01
La noche era helada y ninguna estrella se veía reflejada en aquel
manto oscuro, pues las gruesas nubes y aterradora neblina
acompañaban el escenario perfecto para su macabro espectáculo.
Era cerca de la media noche, la calle vacía y el sonido del viento
eran una ambientación adecuada mientras esperaban con
paciencia.
Hasta que lo vio.
En medio de la neblina, con su gorra puesta y su pesado bolso
después de un largo día en la universidad, aquel chico rubio con
mejillas cubiertas de pecas y rostro angelical, caminaba a paso
lento por la estrecha calle.
Lo había estado observando con anterioridad, meses de simple
vigilancia para decidirse a hacer esto, aprender sus horarios para
que todo saliera perfecto en su retorcido plan.
Era la única pieza que le faltaba.
—Lo tenemos en la mira, señor —le había dicho uno de los hombres
que había contratado para todo esto—. ¿Podemos proseguir?
Una sonrisa se formó en sus labios, lo tenía, casi lo tenía, ya podía
saborear el terror y las lágrimas que resbalarían por el bello rostro
de ese chico dentro de unas horas.
Aunque no sería el único que estaría llorando.
—Adelante.
Fue su última palabra antes de ver cómo los cinco hombres
encapuchados corrían hacia el pecoso, tomándolo a la fuerza y
haciendo que se desmayara.
Todo estaba saliendo perfectamente, solo le faltaba la otra parte.
•••
El persistente sonido de un tintineo lo hizo despertar, abrió los ojos
con lentitud, esperando que su visión borrosa comenzara a
despejarse. Sentía un dolor agudo en su cabeza, y había un pitido
que ensordecía su oído. Claramente, algo estaba mal.
Quería volver a dormir o desmayarse, se sentía tan agotado, sin
embargo, necesitaba explicaciones de dónde estaba y por qué se
encontraba tan mal.
Cuando sus sentidos se restablecieron, lo primero que escuchó fue
un golpe fuerte contra algo metálico que hizo retorcer su cabeza de
dolor, después de eso, un grito frustrado también retumbó en aquel
lugar.
Sus ojos se dirigieron hacia allí, recorriendo parcialmente el lugar
en el que estaba.
Una habitación blanca, no muy grande, seis metros cuadrados,
quizás un poco más, en medio de esta había un gran espejo
empotrado contra la pared, uno que casi llegaba al suelo y al techo.
Esto comenzaba a inundarlo de pánico, si estuviera entendiendo un
poco más la situación, probablemente ya estaría llorando, pero su
cabeza no parecía recabar nada de lo que estaba pasando.
—¡Mierda! —La desconocida voz se escuchó de nuevo, del otro lado
de la habitación, un chico que parecía un par de años mayor a él se
veía afligido—. ¡¿Qué puta broma es esta?!
Más golpes a lo que, ahora sabía, era una puerta metálica gigante e
impenetrable, con solo verla podía saber lo difícil e imposible que
sería para él abrirla.
Intentó levantarse, pero algo pesado en su pie lo detuvo, el choque
de la cadena contra el piso lo hizo jadear de sorpresa, estaba
encadenado contra la cama en la que había estado inconsistente.
Una base metálica simple que se fundía con el azulejo blanco y liso
del suelo, y un colchón realmente cómodo se posaba sobre esta.
El desconocido se giró a verlo cuando lo escuchó, su semblante
molesto y preocupado cambió a uno de terror, casi lo vio palidecer
cuando lo miró.
—Oh, Dios mío, estás vivo —susurró aquel pelinegro—. Creí que
estaba encerrado aquí con un maldito cadáver.
Si hubiera estado en otra situación, quizás hubiese reído, pero no lo
estaba, ahora se sentía más aterrado, quería echarse a llorar.
—¿Dónde estoy? —Tartamudeó pasando su mirada por el resto de la
habitación.
Al igual que en su lado, el pelinegro tenía su propia cama, y en esa
misma pared contraria estaba ubicada la gran puerta, de resto la
habitación se encontraba vacía, sin ninguna ventana, aún así podía
sentir el aire fresco recorriendo el lugar, miró hacia el techo y sí,
como pudo notar, había un sistema de ventilación, también se dio
cuenta de la pequeña base que sobresalía del techo, una en la que
estaba ubicado un proyector que apuntaba hacia la pared contraria
al espejo.
Aún más frustrado, miró su pared, dándose cuenta de la puerta que
tenía a su lado, no se veía como la metálica del lado del pelinegro,
esta lucía más normal.
—No lo sé —respondió aquel chico—. Mierda, yo, yo no lo sé —la
voz entrecortada y las lágrimas acumuladas en los ojos del
contrario lo alarmaron por completo—. Solo sé que iba a casa y...
unos tipos se me acercaron, no sé cómo terminé aquí.
Cortos recuerdos llegan a su cabeza de golpe, él caminando
después de su última y exhaustiva clase en la universidad, y
entonces un grupo de hombres se le fueron encima, todo se volvió
negro y no recuerda más.
—Estamos secuestrados —afirma con terror.
Lo había anticipado unos minutos atrás, pero no quiso creer en eso,
y decirlo es dar entrada a lo que parece su peor pesadilla.
Siente que todo gira a su al rededor, se marea, quiere vomitar, su
estómago se siente pesado y sus ojos han comenzado a derramar
lágrimas sin cuidado. Su visión se vuelve borrosa conforme su rostro
se empapa, el pelinegro lo mira fijamente mientras llora, como
diciéndole que con eso no logrará nada, o al menos así lo siente.
Le da la espalda al chico y camina hacia la puerta del lado de su
pared, sin esperanza, gira el pomo, solo para notar que
efectivamente se abre con facilidad. Escucha al contrario detrás
suyo levantarse de golpe, su ojos se iluminan y empuja la fina
madera para salir de esa horrible habitación.
Solo para romper sus esperanzas al darse cuenta que aquella
puerta conducía a una extensión más de su prisión, era un baño, un
simple cuarto con un lavamanos, inodoro, tina y ducha.
La cadena en su pie no lo deja entrar por completo, así que solo le
da una mirada superficial antes de echarse al suelo a seguir
llorando.
—Nada —dice entre suspiros entrecortados—. Es solo un baño.
—¿Alguna puerta o ventana? —Lo cuestiona el pelinegro, éste no
puede acercarse debido a que también está encadenado —. ¿Algo
que nos haga salir de aquí?
—Esta habitación está hecha para retenernos —responde aún en el
suelo—. Quien sabe a cuánta gente habrán encerrado aquí, a
cuantos les habrán hecho lo mismo.
La solo idea lo hace querer morir, pero eso también le aterra, es
joven, apenas está en sus veinte, le faltaba un año para terminar
sus estudios, los que sus padres habían pagado con tanto esfuerzo,
él iba a ser quien sacara a su familia adelante y ahora todos esos
sueños se reducían a esa habitación, su vida estaba en manos de
las personas que lo tenían retenido.
—Mi familia no tiene dinero para pagar un rescate —llora con
mucho pesar—. No sé qué quieren de mi, pero yo no podré darles
nada.
No se lo dice a nadie en particular, no sabe si sus captores pueden
escucharlo, pero es la realidad de las cosas, si quieren dinero,
secuestraron a la persona incorrecta.
El desconocido no dice nada, solo mira desde su lugar, odia el
silencio, odia que eso lo haga recordar en qué situación está
metido, así que intenta hablar de nuevo buscando desaparecer el
silencio de esa habitación.
—¿Cómo te llamas? —Pregunta al pelinegro, quiere saber quién es,
quizás así también recaude pistas de por qué están ahí. Por qué
ellos.
—Hyunjin —contesta sin más, con su único nombre de pila—. ¿Y tú?
—Lee Felix —el contrario no parece querer decir nada más, solo lo
mira fijamente, así que prosigue—. ¿Qué edad tienes?
—¿Qué clase de interrogatorio es este? —Hyunjin frunce el ceño,
entiende su molestia, solo quiere olvidarse un rato de todo ese
meollo antes de esperar lo inevitable.
—Yo tengo veinte —dice ignorando la respuesta anterior del
pelinegro.
—Veinticinco —Hyunjin suspira y vuelve a mirarlo fijamente—. Estás
muy tranquilo para ser alguien que está secuestrado.
¿Tranquilo? No, sin esperanzas mejor dicho.
¿Cuánto tiempo lleva encerrado en aquel lugar? ¿Su familia ya
habrá notado su ausencia? ¿Habrán puesto un informe por su
desaparición? ¿La policía lo estaría buscando ya?
Da igual, probablemente termine muerto para mañana si tiene
suerte antes de que sus captores se enteren de que su familia no
puede pagar su rescate con nada.
Si es que piden un rescate, claro, también existe la posibilidad de
que sean retenidos aquí en espera de algo peor, una red de trata,
venderán sus órganos, serán esclavos, incontables pensamientos
pasan por su cabeza haciéndolo llorar otra vez.
Ahora que observa bien a Hyunjin, el chico es atractivo, a simple
vista puede notarlo, es alto y sus brazos se ven musculosos, pero
no con exageración, quizás un poco más fornidos que los suyos, su
rostro es bonito, su aura es hipnótica y eso lo asusta, pues los
chicos bonitos son vendidos como esclavos sexuales o al menos eso
ha visto en las películas.
Aunque no tendría sentido que lo hayan capturado a él para eso, él
ni siquiera es lindo, no como Hyunjin al menos.
Su llanto comienza a ser descontrolado, su shock inicial ya ha
pasado, ahora solo quiere llorar, siente su cabeza doler con cada
lágrima que baja sobre su rostro.
¿Qué hizo para merecer esto?
—Felix —lo llama Hyunjin—. Tranquilo, saldremos de aquí.
Trata de sonreír ante el intento del mayor por calmarlo, sus
palabras suenan sinceras, tanto que logra tranquilizar su llanto un
poco, pero aún sigue asustado.
Aunque siente que puede confiar en Hyunjin, después de todo,
ambos están en la misma situación horrible, son iguales,
independientemente de lo diferente que podrían ser sus vidas antes
de esto, ahora los dos son lo mismo.
Limpia sus lágrimas, solo suspiros entrecortados salen de su boca,
sus manos se enrollan en su ropa sucia, desesperado, hay tantas
preguntas pasando por su cabeza, pero no quiere seguir pensando
en lo que está viviendo y cómo llegó ahí por más que quisiera saber
las respuestas.
Y como si realmente la vida no quisiera que olvidara la situación en
la que está, las luces que iluminaban la blanca habitación se
apagan.
—¡Hyunjin! —grita asustado.
—Aquí estoy, Felix, tranquilo —la voz calmada del mayor lo ayuda a
tranquilizarse un poco, solo un poco—. ¿Estás bien?
—Sí —pero está estúpidamente aterrado—. Tengo miedo.
—Lo sé —escucha la voz de Hyunjin, sin embargo no puede verlo—.
Necesitamos estar tranquilos, ¿de acuerdo?
—Sí.
La habitación se vuelve a iluminar solo un poco, pero no por las
luces, ahora el proyector que estaba colocado en la base sobre el
techo se ha encendido, mostrando lo que parece un video en baja
calidad.
La imagen tarda unos segundos en estabilizarse, cuando lo hace
pueden notar las fotografías que proyecta sobre la pared.
Fotos de él, Felix, de lejos y de cerca, en la universidad, en su
trabajo, inclusive en su hogar, también hay fotografías de su
habitación, siente repulsión de solo verlas, su estómago se
revuelve, quien los tiene aquí es un maldito psicópata, un loco que
estuvo planeando esto con mucha anticipación.
Sus fotografías terminan y siguen con las de Hyunjin, éste observa
fijamente la pared sin ninguna mueca, aunque después frunce el
ceño cuando se muestran más fotografías de su rostro.
—Idiotas —lo escucha susurrar.
La pantalla vuelve a ponerse negra, el zumbido del aparato resuena
en las cuatro paredes antes de que una voz se escuche, no sabe de
dónde viene, pero suena distorsionada y aterradora.
—Hola, chicos —les dice, casi puede imaginar la tétrica sonrisa que
ese psicópata ha de tener en su rostro—. Probablemente se
preguntarán por qué están aquí, ojalá hubiera una respuesta
profunda que hable sobre una venganza o algo así, pero no, están
aquí por pura mala suerte, fueron elegidos porque me gustaron
para esta tortura.
Lágrimas vuelven a correr por su rostro, ¿entonces es solo eso? Es
alguien encerrado por una mente macabra para su disfrute, eso es
inhumano e inmoral, más que el tenerlo aquí para sacarle dinero o
alguna otra cosa.
¿Quién sería tan enfermo para hacerles esto?
—Pero no se preocupen —continúa aquella distorsionada voz—. Si
hacen todo lo que se les pida, podrán salir de aquí, será cuestión de
ustedes, pueden estar encerrados un par de días o unas semanas,
incluso meses si así lo desean.
No desea estar un segundo más en ese horrible lugar. Haría
cualquier cosa para salir de ahí. Cualquiera.
—¡Ya sácanos de aquí, hijo de puta! —Grita Hyunjin pateando la
base la cama—. ¡¿Acaso no sabes quién soy?!
La tétrica risa le causa escalofríos, un suspiro se escucha en todo su
alrededor.
—Te conozco muy bien, Hyunjin, sé quién eres —se burla, el
pelinegro no dice nada más—. Entonces —hace una pausa—. ¿Qué
les parece empezar con la primer prueba?
—¡¿Qué te hace pensar que haremos lo que quieras, imbecil?!
—Cállate, Hyunjin —el nombrado lo mira con sorpresa—. Deja que
nos explique.
—Como verán, están encadenados a sus camas —dice esa persona
—. Si quieren ser liberados, deberán encontrar la llave de sus
candados, así podrán caminar con libertad por la habitación, hacer
sus necesidades con libertad, será más cómodos para ustedes, me
preocupo por su comodidad —soltó eso último con un fingido
puchero distorsionado.
—¿Dónde está esa llave? —Pregunta Hyunjin a la nada.
La voz no responde, un ruido pesado se escucha, la gran puerta del
lado de Hyunjin se abre, pero no por completo, solo un
compartimento por la parte de abajo, aunque no es tan pequeño,
quizás con un poco de dificultad podría escabullirse por ahí, pero
sabe que no podrá escapar tan fácil así que ni lo intenta, el mayor
ni siquiera se inmuta.
Por el hueco apenas entra luz, del otro lado escuchan como
arrastran algo hasta meterlo en el interior de la habitación, es
grande y largo, cubierto con bolsas negras de plástico, cuando está
completamente adentro, el compartimiento de la puerta se cierra
con brusquedad, se escucha como ponen los seguros que
probablemente sean impenetrables.
—Ahí está la llave —vuelve a hablar esa desconocida voz—. Anda,
desenvuelvan el paquete.
Las luces se encienden dejado ver a la perfección aquello cubierto
con bolsas, no quiere creer que es lo que su cabeza piensa, pero es
la única forma que le encuentra.
Hyunjin empuja con dificultad las bolsas hasta el centro de la
habitación, donde ambos puedan alcanzarlas. Gatea temeroso hacia
el paquete, fácilmente mide más que él mismo, pero intenta
ignorarlo. Sus temblorosas manos van hacia el nudo que se forma
en una de esas, y entre lágrimas, lo deshace para revisar su
interior.
Un grito sale de su boca al revelar el rostro de alguien, otro chico
joven con la piel pálida y el contorno de los ojos morados, sus
labios están sin color y entreabiertos.
Sus manos van a su boca absteniéndose de vomitar, tragándose las
náuseas, aguantando hasta regular su respiración.
Hyunjin termina de romper las bolsas, dejando a la vista el cuerpo
completo de aquel pobre chico, el mayor no se mira igual de
afectado que él, solo mantiene el ceño fruncido con una mueca de
desagrado.
—¿Dónde está la llave? —La molestia en la voz del pelinegro es
grande—. ¡¿Donde?! —Grita al no obtener una respuesta inmediata.
—Busca en sus bolsillos —vuelve a hablar aquella voz.
Con asco, Hyunjin lleva las manos a los bolsillos del pantalón de
aquel pálido chico, mientras él intenta controlar sus nervios. El
mayor saca una navaja de uno de los pantalones, va hacia el otro
encontrándose con otra navaja.
—¿Qué mierda significa esto? —Pregunta con una sonrisa sarcástica
mientras levanta las navajas—. Déjate de juegos, imbécil, dilo de
una vez.
Le aterra la manera en la que Hyunjin le habla a aquel psicópata,
no quiere que éste se moleste y decida matar a su compañero, no
podría soportar quedarse solo en aquel lugar.
—Es lo que necesitarán para encontrar la llave —explica la voz—. La
llave está dentro del chico. En su estómago.
Ahora sí va a vomitar.
Se levanta con un salto y corre al baño, por suerte su cadena es lo
suficientemente larga para hacerlo llegar al inodoro que está al lado
de la puerta, arroja todo lo que su estómago ha contenido, el asco
y el miedo invaden su cuerpo, además de los nervios y de toda la
situación que ha estado pasando, esto es demasiado para él.
Cuando ha vaciado todo su estómago se siente mucho mejor, a
pesar del dolor en su garganta y sus ojos rojos. Limpia su boca con
el cuello de su camiseta y camina tambaleándose hacia Hyunjin,
quien ahora está sentado en la cama mirando el cuerpo de ese
chico.
Las navajas están arrojadas en el suelo, toma la suya e intenta
liberarse con esta, abrir el candado o cortar su cadena, pero es
imposible.
—Si no lo hacen a mi modo, van a terminar como ese chico —suelta
esa voz con molestia—. Serán los siguientes en tener una maldita
llave en sus estómagos en espera de que otros aquí me den el
espectáculo que merezco.
Asustado, se detiene y llora, grita molesto con todos, maldice y
golpea su lugar, Hyunjin lo mira fijamente, como lo ha hecho desde
que despertó.
—¿Quieren salir vivos? Hagan lo que les pedí o mueran, los mataré
a ustedes y a sus familias.
Vuelve a sollozar, ¿por qué a él? ¿Qué hizo mal para merecer esto?
—No quiero morir —dice golpeando el suelo—. Tengo tantas cosas
por hacer, quiero ver a mis padres, quiero graduarme, tener mi
familia, por favor.
Sabe que sus súplicas no servirán de nada, pero odia que le
arrebaten sus sueños de esta forma.
—Los tendrás, Felix —de nuevo esa voz—. Solo tienes que seguir
mis instrucciones y saldrás libre y recompensado —eso lo hace
llorar aún más—. Que empiece el juego.
