Tema 3
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TEMA 3
INTRODUCCIÓN
Los dos factores que más correlacionan con la delincuencia: la edad y el sexo, determinan una diferencia
importante en la criminalidad. El mayor número de delitos son cometidos por jóvenes, disminuyendo la tendencia
delictiva conforme aumenta la edad. Se han realizado numerosos estudios para averiguar las causas de la relación
entre edad y delincuencia. El sexo, es un factor que correlaciona de forma muy significativa con la delincuencia,
de tal forma, que la mayoría de delincuentes son hombres, así como también las víctimas. El elevado volumen de
delincuencia masculina ha tenido dos consecuencias importantes, una, que todas las teorías criminológicas se
ocuparan de buscar las causas de la delincuencia masculina, olvidándose de la delincuencia femenina, y otra, que
la única referencia que se hacía a ella era para destacar su escasa importancia, frente al elevado número de
delitos cometidos por los hombres, a la vez que se elaboraban diferentes teorías para explicar esta diferencia
cuantitativa. El estudio de la delincuencia femenina debe realizarse independiente de las teorías criminológicas
existentes, con interés científico propio y no con referencia a la delincuencia masculina.
1. LA EDAD
Es uno de los factores que más correlaciona con la delincuencia (Serrano Maíllo). Lombroso creía que el influjo de
la edad en los delincuentes era uno de los caracteres que más les diferencian de los amentes. Mantenía que una
característica del delincuente era la precocidad, y que cada edad tiene su criminalidad peculiar. (Lombroso se
opone a la escala de delitos según la edad, que solo se puede constatar en un caso).
GORING, médico de prisiones, realizó un estudio con los internos en las prisiones inglesas para refutar la tesis de
Lombroso y llego a la conclusión de que no era cierta la tesis de Lombroso. Realizó una estadística donde recogía
caracteres y datos sobre las mediciones realizadas y elaboró un cuadro estadístico con las edades de los
delincuentes, comprobando la precocidad en el delito, en lo que coincidía con Lombroso.
QUETELET estudió las estadísticas criminales y comprobó que la tendencia del crimen es la misma en todos los
países, crece de forma progresiva, alcanza un máximo y comienza a decrecer para extinguirse con la vida.
En España, Salillas investigó la relación entre edad y delito estudiando el censo de población en España en el año
1877 y las estadísticas de la Administración de Justicia en las que se recogía los delitos cometidos entre 1883 y
1887. Los delincuentes estaban clasificados en grupos de edad, comparando los grupos de edad con el censo de
población en 1877, la proporción de delitos por cada 1.000 habitantes la más destacada fue en el grupo de 18 a 25
años, se alcanza la mayor proporción de delincuentes por 1. 000 habitantes.
De los datos de detenciones de delincuentes recogidos en los Anuarios del Ministerio del Interior, alrededor de
un 15% de detenidos son menores de edad. La delincuencia juvenil es actualmente una de las mayores
preocupaciones de las sociedades europeas, y desde el siglo pasado, es uno de los problemas criminológicos
sobre el que se ha mantenido una continua observación internacional.
Las acciones protagonizadas por los jóvenes ,tanto las conductas delictivas como desviadas o antisociales,
obtienen, con frecuencia, una relevancia social mayor que las realizadas por los adultos, y mucho más si son de
carácter negativo, generándose una percepción social adversa respecto de los menores infractores. Hay que tener
en cuenta que en la delincuencia juvenil existe una elevada ‹‹cifra negra››, debido a la naturaleza leve de las
infracciones, y porque con frecuencia, las victimas también son menores de edad y no denuncian los hechos.
Con independencia del resultado que las estadísticas arrojen en cada momento, lo cierto es que está
ampliamente extendida en los países europeos la percepción de que se está produciendo un incremento de la
delincuencia juvenil y que los delitos que cometen los jóvenes son cada vez de mayor gravedad. Ante esta
situación, los ciudadanos demandan mecanismos de control más eficaces, lo que ha provocado en muchos países
un endurecimiento de la legislación de menores. Todo ello abunda en la necesidad de medidas de coordinación y
orientación que faciliten un control europeo del fenómeno, pero también de políticas de información adecuadas.
