UNIVERSIDAD CATOLICA SANTA ROSA
FACULTAD DE DERECHO
ESCUELA DE DERECHO
LA NUEVA CRIMINOLOGÍA O CRIMINOLOGÍA CRÍTICA
Br. Alexander Sivira Profesor:
C.I. 28099241 Carlos A. Miranda
Puerto Cabello, octubre 2024
INTRODUCCION
Con las teorías de la criminalidad y de la reacción penal basadas en el labelling
approach y con las teorías del conflicto tiene lugar, en el ámbito de la sociología
criminal contemporánea, el paso de la criminología liberal a la criminología crítica
(Baratta, 1986). En ese sentido, las concepciones criminológicas positivistas
empezaron a ser rechazadas por esta corriente, que percibía estas posturas más bien
como un instrumento de legitimación del orden legal y social constituido, sumando
entonces las críticas al etiquetamiento y produciéndose un “cambio de paradigma” que
criticaba, en general, el hecho de presentar al infractor como un sujeto excesivamente
pasivo.
Es por ello por lo que partimos de sus principales precursores para centrarnos en
el movimiento mismo, recurriendo a diversos autores para desarrollar sus propuestas y
objetos de estudio. Seguidamente, nos centraremos en Alessandro Baratta y sus
postulados, uno de sus principales precursores, para culminar con las críticas recibidas
a lo largo de su proceso de maduración y recopiladas por la catedrática Elena Larrauri.
Concluimos comentando las carencias de la criminología crítica a la hora de explicar
las causas del delito, pues numerosas pueden ser sus causas además de las condiciones
de la sociedad capitalista.
LA NUEVA CRIMINOLOGIA
La nueva criminología se inicia cuando toma principios emanados de otras
corrientes (interaccionismo, conflicto social, etiquetamiento), los problematiza y
aventaja, enfrenta al “desviado” con su creador y convierte al hombre en un luchador
de clase.
La amplia gama de teorías o corrientes inscritas en el ámbito de la nueva
criminología y la no coincidencia plena de todas ellas respecto de las bases teórico-
prácticas, dificulta la enunciación de sus principios generales, los cuales serían:
a. Rechazo de los paradigmas consensual y pluralista, y adopción del
conflictualista, es decir, reconocimiento de la permanente lucha de clases.
b. Critica del orden legal (derecho penal, ciencia penal, justicia penal), el sistema
capitalista y la criminología tradicional.
c. Ubicación de la ley penal (para su cuestionamiento y parcial aceptación) dentro
de un contexto sociopolítico concreto.
d. Estudio de crímenes no codificados: sexismo, racismo, cuello blanco, etnocidio,
guerrerismo.
e. Análisis absolutamente geopolítico, que implica rechazo a las explicaciones
biologías, psicológicas, antropologías y sociológicas.
f. Superación de los estudios sectorizados o micro sociológicos para partir de los
macro sociológicos.
g. Búsqueda del origen de la criminalidad en el poder político, que se ale del control
social formal e informal.
PRINCIPALES PRECURSORES
Haciendo un breve repaso de los principales precursores, encontramos los
postulados de Chambliss (1978) en Estados Unidos, quien plantea que la criminalidad
es el resultado de las imposiciones culturales relacionadas con el consumo y de las
necesidades materiales fomentadas en el proceso de explotación de la plusvalía, siendo
el crimen el principal producto de la política económica. Por su parte, Quinney (1974)
concluye que el Estado burgués tiene la función de legitimar el modo de producción
capitalista atribuyendo sanciones legales generales a los intereses de una minoría,
protegiendo tales intereses con el uso de la fuerza y siendo el derecho penal un
instrumento coercitivo empleado para mantener el orden socioeconómico existente
(1974). También Platt (1969) fue un autor de gran influencia pues, para él, el delito no
depende exclusivamente de la pobreza, sino que más bien es producto de ciertas
condiciones ideológicas, de las relaciones sociales y de la ética individualista.
