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Transiciones Democráticas Frágiles

El documento analiza las transiciones hacia la democracia, destacando que el éxito de estas depende de la capacidad de las fuerzas políticas para aceptar y respetar los resultados de procesos democráticos. Se identifican cinco posibles resultados de estas transiciones, que van desde el establecimiento de nuevas dictaduras hasta la consolidación de democracias duraderas. Además, se enfatiza la importancia de las organizaciones independientes en la lucha contra los regímenes autoritarios y su papel en la liberalización política.

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Transiciones Democráticas Frágiles

El documento analiza las transiciones hacia la democracia, destacando que el éxito de estas depende de la capacidad de las fuerzas políticas para aceptar y respetar los resultados de procesos democráticos. Se identifican cinco posibles resultados de estas transiciones, que van desde el establecimiento de nuevas dictaduras hasta la consolidación de democracias duraderas. Además, se enfatiza la importancia de las organizaciones independientes en la lucha contra los regímenes autoritarios y su papel en la liberalización política.

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2

Transiciones a la democracia

Introducción
El problema estratégico de una transición estriba en conseguir la
democracia sin morir a manos de quienes detentan las armas ni d e
hambre por obra de quienes controlan los recursos productivos.
Como ya se desprende d e esta formulación, el camino hacia la
democracia está minado. Y el destino final depende de la ruta
seguida para alcanzarlo. En la mayoría de paises donde se ha
establecido la democracia, ésta se ha demostrado frágil. Y en
algunos, las transiciones han quedado embarrancadas.
El interrogante central que se plantea en relación a las transi
ciones es si pueden desembocar en una democracia consolidada,
esto es, en un sistema donde las fuerzas políticas significativas
sometan sus valores e intereses a la interacción incierta de las
instituciones democráticas y acaten los resultados del proceso
democrático. La democracia está consolidada cuando la mayor
parte de los conflictos se dirimen por medio de las instituciones
democráticas, cuando nadie puede controlar los resultados ex post
y éstos no están predeterminados ex ante, son relevantes dentro de
ciertos límites predecibles y suscitan el acatamiento de las fuerzas
políticas significativas.
Debe tenerse presente que el desmoronamiento de un régimen
autoritario puede recomponerse, como ocurrió en Checoslovaquia
en 1978, en Brasil en 1964 y en Polonia en 1981, o puede desembocar

86
Transiciones a la democracia

en una nueva dictadura, como en Irán o Rumania. E incluso cuando


el resultado no es la continuación de la misma dictadura u otra
nueva, las transiciones pueden embarrancar en algún momento,
dando lugar a regímenes que limitan la discrepancia o están sujetos
a la amenaza de una intervención militar. Finalmente, aunque
llegue a establecerse la democracia, eso no significa necesariamente
que esté consolidada. En ciertas condiciones, las instituciones
democráticas pueden generar sistemáticamente resultados que
inducen a algunas fuerzas politicamente significativas a optas'- por
el autoritarismo. La democracia consolidada sólo constituye, por
tanto, uno de los resultados posibles del derrumbe de los regímenes
autoritarios.
Para formular el tema en términos adecuados par e osterior
análisis, será necesario examinar toda la gama d /posibilidades
inherentes a las diferentes situaciones de transición, estg> es; los
momentos en que un régimen democrático se desmoron iíy la
instauración de la democracia pasa a formar parte de las perspectivas
políticas. Dados los objetivos y recursos d e las fuerzas políticas
concretas y la estructura de los conflictos con que se enfrentan,
pueden distinguirse cinco resultados concebibles:

1. La estructura de los conflictos es tal que ningún tipo de


instituciones democráticas pueden perdurar y las fuerzas políticas
acaban luchando por una nueva dictadura.

Los conflictos en tomo al papel político de la religión, la pertenencia


racial o la lengua son los más difícilmente solubles en el marco de
cualquier conjunto dado de instituciones. Irán es posiblemente el
ejemplo paradigmático.

87
Democracia y mercado

2. La estructura de los conflictos es tal que ningún tipo de insti


tuciones democráticas pueden perdurar, pero las fuerzas políticas
acuerdan adoptar la democracia como solución transitoria.

El ejemplo paradigmático de una situación de este tipo aparece expuesto


en el análisis de O’Donnell (1978b) del caso de Argentina entre 1953
y 1976. Dada la estructura de la economía argentina, cuyas principales
exportaciones son productos salariales, la democracia en Argentina es
fruto de coaliciones entre la burguesía urbana y las masas urbanas, de
una alianza urbana-urbana. Los gobiernos resultantes de esta alianza
sobrevaloran el tipo de cambio a fin de canalizar el consumo hacia
el mercado nacional. Con el tiempo, esta política provoca una crisis
en la balanza de pagos e induce a la burguesía urbana a aliarse con
la burguesía terrateniente en una coalición burguesa-burguesa. Esta
coalición se propone reducir el consumo popular, para lo cual necesita
recurrir al autoritarismo. Sin embargo, al cabo de un tiempo, la burguesia
urbana se encuentra sin mercado y vuelve a cambiar de alianza, esta vez
para volver a la democracia.
Examinemos este ciclo en el momento en que acaba de caer
una dictadura. El actor político decisivo -la burguesia urbana- se
enfrenta con las siguientes alternativas: (a) optar de inmediato por
una nueva dictadura; (b) aceptar momentáneamente una democra
cia y modificar sus alianzas cuando se produzca una crisis en la
balanza de pagos; (c) aceptar momentáneamente una democracia
y seguir respaldándola en el futuro. Dados los intereses de la
burguesía urbana y la estructura d e los conflictos, la segunda
estrategia es la óptima. Obsérvese que no se trata en absoluto de
una cuestión de miopía; la burguesia urbana sabe que cambiará de
opción en algún momento futuro. La democracia es simplemente
la solución transitoria óptima.

88
Transiciones a la democracia

3. La estructura de los conflictos es tal que algunas instituciones


democráticas podrían ser duraderas en caso de adoptarse, pero las
fuerzas políticas en conflicto luchan para establecer una dictadura.