Para valorar la importancia del factor edad en la comisión de delitos se elaboraron las curvas de la edad (Quetelet
en el siglo XIX, en España Serrano Gómez en los años 70, siglo XX, Hirschi, Gottfredson en Estados Unidos). En
estas curvas de la edad se observa que asciende muy rápidamente la comisión de delitos a partir de una edad y
hasta, aproximadamente, los veinte años, edad en la que comienza el descenso de forma muy rápida. La
explicación más popular dada a este hecho se basa en las influencias sociales. GRÁFICO 1. Pág. 155
Si se compara la delincuencia femenina con la masculina, se reproduce la tendencia a la disminución en la
comisión de delitos de las mujeres según se van cumpliendo años. GRÁFICO 2. Pág. 156
Existe consenso en la correlación entre edad y delito y su representación en la curva de la edad, pero la
interpretación de la misma no es uniforme en la doctrina, de ahí que las objeciones que se han realizado a la
misma han sido que para la elaboración de la curva se utilizan datos agregados, lo que no coincide con la
tendencia natural de los sujetos concretos, de forma que cada sujeto individual no puede seguir la total evolución
de la curva. Otra de las críticas realizadas es que ninguna teoría es coherente con la curva de la edad. Las causas
que explican la delincuencia juvenil, o determinados correlatos, no son validos para explicar la delincuencia
adulta. El motivo puede deberse a que hay delincuentes que solo lo son durante la etapa juvenil y al llegar a la
edad adulta dejan de serlo. Con carácter general puede afirmarse que los delincuentes adultos ya cometieron
delitos en su juventud.
Las características de la delincuencia juvenil son iguales en todos los países. En Reino Unido, un estudio realizado
sobre la delincuencia juvenil y los delitos cometidos por los jóvenes recoge que la prevalencia de la delincuencia
aumenta hasta un pico en la adolescencia y luego disminuye a los veinte años. Los estudios de auto-informe
también muestran que la mayoría de los delitos cometidos por los jóvenes se llevan a cabo desde la adolescencia
hasta los veinte años. Por otra parte, los jóvenes delincuentes tienen amigos delincuentes, se asocian con sus
iguales, pasan mucho tiempo con sus amigos. La creación de bandas es un fenómeno juvenil. Una de las
características de la delincuencia juvenil es la comisión de delitos con otros jóvenes. En muchos casos comenten
delitos porque están en grupos y se sienten presionados.
Teniendo en cuenta la edad, se han desarrollado nuevos enfoques en Criminología, entre los que figura el estudio
de las carreras criminales, la criminología del desarrollo.
La carrera criminal depende del tipo de delito, de la relación entre delito y edad. En el estudio de las carreras
criminales se ha prestado atención a las etapas que pueden distinguirse en ellas y las características generales de
las mismas.
En primer lugar, se ocuparon del estudio del número de personas que cometen delitos en un momento concreto,
que porcentaje de la población delinque en un determinado período de tiempo, para conocer la prevalencia o
participación.
En segundo lugar, se averigua el número de delitos que comete un delincuente activo en un período concreto de
tiempo, de esta forma se conoce la incidencia o frecuencia individual. Las investigaciones mostraron que un
número reducido de delincuentes cometen muchos delitos.
En tercer lugar, se dedican a averiguar el inicio de la carrera criminal, hecho que tiene mucha importancia en su
desarrollo. El inicio de la carrera criminal suele ser temprano. Los estudios han comprobado que los que inician su
carrera criminal a una edad muy temprana, suelen persistir más en el tiempo, son más activos y cometen delitos
más graves.
En cuarto lugar, las carreras criminales pueden caracterizarse por cometer hechos delictivos de distinta
naturaleza, versatilidad, o especialidad, si se concentran en cometer hechos de la misma naturaleza. La mayoría
de los delincuentes son versátiles, no están especializados en la comisión de un delito concreto.
