0% encontró este documento útil (0 votos)
34 vistas5 páginas

Módulo Introductorio 5º

El documento presenta una reflexión filosófica a través de la historia de Sofía Amundsen, quien se cuestiona su identidad y la naturaleza del ser humano. También incluye un análisis de la Ilustración según Immanuel Kant, enfatizando la importancia del uso público de la razón y las barreras que impiden el progreso hacia la mayoría de edad intelectual. Finalmente, se narra la fábula de los seis ciegos y el elefante, que ilustra cómo la percepción limitada puede llevar a conclusiones erróneas sobre la realidad.

Cargado por

Jonathan Techera
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
34 vistas5 páginas

Módulo Introductorio 5º

El documento presenta una reflexión filosófica a través de la historia de Sofía Amundsen, quien se cuestiona su identidad y la naturaleza del ser humano. También incluye un análisis de la Ilustración según Immanuel Kant, enfatizando la importancia del uso público de la razón y las barreras que impiden el progreso hacia la mayoría de edad intelectual. Finalmente, se narra la fábula de los seis ciegos y el elefante, que ilustra cómo la percepción limitada puede llevar a conclusiones erróneas sobre la realidad.

Cargado por

Jonathan Techera
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Educación Media Superior Ref.

2006 - Filosofía
Profesor: Jonathan Techera.
Institución: Centro Educativo Líbano

Módulo Introductorio.
A modo de presentación...
¿Quién Soy?

“Sofía Amundsen llegaba a casa después del instituto. La primera parte del
camino la había hecho en compañía de Jorunn. Habían hablado de robots.
Jorunn opinaba que el cerebro humano era como un sofisticado ordenador.
Sofía no estaba muy segura de estar de acuerdo. Un ser humano tenía que
ser algo más que una máquina. (...)

Sofia miro el buzón al abrir la verja de su jardín. Solía haber un montón de


cartas de propaganda, además de unos sobres grandes para su madre.
Tenía la costumbre de dejarlo todo en un montón sobre la mesa de la cocina,
antes de subir a su habitación para hacer los deberes (...) Ese día solo había
una pequeña carta en el buzón y era para Sofía.

Sofia Amundsen”, ponía en el pequeño sobre “Camino del trébol 3” Eso era todo, no ponía quién la enviaba. Ni
siquiera tenía sello.
En cuanto hubo cerrado la puerta de la verja, Sofía abrió el sobre. Lo único que encontró fue una notita, tan
pequeña como el sobre que la contenía. En la notita ponía: “¿Quién eres?” no ponía nada más... ¿Quién eres? En
realidad, no lo sabía. Era Sofía Amundsen, naturalmente, pero ¿quién era eso? Aún no lo había averiguado del
todo.

¿Y si se hubiera llamado algo completamente distinto? Anne Knutsen, por ejemplo. ¿En ese caso, habría sido
otra? (...) Se puso de pie de un salto y entró en el cuarto de baño con la extraña carta en la mano. Se colocó
delante del espejo, y se miró fijamente a sí misma.

- Soy Sofía Amundsen - dijo.


La chica del espejo no contestó ni con el más leve gesto. Hiciera lo que hiciera Sofía, la otra chica hacía
exactamente lo mismo, Sofia intentaba anticiparse al espejo con un rapidísimo movimiento, pero la otra era igual
de rápida.
- ¿Quién eres? - preguntó.

No tuvo respuesta tampoco ahora, pero durante un breve instante llegó a dudar de si era ella o la del espejo la que
había hecho la pregunta.

