luego metió la manta debajo de los
cojines del sofá de modo que Sissy estaba atrapada temporalmente. Ella tuvo que
patear y luchar para sacarse la maldita manta, y para entonces, Mitch estaba de
regreso con el equipo de primeros auxilios desde el baño del primer piso.
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—No. —Él le apartó las manos de una bofetada y le levantó las piernas para poder
sentarse en el sofá. Luego dejó caer sus piernas sobre su regazo.
—Está bien. Veamos lo que tenemos. —Él levantó su pie y dijo—: Bueno, lo que
tenemos aquí es una gran canoa.
—¿En serio? —Ella golpeó el talón contra el lado de la cara masculina, haciéndole
volver la cabeza hacia un lado—. ¿Qué tan grandes son ahora, Mitch?
—Exactamente.
Sissy se mordió el interior de la boca para evitar sonreír. Ella no lo conocía, pero el
tío tenía talento. Nunca había pensado que los felinos fueran bobos, pero Mitch
definitivamente lo era.
—Mitchell...
—Está bien. Está bien. No hay necesidad de ponerse irritable. Era sólo una de las
muchas opciones. —Sacó las pinzas del kit y levantó el pie otra vez, estudiándolo de
cerca—. Están muy profundas, por lo que esto probablemente no sea realmente
agradable.
Echando fuego por los ojos, Sissy trató de alcanzar su pie otra vez, y otra vez él le
abofeteó las manos.
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—Estoy seguro de que hay. —Golpeó la bola de algodón remojada en yodo contra
su pie—. Pero yo prefiero esto—dijo sobre su aullido.
Una vez limpio y envuelto con un pequeño vendaje, Mitch dejó caer el pie sobre
su regazo de nuevo.
—Supongo que después de todo esto, tu estado de ánimo está un poco roto, ¿eh?
—¿Estás diciendo eso porque perdiste tu erección o porque otra vez no quieres
apresurarme?
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Sissy miró de manera lasciva al gato, su culo frotando contra su polla recubierta en
denim.
* *
Él pensó que después de ese discurso, Sissy se abalanzaría sobre él. No lo hizo. En
cambio, ella le acarició las mejillas, el cuello, mirándolo a la cara durante todo el
tiempo. A Mitch realmente le gustaba Sissy. Le gustaba la forma en que no se
asustaba de nada, ni de nadie. Sabía lo que quería, e iba detrás de ello. Cristo sabía
que a él le gustaba eso en una mujer.
Él sonrió.
—Eso también.
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—Siéntate un poco.
—Dios mío, Mitch. Te has rellenado de manera realmente agradable, desde que
has estado comiendo todos mis alimentos y los del pueblo.
—Estoy contenta de que algo bueno haya resultado de alimentarte. —Sus manos
acariciaban los hombros masculinos, el cuello, hasta que se deslizaron en su cabello.
Ella agarró unos mechones, tiró de su cabeza hacia atrás y la levantó para mirarlo a
los ojos—. No puedo esperar para tenerte dentro de mí.
Ella llevaba un top negro debajo de la camiseta, los tirantes colgando de sus
hombros. Envolvió los extremos colgando alrededor de cada dedo índice y tiró hasta
que se soltaron y se separaron detrás del cuello. Bajó las manos, las tiras todavía en
sus dedos, y vio como la parte superior lo seguía.
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dedo por las cicatrices, notando de inmediato la expresión confusa de Sissy cuando él
no fue directo por sus senos.
—¿Qué?
—No me apresures. Hasta que haya terminado, estos son mis pechos para
entretenerme. Sólo siéntate allí y disfruta de lo caliente que soy.
* *
Sissy estaba a segundos de decirle a Mitch lo que podía hacer con su “disfruta”,
cuando se inclinó hacia adelante y pegó su boca en su seno izquierdo. Ella abrió la
boca, sorprendida por la cantidad de placer que se disparó como un rayo por su
cuerpo. Su boca era caliente y su lengua... talentosa.
Envolviendo sus manos alrededor de su cabeza, Sissy cerró con fuerza los ojos y lo
abrazó contra ella. Él chupaba, duro, y el coño de Sissy se tensaba a ritmo con las
succiones.
Suponiendo que volvería, Sissy pateó los pantalones cortos a través del cuarto y
desató la espalda del bikini así podía terminar de quitárselo.
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—Lo que sea. —Mitch la empujó hacia atrás un poco y se puso de rodillas delante
de ella. Sujetó las bragas del bikini y se la bajó de un tirón por las piernas—. Paso. —
Ella dio un paso fuera de éstas, y él las arrojó sobre su hombro.
Ella se rió y volvió a jadear cuando su lengua lamió su raja ya mojada y sus manos
le abrieron bien los muslos para que pudiera acercarse más.
La legendaria lengua del león. Usada como Dios manda, podría quitar la carne del
hueso. Usada de otra manera, tuvo a Sissy retorciéndose y dudando de que pudiera
mantenerse en pie por mucho tiempo.
Ella clavó los dedos en el cabello de Mitch, arrastrándolo más cerca, abriendo las
piernas más ampliamente. Las grandes manos de Mitch se deslizaron por la parte
posterior de sus piernas hasta que le agarraron el culo, amasando y apretándola
mientras su lengua continuaba trabajando su coño.
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Entornando los ojos, Sissy sintió las sensaciones inundarla. Hacía mucho tiempo
que no sentía nada tan bueno, nada que tuviera la capacidad de hacerla sentir como
si pudiera simplemente relajarse y dejarlo hacer lo que quisiera...
Los ojos de Sissy se abrieron de golpe, y ella se alejó de Mitch. ¿Qué estaba
haciendo? Ella conocía sus reglas... sus límites. Siempre tenía que haber límites. Pero
cuando él la miró con nada más que preocupación y sus jugos en ese hermoso rostro,
sintió un ataque de un poco más de pánico y sus límites comenzaron a desvanecerse.
Renuente a soltarlo, Sissy hizo lo que siempre hacía tan bien. Tomó el control.
Colocando las manos sobre las masculinas piernas, Sissy empezó por las rodillas y
deslizó las manos por la carne dura y musculosa. Incorporándose un poco, se inclinó,
sus labios rozando la cara interna del muslo, seguida por su lengua. Alcanzó su
polla, que había crecido deliciosamente más dura y gruesa en los últimos segundos.
Con cuidado, pasó suavemente la lengua contra cada vena y elevación, haciendo
círculos en el glande antes de volver sobre sus pasos. Él gruñó bajo, y ella supo que
estaba empujando al gato. No le importaba. En este mismo momento, tenía el control
completo de él y su polla, nada podría ser más dulce.
Sissy rodeó la punta del pene con sus labios, su lengua lamiendo el pre-semen
mientras chupaba. Mitch rechifló entre los dientes, y Sissy se apoderó de sus pelotas,
apretando al mismo tiempo que lo tragaba entero.
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Santísimamierdasantísimamierdasantísimamierdaantísimamierdasantísimamierdasantísim
amierda.
Aparte de eso, Mitch estaba más allá del pensamiento básico. Sissy había limpiado
su mente. Su capacidad de razonar o planear o joder con la vida de la gente se había
disuelto de un momento a otro con el uso de su boca malvada.
Ya que había pasado un tiempo desde que había confiado en una mujer lo
suficiente como para tenerla en su cama, no se requeriría mucho para hacer que se
corriera. Pero esta no era cualquier mujer. Esta era “sonrisa malvada” Sissy. Él no se
había percatado hasta este momento de cuánto tiempo había estado luchando contra
su atracción hacia ella. Cuánto la había deseado. Y ahora que la tenía, ella estaba
destruyendo sus células cerebrales con una mamada.
Gimiendo, Mitch metió las manos en el cabello de Sissy y la acercó más. La abrazó
con fuerza contra él y dejó que el poder del esperadísimo y desgarrador orgasmo lo
atravesara y fuera directamente dentro de su boca.
Sissy agarró sus muslos, con la boca apretada con fuerza en torno a su pene,
tragando y chupando el semen de su cuerpo. Él se sacudió tres veces antes de que
terminara de correrse y soltara un suspiro de total alivio y deleite.
Jadeando, se dejó caer hacia atrás contra el sofá. Él soltó el cabello de Sissy y ella
su pene.
Ella retrocedió, su culo descansando sobre los talones, su pulgar limpiando las
comisuras de la boca.
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Mitch se pasó las manos por el pelo, el sudor manteniéndolo apartado de su cara,
y continuó observando a Sissy a través de los párpados entornados.
Tardó un buen momento, pero de pronto se le ocurrió lo que era esa expresión en
su cara, control. Ella pensaba que lo tenía.
Había visto la misma mirada en los rostros de los proxenetas cuando no tenían
absolutamente ninguna prueba en su contra, o los sospechosos de asesinato que
creían que habían ocultado con éxito el cuerpo en alguna parte.
No, no. Eso no funcionaría para él. Aunque esto durara sólo hasta que saliera el
sol, quería todo de ella en esas pocas horas. Y tendría todo de ella, también.
Mitch se sentó derecho, con los codos apoyados en las rodillas, y entonces se
limitó a mirarla fijamente. Se la quedó mirando hasta que su sonrisa de suficiencia se
desvaneció y comenzó a verse un poco nerviosa. Ahh. Los maravillosos beneficios de
ser un policía.
—¿Te mojas?
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Sissy resopló.
Cristo, qué buen emparejamiento. Tenían que ser dos de las personas más
cachondas del planeta. Cuando estaba motivado, Mitch, literalmente, podría follar
toda la noche. Pero no importa las gilipolleces que las mujeres pudieran decir a sus
amigas, no siempre estaban de acuerdo.
Sin embargo, tenía la clara sensación de que Sissy era la única hembra que en
realidad podría seguirle el ritmo. Pero él no la quería pasando todo el tiempo
tratando de encontrar la manera de controlarlo. Ella podría controlar a esos perros
que olfateaban a su alrededor, pero él no era un perro.
—Levántate.
Usando sólo la punta de los dedos, le acarició el rostro, las mejillas. Los ojos de
Sissy comenzaron a cerrarse, pero ella negó con la cabeza y dio un paso hacia atrás.
Para alejarse de él.
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obsesionado con mi culo. Él la empujó más cerca, y Sissy podía sentir su polla dura
punzando en su vientre, y ya no pudo esperar más.
Sissy envolvió sus brazos alrededor del cuello de Mitch, subió las piernas y le
rodeó la cintura. Manos deliciosamente grandes le agarraron el culo, apretando y
soltando, mientras su boca saqueaba la de ella.
Mitch, que siempre parecía tan alejado de todo, un verdadero león nómada sin
manada, la hacía sentir como si estuviera allí con ella. Ella no podía creer lo
afrodisíaco que era.
Sentado en el sofá, con Sissy aún en los brazos, Mitch mantenía un férreo agarre
sobre ella con una mano mientras ciegamente buscaba un condón en el sofá. Sissy le
acariciaba los hombros, la espalda. Su beso era una cosa sin fin, hasta que Mitch se
volvió, la empujó hacia el sofá y se puso en cuclillas frente a ella. La sujetó por las
caderas, levantándolas hacia arriba y tirando de ella hasta el borde del sofá. Sissy
apoyó las palmas de las manos sobre el cojín del sofá detrás de ella. Observó a Mitch
ponerse un condón antes de que colocara su polla contra su húmeda abertura.
La sonrisa que él le dio era mortal cuando tiró de ella hacia abajo y empujó hacia
adelante, su pene penetrándola con una impresionante estocada.
Dejando caer la cabeza hacia atrás, Sissy dejó escapar un gemido de puro placer.
Incluso mejor que la forma en que Mitch la mantuvo inmóvil durante un minuto, era
su polla latiendo en su interior. Él era grande, la llenaba por completo y luego un
poco más. No había dolor... y a ella le encantó.
—Mírame.
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Sissy levantó la cabeza ante la orden. Sus colmillos estaban fuera y los ojos como
los de un gato grande. Entonces ella se dio cuenta de que sus colmillos estaban fuera,
también, sus ojos probablemente cambiaron a lobo. Aún más, ella había sacado sus
garras, y ahora estaba desgarrando el sofá favorito de su madre.
Pero esto... esto se estaba volviendo algo fuera de control y peligroso. Su cuerpo
estaba en llamas, el sudor se derramaba de ella, sus gemidos se habían convertido en
gritos entrecortados, y ella no podía detener el puñetero temblor. Y todo el tiempo,
Mitch seguía observándola.
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Que es lo que ella hizo, también. La expresión de su cara, el hambre en sus ojos. Él
se estrelló contra ella muchas veces, y Sissy voló sobre ese borde, todo su cuerpo se
bloqueó mientras ella... mientras ella...
Con el tiempo, Mitch se levantó haciendo palanca con los brazos y se deslizó hacia
el suelo con la espalda contra el sofá. Incómoda en el cojín ahora desgarrado, Sissy se
sentó junto a él.
No dijeron nada durante varios minutos. En lugar de eso, Sissy se quedó mirando
a través de la habitación, y Mitch se quitó el condón y se limpió usando los pañuelos
de papel de la caja sobre la mesa auxiliar, deshaciéndose de todo en la papelera al
lado del sofá.
Sissy sabía que definitivamente tendría que sacar la basura antes de que se
marcharan y sus padres regresaran, o ella estaría escuchando sobre eso por los siglos
de los siglos.
Finalmente, después de lo que parecieron horas, pero que en verdad fueron sólo
alrededor de diez minutos, Mitch habló.
—Esto es tu culpa—dijo.
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Capítulo 14
Sissy se inclinó hacia delante, con los brazos apoyados en las rodillas levantadas,
y lo miró echando fuego por los ojos.
—Entiendo. —Ella recorrió con un dedo el negro tatuaje celta que subía por su
bíceps izquierdo—. Me gusta esto.
—Eso hace esto tan correcto. —Luego engañosamente un pequeño puño golpeó en
el lugar cubierto por el tatuaje.
—¿Crees que estoy feliz por esto?—preguntó ella, poniéndose de pie—. Y esto es
tu culpa. ¡Tuya!
—¿Cómo es mi culpa? ¡No soy el que tiene un coño que drena la vida de un
hombre!
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—Sentirse atrapado.
—No puedo creer que estés duro de nuevo—suspiró ella en lo que parecía
asombro.
—Es una cosa de león. Siendo realmente franco, puedo hacerlo durante horas.
—¡No te pongas insolente conmigo! —Ella se alejó de él—. Cuentas claras. Límites.
Soy fanática de los límites. —Y para mostrar lo mucho que le gustaban los límites,
ella dibujó un pequeño cuadrado en el aire con sus dedos índices.
—Bien. Límites.
—¿Quieres decir sucias? Como cuando te diga dónde poner tu boca o cómo quiero
meterte los dedos…
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—No. —Ella lo miró—. Pero estoy captando que no tendré que preocuparme de
las charlas de amor.
—¿Qué más?
Frotándose las manos, Sissy continuó paseándose, pero cada vez que se alejaba,
todo lo que Mitch podía hacer era clavar los ojos en su culo. ¡La maldita cosa le
estaba hablando de nuevo!
—¿Ni chocolates?
—¿Por qué?
—Estoy seguro de que sí, pero por el momento, estoy tan cachondo que apenas
puedo articular esta frase.
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Y ella tenía razón. Sissy era el tipo de mujer que podría conseguir enredarlo, y él
nunca se liberaría. Era sexy, exigente, caprichosa e impredecible. Si no estaba
haciendo líos, estaba en el medio de uno. Era hermosa y peligrosa. Una depredadora
de depredadores.
Pero lo que era aún peor, aún más devastador, él se alejaría. No sólo de
Smithtown, sino de todos los que conocía y se preocupaban por él, incluyendo a
Sissy. Una vez que testificara, toda su vida cambiaría, y Sissy no sería nada más que
un dulce y extraño recuerdo. Por lo que él necesitaba seguir las reglas de ella y
permanecer en sus límites.
Sin embargo, Mitch era lo suficientemente inteligente como para saber que nada
de esa lógica importaría. Porque si él no tenía mucho cuidado, se enamoraría de esta
mujer y probablemente lo lamentaría por el resto de su vida.
—¿Estás de acuerdo?
—Sí.
—¡Calumnias!
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Carraspeando, Sissy se acercó. Ella mantuvo las manos bajas a sus lados y sus ojos
enfocados en su nuez.
—Estoy tratando de mantener esto sin emociones, tonto. Ahora colabora conmigo.
—Está bien. Está bien. —Ahora carraspeó él—. Sí. Estaría muy contento de
compartir un coito contigo... otra vez.
Sissy asintió y dio un paso más cerca. Sus senos rozaron contra su pecho, y Mitch
contuvo un estremecimiento de puro placer. Inclinándose, la besó en la boca. Ella le
devolvió el beso, con la boca cerrada y los ojos abiertos. Eso parecía lo
suficientemente seguro. Así que Mitch bajó la mano por su espalda y la apoyó en su
culo. Él no lo apretó o nada, sin importar lo desesperadamente que quisiera hacerlo.
—Hijo de puta—y metió las manos en su pelo, y su boca estaba sobre la de él. Ella
alzó sus piernas hasta rodearle la cintura.
Mitch robó otro condón del sofá. Él había planeado subir las escaleras, pero
realmente no le molestaba, por lo que estrelló a Sissy contra la pared.
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Él la penetró con tanta fuerza que la cabeza de Sissy golpeó contra la pared.
—Lo siento—murmuró.
—Sí, sí—gruñó ella con la frente contra su hombro—. Lo que sea. Sólo fóllame.
Mitch se retiró y volvió a penetrarla, el sonido de los jadeos y los aullidos de Sissy
contra su oído. Aceleró el ritmo, Sissy incitándole al clavar los talones en su columna
vertebral y los dedos en los hombros.
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Capítulo 15
Hombre, ella tenía mucho que limpiar antes de que sus padres regresaran a casa.
Su padre probablemente no lo notaría, pero su madre... mierda.
Sissy luchó para darse la vuelta porque el brazo de Mitch estaba atravesado en su
espalda y era pesadísimo. En el momento en que se puso de espaldas, ella levantó la
vista para ver a Ronnie y Dee en el otro lado del ventanal junto a la puerta. Ronnie
estaba ocupada escribiendo “puta” en el cristal con el dedo, antes de que el par se
doblara de la risa.
Idiotas.
—¿Eh? ¿Qué?
—Muévete.
Parpadeó con esos ojos dorados mirándola, y ella sintió un tirón en el coño en
respuesta. ¿Ves? ¡Nunca haría eso!
—No. Muévete.
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Tenía razón, lo que la molestó más. Normalmente no estaba de mal humor por las
mañanas, a menos que hubiera bebido a lo grande la noche anterior. Así que
masculló :
—¿Qué pasa?
—¿Quieres ir al lago Parson? —El lago Parson no estaba junto al lago Ralph donde
vivían, por lo que se había convertido en el punto caliente del verano en los
alrededores de Smithtown.
—No empieces.
La atenta mirada de Dee sobre Mitch era atrevida cuando finalmente dijo:
Riéndose, Ronnie se dirigió hacia el coche, Dee detrás de ella, y Sissy cerró de un
portazo.
Mitch sonrió.
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Una vez en el baño, abrió la ducha y dejó caer la manta. Se miró y se sobresaltó un
poco. Tenía moretones en la espalda, las caderas, el culo y los hombros. ¿Los
hombros? Entonces se acordó de Mitch sujetándola por los tobillos... y olvídalo. Si
empezaba a pensar en algo de eso, ella nunca saldría de aquí.
—No —respondió ella con sinceridad—. No estoy cabreada contigo. Sólo espero
que no hayamos hecho algo estúpido.
Sí, lo había hecho. Pero ahora no sabía si podría mantener su promesa. Aunque
quisiera. Y eso sólo la hacía sentirse ridículamente débil.
—Correcto. Lo recuerdo.
Mitch se acercó a ella por detrás y le rodeó la cintura con los brazos, hocicando con
su nariz el lado de su cuello.
—Deja de preocuparte por nada de eso por ahora, ¿de acuerdo? Vamos
simplemente a disfrutar de lo que tenemos por el momento.
—Sí. Bueno.
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—Ellas fueron a conseguir comida y bebidas. Ronnie me dijo que tengo al menos
media hora antes de que vuelvan. Y ambos necesitamos ducharnos.
Sin decir nada más, Mitch la alzó y la llevó a la ducha, al parecer disfrutando e
ignorando, el chillido de protesta de Sissy.
* *
Aterrizando en una silla en medio del cuarto, Mitch sólo tuvo un segundo para
inspirar antes de que su hermano mayor saliera de la cama y viniera detrás de él.
—Mierda. —Mitch salió volando, bajando las escaleras y atravesando la sala. Pero
nunca logró atravesar la puerta principal antes de que su hermano lo agarrara por los
pelos, tirara de él hacia atrás, y luego lo estampara contra la pared.
* *
Ronnie Lee se sentó derecha, bajando sus gafas de sol a la punta de la nariz.
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—¿Hiciste ese estúpido cuadrado con las manos, también? —se quejó Dee,
buscando en la nevera solo Dios sabía qué.
—Ayudas visuales. Sabes que los hombres son más visuales que las mujeres.
—Porque soy una de las pocas personas que tolera tus estupideces.
Dee, que se quemaba con bastante facilidad en el sol, se untó más protector solar.
—Nah.
—En la forma en que ha estado comiendo, debería estar cada vez más grande.
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Sissy suspiró ante el tono melancólico de Ronnie. Desde que se había enamorado
de Brendon Shaw, Ronnie Lee había mostrado un lado femenino de su personalidad
al que Sissy no era muy aficionada.
—No, no lo fue.
—También lo fue.
—No. Greg “Oh Dios, por favor házmelo” Tremble fue tu primer orgasmo. Larry
Crenshaw fue tu primer polvo. Él, sin embargo, no consiguió que te corrieras. Por
consiguiente, rápidamente pasó al olvido.
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Sissy no había pensado en eso. Los apareamientos forzados eran raros con la
mayoría de los lobos, pero los Smith eran conocidos por hacerlos de vez en cuando.
De hecho, había cuentos de lobos Smith que murieron tratando de forzar un
apareamiento con una hembra fuerte. Y la mayoría de los lobos no lo intentarían con
Sissy, pero si Gil estaba lo bastante desesperado...
* *
—Sissy y tú como que salieron disparados del bar anoche. ¿Todo… bien?
Los hermanos estaban uno al lado del otro, mirando en la nevera abierta.
—No.
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—Sí. Pero tenemos límites definidos. —Y Mitch dibujó el pequeño cuadrado con
sus dedos.
Bren parpadeó.
—Bueno, ya sabes, Sissy es una muy buena amiga, pero tengo que ser honesto
aquí—se inclinó más cerca, y su hermano hizo lo mismo—. Esa mujer casi me dejó
ciego follando.
—Cabrón.
—No lo sé. Esto no puede ser permanente, Bren. Incluso si quisiera que lo fuera.
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—¿Ves? Lo entiendes. Tengo que acatar los límites de Sissy no importa lo difícil
que resulte. —E iba a ser muy difícil. Ya lo sabía.
Mitch se quedó mirando las cajas vacías y los cartones de leche que cubrían la
mesa.
—¿Crudo o cocido?
—¿Probamos crudo?
Mitch se puso de pie y salió de la cocina hacia el porche. Varios ciervos pastaban a
no más de quince metros de distancia.
Sonriendo abiertamente,
14 A las doce en la jerga del ejercito significa enfrente, delante de los ojos.
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* *
—Está bien.
—Ajá.
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—Eres increíble.
Sissy tenía que mantener la cabeza gacha para que no pudieran verla reír.
—Lo hago todo el tiempo. Ella tiene que ser el canino más tonto del planeta.
—Sin embargo, como una vieja amiga, ¿no debería contarle sobre la boda de
Bobby Ray? —La relación de acérrimo odio entre Bertha y Jessie Ann Ward-Smith
había sido legendaria. Y mucho después de que Sissy hubiera perdido el interés en
torturar a la pequeña perra salvaje, Bertha simplemente no la había dejado de
molestar. Y eso era por una sola y única razón, la cosa de Bertha por Bobby Ray.
—Sissy Mae…
—Déjalo.
Antes de que pudieran detenerla, Sissy se puso de pie y se arrimó a Bertha y sus
amigas.
* *
Travis entró en casa de sus padres y olfateó el aire. Nadie alrededor, pero toda la
maldita casa apestaba a gato y sexo.