Los mayores exponentes de la criminología crítica británica son, sin duda, Ian Taylor,
Paul Walton y Jock Young, constituyendo el más vigoroso intento de suplantar los
enfoques vigentes con una alternativa neo-marxista (Downes y Rock, 1973) mediante
una completa teoría social de la conducta desviada. Se trata de un recorrido reflexivo
crítico del pensamiento criminológico que se plantea como una historia de ideas
pasadas, presentadas de forma más o menos cronológica (Cohen, 1991).
Sin embargo, fue con su libro Criminología Crítica y Crítica del Derecho
Penal (1982) cuando Baratta se transformó en uno de los exponentes más importantes
de esta corriente. Por su parte, este autor postula que la criminología crítica y la crítica
del derecho penal deben constituir las bases sobre las cuales es posible elaborar una
sociología jurídico-penal. Ya lo hemos dicho previamente: a su juicio, esta
construcción importa la generación de una nueva ciencia, cuyo objeto debería ser el
estudio de los comportamientos normativos, ocupándose de elaborar una teoría
económico-política de la desviación en lugar de dirigir su atención al proceso
individualizado de criminalización. Por ello, Baratta sugiere la generación de un
derecho penal mínimo y limitado por principios legales y personales, defendiendo los
derechos humanos.
EL MOVIMIENTO DE LA CRIMINOLOGIA CRITICA
El trabajo que se está haciendo para la construcción de una teoría materialista de
la desviación de la criminalización, somos conscientes de que semejante elaboración
teórica requiere de una observación empírica en la cual ya pueden considerarse válidos
datos bastante importantes que han sido recogidos en contextos teóricos marxistas
(Baratta, 1986).
Según Baratta (1986), la plataforma teórica obtenida por la criminología crítica y
preparada por las corrientes más avanzadas de la sociología criminal liberal puede
sintetizarse en una doble contraposición a la vieja criminología positivista, que usaba
el enfoque biopsicológico. Como se recordará, ésta buscaba la explicación de los
comportamientos criminalizados partiendo de la criminalidad como dato ontológico
preconstituido a la reacción social y al derecho penal pretendiendo, además, estudiar
las “causas” de la criminalidad con total independencia.
Es decir, desde un enfoque macro-sociológico, se desplaza el objeto de estudio
hacia los mecanismos estructurales de control social, poniendo atención en los
procesos de criminalización, interpretando la realidad del comportamiento desviado y
evidenciando su relación funcional o disfuncional con el desarrollo de las relaciones
político-económicas. Se resalta, por ende, la desigualdad existente entre
criminalización primaria, secundaria y la impunidad en que quedaba la mayoría de los
delitos, mostrando la debilidad del ciudadano frente al sistema de justicia penal, fuente
de abusos por parte del poder, hasta la promulgación de los llamados derechos
humanos como primordial objeto de la criminología y como límite del derecho penal.
Por tanto, se puede decir que el principal objeto de estudio abordado desde esta postura
es el control social referido al “desarrollo de las instituciones ideológicas y a la acción
de prácticas de coerción que permiten mantener la disciplina social, pero a la vez sirven
para reproducir el consenso, respecto a los principios axiológicos en que se basan las
sociedades” (Baratta, 1986). De este modo, el concepto de control social se abre
también a conocer las estrategias que se requieren para alcanzar el consentimiento
espontáneo de la sociedad civil hacia aquello que promulgan los grupos dominantes,
asumiéndose el término como una categoría que guía la lectura de las relaciones
sociales, tanto en aquellas conflictivas como las positivas y las neutrales.
El salto cualitativo que separa la nueva de la vieja criminología consiste, por
tanto, en la superación del paradigma etiológico, fundamental de una ciencia entendida
naturalistamente como teoría de las “causas” de la criminalidad. Esta superación
comporta, también, la de sus implicaciones ideológicas: la concepción de la desviación
y de la criminalidad como realidad ontológica preexistente a la reacción social e
institucional, así como la aceptación acrítica de las definiciones legales como principio
de individualización de aquella pretendida realidad ontológica, dos actitudes
contradictorias entre sí (Baratta, 1986).
