ACTIVIDAD EVALUABLE 3 - ENSAYO (Toni Bancells Guiu)
10 - Examine las raíces de la fundación del Partido Radical a fines del siglo 19 y vea
las políticas que adoptaron. ¿Por qué se dice que era un partido de la emergente
clase media? ¿Qué programa plantean para fundar el Frente Popular?
Este texto pretende comprender la naturaleza del Partido Radical chileno, que consiguió
gobernar el país durante más de una década. Por ello, analizamos, por una parte, la
fundación del Partido Radical y los principios del radicalismo y, por otra, la acción de los
gobiernos de corte radical que se sucedieron en Chile desde 1938 hasta 1952, que
favorecieron la expansión de la clase media. Por esta razón, el presente escrito se divide en
dos apartados, correspondientes a dichos objetos de análisis, junto con una conclusión final.
1. El radicalismo chileno: fundación y principios del Partido Radical (1863-1938)
Para la mayoría de autores e historiadores que han puesto sus ojos sobre el origen del
Partido Radical establecen su fecha de nacimiento en el 27 de diciembre de 1863, día en el
que se lleva a cabo en Copiapó la primera asamblea radical, bajo la presidencia de Pedro
León Gallo. Sin embargo, ya existían mucho antes los principios que darían vida a al Partido
y los hombres que integraron su primera asamblea y amalgamaron su ideario ya eran
actores importantes de los acontecimientos políticos de la época e incluso eran capaces de
luchar con las armas por la conquista de sus ideales (Covarrubias, 1987). El antecedente
más inmediato del Partido Radical se encuentra en un sector de jóvenes intelectuales
dispuestos a luchar por cambiar las estructuras políticas. El propio León Gallo forma un
ejército de 1.200 hombres para iniciar la “revolución constituyente” contra el gobierno de
Manuel Montt y a favor de la reforma de la Constitución de 1833. El fracaso de la revolución
no impidió 1) que León Gallo alcanzara una popularidad inmensa y 2) que la desaparición
de los constituyentes reaparecieran luego denominados como radicales (ARGOS, 1875).
La década de los sesenta es una época propicia para las ideas libertarias venidas de
Francia. Muestra de ello es la consolidación en el país de instituciones como la Masonería,
el Cuerpo de Bomberos Voluntarios y el propio Partido Radical. La pertenencia de
fundadores del radicalismo a todas ellas, como Juan de Dios Arlegui, dio origen a la
tradicional trilogía de “radical, masón y bombero” (Lastra, 1998). Su vínculo con la
masonería explica sus posiciones anticlericales, difundidas, como sus demás ideales, en la
opinión pública a través de La Voz de Chile. En 1862 el radical Manuel Antonio Matta
resume el programa del diario en cuatro puntos: reforma de la Constitución, enseñanza
laica, descentralización administrativa y libertad electoral (Espejo, 1912). Por su parte, la
primera asamblea radical elabora un programa que, además de la reforma constitucional,
añade puntos como la libertad de asociación y de imprenta o la difusión de la instrucción
primaria gratuita y obligatoria. Y en 1988 la primera convención nacional del Partido Radical,
presenta su primer programa político, que incluye principios como la libertad individual, la
separación Iglesia-Estado, la independencia del Poder Judicial, el parlamentarismo, el
mejoramiento de la condición legal de la mujer, la reducción del número de empleados
públicos, etc. El programa del radicalismo, por tanto, no es diferente a un ideario liberal y
supone un acercamiento a las aspiraciones de la creciente clase media: educación,
industrialización, acceso a cargos burocráticos, libertad de sufragio, etc (Covarrubias, 1987).
La principal diferencia con los liberales, más que de principios, era una cuestión de actitud.