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Maldita sea. Esa chica simplemente no podía mantener las piernas cerradas. Y el
gato tenía una predisposición que la mayoría de los de su clase no tenían. Una
predisposición que Travis se condenaría antes de ver a Sissy arruinarlo por jugar con
la mente del hombre, como había estado haciendo a todos los varones en un radio de
quinientos kilómetros de Smithtown desde el día en que ella pudo caminar.
Tendría que vigilarla de cerca. Ella podría utilizar al gato en su provecho, y Travis
no le permitía obtener ninguna ventaja en este pueblo. No podía permitirlo.
Travis dejó el libro de jugadas del equipo en la mesa de la cocina de sus padres,
con una nota ordenándole a Mitch que lo revisara para el entrenamiento de esa
noche. Cuando salió al exterior, Donnie salía corriendo del bosque y le hacía señas.
Con un suspiro de fastidio, por supuesto, casi todo lo fastidiaba, Travis siguió a su
hermano. Cuando salieron del bosque justo al lado del lago en el territorio de sus
padres, Travis se detuvo en seco.
—Sagrada mierda.
—Lo sé.
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—¿Tú crees?
* *
El llanto había sido la mejor parte. No de Bertha. No lloró después de que Sissy
hablara sin cesar sobre la hermosa boda Smith-Ward. Como siempre, Bertha trató
con su dolor con violencia. Pero esa pobre Omega contra la que había arremetido
solamente por pasar caminando. Entonces, la hermana de esa Omega había ido
detrás de Bertha, lo que condujo a una cautivadora pelea a puñetazos. Sissy
simplemente no veía peleas de las buenas en estos días. Pero el llanto... bueno, eso se
produjo cuando un hombre trató de parar la pelea y recibió un puñetazo en la cara
por sus molestias.
Aun así, todo eso se esfumó tras bambalinas cuando dos leones cubiertos de
sangre llegaron corriendo. Uno tenía la mitad de un ciervo en la boca; el otro estaba
tratando de conseguirlo.
Ronnie la miró.
—Porque no lucharían por la mitad de un ciervo. Mitch tendría una mitad y Bren
la otra. Ambos estarían felices.
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—Entiendo. —Ronnie sonrió—. ¿Qué vas a hacer cuando te enteres de que te estás
enamorando de Mitch?
—Golpearte en la boca.
—Bueno es saberlo.
Brendon tenía el ciervo, y Mitch lo derribó, el par luchaba por ese animal muerto
como dos pitbulls por una pelota de tenis. El resto de los lobos gozando del sol
observaban en silencio mientras Sissy y Ronnie discutían planes para la cena después
del entrenamiento de fútbol. Cuando los hermanos se alzaron sobre sus patas
traseras y se desgarraron uno al otro el cuello cubierto con la melena, Ronnie
preguntó a Sissy:
Los hermanos debieron haberse agotado, ya que se dejaron caer a ambos lados de
Sissy y Ronnie, jadeantes, cubiertos de sangre, y al parecer muy felices.
—Sabes, excepto porque a Mitch casi lo matan de un balazo, estas han sido mis
mejores mini vacaciones. —Cuando todo el mundo se la quedó mirando
boquiabierto, Ronnie reiteró—: dije, a excepción de que a Mitch casi lo matan de un
balazo.
Mitch se frotó la melena contra la pierna de Sissy, y ella lo miró con repugnancia.
Sissy suspiró.
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* *
El entrenamiento de fútbol parecía marchar muy bien, excepto que todos los
jugadores se quedaban mirando fijamente a Brendon y a él, y Mitch no tenía idea de
por qué. Es cierto que él era un fascinante espécimen de perfección masculina, pero
estaba empezando a extrañarle.
Mitch salió del campo y fue donde Sissy. Ella le tendió la botella de agua, y él
bebió con gratitud. Era un día brumoso, caliente, y estaba cubierto de sudor. Aun así,
le gustaba la forma en que Sissy continuaba echándole miradas furtivas.
—Tus hermanos siguen mirándonos a Bren y a mí. ¿Crees que se volvieron gay de
la noche a la mañana?
—Sólo podría esperarlo con ilusión. Los volvería mucho más interesantes. Pero
creo que os vieron pelear con Ralph.
—No fue una pelea. Él no quería renunciar a ese macho, y Bren y yo lo cazamos.
Era nuestro.
—Cariño, creo que sigues olvidando que se supone que debes ser más listo que el
cocodrilo porque eres león sólo la mitad del tiempo.
—Por supuesto que no. —Sissy se paró, y Mitch sonrió cuando se dio cuenta de
que se había puesto otro par de pantalones cortos. Aún mejor, sin embargo, ella
llevaba el sostén de su bikini, y los pantalones cortos sobre las bragas del bikini. Era
muy sexy.
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—Ve detrás de las gradas y rodéalas—dijo Ronnie, sus ojos nunca apartándose del
campo. Ella levantó la mano para saludar a Brendon.
—Creo que esta no es la primera vez que vosotras dos habéis hecho esto antes,
¿verdad?
Se rió y se fue detrás de las gradas y giró hacia el extremo más alejado del campo.
—¿Sissy?
—¿En serio? ¿Seguro que no estabas esperando encontrarme con mis bragas
alrededor de los tobillos... toda vulnerable e indefensa? —Mitch se rió. Sissy no había
estado indefensa ni un día en su vida.
—¿Y si hubiera sido así? —Dio un paso hacia ella, sonriendo—. ¿Qué habrías
hecho?
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—De ningún modo. —Levantó las manos con las palmas hacia arriba—. Hubiera
estado impotente. Podrías haberte aprovechado de mí.
—Lo sabía—susurró ella con la mirada centrada en su boca—. Tienes “chico malo”
escrito por todas partes.
La levantó, con la espalda apretada contra la puerta, y puso una de sus piernas
alrededor de su cintura. Con un rápido movimiento, se empujó dentro de ella,
apretándola con fuerza contra la puerta. Sissy dejó escapar un aullido, pero su agarre
se apretó sobre el hombro y el cuero cabelludo, apremiándolo.
El talón del pie del Sissy se clavó en sus riñones, y ella le mordió el costado del
cuello. La mujer tenía una manera de decirle exactamente lo que quería sin decir una
palabra. Mitch movió sus caderas hacia atrás y hacia delante violentamente. Una y
otra vez, se empujó dentro de ella, sólo para detenerse y restregar sus caderas contra
ella hasta que Sissy gemía y jadeaba en su oído, sus dedos clavándose en él. Cuando
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la tuvo loca, la penetró, montándola duro hasta que se corrió, enterrando la cara en
su cuello y estremeciéndose con su clímax.
Fue entonces cuando él se dejó ir, estallando dentro de ella, sus viriles manos
agarrando su caja torácica tan fuerte que él temió que se la aplastara.
Sissy levantó la cara, los ojos marrones claros parpadearon hasta abrirse.
—¿Sí?
—Bueno.
Mitch supo que Ronnie se había marchado a pesar de que él nunca escuchó un
sonido.
—¿Estás bien?—le preguntó cuando Sissy cerró los ojos y apoyó la cabeza contra
la puerta.
Sissy bajó las piernas y empujó hacia atrás a Mitch. Le tomó un segundo darse
cuenta de que no había querido dar un paso atrás. Había estado muy cómodo con su
polla todavía bien adentro de ella y abrazándola.
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—Juro por Dios—dijo ella mientras se dirigía a los urinarios—, que no puedo
esperar para llevarte a casa esta noche. Voy a follarte hasta dejarte en carne viva.
—Seh. —Ella soltó una risita antes de cerrar la puerta del urinario—. Lo sé.
* *
Sissy salió, su ropa toda de vuelta en su lugar. Ella no podía hacer nada con su
pelo enmarañado. Por lo que había oído a través de los años, sus cortes de pelo
siempre la hacían parecer como si acabara de echar un polvo.
Sissy sonrió.
—Sí, me di cuenta.
Las amigas caminaron de regreso a las gradas, paseando por el campo dado que el
entrenamiento ya se había reanudado.
—¿Voy a tener que recoger los pedazos de su corazón roto cuando todo esto haya
terminado?
—Lo dudo.
Ambas miraron a Mitch en el centro del campo. Parecía saber que Sissy le estaba
mirando, y sus ojos encontraron los de ella. Él sonrió y fue entonces cuando el balón
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Sissy respingó.
—Epa.
Sissy abrió la boca para hablar, y Ronnie cortó antes de que las palabras pudieran
salir.
—Sissy Mae.
—Y está jugando.
Ellas miraron para ver a Mitch atacar por el lado ciego de los jugadores más lentos
del equipo.
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Capítulo 16
Después del entrenamiento, habían salido a cenar con Ronnie y Bren. Había sido
sorprendentemente divertido, él y Bren se habían llevado mejor que nunca. Pero de
vez en cuando, Mitch atrapaba a Sissy mirándolo, y él sabía que ella estaba pensando
lo mismo que él...
Ni siquiera habían bajado del coche antes de que comenzaran a arremeter uno
contra el otro. Una vez que salieron del coche y entraron en la casa, no llegaron más
allá de esa sala familiar, esa pobre sala familiar. Había visto demasiados polvos en
los últimos dos días. Esta vez, Mitch tiró a Sissy al suelo y la folló allí. Él no pudo
contenerse. Ella era una pequeña viciosa de su polla y a él le encantaba.
Eso fue hacía cuatro horas, y excepto por breves pausas entre los polvos, ni
siquiera parecía listo para dormirse durante la noche.
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Mitch se inclinó sobre Sissy, sus cuerpos resbaladizos por el sudor, y la agarró del
pelo. Tiró su cabeza hacia un lado y le besó el cuello y el hombro. Luego echó la
cabeza hacia atrás y la besó en la boca, sus lenguas combatiendo y provocando.
Él nunca había conocido a una mujer que le gustara un polvo tan duro como a
Sissy. Al menos ninguna que no necesitara mucho cuero y látex. Mitch nunca había
tenido la paciencia para los nudos y los escenarios complicados que incluían cadenas.
No era reacio a sacar sus esposas, pero él era un sencillo muchacho de Filadelfia. Y lo
que le gustaba era un duro y sudoroso polvo desnudo.
A Sissy también. Pero ella no recibía. Su depravada loba sabía cómo tomar.
Incluso ahora, movió hacia atrás su mano derecha y agarró a Mitch por el pelo. Ella
tiró con fuerza y exigió:
—¡Ay! Hijo de p…
Y otra vez.
Allí fue cuando Sissy gritó en la almohada y se corrió con fuerza, estrellando su
tembloroso cuerpo contra el de él.
—Oh, Dios; Oh Dios; Oh Dios; Oh, Dios. —Otra oleada la golpeó, y sus colmillos
se clavaron en la almohada y la desgarraron.
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Mitch no pudo aguantar más. Se dejó ir, echando la cabeza hacia atrás mientras se
corría, el poder de eso consumiendo cualquier fuerza que le quedara.
* *
Desnudo, Mitch se dejó caer en una de las sillas de la cocina. Tío, tendría mucha
limpieza que hacer antes de que sus padres regresaran.
—Él tiene vinilos, cintas y CDs. Los vinilos probablemente valen algo, también.
—Nunca los vendería. Es demasiado leal a Jimmy Page. —Sissy colocó un tazón
delante de Mitch y con unas pinzas, lo cargó con la mayor cantidad de pasta que
pudo—. Crecí escuchando a Zeppelin.
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obsesionada con Johnny Cash, y tú no podrías hacerme escucharlo con una pistola en
la cabeza.
—¿Por qué seguimos pasando por esto? Sabes que te encanta todo lo que hago.
—Si pero…
—Por cierto, Brendon trajo dinero con él, por lo que estamos bien con el efectivo.
En menos de quince minutos, Mitch había acabado con su plato de pasta y lo que
quedaba en el recipiente para servir, y ahora estaba mirando lo que ella había dejado.
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—Déjame en paz.
—No me apresures.
Mitch se recostó pesadamente en la silla, con los brazos cruzados sobre el pecho.
—Esta tiene que ser la mejor manera que alguien ha utilizado para describir mi
relación con ese idiota.
—Madre me dijo que cuando yo todavía estaba en la cuna, Travis se acercó a ella y
le dijo:— No me gusta ella. Me mira.
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—¿Y tú?
—Ella no estaba muy segura de creerle al principio, así que me observó durante
un rato. Mi padre entraba, y yo soltaba risitas y agitaba las manos y los pies. Sammy
y Bobby Ray entraban y yo les tendía los brazos. Jackie y Donnie... yo comenzaba a
reír de nuevo, y madre dijo que era graciosa incluso entonces. Pero cuando Travis
entraba, yo inmediatamente dejaba de hacer lo que estuviera haciendo y
simplemente lo miraba. Me quedaba mirándolo hasta que salía de la habitación. Y no
me dormía si estaba en la habitación a menos que estuviera en los brazos de madre o
padre.
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—¿Estás bromeando?
—Nop. Y este es el lugar más al sur al que he viajado excepto, por supuesto, a
DisneyWorld en Florida, al que creo que es necesario que cada familia vaya en algún
momento. Creo que está en la Constitución.
Sissy rió.
—Oh, sí. Bobby Ray me ayudó a pagarlo hace años. También te llevaría a Asia. Las
principales ciudades, para empezar. Tokio, Pekín, Hong Kong. Esa clase de cosas.
—Seh. — Sissy arrugó un poco la nariz—. Tal vez no en este momento. En otros
diez años más o menos, ya sabes, definitivamente podrían pedir...
—Bueno... de ambos.
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—Más tarde. —Él rodeó la mesa y la levantó contra el refrigerador. Podía sentir
los imanes que su madre amaba coleccionar clavarse en su espalda.
Se apuntaló con un brazo por encima de su cabeza, utilizó el otro para deslizarlo
por su cuello y el pecho. Su mano le acunó un seno y los dedos atormentaron el
pezón. Sissy gimió mientras estiraba los brazos hacia él.
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Capítulo 17
Jen Lim Chow, asistente del fiscal de distrito de Filadelfia, madre soltera de un
niño de tres años, graduada de Derecho en Harvard, y leopardo, salió de su coche de
alquiler aparcado al borde de la acera junto a las oficinas del Departamento del
Sheriff al calor sofocante de Tennessee.
Mierda, ella sabía lo que estaba haciendo aquí. Estaba tratando de salvar su caso.
El caso más importante de su carrera, y el más peligroso. Uno no desmantela la
cúpula de un sindicato del crimen fácilmente. Y el asesinato en primer grado
presenciado por un policía infiltrado. Debería haber sido perfecto, pero su principal
testigo—todo el caso giraba en torno a él—, ahora se escondía en el único lugar
donde estaba más absolutamente seguro de los humanos, pero en constante peligro
de un grupo de caninos huele-culos.
Ella había crecido oyendo hablar de las manadas Smith y todos los pueblos donde
los Smith mandaban. Podía contar con una mano el número de esos pueblos que
estaban abiertos a cualquier raza. Los restantes eran en su mayoría caninos, y
Smithtown era uno de esos. Dirigido por un tal Bubba Ray Smith. Aunque
desconocido para la mayor parte del mundo, era famoso entre los cambiantes porque
el lobo apenas podía ser llamado cuerdo. Por supuesto, no había muchos Smith a los
que uno podría llamar cuerdos.
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Pride 3
—¿Hola? —dijo en voz alta. Cuando no recibió respuesta, olfateó el aire. Pero eso
no ayudó. Todo lo que podía oler era a canino, canino, y más canino. Para ser
brutalmente honesta, no podía diferenciar a los malditos caninos y por lo general no
tenía ningún deseo de intentarlo—. ¿Hay alguien aquí?
Jen tuvo que contenerse para no dar un salto salvaje y clavar las garras en el techo
como un asustado gato doméstico. Ella no tenía ni idea de dónde había venido esa
loba, pero era definitivamente sigilosa.
—Sí. Hola. —Se volvió hacia la hembra con una de sus patentadas sonrisas
forzadas—. Vengo de la oficina del fiscal de distrito de Filadelfia.
—Ya veo.
La loba se la quedó mirando con esos ojos amarillos perrunos, y Jen le devolvió la
mirada con sus ojos dorados mucho más comunes. No era extraño que los Smith
tuvieran que vivir en sus propios pueblos, entre los ojos y el tamaño de estas
personas. Cristo, esta mujer medía fácilmente un metro ochenta y dos, si no más, y
Jen miró hacia abajo a los pies de la loba, ¡sí! Los pies más grandes que jamás
encontraría en una mujer. A diferencia de las hembras felinas, el poder de las lobas
evidentemente estaba en el tamaño de su cuerpo. Probablemente podrían ser
defensores de los Philadelphia Eagles.
Shelly Laurenston
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Pride 3
—¿En serio?
—Sí. Sé que está aquí, pero no específicamente dónde. Esperaba que usted o
alguien en su oficina me pudiera ayudar.
La mujer gruñó y se acercó a uno de los escritorios. Se dejó caer en una silla y puso
esos gigantes submarinos alemanes que llamaba pies encima de la madera gastada
antes de alcanzar un teléfono celular. Ella usó marcación rápida para llamar a
alguien, y se quedó mirando a Jen mientras hablaba con ellos.
—Hola. Soy yo. Alguien está aquí para ver a Mitch. Sí. —Luego terminó la
llamada, colocó el teléfono en el escritorio, y siguió mirando a Jen.
—¿Bien...?
Jen ni siquiera sabía lo que significaba esa frase, y ella se había graduado con los
máximos honores en Princeton.
—Nop.
—Haría bien en sentarse—le dijo la loba antes de encender con el control remoto el
pequeño televisor en color, apoyado en el escritorio frente a ella. Carreras de stock-
cars... por supuesto—. Podría llevarle un tiempo llegar hasta aquí.
—¿Por qué?
Shelly Laurenston
La Melena Atractiva
Pride 3
* *
Mitch no sabía que estaban tan cerca del borde de la cama hasta que se cayó al
suelo con Sissy encima. Él estaba dentro de ella, y Sissy nunca perdió su agarre
incluso cuando cayeron. La mujer debía hacer ejercicios o algo por el estilo, porque
podía fracturar la polla de un hombre con ese increíble coño suyo.
Jadeante, Sissy se apartó de él, con las manos contra sus hombros, la espalda
encorvada y la cabeza echada hacia atrás. Restregó su coño contra él, y Mitch supo
que estaba a instantes de correrse. Ahora que se sentaba derecha, él agarró sus
pechos, sujetando firmemente los pezones entre el pulgar y el índice. Los apretó y los
hizo rodar, y Sissy le agarró las muñecas segundos antes de correrse.
Shelly Laurenston
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—Sí, sí—jadeó ella segundos antes de que estuviera corriéndose de nuevo y Mitch
junto con ella esta vez.
Cuando se vació por completo, cayó sobre ella como un cargamento de ladrillos,
prácticamente ignorando el gruñido de incomodidad que le siguió. No era como si
planeara quedarse allí para siempre... sólo hasta que su visión se aclarara y se
detuviera ese zumbido en sus oídos.
—Tienes que dejar de hacer eso. No soy un sofá sobre el que caer.
—No es mi culpa. —Y no lo era. Ella le hacía eso. Hacía lo que ninguna otra mujer
había sido capaz de hacer con él antes, lo agotaba.
—Sí, pero…
—¡Sissy!
—¿Estás bien?
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Pride 3
—Hay una mujer en el pueblo que quiere ver a Mitch. Es de la oficina del fiscal de
distrito de Filadelfia.
—¿La chequeaste?
—El coche que ella tiene es uno de alquiler registrado por alguien llamado Kelly
Chun, pero no hay nadie con ese nombre en la oficina del fiscal de…
Kelly Chun era el nombre bajo el que Jen Chow viajaba cuando no quería que
nadie supiera dónde estaba. Mitch sonrió. Chow debería estar muy preocupada para
que, no sólo dejara una ciudad cosmopolita por un pequeño pueblo en el sureste de
los Estados Unidos, sino que también nunca había sido un fan de los “caninos”, como
los llamaba continuamente. Así que venir a Smithtown era como un doble revés.
—Bueno. Voy a dejar que ellos lo sepan. Ella está en la oficina del Sheriff.
—Planeo hacerlo. —Tenía el olor de Sissy por todas partes de él… y le gustó.
—Vamos.
—¿Vamos a dónde?
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—Vas a venir conmigo. Podemos conseguir comida una vez que despache a Jen. Y
necesitas una ducha tanto como yo. —Desde detrás de ella, Mitch envolvió con sus
brazos alrededor del cuerpo de Sissy y la besó en la coronilla—. Creo que todavía
tienes algo de mi néctar de amor en el pelo.
—En primer lugar, deja de llamarlo así. Y en segundo lugar, si alguna vez me lo
vuelves a hacer…
—Te dije que fue un accidente. —Pero aún tenía que morderse el interior de la
mejilla para no reírse.
* *
En la escala de valores de Sissy, sólo había una cosa peor que una puta rica, snob,
presumida que pensaba que era mejor que todos los demás...
Era una felina rica, snob, presumida, que pensaba que era mejor que todos los
demás.
Tan pronto como entró en la oficina del sheriff, Jen Chow se puso de pie como si
se hubiera visto forzada a pasar el rato en una prisión turca con los internos.
Sí. El retraso de una ducha rápida que se convirtió en una larga después de que
Mitch metió la cabeza entre los muslos de Sissy.
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porque el macho con el que estaba se cansaba mucho antes que ella. En el momento
en que Sissy cumplió veinte años, había renunciado a los machos completamente
humanos ya que no tenía esperanza en que le siguieran el ritmo. Los lobos eran
mejores, pero aún así, le habían lanzado la frase “¿No te quieres ir a dormir ya?” más
de una vez.
Mitch había sido el primero que logró seguirla paso a paso. O estocada a estocada.
Por supuesto, ahora Sissy se daba cuenta de que el establecimiento de esos límites
había sido lo mejor para ella. Fácilmente podría excitarse con un tipo como Mitch. Un
macho completamente incontrolable. Y los leones eran absolutamente de lo peor. Los
varones vivían para ser atendidos, y no aceptaban la mierda de nadie, ni siquiera de
otras leonas. Eran agradables sólo cuando querían serlo y francamente hoscos por
ninguna otra razón más allá de que les daba la gana. Eran caprichosos y exigentes, y
esperaban que el mundo los atendiera.
Dado que Sissy no atendía a nadie más que a sí misma, esa actitud sin duda sería
un problema para ella.
Sin embargo, ella había sido inteligente. Había establecido sus límites y sabía que
Mitch los acataría. Principalmente porque quería exactamente lo que ella quería.
Muy buen sexo.
Sin embargo, mientras Sissy observaba a Jen Chow hablar con Mitch, con la mano
en su antebrazo, tenía ese sentimiento de nuevo. Ese sentimiento de celos. Y la volvía
loca.
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Ella asintió con la cabeza, fingió una sonrisa, y se dejó caer en una de las sillas del
escritorio a esperar.
* *
—Tiene sentido.
—Detective—suspiró—. Enfóquese.
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—El equi… —Jen se apartó de la mesa y se levantó para pasearse—. ¿No entiendes
que todo mi caso depende de ti?
—No se trata de unas vacaciones para matar el tiempo jugando con los perros,
detective.
—Y casi me muero. Y si no hubiera sido por esa perra allí afuera, habría muerto.
Así que ten cuidado con cómo hablas de estas personas. Odiaría que mi memoria
desapareciera, abogada.
Jen levantó las manos y se apartó de él. Ella había conseguido llegar tan lejos y tan
rápido en su carrera por saber cuándo empujar y cuándo retroceder.
—Lo siento si te he ofendido. Y creo que es una buena idea que te quedes aquí por
ahora. —Ella caminó alrededor de la mesa para agarrar el maletín, pero Mitch sabía
que era para poner distancia entre ella y el inestable león macho, amante de los
caninos con el que estaba atrapada aquí—. Estaban sobre mí en el momento en que
rebasé el cartel de bienvenida. Estoy segura de que lo hacen con cualquier felino que
entra conduciendo su coche en este pueblo.