Por tanto, y con la perspectiva de la criminología crítica, la criminalidad no es
ya una cualidad ontológica de determinados comportamientos e individuos, sino que
se revela más bien como un estatus asignado a determinados individuos por medio de
una doble selección: la de los bienes protegidos penalmente y los comportamientos
ofensivos a estos bienes considerados en las figuras legales, y la selección de los
individuos estigmatizados que cometen infracciones a normas penalmente sancionadas
(Baratta, 1986). La criminalidad es, por ende, un “bien negativo distribuido”
desigualmente según la jerarquía de intereses fijada en el sistema socioeconómico y
según la desigualdad social entre los individuos.
EL NUEVO REALISMO DE IZQUIERDA
El nuevo realismo de izquierda reanimó como objeto de estudio al delito, pero
tomando partido por las clases tradicionalmente criminalizadas así como los delitos no
convencionales (como, por ejemplo, aquellos perpetrados por las clases poderosas o
de cuello blanco) (Baratta, 1986). Para el realismo de izquierda, el delito es realmente
un problema que recae, principalmente, sobre la clase trabajadora y sobre otros grupos
desprotegidos por la ideología dominante siendo, de manera paradójica, los sectores
sociales más débiles frente al impacto de los delitos organizados
Esta ideología ha hecho ver que los más débiles son las víctimas continuas de
una violencia oficial que no aparece reflejada en las estadísticas gubernamentales. Por
tanto, el objetivo será construir una criminología de la clase trabajadora en las que las
políticas de control no sean represivas, sino preventivas, mediante la participación
ciudadana y la común vigilancia de los lugares donde ocurren los delitos, efectuada por
los mismos interesados, con el propósito de vigilar la acción oficial, quitándole al
Estado el monopolio para otorgarle a las personas una voz política que trascienda la
naturaleza opresiva de los mecanismos estatales.
De aquí se han derivado varios movimientos más representativos de reacción a
la criminalidad y que han proporcionado interesantes objetos de estudio a la disciplina
(Baratta, 1986):
El feminismo: este movimiento social busca su reconocimiento en un mundo
hecho por y para los hombres. Ha evolucionado hasta conseguir tipificar y
agravar penalmente las sanciones de las conductas en las que las mujeres son las
víctimas principales, así como la liberación de la violencia institucionalizada por
la discriminación sufrida en la vida social y privada.
Los movimientos ecologistas: responsabilizan a los gobiernos y a los grandes
empresarios por la depredación del agua, la tierra o el espacio, considerados
bienes jurídicos que deben protegerse penalmente, pues su víctima es la
población abierta.
Los movimientos por el derecho a la paz y el respeto a los derechos humanos:
éstos denuncian la violencia política estructural y la utilización de los aparatos
del Estado para la defensa del sistema de producción-dominación capitalista, que
funciona en contra de las personas dominadas.
Los movimientos sociales que sacan a la luz los conflictos de género y de
libertad de ejercicio sexual: promueven el reconocimiento de aquellas personas
que no encuadran en las normas ideológicas establecidas para considerar a
alguien como perteneciente a un sexo u otro, pudiendo existir otros sexos.
EL ABOLICIONISMO PENAL
En este caso, se denuncia la inflación excesiva de normas que padece el sistema
punitivo y su mínima eficacia, pues deja impune la mayoría de los delitos cometidos.
Se propugna, por tanto, tipificar sólo delitos que tengan una trascendencia dañina para
la sociedad, suprimiendo de los códigos penales las conductas y los conflictos que
puedan ser resueltos por otras áreas del derecho, abriendo la vía a la conciliación para
su solución (Baratta, 1986).