Sofía apretó el dedo índice contra la nariz del espejo y dijo:


-Tu eres yo.
Al no recibir ninguna respuesta, dio la vuelta a la pregunta y dijo:
- Yo soy tu.
Sofia Amundsen no había estado nunca muy contenta con su aspecto. (...) A
veces pensaba que le había tocado un aspecto tan extraño que se
preguntaba si no estaría mal hecha. Por lo menos había oído hablar a su
madre de un parto difícil. ¿Era realmente el parto lo que decidía el aspecto
que uno iba a tener?
¿No resultaba extraño el no saber quién era? ¿No era también injusto no
haber podido decidir su propio aspecto? Simplemente había surgido, así
como así. A lo mejor podría elegir a sus amigos, pero no se había elegido a sí
misma. Ni siquiera había elegido ser un ser humano. ¿Qué era un ser
humano?

Sofía volvió a mirar a la chica del espejo...”

Extraído de: Gaarder, J. “El mundo de Sofia”


IMMANUEL KANT: Respuesta a la pregunta: ¿Qué es la Ilustración? (1784)

Biografía:

(Königsberg, hoy Kaliningrado, actual Rusia, 1724 - id., 1804)


Filósofo alemán. Hijo de un modesto guarnicionero, fue educado en
el pietismo. En 1740 ingresó en la Universidad de Königsberg como
estudiante de teología y fue alumno de Martin Knutzen, quien lo
introdujo en la filosofía racionalista de Leibniz y Christian Wolff, y le
imbuyó así mismo el interés por la ciencia natural, en particular, por
la mecánica de Newton.

La ilustración es la salida del hombre de su autoculpable minoría de


edad. La minoría de edad significa la incapacidad de servirse de su
propio entendimiento, sin la guía de otro. Uno mismo es culpable de
esta minoría de edad cuando la causa de ella no reside en la carencia de Se cumplen 300 años de su
entendimiento, sino en la falta de decisión y valor para servirse por sí nacimiento
mismo de él sin la guía de otro. ¡Sapere aude! ¡Ten valor de servirte de tu
propio entendimiento! He aquí el lema de la ilustración.

La pereza y la cobardía con las causas de que una gran parte de los hombres permanezca,
gustosamente, en minoría de edad a lo largo de la vida, a pesar de que hace ya tiempo la naturaleza los
liberó de dirección ajena (naturaliter majorettes) : y por eso es tan fácil para otros erigirse en sus tutores.
¡Es tan cómodo ser menor de edad! Si tengo un libro que piensa por mí, un director espiritual que
reemplaza mi conciencia moral, un médico que me prescribe la dieta, etc, entonces no necesito
esforzarme. Si puedo pagar, no tengo necesidad de pensar: otro asumirá por mi tan fastidiosa tarea.

Aquellos tutores que tan bondadosamente han tomado sobre sí la tarea de supervisión se encargan ya de
que el paso hacia la mayoría de edad, además de ser difícil, sea considerado peligrosos para la mayoría
de los hombres (y entre ellos todo el bello sexo). Después de haber entontecido a sus animales
domésticos, y procurar cuidadosamente que estas pacíficas criaturas no puedan atreverse a dar un paso
sin las andaderas en que han sido encerrados, les muestran el peligro que les amenaza si intentan
caminar solos. Lo cierto es que este peligro no es tan grande, pues ellos aprendería a caminar solos
después de cuantas caídas: sin embargo, un ejemplo de tal naturaleza les asusta y, por lo general, les
hace desistir de todo intento.

Por tanto, es difícil para todo individuo lograr salir de esa minoría de edad, casi convertida ya en
naturaleza suya. Incluso le ha tomado afición y se siente realmente incapaz de valerse de su propio
entendimiento, porque nunca se le ha dejado hacer dicho ensayo. Principios y formulas, instrumentos
mecánicos de uso racional -o más bien abuso- de sus dotes naturales, son los grilletes de una
permanente minoría de edad. Quien se desprendiera de ellos apenas daría un salto inseguro para salvar
la más pequeña zanja, porque no está habituado a tales movimientos libres. Por eso, pocos son los que,
por esfuerzo del propio espíritu, han conseguido salir de esa minoría de edad y proseguir, sin embargo,
con paso seguro.