* *
A la media hora, Sissy se dio cuenta de que “Ya regreso” podría ser relativo, y ella
se alejó del escritorio, y salió del edificio. Era un típico día de verano en Tennessee,
caliente y brumoso. Vagó por la calle principal, pasando por los almacenes y viendo
si había algo que quería comprar. Por supuesto, con la mayor parte de su
presupuesto yéndose en alimentar a un gato de gran tamaño, realmente no tenía
mucho para gastar hasta su próximo cheque de pago. Pero le gustaba mirar, y si se
sentía especialmente malvada, siempre podía cargarlo a la cuenta de su madre. Nada
Shelly Laurenston
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la entretenía más que esas llamadas temprano en la mañana con su madre gritando
acerca de cómo ella no nadaba en la abundancia.
Cuando Sissy pasó junto a ese callejón y oyó un ruido, asumió que era su tío
Eggie buscando en el contenedor de basura de nuevo. Pero cuando rodeó el
contenedor de basura, encontró a su vieja tía Ju-ju oculta detrás de él.
La pobre tía Ju-ju. Había perdido la cabeza hacía mucho tiempo, pero Sissy nunca
la había encontrado vagabundeando. Alguien en la familia siempre la estaba
vigilando.
Dado que la salud mental de su familia siempre había estado en duda, todo el
mundo asumió que la tía Ju-ju había perdido un tornillo como otros Smith en los
últimos años. Pero Sissy también había oído el rumor de que la tía Ju-ju no había
enloquecido hasta que se enfrentó a la abuela Smith, desafiándola muchos años antes
de que Sissy o incluso sus hermanos nacieran.
Tal vez por eso Sissy sentía una afinidad con la tía Ju-ju, a pesar de que no creía
que la mujer pudiera distinguirla de cualquiera de sus otras sobrinas - nietas.
Trató de agarrarla, pero unas manos más fuertes de lo que esperaba la sujetaron
por los hombros, y los ojos que rara vez cambiaban de lobo se la quedaron mirando.
—Estoy aquí, cariño. Soy Sissy. —Pero ella sabía que su tía nunca volvería a
entender más allá de su locura.
—Necesito decirle que se cuide. Esa perra vieja en la colina la quiere. Ella la quiere
porque a su manera le teme. Las oigo llamarla.
Sissy dudaba de que la abuela Smith o las tías Smith le temieran en absoluto. Pero
no veía ningún sentido en discutir con su tía Ju-ju en un callejón.
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—Esa perra odia a esa niña como odia a la madre de la chica. Las aborrece a las
dos por igual.
Había verdad en esas palabras, pero nada que Sissy pudiera hacer al respecto. En
cambio, condujo a su tía fuera del callejón. Cuando salieron a la acera, Sissy buscó a
alguien que vigilara a su tía mientras regresaba a la oficina del sheriff y les hacía
saber dónde estaría para que pudieran avisarle a Mitch.
Al mirar por la calle, vio a Patty Rose salir de una pequeña tienda de regalos en la
esquina.
Poco a poco se volvió para mirar a Sissy con una brillante sonrisa.
—Esperando a Mitch. Mira, ¿podrías vigilar a la tía Ju-ju por un segundo? Quiero
ir de una carrera a advertirle a Mitch adónde voy antes de llevarla a casa.
—Está bien entonces. —Sissy sonrió a su tía. Hubo un tiempo en que había sido
alta y fuerte como todas las hembras Smith. Pero lo que había comido su mente
parecía haber hecho lo mismo con su cuerpo—. Cuídate, tía Ju-ju. —Sissy se inclinó
un poco y la besó en la frente. Por lo general, a Ju-ju no le gustaba que nadie la
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tocara, y ese había sido un movimiento impulsivo ya que su tía permanecía inmóvil
esta vez.
En lugar de empujar a Sissy lejos, como lo hacía con la mayoría de las demás
personas que intentaban acercarse demasiado, la tía Ju-Ju parpadeó, y sus ojos
pasaron de lobo a humano.
Ella se alejó de pronto, Patty Rose la siguió. Cuando Patty trató de poner sus
brazos alrededor de Ju-ju de nuevo, la vieja loba la alejó de un golpe.
—Hola, Sissy.
—Gil. —Lo miró. No tuvo que mirar hacia arriba tanto como lo hacía con Mitch, lo
que de repente hizo que Gil pareciera realmente bajo.
—¿Por qué siempre estás al acecho por los alrededores? ¿No tienes nada que
hacer? ¿No trabajas?
—Claro que trabajo. Ahora tengo mi propio negocio. Un garaje no lejos de aquí.
—No vayas a cabrearte. Estoy apartado del pueblo. Ni siquiera cerca del lugar de
tu hermano.
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—Eso es…
—¿Y qué si eso es lo que quiero, Sissy Mae? Imagina lo que podríamos hacer
juntos.
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Ella le agarró la mano y lo guió por la calle. No tenía ni idea de lo que le sucedió a
Gil después de que se marcharon, y para ser honesta, ya se había olvidado de él.
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Capítulo 18
Sissy ya había comido un sándwich, ¿cómo sobrevivía con uno solo?, y ahora ella
apoyaba los pies en la silla de cuero y bebía el café del vaso de cartón resistente.
—No soy tu cariño. —Luego hizo ese pequeño cuadrado con los dedos y articuló,
“Límites”.
—Sissy…
—Es bueno verte, cariño. —Hizo un gesto a Mitch para que volviera a sentarse
antes de sonreír a su sobrina—. Sissy Mae.
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—¡Tía Janette!
—Shh, shh, shh— ella señaló el costado derecho de Mitch—. ¿Te importa si miro?
Mitch se encogió de hombros, y ella apartó su camiseta para examinar sus heridas.
Los largos dedos presionaron contra su piel, y ella asintió con la cabeza.
—Sabía que vi algo cuando os observé en la boda. Estos ojos no se pierden nada.
Tengo los ojos de una... una... loba, aun.
Mitch terminó ahogándose con la comida de todos modos, pero esta vez, por una
carcajada.
Sissy sonrió.
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—Oh, vamos, Sissy Mae. Él es tan lindo. —Ella se acercó y le pellizcó a Mitch la
mejilla—. ¿No te gustaría un poco de pastel, Mitchell Shaw?
—No. No le gustaría.
—¿Qué clase de pastel? —Mitch supuso que Sissy no quería que fuera a la casa de
su tía, no es que la culpara. A veces quedarse entrampado con familiares era lo peor.
Y Mitch se congeló.
—Los mejores pasteles que encontrarás en este lado del Mason-Dixon, cariño.
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* *
Señor, esa era una pregunta difícil. Si había una cosa que podían hacer sus tías, era
hornear un pastel. Incluso pasteles que nunca comería de cualquier otra persona, lo
devoraría de sus tías. Sus tortas se habían vuelto tan populares a nivel local, que con
el tiempo habían tenido que abrir otra tienda en una zona neutral de la región para
que otras razas y humanos pudieran ir sin iniciar esas feas peleas que involucraban a
todos en el pueblo.
—Cereza.
—¿El de cereza?
—Confía en mí.
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—Tan educado.
—Mitch, cariño, siéntate por allí, y te llevaremos una rebanada con un poco de
leche. ¿Qué tal sería eso?
—¿Entonces, Sissy? —Y su tía Darla apoyó los codos sobre el mostrador delante de
Sissy, su cuerpo inclinado hacia el de su sobrina.
—Y tú lo echabas de menos, ¿verdad? Conducir tan rápido como sea posible sin
que nadie te detenga.
—No.
—¿No qué?
Francine empujó una rodaja de merengue de limón por encima del mostrador
hacia Sissy.
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—Nada de querida niña para mí. No lo haré. Olvídalo. Y tú estás pidiéndome que
lo haga después de todos estos años porque madre no está aquí para decirte que
desistas.
—¿No es suficiente que tengáis al pobre Mitch aquí jugando contra los osos?
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Pride 3
Francine sonrió.
—¡Haz lo que sea que estas diosas hermosas te pidan que hagas y estaré muy feliz
por eso!
Sissy se frotó los ojos, si no por otra razón, por la de bloquear las sonrisas
petulantes de sus tías.
Putas corruptoras.
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Pride 3
* *
—La próxima vez, no estés de acuerdo con nada sin hablar conmigo primero—le
espetó Sissy temprano a la mañana siguiente, mientras caminaban por el patio
trasero de Travis hacia uno de los dos enormes graneros que tenía en su propiedad.
Puesto que ningún Smith podría tener animales sin que éstos entraran en pánico
cada vez que uno de ellos andaba por ahí, sólo había una razón por la que había
tantos graneros por aquí. Para esconder mierda.
—Ellos tienen que ser los hermanos más débiles—masculló Sissy. Miró a Dee—.
¿Y cuál es tu excusa?
—Madre lo pidió.
Sissy dejó escapar un largo suspiro de resignación y abrió las grandes puertas del
granero de Travis. Todavía estaban allí. Tres coches de carreras que harían babear a
cualquier corredor de NASCAR. Y claramente, su hermano había estado
manteniéndolos e incluso actualizándolos. Ellos positivamente brillaban, y cuando
Sissy abrió los capós con un pequeño estallido, los motores lucían perfectos.
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Pride 3
Sissy echó un vistazo al reloj antes de atarse el cabello en una cola de caballo.
—Tenemos tres días para hacer que estos bebés canten. Así que pongamos manos
a la obra.
* *
Mitch se despertó cuando un peso se dejó caer en la cama junto a él. Se dio la
vuelta y sonrió a Sissy. Miró el reloj de la mesilla de noche. Eran casi las dos de la
mañana. No la había visto en todo el día y la había extrañado… mucho.
—Hola, ca…
—Tócame y te arrancaré los brazos. —Le tomó un momento darse cuenta de que
ella no se había cambiado la ropa o duchado. Y antes de que pudiera averiguar lo
que estaba mal, estaba roncando.
Con el ceño fruncido, Mitch echó un vistazo a la erección que había estado
esperando horas a que ella llegara a casa.
—No me mires. No es mi culpa. Son esas malas mujeres y sus pasteles. —Entonces
se acordó de que había pasteles que ellas le habían dejado en el refrigerador. Bueno,
si no podía follar...
Shelly Laurenston
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Pride 3
Capítulo 19
—Sí, sé lo que quieres decir. Ronnie estaba agotada cuando llegó a casa anoche.
Sólo tuvo energía para un round.
—Pero apenas fue una vez. Es decir, en el momento en que habíamos terminado,
ella estaba fuera de combate, y... eh... voy a dejar de hablar.
Unos conmocionados Travis y Brendon, que nunca habían visto al tío demostrar
nada, excepto fría indiferencia, observaron a Mitch alejarse furioso.
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Pride 3
—Seh. Todo está bien. —Brendon se encogió de hombros—. ¿Pero sabes lo que
sería una buena idea? Jugar con nuestro equipo. Almohadillas, cascos... y todo eso.
Sólo para estar… eh… seguros.
Travis asintió.
* *
—Estos son buenos. —Ella golpeó los elegidos—. Nos llevaremos estos, y
queremos ocho juegos más para el día de las carreras.
El vendedor asintió y se alejó. Sissy agarró uno de los neumáticos y lo hizo rodar
hacia su coche.
Le dolían los brazos. Estaba cansada. Y maldita sea, estaba caliente como un
conejo con hormonas. Pero como la mayoría de los caninos, una vez que Sissy asumía
un compromiso, lo mantenía.
Además, al parecer, las leonas estaban por delante en las apuestas entre los tres
pueblos. Es cierto que habían pasado años desde que Sissy había participado en una
de estas carreras, pero no había perdido su habilidad. O su deseo casi rabioso de
ganar.
Culpó a su madre por esto. Todo esto. Esta particular rivalidad comenzó antes de
que Sissy incluso hubiera nacido, y había sido transmitida de las hembras Lewis a
sus hijas. La última vez que Sissy corrió, se había fracturado la clavícula, pero Ronnie
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había ganado, y la manada Barron aún tenía que superarlo. Podrían guardar rencor,
al igual que las hermanas Lewis.
Aún así, Sissy sabía que su madre no dejaría a su hija correr si estuviera por aquí.
No después de que había tenido que cuidar a una llorona e infeliz Sissy hasta que
sanó. Más de una vez, Janie Mae había dicho al que quisiera escuchar, “ esos tuvieron
que haber sido los tres días más largos de mi vida, esperando a que la maldita
clavícula sanase”
Sissy casi odiaba a su familia por obligarla a hacer lo único que había jurado que
nunca haría... necesitar a su madre.
—Bien entonces.
* *
Travis observó a Mitch derribar a un defensa. Todo el equipo hizo una mueca al
oír al pobre Bart caer al suelo.
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Mitch era uno de esos jugadores que podrían jugar en cualquier posición en un
equipo. Donde quiera que lo necesitaran, él encajaría y además destacaría. Y cuanto
más Travis observaba al chico jugar, más se daba cuenta de que lo necesitaba. No
sólo para este juego en particular, probablemente sería un receptor abierto en este
juego, sino en otras competiciones serias que tendrían en los próximos años.
El problema era Sissy. Ella sería la clave para que Mitch regresara a la ciudad
cuando lo necesitaran. Pero Sissy no se quedaba con un hombre durante mucho
tiempo. La otra cara del problema era que cuando Sissy se abría de piernas, drenaba
al muchacho hasta que era casi inservible..
—¿Cuándo es la carrera?
Por supuesto, todo el mundo estaría allí. Nada como una pequeña competencia
entre las hembras. Los seres humanos podrían mantener su lucha en el barro y
concursos de camisetas mojadas. Travis felizmente pasaba por alto todo eso para ver
un enfrentamiento entre las mujeres que se arrancarían la carne de los huesos cuando
se cabrearan.
—De acuerdo.
* *
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Pride 3
—¿Qué deseas?
—Inténtalo de nuevo.
—Nuestra lealtad es a…
—De nuevo.
Sissy asintió.
—Sí. Eso suena bastante bien. —Ella le entregó el martillo—. Supongo que mejor
te pones a trabajar entonces, viejo.
* *
Mitch abrió la puerta de la sala familiar y entró. Tan pronto como lo hizo, el olor
de comida cocinándose lo golpeó justo entre los ojos. Dejó caer el equipo de fútbol
que le habían dado y se dirigió directamente a la cocina. Sissy estaba sentada en el
mostrador, sus piernas golpeando las puertas del armario debajo y una revista de
carreras abierta en el regazo.
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—Mitchell…
—No es momento para hablar. Quítate los pantalones cortos y las bragas. Ya.
—Sí, pero…
—Muy. Lento. —Él agarró los pantalones cortos y se los bajó bruscamente por sus
piernas antes de llegar a sus bragas y arrancarlas a rasgones. Tenía sus propios
pantalones en la mitad del culo cuando Sissy negó con la cabeza.
—¿Ahora qué?
Sissy parpadeó.
—¿Qué?
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—La caja ya estaba allí. Estoy asumiendo que tus padres la tenían…
—No voy a tener sexo allí... donde mis padres han... han… copulado.
—¡Ese no es el caso!
—Estás siendo ridícula. Tus padres tienen condones escondidos de reserva por
toda la casa. Estoy seguro de que…
—Vamos a un hotel—chilló mientras corría por las escaleras—. O... ¡dentro del
coche! ¡Cualquier cosa excepto quedarse aquí!
Mitch agarró un condón de la caja, se sacó a patadas los pantalones de chándal, las
zapatillas de deporte y los calcetines, y subió corriendo las escaleras detrás de Sissy.
La encontró en su habitación, metiendo ropa en las bolsas de lona que trajeron con
ellos.
—¿Lobos?
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—No—dijo Mitch, tirando bruscamente de las ropas que ella tenía agarradas
firmemente en su puño, lanzándolas al otro lado de la habitación—. Lo que es simple
es que tengo necesidades. Necesidades que deben ser satisfechas. Ya mismo.
—No soy ninguna puta, Mitchell Shaw. Si tienes algunas necesidades que
necesitan cuidados, ve a una de esas ciudades de humanos y consigue una puta.
—¡Oye!
* *
¿Debería estar preocupada de que eso fuera la cosa más agradable y romántica
que un macho le había dicho? Probablemente. Pero no lo estaba. Si ella fuera una
especie de chica que se derritiera , sería un charco de chocolate a sus pies.
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Pride 3
Cuando su lengua atravesó su coño como una lanza, Sissy se quedó sin aliento,
con los brazos extendidos violentamente a su alrededor. No era sólo la lengua
tampoco, sino la forma en que Mitch la usaba. Él lamió cada pliegue, cada montículo,
cualquier cosa que pudiera alcanzar ... y el Señor sabía, no había mucho que no podía
alcanzar con esa lengua.
Sissy trató de agarrarse a algo para mantenerse anclada en el lugar. Pero estaba
desparramada por la cama, el cabecero y el pie demasiado lejos de su alcance. Y
Mitch no cejaba. La comía como un hombre hambriento, llevándola más y más alto
sólo para retroceder antes de que pudiera correrse. Ella lo odiaría si no se estuviera
ena…
No.
No, no, no, no. ¡Maldita sea! Tenía que recordar sus límites. No podía permitir que
el más increíble sexo oral que jamás, absolutamente jamás, hubiera experimentado la
hiciera cambiar sus reglas. Sus reglas, a diferencia de las reglas de algunos países que
ella había visitado, no fueron hechas para ser rotas. Ni siquiera por ella.
Por último, Sissy bajó las manos y las enterró en el cabello de Mitch. La boca
masculina se pegó a su clítoris y lo chupó, enviándola gritando a un orgasmo que
cegaría a una mujer más débil.
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Pride 3
Preocupada porque diría algo estúpido, Sissy se levantó tanto como pudo y lo
besó. Todavía podía saborearse en su boca y en su lengua, y él se deleitaba
perversamente frotando la cara mojada por toda ella.
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Capítulo 20
Él imaginó que irían a algún campo en territorio neutral y correrían allí. Una vez
más, Mitch había estado muy equivocado. Al igual que el “campo de juego” en el
medio de Smithtown, la “pista” en el medio de Collinstown, el pueblo de los osos,
sería una dura competencia para Daytona. Y aún más interesante era el hecho de que
una carrera que involucraba a seis mujeres hubiera atraído a este tipo de gentío. Las
gradas estaban llenas de cambiantes locales y los compañeros humanos que pudieran
tener.
No sólo se vendía la cerveza y los hot dogs de costumbre, sino que también estaban
vendiendo parafernalia de alta gama, incluyendo camisetas, sudaderas y chaquetas,
todas luciendo los nombres de las ciudades. En cierto modo, era lindo en una forma
demasiado obsesiva. En una ciudad, había demasiados humanos para mantenerlos
lejos de eventos como éste y que no se dieran cuenta. Pero aquí, podían disfrutar de
ser los cambiantes desaforados que eran. Mitch tuvo que admitir que le encantaba.
No podía imaginarse viviendo aquí a tiempo completo, pero había una parte de él,
una parte que él no estaba examinando muy de cerca, que seguía viéndolos a Sissy y
a él aparecer de visita de vez en cuando. Comiendo pastel, jugando a la pelota,
volviéndose loca porque sus padres todavía tenían una vida sexual sana. Seh, le
resultaba cada vez más fácil de imaginar. Lo que le recordó que Sissy era algo que
nunca podría tener a tiempo completo. Una vez que regresara a Filadelfia, tendría
que terminar.
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Pride 3
—Supongo. Es decir, yo soy feliz. Creo que ella es feliz. Cuando no lo es, por lo
general no tiene problemas en decírmelo.
Mitch sonrió.
—Detalladamente.
—Una vez sacó un diagrama con gráficas. —Brendon tomó un sorbo de cerveza—.
¿Qué hay de ti y Sissy?
Las tías de Sissy se movieron a los asientos detrás de ellos, Mitch y Bren
comenzaron a ponerse de pie.
—Vuelvan a sentarse. —La señorita Francine les hizo señas de sentarse con las
manos—. ¡No nos importa!
—Oh, querido, todos ellos están con Sissy y las otras, preparando esos autos.
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Pride 3
* *
—Lo sé. Lo sé. Pero necesitas concentrarte en tu situación inmediata. Dios sabe
que puedes vencer a ese idiota en cualquier momento que desees.
—Tienes razón.
—¿Imagina quién se arrastró fuera del bosque para verte? —Bud se hizo a un lado,
y los ojos de Sissy se abrieron de par en par.
—¡Tío Eggie!— Ella se lanzó a los brazos del lobo más viejo. Esto significaba
mucho para ella. Todo el mundo sabía que no había muchas cosas que pudieran
conseguir que Eggie cambiara a humano, se vistiera, y estuviera cerca de todos los
demás como hombre, excepto su compañera y su hija.
—Hola, pequeña. —Su voz retumbó como si triturara piedras. Sentías sus palabras
más que las escuchabas—. Encárgate de esas gatas por tu tío Eggie.
—Lo haré. —Ella lo besó en la mejilla, y Dee echó los brazos alrededor de los
hombros de su padre desde atrás.
—Hola papi.
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—Hola, bichito de azúcar, quiero que todas vosotras tengáis cuidado ahí fuera.
Recuerden, las gatas no juegan limpio.
Sissy hizo sonar los nudillos y miró a Paula Jo Barron y a sus hermanas.
—No es un problema—masculló.
* *
—No. —Mitch miró por encima del hombro a las tías—. ¿Cuántas vueltas?
El Himno Nacional se tocó por los altavoces, y todo el mundo se puso de pie,
excepto Mitch y Brendon, quien en realidad no estaban pensando en ello hasta que
Francine les dio una colleja a cada uno.
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—Algo no está bien. —Mitch giró todo su torso, así podía mirar directamente a las
mujeres detrás de él—. ¿Qué está pasando? ¿Qué no nos estáis diciendo?
—Mierda.
Bren lo dijo en voz baja, y con cualquier otra persona, ellos podrían no alarmarse,
pero Mitch lo estaba. De inmediato se dio la vuelta para mirar a la pista y se dio
cuenta de que los coches ya estaban destrozando el asfalto. Al principio, se parecía a
cualquier otra carrera, excepto que eran sólo seis coches en la pista y tres de ellos
eran de diferentes tonos de dorado. Entonces, uno de los coches dorados más ligeros
con el número 48 estampado en los laterales, se estrelló contra el rojo cereza de
Ronnie Lee. No un golpecito, un golpe en toda la regla que casi la incrustó contra las
defensas.
—Mierda.
Mitch se inclinó hacia adelante, y tal como lo imaginó, Sissy, en el coche negro, se
detuvo. Primero, golpeó duramente al 48 desde atrás, la rodeó, y se estrelló contra
éste de lado. El coche chocó violentamente contra las defensas, y Mitch supuso que
ella se mantendría fuera. Pero la leona no lo hizo. Echó marcha atrás en la pista. Aún
más sorprendente, sin bandera de penalización por el movimiento, ni reducción de
velocidad de los coches. Mitch no era un gran aficionado a las carreras, pero conocía
algunas de las reglas de cuando veía carreras de NASCAR en sus domingos libres.
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* *
Sissy pisó bruscamente los frenos y estuvo a punto de ser golpeada por Paula Jo.
Al igual que Sissy, el propósito de Paula Jo no era hacer la última vuelta en el mejor
tiempo. Ese papel era para su hermana Lucy y Ronnie Lee. El papel de Sissy, Dee,
Paula Jo, y la hermana del medio de Paula Jo, Karen Jane, era asegurarse de que
Ronnie Lee o Lucy no hicieran esa última vuelta en absoluto. Ellas definitivamente
no debían cruzar la línea de llegada, a ser posible.
Sissy giró y se puso a la par de Paula Jo. Estaba a punto de chocar contra ella
cuando Paula Jo se le adelantó, obligando a Sissy a un giro que casi le deja fuera por
completo. Entonces, Paula Jo fue detrás de Ronnie Lee.
—Esa perra.
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Pride 3
* *
—¿Cómo lo sabes?
—Lo sé.
Y como para probar su punto, Sissy aceleró al máximo para ponerse entre el 48 y
el 52. Una vez entre ellos, primero giró el volante bruscamente hacia la izquierda,
haciendo entrar al 48 en la hierba en el medio de la pista, y rápidamente se volvió,
haciendo chocar al 52 contra la pared.
—Guau.
—Te lo dije.
La multitud enloqueció, todo el mundo se puso de pie. Incluso las tías detrás de
ellos estaban gritando:
—Un día, cuando estemos solos tú y yo en una habitación insonorizada con un par
de cervezas, vamos a discutir lo asustados que estamos en este momento.
—Lo tienes claro, hermano. —Para sellar su pacto, los hermanos golpearon sus
puños juntos antes de mirar hacia atrás.
