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T 2

El proceso diagnóstico en psicología es fundamental para evaluar el funcionamiento psicológico de un individuo y guiar intervenciones terapéuticas. Este proceso involucra múltiples etapas, herramientas y factores que afectan la precisión del diagnóstico, incluyendo la formación del psicólogo y las características del paciente. Además, el diagnóstico debe ser considerado como una herramienta temporal que busca comprender el problema en un contexto específico, integrando tanto enfoques teóricos como prácticos.
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El proceso diagnóstico en psicología es fundamental para evaluar el funcionamiento psicológico de un individuo y guiar intervenciones terapéuticas. Este proceso involucra múltiples etapas, herramientas y factores que afectan la precisión del diagnóstico, incluyendo la formación del psicólogo y las características del paciente. Además, el diagnóstico debe ser considerado como una herramienta temporal que busca comprender el problema en un contexto específico, integrando tanto enfoques teóricos como prácticos.
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El proceso diagnóstico es una actividad esencial en psicología, orientada a evaluar el

funcionamiento psicológico de una persona para establecer un diagnóstico que facilite


intervenciones terapéuticas o educativas. Este proceso incluye diversas etapas y factores
interrelacionados, cuyo objetivo es comprender profundamente al individuo mediante
técnicas y herramientas específicas. Durante este procedimiento, el psicólogo aplica su
formación y experiencia para analizar los resultados y elaborar un informe detallado que
oriente el tratamiento o la intervención necesaria.

El diagnóstico depende de múltiples factores que afectan la precisión de los resultados. El


profesional debe tener una sólida formación teórica y práctica, conocimientos en diferentes
enfoques psicológicos, y habilidades críticas para interpretar los datos obtenidos. Además,
se requiere un enfoque ético, empático y objetivo, ya que la interacción con el paciente y la
selección adecuada de herramientas son clave para el éxito del diagnóstico.

Asimismo, las características del paciente influyen significativamente en el proceso.


Factores como edad, género, contexto sociocultural, historia personal y motivaciones para
la evaluación afectan tanto los resultados como la relación con el psicólogo. En ocasiones,
la resistencia del paciente o la falta de conciencia sobre sus problemas pueden complicar el
diagnóstico.

La elección de herramientas diagnósticas responde a motivos teóricos y prácticos. Desde lo


teórico, el marco conceptual del psicólogo guía la selección de técnicas, aunque es común
utilizar herramientas de distintas corrientes psicológicas de manera complementaria. Según
Forns (1993), integrar técnicas de diversos enfoques es habitual y enriquecedor, siempre y
cuando los datos se analicen en sus respectivos contextos teóricos. Para evitar distorsiones,
las hipótesis iniciales deben transformarse en afirmaciones específicas y verificables
mediante evidencia empírica.

En el aspecto práctico, factores como la edad del paciente, los objetivos del estudio, el
tiempo disponible, las características de los materiales, la confiabilidad de los resultados y
las expectativas de las instituciones o solicitantes también influyen en la selección de
herramientas. Dependiendo del tipo de técnicas empleadas, ya sean proyectivas o no
proyectivas, el nivel de estructuración del material puede influir en la interpretación de los
resultados.

Las técnicas proyectivas, que emplean estímulos ambiguos, permiten explorar aspectos
profundos de la personalidad, como conflictos internos y ansiedades, mientras que las
técnicas objetivas utilizan estímulos claros y buscan estudiar comportamientos más
estables. Ambas ofrecen información complementaria: los instrumentos objetivos pueden
reflejar aspectos proyectivos, y las técnicas proyectivas pueden aportar datos cognitivos o
evolutivos.

Un enfoque multivariado que combine técnicas formales e informales, como entrevistas,


observaciones, pruebas proyectivas y psicométricas, permite obtener una visión integral del
paciente. Es fundamental equilibrar lo cualitativo y lo cuantitativo, lo objetivo y lo
subjetivo.
La evaluación psicológica no se limita al diagnóstico, sino que busca comprender a la
persona en su totalidad. Según Casullo, el diagnóstico es una parte central de la evaluación
clínica, mientras que García Arzeno (1993) lo describe como un análisis profundo de la
personalidad que sirve de base para áreas como la psicología forense, educativa o laboral.

El diagnóstico puede ser diferencial, para distinguir entre diversas condiciones, o


estructural, centrado en la organización estable de la personalidad. Según Bergeret (1990),
el diagnóstico estructural examina el nivel de integración del aparato psíquico y orienta la
comprensión de los síntomas y potencialidades del individuo, permitiendo diseñar
estrategias terapéuticas adecuadas.