Este resultado puede producirse cuando las fuerzas políticas difieren


en sus preferencias en cuanto al marco institucional concreto, entre
un sistema unitario y uno federal, p o r ejemplo. Una parte del país
tiene una fuerte preferencia por un sistema unitario; otras partes,
por uno federal. Lo que puede ocurrir bajo estas condicione no
es evidente; volveré sobre ello repetidamente. Es posible que si
se adopta temporalmente cualquier marco institucional, éste acabe
adquiriendo fuerza d e convenio (Hardin 1987) y se mantenga. Uno
de los resultados concebibles es, sin embargo, el conflicto abierto,
hasta degenerar en una guerra civil y una dictadura.

jP' ; j
4. La estructura de los conflictos es tal que algunas inslítuÉjéjnes
democráticas podrían ser duraderas en caso de adoptarsej'pero
las fuerzas políticas en conflicto acuerdan establecer un marco
institucional que no puede durar.

Este resultado puede parecer perverso, pero en algunas situaciones


cabe esperar que se produzca. Para prever lo que puede ocurrir,
imaginemos el caso d e un régimen militar que está negociando el
abandono del poder. Las fuerzas representadas por este régimen
prefieren la democracia con garantías para sus intereses a la per
petuación de la dictadura, pero temen más una democracia sin
garantías que la situación existente y están en condiciones d e
mantener la dictadura si ]a oposición democrática no se muestra
dispuesta a adoptar instituciones que les ofrezcan esa garantía. La
oposición sabe entonces que, amenos que acepte esas instituciones,

89
Democracia y mercado

el estamento militar volverá a apretar las tuercas. El resultado es una


democracia con garantías. Pero si las instituciones democráticas,
una vez instauradas, erosionan el poder represivo de los militares,
estas instituciones n o durarán. Esta situación supone miopía o falta
de información. Los sucesos recientes en Polonia constituyen un
ejemplo paradigmático.

5. Finalmente, en el caso más deseable, la estructura de los


conflictos es tal que algunas instituciones democráticas pueden
ser duraderas si se adoptan y así se hace.

En este capítulo se examinan las condiciones bajo las cuales se


producen estos resultados y las vías que conducen a ellos. Ante
todo se analiza la liberalización de los regímenes autoritarios, como
preludio de los hechos. A continuación se examinan los posteriores
conflictos en torno a la elección de instituciones en dos contextos
distintos: cuando un “antiguo régimen” se aparta del poder por
la vía de la negociación y cuando aquél se desmorona, con lo
cual el problema de la constitución de las nuevas instituciones
democráticas queda exclusivamente en manos de las fuerzas pro-
todemocráticas. El último apartado está dedicado a la interacción
entre instituciones e ideologías.
El enfoque utilizado genera hipótesis de tipo comparativo,
que especifican las consecuencias de los conflictos entre actores
políticos con intereses y valores particulares que operan bajo
condiciones independientes de su voluntad. Estas hipótesis deben
verificarse a través de los datos comparativos. Con la progresiva
evolución de los acontecimientos en la Europa del Este, por
primera vez estamos cerca de disponer de un número de casos
suficiente que permita una verificación sistemática, quizás incluso

90
Transiciones a ia democracia

estadística. De momento me limitaré a esbozar las hipótesis, sin


intentar verificarlas.

Liberalización
Un rasgo común de las dictaduras, más allá de la combinación de
incentivos y coacciones que utilicen, es que no pueden tolerar,
y no toleran, la presencia de organizaciones independientes.1 La
razón estriba en que las actitudes individuales hacia el régimen
afectan muy poco a su estabilidad mientras no exista ninguna
alternativa colectiva.2 Hasta Weber (1968: I, 214) observó que

Evidentemente, no todas las dictaduras son iguales. Algunas no toleran


ningún tipo de organización autónoma; hasta la Sociedad Protectora
de Animales está organizada desde el poder y forma parte de la- áf
Asociación de Asociaciones, integrada a su vez en el Frente de Üjíndad
Nacional, dirigido desde el Ministerio del Orden. Otras dictaduras son
más selectivas; prohiben los sindicatos y los partidos, pero toleran las
asociaciones filatélicas, las denominaciones religiosas o las asociaciones
de productores. Sin embargo, ninguna dictadura permite que las fuerzas
políticas se organicen autónomamente.
2
Por esto las explicaciones del hundimiento del régimen en términos
de legitimidad son tautológicas o falsas. Si por pérdida de legitimidad
entendemos la aparición de alternativas organizadas de manera
colectiva, esas explicaciones son tautológicas, pues el hecho de que
esas alternativas se organicen de manera colectiva significa que se ha
desintegrado el régimen. Si la legitimidad se concibe en términos de
actitudes individuales, como "acquiescencia motivada por la aceptación
subjetiva de las normas y valores dados”, en palabras de Lamounier
(1979: 13), entonces esas explicaciones son falsas. Algunos regímenes
autoritarios han sido ilegítimos desde sus inicios y se han mantenido
durante cuarenta años.

91
Democracia y mercado

“las personas pueden someterse impulsadas por su debilidad e


impotencia individuales porque n o existe ninguna alternativa acep
table”. La amenaza para los regímenes autoritarios no procede del
desmoronamiento de su legitimidad, sino de la organización de
una contrahegemonía, de que existan proyectos colectivos para un
futuro alternativo.3 Los individuos aislados sólo tienen posibilidad

Resulta difícil evaluar en qué medida el cambio de actitudes precede


a la liberalización y en qué medida es resultado de ésta. En España, los
sondeos arrojaban en 1966 un 35 por ciento de respuestas favorables
a un sistema democrático representativo, frente a la concentración
del poder en manos de una sola persona; en 1974, la proporción era
del 60%; y en mayo de 1976, del 78%. En 1971, un 12% consideraban
beneficiosa la presencia de partidos políticos; en 1973. un 37% se
mostraba favorable a su existencia, proporción que se había elevado al
$6% en abril de 1975, para descender luego al 41% en enero de 1976
y volver a subir hasta el 67% en mayo de ese año (López-Pintor 1980).
En Hungría, en 1985, un 88% de las personas encuestadas manifestaron
su confianza en el gobierno nacional (un 57,3 por ciento "confianza
absoluta”), un 81% en el parlamento, un 66% en el partido y un 62% en
los sindicatos (Bruszt 1988). En Polonia, donde la oposición organizada
había funcionado abiertamente desde 1976 hasta su represión en 1981,
la confianza en el partido comunista (PUTP) se redujo lentamente del
66,2% en junio de 1985 al 53.1% en julio de 1987 y luego descendió
bruscamente al 26,6% durante la oleada de huelgas de agosto de 1988;
habia vuelto a incrementarse hasta el 38,6% en noviembre de 1988
y volvió a descender hasta situarse en el 26,0% en enero de 1989,
en vísperas de las conversaciones de Magdalenka. Durante el mismo
periodo, la confianza en la oposición se incrementó del 20,5% en 1985
al 26.2% en agosto de 1988 y en enero de 1989 se elevaba al 45,9%
(Ostrowski 1989).
3
La inspiración gramsciana de estas hipótesis es evidente, pero el marco
teórico de Gramsci, con su dualidad entre coerción y consentimiento,
no es suficientemente especifico en términos institucionales para
aplicarlo al problema que aquí nos ocupa. En particular, Gramsci no