Shelly Laurenston
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Pride 3
* *
Sissy gritó. No. No el grito histérico de hace un par de noches, cuando se encontró
con que sus padres estaban usando el hogar donde pasó toda su infancia como una
especie de club del sexo, y todo eso la tendría estremeciéndose de asco durante años ,
sino uno de sus gritos ¡Estoy dispuesta a matarlos a todos! Ella no los utilizaba a
menudo, pero cuando lo hacía, las personas inteligentes se apartaban de su camino.
Por supuesto, no era como que Paula Jo fuera inteligente. Ella simplemente no se
apartaba del camino de nadie por ningún motivo. Si no hubieran sido enemigas
mortales, a Sissy probablemente le gustaría la perra.
Vio la bandera y sabía que estaban entrando en la última vuelta. Esa era la única
bandera que se usaba en estas carreras.
Sissy pisó el acelerador a fondo y salió disparada detrás de las leonas que
conducían junto al lado izquierdo de Ronnie Lee. Ronnie estaba por delante y podría
ganar esto, pero las gatas estaban haciendo todo lo posible por sacarla, porque tanto
como Lucy podía intentarlo, ella simplemente no podía conducir a la velocidad en
que Ronnie podía.
Dee-Ann se puso a la altura del lateral derecho del auto de Ronnie. Su coche tenía
abolladuras importantes en los guardabarros y los paneles laterales, pero Sissy sabía
que su coche se veía peor. Por supuesto, ella tenía peor temperamento que Dee.
Las leonas tenían una vuelta más para detener a Ronnie o perder. Pusieron lo
mejor de ellas en la pista, sacando un movimiento que Sissy no recordaba que las
hubiera visto hacer antes, por lo que debería ser nuevo.
Karen Jane pasó a Sissy y se puso delante de ella. Entonces, clavó los frenos. Sissy
tenía segundos para moverse, clavó sus propios frenos y giró el volante; fue cuando
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Paula Jo chocó contra ella desde atrás, sacando a Sissy de la pista directamente al
campo cubierto de hierba en el medio.
Lucy se abrió paso entre Ronnie y Dee y sacó a Dee con un golpe bien asestado en
su lateral izquierdo. La prima de Sissy giró y golpeó contra las defensas.
Sissy aceleró a fondo, y derrapó cuando sus neumáticos traseros tocaron la tierra.
Pero ella había llegado a donde necesitaba. Lo había cronometrado así Ronnie Lee
estaba pasando cuando ella entró en la pista. Cortó a través de la pista, empujando a
Paula Jo y Karen Jane hacia atrás. Lucy se escabulló, pero Ronnie Lee siempre sería
más rápida que esa niñita. La gran preocupación de Sissy eran sus hermanas
mayores.
Apretando los dientes, hizo giros de manera salvaje y su parte trasera chocó contra
la parte delantera de Paula Jo. La inercia empujó a Paula Jo contra la parte trasera del
coche de su hermana. Eso hizo girar a Karen Jane hacia afuera y directamente contra
Sissy.
* *
Cuando el coche de Sissy entró a dar vueltas en el aire, Mitch se puso de pie, su
corazón desgarrando un agujero en la caja torácica. El coche no se detuvo. Siguió su
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camino, volteado sobre el lado derecho hacia el campo de hierba que había utilizado
ilegalmente para hacer su movimiento demente. Perdió la cuenta de cuántas veces
cruzó la pista de lado a lado. Pero cuando finalmente aterrizó, Ronnie Lee había
hecho la última vuelta, y la bandera a cuadros voló.
Una vez más, la multitud se volvió loca, y Mitch se acordó brevemente de los
disturbios de fútbol en Europa antes de saltar sobre la barandilla y atravesar la pista
corriendo hacia el auto de Sissy.
—¿Sissy?
Se puso en cuclillas junto a ella, aliviado al ver que tenía al menos todo el equipo
adecuado, desde el cinturón de seguridad de arnés de seis puntos hasta un casco que
hacía juego con un pasamontañas de carrera ignífugo íntegramente negro y un cuello
ortopédico.
Cristo sabía que ella realmente había necesitado ese puto cuello ortopédico.
—¡Sissy!
Sus ojos se abrieron, y parpadeó, mirando a su alrededor. Cuando por fin lo miró,
le preguntó una cosa...
—¿Ganamos?
Shelly Laurenston
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Pride 3
Capítulo 21
Ellos tuvieron que cortar el coche para que pudiera salir porque su asiento y ella
habían quedado atrapados por el metal aplastado, haciéndole imposible salir por sus
propios medios. Mitch ayudó, sacándola cuando sus tíos le dijeron que lo hiciera. En
ese momento fue cuando le preguntó:
—Genial.
Sissy se paró, aunque tenía la sensación de que Mitch sólo quería tenderla sobre el
suelo o incluso mejor, ponerla en una ambulancia. Pero ella mantuvo su brazo
alrededor de sus hombros así podía sostenerla. Ella bajó la mirada hacia el suelo, al
cuerpo inerte de su hermano.
—Lo dices ahora, cuando no estás en tu sano juicio. Luego me gritarás cuando me
aproveche de ti.
Shelly Laurenston
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Pride 3
Sissy empezó a reír, pero alguien le dio un puñetazo en la cabeza por detrás. Si
Mitch no hubiera tenido su brazo alrededor de ella, habría regresado de cabeza
dentro del coche.
—¡Puta tramposa!
Sissy bufó.
—No hice trampas, perra ciega. Aunque podría haberlas hecho. ¡Pero lo
maravilloso de mí es que no necesito hacer trampa para ganar contra tu perezoso
culo de gata!
Paula Jo trató de alcanzar a Sissy, pero Dee la empujó detrás de ella y balanceó su
ancho casco, golpeando el lado derecho de la cara de Paula. Y en ese momento fue
cuando se puso feo… porque las tías se involucraron.
En realidad, no había nada parecido a ver a mujeres adultas pegarse. Sissy trató de
separar a sus tías, pero esto tenía que ver con algunos rencores de tiempo atrás.
Además, ella tenía que tratar con Paula Jo y sus hermanas atacando a Dee y Ronnie.
Y no ayudaba que ella todavía estaba viendo al menos tres de todo. Pero en cualquier
momento que tropezaba, en cualquier momento que sentía que podía caerse, unas
manos fuertes la sujetaban firmemente. Y Mitch nunca se apartó de su lado.
—¿Hospital?
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Pride 3
* *
Ronnie Lee bailaba alrededor de Sissy con una botella de cerveza mexicana en una
mano y un yeso en la otra. Sí, se había quebrado la muñeca con el último golpe del
coche de Paula Jo, pero eso sólo hizo que esta victoria fuera aún más grandiosa
porque ella lo había hecho todo con una muñeca rota.
Era dulce en una especie de Cromañón. Pero no había manera de que se hubiera
perdido esta carrera. Además, le encantaba competir con Sissy y Dee. Patear los culos
pomposos juntas.
Sissy había logrado no romperse nada, pero su rostro había resultado muy
magullado cuando su coche volcó. Aún así, a ella no parecía importarle, mientras
bailaba al ritmo de AC/DC con el resto de la manada Smith en el bar local de
Smithtown.
Pero lo que realmente molestaba a Ronnie era Mitch. No porque Mitch hubiera
dicho o hecho algo que le concerniera. Sino porque no había dicho o hecho nada.
Incluso ahora, estaba sentado en una mesa con Brendon, con una pierna encima de la
mesa y una botella de Bud en la mano. No decía nada, pero vigilaba a Sissy. Y Ronnie
no creía que Sissy se hubiera dado cuenta de nada.
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Pride 3
—¿Por qué? ¿Su madre se preocupará si él no está en casa para el toque de queda?
—Sólo estoy diciendo que no parece que lo esté pasando bien. —Ella se inclinó
más cerca—. Y creo que le preocupas.
—Porque las personas con límites no se preocupan el uno del el otro. —Sissy
bamboleó el culo hasta el suelo antes de subir bamboleándolo—. Su única
preocupación debería ser si tendré sexo más tarde esta noche... y deja de mirarme así.
—¿Cómo qué?
Sissy alzó una ceja, y Ronnie hizo un ademán de despedida con la mano
—Está bien. Está bien. —Cuando Sissy se dio la vuelta, con los brazos en el aire,
Ronnie añadió—. Pero eres una idiota.
—¿Qué dijiste?
Shelly Laurenston
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—Nada.
* *
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Se secó el cabello con una toalla y se puso una de sus viejas camisetas sin nada
más, pensando que no necesitaría más en base a la erección que Mitch había estado
luciendo desde que se habían metido en la ducha juntos.
Él se peinó el pelo hacia atrás y agarró un par limpio de pantalones de la pila que
Sissy había arrojado sobre una silla.
—¿Por qué?
El cuerpo entero de Sissy saltó cuando Mitch azotó la puerta con tanta fuerza que
tuvo el presentimiento que dañó la pared.
—¿Acabas de preguntarme por qué? —Mitch se dio vuelta, y Sissy vio auténtica
rabia en sus ojos. Para ser honesta, ella nunca la había visto antes. Había visto
molestia e impaciencia. Pero nunca una rabia... auténtica. No de Mitch.
—Eh… seh.
—¿Qué pas... tú... no puede ser... —Guau, Mitch no terminando las frases. Eso no
podía ser bueno.
—¿De verdad creías que disfrutaría verte resultar casi muerta hoy?
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—¡Cállate!
—Primero, no tenía ni idea de qué carajo ibais a hacer. Si lo hubiera sabido, habría
puesto fin a eso.
—Deberías...
—¡Cállate! En segundo lugar, ¿tienes alguna idea de lo que fue ver tu coche dar
tumbos así? ¿Saber que estabas atrapada dentro de eso y que no hubiera nada que
pudiera hacer al respecto?
Dado que parecía no querer respuestas a ninguna de esas preguntas, Sissy no dijo
nada.
—¿Y para qué? Para nada. Arriesgaste el cuello por absolutamente nada. Así que
en respuesta a tu estúpida pregunta, no me quedo aquí esta noche porque ¡estoy
cabreado! —Él la soltó, abrió la puerta violentamente, sólo para volver a cerrarla de un
portazo cuando se largó.
Sissy no tenía ni idea de cuánto tiempo permaneció allí, mirando como tonta esa
puerta cerrada. Pudieron haber sido minutos u horas. Era una de las primeras veces
en su vida en que Sissy no sabía qué decir.
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Pride 3
* *
—Hola. —Bren se sentó al lado de Mitch con Ralph en el otro lado—. ¿Es
absolutamente necesario?
—Me está haciendo compañía. —Sentado al estilo indio con el codo apoyado en la
rodilla y la barbilla apoyada en el puño levantado, Mitch suspiró. Parecía el chico de
catorce años que Brendon había conocido hacía tantos años, cuando su padre
finalmente le había dicho que tenía otro hijo. ¿No lo mencioné antes? preguntó su
padre, viéndose típicamente desinteresado.
Mitch lo miró.
—No empieces. Me siento bastante mal sin que añadas más al montón. —Bren
levantó las manos—. ¡Pero esa mujer hizo que me cagara de miedo!
—Sí, estoy percibiendo que no lo entienden. Todo el tiempo Sissy me miró como si
hablara gaélico.
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Pride 3
—En realidad no—le dijo Mitch, con la mano libre al mismo tiempo que acariciaba
a Ralph—. Pero tengo miedo de que si paro, me arranque la pierna. No puedo
recordar la última vez que comió. ¿Sabías que los cocodrilos sólo comen cada tres
días?
—Mitchell...
—¿Qué?
—¿Crees que saldrá huyendo? —Ronnie Lee había huido cuando descubrió que
Brendon la amaba. Ella se fue como Flo Jo.
—No, ella no huye. Sissy nunca huye. Simplemente ignorará lo que dije. Ignora lo
que hemos significado el uno para el otro este último año, se olvida de estos últimos
días. Con el tiempo, me ignorará por completo.
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—Ya la amas.
—Hijo de puta.
* *
Dez recitó la letanía de cosas que habían hecho en relación con el caso Shaw en las
últimas dos semanas. Desafortunadamente, su comandante no había quedado ni
remotamente impresionado. Ella había estado categóricamente molesta cuando le
dijo a Dez que se fuera de su vista.
Apoyando los codos en el escritorio, Dez se pasó las manos por el pelo. Estaba tan
frustrada como todos los demás, pero es que esta mujer era como un fantasma. Sin
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huellas, sin pelo, sin fibras, y los servicios armados eran menos que efectivos. Incluso
entre los cambiantes, todavía existía la mierda de política habitual.
—Tal vez ella ha dejado el país. —Una profesional como ella tendría múltiples
pasaportes, identificaciones y contactos.
—Nah. —Souza apoyó los pies sobre su escritorio—. No ha salido del país. Aún
no.
—Ella no se va a ir hasta que consiga lo que quiere. Y lo que quiere es ese dinero.
La recompensa por la cabeza del chico es sustanciosa. Si yo no respetara la ley, lo
mataría por esa cantidad de dinero.
Dez tenía el abrumador deseo de marcar su escritorio. Era tan prístino y perfecto
que la volvía loca. De hecho, toda la oficina era así. De alta gama y tecnología de
punta.
Pasó el dedo por encima del escritorio y deseó que tuviera su navaja.
—Ellos quieren que este juicio avance. Así que supongo que ella esperará a que
regrese a Filadelfia.
—¿Qué?
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—Los humanos no tendrían las conexiones, pero ella sí. —Souza levantó una
ceja—. ¿Has pensado en ir a Tennessee, Desiree?
* *
—Lamento haberte dado un susto de muerte. —Ella se rió—. Sigo olvidando que
somos diferentes aquí. Lo que es normal para nosotros es considerado
completamente descabellado por todos los demás.
—Ahora lo sé.
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—Y significa mucho para mí saber que estás dispuesta a correr el riesgo de sufrir
una lesión permanente en la columna vertebral, y tener que ser atendida veinticuatro
horas al día, siete días a la semana por tu madre durante los próximos veinte años,
simplemente para darle a un pueblo del que huiste años atrás un buen espectáculo. Y
por ninguna recompensa en efectivo.
—Más tarde. —Sissy sacó las piernas de la barandilla y se puso de pie, su mano
todavía agarrando la de Mitch—. Venga. Vamos a Cougar Hill y veamos cómo se
eleva el sol.
—Bueno, ahí es donde mi tatarabuelo arrojó a ese puma llamado Jed por un lado
de la colina, cuando no se largaba de Smithtown después de que hubieran escapado
todos los otros felinos. Y mi bisabuelo solo se reía y se reía. Pensó que era muy
gracioso que llamara a la colina... Cougar Hill.
Mitch dejó que Sissy lo llevara a esa infame colina, su mano cálida y firme en la de
él.
15 Cougar es puma.
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Pride 3
Capítulo 22
Él nunca había sido un tipo de grandes paisajes, pero incluso Smitty tenía que
admitir que el lugar era absolutamente hermoso. Tenían un personal maravilloso
para encargarse de todas sus necesidades, incluyendo comidas gourmet, buceo, o
simplemente no ser molestados.
Era un paraíso.
Y durante los últimos cuarenta y cinco minutos, Smitty había estado caminando
de acá para allá por la playa de este paraíso, su perro, Shit-starter16, justo a su lado
hasta que Jessie salió. Llevaba sólo una de sus camisetas de gran tamaño, luciendo
desaliñada y bien follable. Smitty sabía que nunca amaría a nadie de la forma en que
la amaba.
Ella esperó hasta que dejó de caminar, antes de pararse detrás de él y rodear su
cintura con los brazos.
—¿Qué te pasa?
—No sé. Pero no puedo evitar la sensación de que todo el infierno se está
desatando..
—Si eso es lo que sientes, entonces probablemente tengas razón. ¿Has llamado a
casa?
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—Sip. Y todos me dicen que todo está bien. —Smitty gruñó—. Todos están
mintiendo.
—¿Y?
Smitty cerró los ojos y agarró las pequeñas manos alrededor de su cintura. Señor,
amaba a esta mujer. Su compañera. Su esposa.
—Lo sé. Pero esto es mucho más importante. ¿Qué pasa si Sissy está en grave
peligro... o... o... algo así?
Smitty se volvió lentamente hacia su esposa. Ella lo miraba con esa expresión
perfectamente en blanco en ese hermoso rostro que le decía que le estaba mintiendo.
—¡Dios, sí! —Ella levantó las manos y aclaró—. Increíble… sexo. ¿Aburrido
contigo? Nunca. Pero entre sexo... —Ella levantó las manos—. ¡Aburrido!
—No tengo manada; no sé lo que esos condenados niños están tramando; quién
sabe lo que está pasando en mi oficina; y no tengo videojuegos para distraerme. —
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Pride 3
Para ilustrar esto, ella hizo esa cosa extraña con las manos como si estuviera
sosteniendo algo, y sus pulgares se movieron hacia adelante y hacia atrás. Smitty no
lo entendía, pero hacía mucho que había aprendido que cuando se trataba de Jessie
Ann, simplemente era mejor aceptar y seguir adelante—. Y tú ni siquiera consideras
jugar un poco al Dungeons & Dragons conmigo. —Ella dejó de caminar y lo miró—. Si
pudiera estar más aburrida, Bobby Ray Smith, ¡me habría prendido fuego!
Ahora que había conseguido sacar todo de su pecho, Jessie se sonrojó y se quedó
mirando sus pies descalzos.
—No quería arruinar todo. Esta es la luna de miel soñada para la mayoría de la
gente.
—Personas que no son parte de una manada. No somos buenos solos, amor.
—¿Cómo las personas no viven en manada? No lo comprendo. —Ella era tan fiel
de ese modo perruno que tenía, que todo lo que Smitty pudo hacer fue sonreír.
—Se las arreglan. Pero nosotros no tenemos que hacerlo. —Se acercó y le rodeó la
cintura con sus brazos, acercándola más—. ¿Qué tal esta idea? Nos vamos a casa tan
pronto como podamos conseguir que un barco nos recoja y un vuelo, nos
aseguramos de que todo esté bien con nuestras manadas, y enderezamos cualquier
mierda que empezaron. Entonces tú y yo buscamos el hotel más caro, más snob y
más elitista en la ciudad de Nueva York y follamos tan fuerte y escandalosamente
que ellos finalmente se vean obligados a echarnos. De esta forma, podemos tener
nuestra luna de miel soñada, pero también tendremos nuestras manadas a la
distancia de un escupitajo. ¿Qué te parece eso, Jessie Ann?
La Melena Atractiva
Pride 3
* *
Ella tomó el asiento en la silla que le ofreció y esperó mientras le servía. Él la miró
ansiosamente durante toda la comida y luego insistió en que lo limpiaría y ella no
debía hacer nada más que descansar.
Al menos, así fue como sucedió en el mundo de fantasía de Sissy, donde ella tenía
el control completo.
La realidad era que Mitch la folló hasta que ella gritó. Luego le dio un azote en el
culo y le dijo que “le encantarían algunos waffles y tocino”, mientras se dirigía a la
ducha. Cuando ella lo siguió al cuarto de baño y le gritó a través de la cortina de la
ducha que se cocinara sus malditos wafles y tocino, él extendió la mano y tiró de ella.
No tenían ganas de conseguir condones, así que se lo hicieron uno al otro con las
manos y las bocas. Cuando salieron de la ducha, sólo había una toalla, y pasaron
cinco minutos luchando por ella hasta que Mitch la colgó boca abajo por los tobillos.
Y no la dejó levantarse hasta que ella lo llamó “Su Excelencia Ilustrísima Mitchell el
Grande”. Cuando finalmente la puso de pie, ellos tuvieron una pelea de bofetadas
por la cosa de “Su Excelencia Ilustrísima” y Sissy se apoderó de la toalla y salió
corriendo. Ella casi entró en la habitación, pero él llegó a la puerta antes de que
pudiera cerrarla. Mitch insistió en secarla con la toalla, pero la folló por todas partes
y mantuvo la toalla sobre su cabeza hasta que finalmente ella gritó y le dio una
patada.
Cuando finalmente se vistieron, era casi la hora del almuerzo de todos modos, así
que decidieron ir al pueblo a la fonda de su hermano por comida ya que servía
desayuno durante todo el día y Mitch realmente deseaba esos waffles. Mitch tomó las
llaves del coche y las sostuvo sobre su cabeza para que Sissy no las pudiera
Shelly Laurenston
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Pride 3
conseguir. Ella, a su vez, agarró sus pelotas y se las retorció hasta que le dio las
malditas llaves.
Fue mientras se gruñían el uno al otro sobre el plato de patatas fritas de Sissy que
Brendon y Ronnie se sentaron. El yeso de Ronnie había sido quitado, y ahora llevaba
un vendaje ACE. Un día más, y su muñeca quebrada no sería más que un débil
recuerdo.
Cuando Sissy echó un vistazo a Brendon, se dio cuenta de que algo le estaba
molestando.
—¿Qué pasa? —Sissy sintió los colmillos deslizarse a través de la piel de su mano.
Ellos no le rompieron la piel, pero el significado era claro. Con los ojos muy abiertos,
miró echando chispas por los ojos a Mitch—. ¿Ha perdido la puta cabeza?
—¡No hagas que vaya allí y te arranque esa melena tuya de mal gusto!
Sissy y Mitch miraron a Brendon y luego se miraron entre sí. Entonces empezaron
a reír y parecían no poder detenerse.
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Pride 3
—¿No estáis interesados en saber por qué está viniendo hasta aquí?
—Ella viene aquí porque cree que quienquiera que trató de matar a Mitch está
viniendo hacia aquí para terminar el trabajo.
—Bueno, buena suerte para ella llegando al pueblo sin que nadie lo sepa. —Sissy
negó con la cabeza—. Eso no va a suceder.
Todo el cuerpo de Sissy se puso frío, luego caliente. No había pensado en Mitch
entrando en protección de testigos. Durante días, habían estado demasiado ocupados
teniendo sexo. Pero la idea de no volver a verlo otra vez la hacía sentirse casi
físicamente enferma. Aunque también quería que estuviera a salvo.
—No puedo—respondió Mitch, terminando el resto de las papas fritas que ella ya
no quería—. Tengo el partido.
—No, no estoy bromeando. Hice una promesa. No me voy hasta después del
partido. Además, creo que tenemos una buena probabilidad contra esos osos.
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Pride 3
—¿Olvidar qué?
—¿Quién dijo que yo estaba —Sissy dejó de hablar cuando un poco de nata
montada la golpeó entre los ojos—. ¿Era realmente necesario?
—Sí porque sé cómo funciona tu mente. Así que pongamos esto sobre la mesa, ¿si?
No puedes llamar a tu tío Eustice y ver si puede “manejar las cosas” desde dónde
está. Tampoco puedes hacer que lo transfieran de prisión para tener una oportunidad
de liquidar a O 'Farrell. —Maldición. La mujer la conocía bien—. Y si hay una cosa
que he aprendido sobre Mitchell Shaw, es que matar a un ser humano, incluso para
protegerlo, no te hará ganar puntos. —Ella se encogió de hombros—. Él trabaja
incansablemente para poner a los cretinos en prisión. Hará esto, renunciará a toda su
vida porque sabe que es lo que hay que hacer.
Shelly Laurenston
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Pride 3
—En momentos como éste, me gustaría que él pudiera ser más como mi familia.
* *
Apoyándose contra la pared del callejón, nunca había visto esos callejones tan
limpios, Mitch respondió simplemente:
—No.
—Pero…
—No me importa lo que padre haría o lo que Jesús haría. La respuesta sigue
siendo no.
Había sido mucho más fácil cuando odiaba a su hermano y hermana, creyendo
que habían conseguido todo el amor de su padre y él nada más que la ocasional
tarjeta de cumpleaños. Había sido mucho más fácil cuando creía que holgazaneaban,
riéndose del pobre cachorro del Oeste de Filadelfia, o fingiendo que él no existía en
absoluto. Pero ahora era diferente. Sabía que tuvo suerte al poder quedarse con su
madre y su manada. Se dio cuenta de que Brendon y Marissa no habían tenido la
infancia más fácil que él. Todos amaban a su padre, pero él era distante y
malhumorado, como la mayoría de los machos de la vieja escuela. Mientras su padre
Shelly Laurenston
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—Tal vez algo pueda arreglarse—mintió mientras rogaba que fuera cierto—. Tal
vez algún tipo de visitas. —Mitch sonrió—. Pero tendrías que reunirte conmigo en
East Booney, Ohio o donde sea que me pongan.
