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Mi Feliz Matrimonio, Vol. 1

El documento narra la historia de Miyo Saimori, una joven de una familia noble que enfrenta la adversidad y el desprecio de su madrastra y hermanastra. A medida que se prepara para un matrimonio arreglado con Kiyoka Kudou, un hombre conocido por su crueldad, Miyo lucha con su falta de poder y la desesperanza en su vida. La narrativa explora temas de familia, expectativas sociales y la búsqueda de un lugar en un mundo que parece no tenerle cabida.

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Mi Feliz Matrimonio, Vol. 1

El documento narra la historia de Miyo Saimori, una joven de una familia noble que enfrenta la adversidad y el desprecio de su madrastra y hermanastra. A medida que se prepara para un matrimonio arreglado con Kiyoka Kudou, un hombre conocido por su crueldad, Miyo lucha con su falta de poder y la desesperanza en su vida. La narrativa explora temas de familia, expectativas sociales y la búsqueda de un lugar en un mundo que parece no tenerle cabida.

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1

Contenido
Prólogo 5
Capítulo 1 6
Sobre nuestra reunión y mis lágrimas 6
Capítulo 2 28
La primera cita 28
Capítulo 3 45
Un regalo para mi prometido 45
Capítulo 4 73
Eligiendo desafío 73
Capítulo 5 92
Finales y nuevos inicios 92
Epílogo 97
Agradecimientos 99

Traducción a español - Akatsuki (mi-castillo-de-arena.blogspot.com)

Versión inglesa - Jnovels.com

2
3
Prólogo

౼Es un placer conocerle. Mi nombre es Miyo Saimori.


Arrodillada en el suelo de tatami, se inclinó profundamente con tanta gracia como pudo mostrar,
atrayendo el olor familiar de los juncos frescos mezclado con el olor desconocido de su casa. Sabía
demasiado bien que no era bienvenida, pero no obstante quería probar que tenía buenas costumbres.
౼…
Como si no notara su presencia, el hombre que iba a convertirse en su marido no le dedicó ni
una mirada mientras atendía los papeles esparcidos en su mesa de escritura. Ella permaneció postrada en
el suelo, con cuidado de no hacer el más mínimo movimiento mientras esperaba su respuesta. No ser
reconocida o que la ignoraran era algo a lo que ella estaba desafortunadamente acostumbrada, y ella no
quería arriesgar a molestar a este hombre, a quien conocía por primera vez en un extraño y nuevo lugar.
౼¿Cuánto tiempo pretendes quedarte postrada?
Su voz baja e imperativa al final rompió el silencio. Miyo alzó la cabeza y se encontró con su
mirada por primera vez antes de inclinarse de nuevo inmediatamente.
౼Por favor, perdóneme.
౼… No estaba pidiendo una disculpa. ౼Su atractivo prometido suspiró antes de ordenarle que se
enderezara.
Mirándolo mejor esta vez, Miyo vio que su prometido, Kiyoka Kudou, era incluso más increíble
de lo que había esperado. Su piel de porcelana estaba libre de imperfecciones, y sus ojos azul pálido
estaban enmarcados por un mechón largo rubio, tanto que era casi transparente. Comparado con el
escuálido físico de ella, su justa apariencia le daba una belleza efímera impactante de ver en un hombre.
Las historias que había oído sobre su falta de piedad, de su crueldad como soldado que pasaba a
sus oponentes por la espada sin dudar, parecían incongruentes ante su actitud. Aún así, pensó, las
apariencias pueden engañar. Miyo sabía de primera mano que incluso aquellos agradables a la vista
podían tener corazones llenos de veneno. Él debe ser uno de esas personas. ¿Por qué sino todas las
anteriores novias habían huido a tres días de su matrimonio?
Pero para Miyo, no había donde regresar. No tenía hogar al que volver ni nadie a la que pedir
ayuda.
Sin importar las dificultades que pudieran esperarle aquí, no tenía más opción que quedarse.

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Capítulo 1
Sobre nuestra reunión y mis lágrimas

Como cualquier otra familia noble, la Casa Saimori empezaba el día con un desayuno relajado en el
comedor de su amplia residencia tradicional japonesa en la capital. O al menos debería haber sido
relajado, sino fuera por la estridente voz que atravesó el fresco aire de la mañana.
౼¡¿Qué se supone que es esto?!
Un líquido caliente hasta escaldar salpica la cara y pecho de Miyo. Ni farfulla mientras se
encoge en el suelo. La hermosa joven sosteniendo una taza de té alza las cejas con profundo malestar
mientras su hermana mayor, vestida con el atuendo de sirvienta, se inclina en abyecta disculpa. Como
siempre, el personal de la casa presente en la sala aparta la mirada.
౼El té está muy amargo, ¡es imbebible!
౼Lo lamento muchísimo…
౼¡Hazme uno nuevo ahora!
A pesar de haber preparado el té como siempre, Miyo reconoció recatadamente la petición de su
hermanastra como si fuera su sirvienta y se apresuró a la cocina, con la cabeza gacha.
౼Dios mío, ni puede hacer un té decente. ¿No tiene vergüenza?
౼Cierto. Es una vergüenza.
Miyo pretendió no oír a su hermanastra y madrastra riéndose burlonamente de ella mientras salía
de la habitación. Uno podría pensar que su padre intervendría y evitaría que se burlaran de su hija, pero
él simplemente continuó con su comida como si nada hubiera pasado. No la había defendido ni una vez
en los últimos años, y ahora, Miyo no albergaba ninguna esperanza de que alguna vez lo hiciera.
Sobrenaturales criaturas habían plagado este país desde tiempos inmemoriales. Algunos de estos
seres recordaban a humanos o animales; unos tan retorcidos que eran indescriptibles; y otros cambiaban
fluidamente de forma, rehusandose a decidirse por una fija. Estos seres de otro mundo, también referidos
como espíritus, eran malévolos con los humanos.
La labor de cazarlos recaía en los Agraciados, descendientes de linajes que poseían poderes
sobrenaturales. Solo esos pocos elegidos podían ver a los Grotescos usando la Visión Espiritual y
despacharlos con ataques sobrenaturales, su única debilidad. Indispensables para el imperio, los
Agraciados disfrutaban de un alto status social.
Los Saimori eran de un antiguo y largo linaje noble, una de las familias que habían alcanzado la
prominencia limpiando el país de Grotescos. Miyo era la mayor de su generación. El matrimonio de sus

5
padres había sido puramente estratégico. Tanto su padre como su madre poseían el Don, y sus
respectivas familias habían arreglado el matrimonio para mejorar la línea de sangre. Aunque su padre se
había opuesto a esto, sus protestas fueron en vano. Al final, rompió su relación con su amante y a
regañadientes accedió a casarse con la mujer que sería la madre de Miyo.
Su unión de desamor resultó en el nacimiento de Miyo. Aparentemente, h habían adorado a su
hija en sus primeros años de vida. Sus recuerdos de aquella época eran borrosos, pero había oído que su
padre solía adorarla y que era el ojito derecho de su madre. Todo cambió, sin embargo, cuando su madre
falleció de una enfermedad cuando Miyo tenía solo dos años y su padre se casó con su antigua amante.
La madrastra de Miyo la odiaba por ser la hija de la mujer que la había separado del padre de
Miyo. Su padre, mientras tanto, estaba tan abrumado por la culpa hacia su segunda esposa que le
consentía todo. Para empeorar las cosas, perdió todo interés en Miyo cuando su hermanastra nació, ya
que prefería a la hija de su amada.
Kaya, la hermana menor de Miyo, no era sólo la más hermosa de las dos, sino también hábil en
manipular a la gente a su alrededor con su dedo. Por encima de todo, poseía la Visión Espiritual, de la
cual carecía Miyo. No había pasado mucho hasta que la joven empezó a tratar a su hermana como
escoria, justo como su madre había hecho.
Entonces Miyo cumplió los diecinueve, una edad en la que las chicas de buena familia
normalmente se casarían. Pero ya que estaba al nivel de una sirvienta, no recibió ni una propuesta. Es
más, no tenía ni un centavo ya que su familia no le daba un estipendio, lo que le impedía irse.
౼Aquí está tu té. ౼Miyo colocó una nueva tetera cerca de Kaya.
Su madrastra bufó pero no comentó nada.
Miyo estaba convencida de que pasaría el resto de su vida como su esclava. Ya había perdido
toda esperanza.

Sus padres y hermana terminaron su desayuno. Miyo limpió la mesa con las sirvientas y salió para
limpiar la entrada. Raramente limpiaba el interior de la casa para mantenerse lejos de su madrastra y
hermana, que siempre estaban esperando quejarse de algo y saturarla con tareas extra. Las sirvientas eran
conscientes de esto, y sospechaba que simpatizaban con ella, porque siempre le encargaban la lavandería
y las tareas de exterior. Esto permitía a Miyo algún respiro en los días en que su madrastra y su hermana
no dejaban la casa.
౼Hola.
Miyo había estado limpiando en silencio hasta casi el mediodía cuando un invitado llegó.
౼Ah. Hola, Kouji. ౼Hizo una reverencia al recién llegado, que le sonrió amablemente. Este bien
dispuesto hombre con una cara agradable y atractiva, y vestido con un bien entallado traje de tres piezas
era Kouji Tatsuishi, el segundo hijo de otra distinguida familia con el Don. Su vivienda estaba cerca, así
que conocía tanto a Miyo como a Kaya desde la infancia. Más importante, veía a Miyo como una digna
hija de la familia Saimori y era un verdadero amigo para ella.
౼Hace buen día, ¿no? Muy cálido.
Sí. La ropa se secará más rápido. ౼Ella no tenía a nadie más con quien poder tener una pequeña
charla.
Kouji había intentando muchas veces hacer algo para mejorar la situación de Miyo cuando su
familia había empezado a tratarla como a una sirvienta. Al final, su padre, el jefe de su familia, le dio
una severa charla y le prohibió intervenir en los asuntos privados de otra familia. Aunque Kouji no había
sido capaz de estar abiertamente con ella desde entonces, ella aún lo consideraba un aliado.
౼Por cierto, tengo algo para ti ౼Kouji le dijo.
౼… ¿Me compraste dulces?
6
Le entregó una caja envuelta en un hermoso papel japonés.
౼Claro. Espero no te importe que sea uno de esos pasteles occidentales tan de moda. Oí que
tienden a aplastarse por el camino
౼Gracias. Los compartiré con los sirvientes.
౼Por favor.
Sólo entonces algo se le ocurrió a Miyo.
౼¿Y qué te trae por aquí?
Aunque se vestía pulcramente cuando venía de visita, su atuendo hoy era más formal de lo
normal, y era muy raro que llevara ropa occidental. La expresión de kouji se nubló ante la pregunta de
Miyo antes de apartar la mirada, como si le avergonzara.
౼Bueno. Verás, yo… tengo un asunto importante que discutir. Con tu padre. ౼Trastabillaba con
las palabras. Incluso aunque Kouji era del tipo tranquilo, normalmente no era tan evasivo. Perpleja, Miyo
ladeó la cabeza a un lado y se preguntó qué le pasaba. Pero él simplemente respondió con un 'Nos
vemos' y rápidamente desapareció dentro de la casa. Miyo tenía curiosidad sobre su asunto con su padre,
pero ella silenció sus pensamientos al decirse a sí misma que no era de su incumbencia y tomó la escoba
de nuevo.
Ella era la hija mayor de la familia Asumiría y había sido debidamente inscrita en el registro
familiar. En la práctica, sin embargo, ella no era diferente de una pobre chica de lo común: sin talento,
sin educación y de apariencia sosa. Se dio cuenta de que ella y Kouji ahora vivían en mundos separados.
De repente, su corazón se sintió pesado. Para distraerse, se centró en barrer hasta que una de las
sirvientas salió de la casa para llamarla.
౼Su padre desea verla, señorita.
౼¿Huh?
౼Pide que acuda cuanto antes
౼Oh, v-voy ahora…
Miyo tenía un mal presentimiento sobre esto. Era poco más que una sirvienta para su familia, así
que no tenía sentido que su padre la llamara específicamente mientras atendía a un invitado. Algo fuera
de lo común estaba pasando, y la llenó de temor. Aunque peleó para evitar que sus piernas se sacudieran,
logró llegar a la sala de recepciones.
౼Perdón. Soy Miyo. ౼Dijo desde detrás de la puerta corredera.
౼Entra ౼Le llegó la breve respuesta de su padre. El duro tono de su orden amplificó su
ansiedad, y la punta de sus dedos presionando contra la corredera se sentía muy frío.
Dentro no solo vio a su padre y Kouji, sino también a su madrastra y Kaya. A pesar de que sentir
que tenían malas noticias para ella, selló su temor detrás de una cara inexpresiva. Se sentó cerca de la
entrada, distanciándose de su burlonas madrastra y hermanastra. Su padre empezó a explicar el asunto en
cuestión con voz desinteresada, sin siquiera mirarla.
౼Me gustaría discutir el tema de matrimonio pues afecta al futuro de esta familia. Miyo, creo
que lo mejor para ti es que estés presente también.
¿Matrimonio? Oír esa palabra le hizo saltarse un latido. Pensar cómo el matrimonio podría
cambiar su vida le causaba ansiedad y temor, pero también aumentó la más leve de las esperanzas dentro
de ella. Quizás podría ser un cambio a mejor. Un momento después, sin embargo, se reprendió por
entretenerse con tales fantasías. Los milagros no pasaban sin más… no a ella, al menos. La fuerte voz de
su padre rompió el silencio una vez más.
౼Kouji será adoptado en nuestra familia para continuar con el linaje. Como tal, necesitará una
esposa que lo apoye. Kaya, tú serás su prometida.
Por supuesto que sería ella. Aunque Miyo debería haberlo esperado, sin embargo lo sintió como
un mazazo. Todo se oscureció por un momento como si el temor, o quizás la desesperación, la abrumara.

7
La mirada altanera de Kaya ni lo registró siquiera. Miyo había sido consciente de los planes de su padre
para adoptar a Kouji, el segundo hijo de la familia Tatsuishi, así que en algún punto, un débil rayo de
esperanza se había formado dentro de su corazón.
Esperanza de que podría haberse casado con el único hombre en el que confiaba. Se habría
convertido en la propietaria de la Casa Saimori. Que Kaya se habría comprometido y la enviarían lejos
para que Miyo no tuviera que seguir viviendo bajo su sombra. Ese día ella habría sido capaz de
conversar libremente con su padre de nuevo, como hacían en el pasado.
Era todo tan tonto. Debería haber sabido que el destino simplemente no estaba en sus manos.
౼Miyo, tú te comprometerás con el heredero de la familia Kudou, Kiyoka Kudou.
Ella no pudo alzar la vista. En su lugar, ella le respondió con voz temblorosa, la cabeza colgando
sin fuerza.
౼Como desees, padre.
౼¿Qué, no te alegras de entrar en la familia Kudou? ౼Kaya añadió con falso entusiasmo.
La familia Kudou también poseía el Don. Muchos de su linaje estuvieron bendecidos con
excepcionales poderes sobrenaturales, y el clan había logrado innumerables hazañas de valor, algunas de
proporciones legendarias. Su posición social, fama y riqueza estaban muy por delante de las de sus
compañeros.
Por otro lado, Kiyoka tenía fama de ser cruel. De todas las chicas de familias adineradas que le
habían ofrecido como novias, ninguna había logrado permanecer durante más de tres días antes de
regresar corriendo a casa.
Miyo había escuchado mucho de los chismes de los sirvientes. Si esas historias fueran ciertas, el
hombre debe ser realmente horrible. Y ahora su padre le estaba diciendo que se casara con él,
probablemente con la intención de que nunca más le permitiera volver a poner un pie en esta casa. Miyo
no tenía educación. Su padre ciertamente sabía que no había ninguna posibilidad de que este arreglo
saliera bien.
౼Es realmente un desperdicio darte está maravillosa oportunidad, ya que no tienes cualidades
destacables. Realmente no puedes rehusarte, por supuesto.
Su madrastra estaba muy motivada ante la perspectiva de finalmente librarse de la hijastra que
aborrecía.
౼Sí, no tienes más opción que aceptar. Empaca tus cosas, y tan pronto estés lista, te enviaremos
a la casa del Señor Kudou.
Miyo palideció, incapaz de hablar. Aunque esperaba el día para irse de la Casa Saimori, con la
residencia Kudou como su destino, era como meterse en la boca del lobo. Desde allí, solo podía ver dos
posibles resultados. O este hombre sin piedad la echaría de su casa en el momento, o ella lo irritaría y la
apuñalaría en el sitio. Su única esperanza era que la tratara como a una sirvienta inferior, justo como
hacía su familia.
Muy rara vez una novia potencial se quedaba con el hombre con el que su familia quería que se
casara para aprender las reglas de su hogar y averiguar si eran compatibles antes de hacer oficial su
compromiso. Las medidas de precaución tenían sentido a la luz de la reputación de Kiyoka como un
novio difícil, pero Miyo las vio de manera diferente, como evidencia de que su familia quería deshacerse
de ella lo antes posible. Su mundo se volvió negro.
Después de salir de la sala de recepción, envuelta en pensamientos oscuros, escuchó a Kouji
decir su nombre.
౼¿Sí, Kouji?
Se giró hacia él. La angustia y la vergüenza coloreaban su cara, algo que nunca había visto antes.
౼Miyo, lo siento. Soy tan inútil. No pude hacer nada por ti, y ni siquiera sé qué decir ahora.
౼No tienes que disculparte, Kouji. Es el destino. Simplemente no estaba a mi favor.

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Miyo trató de sonreír para suavizar el humor, pero descubrió que era difícil cambiar su
expresión, como si su cara se hubiera congelado. Pensando en ello, ¿cuándo fue la última vez que había
sonreído?
౼¡No, no puedes decir que es destino!
౼Al contrario. Está bien, Kouji. No me importa la decisión de mi padre. Quién sabe. Quizás
incluso encuentre la felicidad en mi nueva vida.
Ella realmente no lo creía, pero lo dijo con convicción de todos modos, como para asegurarse.
౼… ¿Me odias ahora?
Kouji parecía al borde de las lágrimas. Claramente, quería que lo culpara por no apoyarla. Se lo
veía en los ojos. Pero Miyo estaba demasiado agotada para ceder a sus necesidades emocionales ahora,
así que decidió cortar por lo sano.
౼No. Me distancié de tales emociones hace mucho.
౼Lo siento. Lo siento muchísimo. Quería salvarte para que así pudiéramos reír juntos de nuevo,
como solíamos hacer. Quería…
౼¡Kouji!
Kaya había gritado su nombre al salir de la habitación tras ellos. Había algo terriblemente
retorcido al acecho debajo de su deslumbrante y hermosa sonrisa.
౼¿De qué hablabais?
౼…
Su futuro marido se mordió el labio, tragándose lo que no había logrado decir.
౼N-nada importante.
Kouji venía de una respetada familia y había sido bendecido con el Don y una apariencia
atractiva, pero tenía una debilidad. Era un cobarde que se preocupaba mucho de molestar a otros.
Decidirse por un bando dañaría a Miyo o Kaya, así que se mantuvo neutro. Miyo no sabía lo que se
había estado preparando para decir antes de que su hermana lo interrumpiera, pero en este punto, a ella
no le importaba. Y, sin embargo, aunque al final no había resultado en nada, era cierto que el bondadoso
Kouji había acudido en su ayuda muchas veces en el pasado.
౼Kouji.
౼¿Sí…?
౼Gracias por todo.
Eso fue todo lo que pudo decirle. Ella estaba muy cansada.
Kaya sonrió encantadoramente mientras observaba a su hermana inclinarse profundamente y
alejarse sin mirar atrás.

El sueño la eludió esa noche. La habitación de Miyo, un dormitorio de sirviente de apenas cinco metros
cuadrados, era austero para empezar. Ahora que había empacado sus pocas posesiones personales, ya no
quedaba nada. Su madrastra y hermanastra había tirado o robado los kimonos que había heredado de su
madre. Lo mismo pasó con cualquier objeto de valor que una vez poseyera. Ahora lo único que podía
llamar suyos aparte de su cuerpo, eran un uniforme de sirvienta, un conjunto de ropa de paisano de
manos de una de las trabajadoras, y algunos objetos de aseo personal.
Más tarde en ese día, su padre le había dado un par de ropas elegantes para que no llevara la
vergüenza al hogar de los Kudou al llegar a su residencia vestida con harapos. Su regalo finalmente le
abrió los ojos al hecho de que su padre había sido consciente de que no tenía ropa presentable sino que
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simplemente no se había molestado por su difícil situación hasta ahora.
Mientras peleaba por dormirse, envuelta en la delgada colcha a la que no tuvo más remedio que
acostumbrarse, los recuerdos de su pasado pasaron ante sus ojos como imágenes en un caleidoscopio.
Los felices estaban distantes, mientras que los más recientes estaban llenos de dolor y miseria. Nada iba
a cambiar a mejor al día siguiente. Iba a dormir esperando que su vida terminara pronto. Un simple
deseo. Se sentía como si estuviera tambaleándose al borde entre el mundo de los vivos y el de los
muertos. Agotada emocionalmente, ni siquiera podía sonreír amargamente mientras esos pensamientos
corrían por su mente.

La familia Kudou era una especialmente distinguida, incluso entre otros nobles clanes con el Don. La
mayoría de todas las agraciadas familias se habían hecho su nombre por su cuenta generaciones atrás,
estableciéndose firmemente entre la nobleza, pero los Kudou destacaban entre todos. Además de un
rango en la corte, también se les había otorgado vastas extensiones de tierra. Miyo había oído que con
tanta tierra en tantas partes diferentes del país, podían ganar todo el dinero que quisieran simplemente
arrendándola.
El jefe actual de la familia era Kiyoka Kudou, de veintisiete años. Había aprobado el examen de
inducción militar de élite después de graduarse de la universidad, y ahora se desempeñaba como
comandante en una unidad propia. Basándose en su juventud, influencia y riqueza extraordinaria, Miyo
consideró que disfrutaba de un estilo de vida lujoso.
Temprano en el día después del pronunciamiento de su padre, Miyo salió de casa vestida con
ropa elegante que colgaba incómodamente en su cuerpo delgado. Agarrando un modesto bulto que
contenía sus pertenencias, se dirigió a la residencia Kudou. Unos cuantos viajes en tranvía ౼una novedad
para ella౼, más tarde, pensó que había llegado cerca de la dirección que le habían dado, pero se encontró
en las afueras de la ciudad, sin nada parecido a una lujosa propiedad a la vista.
¿El líder de la familia Kudou realmente vive aquí?, se preguntó.
Aunque estaba a un tiro de piedra de la ciudad, el paisaje era principalmente boscoso, con
plantaciones y campos, con unas pocas casas. Aquí debía estar realmente oscuro, a diferencia de en la
ciudad. Nadie fue enviado a recogerla, y no había ningún intermediario involucrado en las charlas sobre
el matrimonio. La sirvienta de los Saimori que la acompañó a las afueras de la ciudad había regresado y
la dejó haciendo el camino sola.
Tras un rato, llegó a una casa en el bosque, que podría haber confundido con una ermita si fuera
un poco más pequeña. Aunque ella apenas podía creer que este modesto domicilio fuera el lugar
correcto, el automóvil estacionado afuera era una clara indicación de la riqueza del propietario. Los
automóviles importados del extranjero estaban mucho más allá de los medios financieros de la gente
común. Aquí tenía que ser donde vivía Kiyoka Kudou.
౼Hola…
Su dubitativo llamado fue respondido de inmediato.
౼Un momento… ¿Puede decirme como se llama?
Una anciana de amable aspecto sacó su cabeza por la puerta. A juzgar por su atuendo, debía ser
una sirvienta.
౼Mi nombre es Miyo Saimori. Se me ha ordenado venir a ver al señor Kiyoka Kudou por una
propuesta de matrimonio…
౼Ah, sí, la señorita Saimori. La estábamos esperando.
Basándose en la reputación de Kiyoka, Miyo había imaginado que sus sirvientes serían fríos e
inexpresivos, casi más como muñecos en vez de personas. El comportamiento amigable de esta sonriente
anciana y su tono la descolocaron momentáneamente.

10
౼Por favor, entre. Le llevaré al estudio donde el joven señor está.
Al recibir esta invitación, Miyo cruzó la puerta de la casa. Comparado con el hogar paterno, este
lugar parecía destartalado. Supuso que había sido construido recientemente, viendo cómo de prístina era
la madera exterior. El interior también parecía más cómodo de lo que inicialmente había supuesto.
Mientras caminaban por un pasillo corto con piso de madera, la mujer se presentó como Yurie.
De hecho, era una sirvienta y había estado empleada en esta casa desde que sirvió como niñera de
Kiyoka.
౼Sé que hay muchos rumores sobre el joven señor circulando por ahí, pero realmente es una
buena persona. No necesita estar tan asustada.
Yurie le habló con tono afable, malentendiendo el silencio de Miyo por temor. Pero Miyo no
sentía ganas de hablar por otra razón: había aprendido a no hablar a menos que fuera absolutamente
necesario, así que el silencio se volvió un hábito. Cuando osaba hablar en su propio hogar, la castigaban
por ser descarada, por responder.
౼Gracias, es bueno oírlo.
Realmente no pensaba eso, así que no era diferente para ella si él probaba ser buena persona o
no. Lo que importaba, sin embargo, era que en el momento en que fuera rechazada, quedaría a su suerte
en las calles. Quizás debería haber estado en paz con ese pensamiento. La muerte debería ser dolorosa,
pero no había mayor sufrimiento detrás. Sería libre.
Yurie abrió la puerta del estudio de Kiyoka para ella. Miyo entró, se arrodilló en el suelo y se
inclinó profundamente.
౼Es un placer conocerle. Mi nombre es Miyo Saimori.
౼…
Centrado en algo en su escritorio, Kiyoka Kudou no se giró para mirarla. Miyo había sido
entrenada para permanecer en silencio y sin moverse sin el permiso explícito o la orden para hacer otra
cosa, así que mantuvo la inclinación, esperando su respuesta.
౼¿Cuánto tiempo pretendes quedarte postrada? ౼Finalmente preguntó él en voz baja.
Gracias a dios, ella pensó con algo de alivio. Me escuchó. Simplemente reconocer su existencia
era un acto de amabilidad a sus ojos. Ella alzó la cabeza por un momento antes de inclinarse de nuevo.
౼Por favor, perdóneme.
౼… No estaba pidiendo una disculpa. ౼Dijo con un suspiro.
Ella finalmente se enderezó. Iluminado por la gentil luz primaveral del sol que entraba por la
ventana, Kiyoka parecía tan hermoso que ella tuvo que apartar la mirada..
Es guapo.
Miyo había pensado que sabía lo que esa palabra significaba. Tanto su madrastra como su
hermanastra eran muy atractivas, y la familia Tatsuishi, Kouji incluído, habían sido bendecidos también
con apariencias por encima de la media. Pero Kiyoka estaba en otra liga. Tenía dignidad masculina y
gracia femenina; sus exquisitos rasgos eran finos y delicados. Cualquiera, fuera joven o mayor, hombre o
mujer, estaría de acuerdo en que no solo era atractivo, sino radiante.
౼¿Eres la nueva candidata?
Ella asintió afirmándolo. Él hizo una mueca.
౼Entonces te diré algo. Debes obedecer cualquiera de mis órdenes. Si digo que te vayas, te vas.
Si te digo que mueras, mueres. No quiero oír quejas ni objeciones. ౼Soltó antes de darle la espalda de
nuevo.
Miyo se lo quedó mirando atónita. Vino aquí preparada para la humillación y el abuso verbal.
¿Era esto realmente lo que quería?
౼Entendido.

11
౼¿Hmm?
౼¿Hay algo más…?
౼…
౼En ese caso, si por favor me disculpa…
Él se giró hacia ella con una expresión rara en el rostro. No parecía como si tuviera que decir
nada más, así que ella dejó la habitación.

౼¡No están! ¡No están! ¿Qué pasó?


Al escuchar su voz llorosa salir de los labios de la pequeña versión aterrorizada de sí misma,
Miyo se dio cuenta de que estaba soñando. Era un sueño sobre el peor día de su vida, que había quedado
dolorosamente grabado en su memoria por toda la eternidad. Ella todavía asistía a la escuela en ese
entonces. Un día, había regresado a casa después de clases para encontrar su habitación vacía.
౼¡¿Dónde está todo?!
Sus cosas no estaban, incluyendo los preciosos recuerdos de su madre: kimonos, fajas y
accesorios. Incluso el espejo de maquillaje y el pintalabios de su madre no estaban. Miyo rápidamente
determinó que debía ser obra de su madrastra.
౼¡Dama Miyo, ¿qué sucede?!
Hana, la criada, vino corriendo cuando escuchó los gemidos de Miyo. Había estado cuidando a
la niña desde que nació, así que era como una madre para ella.
౼ ¡Todo se ha ido! ¡Hasta las cosas de mamá!
౼¡Dios mío! ౼exclamó Hana౼. ¿Cómo pudo haber sucedido esto?
Hana había salido de compras y no había notado nada. Ella comenzó a disculparse
profusamente, tragándose las lágrimas. Miyo se mordió el labio.
౼Mi madrastra lo hizo, simplemente lo sé.
Miyo tenía solo dos años cuando perdió a su madre. Su padre no había perdido el tiempo en
volver a casarse, y Kanoko, la madrastra de Miyo, había despreciado a la chica desde el primer día. La
hija de Kanoko, Kaya, era tres años menor que Miyo pero ya mostraba un gran potencial. Había
heredado la extraordinaria belleza de su madre y aprendía rápido. No solo eso, ya había mostrado la
habilidad característica de los Agraciados: Visión Espiritual, que le permitía ver a los Grotescos. Nada de
esto podría decirse de Miyo.
Los padres de Miyo se habían casado únicamente para transmitir sus poderes sobrenaturales a
sus herederos y, sin embargo, había sido Kaya, no Miyo, quien había nacido con el Don. Y la madre de
Kaya provenía de una familia regular sin poderes especiales. En retrospectiva, el padre de Miyo no había
ganado nada al romper con Kanoko, su novia, para casarse con la madre de Miyo. Este descubrimiento
solo avivó aún más el odio de Kanoko hacia su hijastra.
Miyo solo era una niña entonces, pero lo había entendido muy bien. Su madrastra se había
asegurado de que lo haría, remarcándole constantemente que ‘Si no hubieras nacido, entonces todo
estaría mejor’ o que ‘Tu madre era una ladrona’. Pero entender a alguien no significaba estar de acuerdo
con ellos.
౼Voy a hablar con mi madrastra.
Perder todas sus preciadas posesiones no era algo que pudiera ignorar. Necesitaba recuperar los
recuerdos de su madre para mantenerse cuerda en un hogar hostil.
౼¿Va por su cuenta? Dama Miyo, le ruego que lo reconsidere.

12
౼No te preocupes, Hana. Si no me hace caso, se lo diré a mi padre.
En ese entonces, todavía creía que su padre se pondría de su lado. Él se había vuelto cada vez
más distante con ella, pero estaba segura de que si le suplicaba y le recordaba lo mal que la habían
tratado, al menos reprendería a su segunda esposa. Miyo no podría haber estado más equivocada.
౼¡N-no! ¡Déjame salir! ¡Por favor, déjame salir!
Cuando se dirigió a las habitaciones de su madrastra para preguntar si sabía algo sobre la extraña
desaparición de sus pertenencias, Kanoko se enfureció y castigó a la niña por llamarla ‘ladrona’
encerrándola en un almacén en la parte trasera del edificio. mansión.
౼No irás a ninguna parte hasta que pienses sobre tu comportamiento escandaloso. Debería haber
esperado esto de la hija de esa rompehogares. ¡Pensar que me llamarías ladrona! Estás podrida hasta la
médula. Gracias a Dios, mi propia hija no se parece en nada a ti.
౼¡Madrastra, por favor! ¡Por favor, déjame salir!
Atrancada desde el exterior, la puerta se negaba a moverse sin importar cuán fuerte ella
empujara o golpeara sus puños. Miyo se presionó contra ella y gritó tan fuerte como pudo, asustada. Su
madrastra simplemente se rió de ella por ser patética y se fue. Incluso años después de este episodio,
Miyo todavía temblaría al pensar en ello.
Solo había una pequeña ventana en lo alto de la pared opuesta, que dejaba entrar tan poca luz
que estaba semioscuro dentro del almacén a pesar de que el sol estaba en su cenit. La fría humedad y el
vacío total de este espacio en desuso lo hacían aún más desconcertante. Encarcelada allí por un período
de tiempo desconocido, la pequeña Miyo había estado absolutamente aterrorizada.
౼P-por favor… Dejadme salir… Que alguien me ayude…
Gritaba disculpas y súplicas de ayuda o perdón, pero nadie acudía. Cuando la liberaron, era
medianoche; había estado encerrada desde poco después del mediodía. Su padre, en quien había
confiado para que acudiera en su ayuda si lo necesitaba, no se había presentado. Pero los trágicos
acontecimientos de ese día no habían terminado ahí. Mientras estuvo atrapada en el almacén, la familia
había despedido a Hana e inmediatamente la habían expulsado de la mansión por alguna razón
inventada. Y finalmente, habían despojado a Miyo de su estatus dentro de la casa y en adelante la
tratarían peor que a una sirvienta.

Miyo se despertó temprano como de costumbre. Limpiándose las lágrimas del rostro, se levantó. El día
anterior, Kiyoka le había dicho: ‘Debes obedecer cualquiera de mis órdenes. Si digo que te vayas, te vas.
Si te digo que mueras, mueres’. Ya que ella había estado sometida a las mismas reglas mientras crecía,
no le había parecido algo inusual, así que aceptó sin más.
Cuando dejó el estudio sin lucir perturbada, Yurie había estado visiblemente aliviada. Entonces
mostró a Miyo su nueva habitación. Estaba sin equipar, solo con lo esencial: un futón, un escritorio, una
cómoda y un reloj. Por toda su austeridad, era más espaciosa que la habitación de sirviente que Miyo
había usado antes. Incluso la acogedora cama era de mucha mayor calidad.
Miyo apenas tenía equipaje para desempacar. Guardó su ropa en los cajones, se excusó de la
cena y se fue directamente a dormir. Eso había sido todo por ese día.
Después de despertarse sintiéndose fresca y bien descansada, quizás gracias al cómodo futón, se
paró en su habitación con la cabeza inclinada hacia un lado con incertidumbre.
¿Qué debería hacer ahora…? Se había levantado antes del amanecer como siempre, pero eso no
sería necesario una vez que se casara con Kiyoka, el líder de la familia Kudou. La madrastra de Miyo
nunca se levantaba tan temprano. Miyo no iba a vivir como una plebeya sino como la esposa de un noble
eminente, y las esposas de los nobles eminentes no cocinaban ni limpiaban.
Pero... no tengo ninguna otra habilidad.
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Solía tomar clases de arreglos florales, ceremonia del té, danza tradicional y koto hasta que su
madrastra acabó con ellas, pero eso había sido hace mucho tiempo. Lo poco que podía recordar ahora sin
duda sería de utilidad nominal. Las posibilidades de que una joven prácticamente sin educación se
convirtiera en la esposa de Kiyoka Kudou parecían escasas o nulas.
Aun así, no podía quedarse en su habitación sin hacer nada. Al final decidió ayudar a preparar el
desayuno. Si bien estaría fuera de lugar que la novia de Kiyoka cocinara, se recordó a sí misma que su
presencia aquí era incongruente en primer lugar. Por mucho que lo haya intentado, Miyo no podría haber
emulado a la típica mujer casada adinerada, simplemente sentada allí luciendo bonita con ropa bonita,
agraciando a las personas con sonrisas encantadoras. Si iba a ser rechazada a pesar de todo, también
podría ser útil a su manera hasta entonces.
Además, quería ayudar a Yurie, que no era una sirvienta interna. Incluso en su vejez, iba a la
casa todos los días a tiempo para preparar el desayuno antes de que su amo despertara. Eso debe haber
sido duro para ella. Si Miyo pudiera aliviarla de esa carga, la vida de Yurie sería un poco más fácil.
Esperaba que esa fuera una excusa aceptable si sus acciones indecorosas provocaban un ultraje.
La despensa está bien dispuesta con todo lo que podría necesitar. Cocinaré arroz, luego sopa de
miso… También hay pescado seco; puedo asarlo. Luego necesito pensar en qué vegetales usar para los
platos secundarios…
Hizo una lista en su cabeza mientras comprobaba los armarios para ver donde estaban los
utensilios. Increíblemente, esta cabaña en el bosque tenía su propio suministro de agua. Miyo encendió
el fuego en el horno y empezó a cocinar.
Incluso aunque su familia tenía cocinero, Miyo era bastante hábil en la cocina. Si no hubiera
aprendido a hacerse sus propias comidas, ni habría comido siquiera. Estrictamente hablando, no era ni
una sirvienta ni un miembro de derecho de la familia, lo que significaba que no tenía derecho a las
lujosas comidas que su padre, madrastra y hermanastra disfrutaban, ni siquiera a las raciones de la
caridad. Solo había sido capaz de usar las sobras de la cocina para prepararse algo para sí misma. Si no
hubiera quedado nada después de que el cocinero terminase de preparar las comidas para todos ese día,
se habría quedado sin comer.
Los preparativos para el desayuno de Miyo estaban en curso cuando la puerta de la cocina se
abrió lentamente y Yurie se asomó.
౼… ¿Señorita?
౼Buenos días, Yurie. Oh… Perdón por usar la cocina sin preguntarte primero.
౼Buenos días, Señorita Saimori. No debe disculparse. Es la prometida del joven señor, así que
puede hacer lo que guste.
Yurie sonrió animadamente, dilapidando las preocupaciones de Miyo agitando la mano. Más que
culparla, ella lamentaba haber forzado a Miyo a molestarse con el trabajo en la cocina.
Quizás no debería haber hecho esto…
Parecía que Miyo solo había hecho que la anciana se avergonzara en su afán por ayudar.
Sintiéndose triste, Miyo bajó la cabeza, pero volvió a mirar hacia arriba con sorpresa cuando Yurie
colocó suavemente una cálida mano en su espalda.
౼Como puede ver, señorita, soy una arrugada anciana. Le estoy muy agradecida por la ayuda.
౼N-No es nada…
La sonrisa amable de la pequeña anciana la conmovió tanto, que su respuesta se le quedó atorada
en la garganta.
౼Bueno, el joven señor no se levantará hasta dentro de un rato. Debo atender mis propias
obligaciones. ¿Le importa terminar con las suyas aquí?
౼En absoluto, si te parece bien.
Yurie asintió, satisfecha con la respuesta de Miyo. Ella rápidamente se puso el mandilón y salió
de la cocina. Miyo Todavía estaba un poco cabizbaja, pero se concentró en la cocina que le habían

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encomendado. Yurie siguió controlándola mientras trabajaba y le avisó cuando Kiyoka estaba a punto de
levantarse. Miyo pasó los platos que había preparado a tazones y platos. Había arroz blanco humeante,
sopa de miso con algas wakame y tofu frito, vegetales hervidos (que ella había preparado con mucha
anticipación para que absorbieran completamente los sabores del condimento) y caballa seca recién
asada, que olía delicioso. Lo último fue espinacas blanqueadas con caldo dashi, así como encurtidos. No
fue tan bueno como el trabajo de un cocinero profesional, pero de todos modos estaba muy orgullosa de
cómo resultó.
Acompañada por Yurie, recogió la bandeja del desayuno y se dirigió a la sala de estar. Allí
encontraron a Kiyoka, sentado con las piernas cruzadas mientras leía un periódico. Era la primera vez
que veía a Kiyoka con su uniforme militar. Tenía una figura elegante con la parte superior de su camisa
desabrochada tranquilamente.
Yurie le había dicho que en esta casa era costumbre servir la comida en bandejas con patas, por
lo que habían guardado la mesa del comedor. Miyo notó sillas de madera en un rincón de la habitación.
౼Buenos días, joven señor. El desayuno está listo.
౼Buenos días. Yurie, no me llames así delante de la gente.
Kiyoka estaba deslumbrante incluso mientras hacía pucheros. Tanto es así que Miyo se sintió
abrumada y tuvo que desviar la mirada.
౼Joven señor, fue la señorita Saimori quien preparó su desayuno esta mañana.
En ese momento, pareció darse cuenta finalmente de que Miyo también estaba en la habitación.
Dobló su periódico y la miró con los ojos entrecerrados. Estaba tan acostumbrada a que la ignoraran que
le hubiera gustado pasar desapercibida. En todo caso, el repentino escrutinio la hizo sentir incómoda.
౼... ¿Ella, ahora?
౼ Ella lo hizo. Y se ve tan experta que simplemente la dejé.
Miyo se preparó para su furia. Que gritara que su futura esposa no debe ensuciarse las manos
con semejante trabajo. Pero como estaba a punto de descubrir, Kiyoka tenía preocupaciones muy
diferentes a las que podría haber imaginado.
౼Siéntate ahí ౼ordenó, su mirada tan acerada como su tono de voz.
Se sentó frente a la bandeja del desayuno que acababa de colocar delante de él.
Kiyoka no cogió sus palillos.
౼Pruébalo primero.
౼¿P-perdón…?
Ella no podía empezar a comer antes que el dueño de la casa. Su familia le había inculcado que
los más importantes comen primero, así que ahora dudaba de cumplir con su petición. Ante la insistencia
de Yurie, había traído su propia bandeja también, pero no le había pasado por la mente que él le pediría
desayunar juntos. No había pensado que se le permitiría eso.
Cuando Kiyoka vio que Miyo no se movía para comer, su expresión se tornó más sombría.
౼¿No comerás?
El profundo gruñido de su voz la hizo temblar, lo cual él malinterpretó apresuradamente.
౼Yo, um…
౼Hmph. Lo envenenaste, ¿no? Era demasiado obvio.
౼¿Qué…?
౼¡¿Veneno?!
Kiyoka ignoró el grito de Yurie. Él se puso en pie.
౼No comeré nada que haya podido ser manipulado. Llévatelo. Esfuérzate la próxima vez.