Pero, en cambio, es posible que el público se ilustre a sí mismo, algo que es casi inevitable si se le deja en libertad.
Ciertamente, siempre se encontrarán algunos hombres que piensen por sí mismos, incluso entre los establecidos
tutores de la gran masa, los cuales, después de haberse autoliberado del yugo de la minoría de edad, difundirán a
su alrededor el espíritu de una estimación racional del propio valor y de la vocación de todo hombre a pensar por sí
mismo. Pero aquí se ha de señalar algo especial: aquel público que anteriormente había sido sometido a este yugo
por ellos obliga más tarde, a los propios tutores a someterse al mismo yugo; y esto es algo que sucede cuando el
público es incitado a ello por algunos de sus tutores incapaces de cualquier Ilustración. Por eso es tan perjudicial
inculcar prejuicios, pues al final terminan vengándose de sus mismos predecesores y autores. De ahí que el
público pueda alcanzar sólo lentamente la Ilustración.
Pero para esta Ilustración únicamente se requiere libertad, y, por
cierto, la menos perjudicial entre todas las que llevan ese nombre,
a saber, la libertad de hacer siempre y en todo lugar uso público
de la propia razón. Mas escucho exclamar por doquier: ¡No
razonéis! El oficial dice: ¡No razones, adiéstrate! El funcionario de
hacienda: ¡No razones, paga! El sacerdote: ¡No razones, ten fe!
(Sólo un único señor en el mundo dice razonad todo lo que
queráis, pero obedeced.) Por todas partes encontramos
limitaciones de la libertad. Pero ¿qué limitación impide la
Ilustración? Y, por el contrario, ¿cuál la fomenta? Mi respuesta es
la siguiente: el uso público de la razón debe ser siempre libre;
sólo este uso pueda traer Ilustración entre los hombres. En
cambio, el uso privado de la misma debe ser a menudo
estrechamente limitado, sin que ello obstaculice, especialmente,
el progreso de la Ilustración.
Entiendo por uso público de la propia razón aquél que a alguien hace de ella en cuanto docto (Gelehrter) ante el
gran público del mundo de los lectores. Llamo uso privado de la misma a la utilización que le es permitido hacer de
un determinado puesto civil o función pública.
Ahora bien, en algunos asuntos que transcurren en favor del interés público se necesita cierto
mecanismo, léase unanimidad artificial en virtud del cual algunos miembros del estado tiene que
comportarse pasivamente, para que el gobierno los guíe hacia fines públicos o, al menos, que impida la
destrucción de estos fines. En tal caso, no está permitido razonar, sino que se tienen que obedecer, en
tanto que esta parte de la máquina es considerada como miembro de la totalidad de un Estado o, incluso,
de la sociedad cosmopolita y, al mismo tiempo, en calidad de docto que, mediante escritos, se dirige a un
público usando verdaderamente su entendimiento, puede razonar, por supuesto, sin que por ello se vean
afectados los asuntos en los que es utilizado, en parte, como miembro pasivo. Así, por ejemplo, sería
muy perturbador si un oficial que recibe una orden de sus superiores quisiere argumentar en voz alta
durante el servicio acerca de la pertinencia o utilidad de al orden; él tiene que obedecer. Sin embargo, no
se le puede prohibir con justicia hacer observaciones, en cuanto docto, acerca de los defectos del
servicio militar y exponerlos ante el juicio de su público.