—Y juego bien.
Juntos, los hermanos salieron del callejón y encontraron a Sissy y a Ronnie Lee
paradas fuera del restaurante. Mitch frunció el ceño al ver la cara de Sissy. Se veía
alterada, y cuando ella lo miró, de inmediato trató de ocultarlo. Él no quería que ella
le ocultara nada.
—¿Qué pasa?
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Pride 3
Ella se acercó.
—Más cerca.
—¡No puede hacer eso contigo llevándome a rastras! —Sissy miró por encima del
hombro a Mitch y le guiñó el ojo.
Mitch y Bren las observaban mientras los dos caminaban pavoneándose por la
calle, riendo y empujándose una a la otra como cachorritos, Ronnie con unos
diminutos pantalones cortos de correr y una camiseta cortada que dejaba el vientre al
descubierto y Sissy con sus vaqueros cortados y una apretada camiseta sin mangas,.
La Melena Atractiva
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Capítulo 23
Con su hermano durmiendo una siesta y Sissy de compras, Mitch tenía dos horas
antes del entrenamiento, y eso era simplemente demasiado tiempo para sentarse y
pensar. Así que entró en modo búsqueda de comida.
—Siéntate aquí, bebé. —Francine sacó una silla y la palmeó con su mano. Él sonrió
y se sentó a la mesa.
Fue Janette quien trajo el pastel. Y no una rebanada tampoco. La enorme cosa
entera, poniéndola delante de él con un cortador de pastel, un tenedor y un plato.
Ella le cortó la primera rebanada y Darla le sirvió un vaso de leche de la jarra de litro
que había colocado sobre la mesa.
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—Sí.
—¿Qué quieres decir con que esperas que no? ¿Estás tratando de decirnos que
nuestra Sissy no es lo suficientemente buena para ti?
—Por supuesto que no estoy diciendo eso. Si por mí fuera, le daría a Sissy todo lo
que quisiera. ¿Creéis que quiero terminar mi tiempo con ella? Hay tantas cosas que
quiero hacer con ella, pero eso es simplemente imposible.
—Si pudieras hacer cualquier cosa con Sissy, ¿cuál sería?—preguntó Janette—. Y
no seas guarro.
Mitch sonrió.
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—¿Cualquier cosa? La llevaría a una cita. Nunca hemos tenido una cita.
—Trabajo encubierto.
—Sí, ese trabajo encubierto. Eso no puede seguir para siempre. Ellos capturarán al
que trató de lastimarte.
—Dará igual, señorita Francine. Cuando todo esto termine, cuando me marche de
aquí, entraré en protección de testigos.
Francine se enderezó.
—Realmente pensé que lo sabíais. Creí que os lo dije. —Mitch apoyó los codos
sobre la mesa—. Puede que no lo hiciera. Ya no lo sé. Hay tanto en marcha en este
momento. Alguien está tratando de matarme, yo estoy enamorado de su sobrina, el
partido se acerca…
Una gran rebanada de pastel fue empujada delante de él y otro vaso de leche.
* *
Sissy ignoró la risa de Dee mientras hacía alarde de su nueva chaqueta de cuero.
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—El rumor es—murmuró su prima a su lado—, que la que intentó matar a Mitch
podría estar dirigiéndose hacia aquí.
—Tal vez. Nadie sabe con seguridad. Pero el departamento del sheriff y los
ancianos están en alerta. —Sissy miró a su prima y parpadeó.
—¿Qué?
—¿Seh? ¿Y?
—El disparo que esta hembra efectuó, para acertarle a Mitch desde donde lo hizo...
tenía que estar bien entrenada. Pero aparte de su olor, no ha dejado nada. Sin pelo,
sin fibras, nada de lo que los nuestros habitualmente pueden encontrar cuando nadie
más puede.
Sissy sabía que estaba tocando un tema sensible aquí. No le había preguntado a su
prima lo que había hecho para las Fuerzas Armadas, porque ya lo sabía por Bobby
Ray. La unidad de Dee trató con seres humanos que sabían de la existencia de los de
su clase y hacían un deporte de cazarlos. Por lo general eran ricos, anónimos y
extremadamente peligrosos. No sólo para aquellos que cazaban, sino para los de la
clase de Sissy en general. Y Dee cazó a los cazadores. Era muy buena en lo que hacía,
pero la última vez que Sissy la había visto, podía darse cuenta de la pesada mochila
que había llevado su prima.
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Pride 3
Realmente... había sido demasiado tiempo como para que una persona hiciera ese
trabajo y pudiera mantener la cordura.
Dee asintió.
—Gracias.
Su prima gruñó cuando Travis ordenó un descanso y los envió fuera del campo.
Mitch se acercó a ella, pero antes de que Sissy pudiera levantarse y arrastrarlo a su
lugar elegido, se agachó delante de ella, quitándose el casco.
—Hola.
—Eh… ¿qué?
—Posiblemente.
Mitch sonrió.
—Te recogeré en la casa de tus padres. Saldremos a cenar, así que vístete coqueta.
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—¿Dee-Ann? —Pero Dee había hecho su cosa fantasma y no estaba a la vista. Sissy
tendría que averiguar cómo lo hacía.
—Mejor que nos vayamos ya. Quién sabe lo que tendremos que juntar para
vestirte bien.
* *
—¿Qué?
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—Para ser honesto, no creo que jamás haya tenido una cita.
—Y no es como si tuvieras que beber vino y llevarla a cenar para conseguir lo que
quieres—dijo Jackie riendo... hasta que Mitch golpeó su casco contra la cara de Jackie.
Jackie cayó llorando, tapándose la nariz también.
—¿Alguien más tiene algo que decir? —preguntó Mitch con ligereza. El equipo
negó con la cabeza—. De acuerdo entonces. Digo que volvamos al entrenamiento, ya
que tengo que prepararme para mi cita.
* *
—Está bien, Ronnie, vamos... —Ella se quedó mirando hacia el final del pasillo.
Sus tías estaban en el otro extremo, y estaban esperando… por ella.
—Ese agradable joven quiere llevarte a tomar una buena cena—explicó Francine
con calma—. Y queríamos asegurarnos de que no salieras por la puerta pareciéndote
a las fulanas locales.
* *
Shelly Laurenston
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Pride 3
Mitch salió del coche de Ronnie e hizo crujir el cuello, su mirada enfocada en la
casa. Le asombraba ver cómo había ocurrido todo esto. Sentado en la pastelería,
comiendo y hablando con las tías de Sissy, diciéndoles cosas que nunca le había
contado a nadie, ni siquiera a Sissy. Le echó la culpa al pastel. Mientras más lo
alimentaban con esos deliciosos pasteles, más hablaba. Pero eran tan dulces y
comprensivas. Realmente lo hicieron sentirse mejor.
Mitch volvió a entrar en el coche y sacó el ramo de rosas rojas. Sabía que estaba
rompiendo los límites de Sissy, pero ella tendría que superarlo. Simplemente no iba a
buscar a una mujer para una primera cita con las manos vacías. Su madre lo mataría.
Respirando hondo, Mitch subió por las escaleras del porche, hacia la puerta
principal. Levantó la mano para golpear, pero oyó vidrios romperse y maldiciones.
—Espera un minuto. —Eso sonaba como una de sus tías. ¿Darla tal vez?
Inclinándose hacia la puerta, Mitch podía oír susurros y lo que sonaba como una
pelea.
Mitch retrocedió para meterle una patada a la puerta cuando ésta se abrió por su
cuenta y las tías de Sissy la sacaron a empujones al porche. Sissy giró para volver a
entrar, pero le cerraron la puerta de un portazo en las narices y echaron llave.
Dando otro paso atrás y clavando los ojos en Sissy, Mitch dijo:
Shelly Laurenston
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—Ni una sola palabra, Mitchell Shaw. Ni. Una. Sola. Palabra.
—Te ves…
—Adorable.
—Hijo de puta—dijo entre dientes, antes de que ella saliera caminando enfurecida
hacia el coche.
—Espera.
—¡No!
Encima un vestido blanco, con pequeños lunares azules, sandalias azules con
correas y tacones de ocho centímetros, asesinos, y una cinta azul a juego para sujetar
el pelo hacia atrás.
Se veía tan diferente de la Sissy Mae Smith que conocía como era humanamente
posible.
—Nunca me has visto antes, y nunca más me verás. Ahora, sácame de aquí antes
de que comience una matanza… —Sissy se volvió hacia él, pero su cuerpo se congeló
cuando vio las flores en la mano—. ¿Qué son esas?
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Sissy dio pisotones con el pie y volvió a hacer ese maldito contorno de un
cuadrado con sus dedos.
Imitando el contorno del cuadrado con sus propios dedos, Mitch espetó:
Le arrebató las flores de la mano y se metió en el lado del pasajero. Riéndose entre
dientes, Mitch rodeó el vehículo y se metió en el lado del conductor.
—Tengo que admitir, que luces muy sexy en ese atuendo Yo-era-una-virgen-de-
treinta años.
—Cállate.
* *
Sissy no sabía qué era más incómodo. ¿Los zapatos, que eran trágicamente un
número más pequeño que el que utilizaba? ¿El vestido, con los minúsculos lazos que
se seguían desatando? ¿La diadema hija de puta?
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madrugada, sólo para darse cuenta de que era de madrugada, y entonces dirigirse a
la cafetería local para desayunar y tener otra conversación de dos horas. Ese Mitch, al
que de repente, no tenía nada que decir.
Mierda. Sissy no se dio cuenta de que lo había dicho en voz alta, y ahora tenía esos
ojos dorados observándola.
—No. Esto. —Dejó caer el camarón que había estado sosteniendo durante los
últimos diez minutos de nuevo en su plato—. No tenemos nada que decirnos el uno
al otro, y teniendo en cuenta que somos dos de las personas más charlatanas que he
conocido, eso es mucho decir.
—Lo sé. Me siento incómodo. Nunca me siento incómodo. —Él frunció el ceño
brevemente y agregó—, hago que otras personas se sienten incómodas.
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—Nosotros. Esto no somos nosotros. Es decir, luzco como Gidget 17, y tú estás
actuando como... como...
—¿Cómo qué?
—Como Brendon.
Mitch respingó.
—Puaj.
—¿Me veo cómodo? Es loco, hace treinta y nueve grados afuera, y él hizo que
llevara esta maldita cosa. Intentó que me pusiera un traje.
—Quítatelo, Mitchell.
Las manos de Sissy estaban llegando a los lazos cuando se detuvo y le sonrió
burlonamente.
—Pico de oro.
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—¿Mejor?
—Oh, sí.
Apoyando los codos sobre la mesa, se inclinó y trató de mirar sus pantalones.
Sissy se rió, y sabía que los presumidos felinos y los osos la miraban, pero no le
importó. Habían salido de Smithtown e ido a Taylor Country. En su gran mayoría,
eran seres humanos los que vivían aquí, y se consideraba un territorio neutral para
las distintas especies. Por supuesto, este elegante Steakhouse trabajaba
mayoritariamente para los felinos, perros y osos del lugar. Tenían un muy buen
bistec y ofrecían raciones muy saludables.
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—Estoy reemplazando a tus tías, tan adorables como ellas son, por Ronnie y Dee-
Ann. Hecho. —Él la miró y le hizo un gesto para que continuara—. Continúa. Tengo
el escenario completo. Es como una de esas películas de mujeres en prisión de los
años setenta.
* *
—Así que explícame cómo llegamos aquí esta noche. Las tías no me dijeron nada.
—¿Eso es todo?
—No es poco interesante. Pero normalmente no soy la primera chica en la que los
hombres piensan cuando quieren ir a una cena elegante.
—Lo eres para mí. Me gustas, Sissy. Y si dibujas ese maldito cuadrado otra vez con
tus dedos, te los romperé.
—De acuerdo. Vale. Sólo estoy tratando de evitar que nos metamos en problemas.
—Lo sé.
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—Bueno, veamos algunos hechos duros y fríos. La cosa de los límites no funciona
para dos personas que pasan toda su vida pasándose por el forro los límites de otras
personas.
—Así que lidiemos con las realidades. Volveré a Filadelfia la próxima semana.
Testifico, y desaparezco. Para siempre.
—Lo sé.
Sissy puso su mano sobre la de él, y su polla se endureció al instante con la acción
inocente.
—Entiendes que nunca me vas a superar, ¿verdad? De ahora en adelante, todas las
mujeres con las que estés, las compararás conmigo y las encontrarás deficientes.
Estaba bromeando, pero tenía la sensación de que tenía toda la razón. Pero Mitch
era del tipo de hombre de toma-tu-disfrute-donde-puedas. Él no sería el señor Héroe
y acortaría su tiempo juntos. En lugar de eso, disfrutaría cada momento, cada
segundo.
Sissy sonrió.
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—¿Lo hiciste? —Mitch por lo general era bastante bueno sabiendo cuando alguien
estaba poniendo algo o sacándolo de su bolsillo. Una de sus tías favoritas era una
notoria carterista, y le había enseñado algunas cosas. Pero Sissy la habría hecho
sentirse orgullosa. Porque cuando agarró la americana que había tirado en el asiento
a su lado y escarbó en el bolsillo, encontró un tanga de encaje negro escondido en el
interior.
—¿Cuándo te lo quitaste?
—Hora de irse.
—No. No, Mitchell Shaw. —La sonrisa de Sissy era cruel y perversa al mismo
tiempo—. Me prometiste una cita y tendré una cita.
—¡Oh vamos!
—Sólo apoya el trasero allí, señor. Así podemos terminar nuestra cita
correctamente.
—Sólo cuando esté en el baño. Ahora mismo, no quiero que nadie piense que
somos chabacanos, ¿de acuerdo?
* *
Shelly Laurenston
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Sissy se recostó en la preciosa cabina, con los pies en el regazo de Mitch debajo de
la mesa. Ya habían terminado de comer, conversaban, y Mitch le frotaba los pies,
prestando especial atención al empeine.
—No lo hice. Es la edad de la que nunca hablas. Has contado hasta que cumpliste
los trece cuando dijiste que te despertaste un día y bum, tenías pechos. Y cuando
tenías quince años y empezaste a construir coches. Entonces, ¿qué estás dejando
fuera? ¿Cómo era Sissy Mae Smith a los catorce años?
—Sí. Supongo. Pero es difícil crecer siendo una Smith y no ser un poquito...
—¿Inestable?
—Bobby Ray tiene memoria selectiva. Puede ser agradable cuando le conviene,
pero el Señor te ayude si te le cruzas a ese muchacho.
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—Recuerdo una vez, cuando estábamos en el centro comercial y ese oso, un gran
macho, agarró el culo de Jessie Ann. En ese momento no nos tratábamos, pero
estábamos en la librería revisando las revistas de autos al mismo tiempo, y Jessie
Ann estaba en la sección de los frikis…
—Gracioso. De todos modos, ella le dio una de sus ineficaces bofetadas de perro
salvaje, pero me sorprendió porque Bobby Ray no dijo nada. Hasta ese momento, la
estaba protegiendo constantemente. Luego me enteré de que él y los chicos Reed
esperaron a ese oso fuera de la bolera una semana después. Le dieron una soberana
paliza. Él también era grande, así que creo que usaron palos de cinco centímetros de
ancho por diez de largo, pero no me cites en eso.
—¿Sabía qué?
—¿Hechos el uno para el otro? Sí, lo sabía. Me sorprendió que se fuera a la Marina
sin ella. Diablos, me sorprendió que no la hubiese dejado preñada para entonces. Si
nada más, tendrán hijos lindos. Serán unos híbridos locos con cabezas grandes, pero
lindos. —Eso hizo reír a Mitch.
—Cachondo.
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—Gracias a Dios, yo era el único cachorro macho en la casa en ese momento. Tenía
mi propia habitación. Me masturbaba sin parar.
—Me hiciste una pregunta. Estaba tratando de ser lo más sincero posible.
Él bufó.
—Medía un metro ochenta y ocho cuando tenía trece años. Sólo los mayores
intentaron meterse conmigo, pero se detuvieron después de conocer a Brendon. —
Sonrió—. La primera vez que nos encontramos, yo tenía un ojo morado, y él
enloqueció. Le dije quién lo hizo porque no creía que realmente le importara. Le dio
una paliza tremenda a ese tipo. En Filadelfia, eso es una clara señal de que le
importas.
—Entonces, ¿por qué no confiaste en él? ¿Por qué se lo pusiste tan difícil?
—Porque tienes que saberlo. Mira, sé que a Travis no le podría importar menos si
vivo o muero. Lo mismo con Jackie. Donnie podría continuar de una manera u otra.
Pero saber que Bobby Ray y Sammy me aman y me protegen, compensa lo de los
demás. Necesitas saber cuánto te quieren. Porque, déjame decirte que venir aquí no
es una de las cosas favoritas de Brendon.
—¿Te gusta?
Shelly Laurenston
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Pride 3
Sissy empezó a decir algo, pero se distrajo cuando la camarera regresó. Cuando se
quedó allí y no se movió, Sissy la miró fieramente, haciendo retroceder a la chica.
—Entonces es mejor que muevas ese culo fino, viejo. Me estoy empezando a sentir
necesitada.
Shelly Laurenston
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Capítulo 24
Incluso con las ventanillas laterales abiertas, aún así, lograron empañar el cristal
trasero, y Mitch ya tenía la parte superior del vestido de Sissy alrededor de su
cintura.
Para ser honesto, él nunca había disfrutado mucho de follar en un coche antes.
—¡Aaah!
Sissy saltó.
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—Fuera.
—La boca como su madre, también—se rió Francine. Señaló a sus hermanas—.
Dejemos a estos cachorros enamorados con sus asuntos. Os dejamos postre, niños.
Que lo disfruten.
—Me gustan.
—Está bien. Pueden ser tus tías entonces. —Ella se apoyó contra su pecho, y él le
apartó la mano así podría frotarle la parte de atrás de la cabeza.
—¿Sissy?
—¿Mmmmm?
Ella levantó la cabeza de su pecho como en cámara lenta, y esos ojos de color
marrón claro se le quedaron mirando con las cejas fruncidas.
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—Nada. Absolutamente nada. El postre será genial más tarde. Mucho más tarde.
Ella resopló, tan arrogante como cualquier leona, y se apoyó contra su pecho.
* *
Con el ambiente roto por sus malditas tías, Sissy entró en la casa esperando
comenzar a cortar los pasteles o tortas que probablemente habían dejado atrás. Pero
cuando se dio la vuelta para preguntarle a Mitch si quería café, lo encontró
mirándola como si fuera un impala herido.
—¿Qué? —Ella se miró y... nada. Todo estaba en orden. Había vuelto a
acomodarse la parte superior antes de dejar el coche, ya que consideraba improbable
que alguno más de sus parientes estuvieran dando vueltas por ahí.
—Ven aquí. —Ella dio un paso, y Mitch levantó la mano, deteniéndola—. Quítate
el vestido.
No hay problema. Ella odiaba la maldita cosa. Según Sissy, los vestidos habían
sido ideados para frenar a las mujeres cuando tenían que huir. Las correas de sus
hombros ya estaban desatadas, y ella tiró hacia abajo con fuerza del apretado
corpiño, hasta que sus pechos estaban desnudos. Empujó el vestido más allá de sus
caderas y al suelo.
—Supongo. Pero ¿no crees que hacen maravillas destacando mis pantorrillas?
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hacerla reír histéricamente al siguiente. Cuando pudiera hacer las dos cosas al
mismo tiempo, estaría muy jodida.
Volvió a bufar.
Y fue cuando Sissy lo perdió de nuevo, rodando ida y vuelta en la cama, las
lágrimas corrían por su rostro.
La cama se hundió, y Mitch agarró de los tobillos a Sissy, separándole las piernas
antes de arrastrarla hacia él. Él envolvió sus piernas alrededor de su cintura y se
lanzó hacia adelante, sosteniéndose con sus propias manos. Se cernía sobre ella y sus
ojos la observaban.
Y lo dijo con tal sentimiento que Sissy se puso caliente y empapada, entonces se
empujó hacia arriba en sus codos y capturó la boca Mitch con la suya. Él gimió y se
relajó, presionándola contra la cama con su peso.
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Con los antebrazos de Mitch apoyados a ambos lados de la cabeza de Sissy, el beso
se hizo más profundo e intenso. Se deslizó dentro de ella, y Sissy levantó las rodillas,
tratando de meterlo más profundamente. Extendió las manos y agarró su culo,
apretando y hundiendo sus dedos en la carne tensa.
Algo era diferente. Diferente... y... y tan malditamente increíble. Mitch no sabía qué
hacer con él mismo. Sissy era cálida y sólida debajo de él, su aliento un jadeo suave
en su oído.
Él sostuvo su cara entre las manos y besó su mandíbula, sus mejillas, su cuello.
Cuando le besó la boca, el agarre de Sissy sobre él se apretó, y su cuerpo comenzó a
temblar debajo de él.
Mitch puso las palmas de las manos contra el colchón a ambos lados de Sissy y se
levantó sobre ella. La folló más despacio pero más fuerte, observando su rostro para
ver lo que cada empuje le hacía. Observando para ver si ella estaba sintiendo algo
cercano a lo que él estaba sintiendo.
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Pride 3
Sissy abrió los ojos, y su mirada atrapó la de él. Sus brazos se alzaron, y esos
largos dedos se clavaron en su cabello, masajeando su cuero cabelludo hasta que él
ronroneaba su nombre. Entonces los ojos de Sissy se nublaron, su aliento se atascó en
su garganta. Mitch refrenó su orgasmo, escogiendo observar el de Sissy. Ella se corrió
de manera tan hermosa, arqueando el torso y echando hacia atrás la cabeza. Se
mordió el labio y apartó la mirada de él. Pero él siguió follándola hasta que un
sollozo salió de ella y llegó al clímax otra vez. Ella no refrenó nada esta vez.
Simplemente tiró de él hacia abajo hasta que pudo enterrar la cara en su cuello,
breves y jadeantes respiraciones se precipitaban por su piel.
Ellos no tenían mucho tiempo para estar juntos, pero Mitch sabía que nunca
olvidaría el tiempo que tuvieran.
Shelly Laurenston
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Capítulo 25
Paula Jo Barron, líder de las leonas de la manada Barron, leía su periódico y bebía
una cerveza. Algunos días estaba tan aburrida. Como hoy. Afuera estaba demasiado
caluroso y húmedo para hacer cualquier cosa excepto sentarse y sudar. Y aunque su
bar estuviera agradablemente frío por el aire acondicionado, no había mucho que
hacer aquí. Ella ya había hecho la nómina, y no estaba de ánimo para vencer a una de
sus hermanas una vez más en la piscina. Y el partido de fútbol en Smithtown no
empezaba hasta las tres de la tarde de mañana. Diablos, para ver a los osos patear el
culo colectivo de la manada Smith otro año consecutivo, Paula Jo arriesgaría la vida
cruzando los límites territoriales.
Pero en realidad, era en días como estos en los que Paula Jo pensaba en marcharse.
¿Cómo sería dejar su pequeña ciudad atrás y encontrar un nuevo lugar? ¿Mudarse a
una gran ciudad como Nashville, o a otro estado como Texas? ¿Cómo sería no estar
siempre aquí?
Pero tan pronto como los pensamientos entraron en su cabeza, volvieron a salir.
¿Cómo podría irse? No confiaba en ninguna de sus hermanas para manejar la
manada. Definitivamente no confiaba en sus tías locas. El actual par de machos que
tenían probablemente no durarían mucho más tiempo, y Paula Jo sabía que Karen
Jane sólo elegiría los reemplazos siguiendo lo que su entrepierna le dijera que hiciera,
y Lucy sería embaucada por la primera cara bonita y hablar dulce que se acercara.
Además, si se iba, ¿qué haría para ganar dinero? Los Barron no eran ricos y
probablemente nunca lo serían. Es cierto que no eran extremadamente pobres
tampoco, pero el mes pasado, cuando el techo casi se derrumbó, tuvo que pedir un
préstamo para arreglarlo. No es como si tuvieran el dinero ahorrado a la espera para
ser utilizado.
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Debería ser agradable, pensó con sólo un poco menos de amargura de la habitual.
En este momento, el problema sin embargo, era que no se trataba de una leona de
la manada de Paula Jo. Era un extraña, y Paula Jo sacaba corriendo a las extrañas.