Le lanza una mirada larga a Hyunjin, éste se la devuelve y niega,
maldice por dentro, realmente quiere seguir viviendo.
Observa con atención el chico recostado frente a él, dándose cuenta
de que aún respira, es apenas perceptible, pero su pecho sube y
baja lentamente.
Que acto de crueldad es este.
—Está vivo —susurra con pesar—. Quiere que nosotros lo matemos.
No puede hacerlo, no puede quitarle la vida a alguien.
—Felix —lo llama Hyunjin desde su cama—. Hazlo.
—No puedo —llora—. No soy un asesino.
—Es él o nosotros, tú decide.
Su pecho se oprime, puede sentir sus ojos hinchados de tanto llorar,
le duele todo, se siente tan enfermo y monstruoso, pero sabe que
Hyunjin tiene razón.
—¿Y por qué no lo haces tú? —Pregunta afligido, no quiere hacerlo
él.
—Porque yo sé que tú eres capaz de hacerlo —murmuró Hyunjin
acercándose a él, ahora ambos estaban hincados, uno a cada
costado del cuerpo en el suelo—. Yo sé que tú serás la pieza clave
para sacarnos de aquí.
Niega, él es solo un simple chico, alguien común y corriente con una
vida difícil, no es el héroe de esta historia, no podría.
—Escúchame, escúchame, Felix —las grandes manos del mayor
sujetan sus mejillas con delicadeza obligándolo a mirar—. Sé que
puedes, confío en ti, en que eres fuerte y valiente, ambos
saldremos vivos de esta, juntos, pero necesitas ser tú el que lo
haga.
—¿Por qué yo? —Hyunjin parece pensarlo un momento mientras
limpia las lágrimas que escurren por sus ojos con su pulgar, es un
toque suave que lo hace sentir seguro.
—Confía en mi, así como yo confío en que tú puedes hacer esto por
nosotros.
Nadie jamás había depositado tanta confianza en él, pero aquel
chico desconocido lo había hecho y se escuchaba completamente
sincero. Su corazón latió rápidamente y asintió, dejando que
Hyunjin siguiera acariciando sus mejillas.
Cuando se alejó, volvió a sujetar la navaja con fuerza, observó al
chico inconsciente, el pecho subiendo y bajando lo hacia sentirse
mal. Pidió perdón, también pidió por su alma a Dios o quién mierda
fuera que le diera el descanso eterno a ese pobre chico sin nombre.
—Lo siento tanto —susurró antes de apuñalar el estómago del
desconocido, lo hizo varias veces, éste permanecía inconsciente,
esperaba que no le doliera.
La sangre salió a borbotones, manchando toda su ropa, todo su
cuerpo y el suelo, observó el pecho del sujeto, éste ya no se movía,
había muerto.
Sin embargo, se sentía liberador haber hecho eso, lo había
cumplido, y aunque le gustaría sentir algo de culpa, la verdad es
que no sentía más que satisfacción, logró pasar esa prueba y una
pizca de esperanza lo iluminó.
Buscó los ojos de Hyunjin, lo miraban con un brillo particular, y
había una pequeña sonrisa orgullosa en el rostro de éste. Los haría
salir de ahí.
A pesar de estar cubierto de sangre, Hyunjin volvió a tomar su
rostro y agrandó su sonrisa.
—¿Ves? Te dije que podías hacerlo —le dijo en un susurro apenas
audible—. Eres mucho más de lo que crees, Felix, eres increíble.
Nadia ajeno a sus padres lo había elogiado de tal forma, ni hablado
con esa dulzura, y a pesar de la situación en la que se encontraban,
en esa escena de película de terror, no podía evitar sentir su pecho
cálido.
Hyunjin se alejó un poco y lo dejó seguir con su tarea después de
unos segundos, sus manos fueron al estómago destrozado de aquel
tipo, con una mueca de asco intentó encontrar la llave entre la
viscosidad de los órganos deshechos. Sus dedos sintieron algo duro
en el fondo, hundió su mano y tomó la pequeña llave con un suspiro
de alivio.
Se la dio a Hyunjin, pues sus manos estaban demasiado resbalosas
como para abrir su candado. El pelinegro se liberó con una sonrisa,
después caminó hacia su lado de la habitación y quitó su cadena. Y
a pesar de que seguían encerrados, no podía evitar pensar que esto
era un pequeño paso para volver a tener su libertad.
—Tengo tantas ganas de abrazarte —el mayor lo miraba con una
sonrisa—. Pero creo que lo mejor será que te limpies primero.
Miró su cuerpo, sus acciones estaban empezando a afligirle un poco,
su mirada fue detrás de Hyunjin, a donde estaba el cuerpo inerte,
pero el pelinegro se colocó frente a él tapándolo.
—No lo mires, yo limpiaré aquí, tú ve a ducharte.
Hyunjin tomó sus hombros con sus grandes manos y bajó hasta sus
codos en una suave caricia mientras lo observaba fijamente.
—Anda ve, relájate un poco antes de que vuelvan a llamarnos —
asintió y caminó hacia el baño detrás suyo sintiendo la pesada
mirada del mayor.
Abrió la regadera y soltó un jadeo al sentir el agua caliente
recorriendo su cuerpo, sus músculos dejaron de estar tensos y se
dedicó a disfrutar del calor, cerrando los ojos al ver la gran cantidad
de sangre que caía de su cuerpo, no quería mirarlo, no quería
comenzar a sentir culpa, después de todo, fue por un bien mayor,
dos vidas a cambio de una, al menos intenta convencerse.
Se sorprende de la cantidad de jabones y cremas costosas que hay
en el baño, demasiada atención para dos simples chicos a lo que
van a torturar, aún así, si ha de morir, por lo menos quiere verse
decente.
No hay toallas para secarse, así que sale de la ducha con su cuerpo
temblando por el aire frío.
—Hyunjin —lo llama abriendo la puerta unos centímetros—. ¿Te
importa si me quedó un rato en la tina?
No quiere dejar solo al mayor durante mucho tiempo, y tal vez esté
también quiere ducharse, después de todo se ha encargado de
guardar el cuerpo en las bolsas que llegó, también hay sangre en su
ropa.
—Tarda el tiempo que quieras, cariño, te lo mereces —contesta sin
voltear a verlo, demasiado ocupado limpiando su desastre.
Pero el apodo lo hace sonreír, es extraño sentirse así por lo que
están viviendo, pero es menos espeluznante con Hyunjin, a pesar
de no conocerse agradece que sea él quien está atrapado consigo,
si estuviera solo probablemente ya hubiera muerto, pero con
Hyunjin siente que puede lograrlo.
Vuelve a cerrar la puerta y camina hacia la tina, la llena con agua
caliente y deja caer algunas sales de baño que encuentra por ahí,
extrañamente se siente más seguro de sí mismo ahora, algo
tranquilo, sin ningún malestar por el momento. Ingresa al agua,
recostándose contra el frío mármol de la bañera y cierra los ojos,
hace un recuento de lo que fue su vida, algo difícil, pero siempre
pudo salir adelante. También piensa en lo que hará cuando salga de
aquel lugar, porque su esperanza crece con cada segundo que su
seguridad también lo hace.
Un sonido brusco lo hace abrir los ojos, el metal pesado siendo
arrastrado contra el suelo lo sobresalta.
¿Alguien ha entrado a la habitación?
—¿Hyunjin? —Pregunta en voz alta sin poder moverse—.
¡¿Hyunjin?!
Al no obtener respuesta se levanta con rapidez, casi cayendo al
suelo por lo resbaloso que está, se dirige rápidamente a la puerta,
pero alguien se le ha adelantado.
Hyunjin lo mira con calidez, aún asustado mira detrás del mayor,
dándose cuenta que el cuerpo ya no está ahí.
—Vuelve a la bañera —le dice el pelinegro—. Te enfermarás.
—¿Qué-qué? —Tartamudea sin saber poner en palabras sus
pensamientos—. Creí que...
—Vinieron por el cuerpo y a dejar la cena, está allá, también nos
trajeron ropa —dice tendiéndole un conjunto de camiseta y shorts,
junto con ropa interior, todos blancos—. ¿Te importa si me ducho?
Puedo esperar a que termines, pero me gustaría que cenáramos
juntos.
No sabe qué decir, maldice por haber estado en la bañera, quizás
hubieran podido escapar ahora que no estaban encadenados,
después de todo son dos, algo se les hubiera ocurrido, aunque
dentro de su ser sabe que escapar así es prácticamente imposible.
—¿No prefieres la tina? —Pregunta después de unos segundos,
Hyunjin niega.
—Quédate ahí un rato, está bien.
Le hace caso, vuelve a la calidez del agua mientras el mayor se
desnuda para entrar a la ducha, sus ojos viajan cuerpo desnudo del
pelinegro, es encantador, y a pesar de que quiere apartar la mirada,
la presencia hipnótica de Hyunjin no lo deja. Escucha la leve risa y
eso lo hace volver en sí, parpadea un par de veces y regresa su
mirada al agua.
—Te veo mucho mejor, más tranquilo —la voz de Hyunjin llega a su
oído, el sonido de la ducha lo silencia un poco—. ¿Cómo te sientes?
—Mejor, sinceramente tú compañía ayuda mucho —siente la mirada
de Hyunjin en su cuerpo, no quiere mirarlo, no quiere volver a
perderse en su desnudez, pero sabe que el mayor lo observa con
atención y no puede evitar sonrojarse.
—Me alegro, Felix —responde con una sonrisa.
Después de eso, ambos hablaron durante un rato más de sus vidas,
Hyunjin no contó mucho, pero él habló de casi todo, tuvo la
confianza de compartir su vida al pelinegro, de abrirse a él.
La cena fue tranquila, aunque comenzaba a sentirse tenso por no
saber lo que le esperaba en los próximos minutos u horas.
Las luces se apagaron un tiempo después, realmente no sabía qué
hora era, pero suponía que era tarde y debían ir a dormir, aún así,
la oscuridad lo aterraba.
—Hyunjin —pronunció el nombre del mayor en un susurro—. ¿Estás
dormido?
—Todavía no.
—Hace frío —no había mantas que los calentaran, solo el suave
colchón, pero no ayudaba mucho—. Tengo miedo de que vengan en
la noche mientras estemos dormidos y nos hagan algo.
Hubo un silencio de unos cuantos segundos, pensó que el pelinegro
se había dormido ya, así que no dijo nada más.
—¿Quieres que duerma contigo? —Habló Hyunjin después de unos
minutos, no podía distinguir su rostro, pero sabía que lo preguntaba
en serio.
—¿No te molesta?
De nuevo, Hyunjin no respondió, pero escuchó como avanzó por la
habitación hasta su cama, sintió el peso de él hundirse en el
colchón mientras se recostaba a su lado.
—Ven aquí —el mayor abrió sus brazos y lo atrajo contra su cuerpo
—. ¿Mejor?
—Estás calientito.
Cerró los ojos e increíblemente pudo dormir con facilidad.
A pesar de estar en un lugar en contra de su voluntad, perdido sin
saber exactamente en qué parte del mundo, después de haber
acabado con la vida de un desconocido, aún así, en los brazos de
aquel chico que acababa de conocer, se sentía extrañamente
protegido.
02
El día siguiente a su secuestro transcurrió normal, dentro de lo que
cabe, después de todo, la normalidad no iba acompañada de estar
encerrado en una habitación en algún lugar del mundo, privados de
su libertad por una mente enferma que parecía disfrutar de
volverlos locos. Aún así, Hyunjin lo ayudó a no perder la cabeza en
aquel blanco lugar.
Después de que las luces se hubieran encendido, ambos habían
despertado, se sentía desorientado e inclusive creyó que todo había
sido una terrible pesadilla, pero cuando sintió el pecho de Hyunjin
pegado a su espalda y esas grandes manos al rededor de su
cintura, se dio cuenta de que todo había sido real.
Seguían secuestrados, no solo eso, había asesinado a un hombre, y
aunque fue para su propio bien, no podía evitar sentirse mal con su
persona, en ese momento la adrenalina y el miedo mandaban sobre
la culpa, pero ahora, con la cabeza fría sabía que lo que había
hecho era algo atroz.
—Hiciste lo que tenías que hacer, Felix —habían sido las palabras
de Hyunjin cuando éste lo vio llorar sobre el lavamanos—. Eres
fuerte, valiente...
—Soy un monstruo —interrumpió limpiando sus manos con el agua
que corría por la llave, se sentía mal, sucio, un maldito asesino.
—No lo eres, créeme que no —dijo tomando su rostro con fuerza y
obligando a mirarlo.
—¡¿Y de qué me sirves que me lo digas tú?! —sus gritos
retumbaron en el baño—. ¡Tú no fuiste el que mató a ese chico!
La mirada del pelinegro se oscureció, no quiso gritarle, pero se
sentía molesto y frustrado.
—¡Tú solo me lo dices porque también es tu vida la que está en
peligro! —Hyunjin se alejó cuando le gritó eso, y rápidamente se
arrepintió cuando vio el triste semblante que el mayor le dio.
—Te lo digo porque nadie te va a entender como yo —susurró
Hyunjin unos segundos después—. Yo soy el único, Felix, el único
que jamás te va juzgar, tu eres mi héroe, lo sabes, ¿verdad? Sabes
que seré el único que podrá entenderte a la perfección porque
estamos viviendo lo mismo.
El pelinegro limpió las lágrimas que corrían por su rostro. Tenía
razón, nadie más que Hyunjin lo entendería, de ahí en fuera, si es
que lograban salir, solo sería visto y apuntado con lástima, puede
imaginárselo y odia la sensación.
—¿Tú no piensas que soy alguien horrible? —Pregunta con pesar,
sus labios forman un puchero del que salen cortos suspiros.
—Jamás lo pensaría, Felix, para mi eres alguien increíble, alguien
que lo vale todo, que lo merece todo.
Si Hyunjin lo decía, podía creérselo, después de todo, ese chico fue
el único que lo comprendió a pesar de la situación, que lo escuchó y
que lo animó como nadie jamás había hecho.
Hyunjin era el único. Y estaba bien con eso.
Intentó no sentirse culpable en las siguientes horas u minutos, no
tenía idea de cuánto había pasado, no había manera de
comprobarlo y su percepción del tiempo era nula.
La pequeña abertura de la puerta metálica se abrió un tiempo
después, asustándolo, pensó de todo en milésimas de segundo, en
que quizás meterían otro sujeto al borde de la muerte para repetir
lo del día anterior, o que ahora serían ellos a los que matarían, sin
embargo solo habían arrojado dos bandejas con comida y agua
antes de volver a asegurar esa pequeña puerta.
No tenía apetito, pero se obligó a comer para mantenerse fuerte,
además de que la comida no estaba nada mal. En sus veinte años
de vida jamás había probado algo así de delicioso, quizás lo
disfrutaría más si no estuviera secuestrado.
—¿A qué te dedicas, Hyunjin? —Se animó a preguntar, el silencio lo
estaba volviendo loco.
—¿Por qué quieres saber?
—Bueno, estamos encerrados, no vendría mal conocernos un poco
más —revolvió los restos de comida en su bandeja, nervioso por la
penetrante mirada del mayor—. Yo te conté de mi familia, mis
amigos, mis estudios y mi trabajo, también de mis mascotas y de lo
que me gusta hacer.
—No me llevo muy bien con mi familia —soltó Hyunjin segundos
después—. Hago trabajo de oficina, ya sabes... cosas aburridas y
eso.
Esperó que le contara más, pero no parecía querer hablar mucho de
eso, sin embargo, él era alguien demasiado curioso.
—¿Tienes pareja? ¿Hijos? —El pelinegro soltó una risa antes de
negar—. ¿No? Eres alguien muy atractivo, me imaginaba que
tendrías a cuantas chicas quisieras a tus pies.
—¿No sería aburrido tener todo así de fácil? —Le preguntó el mayor
con una mueca.
—No lo sé, nunca he tenido nada fácil —rió con pesar—. Pero me
gustaría.
—No lo creo —contestó con seguridad—. Te aburrirías muy rápido,
todo sería tan frío y vacío, y nosotros como humanos necesitamos
emoción en nuestras vidas.
—¿Y tú cómo lo sabes? —Hyunjin solo levantó los hombros en
respuesta.
Otro silencio incómodo se formó entre ambos, el pelinegro siguió
comiendo mientras él pensaba en lo increíble que debía ser el tener
a todo el mundo en sus manos, una fantasía estúpida para alguien
quien apenas había tenido algo en su vida, no es malagradecido,
sabe que sus padres hicieron hasta lo imposible para darle lo mejor
a él, pero le gustaría haber nacido con más privilegios.
—¿Y tú, Felix? —Habló Hyunjin con total interés unos minutos
después—. ¿Tienes pareja?
—Hace un mes terminé con él —dijo en un suspiro—. Mi amor no
fue suficiente.
El mayor lo miró fijamente con el ceño fruncido, había algo en su
mirada que no sabía descifrar.
—Solo para la persona incorrecta no lo es.
¿Y cuándo llega la persona correcta?
—¿Qué fue lo que pasó? —Continuó Hyunjin.
—Me engañó con un amigo —respondió con una risa—. Le perdoné
las primeras tres veces, la cuarta ya no.
—¿Lo perdonaste? ¿Y tres veces? —El pelinegro parecía sorprendido
—. ¿Tan enamorado estabas?
—Wooyoung era lindo y atento, al menos al principio —murmuró
con sentimiento—. Y quizás yo soy muy dependiente y me enamoro
muy rápido. A veces pienso que es mi culpa, quizás si yo le hubiera
dado todo lo que él quería seguiríamos juntos y jamás me hubiese
engañado.
—Eres un idiota, Felix —las palabras de Hyunjin lo hicieron fruncir el
ceño—. No te culpes por las acciones de otros, tu amor será el
indicado para la persona indicada.
—No lo...
—Lo será —interrumpió el mayor con molestia—. Eres lindo,
muchísimo, eres valiente e increíble, no tuve que estar más de un
día encerrado contigo para darme cuenta.
Hyunjin se colocó a su lado, ambos sentados en su cama, las
palabras del contrario calentaban su pecho.
—Y estoy seguro que si nos hubiéramos conocido de otro modo allá
afuera, también me habrías eclipsado, Felix, es difícil quitarle la
mirada a alguien tan perfecto como tú.
Su corazón latió con rapidez ante esas palabras, después de haber
pasado por su única y complicada relación en la que era comparado
con otro chicos con regularidad haciéndolo sentir inseguro, que
alguien como Hyunjin le dijera eso lo hacía sentirse muy bien.