Como apuntan Collier y William (1996), “las diferencias ideológicas entre los partidos eran
más aparentes que reales [...] en la década de 1870, casi todos los políticos chilenos podían
haber dicho ¡Ahora somos todos liberales!”. Así pues, las divergencias con los liberales, lo
cual les valió a los radicales la denominación de rojos durante un buen tiempo, trataban
sobre la contradicción entre una actitud pactista frente a una más inflexible, sobretodo en
relación a la fusión liberal-conservadora que los radicales rechazaban. El radical Lastarria lo
formuló de la siguiente manera: “hay una gran diferencia entre aceptar un programa parcial
y detenerse en él, cosa propia de un partido medio, o aceptarlo con la condición de pasar
adelante, lo cual es el deber de un partido radical” (ARGOS, 1875).
2. El Frente Popular y los gobiernos radicales (1938-1952)
Aunque con anterioridad el Partido Radical había compartido responsabilidades de
gobiernos y si bien el primer Presidente de la República perteneciente al radicalismo fue
Juan Esteban Montero, cuyo mandato apenas duró medio año (4/12/31 - 4/6/32), sólo
desde 1938 comenzó lo que se ha llamado la era de los gobiernos radicales.
El Partido Radical consigue la presidencia no en solitario, sino mediante el Frente Popular,
fórmula política común en una época de polarización ideológica, en vísperas de la Segunda
Guerra Mundial. El Frente Popular chileno, con el radical Pedro Aguirre Cerda como
candidato presidencial, conformaba un amplio bloque de izquierdas, en el que el
surgimiento de los partidos Comunista y Socialista supuso el desplazamiento del Partido
Radical al centro del espectro político, mientras que en el bando de la derecha se situaban
ahora los liberales junto a los conservadores. El Frente Popular se disuelve por la ruptura
entre comunistas y socialistas en 1941, influenciada por el contexto internacional, pero, al
igual que Aguirre Cerda, los Presidentes radicales posteriores llegaron a la presidencia
gracias al apoyo de una coalición de partidos. En el gabinete de Ríos participaron desde
socialistas hasta liberales, mientras que el primer gabinete de González Videla lo integraron
liberales, comunistas y radicales, una combinación singular en plena Guerra Fría.
El primer gobierno radical, resultado de la victoria electoral del Frente Popular, crea la
CORFO, con el fin de financiar y elaborar planes de electrificación, fomento agrícola e
industrialización, que buscaba alcanzar una relativa independencia de los productos
importados, después de los efectos de la crisis de 1930. Así mismo, con el lema Gobernar
es educar, se fundaron mil escuelas y se desarrolló la educación técnica, minera e
industrial. En política social desarrolló la política del “sacrificio compartido”: un aumento de
los salarios costeado con parte de las utilidades de las empresas, que evitó el alza de los
precios y mejoró el nivel de vida de los sectores populares. Se construyeron cinco mil casas
para empleados y se establecieron colonias agrícolas y también se dictaron las leyes de
sueldos vitales y la de reconocimiento de los sindicatos (González, 2005). No sin motivo,
Salvador Allende afirmó que “mañana la historia se encargará de decir que el triunfo y la
acción de Pedro Aguirre Cerda abrieron nuevos horizontes para Chile” (Lastra, 1998).
Juan Antonio Ríos no pudo mantener la neutralidad de Aguirre Cerda en la Segunda Guerra
Mundial por las presiones norteamericanas y rompió relaciones con Alemania, Italia y Japón
en 1943. En política social el gobierno prosiguió con una importante política de vivienda y el
fomento de la educación rural, pero sobre todo de la industrialización, con énfasis en la
industria siderúrgica y la mecanización del trabajo agrícola. Bajo su gobierno, la CORFO
inició las prospecciones en busca de petróleo en la zona austral del país, empresa que
tendría éxito en 1946 localizó yacimientos de crudo en Manantiales, Magallanes (González,
2005). Murió, como Aguirre Cerda, al fin de su mandato, con lo que el próximo candidato
presidencial sería Gabriel González Videla.