El ciudadano no se puede negar a pagar los impuestos que le son asignados; incluso una mínima crítica a tal
carga, en el momento en que debe pagarla, puede ser castigada como escándalo (pues podría dar ocasión de
desacatos generalizados). Por el contrario, él mismo no actuará en contra del deber de un ciudadano si, como
docto, manifiesta públicamente su pensamiento contra la inconveniencia o injusticia de tales impuestos. Del mismo
modo, un sacerdote está obligado a enseñar a sus catecúmenos y a su comunidad según el símbolo de la iglesia a
la que sirve, puesto que ha sido admitido en ella bajo esa condición. Pero, como docto, tiene plena libertad e,
incluso, el deber de comunicar al público sus bienintencionados pensamientos, cuidadosamente examinados,
acerca de los defectos de ese símbolo, así como hacer propuestas para el mejoramiento de las instituciones de la
religión y de la iglesia. Tampoco aquí hay nada que pudiera ser un cargo de conciencia, pues lo que enseña la
virtud de su puesto como encargado de los asuntos de la iglesia lo presenta como algo que no puede enseñar
según prescripciones y en nombre de otro. Dirá: nuestra iglesia enseña esto o aquello, éstas son las razones
fundamentales de las que se vale. En tal caso, extraerá toda la utilidad práctica para su comunidad de principios
que él mismo no aceptará con plena convicción; a cuya exposición, del mismo modo, puede comprometerse, pues
no es imposible que en ellos se encuentre escondida alguna verdad que, al menos, en todos los casos no se halle
nada contradictorio con la religión íntima. Si él creyera encontrar esto último en la verdad, no podría en conciencia
ejercer su cargo; tendría que renunciar. Así pues, el uso que un predicador hace de su razón ante su comunidad es
meramente privado, puesto que esta comunidad, por amplia que sea, siempre es una reunión familiar.

ACTIVIDAD:

¿Cuál es la definición de Ilustración según Kant y cuál es su importancia?


¿Cuáles son las barreras para la Ilustración según Kant?
¿Qué papel juegan los tutores en la perpetuación de la minoría de edad?
¿Qué significa el uso público de la razón según Kant y por qué es importante?

Bibliografía: Kant, Immanuel. 1784. ¿Qué es la ilustración? 1989. Editorial Ercilla Santiago.
LOS SEIS CIEGOS Y EL ELEFANTE
Se trata este de un cuento popular de la India, que se utiliza para
mostrar varias enseñanzas diferentes. La que más me interesa a mí es
la que nos permite reflexionar sobre cuál es la verdadera naturaleza de
las cosas, sobre si como seres humanos podemos acceder a la realidad
tal como es o solo a un mapa, más o menos ajustado, preciso y
funcional, sobre cómo es esta realidad.
Hace más de mil años, en el valle del río Brahmanputra, vivían seis
sabios ciegos que pasaban las horas compitiendo entre ellos para ver
quién era de todos el más sabio.
Un día decidieron conocer lo que era un elefante, cómo era. Tomaron al joven Dookiram como guía, que los
adentró en la selva puestos en fila, uno tras otro, asidos a una larga cuerda que los unía. No habían andado
mucho cuando de pronto, al adentrarse en un claro luminoso, se encontraron con un gran elefante tumbado sobre
su costado apaciblemente. Mientras se acercaban el elefante se incorporó, pero enseguida perdió interés y se
preparó para degustar su desayuno de frutas que ya había preparado.
Los seis sabios ciegos estaban llenos de alegría, y se felicitaban unos a otros por su suerte. Finalmente podrían
resolver el dilema y decidir cuál era la verdadera forma del animal.
El primero de todos, el más decidido, se abalanzó sobre el elefante preso de una gran ilusión por tocarlo. Sin
embargo, las prisas hicieron que su pie tropezara con una rama en el suelo y chocara de frente con el costado
del animal.