Después de eso siguieron hablando de más cosas, habían
terminado de comer y decidieron recostarse en su cama. Hyunjin lo
escuchó atentamente en cada momento, le gustaba la atención que
le daba, como si fuera lo más interesante del mundo, lo hacía sentir
valioso con solo una mirada, aunque esta también la ponía
nervioso.
—¿Qué pasa? —Preguntó el pelinegro cuando detuvo su charla.
—Me miras mucho —contestó escondiendo su rostro en la
almohada.
Hyunjin estaba recostado a su lado, sus cuerpos muy cerca el uno
del otro, y de vez en cuando la mano del contrario se colocaba en
su cintura mientras jugaba con el dobladillo de su camiseta blanca.
—Ya te lo dije, no puedo no mirarte, eres lo más lindo e interesante
que hay aquí.
—Bueno sí, estamos encerrados en un lugar sin mucho más que
hacer.
—Oh, Felix, créeme que hay mucho que podemos hacer —contestó
con una sonrisa, la lengua pasó por los brillantes dientes de Hyunjin
haciéndolo ver aún más atrayente de lo que ya era—. Te noto
mucho más tranquilo que ayer.
—Solo porque esa horrible voz no nos ha llamado... y porque estoy
contigo —dijo eso último en voz baja—. Creo que lo único bueno
que sacaré de esto es que te conocí, ah, y la comida es deliciosa.
Hyunjin soltó una carcajada y lo atrajo hacia su cuerpo, sus pechos
casi se pegaban el uno con el otro y sus rodillas chocaban con las
del contrario.
—Puedo decir lo mismo, Felix, conocí a un chico precioso y valiente
—susurró demasiado cerca de sus labios.
La tensión entre ambos se formó rápidamente, su corazón se
aceleró y probablemente si no estuvieran encerrados por un maldito
psicópata se sentiría más emocionado de estar viviendo aquello,
porque Hyunjin en un día le había dado más seguridad, atención y
cariño que cualquier otra persona.
—¿Quieres ir a tomar una ducha? —Soltó nervioso y apartándose un
momento—. O sea, no juntos, separados, yo... tú primero, después
yo o al revés, como quieras.
—¿Tú en la tina y yo en la ducha? —Propuso el mayor con una
sonrisa divertida—. Juntos pero no juntos.
—Me daría mucha vergüenza que me vieras... ya sabes.
—Felix, ¿en serio? —Se burló Hyunjin—. Ayer te vi, poco, pero ya te
vi, no deberías tener vergüenza conmigo.
Cubrió el rostro con sus manos, su sonrojo llegó hasta sus orejas, sí,
ayer Hyunjin lo había visto, pero estaba demasiado asustado y con
la adrenalina corriendo por su organismo como para preocuparse
por la desnudez de su cuerpo.
—No me gustaría que pensaras que mi cuerpo no es bonito —
murmuró aún más avergonzado por mostrar una de sus
inseguridades más grandes.
Hyunjin quitó las manos de su rostro y lo jaló afuera de su cama, no
protestó y se dejó guiar hasta el baño.
—Pues lo poco que he visto me gusta, Felix.
Se recargó sobre el lavamanos mientras el mayor llenaba la tina
con agua caliente, sus ojos miraban atentamente a Hyunjin, tenía
las magas cortas de su camiseta enrolladas hasta los hombros,
dejando ver los brazos marcados que poseía.
Cuando la bañera estuvo casi llena, Hyunjin se posicionó frente a él,
mirándolo expectante.
—Puedo salir si gustas —murmuró sin apartar la mirada de su rostro
—. Pero no quiero que pienses que tu cuerpo no es lindo, no tienes
nada que envidiarle a nadie, Felix, el idiota que te hizo creer eso es
una basura.
Las manos del pelinegro se colocaron en su cintura, sujetándola con
delicadeza mientras lo miraba de arriba a abajo.
—Eres hermoso.
Ah. Esto estaba tan mal. Lo sabía.
Pero se sentía tan bien.
Su respiración se aceleraba con cada segundo que pasaba, la
cercanía entre ambos se acortaba también, estaba atrapado entre
el lavamanos y el gran cuerpo de Hyunjin, pero no le molestaba.
Todo a su alrededor desapareció, cualquier pensamiento negativo
que tuvo momentos atrás había sido borrado, eclipsado por
Hyunjin, remplazado por el aura penetrante y asfixiante que tenía.
Lo único que su cabeza pedía era a ese chico pelinegro.
Con cuidado, pasó sus manos por los hombros del mayor,
atreviéndose a acercarse aún más a su rostro, Hyunjin sonrió
pudiendo sentir sus respiraciones mezclándose, su cintura fue
sujetada con más fuerza.
—¿Estás seguro? —Preguntó con voz grave el pelinegro.
No. Claramente no, quizás se estaba volviendo loco, pero es
imposible conservar toda la cordura cuando estás privado de tu
libertad.
—¿Por qué?
—Porque entonces jamás te dejaré ir —susurró Hyunjin antes de
juntar sus labios.
No sabía a qué se refería, aunque se escuchaba como algo
romántico, pero lo olvido rápidamente, se dejó llevar por aquel
toque suave, uno que rápidamente se convirtió en un beso profundo
y acalorado, ambos buscando el control del otro, uno que le fue
cediendo a Hyunjin conforme los segundos pasaban.
Los labios del mayor eran deliciosos, suaves y esponjosos, encajó
sus dientes en ellos sacándole siseos, el contrario hizo lo mismo con
él. Sus lenguas se enredaron, se probaron y disfrutaron la sensación
de sentir la boca del otro.
Sin lugar a dudas, Hyunjin lo volvería loco, terminaría con la poca
cordura que le quedaba.
Pero que bien se sentía besarlo.
El sonido de la puerta metálica se volvió a escuchar unos minutos
después, se separó abruptamente del mayor, éste solo lo frunció el
ceño molesto.
—Hijos de puta —lo escuchó murmurar—. Tranquilo, de seguro
vinieron a dejar la cena.
La realidad de lo que estaban viviendo lo golpeó de nuevo, con una
sonrisa triste se alejó por completo de Hyunjin, estaban atrapados,
seguían en esa pesadilla, era algo que no podía cambiar por más
besos que se dieran.
—¿Nos damos un baño antes de cenar? —Asiente y recordando las
palabras de seguridad de Hyunjin, se desnuda lentamente, el mayor
sonríe, aún se siente avergonzado, pero da igual, esa debería de
ser una de sus menores preocupaciones cuando está secuestrado.
El pelinegro también se quita la ropa, lo mira despistadamente en
ciertas ocasiones, llegado a la conclusión de que el cuerpo de
Hyunjin es perfecto.
Se hunde en el agua de la bañera, soltando un jadeo de satisfacción
al sentir la reconfortante agua en su cuerpo, el mayor está bajo la
humeante ducha, ambos relajándose antes de ir a comer.
La cena de esa noche estuvo deliciosa, se sentía tan lleno y
también tranquilo de no haber vuelto a escuchar esa horrible voz
del día anterior, aunque eso lo alarmaba más, no sabía que esperar
de quién había planeado todo eso.
—Termínate ese jugo —insistió Hyunjin—. Debes comer todo.
—No me entra más —se quejó dejándose caer sobre la cama, el
pelinegro le acercó el jugo de naranja—. No quiero, Hyunjin.
—Anda bébelo, lo necesitas, cariño.
Bien, el apodo lo había convencido, de mala gana se bebió el
contenido de botella de un solo trago, el mayor lo miró con una
sonrisa.
Las luces se apagaron poco después, Hyunjin se recostó a su lado,
extrañamente se sentía con demasiado sueño, quería dormir de un
momento a otro, sus ojos se sentían pesados y las caricias en su
cabello lo relajaban aún más.
En medio de la noche, las pesadillas se presentaron haciéndolo
abrir los ojos o al menos eso creyó, su visión se sentía borrosa,
seguía con mucho sueño, no podía moverse de lo somnoliento que
se encontraba. Buscó calor en el cuerpo detrás suyo, pero no había
nadie más junto a él, no pudo sentir a Hyunjin.
El sonido metálico de la puerta lo hizo cerrar los ojos, había sido
abierta por completo, la luz blanca entraba iluminando un poco el
oscuro espacio en el que estaba, se sentía confundido, asustado, no
sabiendo qué era real o no, además de las inmensas ganas de caer
rendido contra el sueño.
Pero antes de hacerlo pudo ver la figura de alguien saliendo de la
habitación, y después como la puerta metálica se volvía a cerrar al
igual que sus ojos.
A la mañana siguiente despertó de golpe, había dormido como
nunca, pero las pesadillas lo hicieron pasar mal, asustado, se giró
para buscar a Hyunjin, pero éste no estaba en su lado de la cama.
El pánico inundaba su cuerpo con cada segundo que recorría la
habitación con la mirada en busca del pelinegro, pero no estaba
ahí.
¿Entonces eso no había sido solo una pesadilla?
Se levantó sin cuidado, casi cayendo por lo rápido que lo hizo, las
lágrimas escurrían por sus mejillas y sentía que todo a su alrededor
daba vueltas.
—¡¿Hyunjin?! —Gritó con terror—. ¡Hyunjin!
Sus piernas le fallaron y lo hicieron caer al suelo sin dejar de llorar,
sin el mayor ahí se sentía completamente débil, inútil, nadie.
Necesitaba de Hyunjin.
La puerta del baño se abrió de golpe, el peliengro se acercó a él,
lucía asustado y rápidamente se dejó ir en el suelo mientras lo
sujetaba.
—¿Qué pasa? —Preguntó alterado—. ¿Felix?
Sintió su alma volver a su cuerpo al saber que Hyunjin seguía ahí
con él, se arrojó a sus brazos aún con lágrimas saliendo de sus ojos.
—¡Hyun! —lloriqueó aliviado—. Creí que me habías dejado, tuve un
mal sueño.
Los brazos del mayor lo rodearon con cariño, se quedó junto a él un
momento, disfrutando del calor que el cuerpo de Hyunjin le
brindaba.
El pelinegro tomó su mentón y lo levantó para darle un profundo
beso que duró unos segundos.
—Sabes bien —le dijo cuando se separaron, disfrutando del sabor
mentolado en la boca del contrario.
—Bueno, me estaba lavando los dientes cuando de repente te
escuché gritar como un loco.
Una risa sale de sus labios, se siente más relajado, pero la
satisfacción no dura mucho cuando las luces se apagan, se asusta y
lo hace mucho más cuando vuelve a escuchar aquella distorsionada
voz.
—Buenos días, chicos —sus vellos se erizan, Hyunjin lo abraza con
fuerza—. ¿Me extrañaron, tortolitos? Estuve preparando la siguiente
prueba —de solo pensarlo quiere llorar—. No te preocupes, Felix, no
tendrás que destripar a nadie más.
Eso no lo anima más.
—¿Les suena el nombre de Jung Wooyoung y de Kang Yeosang? —
Preguntó esa voz con burla.
Apenas escuchar el nombre su ex novio y su amigo, siente la sangre
desaparecer de su cuerpo, no sabe por qué mencionó esos
nombres, pero no puede esperar nada bueno de eso, le asusta lo
que pueda pasar, y solo espera que pronto alguien los encuentre y
los libere de ahí.
—¿Te suenan, Felix? —Lloriquea ante la insistencia de la voz, quiere
decir algo, pero sus palabras no salen de su boca—. Mmm, ¿y qué
tal los nombres de Kim Seungmin y Lee Minho?
¿Kim Seungmin? ¿Lee Minho?
Los nombres le suenan, le suenan muchísimo, observa a Hyunjin
quien mantienen un ceño fruncido, no entiende qué está pasando.
—¿Por qué se los pregunto? —La risa macabra de aquel psicópata
retumba en las paredes—. ¿Por qué no empezamos con el siguiente
juego?
03
Su pesadilla apenas comenzaba, no había sido suficiente el asesinar
a alguien, seguían atados a una horrible tortura que lo estaba
volviendo loco.
Cuando aquella voz recitó el nombre de su ex novio y su amigo,
sintió una pesadez en el estómago, su corazón comenzó a latir con
rapidez y temía por lo que estaba próximo a pasar.
Hyunjin se quedó a su lado en todo momento, lo ayudó a ponerse
de pie mientras esperaban que les siguieran contando más.
—Miren atrás de ustedes —escucharon, y dudoso se giró hacia el
otro lado de la habitación, justo donde se posaba el gran espejo en
la pared—. Acérquense, vean la sorpresa.
Estaba confundido, no entendía que tenía que ver en aquel espejo,
solo veía su imagen y la de Hyunjin reflejadas, el mayor tenía un
semblante imperturbable y eso le daba una extraña paz, como si no
tuviera que preocuparse por lo que pasaría.
Que iluso fue.
El efecto reflexivo del espejo desapareció, como si lo hubieran
apagado, ya no se veían ni él ni Hyunjin ni la habitación, parecía
más un cristal negro, así hasta que las luces del otro lado se
encendieron y pudieron darse cuenta que detrás de ese espejo —o
ventana— había una habitación de la que no tenían ni idea.
Sin embargo eso no era lo más aterrador, ahí dentro de aquel lugar
más pequeño que el suyo, cuatro personas estaban sujetas de pies
y manos en unas sillas metálicas, sus ojos estaban cubiertos y sus
bocas también tenían un pedazo de tela que les impedía gritar, pero
por la forma violenta en la que se movían sabían que estaban
aterrados.
Dos de los chicos eran Wooyoung y Yeosang, los otros dos supuso
que eran Kim Seungmin y Lee Minho.
Un grito de terror salió de su boca al verlos y sus usuales lágrimas
llegaron unos segundos después en un llanto ruidoso y
descontrolado.
Observó con miedo y atención a los otros prisioneros, había una
especie de casco metálico en sus cabezas, todos se agitaban y
gritaban con violencia desde sus lugares, y aunque sus gritos eran
silenciados por la pared que los separaban, podía sentir lo
desgarradores que eran.
—¡¿Qué les vas a hacer?!
Esto era algo enfermizo, y le aterraba el hecho de que hayan
podido secuestrarlos tan rápido. ¿Contra qué poderoso psicópata se
estaban enfrentando?
—Yo no les haré nada —respondió la voz con diversión—. Serán
ustedes.
—Explícate —exigió Hyunjin con el ceño fruncido—. Dime por qué
tienes a mis amigos ahí encerrados.
Se giró hacia el mayor y después a los dos chicos en la otra
habitación. Habían capturado a personas cercanas a ellos, se sintió
mínimamente aliviado de que no hayan sido sus padres.
—Tendrán que decidir cuál equipo se salva, si el equipo Felix o el
equipo Hyunjin —la maldad en la voz lo hacía sentirse enfermo—. El
equipo que elijan podrá irse de aquí sin ninguna herida, solo con un
pequeño trauma tal vez, pero el otro equipo sufrirá una pequeña
tortura eléctrica, nada que los deje muertos, después de todo, ellos
no tienen la culpa de que ustedes tengan la mala suerte de estar
aquí.
Iba a vomitar, no podía creer que hubiera alguien tan cruel y
repulsivo en este mundo. No puede dejar de llorar, se siente
realmente mal, otra vez por su culpa sufrían personas que no tienen
nada que ver en esto, se siente tan culpable de que dos personas
que quiere estén sufriendo por él, mucho menos cuando él no
debería estar encerrado, no debería estar viviendo esto.
Él solo era un estudiante con muchos sueños y expectativas a
futuro, alguien que amaba a sus padres y que quería comerse al
mundo con todas las cosas que tenía planeadas, no merecía esto.
—¿Y cómo sabremos que los dejarás libres? —Preguntó Hyunjin
inseguro.
—Tendrán que confiar en mí —obtuvieron como respuesta, el mayor
soltó una carcajada sarcástica.
—Claro, maldito loco.
—Si no eligen a alguien todos van a morir, ustedes también.
¿Cuándo va a terminar su tortura?
No quiere morir, pero tampoco quiere lastimar a nadie más, es tan
difícil, y es aún más horrible ver a alguien que amó y a uno de sus
amigos ahí atados en contra de su voluntad.
—Ah, olvide decirles —volvió a hablar la voz—. Tienen cinco
minutos para decidir, sino todos mueren.
El proyector en su habitación se enciende, la imagen que aparece
ahí es un temporizador de cinco minutos que va bajando hasta
llegar a cero.
Su mirada viajó a Hyunjin, quien también lo observa fijamente, se
acercó a él y lloró en su hombro mientras intentaba formular sus
palabras.
—No puedo hacerles eso a Wooyoung y a Yeosang, Hyunjin —su voz
apenas era audible entre sus suspiros entrecortados—. Perdóname.
No haría que ellos pasarán por esa tortura, aunque no evitaba que
se sintiera peor por los amigos del mayor.
El pelinegro lo apartó un momento para que sus rostros se vieran,
lucía tranquilo y expectante, acarició su rostro con delicadeza y eso
lo reconfortó un poco.
—Es tu ex novio el imbecil, ¿no? —asintió lentamente—. ¿Y ese es
el amigo con el que...? —Volvió a asentir—. Ellos se lo merecen,
Felix.
Negó desesperadamente, llorando con más intensidad mientras
intentaba convencer al mayor.
—Yo tampoco quisiera que tus amigos sufran, pero es el primer
chico al que ame y ambos siguen siendo mis amigos también, los
más cercanos que tengo —Hyunjin frunció el ceño ante sus
palabras.
—¿Son tus amigos después de lo idiotas que fueron contigo? —
Preguntó aún con el ceño fruncido—. Podrás hacer más y mucho
mejores que ese par de imbéciles que te vieron la cara.
—Hyunjin, por favor.
Su pecho dolía y estaba molesto de que el pelinegro no lo
entendiera, además de que solo quedaban poco más de tres
minutos para decidir.
Miró hacia el cristal que los dejaba ver la otra habitación, los chicos
se veían más desesperados conforme los segundos pasaban,
entendía la situación y lo odiaba, se sentía tan mal por ellos.
—¿Por cuánto tiempo, Felix? —continuó el mayor—. ¿Por cuánto
tiempo se habrán burlado de ti a tus espaldas importándole una
mierda tus sentimientos? ¿En serio no te dan ganas de torturarlos
por lo mal que te hicieron pasar?
Su corazón se aceleró al recordar aquellos momentos dolorosos de
todas las veces que encontró a su ex novio y su amigo en
situaciones comprometedoras, realmente sufrió demasiado, lo
habían destrozado tanto y esos dos jamás obtuvieron lo que
merecían, seguían felices y de la mano por toda la universidad
mientras que él iba detrás de ellos siendo señalado como un
estúpido.