92
Transiciones a la democracia

de opción política en presencia de alternativas colectivas.4 Por


esto los regímenes autoritarios abominan de las organizaciones
independientes y las integran bajo un control centralizado o
bien las reprimen por la fuerza.5 Por esto temen tanto a las
palabras, aunque expresen lo que todo el mundo ya sabe, pues

distinguió entre las concesiones otorgadas por quien controla el sistema


político y la consecución de intereses a través de una competencia sin
resultados predefinidos, aunque sea limitada.
4
Los efectos de demostración tienen un importante papel en ¡a/
transiciones a la democracia, como se refleja en el siguiente chiste
brasileño de los tiempos del ocaso de la dictadura. En un atestado
autobús de Río, un hombre le da una bofetada a un oficial que viaja
a su lado. En seguida otro le imita. Un mulotinho se abre daío sde
el fondo del autobús y le cruza la cara. El autobús se d Jjéne,/ queda
rodeado por la policía. “¿Por qué le ha dado una bofetada a] oficial?",
le preguntan al primer hombre. “Le faltó el respeto a mi hija;rfenijque
hacer algo," es su respuesta. Luego interrogan a] segundo hombigffiLe
había faltado el respeto a mi sobrina; tenia que hacer algo.” Finalifiente,
le toca el turno al muiutinho. “Al ver que abofeteaban al oficial, pensé que
había caído la dictadura," explica éste.
Como alguien ha observado, el monopolio comunista del poder
tardó diez años en derrumbarse en Polonia, diez meses en Hungría,
diez semanas en la Alemania del Este y diez dias en Checoslovaquia. Los
sucesos de Polonia y Hungria demostraron a la población de la Alemania
oriental que ese desmoronamiento era posible; el espectáculo de la
caida del muro indicó a la población checoslovaca que la transformación
del régimen era factible.
5
Un samizdat soviético, Chronide-Express (núm. 16, 17 de noviembre, 1987),
difundió un documento del Komsomol titulado “Reforzar la labor
de las asociaciones juveniles autónomas”. El texto señalaba que “la
reciente ampliación de la democracia ha determinado la aparición de
un creciente número de asociaciones socio-politicas juveniles autónomas
. . . Su gama de intereses es sumamente amplia y abarca desde la
información internacional, la ecología y la protección de monumentos

93
Democracia y mercado

su potencial movilizador reside en el hecho de pronunciarlas, no


en su contenido.
¿Cómo se explica, entonces, que en un momento dado un
grupo integrado en el establishment del poder autoritario decida
tolerar una organización autónoma en el seno de la sociedad
civil? El régimen español dejó de reprimir en cierto momento a
las Comisiones Obreras; el general Pinochet permitió la reaparición
de los partidos políticos; en julio de 1986, e] general Jaruzelski
promulgó una ley de amnistía para las actividades políticas sin
ninguna cláusula de reincidencia, indicando con ello una legali
zación de facto de la oposición; Egon Krenz aceptó la existencia
del embriónico Neue Forum. Estos episodios revelan fisuras en
el bloque de poder autoritario e indican a la sociedad civil que
al menos algunas formas de organización autónoma no serán
*
reprimidas. Marcan el inicio de la liberalización.6

históricos hasta vergonzosas especulaciones sobre supuestas dificultades


aún no superadas de la reconstrucción." E! documento distinguía acto
seguido entre asociaciones buenas y malas. En el caso de las más
aceptables, las organizaciones del Komsomol debian ofrecerles su
cooperación y enviar a sus “mejores militantes en calidad de comisarios”.
En el caso de las menos aceptables, debia sobornarse a sus dirigentes o
“ofrecerles en privado alternativas concretas para sacar partido de sus
cualidades". Finalmente, se acababa señalando que, en caso de fallar esta
estrategia, el Komsomol debería considerar la “creación de su propia
asociación alternativa”.
6
Utilizo la terminología de O'Donnell (1979: 8), para quien “la libera
lización consiste en una serie de medidas que, aun suponiendo
una significativa apertura del régimen burocrático autoritario anterior
(como la protección judicial efectiva de algunos derechos individuales
o la introducción de formas parlamentarias no basadas en la libre
competencia electoral), no llegan a constituir lo que podríamos definir
como una democracia política”.

94
Transiciones a la democracia

Las explicaciones de estas decisiones pueden agruparse en dos


categorías, según se consideren inspiradas desde arriba o desde
abajo. En cierta medida, esto refleja diferencias reales. Hungría,
por ejemplo, suele considerarse como una muestra casi pura de
divisiones en el bloque de poder autoritario. En palabras de
Karoly Grosz, “el partido no fue destruido por sus oponentes
sino -paradójicamente- por la dirección”.7 La Alemania del Este
representa el otro extremo: no se apreció ningún indicio de fisuras
en el bloque de poder hasta que centenares de miles de perspnas
ocuparon las calles de Leipzig. Sin embargo, llama la atención con
cuanta frecuencia se citan causas diferentes para explicar un mismo
suceso en ]a bibliografía dedicada al estudio de casos concretos. En
Brasil, por ejemplo, Cardoso (1979) interpretó la “distensión” como
resultado de una prolongada división en el seno peí filamento
militar; Lamounier (1979), como fruto de la movilización popular.
De hecho, los modelos que describen procesos desde ¿ cúspide
y desde la base compiten a menudo como explicacione' de la
8
liberalización.
Estas dificultades analíticas se deben al hecho de que un

7
Entrevista con Karoly Grosz, ex-primer secretario del Partido comunista
(Socialista de los Trabajadores) húngaro, en Przejjlqd Tyjodniowy, no. 51
(403), Varsovia, 22 de diciembre, 1989, p. 15.
8
Incluso en los casos de Hungría y Polonia no faltan interpretaciones
alternativas. Szelenyi (1989) destacó los aspectos de proceso desde
la base en la transición húngara y Comisso (1989) replicó que aquél
no prestaba suficiente atención a los elementos de impulso desde la
cúspide. Walicki (1990) se desmarcó de las interpretaciones habituales
de la transición polaca, que asignan el papel crucial a Solidaridad, para
argumentar que había sido fruto de un acuerdo entre dos élites. Wiatr
(1989), quizás más provocativamente aún, la describió como un pacto
entre las Fuerzas Armadas y la Iglesia.