En quinto lugar, a lo largo de la carrera criminal puede haber una agravación, si cada vez el sujeto comete delitos
más graves, o por el contrario puede no seguir esta tendencia.
En sexto lugar, las carreras criminales también terminan, finalizan cuando se comete el último delito. Se habla de
decaída cuando durante un tiempo prolongado no se cometen delitos.
En séptimo lugar, la duración de la carrera criminal se extiende desde la comisión del primer delito hasta la
comisión del último. La mayoría de los delincuentes cometen un solo delito o tienden carreras muy cortas.
La teoría de la frustración o tensión de Agnew aporta una explicación al desarrollo de una carrera delictiva, que
podría llegar a producirse en los casos en los que un sujeto sufre una frustración o tensión crónica, tendrá una
mayor probabilidad de iniciar una carrera delictiva.
Se realiza el análisis independiente de tres etapas de la vida pero insisten en la continuidad y generalidad que
existe en la carrera criminal de los sujetos:
1º. Activación: se refiere el proceso que siguen las actividades criminales cuando éstas ya han comenzado.
Pueden acelerarse, si aumenta la frecuencia de los delitos; estabilizarse, si la continuidad a lo largo del tiempo es
mayor; diversificarse, tiende a cometer distintos delitos o a realizar diferentes actividades delictivas.
2º. Agravación: con el paso del tiempo los delitos que se cometen son más graves.
3º. Desistencia: que puede revestir diferentes modalidades: deceleración, descenso en frecuencia de comisión de
delitos; especialización, reducción de los tipos delictivos que se comenten; descenso, disminución de la gravedad
de los delitos cometidos; finalización de la carrera delictiva.
Las causas que influyen en estos tres procesos pueden ser diferentes, como también pueden ser diferentes en
cada uno de ellos los factores de riesgo y de protección y también pueden depender de la edad.
La Criminología del desarrollo ve la criminalidad como un proceso, y presta atención al cambio que puede
producirse en la carrera delictiva. Los estudios realizados muestran que la mayoría de los delincuentes
abandonan su carrera criminal al llegar a la edad adulta, para la mayoría de las teorías criminológicas, lo normal
sería que la carrera delictiva continuase y fuera en aumento a lo largo de la vida.
Dentro de la Criminología del desarrollo han tenido lugar propuestas teóricas de varios autores, entre los que
destacan PATTERSON, que distingue dos tipologías de delincuentes: los que comienzan a delinquir muy pronto y
los que comienzan a delinquir más tarde. Las diferencias entre ellas están que aquellos que comienzan a delinquir
más tarde cometen menos delitos y abandonan sus carreras delictivas al final de la adolescencia, también estas
dos tipologías se diferencian en la causa de la delincuencia, los individuos que comienzan antes su carrera
delictiva han recibido una educación antisocial.
1.2.1 Adolescencia y delincuencia. Delincuentes persistentes
MOFFITT parte de la correlación existente entre edad y delito y las dificultades para explicar de manera
satisfactoria la curva de la edad. Propone distinguir entre delincuentes cuya actividad se limita a la adolescencia y
los delincuentes persistentes, que delinquen a lo largo de su vida. Son dos tipos cualitativamente diferentes de
personas y las causas de la delincuencia son distintas en cada uno de los grupos.
En los delincuentes persistentes, las causas de la delincuencia aparecen en la infancia y es muy raro que dejen de
delinquir porque el cambio es difícil. El origen de la criminalidad de los de delincuentes persistentes tiene una
naturaleza neuropsicológica, mínimas anomalías biológicas. Los niños con estos problemas pueden encontrarse
en alguna de las siguientes situaciones:
· Pueden interaccionar negativamente con los padres, que pueden modificar sus estilos de crianza y educación, y
esto repercute de forma negativa, es un factor de riesgo para desarrollar una conducta delictiva.
· Pueden tender a definir gestos o ambientes equívocos como intentos de agresión o desprecio y reaccionar de
forma agresiva.
· Pueden sentir inclinación a relaciones con jóvenes semejantes, problemáticos, o a situarse en ambientes
criminógenos.