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Con eso, dejó la habitación. Atorada, Yurie lo siguió, dejando sola a Miyo. Se puso mortalmente
pálida cuando finalmente entendió que Kiyoka sospechaba que ella atentaría contra su vida. No comería
la comida que le preparara alguien que no fuera de su confianza… Entonces, recordó que su padre
siempre estaba también en guardia. Tener poder significaba vivir con la constante amenaza del asesinato.
Kiyoka debe haber sido un objetivo numerosas veces; los hombres de alto estatus temían el veneno sobre
cualquier otro método de asesinato.
¿Cómo pude ser tan ciega?
Acababa de llegar y ya le había pedido a Yurie que le dejara cocinar. Cualquiera encontraría
sospechoso que una joven de una noble familia se ofreciera voluntaria para ello y lo hiciera bien. Quizás
eso no se le había ocurrido a Miyo porque estaba desesperadamente tratando de ser útil para evitar ser
echada a la calle. Había fallado y cometido un grave error justo desde el principio. Si tan solo se hubiera
quedado quieta. Estaba agradecida de que él no la hubiera apuñalado en el acto.
Cogió los palillos con su mano temblorosa y le dio un mordisco al arroz, que para entonces ya se
había secado un poco. Aunque no era nada nuevo para ella comer una comida fría sola, de alguna
manera la comida se sentía tan pesada como si estuviera comiendo piedras.

La Unidad Especial anti-Grotescos era un escuadrón de élite dentro del Ejército Imperial. Había sido
creado para tratar con incidentes sobrenaturales. Todos los miembros de la unidad poseían Visión
Espiritual y a menudo otros poderes paranormales también. Cualquier clase de habilidad sobrenatural era
excepcionalmente rara, sin embargo, y aquellos con el Don eran casi exclusivamente de noble cuna.
Dado que pocos aristócratas estaban dispuestos a arriesgar su vida en el servicio militar, los que se
unieron a la Unidad Especial anti-Grotescos tendían a ser excéntricos. Y gracias a su estrecha área de
enfoque, estaba crónicamente corto de personal y era relativamente desconocido.
El comandante de esta unidad, Kiyoka Kudou, estaba absolutamente inundado de papeleo. Si
bien uno tenía que demostrar una habilidad sin igual para ascender a una posición de liderazgo dentro de
la unidad, el trabajo en sí se basaba principalmente en la oficina, por lo que rara vez participaba en
misiones. Aunque personalmente se ocupaba de tareas o situaciones particularmente difíciles que
justificaban su participación directa y, a veces, recibía órdenes de arriba solicitando su presencia, su
prioridad actual era superar el papeleo acumulado.
Hoy, sin embargo, se encontró extrañamente desenfocado. Sabía la razón: no dejaba de pensar en
lo que había ocurrido esa mañana. Sin embargo, no podía hacer nada para sacárselo de la cabeza.
౼No comeré nada que haya podido ser manipulado.
Había dejado que la chica nueva reflexionara sobre sus palabras y regresó a su habitación para
prepararse para el día. Yurie lo había seguido, llena de reproches.
౼Esa no era manera de hablarle a una dama. La señorita Saimori hizo todo lo posible para
prepararle ese desayuno. Si puedo juzgar el carácter, ¡ella no es del tipo de las que envenenan!
A Kiyoka todavía le resultaba difícil discutir con Yurie, quien lo había criado en lugar de su
madre, pero esta vez estaba decidido a mantenerse firme. No comería una comida hecha por alguien que
acababa de conocer y que aún no se había ganado su confianza. Había sido una precaución necesaria.
Especialmente a la luz de que ella es una Saimori. Dado lo cerca que estaban en rango de su familia,
fácilmente podrían estar planeando asesinarlo para apoderarse de su posición social. Tenía sentido que
fuera cauteloso. Pero si sus acciones habían sido lógicas, ¿por qué se sentía incómodo con lo que había
hecho incluso antes de que Yurie lo reprendiera?
౼Joven señor, ¿puedo decirle algo?
౼Adelante.
Yurie insistió en que Miyo Saimori era de alguna manera diferente de todas las candidatas
anteriores. Kiyoka había recibido muchas propuestas de matrimonio, más de un par de docenas. Pero
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ninguna de las mujeres había demostrado ser adecuada para él. Algunas se habían alejado indignadas al
ver por primera vez su modesta casa. Algunas expresaron con enojo su descontento, afirmando que era
ridículo que un hombre de su estatus viviera en una cabaña lamentable. Otras incluso habían sido dulces
con Kiyoka pero habían empujado a Yurie a sus espaldas, y aún más habían estado llenas de quejas, a
quienes no les gustó la comida, que exigían una habitación personal diferente, y así sucesivamente.
Kiyoka era lo suficientemente consciente de sí mismo como para saber que su elección de
domicilio era inusual, por decir lo menos, pero estaba harto de las mujeres que ni siquiera se molestaban
en tratar de entender al hombre con el que podrían terminar casándose, sino que lo criticaban
abiertamente. Era un hombre orgulloso y consciente de su importancia, no lo negaría. Pero él no era ni
engreído ni mandón, pensó, por lo que tampoco soportaría esos rasgos en otras personas. Ese siempre
había sido el factor decisivo.
౼Me gusta ౼dijo Yurie. ౼Ella es considerada y servicial, a diferencia de cualquiera de las
chicas anteriores.
౼… Hmph.
Había echado un vistazo a Miyo cuando salió de la sala de estar. Su expresión había sido
impasible, pero también le había dado la impresión de que estaba a punto de llorar. Ahora que Yurie lo
mencionó, Miyo parecía diferente de sus otras pretendientes.
Mientras se dirigía al trabajo, encontró a Miyo esperándolo junto a la puerta principal,
inexpresiva como antes.
౼Que tenga un buen día.
Ella inclinó la cabeza mecánicamente, sin lágrimas en su actitud esta vez.
౼Te veré luego.
Con la cabeza tan cerca del suelo, le recordó a una sirvienta. ¿Cómo había sido la educación de
esta chica? Alguien de su estatus normalmente no se habría comportado tan humildemente.
Es demasiado pronto para tomar una decisión sobre ella, concluyó mientras revisaba su
documentación. No planeaba mantenerla cerca por mucho tiempo, pero aunque ella era extraña, hasta
ahora no le desagradaba. También estaba el hecho de que esta oferta de matrimonio parecía casi
demasiado buena para dejarla pasar.
¿Qué es esto? ¿No puedo quitarme a una chica de la cabeza mientras estoy trabajando? Estoy
perdiendo mi toque. Suspiró y se obligó a concentrarse en los documentos que tenía delante.

Kiyoka regresó a casa mucho después de ponerse el sol. Miyo salió para saludarle, de nuevo arrodillada
en la puerta.
౼Bienvenido.
౼… Gracias.
౼Um, si es posible… ౼ella empezó tímidamente cuando él estaba descalzándose, su cara
ilegible como siempre, la mirada directamente hacia el suelo.
౼¿Qué es?
౼… Me disculpo por mi osadía de esta mañana. Es normal para un hombre de su calibre
rechazar la comida de alguien en la que no confía. Debería haberme dado cuenta.
౼…
౼Yurie ha preparado toda su cena de hoy, y yo solamente estaré sirviéndola. Juro por mi honor
que no he envenenado nada. Por favor, señor…
Estaba rogando por su perdón, encogida en el suelo. Él lo habría entendido si estaba enfadada
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con él, pero su disculpa lo incomodó sobremanera. Especialmente por cómo lamentablemente lucía. Su
conducta le hizo sentirse culpable, como si hubiera forzado a la chica a disculparse. Como si él estuviera
abusando de esta frágil chica que se inclinaba ante él, temblando ligeramente.
౼Realmente no pensé que habías envenenado mi comida. ౼Solo estaba siendo cuidadoso,
advirtiéndole de sus preocupaciones౼. No elegí bien mis palabras, así que soné demasiado duro.
౼¡E-en absoluto! Fue mi error.
Ella se encogió de miedo, luciendo aún más lamentable. Kiyoka no estaba tratando de
intimidarla, pero estaba claramente aterrorizada.
Él la examinó, fortaleciendo aún más su impresión anterior de que ella no encajaba con la
imagen de una chica de alta cuna. Su kimono no solo estaba muy usado; estaba completamente en mal
estado. La delgadez de su cuello y muñecas solo podía explicarse por la desnutrición, y el cabello largo y
negro que llevaba simplemente recogido hacia atrás parecía dañado y sin vida. Además de eso, la piel de
sus manos estaba áspera y agrietada, como si hubiera estado limpiando o lavando ropa a diario. En estos
días, incluso las chicas más comunes de la ciudad estaban más juntas que ella.
౼¿Ya comiste?
Ni siquiera podía ver su cabeza, que apenas había levantado para responder.
౼Ah… yo, bueno…
Kiyoka no entendía por qué se había quedado en silencio. Entró en la sala de estar y vio que solo
se había puesto una bandeja de comida. Si ya hubiera comido, podría haberlo dicho. Parecía que mentir
no era su fuerte.
౼¿Entonces no has comido? ¿Por qué no hay bandeja para ti?
Ver sus ojos moviéndose nerviosamente de un lado a otro lo puso nervioso. Asumió que era una
costumbre universal que las familias y las parejas comieran juntos, pero tal vez estaba equivocado. O
bien, esta chica simplemente no entendía su posición. Él suspiró.

La ansiedad se estaba comiendo viva a Miyo ese día. Había cocinado tontamente para un hombre que
desconfiaba del envenenamiento. Había resultado no solo en que la comida se desperdiciara, sino
también en que Kiyoka se quedara sin desayuno. Si realmente fuera tan despiadado como decían los
rumores, se habría deshecho de ella de inmediato. De todos modos, era solo cuestión de tiempo antes de
que él la echara, como todas sus prometidas anteriores y posibles novias. Yurie le había dicho que no le
hiciera caso, como si eso fuera posible. Miyo no tenía un hogar al que volver. Tal vez debería empezar a
buscar un lugar donde pudiera trabajar como empleada doméstica interna. Se preguntó si estaba maldita,
condenada a molestar a la gente dondequiera que fuera.
Cuando hizo suspirar a Kiyoka de exasperación solo unos pocos minutos después de regresar del
trabajo, el temor le apuñaló el pecho como un cuchillo. Se mordió el labio.
౼¿Yurie no preparó comida para ti? ౼preguntó.
No, no, pensó. No debería dudar de Yurie. Miyo falló en notar la falta de hostilidad en sus ojos o
su tono sin amenaza. Ella entró en pánico.
౼N-No es su culpa…
Miyo le había dicho a Yurie que no le preparara la cena porque terminaría lo que quedaba del
desayuno. Había comido un poco en el almuerzo, pero le había entregado el resto al recolector de
desperdicios de comida de un pueblo cercano. No había sido porque no hubiera querido comerlo,
realmente lo había hecho, pero después de años de comer solo una comida al día, su estómago se había
encogido y su paso en falso anterior había arruinado su apetito. Sin embargo, esto no era algo que
quisiera confesarle a Kiyoka, ya que temía cómo lo tomaría. Además, si ella le decía la verdad, él le
preguntaría por qué no estaba comiendo adecuadamente en su casa y averiguaría cómo la había tratado
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allí su familia, algo que ella prefería mantener en secreto.
౼Yo… yo no tenía apetito. Le dije a Yurie que no cocinara para mí.
౼¿Es así? ¿Te sientes mal?
౼No, yo... simplemente no tengo ganas de comer a veces.
Sintiendo que Kiyoka estaba perdiendo la paciencia, dio una respuesta evasiva. En verdad, su
apetito no era un problema; en casa, simplemente no siempre comía.
౼Si tú lo dices.
Sonaba cansado. Miyo sintió algo de alivio, tomando su preocupación por su salud como una
señal de que no estaba pensando en decirle que hiciera las maletas y se fuera todavía. Volvió a suspirar,
le dijo que se iba a cambiar y se fue a su estudio, que le servía de dormitorio.
No es un hombre desagradable.
Pensó en lo que Yurie le había dicho cuando llegó.
౼Sé que hay muchos rumores desagradables sobre el joven señor, pero en realidad es una
persona bondadosa. No tiene por qué tener tanto miedo, de verdad.
Sin embargo, ella todavía le tenía miedo. Rara vez sonreía, y esa mañana sus ojos y su voz
habían sido tan fríos que el simple hecho de recordarlos era casi suficiente para hacerla temblar como
una hoja. De alguna manera, su extraordinaria belleza solo lo hizo más aterrador.
Y, sin embargo, su disculpa la había pillado por sorpresa. Incluso le preguntó si no se encontraba
bien. De manera lenta pero segura, Miyo estaba descubriendo que Kiyoka no era tan despiadado como
inicialmente lo había creído.

౼Se está enfriando ౼Kiyoka gruñó tras darle un mordisco a su cena.


Yurie había preparado la comida y emplatado elegantemente sin recalentarla, así que su comida
estaba ahora templada. Terminara su jornada, y ya había ido a casa. Kiyoka le permitía marcharse pronto,
ya que tenía que desplazarse.
౼Lo siento mucho…
౼No es tu culpa. ¿Por qué te disculpas por todo?
Miyo estaba sentada tímidamente contra la pared, lista para responder en caso de que necesitara
algo. Él la miró fijamente y ella bajó la cabeza. Su constante disculpa era otro hábito que había traído de
casa. Cada vez que de alguna manera lograba molestar a su madrastra o hermanastra, la colmaban de
insultos, y su único recurso era una disculpa abyecta. Su tormento se intensificó si ella no se disculpaba
de inmediato, por lo que se había convertido en un reflejo. Pero no podía revelarle esto a Kiyoka, así que
se sentó en silencio, mirando al suelo.
౼¿No lo dirás?
౼Lo sie-
౼No te disculpes ౼dijo, cortándola en seco.
Si bien su voz era tranquila, tenía una autoridad que exigía obediencia inmediata.
౼No te disculpes. Hazlo con demasiada frecuencia y perderá su significado.
Probablemente tenía razón, pero no estaba segura de poder reprimir esa respuesta arraigada.
౼Gracias por la comida.
Kiyoka dejó sus palillos, habiendo terminado su comida antes de darse cuenta. Su hermosa
apariencia contrastaba con su comportamiento frío e intimidante. Miyo todavía encontraba creíbles las
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historias de él siendo despiadado y capaz de matar a sangre fría, pero sus gestos eran completamente
refinados, sin rastro de brusquedad. Su gracia sería propia de una doncella protegida de una casa noble.
¿Podría este militar realmente tener un espíritu gentil, como había dicho Yurie?
౼Yo, um... Iré y te calentaré el agua del baño…
Él negó con la cabeza antes de que ella pudiera terminar con ‘inmediatamente’.
౼Puedo encargarme de eso.
౼Pero...
౼Siempre he hecho esto yo mismo. El baño aquí no es como en la mayoría de los hogares. Es
difícil para alguien que no sea yo operarlo.
౼¿Cómo es eso?
౼Utiliza poderes sobrenaturales para calentar el agua. Yurie tampoco puede usarlo.
Miyo había oído que la piromancia era uno de los poderes que otorgaba su Don, pero no se le
había ocurrido que podría aplicarse para calentar el agua del baño. Realmente no tengo ni idea de esas
cosas. A pesar de que sus padres tenían el Don en su linaje, ella había nacido sin ni siquiera Visión
Espiritual. Una razón más por la que no estaba en condiciones de casarse con Kiyoka, una aristócrata con
extraordinarias habilidades sobrenaturales.
౼¿Pasa algo?
౼N-no, nada en absoluto.
Ella supuso que él no sabía de su falta de poderes especiales. Si bien no parecía particularmente
interesado en lo que traerían las novias potenciales que llamaban a su puerta, debe haber esperado que al
menos tuviera Visión Espiritual debido a su linaje.
No debería ser yo quien se case con él.
Ella no era adecuada para él. Kiyoka Kudou podría hacer algo mejor que tomarla por esposa.
Una mujer como Kaya, perfecta en todos los sentidos, le sentaría mucho mejor.

Más tarde, mientras Miyo estaba diligentemente limpiando los platos tras la cena en la cocina, Kiyoka la
observó. Iba vestido con un pijama ligero y fresco tras su baño. Miyo ladeó su cabeza cuestionándole, y
él explicó que quería que le preparase el desayuno de nuevo.
౼Lo siento por no comer lo que me preparaste esta mañana. Puedes hacerme el desayuno
mañana.
Kiyoka parecía relajado después de su baño, su aura amenazante era menos intensa. Aunque su
ceño estaba ligeramente fruncido, como si lo que le estaba diciendo a Miyo no fuera fácil, su apariencia
general era de alguna manera más juvenil, diferente a la anterior.
Por lo general, Miyo se apresuraba a aceptar cualquier cosa que se requiriera de ella, pero la
razón por la que lo había molestado esa mañana todavía estaba fresca en su mente.
౼Está... ¿Está seguro de que quieres que haga eso?
౼Sí. Pero si lo envenenas, no tendré piedad.
౼¡Nunca me atrevería a hacer tal cosa!
Ella sacudió la cabeza con horror. Por supuesto, ni siquiera tenía el conocimiento para envenenar
a nadie, ni nadie la elegiría para intentar matar a Kiyoka. Si su padre lo hubiera querido muerto, habría
enviado a un asesino entrenado. Todo lo que su padre, madrastra y hermanastra esperaban de ella era
rechazo y ostracismo.
౼Entonces no tendremos ningún problema.
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Se dio la vuelta para alejarse con una mirada neutral, o tal vez satisfecha, en su rostro.
౼S-sí, señor… ౼murmuró ella, confundida.

Bañada por el sol, la vivienda de Kiyoka tenía un ambiente cálido. Los pájaros cantaban afuera. Pero
para Miyo, esta hermosa casa no era un santuario.
౼Espléndido. Kaya, posees Visión Espiritual. Kanoko, has hecho bien en darme una hija
Agraciada ౼dijo el padre de Miyo.
Ella recordaba muy bien ese día. Había sucedido antes de los eventos con los que había soñado
la noche anterior. Se dio cuenta de que estaba soñando una vez más, esta vez sobre el día en que se
descubrió que Kaya poseía el Don.
౼No deberías haber esperado menos de mi hija.
La madrastra de Miyo brillaba con orgullo. Su padre asintió con satisfacción. Kaya rió
alegremente. Hacían la imagen perfecta de una familia feliz, pero no había lugar para Miyo entre ellos.
Ella no era considerada su familia. Su exclusión comenzó mucho antes de que comenzaran a tratarla
como sirvienta. No importaba cuánto intentara complacerlos, no se le permitía entrar en su círculo de
calidez.
౼¿Escuchaste? Descubrieron que Kaya tiene Visión Espiritual.
౼¡Y solo tiene tres años! Eso es asombroso.
౼Sin embargo, todavía no es así con Miyo.
౼Aparentemente no hay muchas posibilidades de que resulte ser Agraciada.
౼Cualquiera pensaría que lo sería, considerando que sus padres lo eran.
౼La pobre simplemente no lo tiene.
El chisme hizo eco en su cabeza. Su valor estaba disminuyendo gradualmente, perdiendo un
lugar al que podía pertenecer. Podía sentir el cambio en el aire cuando todos en la casa comenzaron a
adorar a Kaya y le dedicaron cada vez menos atención a Miyo. En retrospectiva, eso también había sido
cuando la actitud de Kaya hacia su hermanastra había cambiado hacia el desprecio.
Miyo odiaba este recuerdo. Cuando comenzaron a usarla como sirvienta, había sido duro para
ella físicamente, pero antes de eso, ya había estado sufriendo angustia mental. Era solo una niña
pequeña, pero su frágil psique ya estaba siendo hecha pedazos.
౼No me quieren.
Recordaba vívidamente el día en que se susurró eso a sí misma. Ni siquiera tenía diez años
cuando entendió que la familia Saimori no la quería, una niña sin habilidades sobrenaturales de las que
hablar, ni siquiera Visión Espiritual, y sin otras cualidades notables. Su doncella, Hana, se había echado a
llorar y había dicho lo horrible que era para una niña de su edad que se le negara el amor de los padres.
¿Cómo estaba Hana ahora? No había visto a la criada desde su repentino despido mientras Miyo
había estado encerrada en el almacén. Hana todavía era joven entonces. Miyo esperaba que se hubiera
casado con un buen hombre y viviera feliz en algún lugar.
Una vez más, Miyo se despertó con lágrimas corriendo por su rostro. Ya eran dos pesadillas
seguidas: la suerte realmente no estaba de su lado. Quizás eran una advertencia, un recordatorio de que
nunca olvidaría lo inútil que era.
Me acuerdo.
Era dolorosamente consciente de que era tan ordinaria en todos los aspectos que nadie la
necesitaba.

21
Solía desear haber nacido en otra familia. No le habría importado si fueran plebeyos o si
hubieran estado luchando un poco, siempre y cuando la hubieran amado. Hana nunca debería verme así.
Su antigua doncella estaría tan triste de ver qué había sido de su preciosa carga.
Levantándose en silencio de la cama, Miyo dobló su futón antes de cambiarse el yukata con el
que había dormido y ponerse su ropa de día. Fue entonces cuando notó que uno de sus kimonos estaba
roto. El kimono de algodón índigo liso había visto más que su parte justa de uso. Ya no sirve, pensó. Era
la costura de la espalda la que se había desprendido; debe haberse dañado con el tiempo y eventualmente
rompió el hilo. Dado que los bordes de la costura se habían desgastado después de innumerables
reparaciones anteriores, probablemente no podría volver a arreglarlo. Mientras lo examinaba, también
pudo ver que algunas de las otras costuras también estaban a punto de ceder. Una de las sirvientas le
había dado el kimono a Miyo después de que se le había quedado pequeño. Ya era bastante viejo cuando
Miyo lo recibió, por lo que era solo cuestión de tiempo.
Aún así, era un gran problema, ya que tenía muy pocas prendas de vestir para empezar. Pronto
podría encontrarse sin nada que ponerse. El kimono nuevo que su padre le había regalado cuando la
despidió era para ocasiones especiales, así que tenía que tener cuidado de no ensuciarlo. Además, era un
poco demasiado llamativo para usarlo como ropa de todos los días.
Miyo decidió que, después de todo, intentaría reparar la prenda rota, siempre que Yurie le
prestara un kit de costura. Terminó de vestirse y fue a buscar a la anciana, probando primero en la
cocina. Fue alrededor de cuando había comenzado a cocinar sola el día anterior, pero esta vez Yurie ya
estaba allí.
౼Oh, buenos días, señorita Saimori.
౼Buenos días, Yurie.
¿Por qué vino tan temprano hoy? La pregunta debe haber aparecido en los ojos de Miyo, porque
Yurie sonrió y se apresuró a dar una explicación.
౼Estaba un poco preocupada después de lo de ayer, así que pensé que sería mejor llegar
temprano. ¿Qué debemos hacer con el desayuno?
౼Ah, sí… Sobre eso…
Yurie había llegado temprano en caso de que Miyo quisiera preparar el desayuno nuevamente
para poder supervisar su cocina y garantizar la seguridad de la comida para calmar las preocupaciones de
Kiyoka. Pero ya no había necesidad de eso. Miyo le transmitió lo que Kiyoka le había dicho anoche.
౼Qué típico del joven señor, demasiado orgulloso para ser honesto y decir que realmente quiere
probar su cocina.
౼No creo que ese sea el caso...
౼Jeje. Señorita, ¿me permitiría echarle una mano?
౼S-sí, por supuesto.
El menú de esa mañana consistía en tofu frito en rodajas gruesas, tortilla enrollada, raíz de
bardana salteada con zanahoria y verduras de hoja verde escaldadas en salsa de sésamo, complementadas
con el habitual arroz blanco y sopa de miso. Si bien estos platos aparecían con frecuencia en la mesa de
la Casa Saimori, la forma en que Yurie los cocinaba era ligeramente diferente de cómo los habían
preparado los cocineros de los Saimori. No se obsesionó con cortar las verduras en juliana en formas
exactamente uniformes o freír el tofu y la tortilla hasta que estuvieran perfectamente dorados. Calculó la
cantidad correcta de sal y especias a simple vista en lugar de medir todo con precisión, y no se preocupó
por la elección o colocación de la vajilla o la presentación artística de la comida. Probablemente así era
como se suponía que era la cocina casera. Para bien o para mal, los chefs profesionales preparaban la
comida con un estándar completamente diferente, uno que los aficionados difícilmente podrían imitar.
Como nadie le había enseñado a cocinar a Miyo, estaba aprendiendo mucho al observar a Yurie.
La anciana primero cortó las zanahorias y la raíz de bardana en tiras finas, luego las puso a un lado y
blanqueó las hojas verdes en agua hirviendo. Condimentó los huevos para la tortilla con caldo de sopa,
salsa de soja y azúcar. El tofu firme que ella frió hasta que se doró por los lados era casero.

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౼Es madrugadora, ¿verdad, señorita?
౼Sí, siempre he sido así.
La anciana asintió, impresionada.
౼Yurie, hay algo que quería preguntarte…
౼¿Sí?
౼¿Hay aquí un kit de costura que pueda usar?
౼Lo hay. Puedo llevarlo a su habitación más tarde.
౼Gracias.
Miyo dejó escapar un suspiro de alivio. Incluso las hijas de los aristócratas solían coser, por lo
que su petición no había levantado sospechas. Sin embargo, la mayoría de las chicas de sangre azul no
necesitarían pedir prestados suministros de costura a un sirviente.
Charlaron mientras preparaban la comida. Para cuando la cocina se llenó con el aroma del tofu
recién frito entrelazado con el delicioso olor dulce y picante de la bardana y la zanahoria salteadas, ya
habían terminado.
Al igual que el día anterior, cargaron las bandejas del desayuno con comida y las llevaron a la
sala de estar apenas Kiyoka apareció.
౼Buenos días.
౼Buenos días.
Verlo vestido con su uniforme hizo que Miyo se tensara de nuevo. Su belleza la hizo sentir aún
más insegura. ¿Ella, de todas las personas, se convertiría en la esposa de este apuesto hombre? Fue tan
absurdo.
La sala de estar no era muy espaciosa, por lo que ella y Kiyoka se sentaron uno frente al otro.
Miyo quería alejar su bandeja de él, pero él la detuvo con una mirada severa.
౼¿Comemos?
౼S-sí.
Sin embargo, ella no hizo ningún movimiento para coger sus palillos, ganándose otra mirada
sospechosa de él.
౼También tienes que comer.
౼Lo siento... quiero decir, sí.
Inquieta, cogió los palillos y empezó a comer casi al mismo tiempo que Kiyoka. La comida
sabía bien, pero temía que a él no le gustara, sin duda por estar acostumbrado a la buena cocina. Esperó
nerviosamente su veredicto mientras él probaba con delicadeza un poco de una guarnición y tomaba un
sorbo de la sopa de miso.
౼… Está bueno.
౼¡!
౼Lo sazonas un poco diferente a Yurie, pero no está mal.
Lo dijo con tanta naturalidad que ella se dio cuenta de que estaba siendo honesto. Y, sin
embargo, apenas creía lo que escuchaba. De hecho, le gustó la comida que ella preparó para él. El tiempo
que había pasado aprendiendo a cocinar por ensayo y error finalmente había valido la pena. Hacía tantos
años que nadie la elogiaba o reconocía sus esfuerzos. Una extraña sensación brotó en su pecho.
౼Eso es... Eso es muy amable de su parte ౼chilló, logrando pronunciar las palabras a pesar de la
opresión en su garganta.
౼… ¿Por qué lloras?
Grandes lágrimas rodaron por su rostro una tras otra antes de que ella se diera cuenta.
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Después de que las lágrimas de Miyo dejaran de fluir, el resto del desayuno transcurrió en paz, aunque
todavía no conversaron. Kiyoka regresó a su habitación, pensando en ella. La imagen de sus ojos de
obsidiana volviéndose vidriosos y luego brillando con lágrimas quedó grabada en su memoria.
Al principio, él se había sentido confundido, pensando que su comentario la había molestado,
aunque pretendía que fuera un elogio. Tal vez comparar su cocina con la de Yurie la había ofendido.
Había sentido una pequeña punzada de autorreproche por su comentario irreflexivo. No obstante, él
había pensado que la comida había sido buena. A pesar de que había sido diferente de la comida habitual
de Yurie, estaba realmente impresionado por lo mucho que le había gustado. Había dicho lo que pensaba
sin pensar, sin imaginar que su declaración hubiera sido algo por lo que llorar.
Como nunca antes había consolado a una mujer, estaba perdido, sin mencionar el pánico interno.
౼P-por favor… por… perdóneme…
Ella vacilantemente ofreció más disculpas.
౼… Te dije que dejaras de disculparte.
Aquí estaba ella llorando y pidiendo perdón, lo que lo dejó aún más confundido. Las mujeres
altas y poderosas que la habían precedido a veces se ponían histéricas cuando no podían salirse con la
suya, por lo que no sintió remordimiento al mostrarles la puerta. Pero ahora estaba avergonzado.
౼Lo... lo siento mucho por mi arrebato. Estaba… estaba tan feliz, y las lágrimas no dejaban de
salir ౼respondió Miyo con vergüenza mientras se calmaba gradualmente.
Frunciendo el ceño, Kiyoka escuchó con atención. Aunque ella le dijo tímidamente que era la
primera vez que alguien elogiaba su forma de cocinar, él sintió que esa no era la única razón por la que
estaba tan abrumada por la emoción. Era un enigma. ¿Cómo había sido su vida antes de venir a su casa?
¿En qué ambiente había crecido? ¿Qué tipo de gente había estado a su alrededor? ¿Cómo había sido
criada? Por lo general, puedes adivinar los antecedentes de una persona después de hablar con ellos por
un tiempo, pero esta chica era diferente.
Tal vez no pudo entenderla porque no tenía nada en común con ninguna de las anteriores
candidatas que había conocido.
Ajustándose el cuello de su camisa, cerró los ojos para desterrar la imagen de ella llorando.
౼Yurie, corrígeme si me equivoco… ౼Le habló a Yurie, quien se había unido a él en su
habitación para ayudarlo a prepararse para salir౼. ¿Dirías que esta chica fue criada... diferente a la
mayoría de las mujeres nobles?
Desde el día anterior, había tenido la sensación de que algo andaba mal. Él había considerado
que su humildad podría haber sido simplemente un acto destinado a convencerlo de que sería una buena
esposa, pero sus lágrimas esa mañana habían sido genuinas; estaba seguro de ello. El simple elogio la
había hecho sollozar de alegría.
౼Debería pensar que sí ౼Yurie respondió con una mirada solemne en su rostro. Ella debe haber
tenido algunas sospechas propias.
౼¿Crees que ella hablaría si le menciono el tema?
౼Lo dudo...
Podía preguntarle a Miyo directamente sobre su vida en la Casa Saimori, pero también tenía la
impresión de que ella se resistía a hablar de sí misma.
౼Yurie.
౼¿Sí, joven señor?
౼Quiero que la vigiles de cerca, pero sé discreta al respecto. Voy a ver qué puedo saber sobre su
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familia desde el exterior.
No podía casarse con alguien de quien no sabía nada. Independientemente de si él la mantendría,
no había ningún daño en investigar sus antecedentes a la primera oportunidad. Yurie asintió en
reconocimiento, pero luego lo miró con una sonrisa traviesa.
౼Haré lo que me pide. Pero, vaya, es muy inusual que usted esté tan intrigado por una
prometida, joven señor.
౼... No necesito que lo señales.
Tenía que admitir que ninguna candidata anterior al matrimonio le había llamado tanto la
atención como Miyo. Ninguna otra mujer noble esperaría pacientemente su permiso para mirarlo
después de haber ignorado su reverencia a modo de saludo. En estos días, ni siquiera los sirvientes eran
tan humillantes, a menos que sus empleadores fueran verdaderamente draconianos.
౼No hay necesidad de ser tan tímido al respecto.
౼No estoy siendo tímido, y mi interés en ella no es del tipo que estás insinuando.
౼Bueno, solo digo que con esta actitud, quedará soltero para siempre.
౼…
Justo cuando estaba a punto de regañarla por ese comentario impertinente, los recuerdos de las
mujeres que habían huido de él a los pocos días de su llegada, llorando o gritando de ira, volvieron a él.
No se arrepintió de alejarlas, aunque esos momentos le hicieron cuestionar si tenía material para ser
marido. No sabía si estaba siendo difícil, pero ciertamente no quería casarse con una mujer como su
propia madre, una niña rica estereotipada.
౼Personalmente, creo que Miyo sería una esposa encantadora para usted.
౼Entonces, ¿has decidido que ella es la indicada?
౼Sí.
౼Con tanta confianza, uno pensaría que estás a cargo aquí.
Era solo el tercer día de Miyo en la casa de Kiyoka, pero Yurie ya se había enamorado de ella.
౼Bueno, ya sabes qué hacer ౼agregó.
౼Sí, puede dejármelo a mí, joven señor. Me aseguraré de ensalzarle todas sus virtudes.
౼No te adelantes.
Si bien todavía estaba un poco incómodo con todo este asunto, esta era la mejor manera de
manejar las cosas. Podía confiar en que Yurie tuviera tacto.
Habían pasado décadas desde que la capital se había movido de oeste a este. La ciudad albergaba
una cantidad alucinante de casas eminentes, ya fueran familias militares, aristócratas de nacimiento o
personas a las que se les había otorgado el título de nobleza en reconocimiento a sus servicios. Luego
estaban los que no tenían rango en la corte y que, ya sea por su riqueza o por sus méritos artísticos, eran
considerados miembros de las altas esferas de la sociedad.
La educación de Kiyoka había sido estricta y completa, pero ni siquiera él podía enumerar a
todas estas personas distinguidas. Dado que los Saimori también eran una familia Agraciada, conocía su
estatus y el nombre del cabeza de familia, pero nada más allá de eso. Tendría que investigar un poco.
Espero no descubrir ningún esqueleto en su armario.
Había pocas familias con el Don. Suspiró, preguntándose si su intromisión podría exponer algo
que los desacreditara.