95
Democracia y mercado

modelo que se limite a establecer una dicotomía entre ambas


direcciones resulta demasiado inconcreto. Salvo en caso de una
auténtica revolución -una sublevación de las masas que se salde
con la desintegración del aparato represivo9- , las decisiones de
liberalizar un régimen combinan elementos inspirados desde arriba
y desde abajo. En efecto, incluso en los casos en que las divisiones en
el seno del régimen autoritario se hacen visibles mucho antes de que
se produzca ninguna movilización popular, es preciso preguntarse
por qué aquél comenzó a resquebrajarse en un momento concreto.
Y parte de la respuesta es siempre que los liberalizadores del
régimen percibieron ]a posibilidad de establecer una alianza con
algunas fuerzas no organizadas hasta entonces, lo cual implica la
presencia en la sociedad civil de alguna fuerza con la cua] poder
aliarse. Recíprocamente, en los casos en que la movilización d e
masas ha sido previa a cualquier fisura visible en el régimen,
subsiste el interrogante de por qué aquél optó por no reprimirla
por la fuerza. Nuevamente, parte de la respuesta es que el régimen
estaba dividido en liberalizadores e inmovilistas. La liberalización
es resultado d e una interacción entre la aparición de fisuras en el
régimen autoritario y la organización autónoma de la sociedad civil.
La movilización popular indica a los liberalizadores potenciales la
posibilidad de una alianza que podría modificar en su favor la
relación de fuerzas en el seno del bloque en el poder; las fisuras
visibles en el bloque en el poder indican a la sociedad civil que

9
Ni siquiera Rumania representa un caso de revolución auténtica. Aunque
al parecer todavía ignoramos muchas cosas sobre el trasfondo de esos
trágicos acontecimientos, no debe olvidarse que ¡as fuerzas armadas
rumanas sobrevivieron a la destrucción del régimen de Ceaucescu con
su estructura de mando intacta.

96
Transiciones a la democracia

puede haberse abierto un espacio político para su organización


autónoma. Por consiguiente, la movilización popular y las fisuras
en el régimen se alimentan mutuamente.
La lógica de la liberalización es siempre la misma, indepen
dientemente de que primero se produzca una fisura visible o una
movilización popular. Lo que varía es su ritmo. La movilización
popular marca el ritmo de la transformación, puesto que obliga a]
régimen a optar entre la represión, la integración o la transferencia
del poder. Sin embargo, al margen de que las liberalizaciones duren
años, meses o dias, el régimen y la oposición se enfrentan con la
misma secuencia de alternativas.
Los proyectos de liberalización impulsados por fuerzas del
establishment del poder autoritario tienen invariablemente como
objeto una apertura controlada del espacio politizó. cfracterísti-
camente son fruto de divisiones en el bloque autoritario activadas
por diversas señales que anuncian una inminente crisií dqglgún
tipo, incluidos los síntomas de malestar popular. El proyéjgto de
los liberalizadores se propone mitigar las tensiones sociales y
reforzar su posición dentro del bloque en el poder a través de
una ampliación de la base social del régimen, permitiendo un cierto
grado de organización autónoma de la sociedad civil e integrando a
los nuevos grupos en las instituciones autoritarias.10 Este proyecto
implica la permanente supeditación de la liberalización a la

10
Según Carr y Fusi (1979: 179), en España “la clase política estaba
dividida por un enfrentamiento entre aperturistas -convencidos de la
necesidad de una ‘apertura’ del régimen que le permitiera sobrevivir
con un mayor respaldo, designado habitualmente como ‘participación1-
e inmovilistas". El ex-primer secretario del Partido Unificado de los
Trabajadores (comunista) de Polonia, Edward Gierek. reveló en una
entrevista reciente (Rolicki 1990: 146) que a finales de los años

97
Democracia y mercado

compatibilidad d e sus resultados con los intereses o valores del


bloque autoritario. De ahí los términos de “apertura”, "distensión”
(distensao), “renovación” (odnowa) o “reconstrucción” (perestroika),
como si se tratase de un edificio, utilizados para describir el
proceso. Todos ellos con una fuerte connotación de reforma
limitada.
La liberalización es, no obstante, inherentemente inestable.
Normalmente suele producirse lo que Uya Ehrenburg designó
en 1954 como “el deshielo” (ottepel): el iceberg de la sociedad
civil se funde y desborda las presas del régimen autoritario. En
cuanto se afloja la represión, por cualquier motivo, la primera
reacción es un frenesí de organización autónoma en la sociedad
civil. Casi de la noche a la mañana se constituyen asociaciones
estudiantiles, sindicatos y protopartidos. En Brasil, los primeros en
organizarse fueron los abogados, los periodistas y los estudiantes, y a
continuación las “comunidades de base”. En Polonia, diez millones
de personas se afiliaron al sindicato Solidaridad en pocas semanas
durante el mes de septiembre de 1980. Incluso organizaciones
fundadas y controladas por el régimen, no sólo asociaciones
profesionales sino hasta la Asociación de Turismo y Visitas Re
creativas y la Asociación de Filatelia, declararon su independencia.
Un artículo de K. S. Karol (Le Nouvel Observateur, no. 1200, París,
6 de noviembre de 1987) apuntaba que el primer grupo autónomo
constituido en la Unión Soviética de Gorbachov podría haber sido
el de los espartaquistas, en referencia, obviamente, a los seguidores

setenta tenia “intención de incorporar al Seym [Parlamento] un grupo


significativo de un 2S por ciento de diputados católicos. Esto nos habría
permitido . . . ampliar la base política de las autoridades" -añadía-.