Sabía que Hyunjin tenía razón, quizás debería tomar venganza por
sus propias manos, además que los haría sobrevivir un día más, tal
vez sí se lo merecían.
Sin embargo no podía hacerlo.
—Ellos son los únicos que...
—Pero ya no lo serán —lo interrumpió el pelinegro, sujetó sus
manos con delicadeza haciéndolo suspirar—. Yo si seré el único que
te entienda, al único que necesitarás cuando salgamos de aquí, y yo
te prometo que jamás te voy a dejar solo, porque somos los únicos
que nos entendemos, ¿verdad, bebé?
Sí.
—Aún así, yo no puedo hacerles pasar esto, los quiero, Hyunjin.
El semblante dulce del mayor cambió a uno duro y serio, un
escalofrío lo recorrió al sentir como era sujetado por la cintura con
brusquedad.
—Mira, Felix, nos quedan dos minutos y tú tomarás la decisión, si
quieres ser una mierda y torturar a mis amigos, hazlo, pero ellos a
diferencia de los tuyos jamás han sido malos y te darás cuenta del
error que cometiste.
La manera en la que Hyunjin le habló lo hizo llorar con fuerza, eso
había dolido más que el ver a dos personas importantes en su vida
encerradas ahí, se odió tanto por haber decepcionado al contrario,
no podía soportar la mirada que le daba, después de lo que Hyunjin
había hecho por él, ¿y así le pagaba? Estaba comportándose como
un imbécil con el chico que le dio esperanzas y lo trató mejor que
nadie.
—Si eliges torturar a mis amigos igualmente moriremos —volvió a
hablar el mayor, lo miró sin entender esperando que siguiera
explicando—. ¿Conoces a la dinastía Lee? Una familia poderosa de
la que proviene Lee Minho —apuntó al castaño atado a la silla—. Y
Kim Seungmin es un empresario dueño de más compañías de las
que te podrías imaginar.
Eso era impresionante, ¿cómo es que Hyunjin conocía a personas
así?
—¿Qué pasará cuando se enteren que fuimos nosotros los
causantes de su tortura? —Preguntó el pelinegro con una sonrisa—.
Son personas muy vengativas, Felix, la gente con estatus siempre lo
es. Si llegamos a salir de aquí, allá afuera nos espera un infierno
igual de horrible que aquí adentro.
Un miedo voraz se instaló en sus sistema, Hyunjin lo tomó en sus
brazos susurrándole que todo estaría bien, que fuera la decisión que
tomara, él jamás lo dejaría, pero sabía que el mayor se molestaría
con él si decidía torturar a Kim y Lee, y le ponía triste el solo pensar
en lo enojado que Hyunjin estaría.
—Si Seungmin y Minho salen libres, podrán relacionar su caso con
nuestra desaparición, tal vez la policía se mueva con mayor
precisión, probablemente ya nos estén buscando, pero mientras
más rápido mejor, ¿no? —Asintió con esperanzas, Hyunjin siempre
se las daba, era increíble.
El mayor se posicionó detrás suyo, ambos mirando hacia el cristal,
las manos del pelinegro lo abrazaron por detrás mientras
murmuraba con delicadeza sobre su oreja, la voz de éste lo
relajaba.
—Además, esos dos tipos que tienes como amigos ni siquiera
deberían tener la fortuna de que los llames así, alguien tan lindo y
dulce como tú solo merece lo mejor, Felix, no mereces ser el trapo
viejo que dejan de lado, tú te mereces tu propio reino para ti solo.
Le encantaba la manera tan sincera en la que Hyunjin le decía
todas esas cosas, casi podía creérselas, se dejó embriagar por el
aroma y el cuerpo del contrario, éste dejaba suaves besos en su
cuello que lo hacían suspirar.
—¿Entonces, bebé? ¿No disfrutarías de ver como dos idiotas reciben
su merecido? —Asintió—. Todo el que te haga sentir mal se merece
eso, yo mismo le arrancaría la cabeza a cualquiera que te hiciera
algo.
Hyunjin era intenso, completamente, algo que extrañamente le
agradaba, le gustaba sentir la intensidad del mayor, era sin duda, el
tipo de amor que merecía.
—No dejes que nadie te haga sentir que no vales nada, ellos se
merecen esto, solo dilo, toma la decisión, Felix.
Un suspiro salió de su boca, el contador estaba casi llegando a cero,
pero antes de que lo hiciera tomó su decisión.
—Quiero que tortures a Wooyoung y Yeosang —dijo con seguridad.
Se sintió extraño al pronunciar eso con tanta firmeza, un poco
culpable, pero Hyunjin tenía razón, esos dos se lo merecían,
además de que Minho y Seungmin eran una esperanza de poder
salir más rápido de aquel terrible lugar.
Las luces de su habitación se apagaron, asustado se pegó más al
cuerpo del pelinegro, del otro lado del cristal se podía observar aún
con detenimiento a los cuatro chicos atados.
Unos segundos después el sonido claro de una corriente eléctrica se
escuchó y Wooyoung y Yeosang se retorcieron de dolor. La culpa no
tardó en llegar, escondió su rostro en el pecho de Hyunjin, éste
seguía abrazándolo mientras miraba con atención aquel aterrador
espectáculo.
—Míralos —le ordenó—. Recuerda todas las veces que te hicieron
llorar, que te hicieron creer que tú no valías nada, esto es lo que
merecen todos aquellos que se metan contigo, Felix.
Observó con atención como los cuerpos de esos dos chicos se
movían con brusquedad entre espasmos y gritos silenciados. Las
palabras de Hyunjin habían hecho que la culpa se disipara, tenía
razón, ellos se merecían eso y se sentía tan bien haberlo hecho,
hacerlos sufrir como ellos hicieron con él.
Por el reflejo del cristal pudo distinguir la pequeña sonrisa orgullosa
que el pelinegro le daba, eso también lo hizo sonreír mientras veía
como dos horribles chicos eran torturados. Ellos eran los que
merecían estar ahí encerrados, no él, se merecían cosas mucho
peores, pero al menos tenía a Hyunjin, alguien que le estaba dando
la seguridad que todos le habían arrebatado.
Las corrientes eléctricas se detenían en momentos, solo para volver
con más fuerza sacándole risas al ver lo chistoso que se veían
aquellos dos en esas sillas.
Hyunjin le dio la vuelta y lo sujetó para robarle un profundo y
delicioso beso que recibió gustoso, mezclando sus salivas y
enredando sus lenguas con el sonido de la electricidad que
atravesaba el cristal. Sus manos fueron directo al pecho de éste, las
del mayor presionaron su cintura, se dejó llevar por la sensación
ardiente que le provocó aquel beso.
Sus pasos los guiaron hasta su cama, sentándose sobre el regazo
del pelinegro sin dejar de besarlo ni un momento, su habitación
seguía a oscuras, pero la otra habitación en la que seguían
torturando a su amigo y su ex novio iluminaba lo suficiente aquel
lugar.
Sintió las manos de Hyunjin viajar de su cintura a sus muslos,
presionándolos con fuerza para después subirlas por todo su torso
levantando un poco su camiseta.
Los labios del contrario eran una adicción que no podía detener,
quería seguir y probarlos por más aire que le faltara, no quería
alejarse ni un segundo de ellos.
Hyunjin comenzó a mover sus caderas de atrás para adelante en un
ritmo lento y delicioso que hizo erizar sus vellos, ahora era él el que
sentía una corriente eléctrica viajar por su cuerpo, un deseo
descomunal que hacía vibrar todos sus sentidos.
Se alejaron un momento, él seguía moviéndose sobre la
entrepierna del mayor, causando roces que lo hacían soltar a ambos
suspiros de placer, el mayor posó los labios sobre su cuello, dejando
un camino de húmedos besos, las sensaciones en su cuerpo eran
agradable, podía hundirse de lleno en ellas.
Pero la magia terminó cuando las luces se encendieron y ya no
podían ver la otra habitación, el cristal volvía a reflejar como un
espejo, ya no era una ventana.
—Los voy a matar —escuchó murmurar a Hyunjin cuando se levantó
de su regazo.
—¿Crees que si los dejarán libres? —Preguntó acercándose al gran
espejo.
—No es mi mayor preocupación ahora —respondió pegándose a su
cuerpo para continuar donde lo habían dejado—. ¿Qué tal si
volvemos a la cama y terminamos con esto?
Sintió la erección del mayor detrás suyo, suspiró moviéndose un
poco para sentirla más, y aunque su cuerpo también estaba
impaciente por su toque, tuvo que negar.
—Estamos encerrados, deberíamos preocuparnos más por eso.
—¡Exacto, estamos encerrados! No hay más que hacer, pero sí
podemos matar el tiempo disfrutando un poco —insistió el pelinegro
—. ¿O no quieres? ¿Es por tu cuerpo otra vez? Porque te lo dije,
Felix, eres la persona más linda que...
No es que no quisiera, porque sí lo deseaba, jamás había deseado
tanto acostarse con un chico.
—Yo jamás lo he hecho con nadie —interrumpió, sus palabras
salieron con inseguridad—. Lo siento.
No quería mirar a Hyunjin, probablemente tendría una mirada de
decepción en su rostro, pero se sorprendió al ver que no era así,
había un brillo particular en los ojos del mayor, un deseo extraño
que no sabía cómo interpretar.
—No te disculpes por eso —le dijo atrayéndolo en un abrazo—. Oh
mierda, eres tan perfecto, Felix.
Una sonrisa tímida se formó en su rostro, Hyunjin era un romántico
sin duda alguna.
—No tenemos que hacerlo, está bien.
—No es que no quiera, Hyun, pero...
—Tus besos serán suficientes —susurró con una sonrisa robándole
un corto roce de labios—. Pero por ahora necesito ir al baño y
deshacerme de esto, ¿está bien?
Lo vio correr hacia el baño y no pudo evitar soltar una risita, se
recostó en su cama esperando que Hyunjin saliera, todo volvía a
estar en silencio, hasta que del otro lado de la pared se comenzó
escuchar el sonido húmedo y agitado junto a los ruidosos suspiros y
jadeos del mayor.
Se removió en su lugar, mordiendo su labio e intentando ignorar
aquellos calientes sonidos que provenían del baño, pero le era
imposible, solo podía imaginar a Hyunjin intentando correrse
pensando en él mientras soltaba graves gemidos, la simple idea lo
excitaba por completo.
Sentía su erección gotear e instintivamente comenzó a moverse
contra el colchón en busca de un roce satisfactorio, tomó su
almohada y la colocó entre sus piernas, abrazándola para comenzar
un vaivén con sus caderas creando una fricción deliciosa en su
entrepierna.
Sus mejillas rosadas por la vergüenza y su respiración agitada eran
prueba de lo que estaba haciendo, pero no podía importarle menos
cuando del otro lado estaba Hyunjin haciendo lo mismo.
—Ah... Felix —escuchó el grave gemido del mayor del otro lado.
Presionó sus labios rogando porque ningún ruido saliera de su boca,
escondiendo el placer que se estaba brindando él mismo con ayuda
de su almohada. Moviendo sus caderas en círculos, de atrás hacia
adelante o de cualquier manera que le brindara una deliciosa
satisfacción.
Cerró los ojos y se dispuso a imaginar a Hyunjin, la manera en la
que estaría tocándose para llegar a su orgasmo susurrando su
nombre, fantaseando con tenerlo entre sus piernas, murmurándole
cosas lindas mientras entraba y salía de su interior, la simple idea
de tener al pelinegro sometiéndolo lo hacía jadear. Con solo
imaginarlo en su interior fue suficiente para correrse.
Del otro lado pudo escuchar a Hyunjin terminar también y el ruido
del agua cayendo en la ducha. Intentó regular su respiración y su
pulso, disfrutando de su reciente orgasmo, se sentía sucio y
pegajoso, además de mal por haber disfrutado tanto dada la
situación en la que se encontraba, pero jamás se había corrido tan
deliciosamente, nunca creyó llegar a sentir tal punto de placer solo.
Imaginaba que con Hyunjin sería mil veces mejor.
—¿Hyunjin, puedo entrar? —Preguntó tocando la puerta del baño.
—Claro, me estoy duchando.
Se abrió paso y caminó hacia el lavamanos, limpiándose y lavando
su ropa interior sin que Hyunjin lo viera.
—¿Tomarás un baño? —Lo escuchó preguntar desde la ducha.
—Eh, ah sí, sí llenaré la bañera.
Para su mala suerte, no hubo más insinuaciones esa noche, ambos
cenaron entre charlas tontas, Hyunjin le insistió en terminarse toda
su comida para mantenerse fuerte, se preocupaba tanto por él que
sentía su corazón acelerarse.
No pasó mucho para que volviera a caer profundamente dormido,
aunque de nuevo tuvo esa estúpida pesadilla donde Hyunjin
abandonaba la habitación sin más, dejándolo solo en aquel frío y
blanco lugar.
Por suerte solo era eso, una pesadilla.
•••
Dos semanas habían transcurrido desde su secuestro y estaba
perdiendo la cabeza con cada segundo que seguía ahí.
Con las navajas que les habían dado el primer día trazaba una línea
en la pared cada día que seguía despertando en ese lugar.
Exactamente cumplían dieciséis días encerrados, privados del
mundo exterior, de su libertad.
La policía no parecía estar cerca de encontrarlos y sus captores
tampoco parecían querer liberarlos, se estaba volviendo loco.
Lo único bueno y por quién no perdía la cordura era Hyunjin.
Hyunjin lo abrazaba, lo consentía, lo cuidaba y besaba todos los
días, lo hacía sentir como la persona más perfecta y preciada del
mundo, y solo por eso sabía que no merecía estar viviendo esto.
Hubo días en los que perdió cualquier pizca de esperanza, en los
que lloraba rogando que lo asesinaran de una vez por todas, en los
que le gritó a Hyunjin por su maldita calma, estaban secuestrados,
no podía entender como aquel chico vivía como si nada.
—Tú eres el que me motiva a seguir, contigo aquí esto no se siente
como una prisión —habían sido las palabras que el mayor le daba, y
eran las suficientes para calentar su débil corazón.
Justo ese día, en el que despertó en los brazos de Hyunjin, era de
esos en los que estaba tan harto de estar encerrado en ese puto
lugar.
—Necesitamos salir de aquí —dijo con decisión, mirando las líneas
talladas en la pared, en su mano la navaja que sujetaba con fuerza
—. Hyunjin, podemos hacerlo, podemos escapar.
Arrastró al pelinegro al baño, algo le decía que ahí no podían
escucharlos y era lo mejor, su plan no podía fallar.
—Tenemos nuestras navajas, cuando vengan a dejarnos la cena yo
me esconderé y me las arreglaré para salir por la puerta cuando la
abran, les clavaré esto y ahí aprovecharás para salir tú también —
explicó con una gran sonrisa, era una gran idea.
No había querido escapar porque tuvo la fe en que serían liberados
en cierto momento, pero ya habían pasado dos semanas y no
entendía porqué seguían ahí, no les habían puesto más pruebas y
tampoco parecían querer dejarlos morir pues seguían
alimentándolos, solo los tenían ahí, haciendo que se volviera loco
con el blanco de las paredes, ya no lo soportaba más.
Hyunjin lo miró sin emoción, no parecía estar de acuerdo con su
plan de escape.
—Nos matarán si lo intentamos, Felix.
—¡Igual nos matarán! —Gritó, lágrimas se formaban alrededor de
sus ojos—. ¡Ya da igual, prefiero morir a seguir aquí!
Había perdido su esperanza ya.
Los brazos cálidos del pelinegro lo rodearon, el calor que le
brindaba lo hacía sentirse un poco mejor.
—Solo quiero salir de aquí —lloró mientras el mayor lo acariciaba.
—Ya lo sé, bebé.
—Hyunjin, sácame de aquí, por favor —sabía que el nombrado no
podía hacer nada, pero éste mismo le había dicho que haría
cualquier cosa por él—. Por favor, Hyunjin, te lo suplico.
Dame esperanzas.
—¿Tan mal es estar aquí conmigo? —Preguntó con la voz triste.
Negó desesperadamente, atrapando los labios del pelinegro
besándolo con profundidad, sus lágrimas se mezclaban con su
saliva.
—No, yo te adoro, Hyunjin, eres el mejor regalo que me pudo dar la
vida —dijo sobre sus labios—. Pero no quiero seguir encerrado.
—Pero estás conmigo, Felix, eso debe bastar, no te falta nada, ¿no
soy suficiente? Cuando salgamos de aquí, ¿me vas a dejar? —Volvió
a negar, colocándose sobre el regazo de Hyunjin y conectando sus
miradas—. ¿Me odias?
—Jamás podría odiarte, jamás, yo soy el que no te merece, el que
debería estar agradecido de estar aquí contigo —sus lágrimas
seguían bajando por sus mejillas, el mayor las limpió, le encantaba
su toque—. Cuando salgamos de aquí jamás te dejaré, me diste
mucho más de lo que cualquier idiota allá afuera me dio.
Había caído completamente por Hyunjin, ¿pero cómo evitarlo? A sus
ojos era el chico más perfecto que había conocido jamás.
Era inevitable no enamorarse de él.
A pesar de haberse conocido en una situación tan inusual.
Quizás esto era una prueba que la vida misma le daba para conocer
a alguien tan bueno como aquel pelinegro, debía sufrir un poco,
pero como recompensa lo tendría a él, y estaba bien con eso.
Estaba bien con Hyunjin.
—Me tienes tan mal, Felix, estoy tan mal por ti —susurró el mayor
—. Me encantas, te prometo que cuando salgamos de aquí te daré
el mundo en tus manos, lo tendrás todo solo si prometes que a
pesar de las adversidades jamás me dejarás.
No podría hacerlo aunque lo quisiera. Hyunjin se había metido tan
profundo en su ser que le encantaba, no podía imaginarse seguir
viviendo sin él, estaba eclipsado por el mayor, y aunque sabía que
estaba mal, dependía tanto de ese chico que el simple hecho de
imaginarse alejado de él lo hacía querer llorar.
—Te lo prometo.
—Pronto saldremos de aquí, bebé, confías en mi, ¿verdad?
—Completamente, Hyunjin.
El nombrado besó su frente para después probar sus labios, la
temperatura fue incrementando poco a poco y quería seguir, había
fantaseado con entregarse a Hyunjin todas las noches, tenía ganas
de que el mayor lo hiciera completamente suyo, que supiera a
quien le pertenecía.
—Por ahora cenemos —le dijo el pelinegro cuando se alejaron,
escuchó la puerta abrirse un segundo después—. ¿Tienes mucha
hambre?