Esta teoría hace hincapié en el constante proceso de recíproca interacción entre los rasgos personales y las
reacciones ambientales a esos rasgos. Estos sujetos tienden a comenzar a delinquir muy pronto y a mantener el
comportamiento antisocial. Se trata de sujetos con psicopatologías (Serrano Maíllo).
Los delincuentes que sólo cometen delitos en la adolescencia, es el modelo más común de los jóvenes
delincuentes. La causa de su comportamiento se debe a un proceso de mimetismo, consiste en copiar, imitar un
comportamiento que proporciona recursos valiosos para ellos, como puede ser conseguir el poder y disfrutar de
ciertos privilegios. También significa una reafirmación de su independencia, por lo que tendrá a reforzar ese
comportamiento. Cuando se llega a la edad adulta se consiguen los privilegios y el estatus que anhelaban en la
adolescencia, por lo que abandonan el delito porque no tienen que luchar para conseguirlo. Además, lo que antes
se veía como ventaja ahora pasa a verse como perjudicial en cuanto que puede poner en peligro aspectos
relacionados con su estatus.
2. EL SEXO
El sexo es otro de los factores, junto con la edad que más influencia tiene sobre la delincuencia. Sin embargo, la
Criminología no se ha preocupado mucho por su estudio.
La delincuencia femenina ha sido un tema marginal dentro de los estudios criminológicos, debido a la poca
repercusión social que, históricamente, ha tenido el delito femenino. La reducida cifra de los delitos cometidos
por mujeres ha hecho que se la ignorara como tal, y que solo se haga referencia a la misma comparándola con el
volumen de delincuencia total y con la delincuencia masculina.
Esta situación de olvido cambia en el siglo XVII, debido a dos circunstancias fundamentales: la crisis del sistema
feudal y la contrarreforma religiosa.
A partir de este momento se va tomando conciencia de este tipo de delincuencia y se crean las prisiones
específicas para mujeres, denominadas Galeras de mujeres.
Los escasos estudios realizados sobre la delincuencia femenina se hicieron utilizando los modelos explicativos de
la delincuencia general, y en relación con la delincuencia masculina, lo que ha tenido como consecuencia que no
exista una tipología teórica global sistematizada sobre la misma. La no consideración de género en los estudios e
investigaciones en Criminología ha supuesto una limitación de los mismos.
Para explicar la delincuencia femenina se utilizaron los modelos imperantes en cada época social estudiada, pero
con la peculiaridad de que los estudios sobre la delincuencia femenina se han realizado siempre de forma
sesgada. Estas teorías se han formulado teniendo en cuenta el rol, el papel social, que la mujer desempeña en la
sociedad y que tenía atribuido, en ese momento concreto, como propio de su sexo. Este rol tradicional ha llevado
a considerar a la mujer delincuente como un ser anormal, porque se desviaba de su papel social tradicional, lo
que ha hecho que los estudios científicas sobre la delincuencia femenina carezcan de objetividad. La delincuencia
femenina no ha sido analizada bajo la misma perspectiva que la delincuencia masculina ni ha sido considerada de
igual forma que ésta.
Los cambios sociales producidos en el ámbito femenino a partir del movimiento de liberación de la mujer, con la
incorporación social de la mujer a la vida pública y el mundo laboral, han influido en la delincuencia femenina,
sufriendo importantes modificaciones, tanto a nivel cuantitativo, como a nivel cualitativo, lo que ha hecho que la
delincuencia femenina haya empezado a considerarse un problema social, que va adquiriendo mayor magnitud,
merecedor de que se le preste una atención y estudio específicos.
PYKE, llegando a la conclusión de que, en toda conducta delictiva, intervienen una serie de características
biológicas y unas características sociales. Este autor mezcla teorías biológicas y sociales. El hecho de que la mujer
se situase por debajo del desarrollo genético adecuado la llevaría a la delincuencia, al igual que si manifiesta un
desarrollo social inadecuado.