98
Transiciones a la democracia

del club de fútbol Spartak de Moscú. En 1987, ya había treinta mil


grupos independientes, que celebraron un congreso nacional. A
finales de 1989, sesenta mil grupos, clubes, asociaciones, circuios y
federaciones autónomos exploraban los límites del espacio político
3
(Pravda,10 de diciembre de 1989).1 1
El ritmo de movilización de la sociedad civil es variable
según los regímenes y depende de si el equilibrio autoritario se
apoya fundamentalmente en el engaño, el miedo o la prosperidad
económica. El equilibrio del engaño es el menos estable. Ep los
regímenes con un discurso ritualizado, donde todo eV mundo
cumple el paripé de pronunciar palabras en las que no cree y
que no espera que nadie crea, las palabras nuevas son subversivas.
Una vez se ha proclamado en voz alta que el rey está desnudo,
el equilibrio se rompe en el acto. En Rumania, puñado de
personas empezaron a gritar consignas contra CeaucesctL,durante
la manifestación de bienvenida organizada a su regreso del Irán y el
régimen cayó al cabo de pocos días. En los regímenes basadcfen el
miedo, donde las palabras están permitidas siempre que no accedan
al espacio público - la Polonia posestalinista y México después de
1982 son buenos ejemplos -, las ascuas de la disensión pueden arder
sigilosamente durante largo tiempo antes de estallar en llamas. El

11
Un meticuloso estudio de la movilización popular en España, centrado
en los sindicatos, es el de Maravall 1981,
Aunque no se sabe hasta qué punto son fiables estas estimaciones, a
continuación reproduzco algunos datos sobre la situación en Bulgaria. El
13 de noviembre de 1989, un titular del New York Times señalaba: "Los
búlgaros permanecen pasivos”; el 28 de diciembre el mismo periódico
cifraba en 5.000 el número de afiliados del sindicato independiente
Podkrepa; el 16 de enero de 1990, el diario Liberation de París informaba
que Podkrepa contaba con 100.000 afiliados.

99
Democracia y mercado

factor crucial para que acabe rompiéndose el aislamiento individual


es la protección del número. El pueblo polaco descubrió la fuerza
de la oposición en junio de 1979, cuando la visita del Papa congregó
a dos millones de personas en las calles; en Bulgaria, la primera
manifestación autónoma, el 17 de noviembre de 1989, tuvo su
origen en una manifestación de apoyo organizada por el nuevo
gobierno de Mladenov; otro tanto ocurrió en Rumania al regreso
de Ceaucescu del Irán; en la Alemania del Este, el movimiento de
masas se desencadenó cuando los trenes cargados de refugiados
procedentes de Checoslovaquia empezaron a cruzar el país en
dirección a la Alemania federal. Finalmente, los regímenes basados
en un intercambio tácito de prosperidad material por aquiescencia
pasiva -el “comunismo de gulasch” de Kadar en Hungría, el periodo
de Gierek en Polonia o el régimen del PRI en México antes d e 1982-
son vulnerables sobre todo a las crisis económicas. El tiempo que
media entre la apertura y la movilización popular varia, por tanto,
de un régimen a otro.
A partir de cierto momento, la sociedad civil se moviliza y
se forman nuevas organizaciones, que se declaran independientes
del régimen y proclaman sus objetivos, intereses y proyectos. El
régimen cuenta, sin embargo, con unas instituciones centralizadas,
no competitivas, que sólo permiten la incorporación de los grupos
que aceptan su dirección y controlan a posteriori los resultados
de cualquier proceso político. En consecuencia, mientras por un
lado comienzan a surgir organizaciones autónomas en la sociedad
civil, por otro, no existe ninguna institución ante la cuál poder
exponer sus puntos de vista y promover sus intereses. Debido a
este desfase entre la organización autónoma de la sociedad civil y
el carácter cerrado de las instituciones del Estado, el único lugar
donde los grupos recién organizados pueden luchar finalmente

100
Transiciones a la democracia

por sus valores e intereses es la calle. La lucha adquiere entonces,


inevitablemente, un carácter masivo.1 2
Una vez ocurrido esto, la liberalización no puede proseguir.
Los gases lacrimógenos suspendidos en las calles hacen escocer
los ojos de los liberalizadores; la erupción de movimientos de
masas, los disturbios y desórdenes, demuestran que la política de
liberalización ha fracasado. Puesto que la liberalización siempre se
concibe como un proceso controlado desde arriba, la aparición de
movimientos autónomos constituye la prueba de que el proyecto
no es, o al menos ha dejado de ser, viable. Las manifestaciones <?
revelan un atentado contra el más sacrosanto de los valores auto
ritarios, el orden mismo. Los estallidos masivos socavan el poder
de los liberalizadores dentro del bloque autoritario.,
y/ W
En China, las manifestaciones estudiantiles bligí ón a los

...
12
La experiencia brasileña no contradice este postulado general. CieSj¡£)'
es que en Brasil la lucha por la democracia no salió a la calle hastióla
campaña Direitos, ja! de 1984, pero en mi opinión el motivo fue que la
disten<ao de 1974 dio paso inmediatamente a una competencia electoral.
Existia un marco institucional a través del cual canalizar la oposición.
El proyecto de liberalización embarrancó de todos modos debido al
inesperado éxito electoral del MDB.
Análogamente, en la Unión Soviética la liberalización no provocó
manifestaciones masivas en la zona correspondiente a Rusia. Por dos
razones, a mi entender. En primer lugar, Gorbachov de hecho fomentó
la movilización popular, en un intento de impulsar una tradicional
coalición rusa entre el zar y el pueblo contra la burocracia. (Véanse sus
declaraciones explícitas al respecto en su libro Perestroika.) En segundo
lugar, el Soviet Supremo se transformó de la noche a la mañana en
una institución bastante competitiva, que fue escenario de fuertes
enfrentamientos y aprobó leyes con mayorías reducidas. En otras
palabras, el marco institucional se transformó de facto para adecuarse
a su definición de jure.

101
Democracia y mercado

liberalizadores a batirse en retirada y les costaron la dirección


del partido. Como resultado, volvió a intensificarse la represión.
En Corea del Sur, manifestaciones análogas provocaron en cambio
una ruptura en el régimen y transformaron a los liberalizadores en
democratizadores. Éstas son, en efecto, las alternativas: integrar a
los nuevos grupos en los pocos casos en que sea posible y reprimir
al resto, volviendo a la situación de estancamiento autoritario, o
incorporar al calendario político el problema de las instituciones,
es decir, de la democracia.1 3 Las liberalizaciones o bien acaban
cambiando de signo, con la inauguración de sombríos periodos
descritos eufemisticamente como de normalización1 4 o dan paso
a la democratización.
Lo que resulta desconcertante es que tantos políticos auto
ritarios crean que podrán triunfar donde otros han fracasado,
para acabar fracasando igualmente. El [Link] Brasil constituye

13
La evolución de los acontecimientos de 1955-7 en Polonia constituye un
ejemplo clásico de liberalización que desembocó en una normalización.
Tras un periodo de organización autónoma, los consejos obreros
quedaron incorporados al régimen, mientras se reprimía el movimiento
estudiantil. En Brasil, tras el intento liberalizador fallido de 1974, siguió
un periodo, de 1975 a 1977, caracterizado por una combinación de
represión intensificada y medidas de bienestar social. Véase Andrade
1980. Por algún motivo, varios autores brasileños, sorprendidos de que
el proyecto de liberalización no tuviese exactamente los resultados
esperados, procedieron a diferenciar el "proyecto” del "proceso” (Diniz
1986). No deben conocer la tercera ley de la decompresión de Pérez:
"Los acontecimientos siempre se desmandan.”
14
Milán Kundera los sintetiza con particular acierto: "Un hombre está
vomitando en la plaza Wenceslaus. Un transeúnte se le acerca y le dice:
‘No se preocupe. Le comprendo muy bien.’” (No recuerdo de qué
novela procede esta anécdota.)