El contexto institucional también influye en el proceso diagnóstico. Las características y


reglas de las instituciones, ya sean públicas o privadas, condicionan el enfoque del trabajo
del psicólogo. Algunas instituciones exigen el uso de técnicas específicas o definen el
tiempo disponible para el diagnóstico, mientras que otras ofrecen mayor libertad para
personalizar el proceso.

Finalmente, el diagnóstico no es una etiqueta permanente, sino una herramienta para


entender el problema en un momento y contexto determinados. Los signos y síntomas
deben interpretarse considerando factores sociales, culturales y temporales. Además, es
importante tener en cuenta si el paciente percibe sus síntomas de manera egosintónica (en
armonía con ellos) o egodistónica (en conflicto con ellos).

En síntesis, el proceso diagnóstico busca no solo identificar un problema, sino también


ofrecer estrategias de solución, considerando siempre el contexto, la subjetividad del
paciente y el propósito de la evaluación.

La elección de herramientas diagnósticas responde a motivos teóricos y prácticos. Desde lo


teórico, el marco conceptual del psicólogo guía la selección de técnicas, aunque es común
utilizar herramientas de distintas corrientes psicológicas de manera complementaria. Según
Forns (1993), integrar técnicas de diversos enfoques es habitual y enriquecedor, siempre y
cuando los datos se analicen en sus respectivos contextos teóricos. Para evitar distorsiones,
las hipótesis iniciales deben transformarse en afirmaciones específicas y verificables
mediante evidencia empírica.

En el aspecto práctico, factores como la edad del paciente, los objetivos del estudio, el
tiempo disponible, las características de los materiales, la confiabilidad de los resultados y
las expectativas de las instituciones o solicitantes también influyen en la selección de
herramientas. Dependiendo del tipo de técnicas empleadas, ya sean proyectivas o no
proyectivas, el nivel de estructuración del material puede influir en la interpretación de los
resultados.

Las técnicas proyectivas, que emplean estímulos ambiguos, permiten explorar aspectos
profundos de la personalidad, como conflictos internos y ansiedades, mientras que las
técnicas objetivas utilizan estímulos claros y buscan estudiar comportamientos más
estables. Ambas ofrecen información complementaria: los instrumentos objetivos pueden
reflejar aspectos proyectivos, y las técnicas proyectivas pueden aportar datos cognitivos o
evolutivos.

Un enfoque multivariado que combine técnicas formales e informales, como entrevistas,


observaciones, pruebas proyectivas y psicométricas, permite obtener una visión integral del
paciente. Es fundamental equilibrar lo cualitativo y lo cuantitativo, lo objetivo y lo
subjetivo.

La evaluación psicológica no se limita al diagnóstico, sino que busca comprender a la


persona en su totalidad. Según Casullo, el diagnóstico es una parte central de la evaluación
clínica, mientras que García Arzeno (1993) lo describe como un análisis profundo de la
personalidad que sirve de base para áreas como la psicología forense, educativa o laboral.

El diagnóstico puede ser diferencial, para distinguir entre diversas condiciones, o


estructural, centrado en la organización estable de la personalidad. Según Bergeret (1990),
el diagnóstico estructural examina el nivel de integración del aparato psíquico y orienta la
comprensión de los síntomas y potencialidades del individuo, permitiendo diseñar
estrategias terapéuticas adecuadas.

El contexto institucional también influye en el proceso diagnóstico. Las características y


reglas de las instituciones, ya sean públicas o privadas, condicionan el enfoque del trabajo
del psicólogo. Algunas instituciones exigen el uso de técnicas específicas o definen el
tiempo disponible para el diagnóstico, mientras que otras ofrecen mayor libertad para
personalizar el proceso.

Finalmente, el diagnóstico no es una etiqueta permanente, sino una herramienta para


entender el problema en un momento y contexto determinados. Los signos y síntomas
deben interpretarse considerando factores sociales, culturales y temporales. Además, es
importante tener en cuenta si el paciente percibe sus síntomas de manera egosintónica (en
armonía con ellos) o egodistónica (en conflicto con ellos).

En síntesis, el proceso diagnóstico busca no solo identificar un problema, sino también


ofrecer estrategias de solución, considerando siempre el contexto, la subjetividad del
paciente y el propósito de la evaluación.

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