Los ojos de la mujer la divisaron, y en vez de salir huyendo, se acercó con una
mochila al hombro. Llevaba pantalones caqui sueltos, con muchos bolsillos y una
camiseta blanca apretada. Paula Jo también olió aceite de arma de fuego viniendo de
ella.
Paula Jo volvió la mirada atrás a Lucy, y su hermana pequeña salió por la puerta
trasera para conseguir a los machos. Aparte de para la reproducción, el único uso
que los grandes hijos de puta tenían era la protección. En este momento, sus
perezosos culos estaban dormidos debajo de uno de los árboles en la parte de atrás
después de que Karen Jane los había alimentado.
—¿Tu diriges este lugar local?—preguntó. Y ella no estaba hablando del bar.
Tampoco hablaba como una verdadera sureña. Una yanqui. Puajjj.
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Paula Jo se enderezó lentamente, dejando caer las piernas al suelo cuando Lucy
volvió a entrar en el bar, los machos justo detrás de ella, bostezando y restregándose
los ojos. Sí, habían estado durmiendo de nuevo.
¡Perezosos!
Un golpe seco sobre la mesa hizo que Paula Jo volviera a mirar a la hembra y
luego a la mesa. Ella había dejado caer un fajo de dinero en esa vieja madera, lo
suficientemente grande como para atragantar a un búfalo.
Karen Jane, siempre buena con los números después de su tiempo como stripper,
agarró la pila y rápidamente la examinó.
—¿Qué quieres?
* *
Sorprendida, Sissy miró el rostro de Travis. Él se paró frente a ella, sin siquiera
mirar a la manada de hembras que la había rodeado, y que habían venido a ver a los
calientes machos del equipo Smithtown, incluyendo a Mitch.
—¿Por qué?
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—Lo estás distrayendo, y ésta es nuestro último entrenamiento antes del partido
de mañana. Así que tienes que irte.
—Dejó caer el balón unas cuantas veces, pero ¿cómo eso es mi culpa?
Sissy sonrió.
—Tal vez.
Travis frunció el ceño, pero antes de que Sissy pudiera cabrearlo, Patty Rose
intercedió. Siempre lo hacía. La posibilidad de que Sissy pateara el culo de Travis por
todo el campo de fútbol era demasiado real y demasiado riesgo para su “ascenso al
poder”, como a Ronnie le gustaba llamarlo.
Travis gruñó.
—¡Sissy Mae!
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—¿Por qué no vas al bar de tu tío y te tomas unas copas a cuenta de Travis y mía?
Conozco a unas cuantas de estas señoras aquí—señaló a las hembras que habían
estado sentadas detrás de Sissy—, a las que les encantaría pasar algún tiempo
conociéndolas a todas vosotras.
—Juro por Dios que—continuó Patty Rose, ignorando a Ronnie como siempre lo
hacía—, tan pronto como Mitch haya terminado aquí, lo enviaremos de inmediato.
¿No es cierto, cariño?
—Bueno. Gracias.
* *
—¿Por qué?
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Mitch deseó poder decirle honestamente a Travis que estaba equivocado, pero no
había estado jugando su mejor juego hoy. No con los recuerdos de la noche pasada
inundando constantemente su cerebro.
Cristo, él la amaba. Y no poco, tampoco. No era algo que podría superar un día.
Amaba a Sissy Mae, y no amaría absolutamente a nadie más. Pero siempre volvía a la
misma cosa: no podía apartarla de esto. No podía separarla de su familia o de su
manada. Claro, si su único hermano fuera Travis, le pediría que viniera con él en un
santiamén. Pero ella tenía a Bobby Ray, y los dos confiaban el uno en el otro como
Marissa y Bren.
Saber que tendría que dejarla pronto le estaba rompiendo el corazón. Pensar en
ella dentro de unos años con algún lobo como compañero lo estaba volviendo
homicida.
—Oye, niño bonito. —Mitch apretó los dientes. Odiaba cuando Travis lo llamaba
así—. Ella regresará. ¿Así que crees que puedes darle al equipo unos minutos de tu
precioso tiempo de gato?
Él empezó a decir algo, y Bren agarró su brazo, tirando de Mitch hacia atrás.
* *
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Cierto que todas esas cosas le estaban molestando, pero eso no era lo que le
fastidiaba como una picazón incómoda.
Algo no estaba bien, y Sissy no podía decir que. Había una tensión entre el grupo
de hembras jóvenes que la tenían bebiendo poco a poco una cerveza. Dee se había
conformado con una Coca-Cola, y Ronnie Lee nada.
El hecho de que Dee no hubiera desaparecido a estas alturas le decía mucho. Dee
se aburría fácilmente y siempre se levantaba y se marchaba, pero esta vez no lo había
hecho. Se quedó. Y observaba.
¿Qué era lo que molestaba a las tres amigas? Las chicas. Por qué las habían
seguido al bar, Sissy no tenía idea, pero estaba lista para separarse. Las tres podían
pasar el rato en la pastelería de sus tías en lugar de estar aquí con mujeres en las que
no confiaba.
Sissy miró a Ronnie y Dee, haciéndoles una pequeña inclinación de la cabeza para
indicar que estaba más que lista para irse.
Ronnie asintió con la cabeza y se inclinó hacia adelante para dar una excusa de
mierda sobre por qué se iban, cuando una de las chicas, ¿Shayla... o algo así?, golpeó
su mano contra la mesa.
—¿Por qué no eres el Alfa aquí?—preguntó con un desprecio que Sissy no apreció
mucho.
—No.
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—Tienes razón. Estoy asustada. Demasiado asustada para ser el Alfa aquí. —Hizo
señas a Ronnie y a su prima, y las tres se levantaron. Sissy se metió la mano en el
bolsillo delantero y sacó un par de veinte para cubrir sus bebidas y los tiró sobre la
mesa.
—Señoras—dijo ella, y rodeó la mesa hacia la salida. Pero Sissy apenas retrocedió
a tiempo antes de que una botella de tequila estallara a sus pies. Sus pies descalzos.
Sissy respiró hondo, volteando la cabeza para mirar a la que había arrojado la
botella.
En respuesta, la chica golpeó otra botella de tequila contra el suelo, esta vez cerca
de Ronnie. Demasiado cerca según Sissy.
Sissy empujó a su amiga hacia atrás y se movió alrededor de la mesa hacia la niña.
La chica, como una idiota, se movió hacia delante, y directamente en el agarre de
Sissy. Sissy la sujetó por la garganta y la miró a los ojos.
—Sácala, Sissy Mae—le ordenó el camarero. Dado que este bar pertenecía a sus
tíos, ella asintió y arrastró a la chica hacia la salida de atrás.
Como una masa de lobas, se abrieron camino violentamente por la puerta de atrás,
y Sissy arrojó a la niña al suelo. Plantando su pie en su nuca, Sissy presionó
simplemente para mantenerla en el lugar, no para romper nada. No quería hacerle
ningún daño permanente; sólo quería que la cachorra aprendiera dónde caía en el
gran esquema de las cosas.
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Ronnie empezó a moverse, pero Sissy levantó la mano, deteniéndola. Sissy era el
Alfa, y Ronnie tenía que seguir su indicación.
Sissy levantó el pie del cuello de la loba más joven, sacándola a patadas de su
camino.
—Seré el primero en admitir que la cagué. Sé que lo hice. Pero sigo pensando que
hacemos una excelente pareja.
Sissy volvió la mirada atrás hacia Ronnie y Dee, e incluso en la situación en que se
encontraban, las tres tuvieron que echarse a reír.
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—Señor, qué tonto eres. Mi padre no obligó a mi madre a hacer nada. Nunca tuvo
que hacerlo porque ella lo quería. Lamentablemente, tu padre no puede decir lo
mismo. Pero si mal no recuerdo, madre lo dejó llorando y gimiendo en las afueras de
Smithville años atrás, antes de dirigirse a Smithtown. ¿Esperas repetir esa
experiencia por ti mismo ahora?
Y la ira de Gil, siempre frágil, se disparó rápidamente y dio un paso agresivo hacia
delante, lo que Sissy probablemente sabía que haría. Dando un paso hacia atrás y
levantando los brazos, Sissy le dio un puñetazo a Gil en la cara. Lo hizo exactamente
de la forma en que les habían enseñado cuando Ronnie y ella habían terminado en
Irlanda, con nada más que una resaca y cinco libras entre las dos. Louis McCanohan
las había atrapado cuando las encontró a punto de cambiar y matar a unas escorias
humanas detrás de su pub favorito. El lobo de sesenta años les había enseñado a
luchar como humanos, para que siempre pudieran cuidarse en cualquier situación.
Con las manos cubriendo su nariz sangrante, Gil la miró echando fuego por los
ojos.
Gil volvió a abalanzarse sobre ella, con los colmillos descubiertos, y Sissy dio un
paso a su izquierda y le dio un puñetazo en el estómago. Cuando se dobló, levantó la
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Una vez más, él se abalanzó, y Sissy se apartó de su camino bailoteando, sólo para
girar y asestarle dos veces en el riñón derecho. Cayó sobre una rodilla, el dolor
probablemente no tan malo como la vergüenza de tener a una mujer apaleando su
culo como humana.
Al parecer, él tampoco quería lidiar con eso porque Gil cambió y se abalanzó,
atacando a Sissy. Él se lanzó contra ella, y Sissy alzó las manos, agarrándole las patas
delanteras. Empezaron a caer, y cuando aterrizaron, Sissy había cambiado a lobo.
Ella se alejó de él con los colmillos descubiertos y el cuerpo listo.
Ronnie no esperó más. Cambió e intentó escapar de los brazos de sus captores.
Pero ellos también cambiaron y la arrojaron al suelo, inmovilizándola en el lugar.
Ella aulló, esperando llamar a los parientes de Sissy, pero las hembras se sentaron en
su cuello, impidiéndole hacer mucho más que gruñir. Dos machos más se habían
unido en un intento de controlar a Dee, pero ella les estaba causando mucho daño.
Aunque no lo suficiente como para escapar y ayudar a Sissy.
Sissy no esperó a que Gil se abalanzara sobre ella de nuevo. Fue hacia él, con la
boca abierta y apuntando hacia su garganta. Pero la hermana de Gil y sus primos la
atacaron como habían atacado a Ronnie y la inmovilizaron en el suelo,
manteniéndola en el lugar para Gil.
En ese momento, Ronnie luchó más duro, sabiendo lo que estaban planeando y
horrorizada más allá de todo lo que había conocido. Esto era más barbárico de lo que
los Smith jamás habían sido. Un macho Smith tenía que ser capaz de manejar a su
hembra por sí mismo. Si no podía, entonces no era digno de ella.
El único hombre que podía manejar a Sissy Mae Smith estaba de vuelta en el
campo de fútbol, atrapando pases e impresionando a los hermanos de Sissy. Mitch la
amaba, y eventualmente, Sissy tendría que admitir que lo amaba. Todo el mundo en
la ciudad lo sabía. Los rumores se estaban extendiendo, y todo el mundo se
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preguntaba cómo Bubba Smith iba a tomar que otro de sus cachorros se apareara
fuera de la manada y de la especie. Especialmente con un felino.
Gil debió haber oído los rumores y decidió hacer este movimiento desesperado. O
tal vez uno de los hermanos de Sissy lo había azuzado. Ronnie no lo sabía. Sólo sabía
que tenía que llegar a su amiga. Tenía que llegar a ella ahora mismo.
* *
Travis estaba muy contento con la forma en que iba el entrenamiento ahora que su
hermana se había ido. Ella distraía a su jugador estrella, y para ser honesto, ¡no podía
permitirlo!
Se preguntaba si había una manera de tener al muchacho aquí cada año a tiempo
para el juego, pero dejando atrás a Sissy donde quiera que estuviera en ese momento.
Tendría que reflexionar cuidadosamente sobre eso. Un par de días separados no los
mataría, ¿verdad?
Además, sus ambiciones rivalizaban con las suyas. Con una mujer como ésta a su
lado, definitivamente asumiría el control de su padre una vez que pudiera hacer que
el viejo bastardo se sometiera.
—Gracias—gruñó. Ella le sonrió y él alzó las cejas—. ¿Por qué estás tan contenta?
Ella se acercó.
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—No. —Ella puso los ojos en blanco. Travis sabía que ella pensaba que él era tonto
como la tierra la mayoría de los días, pero eso estaba bien. A veces, cuando se
aburría, la trataba como a una puta. Eso los hacía iguales.
—¿Entonces qué?
—¿Qué?
—¿Hiciste qué?
* *
Shelly Laurenston
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Pride 3
Sissy luchaba para salir de debajo de las perras que la inmovilizaban, pero no la
dejaban ir, y Gil se dirigía hacia ella.
Si Gil Warren pensaba que realmente la haría suya así, estaba totalmente
equivocado. Un acoplamiento forzado con una hembra Smith era apenas una manera
rápida de terminar con la garganta degollada mientras dormías.
Pero para Sissy, esto era una humillación. Siempre llevaría la marca de Gil sin
importar lo que pasara. Y por eso, siempre se la consideraría débil. Indigna de ser
una hembra alfa. Travis y su compañera sabrían esto, pero Gil no lo entendía. Él
pensaba que este acoplamiento forzado era su camino rápido a la cima. Pero él solo
estaba condenándolos a un estado Beta permanente. Tal vez incluso Omega. Y el
hecho de pensarlo la incitó a atacar.
¡No, de ninguna manera! Nunca dejaría que eso sucediera. No mientras todavía
tuviera sangre en las venas.
Con un gruñido que sacudió a las hembras que la sujetaban, Sissy se retorció,
mordió y se arrastró de debajo de las lobas. Intentaron agarrarla de nuevo, y ella se
giró y las mordió, desgarrando el hocico de alguien y haciéndolas alejarse de ella.
Con un gruñido, se dio la vuelta y enfrentó a Gil. Descubrió sus colmillos y le hizo
señas de que se acercara.
Él tomó carrera y Sissy afirmó su cuerpo para la pelea que se avecinaba, pero un
gran cuerpo saltó delante de ella, así que retrocedió y se puso de lado.
Gil se tambaleó en estado de shock al ver algo que él temía más que una hembra
Smith, un macho Smith.
Bobby Ray dejó al descubierto sus colmillos y bajó su cuerpo mientras se movía
alrededor de Gil. El resto de la Manada Smith de New York los rodeaba, alejando
fácilmente a golpes a las lobas que todavía sujetaban a Ronnie. Pero los muchachos
Reed fueron detrás de los machos que sujetaban a Dee, ya que probablemente no se
sentían bien despedazando a las niñitas que sostenían a su hermana.
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La Melena Atractiva
Pride 3
Sissy no sabía por qué Bobby Ray estaba de regreso de su luna de miel tan pronto,
y ella patearía a quien le dijo que volviera a casa, pero eso sería más tarde. En ese
momento, estaba muy contenta de verlo.
Gil intentó alejarse de Bobby, pero Sissy se movió hacia su flanco, lo que le
impidió salir corriendo hacia el pequeño bosque que había detrás del callejón del bar.
Ahora que lo tenían atrapado, los hermanos se miraron el uno al otro por encima
del cuerpo súbitamente tembloroso de Gil.
Ellos esperaron. Uno. Dos. Tres latidos, y entonces lo desgarraron. Pelaje, sangre y
carne volaron por el callejón trasero, y Gil aulló de dolor.
Como siempre, Bobby Ray y Sissy se movieron como un par sincronizado. Era por
eso que eran unos Alfas tan buenos. No dejaron de herir a Gil hasta que Bobby Ray lo
tenía de espaldas con sus fauces envueltas alrededor de la garganta de Gil.
Él mordió, y el cuerpo de Gil se quedó flojo, las patas hacia arriba, los ojos
abatidos. Gil Warren nunca se recuperaría de esto. Nunca sería Alfa en ningún
pueblo Smith. Sabiendo eso, Sissy echó la cabeza hacia atrás y aulló, su manada se
unió a ella.
Pero ella se detuvo cuando un borrón dorado pasó como un rayo. Sissy se
tambaleó cuando Mitch agarró a Gil en su boca y procedió a sacudirlo de un lado a
otro como una muñeca de trapo. Golpeó el cuerpo de Gil contra una pared y luego lo
arrojó a Brendon. Fue entonces cuando Brendon sacudió a Gil y lo golpeó en la pared
unas cuantas veces más.
Gil fue devuelto a Mitch, Mitch lo sostuvo por la espalda y clavó los ojos en Sissy.
Estaba tentada, Señor, muy tentada, de dejar que Mitch acabara con Gil. Pero eso no
sería hoy. Ella negó con la cabeza, y Mitch asintió.
Él echó hacia atrás la cabeza, la melena levantándose y Gil voló por el callejón,
estrellándose contra la pared y aterrizando en el suelo.
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Pride 3
Todos lo oyeron, también. Ese sonido de una espina dorsal partiéndose por la
mitad.
Por supuesto, Mitch podría haberlo hecho peor. Y con el tiempo... años, en
realidad... la espalda de Gil probablemente se curaría, y volvería a caminar. Pero por
ahora…
Mitch se acercó a Sissy, esos ojos dorados observándola. Quería saber que ella
estaba bien. Sissy asintió y Mitch se frotó la frente contra la de ella, frotó su melena
contra el cuello y el hocico. Él la había marcado, por lo menos temporalmente, y se
marchó, Brendon detrás de él, el resto del equipo los siguió, incluyendo a Travis.
Bobby Ray miró a su hermana, y Sissy, que no estaba realmente de humor para
esta conversación en particular, se volvió y trotó hacia la casa de sus padres y al
pastel de crema de plátano de sus tías, que ella había escondido de Mitch sólo esta
mañana, con Ronnie , Dee, y las lobas Smith de Nueva York detrás de ella.
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Pride 3
Capítulo 26
—Bien, siempre supe que el niño no tenía ningún sentido. —Francine colocó una
rebanada de pastel delante de Sissy—. Pero nunca supe que era tan estúpido.
—Se imaginó que Sissy con el tiempo lo aceptaría. —Ronnie levantó las piernas,
apoyando los pies descalzos sobre el asiento, con los brazos alrededor de las
pantorrillas—. Tuvo el descaro de mencionar al padre de ella y a la señorita Janie.
Francine abrió otra caja de cartón y sacó uno de sus pasteles de crema de
chocolate.
—Esto fue culpa de Bubba. Dejó que ese rumor creciera porque él y sus hermanos
son muy competitivos. De la forma en que lo describen, ellos eran Vikingos que
descendieron sobre Smithville para tomar a las hembras Lewis por la fuerza.
Sissy y Ronnie se rieron de eso hasta que Francine colocó el pastel de chocolate
delante de una silla vacía y puso un tenedor junto a él. Se miraron la una a la otra,
luego alrededor. Cuando llegaron a la casa, habían pasado la mayor parte del tiempo
limpiándose la sangre y la suciedad de la cara y los brazos, mientras que las otras
lobas embarullaban las sillas y sofás o se tiraban en el suelo de la sala. Para ser
honestas, no se habían molestado en revisar la casa para ver quién más estaba allí.
Además de Mitch y Brendon, ¿quién justificaría un pastel entero para sí mismo...?
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Pride 3
—¿Eso es para mí? —Jessie Ann corrió por las escaleras como un cachorrito
ansioso y se lanzó a la silla, el pastel delante de ella. Miró a Francine con una
adoración indescifrable—. He extrañado tanto su pastel de crema de chocolate,
señorita Francine.
—Entonces vas a disfrutarlo, querida. ¿No podemos tener a ese bebé muriéndose
de hambre ahora, ¿verdad?
Sin otra una palabra, ella tomó su primer bocado de pastel. Los ojos de Jessie se
pusieron en blanco, y cayó hacia atrás en la silla.
Por primera vez en horas, Sissy sonrió. La chica tenía algo en ella. Bobalicona en
esa manera mezclada con la especie. Y no era sorprendente, que llevara el brazalete
de identificación que Sissy había dado a Bobby Ray en la boda. Sabía de hecho que
Jessie Ann tenía una pulsera de diamantes que probablemente le había costado a
Bobby Ray una pequeña fortuna. Pero era el brazalete de identificación plateado
comprado hacía años por un adolescente Bobby Ray lo que significaba lo mejor de lo
mejor para ella. Y eso hacía a Jessie Ann más genial que la mayoría de la gente a la
que Sissy conocía, a pesar de que nunca lo admitiría en voz alta.
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Pride 3
—En realidad, señorita Francine, no estoy siendo dulce. Nuestra manada está
siempre buscando nuevas inversiones, y usted y sus hermanas podrían poner en
marcha una cadena de pasteles. Algo así como el Steakhouse Van Holtz, sólo que no
tan estirado. —La manada Van Holtz era la más rica de los Estados Unidos y Europa,
y eso se debía a los steakhouse propiedad de la familia.
—Absolutamente. Por supuesto, su casa central tendrá que estar cerca de la casa
de nuestra manada.
—Lo bueno es que a mi hermano le gustan las mujeres con carne en los huesos
porque tu culo va a ensancharse.
Tan pronto como las palabras salieron de su boca, ella deseó poder recuperarlas.
—Genial. Ahora podré comenzar a usar tus vaqueros. Pensé que eso sólo iba a ser
posible durante las últimas etapas del embarazo.
El gran trago de leche que Ronnie acababa de tomar roció la mesa, y Sissy casi se
atragantó con el trozo de pastel que había tragado. Mientras Francine chasqueaba la
lengua y limpiaba el desastre, Sissy y Ronnie aullaban de la risa, y Jessie sonreía
alrededor de su pastel.
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Pride 3
* *
Se decidió, mientras los machos se sentaban en el porche y bebían cerveza, que Gil
Warren y su pequeña manada serían expulsados del pueblo tan pronto como Gil
pudiera desenvolverse en silla de ruedas. Era obvio que las razones de la decisión
variaban entre hermanos. Smitty y Sammy Ray sentían que Gil había cruzado una
línea con su hermana pequeña, y no habría regreso de eso. No pertenecía al territorio
Smith, fin de la historia. Para Travis Ray, Jackie Ray, y... este... el otro Ray, Mitch
nunca podría recordar el nombre del tío, el razonamiento era mucho más parecido al
de un lobo. Gil Warren había demostrado que era débil y una línea de sangre que
ellos no querían contaminara la reserva genética de su pueblo. El hecho de que su
hermana hubiera sido casi obligada a un apareamiento que no quería no parecía
molestarlos en absoluto, y Mitch fácilmente se dio cuenta de por qué Sissy se quedó
con Smitty. Él había terminado su luna de miel más temprano y había viajado de
Nueva York a Tennessee para saber de ella. Cuando se dio cuenta de que tenía
problemas, había ido en su ayuda de la misma manera que Mitch hubiera ido si
hubiera sido una de sus hermanas.
Travis había ido a ayudar a Sissy porque no quería que Mitch se cabreara
demasiado para jugar el partido de mañana.
—Nos ocuparemos de todo esto después del partido de mañana. —Travis miró a
Smitty—. ¿Vas a jugar mañana?
—Ya que viniste a ayudar a tu hermana pequeña por una vez, sí, jugaré.
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Pride 3
Smitty hizo un gesto con la mano de “no tiene importancia” ante la disculpa de
Mitch.
—No te preocupes, hijo. Sissy hizo lo correcto. Los trajo a ambos a un lugar
seguro.
—¡Basta!
—La amo—dijo Mitch en voz baja, pero podría haber sido gritado por la forma en
que todo quedó en silencio. Incluso los animales nocturnos pararon lo que estaban
haciendo.
Smitty cruzó los brazos sobre el pecho, su arrebato de rabia desapareció tan rápido
como había llegado.
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Pride 3
Smitty miró a Mitch durante varios segundos, entonces volvió a mover hacia atrás
el puño. Bren intentó bloquearlo, pero Mitch sólo esperó por el golpe.
—Ella se preocupa por ti, así que preferiría no empezar un combate a muerte
contigo, si eso es posible. —Él levantó las manos—. Sabes lo poderosos que son mis
puñetazos rabiosos.
—Es mejor mantenerla feliz, felino, o voy a dejar que Sabina use sus cuchillos para
cortarte las pelotas. —Los hombres respingaron. Sobre todo porque todos sabían que
no requeriría mucho convencer a Sabina de usar sus cuchillos en alguien. De la
manada de perros salvajes de Jessie era la más... rabiosa.
