¿Hermanos de qué?
Mientras él aún hablaba a la gente, he aquí su madre y sus hermanos estaban afuera, y le querían
hablar. Y le dijo uno: He aquí tu madre y tus hermanos están afuera, y te quieren hablar. Respondiendo
él al que le decía esto, dijo: ¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos? Y extendiendo su mano
hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. Porque todo aquel que hace la voluntad
de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano, y hermana, y madre. Mateo 12:46-50, Marcos
3:31-35, Lucas 8:19-21
Este relato se encuentra en los tres primeros evangelios Mateo, Marcos y Lucas.
En mateo lo anteceden relatos donde los fariseos lo abordan y atacan (los discípulos recogen
espigas, el hombre de la mano seca, la blasfemia contra el Espíritu santo, y lo de los espíritu
inmundo)
En Marcos, el hombre de la mano seca, la elección de los 12, la blasfemia contra el Espíritu
santo.
Luca, mujeres que sirven a Jesús, parábola del sembrador, todo será manifiesto.
Todos estos relatos de una u otra manera guardan relación entre sí. Todos de una forma nos dejan ver
como tú y yo podemos llegar hacer miembros de la familia de Dios. Como tu y yo nos convertimos en
verdaderos hermanos de Jesús.
Por ejemplo, en lucas: leer un poco lo del sembrador. 8:4-15:
El mensaje llega a todos
Todos lo aceptan y entran a la iglesia
Pero no todos hacen del evangelio lo mismo
Tienen distintas experiencias con el mensaje
Explicación 8:12-15
Tu y yo estamos llamados a ser terreno fértil, de aquellos que tengamos una experiencia salvadora con
Cristo. Una relación íntima con él.
En Mateo y en Marcos lo antecede un tema que muchos de nosotros tememos, que nos da, por lo
menos a mí, escalofrío. Un tema que a muchos los tiene en desacuerdo: la blasfemia contra el espíritu
santo.
¿Qué cosa es la blasfemia contra el espíritu santo?
Cuando Jesús estaba con sus discípulos les dijo:
“Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a
vosotros; más si me fuere, os lo enviaré”. Juan 16:7
El espíritu santo tiene una obra que hacer en este mundo, una obra que realizar en cada uno de
nosotros, trabajar en nuestros corazón de manera especial e individual:
“Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio”. Juan 16:8
Precisamente antes de esto, Jesús había realizado por segunda vez el milagro de sanar a un
hombre poseído, ciego y mudo, y los fariseos habían reiterado la acusación: “Por el príncipe de
los demonios echa fuera los demonios.” Cristo les dijo claramente que, al atribuir la obra del
Espíritu Santo a Satanás, se estaban separando de la fuente de bendición. Los que habían
hablado contra Jesús mismo, sin discernir su carácter divino, podrían ser perdonados; porque
podían ser inducidos por el Espíritu Santo a ver su error y arrepentirse. Cualquiera que sea el
pecado, si el alma se arrepiente y cree, la culpa queda lavada en la sangre de Cristo; pero el que
rechaza la obra del Espíritu Santo se coloca donde el arrepentimiento y la fe no pueden
alcanzarle. Es por el Espíritu Santo cómo obra Dios en el corazón; cuando los hombres rechazan
voluntariamente al Espíritu y declaran que es de Satanás, cortan el conducto por el cual Dios
puede comunicarse con ellos. Cuando se rechaza finalmente al Espíritu, no hay más nada que
Dios pueda hacer para el alma.
Hermanos Dios a través de su palabra, por influencia del Espíritu Santo nos habla a nuestros corazones,
como dice Juan: siempre está convenciéndonos de pecado, de justicia y de juicio. Quiere siempre
hablarnos, llevarnos a una experiencia con Jesús, pero muchas veces ignoramos su voz, no nos dejamos
iluminar con su luz.
No es Dios quien ciega los ojos de los hombres y endurece su corazón. Él les manda luz
para corregir sus errores, y conducirlos por sendas seguras; es por el rechazamiento de
esta luz como los ojos se ciegan y el corazón se endurece. Con frecuencia, esto se realiza
gradual y casi imperceptiblemente. Viene luz al alma por la Palabra de Dios, por sus
siervos, o por la intervención directa de su Espíritu; pero cuando un rayo de luz es
despreciado, se produce un embotamiento parcial de las percepciones espirituales, y se
discierne menos claramente la segunda revelación de la luz. Así aumentan las tinieblas,
hasta que anochece en el alma.
Debemos hermanos con la ayuda de Dios, atender, prestarle mucha importancia a la obra del Espíritu
Santo en nuestras vidas. Dejarnos guiar por él, de tal forma que nos lleve a novedad de vida.