Negó, sin embargo cuando Hyunjin le pasó su bandeja marcada con
el nombre de "Felix" descubrió que era su cena favorita, la que más
le había gustado de todas aquellas que les estuvieron llevando las
últimas semanas.
—Mira, termínalo todo.
—¿Qué me darás si termino todo? —Preguntó en un tono sugerente
a lo que el mayor rió.
—¿Qué es lo que quieres?
Además de su libertad, lo quería a él, a Hyunjin.
Levantó los hombros como respuesta pero sin borrar su pequeña
sonrisa, una que no pasó desapercibida para el pelinegro.
Esa noche no hubo nada más que un par de besos hasta que el
sueño repentino llegó, solo deseando que al despertar ya no
estuvieran ahí, o Hyunjin lo hiciera suyo, cualquiera de las dos
opciones sonaba bien.
04
Pasar los días en aquella habitación blanca se había vuelto parte de
su rutina, una para la que se había preparado durante meses, y de
la que realmente no creyó que disfrutaría tanto.
Aún así, tenía su manera para no volverse loco, su mente ya estaba
lo suficientemente retorcida como para perder la poca cordura que
le quedaba, además de tener una vida demasiado ajetreada allá
afuera.
Observó apenas la figura de Felix en la oscuridad, el pecoso estaba
profundamente dormido sobre el colchón, descansado después de
un largo día en aquel lugar, dejó un beso sobre su cabeza y salió de
la habitación como cada noche, sinceramente no le gustaba dejarlo
solo, pero tenía demasiadas cosas que hacer.
—Señor Hwang —lo recibió su asistente al verlo salir—. Kim
Seungmin está aquí como usted pidió, lo está esperando en su
oficina para planificar estrategias para la junta de mañana en la
compañía... —el chico se silenció un momento, notando que estaba
recibiendo más indicaciones por aquel auricular que llevaba puesto
—. Y al parecer el señor Lee Minho también está aquí.
—¿Cómo van las ganancias? ¿La bolsa de valores? —Pregunta con el
ceño fruncido—. Estoy jugándomela mucho al estar encerrado,
Jisung, espero que mi fortuna no se vaya en picada o sino los
mataré a todos ustedes.
—Su fortuna crece cada día más, señor Hwang —sonrió al escuchar
eso—. Pero sigo sin entender el por qué está haciendo esto por un
simple chico.
Se frenó en seco, el cuerpo de su asistente casi choca contra el
suyo, Han levantó la mirada para verlo de frente.
Felix no era un simple chico, era la persona más hermosa que había
conocido, además de tener un aura de pureza a su alrededor, una
que lo había cautivado desde la primera vez que lo vio hace poco
más de un año.
—No necesito que lo entiendas —respondió con el semblante serio
—. Simplemente necesitaba emoción en mi vida.
Miró con firmeza a su asistente cuando éste quiso replicar, aunque
la severidad de su mirada lo hizo cerrar la boca.
—Gracias, Jisung, desde aquí me encargo yo —dijo cuando ambos
se detuvieron frente a la puerta de su oficina, el nombrado asintió
dispuesto a retirarse—. Ah y otra cosa, dile a esos idiotas que si me
vuelven a interrumpir un momento íntimo con Felix, les arrancaré
las cabezas o haré que él se las arranque, eso sería más divertido.
—Le avisaré al equipo, señor.
Un suspiro salió de sus labios antes de ingresar a su oficina,
Seungmin y Minho estaban sentados sobre las costosas sillas
forradas en cuero del otro lado de su escritorio. Les lanzó una
mirada como señal de saludo y tomó asiento frente a ellos.
—¿Qué haces aquí, Minho? —Fue lo primero que salió de su boca—.
Creo que fui bastante explícito con la petición de solo querer a
Seungmin aquí.
—Y podrás tener a Seungmin todo el tiempo que quieras —contestó
el mayor—. Yo solo vine a ver cómo va todo, ya sabes que soy
curioso, Hwang, me lo debes después de hacerte ese estúpido favor
con lo de torturarnos en esa prueba.
Lee Minho era uno de sus amigos más cercanos y a Kim Seungmin
lo había conocido gracias al mayor, después de todo, Minho hizo con
Seungmin exactamente lo que él estaba haciendo con Felix. El plan
maestro no había salido de su retorcida mente para su mala suerte,
y eso era un golpe duro a su ego, pero sí había ayudado a su amigo
a planear todo, sabía que algún día haría lo mismo y ahí estaba,
teniendo a un lindo y rubio pecoso en aquella prisión.
—Todo va muy bien, tengo pensado liberarlo en unos días más,
primero necesito hacer que se entregue a mí por completo, después
de eso será mío para siempre.
—Te veo muy seguro, Hyunjin.
—Minho, a mí siempre me salen bien las cosas, siempre —dijo con
firmeza—. Y esta vez no será la excepción, lo tengo comiendo de la
palma de mi mano, Felix haría cualquier cosa por mí.
—Y él te tiene a ti comiendo de la palma de su mano —soltó el
mayor con una risa sarcástica—. Estás loco por él.
—Mira quién habla —murmuró mirando a Seungmin—. Pero sí, él
también me tiene completamente a su merced, él podría pedirme lo
que sea y yo se la daría. Todo esto... —sus manos señalaron todo a
su alrededor—. Será de él, mi imperio será de él.
—¿Y crees que querrá toda tu mierda cuando se entere que tú
fuiste el causante de todo esto? —Habló Seungmin por primera vez
en ese momento.
Una risa se formó en sus labios antes de responder, claramente
estaba seguro de que su lindo chico estaría completamente para él.
Felix era tan fácil de manipular, un ser tan lindo que a pesar de sus
acciones tenía un corazón blando y puro que amaba corromper poco
a poco.
—Tú seguiste con Minho, ¿o no? —El menor bufó—. Felix es más
fácil de romper que tú, Kim, unas cuantas palabras bonitas me
bastaron para hacerlo caer por completo, el chico necesitaba mucho
amor, estaba tan desesperado por ello que se aferró a mí más
rápido de lo que creí.
—Lleva dos semanas ahí metido —soltó molesto—. Yo pasé dos
meses ahogándome en mi miseria en ese puto lugar, el amor es lo
único que te da esperanzas, Hyunjin, claramente terminaría
enamorado de quién yo pensaba también era una víctima, pero te
lo repito, no compares dos semanas con dos meses.
—Y yo te lo repito, Seungmin, no compares a Felix contigo, él no es
como tú.
—Exacto, no es como yo, quizás él si pueda odiarte lo suficiente
cuando se entere de la mierda que lo hiciste vivir.
Iba a refutar, pero Minho los silenció a ambos, ¿qué se creía ese
estúpido chico para hablarle así?
—Bueno, Minnie, eso ya no nos incumbe, lo que te hice a ti fue para
mejor, ¿o no? —Preguntó Minho con voz suave sujetando las manos
del menor—. Tú vida mejoró gracias a mi, mira todo lo que yo te di,
mira en quién te convertiste, deberías sentirte agradecido de haber
sido tú el que llamara mi atención para hacer todo lo que hice.
—Pero no tenías que secuestrarme, Minho —murmuró sin mirar a su
pareja—. Me quitaste dos meses de mi vida.
Oh no, no quería escuchar esa pelea de nuevo, aunque le
encantaba el drama. Rodó los ojos y se recargó sobre su cómoda
silla esperando a que sus amigos terminaran.
—Eres tan malagradecido después de todo lo que te di —soltó el
mayor con molestia—. Te estoy dando el mundo entero, estás
cumpliendo tu sueño, sin mi jamás hubieras tenido todo lo que
ahora amas, yo no te quite nada, Minnie, yo te salvé.
Un silencio se formó en la oficina, Seungmin se abalanzó hacia
Minho con lágrimas en los ojos, la escena era extrañamente familiar
y eso lo hizo sonreír.
—Lo siento, Minho, tienes razón —lloriqueó sobre su amigo—. Estoy
tan agradecido contigo.
Ah, extrañaba tanto a Felix. Y eso que llevaba unos cuarenta
minutos sin él.
—Pero tal vez Seungmin tiene razón, Hyunjin, es muy poco tiempo
—sus amigos se habían separado ya, ahora ambos lo miraban
fijamente—. Si quieres tenerlo libre tan pronto quizás podrías
ocultarle a Felix la verdad, ser una víctimas más en esto y asegurar
de que no te odiará después.
—Yo mismo le contaré la verdad —Minho negó ante sus palabras—.
Él sabrá todo y aún así se quedará conmigo, siempre.
Había investigado a Felix durante meses, conocía sus cualidades y
debilidades, la observación y perseverancia eran sus mejores
armas, sabía cómo tratar con él, cómo hacerlo sentir, como hacer
que cayera completamente a sus pies.
Lo conoció por primera vez de casualidad, el rubio trabajaba en una
cafetería cerca de su edificio principal, él jamás iba a comprar su
propio café, pero esa vez, Jisung estaba demasiado ocupado en
otras cosas como para encargarse de tenerle su bebida lista y en su
escritorio esa mañana, así que antes de llegar a su trabajo pasó por
esa cafetería, pidió desde su automóvil y su sorpresa fue que el
chico que le entregó su pedido robó por completo su atención.
Era la persona más hermosa que sus ojos habían visto en toda su
vida.
La linda y brillante sonrisa que le dio lo hizo suspirar, el cabello
rubio resaltaba la pureza que todo su ser desprendía, sus ojos, sus
labios, esas pecas. Todo era tan cautivador.
Necesitaba tenerlo para él. Y claramente lo tendría.
Pero era Hwang Hyunjin, alguien demente y psicópata que no
estaría conforme con enamorar a ese chico como las personas
normales hacían, no, ¿qué tendría eso de divertido?
Y desde ese momento en el que sus miradas conectaron, Felix se
había puesto la soga al cuello, había llamado la atención de alguien
que nadie jamás hubiese querido.
Después de eso, sus días se basaban en pensar en Felix, en saber
cómo tenerlo a su merced, cómo hacerlo suyo, cómo pasar su vida
junto a él. Entonces recordó el asombroso plan que había planeado
con Minho para que su amigo consiguiera a aquel chico, Kim
Seungmin.
Eso si era emocionante y retorcido, le encantaba la idea, su mente
enfermiza se agitaba de solo imaginar a aquel pecoso en aquella
situación.
Unos meses de planificación y observación bastaron para que todo
su plan se ejecutara, y extrañamente iba saliendo de maravilla.
Sabía que Felix lo quería, estaba completamente enamora de él,
ambos lo estaban el uno por el otro, lo quería tanto y que sería
capaz de todo, lo estaba demostrando.
Volvió a la habitación después de planificar sus nuevos proyectos
junto a Seungmin, el chico era alguien sumamente inteligente,
Minho había explotado todo el potencial del menor, le dio todo para
que tuviera todo y después de unos años se había convertido en un
CEO excepcional.
Se dejó caer al lado de un dormido Felix, besó la parte posterior de
su cabeza y se dispuesto a descansar un rato, su cuerpo se sentía
completamente agotado y no tardó demasiado en caer
profundamente dormido con su mundo en sus brazos.
•••
Su cuerpo se agitó en medio de su sueño, había un peso extra
sobre su regazo y una humedad recorriendo su cuello. El
movimiento sobre su entrepierna lo hizo gemir y rápidamente la
figura de Felix apareció en su cabeza, empujó su cadera hacia
arriba en busca de más fricción, el rubio rozó su trasero sobre su
creciente erección en un vaivén que iba aumentando la velocidad
con cada segundo y que le quitaba la respiración.
Su excitación fue tanta que lo hizo despertarse de ese delicioso
sueño, pero su sorpresa fue más al ver que no había sido solo su
imaginación la que lo llevó a soñar aquello, realmente Felix estaba
encima suyo, moviéndose desesperadamente en un intento por
despertarlo.
—Hyun —lo escuchó gemir y fue música para sus oídos.
Estos eran los buenos días que merecía.
—Buenos días, bebé —susurró con su voz aún adormilada—. Ah
mierda, Felix.
Cualquier rastro de cansancio se esfumó al sentir a su lindo chico
frotarse contra él, usándolo para llegar a su orgasmo, su lindo chico
demente.
El menor se abalanzó hacia él, besándolo desesperadamente,
gemidos agudos se escapaban de su pequeña boca, lo amaba.
—¿A qué se debe esto? —Preguntó cuando el rubio se alejó para
tomar aire—. No me mal entiendas, para cualquiera sería una
fantasía que tú lo despertaras así, cariño, ¿pero dónde quedó mi
chico tímido y asustadizo?
Felix soltó una risita y siguió moviéndose encima suyo en un vaivén
lento y tortuoso, quería tomarlo de las caderas y empujarlo en la
cama para hacerlo suyo.
—Creo que ya perdí toda mi cordura —el revoltoso cabello rubio
caía sobre su rostro haciéndole cosquillas—. Además, tú dijiste que
me darías cualquier cosa que yo quisiera y lo que yo quiero ahora
es esto —dijo con una sonrisa, moviéndose sobre su entrepierna
con desesperación, llevo días deseándolo, Hyunjin.
—¿Y quién soy yo para negártelo, verdad, bebé? —El menor asintió
—. Yo soy el único que podría darte lo que más quisieras, te adoro,
no tienes idea de cuánto te deseo.
—Y aunque no fueras el único, yo solo te quiero a ti, Hyunjin, no me
interesa nada más allá afuera que no seas tú.
Definitivamente le entregaría el mundo entero a Felix cuando lo
sacara de aquí, su príncipe se lo merecía.
—¿Entonces ya no quieres salir de aquí? —Preguntó divertido,
repartiendo cortos besos sobre el cuello del pecoso, olía demasiado
bien, y por la humedad que su cuerpo desprendía podía saber que
había tomado una ducha—. Ah, te preparaste para esto.
—Si quiero salir de aquí, quiero salir para estar contigo, Hyunjin,
por favor no me alejes de ti cuando salgamos —pidió con una
mirada necesitada—. No sería nadie allá afuera sin ti.
Felix era alguien muy débil para su buena suerte, se aprovechaba
de eso, de su vulnerabilidad, de aquellas debilidades que no eran
más que cualidades de las cuales tirar para que ese rubio cayera en
sus encantos, muchos podrían verlo como algo malo y enfermizo,
pero Felix era feliz así, ambos lo eran.
—Quizás tú me odies cuando salgas de aquí —susurró sobre sus
labios. El menor negó.
—Jamás podría odiarte, así como tú, yo seré el único que se
quedará a tu lado.
Lo amaba tanto, era el amor de su vida, lo supo desde el primer
momento en que lo vio.
—¿Y si yo hiciera cosas malas? —Solo quería asegurarse.
—Yo siempre veré el bien en el mal que hagas, Hyunjin, siempre
tendrás una razón —Felix lo iba a matar de felicidad—. Yo seré
tuyo, quiero ser tuyo, entregarme a ti porque jamás nadie me había
hecho sentir como tú me haces sentir, has sido mi luz en toda esta
oscuridad.
En toda esta mentira.
Felix parecía extrañamente necesitado y asustado en este
momento, como si realmente tuviera miedo por dejarlo solo apenas
salieran de ahí, pero no, no volvería a separarse del menor, serían
del otro por siempre.
—¿Estás seguro de que quieres hacer esto? —Sus manos se colaron
dentro de la camiseta del rubio, sonrió al ver el temblor que
ocasionó en su cuerpo con un simple toque.
—Nunca había estado tan seguro, Hyunjin.
Con delicadeza sujetó al pecoso por la cintura y lo recostó sobre el
colchón, besándolo profundo y lentamente, probando el sabor del
otro, ahogándose en la sensación adictiva que era besar esos labios
en forma de corazón.
Se tomó el tiempo de deshacer a Felix con simples besos, de
hacerlo jadear con solo su lengua en la boca del contrario, cuando
se cansó, tomó el dobladillo de la camiseta blanca y lo levantó
hasta quitársela por completo, encantado de ver el cuerpo desnudo
de su chico, éste no lo cubría, sabiendo lo hermoso que era, lo
había hecho sentirse el hombre más lindo del mundo esas semanas
porque realmente lo era, y le fascinaba que Felix ya parecía
creérselo.
—Eres hermoso, bebé, el más hermoso de todos —no le hacía mal
repetírselo, mucho menos cuando lo tenía a su completa merced.
Recorrió la piel del pecoso con su lengua, desde su cuello hasta sus
pezones, succionando y lamiendo, haciéndolo arquear la espalda y
gruñir de placer, sus manos amasaban los muslos mientras que las
piernas de Felix se enredaban al rededor de su cadera
aprisionándolo contra su pequeño cuerpo.
La erección del rubio se notaba a través de sus shorts blancos, la
tomó por sobre la ropa sacándole un gemido al menor, su lengua
seguía recorriendo su tersa piel, oliendo la deliciosa fragancia que
desprendía.
—Hyunjin, por favor —gimió el pecoso al sentir su mano presionar
su erección—. Mgh, se siente muy bien.
—Te haré sentir mejor —se apartó un momento y le dio la vuelta a
Felix, dejándolo con el pecho sobre el colchón—. Confía en mí.
—¿Va a doler? —La inseguridad de su voz le dio ternura.
—Haré lo posible para que no duela, ¿bien? —Felix asintió—. Tú
solo disfruta, grábate todas las sensaciones en tu cuerpo, disfruta tu
primera vez, amor.
El menor se dejó guiar por él, dobló sus rodillas contra la cama y
retiró las últimas prendas que le quedaban, desanudándolo por
completo, él hizo lo mismo con su ropa quedando a la par con Felix.
Pegó su pecho contra la espalda del menor y besó su nuca, sus
caderas se movían sobre el trasero del rubio, rozando su erección y
haciéndolos gemir por el roce de sus pieles.
Se incorporó de nuevo contra la cama, escupió sobre su mano y
masajeo su miembro erecto humedeciéndolo un poco más, después
se colocó detrás de Felix con las rodillas sobre el colchón y pasó su
mano debajo del cuerpo del menor para tomar su palpitante
erección, el rubio gritó por el placer, comenzó a masturbarlo
lentamente haciendo que se deshiciera sobre su mano.
—¿Te gusta como se siente? —Preguntó dejando cortos besos sobre
la espalda de Felix, éste asintió con la cara enterrada en la
almohada—. Abre la boca —le ordenó, el menor levantó su rostro e
hizo lo que le pidió, colocó dos de sus dedos frente a él y volvió a
dar otra orden—. Chupa.
No podía ver la expresión de Felix, pero podía imaginar la mueca
obscena que tenía al sentir como lamía sus dígitos sin cuidado,
humedeciéndolos bien con su pequeña boca.