102
Transiciones a ia democracia

un ejemplo clásico. Como señaló Smith (1987: 207): “La diferencia


entre liberalización y democratización esta clara para Golbery:
la auténtica democratización podría sustituirse con unas dosis
bien calculadas de liberalización, administradas adecuadamente,
manteniendo la exclusión política de los grupos subalternos y
vaciando de contenido las reivindicaciones bien fundadas de una
reforma real del modelo económico.”15 En Polonia, el régimen de
Jaruzelski hizo todo lo posible por lograr la cuadratura del círculo.
La estrategia consistía en crear instituciones democráticas, jtomo
el Tribunal Administrativo, el Tribunal Constitucional, comités de
autogestión y sindicatos independientes, el Consejo Consultivo
del Gobierno y una Oficina del Defensor del Pueblo, y seguir
conservando el poder. 16 Incluso en aquellos casos , en que la
liberalización sólo se inició bajo una intensa presión <£é manifes
taciones masivas (Alemania del Este y Checoslovaquia), „el primer
proyecto de la cúpula liberalizadora fue integrar la disenso riiipntro
del sistema autoritario: Krenz animó al “pueblo” a cofi|Ér sus
quejas al partido y prometió que las “autoridades” las escucharían;

15
Un fascinante documento con las lineas generales de un proyecto de
liberalización es el discurso pronunciado por el general Golbery do
Couto e Silva en 1980 (Golbery 1981). Karoly Grosz resumió su pasada
posición en los siguientes términos: "Mi postura era la siguiente:
Avanzar, con cora] e pero también con prudencia, para conseguir que la
nación nos comprenda y nos siga . . . Pensaba que un partido único,
una vez separadas sus dos alas radicales, seria capaz de superar las
dificultades.” (Véase la nota 7.)
16
Puede verse una buena descripción de esta estrategia en un artículo de
Leszek Gontarski titulado “¿Tememos a la democracia?” (“Czy boimy
si? demokacji?”), Zycie IVarszawy. no. 291, Varsovia, 12—13 de diciembre,
1987, p. 8.

103
Democracia y mercado

Vladyslav Adamec incorporó a algunos no comunistas cuidadosa


mente seleccionados en su primer gabinete; y ambos confiaban
desactivar la movilización con estas medidas. Sin embargo, todos
se equivocaron en sus expectativas y todos se vieron obligados a
aceptar finalmente la democratización. ¿Por qué?
Examinemos la situación desde el punto de vista de los
proto-Liberalizadores en el momento en que la opción de apertura
del régimen comienza a perfilarse en el horizonte. Los proto-
Liberalizadores pueden mantener su presente posición en el bloque
en el poder, en cuyo caso el resultado será el statu quo, designado
en el gráfico 2.1 con las siglas DICS (dictadura de statu quo), o
bien pueden decidir dar señales de su voluntad de tolerar algunas
formas de organización autónoma al margen del bloque en el
poder, de iniciar una apertura. Si las fuerzas organizadas de la
sociedad civil deciden participar en las nuevas formas organizativas
creadas por el régimen, mediante algún tipo de Frente de Unidad
Nacional en el caso más característico, y no se producen nuevas
movilizaciones autónomas, el resultado será DIGA (una dictadura
ampliada) y la estrategia liberalizadora habrá tenido éxito. Si la
sociedad civil continúa organizándose de manera autónoma, los
Liberalizadores se enfrentarán con la alternativa de volver al redil
y aceptar la represión de la movilización popular o dar un paso
más para iniciar una TRANSICIÓN a la democracia. La represión
puede resultar, sin embargo, una medida ineficaz: si consigue su
objetivo, el resultado será DICR (una dictadura restringida) donde
los Liberalizadores quedarán a la merced de los ejecutores de la
represión; si fracasa, el resultado será una INSURRECCIÓN.
Supongamos que los Liberalizadores asignan la probabilidad r
al éxito de la represión.
Lo primero a tener en cuenta es que el proceso de liberalización

104
Transiciones a la democracia

LIBERALIZADORES
seguir unidos a iniciar una apertura
los inmovilistas
DICS SOCIEDAD CIVIL
integrarse / organizarse

DICA LIBERAUZADORES

transformarse en
apoyar la represión Reformadores
1- r

DICR INSURRECCION TRANSICIÓN

Gráfico 2.1

sólo puede ponerse en marcha si algunos grupos del. régimen


autoritario prefieren i una dictadura ampliada al statu quo. LosVpibera-
lizadores prefieren ]DICA a DICS porque la ampliación desía base
social del régimen contribuye a su fortalecimiento general y porque
los grupos que se incorporarán constituyen los aliados naturales de
los Liberalizadores frente a los Inmovilistas. La INSURRECCIÓN es
el peor resultado posible para cuantos participan en el régimen.
Ahora bien, si todo el mundo lo sabe todo y todo el mundo
sabe lo mismo, los únicos resultados posibles del juego son el statu
quo o una dictadura ampliada y la liberalización sólo se produce
cuando su éxito está asegurado. Supongamos que las preferencias
de los Liberalizadores son DICA > DICS > TRANSICIÓN > DICR
> INSURRECCIÓN. Los Liberalizadores saben entonces que si
la sociedad se organiza, deberán convertirse en Reformadores. Y
también lo sabe la sociedad civil. En consecuencia, si los Libera
lizadores inician una apertura, la sociedad se organiza. Pero los