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En la casa de los Saimori, dos hombres de mediana edad estaban sentados uno frente al otro,
conversando. A pesar de su atuendo casual, la tensión entre ellos era tan fuerte que podrías cortarla con
un cuchillo.
Uno de los hombres era Minoru Tatsuishi, el cabeza de familia de los Tatsuishi y padre de Kouji.
No hizo ningún esfuerzo por ocultar su agitación y disgusto cuando acusó al otro hombre, Shinichi
Saimori, de haber incumplido su promesa.
౼¿Qué quieres decir?
Shinichi se estaba haciendo el tonto, aunque uno podría suponer por su comportamiento que
sospechaba a qué se refería Minoru. La expresión neutral en el rostro anodino de Shinichi solo enfureció
aún más a Minoru.
౼No me tomes por tonto. ¿Por qué ofreciste a Miyo a Kudou? Te dije que la quería para mi hijo.
౼Ah, ¿es esto lo que te preocupa tanto?
Shinichi se echó hacia atrás como si estuviera aliviado de que el asunto fuera tan trivial. Si bien
las familias Agraciadas eran raras, todavía había bastantes en la antigua capital, por lo que no faltaron
novias adecuadas para el segundo hijo de Minoru. A decir verdad, no entendía por qué Kouji insistía en
una chica que ni siquiera poseía Visión Espiritual, pero cada uno con lo suyo.
౼Entre tu hijo y Kudou, él era indiscutiblemente la mejor opción.
La familia Kudou superó en rango a los Tatsuishi. Era poco probable que aceptaran a Miyo, pero
si por casualidad lo hacían, los Saimori establecerían lazos valiosos con una casa poderosa. Minoru era
consciente de que Shinichi no tenía expectativas para su primogénita y no le importaba mucho lo que le
sucediera, pero si había una ventaja potencial al ofrecérsela a Kudou, Shinichi con gusto aceptaría esa
apuesta.
Las relaciones entre las familias Tatsuishi y Saimori se remontan a mucho tiempo, por lo que
Minoru entendió las motivaciones de Shinichi. Sin embargo, no se aplacaría tan fácilmente cuando el
otro hombre claramente lo había tomado por tonto.
౼La madre de Miyo proviene del linaje Usuba. Quería ese Don para mis herederos.
౼Pero Miyo no heredó el Don de los Usuba.
Minoru estaba hirviendo de rabia, pero Shinichi permaneció imperturbable, sin parecer culpable
en lo más mínimo.
Estaba claro a la edad de cinco años si una persona poseía el Don. Si desarrollaron Visión
Espiritual para entonces, también podrían tener otros poderes latentes.
Miyo todavía no tenía Visión Espiritual a los diecinueve años, por lo que estaba descartada. Ella
no aportaría ningún mérito a la familia, al menos no directamente.
౼Ella podría tener hijos con la habilidad.
౼¿Estás tan desesperado por el Don de los Usuba?
౼¡Mentiría si dijera que no estoy interesado en el poder de manipular la mente de las personas!
La familia Kudou es formidable tal como es y, sin embargo, pareces decidido a hacerlos aún más fuertes.
¿Qué será de nosotros como nosotros?
౼Si Kudou la devuelve, por desesperada que esté, eres bienvenido a tomarla. Probablemente
llorará de gratitud.
Minoru no pudo evitar chasquear la lengua en silencio con disgusto. La familia Kudou era tan
poderosa que el Don de los Usuba no sería especialmente deseable para ellos, y este Kiyoka Kudou era
inusualmente exigente con su futura esposa, por lo que no estaría interesado en una chica común como
Miyo. Como había dicho Shinichi, era casi seguro que la enviaría de vuelta. Y, sin embargo, Minoru
despreciaba a Shinichi por esta línea de pensamiento. El jefe de la familia Saimori adoraba tanto a su hija
menor que estaba ciego al valor de la mayor. Y no solo este loco estaba descartando una gallina de los
huevos de oro, sino que también estaba frustrando los planes de Minoru.

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౼¿Estás diciendo que ya no consideras que Miyo esté a tu cargo?
౼Correcto, la repudio. Ya sea que viva o muera, honestamente no me importa lo que le pase.
౼Entiendo.
Minoru no iba a dejar que Kudou le arrebatara su premio. En el fondo juró que se aseguraría de
que su hijo fuera el que se casara con Miyo.

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Capítulo 2
La primera cita

౼Señorita Miyo, ¿puedo entrar?


౼Sí, por favor.
Miyo abrió la puerta corredera de su cuarto para Yurie, que le traía una caja de madera.
౼Aquí está el set de costura que pidió.
౼Gracias.
La caja estaba hermosamente hecha y parecía ser cara. Miyo dudó, insegura de si realmente tenía
permitido usarla. Preguntó abiertamente a Yurie, y la anciana tembló de alegría.
౼Por supuesto que puede. Pero si prefiere una nueva, hágamelo saber.
౼No, no, esta es perfecta.
No tenía derecho a escoger, ya que prácticamente había llegado sin nada. Una mujer de una
buena casa se esperaba que tuviera su propio kit de costura, pero ya que siempre usaba los hilos y agujas
de los sirvientes, no había considerado eso. Miyo se sintió tan lamentable por ser echada de casa sin más
que la ropa que llevaba.
Tomó la caja de Yurie y recordó que tenía una pregunta que hacerle.
౼Yurie, um…
౼¿Sí?
౼¿Estaba… Estaba el Señor Kudou enfadado conmigo esta mañana?
౼¿Enfadado? ¿El joven señor?
౼¿Lo estaba?
Miyo debe haberlo puesto incómodo, rompiendo a llorar de la nada. Dejó caer la cabeza con
tristeza y vergüenza. Cuando mujeres guapas como su madrastra lloraban, los hombres solo buscaban
consolarlas con un abrazo. Pero eso no le pasaría a Miyo. Su cara llorosa debe haber sido demasiado
molesta incluso para verla. Aunque pensó que habría sido lo mejor para Kiyoka echarla ya, se sintió
terriblemente mal por montar tal escena. Se preparó para lo peor cuando hizo la pregunta, pero la anciana
abrió sus ojos con sorpresa.
౼No, ¿por qué lo estaría?
౼Porque yo… yo…

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Miyo había crecido con su familia constantemente insistiendo que su presencia era insoportable.
Si lloraba, la regañarían por hacer una cara tan fea, por ser una vergüenza. Al final, las lágrimas que
vertían en respuesta solo fluían por la noche durante sus sueños.
Cada mañana, no traía más que incomodidad a Kiyoka. Quizás ella no debería esperar por su
rechazo y solo huir para librarle de más incómodas situaciones.
౼Señorita, no hay nada malo en llorar ౼Yurie le dijo amablemente౼. Es mejor que tragarse sus
emociones.
౼¿En serio?
౼Sí. Así que cuando tenga ganas de llorar, deje que las lágrimas fluyan. No es algo que enfade al
joven señor.
¿Podría ser verdad? Si lo decía Yurie, debía ser, pero se convertía en un dilema para Miyo. Ella
no podía fácilmente cambiar su comportamiento, y si se permitía creer en la amabilidad ajena, sería más
duro el expulsarla. Y aunque ella había estado demasiado asustada de que su padre hablara de esto
cuando le contó sobre la oferta de matrimonio, Kiyoka ciertamente la rechazaría cuando descubriera que
no tenía el Don, Visión Espiritual incluida. Tenía que ser realista. Su nueva vida aquí era solo temporal,
así que tenía que estar en guardia contra cualquier calidez que pudiera derretir su corazón congelado.
౼Volveré a la cocina. No dude en preguntar si necesita algo más.
౼Oh… ¿Harás la comida? Puedo ayudar.
౼No, por favor, no se preocupe. Le avisaré cuando esté lista la comida. ౼Sin estar dispuesta a
oír objeciones, Yurie dejó que Miyo cosiera.
Pero mis necesidades pueden esperar…
Se estaba convirtiendo en una mera sanguijuela que no podía aportar nada por sí misma. Abatida
como estaba, no podía desperdiciar el precioso tiempo libre que Yurie le había dado. Dejó el kimono
desgarrado y enhebró una aguja. Concentrándose en su costura, no se dio cuenta de que la puerta no
estaba completamente cerrada y que alguien la estaba mirando.

Por la tarde. Décimo día de su estadia en la casa de Kiyoka.


౼¿Cómo pasaste el día? No puedo imaginar que las tareas del hogar te lleven todo tu tiempo
౼Kiyoka le preguntó de repente mientras cenaban.
Miyo finalmente se había acostumbrado a la casa. Aunque ella y Kiyoka no hablaban mucho, no
se sentía ansiosa de compartir comidas con él dos veces al día. Podría parecer insignificante, pero comer
junto a un hombre de alto estatus conllevaba un gran coraje por parte de Miyo. Era un considerable
obstáculo para ella.
Cuando él estaba fuera durante el día, ella pasaba el tiempo en paz. La casa era pequeña, así que
terminaba de limpiar y hacer la colada antes del mediodía como mucho. Los comerciantes de alimentos
que pasaban por la casa aliviaron la necesidad de ir de compras, por lo que tenía las tardes libres. Yurie
se dirigió a casa temprano en la noche, dejando sola a Miyo.
౼Yo, um… leo las revistas que Yurie me presta.
No era toda la verdad. También pasaba tiempo cosiendo, pero ella no quería que le preguntara
por eso. Si le decía que reparaba sus propios kimonos, él quizás habría pensado que estaba forzándole
para que le comprara nuevas ropas. Era importante para Miyo que Kiyoka y Yurie no pensaran mal de
ella.
Mientras ella no les mintiera, hizo lo que podía para sellar la verdad sobre su familia y su vida
antes de que llegara a esta casa. Ese era su conflicto interno.
¿Qué hizo Kiyoka con su mirada abatida? Simplemente asintió con un ‘Está bien’ antes de
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quedarse en silencio hasta que era casi la hora de retirar las bandejas.
౼Estaba pensando en ir a algún lugar en mi día libre.
౼Ya veo.
Miyo no sabía por qué le estaba diciendo eso, pero cortésmente le mostró que estaba prestando
atención.
౼No has dejado la casa desde que llegaste.
౼Es verdad.
౼… ¿Te gustaría ir a la ciudad?
¿Qué…? No había esperado esta pregunta y no sabía como responder tan de repente. Su familia
se había negado a enviarla a una escuela para terminar sus estudios, por lo que casi nunca había dejado la
mansión después de terminar la escuela primaria. Aunque al principio echaba de menos el bullicio de la
ciudad y la libertad de salir, ahora no sabría qué hacer allí, sin dinero para gastar. Por triste que fuera,
descubrió que había superado su entusiasmo por la ciudad durante el viaje desde la propiedad de su
familia hasta la casa de Kiyoka.
౼Yo… no puedo.
౼¿Por qué no?
౼No tengo que hacer mandados en la ciudad, y no podría molestarle en hacerle acompañarme…
Kiyoka suspiró.
౼No será un problema, y no necesitas una razón para salir. Me gustaría que me hicieras
compañía.
౼¿No molestaré?
౼En absoluto. Puedes ponerte el kimono que traías cuando llegaste aquí. ¿Alguna preocupación
más?
No podía pensar en nada para negarse ahora.
౼No…
౼Bueno, está hecho. Gracias por la comida.
Se levantó, su expresión blanca o quizás un poco hastiada, y llevó su bandeja a la cocina.
Probablemente le molesté de nuevo.
Había sido lo bastante generoso como para invitarla a ir con él, pero ella había ido y arruinado la
conversación. Miyo dejó caer la cabeza. Por mucho que se odiara a sí misma por ser tan inarticulada, no
podía recordar cómo tener una conversación normal. Había sido perfectamente capaz de hacerlo cuando
era una niña pequeña.
Bueno, parece ser que saldremos juntos.
Miyo tendría que comenzar a prepararse para la cita para asegurarse de que no lo avergonzaría ni
incomodaría. Terminó su cena con una mezcla de ansiedad, preocupación y anticipación.

Miyo miró un cerezo. Era un cálido día de primavera, y el único cerezo en el patio interior de la mansión
Saimori estaba resplandeciente con flores de color rosa pálido.
Era otro sueño más, pero no una de las pesadillas que la habían estado atormentando noche tras
noche. Podía decirlo porque este árbol había sido talado hace mucho tiempo. Se plantó cuando su madre,
Sumi Usuba, se había casado con Shinichi Saimori, y se marchitó un año después de su muerte. Sin
embargo, dado que esta escena era de los días en que la familia de Miyo aún la trataba con normalidad,
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este sueño no fue malo. Pero esta vez había otra diferencia con respecto a sus visiones habituales: en sus
pesadillas, revivía sus propios recuerdos, pero no podía recordar haber visto este cerezo en flor. Había
muerto cuando ella tenía solo tres o cuatro años, así que eso era obvio.
En su sueño, estaba mirando distraídamente el árbol cuando de repente notó que alguien estaba
de pie junto a él. Ella supo quién era inmediatamente.
Madre…
Tenía un cabello negro hermoso, largo y brillante y vestía un kimono rosa pálido. A Miyo le
habían dicho que este era el favorito de su madre, y ella había atesorado este recuerdo de ella hasta que
su madrastra se lo arrebató.
Sumi se veía increíblemente delicada, como si pudiera desvanecerse en cualquier momento. Su
kimono combinaba tan perfectamente con el color de las flores de cerezo que la hacía parecer un hada
del cerezo.
Miyo solo tenía recuerdos borrosos e indistintos de su madre, pero estaba segura de que era ella.
La mujer que estaba frente a ella tenía casi la misma edad que Miyo ahora, por lo que se sintió extraño
llamarla ‘madre’.
౼….
Los labios bien formados de Sumi se movieron. Estaba mirando a Miyo, tratando de decirle
algo, pero Miyo estaba demasiado lejos para escuchar sus palabras.
౼¿Qué…?
౼….
Por más que lo intentó, no se estaba acercando más a su madre, por lo que aún no podía
escucharla.
౼Madre…
౼….
౼¿Qué estás tratando de decirme?
Sumi parecía estar repitiendo algo con urgencia, pero nada de eso llegó a los oídos de Miyo. Al
momento siguiente, una repentina ráfaga de viento envió una ráfaga de pétalos de flores de cerezo al
aire, lo que provocó que Miyo cerrara los ojos mientras su cabello se agitaba contra su rostro.
౼¡No, Shinichi, por favor espera!
El grito desesperado que recordaba vagamente debió pertenecer a su madre. Ella no podía
explicarlo. Sin embargo, se dio cuenta de que esta escena en realidad había sucedido en el pasado.
౼¡Te equivocas con ella!
౼¿En qué me equivoco, Sumi?
Esta vez, fue la voz de su padre lo que escuchó.
౼Miyo es... Ella es...
౼Ella no tiene el Don. Eso es un hecho.
Su padre gritaba con resentimiento que Miyo nunca había demostrado la capacidad de sentir a
los grotescos, ni siquiera una vez. Miyo sabía de oídas que los niños con Visión Espiritual sentían
criaturas sobrenaturales desde la infancia. Al principio, solo los veían de vez en cuando; a veces no veían
nada en absoluto. A la edad de cinco años, su Visión Espiritual se desarrollaría por completo, lo que les
permitiría detectar grotescos constantemente. Fue entonces cuando sus habilidades fueron finalmente
reconocidas.
Sin embargo, a veces la incipiente conciencia de lo sobrenatural de un bebé se desvanecería y
nunca desarrollaría Visión Espiritual. Eso podría suceder, ya que los niños pequeños eran naturalmente
más sensibles a lo del otro mundo. De la siguiente manera, si eran completamente ciegos a los grotescos
cuando eran muy jóvenes, era una fuerte señal de que no tenían el Don. Las pocas excepciones a esta
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regla eran extremadamente raras. La mayoría de los padres perderían la esperanza en ese momento y
asumirían que su hijo simplemente no tiene habilidades especiales.
Si lo que Miyo estaba viendo en este sueño realmente había ocurrido, eso significaba que su
padre le había dado la espalda mientras su madre aún estaba viva.
౼Por favor, no rechaces a tu hija.
౼Si hubiera nacido en una familia de plebeyos, sería amada. Pero para la Casa Saimori, ella es
solo una desgracia ౼dijo su padre con frialdad.
Miyo había oído hablar de la bondad de su padre hacia ella cuando era pequeña, pero ahora
comprendió que no había sido por amor. Su ternura era simplemente porque ella había sido un bebé.
Naturalmente, sintió un amargo abatimiento cuando la hija de la mujer con la que se vio obligado a
casarse a pesar de su amor por otra no cumplió con la expectativa familiar de heredar el Don.
Escuchó a su padre alejarse. Su madre, a quien presumiblemente había dejado atrás, habló en
voz baja con voz temblorosa.
౼Lo siento, Miyo. Perdóname por ser una madre tan buena para nada.
Miyo quería disculparse con ella. Era su culpa, después de todo, por no tener talento, por traer
nada más que miseria.
౼Pero no te preocupes, mi dulce niña. Dentro de unos pocos años, tú-
¿Huh? La voz en su cabeza de repente se apagó. En su sueño, Miyo abrió los ojos. El cerezo
estaba aún allí como antes, pero su madre no estaba a la vista. ¿Qué pasaría en unos años? ¿Qué estaba
tratando de decirle su madre? ¿Aún esperaba que Miyo desarrollase la Visión Espiritual? Miyo dejó el
exquisito mundo de ensueño con preguntas que no tendrían respuesta.

La puerta corredera abierta dejó pasar la brillante luz matinal y una agradable brisa. Miyo se sentó frente
al espejo, peinando su cabello con más cuidado del habitual. Quizás no tenía mucho sentido, teniendo en
cuenta que al peine barato le faltaban algunos dientes, pero esperaba que tomarse su tiempo trajera
mejores resultados. Tras peinarse dos veces como hacía normalmente, notó que su pelo había adquirido
un cierto brillo.
Madre era tan hermosa… En su sueño, tenía un pelo encantador, liso y brillante. Me pregunto si
mi pelo algún día se verá así también, si lo cuido mejor… Examinó un mechón entre sus dedos y
suspiró. No parecía probable.
Su cabello estaba dañado, y el llamativo kimono con el que había llegado no le sentaba bien.
Cuanto más se miraba al espejo viendo la disparidad entre ella y su atuendo, más pesimista se volvía
sobre el salir con Kiyoka.
౼Señorita Miyo, ¿puedo entrar?
౼Sí, entra.
Yurie entró en la habitación, extrañamente animada.
౼Oh, que guapa está.
౼Eres demasiado amable.
౼¿Quiere maquillarse?
Miyo se congeló. ¿Maquillaje? Kiyoka probablemente esperaría que lo llevara, por supuesto,
pero ella no tenía ninguno.
౼Yo, um… No se me da bien…
౼Entonces con gusto le ayudaré.
32
౼Pe-Pero yo… no tengo maquillaje.
Miyo lanzó a Yurie una mirada nerviosa, pero vio que la sonrisa de la anciana se había
agrandado.
౼No se preocupe. Mire, le traje un set de maquillaje.
Fue entonces cuando Miyo notó que Yurie estaba sosteniendo lo que parecía como una caja de
vanidad. Debe haber notado que no tengo ninguno propio. En una cabaña con tan pocos ocupantes, no
podrías ocultar nada por mucho tiempo. Pensando que Kiyoka, también, podría ya saber esto la hizo
avergonzarse tanto, que quería desaparecer.
౼¿Puede mirar hacia aquí?
Mientras Miyo estaba perdida en sus rumiantes ansiedades, Yurie enérgicamente preparó los
elementos de maquillaje. Primero, empolvó ligeramente la cara de Miyo, luego contorneó sus cejas y por
último eligió un tono suave de pintalabios rojo.
౼Listo.
Justo cuando lo dijo, oyeron una voz desde detrás de la puerta.
౼Me gustaría salir pronto.
౼¡S-Sí, voy! Yurie, muchas gracias.
౼Un placer. Espero que disfrute de la salida.
Miyo salió apurada del cuarto sin comprobar su maquillaje en el espejo. Kiyoka estaba
esperando en el pasillo, vestido en un kimono azul marino con un haori sin teñir cubriéndolo.
౼Lo si… Um, quiero decir, gracias por esperarme.
౼Acabo de llegar. Perdón por apurarte. ¿Vamos?
౼Sí.
Esta sería la primera vez que saldría con Kiyoka. Se abrazó a sí misma y lo siguió.
౼Y-y, um… ¿a dónde iremos hoy?
Ya estaba en el coche con él, dirigiéndose a la ciudad, cuando se dio cuenta de que él no le había
dicho a donde quería llevarla.
౼Ah, es verdad… Olvidé decírtelo. Primero, tenemos que parar en mi oficina.
౼¡¿P-perdón…?!
¡¿Su oficina?!
¿Le estaba llevando al cuartel general del Ejército Imperial? Nunca lo había visto, pero por lo
que sabía, era una enorme base con toda clase de instalaciones militares, fuertemente vigiladas. Ya que
no se había preparado mentalmente para la visita, sus manos empezaron a temblar de ansiedad.
౼No me mire así. No vamos a la base militar.
Sonrió irónicamente. Incluso aunque estaba concentrado en la carretera, había sentido su terror.
౼Pero… ¿no es ahí donde trabaja?
౼No todo el personal militar trabaja en la base principal. Está un poco lejos, pero hay muchas
estaciones pequeñas por la ciudad. La Unidad Especial Anti-Grotescos es bastante diferente de las otras
fuerzas armadas en muchois sentidos, así que tenemos la nuestra en la ciudad, no en la base. Es un lugar
pequeño… no tienes que estar tan tensa.
Incluso Miyo, con su falta de educación formal, había oído hablar de la Unidad Especial
anti-Grotescos y sabía que era una fuerza compuesta por oficiales con Visión Espiritual u otros poderes
sobrenaturales. Esas personas eran difíciles de encontrar y, en consecuencia, la unidad era bastante
pequeña. Su estación tampoco sería abrumadora. Ella dejó escapar un suspiro de alivio.
౼Además, solo vamos allí para que pueda estacionar el coche. No nos quedaremos, así que
33
probablemente ni te encuentres con ninguno de mis subordinados.
౼Ya veo.
Los automóviles se habían introducido recientemente en este país. Si bien podían cubrir largas
distancias en poco tiempo, la falta de espacios de estacionamiento era su desventaja. No podías aparcar
en cualquier lugar de la capital.
Miyo y Kiyoka charlaron hasta que apareció su primera parada. El guardia de la entrada los dejó
pasar sin hacer preguntas cuando Kiyoka asomó la cabeza por la ventana. Como comandante, no tenía
que mostrar ninguna prueba de identificación.
Parece una escuela.
El edificio que sirvió como sede de la Unidad Especial anti-Grotescos tuvo influencia
arquitectónica occidental. Tanto su tamaño como su forma se parecían a la escuela primaria a la que
asistió Miyo, y se mezclaba muy bien con el paisaje urbano de la capital. Los campos de entrenamiento
también le recordaban a Miyo su escuela, excepto que eran soldados uniformados en lugar de niños que
hacían ejercicio al aire libre.
౼Está bien, vamos.
Después de que Kiyoka estacionó el auto en el terreno, él y Miyo comenzaron a regresar a la
puerta principal.
౼Eh, ¿ese es el comandante? ౼dijo una voz detrás de ellos. Kiyoka no estaba muy contento de
ver al joven oficial.
౼Godou.
౼Pensé que estabas fuera de servicio hoy.
౼Así es, sí. Solo vine aquí para estacionar mi auto.
౼Eso lo explica.
Godou dio la impresión de ser despreocupado y tal vez incluso un poco superficial. Mientras
relajaba los hombros, una sonrisa iluminó sus suaves rasgos. Luego miró a Miyo, quien se sobresaltó y
dio medio paso hacia atrás.
౼¿Y quién es esa? ¿Quién eres?
౼Ella va conmigo. Eso es todo lo que necesitas saber.
Kiyoka lo interrumpió sin ceremonias, pero Godou debe haber estado acostumbrado, porque
solo se encogió de hombros, imperturbable.
౼Bien, lo dejaré. No olvide venir a trabajar mañana, comandante.
౼Como si alguna vez fuera a hacer eso. Deberías volver a tu puesto, Godou. Seguro que tienes
algo mejor que hacer.
౼Lo haré, lo haré. Lo dejo, señor. Hasta más tarde.
Miyo no estaba segura de la etiqueta adecuada, pero le dio un pequeño asentimiento cuando se
iba.
౼Ese era mi asistente, Godou. Lo creas o no, es un usuario de Don capaz.
౼Oh...
౼No es que esté demasiado interesado en el trabajo ౼agregó Kiyoka con un rostro severo,
claramente molesto por la actitud frívola de su subordinado.
No vieron a nadie más de camino a la puerta. El coche los había escudado previamente del
bullicio de la ciudad que ahora engulló al par una vez llegaron a las calles. Hay una mezcla discorde de
estética japonesa y occidental, compitiendo ferozmente por el espacio. Bajo edificios altos y modernos,
las bulliciosas calles se llenaron de gente. Para su propia sorpresa, Miyo se sintió eufórica por esta
atmósfera única de ciudad que no había experimentado en mucho tiempo.

34
౼¿Hay algún sitio al que te gustase ir?
౼¿Huh?
No le había cruzado por la mente que ella tuviera elección, así que se quedó en blanco.
౼¿Alguna tienda que quieras visitar?
౼N-no, no realmente. Estoy bien.
Había asumido que solo le haría compañía. Además, había pasado tanto tiempo sin el lujo de
querer nada que no podía pensar en algo por capricho. La expresión de Kiyoka se suavizó ante su
desconcertada reacción antes de soltar una risita. La belleza de otro mundo de su sonrisa la cautivó al
instante.
౼En ese caso, ¿me acompañarás en mis recados?
౼Sí, encantada.
Era finales de primavera, con el verano a la vuelta de la esquina. El soleado pero suave clima era
ideal para un apseo. Hbaía pasado tiempo desde que todo se sintiera fresco para Miyo, y lo estaba
observando todo con ojos bien abiertos. La gente con coloridos atuendos, los tranvías que pasan, las
tiendas especializadas y los edificios de aspecto curioso. Kiyoka siguió mirándola por encima del
hombro, aparentemente de buen humor.
౼¿Estás disfrutando de la ciudad?
౼¿Huh? Oh, lo siento mucho…
Ella se horrorizó cuando él señaló cuán abiertamente las vistas la hipnotizaron. Era él a quien
debería haber estado prestando atención. Justo como una palurda de campo… ¡Lo mismo! No puedo
mirarle a los ojos… Había estado viviendo en esta ciudad toda su vida y aún así actuaba como si acabara
de llegar. Su comportamiento debía haberlo avergonzado.
౼No tienes por qué. Disfruta de las vistas lo que gustes. No voy a regañarte por ello, ni nadie
más.
౼Pero…
¿Cómo podía decirlo de verdad? Caminando por ahí con una mujer como ella, él probablemente
era mirado con incredulidad y ridículo. Cuando ella dejó caer la cabeza medio dubitativa, sintió su gran
mano sobre su cabeza.
౼No te preocupes por mí. Soy quien te invitó, después de todo.
౼…
౼¿Cierto?
౼Sí…
Su toque, su expresión y su tono eran muy gentiles, pero de algún modo también transmitían
autoridad absoluta. Miyo asintió.
౼Solo asegúrate de no quedarte atrás y perderte ౼Kiyoka advirtió.
౼Seré cuidadosa.
౼Bien.
Él había estado caminando muy despacio, se dio cuenta, y había ajustado su paso por su bien. Al
no estar acostumbrada a tal amabilidad, sintió las lágrimas asomando a sus ojos. ¿Por qué la gente decía
que no tenía piedad y que era cruel? Era tan atento. Si solo ella fuera un buen partido para él… entonces
querría estar con él para siempre. Pero, por supuesto, ella no era valiosa. Sentimientos de autodesprecio
comenzaron a invadir su corazón.

35
౼Y aquí estamos.
Se habían detenido en una gran tienda de kimonos. A juzgar por el estilo de su letrero y fachada,
tenía una gran historia y vendía ropa de lujo. Entraron. El lugar estaba revestido con suelo de tatami.
Impresionantes kimonos de manga larga se exhibieron en estantes de ropa, mientras que los estantes
tenían fardos de tela en colores brillantes, tal vez para el verano.
Era la primera vez de Miyo en una tienda de kimono, y estaba atónita.
౼Es tan grande…
౼Suzushima ha proveído a mi familia de kimonos durante generaciones. Oí que incluso han
hecho kimonos para el emperador.
౼E-Es increíble… ౼Ella farfulló sin arte, abrumada.
Entonces de repente se volvió consciente de lo que estaba llevando, lo cual la desesperanzó
todavía más. Aunque ella no iba vestida particularmente pobre, aquí en esta tienda de clase alta,
sobresalía como un pulgar dolorido. Más obvio era el color de su kimono, que chocaba con su patrón. Su
padre probablemente lo había elegido al azar. Si bien no era un trapo barato, tampoco era lo que
llamarías un kimono de calidad.
౼Bienvenido, Señor Kudou.
౼Un placer como siempre.
Una elegante anciana —presumiblemente la dueña de la tienda— saludó a Kiyoka con una
reverencia educada. A pesar de su modesto aire, era innegablemente estilosa y vibrante al mismo tiempo.
౼Señor, espero que no le importe que vaya directa al grano. He seleccionado unos cuantos
objetos para su consideración basándome en lo que pidió. Si hace el favor de seguirme.
౼Muy bien.
Así que iba a comprar un nuevo kimono. No estaba segura de si debía seguirlo, así que se quedó
atrás. Un empleado la notó y salió, sonriendo.
౼Señorita, por favor, permítame mostrarle la tienda.
౼Gra-gracias… Echaré un vistazo mientras espero por usted, Señor Kudou ౼Miyo dijo
débilmente.
౼Tómate tu tiempo. Si algo te interesa, házmelo saber, y te lo compraré antes de irnos ౼Kiyoka
respondió antes de desaparecer en la parte trasera de la tienda.
No podría ser nunca tan presuntuosa…
Todo en esta tienda parecía terriblemente caro, y no podía imaginarse molestando a Kiyoka para
conseguirle algo así. Para ser más específicos, ella no sería capaz de pedirle ningún regalo, sin importar
el precio. Muy consciente de que no pertenecía aquí, suspiró, pero permitió que el empleado le mostrara
los productos de la tienda para pasar el tiempo.

En la sala de estilo japonés en la trastienda de la tienda, Kiyoka estaba ante la dueña del Suzushima,
Keiko. Entre ellos había hermosos kimonos de manga larga de mujer, cubriendo cada pulgada del
espacio disponible.
౼Jejeje. Veo que ha llegado el momento de que compre un kimono de mujer, señor Kudou.
Kiyoka conocía a Keiko desde que era niño. Cuando necesitaba un kimono nuevo, se lo habían
hecho a medida en su tienda. Se había convertido en una especie de conocida suya y había llegado a
saber muchas cosas sobre él, incluido no solo que era un soltero obstinado, sino también que ni siquiera
36
había tenido un amante.
౼No te imagines tanto…
౼Por favor, no hay necesidad de ser tan tímido. Estoy muy contenta de que finalmente haya
traído a una dama a mi tienda.
Era cierto que nunca antes había comprado un kimono para una mujer, pero se había visto
obligado a hacerlo por Miyo después de que Yurie le informara de sus hallazgos.
౼Miyo estaba remendando sus viejos kimonos el otro día...
Cuando Yurie le trajo a Miyo el kit de costura, no esperaba que la chica necesitara coser
kimonos viejos y rotos. Aunque había tratado de convencerla de que no había necesidad de remendar,
después de notar la vergüenza de Miyo por el estado de su guardarropa, le permitió continuar. El atuendo
de Miyo también había desconcertado a Kiyoka. Los kimonos que usaba todos los días eran tan viejos
que uno pensaría que era la hija de un granjero empobrecido. Se diferenciaban en el color o el patrón,
pero todos estaban desgastados de manera similar, y le dio pena verla vestida con ellos. Eventualmente,
decidió llevarla a la tienda de kimonos, a pesar de que nunca había tenido ganas de comprar los regalos
de sus candidatas de matrimonio anteriores cuando lo habían molestado al respecto. Pero eso no significa
que Miyo era especial para él, por supuesto.
౼¿Tienes algo que creas que le vendría bien?
Keiko se rió abruptamente de lo obvio que estaba tratando de cambiar el tema.
౼Jeje, creo que sí. Colores delicados como este, o estos aquí, complementarían bastante bien.
Kiyoka asintió, de acuerdo con la recomendación de Keiko. Los colores sutiles también
combinaban con la temporada. El azul cielo, el verde primavera o tal vez el violeta claro también serían
buenos. Incluso con su consejo honesto, Kiyoka tuvo problemas para decidirse hasta que miró un
kimono que Keiko aún no le había señalado.
౼¿Qué tal ese? ౼preguntó.
౼Esa también es una muy buena elección, pero me temo que para cuando podamos tenerlo listo
para su dama, el color ya no será de temporada.
Era un kimono de manga larga en un llamativo rosa pálido. Sin embargo, de alguna manera los
delicados colores también tenían una vitalidad llamativa. ¿Miyo se vería bien en esto? Trató de
imaginársela usándolo... pero rápidamente desterró la imagen de su mente, avergonzado. ¿Qué diablos
estoy haciendo? No había ningún significado especial para esto. Ninguno en absoluto.
Miyo se habría disgustado si supiera que él la estaba imaginando así en su mente. Qué vergüenza
de su parte dejar que sus pensamientos vagaran en esa dirección. Un hombre de su edad debería tener
más autocontrol.
౼Me gustaría que hicieras este a medida para ella.
౼Oh, ¿entonces está listo para esta?
Le entregó a Keiko el kimono rosa pálido.
౼Sí. Incluso si no puedes terminarlo para cuando termine la primavera, ella puede usarlo
nuevamente el próximo año. ¿Podrías hacerle también algunos kimonos con estas telas? El precio no
importa.
౼Por supuesto, señor.
Kiyoka eligió varios colores diferentes de entre las telas recomendadas por Keiko.
౼También necesitará fajines y otros accesorios en patrones a juego. ¿Puedo dejarte eso a ti?
౼Absolutamente. Ah, y por cierto... ౼Keiko aplaudió y fue a buscar una caja del tamaño de la
palma de la mano que había sido apartada౼. ¿Querría llevar esto con usted hoy, señor?
Levantó la tapa para comprobar el contenido. Al encontrar el artículo dentro exactamente como
le solicitó, Kiyoka asintió.

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౼Sí, gracias. Agrega esto a los kimonos y liquidaré la cantidad adeudada en conjunto.
౼Muy bien. Una cosa más, señor Kudou…
౼¿Qué es?
Guardó con cuidado la caja dentro de su kimono antes de volver a mirar a Keiko. Abrió mucho
los ojos y se encontró con los de él con una mirada intensa.
౼¡Debe aferrarse a esa chica!
౼¿Disculpa?
౼Ella es lo que llamaríamos un diamante en bruto. ¡Su cabello, piel, rostro y todas sus facciones
tienen el potencial de brillar con un poco de esmalte! Con un poco más de cuidado y atención, puede
convertirse en una belleza a la par de su hermosa apariencia.
Keiko tenía buen ojo para esas cosas; su trabajo era embellecer a la gente y hacer que se vieran
bonitas vistiéndolas con ropa bonita. No es que Kiyoka no se haya dado cuenta de la belleza de Miyo.
౼Sus compras de hoy son solo el comienzo. No le falte a la chica su amor y sus recursos
financieros, y muy pronto...
౼¿Sí?
౼... ¡Se deleitará con el deleite que solo puede brindar vestir a una chica hermosa!
Ella también parecía creerlo honestamente.
౼Dios mío, Keiko, pensé que había dejado en claro que no estoy enamorado de la chica.
Le suspiró a la dueña de la tienda, que tenía más o menos la misma edad que su madre y estaba
tan emocionada que sus ojos brillaban como los de una niña feliz. Sin embargo, extrañamente, una parte
de él quería hacer exactamente lo que Keiko había insistido.
౼Gracias. Eso es todo por hoy.
Escogió no indagar demasiado profundo en ello.
Cuando regresó a donde Miyo estaba esperando, la encontró concentrada en algo. Siguió su
mirada hasta un kimono rosa pálido de manga larga, bastante similar al que acababa de elegir para ella.
Esa mirada en su cara…
Había tristeza en ella, como si el kimono fuera algo que quisiera mucho pero no pudiera tener.
౼Madre…
Murmuró tan bajito, que apenas lo captó, sin ser consciente de que se había situado tras ella.
Confuso, esperó un poco antes de hablarle.
౼¿Te gusta este kimono?
౼¡Oh! N-No… no estaba pensando en pedirlo, ¡ni por asomo!
౼…
౼Es solo que es muy similar a uno que tenía como recuerdo de mi madre… Ya no lo tengo. Me
hizo echarla de menos.
౼Ya veo.
Se preguntó qué le habría pasado a esa reliquia familiar, pero más que nada, se sintió aliviado de
que ella no dijera que no le gustaba cómo se veía.
౼¿Viste algo más que te guste?
౼N-no, nada que realmente necesite.
En lugar de pedir por algo, ella humildemente ocultaría sus necesidades y deseos. Él no le había
contado el propósito de este viaje de compras porque había asumido que su acto de generosidad la habría
mortificado, y su reacción ahora lo convenció de que había hecho bien.
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౼Nos vamos, ¿entonces?
౼Sí.
౼¡Por favor, vuelvan de nuevo!
Keiko y su personal los despidieron, con una reverencia educada.