Mientras el pecoso se ocupaba en su tarea, él se dedicaba a
acariciarle la espalda con sus belfos, manteniendo el ritmo lento de
su mano sobre la erección.
Normalmente no solía ser de la clase de persona que tenía
relaciones con tal nivel de delicadeza, pero era la primera vez de
Felix, no lo lastimaría, podría ser un monstruo, pero no dejaría que
su lindo chico tuviera una mala primera experiencia. Lo haría sentir
amado y deseado en su primera vez, aunque eso no significara que
disfrutaría menos, al contrario, hacerlo con Felix fuera como fuera
era una increíble fantasía y el más alto nivel de placer que su
cuerpo podría experimentar.
Retiró sus dedos cuando estuvieron lo suficientemente húmedos y
los llevó hacia la entrada del menor, mojando un poco al rededor,
Felix jadeó y volvió a enterrar su rostro avergonzado en la
almohada. Empujó uno de sus dígitos dentro del rubio con
dificultad, estaba demasiado apretado.
—Hyun...
—¿Duele? —Se detuvo un momento esperando la respuesta del
pecoso, éste negó.
—Se siente raro.
—Pronto se sentirá bien.
Todo su dedo estuvo dentro del interior de Felix unos segundos
después, su respiración estaba agitada intentando acostumbrarse a
la intromisión, hizo movimientos circulantes y buscó ese punto que
pronto hizo gritar al menor.
—¡Ah! —gimió silenciado por la almohada—. Eso fue... aún más
raro, se sintió bien.
Siguió con sus movimientos, rozando su próstata para hacerlo
jadear, dilatándolo lo suficiente para poder meter su otro dedo con
más facilidad, lo hizo de forma lenta para no lastimarlo. Felix lo
tomó muy bien, deshaciéndose con sus gemidos silenciosos, sus
cuerpos lo estaba disfrutando, no esperaba para poder estar dentro
de él, pero para eso primero lo preparó muy bien abriendo sus
apretadas paredes.
—Hyunjin, Hyunjin —siseó desesperado—. Te quiero a ti, por favor.
No podía decirle que no. Retiró sus dedos y Felix jadeó extrañando
la intromisión, con cuidado se alineó en su entrada, masajeó su
miembro humedeciéndolo con su líquido preseminal y movió su
cadera hacia adelante adentrándose en el interior necesitado de
Felix.
Claramente su miembro era más grande que dos de sus dedos, así
que lo hizo con lentitud, esperando que el pecoso se acostumbrara.
El rubio se quejó al tener poco más de la mitad de su pene en su
interior, lo vio respirar con dificultad y aferrarse a su almohada con
fuerza.
—¿Duele? —Felix asintió—. ¿Puedes soportarlo? —Volvió a asentir.
—Solo déjame acostumbrarme un poco.
Se quedó quieto, el menor hizo lo mismo, dejando sus caderas
levantadas sin alejarse de él, sus cuerpos juntos, unidos. Una de
sus manos bajó hacia el miembro de Felix otra vez, y se dedicó a
estimularlo para hacerlo olvidar un poco el malestar de la
intromisión.
Después de unos minutos, Felix empujó sus caderas hacia atrás y
hacia adelante, soltando leves jadeos y marcando un ritmo sobre su
miembro.
—Ya, ya puedes moverte, Hyunjin —le dijo volteando hacia atrás—.
Se siente bien.
Sus manos rodearon la estrecha cintura y se dejó ir en el interior
del menor, llenándolo por completo, su miembro tocó el punto de
Felix y éste lloriqueó de placer. Salió de él y volvió a meterse con
cuidado, sus estocadas eran lentas para no lastimarlo, el rubio
silenciaba sus gemidos contra el colchón, él soltaba leves jadeos de
vez en cuando. Se sentía muy bien entrar dentro de Felix.
Las paredes calientes que rodeaban su palpitante erección se
abrían con más facilidad cada que entraba y salía, era un calor
espectacular, único y delicioso. Acarició la espalda del rubio y se
inclinó para dejar besos y murmurar cumplidos como lo bien que se
sentía, lo precioso que se veía y lo mucho que lo quería.
Sus estocadas fueron acelerando el ritmo, Felix gritaba de placer, se
sentía bien tenerlo así, debajo de su cuerpo haciéndolo suyo,
llenándolo hasta el fondo y derritiéndolo con las sensaciones de
tener sus cuerpos así de cercas, así de unidos.
Sentía que podía correrse en cualquier momento solo con la imagen
de su lindo pecoso siendo corrompido por él y solo por él. Sería el
único que lo tendría así, pidiéndole más y llorando de placer. Una
obra de arte que solo él esperaba ver.
Mataría a cualquiera que estuviera de mirón en ese momento,
probablemente le pediría a Jisung que lo hiciera, nadie tenía
derecho de ver a Felix de esa forma, solo él.
—Ah Hyunjin, se siente muy bien.
—Se siente bien porque soy yo él que lo está haciendo, bebé.
Levantó el cuerpo de Felix con facilidad y lo colocó sobre su regazo,
su espalda quedó contra la cama y el rubio encima suyo.
Las pequeñas manos del menor se apoyaron sobre su pecho
mientras recuperaba su respiración, seguía en el interior de Felix,
acarició sus muslos y subió hasta su cintura.
—Brinca —le dijo en un susurro, el pecoso lo miró inseguro un
momento—. Vamos, sé que puedes montarme, úsame a tu antojo.
Felix se acomodó, se levantó sobre sus rodillas y se dejó caer sobre
su miembro, ambos gimieron. Sus uñas se clavaron en la piel de los
muslos del rubio al sentir como éste subía y bajaba sobre su pene
con velocidad, cuando se cansaba movía las caderas en círculos solo
para volver a brincar encima suyo minutos después.
Las lágrimas de placer que corrían por el rostro de Felix lo excitaban
aún más, ambos estaban sumidos en su burbuja, disfrutando como
nunca, tocando el punto más alto de satisfacción.
Se sentía cerca de correrse, ayudó al rubio a moverse sobre su
miembro y lo atrajo para besarlo de forma desordenada, no
pudiendo seguir el ritmo por lo agitados que estaban. Masturbó a
Felix con la misma velocidad que el menor saltada sobre su regazo,
sus cuerpos temblaban, calientes y húmedos por el sudor.
Unas estocadas más y ambos llegaron al clímax, Felix se derramó
sobre su abdomen y él dentro del menor, llenándolo de su esencia,
dejándose embriagar por su orgasmo. El menor cayó exhausto
sobre su pecho intentando regular su respiración.
Dejó leves caricias en su espalda y besó la mejilla de éste, Felix
sonrió y lo abrazó por el cuello para darle un suave beso en sus
labios.
—¿Te gustó? —Preguntó con una sonrisa.
—Superó mis expectativas, Hyunjin —respondió en un murmuro—.
¿Qué tal lo hice?
—Nunca nada se había sentido así de bien, me haré un adicto a ti,
bebé.
—Mientras solo sea a mí.
—Solo tú, Felix.
Se quedaron así un rato más, demasiado cansados como para
levantarse, aunque después de eso se dedicó a llevar a Felix a la
bañera para limpiarlo y darle los cuidados necesarios.
Felix era suyo, ahora si por completo.
Iba a sacarlo ya de ahí.
05
Despertar junto a junto a Hyunjin era una sensación
tranquilizadora. Sentir el cuerpo del mayor debajo del suyo lo hacía
suspirar, estaba tan encantando con él, jamás se había sentido de
esa forma.
Sería un maravilloso y fantasioso sueño sino fuera porque estaba
encerrado en un lugar desconocido.
—Hyunjin —llamó al pelinegro dejando cortos besos en el cuello de
éste—. Despierta.
Una sonrisa se formó en su rostro cuando vio al mayor negar con
una mueca, lucía tan tierno, era una imagen que le gustaría seguir
viendo durante más días.
—Hyunjin, tomemos un baño antes de que nos traigan el desayuno.
Un quejido salió de la boca del nombrado, las grandes manos
sujetaron su cintura impidiéndole moverse, dejando sus cuerpos
unidos, sintiendo la desnudez del otro.
—Más tarde, tengo sueño.
Rodó los ojos y siguió besando el cuello del más alto, acariciando su
pecho y moviéndose lentamente encima de él. Hyunjin soltó un
suspiro y lo apretó más contra su cuerpo.
—¿Seguro? —Preguntó divertido—. Yo te siento demasiado
despierto.
La creciente erección del mayor se apoyaba sobre su abdomen, se
removió un poco haciéndolo gemir, los gemidos de Hyunjin eran
increíblemente calientes, le encanta escucharlos, más si era él
quien los provocaba.
—Estás demente, Felix.
—Igual que tú.
Hyunjin sonrió y lo atrajo hacia sus labios en un beso lento y
profundo, deshaciéndose al sentir la lengua caliente del pelinegro
en su cavidad.
—Que lindo te ves —le dijo cuando se separaron, recorriéndolo con
la mirada—. ¿Es mi camiseta la que traes puesta?
La gran camiseta blanca del mayor se posaba sobre su cuerpo, era
lo único que lo cubría a diferencia de Hyunjin que estaba
completamente desnudo.
—Quería un cambio de look, llevar la misma talla me estaba
aburriendo un poco.
—Te ves tan tierno —susurró sobre sus labios—. ¿Quién diría que
serías tan caliente?
—¿Yo? —se señaló—. No sé de qué hablas, Hyunjin.
—Te estás moviendo sobre mi entrepierna, Felix, no te hagas el
inocente —ambos rieron antes de volver a unirse en un corto beso
—. De inocente solo tienes la cara.
—Es lo que te gusta, ¿o no? —Hyunjin asintió—. ¿Y qué quieres que
haga entonces? —Se volvió a mover sobre el regazo del mayor
sacándole otro jadeo.
Jamás había sido alguien así, que se insinuara con tal descaro a
otro, pero con Hyunjin todo era diferente, desde la extraña manera
en la que se conocieron hasta el increíble y dulce trato que éste le
daba. Lo hacía sentir seguro de sí mismo, con decisión y carácter,
sentía que podía lograr cualquier cosa gracias al pelinegro, que se
merecía todo. Además era difícil no desear a alguien como Hyunjin
en todo momento, el chico era precioso, una satisfacción visual y
física en todo el significado de la palabra. Lo volvía completamente
loco.
—Me gustaría que terminaras lo que ya empezaste —la mano de
Hyunjin tomó la suya llevándola a su erección—. ¿Qué harás para
terminarlo?
Sus dedos se enrollaron en el falo del mayor, moviendo su muñeca
de arriba a abajo, pasando su pulgar por la punta y disfrutando del
placer que reflejaba el hermoso rostro del pelinegro.
—Puedo intentar algo —murmuró con timidez.
Nunca lo había hecho, pero con Hyunjin era imposible no querer
probar de todo hasta llegar al límite.
Movió su cuerpo hacia atrás, recostándose entre las piernas del
mayor, su mano masturbó el miembro con más rapidez, Hyunjin lo
observó un momento con el ceño fruncido y apretando los labios, le
encantaba esa expresión.
Su rostro quedó a la altura del miembro, sintió la mano del
pelinegro en su cabello, acariciando su cabeza con dulzura. Con la
mirada puesta en los ojos del mayor, acercó su boca y lamió la
punta de la palpitante erección.
—Ah, mierda, Felix —sonrió al escuchar el jadeo—. Mgh, Dios.
Recorrió todo el falo con su lengua, llegando hasta la base y dando
pequeños lengüetazos que hacían suspirar al mayor, Hyunjin se
cubrió el rostro con uno de sus brazos mientras gemía sin parar.
Ahuecó sus mejillas y metió poco más de la punta del miembro
dentro de su boca, succionando y chupando, no sabía si lo estaba
haciendo bien, pero por las reacciones del contrario podía creer que
sí.
—Felix, lix —intentó apartarlo—. Voy a...
—No importa —le dijo sin dejar que lo quitara.
Hyunjin se corrió en su boca, manchando sus labios con su esencia
que tragó sin quejarse. El mayor respiraba con agitación, sumido en
el éxtasis de su orgasmo con los ojos cerrados.
Se levantó y caminó hacia el gran espejo en la pared, se miró el
rostro y limpió sus labios con rastros de semen, arregló su cabello y
su ropa con una sonrisa, se veía bien, lindo y resplandeciente, debía
agradecer a Hyunjin, esta era una manera maravillosa de
levantarse de la cama.
El mayor también se levantó y se colocó detrás suyo rodeándolo
con sus brazos, el reflejo mostraba una imagen hermosa, una que
podía quedarse viendo durante horas.
—Luces feliz —murmuró el pelinegro contra su cuello—. ¿Por qué
será?
—Porque estoy contigo —respondió, disfrutando de las leves
caricias que el mayor le daba—. Presiento que hoy será un buen
día.
Quizás estar en ese lugar no estaba tan mal, después de todo.
Hyunjin repartía besos en su cuello, introduciendo la más manos en
el interior de su camiseta mientras observaba con atención la linda
imagen reflejada en ese espejo.
—Es mi turno de hacerte sentir bien, Felix.
El cuerpo del mayor se empujó contra el suyo notando el miembro
semierecto en su trasero, las grandes manos levantaron su
camiseta y buscaron su entrada, Hyunjin empujó uno de sus dedos
con facilidad, y aunque era un poco molesto podía soportarlo.
No necesitó de mucho para estar con las piernas temblando y sus
manos recargadas contra el espejo en busca de un soporte, detrás
de él, el pelinegro se alineaba para entrar en su interior.
—Ah, Hyunjin —jadeó al sentir como se empujaba dentro suyo.
El reflejo del cristal volvía todo más erótico, con su rostro y el de
Hyunjin bañados en placer y sus cuerpos golpeándose el uno con el
otro en un sonido obsceno que llenaba toda la habitación, el mayor
se hundía en él con fuerza, podía notarlo en su cuerpo y en el
espejo.
Era un sueño tener a Hyunjin llenándolo, desde el primer día pudo
notar la tensión sexual que ambos crearon, una que crecía con cada
hora que pasaban juntos, y ahora que se habían probado era
imposible dejar de hacerlo. Jamás pensó que el sexo se sintiera así
de bien.
—Ahí, Hyunjin, ahí se siente bien —lloriqueó con el cuerpo pegado
al espejo mientras el nombrado golpeaba ese punto que lo hacía
retorcerse de placer.
Unas cuantas estocadas más y terminó, ensució el cristal y la
camiseta de Hyunjin que llevaba puesta. El pelinegro seguía
empujándose en su interior haciendo temblar sus piernas por la
estimulación, lágrimas salían de sus ojos, la sensación lo
sobrepasaba, era un placer único y que estaba seguro que solo ese
chico le daría.
Cuando terminó, lo cargó y llevó al baño dejándolo sobre la tina con
delicadeza, su cuerpo se sentía agotado así que se dejó consentir
por su mayor.
Escuchó la puerta metálica abrirse, suponiendo que el desayuno ya
había sido llevado, no le tomó mucha importancia y decidió seguir
disfrutando del cariño de Hyunjin.
Creyó que sería un día como cualquier otro en su bizarra rutina,
pero era soportable si estaba con aquel pelinegro que lo sostenía
con dulzura.
Claramente todo pensamiento positivo quedó en el olvido cuando al
salir del cuarto de baño se encontró con una imagen no muy linda
de ver.
Wooyoung estaba ahí, tirado sobre el azulejo con las muñecas y los
pies atados.
Corrió con rapidez hacia él, el temor y la sorpresa recorrían su
cuerpo, estaba completamente impactado, tanto que no podía
pensar bien nada, sus lágrimas no tardaron en salir.
—No lo desates —escuchó la dura voz de Hyunjin detrás de él—. No
lo toques.
—¡¿Qué está haciendo aquí?! —Preguntó tomando el rostro de su ex
novio—. Wooyoung, despierta, por favor.
Iba a quitar la cinta adhesiva que sujetaban las manos del castaño,
pero Hyunjin lo apartó con fuerza de ahí.
—No lo liberes —le ordenó—. ¿Por qué te preocupas por él?
—Es mi ex novio.
¿Cómo no preocuparse?
—Un idiota que te engañó, que te hizo sentir una basura, él no
merece ni una pizca de tu compasión —sabía que el mayor tenía
razón, pero aún así dolía—. Me tienes a mí ahora, no lo necesitas a
él.
Asintió con pesar, Hyunjin lo soltó y caminaron hacia Wooyoung, no
estaba muerto, pero no podía creer que ahora él también estuviera
ahí metido.
Lo observó con más atención en espera de que aquella voz
tenebrosa los llamara, no podía ser una coincidencia que estuviera
ahí metido, aunque nadie parecía querer darles una explicación. Se
acercó aún más, notando que en el cuello del castaño había un
listón enredado, lo tomó y una etiqueta colgaba del otro extremo.
—"El pase a tu libertad" —leyó sin entender, le dio vuelta viendo
más palabras escritas—. "Tú vives, él muere".
Se alejó con temor de su ex novio, negando desesperadamente, no
podía hacerlo.
Sí, ya había matado a un desconocido, pero quiso creer que algo
malo había hecho para llegar ahí, quiso convencerse de eso,
también había torturado a su ex novio y su mejor amigo, pero era
algo que ambos se merecían.
Sin embargo, matar a alguien a quien alguna vez amó era
imperdonable.
—Es por tu libertad, Felix —le dijo Hyunjin pateando la navaja hasta
su mano—. Tienes que hacerlo.
¿Qué?
¿Su libertad? No, era por la de ambos, ¿verdad?
—¿Por qué si quiera la dudas? —Volvió a hablar el mayor—. Creí
que ya habías aprendido que él era un hijo de puta, creí que harías
cualquier cosa por mi.
—¡Y lo haría! —dijo derramando lágrimas—. Pero es que él...
Hyunjin se hincó a su lado, tomó su mano y colocó la navaja en
esta, dejó un beso en su cabeza y lo miró con tanta confianza que
le dio una extraña motivación.
—Yo sé que tú tomarás la mejor decisión, solo piénsalo.
Respiró con dificultad, sentía que el aire se acababa con cada
segundo que pasaba, cerró su mano con fuerza sobre la navaja, era
su libertad, podría salir de ahí y seguir junto a Hyunjin. Lo imaginó
con una sonrisa, vivir una vida normal junto a aquel chico era su
verdadera fantasía.
Era Hyunjin y nadie más.
Pero asesinar a su ex novio lo superaba por más que intentara
convencerse que se lo merecía, que había sido una mierda, que lo
había hecho sentir como lo peor cuando lo peor no era él, era
Wooyoung.