¡Oh, hermanos míos! –exclamó- yo os digo que el animal es exactamente como una pared de barro secada al
sol.
Llegó el turno del segundo de los ciegos, que avanzó con más precaución, con las manos extendidas ante él,
para no asustarlo. En esta posición en seguida tocó un objetos muy largo y puntiagudo, que se curvaba por
encima de su cabeza. Era uno de los colmillos del elefante. ¡Oh, hermanos míos! Yo os digo que la forma de
este animal es exactamente como la de una lanza curvada... sin duda, esta es.
El resto de los sabios no podían evitar burlarse en voz baja, ya que ninguno se acababa de creer los que los
otros decían. El tercer ciego empezó a acercarse al elefante por delante, para tocarlo cuidadosamente. El
animal ya algo curioso, se giró hacía él y le envolvió la cintura con su trompa. El ciego agarró la trompa del
animal y la resiguió de arriba a abajo notando su forma alargada y estrecha, y cómo se movía a voluntad.
Escuchad queridos hermanos, este elefante es más bien como... como una larga serpiente.
Los demás sabios disentían en silencio, ya que en nada se parecía a la forma que ellos habían podido tocar. Era
el turno del cuarto sabio, que se acercó por detrás y recibió un suave golpe con la cola del animal, que se movía
para asustar a los insectos que le molestaban. El sabio prendió la cola y la resiguió de arriba abajo con las
manos, notando cada una de las arrugas y los pelos que la cubrían. El sabio no tuvo dudas y exclamó: ¡Ya lo
tengo! –dijo el sabio lleno de alegría- Yo os diré cual es la verdadera forma del elefante.
Sin duda es igual a una vieja cuerda.
El quinto de los sabios tomó el relevo y se acercó al elefante pendiente de oír cualquiera de sus movimientos. Al
alzar su mano para buscarlo, sus dedos siguieron la oreja del animal y dándose la vuelta, el quinto sabio gritó a
los demás: Ninguno de vosotros ha acertado en su forma. El elefante es más bien como un gran abanico
plano. Y cedió su turno al último de los sabios para que lo comprobara por sí mismo.
El sexto sabio era el más viejo de todos, y cuando se encaminó hacia el animal, lo hizo con lentitud, apoyando el
peso de su cuerpo sobre un viejo bastón de madera. De tan doblado que estaba por la edad, el sexto ciego pasó
por debajo de la barriga del elefante y al buscarlo, agarró con fuerza su gruesa pata.
¡Hermanos! Lo estoy tocando ahora mismo y os aseguro que el elefante tiene la misma forma que el tronco de
una gran palmera. Ahora todos habían experimentado por ellos mismos cuál era la forma verdadera del
elefante, y creían que los demás estaban equivocados. Satisfecha así su curiosidad, volvieron a agarrarse a la
cuerda y tomaron otra vez la senda que les conducía a su casa.
Una vez sentados bajo la palmera que les ofrecía sombra y les refrescaba con sus frutos, retomaron la discusión
sobre la verdadera forma del elefante, seguros de que lo que habían experimentado por ellos mismos era la
verdadera forma del elefante.

Seguramente todos los sabios tenían parte de razón, ya que, de algún modo todas las formas que habían
experimentado eran ciertas, pero sin duda todos a su vez estaban equivocados respecto a la imagen real del
elefante.
ACTIVIDAD:
¿Representan los sabios ciegos diferentes perspectivas sobre la realidad?
¿Es posible conocer la verdad absoluta sobre algo o solo podemos acceder a una versión parcial de
la realidad?
¿Es posible reconciliar las diferentes interpretaciones de la realidad?
APARIENCIA Y REALIDAD
¿Hay en el mundo algún conocimiento tan cierto que ningún
hombre razonable pueda dudar de él?

Este problema, que a primera vista podría no parecer difícil, es, en


realidad, uno de los más difíciles que cabe plantear. Cuando hayamos
examinado los obstáculos que entorpecen el camino de una respuesta
directa y segura, nos veremos lanzados de lleno al estudio de la
filosofía puesto que la filosofía es simplemente el intento de responder
a tales problemas finales, no de un modo negligente y dogmático,
como lo hacemos en la vida ordinaria y aun en el dominio de las
ciencias, sino de una manera crítica, después de haber examinado lo
que hay de embrollado en ellos, y suprimido la vaguedad y la
confusión que hay en el fondo de nuestras ideas habituales.