—No estaré aquí después del juicio. —Y de repente, otra vez tuvo la atención de
toda la manada de Nueva York.
Pero antes de que Smitty pudiera decir algo, Travis salió precipitadamente al
porche.
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Pride 3
—¿Partido? Estás hablando acerca de tu maldito juego cuando se trata del futuro
de Sissy?
—Sin ánimo de ofender, viejo, pero tú no puedes realmente creer que mi hermana
tiene sentimientos serios por ti, o cualquier hombre.
Ellos habían estado tan envueltos en su propia mierda, que ninguno se había dado
cuenta de la manada de lobas de New York de pie delante de la casa. Los hombres
las miraban desde el porche. Jessie Ann, la pequeña linda en el medio, hizo un gesto
con la mano a Smitty. Se veía perdida en la masa de todas esas furiosas lobas mucho
más altas y más grandes.
—¿Y bien?—exigió Sissy, subiendo las escaleras con Ronnie pisándole los
talones—. Di lo que ibas a decir, Travis. En mi cara.
—No te preocupes. Mitch jugará. Y jugará bien. Voy a asegurarme de eso. Así que
dilo.
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Pride 3
—Está bien, Sammy. De Verdad. Me gustaría oír lo que tiene que decir. Vamos,
Travis. Dilo.
—Está bien. Todos sabemos que no te podría importar menos este chico, aparte de
los polvos que pueda echarte de momento. Cuando él se haya ido, habrá otro y otro y
otro. Como siempre. Nada cambió. A pesar de que te estuve pidiendo que conserves
a éste durante algunos años porque él juega lo que algunos llaman fútbol. Pero eres
la misma puta…
Fue la palabra puta la que pareció empujarlo sobre el borde, su puño se estrelló en
la cara de Travis, tirando al suelo al hombre más grande. Y mientras ellos estaban
alrededor, aturdidos, Sammy agarró a su hermano mayor por la camiseta, lo levantó
y le dio otro puñetazo en la cara... y otro... y unos cuantos más por añadidura.
Finalmente, Bobby Ray y Sissy tuvieron que agarrarlo y apartarlo. Sissy tenía su
brazo alrededor de sus hombros, y se mantenía diciéndole:
Pero el buen carácter de Sammy aparentemente tenía sus límites, y Travis acababa
de cruzarlos.
Sammy fue por él otra vez, pero Bobby Ray lo detuvo, aunque Mitch tenía la
sensación de que quería darle una paliza de padre y muy señor mío a Travis.
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Pride 3
Fue algo en los ojos femeninos lo que Mitch capturó. Esa fracción de segundo de
estar completamente harta. Él trató de alcanzarla, pero ella agarró el casco de fútbol
americano que uno de los jugadores había tirado por la puerta principal. Se lo calzó
en la cabeza, y luego, bajó sobre una rodilla, y Sissy lo abatió.
El casco conectó con la rodilla de Travis, y todos ellos saltaron e hicieron una
mueca a la vez que oyeron el hueso quebrarse. Entonces el lobo aulló de pura agonía.
—Prometí que Mitch jugaría mañana. Nunca dije nada acerca de que llegaras a
jugar. Lo bueno es que Bobby Ray está aquí para ayudar. —Ella tiró el casco a
Donnie, que lo agarró, pero inteligentemente se mantuvo a distancia.
Sissy pasó la mano por el brazo de Mitch antes de alejarse, sus lobas siguiéndola.
—Mejor lo llevamos al hospital. Van a tener que colocar eso. —Él miró a Smitty—.
Pero mejor bajamos a tu esposa del árbol primero.
—¡No me grites!—le espetó—. ¡Fue instintivo! —Ella se inclinó un poco para que
pudieran ver solo su cabeza, el resto de ella todavía oculto en ese árbol—. Sissy
enojada significa que yo corro por las colinas, pero no estaba de humor para correr.
Hice lo segundo mejor.
Mitch sonrió.
—¿Es esta tu ayuda? No creo que esto sea que me estés ayudando.
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Pride 3
Capítulo 27
A las tres de la mañana, Mitch llamó para contarles novedades de ellos a Sissy,
que, junto con Brendon y Bobby Ray, habían llevado a Travis al hospital para colocar
su pierna. Al parecer, la ruptura era tan mala que tardaría más de una semana en
sanar.
Sissy se habría sentido fatal si Mitch no hubiera sonado tan orgulloso por teléfono.
En un momento dado, incluso le dijo:
—Pensé que tenía que ir con él, ya que mi novia era la que lo derrotó de manera
humillante.
Había sido la primera vez que alguien la había llamado así, y que ella no había
respondido automáticamente:
En su lugar, se acurrucó en el sofá, Ronnie dormida con las otras lobas en el suelo,
y dijo:
—Él me cabreó.
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Pride 3
—¿Por qué?
—Sissy... eso significaría mucho para mí. Serás como mi sexy guardaespaldas.
Ella rió.
—Está bien. —Las palabras que en realidad quería decir estaban justo allí. Justo en
la punta de su lengua. Pero ella nunca las había dicho a nadie que no fuera un
pariente de sangre o sus mejores amigas—. Este…
—¿Sissy?
—¿Sí?
—Te amo.
—Cállate.
Sissy estaba enamorada, y no era tan terrible como había pensado que sería.
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Pride 3
Entonces Ronnie y uno de las primas de Sissy comenzaron a hacer ruidos de besos
mientras que el resto de las lobas se partían de risa.
* *
Mitch sólo había dormido unas pocas horas cuando sintió el sofá en el que estaba
tendido hundirse, y alguien le dio una bofetada en la parte posterior de la cabeza.
Gruñendo, miró por encima del hombro y la fulminó con la mirada. Desiree.
—Estaba durmiendo.
—Voy a jugar al fútbol en unas pocas horas, así que... —Él le indicó que se largara
con un movimiento de la mano.
Su sonrisa creció.
—En realidad, Smitty me envió aquí para encontrarte. Dijo que debía despertarte
con mi dulce voz.
¿Dulce voz? La mujer tenía una voz como papel de lija sobre grava. Y Smitty lo
sabía.
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Pride 3
—Estamos bastante seguros de que se dirige hacia aquí. Tu cabeza vale mucho en
este momento. Tal vez la coloquen sobre la pared.
—Cállate.
—Te odio.
Ella se rió.
—Lo sé. Mace odia cuando lo despierto así. Aunque, lo odia más cuando son los
perros.
* *
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—Como último recurso, siempre puedo usar tus botas. No tires piedras sobre tu
propio tejado.
Las dos amigas se rieron, pero se detuvieron abruptamente cuando el olor las
golpeó. En realidad, las golpeó a todas.
Y como las perras descaradas que eran, Paula Jo y su manada aparcaron su Jeep
descapotable.
—Tuve que tomar una decisión. —Ella levantó su mano derecha con la palma
hacia arriba—. Mi clase—y levantó la izquierda—. Tu clase. —Paula Jo, continuó,
moviendo la cabeza—. Pero al final, eso se resumió en una decisión más importante.
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—Hemos sido contratadas para distraerte. Una leona yanqui agitó diez mil con
una promesa de veinte mil. Creo que podemos divertirnos un buen rato con esos
diez mil, y ella puede meterse los otros diez en su culo yanqui. —Paula Jo miró a
Sissy directamente a los ojos—. Ella está aquí por tu hombre, Sissy Mae. Y esa perra
loca no va a detenerse hasta que lo consiga.
* *
—¿Hola? —Dee caminó por la casa y encontró la nota en una de las mesas de la
sala.
- Sissy
Típico. Las putas ni siquiera la esperaron. La verdad es que ella de repente había
desaparecido, y sabía que a Sissy no le importaba. Por eso era una gran Alfa, Sissy no
insistía en que Dee pasara cada momento con ella como la mayoría de los Alfas. Sissy
comprendía a su manada y actuaba en consecuencia.
Pero Dee había oído hablar de lo que había pasado entre Sissy y Travis, y odió el
hecho de que se había perdido estar allí para su prima.
Al darse cuenta de que ya las había perdido en la fonda, Dee decidió dirigirse a
casa hasta que se acercara la hora del partido. Se dirigió a la cocina y, tan pronto
como entró, captó el olor, su mirada se alzó automáticamente al mismo tiempo que la
45 la apuntó. Sin pensar, sólo los años de entrenamiento, Dee enganchó su pie bajo la
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La leona miró su arma y luego de nuevo a Dee. Después de un momento, sus ojos
se abrieron de par en par cuando la reconoció.
—Pensé que habías muerto, Mary. Nos dijeron que estabas muerta. —Y es por eso
que Dee nunca habría pensado en Mary como la francotiradora, ella había
investigado a algunas de sus antiguas camaradas, pero todas estaban respirando y
tenía coartadas.
—Para ellos… estoy muerta. Dios sabe que no estábamos obteniendo suficiente
dinero en ese trabajo, teniendo en cuenta lo que teníamos que hacer. —Ella flexionó
la mano con el arma, probablemente tratando de aliviar el dolor que la silla le causó
cuando le pegó—. Así que decidí ir por mi cuenta. Hago dinero a lo grande. Pero no
creo que puedas interponerte entre mi día de pago y yo, pequeña cachorra. Nunca
has sido tan buena.
Para cuando agarró el martillo, Mary se había lanzado contra Dee con un cuchillo
de caza en la mano. Dee giró el cuerpo, y Mary se estrelló contra su costado.
Golpeando la mano femenina en la mesa de la cocina, Dee se la fracturó con el
martillo.
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Alejándose bruscamente Mary volvió a empujar a Dee, esta vez contra la mesa de
la cocina antes de que pasara junto a ésta. Instintivamente, Dee supo que tenía más
armas afuera y se apresuró a ir en su búsqueda. Mary acababa de alcanzar la vieja
puerta de tela metálica cuando Dee la acometió desde atrás, el impulso la forzó a
pasar a través de la puerta y salir al porche.
* *
—¿Tú y Sissy? Hombre, Smitty está cabreado. Te ha llamado hijo de puta. ¿Por
qué?
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—¡Dime!
—Bien. Hazlo.
—Y para que sepas, toda esa cosa de nada de teléfono celular me ha estado
volviendo loca. Sabía que algo estaba pasando, y nadie me decía nada.
¿Por qué le gustaba esta mujer? Tal vez porque era extrañamente fascinante.
Aunque despertar con esa voz cada mañana... más respeto para Mace.
—Rata.
—No creo que estén aquí. —Lo que realmente lo decepcionó, ya que había
pensado llevar a Sissy para un polvo rápido al dormitorio o al cuarto de baño. Lo que
sea mejor para ellos en el momento.
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Un ruido desde el interior de la casa pasó a través de la radio y los sonidos del aire
acondicionado. Pero algo no sonaba bien. Intercambió miradas con Dez, e
inmediatamente, abrieron sus puertas. Mitch rodeaba el capot cuando una mujer y
Dee-Ann se desplomaron a través de la puerta de tela metálica.
Aterrizaron, y la hembra, supuso que era una leona, tomó la mochila que había
estado apoyada detrás de la barandilla del porche. Sacó bruscamente un arma de
fuego, y Dez gritó:
—¡Arma!
Mitch había empezado a subir, pero cuando la leona los vio, apuntó a Dez y Mitch
y comenzó a disparar su arma automática.
¿Cómo diablos se fue todo a la mierda tan rápidamente? Hacía un instante, estaba
destruyendo las pelotas de Mitch Shaw, lo que había encontrado sorprendentemente
entretenido. Y al siguiente, una perra rubia loca había abierto fuego sobre ellos.
Dez usó la puerta del coche de alquiler como escudo y esperó mientras la rubia
disparaba contra su vehículo. Cuando se detuvo brevemente, Dez se agachó y se
apoyó en la puerta, su 45 sujeta en sus manos. Ella disparó tres veces antes de que la
perra devolviera el disparo. Pero entonces la otra hembra, una morena con solo una
camiseta y pantalones cortos, estaba sobre ella con un cuchillo de caza en la mano.
Dez se agachó detrás del coche, y pudo oír a la hembra bajar las escaleras, la
andanada de balas interrumpiéndose para recargar. Dez volvió a salir, todavía
agachada, y abrió fuego otra vez. Ella le dio a la gata en el hombro, pero la tragedia
con los cambiantes era que no caían con facilidad.
En lugar de eso, Dez sólo había conseguido cabrear a la perra. Ella apuntó el arma
a Dez. Pero antes de que pudiera empezar a disparar, la morena salió corriendo del
porche y tumbó a la rubia con un golpe bien colocado.
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La rubia cayó de bruces, pero utilizó la mano libre, la otra la tenía apoyada en su
hombro destrozado, para bajarla y escarbar en otro bolsillo de su uniforme color
caqui. Sacó otro cuchillo, uno más pequeño, y lo clavó en la cadera de la morena.
Dez metió el cargador, deslizó el gatillo hacia atrás y disparó. No tuvo tiempo
para apuntar, pero se las arregló para distraer a la rubia.
—¡Mitch! ¡No!
Lo hizo. Pero no fue hasta que volvió a pulverizar el coche de alquiler de Dez con
balas.
Dez se zambulló en el asiento delantero, las manos sobre su cabeza hasta que se
detuvieron los disparos. Dado que a estas alturas sabía que la rubia habría
desaparecido hacía tiempo, salió del coche para poder ayudar a la morena, que
estaba ocupada levantándose del suelo.
—¿Estás bien?
—Sí.
Dez le tendió la mano y la morena la miró por un momento antes de asirla y dejar
que Dez la levantara. La sangre aún brotaba de la herida en la cadera, pero Dez no se
preocupó por ella demasiado. Como Sissy, parecía fuerte como un toro.
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Dez no sabía lo que la morena quiso decir con “esos bosques”. ¿Cómo
diametralmente opuesto a qué? ¿Esos al resto de los bosques?
Antes de que pudiera preguntar, los coches se detuvieron detrás de ellas. Coches
realmente bonitos que sonaban como tanques.
Sissy salió corriendo, cambiando a mitad de camino. Fue asombroso de ver. Sus
extremidades cambiaron de manera fluida de ser humano a lobo, el pelaje negro
oscuro estallando de su piel.
Ronnie estaba de pie junto a ella ahora, y agarró del brazo a Dez, la mano
apretando como una prensa.
—No podemos.
—¿De qué estás hablando? —Ella siempre había pensado que Ronnie seguiría a
Sissy Mae a cualquier lugar, incluso al infierno, pero no se estaba moviendo.
Ninguna de ellas.
* *
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El poder era con lo que esa mujer prosperaba. Era lo que la había mantenido viva
durante tanto tiempo. Ahora, mientras Sissy subía como una tromba esa odiada
colina y se internaba más profundamente en el bosque, tenía que buscar en su
interior y encontrar su propio poder. El poder que su tía Ju-ju afirmaba que Sissy
tenía y que la abuela Smith supuestamente temía.
Porque su tía Ju-ju tenía razón... podría ser lo único que salvara su corazón.
* *
Mitch irrumpió en las colinas a las que Sissy le había advertido que nunca entrara.
Corrió tan rápido y tan lejos como pudo. Pero la leona era más rápida. Incluso como
humana.
Y ella no cambiaría, porque sin los pulgares no podría usar el arma. Mano a mano
como felinos, ella nunca lo derrotaría.
Para cuando Mitch se acercó a aquellas casas destartaladas y ese olor llamó su
atención, ella se deslizó frente a él, bloqueándole el camino.
Lo miró con fríos ojos dorados, y él supo que estaba tratando de pensar si valía la
pena matarlo ahora o ver si podía conseguir que cambiara. Si permanecía como
bestia, ella no tendría ninguna prueba real de la muerte. Pero Mitch no tenía
intención de ayudarla, y ella lo sabía.
Shelly Laurenston
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Se encogió de hombros.
Ella abrió la boca para decir algo, pero Mitch nunca sabría qué porque la horca fue
forzada a entrar más profundamente y a retorcerse cruelmente. La cabeza de la
hembra cayó hacia delante y la sangre comenzó a derramarse de ésta. Ella colgó de
esa horquilla hasta que fue expelida como un animal atropellado.
Mitch tragó saliva, mirando a los ojos perrunos que ahora le miraban. Ella era
vieja. Más vieja de lo que parecía correcto. Y todo lo que había estado haciendo aquí
la había… cambiado. Partes de ella eran lobo, incluyendo el pelaje, las garras y la
estructura ósea, mientras que otras eran humanas. Apoyando su peso en la horquilla,
cojeó hacia Mitch. Cojeaba porque sólo una pierna tenía un pie en lugar de una pata.
Así que Mitch esperó morir. Como lo había estado esperando durante casi tres
años. Pero no estaba resignado a morir. Ahora no. No cuando había tenido algunos
de sus mejores momentos con una pequeña loba caliente. Sissy significaba todo para
él, y era llamativo el hecho de que una parte de él todavía esperaba que todo
funcionara. Que de alguna manera pudieran estar juntos para siempre. Dos de los
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más grandes buscapleitos asociándose, lo que tendría a sus familiares, y a todos los
demás con cerebro, entrando en pánico.
Pero él no dejaría estos bosques vivo, y darse cuenta de eso lo estaba cabreando.
—Dios mío, Dios mío—dijo con una voz que era tan humana como el resto de
ella—. Eso es un montón de rabia saliendo de ti, gato.
—Apestas a Sissy Mae. ¿Eres su hombre? —Cuando Mitch se limitó a mirarla, ella
exigió—. Contéstame, muchacho.
—¿Y no eres tu un gran macho?—La anciana resopló. Era una especie de risa—.
Como su madre... pequeña puta sucia.
—Hubo un tiempo, muchacho, en que los de tu tipo eran buenos para una cosa…
algo para pasar un sábado por la noche. —Ella se rió de su morbosa broma antes de
sopesar la horquilla de nuevo—. Pero tengo otros usos para ti en estos días.
Ella la levantó.
Y fue entonces cuando Sissy se acercó corriendo y saltó en dirección a él, su cuerpo
de loba más pequeña interponiéndose entre él y su pariente loca.
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—Él es mío—siseó la vieja zorra—. Está en mi territorio, Sissy Mae. Es. ¡Mío!
Sissy dejó al descubierto los colmillos y tensó el cuerpo para un ataque. Pero ellos
no estaban solo. Otros lobos, cuatro de ellos, todas hembras, rodearon a la anciana
por detrás.
Y la anciana sonrió.
—Solo tú, Sissy. Él no puede romper el sello. No como puedes tú. Y esas otras
lobas... nunca vendrán aquí. Estás sola. Así que regresa por la colina, o voy a hacerte
observar lo que hago con él.
Sissy dio un paso atrás. Y otro. Ella retrocedió hasta que estuvo a su lado. Allí fue
cuando rozó la cabeza contra su lado, empujó su cuerpo contra el suyo, subiendo
hasta que sus cabezas estaban una junto a la otra. Frotó el hocico contra su melena.
Mitch dio un paso adelante. Otro. Otro. Entonces rugió. Las lobas corrieron, y la
anciana lo fulminó con la mirada, pero el poder que tenía estaba roto. Quebrado por
Sissy. Y ella nunca perdonaría a Sissy por ello.
—Vas a bajar esa colina. Pero no volverás a subir aquí, Sissy Mae. Nunca serás
bienvenida otra vez. No aquí.
Shelly Laurenston
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—Y llévate a tu gato contigo. —Ella los miró furiosamente por encima del
hombro—. Y yo me llevaré el mío. Tengo uso para los huesos de ésta.
Sin decir nada más, ella regresó a su choza, arrastrando la leona detrás de ella.
Mitch miró a Sissy. Confiaba en que ella supiera si deberían recuperar el cuerpo de
la hembra o no. El policía en él quería intentarlo. Al león honestamente no le podría
importar menos.
Sissy negó con la cabeza y se alejó. Mitch, después de una cuidadosa mirada más a
su alrededor, la siguió.
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Pride 3
Capítulo 28
Ronnie los vio primero, probablemente porque no había quitado los ojos del
bosque desde que había escuchado el rugido de Mitch.
Cuando su amiga salió y Mitch apareció detrás de ella, corrió hacia Sissy. En el
momento en que la rodeó con sus brazos, Sissy cambió. Ronnie la abrazó y contuvo
las lágrimas. Honestamente había temido no volver a ver a Sissy nunca más. Esos
que habían trepado a la colina sin invitación, sin permiso, habían desaparecido o
habían regresado… mal.
El poder que ejercía la anciana rivalizaba con la mayoría, y ella odiaba a todo el
mundo.
Ronnie retrocedió.
Era una frase sencilla, pero tronó a través de las lobas. Ellas entendieron su
verdadero significado. El poder de Sissy nunca volvería a ser cuestionado. Y sólo los
más valientes la desafiarían por la posición de Alfa.
Ronnie sonrió. Orgullosa. Sissy había recorrido un largo camino desde que una
pequeña de tres años de edad un día le dijo, “A partir de ahora seremos amigas. No
eres tan bonita como yo”.
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Pride 3
—Sí. Yo también.
—¡El partido!
* *
—¿Dónde diablos has estado? —preguntó Travis. Toda su pierna derecha estaba
enyesada, y su compañera lo había puesto en una silla de ruedas. Sissy tenía
dificultades para no reírse.
—Él estará listo en cinco. —Ella y Dee se apresuraron a ponerle su jersey sobre las
hombreras.
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Pride 3
Una vez que lo tuvo listo, Sissy le tendió su casco. Por desgracia, no era el que
había usado con su hermano. Definitivamente habría sido genial que usara ese casco.
Sissy se rió y comenzó a dirigirse fuera del campo con Ronnie y Dee cuando el
entrenador del equipo de los osos Collintown, de dos metros treinta y siete
centímetros, salió disparado hacia adelante.
—No hay ninguna regla que diga que los gatos no pueden jugar para nosotros.
—No estoy hablando de ellos. Te dijimos antes, Smith, que no jugaríamos si ella—
señaló a Sissy— o ella—señaló a Ronnie—jugaban.
Mitch la miró.
—Eh... ¿Sissy?
—No puedo creer que todavía estés echándonos en cara eso. ¡Han pasado años!
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—Estuvo en silla de ruedas durante tres meses. ¡Un cambiante! ¡En silla de ruedas!
—¡Estaba en mi camino!
—Ve. —Miró al entrenador—. No van a jugar. Están aquí sólo para ver.
—¿Recuerdas lo que prometiste como parte del acuerdo del proceso judicial?
—¿Acuerdo?
—¡Oh, olvídalo! —Ella se giró sobre sus talones y caminó dando pisotones hacia
las gradas.
* *
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Pride 3
Ese oso lo golpeó tan fuerte que Mitch voló justo a la zona de anotación con la
pelota apretada en sus brazos. Sabía por el rugido y los aullidos de la multitud que
había anotado el touchdown ganador.
Una gran mano se extendió hacia él, y él la agarró. Brendon lo puso en pie y le dio
una palmada en los hombros. En algunas culturas, incluso podría considerarse
cariñoso, en otras, era un ataque.
—Sacando a los otros osos que andaban a la caza de ti. —Brendon sonrió—. Sabía
que tenía alguna habilidad.
—Come…
Brendon nunca llegó a terminar el insulto cuando Sissy corrió y se lanzó contra
Mitch. Los brazos alrededor de su cuello, las piernas alrededor de su cintura, ella
besó el casco ya que él no se lo había quitado todavía.
Con un brazo debajo del culo de Sissy, Mitch utilizó el otro para quitarse el casco.
—Bésame, amor.
Ella lo hizo, y todos los dolores, sufrimiento y cansancio de las últimas horas se
desvanecieron. Las manos femeninas se clavaron en su pelo, y ella empujó su cuerpo
contra el del él.
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Pride 3
—¿Podrían hacer eso más tarde?—se quejó alguien, pero Mitch no sabía quién o si
importaba.
Antes de que Mitch pudiera torturar a Smitty un poco más, vio a Dez con su
teléfono celular, mientras se pasaba las manos por el pelo. Parecía frustrada y
preocupada. Cuando su mirada se elevó a la altura de la de él y luego rápidamente la
apartó, Mitch supo que lo querían de regreso para testificar.
—Sí, amor.
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Capítulo 29
—¡Levántate!
Mitch trató de despertarse, decidió no hacerlo y se volvió.
—¡¡¡Levántate!!!
—¿Qué?
—Vístete y sal.
—¡Porque no se moverá!
Mitch se incorporó.
—Papi.