౼¿Te gusta?
౼S-Sí. Es un dulce delicioso.
Después de la tienda de kimonos, pararon en una cafetería japonesa para un aperitivo.
Kiyoka le dijo a Miyo que pidiera lo que quisiera, sin importar el precio, pero ella no lograba
decidirse en absoluto. Al final, tuvo que rendirse, incapaz de soportar la intensa mirada de Kiyoka, y se
decidió por la sugerencia más barata, el anmitsu, jalea de agar con pasta dulce de frijol rojo y fruta.
Desafortunadamente, estaba tan ansiosa por compartir la mesa con Kiyoka, sentada más cerca de él de lo
que estaban en casa, y con las miradas de curiosidad que los demás clientes le lanzaban, que apenas pudo
saborear su postre.
Todos nos están mirando…
Había sido así también en la calle. Kiyoka naturalmente atraía la atención de la gente sin hacer
nada destacable. No es que sea una sorpresa. Era un joven sorprendentemente hermoso, con un cabello
tan fenomenalmente deslumbrante que muchas mujeres sentirían envidia. Sus movimientos eran
elegantes, fascinantes. Incluso desde la distancia, su encantadora presencia llamó la atención.
Por eso atraían constantemente las miradas, sin mencionar las miradas celosas que Miyo recibía
de otras chicas. Se debían estar preguntando por qué demonios este maravilloso hombre estaba con una
chica tan simple. Era algo sacado de una historia de amor, como la que Miyo había leído recientemente
en una de las revistas que le había dejado Yurie. Los celos de las curiosas no eran infundadas, sin
embargo, así que Miyo sentía la urgencia de explicarse y disculparse con las otras mujeres. Solo le estoy
haciendo compañía… Juro que no soy su querida. Me echará pronto, y entonces podréis probar vuestra
suerte. Estos pensamientos siguieron dando vueltas en su cabeza hasta que la expresión de buen humor
de Kiyoka los hizo desvanecerse. Era extraño verlo tan animado, ya que parecía inexpresivo o algo
enojado la mayor parte del tiempo. Ella estaba encontrando esta salida bastante estresante.
౼No parece que lo estés disfrutando.
౼N-no, yo…
La pasta de judía roja, los bollos de harina de arroz y la jalea de agar eran algo raro para ella.
Definitivamente estaban deliciosos. Estoy segura de que están buenos…
౼… Tú realmente nunca sonríes.
Su comentario casual la sorprendió. Ella no había considerado hasta entonces que debía haber
sido bastante incómodo para él el sentarse con alguien que no sonreía en absoluto ni que se animaba por
comer un dulce al que la invitaban.
౼Lo… siento.
౼Oh, no te estaba regañando. Nunca te he visto sonreír, y tengo curiosidad por ver cómo luce.
¿Por qué me importaría? Ella inconscientemente ladeó la cabeza hacia un lado.
౼Es un hombre extraño, Señor Kudou.
౼…
౼Oh, l-lo siento. Fui irrespetuosa. no debería haber dicho eso. Por favor, perdóneme.
Ella no podía creer que hubiera dejado que algo tan maleducado saliera de su boca. Esta salida,
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llena de tantas vistas excitantes, le había hecho olvidar su lugar por un momento, así que habló sin
pensar. Kaya nunca habría cometido tal paso en falso. Aunque ella siempre había sido mezquina con
Miyo, era lo bastante inteligente como para evitar decir algo que podría ofender a una persona.
Miyo sintió una mezcla de culpa y decepción en sí misma.
౼No estoy molesto. No necesitas encogerse así.
౼Pero lo que dije fue…
౼Por como van las cosas, pronto nos casaremos. Deberíamos ser capaces de decir lo que
pensamos al otro. Prefiero la honestidad a las disculpas.
Miyo se congeló de nuevo. Pronto nos casaremos… No debía saber de su falta de habilidades
sobrenaturales y educación, sobre su incapacidad para ser su esposa. Incluso si su inadecuación no se
había vuelto aparente, lo descubriría tarde o temprano, ay que sería invitada a mezclarse con la élite de la
sociedad como su esposa.
Suavemente dejó la cuchara. Este día había estado lleno de maravillosos regalos de Kiyoka. Le
había llevado a tomar una agradable taza de té, le compró un postre y le mostró la ciudad. Y aunque ella
contaba con sus bendiciones, si ella realmente se preocapaba por él, ella debía contarle ahora que el
matrimonio sería imposible, que no se la merecía. Y aún así… Un deseo había comenzado a echar raíces
en su corazón. Un anhelo de vivir con él un poco más y apoyarlo en todo lo que pudiera. Por eso no le
dijo nada, a pesar de la inutilidad de su deseo egoísta.
Saber que él quería escuchar sus pensamientos en lugar de sus disculpas la hizo muy, muy feliz.
Aceptaré cualquier castigo que quieras imponerme, así que...
Ella no quería que terminara todavía.
౼Yo… yo entiendo. Me aseguraré de ser abierta con usted.
౼Bien.
Cuando Miyo lo vio por primera vez, no habría imaginado que un día su suave sonrisa haría que
su pecho se apretara así. Quería un poco más de esta felicidad, y luego juró que le diría la verdad sobre sí
misma.

Kiyoka no le había preguntado por qué su expresión de repente se nubló. No le había preguntado porque
no estaba seguro de entenderla del todo.
Fingió que no había notado el cambio en ella mientras pagaba el té y los postres, y luego se
fueron del café. Después, pasearon un poco más, se detuvieron en una librería y fueron a un parque
donde las azaleas estaban en flor. Miyo reaccionó a todo con asombro renovado, lo que la hizo fascinante
de ver. De hecho, Kiyoka estaba disfrutando de su compañía mucho más de lo que esperaba. Incluso
consideró hacer un hábito el pasar sus días libres así. Cuando regresaron al coche después de cenar en un
popular restaurante de estilo occidental, el sol se estaba poniendo.
౼Muchas gracias por hoy, señor Kudou ౼Miyo le dijo cuando regresaron, tensa de nuevo.
Pensó que habían roto el hielo al menos un poco ese día, pero parecía que Miyo no iba a
renunciar a su humilde actitud hacia él a corto plazo.
౼Gracias también y disculpa por hacer que me acompañaras en mis recados. ¿Te divertiste?
౼Sí, mucho.
౼Me alegra escuchar eso. Tendremos que hacer esto de nuevo.
౼... Eso sería encantador.
Kiyoka pensó en la pequeña caja que había escondido en su kimono, preguntándose si era el
momento adecuado para dársela. No, puede esperar. Preferiría no dárselo en ese preciso momento, o ella
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podría sentir que la estaba presionando. Podría esperar hasta más tarde en la noche. Lo dejaría frente a su
habitación mientras ella estaba en el baño. Aunque parecía reacia a aceptar regalos, no podía ignorar
algo que había dejado junto a su puerta.
Después de colocar el regalo, esperó su reacción en la sala de estar, tomando un té. La escuchó
salir del baño y caminar de regreso a su habitación. No mucho después, ella salió a buscarlo.
౼Señor Kudou... ¿Q-qué es esto?
Estaba vestida con un yukata, sus mejillas ligeramente sonrojadas, ya sea por la emoción o
simplemente por haber estado en un baño caliente, no podía decirlo.
౼Es tuyo. Tómalo.
౼¿Fue usted el... que me lo dejó?
Miyo quitó la tapa y miró vacilante dentro de la caja. Sostenía un peine hecho de boj y
exquisitamente decorado con tallas de flores. Ciertamente era un artículo costoso, pero no se podía negar
que un peine de calidad marcaba la diferencia con el cabello. Simplemente tuvo que comprar esto para
Miyo, por cuestiones puramente prácticas, por supuesto.
౼Esa es una buena pregunta.
Había un pequeño problema con el regalo: a saber, ofrecer un peine a una dama se tomaba
habitualmente como una propuesta de matrimonio. Tal vez no fue la mejor de las opciones para un
primer regalo. Por lo tanto, no había podido dárselo abiertamente por temor a que ella malinterpretara
sus intenciones.
౼No podría aceptar un regalo tan caro.
౼No te preocupes por eso.
౼Pero…
౼Solo tómalo.
౼¿Es de usted… no…?
౼…
౼¿Señor Kudou?
౼N-no pienses demasiado en ello. Haz lo que quieras con él.
Realmente no eran necesarias tantas preguntas, sentía. Kiyoka miró furtivamente a Miyo… y sus
ojos se abrieron por la sorpresa.
౼Bueno… Si insiste, debería aceptarlo. Muchas gracias, Señor Kudou.
Una sonrisa delicada y tímida apareció en sus labios. Era como un capullo que comenzaba a
abrirse, como un paisaje rodeado de hielo que se derrite en primavera, puro y hermoso.
౼Lo atesoraré.
౼Por favor, hazlo.
Sus labios y su voz temblaron. ¿Qué era este extraño sentimiento? ¿Fue maravilla? ¿Excitación?
¿Deleite? ¿O todo eso a la vez? Sin embargo, había una palabra más simple para ello: amor.

Varios días después, Kiyoka estaba en su oficina en la base de la Unidad Especial Anti-Grotescos bien
pasada su jornada laboral. Estaba revisando un reporte que un oficial de confianza le había enviado. Un
reporte sobre Miyo Saimori.
Kiyoka se había puesto en contacto con un informante y había solicitado un informe lo más
detallado posible sobre la Casa Saimori. La investigación exhaustiva había llevado algún tiempo. Ni los
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sirvientes actuales ni los anteriores habían estado dispuestos a hablar.
౼Es una historia común, realmente ౼murmuró el informante, rascándose la mejilla mientras las
comisuras de sus cejas bajaban en una expresión de lástima.
Después de que la madre de Miyo falleciera, su padre se había vuelto a casar. Dado que la hija
de la nueva esposa había demostrado ser más talentosa, Miyo fue dejada de lado y se convirtió en
víctima de abuso doméstico. Desafortunadamente, esas situaciones sucedían a menudo, especialmente en
las familias Agraciadas, donde nacer con o sin el Don definía el estatus de un miembro de la familia.
Muchas de esas familias no tenían escrúpulos en su trato con los Sin Don, a quienes consideraban
fracasados.
Según el informe, la conducta de la familia Saimori hacia Miyo había sido particularmente cruel.
Kiyoka recordó su reacción ante el kimono rosa pálido en la tienda, cuando comentó que se parecía a
uno de su madre, que había guardado como recuerdo hasta que lo perdió. ¿Cómo había reaccionado
cuando lo único que tenía para recordar a su madre le había sido arrebatado? Su madrastra y
hermanastra habían abusado de ella mientras que su padre había puesto la otra mejilla, y los sirvientes
tampoco habían tendido una mano amiga. Miyo había estado sola. Eso explica por qué se ofreció como
voluntaria para cocinar, lavar la ropa y limpiar en la casa de Kiyoka. Esta hija de la familia Saimori no
había sido criada como tal. En cambio, su familia la había considerado como una humilde sirvienta que
podían explotar como quisieran. Ni siquiera le habían proporcionado comidas. Por eso se había
convertido en esta chica abandonada que no sonreía y parecía hambrienta, vestida con ropa vieja y raída.
Su familia le había hecho eso.
Kiyoka cerró el puño y arrugó los papeles que sostenía. Estaba furioso con las personas que
habían atormentado a la pobre chica y abrumado por el remordimiento por las duras palabras que le
había escupido en sus primeros días en su casa. Aunque él no sabía en ese entonces que ella era diferente
de las mujeres arrogantes a las que se había acostumbrado, eso todavía no era excusa.
Pero ahora lo sé todo. Incluyendo el hecho de que Miyo no tenía el Don. Ni siquiera Visión
Espiritual. Apostó a que ella pensaba que sus posibilidades de convertirse en su esposa eran
desesperadas por eso. Era tan reservada con él porque estaba preparada para el rechazo.
Sin embargo, a Kiyoka no le importaba si su esposa tenía habilidades sobrenaturales o era tan
normal como parecía. De hecho, las mujeres que había considerado antes no habían sido todas
Agraciadas. Algunas habían sido hijas de comerciantes o políticos acomodados.
Su padre, el exjefe de su familia, presentó a todas las novias potenciales de Kiyoka, y no le
importaba encontrar para su hijo a alguien que poseyera el Don. En cuanto a Kiyoka, simplemente quería
a alguien que quisiera quedarse a su lado. Quería a alguien que disfrutara genuinamente de vivir en su
cabaña en el bosque como su esposa, y no simplemente disfrutar de su estatus o riqueza. Y Miyo haría
eso. No tenía intención de dejarla ir.
Algo más en el informe también había llamado su atención. El apellido de soltera de la madre de
Miyo era Usuba.
Las Familias con el Don, como los Saimori y los Kudou, habían servido durante mucho tiempo
como criados del emperador. Sus poderes eran indispensables para combatir a los grotescos, que eran
invisibles para la gente común. Dado que sus habilidades especiales también eran extremadamente
valiosas en las batallas contra los humanos, siempre jugaron un papel importante en la supresión de
disturbios y el mantenimiento de la paz dentro del imperio.
El Don vino en muchas formas diferentes. Podría ser el poder de la telequinesis, invocar fuego,
manipular el viento o el agua, teletransportarse, caminar en el aire o ver a través de obstáculos, entre
muchos otros. Tampoco era inusual que una persona Agraciada tuviera múltiples poderes.
Sin embargo, el Don de la Familia Usuba estaba en una categoría propia y era mucho más
inusual y mucho más peligroso en la forma en que funcionaba. Sus poderes les permitían manipular las
mentes de los demás. Podían alterar recuerdos, invadir sueños, leer pensamientos, y esos eran los menos
amenazantes de sus talentos. Entre los más aterradores estaban el poder de despojar a una persona de su
voluntad y convertirla en un títere y la capacidad de llevar a una persona a la locura con ilusiones.
Conscientes del peligro que representaba su Don, los Usuba se dieron cuenta de que incluso
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podría representar una amenaza para la seguridad nacional. Por esta razón, llevaron existencias secretas,
tomando todas las medidas necesarias para evitar llamar la atención sobre sí mismos. Vivían de acuerdo
con las reglas restrictivas exclusivas de su linaje, guardaban los secretos de la familia y evitaban el
intermatrimonio con otras familias Agraciadas para que su Don permaneciera confinado a su línea de
sangre. Los emperadores anteriores incluso los asesinaban ocasionalmente en lugar de arriesgarse a que
sus poderes se usaran con fines maliciosos.
Con toda esta historia en mente, era extraño que Sumi Usuba se hubiera casado con la familia
Saimori. Kiyoka tenía un mal presentimiento sobre las circunstancias que llevaron a la unión. Dejó
escapar un suspiro.
Casarse con Miyo no sería una desventaja para él. Lejos de eso, sería lo mejor para él. Sin
embargo, su misterioso linaje familiar lo dejó perplejo. Incluso con su influencia, Kiyoka no había
podido encontrar ninguna forma de localizar o contactar a los Usuba. Sus informantes no habían
encontrado nada.
౼Realmente son escurridizos…
Pasó las páginas del informe, muchas de sus preguntas aún sin respuesta.

Kiyoka había estado tan preocupado que perdió el curso del tiempo. Solo cuando el sol empezó a
ponerse dio por terminado el día. Saludó al turno de noche, y dejó la estación. Pensando en ello, había
estado saliendo más temprano de lo que solía estos días. En el pasado, no había sido raro que pasara la
noche en su oficina, y raramente llegaría a casa mientras el sol estuviera sobre el horizonte. Todo había
cambiado con la llegada de Miyo. Verla en la entrada cuando llegaba a casa dejaba su mente
extrañamente en paz, y le gustaba olvidarse del trabajo durante sus cenas con ella.
No estoy actuando como de costumbre…
Desde su salida a la ciudad, sus emociones se estaban volviendo cada vez más incontrolables.
Con aprensión, se preguntó si la predicción de Keiko en Suzushima ya se estaba convirtiendo en
realidad. Era demasiado fácil para él imaginarse a sí mismo mimando a Miyo con regalos, siempre
persiguiendo este cálido sentimiento en su pecho.
Hasta que la conoció, Kiyoka no había tenido muy buenas experiencias con las mujeres. Incluso
cuando era solo un niño, muchas chicas lo habían perseguido agresivamente, lo que solo lo había
desanimado aún más. Su madre había sido objeto de su ira durante toda su vida, con su temperamento
tempestuoso y su desagradable obsesión por hacer alarde de su riqueza. Como estudiante universitario,
Kiyoka había cedido a la presión de sus compañeros y había intentado salir con algunas chicas, solo para
terminar detestando aún más la compañía de mujeres. En última instancia, se había sentido cada vez más
irritado por las voces engatusadoras de las sirvientas de su familia, junto con el olor autoritario de las
copiosas cantidades de polvo facial que aplicaban.
Habiendo madurado desde entonces, ya no encontraba la cortesía superficial tan molesta, pero
todavía prefería no asociarse con mujeres que no fueran conocidas desde hace mucho tiempo como Yurie
y Keiko. Aunque había tratado cuidadosamente de evitar atraer la atención femenina, eso había resultado
casi imposible mientras vivía en la mansión de su familia. Su familia empleaba a muchas sirvientas, por
lo que no tuvo respiro de sus miradas amorosas. Por eso se mudó a su pequeña vivienda en el bosque. Si
alguien le hubiera dicho unos años antes que viviría felizmente con una mujer joven allí, se habría reído
de ellos por hacer una sugerencia tan loca.
Kiyoka sonrió ante este pensamiento antes de que de repente se detuviera, detectando una
presencia amenazante.
Algo me sigue...
Sintió innumerables pares de ojos clavados en él. A pesar de la falta de pasos audibles o incluso
de respiración, definitivamente había algo allí. Fuera lo que fuera, no era humano.

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¿Quién es este tonto tratando de espiarme?
Un usuario del Don debe haber enviado a esta extraña entidad tras él, pero ¿quién sería tan
descabellado como para hacerle ese truco a Kiyoka Kudou? O tal vez no eran estúpidos, sino tan
confiados en su poder que no temían la posibilidad de repercusiones.
Kiyoka aún no había salido de la base. No había nadie más alrededor. Los oficiales que hacían
guardia en la puerta no poseían Visión Espiritual, y la base carecía de una barrera protectora, por lo que
las entidades no humanas podían colarse fácilmente. Esas fallas fueron completamente deliberadas:
convirtieron la base en una trampa donde los Agraciados podían deshacerse de los grotescos. fuera del
ojo público.
౼Pasaste por todos esos problemas para nada.
Moviendo ligeramente las puntas de sus dedos, Kiyoka arrastró a la criatura fuera de las
sombras. Numerosos trozos de papel del tamaño de la palma de una mano flotaban en el aire en una
forma vagamente parecida a la de un pájaro, vagamente humana. Había atado a la criatura con su poder
para que se congelara en el lugar. Desafortunadamente, parecía que quien lo había enviado lo había
usado solo como ojos. La criatura carecía de la capacidad de hablar, por lo que Kiyoka no podría saber
quién la había enviado.
౼Basta de tonterías.
Cuando se apartó de él con indiferencia, estalló en llamas azules ineludibles antes de quemarse
en la nada. Kiyoka fue aclamado como el mejor usuario de Don de su generación, debido a su capacidad
para activar múltiples poderes a la vez sin ninguna dificultad.
Eso apenas valió la pena mi tiempo.
Sin embargo, se preguntó quién estaba detrás y sintió una fugaz sensación de inquietud en el
fondo de su mente. Se montó en su coche y condujo hasta su casa.

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Capítulo 3
Un regalo para mi prometido

Tras despedir como siempre a Kiyoka esa mañana, Miyo interceptó a Yurie, quien iba a hacer la
colada en el jardín.
౼¿Puedo ayudarle con algo, señorita?
౼Esperaba que pudieras aconsejarme con algo.
౼¿Oh? ౼Yurie le sonrió amablemente౼. Será un placer.
Lucía muy feliz de hecho. Miyo no dijo más hasta que regresaron a la casa y se sentaron la una
frente a la otra en el salón.
౼Mira, me gustaría darle un regalo al Señor Kudou.
౼¡Oh!
Esto había estado en la mente de Miyo desde el día en que Kiyoka le había dado ese peine caro.
Y sus regalos no se detuvieron ahí; también le había dado una botella de aceite de camelia para el
cabello. Ella sintió que se lo debía por tenerla en su casa también. Si bien ella le había agradecido desde
el fondo de su corazón, las palabras por sí solas no habían expresado completamente su gratitud. Ella
quería corresponder con un regalo propio, pero no sabía qué sería apropiado y también estaba
extremadamente limitada en lo que podía conseguirle. Un regalo que no fuera ni caro ni valioso podría
haberlo disgustado. No importa cuánto se devanara los sesos por una idea, no se le ocurrió nada, así que
decidió buscar el consejo de Yurie.
౼Me pregunto qué lo haría feliz… ౼dijo Miyo.
De hecho, tenía un poco de dinero que su padre le había dado cuando la despidió, pero lo estaba
guardando para cuando fuera necesario. Reprimiendo un suspiro, miró a Yurie suplicante.
౼No tengo mucho dinero, me temo. No lo suficiente para comprarle algo decente.
౼Hmm, ya veo. En ese caso, creo que algo que pueda usar todos los días sería bueno.
౼Correcto.
౼Algo hecho por usted, tal vez.
౼Tal vez...
Ella también había considerado esa opción. Si no podía permitirse el lujo de comprar un regalo
adecuado, era lógico que tuviera que hacer uno, pero un hombre refinado como Kiyoka, que creció en

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una familia adinerada, podría pensar que un regalo hecho a mano era demasiado vulgar. Por supuesto,
nunca podría estar segura de que un destinatario disfrutaría de su regalo, pero ella deseaba
desesperadamente devolver aunque sea un mínimo de la felicidad que él le había brindado desde que se
mudó a su casa. Cuando le explicó esto a Yurie, la sonrisa de la anciana se amplió.
౼Tiene muy buen corazón. No se preocupe, el Joven Señor no despreciará un regalo hecho a
mano. De hecho, estoy segura de que le gustará cualquier cosa que hagas para él.
౼Oh, no estoy tan segura…
౼Confíe en mí.
La confianza de Yurie tranquilizó a Miyo. Como prácticamente lo había criado, la anciana
conocía a Kiyoka de principio a fin.
౼Pero, ¿qué podría hacer por él?
౼Bueno, si está buscando inspiración, ¡podría tener justo lo que necesita! ౼Yurie salió corriendo
de la habitación y regresó con un libro౼. Puede encontrar algo aquí.
Era un libro de proyectos de manualidades para colegialas con instrucciones para producir varios
artículos cotidianos.
Sí, podría ser capaz de hacer algo como esto, pensó, hojeando el libro. Los proyectos usaban
retazos de tela de kimono y no parecían llevar mucho tiempo. Estaba planeando contarle a Kiyoka toda
la verdad sobre sí misma pronto, pero no antes de darle un regalo. Eso significaba que no podía darse el
lujo de retrasar su confesión absorbiéndose en la elaboración de algo elaborado que tenía posibilidades
de fallar.
౼Avísame si decide hacer algo de este libro. Estaré feliz de ayudarle con eso.
౼Gracias.
Miyo guardó el libro y pasó la mañana haciendo las tareas del hogar con Yurie. Cuando
terminaron, regresó a su habitación para examinar los proyectos con más detalle.
౼Todos se ven tan bonitos.
El libro presentaba hermosas ilustraciones dibujadas a mano y explicaciones fáciles de seguir
sobre cómo construir cada uno de los hermosos accesorios. La emoción se agitó en su pecho solo
hojeando las páginas.
౼La bolsa con cordón es muy fácil de hacer, pero un pañuelo también puede ser bueno.
Había tantas ideas para pequeños regalos. Incapaz de decidirse por algo, siguió pasando las
páginas hasta que algo llamó su atención.
౼Me gusta esto...
El proyecto que estaba viendo era un kumihimo, un cordón trenzado compuesto por hilos de
colores. Mientras Miyo miraba las ilustraciones con admiración, se dio cuenta de que cualquiera de los
ejemplos de cuerdas en el libro le vendría bien a Kiyoka. No solo podría permitirse este proyecto, sino
que sin duda sería un regalo práctico.
Eso es todo.
Si bien no confiaba en su habilidad para trenzar un cordón con tanta elegancia como en las
imágenes, nada más en el libro la llamaba así. Encontró a Yurie y le mostró el proyecto; la anciana elogió
su elección. Miyo tendría que ir a la ciudad a comprar los suministros necesarios, así que le pidió
permiso a Kiyoka esa noche.
౼Señor Kudou, ¿le importaría si salgo mañana?
౼… ¿Por qué? ¿Hay algo que necesites?
No podía decir por su tono neutro si estaba desinteresado o preocupado porque ella saliera sola
cuando no estaba acostumbrada a la ciudad.

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౼Sí, necesito comprar algo en persona. ¿Sería… demasiada molestia?
౼No, por supuesto que no. ¿Quieres ir sola?
౼Estaba pensando en salir con Yurie por la tarde.
Un viaje sola a comprar era algo nuevo para Miyo, así que le había preguntado a Yurie si podría
acompañarla, a lo cual la anciana accedió afablemente.
౼¿No es demasiado peligroso?
౼Creo que estaré bien… No necesita preocuparse ౼Ella asintió, tratando de sonar confiada.
౼… ¿Podría ir contigo? ౼Kiyoka preguntó.
Él frunció el ceño. Aunque era bueno que se preocupara por ella, ella no quería que él supiera lo
que iba a comprar. Ni sería apropiado para ella molestarlo con un recado personal cuando él estaba tan
ocupado.
౼Um… Esta vez no. Estaré bien, lo prometo.
౼Como quieras.
Él suspiró y, por un momento, ella se preguntó si captó una pizca de decepción en sus ojos. Ella
claramente debe haber estado equivocada.
౼Cuidado en la ciudad. No hables con extraños.
౼... Incluso yo sé cómo mantenerme a salvo, señor Kudou.
Ella pensó que estaba siendo sobreprotector, como si fuera una niña. Sería un viaje de compras
muy corto, ya que solo necesitaba unos hilos de algodón baratos. Además, Yurie estaría con ella, por lo
que Miyo no vio ningún peligro en aventurarse en la ciudad por un tiempo. De hecho, estaba emocionada
ante la perspectiva y ansiaba seleccionar los hilos, algo que nunca había hecho antes, y trenzarlos en una
bonita cuerda. El proyecto en el que se había decidido podría usarse como un lazo para el cabello, el
regalo perfecto para un hombre con cabello largo.

En la mañana del día en que planeó salir de compras, Kiyoka con seriedad le entregó una pequeña bolsa
del tamaño de la palma de la mano.
౼¿Qué es esto…?
౼Un amuleto para mantenerte a salvo. Llévalo contigo.
౼Oh, gr-gracias.
Era un amuleto que podrías comprar en cualquier viejo santuario. Miyo lo metió en su faja,
pensando que simplemente estaba exagerando. Ella se iría por solo un par de horas.
౼No olvides llevarlo contigo. Asegúrate de mantenerlo contigo hasta que regreses.
౼Lo haré.
౼¿Lo prometes?
౼S-Sí.
Su preocupación era tan cautivadora que ella no pudo evitar sonreír un poco. Nerviosa,
rápidamente se tapó la boca. Kiyoka frunció el ceño y resopló con resignación antes de quitarle la maleta
y marcharse sin decir una palabra más.

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La atmósfera en la mansión era particularmente incómoda. De hecho, Kouji Tatsuishi nunca se había
sentido tan miserable. Esto se debió en parte al padre de Kouji, el jefe de la propiedad, que estaba
constantemente de mal humor. Kouji escuchaba gritos o algo siendo golpeado o roto por la ira casi cada
vez que pasaba por el estudio de su padre. Aunque su padre estaba indignado porque las cosas no habían
salido bien, con toda honestidad, Kouji era la verdadera víctima aquí.
Su hermano mayor, que rehusaba a mostrar simpatía por su padre porque pensaba que no era de
su incumbencia, lo había llevado a comentar sarcásticamente sobre que el anciano había perdido la
cabeza. La madre de Kouji, por otro lado, se había encerrado en la habitación y se negaba a hablar con
nadie. Mientras tanto, los sirvientes iban encogidos de miedo por ser víctimas de la ira de su maestro, lo
cual solo añadía tensión en el aire. Kouji estaba al límite todo el tiempo.
La gente a menudo le decía que era un joven tranquilo y sereno, y aunque era cierto que evitaba
los conflictos y rara vez perdía los estribos, eso no significaba que nunca se enojara.
౼Kouji, ¿puedo tomarte prestado por un rato? Tengo algunas compras que hacer.
Otra vez esto no. Los lloriqueos de su prometida lo estaban poniendo nervioso. Mientras estaba
enojado con su padre, la mera idea de tener que vivir junto a esta mujer durante décadas lo enfermó
físicamente.
Desde que era pequeño, Kouji había estado enamorado de alguien: Miyo. Era amable y
tranquila, pero también resistente, y había aguantado todo el abuso al que la sometió su familia. Había
esta luz dentro de ella que lo atraía. En ocasiones, cuando la encontraba vulnerable y al borde de las
lágrimas, sentía la necesidad de protegerla en cada fibra de su ser.
Miyo era la hija mayor de la familia Saimori, mientras que Kouji era el segundo hijo de los
Tatsuishi. Sus familias tenían relaciones razonablemente buenas, por lo que parecía dentro del ámbito de
la posibilidad que él se casaría con ella algún día. Pero todo había salido mal.
La novia que le habían legado los Saimori no había sido Miyo sino su cruel hermanastra. Para
empeorar las cosas, Miyo había sido enviada lejos y él ni siquiera podría verla.
Como si eso no fuera lo suficientemente desgarrador, Kouji más tarde supo que aunque su padre
había pedido que los Saimori ofrecieran a Miyo sobre Kaya, quería que ella se casara con su primogénito
sobre Kouji. La forma en que la trataban como una mercancía en lugar de una persona le disgustaba. En
su mente, su familia era tan despreciable como los sádicos Saimori.
౼¿Quieres ir de compras? Bien, iré contigo.
A pesar de todo eso, Kouji le sonrió a su prometida. Se negó a permitir que su disgusto
profundamente arraigado saliera a la superficie y, en cambio, actuó como el joven agradable por el que
todos lo tomaban. La razón por la que se escondió detrás de esta máscara fue simple. Si rechazara a su
orgullosa prometida, Kaya y su madre, Kanoko, convertirían a Miyo en el blanco de su venganza, y no
podía soportar la idea de que le pasara algo malo.
En cambio, mantuvo una estrecha vigilancia sobre la Casa Saimori en busca de cualquier señal
de que la única persona que le importaba había sufrido algún daño.
Solo yo puedo proteger a Miyo.
Suprimiendo su aversión, fortaleció su determinación y se acercó a Kaya.

Las calles bastante angostas estaban repletas, por lo que Miyo tuvo cuidado de no separarse de Yurie.
Como estaba planeado, habían ido juntas a la ciudad. Actualmente, estaban a pocas cuadras de la
elegante calle principal y sus modernos edificios. Esta área era un grupo de tiendas anticuadas.
Era un paseo de treinta minutos desde la casa, así que no tenían problema en llegar hasta aquí sin

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tener coche. Para ser preciso, sin embargo, les había llevado cuarenta, ya que Miyo tenía que llevar un
paso que permitiera a Yurie ir cómoda. La anciana mujer las llevó a una tienda de manualidades.
Aunque Miyo había cosido regularmente desde que fue degradada al estatus de una sirvienta
doméstica, solo había podido usar retales y restos de hilos. Esta era su primera vez en una tienda de telas.
౼¡Oh, dios mío!
Ante ellas se extendían filas y filas de hilos y telas de diferentes colores y patrones, agujas,
tijeras y todo tipo de herramientas y materiales artesanales. La tienda estaba tranquila y apacible pero
maravillosamente llena de color. El corazón de Miyo saltó de alegría. Como en una tienda general, la
clientela iba desde mujeres mayores hasta colegialas alegres que buscaban productos con interés.
౼Ahora, ¿echamos un vistazo a los hilos?
౼Sí, hagámoslo.
¿Qué colores le gustaban a Kiyoka? O mejor dicho, ¿qué colores le quedarían bien?
No creo que él quiera nada llamativo.
Un cordón más brillante y de colores más vivos resaltaría más contra su cabello rubio, pero es
mejor evitar cualquier cosa demasiado llamativa como amarillos o rojos fuertes. Por el contrario, el azul
índigo casi combinaría demasiado con él y dejaría una impresión insulsa y decepcionante. Además, era
demasiado similar al cordón negro que normalmente usaba para su cabello.
౼Simplemente no sé qué elegir...
Mientras Miyo desconcertaba sus opciones, Yurie la miró con una sonrisa. Había una alegría
especial al tomarse el tiempo para considerar cuidadosamente qué comprar. Esto fue especialmente
cierto para Miyo, quien nunca pensó que estaría en condiciones de crear un regalo para alguien. Su vida
pasada había consistido únicamente en obedecer mansamente órdenes y soportar abusos. Le sorprendió
lo feliz que se sentía ante la perspectiva de hacer sonreír a otra persona. Incluso si esta nueva vida suya
fuera breve, estaba inmensamente agradecida de que Kiyoka le hubiera ofrecido la oportunidad de ser
feliz. Una sonrisa apareció en sus labios mientras inspeccionaba los diversos hilos que se ofrecían.
Cuando escogió las cuerdas de su elección, eran casi las once y media. No llegarían a casa antes
del mediodía. Miyo pagó los hilos, aliviada de que estuvieran dentro de su modesto presupuesto, y salió
de la tienda con Yurie.
౼Me alegro de que haya encontrado lo que necesitaba.
౼Yo también. No puedo esperar para ponerme a trabajar en el cordón.
Los colores que había elegido se sentían bien, y estaba muy ansiosa por armar el cordón y
dárselo a Kiyoka. Pero tal vez su regalo no sería bienvenido, considerando que ella era una aficionada y
estaría haciéndolo con cuerdas baratas. ¿Qué diría Kiyoka cuando le diera el cordón hecho a mano? El
pulso de Miyo se aceleró mientras trataba de imaginar su reacción. Una sensación suave y cálida llenó su
pecho y se sintió como si estuviera caminando sobre las nubes.
౼¡Oh, casi lo olvido!
౼¿Qué pasa, Yurie?
La anciana se detuvo de repente.
౼Necesito comprar sal. Señorita, ¿podría esperarme aquí un rato?
౼¿Hace falta sal?
Entonces Miyo recordó que efectivamente se estaba agotando. El pedido que habían hecho con
el comerciante de puerta en puerta se había retrasado, por lo que casi se habían quedado sin sal durante
algún tiempo. Afortunadamente, Yurie se dio cuenta justo a tiempo de que había una tienda de
comestibles cerca.
౼No tardaré.
౼¿Quizás debería ir contigo?

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౼No, no, por favor espere aquí.
La anciana bromeó diciendo que no podía permitir que Miyo robara más de su trabajo
comprando comestibles, y luego se fue. Miyo dudó, sin saber si seguirla, pero cuando decidió hacerlo, ya
no podía distinguir a Yurie entre la multitud. Fue a pararse debajo de un poste de luz para no estorbar a
nadie. Innumerables personas pasaron junto a ella. Ahora que estaba sola, su entusiasmo anterior
disminuyó rápidamente. ¿Por qué me siento tan impotente?
Mientras todos los demás caminaban hacia algún lugar con un sentido de propósito, solo ella
permanecía inmóvil a su lado. La puso ansiosa. ¿Ya regresaba Yurie? Miyo miró hacia la tienda en la que
pensó que había entrado la sirvienta, pero estaba demasiado lejos para ver algo, así que se dio por
vencida y siguió esperando mientras miraba al suelo. Entonces oyó una voz.
౼¡Vaya, si es Miyo!
౼¡!
Un escalofrío le recorrió la espalda. No puede ser ella… Pero no había duda de que esa voz
enfermizamente dulce la ponía tensa cada vez que la escuchaba. ¿Por qué no se le había ocurrido que
podría encontrarse con ella aquí? El estruendo de la calle cedió cuando el sonido de la sangre latiendo en
sus oídos se hizo más y más fuerte.
౼K-Kaya…
Miyo se giró para toparse con Kouji y Kaya, con su brillante sonrisa, de pie justo tras ella. La
belleza de Kaya se había incrementado desde la última vez que Miyo la vio. Llevaba un atuendo vívido y
atrayente como siempre, un kimono color melocotón adornado con un patrón de lirios perfecto para
inicios de verano. Sus gestos elegantes y refinados de inmediato la identificaron como una hija de la
nobleza, atrayendo la atención de los transeúntes. Tan pura era su sonrisa que todos los hombres que la
miraban quedaban hechizados al instante. Pero Miyo sabía mejor que nadie que esta chica inmaculada
era en realidad una víbora.
౼Jeje, ¡vaya sorpresa! No creí por un momento que te fuera a encontrar en la ciudad. ¡Quién
habría imaginado que seguías viva!
En otras palabras, esperaba que Miyo estuviera muerta en una zanja a estas alturas. A pesar de la
gentil sonrisa de Kaya, sus ojos no mostraban nada más que desdén. Cualquiera que las hubiera
escuchado, lo malinterpretar como una escena conmovedora de una dama rica manteniendo una generosa
conversación con una empobrecida aldeana. Con su belleza, imagen de clase alta y voz angelical,
engañaba a la gente con facilidad.
౼A juzgar por tu lamentable apariencia, ¿el Señor Kudou te ha abandonado, y ahora vagas por
las calles? Pobre hermana, que bajo has caído.
౼N-no… Eso no es…
Miyo apenas podía hablar, con la mente en blanco y la boca seca.
౼Kaya, déjala ir- ౼Kouji parecía como si estuviera a punto de interponerse entre ellas.
౼No te metas en esto, Kouji.
Kaya lo interrumpió bruscamente sin ni siquiera girarse para mirarlo, esa dulce sonrisa aún
plasmada en su rostro. Ella no dejaría que él arruinara su diversión atormentando a Miyo. Estaban en
público, por lo que Miyo no pensó que Kaya iría tan lejos como para atacarla físicamente, pero sin
embargo, el miedo arraigado en ella por años de abuso la hizo retroceder. Su única forma de lidiar con la
intimidación era parecer pequeña y soportarlo hasta que terminara.
౼No podría haber sido de otra manera, ¿verdad? El señor Kudou nunca se casaría con una doña
nadie como tú. Es obvio que no te habría mantenido. Pero mira el lado positivo: ¡todavía estás viva!
౼…
౼O tal vez desearías estar muerta después de lo que te han hecho? Ni siquiera puedo imaginar
por qué tipo de cosas has pasado…

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Kaya estalló en risitas. Burlarse de Miyo nuevamente después de un período de sequía tan largo
la puso de excelente humor. Aferrándose a Kouji, soltó una carcajada de Miyo, que estaba temblando y
mirando al suelo.
౼ Kaya, es suficiente. Solo vámonos.
౼¿No te dije que te callaras, Kouji? Miyo, si estás en una situación desesperada, podría
considerar darte algunas monedas sueltas si te arrastras por el suelo y lo ruegas.
౼Yo... yo...
Ella quería decir algo de vuelta. Cuando vivía en la Casa Saimori, no había podido defenderse.
Ahora, sin embargo, ya no estaba sujeta a sus reglas. Pase lo que pase en el futuro, nunca volvería allí.
Ahora todo lo que quería era expresar los agravios que se habían acumulado en su corazón durante años
de maltrato, devolvérselo a Kaya. Pero a Miyo aún le resultaba imposible oponerse a ella.
౼¿Se te comió la lengua el gato? Veo que sigues tan inarticulada como siempre.
౼Yo... lo siento...
Miyo estaba amargamente decepcionada consigo misma. Pensó que había comenzado a cambiar
después de que Kiyoka le dijera que dejara de disculparse tanto, pero ver a su hermanastra fue suficiente
para hacerla temblar de miedo y agachar la cabeza. Este terror la controlaba y era impotente contra él.
Apretando los puños hasta que los nudillos se le pusieron blancos, la visión se le nubló. Las paredes que
había construido alrededor de su corazón se habían vuelto quebradizas por la exposición a la bondad de
Kiyoka y Yurie, y ahora finalmente cedieron.
Las lágrimas brotaron de sus ojos. No debo llorar… No podía dejar que Kaya viera cuán
profundamente habían herido sus palabras. Ella no podía darle la satisfacción.
౼Señorita Miyo.
Miyo se volvió sorprendida para encontrar a Yurie, que había regresado de comprar.
౼Siento haberla hecho esperar tanto tiempo. Veo que tiene compañía.
౼Um… Ellos son…
౼Buenas tardes. ¿Eres compañera de Miyo? Soy Kaya Saimori. Es tan agradable ver que mi
hermana tiene una amiga.
Kaya le dedicó una cálida sonrisa a Yurie, que la miraba con recelo. Nadie sospecharía que Kaya
no es más que una chica de buenos modales si la vieran así. Iba a ganarse a Yurie y ponerla en contra de
Miyo. Tal vez ella también haría eso con Kiyoka. No... cualquier cosa menos eso... Pero, ¿cómo podría
detenerla Miyo? Ella trató frenéticamente de evocar una solución, pero no se le ocurrió nada. Kaya era
tan superior en todos los aspectos que Miyo siempre estaba destinada a perder con ella. Sintió como si un
abismo oscuro la estuviera tragando sin piedad... Pero estaba equivocada. Yurie colocó suavemente su
mano sobre la espalda encorvada de Miyo.
౼Mi nombre es Yurie. ¿La compañera de la señorita Miyo Saimori? No soy nada de eso. Es la
prometida de mi señor.
El calor que irradiaba la mano de la anciana hizo que Miyo respirara un poco mejor.
౼¿Se va a casar con tu señor?
Kaya abrió mucho los ojos con asombro.
౼Así es. Ella se va a casar con el señor Kiyoka Kudou.
౼¡¿Qué?!
Yurie anunció esto con dignidad, su voz fuerte y orgullosa. Derribó a Kaya de su paso.
౼Oh, ¿es así? No pensé que el señor Kudou estaría satisfecho con mi hermana. Vaya, qué
hombre más caritativo. ¿O tal vez ella simplemente despertó su curiosidad? Simplemente no puedes
confiar en todos los rumores que escuchas sobre la gente de la ciudad, ¿verdad? ౼Kaya ocultó su
expresión detrás de la manga larga de su kimono mientras recuperaba la compostura. No dejaría caer su

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máscara de perfección. Al menos no fue tan atrevida como para continuar acosando abiertamente a su
hermana frente a Yurie.
> Querida hermana, fue agradable verte. Me temo que tenemos que irnos.
Sonrió agradablemente mientras sus ojos permanecían fríos, entrelazó su brazo con el de Kouji,
y entonces se alejaron.
Miyo finalmente soltó el aire que había estado conteniendo. La tensión en su cuerpo empezó a
liberarse.
౼¿Volvemos, señorita?
౼Sí, vamos…
Miyo no podía soportar mirar a Yurie, que había hablado de ella tan cándidamente. La anciana
debe haber sido testigo de al menos la última parte de la conversación, viendo a Miyo recibir
patéticamente el abuso sin contraatacar. Y eso debía haberla hecho dudar de si realmente Miyo era
adecuada para Kiyoka. Todas las cosas duras que Kaya le había soltado eran cosas que Miyo ya sabía.
Lamentó no haber podido valerse por sí misma, pero Kaya no había dejado ninguna herida nueva que no
estuviera ya allí. Excepto que ahora había desarrollado un nuevo miedo: el miedo a convertirse en una
decepción para Yurie. A pesar de que Miyo había estado convencida desde el principio de que la oferta
de matrimonio no habría resultado en nada, la mera idea de escuchar a Yurie o Kiyoka llamarla ‘no apta’
era insoportable.
La emoción y la felicidad que había sentido antes cuando estaba comprando los hilos para el
regalo de Kiyoka se habían hundido en el mar de tristeza en su corazón. Me odio. Me desprecio
completamente por ser así.
Ella no dijo una palabra en el camino de regreso a casa. Sintiendo que Miyo no quería hablar,
Yurie no intentó iniciar una conversación. Con los ojos fijos en sus pies, Miyo caminó, ajena al bullicio
de la concurrida calle principal, los callejones de la ciudad, el tranquilo sendero del campo. En marcado
contraste con sus sentimientos oscuros y pesados, el área circundante estaba bañada por el sol, y las
tierras de cultivo y los campos se veían tentadoramente tranquilos.
Yurie finalmente habló con Miyo cuando llegaron a casa.
౼Señorita, ¿por qué no almorzamos ahora?
౼… Gracias, pero no tengo hambre.
౼Pero, señorita…
౼Muchas gracias por tu compañía hoy. Por favor, no te preocupes por mí y ve a descansar un
poco.
Evitó mirar a la anciana a los ojos, temerosa de lo que pudiera ver en ellos. Dejando a Yurie en
el pasillo, Miyo se retiró a su habitación. Tan pronto como cerró la puerta, se derrumbó en el suelo y se
quedó sentada allí durante un rato, mirando distraídamente el tatami.
Soy tan inútil. ¿Por qué era ella de esta manera? ¿Por qué no servía para nada? Otras personas
tenían muchas cualidades maravillosas, su hermana en particular, pero ella… ella no tenía nada.
Completamente convencida de su propia impotencia, no tenía idea de cómo continuar.