En la vida diaria aceptamos como ciertas muchas cosas que, después de un análisis más riguroso, nos aparecen
tan llenas de evidentes contradicciones, que sólo un gran esfuerzo de pensamiento nos permite saber lo que
realmente nos es lícito creer. En la indagación de la certeza, es natural empezar por nuestras experiencias
presentes, y, en cierto modo, no cabe duda que el conocimiento debe ser derivado de ellas. Sin embargo,
cualquier afirmación sobre lo que nuestras experiencias inmediatas nos dan a conocer tiene grandes
probabilidades de error.
En este momento me parece que estoy sentado en una silla, frente a una mesa de forma determinada, sobre la
cual veo hojas de papel manuscritas o impresas. Si vuelvo la cabeza, observo, por la ventana, edificios, nubes y el
Sol. Creo que el Sol está a unos ciento cincuenta millones de kilómetros de la Tierra; que, a consecuencia de la
rotación de nuestro planeta, sale cada mañana y continuará haciendo lo mismo en el futuro, durante un tiempo
indefinido. Creo que si cualquiera otra persona normal entra en mi habitación verá las mismas sillas, mesas, libros
y papeles que yo veo, y que la mesa que mis ojos ven es la misma cuya presión siento contra mi brazo. Todo esto
parece tan evidente que apenas necesita ser enunciado, salvo para responder a alguien que dudara de que puedo
conocer en general algo. Sin embargo, todo esto puede ser puesto en duda de un modo razonable , y
requiere en su totalidad un cuidadoso análisis antes de que podamos estar seguros de haberlo expresado
en una forma totalmente cierta.
Para allanar las dificultades, concentremos la atención en la mesa. Para la vista es oblonga, oscura y brillante;
para el tacto pulimentada, fría y dura; si la percuto, produce un sonido de madera. Cualquiera que vea, toque la
mesa u oiga dicho sonido, convendrá en esta descripción, de tal modo que no parece pueda surgir dificultad alguna;
pero desde el momento en que tratamos de ser más precisos empieza la confusión. Aunque yo creo que la
mesa es «realmente» del mismo color en toda su extensión, las partes que reflejan la luz parecen mucho más
brillantes que las demás, y algunas aparecen blancas a causa de la luz refleja. Sé que si yo me muevo, serán otras
las partes que reflejen la luz, de modo que cambiará la distribución aparente de los colores en su superficie. De ahí
se sigue que si varias personas, en el mismo momento, contemplan la mesa no habrá dos que vean
exactamente la misma distribución de colores, puesto que no puede haber dos que la observen desde el
mismo punto de vista, y todo cambio de punto de vista lleva consigo un cambio en el modo de reflejarse la
luz.
Para la mayoría de los designios prácticos esas diferencias carecen de
importancia, pero para el pintor adquieren una importancia fundamental:
el pintor debe olvidar el hábito de pensar que las cosas aparecen con el
color que el sentido común afirma que «realmente» tienen, y habituarse,
en cambio, a ver las cosas tal como se le ofrecen. Aquí tiene ya su
origen una de las distinciones que causan mayor perturbación en
filosofía, la distinción entre «apariencia» y «realidad», entre lo que las
cosas parecen ser y lo que en realidad son. El pintor necesita conocer lo
que las cosas parecen ser; el hombre práctico y el filósofo necesitan
conocer lo que son; pero el filósofo desea este conocimiento con mucha
más intensidad que el hombre práctico, y le inquieta mucho más el
conocimiento de las dificultades que se hallan para responder a esta
cuestión.

ACTIVIDAD:
1) ¿Podemos estar seguros de que todo aquello que experimentamos de forma cotidiana configure lo
real?

2) ¿Cuál es el rol epistémico de la experiencia? ¿Cuál es el papel de la percepción a la hora de


conocer?

También podría gustarte