El Bosque de los Susurros
Había una vez, en un pequeño pueblo rodeado por un denso bosque, una niña llamada
Clara. Cada tarde, después de la escuela, caminaba hasta el borde del bosque para
escuchar los susurros que venían de entre los árboles. Nadie sabía de dónde
provenían, pero todos en el pueblo hablaban de ellos. Decían que el bosque estaba
lleno de secretos, de voces antiguas que contaban historias perdidas.
Un día, Clara decidió adentrarse en el bosque para descubrir el origen de esos
misteriosos susurros. Caminó durante horas, siguiendo el sonido que parecía
llamarla cada vez más fuerte. Los árboles eran altos y frondosos, y la luz del sol
apenas llegaba al suelo, creando un ambiente mágico y misterioso.
De repente, Clara llegó a un claro donde una figura apareció ante ella: era un
anciano con barba blanca, vestido con una capa hecha de hojas doradas. El anciano
sonrió y le dijo:
—He esperado mucho tiempo para que alguien como tú llegue aquí, niña valiente. El
bosque ha hablado de ti.
Clara, sorprendida, preguntó:
—¿Qué significa todo esto? ¿Por qué susurran los árboles?
El anciano la miró con ojos sabios y le respondió:
—Los árboles son los guardianes del conocimiento antiguo. Durante siglos, han
guardado las historias del mundo. Solo aquellos con un corazón puro pueden
escucharlas. Tú tienes la capacidad de escuchar sus voces porque eres curiosa y
valiente, pero no todo lo que se escucha es para ser comprendido. Algunos secretos
solo deben ser guardados.
Clara asintió, sintiendo que algo importante estaba por revelarse. El anciano
levantó una mano y, con un suave movimiento, el viento comenzó a soplar, trayendo
consigo fragmentos de palabras, canciones olvidadas, y relatos de tiempos lejanos.
—Escucha bien, Clara —dijo el anciano—, pero recuerda, algunos susurros son más
poderosos de lo que parecen. No todos deben ser compartidos con el mundo.
Clara cerró los ojos y permitió que las historias del bosque la envolvieran. En ese
momento, comprendió que había algo más grande que el pueblo, que la vida cotidiana,
y que el conocimiento no solo venía de los libros, sino también del viento, de los
árboles y de las estrellas.
Cuando abrió los ojos, el anciano había desaparecido, pero el bosque había
cambiado. Ahora, los susurros parecían más claros, más cercanos. Clara volvió al
pueblo, con la sensación de haber descubierto un secreto que jamás podría ser
contado, pero que siempre llevaría consigo.
Desde aquel día, nunca volvió a ser la misma. Cada vez que caminaba por el borde
del bosque, escuchaba los susurros con una nueva comprensión, sabiendo que algunas
historias, aunque nunca se cuenten, son las más poderosas de todas.
Y así, Clara creció, sabiendo que el bosque siempre estaría allí, guardando sus
secretos para quien tuviera el valor de escucharlos.
Fin.