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PRINCIPIOS COLONIALES
La Nueva España, al igual que otras colonias de ultramar, tuvo un
sistema general de instituciones políticas compuesto por un dispositivo
central-peninsular, representado por el rey, sus secretarios y el Consejo
de Indias; otro dispositivo central americano, integrado por el virrey y
la(s) Audiencia(s); un dispositivo provincial y distrital, con los
gobernadores y corregidores o alcaldes mayores; y un dispositivo local,
constituido por los cabildos y sus oficiales.
El virrey ejercía el poder por tres años y dependía del soberano
prolongarlo o no en el cargo. Era quien principalmente proclamaba las
leyes y tenía la facultad de expedir reglamentos, ordenanzas, licencias,
bandos, mercedes, decretos, etc.
El poder reglamentario de los virreyes en la Nueva España fue muy
importante, pues sus ordenanzas constituyeron la base principal de las
disposiciones reales al ser ratificadas, y quizá formaron la mayor parte
de la legislación colonial si se compara con la que se originó en la
metrópoli. Casi toda la reglamentación sobre asuntos del trabajo, minas,
ganadería, tributo de los indios, etc., fue obra de los virreyes, que por
participación de la Audiencia se manifestó bajo la forma de Autos
Acordados.
Las Audiencias eran tribunales superiores de justicia y tribunales
administrativos que actuaban colegiadamente. A falta del virrey fueron
Gobernadoras, y las veces de presidente las hacía el decano u oidor
más antiguo. Los oidores tenían determinada intervención
gubernamental como consejo del virrey, dictaminaban asuntos que éste
debía resolver y participaban en la función reglamentaria, redactando y
dando ordenanzas o dictando resoluciones en Real Acuerdo, los Autos
Acordados; informaban también sobre los malos tratos a los indios,
acerca de cómo se guardaban las leyes respecto a éstos y remediaban
los abusos castigando a los culpables. Por otro lado, los oidores
vigilaban al virrey y los fiscales velaban porque los pleitos fuesen
expeditos y beneficiosos al patrimonio real. El gobierno provincial y
distrital novohispano tenía como máximas autoridades a los
gobernadores, corregidores y alcaldes mayores. Los primeros tenían
facultades jurisdiccionales; encabezaban la administración de justicia y
dictaban reglamentos y resoluciones.
El virrey era el gobernador del reino de la Nueva España; había un
presidente-gobernador para Nueva Galicia, y gobernadores para Nueva
Vizcaya, Nuevo León, Nuevo México y Yucatán. Por su parte, los
corregidores y alcaldes mayores vivían en las cabeceras de su provincia
observando lo referente a obras públicas, justicia local y tranquilidad,
participaban además en el cobro de tributos.
Los corregidores dependían del Consejo de Indias, no del virrey;
carecían de facultad legislativa y ejercían la resolutoria subordinándose
al propio virrey, quien podía conocer los casos correspondientes al
corregimiento e incluso revisar sus resoluciones.
Resta advertir que había alcaldes mayores de provincias y corregidores
en pueblos de indios; asimismo que a partir del siglo XVII la distinción
entre ambos se desvanece, pues tendrán funciones e importancia
idénticas aunque diferente denominación. En el XVIII, los excesos de
esos funcionarios serían causa fundamental para extinguir los cargos.
En lo que corresponde al gobierno local, la corporación que
administraba y regía los consejos de ciudades, villas u otros lugares se
llamaba cabildo, y hubo diferencias entre los pueblos de españoles y los
de indígenas. En los cabildos españoles correspondía la justicia a los
alcaldes ordinarios y el regimiento o administración a los regidores.