105
Democracia y mercado

Liberalizadores prefieren DICS a una TRANSICIÓN y, por tanto,


nunca inician una apertura. Supongamos, por otro lado, que las
preferencias de los Liberalizadores son DICA > DICS > TRANSI
CIÓN > DICR > INSURRECCIÓN y que éstos asignan una alta
probabilidad al éxito de la represión. Luego, los Liberalizadores
saben que optarán por la represión si la sociedad se organiza,
y también lo sabe la sociedad civil. Puesto que para la sociedad
DICA > DICR, la sociedad civil entra en el juego a sabiendas de
que los Liberalizadores optarán por la represión si se organiza. Y
puesto que para los Liberalizadores DICA > DICR, éstos inician una
apertura. El resultado es, por tanto, DICA.
¿Cómo puede llegar a darse, entonces, el paso hacia la TRANSI
CIÓN? Por mi parte, veo dos vías posibles, ambas basadas en errores
de apreciación de alguno d e los participantes.
(1) Supóngase que los Liberalizadores en realidad son proto-
democratizadores; esto es, que sus preferencias son DICA >
TRANSICIÓN > DICS > DICR > INSURRECCIÓN.1 7 Sin embargo,
deben revelar sus preferencias de manera estratégica, puesto que
los sectores inmovilistas del régimen jamás aceptarían una liberali-
zación si supiesen que los Liberalizadores estaban dispuestos a
llevarla hasta el final. En consecuencia, los Liberalizadores anuncian
que prefieren DICA > DICS > DICR > TRANSICIÓN y los
Inmovilistas les creen.
Supóngase ahora que la decisión de iniciar una apertura
depende del consentimiento de los Inmovilistas. Si los Liberali
zadores proponen una apertura, los Inmovilistas pueden decidir

17
También puede ocurrir que los Liberalizadores sean democratizadores
cubiertos con pie) de oveja, cuyas preferencias sean TRANSICIÓN >
DICA > DICS > DICR > INSURRECCIÓN.

106
Transiciones a la democracia

aceptarla, en cuyo caso se pasará a las siguientes fases del juego, o


pueden no permitirla, en cuyo caso el resultado será el statu quo.
Supóngase ahora que (a) los Inmovilistas prefieren DICR a DICS y
(b) los Inmovilistas creen que la sociedad piensa, equivocadamente,
que los Liberalizadores son en realidad proto-democratizadores.
Según el análisis de la situación que harán entonces los Inmovilistas,
si aceptan la apertura, la sociedad, convencida de que los Liberaliza
dores no optarán por la represión, comenzará a organizarse. Pero
suponen que los Liberalizadores prefieren el resultado espeíado
como consecuencia de una represión. En consecuencia/ los In
movilistas piensan que el resultado de la apertura será DICR y con
esta idea la aceptan. Sin embargo, dadas las auténticas preferencias
de los Liberalizadores, el resultado es la TRANSICIÓl .
En esta explicación se supone que los Liberalnádores saben
desde el primer momento lo que se proponen y engaña , delibe
radamente a los Inmovilistas, a la vez que envían señales corroías a
la sociedad. Resulta difícil evaluar la plausibilidad de este desiír olio
de los hechos, precisamente porque los Liberalizadores se ven
obligados a revelar estratégicamente sus preferencias. Esto obliga
a decidir si los Liberalizadores son sinceros cuando afirman que
sólo pretenden revitalizar el régimen ampliando su base social.18
A la vista de sus declaraciones públicas, tienen que saber mentir

18
O’Donnell (1979: 13) señaló a propósito de las liberalizaciones iniciadas
por Lanusse (1971-3) en Argentina y por Geisel (1975-9) en Brasil que
ambos lanzaron la amenaza de que se verían “obligados" a interrumpir
el proceso si las cosas se desmandaban. Pero su compromiso era
demasiado fuerte para poder detenerse; hacer marcha atrás en el
proceso de liberalización hubiese supuesto una victoria de los "duros"
sobre los “blandos”.

107
Democracia y mercado

muy bien o de lo contrario no es plausible que las cosas ocurran


del modo descrito.
(2) Supóngase que las preferencias de los Liberalizadores son
DICA > DICS > DICA > TRANSICIÓN > INSURRECCIÓN y su
estimación previa de las probabilidades de éxito de la represión es
alta, lo cual implica que e] resultado será DICA. Los Inmovilistas no
intervienen para nada en este caso; puede ocurrir que el régimen
n o esté dividido o que los Liberalizadores controlen las armas. Los
Liberalizadores inician la apertura, con la expectativa de que la
sociedad se integre en el régimen. La estimación de la sociedad en
cuanto a las probabilidades de éxito de la represión es, sin embargo,
más baja y además piensa que ios Liberalizadores la comparten. En
consecuencia, la sociedad se organiza. Cuando los Liberalizadores
observan que la sociedad continúa organizándose, reducen su
estimación de las probabilidades de éxito de la represión hasta un
nivel en que prefieren la TRANSICIÓN al resultado esperado bajo la
represión. Luego, la sociedad civil se organiza y los Liberalizadores,
al observar el desarrollo de los acontecimientos en la calle, revisan
sus ideas sobre la eficacia de la represión.
Estos supuestos parecen plausibles. Se dice que Erich Mielke,
e] jefe del aparato de seguridad de la Alemania del Este, de
ochenta y dos años, le comentó a Honecker: “No podemos aplastar
a centenares de miles de personas, Erich” (New York Times,19
de noviembre de 1989, p. 15), comentario que personalmente
interpreto como una advertencia técnica más que ética. Si la
movilización popular crece a pesar de las cargas policiales y las
detenciones, e] régimen revisará a la baja su valoración de la eficacia
de recurrir a las armas. Por otro lado, llega un momento en que los
envites son enormes. No participar en la represión es un acto de
traición, por el cual Ceaucescu, en un último acto de poder, obligó

108
Transiciones a la democracia

a un general rumano a “suicidarse”;1 9 al mismo tiempo, participar


en una represión fracasada llevó a la cárcel al secretario del partido
en Praga sólo un par de semanas después. En estas condiciones,
abandonar el barco aparece como un recurso tan adecuado para
salvar el pellejo como empezar a disparar.20
Las dos explicaciones expuestas suponen unas preferencias
fijas y actores racionales, aunque mal informados. Existen, sin
embargo, otras dos explicaciones plausibles.
Una es sociológica. A medida que va cristalizando la organización
de la sociedad civil, que sus dirigentes comienzan a ser Conocidos
y empiezan a establecerse contactos personales, los Liberalizad ores