Sus lágrimas le impedían ver con claridad, se sentía tan frustrado
que casi podía creer que el corazón se le saldría con cada latido que
golpeaba su pecho, sus manos temblaban y quería hacerlo, no
quería decepcionar a Hyunjin porque éste tenía razón, haría todo
por él, ya ni siquiera se preguntaba por qué no era él quien
asesinaba a Wooyoung, no, lo único que le preocupaba era no
cumplir las expectativas que tenía el mayor sobre él, Felix.
Sin embargo hacía falta algo, una motivación extra, algo que le
diera la fuerza de voluntad que necesitaba para cometer tal
atrocidad.
Entonces lo escuchó.
—Te amo, Felix.
Hyunjin lo amaba.
Y él amaba a Hyunjin.
Le dio una mirada larga al pelinegro, éste lo observaba con un
cariño que jamás había visto en nadie, ni siquiera en sus padres,
¿siquiera alguna vez alguien lo había querido en serio?
Teniendo a alguien como Hyunjin lo dudaba, esto era el amor real,
lo de los demás era una mentira barata a la que se había aferrado
como un idiota.
Limpió sus lágrimas y gateó hacia el cuerpo de Wooyoung éste
parecía estar despertando, pero ni siquiera le importaba, solo lo
miró con desprecio antes de levantar la navaja al aire y clavarla
directamente en el pecho.
Dio tanto por alguien que no le dio nada, ni amor, no como Hyunjin.
Las puñaladas hacían cada vez más desastre, la sangre saliendo sin
parar, aunque ahora fue más cuidadoso para no ensuciarse, y
después de una cuántas se detuvo mirando el cuerpo inerte de su
ex novio.
Se sentía extrañamente liberador.
Su cuerpo se irguió y tomó una bocanada grande de aire en un
intento por llenar sus pulmones, miró a Hyunjin y éste sonreía
mientras observaba el desastre.
Sus manos teñidas de rojo fueron tomadas por las del mayor quien
le dio un beso profundo y le murmuró lo perfecto que era.
—Salgamos de aquí —le susurró soltándolo y caminando hacia la
puerta—. ¿Qué? ¿No vienes?
No entendía a qué se refería Hyunjin, pensó que estaba
bromeando, pero cuando lo vió ingresar una clase códigos en la
puerta y que esta se abriera, su sangre se heló.
—¿Qué?
—¿No me digas que nunca lo sospechaste ni un poco?
—¿Qué?
Su cabeza no parecía procesar lo que acababa de pasar, mejor
dicho, no quería creerse lo que estaba pasando.
Desde que entró a ese lugar siempre fantaseó con la idea de salir
corriendo apenas abrieran esa puerta por completo, volver a ser
libre era un sueño que pensó que jamás llegaría.
Pero ahora que tenía la salida hacia su libertad, ni siquiera podía
moverse.
Hyunjin caminó hacia él y lo único que pudo hacer es dar pasos
hacia atrás hasta chocar con la pared.
—¿Hyunjin? —Su cabeza negaba imposible de creer lo que toda
esta situación le estaba diciendo.
Sus ojos viajaron a la salida, después al cuerpo de Wooyoung y
terminaron en el mayor que lo miraba expectante.
—¿Conoces a los Hwang, Felix?
Claro que los conocía, eran una de las familias más poderosas del
país, probablemente la que más poder tenía, pero había mala fama
sobre ellos, todos parecían estar completamente dementes.
—Soy Hwang Hyunjin —su estómago se revolvió ante esas palabras
—. No es una forma muy convencional de hacer que alguien se
enamore de ti —dijo señalando la habitación—. Pero sabrás
entender que las cosas se suelen hacer así aquí.
—¿Tú planeaste todo esto? —Preguntó aún incrédulo, esto no podía
estar pasando.
—Todo esto es por ti, Felix —le dijo con unas sonrisa.
—¡No te me acerques! —Gritó empuñando la navaja hacia Hyunjin
—. ¡No te muevas!
—Baja eso, Felix —el mayor no parecía afectado por su accionar—.
Sé que estás impactado, pero no necesitas hacer esto, bebé.
No, no esto no podía estar pasándole.
—Estás loco.
—Igual que tú —respondió Hyunjin—. ¿O te recuerdo quién fue el
que mató a dos chicos y torturó a otro más?
—¡Tú me obligaste a hacerlo!
Lágrimas caían por sus mejillas, no podía creerlo, no de Hyunjin, su
corazón estaba rompiéndose en pedazos.
—Tú lo hiciste porque me amas, Felix, porque somos el uno para el
otro —negó con desesperación—. Así como yo hice todo esto por ti,
así como haré todo por ti, bebé, tú ya lo hiciste, ahora me toca a
mi.
Su cuerpo resbaló hacia el suelo, abrazando sus rodillas mientras
lloraba desconsoladamente, estaba aterrado y quería correr a los
brazos de Hyunjin pero, ¿cómo hacerlo?
—No te conozco, Hyunjin, de verdad que no, no sé de quién estoy
enamorado.
—Tendremos todo el tiempo del mundo para conocernos —le dijo
con calma—. Después de que salgamos de aquí te mostraré
cualquier cosa que quieras, conocerás cada oscuro secreto de mi si
así lo deseas.
—¡Me secuestraste!
—No lo veas así, no lo veas solo como eso.
—¡Maté y torturé por ti!
Hizo cosas que jamás se habría imaginado hacer, pero...
—Te di seguridad, amor y autoestima, todo te lo he dado gracias a
que estuvimos aquí —Hyunjin se agachó a su lado—. Vamos amor,
yo sé que no puedes dejarme, tú me amas felix me amas tanto que
sé que me entiendes, todo lo que hice fue por amor a ti, bebé, y
mírate, eres increíblemente perfecto y valiente, y yo te daré todo lo
que quieres en este mundo, nada te va a faltar conmigo, mi amor.
Quería decir que no, quería odiarlo, quería escapar y alejarse de él,
todo esto era su culpa, había sido culpa del hombre que más había
amado.
Sin embargo tenía razón, Hyunjin le había dado tanto. Más de lo
que pudo haber pedido.
—Ven aquí, bebé —le dijo abriendo sus brazos.
Su cabeza le pedía huir. Su corazón quería hundirse en Hyunjin
hasta que el dolor desapareciera.
—Nadie jamás haría esto por ti, no lo niegues, Felix, estos últimos
días lo disfrutaste, esto es un escape al mundo real, aquí solo
éramos tú y yo con nuestro amor.
Quiere negar, pero está tan enamorado de Hyunjin que su retorcida
mente lo hace sentirse tan atraído por él, tiene razón, ambos están
locos.
—Todo lo que hiciste fue por amor, amor hacia ti y hacia mi, así
como yo hice esto por ambos, Felix.
Su llanto incrementa y se abalanza hacia los brazos del mayor.
—Perdóname por hacerte pasar esto, bebé —susurró con sinceridad
—. Pero es por algo mejor, prometo que te daré el mundo entero
cuando salgamos de aquí, nada te va a faltar a ti ni a tu familia.
—Quiero odiarte, Hyunjin —sus acciones demuestran otra cosa
mientras se aferra al pelinegro con fuerza—. No quiero volver a
verte nunca, te odio.
Miente.
¿Pero que todo esto no ha sido una mentira?
—Está bien.
—¡Te odio! —Grita golpeando su pecho—. ¡Eres un monstruo! ¡Te
odio.
Lo dice hasta creérselo.
—¿Me odias, Felix?
No. Lo ama, pero odia que su corazón parece amar toda esta
situación enfermiza, tanto que hasta piensa en lo romántico que es.
—Déjame irme —suplica mirándolo a los ojos.
—Ya eres libre, Felix, pídeme lo que quieras, dime qué puedo hacer
para que te sientas mejor.
—Quiero irme a casa.
—Estás en casa.
—¡No! —Suelta con desesperación—. A mi casa, con mis padres, por
favor, Hyunjin, si me amas déjame irme.
La mirada del pelinegro se ablanda, puede notar una pizca de culpa
y dolor en esta y eso lo hace sentir peor.
—Está bien —le dice con seriedad después de unos largos minutos
—. Si te quieres ir estás en todo tu derecho, si quieres volver a tu
vida normal yo lo acepto, Felix, te dejo ir.
No le cree, pero los ojos del mayor reflejan la honestidad en sus
palabras.
—Te amo tanto que acepto cualquier cosa que hagas, solo recuerda
quién eres, el chico fuerte y valiente en el que te convertí, no dejes
que nadie allá afuera te pisotee.
Hyunjin lo obliga a ponerse de pie y lo lleva hacia la salida,
inseguro se queda en el marco de la puerta, observa la habitación
por última vez y los recuerdos golpean su cabeza, todo lo que no ha
hecho ni sentido en su vida lo vivió ahí gracias a ese hombre que lo
mira con tristeza.
No quiere dejarlo, su corazón se niega a irse, pero está tan molesto
con todo que solo quiere huir y llorar, pero no en los brazos de
Hyunjin, si lo hace probablemente no podrá soltarlo jamás.
Hay más personas a su alrededor, todos rostros desconocidos que lo
miran expectante, a Hyunjin no parecen importarles.
—Jisung —llama a un chico que no tarda en llegar a su lado—.
Guíalo a la salida y después llévalo a su casa sano y salvo.
—Pero señor Hwang...
—Obedéceme, Jisung.
Su cabeza no parece procesar todo lo que está pasando. Está
afuera de esa blanca habitación, es libre, pero esto no era lo que
esperaba.
Todo pasa en cámara lenta, las voces se escuchan lejanas como
ecos, su cuerpo se siente pesado y su pecho duele.
¿Entonces esto es todo?
¿Realmente fue todo?
Después de tanto, después de lo mucho que lo hizo pasar, ¿lo
dejará ir así sin más?
—Te dejo ir porque te amo —le dice dejando un suave beso sobre
su frente—. Después de todo lo que hice por ti creí que te quedarías
conmigo, pero estoy tan feliz que puedas tomar tus propias
decisiones.
No, no quiere dejar a Hyunjin.
—Necesitará asistencia psicológica, Jisung, consíguele a alguien
bueno —el chico a su lado asiente—. ¿Su estudios universitarios,
deudas y todo eso...?
—Todo ha sido pagado, señor, al señor Lee no le hará falta nada.
Oh.
¿Se va ir y aún así Hyunjin se preocupa por él?
No lo merece, no merece a Hwang Hyunjin.
—Hyunjin... —lo llama, está a punto de renunciar de gritar para
quedarse, pero no puede decir nada más, hay un gran nudo en su
garganta.
Vete.
Quédate.
No sabe qué hacer.
Jisung lo arrastra de ahí, lo aleja del pelinegro.
—¡Espera! —Grita el mayor deteniéndolos, si le pide que se quede
quizás lo haría, pero no lo hace, solo le murmura algo a Jisung y
éste vuelve a arrastrarlo.
Tal vez esto es lo mejor.
Olvidarse y seguir con su vida, no puede estar con un hombre así,
no puede. No puede. No puede.
Se va a volver loco, más.
Sus ojos caen en Hyunjin una última vez, ¿esto es lo correcto?
¿Y por qué no se siente bien?
Final
No es fácil ver a Felix irse, quiere correr tras él y obligarlo a
quedarse, sabe que puede convencerlo fácilmente, que solo está
molesto, pero rápidamente se le pasará.
Aún así no lo hace, no lo detiene, lo dejar irse por más que desee
que se quede, por más que a su pecho le duela, porque sabe que
de igual forma, Felix volverá.
Él solo, sin secuestro, sin planes secundarios, Felix volverá para
quedarse, lo tiene tan atado a él que solo es cuestión de tiempo, de
que vea que sin él no será nada y así vuelva a sus brazos.
Le hizo creer que lo dejaría así sin más solo porque lo amaba, sin
embargo nunca dejaría a Felix, ese chico era suyo completamente.
—Vigílalo —fue lo último que le dijo a Jisung cuando se fue con
Felix.
Estaría esperando por él, por volver a tener en sus brazos a su
mundo.
•••
Desde que estuvo encerrado en aquel lugar solo se imaginó la
emoción que le daría el volver a casa.
Y ahora que estaba frente a su hogar solo se sentía vacío.
—Tus pertenencias —habló Jisung tendiéndole su mochila y celular
—. Tus padres piensan que te fuiste de viaje por la universidad y no
tuviste tiempo de avisarles, pero "charlabas" con ellos cada día por
mensaje.
Encendió su teléfono y revisó los mensajes y fotografías que se
suponía que él le enviaba a sus padres, todo estaba tan calculado.
—¿Cuál es tu precio, Felix? —Preguntó Jisung mirándolo fijamente.
—¿Mi precio?
—Para que mantengas la boca cerrada —explicó con simpleza—.
Todos tienen uno, dime cuánto, el señor Hwang te dará lo que sea
solo por ser tú.
—No quiero nada, no iré a la policía a delatar a Hyunjin.
No podría.
Y además, ¿qué caso tenía? Seguramente solo sería una pérdida de
tiempo y la policía no haría nada solo por se Hwang Hyunjin.
El chico a su lado lo miró expectante antes de asentir, lo vio bajar
de la camioneta y abrirle la puerta.
—Bienvenido a casa, Felix —le dijo con una mueca seria, no se
sentía como en casa—. Te enviaré la asistencia y cualquier cosa que
necesites a tu teléfono.
Sus ojos estaban fijos en su hogar, el vehículo detrás de él ya había
arrancado y ahora solo estaba de pie en la calle sin saber qué
hacer.
Nunca se imaginó que así sería su libertad.
Durante varias noches fantaseó con salir y correr a abrazar a su
familia, seguir con su vida normal junto a Hyunjin, que todo sería
mil veces mejor porque ahora tendría una increíble persona a su
lado, alguien que lo hacía sentir completo.
Sin embargo ahí estaba, libre y vacío.
No quería esto, no se lo merecía, pero se obligó a aceptarlo, a fingir
una sonrisa y entrar a casa con sus padres que lo recibieron alegres
después de casi tres semanas sin verlo. Bien, al menos ellos no
habían sufrido tras su desaparición y eso lo agradecía.
El primer día la pasó recostado sobre su cama, por alguna razón los
malos recuerdos que vivió parecían haberse negado a mostrarse, lo
único que pasaba por su cabeza eran las noches en las que se
dormía entre los brazos de Hyunjin, las charlas amenas que
tuvieron, los besos y abrazos, el cariño, el amor que había sentido.
Había asesinado, había torturado y aún así en lo único que podía
pensar era en Hyunjin.
No pudo evitar llorar al recordar todo eso, lo extrañaba a pesar de
querer odiarlo, pero sabía que el mayor tenía razón, Hyunjin había
hecho todo por él, de una forma extraña y tenebrosa, sí, pero
incluso podía justificar todo aquello que le había hecho pasar.
Es por tu bien, Felix, eso lo hizo por amor y porque realmente lo
necesitabas. Pensó.
Pasó la noche investigando en internet sobre el mayor, mirando las
fotografías de ese precioso rostro que lo hacía feliz con una sonrisa,
se estaba torturando a sí mismo, no quería salir de su habitación ni
ir a la universidad, no sabía qué hacer sin Hyunjin.
—Felix —su madre lo llamó a través de la puerta—. Hay un chico de
la universidad que quiere verte, lo dejaré pasar.
Su cabeza inmediatamente pensó en Yeosang, pero él jamás se
había molestado en venir a casa, quizás le quería preguntar sobre
Wooyoung o tal vez sabía que él fue quien hizo que los torturaran.
El pánico invadió su cuerpo y quiso salir corriendo de ahí e ir hacia
Hyunjin para que lo calmara.
Hyunjin. Hyunjin. Hyunjin.
Todas sus soluciones parecían tener ese nombre.
La puerta de su habitación se abrió y suspiró tranquilo al ver que
aquel chico no era Yeonsang, tardó un momento en reconocerlo,
pero cuando lo hizo el terror volvió a su cuerpo. Sujetó las matas
con fuerzas y se recargó sobre la cabecera de la cama al ver como
esa persona cerraba la puerta.
—Felix, no te asustes, no te haré nada —le dijo con tranquilidad—.
Soy Kim Seungmin.
—Sé quién eres —respondió con la voz entrecortada—. Tú estuviste
ahí aquella vez en esa silla... tú... tú eres cómplice de Hyunjin.
—Lo siento mucho —se inclinó en una reverencia—. Sé lo que
viviste y sé cómo te sientes.
—¿Qué haces aquí? —Había un nudo en su pecho, ese sujeto
conocía a Hyunjin y eso le daba cierta paz—. ¿Te mandó él? —El
contrario negó—. ¿Y qué vas a saber tú cómo me siento? Asesiné
personas solo por un plan en el que tú también estuviste
involucrado.
Las lágrimas corrieron por su rostro, la culpa lo invadía al igual que
la voz de cierto pelinegro diciéndole que había hecho el bien, sus
pensamientos estaban tan divididos como sus emociones.
—Sé cómo te sientes porque yo también viví lo mismo que tú —
explicó el más alto con una mueca—. Creí que te sentirás mejor
hablar con alguien que pasó por lo mismo.
—No entiendo —la confusión invadió su rostro al igual que la
curiosidad.
—A mi también me encerraron en un lugar así —dijo Seungmin con
una sonrisa triste—. Lee Minho, el otro chico, ¿lo recuerdas? —
Asintió—. Bueno, él hizo conmigo lo mismo que Hyunjin hizo
contigo.
La impresión lo hizo acomodarse sobre su cama, analizando las
palabras que acababa de escuchar, tenía tantas preguntas ahora
que sabía que no era el único, quería saber si Seungmin también se
había enamorado de quien pensó era una víctima más solo para al
final darse cuenta que era la mente maestra de todo ese plan.
—¿Hace cuánto pasó? —Seungmin lo pensó un momento antes de
responder.
—¿Casi cuatro años?
—¿Cómo saliste de ahí?
—Asesinando personas, torturando, habrán sido unas diez víctimas,
¿tal vez? No lo recuerdo. —La cifra lo sorprendió—. Y claro,
enamorándome de quien estaba a mi lado —continuó.
—¿Cuánto tiempo estuviste ahí?
—Poco más de dos meses.
Definitivamente, Seungmin se había llevado la peor parte de todo,
él solo había asesinado a dos personas y estuvo ahí metido casi tres
semanas, era nada comparado con lo que ese chico vivió.
—¿Cómo no te volviste loco? —Preguntó sorprendido sacándole una
risa al mayor.
—Si lo hice, no eres el mismo una vez sales de ahí, pero no me
molesta quién soy ahora.