EL DERECHO PENAL MÍNIMO
Aquí encontramos una opción que surge entre el abolicionismo y el maximalismo
penal, tomando en consideración los efectos nocivos del derecho penal. Ante la
imposibilidad real de eliminarlo, se considera su intervención como último recurso,
respetando los principios generales del derecho moderno, tano de carácter sustantivo,
procesal y de ejecución de penas, como despenalizando un gran número de conductas
que pueden resolverse por otras vías, como las multas o las compensaciones (Baratta,
1986).
Esta corriente surgió en Italia como respuesta a las leyes contra el terrorismo
promulgadas durante la década de los ochenta, cuya característica esencial fue la
restricción de las garantías y de los derechos de las personas (Sánchez y González,
2002).
CRIMINOLOGIA CRITICA
Para abordar este estudio, Baratta analizó la política, la democracia, el derecho
penal y la criminología clínica, para dar entrada mediante el método sociológico
jurídico a los planteamientos de la criminología crítica en el derecho penal,
demostrando la superación de la doctrina positivista de la defensa social y
promoviendo una política criminal alternativa (Sánchez y Armenta, 1998).
Por su parte, conceptualizó la política de una forma diferente, de manera que los
ciudadanos también eran considerados sujetos políticos. De hecho, la sociedad estaría
formada por el conjunto de personas portadoras de necesidades reales y serían el
principio constituyente de una organización de relaciones sociales adecuadas
al proyecto político de una manera humana de satisfacción de necesidades. Esa manera
permite la preservación del medio ambiente y de los recursos naturales, favoreciendo
el máximo desarrollo de la capacidad de cualquier persona.
Como consecuencia de la explicación anterior, la democracia se define como la
autoorganización pública para dar respuesta a las necesidades reales de los ciudadanos,
es decir, la expresión de las políticas públicas que cumpliera efectivamente las
obligaciones del Estado como productor y proporcionador de satisfactores para los
ciudadanos.
CONCLUSION
Evidentemente, el impacto de la criminología crítica es beneficioso para la
sociedad en general. De hecho, los conocimientos que brinda son muy positivos para
ser aplicados en un mundo más justo, donde el respeto a la dignidad humana quede por
encima de cualquier otra consideración utilitarista. Por su parte, tiene en cuenta la
dificultad de la resocialización del criminal, por lo que se buscan los medios para
prevenir el comportamiento antisocial implicando a toda la comunidad, pues sólo podrá
conseguirse este objetivo cuando toda la sociedad tome conciencia del problema.
Para esta moderna criminología, el crimen pierde sus connotaciones patológicas
para ser contemplado como un problema social y comunitario, a la vez que la víctima
cobra un merecido protagonismo: en este momento, se convierte en un elemento
dinámico del delito, dando un giro al objeto de estudio de la disciplina. La teoría del
control social se convierte en todo un éxito, desarrollando el llamado control social
informal, capaz de resolver los conflictos sin elevar los costes sociales ni estigmatizar.
Por su parte, el control del crimen le corresponde al derecho penal, pero desde un papel
secundario y subsidiario, conforme al principio de intervención mínima y reflejando la
selectividad del fenómeno criminal.
A pesar de sus beneficios, esta corriente no ha estado exenta de críticas. De
hecho, y desde un punto de vista personal, la criminología crítica debe regresar sobre
sus ideas primarias para analizar e investigar completamente las causas y circunstancias
del delito, siempre con la intención de denunciar los modelos de injusticia estructural
que explican que la pobreza y las condiciones de la sociedad capitalista son los mayores
indicadores de criminalidad. Evidentemente, esta no es la única causa de la
delincuencia, y numerosos pueden ser los factores que pueden provocarla dentro de la
sociedad misma, como el individualismo, la competitividad, la codicia, etc. Es por ello
por lo que la criminología crítica debe continuar construyéndose a sí misma,
evolucionando y madurando con los cambios propios de una sociedad dinámica y
cambiante.
BIBLIOGRAFIA
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Mora, J. (2017). De la criminología crítica a la crítica del derecho penal: Apuntes y
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