19
Según la información disponible hasta ahora, al parecer élftnirgstro
de Defensa, el ministro del Interior y el jefe de la polic secráta no
acataron la orden inicial de Ceaucescu de armar a sus fuerzas. Qespués
de recibir una arenga de Ceaucescu en la última reunión del Burq?
Político, los otros dos fingieron pleitesía de manera suficientemente
convincente y sobrevivieron, sólo para intentar cambiar de bandtí'al
cabo de un par de días. Para las actas de esta reunión, véase Jean-Paul
Mari, “La derniére colére de Ceaucescu”, Le Nouvel Obserrateur.11 de
enero, 1990. pp. 42-5.
20
Para un análisis más riguroso de estas situaciones, véase Przeworski
1986c.
En este contexto, es preciso añadir un comentario sobre la teoría de
la acción colectiva. El principal punto flaco del planteamiento de Olson
(1965) es su supuesto de un sttttu quo pre-estratégico. En su teoría, los
individuos pueden escoger entre no hacer nada o actuar para promover
un bien público. Sin embargo, como señaló Sartre (1960), hay situaciones
en que la única alternativa es actuar a favor o en contra. Cuando las
tropas realistas comenzaron a registrar las casas que flanqueaban la calle
que conducía a la Bastilla en busca de armas, la única alternativa para
los moradores que las mantenían ocultas era ir a dar con sus huesos en
la Bastilla o destruirla. Bajo estas condiciones el “problema de la acción
colectiva” no es un dilema del prisionero.

109
Democracia y mercado

constatan que la oposición no representa una amenaza tan grande


como creian. Asi se expresó el general Jaruzelski, convertido ya en
presidente electo, al ser entrevistado por Adam Michnik, actual
mente director del diario pro-Solidaridad, con motivo del octavo
aniversario de la represión de 1981: "Nuestra percepción del
mundo fue modificándose gradualmente. Ahora vemos las cosas
d e un modo distinto. Pero teníamos que llegar hasta ese extremo,
teníamos que darnos d e bruces. Era obligado para todos. Y,
además, ¿para qué mirar más lejos? Durante muchos años usted
fue a mis ojos, y no sólo a los míos, un personaje particularmente
demoníaco.” 21 Las negociaciones indican que la oposición está
dispuesta a escuchar y a hacer concesiones; los contactos personales
aproximan a los individuos. Progresivamente, la transición deja de
parecer una ruptura abismal y la represión comienza a considerarse
simplemente incivilizada. Los Liberalizadores modifican endógena
mente sus preferencias como resultado de las negociaciones con la
oposición.
La segunda explicación es psicológica. Los Liberalizadores
pueden no ser racionales. Los actores racionales basan sus juicios en
la información que reciben y actúan para hacer realidad sus deseos
a la vista de esos juicios. Si son auténticamente racionales, apelarán
a sus juicios para moderar sus deseos. Los actores irracionales

21
“Z generalera Jaruzelskim o stanie wojennym”, Gazeta, Varsovia, 18
de diciembre, 1989, pp. 5-6. El general Kiszczak señaló, por su parte,
que “los agentes del MSW [el ministerio del Interior, o sea la policial
comenzaron a aceptar progresivamente la perspectiva de la coexistencia
con la oposición, la inevitabilidad del compromiso polaco. De no haber
estado preparados, ahora podría haber resistencia y tensiones.” (“Przewrót
niewykonywalny”, entrevista con el general Czeslaw Kiszczak, Gczeta,
Varsovia,11 de septiembre, 1989, p. 4.)

110
Transiciones a la democracia

permiten que sus deseos contaminen sus juicios y filtran las


informaciones indeseables. Supongamos que el régimen no tiene
más remedio que iniciar una apertura. Las presiones extranjeras,
el estrangulamiento económico y político, pueden no dejarle otra
salida que la liberalización; Nicaragua es un ejemplo evidente. O la
movilización popular puede resultar incontenible, como ocurrió
en Polonia. En tales condiciones, los Liberalizadores tenderán a
convencerse de que la apertura tendrá éxito e incluso de que
ganarán las elecciones si la llevan hasta el final e instauran la
democracia.
Si cualquiera de las hipótesis apuntadas es cierta, ello permitiría
comprender el espectáculo de los Liberalizadores que se aventuran
en proyectos irrealizables y luego cambian de chaqjiqta a mitad
del camino. O bien estaban realmente dispuestas dé entrada
a avanzar hasta la democracia, pero tuvieron que ocultar sus
verdaderas intenciones, o descubrieron a mitad del empeño- que
la represión difícilmente tendría éxito, o constataron qííe no
tenían tanto que perder como habían supuesto al principio, o
no tenían otra elección y se limitaron a poner al mal tiempo
buena cara.
No obstante, la liberalización no siempre da paso a una
transición, como vinieron a recordarnos los trágicos aconteci
mientos de la plaza Tiananmen. ¿Cuándo desembocará la libe
ralización en una represión y en una dictadura más restringida de
la cual quedarán excluidos los Liberalizadores? Ya sabemos que
este resultado no es posible si todo el mundo lo sabe todo y todos
saben lo mismo. Supóngase que (1) los Liberalizadores sólo quieren
iniciar una apertura del régimen, (2) los Liberalizadores creen que
la sociedad sabe que prefieren DICA a una TRANSICIÓN y que
están dispuestos a recurrir a la represión en caso necesario, y (3)

111
Democracia y mercado

la sociedad piensa erróneamente que los Liberalizadores son en


realidad democratizadores o que no optarán por ]a represión por
creerla ineficaz. Los Liberalizadores inician entonces una apertura,
esperando que la sociedad se integre en el régimen; la sociedad
piensa que si continúa organizándose, los Liberalizadores optarán
por la transición, pero éstos optan por la represión.
La liberalización -una apertura que resulte en una ampliación
de la base social del régimen sin modificar su estructura- no es,
por tanto, un proyecto factible a menos que todos los implicados
posean información completa y fidedigna sobre las preferencias de
todos ¡os demás y sobre las probabilidades de éxito de la represión.
Algunos errores de percepción impulsan una liberalización hacia
una transición; otros determinan que desemboque en la represión.
Marx ya describió en 1851 la tragedia permanente de los Liberaliza
dores: desean una democracia que les mantenga en el poder y se
indignan cuando ésta se vuelve contra ellos; intentan aferrarse al
poder mientras pueden, pero acaba llegando un momento en que
deben optar entre dar un paso atrás y restablecer el autoritarismo
o seguir avanzando hacia la emancipación democrática.

Democratización
Introducción

Cuando una dictadura se derrumba, en el primer plano del pano


rama político se sitúa el problema de la disposición de las fuerzas
políticas significativas a aceptar algunas instituciones que permitan
una competencia con resultados no predeterminados, aunque sea
limitada. Y una vez instauradas estas instituciones, de inmediato

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