El gobierno de González Videla no duró mucho tiempo sin que se produjeran tensiones
entre el gobierno y los comunistas, tanto por la presión de Estados Unidos como por la
política de agitación sindical por los comunistas. En 1947 los comunistas son expulsados
del gobierno y en 1948 se aprueba la Ley de Defensa de la Democracia, conocida como la
“ley maldita”, que supuso la represión de los comunistas y su paso a la clandestinidad. El
aspecto económico se caracterizó por un importante problema inflacionario, aunque siguió
con la transformación industrial. Dos hitos importantes del gobierno de González Videla son
1) el derecho de la mujer a votar en igualdad de condiciones políticas con el hombre,
alcanzado en 1949 y ejercido por primera vez en 1952; y 2) el Plan Serena: primer ensayo
urbanístico regional centrado en modernizar la ciudad y su red vial (González, 2005).
Después de González Videla, sin embargo, se terminaría la época de máximo apogeo al
resultar victorioso de las elecciones de 1952 Carlos Ibáñez del Campo, con su promesa de
“barrer el desorden”. En los años siguientes el partido fue perdiendo apoyo electoral y fue
desplazado por los nuevos partidos de masas.
3. Conclusiones: el desgaste del Partido Radical y su vinculación con la clase media
Desde finales del siglo XIX el Partido Radical promovía la acción protectora del Estado.
Pero en su época de gobierno consiguió superar la idea de “Estado protector” para iniciar el
desarrollo de un “Estado benefactor”: no sólo protege al trabajador contra los excesos que
provoca la industrialización naciente, sino que otorga nuevos beneficios de salud, vivienda e
ingresos a través de políticas sociales y laborales. El mejoramiento va dirigido a las clases
populares pero, sobre todo, entre los grupos medios (Arellano, 1988). Al cabo de catorce
años de gobierno el país había experimentado modificaciones sustanciales en todas sus
estructuras, especialmente en el plano industrial y educacional, generando una clase media
más amplia. Aunque la clase media comienza su ascenso a la élite política a partir de 1920
con Alessandri, el Partido Radical recoge sus demandas de modernización del Estado y
ampliación del gasto público y los servicios públicos, con lo que consolida y solventa a la
clase media (Covarrubias, 1987). Pero, con estos resultados, ¿qué explica, entonces, el
desgaste del Partido Radical y sus fracasos electorales a partir de 1952?
Covarrubias (1987) destaca dos factores. El primero, la división interna de un partido
heterogéneo como el radical, formado por terratenientes del sur más liberales que sólo
buscan reformas administrativas y por núcleos más socialistas formados en las escuelas del
Estado y la Universidad de Chile. El segundo tiene que ver con la modernización del país y
la clase media: a medida que la sociedad evoluciona de un Estado tradicional hacia el
modernismo, todos tienden a identificarse como clase media, con lo que se pierde la visión
de la clase como conjunto, pues la separación entre estratos se vuelve más borrosa, y se
torna más difícil para el Partido Radical identificar sus requerimientos.
Parece que el radicalismo en Chile, así como en los países en los que esta tendencia
política se desplegó con fuerza, tenía un destino inevitablemente transitorio: un movimiento
que, apartado por los partidos de masa, no tenía hueco en una nueva sociedad cuya
modernización fue impulsada por los propios radicales.
Bibliografía:
- Arellano, José Pablo (1988). Políticas sociales y desarrollo: Chile 1924-1984.
CIEPLAN.
- ARGOS (1875). El Radicalismo Chileno. Imprenta Franklin.
- Collier, Simon; William, F. Sater (1996). Historia de Chile, 1808-1994. Cambridge
University Press.
- Covarrubias, Jaime Garcia (1987). El Partido Radical y su relación de intereses con
la clase media en Chile en el período 1888-1938. Revista De Ciencia Política
(artículo).
- Espejo, Angel C (1912). El Partido Radical. Sus obras y sus hombres. Imprenta
Santiago.
- González, Luis Patricio (2005). Los Gobiernos Radicales. CEME (artículo).
- Lastra, Alfredo (1998). Esbozo histórico del Partido Radical Socialdemócrata
(artículo).
- Reyes, Jaime (1989). El presidente y su partido durante la época radical (1938-
1952). Estudios Públicos (artículo).