Para cuando Miyo y Yurie regresaron a la casa de Kiyoka, este fue a rendir visita a los Saimori. Aún
estaba preocupado porque Miyo fuera a la ciudad sin él, pero ella iba con Yurie. En cualquier caso,
necesitaba hablar con Shinichi.
Muchas familias ricas tenían sus fincas en la parte de la ciudad donde los Saimori vivían, pero su
gran mansión destacaba sobre el resto. En contraste con el hogar familiar que el padre de Kiyoka había
construido —una mansión estilo occidental— esta era una residencia tradicional japonesa. Vieja pero
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opulenta. Se figuraba que databa de la época antes de que esta ciudad fuera la capital. Aún así, sabía que
detrás de este elegante exterior habitaba gente podrida hasta la médula.
Una sirvienta que estaba esperándole en la puerta lo llevó a la casa principal.
Kiyoka notó su excesiva buena educación.
౼Le estaba esperando, Señor Kudou.
Shinichi Saimori salió para recibirle, sus maneras aún hospitalarias.
Vaya bienvenida me está dando.
¿Este hombre no comprendía la situación? ¿En serio pensaba que Kiyoka iba obviar como había
tratado a su prometida entre estos muros? Si este hombre estaba esperando en serio construir una buena
relación con él tras todo lo que había hecho, si falta de carácter moral no ayudaba. Entonces, los Saimori
no habían disfrutado de una buena reputación en mucho tiempo.
Quizás su percepción del mundo estaba tan deformada que asumía que todos tratarían a Miyo
como una muchacha sin valor, Kiyoka incluído. O pensarían que Kiyoka se había deshecho rápidamente
de ella y olvidado su existencia. Simplemente especular sobre cómo trabajaban las mentes de esta gente
le hizo enfermar del estómago.
౼Aprecio que acceda a recibirme con tan poca antelación.
Le costó una gran fuerza de voluntad suprimir su desprecio hacia Shinichi y permanecer
civilizado, pero intentando tanto como pudo, no pudo arreglárselas para hablarle con cierto aire de
amabilidad.
౼Es un honor que se molestase en hacernos una visita. Por favor, entre.
Kiyoka siguió a Shinichi por el pasillo, mirando a su esposa, Kanoko, cuando pasó a su lado.
Ella permaneció modestamente detrás de su marido, ilegible. Pero la faceta de virtuosa esposa que fingía
ser alteró a Kiyoka incluso más que la fealdad que conocía debajo de su máscara.
Le mostraron la sala de recepción. Kiyoka se sentó para enfrentarse a Shinichi en frente de una
vista del bien cuidado patio interior y los lujosos y agradables pinos en él. Shinichi habló primero.
౼Bueno, Señor Kudou. ¿Qué le trae por aquí?
౼Su hija Miyo.
Mirando a Shinichi, Kiyoka describió su intención sin las habituales cortesías. El anciano
frunció el ceño y cuadró los hombros en respuesta.
౼¿Qué ha hecho?
¿Qué…? ¿Qué pasaba con este hombre? ¿Había imaginado que Kiyoka venía a quejarse de
Miyo más que por el horrendo trato que su padre tuvo hacia ella?
౼Me gustaría comprometerme formalmente con ella para que podamos casarnos a corto plazo.
౼¿Es así?
Shinichi respondió tras una pausa anormalmente larga antes de asentir, pareciendo
imperturbable. La reacción de su esposa, que estaba sentada en una esquina, no se le escapó a Kiyoka:
oyó su aguda respiración, sus ojos abiertos por la sorpresa.
౼Me gustaría aprovechar esta oportunidad para aclarar los asuntos entre nuestras familias.
౼Hmph. ¿Qué asuntos exactamente?
౼Los hombres de mi estatus se espera que compensen a la familia de la novia por darles a su
hija. Sin embargo, rechazo ese honor en esta ocasión.
A pesar de su animosidad hacia los Saimori, Kiyoka explicó las cosas de una forma contundente
para evitar implicar rudamente que no se merecían el beneficio de Miyo de ningún modo.
౼¿Qué quiere decir?

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౼¿No lo supone?
Su mirada se afiló, y Shinichi apartó brevemente la mirada.
౼¿Está diciendo que mi familia no recibirá compensación? Pero, Señor Kudou…
Kiyoka levantó la mano para detener las protestas del hombre. Deseaba haber podido
simplemente cortar los lazos entre sus familias lo antes posible sin dejar que Miyo supiera que había ido
a verlos. De hecho, fácilmente podría haber hecho que Shinichi firmara una declaración oficial indicando
que su familia nunca contactaría a Miyo ni a nadie de la Casa Kudou. Y si bien eso habría asegurado la
tranquilidad de Miyo a partir de ese momento, también habría negado su cierre. Los recuerdos de esta
casa la perseguirían para siempre. Por eso había tenido que tomar medidas adicionales.
౼Hay una condición.
౼…
౼Si ofrece sus más sinceras disculpas a Miyo en persona, les daré una muy generosa dote.
Aunque la expresión de Shinichi no había cambiado, sus puños estaban apretados.
Mientras tanto, Kanoko estaba apretando los dientes con indignación.
Kiyoka había investigado a fondo los asuntos de su familia, por lo que sabía que su estado
pendía de un hilo. Su amada hija Kaya había nacido con Visión Espiritual, pero sus habilidades
sobrenaturales no eran dignas de mención. Quedaba la posibilidad de que sus propios hijos resultaran
extraordinariamente Agraciados, pero si no lo fueran, la familia Saimori ya no podría cumplir su papel
como vasallos del emperador. Despojados de privilegios y su estipendio, tendrían que depender de su
riqueza acumulada para sobrevivir, pero no había mucho para todos. La familia Tatsuishi con la que
también habían tenido relaciones se enfrentaba a una situación similar, por lo que tampoco serían de
mucha ayuda. A la luz de esto, Shinichi debería haberse abalanzado sobre cualquier limosna que pudiera
obtener.
౼¿Quiere que... me disculpe?
౼Depende de usted. Si no quiere hacerlo, simplemente terminaremos las relaciones entre
nuestras familias de una vez. Tenga en cuenta que estoy al tanto de la verdad de cómo se ha criado a
Miyo.
౼Shinichi… ౼Kanoko se dirigió a su marido implorando.
Cosechas lo que siembras. La falta de parentesco consanguíneo no la excusa de cuidar a su
hijastra. Las quejas que Kanoko y Shinichi habían tenido hacia la madre de Miyo, su hija era solo una
niña inocente que merecía una familia amorosa que la criara. En cambio, la trataron como una salida
para sus frustraciones reprimidas y le arrebataron la vida que debería haber llevado. Esto no era una
mera bagatela: el daño que habían hecho sería extremadamente difícil de reparar.
Kiyoka esperó, viendo gotas de sudor aparecer en la frente de Shinichi. El mayor cerró los ojos
por un momento. Cuando los abrió, habló con una voz que era más como un gemido.
౼Deme tiempo para pensarlo ౼respondió.
౼Muy bien. Pero no tarde mucho.
౼No lo haré.
Sin ocultar más su animosidad, Kiyoka se puso de pie para irse. Los hombros de Shinichi
temblaban de rabia. No vio salir a su invitado.

Kayahabía disfrutado de las compras en la ciudad, pero cuando regresó a casa, de inmediato notó que las
cosas estaban extrañamente tensas.

54
౼¿Tenemos invitados?
Realmente no estaba de humor para ellos. El viaje de compras la había dejado algo... inquieta.
Aunque no tenía ninguna aversión particular por Miyo, encontrarse con su hermanastra en la ciudad la
había tomado por sorpresa. Aún así, nada levantó el ánimo de Kaya como ser desagradable con Miyo.
Sin embargo, esta vez no había ido exactamente según lo planeado, y Kaya se encogió solo de pensarlo.
Su prometido tratando de ponerse del lado de Miyo había sido una cosa, pero descubrir que Kudou aún
no había echado a Miyo la puso furiosa. Encontró consuelo al decirse a sí misma que Kudou había
permitido que Miyo se quedara en su casa simplemente porque se había olvidado de ella. Si le importara,
ella no estaría caminando por la ciudad vestida como una pobre. Sin embargo, todavía la fastidiaba.
౼Kaya, por favor, no hay necesidad de estar tan molesta.
౼No eres quien para hablar, Kouji. ¿Te gusta tanto mi hermana? Ahórrate el esfuerzo de
ofrecerme sutilezas.
Haciendo un puchero, se alejó de Kouji. Dejó caer los hombros con resignación y continuaron en
silencio.
¡¿Por qué no dice nada?! ¡¿Por qué no niega que le gusta Miyo?! Si él le acariciaba el cabello
mientras susurraba dulces palabras, tal vez ella lo perdonaría. Qué hombre irritantemente denso. Quizás
sería mejor rechazar su mano en matrimonio después de todo. Kaya siguió vilipendiándolo en su cabeza
hasta que hizo un ruido de sorpresa.
౼¿Qué es? ౼preguntó ella౼. Oh, ¿podría ser el visitante?
En el momento en que entraron a la casa, vieron a un hombre alto que salía de la sala de
recepción. Estaba vestido con un uniforme militar. Joven pero con muchas insignias que indican un alto
rango. Inclinaron ligeramente la cabeza cuando pasó para no ser groseros, pero Kaya levantó la mirada
justo a tiempo para captar la tez del invitado.
Él es impresionante...
Él la miró con tanta frialdad que ella se estremeció, pero su belleza aún la encandiló. A pesar de
su esbeltez y gracia, no daba la impresión de ser un hombre débil. No podía apartar los ojos de él
mientras se alejaba, los movimientos de su cuerpo tan perfectos, el cabello largo balanceándose con cada
paso. Estaba hipnotizada.

Tras visitar a los Saimori, Kiyoka se había detenido en su trabajo antes de irse a casa. Por alguna razón,
Yurie estaba aún allí cuando regresó, incluso aunque a estas horas solía marchar. Tanto ella como Miyo
salieron a recibirle, pero su prometida no parecía como siempre.
౼Bienvenido, Señor Kudou.
౼Bienvenido a casa, Joven Señor.
Los pensamientos de Miyo parecían estar en otra parte. Yurie la miraba como si quisiera decir
algo pero le habían dicho que no lo hiciera.
౼Gracias ౼respondió౼. ¿Pasa algo?
౼Bueno, verá-
౼No ౼Miyo intervino rápidamente antes de que Yurie tuviera la oportunidad de decir algo
más౼. Siento haberle preocupado. Todo está bien.
౼Señorita Miyo…
Yurie protestó, preocupada. Kiyoka frunció el ceño. Miyo había mejorado al mirarlo a los ojos
cuando hablaban, pero ahora se negaba a mirarlo directamente. Era como si de repente hubiera vuelto a
ser como había sido el primer día en su casa.

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౼¿Pasó algo? ౼presionó Kiyoka.
౼No, nada de nada. Ahora si me disculpa...
En lugar de cenar con él como de costumbre, volvió a su habitación sin levantar los ojos del
suelo ni una sola vez.
Eso definitivamente no es ‘nada’..., pensó Kiyoka.
Ahora que él y Yurie estaban solos, se volvió para preguntarle al respecto. La anciana agachó la
cabeza abatida.
౼Lo siento mucho, Joven Señor. Me temo que no protegí a la Señorita Miyo.
౼ ¿Pasó algo mientras estabais en la ciudad?
౼Sí…
Yurie le dijo que Miyo había completado sus compras sin ningún incidente, pero en el momento
en que Yurie se apartó brevemente de su lado, Miyo había sido abordada por su autoritaria hermanastra.
Consternado, Kiyoka casi chasqueó la lengua mientras escuchaba la explicación. Pensar que esto habría
sucedido mientras estaba en la residencia Saimori. Deseó haberle dicho algo a Kaya cuando se encontró
con ella en el pasillo. Kiyoka realmente había puesto el carro delante del caballo al hablar primero con el
padre de Miyo.
౼Excepto por salir a saludarle hace un momento, ha estado encerrada en su habitación desde
entonces. He estado fuera de mí con la preocupación. Por eso no fui a casa.
Kiyoka aún no le había contado a Yurie sobre la familia abusiva de Miyo. Él no tenía la
intención de mantenérselo en secreto; por el contrario, esperaba que Yurie pudiera usar esa información
para ayudar a Miyo a recuperarse de su trauma, ya que la anciana había pasado más tiempo con Miyo
que él. Pero simplemente no se había puesto a ello, un grave error, en retrospectiva. En ese momento, se
sintió impotente. He estado tan ciego.
Ahora Kiyoka no sabía qué podía decirle a Miyo para consolarla. Aunque había rechazado tantas
ofertas de matrimonio, había considerado a tantas mujeres inadecuadas para él, que tal vez él era el que
no era apto para el matrimonio. Tal vez fueron estos momentos, cuando se congelaba porque no sabía
qué decir o cómo proceder, lo que llevó a la gente a llamarlo frío e insensible.
Pero esta vez, no podía dejarse paralizar por la inacción, porque realmente quería proteger a
Miyo. Quería verla sonreír de corazón otra vez, como lo había hecho cuando le había regalado ese peine.
౼¿Qué puedo hacer para aumentar su confianza? ౼murmuró.
౼Es simple. ౼Yurie sonrió౼. Hay un método que garantiza que funciona: hacerla sentir amada.
Demuéstrele que la amas y la valora, y eso le brindará tranquilidad más que suficiente.
౼…
¿Amor? ¿Era eso lo que sentía por ella? Si bien no estaba seguro de confesar sus emociones, al
menos podía ser honesto con ella sobre sus intenciones.
౼Si eso la hace sentir mejor… ౼Él le diría todo.
Era muy tarde, así que llevó a Yurie de regreso a su casa. Cuando regresó, fue a ver a Miyo.
Estaba en su habitación y había cerrado la puerta.
౼Soy yo. ¿Puedo pasar?
Abrió la puerta solo una fracción y miró a través del hueco.
౼Perdone, Señor Kudou, ¿pero le importaría dejarme a solas un tiempo?
Para su sorpresa, ella no sonaba llorona o sacudida. Su voz era normal, tranquila pero calmada.
Pero podía todavía decir que estaba incluso más deprimida de lo normal.
౼Solo quiero hablar contigo. ¿No puedes dedicarme unos minutos?
౼Lo siento.

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Había bajado la cabeza así que no podía verle la cara. No parecía el momento adecuado para
confesarle sus sentimientos ahora que estaba tan abrumada por los suyos. Suspirando, miró a su pequeña
cabeza, la cual ella mantenía tan persistentemente baja. Cuando alguien era herido, era mejor no
forzarlos a abrirse.
౼Bueno, no insistiré entonces.
౼Prometo no faltar en mis labores domésticas.
౼… No te preocupes por eso.
Miyo tenía la cabeza inclinada como para tratar de mitigar las preocupaciones de él.
౼Déjame solo decirte esto…
Miyo iba a cerrar la puerta de nuevo, pero fue detenida cuando Kiyoka la llamó.
౼Lo que te atormenta… mejorará con el tiempo. No dejes que te consuma.
La gente nacía con el Don o sin él. Nada podía cambiarlo, pero había muchas otras cosas que
Miyo podía aprender. Casi todas las fuentes de su bajo valor podrían resolverse, sus temas familiares
incluídos. Todo lo que necesitaba era tomar esa elección. Kiyoka ya había tomado la suya.
౼Siempre puedes contarme lo que sea.
Su urgencia para hablar con ella no había disminuido, pero se forzó a sí mismo a dejar el asunto
por ahora. Quizás era mejor que esperase hasta que ella estuviera lista.
౼… Lo haré.
La respuesta de Miyo llegó un poco tarde. Su voz no era fuerte, ni débil.
Optando por cambiarse de ropa después, Kiyoka en su lugar fue a su estudio. Se sentó con un
suspiro, perdido en sus pensamientos. Entonces tomó pluma y papel.

La estación de los cerezos en flor había terminado, con las flores dando paso a un fresco follaje. Había
pasado una semana desde que Miyo había comenzado a quedarse en su habitación. Para Kiyoka, cada
uno de esos días se sentía largo y deprimente. Ella no lo vería siquiera cuando se iba al trabajo ni lo
saludaría cuando regresaba. Comía en su habitación. Los días de él no tenían color al no verla, y su
casa… de algún modo estaba más fría.
Lo que lo derrotó fue la continua falta de respuesta de los Saimori, junto con apariciones
implacables de familiares conjurados que alguien había enviado para espiarlo. Aunque tenía una idea de
quién podría estar detrás de las criaturas, no había hecho ningún progreso en localizarlas o determinar
sus motivos hasta el momento, por lo que no podía hacer ningún progreso en ese frente. Una vez más, se
presentó en su lugar de trabajo de mal humor.
౼Luce sombrío hoy, comandante ౼Godou destacó mientras organizaba los documentos en la
oficina de Kiyoka.
Kiyoka notó una sonrisa mostrarse en los labios de su subordinado. Le incomodaba que Godou
encontrara la situación divertida.
౼Déjeme suponer… Es por la chica. Es la primera que ha mantenido por tanto tiempo.
Corríjame si me equivoco, pero aún no ha hecho las cosas oficiales con ella, ¿no?
౼…
౼Nunca le tomé por un hombre que se enojaría por una mujer. El mundo está lleno de sorpresas.
౼… Ocúpate de tus propios asuntos.
౼Esta dama que le robó el corazón debe ser realmente especial. Me encantaría volver a verla.

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౼Basta. Esto no es algo para bromear.
౼¿Por qué no?
Hablar con Godou fue agotador. Siempre estaba bromeando.
౼Más importante aún ౼dijo Kiyoka౼, puedo contar contigo mañana? ౼Su capaz mano derecha
sonrió.
౼Por supuesto. Estación Central al mediodía, luego un viaje a su casa. No se olvide de mi
compensación, por favor.
౼Ten por seguro que no lo haré.
౼Entonces soy su chico.
Kiyoka a menudo había estado saliendo de su oficina durante el día últimamente. Por supuesto,
se aseguró de presentar una solicitud oficial y obtener el permiso de sus superiores de antemano cada
vez, pero aún se sentía un poco culpable por aumentar la carga de trabajo de Godou con sus ausencias.
Para compensar eso, se había ofrecido a pagarle a su asistente un poco más de su propio bolsillo. En
cambio, Godou le pidió a Kiyoka que pagara su cuenta por tres noches en un izakaya popular en la
ciudad, una compensación insignificante en lo que respecta a Kiyoka.
Pensó en el día siguiente, tratando de imaginar la reacción de Miyo con una mezcla de ansiedad
y anticipación, esperando que fuera feliz.

Miyo estaba sentada aún en su escritorio, lentamente trenzando hilos. Había dominado la técnica por
completo, pero aún no estaba lista para lo que vendría cuando terminase. Así que trabajó a paso de
caracol para comprar algo de tiempo.
Alimentada con el recordatorio de Kaya sobre su inutilidad, Miyo evitó pensar en su
hermanastra. En su lugar, pensó en Kiyoka: su fuerza, amabilidad, belleza. Por mucho que sintiera que
no merecía estar al lado de un hombre tan extraordinario, estar con él era tan maravilloso que le hizo
desear nunca dejar su lado. Sabía que debería decirle eso. Que ella debe hacer todo lo posible para
volverse útil para él. Aunque es posible que no haya tenido ningún poder especial y que no haya sido
elegida como su esposa, al menos podría convertirse en su sirvienta y apoyarlo detrás de escena, como
Yurie. Retrasar lo inevitable no cambiaría nada.
Echó un vistazo al lado de su escritorio a la cinta para el cabello que ya había terminado de
hacer. Era un cordón precioso con un trenzado impresionante. Excelente trabajo para una aficionada. Ya
había completado el regalo que quería hacer, así que ahora estaba usando los hilos sobrantes para
construir otro cordón trenzado con un patrón diferente, una excusa para quedarse encerrada en su
habitación.
Mientras su cabeza palpitaba por la falta de sueño, Miyo suspiró. Desde su llegada a la casa de
Kiyoka, ha estado teniendo pesadillas. Se despertaba en medio de la noche, superada por el odio a sí
misma y la ansiedad, y no podía volver a dormirse.
౼Perdóneme por molestarla, señorita ౼Yurie gritó desde detrás de la puerta justo cuando Miyo
comenzaba a desanimarse de nuevo. Era más de mediodía y, dado que Miyo no había almorzado
recientemente, no sabía qué podría querer Yurie de ella.
౼... ¿Pasa algo, Yurie?
౼Tiene una invitada, señorita. ¿La vería ahora?
¿Alguien viene a verme? ¿Quién se molestaría en visitarla en la casa de Kiyoka? Miyo no creía
que fuera alguien de su familia, y había perdido hace tiempo el contacto con las amigas de la escuela. No
podía pensar en alguien más que supiera de su ubicación.
౼Sí, déjala entrar.
58
Quien fuera, habría sido maleducado no verla. Miyo oyó la puerta a su cuarto abrirse, y se giró
para mirar… y no pudo creer lo que veía.
౼Ha pasado mucho tiempo, Dama Miyo.
Miyo estaba tan sorprendida que su voz se atoró en la garganta. Aunque la mujer en su puerta
había envejecido, su cara era igualmente familiar.
౼H-Hana…
౼Mírela como ha crecido.
Hana estaba sonriéndole con un brillo de lágrimas en los ojos. Yurie trajo un cojín extra para la
invitada de Miyo y las dejó solas. Se sentaron frente a frente, pero la atmósfera estaba rara, así que no
sabían a dónde mirar.
Hana no había cambiado. Estaba un poco más delgada, pero Miyo reconoció la calma y ternura
en sus ojos. Sin embargo, Miyo estaba demasiado sorprendida como para alegrarse por su reunión. Hana
había sido su doncella de confianza, y su desaparición estaba atada a ese triste recuerdo de ser encerrada
en el almacén. El momento en que de repente perdió a la única persona que se preocupaba por ella.
Muchos años habían pasado. Cuando los Saimori despidieron a Hana, Miyo se sintió
desamparada, sola en un entorno hostil. Era como si le hubieran quitado un órgano vital. Había perdido
la voluntad de vivir. Mientas el tiempo pasaba, se acostumbró al vacío resultante. Ya que nunca esperó
ver a Hana de nuevo, Miyo no había imaginado qué le diría si se reunían. Miyo permaneció en silencio
hasta que Hana habló.
౼Me alegra verla bien, Dama Miyo.
౼Sí, igualmente… ౼Fue todo lo que Miyo pudo decir.
Hana era tan reverente con Miyo como lo había sido cuando todavía era su doncella. Pero desde
la expulsión de Hana, los Saimori le habían enseñado a Miyo a hablar como una sirvienta. Ahora le
resultaba difícil conversar con normalidad.
౼Ahora soy una mujer casada ౼dijo Hana.
౼Oh, um... Felicidades.
౼También tengo hijos. Mi marido es de un pueblo cercano al de mi padre. Trabajamos juntos en
nuestra granja. Estoy bastante contenta con mi vida.
Fue solo entonces que Miyo notó que Hana estaba más bronceada de lo que recordaba. Unas
tenues líneas marcaron el rostro sonriente de Hana. Siempre había sido una persona cálida, pero ahora
parecía más maternal y más en paz.
౼¿Y usted, Dama Miyo? ¿Está contenta con la suya?
Eso hizo que Miyo se detuviera.
౼Yo…
Recordó todo lo que había sucedido desde que se mudó a esta casa, pero no pudo encontrar una
respuesta a la pregunta de su ex sirvienta. Al verla dudar, Hana colocó sus manos sobre las de Miyo, las
apoyó en sus rodillas y las apretó con fuerza. Solía hacer eso cuando Miyo era pequeña, por lo que el
calor de sus manos se sentía reconfortantemente familiar.
౼Siento mucho no haber podido estar ahí para usted cuando estaba sufriendo tanto.
౼Hana…
౼Como no pude ayudarle todos esos años, pensé que no merecía verla ౼Le confió, con el rostro
contraído por un sincero arrepentimiento౼. Pero, ¿sabe por qué decidí venir después de todo?
Sus ojos se encontraron.
౼Porque quería verla feliz. Quería ver a mi preciosa damita que había soportado tantas
dificultades sonreír alegremente al fin.

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౼…
Algo picaba en la nariz de Miyo. No quería que Hana viera cuan bajo había caído, para darse
cuenta de que ya no era su ‘preciosa damita’. No quería cargar a la mujer que la había cuidado desde que
murió su madre, que la había tratado con genuina calidez.
౼Pero, Hana, yo…
Miyo se había desesperado cuando su familia decidió ofrecerla como novia a los Kudou. Pero su
prometido, aunque aterrador al principio, había demostrado ser un hombre amable. Se sentía como en
casa en su residencia y había encontrado una amiga en Yurie. Había experimentado una felicidad que
nunca podría haber imaginado cuando vivía con su familia. Sin embargo…
౼Hana, no tengo el Don. Ni Visión Espiritual, nada. ౼Su voz temblaba౼. Así que no soy digna
de casarme con el señor Kudou. No podré quedarme aquí mucho más tiempo.
El rostro de Hana se volvió borroso. Miyo se mordió el labio para evitar llorar. Hablar en voz
alta de sus sentimientos los hizo doler aún más. No quería irse, y no era solo porque no tenía a dónde ir.
౼Mi señora...
Miyo se había quedado callada, temiendo no poder contener las lágrimas si decía algo más. Hana
la miró, preocupada.
౼… Déjeme hacerle una pregunta, Dama Miyo ౼Hana susurró después de un rato౼. ¿Cómo cree
que logré venir a verla hoy?
౼¿Eh?
౼Algún tiempo después de mi despido, fui a su casa nuevamente y rogué que me contrataran,
pero me negaron rotundamente. Desesperada por saber cómo le había ido, les pregunté a los otros
sirvientes con los que solía trabajar sobre usted. Pero no importa cuánto rogué, solo me miraron con
tristeza y mantuvieron la boca cerrada. No tuve más remedio que regresar a mi ciudad natal. Por
sugerencia de mis padres, me casé con el que ahora es mi marido. Entonces, ¿cómo podría yo, sin
vínculos con su familia o cualquier otra persona en la capital, ir a buscarla aquí?
౼Yo... no sé...
Miyo sabía que Hana se preocupaba mucho por ella, pero su ex sirvienta no podría haberla
encontrado por su cuenta, sin importar cuánto lo hubiera intentado. Alguien debe haberle dicho que su
familia la había enviado aquí.
౼Cuando recibí la carta y vi de quién era, al principio pensé que debía haber sido un error. ¿Por
qué me escribiría un noble, a mí, una plebeya? Mi Dama, este señor Kudou suyo realmente tiene un
corazón de oro.
Esa era la única posibilidad, por supuesto. Nadie más se habría tomado la molestia de encontrar
a Hana y traerla aquí.
౼Era él...
Solo podría haber sido Kiyoka. Antes, él le había dicho: ‘Lo que te atormenta, mejorará en poco
tiempo. No dejes que te atormente’. Él debe haber averiguado su pasado y no ha dejado piedra sin
remover. Y si sabía sobre Hana, entonces debe saber todo sobre la propia Miyo. Así que cuando dijo eso,
¿había querido decir…?
¿Que no debería preocuparme por el matrimonio porque nunca sucederá, ya que no tengo el
Don?
A pesar de su tendencia a asumir lo peor, había llegado a conocer un poco a Kiyoka. Si bien ella
no podía saber cómo era él en el trabajo, él siempre era amable cuando estaba con ella. Así que no pudo
haber sido eso.
౼… Hana, ¿he tenido la impresión equivocada todo este tiempo?
౼¿Mi señora?

60
౼A diferencia de Kaya, no tengo Visión Espiritual ni ninguna otra habilidad sobrenatural...
Siempre creí que no valía nada por eso.
Poseer el Don o no decidir tu destino. Como alguien que nació sin él, Miyo estaba destinada a
recibir un mal trato por parte de su familia. ¿No era eso lo que había interiorizado en algún momento de
su vida? Ella no podía negarlo.
౼Tenía miedo de decirle al Señor Kudou que me faltaba el Don. Pensé que pondría fin a este
breve período feliz de mi vida. Estaba absolutamente convencida de que se desharía de mí de inmediato
si lo supiera.
No se le había ocurrido que esta línea de pensamiento se mantendría solo si Kiyoka fuera como
su padre, para quien el Don había sido crucial. Miyo debería haberle hablado con sinceridad mucho
antes, no para acelerar lo que ella había pensado que era inevitable, que él la echara a la calle, sino para
averiguar si hablaba en serio acerca de casarse con ella. Le había tomado tanto tiempo entender eso.
౼Yo…
Echó un vistazo a su escritorio, al cordón que estaba trenzando y al lazo para el cabello
terminado junto a él, los cuales había hecho para Kiyoka. Hana le apretó la mano y Miyo se volvió hacia
ella, notando la mirada seria en sus ojos.
౼Tenga valor, Dama Miyo. El señor Kudou le está esperando.
౼¡…!
౼Estará bien. Y pase lo que pase, tenga en cuenta que acudiré en su ayuda si lo necesita.
౼Gracias, Hana.
Miyo la abrazó como una niña pequeña aferrada a su madre. Le trajo recuerdos. Solía
acurrucarse con Hana y enterrar la cara en su pecho cada vez que tenía ganas de llorar. Mientras Hana
acariciaba suavemente el cabello de Miyo, su cálida mano se sentía tal como la recordaba.
౼Yo... haré mi mejor esfuerzo.
Estaba preocupada por lo que diría Kiyoka, incluso asustada. Pero tenía que encontrar el coraje
para hablar con él, incluso si tenía que dar un pequeño paso a la vez. En primer lugar, necesitaba dejar de
esconderse en su habitación.
De alguna manera, el mundo parecía más brillante cuando ella se soltó del abrazo. Agarrando el
lazo, salió de su habitación a toda prisa.
Normalmente él estaría en el trabajo a esa hora, pero ella estaba tan concentrada en lo que tenía
que hacer que ni siquiera se le había pasado por la cabeza. Cuando abrió la puerta de la sala de estar,
estaba segura de que lo encontraría allí.
౼¡Señor Kudou!
Sonó más fuerte de lo que esperaba. Kiyoka la miró, sobresaltado. Combinado con su cabello
suelto sobre sus hombros y su atuendo informal, su expresión era un poco cómica. De alguna manera,
eso fue todo el consuelo que Miyo necesitaba.
౼¿Qué pasa? ౼Preguntó.
Extrañamente, sus ojos se apartaron de ella como si no estuviera seguro de sí mismo. Era Miyo
quien había tenido tanto miedo de esta conversación, pero ahora parecía que todo lo contrario era cierto.
Se sentó al lado de Kiyoka, agarrando el lazo para el cabello en su mano.
౼Señor Kudou, hay algo que se me ha olvidado decirle.
El corazón le latía con fuerza en el pecho y empezó a sudar frío. Por difícil que fuera mirarlo a
los ojos, ya no había vuelta atrás. Tenía que terminar lo que había empezado. Y tal como Hana le había
dicho que lo haría, Kiyoka estaba esperando pacientemente a que ella comenzara.
౼Yo... yo...
౼…

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౼… No poseo el Don.
Una vez que comenzó, las palabras fluyeron con urgencia mientras expresaba lo que había
tenido tanto miedo de confesar. Se obligó a no llorar.
౼No tengo Visión Espiritual. Mis padres eran de linajes de Agraciados, pero yo no he heredado
nada.
౼…
౼En cuanto a mi educación, solo terminé la escuela primaria. Mi familia me obligó a trabajar
para ellos como sirvienta. Como no he recibido tutoría, no puedo hacer nada de lo que se esperaría de
una hija de una familia adinerada. Y mi apariencia… Bueno, tampoco hay nada de qué hablar. Esas son
las razones por las que no merezco ser su esposa.
Cuanto más continuaba, más abatida se volvía. Como un niño al que regañan, se encogió más y
más en sí misma. Sin embargo, ella continuó en serio.
౼Entiendo completamente si está enojado conmigo, señor Kudou. Por ocultarle egoístamente la
verdad, por no querer que me echen…
Miyo se había prometido a sí misma que no lloraría, pero las lágrimas comenzaron a brotar de
sus ojos a pesar de todo. Estaba a punto de sollozar.
౼Si me dice que me muera, me quitaré la vida. Si me dice que salga de su casa, me iré de
inmediato.
౼…
౼Hice esto para usted como muestra de mi gratitud y como disculpa. Si no lo necesita, no dude
en tirarlo o quemarlo.
Colocando el lazo para el cabello en el suelo frente a él, se arrodilló y se inclinó, tan
humildemente como cuando lo conoció.
౼Gracias por todo lo que ha hecho por mí. No tengo más secretos. Por favor, dígame qué desea
hacer conmigo.
Kiyoka no respondió de inmediato. Demasiado asustada para mirarlo, Miyo esperó en silencio
con los ojos bien cerrados.
౼¿Cuánto tiempo más piensas postrarte?
Ella había escuchado esas mismas palabras antes. Cuando levantó la vista sorprendida, vio que
Kiyoka tenía una sonrisa traviesa. Ella lo vislumbró solo por un momento antes de que su visión se
oscureciera repentinamente.
౼Sería un gran problema si te fueras ahora, ya que estoy a punto de hacer oficial nuestro
compromiso.
Miyo sintió su gran mano en la parte posterior de su cabeza, aspiró el ligero aroma que le
gustaba usar. Se dio cuenta de que él la había abrazado con fuerza y presionado su cabeza contra su
pecho. Tanto eso, como lo que acababa de decir acerca de querer comprometerla, le dieron vueltas en la
cabeza.
౼Se-Señor Kudou…
౼¿No te gustaría eso? ¿No quieres quedarte conmigo aquí?
Por supuesto que quiero… Ahora su corazón estaba acelerado por una razón completamente
diferente. Sus mejillas, que se habían puesto pálidas por la ansiedad, se sonrojaron y se calentaron tanto
que pensó que podría salir vapor de ellas. Con la lengua trabada, permaneció en su abrazo hasta que
escuchó su brusca inhalación, como si hubiera vuelto en sí. Cuando la soltó, notó que sus orejas estaban
teñidas de rojo.
౼ Yo... Um...
Se sentía tan tímida, le costaba hablar, pero sabía que tenía que comunicarle lo que su corazón

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deseaba. Para terminar lo que había comenzado, tendría que reunir un poco más de coraje.
౼Me gustaría quedarme con usted, si me lo permite.
౼¿Permitirlo? ౼Él se rió entre dientes౼. Eres la única con la que quiero vivir. Nadie más lo hará.
౼¡…!
Incluso después de haber aprendido todo, Kiyoka todavía la deseaba. La alegría llenó su pecho y
se conmovió hasta las lágrimas de nuevo. Si alguien le hubiera dicho que todas las dificultades y
angustias que había soportado eran por este momento, hubiera pensado que valía la pena. Los sacrificios
que se había visto obligada a hacer parecían un pequeño precio a pagar por estar con este hombre.
౼Miyo. ౼Dijo su nombre por primera vez con una voz tan suave que simplemente escucharlo
era pura felicidad౼. ¿Me atarías el cabello?
౼Sí... Estaré feliz de hacerlo.
Kiyoka tomó el lazo para el cabello y se lo entregó. Miyo se puso de rodillas y se movió detrás
de él. Su cabello era precioso, suave y brillante como la seda. Reprimió un suspiro de envidia. Sus
manos temblaban, como si estuviera manejando algo extremadamente precioso.
౼Terminé.
Miyo le había atado el cabello suelto en la espalda y lo había llevado hacia adelante sobre su
hombro para poder ver el cordón trenzado. Se veía incluso mejor en sus cabellos claros de lo que había
imaginado. El color que había elegido era púrpura, elegante pero tenue, como él.
౼Es un color bonito.
Sosteniendo un extremo de la cuerda entre el pulgar y el índice, sonrió.
Gracias a dios… Se siente como si mi corazón fuera a salirse del pecho…
Esta vez, sin embargo, no fue por temor.
౼Gracias. Lo atesoraré.
౼M-Me alegra que le guste.
Dándose cuenta de que hacerle feliz era demasiado para ella, se puso a temblar. Estaba en un
estado de euforia, agradeciendo al destino por llevarla a esta casa, por dejar que lo conociera.