Él frunció el ceño.
—No comiences a llamarme así, Sissy. No soy uno de esos tipos que encuentran
eso caliente.
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Pride 3
—Ellos están volviendo a casa. —Ronnie recogió la ropa que Sissy le había
lanzado, y se la tiró a la cabeza—. Nuestros padres estarán en casa en una hora. Así
que levanta el culo.
Las dos lobas lo rodearon y él levantó las manos antes de que pudieran comenzar
a golpearlo.
* *
Todos los muebles fueron puestos de nuevo en el lugar correcto y cualquier cosa
dañada durante la lucha entre la leona y Dee reparado u ocultado. Cambiaron las
sábanas, casi todas las superficies disponibles se habían restregado y se había
eliminado cualquier rastro de ADN felino. Sissy estaba dando la vuelta a los cojines
del sofá para esconder los arañazos de las garras, cuando oyó el vehículo detenerse
en el camino.
—¡Están aquí! —Ronnie bajó corriendo las escaleras, Dee detrás de ella—. ¡Ellos
están aquí!
—¡Lo sé! —Sissy empujó los cojines y los acomodó hasta que quedaron perfectos.
Las puertas del coche se cerraron, y ella podía oír la voz baja de su padre
quejándose de algo y la risa de su madre respondiendo. Mientras sus pasos subían
hasta el porche, Sissy dio un rápido repaso, sus ojos registraron toda la habitación,
buscando cualquier cosa que pudiera notar su madre.
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Bubba gruñó.
—Puedes dejar de decir eso ahora que estamos en casa. —Su madre dejó caer su
bolso sobre la mesa—. Ronnie Lee, tus padres están de vuelta en su casa... donde
deberías estar.
—Este... bueno...
Janie parpadeó.
—¡Dios, muchacha! ¡Ven aquí! —Dee entró en el abrazo de su tía—. Estoy tan
contenta de que estés en casa.
—Yo también.
Janie se apartó.
—¿Que le pasó a tu cara? ¿Y por qué estás cojeando? —Sus labios se apretaron—.
¿En qué te ha metido Sissy ahora?
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Pride 3
—Te detendrás ahora mismo. —Deslizó a Sissy frente a él y le dio unos golpecitos
debajo de la barbilla, con ojos cálidos—. ¿Por qué no me cuentas lo que está pasando,
Cari?
* *
Mitch tomó el té dulce que la madre de Ronnie le entregó. Él le dio una sonrisa
que ella no regresó. Tomó su propio vaso y se sentó en el sofá opuesto al de él y Bren.
—Típico. Por allí con Sissy, pero no aquí para verme. O ver a su padre.
Mitch abrió la boca para defender a Ronnie, pero Bren golpeó ligeramente la
rodilla contra la de su hermano.
—¿Tenéis hambre? —Bren asintió y la señorita Tala soltó otro suspiro—. Bien.
Supongo que eso significa que tengo que cocinaros algo, ya que esa hija mía no está
aquí para ocuparse de su hombre.
Una vez más, Mitch fue a decirle que ella no tenía que hacer nada, pero el codo de
Bren se estrelló contra su costado.
—Los chicos están regresando con su padre. Supongo que tengo que hacer lo
suficiente para ellos, también. —Ella negó con la cabeza y salió de la habitación.
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—Bren…
* *
Lo suficiente para saber que estaba locamente enamorada de un maldito gato. Ella
no había dicho las palabras, pero Bubba conocía las señales. Él no culpaba al gato,
sólo significaba que el felino tenía buen gusto. Pero siempre había esperado que Sissy
encontrara un bonito lobo para asentarse. A la larga, sin embargo, todo lo que le
importaba era que su niña fuera feliz.
Y porque ella era muy parecida a su madre, no cualquiera podría mantenerla feliz.
—Sí, señor.
—¿Y después?
—Lo sé. —Bubba besó su frente—. Pero no olvides, Sissy Mae, que tu manada te
necesita. Y que tú los necesitas más.
Ella envolvió sus brazos alrededor de él y le dio uno de sus cálidos abrazos.
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—Te amo—le recordó roncamente, y dio un paso atrás—. Ahora es mejor que
salgas de aquí. Tienes un largo vuelo por delante.
Bubba rozó su cabeza contra la mejilla de Janie. Ella todavía tenía la piel tan suave.
—Voy a entrar y echar un buen vistazo—dijo—. Esa hija tuya estaba escondiendo
algo.
—Me di cuenta de que lo que ella estaba diciendo tú parecías saberlo ya. Y
recibiste un par de llamadas de tus hermanas ayer o antes de ayer.
Riéndose, Bubba puso las manos sobre sus caderas y miró por encima de su
territorio. Estaba tan contento de estar en casa. Tú podrías quedarte con esos barcos,
viajes y cruceros, una pérdida de tiempo en su opinión.
Sus hermanos salieron del bosque, ya como lobos y queriendo una buena cacería.
Sonriendo, Bubba se quitó la ropa y comenzó a cambiar.
—¡Maldita sea!—oyó a Janie gritar desde la sala familiar—. ¿Qué diablos les pasó a
mis cojines del sofá?
Ella irrumpió furiosa en el porche de nuevo, con el cojín del sofá en la mano, pero
cuando vio a Bubba trotando por las escaleras hacia su familia, le espetó:
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—¡Y mejor será que no me entere de que están jugando de nuevo al juego de la
cuerda con ese maldito cocodrilo!
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Pride 3
Capítulo 30
—¿Estás listo?
Mitch asintió.
Ellos habían vuelto a Filadelfia hacía tres días, su testimonio había sido pospuesto
hasta esta mañana. Como había prometido, Sissy vino con él.
—Yo te odio cuando las usas. Pero tienes que verte respetable.
Miró por las ventanas el SUV que la policía había utilizado para transportarlo
hasta aquí. Anoche había comenzado a llover, y no parecía mostrar señales de parar
pronto.
—Sí. Vamos.
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Pride 3
* *
Sissy sabía que algo se había acabado cuando se le acercó esa gata de mal genio
ayudante del Fiscal de Distrito.
—Necesito hablar contigo y con ella. —Ella se alejó, Sissy y Mitch la siguieron.
Entró en una habitación y esperó hasta que estuvieron dentro, luego cerró de un
portazo.
Ella arrojó una carpeta en la enorme mesa que ocupaba la mayor parte de la
habitación. Ésta se abrió de golpe, y las fotos se esparcieron a través de la superficie.
Mitch se inclinó, moviendo las fotos con las puntas de los dedos.
—Es O 'Farrell.
—Un momento. ¿Crees que tuve algo que ver con esto?
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—¿Qué quiere decir con ahora qué'? Ahora no hay nada. Se acabó.
—¿Cómo?
19
Nos referimos a este dibujo animado.
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—De hecho, se rumorea, y ten en cuenta que sólo estoy repitiendo lo que he oído,
que si resultas muerto o herido o incluso tocado en modo alguno, el que lo hizo
morirá en represalia.
—Jen…
—No. Espera. Se pone mejor. Al parecer, viene de Pete O 'Farrell. No Petey. Él está
muerto. Sin embargo, su hijo, que se podría pensar que también te querría muerto,
aunque sólo fuera por principios. Parece quererte sano y salvo por muchos años.
—Eh...
—Oh, y las personas en tu antiguo vecindario tienen miedo de pasar por delante
de la casa de tu madre.
—No, no. No hablemos de eso. —La gata de mal genio se empujó lejos de la mesa
con su mano y la rodeó, recogiendo la carpeta y guardando las fotos—. No obstante,
es gracioso. Cómo se puede conseguir estar tan cerca del objetivo, sólo para que te lo
arrebaten. —Ella metió la carpeta en su maletín—. Todo ese trabajo. Todo ese
esfuerzo. Se ha esfumado. —Agarrando las asas del maletín con ambas manos, se
paró frente a Mitch y lo miró atentamente—. Así que dime, detective, ¿planeas
permanecer en la Fuerza?
Mitch carraspeó.
—Oh... bueno, ¿no es eso una suerte? Ahora puedes ir y hacerlo hoy mismo. Todo
parece estar poniéndose en su lugar para ti. Tu vida está resultando tan bien. —Ella
escupió la última parte de la frase entre dientes, antes de salir de la habitación.
—Chica nerviosa.
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—¿Va a volver?
—Dilo.
—Mitchell.
* *
—No estoy mintiendo. No tuve nada que ver con que O'Farrell lo comprara.
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—Mira, yo iba a esperar hasta que testificaras primero... luego lo iba a matar. Así
podrías sentir que has logrado algo. Entonces el tío Joey fue...
—Si pero…
—No. No digas nada más. Y nunca se volverá a mencionar, nunca más. ¿De
acuerdo, Ma?
—Haz lo que te estoy diciendo, Ma. ¿De acuerdo? —Mitch echó un vistazo
alrededor de la mesa y luego a su hermana—. ¿Pan?
—¡Ma!
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Pride 3
* *
Janie Mae cosía su sección del edredón mientras tres de sus hermanas trabajaban
en las suyas. La cuarta hermana, Darla, estaba hablando por teléfono en la parte
principal de su pastelería.
Habían estado trabajando en ella un par de veces al mes durante los últimos
meses. Janie sabía que sería para Sissy y Mitch. Lo supo mucho antes de que Sissy o
Mitch lo supieran. Los dos, duros de mollera como tablas de madera.
—Creo que sí. Me encantan estos colores. Pero haré que una de vosotras se la dé a
Sissy. Si se la doy yo, automáticamente la odiará.
—No fui yo quien tuvo una pelea con su madre en el funeral del tío Wayne.
—¡Ella la empezó!
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—Ellos creen que, de alguna manera, unos perros callejeros entraron en la cárcel,
así que estamos bien.
—Porque nadie quiere saber la verdad—explicó Darla—. Prefieren creer que una
pandilla de pitbulls se está metiendo en las cárceles para atacar aleatoriamente a los
mafiosos, en lugar de que los humanos están cambiando a los lobos y
destrozándolos mientras están en la ducha.
—Oh, está bien. —Janie hizo un gesto vago con la mano antes de regresar a la
costura—. Quejándose como un bebé grande. Pero por lo que he oído, merecía lo que
consiguió. Lo que le dijo a su hermana menor estuvo mal. Y Sammy lo manejó bien.
Será un buen Alfa. Bubba lo cree ahora.
—Te dije que ese muchacho sería Alfa de este pueblo algún día. Es inteligente,
tranquilo, y su compañera me gusta mucho más.
—Y vas a decirle a Sissy que lo que Travis hizo estuvo mal, ¿verdad, Janie?
—En realidad, le dije que era una malagradecida y que no debería haber
molestado a su hermano mayor.
—¿Qué te pasa?
—No estoy haciendo las cosas fáciles para esa chica. No voy a tener una de esas
hijas que se sienta a hablar constantemente de lo grande que era cuando tenía
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Pride 3
dieciséis años. Hay un mundo entero para ella, y espero que salga a buscarlo. Nada
va a retener a mi hija. —Ella sonrió con orgullo, pensando en lo lejos que Sissy había
llegado y cuánto más lejos tenía que llegar la mocosa—. Ni siquiera yo.
* *
Oh, sí. Definitivamente podía despertar con esa voz todas las mañanas.
Sonriendo, con los ojos aún cerrados, trató de alcanzarla, pero Sissy se rió y le
apartó las manos con un golpe.
—¿Por qué? ¿No puedo dormir un par de horas más? Ni siquiera hay luz.
—¿Qué?
—¿Estás segura?
Sissy sonrió.
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Pride 3
—¿Si estoy segura de que has dormido cuarenta y ocho horas? Sí, estoy segura. A
excepción de caminar a tientas al baño un par de veces, has estado fuera de combate.
Afortunadamente, no fue debido a la pérdida de sangre esta vez.
—Eso es encantador.
Aunque todavía tenía que ser precavido. Por supuesto, siempre era precavido. Así
que en este momento, absolutamente nada se interponía entre Sissy y él para hacer
esta cosa para siempre.
—¿Puede esperar? ¿Tal vez más tarde esta noche? —preguntó esperanzada.
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Pride 3
Y fue cuando Sissy tomó su dedo índice e hizo círculos con él. ¿Le estaba diciendo
que se diera prisa?
—Si no quieres esto, sólo dímelo, Sissy, así podemos terminarlo. —Pero tan pronto
como las palabras salieron de su boca, lamentó decirlas. Él no quería terminar con
esto. La amaba. Más de lo que jamás se había dado cuenta.
—No quiero que esto se termine—gruñó—. ¡Pero necesito que te des prisa!
Fue cuando ella fue hacía él y le retorció uno de los pezones, lo que le dolió
muchísimo.
—¡Ay!
—¡En la planta baja, hay un salón lleno de gente esperando para que tu culo tonto
baje las escaleras y que todos puedan gritar “sorpresa”, porque es un maldita fiesta
sorpresa de Padre y muy Señor mío!
—¿Fiesta?
—Sí. Fiesta. ¡Para ti! Hay comida, la suficiente incluso para ti, pastel, y para mi
horror... una máquina de karaoke. Y para demostrar lo mucho que amo tu culo
yankee, voy a estar haciendo mi interpretación de The Runaways 'Cherry Bomb' con
Ronnie Lee a la guitarra . Pero no puedo hacer nada hasta que ¡saques ese gran culo de
gato de la cama, entres en la ducha y luego vayas a la planta baja, en los próximos diez
minutos!
Cuando sus ojos se movieron y vio un destello de colmillo, Mitch se rió y agarró
su mano, tirándola sobre la cama con él.
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Pride 3
—Mejor que lo hagas. Y cuando vayas abajo, es mejor que parezca sorprendido,
señor.
* *
Había sido idea de su madre, y Sissy no estaba segura de lo bien que se resultaría.
Pero hasta ahora, había sido perfecto. Una fiesta para Mitch donde la manada de ella,
una buena parte de la de Jessie Ann, la manada de Roxy, y los gemelos Shaw tenían
el lugar completamente abarrotado.
Usando guantes de horno, Sissy sacó la gran sartén de macarrones con queso del
horno y la colocó sobre la mesa de la cocina. Deseando darle unos momentos para
enfriarse, se quitó los guantes y se dio la vuelta.
—Hermanita.
—Sip.
—Es tan difícil de contar contigo a veces. —Cerró la puerta del horno y lo apagó—
. ¿Hay algo que quieras?
—¿Y? — Sissy empujó a su hermano cuando éste dejó de hablar y se quedó allí.
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—Lo que te dije—suspiró—. ¿Le dijiste que nos encantaría que se mudara aquí y
se uniera a nuestra manada? ¿Le dijiste que nos encantaría que fuera parte de la
familia? ¿Le dijiste que nos encantaría que viniera a trabajar para nosotros?
—¿Trabajar para nosotros? ¿Quieres decir trabajar para mí, verdad? Trabajar para
Mace.
—Lo resumí.
—Está bien. Haré una llamada de seguimiento. Te juro, Bobby Ray, que no tienes
el sentido común que Dios le dio a un conejo.
—Tengo una propuesta para ti—dijo, cortando sabiamente una de sus potenciales
diatribas. Incluso ella sabía que una vez que se pusiera en marcha, realmente podría
perderse.
—¿Para mí? —Ella se puso de frente a él—. ¿Tengo que donar un riñón?
—No.
—No.
—Sissy Mae.
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Ella rió.
—¿Cuál?
—Oh. Kenshin Inu. Debe interesarle ella en serio. La miraba con tanto anhelo en la
boda.
—Estoy bromeando. Juro por Dios que estoy bromeando. —Sin dejar de reír, ella
tiró de él.
—Eso no es divertido.
—No puedo pedir a Mace que abandone a Dez y Marcus durante al menos tres a
seis meses. Y ahora que Jessie Ann está embarazada…
Ella chilló, como lo hacía en ocasiones como ésta, y se lanzó a los brazos de su
hermano. Él la atrapó y la abrazó.
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—Cariño, nací amable. La gente me ama. Y Mitch viene conmigo. —Ella chilló de
nuevo y abrazó a su hermano. Este vez, él no le devolvió el abrazo.
Bobby Ray cruzó los brazos sobre el pecho y apartó las piernas.
—¿O qué?
—Eso es mezquino.
—Buen argumento.
Los hermanos se miraron fijamente durante largos minutos hasta que Bobby Ray
gruñó:
* *
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—O—se movió alrededor de ella hasta que estuvieron cara a cara—, amas a tu
hermano pequeño y estabas aterrorizada de que nunca pudieras decirle cuánto.
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Pride 3
Dejando caer las botellas en un bote de basura para reciclables, su madre era
sorprendentemente “verde”, se dirigió a la puerta. Pero cuando la abrió, sólo pudo
quedarse mirando.
—Sí. Claro. —Mitch dio un paso atrás, permitiendo que el hombre mayor entrara.
—Gracias.
—Oye, Ronnie quiere un... —Se detuvo ... y se quedó boquiabierto—. ¿Papá?
—Brendon.
Mitch tenía que admirar a su padre por eso. Le encantaba correr con los felinos
grandes cuando podía, y viajaba a África, la India y Siberia constantemente. Mitch ni
siquiera sabía cuándo su padre estuvo por última vez en Nueva York, mucho menos
en Filadelfia.
—Necesitaba ver si mi familia estaba bien. —Miró entre sus dos hijos—. Te veo
bien.
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Pride 3
Alden sonrió.
—¿Tienes hambre?
—¿Janie Mae?
Sissy se quedó paralizada en medio del acopio del montón de comida en el plato
de Mitch y, con la cuchara en alto, se volvió lentamente.
—¿Cómo me llamaste?
—¿Mi madre?
Alden levantó las manos, con las palmas hacia fuera, como Mitch hacía con
frecuencia.
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Pride 3
Todavía con esa cuchara levantada, aunque Mitch estaba agradecido que no fuera
un cuchillo, preguntó Sissy:
—Fue hace muchísimo tiempo, pero sí. —Y luego sonrió. Y Mitch conocía esa
sonrisa. Él apostaba que había tenido muchas de esas el último par de semanas con
Sissy.
—No fue nada realmente. —Alden volvió a sonreír—. Sólo un fin de semana.
Maldita sea. Al menos cuarenta años más tarde, y el viejo todavía podía recordarlo
como si fuera ayer. Y con esa expresión en su rostro, ¡fue ayer!
—¿Tú y mi madre?
—No fue nada. Ella sólo me estaba usando para poner celoso a un lobo que la
estaba ignorando. Aunque estuve más que feliz de ayudarla.
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Pride 3
Mitch tomó la cuchara de la mano de Sissy, tratando de ignorar los gruesos trozos
de queso, jamón, y los fideos pegados en ésta, llamándolo.
—¿No?
* *
Sissy salió al porche trasero y se sentó en la escalinata entre Dez y Ronnie Lee.
—Déjalo pasar.
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—No es que haya cambiantes. Podría tratar con eso. Pero tienen su propia policía,
unidades militares, agencias gubernamentales. Vuestras propias tiendas para que
podáis comprar esos zapatos gigantes que necesitáis.
—Oye.
—Quiero decir, ¿de qué otra cosa no soy consciente? ¿Qué más no me han dicho?
—De acuerdo entonces. Descubrí que el padre de Mitch y Brendon, Alden, folló
con mi madre hace cuarenta años. Ahí lo tienes. Ahora sabes absolutamente todo.
* *
—No.
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—Sí.
—¿Con Sissy?
—Mira, Smitty...
—He oído eso antes. —Se encogió de hombros—. ¿Preferirías que fuera Gil?
Hubo un pizca de burla ante eso antes de que Smitty hiciera sonar los nudillos.
—Gracias.
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—¿Te quedas aquí? ¿Vas a continuar siendo policía? ¿O te vas a quedar con
nosotros y hacer muchísimo más dinero?
Mitch dejó escapar una risa ronca que esperaba no le sonara tan amarga a Smitty
como le sonaba a él.
—Creo que terminé de ser policía. Vaya a Japón o no, estaba esperando quedarme
contigo y Mace. Buenos momentos, escasa probabilidad de peligro, alta
remuneración, y tu caliente hermana.
Smitty soltó una carcajada y se alejó, diciendo por encima del hombro:
* *
Sissy recogió el último de los platos y ayudó a Roxy y a sus hermanas a trasladar
los muebles a su lugar en la casa.
Con un bostezo y las buenas noches a todos los parientes de Mitch, Sissy subió las
escaleras. Abrió la puerta de la habitación que compartía con Mitch y se detuvo en la
puerta.
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—Lo siento.
—Hace cincuenta horas, eso habría sido verdad. —Mitch soltó un gemido cuando
Sissy arrastró su lengua por el interior de su muslo—. Pero sé lo necesitada que
puedes estar.
—¿Yo? —Sissy golpeó ligeramente la polla dura de Mitch con el dedo índice. Se
balanceó de un lado a otro—. Esto puede llevar el compás con un piano.
—Bueno. Ha pasado mucho tiempo sin seguir el compás. —Deslizó las manos en
el pelo y tiró de ella bruscamente para que su boca estuviera justo sobre la de él—. Y
es hora de que satisfagas mis necesidades.
Sissy levantó las rodillas y luego las separó para que sus muslos pudieran sentarse
a horcajadas en el pecho de Mitch. Se agarró de sus bíceps y restregó su coño mojado
contra él.
—Ay, cariño. Cuando lo pones así, ¿cómo puede una amable chica sureña
rechazarte?
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Capítulo 31
No le tomó mucho a Sissy darse cuenta de que Mitch le estaba dando zarpazos.
No dándole zarpazos como vapuleándola de verdad, lo que probablemente ella no
habría disfrutado. Pero mientras yacía atravesada en la cama de la niñez de Mitch,
desnuda, con los pies sobre la pared y la cabeza colgando fuera del colchón, Mitch
estaba en el suelo justo debajo de ella y le daba zarpazos en su cabello con sus manos.
A primera hora de la mañana la luz del sol fluía por la ventana y cruzaba la cama,
y Sissy de repente tenía ese intenso deseo de ponerse en marcha. No huyendo como
lo habían estado haciendo, sino yendo a un lugar. De viaje. Señor, estaba ansiosa por
ello.
—La tengo—murmuró Mitch, con las manos aun jugando con su pelo—. ¿Te he
dado las gracias?
—No. No por salvar mi vida. Además, eso está en tu ADN canino. Como un perro
San Bernardo.
La Melena Atractiva
Pride 3
Una vez que él la tuvo en el suelo, Mitch se sentó, su espalda contra el marco de la
cama. Posicionó a Sissy entre sus largas piernas y volvió a jugar con su pelo,
pasando los dedos desde la parte superior de su cuero cabelludo hasta la nuca. No
había muchas veces en que Sissy quería ronronear, pero esta era sin duda una de
ellas.
* *
¿Se iba? ¿Así como así? ¿Después de todo lo que habían pasado juntos? ¡Maldita
loba y sus genes errantes! ¿Qué pasaba con lo que significaban el uno para el otro?
Más importante aún, ¿qué pasaba con él? Quién le cocinaría macarrones con queso
con ese maldito jamón? ¿Quién lo despertaría con una mamada estelar?
Shelly Laurenston
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Pride 3
—Smitty mencionó algo sobre Japón. —Él pensó que eso la haría feliz, ponerse en
marcha de nuevo, pero había planeado estar allí con ella. De principio a fin. No
dejado atrás. ¿No se daba cuenta de lo importante que era él para ella?
Estaba todo listo para darle el regalo de pasar el resto de su vida con él, y ¿ella iba
a largarse y dirigirse a la Costa Oeste? ¿Así podía estar con todos esos tipos calientes
de la Costa Oeste?
—Sí, pero eso será dentro de un mes. Tal vez dos. Ya sabes cómo son estos tratos
comerciales. Bobby Ray no va a enviarnos allí hasta que esté todo resuelto.
—Hoy. Mañana a más tardar. —Ella lo miró por encima del hombro—. No
permanezco en un mismo lugar demasiado tiempo. Pero siempre vuelvo a casa.
Deberías saber eso.
—Sí, supongo que debería. —Él la abrazó más fuerte. No podía evitarlo—. ¿Por
qué la Costa Oeste? Imaginé que te dirigirías a Europa o Asia.
La apretó aún más fuerte hasta que Sissy chilló y empezó a patear y mover los
brazos.
La Melena Atractiva
Pride 3
Ella le acarició la barbilla con la nariz antes de darle esa sonrisa perversa de Sissy.
Fin