Ligado a esto, y antecediendo a lo relatado sobre la familia de Jesús; Mateo presenta, lo concerniente a
los espíritus inmundos: que en Lucas hace referencia a que Jesús libro a María, que se llamaba
Magdalena, de la que habían salido siete demonios.
Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo
halla. Entonces dice: Volveré a mi casa de donde salí; y cuando llega, la halla desocupada, barrida
y adornada. Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran
allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero. Así también acontecerá
a esta mala generación. Ver 43-45
En los días de Cristo, como hoy, eran muchos los que parecían momentáneamente emancipados
del dominio de Satanás; por la gracia de Dios habían quedado libres de los malos espíritus que
dominaran su alma. Se gozaban en el amor de Dios; pero, como los oyentes representados en la
parábola por el terreno pedregoso, no permanecían en su amor. No se entregaban a Dios cada
día para que Cristo morase en su corazón y cuando volvía el mal espíritu, con “otros siete
espíritus peores que él,” quedaban completamente dominados por el mal. 290.3
Para Jesús su madre y sus hermanos son los que realizan la voluntad del Padre:
El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama. Mateo 12:30
Cuando el alma se entrega a Cristo, un nuevo poder se posesiona del nuevo corazón. Se
realiza un cambio que ningún hombre puede realizar por su cuenta. Es una obra
sobrenatural, que introduce un elemento sobrenatural en la naturaleza humana. El alma
que se entrega a Cristo llega a ser una fortaleza suya, que él sostiene en un mundo en
rebelión, y no quiere que otra autoridad sea conocida en ella sino la suya. Un alma así
guardada en posesión por los agentes celestiales es inexpugnable para los asaltos de
Satanás. Pero a menos que nos entreguemos al dominio de Cristo, seremos dominados
por el maligno. Debemos estar inevitablemente bajo el dominio del uno o del otro de los
dos grandes poderes que están contendiendo por la supremacía del mundo. No es
necesario que elijamos deliberadamente el servicio del reino de las tinieblas para pasar
bajo su dominio. Basta que descuidemos de aliarnos con el reino de la luz. Si no
cooperamos con los agentes celestiales, Satanás se posesionará de nuestro corazón, y
hará de él su morada. La única defensa contra el mal consiste en que Cristo more en el
corazón por la fe en su justicia. A menos que estemos vitalmente relacionados con Dios,
no podremos resistir los efectos profanos del amor propio, de la complacencia propia y
de la tentación a pecar. Podemos dejar muchas malas costumbres y momentáneamente
separarnos de Satanás; pero sin una relación vital con Dios por nuestra entrega a él
momento tras momento, seremos vencidos. Sin un conocimiento personal de Cristo y
una continua comunión, estamos a la merced del enemigo, y al fin haremos lo que nos
ordene.
Juan 15:14,15 Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando.…
Proverbios 17:17En todo tiempo ama el amigo, Y es como un hermano en tiempo de angustia.
He aquí mi madre y mis hermanos. Porque todo aquel que hiciere la voluntad de mi
Padre que está en los cielos, ese es mi hermano, y hermana, y madre.”
Todos los que quisieran recibir a Cristo por la fe iban a estar unidos con él por un vínculo
más íntimo que el del parentesco humano. Iban a ser uno con él, como él era uno con el
Padre.
Al creer y hacer sus palabras, su madre se relacionaba en forma salvadora con Jesús y
más estrechamente que por su vínculo natural con él. Sus hermanos no se beneficiarían
de su relación con él a menos que le aceptasen como su Salvador personal.
Santiago 1:22
Sed hacedores de la palabra y no solamente oidores que se engañan a sí mismos.
Los que aceptan a Cristo como su Salvador personal no son dejados huérfanos, para
sobrellevar solos las pruebas de la vida. El los recibe como miembros de la familia
celestial, los invita a llamar a su Padre, Padre de ellos también. Son sus “pequeñitos,”
caros al corazón de Dios, vinculados con él por los vínculos más tiernos y permanentes.
Tiene para con ellos una ternura muy grande, que supera la que nuestros padres o
madres han sentido hacia nosotros en nuestra incapacidad como lo divino supera a lo
humano.
3 Juan 1:11
Amado, no imites lo malo sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios; el que hace lo malo no ha visto
a Dios.
En esta hora, hermanos, Dios quiere que seamos parte de su familia. El quiere ser nuestro padre y
seamos hermanos de Jesús.
todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi
hermano, y hermana, y madre.
Cuantos quieren formar parte de esta familia:
Procuremos que la semilla del evangelio, allá caído en nuestras vidas y dejar que el Espíritu
santo haga de nuestras vidas ese terreno fértil, que de frutos al ciento por uno.
Dejar que el Espíritu haga su obra en nosotros convencernos de pecado, de justicia y de juicio