Un rato después, cuando la vergüenza hubo terminado de colorear sus caras y una atmósfera nuevamente
plácida descendió sobre ellos, Hana vino a anunciar que se marchaba a casa. Junto con Yurie, todos
fueron a la puerta principal a despedirla. Yurie había hecho compañía a Hana mientras Miyo había estado
hablando con Kiyoka, y tuvieron un rato maravilloso charlando mientras tomaban té. Miyo sintió una
punzada de culpa por haber ignorado a su invitada y dejarla con Yurie después de venir de tan lejos.
౼¿Ya te marchas…?
౼Sí, pero no voy de vuelta directa a mi pueblo… Ha pasado tiempo desde la última vez que
estuve en la ciudad, así que pensé que sería bueno dar un paseo. El Señor Kudou ha preparado un buen
hostal para que pase la noche.
La consideración y generosidad de Kiyoka nuevamente sorprendieron a Miyo. Aunque ella
sentía que le debía algo, ella sabía que él le diría que no se preocupase. Incluso hizo que su asistente,
Godou, trajera a Hana aquí desde la estación… Hizo una secreta resolución de encontrar alguna forma de
agradecérselo a Kiyoka, sin importar que él lo rechazara.
౼Espero vernos de nuevo, Dama Miyo. Hay mucho sobre lo que quiero hablar con usted-
౼También me gustaría volver a verte, Hana.

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Ya no sirvienta y señora, su renovada amistad abría nuevas posibilidades. Podrían ir de tiendas o
comer cuando quisieran.
౼Hana, muchas gracias por venir y darme consejo. Si no fuera por ti, aún seguiría oculta en mi
habitación.
౼Me alegra haber sido de ayuda. Fue maravilloso hablar con usted tras tantos años, ahora que ya
no es una niña sino una adorable joven. ౼Sonrientes, se tomaron de las manos. Ninguna quería
despedirse todavía. De repente, oyeron el ruido de maquinaria, y un coche paró delante de la casa.
౼Listo, Godou ౼Kiyoka dijo antes de saludar a la visita౼. Disculpa por tenerte de conductor
hoy.
౼Sin problema, comandante. Es lo que acordamos.
Godou sacó la cabeza por la ventanilla del lado del conductor. Había venido a llevarse a Hana y
parecía tan relajado como la primera vez que Miyo lo conoció. Si no fuera por su uniforme, nadie
sospecharía que formaba parte de la elite Unidad Especial Antigrotescos.
౼¿Te siguieron?
౼No lo creo. Parece que los evadimos hoy.
Las mujeres no oyeron el intercambio de Kiyoka y Godou. Kiyoka le había dado esta tarea a su
asistente en vez de encargarse él mismo porque no quería que quien lo había estado siguiendo,
descubriera sobre ella. Nadie más tenía que verse involucrado.
౼¡Suba al coche, señora!
౼Gracias, señor Godou.
Miyo no podía apartar los ojos de Hana mientras subía al vehículo. Cuando captó a Godou
mirándola, hizo una profunda reverencia con gratitud. Él le sonrió encantadoramente, entonces se
despidió agitando la mano antes de meter la cabeza de nuevo dentro del coche.
౼… No estés triste. Eres libre de verla cuándo y dónde quieras.
Kiyoka puso la mano sobre su hombro mientras veían alejarse el coche. ¿Parezco triste? Se tocó
la cara con ambas manos, como si tratara de palpar su propia expresión.
౼Gracias, Señor Kudou…
౼No te preocupes.
Miyo estaba segura de que él entendía todo en lo que ella estaba pensando. Pero su respuesta fue
tan clásica que no pudo evitar reírse.

Suspirando aire entre dientes con irritación, Minoru Tatsuishi arrugó el pájaro de papel que había
regresado sin nada después de no poder localizar a su objetivo. Al principio, todos sus familiares
terminaron reducidos a cenizas, por lo que se volvió más cuidadoso. Mantener la distancia había
resultado parcialmente exitoso: ninguno de ellos había sido destruido, pero tampoco lograron reunir la
información que Minoru quería. Kiyoka parecía estar jugando con ellos.
Aunque Minoru estaba más interesado en Miyo, todavía no había logrado acercar a sus
familiares a ella ni una sola vez.
౼¿Puedes creer que Miyo aún no ha sido expulsada de la casa de Kudou? No puedo entender
cómo lo está logrando. Quizás sea una buena sirvienta. ౼Tiene que ser por eso que la retendrá,
basándose en su ropa, se había quejado Kaya durante una visita.
Minoru no pudo verificar la veracidad de las afirmaciones de Kaya. Sin embargo, tal vez podría
usar a esta mocosa mimada a su favor. Desde su compromiso con Kouji, Kaya solía compartir chismes

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con su futuro suegro, y parte de la información que recogía era realmente valiosa.
౼Kouji realmente me molestó ese día. ¡Él siempre está del lado de Miyo!
Luego continuó diciéndole que ese día también había visto a alguien extraordinario. El hombre
que había descrito con ojos soñadores y mejillas sonrojadas era sin duda Kiyoka Kudou. Así que
efectivamente había visitado a los Saimori. Minoru no pudo determinar de qué había hablado Kiyoka
con el jefe de la familia Saimori, pero basándose en las impresiones de Kaya, había venido a quejarse de
la lamentable novia que le habían enviado. Desde su visita, la atmósfera en la Casa Saimori se había
vuelto más sombría que nunca, por lo que presumiblemente había exigido un pago como compensación
por el incidente.
Se habrían ahorrado el problema si le hubieran ofrecido Miyo a mi hijo.
Ajeno a sus propios errores, maldijo a los Saimori por su estupidez. Pero más vale tarde que
nunca. Rechazada por Kiyoka, pronto Miyo estaría disponible para los Tatsuishi. Entonces todo
encajaría. Minoru sonrió levemente para sí mismo, sin sospechar ni por un momento que Kiyoka había
ido a hablar con los Saimori para pedir oficialmente la mano de Miyo en matrimonio.

Pasó una semana desde la visita de Hana. Era una agradable tarde de principios de verano gracias a la
ligera brisa que mantenía el calor a raya.
Cuando Miyo terminó de ponerse el kimono atando fuertemente la faja, sintió como si hubiera
renacido. El kimono, el fajín y todos los complementos que acompañaban al atuendo eran nuevos y de
excelente calidad.
Me parezco un poco a ella, creo. El reflejo de Miyo en el espejo no dejaba de tener parecido con
cómo había visto a su madre en el sueño, vestida con un kimono rosa flor de cerezo muy parecido al que
llevaba ahora. Su cuerpo delgado ya no parecía enfermizo, su tez había mejorado e incluso su cabello
comenzó a mostrar signos de brillo.
Miyo nunca olvidaría ese momento en que Kiyoka le regaló este kimono tan similar al recuerdo
perdido de su madre. Ya la hacía bastante feliz que le hubiera hecho varios kimonos, pero además de eso,
también había elegido este rosa porque pensó que le quedaría mejor. Keiko, la dueña de Suzushima, se lo
había dicho en secreto. Al principio, había sentido una necesidad ilógica de regañarlo por hacer todo lo
posible para complacerla, pero la euforia que había sentido la había dejado sin palabras. Desde entonces,
ella brillaba cada vez que miraba el kimono, una visión tan inusual que debió sorprender a todos.
Miyo se estaba preparando para recibir un invitado ese día. Había invitado a Godou a cenar para
agradecerle por llevar a Hana cuando la visitó. Aunque no estaba segura de poder ser una buena
anfitriona, ya que Godou era casi un extraño, le preguntó a Kiyoka sobre las comidas que le gustaban a
su asistente y las cocinó en consecuencia.
Espero que el Señor Godou disfrute la cena. Agonizar por eso no ayudará en nada.
Miyo se aplicó maquillaje ligero como Yurie le había enseñado antes de correr a la cocina para
terminar de preparar la cena.

౼Aah, esta va ser una tarde terrorífica ౼Godou anunció animado.


Kiyoka estaba yendo a casa desde el trabajo con su asistente en el asiento del copiloto.
Lanzó una mirada afilada al hombre.
౼Pensé que lo había arreglado contigo pagando tu comida y bebida en el bar. Teníamos un

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acuerdo.
౼Su Miyo va a ser una esposa buena y sensata.
౼¿Desde cuándo la llamas por su nombre?
La familiaridad casual de Godou estaba poniendo de los nervios a Kiyoka.
౼¿Qué, celoso?
౼Por supuesto que no. Pero cada vez es más difícil no golpearte.
౼¡Eso son celos, comandante!
Godou se lamentó teatralmente de que su brutal superior estaba planeando matarlo. Mientras
tanto, Kiyoka consideró echarlo del coche sólo para que no tuviera que soportar sus payasadas.
Se sorprendió cuando Miyo anunció que quería invitar a Godou a cenar, ya que no esperaba que
ella quisiera ver a nadie. Después de su largo período de aislamiento en casa, se avergonzó demasiado de
sí misma para buscar contacto con los demás. Sin embargo, ahora que su futuro ya no era incierto y ya
no parecía hambrienta ni maltratada, debía haber recuperado algo de confianza. Eso hizo feliz a Kiyoka.
౼¿Ha perdido al familiar que le estaba siguiendo? ౼preguntó Godou.
౼Por supuesto. No soy un aficionado.
Godou se giró para mirar por el espejo retrovisor. Un familiar hecho de papel aparecería en las
cercanías de Kiyoka para espiarlo todos los días sin falta, pero actualmente parecían estar a salvo. Evadir
a un espía humano podía ser complicado, pero familiares tan insignificantes como ese eran fáciles de
despistar. Kiyoka había rodeado su casa con una barrera invisible impenetrable para los familiares de
papel, y cuando Hana había estado de visita, había tomado todas las precauciones para asegurarse de que
el espía no se hubiera dado cuenta.
౼No quise dudar de sus habilidades, comandante. Ni siquiera debería haber preguntado
౼admitió Godou౼. Tengo que decir que los Agraciados tienen habilidades realmente patéticas en estos
días.
౼Con menos Grotescos, no es necesario que perfeccionen sus habilidades.
Debido a las influencias culturales occidentales y al avance de la tecnología en el imperio, cada
vez más personas negaban la existencia de los Grotescos, cuyo número también había comenzado
extrañamente a disminuir. En consecuencia, la demanda de usuarios del Don talentosos que pudieran
cazar a tales criaturas había ido cayendo.
౼¿Qué es lo que dicen, que los Grotescos son ilusiones? ¿Invenciones de la imaginación?
Bueno, eso no es del todo falso ౼dijo Godou.
౼Efectivamente.
Los grotescos aparecieron cuando la gente atribuía a los monstruos fenómenos que no entendían.
Si suficientes personas temían lo mismo, su miedo combinado tenía el poder de manifestar físicamente
esas formas. Sin embargo, con el advenimiento del pensamiento científico, la gente empezó a buscar
explicaciones lógicas para el mundo que los rodeaba. Dado que el miedo a lo sobrenatural se había
vuelto menos común, los grotescos tenían menos de qué alimentarse.
౼Sin embargo, siempre es bueno tener menos trabajo en tu plato ౼comentó Godou.
Estando la situación como estaba, era inevitable que las familias de Agraciados sin talentos
notables se volvieran menos hábiles en usarlos. Incluso Kiyoka, celebrado como el mejor de su
generación, no se habría clasificado entre los mejores usuarios de Dones del pasado.
౼Aquí estamos. Fuera.
Habían llegado a la cabaña de Kiyoka. Harto de su asistente, que pasó el viaje charlando
mientras su superior conducía, Kiyoka lo empujó fuera del automóvil. Godou gritó sorprendido y
rápidamente se volvió para quejarse.
౼¡Continúe con esta brutalidad y se lo contaré a Miyo!

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౼Oh, ¿lo harás?… Parece que tendré que asegurarme de que no hables.
౼No, espere, no hay necesidad de eso…
Godou palideció. Kiyoka solo había estado bromeando, por supuesto, pero a su asistente le
gustaba mostrar sus habilidades de actuación. Kiyoka suspiró.
Miyo estaba esperando en el porche como siempre. Yurie no estaba allí, así que ya debía haberse
ido a casa.
౼Bienvenido a casa, Señor Kudou. Señor Godou, muchas gracias por visitarnos.
Miyo juntó las manos y se inclinó lentamente. Estaba preciosa con su hermoso kimono. Kiyoka
prácticamente la había obligado a aceptarlo a cambio del lazo para el cabello hecho a mano que le había
dado. Un tono rosa pálido le sentaba tan bien como él había imaginado. La tez de Miyo parecía más
saludable ahora y tenía un ligero rubor en las mejillas. Su cabello bien peinado, negro y brillante como el
ala de un cuervo, estaba suelto hacia atrás. Aunque las muñecas que sobresalían de sus mangas todavía
eran delgadas y frágiles, ya no parecía desnutrida.
Kiyoka encontró fascinante su transformación. Era como si un guijarro encontrado al borde del
camino hubiera escondido una piedra preciosa en su interior. Keiko había tenido razón sobre ella. Para
disgusto de Kiyoka, se sintió casi agradecido con los Saimori por haberle dado, sin darse cuenta, la novia
perfecta.
౼¿Señor Kudou? ¿Pasa algo?
౼No, estaba… pensando que te ves muy hermosa con este kimono.
De inmediato se sintió avergonzado por decirlo en alto. ¿Qué pasa conmigo?
Al notar que las mejillas de Miyo se volvían escarlatas, sintió la necesidad de correr y
esconderse. También quería patear a Godou, quien lo miraba como diciendo que dejaría en paz a los dos
tortolitos, pero naturalmente, no podía hacer eso frente a Miyo. Su corazón no era suyo estos días.
Siempre le estaba dando problemas.
౼Es un regalo tan maravilloso. Realmente me encanta este color.
౼Me alegra escucharlo.
Había tenido razón al pedirle a Keiko que le confeccionara el kimono a Miyo lo antes posible. Si
bien ya no coincidía con la temporada, eso no tenía importancia mientras ella lo disfrutara.
౼¡Oh, perdóneme por ser tan desconsiderada, Señor Godou! Por favor, entre.
Al darse cuenta de que había estado ignorando a su invitado, Miyo entró en pánico por un
momento. Ella abrió la puerta y lo invitó a pasar. Godou soltó una risa inusualmente seca y entró con
resignación, sus ojos tan vacíos como los de un pez muerto. Miyo llevó a los hombres a la sala de estar,
que había sido elegantemente decorada para la ocasión. Se sentaron y ella sirvió la comida de inmediato.
౼¡Vaya, esto está delicioso!
౼Por favor, coma hasta el contenido de su corazón.
Miyo siguió trayendo más y más platos. Ella había optado por porciones más pequeñas pero con
mayor variedad. A continuación, sacó pequeños cuencos y platos llenos de los habituales encurtidos y
verduras hervidos en caldo, que había condimentado fuertemente para complementar lo que estaban
bebiendo los hombres. Godou elogió cada plato que probó.
౼Todavía vives con tus padres. ¿No te alimentan lo suficientemente bien? ౼le preguntó Kiyoka.
౼Usted no entiende, comandante. Claro, tenemos un chef, pero los sabores simples de la comida
casera y de bar son excepcionalmente reconfortantes.
౼…
Quizás lo fueron. Ahora que lo pensaba, Kiyoka tenía al menos dos comidas que Miyo o Yurie le
preparaban todos los días, por lo que tal vez se había acostumbrado al tipo de comida que comían los
plebeyos. Cuando vivía en la finca de sus padres durante su juventud, no había comido nada más que

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buena cocina, hasta el punto que apenas podía soportarlo. Las comidas caseras sencillas eran más de su
agrado.
౼Permítame volver a llenar su vaso, Señor Godou.
౼Oh, gracias.
Sus elogios por su cocina hicieron que Miyo se pusiera un poco nerviosa mientras le servía otra
bebida. Una vez que su vaso estuvo lleno, ella le hizo una cortés reverencia.
౼Señor Godou, no puedo expresar lo agradecida que estoy por su ayuda con la visita de Hana.
౼Hice de conductor, eso es todo.
౼Pero usted es el asistente del Señor Kudou, lo que significa que pudimos pasar esa tarde
hablando solo porque usted se hizo cargo generosamente de sus responsabilidades en el trabajo.
Miyo era una anfitriona deslumbrante que hablaba con una gracia inusual. Ya fuera algo que
había aprendido recientemente o una cualidad innata que había estado reprimida durante mucho tiempo,
a Kiyoka no le importaba. Tomó un gran sorbo de su bebida, orgulloso de ella y de buen humor. Pero
entonces…
౼Señorita Miyo, ¡nunca antes nadie me había hablado tan afectuosamente! ¡Eres un ángel! ¡Por
favor, rompe con mi cruel comandante y cásate conmigo!
౼¿Di-disculpe...?
౼¡Oye! ౼¿Cómo se atreve Godou a ser tan descarado? La voz de Kiyoka se tiñó de ira y su
paciencia se estaba agotando౼. Cuida tu lengua, Godou...
Aunque a veces podía ser excesivamente humilde, Miyo era atractiva, hacía las tareas del hogar
con facilidad y habilidad y tenía buen carácter. Evidentemente, Kiyoka no fue el único hombre que vio
que ella sería una buena esposa. Una tormenta comenzó a gestarse en su pecho ante la idea de que ella se
casara con otra persona.
౼Yo… ¡solo estaba bromeando! ¡Deje de mirarme como si fuera a matarme! ¡Da realmente
miedo!
Godou palideció mientras explicaba apresuradamente que simplemente estaba bromeando con su
jefe, quien siempre fue malo con él. Aunque Kiyoka lo miró fijamente con una mirada gélida al
principio, Godou se controló después de escuchar la vacilante respuesta de Miyo.
"Um, Señor Godou, por mucho que aprecio la oferta... me temo que prefiero al Señor Kudou...
Por favor, perdóneme.
Godou debe haberse sentido incómodo al ver que Miyo se había tomado tan en serio lo que era
obviamente una broma.
౼Er… ¡Por supuesto que sí! ¡Lo siento, fue una mala broma!
¿Y quién podría culpar a Kiyoka por deleitarse con el malestar de su asistente? Se lo merecía
después de hacer un comentario tan descuidado sólo por reírse. Tal vez ahora aprendería el peso de sus
palabras. Pero lo que le dio a Kiyoka la mayor satisfacción fue escuchar a Miyo decir que lo prefería a
él. Había albergado la persistente sospecha de que ella se habría casado con cualquiera que le hubiera
ofrecido un hogar cálido. Si bien él no la habría abandonado incluso si ese fuera el caso, se sintió mucho
mejor sabiendo que no era así. Aunque al principio podría haber visto el matrimonio sólo como un
medio para obtener refugio, parecía haberse enamorado de él, ya que vestía felizmente el kimono que él
había elegido para ella. Perdido en sus cavilaciones, la conversación continuó sin él.
౼¿E-En serio? ¿Incluso los oficiales de alto rango…?
౼Absolutamente. Incluso hay generales que tiemblan ante la sola mención de su nombre. Me da
miedo imaginar qué ha hecho el comandante Kudou para aterrorizarlos tanto.
౼Espera...
Al final resultó que Miyo y Godou habían roto el hielo y estaban hablando animadamente sobre

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él.
౼No querrás provocar la ira de Kiyoka Kudou, oh no, él es un demonio cuando está enojado.
Sólo un puñado de personas se atreven a expresarle abiertamente sus opiniones, como yo y su superior
directo, el mayor general Ookaito.
౼Godou...
౼El entrenamiento de nuestra unidad es famoso por estar entre los cinco más draconianos de
todo el ejército. Y sí, lo ha adivinado, es gracias a nuestro despiadado comandante. Al menos sus
soldados no muestran miedo cuando luchan contra los grotescos: ¡no son ni la mitad de terribles que él!
౼… Godou, ya es suficiente parloteo.
౼¡Eek!
Su charla continuó hasta bien entrada la noche.

Después de que Godou regresó a casa, Kiyoka se bañó. Al regresar a la sala, notó que algo andaba mal.
La casa estaba extrañamente silenciosa, como si estuviera solo. ¿Miyo había terminado de limpiar
después de cenar y se había ido a dormir?
La luz de la cocina estaba apagada y tampoco se encendieron velas. Miyo debe haber estado en
la sala o en su dormitorio. No, ella no podía haber estado en su habitación; él había pasado por allí antes
y no sintió su presencia. Frunció el ceño y se dirigió a la sala de estar. Mientras se acercaba, captó
algunas palabras fragmentadas.
౼… No… no, por favor… Madre…
Era la voz de Miyo. Parecía delirar. Alarmado, Kiyoka abrió la puerta y vio a Miyo dormida, con
la cabeza apoyada en la mesa en la esquina de la habitación. Probablemente se había quedado dormida
por el cansancio después de un largo día. Eso normalmente no era nada inusual, pero… Logró captar un
leve eco de una habilidad sobrenatural que había sido utilizada.
No me lo estoy imaginando...
Como Kiyoka tenía un agudo sentido de la presencia de las personas, nadie más podría haber
entrado a la casa mientras él estaba en el baño sin que él se diera cuenta. Ni él ni Godou habían activado
sus poderes especiales durante la cena. Esto fue alarmante. ¿Podría alguna criatura de otro mundo que ni
siquiera Kiyoka pudo detectar haberse colado en su casa y haber usado una habilidad? ¿Era posible? Le
vino a la mente otra explicación, pero la ignoró por ahora mientras se acercaba a la forma dormida de
Miyo.
౼… Por favor, no…
Su voz era desesperada e implorante. Kiyoka se acercó silenciosamente a su lado. Las mejillas
de Miyo estaban mojadas por las lágrimas, y mientras tenía los ojos cerrados, su rostro estaba
contorsionado por la angustia. Si hubiera estado durmiendo tranquilamente, él no la habría despertado,
pero era evidente que estaba sufriendo. Le puso la mano en el hombro y la sacudió suavemente.
౼Miyo... Despierta, Miyo.
౼… Kaya… para… No más…
A pesar de su llamado, ella todavía estaba en las garras de su pesadilla.
౼¡Despierta!
Preocupado, él levantó la voz y ella finalmente dejó de murmurar en sueños antes de abrir los
ojos adormilada.
౼... ¿Nngh?

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౼Sal de ahí, Miyo. ¿Estás bien?
౼¿Eh? Señor… ¿Kudou?
Al ver que ella parecía estar bien, dejó escapar un largo suspiro de alivio. Pero no podía bajar la
guardia, ya que sabía que un poder desconocido se había activado allí recientemente.
౼Sí, soy yo. Te habías quedado dormida y fue difícil despertarte. ¿Te sientes bien?
౼Um...
Sentándose lentamente, inclinó la cabeza hacia un lado confundida como si aún no se hubiera
despertado del todo y no entendiera qué estaba pasando. El ceño de Kiyoka se hizo más profundo por la
preocupación mientras examinaba su tez, que todavía estaba húmeda por las lágrimas.
౼¿Estabas teniendo un mal sueño?
౼Fue... ¿un sueño?
Estaba procesando todo lentamente, pero mientras recordaba la pesadilla, sus ojos se abrieron de
par en par por el miedo y nuevas lágrimas brotaron de ellos. No la había visto llorar así antes. Le dolía
verla tan angustiada, encorvada y sollozando incontrolablemente con ambas manos sobre su rostro.
Instintivamente, la rodeó con sus brazos y la abrazó.
౼Señor Kudou, y-yo…
౼Está bien. Debe haber sido un sueño horrible. Sólo llora.
Según lo que pudo reconstruir a partir de los fragmentos de palabras que había pronunciado
mientras dormía ౼su madre y Kaya౼, había estado soñando con su familia haciéndole algo horrible.
౼Eres mi prometida. Y como dije antes, eso significa que debemos ser abiertos el uno con el
otro. Puedes confiar más en mí, ven a mí en busca de ayuda. No tienes que ocultar tus sentimientos;
puedes pedirme consuelo. ¿No se basa el matrimonio en apoyarse mutuamente?
Se preguntó cuánto de lo que estaba diciendo le estaba llegando. Se habían vuelto más cercanos
recientemente, pero las heridas en su corazón eran más graves de lo que había imaginado. Incluso su
cuidado no podría curarlos rápidamente.
Ojalá ya estuviera libre de esta carga...
Ya nadie iba a hacerle daño. Si alguien de la familia o del círculo social de Kiyoka quisiera
hacerle daño, no los dejaría acercarse a ella.
౼Llora con todo tu corazón. Cuando tus lágrimas se sequen, me gustaría verte sonreír de nuevo.
౼…
Siguió acariciando su cabello mientras ella se hundía profundamente en su pecho, temblando por
los sollozos. Kiyoka estaba preparado para consolarla así tantas veces como fuera necesario para que
dejara de llorar, para que dejara de sufrir. La mujer que abrazaba se sentía delicada, pequeña y frágil,
como si fuera a romperse fácilmente si él no estuviera allí para protegerla.
Un rato después, ella le describió su sueño, hablando a borbotones entre sollozos. En la
pesadilla, su madrastra y hermanastra habían hecho trizas los recuerdos de la madre de Miyo y los
quemaron. Cuando les rogó que se detuvieran y le devolvieran sus posesiones, se rieron. Aunque no dijo
si estaba basado en hechos reales, Kiyoka tenía la sensación de que no estaba lejos de la verdad.
౼Eso debe haber sido muy difícil.
Kiyoka no se refería sólo al sueño. Había dicho esto mientras imaginaba a Miyo, que ni siquiera
tenía diez años, teniendo que encontrar una manera de sobrevivir por su cuenta después de perder a
Hana, su única amiga. Solo podía imaginar cómo había sido la vida de Miyo basándose en lo que había
leído en el informe. Pero también quería creer que su corazón sanaría con el tiempo.
౼¿Puedo realmente quedarme con usted para siempre, Señor Kudou?
౼Por supuesto. Podemos estar juntos por el resto de nuestras vidas. ౼Ella lo miró y él le sonrió

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con ternura౼. Me estás haciendo repetirme. Ya te dije que te quiero en mi vida.
౼… ¿Aunque soy tan inútil? ¿Tan sin talento?
౼No pienso en ti de esa manera. Pero incluso si lo fueras, mis sentimientos no cambiarían.
Miyo se sonrojó, parpadeando para secar las últimas lágrimas mientras desviaba la mirada
tímidamente.
౼Yo…
౼¿?
౼No creo que le merezca... pero quiero quedarme con usted para siempre y ayudarle de alguna
manera.
౼Puedes.
౼Necesito... hacerlo mejor, para poder apoyarle durante el mayor tiempo posible.
౼Apreciaría cualquier cosa que hagas.
Le llamó la atención que esta era la primera vez que ella hablaba sobre el futuro con algún grado
de optimismo, después de soportar años en los que su familia la privaba del derecho a su propia
voluntad. Aunque era obvio que no podría recuperar su confianza tan pronto, Kiyoka estaba dispuesta a
animarla a dar pequeños pasos para creer en sí misma y confiar en él.
¿Pero qué era ese poder que ella manifestó antes…? Sus débiles huellas casi se habían
desvanecido. Kiyoka frunció el ceño nuevamente, reflexionando sobre posibles explicaciones. Era
posible que una habilidad sobrenatural hubiera provocado las pesadillas de Miyo. Si eso era cierto,
entonces el culpable era sin duda un miembro de la familia Usuba.

Miyo estaba más asustada con Kiyoka a la mañana siguiente. Se sentía culpable y avergonzada por
quedarse dormida mientras esperaba que Kiyoka regresara de su baño y que una simple pesadilla la
había reducido a un desastre de sollozos ante él. Es cierto que quería que ella fuera abierta sobre sus
sentimientos, pero en lo que a Miyo concernía, este comportamiento era inaceptable para una mujer
adulta. Peor aún, ella había dejado escapar que había tenido pesadillas desde que se mudó a su casa, y
eso lo preocupaba. Ella vio su expresión nublarse y volverse intimidante. La aterradora frialdad en sus
ojos correspondía a su reputación de hombre cruel e insensible. No parecía molesto con ella, pero el aire
frío a su alrededor la hizo temblar de todos modos.
Una vez que el desayuno pasó en un silencio incómodo y Kiyoka se estaba preparando para irse
a trabajar, Miyo le entregó un pequeño paquete.
౼Esto, um, hice esto para usted...
Como disculpa, pero no dijo esa parte.
౼… ¿Me preparaste un almuerzo?
౼Sí...
No estaba del todo convencida de que esto transmitiría claramente que lo sentía y quería
compensar la escena de anoche, pero eso era lo que Yurie había sugerido. La lonchera estaba tirada en la
cocina, así que la llenó con comida que puso todo su corazón en cocinar y la envolvió cuidadosamente
en tela.
౼Gracias. ౼Él lo aceptó con una sonrisa, se subió a su coche y se fue. Podría haber sido su
imaginación, pero él parecía haberse animado.
> Tengo que hacer más por él.
Quería ponerle una sonrisa en la cara, apoyarlo como su prometida. Puede que no hubiera mucho
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que ella pudiera hacer, pero si ponía todo su esfuerzo en cada pequeño detalle, tal vez eventualmente se
ganaría su lugar junto a él como su esposa.

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Capítulo 4
Eligiendo desafío

Minoru Tatsuishi finalmente la atisbó por pura coincidencia. Espiar a Kiyoka Kudou se había convertido
en parte de su rutina diaria. Ese día, se encerró en su estudio y observó a Kiyoka y la ciudad a través de los
ojos de su familiar de papel, esperando reunir información que le permitiera atraer a Miyo a su familia.
Al principio, pensó que había cometido un error: que no podría haber sido ella. Ella no era como la
recordaba, ni se parecía a la impresión que le había dado Kaya. Era indudablemente Miyo, aunque sus
maneras, expresión y atuendo eran diferentes a lo que estaba acostumbrado a ver. Se suponía que no debía ser
así. Cuando finalmente supo que Kiyoka de hecho pretendía quedarse con ella, Minoru quiso gritar de ira.
Solo pensar en ello lo hizo enfurecer, listo para tirarse del pelo de la frustración. Estaba más allá del
razonamiento racional; sabía que Kiyoka estaba en una liga superior, pero su ira empujó ese simple hecho al
fondo de su mente.
Convocó a Kaya. Sería su obediente herramienta. No le importaba lo que pensaran de sus formas;
Miyo era su tesoro, no el de Kiyoka. Minoru necesitaba el Don del linaje de Usuba para restaurar el estatus
de su familia.
౼¿Qué sucede? ¿Por qué quiere verme?
Mirándolo acusadoramente, Kaya se sentó abruptamente en la silla de piel frente a él. Él le sonrió.
౼… He visto algo de lo más increíble.
౼¿Huh?
౼Pensé que podría ser de tu interés también, Kaya. ¿No te gustaría saber qué ha estado haciendo tu
hermana últimamente?

La orden de su madre se había arraigado en su psique.


౼Kaya, nunca debes volverte así.
Su madre se lo había inculcado. Cada vez que se encontraban con su hermana en la gran residencia
Saimori, su madre señalaba a Miyo e instaba a Kaya a evitar terminar como ella. Miyo no era una Saimori,
era una inútil.

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La madre de Kaya exigió que su hija fuera superior a su hijastra en todos los sentidos. Kaya tenía que
ser una estudiante perfecta, porque si cometía el más mínimo error, su madre la regañaría. Kanoko contaría
todos los chismes maliciosos sobre el error de Kaya, insistiendo en que terminaría como Miyo por eso. Así,
la idea de que ella siempre tenía que ser mejor que su hermanastra se arraigó en su mente. Todo lo que Miyo
tuviera, Kaya también lo necesitaría. De hecho, Kaya debía tener incluso más que su hermana. Cuando su
futuro suegro la llamó a su estudio y le dijo lo que había descubierto de Miyo, ella no le creyó.
¡Mentiras, mentiras, mentiras…! ¿Mi hermanastra, caminando por la ciudad con un elegante
kimono, acompañada por un sirviente? Eso habrá que comprobarlo.
Regresó a su casa, se encerró en su habitación y activó su Visión Espiritual como le había enseñado
su padre. Luego construyó torpemente un familiar de papel. Cualquier persona con Visión Espiritual era
capaz de aprender esta técnica sobrenatural. Sin embargo, como mujer, no se esperaba que ella misma
luchara contra los Grotescos, por lo que nunca le importó mucho dominar las artes paranormales. A pesar de
eso, todavía era capaz de construir un familiar de papel y usar Visión Compartida para ver a través de sus
ojos. Al abrir la puerta corredera, Kaya soltó el familiar que había creado con pequeños trozos de papel.
Tiene que ser algún tipo de error. Apretó el único trozo que quedaba en su mano.
Cuando estuvo en la ciudad hace unas semanas, se sintió aliviada al encontrar a su hermana vestida
con un kimono viejo y raído. Pero ¿qué pasaría si Kiyoka realmente iba a cumplir con su oferta de
matrimonio?
El hombre deslumbrante que había visto en su casa ese día no era otro que Kiyoka Kudou. ¿Acabaría
su inútil hermana con un marido apuesto y suficientes riquezas para mantener un ejército de sirvientes
mientras se vestía con los mejores kimonos? No. No, eso no puede suceder.
Kaya tenía el presentimiento de que asumir el cargo de señora de la Casa Saimori no era una
perspectiva tan deseable. Lo había sabido por sus compañeros de clase y de su círculo social. Pocos nombres
surgieron cuando surgió el tema de familias notables con el Don, pero Kudou siempre estuvo entre ellos. Por
otro lado, ni los Saimori ni los Tatsuishi eran dignos de mención. La gente pensaba que carecían tanto de
capacidad como de promesa. Aunque su riqueza y estatus debido a sus logros pasados aún obligaban a sus
pares a aceptarlos como nobles, ciertamente no inspiraban mucho respeto. Dado que ambas familias ya
estaban en el camino hacia la ruina, Kaya no podía contar con una vida despreocupada y opulenta como
esposa de un Tatsuishi y sucesora de los Saimori. La mera idea de que su hermana pudiera casarse con un
miembro de la rica familia Kudou era absurda.
En verdad, a Kaya no le importaba Kouji ni heredar el apellido y el legado Saimori. Pero sí le
importaba que Kiyoka Kudou considerara a Miyo una esposa adecuada cuando obviamente debería haber
sido ella.
Es tan ridículo. Miyo no puede robarme lo que debería ser mío… ¡Oh!
Su familiar se abría paso entre la multitud en una concurrida calle de la ciudad.
Kaya vio a alguien que se parecía a su hermana y casi sufre un derrame cerebral.
౼De ninguna manera, esa no puede ser Miyo...
Ella era la viva imagen de una mujer noble, vestida con un exquisito kimono azul cielo y una
encantadora sombrilla blanca en la mano mientras conversaba con la sirvienta con la que Kaya había visto a
Miyo antes.
Miyo parecía una persona diferente. Aunque era pequeña y frágil, ya no parecía enfermizamente
delgada. Su cabello, que antes era opaco y encrespado, ahora brillaba maravillosamente bajo el sol. Esta no
era la hermana demacrada y poco atractiva que había conocido.
౼¿Cómo diablos llegó a esta situación...?
Sorprendida y confundida, Kaya ordenó a su familiar que siguiera a la bella joven y a su sirviente.
Sin embargo, cuando vio que se acercaban a la base de la Unidad Especial Antigrotescos, tuvo la presencia
de ánimo para hacerla esperar a una distancia segura. La mujer que se parecía a su hermana intercambió
algunas palabras con el guardia y luego esperó junto a la puerta. Y quién salió a recibirla no era sino el
mismo hombre llamativo que había visitado al padre de Kaya unas semanas antes. Para su creciente sorpresa,

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su expresión no se parecía en nada a la que recordaba. La primera vez que lo vio, parecía frío y desalmado,
con un aire asesino en sus ojos. Pero el hombre que ahora observaba a través de su familiar le sonreía
afectuosamente a la dama. A su vez, ella le devolvió la sonrisa con las mejillas ligeramente sonrojadas. No
había duda: eran una pareja amorosa que disfrutaba de una agradable conversación.
౼¡¿Por qué…?! ¡¿Cómo?!
Kaya estaba tan desconcertada que perdió el control de su desvencijado familiar y las imágenes que
le había estado enviando desaparecieron de su mente.
Esto no tenía sentido. Fue imposible. ¿Su hermana, luciendo tan hermosa? Era un envoltorio
extravagante en una caja vacía. Podría haber estado vestida muy bien, pero todavía no era nada. Kaya intentó
convencerse a sí misma de que eso no cambiaba nada. Miyo había vivido una vida de sirvienta. Ella no tenía
logros y carecía de Don. Era absurdo siquiera sugerir que un hombre tan perfecto como Kiyoka Kudou
elegiría casarse con ella.
Kaya era más atractiva. Ella sobresalió en todo. Merecía algo mejor que simplemente seguir siendo
una Saimori.
౼Kaya, nunca debes volverte así.
Y ella no lo haría. No dejaría que Miyo la superara.
¡Debería casarme con un miembro de la familia Kudou!
Salió corriendo de su habitación y se fue directa al estudio de su padre. Sus padres siempre la habían
consentido. Cambiarían a su prometido si se lo pedía, pensó. Pero quedó profundamente decepcionada.
౼No. No pierdas el tiempo en tonterías. Aprenderás a cómo ser una buena esposa para Kouji
Tatsuishi.
౼¡¿Por qué?!
Su padre frunció el ceño, exasperado. Kaya no entendía por qué él no la escucharía y se puso más y
más irritada.
౼Esto es una tontería. Olvídate ya de Miyo.
౼No es por Miyo… ¡es por mí! ¡Soy más adecuada para casarme con la familia Kudou!
౼Kaya, ¿no tienes nada mejor que hacer? ¿Por qué no vas a pasar algo de tiempo con Kouji?
౼¡Pero, padre!
No importa cuánto le suplicara, él no la escuchaba. Esto nunca había sucedido antes. Incluso cuando
él comenzó a mirarla fijamente con severidad, eventualmente cedió y le dio lo que quería. ¿Por qué no lo
había hecho esta vez?
౼¿Kaya?
Se topó con Kouji en el pasillo afuera del estudio de su padre. Debe haber venido de visita.
౼Kouji...
Kaya vaciló. Kouji era amigo de Miyo. Si ella le dijera que quería hacer algo para frustrar la nueva
felicidad de su hermana, él definitivamente estaría en contra. Pero pensándolo bien... sabía que él amaba a
Miyo. Intercambiar novias también sería de su interés.
౼Kouji, he estado pensando… ౼comenzó Kaya antes de preguntarle si preferiría casarse con Miyo.
౼¿Qué?
Su ceño se arrugó en confusión.
౼¿No serías más feliz casándote con ella y no conmigo?
౼No entiendo por qué me preguntas esto.
౼Claramente yo sería una mejor novia para Kiyoka Kudou, así que he estado pensando en

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intercambiar lugares con mi hermana. Sería lo mejor. Me ayudarás, ¿verdad?
౼No seas tonta ౼espetó. Kaya vio un atisbo de resignación en sus ojos y eso la irritó.
౼¿Por qué no lo hacemos? Te gusta Miyo más que yo.
౼No importa quién me guste. ¿Tu padre siquiera te dio permiso?
౼…
౼No puedes hacer nada sin su bendición.
౼...Oh, ya veo. Así que tú también vas a ser cruel conmigo.
Al no encontrar simpatía ni por parte de su padre ni de su prometido, Kaya sintió una amarga
decepción. Pero espera, ¡el padre de Kouji seguramente se pondrá de mi lado!
No sólo siempre la escuchaba, sino que también le había hablado de Miyo en primer lugar. Él
ayudaría. Eso tranquilizó a Kaya: siempre tendría personas con quienes podría contar. Estaba convencida de
su superioridad sobre Miyo y segura de que cualquier hombre la elegiría a ella antes que a su hermanastra.