Por primera vez encontró a alguien igual a él; así como Seungmin,
no podía evitar sentirse bien con su persona, más seguro, más
confiado, mil veces mejor en cuestión a quién era, y todo gracias a
la persona que más amaba.
Observó fijamente al más alto antes de preguntar otra cosa, tenía
mil dudas, pero había una en específico que quería saber.
—¿Y qué pasó con Lee Minho?
Seungmin apretó los labios y sonrió dulcemente, le extendió la
mano y pudo notar la argolla dorada que rodeaba el dedo anular.
—Me casé con él —respondió el mayor.
Oh.
No sabía si esa era la respuesta que esperaba, pero su corazón latió
rápidamente, su cabeza divagó en una fantasía estúpida que
involucraba a Hyunjin, claramente, y a él en una idea extrañamente
romántica.
—Pero él te secuestró —dijo aún sorprendido, a pesar de que lo
único que podía pensar era en querer tener lo mismo que Seungmin
—. ¿Cómo pudiste perdonarlo?
—¿Perdonar qué? —Cuestionó confundido—. Quiero decir sí, a veces
discutimos por lo que me hizo pasar, pero sé que Minho hizo todo
eso por mí, además de que me dio todo cuando salí de ahí, me dio
su amor y su mundo, me dio tanto y no puedo estar más agradecido
con él, soy quien soy gracias a Minho.
Siente exactamente lo mismo, que él es quien es gracias a Hyunjin.
Quiere ir con él.
—Yo amo a Hyunjin —susurró con pesar—. Lo amo tanto, pero...
—Es difícil, lo sé, por eso estoy aquí, a mi me hubiera gustado tener
a alguien con quién hablar de esto —Seungmin tomó su mano con
delicadeza y le dio un pequeño apretón—. Me sorprendió mucho
cuando nos dijo que te dejó ir, te ha de querer demasiado.
Es alguien horrible, ¿cómo siquiera pudo dejar a la persona que
ama después de todo lo que hicieron el uno por el otro?
Dejó a Hyunjin sin importarle como se sentiría, solo pensó en él
mismo cuando el pelinegro siempre lo vio como prioridad a él.
—Quiero volver con él —lloriqueó—. ¿Qué hago, Seungmin? Siento
que sin él no podré.
—Yo no te puedo decir que corras a los brazos de quien te
secuestró, Felix —miró al mayor con atención—. Porque al final eso
fue lo que hizo.
—Pero lo hizo porque me amaba.
—Ellos tienen una extraña forma de amar —ambos rieron, limpió
sus lágrimas y siguió escuchando a Seungmin—. Mira, hagas lo que
hagas piénsalo bien, no te dejes llevar solo por esto —le dijo
colocando un dedo sobre su pecho—. Toma la decisión que crees
que será mejor para ti y para tu futuro.
Se da el tiempo para repasarlo todo, para tener una respuesta
acertada, pero todo apunta a que se merece estar con Hyunjin, su
cabeza, su corazón y su cuerpo lo eligen a él.
—¿Alguna vez te arrepentiste de elegir a Minho? —Seungmin niega.
—¿Por qué me arrepentiría de estar con alguien que me dio más
que amor? Me lo dio todo, más de lo que algún día podría conseguir
con alguien más —el teléfono del más alto suena y éste frunce el
ceño al verlo—. Me tengo que ir, tengo una junta importante, pero
puedes llamarme cuando quieras, Felix, te enviaré un mensaje más
tarde.
Se despide con una sonrisa triste y vuelve a hundirse en su cama
cuando ve a Seungmin salir de su habitación, lo escucha despedirse
de su madre quien lo invita a venir cuando quiera.
Su cuerpo quiere salir corriendo de ahí, quiere encontrar ese calor
que tanta falta le hace, quiere sentir los brazos reconfortantes de
Hyunjin, de solo pensarlo su corazón se rompe, sus lágrimas salen y
se arrepiente tanto de haberse ido del lado de la persona que ama.
Tiene que solucionarlo.
•••
—Llegas tarde, Seungmin —dice en voz alta cuando ve al mayor
entrar al salón privado.
Tienen una reunión muy importante y necesitaba del menor para
continuar con las negociaciones, después de todo fue Seungmin
quien estuvo manejando los movimientos empresariales en su
ausencia. El chico es inteligente, un arma que es conveniente
tenerla de su lado a pesar de no ser fácil de manejar, el único que
puede hacerlo es el esposo de éste.
—Me ocupé, perdonen la demora —se disculpó tomando asiento al
rededor de la mesa redonda.
—¿Dónde estabas? —Preguntó Minho con el ceño fruncido, rodó los
ojos por la imprudencia de éste, había más personas a su alrededor
y tenían un trato multimillonario que cerrar como para empezar una
discusión de pareja.
—Engañándote con alguien —bromeó Seungmin haciendo reír a
todos—. ¿Y tú qué estás haciendo aquí?
—Negocios, ¿crees que eres el único que puede hacer esto? —El
menor suspira cansino—. Yo te enseñé todo lo que sabes,
Seungminnie, ¿por qué te sorprendes que yo esté aquí?
—Si van a seguir con eso salgan de aquí, ya retrasamos mucho la
reunión por su culpa.
Se siente lo suficiente cansado y molesto como para tolerar a la
típica pareja discutir, lo hace recordar que Felix no está a su lado y
su paciencia disminuye con cada segundo que pasa sin él, quiere ir
a donde está y pedirle que regrese, pero está dispuesto a esperar
un poco más.
—Bien, entonces...
—Señor Hwang —la puerta se abre de golpe haciéndolo enojar más.
¿Ahora qué?
—Estoy en una junta importante, Jisung, no me interrumpas y
lárgate o te mataré —sus palabras no parecieron intimidar al menor
quien se acercó hasta su posición y se inclinó hacia su oreja.
—Es importante, muy importante, señor Hwang —le susurró.
—¿Tanto como para interrumpir mis negocios?
—Si no va ahora mismo me va a terminar matando por no haberlo
convencido de que fuera en primera estancia.
Bien, eso sonaba convincente.
Aún así, no podía dejar pasar esta negociación, nada podía ser más
importante que esto en esos momentos.
Niega haciendo una seña con sus manos y pidiéndole a su asistente
que se retire, pero éste sigue insistiendo.
—¿Quieres que te despida? —Advierte con voz seria—. Estás
colmando mucho mi paciente, Jisung, dime de una puta vez qué es
o lárgate.
—Es el señor... —el menor es interrumpido por un ajetreo afuera del
salón—. Oh.
—¿Qué está pasando allá afuera?
—¡Por favor, necesito pasar! —Esa voz desesperada, reconocería
esa voz en cualquier lugar.
Se levanta de su lugar con prisa y camina hacia la puerta,
empujándola y descubriendo todo lo qué pasa detrás de esta.
Felix está ahí, siendo sujetado a la fuerza por su personal de
seguridad, las lágrimas en su rostro rompen su corazón y la dura
mirada que le da a sus hombres hacen que estos suelten al rubio.
—Señor Hwang, él...
—Cállate —dice con molestia acercándose a Felix.
Su lindo pecoso lo abraza con fuerza, llorando sobre su pecho con
desesperación, sus brazos lo rodean por la estrecha cintura y lo
atrae más disfrutando del toque de sus cuerpos.
—Jisung —llama a su asistente quien no tarda en llegar a su lado—.
Mata a esos dos idiotas que le pusieron la mano encima a Felix.
—Si, señor Hwang.
—Hazlos sufrir.
—Como usted pida.
Mira a las personas en el salón a sus espaldas, los ojos de todos
están puestos en él, frunce el ceño y les ordena que se vayan, que
la junta ha sido cancelada.
—Pero Hwang, no puedes cancelar, esto es...
—¡Lárguense de una puta vez! —El tono amenazante los hace salir
rápidamente, Seungmin es el último en salir, éste dándoles una
mirada extraña.
Su mano acaricia el cabello rubio del pecoso quien sigue llorando
sobre su pecho, toma su rostro y lo hace mirarlo, limpia las lindas
lágrimas que corren por esas mejillas y le da una sonrisa
tranquilizadora.
—No llores, bebé.
—Perdóname —le dice Felix haciendo que su sonrisa se agrande
aún más, lo tiene completa y absolutamente a su merced—. Perdón
por enojarme contigo, sé que lo que hiciste fue porque...
—Porque te amo, Felix —completa, el nombrado asiente—. No fue
la mejor forma, pero fue lo que necesitabas para ser quien ahora
eres, lo entiendes, ¿verdad, amor?
—Si, Hyunjin, en serio perdóname, no me apartes de ti, no podría
vivir sin ti, también te amo.
—Yo tampoco podría vivir sin ti, bebé.
Felix rodea su cuello y lo atrae en un profundo beso que no tarda en
corresponder, se siente completo cuando siente los labios del
contrario sobre los suyos.
Sabía que el pecoso iba a volver, y ahora sí se quedaría con él.
—¿Te parece empezar de nuevo? —Pregunta con una sonrisa.
—Sí, Hyunjin.
Felix había vivido en una mentira, una que había aprendido a amar
y una que le había enseñado a amarse.
Una mentira que lo había atrapado para siempre junto a él.
Fin.
Epílogo
Su esposo lo despertó con cortos besos sobre su rostro, le daba
cosquillas y su risa contagiaba al hombre sobre a él.
—Ya quítate, Hyunjin —dijo intentando apartarlo—. Déjame dormir.
—Llegarás tarde a la junta de la compañía, Felix —susurró contra
sus labios—. Y no puedes atrasarte porque Christopher nos pidió
verlo cuando terminaras.
Un sonido de frustración salió de su boca, le dio un profundo beso al
mayor y se levantó rechistando.
—Si anoche me hubieras dejado dormir no estaría tan cansado ni
adolorido.
Revisó su teléfono y todo lo que tenía que hacer en el día,
probablemente Changbin, su asistente, le recordaría. Tenía varios
pendientes, entre ellos la importante reunión en su empresa.
Desde que Hyunjin y él habían comenzado una relación formal su
vida mejoró, el mayor se encargó de darle lo mejor desde el primer
momento.
Habían pasado cinco años de aquel día en el que volvió corriendo a
dónde Hyunjin con lágrimas en los ojos y pidiéndole perdón, un
perdón que afortunadamente su ahora esposo había aceptado.
Sus planes a futuro se vieron fáciles de lograr teniendo a alguien
como Hyunjin a su lado, solo era cuestión de decirle al pelinegro
que quería algo y éste con solo chasquear los dedos se lo concedía.
Y ahora ahí estaba, siendo dueño de su propio imperio y todo
gracias a su amado esposo.
—Te veré más tarde, amor —se despidió el mayor con un beso—.
Me pasaré por tu oficina en un rato.
Ambos salieron a sus respectivos trabajos, su chofer lo llevó hasta
el edificio de su compañía, llegando justo a tiempo al lugar y
pudiéndose reunir con otros ejecutivos, entre ellos Seungmin.
El castaño y él habían logrado formar una gran amistad, siendo
lógico sabiendo lo que vivieron y que sus esposos eran los mejores
amigos, así que agradecía de la tranquila compañía del mayor.
—Te veré en lo de Christopher más tarde, ¿verdad? —Preguntó el
castaño con una sonrisa y asintió en respuesta—. Bueno, no te
quito más tiempo, nos vemos después.
—Changbin —llamó a su asistente una vez que había terminado la
exhaustiva reunión—. Habla con Jisung y dile que cancele todos los
planes de mi esposo para este fin de semana, creo que nos
merecemos una vacaciones.
—Claro, señor Hwang —ambos caminaron hacia el elevador—. El
señor Hwang, su esposo, está esperándolo en su oficina.
—Está bien, puedes tomar el resto del día, Changbin, solo no
olvides enviarme el informe de la reunión —el mayor agradeció y lo
dejo en la puerta del ascensor.
Mientras subía, desanudó su corbata y se quitó el saco, solo
esperaba llegar a casa para poder cambiarse de ropa.
—¿Cansado? —Preguntó Hyunjin una vez entró a la oficina.
—Necesito unas vacaciones.
Sus brazos pasaron sobre los hombros del pelinegro, atrayéndolo a
un lento y profundo beso.
—Solo dime a dónde y las tendrás —susurró el mayor sobre sus
labios formándole una sonrisa—. Sabes que jamás te diré que no,
bebé.
—Ya lo sé, amor.
Hyunjin sujetó su cintura con fuerza, inclinó su cabeza hacia un
costado dejando que su esposo repartiera húmedos besos sobre su
cuello mientras desabrochaba los botones de su camisa.
—Hyunjin... —murmuró con advertencia—. La última vez que lo
hicimos en mi oficina casi nos descubren.
—Me importa una mierda si nos ven o no —las grandes manos
recorrieron su pecho desnudo—. No sabes lo mucho que me pone
verte de jefe.
Se dejó hacer bajo el tacto del pelinegro quien lo giró y apoyó sobre
su escritorio, rozando sus cuerpos y creando una leve fricción en sus
crecientes erecciones.
Un gemido salió de sus labios al sentir al mayor lamer uno de sus
pezones, estaba tan sumido en su placer hasta que sintió la gran
puerta ser golpeada.
Del otro lado se podía distinguir a uno de sus empleados.
—¿Señor Hwang? —Preguntó el chico abriendo la puerta
lentamente.
—¿Qué? —dijeron Hyunjin y él al unísono y con notable molestia y
el ceño fruncido.
—Oh... ah, señor Hwang... Felix —dijo sin mirarlo a los ojos—.
Perdón por venir así, es que Changbin no estaba en su lugar y
pensé...
—¿Es importante?
—No como tal, pero...
—Entonces lárgate sino quieres perder tu empleo.
El chico salió corriendo de ahí, escuchó la risa de Hyunjin a sus
espaldas y eso lo hizo fruncir más el ceño.
—Lo mataría por interrumpir pero es bueno en el trabajo —dijo
sacándole una carcajada al mayor—. Entonces, ¿en qué estábamos?
Sin esperar respuesta desabrocho la camisa de Hyunjin y el cinturón
junto a los pantalones, el contrario sonrió y lo besó.
Su cuerpo fue tomado con fuerza, el pelinegro le dio la vuelta y lo
empujó contra su escritorio, quedando con su pecho apoyado sobre
la fría madera.
Podía sentir las manos de su esposo recorriendo su espalda,
amasando sus muslos y quitándole sus prendas inferiores con
necesidad, estaba esperando por más, por sentirse completamente
lleno del mayor, pero el mundo parecía estar en su contra en ese
momento cuando el teléfono del más alto sonó.
—Es Christopher, ya tendríamos que estar yendo para allá —se
quejó Hyunjin alejándose de su cuerpo—. Dijo que tenía algo
importante que hablar con nosotros.
—Pues que se espere —refutó molesto—. Necesito sentirte,
Hyunjin, por favor —dijo mirando hacia atrás, buscando los ojos del
nombrado.
Su esposo nunca le diría que no.
—Será rápido, ¿bien? —Asintió.
Hyunjin presionó su trasero, lo amasó y abrió con ambas manos
sacándole leves jadeos, escupió sobre su entrada haciéndolo gemir
y después alineó su miembro húmedo para introducirse con
lentitud.
—Ah, Dios —gimió con sus ojos llorosos, sus uñas se clavaron en la
madera del escritorio—. Mgh, se siente tan bien.
Su espalda se arqueó al sentir como el mayor se empujaba dentro
suyo, llenándolo por completo en un vaivén que aumentaba la
velocidad con cada estocada que le daba.
Hyunjin tomó su mano sobre el escritorio, los anillos de ambos
brillaban con la luz, unidos al igual que sus manos, igual que sus
vidas.
El pelinegro se inclinó y besó sus hombros mientras éste se hundía
en su interior, su boca solo podía gritar el nombre de su esposo, el
único que lo hacía sentir así. El único que lo amaba así.
—Mierda, Hyunjin —sus gemidos resonaban en toda su oficina—. No
pares.
El nombrado golpeó su próstata, su punto dulce que lo hizo correrse
sobre el escritorio, dejándolo con las piernas temblando y su
respiración agitada.
—Me aprietas tan bien, Felix.
Unos minutos después, Hyunjin salió de su interior para terminar en
su espalda, manchándolo con su esencia.
Podría hacer esto toda la vida.
•••
—Dilo rápido, Christopher, ¿qué es lo que quieres? —le dijo Minho al
mayor.
Los cinco estaban en una mesa, tenía a Hyunjin a su lado y frente a
ellos, Seungmin y Minho con una mueca aburrida, en la otra punta
estaba Christopher, amigo cercano de su esposo y de Minho,
básicamente aquellos tres se habían criado juntos.
El mayor ahí le dio una calada a su cigarrillo antes de hablar, lo
apagó sobre el cenicero y juntó sus manos mirándolos fijamente a
los cuatro.
Le hizo una seña con la mano a uno de los hombres detrás de él,
éste le pasó un sobre que Christopher arrojó sobre la mesa, el
contenido salió hacia su dirección, era una fotografía junto a unas
hojas.
—Lo quiero a él.
Hyunjin y Minho se miraron un momento, el pelinegro tomó la
fotografía.
—Yang Jeongin, veintitrés años —leyó el informe Seungmin—. ¿Qué
es lo que quieres de un estudiante universitario?
Christopher observó a sus amigos fijamente.
—Lo mismo que Minho y Hyunjin quisieron con ustedes.
Oh.
—Mientras no tenga que volver a actuar para una tortura está bien
—dijo Seungmin con amargura—. No tiene caso darles el sermón de
la última vez, siempre van a terminar saliéndose con la suya.
Los tres mayores rieron, él seguía sorprendido.
—Esta vez será turno de Hyunjin y Felix de participar en esto —
apoyó Minho con una sonrisa—. Supongo que ya era hora de que te
animaras, Christopher.
—No había encontrado al indicado, pero en cuento vi a Jeongin
supe que sería él.
—¿Qué dices, Felix? —Le preguntó su esposo con una pequeña
sonrisa—. ¿Quieres ser cómplice de esto? ¿Quieres mejorar la vida
de alguien?
A Hyunjin jamás podría decirle que no.
Además estaba seguro de que ese tal Yang Jeongin se lo
agradecería después, el amor enfermo de esos chicos era la
perdición, una adictiva perdición que los terminaba enamorando y
solucionando su vida.
Ese nuevo chico viviría en una mentira que al igual que él y
Seungmin, iba a terminar amando.
—Entonces, amor, ¿quieres hacerlo?
Una sonrisa salió de sus labios antes de responder:
—Empecemos con esta mentira.