Algún tiempo después…


౼Señorita Miyo, ¿está lista?
౼¡Sí, voy!
Miyo salió de la casa hacia la luz del sol. Era apenas de mañana, pero el sol ya caía con fuerza.
Kiyoka no había regresado a casa la noche anterior; había tenido tanto trabajo que se había quedado en su
oficina. Asumiendo que debía estar exhausto, Miyo estaba ansiosa por hacer algo bueno por él, así que
decidió llevarle una comida casera. Había escuchado de Yurie y Godou que Kiyoka se saltaba las comidas
cuando estaba abrumado por el trabajo. Si partieran ahora, llegarían a su oficina a tiempo para el almuerzo.
౼El Joven Señor estará encantado.
౼Eso espero...
Agarrando la lonchera envuelta en tela, Miyo echó un último vistazo a su atuendo para asegurarse de
que estaba presentable.
Acababa de recibir el kimono rosa unos días antes, cuando empezaron a llegar más paquetes de
Suzushima, que contenían kimonos finos y sin forro, perfectos para esta época del año; camisas a juego;
fajas, y accesorios. Miyo quedó asombrada al ver tantos paquetes apilados en lo alto de su pequeña casa.
Estaba demasiado asustada para siquiera pensar en cuánto le debió haber costado todo a Kiyoka, pero habría
sido un desperdicio simplemente guardar la ropa, así que comenzó a usarla con moderación. Ya que iba a
salir ese día, se había puesto un kimono azul cielo con un precioso estampado de glicinas que había
combinado con una faja amarilla.
౼Lleve esto con usted también, Señorita Miyo.
౼Dios, es tan lindo...
౼El sol es muy fuerte en esta época del año. El Joven Señor me dijo que te lo diera.
Yurie le entregó una adorable sombrilla de encaje blanco. Bien elaborado y probablemente muy caro,
podría complementar atuendos tanto de estilo occidental como japonés. Miyo se sentía como una dama
refinada de alta cuna al caminar con él... pero tenía algunas reservas a la hora de aceptarlo.
౼… Espero que el Señor Kudou no haya gastado demasiado dinero en mí...
Un oficial de alto rango de una familia tan rica como la suya probablemente ni siquiera necesitaba
mirar los precios, pero parecía haber estado gastando tanto en regalos para ella que no pudo evitar
preocuparse. Además de comprarle kimonos nuevos, que ya eran suficientes, seguía buscando excusas para

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proporcionarle todo tipo de artículos cotidianos, además de la comida y el alojamiento que ya recibía. Si bien
esto era algo a lo que la mayoría de las chicas de familias ricas se sentían con derecho, Miyo nunca había
experimentado nada parecido a ese nivel de generosidad, por lo que parecía demasiado para ella. De hecho,
se sentía absolutamente culpable de que Kiyoka estuviera desperdiciando su riqueza personal en ella.
౼Bueno, no conozco los detalles de las finanzas personales del Joven Señor, por supuesto, pero
puedo decirle que ha estado viviendo una vida tan modesta y frugal que sus gastos recientes ciertamente no
tienen importancia. ¿Nos vamos?
౼S-sí, vámonos.
Yurie le dio un suave empujón y empezaron a caminar. Cuando entraron a los límites de la ciudad,
Miyo, a su pesar, recordó su desagradable encuentro con Kaya. Esperaba desesperadamente no volver a
encontrarse con su hermanastra. Su vida se había vuelto pacífica, pero los recuerdos de su pasado no eran tan
fáciles de esconder debajo de la alfombra. Si su hermana la confrontara nuevamente, se congelaría de terror
como la última vez.
Al menos ahora tenía gente en quien podía confiar, gente a la que podía recurrir en busca de ayuda.
Saber eso disminuyó su ansiedad siempre presente.
౼Hola.
Miyo saludó al guardia afuera de la base de Kiyoka, quien le pidió que se identificara y dijera qué la
traía allí. Ella le explicó entrecortadamente que era la prometida de Kiyoka y que había venido con su criada,
Yurie, para llevarle algo de comida.
౼¿La prometida del comandante Kudou…? Espere aquí mientras lo reviso con él.
El guardia pareció desconcertado por eso, como si no le creyera del todo. Ella y Yurie esperaron
pacientemente según lo ordenado, y pronto, Kiyoka emergió de uno de los edificios, ligeramente nervioso.
Por lo general, era tan tranquilo y sereno que era extraño verlo así.
౼Miyo, Yurie, ¿qué estáis haciendo las dos aquí?
౼Ha estado trabajando muy duro, Señor Kudou ౼dijo Miyo౼. No quería molestarle mientras está en
el trabajo, pero pensé que debería traerle algo de comer en caso de que no haya tenido tiempo de salir a
comer.
Ella sonrió tímidamente y le entregó el paquete envuelto.
౼O-oh, ya veo. Eso es... eso es muy considerado.
Murmuró su agradecimiento y aceptó el paquete con el ceño fruncido. Alguien que no lo conociera
muy bien podría haber pensado erróneamente que Kiyoka estaba molesto, pero Miyo entendió que
simplemente era tímido. El comportamiento y las expresiones de Kiyoka a menudo invitaban a
malentendidos.
౼Habéis caminado un largo camino. ¿Queréis entrar y descansar un rato?
౼Estoy bien. ¿Cómo te sientes, Yurie?
౼Oh, no, estoy bien.
Yurie sonrió y se dio unas palmaditas en el pecho como para demostrar que todavía le quedaba
mucha energía. Tenía una constitución fuerte por haber trabajado como sirvienta toda su vida.
౼No queremos apartarle de su trabajo, así que regresaremos ahora.
Por un momento, pensó que él parecía decepcionado, pero ese no podía ser el caso. Estaba muy
ocupado y no habría tenido tiempo para ella. Estaban a punto de irse cuando Kiyoka se puso serio y
preguntó:
౼Miyo, ¿tienes ese amuleto que te di?
౼¿Eh? Ah, sí… lo tengo aquí.
Él asintió cuando ella señaló la pequeña bolsa con cordón que colgaba de su muñeca. Entonces

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alguien dijo su nombre desde uno de los edificios de oficinas y él gritó una respuesta. En un instante, su
expresión se había endurecido hasta convertirse en la de un comandante con importantes responsabilidades.
౼¡Estaré allí en un minuto! ౼Gritó Kiyoka antes de hablar con Miyo nuevamente౼. Me alegra que lo
hayas traído contigo. Desearía poder acompañarte parte del camino, pero el deber llama.
౼Por favor, no se preocupe. Ya le hemos quitado suficiente tiempo. Buena suerte con el trabajo.
౼Gracias. Tened cuidado en el camino de regreso.
౼Lo haremos.
Él le sonrió y le dio unas palmaditas en la cabeza antes de volver a entrar.
౼Jeje, el Joven Señor estaba actuando tímido, ¿no?
౼Supongo que sí...
Mientras regresaban, a Miyo se le ocurrió revisar su bolso. Miró hacia adentro con consternación.
౼¿Pasa algo? ౼Preguntó Yurie.
౼Um, bueno...
Movió algunas cosas en él, pero lo que estaba buscando no estaba allí. ¿Se habrá caído? No,
pensándolo bien...
౼Le dije al Señor Kudou que tenía el amuleto, pero parece que lo dejé en casa.
౼¡Dios mío!
Miyo había elegido un bolso diferente para combinar con su kimono y se había olvidado de quitar el
amuleto del anterior. No se le había pasado por la cabeza que podía ser tan descuidada, lo que había resultado
en que sin darse cuenta le mintiera a Kiyoka. Sucedió sólo porque no estaba acostumbrada a salir, pero eso,
por supuesto, no era excusa.
Realmente no tengo remedio…
No sólo se puso más ansiosa, saber que no tenía el amuleto con ella la hacía de alguna manera
sentirse menos bajo la protección de Kiyoka. También se sentía culpable por haber roto la promesa que le
había hecho.
౼En ese caso, deberíamos darnos prisa en volver a casa ౼sugirió Yurie.
౼Sí, por supuesto.
Miyo asintió y aceleró el paso. No sabía si el amuleto tenía algún poder, pero como Kiyoka había
insistido en que lo llevara consigo cada vez que saliera, debía ser importante. El amuleto se apoderó tanto de
su mente que no pudo disfrutar de su paseo.
Yurie y Miyo continuaron sin hablar mucho hasta que casi lograron salir de la ciudad. Ahora lo único
que quedaba era tomar un tranquilo camino rural de regreso a casa. Sin embargo, en el momento en que se
relajaron, escucharon el fuerte ruido de un motor antes de que un automóvil se detuviera abruptamente justo
al lado de ellas. El primer pensamiento de Miyo fue que era Kiyoka, pero estaba equivocada.
౼¡Señorita Miyo! ౼Yurie chilló.
El giro inesperado de los acontecimientos confundió tanto a Miyo que se quedó congelada por un
momento.
౼¿Eh? Yurie- ¡Ah!
Antes de que tuviera tiempo de darse la vuelta, alguien la agarró del brazo con tanta fuerza que le
dolió y la apartó. El agarre de su agresor era demasiado poderoso para resistirlo.
౼¿Qué es-?
¿Quién haría esto? Antes de que Miyo pudiera siquiera vislumbrar al agresor, rápidamente la
amordazaron y le arrojaron un saco sobre la cabeza. No podía ver, no podía hablar, no podía defenderse.

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¡Señor Kudou...! ¡Estoy tan asustada…!
La levantaron y la arrojaron violentamente al interior del coche. Entrando en pánico y luchando por
respirar, cayó inconsciente.

La pluma estilográfica de Kiyoka se movió rápidamente mientras atacaba su montón de papeles.


Estaba a punto de coger su sello cuando su subordinado lo llamó desde detrás de la puerta de su
oficina.
౼Comandante...
Captó un atisbo de inquietud en la voz del soldado. Kiyoka no había programado ninguna reunión
ese día. ¿Quizás fue una emergencia? Frunciendo el ceño, salió corriendo de su oficina y entró en la sala de
espera junto a la entrada de la base. Vio una cara familiar tan pronto como entró.
౼… ¿Yurie?
Ella se había ido con Miyo hace poco tiempo. La anciana casi se cae cuando se puso de pie de un
salto y corrió hacia él.
౼¡Joven Señor, es la Señorita Miyo…!
౼¿Qué pasó?
౼E-ella ha sido... Ella ha sido...
౼Yurie, cálmate.
౼¡Debemos darnos prisa! ¡Tenemos que irnos de inmediato!
La normalmente plácida Yurie estaba tan agitada que era incoherente.
౼Cálmate, Yurie. Tómate tu tiempo y explica qué pasó.
౼Señorita Miyo, ella...
౼¿Ella qué ?
౼¡Ha sido secuestrada...!
Kiyoka gimió. ¡N-no puede ser…! Había considerado el secuestro, pero pensaba que las
posibilidades eran muy bajas. ¿Cómo pudo haber sido tan tonto?
Después de hacer que la frenética Yurie se sentara, comenzó a interrogarla.
౼¿Te topaste con alguien antes de que se la llevaran? ¿Alguien de la familia Saimori o un Tatsuishi
tal vez?
౼N-no, no vimos a nadie. Nos dirigíamos directamente a casa.
౼Pero Miyo tenía el amuleto consigo.
౼… Bueno, verá…
Yurie explicó que después de que lo dejaron, Miyo notó que había olvidado el amuleto. Tanto las
manos como la voz de Yurie temblaban. Se culpó a sí misma por no haber comprobado si Miyo tenía todo
con ella antes de salir de la casa.
Kiyoka exhaló lentamente en un intento de calmarse antes de que las furiosas emociones en su pecho
lo hicieran explotar. El amuleto que le había dado a Miyo la ocultaba de sus familiares. Si bien no podía
ocultarla de humanos mal intencionados ni protegerla de agresiones físicas, era eficaz contra los usuarios del
Don que intentaban localizarla de esa manera.
౼...¡Tsk!

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La impotencia de Kiyoka lo indignó. Rápidamente sacó algunos trozos de papel de su bolsillo,
canalizó su poder hacia ellos para crear familiares y los envió a buscar a Miyo en la ciudad. Sin embargo,
dado que la capital era tan grande, este método consumía mucho tiempo y era poco fiable.
Estaba casi seguro de conocer la identidad del perpetrador, pero sin pruebas no podía actuar. Las
cosas estarían bien si sus familiares lograran localizarla, pero sabía que las posibilidades de que eso ocurriera
eran escasas. Y aunque Kiyoka era lo suficientemente poderoso como para irrumpir en la casa del
sospechoso y abrumarlo, esto podría resultar contraproducente si no podía respaldar sus acusaciones.
Necesitaba pruebas decisivas. Fue enloquecedor. Por mucho que quisiera rescatar a Miyo en este instante,
tenía las manos atadas.
౼Comandante, tiene otro visitante.
La voz tranquila de uno de los subordinados de Kiyoka rompió el pesado silencio.
౼¿Quién es?
Kiyoka mantuvo sus emociones a raya cuando respondió. Pero Godou no respondió; en cambio, dejó
entrar al invitado a la habitación. Era la última persona que Kiyoka esperaba. El hombre habló con gran
desgana, apretando los puños como si luchara por controlarse.
౼Es absurdo que deba pedirte ayuda... Pero no puedo salvar a Miyo solo.
El prometido de Kaya, Kouji Tatsuishi, estaba allí al borde de las lágrimas.
Kouji había jurado proteger a Miyo. Por eso aceptó casarse con Kaya y heredar el apellido Saimori.
Y, sin embargo, allí estaba, sentado en el coche de Kiyoka mientras conducían a toda velocidad, mordiéndose
los labios hasta dejarlos ensangrentados. Las lamentables circunstancias de este incidente, que le había
contado a Kiyoka en la base de la Unidad Especial Antigrotescos, seguían repitiéndose en su memoria.

Kaya estaba actuando extraño. Ella anunció de la nada que quería intercambiar maridos con Miyo. Cuando él
le dijo que eso era imposible, ella fue a hablar con su padre. Eso le hizo sospechar, así que la siguió. Lo que
escuchó a continuación le hizo dudar de su cordura.
౼¿Qué pasaría si Miyo estuviera de acuerdo? ౼dijo Kaya.
౼Sí ౼respondió Minoru౼, en ese caso, Kudou tendría que honrar sus deseos y cancelar el
compromiso. Puedes romper a Miyo con facilidad y hacerla decir lo que quieres.
౼¡Y estoy seguro de que mi madre también me ayudará! ¿Puedes traernos a Miyo?
౼Fácilmente.
Satisfecha con el plan, Kaya aplaudió encantada.
౼¡No lo creo! ¡¿Qué diablos se te ha metido?!
Kouji irrumpió en la habitación y la pareja lo taladró con miradas gélidas.
౼¿De qué te quejas? ౼dijo Kaya౼. Te lo dije antes: voy a terminar el compromiso de Miyo y ocupar
su lugar. Dijiste que no funcionaría sin el permiso de mi padre, así que estoy aquí pidiendo consejo al tuyo.
౼No puedes hablar en serio.
Superado por el shock, miró inquisitivamente a su padre.
౼Esto es lo que se debe hacer para recuperar a Miyo.
౼¡Pero, padre, usted pasó todos estos años diciéndome que no interfiriera en los asuntos de otras
familias!
En el pasado, el padre de Kouji lo detenía cada vez que intentaba ayudar a Miyo y le instaba a no
entrometerse. Pero lo que estaba haciendo ahora contradecía su propio consejo. Minoru Tatsuishi suspiró ante

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esta acusación.
౼Eso fue porque no era de nuestro interés que los Saimori se dieran cuenta del valor de Miyo. De lo
contrario, no la habrían delatado tan fácilmente.
౼¿Qué…?
Kouji no entendió.
౼Se habrían aferrado a ella si supieran su verdadero valor. Si su familia la alienara, tendríamos más
posibilidades de casarla con la nuestra.
౼…
¿Su padre había hecho la vista gorda ante el abuso que Miyo había sufrido a manos de su familia
sólo para poder adquirirla como novia para su hijo en el futuro? Ahora que se había dado cuenta de lo crueles
y calculadoras que habían sido las intenciones de su padre para Miyo, la furia de Kouji alcanzó un punto de
ebullición. La sangre se le subió a la cabeza y vio rojo.
Kouji despreciaba a su padre. No había manera de que Minoru no se hubiera dado cuenta del alcance
del sufrimiento de Miyo, de cuánta miseria había soportado, de cómo se había quedado incapaz de sonreír.
Dar marcha atrás y permitir que eso sucediera fue inhumano. El hecho de que Kouji hubiera seguido las
órdenes de alguien tan malvado durante tanto tiempo lo enfureció. La ira surgió dentro de él y las ventanas de
la habitación se rompieron con un ruido estridente. Con sus emociones fuera de control, sus poderes ahora se
doblegaban a los caprichos de la furia indómita que lo había superado.
౼… No dejaré que te salgas con la tuya.
౼No hay nada que puedas hacer, Kouji.
౼¡Ya no puedes decirme qué hacer!
Los muebles de la habitación (sillas, mesas, estanterías) empezaron a temblar.
౼Kaya, vete a casa.
౼Pero, señor…
౼Iré a verte tan pronto como termine de encargarme de esto.
౼Entendido. Tenga la seguridad de que podré hacer cambiar de opinión a mi hermana.
Kaya miró a Kouji pero salió de la habitación obedientemente, como si hubiera perdido el interés. En
el mismo momento en que cerró la puerta, todo en la habitación se disparó en el aire, desafiando la gravedad.
౼¡No te dejaré usar a Miyo como mejor te parezca...!
Mientras gritaba, los objetos flotantes en la habitación volaron hacia Minoru con un impulso
aterrador. La telequinesis, la capacidad de mover objetos mediante pura fuerza de voluntad, era uno de los
Dones básicos. Kouji había pensado que hacer levitar una silla era lo mejor que podía hacer, pero estaba
descubriendo que poseía mucho más poder del que jamás había imaginado. Tal vez lo suficiente como para
desgarrar un cuerpo humano y hacer volar los pedazos. Sin embargo, su padre se negó a ceder, impávido.
౼Qué sorpresa ver que puedes reunir tanto poder. El alcance del poder de cada uno puede variar
dependiendo de su estado de ánimo, como estás mostrando ahora.
Minoru levantó la mano y todos los objetos que Kouji le había lanzado dejaron de moverse antes de
caer lentamente al suelo.
౼¿Por qué…? ¡Muévete! ¡Muévete como yo quiero que lo hagas!
౼No seas tonto. Nunca has entrenado para cultivar tus poderes. No eres rival para mí.
Como un ciclón pasando sobre él, la habilidad de Kouji ya se había desvanecido y se había vuelto
indetectable. Aunque su ira no había disminuido, no podía replicar la energía que había aprovechado un
momento antes.
౼Maldita sea... ¡¿Por qué no funciona?!

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¿Por qué era tan impotente? Kouji había prometido con confianza proteger a Miyo, pero carecía de la
fuerza para actuar cuando las cosas se ponían feas. Se sentía como un niño arrogante que hablaba mucho
pero que en realidad no podía hacer nada. Sin una salida para su frustración, sintió como si estuviera
perdiendo la cabeza. Las lágrimas corrieron por su rostro. Su padre lo sujetó, lo ató y lo encarceló en la
habitación, atándolo con una técnica sobrenatural para que no pudiera escapar.
Kouji se quedó preguntándose si su padre ya había capturado a Miyo, si la había llevado a la casa de
los Saimori. Miyo estaba en peligro, pero ni siquiera había podido enfrentarse a su propio padre y frustrar su
malvado plan. Y él sólo tenía la culpa de haber estado indeciso durante tanto tiempo. Su comportamiento no
había estado arraigado en la bondad. Todo lo contrario: era indeciso, cobarde y cobarde. Había dejado que la
situación empeorara tanto al negarse a actuar antes.
౼Soy tan idiota...
Si realmente hubiera querido proteger a Miyo, habría hecho un esfuerzo por hacerlo antes. Ahora era
demasiado tarde. Nunca había desarrollado sus habilidades sobrenaturales, por lo que si intentaba luchar
contra los Saimori, sólo terminaría humillado...
El sonido de la puerta abriéndose interrumpió su autorreproche.
౼Entonces, ¿vas a rendirte?
Ahora su hermano mayor se estaba burlando de él. La confianza burlona del Tatsuishi mayor y su
llamativo hombre de ciudad parecen molestar muchísimo a Kouji.
౼Por supuesto que no. ¡Voy a salvar a Miyo!
Su hermano se rió ante esta enérgica respuesta como si hubiera escuchado un buen chiste... antes de
deshacer la atadura que su padre había conjurado alrededor de Kouji con una facilidad inesperada.
౼¿Por qué me estás ayudando...?
౼¿No deberías ir tras él en lugar de preocuparte por eso?
Kouji asintió brevemente y salió corriendo de la habitación al son de la irritante risa de su hermano.
౼Llegaremos pronto. Actuar tan impaciente no ayudará en nada, señor Tatsuishi ౼Kiyoka amonestó
tranquilamente a Kouji, que estaba sentado en el asiento del pasajero junto a él.
౼No pareces desconcertado en absoluto, a pesar de que algo terrible podría estarle sucediendo a tu
prometida en este momento ౼fue la respuesta hosca de Kouji.
Kiyoka estaba casi aterradoramente tranquilo. Su expresión era prácticamente escultural, como si no
estuviera en lo más mínimo ansioso por su prometida secuestrada.
Él era tan perfecto. Kouji no podía nombrar nada de lo que le faltaba a este hombre. Era demasiado
obvio que Kouji no podía compararse con él, como usuario del Don o como hombre, y ningún esfuerzo de su
parte cambiaría eso.
¿Pero Miyo estaría en buenas manos con él? ¿Qué sabía él de ella? ¿Era consciente de sus penas, de
su soledad, de las heridas de su corazón? Tal vez Kiyoka sólo estaba fingiendo que iba a rescatarla, pero
¿realmente le importaba? ¿Qué pasa si él también la abandona? Si llegara a eso, Kouji tendría que matar a
Miyo y luego a él mismo. Había estado considerando esa eventualidad durante algún tiempo. Sería la mejor
manera de asegurarse de que ella no sufriera más. Aunque se dio cuenta de que no era del todo correcto que
él decidiera eso por ella, no se le ocurrió un plan mejor.
Pero Kouji pronto descubriría que su disposición a morir era completamente absurda.

Miyo se despertó con el olor a aire mohoso. La habitación en la que se encontraba estaba oscura, pero cuando
sus ojos se acostumbraron, pudo distinguir algunas formas, por lo que debió haber una fuente de luz. Sin
embargo, no podía ver afuera, por lo que no sabía si todavía era de día o de noche. Estaba tendida sobre un

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suelo de madera polvoriento; debieron haberla tirado allí como a un saco de patatas. Tenía las manos atadas
con una cuerda, por lo que se incorporó con dificultad.
¿Dónde estoy?
Mientras escaneaba la habitación en busca de pistas reveladoras, se dio cuenta de que conocía este
lugar. Su recuerdo más horrible volvió a su mente. La habitación estrecha y vacía, fría y húmeda. No había
duda al respecto: este era el almacén de los Saimori donde la habían encerrado cuando era niña.
La mayoría de los almacenes tenían el mismo diseño, y no había nada que indicara más allá de toda
duda que era el de los Saimori, pero todo era exactamente como ella lo recordaba. Eso fue suficiente para
convencerla de que era el indicado.
Eso significaba que Kaya o su madrastra la habían secuestrado. Si bien no entendía por qué harían
eso, no lo habría pasado por alto. Su desprecio por ella era profundo. Si hubieran tenido la oportunidad de
atormentarla de nuevo, se habrían aprovechado de ella.
Habiendo establecido todo esto sobre su situación, Miyo comenzó a pensar en qué podría pasarle, lo
que la asustó mucho. Al mismo tiempo, se sentía culpable por molestar a Kiyoka y Yurie. Probablemente a
Kiyoka ya le habían contado sobre el secuestro. ¿Intentaría rescatarla? Lágrimas de vergüenza brotaron de
sus ojos por ser una carga tan grande.
El pulso de Miyo latía fuertemente en sus oídos. Su madrastra o Kaya podrían entrar en cualquier
momento. No podía imaginar qué le harían, lo que la asustó aún más. Se había sentido muy aliviada de dejar
la casa de su familia y encontrar un lugar donde se sintiera segura. Pensó que se había vuelto un poco más
fuerte, pero en realidad era todo lo contrario: se había vuelto menos resistente. Si rompiera a llorar delante de
sus abusadores, estos sólo se burlarían de ella con satisfacción.
Determinada, Miyo se levantó y golpeó su cuerpo contra la puerta, esperando desesperadamente
tener la fuerza suficiente para abrirla ahora que era una mujer adulta. Pero al igual que entonces, la puerta no
se movió.
Demasiada esperanza...
La puerta estaba atrancada, no cerrada con pestillo. No era posible que ella pudiera liberarse.
No había otra salida. La única ventana era demasiado alta para alcanzarla y probablemente
demasiado pequeña para pasar por ella de todos modos. Por mucho que no quisiera darse por vencida,
claramente no había nada que pudiera hacer, así que se sentó en el suelo como una prisionera esperando su
ejecución. Entonces escuchó algo afuera.
౼…
Se puso rígida y empezó a sudar frío. Conteniendo el aliento, miró fijamente la puerta, escuchando el
sonido sordo de la barra de madera al ser quitada.
౼Oh, ¿entonces estás despierta?
Era su hermana, tal como había sospechado. Miyo cuadró sus hombros por reflejo. Kaya hizo que un
sirviente le abriera la puerta. Caminó lentamente hasta el almacén y se detuvo justo afuera, con el sol de la
tarde a su espalda.
Kaya parecía impecable como siempre, con su hermoso rostro parecido al de su madre, el kimono
que vestía en colores brillantes y modernos y su voz clara y aguda. Sin embargo, sus ojos oscuros estaban
nublados por el odio.
౼Estuviste desmayada durante tanto tiempo que comencé a preguntarme si tal vez estabas muerta.
Ella se rió extrañamente, sin su habitual confianza. Kaya parecía distraída, o tal vez mareada por la
anticipación.
౼¿Por qué estás…? ¿Por qué haces esto?
Miyo estaba tan asustada y ansiosa que no podía respirar normalmente. Su voz se quebró
lastimosamente. La mueca de desprecio de Kaya se hizo más amplia al ver a su hermana temblar en el suelo
sucio del almacén.

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౼Eso está mejor. Un kimono bonito como ese no te sienta bien. Pero ahora que está sucio te queda
más.
౼…
Miyo no podía pensar en una respuesta. La verdad era que, en el fondo, estaba de acuerdo con Kaya.
Los obsequios de ropa cara de Kiyoka la habían puesto nerviosa porque no creía que los mereciera.
Encorvada y mirando al suelo, Miyo no notó que otra persona entraba hasta que escuchó pasos a su lado. De
repente, un dolor agudo se apoderó de su mejilla y se cayó con un breve jadeo.
౼¡Todo es culpa tuya!
La voz pertenecía a su madrastra. Había golpeado a Miyo con su abanico. Esas palabras eran un
elemento básico de los recuerdos de la infancia de Miyo. Dado que su madrastra la había culpado por todo y
por cualquier cosa, Miyo las había escuchado innumerables veces.
౼¡Estás arruinando mi vida otra vez!
౼Ugh...
Ella instintivamente abrió la boca para disculparse antes de detenerse ella misma.
౼¿Es así como me lo pagas por criarte? ¡Mocosa desagradecida, siendo descarada solo porque te
mandamos lejos!
౼…
Miyo quiso levantarse para encararla, pero no pudo invocar el coraje para realizar un contraataque
contra su madrastra, que estaba tan furiosa como un demonio del infierno. No escucharía de todos modos.
Nada que Miyo pudiera decir marcaría la diferencia… ni en el pasado, ni ahora mismo.
౼Me decepcionas. ¿No sabes que tu lugar está con la servidumbre? ¡No creas que eres alguien solo
porque te ofrecimos a los Kudou!
Miyo cayó en el suelo con las manos atadas, incapaz de levantarse. Kanoko le hundió el pie en el
estómago.
౼¡Duele…!
Su madrastra mandó una lluvia de patadas a sus hombros y abdomen. Se detuvo solo para agarrar a
Miyo por el pelo y levantarla de forma dolorosa. Abriendo los ojos, Miyo vio a Kanoko y Kaya de pie la una
junto a la otra y lanzándole dagas por los ojos.
౼Romperás el compromiso.
౼¡…!
Miyo se congeló ante las palabras de su madrastra.
౼¡Sí, eso es exactamente lo que harás! ౼Kaya accedió, inclinándose hacia delante౼. Ser la esposa de
Kudou es demasiado para ti, querida hermana. Hagamos un trato.
Una parte del cerebro de Miyo aún permanecía calmado y racional, así que entendió cómo se había
ganado la ira de su hermana y madrastra. No podían soportar que Kiyoka Kudou hubiera aceptado a alguien
que ellas despreciaban tanto. En sus mentes, este matrimonio se supone que nunca iba a suceder. Pero ahora
que parecía factible, las llevó a la locura.
౼Deberías haber muerto en una cuneta como estabas destinada ౼Kanoko soltó.
౼¡Ngh!
La madrastra de Miyo siguió agarrándola del pelo. La mejilla que le golpeó ardía y latía de dolor.
Miyo cató sangre. Debieron de haberle cortado el labio.
౼Ahora escucha lo que voy a decirte. Le dirás al Señor Kudou que no quieres casarte con él. Si
tuviste la osadia de pedirle que te comprara ropas lindas con estas, puedes pedirle que te mande de vuelta a
casa.

84
౼No te preocupes, Miyo. Después de casarme con el Señor Kudou, puedes recuperar a Kouji.
౼…
Habría sido fácil hacer lo que le ordenaban. Siempre que le habían robado, ella se había negado a
defenderse, sólo para que su abuso terminara antes. Así fue como logró sobrevivir. Este era el camino de
menor resistencia. Aferrarse a lo que había sido importante para ella y tratar de resistirse sólo prolongaría su
dolor y sufrimiento, lo cual era peor. Si aceptaba sus demandas, probablemente la dejarían ir de inmediato.
Volvería a la servidumbre, construiría gruesos muros alrededor de su corazón y volvería a estar sola. Si
mantuviera la cabeza gacha, sería menos probable que se convirtiera en blanco de violencia. Ella había creído
eso durante mucho tiempo.
౼… haré.
౼¿Qué dices?
౼Yo… no lo haré.
Ella no se rendiría. No renunciaría a Kiyoka y la vida que podría tener con él. La única vez que Miyo
se opuso a su madrastra, terminó con ella entregando los recuerdos de su madre. Pero no dejaría que le
robaran el futuro con Kiyoka. Ella no dejaría que nadie le quitara eso.
౼Yo… no haré lo que queráis.
A pesar del dolor, levantó los ojos para encontrarse con sus miradas. Ella no apartaría la mirada y
tampoco volvería a inclinar la cabeza. Esta resistencia amplificó la furia de su madrastra. Apretó con más
fuerza el cabello de Miyo, la acercó más y la golpeó con su abanico nuevamente.
౼¡No te atrevas a responder!
Después de caer al suelo, su madrastra le golpeó los hombros. Miyo apretó los dientes y soportó el
dolor punzante.
౼¡No olvides tu lugar! ¡No vales nada! A diferencia de Kaya, no tienes Visión Espiritual, ¡así que no
tienes ningún valor! ¡Fue una idea absurda ofrecerte a ti, la vergüenza de la familia, como novia para el Señor
Kudou!
౼¿Qué pasa, Miyo? Obtendrás esta casa y a Kouji. ¿No es eso lo que querías?
౼Yo…
Ella no se doblegaría, sin importar lo que dijeran. Miyo selló su miedo en lo profundo de su corazón
y miró desafiante a su madrastra y a su hermana.
౼¡Soy la prometida de Kiyoka Kudou y no voy a renunciar a él!
Con la cara roja de rabia, Kanoko levantó la mano hacia Miyo nuevamente.

౼Aquí estamos.
Perdido en sus ensueños, Kouji no se dio cuenta cuando Kiyoka se detuvo en la puerta principal de la
residencia Saimori. Rápidamente salió del coche y lo siguió. Ya casi estaba oscuro y el cielo nublado
bloqueaba la luz mortecina del sol poniente. La vieja y pesada puerta, firmemente cerrada, se alzaba
imponente ante ellos.
౼¿Qué hacemos? Es posible que se nieguen a dejarnos entrar…
౼Eso no será un problema.
No había ni rastro de vacilación en la voz de Kiyoka. Levantó la mano y Kouji quedó
momentáneamente cegado por un destello de luz brillante y ensordecido por un trueno.
౼Guh...

85
Era como si un rayo hubiera caído justo a su lado... hasta que Kouji se dio cuenta de que eso era
exactamente lo que había sucedido. Olía a madera quemada. Poco después recuperó la vista. Efectivamente,
la puerta estaba carbonizada y hecha pedazos. La habilidad que Kiyoka había usado era tremendamente
poderosa. Kouji había oído algo sobre un Don que permitía controlar los rayos, pero nunca imaginó que
podría ser tan destructivo.
౼Vamos.
౼¿Eh? Ah, sí…
Aunque Kouji todavía estaba en shock y asustado por lo que había presenciado, se recuperó y siguió
a Kiyoka. Entonces vislumbró los ojos del otro hombre... y la ira en su interior. Era tan intenso que los ojos
azul pálido de Kiyoka parecían estar iluminados desde dentro por llamas de furia.
¿Está… enfurecido?
Kouji había tomado la falta de expresión de Kiyoka como una señal de que no le importaba Miyo. Su
voz sin emociones proviene de un corazón frío. Una pregunta comenzó a formarse en los labios de Kouji
mientras corría detrás de Kiyoka, pero no la pronunció. Sería inútil preguntarlo ahora. Era poco probable que
obtuviera una respuesta y, de todos modos, pronto la descubriría. Manteniendo la boca cerrada, aceleró el
paso para no quedarse atrás.
El estruendo y los temblores del rayo que había destruido la puerta provocaron pánico en la finca
Saimori. Los sirvientes, e incluso el propio Shinichi Saimori, salieron a investigar. Cuando descubrieron que
la puerta había sido quemada, corrieron confundidos por el terreno. Nadie se atrevió a detener a Kiyoka y
Kouji mientras caminaban con confianza hacia la casa principal.
Shinichi fue el primero en recuperar el sentido.
౼¡Señor Kudou! ¡¿Qué significa esto?! ౼Gritó desconcertado.
౼¿Dónde está Miyo? ౼Kiyoka exigió.
౼¡!
Shinichi jadeó y toda la sangre desapareció de su rostro. Parecía como si estuviera a punto de
desmayarse. Gotas de sudor aparecieron en su frente.
౼¿M-Miyo? Ella…
౼No recuperarás a Miyo ౼intervino Minoru, acercándose por detrás de Shinichi.
౼¡Padre! ¡¿No tienes vergüenza?!
Kouji dio un paso hacia Minoru, listo para atacar, pero Kiyoka lo detuvo.
౼Te pregunté dónde escondes a mi prometida.
౼No tiene sentido preguntar. Ella me ha dicho que no quiere volver a verte nunca más.
౼Preferiría escuchar eso de ella. Si no vas a decirme dónde está, entonces apártate de mi camino.
Kiyoka y Minoru se miraron el uno al otro, sin intención de dar marcha atrás. A pesar de que Kouji
ahora estaba en términos hostiles con su padre, estaba impresionado de que Minoru no se sintiera intimidado
por Kiyoka. El aura furiosa del hombre parecía hacer brillar el aire a su alrededor. Pero también ilustró
claramente cuán profundamente deseaba el padre de Kouji el linaje de Miyo.
౼No te dejaré pasar ౼dijo Minoru౼. Intenta abrirte camino y haré lo que sea necesario para
detenerte. También te denunciaré por invasión de propiedad privada.
౼Haz lo que quieras, pero no puedes detenerme.
Kouji esperaba que Kiyoka se volviera violento, pero no lo hizo. Ni desenvainó su espada ni usó sus
poderes. Simplemente siguió caminando lentamente, su rabia palpable. Minoru y Shinichi fueron los
primeros en perder la compostura y, presas del pánico, conjuraron una barrera. Pero no logró impedir el
progreso de Kiyoka. El mejor usuario del Don de su generación continuó avanzando sin realizar ningún
movimiento o gesto que indicara el uso de una habilidad especial. Tanto Shinichi como Minoru tenían

86
experiencia en combate, pero Kiyoka atravesó sus barreras mágicas como si fueran simples pañuelos de
papel. Esto hizo mucho más que simplemente inquietar a sus oponentes. Al darse cuenta de cuánto más
poderoso era Kiyoka en comparación con ellos, Minoru y Shinichi sucumbieron al puro terror. Incluso Kouji
estaba pálido como un fantasma mientras seguía silenciosamente a Kiyoka.
౼Así que la reputación de los Kudou no era sólo una fábula...
Kiyoka había alcanzado a los dos hombres mayores y los había empujado contra una pared. Con sus
Dones inútiles, cambiaron su enfoque. Minoru intentó golpear a Kiyoka, quien rápidamente lo agarró del
brazo y lo lanzó al aire. Entonces Kiyoka fijó su ardiente mirada en Shinichi, quien dio medio paso hacia
atrás antes de que sus piernas se doblaran debajo de él y cayera al suelo sin fuerzas. Shinichi ni siquiera iba a
intentar pelear. Comparado con Kiyoka, era tan débil como un niño —no, un bebé— por lo que la resistencia
sería inútil.
Tal vasta diferencia entre usuarios del Don al servicio del Emperador era insondable. Kouji ya no
sentía envidia. Kiyoka ya no le parecía humano, sino más bien un demonio de sangre fría que destruía todo lo
que encontraba a su paso. Simplemente se sintió agradecido de que este hombre fuera su aliado.
Kouji miró furtivamente a su padre y a Shinichi que yacían en el suelo, pero no pudo soportar
mirarlos, así que se apresuró hacia la casa de los Saimori. Esta era una residencia en expansión, un edificio
de madera que era un laberinto de habitaciones y pasillos. Dado que había sido diseñada de manera que cada
pasillo ofreciera una vista al jardín, la casa estaba compuesta por muchos patios pequeños y un jardín trasero
más grande. En el pasado, este tipo de arquitectura elaborada de inmediato identificaba a las familias más
ricas ante los espectadores.
౼Tatsuishi, ¿sabes dónde esconderían a Miyo? ౼Kiyoka preguntó sin girarse para mirarlo.
Tomado por sorpresa, Kouji rápidamente trató de pensar en los lugares más probables.
౼Su antigua habitación en las dependencias de servicio... No, espera.
Si Kaya y Kanoko estuvieran con ella, no podría haber sido esa habitación. No las pillarían ni
muertas en las habitaciones de los sirvientes. ¿Quizás la habitación original de Miyo, entonces? No, esa
estaba al lado de la de su madre, por lo que Kanoko odiaba estar cerca de él. Era una casa antigua, y las casas
antiguas con sus paredes delgadas no ofrecían mucha privacidad. Realmente no había ningún lugar apartado
donde pudieras mantener a un cautivo… ¿O sí?
౼Hay un almacén en el jardín de atrás…
౼¿Sí?
౼Es realmente viejo y no se usa mucho... Creo que pueden tenerla allí.
El almacén podría estar cerrado desde el exterior. Cuanto más pensaba Kouji en ello, más se
convencía de que era el lugar correcto. Kiyoka asintió con la cabeza.
౼Muéstrame el camino ౼dijo.
౼Sígueme.
౼Espera, ¡detrás de ti!
Kouji se giró sorprendido al ver un vórtice de llamas que avanzaba rápidamente, una de las
habilidades del Don de su padre. Minoru lo siguió en una feroz persecución. Kouji no podía moverse
mientras la masa de fuego se acercaba a él. No sabía cómo reaccionar ni podía hacer nada para protegerse.
౼El tonto impulsivo simplemente no se rendirá ౼escupió Kiyoka con odio.
Tan pronto como habló, un muro invisible que había conjurado separó a Kouji del vórtice.
౼Una barrera…
Pero su alivio duró poco. Cuando el vórtice de llamas chocó contra la impenetrable barrera mágica,
se expandió de izquierda a derecha. Las paredes del edificio se incendiaron de inmediato y el incendio se
extendió rápidamente hasta envolver los patios interiores, quemando árboles y quemando hierba.
౼Esto es terrible...

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Kouji deseaba poder taparse los ojos para no ver la destrucción. Las llamas infernales nacidas de la
tenacidad de su padre devoraban todo a su paso. Incluso un niño podría imaginar qué pasaría si un incendio
ardiese incontrolablemente dentro de una residencia construida con madera y papel. Mientras Kouji
permanecía allí horrorizado, escuchó un sonido y vio a su padre colapsar repentinamente. No podía decir qué
sentía en ese momento. ¿Debería haber sentido lástima por su padre, quien lo habría quemado vivo si Kiyoka
no hubiera intervenido?
౼Solo le di una pequeña descarga para paralizarlo. Tenemos que darnos prisa antes de que el fuego
se propague.
Estaban allí para rescatar a Miyo, no para batirse en duelo con Minoru o apagar incendios. En cuanto
a Kouji, nunca más quiso tener nada que ver con su padre. Ese día, finalmente decidió seguir su propio
camino y lavarse las manos de los planes de su padre.

De repente, hubo truenos y el temblor de la tierra. Lo sintieron incluso en el almacén de la parte trasera de la
residencia.
౼¿Qué fue eso…?
Kaya y Kanoko se miraron sorprendidas. Kanoko relajó su agarre sobre el cabello de Miyo y la chica
cayó de rodillas.
౼Comprueba qué está pasando ౼ordenó la madrastra de Miyo a su sirviente.
Su voz sonó lejana para Miyo, quien estaba cada vez más aturdida. Le habían golpeado los hombros
con tanta violencia que se le habían entumecido los brazos. Recibir una bofetada en la cara la había hecho
sentir cada vez más confusa.
౼¿Fuiste tú? ¿Hiciste algo?
Miyo apenas registró el tono duro de las acusaciones de su madrastra. No la afectó en lo más
mínimo.
¿Y-yo…?
¿Qué estaba insinuando siquiera su madrastra? ¿Qué podría haber hecho Miyo siendo prisionera,
atada e indefensa?
౼Madre, tienes que lograr que ella lo diga.
౼Lo haré. ¡Miyo, di que romperás el compromiso con Kudou, ahora! ౼Su voz era muy distante.
౼No… no diré eso.
Miyo no podía concentrarse, apenas podía pensar, pero no se rendiría. No dejaría que se salieran con
la suya. Sólo había un deseo en su corazón, y de ese deseo obtuvo la fuerza para seguir resistiendo a sus
opresores.
౼¡Muchacha desvergonzada! ¡No tienes derecho a estar en desacuerdo!
Con el rostro rojo por la ira, Kanoko agarró a Miyo por el cuello. Miyo vio la palabra muerte escrita
en su mente. Las letras se desvanecieron rápidamente. Pero no se desesperó, aunque tenía el presentimiento
de que si simplemente se daba por vencida ahora, la muerte llegaría pronto. Recordó cómo había hecho las
paces con su fallecimiento antes, cuando su vida triste y dolorosa ya no parecía digna de ser vivida. Cuando
ella no pertenecía a ningún lado. Pero Miyo se había equivocado: había un lugar para ella en este mundo al
lado de Kiyoka.
౼Yo… no… lo… diré.
Kaya hizo una mueca de exasperación y Kanoko apretó con más fuerza la garganta de Miyo.
Señor Kudou, no me rendí. Esta vez tampoco me disculpé. No quiero dejarle. No quiero morir

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todavía...
౼Señor Kudou...
౼¡Miyo!
Todo se había vuelto oscuro frente a ella, pero escuchó que llamaban su nombre. Ella había estado
esperando escuchar esta voz. Su voz.
౼¿Señor Kudou…?
Horrorizada, Kanoko liberó a Miyo. Ella volvió a caer al suelo.
౼¡Miyo!
Kiyoka corrió a su lado sin prestar atención a nadie más. Él desató sus grilletes y abrazó su cuerpo
golpeado. Él realmente había venido hasta aquí por ella.
Tosió, jadeando por aire con lágrimas en los ojos mientras un alivio abrumador la invadía. Ella nunca
había dudado de él. Sabía que este hombre de buen corazón no la habría abandonado. Así era él.
౼Señor Ku… dou…
౼Todo va a estar bien.
Parecía dolido, al borde de las lágrimas. ¿Era porque sentía mucha lástima por ella, maltratada y
abusada? Si es así, quería disculparse por entristecerlo. Pero no se sintió avergonzada: las heridas eran su
insignia de honor. Por primera vez en su vida, Miyo no había cedido ante sus torturadores. A pesar de la
presión de su familia, no les había permitido doblegar su voluntad.

Kiyoka acunó con cuidado a su prometida en sus brazos después de que ella cayera inconsciente. Pesaba muy
poco, incluso vestida con el elaborado kimono, que no era en absoluto ligero. Tenía un verdugón en la mejilla
౼Debió haber sido golpeada con un objeto contundente౼ que él alcanzó con incredulidad y detuvo los dedos
antes de que tocaran su piel para evitar lastimarla. Las dos mujeres que le habían hecho esto estaban cerca.
౼… ¿Qué hicistéis para que ella quedara así?
౼…
Ellas se estremecieron ante su tranquila pregunta, sorprendidas. ¿Pensaron que se saldrían con la
suya? Mientras examinaba sus rostros, sintió una oleada de ira. Quedó asombrado por su audacia.
౼¿Cómo podríais vencer a una chica indefensa? ¿Qué queríais de ella?
౼Bueno...
Kanoko mantuvo la boca cerrada con mal humor, pero Kaya no se inmutó.
౼No he hecho nada malo. ౼Levantó la barbilla con altivez y miró fijamente a Miyo, quien estaba
acunada en los brazos de Kiyoka౼. Simplemente estaba tratando de corregir un error.
౼¿Qué error?
౼Miyo te fue ofrecida como novia, obviamente. Mi familia debe haberlo hecho por error. La chica es
una inútil, ¿sabes? No tiene Visión Espiritual, además es estúpida y fea. Ni siquiera era una buena sirvienta.
¿Alguien como ella se iba a casar y estar por encima de mí? Ridículo. El acuerdo fue un gran error, simple y
llanamente.
౼…
౼Mis padres están de acuerdo en que soy mejor que ella. Soy la hija superior. Merezco ser tu esposa.
Incluso el padre de Kouji está de acuerdo.
Kaya estaba indignada, plenamente convencida de que tenía razón. En lo que a ella respectaba, su

89
odio por Miyo no era un rencor personal irrazonable sino una reacción natural al ignorar sus derechos.
Kiyoka imaginó que se había vuelto tan retorcida porque sus padres le habían inculcado ese derecho. Incluso
podría sentir lástima por ella. Pero ella había provocado su ira, por lo que él no la perdonaría sólo porque
había sido criada para ser engañada.
౼Sin duda estarás más satisfecho conmigo que con ella, Señor Kudou. Soy mejor que ella en todos
los sentidos, así que deberías...
౼Cállate.
౼¡!
Su mirada penetrante la asustó y la hizo guardar silencio. Kiyoka no podía soportar escuchar sus
tonterías. Ni siquiera estaba tratando de justificar su mala conducta; realmente creía en su inocencia, lo que le
revolvió el estómago.
౼No me hagas perder el tiempo con semejantes tonterías.
౼¿Qué…? ¡¿Por qué no lo entiendes?! ¡Eres tan cruel!
Ella era alguien que hablaba, pero era inútil discutir con alguien tan equivocado. Además, el incendio
que arrasó la propiedad principal pronto se extendería aquí.
౼¡Señora Saimori! ¡Señora Kaya! ¡Hay un incendio! ¡No es seguro aquí!
El sirviente que Kayoko había enviado para comprobar las cosas acababa de regresar corriendo.
Kouji, que había estado esperando en silencio hasta entonces, se acercó a Kaya.
౼Kaya, no puedes quedarte aquí. Lo mismo ocurre con usted, señora Saimori. Tenemos que irnos.
౼Mi casa está... ¿está ardiendo?
Kanoko estaba horrorizada. Salió a trompicones del almacén para ver el humo negro que salía de la
residencia principal.
౼¡No! ¡Nooo…! ౼gritó౼. ¡No, es mi casa!
Kiyoka no se preocupaba por nadie más que por Miyo. Mientras la levantaba del suelo para sacarla
del almacén, Kaya lo agarró de la manga.
౼¡No te vayas! ¡Por favor, Señor Kudou-!
Exasperado, Kiyoka se liberó de ella y la miró con animosidad desenmascarada.
౼Ya tuve suficiente de tu arrogancia. No me importan las caras bonitas ni el Don. ¡Tendría que
caerse el cielo para elegir a una mujer egoísta como tú como esposa! Apártate de mi camino.
Ella se estremeció y dio un paso atrás. Kiyoka no le dedicó una segunda mirada mientras salía del
almacén con Miyo en sus brazos.

Kouji impidió que su prometida intentara alcanzar a Kiyoka nuevamente cuando este se iba.
౼Necesitamos salir de aquí ahora.
౼No… ¿Por qué? ¡¿Por qué me está pasando esto a mí?!
౼Tenemos que irnos, Kaya.
౼¡Quítame las manos de encima! ౼Ella se enfureció cuando él intentó sacarla por el brazo౼. ¡No
entiendo! ¡No he hecho nada malo!
౼Kaya...
Afuera, Kanoko estaba gritando que todo esto era culpa de Miyo. Kouji perdió la paciencia. Suspiró

90
y procedió a sacar a Kaya a pesar de sus protestas. Una vez que estuvieron afuera, agarró también a la furiosa
Kanoko, obligándola a caminar con ellos.
౼¡Déjame ir! ¡Suéltame de inmediato!
౼¡Ya es suficiente! ౼Gritó Kouji.
౼¿Qué te pasa? Es Miyo la que te gusta, ¿verdad? ¡Déjame y corre para salvar tu pellejo!
La sangre volvió a subirle a la cabeza. Ni siquiera entendía por qué se sentía obligado a salvar a estas
mujeres. Pero tenía que hacerlo.
౼¡Tienes razón! Miyo es lo más importante para mí. Por supuesto que lo es. ¡Pero ella estaría triste si
murieras, y no dejaré que tú y tu familia le causéis más dolor!
Haría lo que estuviera en su poder para evitar que estas personas viles hicieran llorar a Miyo
nuevamente. Si fuera para evitarle sufrimiento a Miyo, incluso salvaría a aquellos a quienes odiaba.
Al escuchar a su apacible prometido dirigirle palabras tan duras y enojadas, Kaya se quedó en
silencio y miró hacia abajo con mal humor. Ella no volvió a hablar mientras huían de la residencia en llamas.

91
Capítulo 5
Finales y nuevos inicios

Ese cerezo otra vez. Miyo estaba soñando con eso por segunda vez.
౼Madre.
El cerezo del jardín de los Saimori estaba en plena floración. Junto a él estaba la madre de Miyo,
el color de su kimono combinaba con las flores. Ella estaba haciendo señas a su hija para que se
acercara, sonriendo. Miyo dio un paso vacilante hacia ella. Luego otro, y otro, pero al igual que en su
primer sueño, no se acercaba más.
౼Madre, yo...
No terminó de decir "Quiero ir a tu lado" porque escuchó otra voz llamándola por su nombre,
una que no podía dejar pasar sin respuesta.
౼¡Te veré de nuevo, madre!
Su madre continuó haciéndole gestos para que se acercara, pero Miyo se dirigió en la otra
dirección.

Se despertó con la vista familiar de su habitación en la casa de Kiyoka después de que todo terminó. Un
médico la había examinado y, aunque no tenía ningún hueso roto, sí estaba muy magullada, por lo que le
aconsejaron que descansara unos días. Kiyoka se tomó un tiempo libre en el trabajo para cuidarla, lo que
la hizo sentir feliz, ansiosa y aún más en deuda con él.
Yurie había llorado de alivio cuando trajo a Miyo de regreso. Le preocupaba que Miyo muriera
por deshidratación si sus captores la encerraban. Yurie también había estado ocupada atendiendo las
necesidades de Kiyoka, quien había estado cuidando a Miyo; estaba muy agradecida a ambos. Y más
tarde, poco a poco, Kiyoka le contó a Miyo qué le había pasado a la casa de su familia.
౼¿Se quemó…?
౼Sí. ౼La tensión cubría su rostro౼. La casa era de madera y tenía muchos jardines. Todo se
esfumó muy rápido.
Admitió que no podría haber hecho nada para apagar el fuego que Minoru Tatsuishi había

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conjurado. Afortunadamente nadie había muerto.
౼En cuanto a tus padres... Despidieron aproximadamente a la mitad de los sirvientes y se
mudaron a una residencia más pequeña en el campo. Tendrán que acostumbrarse a un nivel de vida
mucho más bajo. Este también podría ser el final de su carrera al servicio del emperador. La Casa
Saimori ha quedado arruinada.
౼Arruinada...
Dado que a Miyo nunca se le había permitido disfrutar de ninguno de los privilegios que se
derivaban de tener una familia rica, no estaba segura de qué hacer con esta noticia.
౼¿Y qué pasa con Kaya?
౼La han enviado a servir a una familia infame por sus estrictas reglas domésticas. Ella es joven;
la experiencia la ayudará a desarrollar algo de carácter.
Aunque Kaya poseía Visión Espiritual, sólo podía usar las técnicas sobrenaturales más básicas y
no tenía poderes especiales. Como tal, no había nada de malo en enviarla a vivir con gente común y
corriente.
Miyo se sintió aliviada de que al menos todos tendrían un techo sobre sus cabezas.
౼¿Qué pasó con los Tatsuishi…?
౼Los crímenes de Minoru Tatsuishi no se han hecho públicos. No será llevado a los tribunales,
pero aceptó la responsabilidad del incidente al renunciar como cabeza de familia. Su hijo mayor,
Kazushi, ostenta ahora ese título y aceptó permanecer bajo mi supervisión directa, lo que limitará
algunas de sus libertades. Esto pone a la familia Tatsuishi efectivamente bajo mi mando.
౼Oh… Ya veo.
Naturalmente, Kiyoka no habría renunciado a castigar a las personas que torturaron a su
prometida. Los había tratado con tanta dureza como si fueran delincuentes comunes y había logrado tales
acuerdos no tanto mediante la discusión sino mediante la intimidación. Pero Miyo no necesitaba saber
esto. Habían perdido su estatus, sus casas y su riqueza, y sus familias se habían reducido a meras
sombras de lo que eran antes. Quizás no serían capaces de hacer frente a estos cambios drásticos, pero
Kiyoka no sentía lástima por ellos. Los días siguientes pasaron en un abrir y cerrar de ojos.
౼¿Te sientes bien? ౼Kiyoka le preguntó a Miyo.
౼Sí. Para empezar, no me lastimé gravemente…
Él la ayudó a salir de su auto. Era un día nublado con un sol débil, agradablemente fresco para el
verano. Habían conducido hasta lo que quedaba de la residencia Saimori. Las ruinas carbonizadas serían
limpiadas cualquier día, por lo que Miyo había insistido en visitarlas antes de esa fecha. Kiyoka no
estaba a favor de venir aquí con ella otra vez, pero al final, aceptó de mala gana. Ella se mantuvo firme
en comprobar algo en las instalaciones.
౼Cuida tus pasos.
౼Tendré cuidado.
La casa en la que había nacido y crecido casi se había quemado hasta los cimientos. Algunos
cimientos y pilares aún estaban en pie, pero el resto se había convertido en cenizas, por lo que era
imposible saber dónde terminaba una habitación y comenzaba otra. A Miyo le resultó difícil distinguir
dónde había estado qué a pesar de que había vivido allí casi toda su vida. Como la casa había sido
arrasada, podían pasar por encima. Aunque Miyo sintió una punzada de tristeza al verlo, no duró mucho.
Guiada por su memoria, se dirigió hacia su destino. Kiyoka a veces le echaba una mano para asegurarse
de que no tropezara con ningún residuo, pero seguían caminando en silencio.
Miyo se dirigía hacia el patio interior más grande, aquel donde una vez estuvo un cerezo. El
árbol de su madre. Lo habían cortado después de que se secó, pero nunca le quitaron el muñón. Sólo se
podía acceder a ese patio en particular desde la habitación original de Miyo y la de su madre. Hacía
muchos años que nadie, aparte de los sirvientes que la limpiaban esporádicamente, había puesto un pie

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allí, ni siquiera un jardinero. Desde entonces, el muñón había muerto y se había vuelto gris. Sin embargo,
Miyo había querido verlo debido a su sueño sobre su madre con un kimono rosa, parada junto a este
árbol, haciendo señas a su hija para que se acercara. Como no había podido dejar de pensar en ello, se
sintió obligada a visitar este lugar.
Allí estaba, quemado hasta convertirlo en carbón pero aún reconocible. Mientras ella se
agachaba junto al muñón, Kiyoka se sentó en cuclillas junto a ella.
౼¿Esto es lo que querías ver?
౼Sí… Son los restos del cerezo que se plantó cuando mi madre se casó.
Incluso ella no había pasado mucho tiempo en este jardín. Este tocón del árbol que había sido
talado cuando ella era sólo una niña pequeña había sido un triste recordatorio de todas las otras cosas que
había perdido de su madre. Sólo mirarlo hacía que Miyo se sintiera sola.
Lentamente, lo alcanzó y lo rozó con las yemas de los dedos. El viejo y grueso muñón se
desmoronó al tacto, como si estuviera hecho de arena. Algo más sucedió simultáneamente.
౼Oh...
Miyo sintió un dolor agudo en la cabeza, como una descarga eléctrica. Duró sólo una fracción de
segundo, por lo que no gritó, y cuando desapareció, dudó si había sucedido.
౼¿Pasa algo?
౼N-no…
Sorprendida, apartó la mano del muñón, flexionó los dedos y cerró el puño. El dolor debe haber
sido por sus heridas anteriores. Quizás aún no se había recuperado por completo. Esta explicación la
satisfizo.
౼¿Nos vamos?
౼Sí, vamos.
Ahora la única marca que la madre de Miyo había dejado en este mundo era la propia Miyo.
Pero eso estuvo bien. De hecho, probablemente esa era la razón por la que su madre la había llamado
allí: para mostrarle que era hora de seguir adelante. Y así lo haría. Si bien no negaría su pasado, de ahora
en adelante sería un capítulo cerrado. Había tenido su parte de desgracias, pero ahora tenía los medios
para alcanzar la felicidad.

Salieron por la puerta rota y vieron un rostro familiar en la calle.


౼Kouji…
Cuando ella pronunció su nombre, él la miró con un ligero desconcierto y tal vez con una pizca
de culpa.
౼Miyo... Ha... ha pasado un tiempo.
౼Sí, de hecho.
Sin contar el breve momento antes de que cayera inconsciente cuando Kouji y Kiyoka vinieron a
rescatarla, lo había visto por última vez hacía un mes, cuando estaba con Kaya en la ciudad. No habían
podido hablar en ese entonces, por lo que parecía como si ella no lo hubiera visto en mucho más tiempo.
౼¿Cómo te sientes?
౼Estoy mucho mejor ahora, gracias.
౼Me alegra escuchar eso... Dime, ¿tienes uno o dos momentos para hablar? No podré quedarme

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en la ciudad por mucho más tiempo, así que esta podría ser nuestra última oportunidad de charlar.
Miyo había oído que Kiyoka la había encontrado tan rápido gracias a Kouji, así que quería
agradecerle. Pero si Kiyoka dijera que no, no insistiría. Ella lo miró inquisitivamente. Él suspiró y
asintió. Ella tenía su permiso.
౼Claro, hablemos.
౼Gracias. ¿Te importa si vamos allí?
Se alejaron un poco y se sentaron en los escalones de piedra a la sombra de los árboles. Solían
descansar aquí cuando jugaban afuera cuando eran pequeños. Esos momentos robados con Kouji habían
hecho que su infancia fuera soportable después de haber perdido a su madre y su lugar en la familia.
Tenía una deuda de gratitud con él por haber sido su único amigo en aquel entonces.
౼… Gracias desde el fondo de mi corazón por venir a rescatarme.
౼Ojalá pudiera decir de nada, pero la verdad es que no hice nada. Fui impotente. Todo lo que
logré hacer para ayudarte fue contarle a tu prometido lo que pasó.
Parecía abatido.
౼Kiyoka me dijo que si no fuera por ti, no habría podido acudir en mi ayuda tan rápido ౼añadió
Miyo.
౼… Supongo que es cierto. Así que contribuí de esa manera.
Ella pensó en decirle algo alentador pero se detuvo. No habría querido que ella acariciara su ego
dañado simplemente por simpatía.
౼No poder hacer nada fue increíblemente frustrante. Puede que haya heredado el Don, pero mis
habilidades no valen nada. Solía pensar que lo único que importaba era que lo tenía y podía transmitirlo,
así que desistí de intentar mejorarlo. Pero la única vez que mis Dones realmente importaron, cuando
quise salvarte, fueron tan inútiles que también tuve que rendirme.
Aunque no tenía poderes notables, Kouji la había apoyado de otra manera: enojándose por su
maltrato. Eso era lo que realmente le importaba. Sin él, ella realmente se habría quedado sin un solo
aliado, por lo que tal vez no habría tenido la fuerza para sobrevivir.
౼Probablemente ya hayas tenido noticias del Señor Kudou, pero he decidido recibir
capacitación.
Ya sin angustiarse, la miró con ojos brillando de optimismo. Iba a mudarse a la antigua capital y
entrenarse para convertirse en un usuario experto del Don. Muchas familias Agraciadas de renombre
todavía vivían allí, y el conocimiento de las habilidades y técnicas sobrenaturales aún no había caído en
el olvido como había sucedido en la capital imperial. Como tal, se adaptaba mucho mejor a sus
necesidades. Sin embargo, irse a entrenar no lo liberó de sus otras obligaciones. Todavía estaba
comprometido con Kaya y había sido designado el próximo jefe de la familia Saimori. Dependiendo de
si se convertía en un usuario del Don reconocido, algún día podría restaurar a los Saimori a un alto
estatus, o eso le había dicho Kiyoka.
Sin duda, esa era una mejor manera de enmarcarlo que admitir que Kouji tendría que abandonar
su ciudad natal debido a un escándalo que su familia había causado. Además, reparar la reputación de los
Saimori, que no habían sido movilizados para misiones anti-Grotescos en mucho tiempo, no sería tarea
fácil. Aunque era una tarea difícil, al menos finalmente tuvo la voluntad de marcar la diferencia.
Miyo no podía ofrecerle ningún consejo práctico, pero lo apoyaría con su aliento.
౼Voy a darlo todo. Y tú, Miyo… Estarás a salvo con el Señor Kudou. Él puede protegerte. Y
entrenaré para volverme más fuerte y así también poder proteger lo que es importante para mí.
౼Te deseo la mejor de las suertes.
Al igual que Miyo, Kouji había decidido seguir adelante con su vida con esperanzas renovadas.
Ella también entrenaría, sin escatimar esfuerzos, para convertirse en una digna esposa de Kiyoka.

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Mientras consideraba sus propias resoluciones, se perdió momentáneamente en sus pensamientos.
౼Por cierto…
౼¿Sí?
Se rascó la mejilla avergonzado, luchando por pronunciar las palabras.
౼¿Recuerdas cuando intenté decirte algo importante ese día...?
Ella comprendió de inmediato que se refería al día en que su familia le había dicho que se casara
con Kiyoka Kudou. Estaba fresco en su memoria.
౼Quería…
En ese momento, estaba tan ansiosa por su futuro, tan abrumada por la desesperación, que no le
importaba qué iba a decir, así que lo dejó colgado. Y aunque ahora podía preguntarle tranquilamente
sobre eso, sentía que lo que él quería no era continuar esa conversación. En cambio, ella le dio la
respuesta que esperaba.
౼Lo siento mucho, pero no lo recuerdo…
౼¿No lo recuerdas?
౼Me temo que no. ¿Dijiste que era importante?
౼Oh, um… No, realmente no. Está bien. No te preocupes por eso.
Él asintió para sí mismo un par de veces y se animó, como si su respuesta le hubiera quitado un
peso de encima y hubiera decidido algo por él. Miyo se alegró de ver eso.
౼Deberíamos regresar. Tu prometido podría enojarse conmigo si te mantengo sola por mucho
tiempo.
౼Está bien.
Regresaron a la puerta de la residencia Saimori de mejor humor. Miyo echó a correr durante los
últimos pasos y anunció su regreso. Kiyoka sonrió y le acarició la cabeza con cariño.
౼Parece que lo disfrutaste.
౼Sí. Perdón por hacerte esperar.
౼No me importa. Si terminaste aquí, deberíamos regresar a casa.
Miyo se giró por última vez hacia Kouji.
౼Kouji, volvamos a vernos algún día.
౼Hasta la próxima, Miyo.
Él la saludó con una pequeña sonrisa y ella le devolvió una ligera reverencia antes de subir al
auto de Kiyoka. Nada más la ataría a este lugar.
Kouji se paró en la calle y observó el coche hasta que desapareció de su vista.

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Epílogo

El compromiso oficial entre Kiyoka Kudou y Miyo Saimori fue un asunto simple que solo requirió un
par de firmas en un documento oficial. No fue un gran paso como el matrimonio. Además de denotar el
comienzo del período de espera antes de casarse, en realidad no cambió nada entre ellos. Siendo la
situación entre sus familias como estaba, no hubo intercambio de regalos de compromiso.
En cuanto a la familia de Kiyoka, en sus propias palabras, llevaban una vida tranquila mientras
estaban jubilados y no necesitaban involucrarse. Kiyoka y Miyo probablemente necesitarían verlos al
menos una vez antes de casarse, como lo requería la etiqueta, pero no requerirían su permiso para
casarse. Como jefe de la familia, Kiyoka podría tomar esa decisión por sí mismo. Sin embargo, se
comunicó con su padre para decirle que dejara de buscar ofertas de matrimonio para él. Fue entonces
cuando Miyo se enteró de que su padre los había reunido.
౼Él es quien coordinó las propuestas. Cada vez que oía hablar de una dama de edad adecuada
que cumplía con sus requisitos, enviaba un intermediario para hacer los arreglos.
Basado en su rostro cansado, Miyo imaginó que había tenido un momento difícil con los
candidatos anteriores. ¿Sobre qué base había seleccionado el padre de Kiyoka a las posibles novias? No
conocía los detalles, pero si uno de los criterios era tener edad para casarse, entonces la única chica que
encajaba en esa descripción en la Casa Saimori era Kaya, no ella. El alto rango de su familia era un
vestigio de sus logros pasados, por lo que nadie les prestó mucha atención. Definitivamente no era
suficiente saber que su hija mayor vivía entre los sirvientes. Su padre, Shinichi, debió haber decidido
ofrecerla a ella porque era muy reacio a deshacerse de Kaya. Miyo se preguntó si el padre de Kiyoka se
sentiría decepcionado y enojado cuando descubriera que no le había conseguido a su hijo la mujer que
había esperado. Ella le expresó esta preocupación a Kiyoka, quien resopló con desdén.
౼Si se queja, lo convertiré en un montón de cenizas.
En lugar de tranquilizarla, su salvaje comentario la hizo preocuparse por su padre.
౼… De todos modos, ese barco ya zarpó ౼añadió mientras paseaban tranquilamente por la
ciudad después de completar el papeleo.
౼Verdad..
Ese día, los padres de Miyo habían dejado la ciudad hacia su nuevo hogar en el campo, y su
hermana había partido hacia la casa donde estaría trabajando. Miyo podría haber ido a despedirlos, pero
no lo hizo. Ya no tenía nada que decirles y no sentía que les debía un adiós.
౼Realmente hice un desastre con las cosas ౼dijo Kiyoka.
౼Señor Kudou…
౼Me siento parcialmente responsable del incidente.
Kiyoka le había contado antes sobre su primera visita a la residencia Saimori, cuando exigió que
su familia se disculpara con ella si querían que les pagara el precio de la novia. En opinión de Miyo, no
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era una pregunta descabellada. Necesitaba alguna forma de cierre. Para Miyo, recibir la orden de
abandonar su casa para casarse era casi sinónimo de cortar los lazos con su familia, pero su familia
pronto le demostró que no lo habían visto de esa manera. Sin un final definitivo para su relación,
continuarían burlándose y abusando de ella cada vez que se encontraban accidentalmente en la ciudad, y
ella nunca superaría el sentimiento de inferioridad que le habían inculcado. Si todavía tuvieran la
oportunidad de hacerla romper a llorar y temblar de miedo, nunca sanaría. Necesitaba absolutamente
romper los lazos que los unían a ella, a su pasado.
౼Todo lo que hiciste por mí fue necesario.
౼Miyo...
౼Y estoy encantada de que hayas hecho todo lo posible por mí.
Tener a alguien que se preocupaba por ella y que estaba dispuesto a hacer algo (cualquier cosa)
por ella era una bendición. Había olvidado ese sentimiento de alegría hasta hace poco. Fueron Kiyoka,
Yurie y todo lo que sucedió desde que lo conoció lo que le permitió experimentar ese sentimiento
nuevamente.
౼Miyo.
౼¿Sí?
Se detuvieron y él la miró, serio y un poco tenso. Él tomó sus manos entre las suyas.
౼El futuro ciertamente no será todo rosas. Haré todo lo posible para protegerte de cualquier
dificultad, pero soy un soldado. Habrá momentos en los que tendré que dejarte para luchar, y las batallas
en las que participo son extremadamente peligrosas. Luego está el asunto de mi personalidad… Soy un
poco aburrido, pero aun así me gustaría estar a tu lado.
౼…
౼¿Te casarías conmigo, aunque soy difícil?
Se conocieron a través de una propuesta de matrimonio que ninguno de los dos había pedido,
pero ahora Kiyoka quería arreglar las cosas proponiéndole matrimonio formalmente. Miyo sonrió.
౼No eres nada difícil. En todo caso, soy yo quien va a causar más problemas. ¿Estás seguro de
que no te arrepentirás de tenerme como tu esposa?
౼Ciertamente. Yo mismo te elegí.
౼Bueno, entonces, si me aceptas a pesar de mis muchos defectos, entonces estaría feliz de
casarme contigo.
No había nadie allí para presenciar los votos de la pareja en medio de una calle concurrida, pero
no les importó. Ambos preferían la modestia a la ostentación.
౼Gracias, Miyo.
Sonriendo el uno al otro, se dirigieron hacia su pequeña y cálida casa.

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Agradecimientos

¡Saludos! Soy Akumi Agitogi. ¡Muchas gracias por leer mi novela debut!
Esta es la primera vez que escribo un epílogo, así que no estoy seguro de qué escribir. Supongo
que debería empezar contando un poco sobre mí, aunque no hay mucho que decir... Pero si realmente
necesito proponer alguna trivia personal para compartir, entonces esto tendrá que ser suficiente: estaba
un poco preocupado de que la gente se burlaría de mí por mi seudónimo, ya que uno de los caracteres,
‘Ago’, significa ‘mandíbula’ en japonés. Simplemente lo elegí porque me gustó el carácter japonés de
esa palabra y pensé que haría que mi nombre fuera memorable, ¡eso es todo!
Bien, dejando esto claro, déjame contarte sobre el libro. Mi inspiración para el título vino de mi
amor por la estética japonesa. ¡Realmente quería escribir una historia ambientada en un mundo de
tradiciones japonesas! A continuación, tuve que elegir un período histórico en el que basar libremente mi
narrativa, y las eras Meiji y Taisho fueron las que más me atrajeron. No hace falta decir que la vida en
aquel entonces era mucho menos conveniente, y no soy lo que se llamaría un aficionado a la historia, por
lo que eso representó un desafío adicional para mí. No obstante, fue un momento único en la historia en
el que las influencias japonesas y occidentales comenzaron a mezclarse, pero aún no se habían fusionado
del todo. En esta época, las personas y las cosas tenían una vitalidad peculiar. Supe de inmediato que este
sería el escenario de mi novela.
Pero no quería simplemente escribir un romance entre las eras Meiji y Taisho. También quería
agregarle algunos elementos de fantasía, ya que soy un gran admirador de ese género... Es por eso que
puse habilidades sobrenaturales —el Don— en la narrativa y se me ocurrieron los personajes de Kiyoka,
un usuario del Don, y Miyo, una chica impotente de un linaje bendecido con el Don. Si bien me esforcé
un poco en crear el mundo apropiado para la época en la que viven, escribir estos personajes fue
enormemente divertido.
Este libro es 100% de mis intereses. Y gracias al apoyo de muchas personas diferentes, logré
publicarlo. Publicar al menos una novela estaba en mi lista de deseos, pero nunca imaginé que mi sueño
se haría realidad tan rápido. ¡Todavía no puedo creerlo! Me tomó mucho tiempo y esfuerzo escribirlo,
¡así que espero que a alguien le guste leerlo!
Por cierto, Square Enix lanzará una versión manga de mi historia en la aplicación Gangan
Online (a partir de enero de 2019). Está dibujado por Rito Kousaka, cuyas ilustraciones son exquisitas y
muy expresivas. ¡Asegúrate de comprobarlo!
Me gustaría concluir con un sincero agradecimiento a mi editor, sin el cual este libro nunca se
habría publicado. ¡Muchas gracias por guiarme en mi primera torpe aventura de escribir!
También me gustaría agradecer a Tsukiho Tsukioka por la maravillosa ilustración de la portada.
¡Tu hermoso dibujo me ayudó a desarrollar el mundo de la historia!
¡Otro gran agradecimiento a mis lectores en línea que me han estado animando, junto con todos
los que han leído hasta aquí! ¡No podría haber hecho esto sin todos vosotros! ¡Gracias desde el fondo de
mi corazón por leer mi primer libro de principio a fin!

¡Espero que nos volvamos a encontrar!

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