PROAL comenzó una línea de pensamiento que relacionó la delincuencia con el desarrollo moral. El hecho de que
la mujer cometiera menos delitos que el hombre se explicaba porque la mujer era moralmente superior.
VAN DE WARKER continúa la obra de Quetelet. El hombre comete delitos fundamentalmente por pobreza, por un
agravio previo, mientras que la mujer los comete esencialmente por desequilibrios mentales. Sin embargo,
debido a las influencias sociales, la participación de la mujer en el delito es muy baja.
BEAN estudió el cuerpo calloso del cerebro, comparando cerebros de distintas razas y de hombres y mujeres,
llegando a afirmar que dentro de cada raza, la mujer poseería una inteligencia menos desarrollada que el hombre
BROCA, padre de la craneometria, consideraba que los grupos inferiores: negros, mujeres, niños…no estaban
condenados de por vida a seguir en tal situación. Tanto la mujer como las razas inferiores no se habían
encontrado con condiciones ambientales lo suficientemente estimulantes como para que su cerebro creciera
adecuadamente.
TOPINARD publicó más datos sobre los trabajos realizados por BROCA. Que el cerebro de la mujer fuera más
pequeño se debía a que el tamaño está en relación con la estatura del sujeto, y los hombres eran más altos que
las mujeres. También hay que tener en cuenta la edad del sujeto para considerar el tamaño de su cerebro, porque
con la edad, el peso del cerebro disminuye.
Estas investigaciones pusieron de manifiesto que no era posible comparar, sin más, los cerebros de hombres y
mujeres, sino que en estas comparaciones había que introducir unas correcciones. MANOUVRIER las introdujo y
los resultados obtenidos demostraron que la mujer tenía un cerebro un poco más grande que el hombre.
MARIA MONTESSORI llegó a afirmar que las mujeres eran superiores intelectualmente a los hombres, pero los
hombres habían prevalecido hasta el momento por su mayor fuerza física.
3.1.1.2 Teorías bioantropológicas
LOMBROSO y FERRERO abordan el estudio de la mujer delincuente siguiendo el orden y las orientaciones del
L’Uomo Delinquente. La mujer no se adaptaba bien a la tesis del criminal nato, ya que sólo una pequeña parte de
las mujeres delincuentes presentaban cuatro o más rasgos de degeneración fisiológica, y solo una pequeña parte
de las mujeres delincuentes presentaban estos rasgos, siendo, casi todas las que los poseían ,prostitutas.
Estos autores llegaron a la conclusión de que las mujeres delincuentes presentaban pocos signos de degeneración,
porque habían evolucionado menos que el hombre. Este nivel tan bajo de evolución incapacita a la mayoría de las
mujeres para cometer delitos, siendo este motivo el que explica la baja tasa de delincuencia femenina.
En las tipologías de delincuentes que elaboraron Lombroso y Ferrero no establecieron diferencias entre hombres
y mujeres, excepto en la prostitución. Sus tipos fueron la mujer delincuente nata, sus paralelos de la loca moral, la
delincuente epiléptica, la alienada, la pasional y la ocasional. A partir de 1895 manifestaron los tipos de
delincuentes que suelen manifestarse predominantemente en la mujer.
*El criminal nato, se manifiesta en la mujer 14%, y es doblemente raro, por ser delincuente y segundo por ser
mujer.
*El criminal ocasional, posee pocos rasgos degenerativos o ninguno. La dotación moral de estas mujeres
criminales es semejante a la de las mujeres normales y generalmente cometen el delito por sugerencia de un
hombre, que suele ser su amante. En esta tipología no se descarta la rehabilitación de la mujer, y los factores
favorables a la misma serian el tener el padre adecuado o encontrar un buen marido.
*El criminal histérico, su porcentaje en la mujer es muy bajo, un 3,9%. Suelen presentar características
esquizofrénicas, cambios frecuentes de humor. En este grupo se incluirían las mujeres que realizan crímenes
pasionales.
*El criminal lunático, se manifiesta más en la mujer que en el hombre. Este delincuente no tiene consciencia de
sus propios actos.
*El criminal epiléptico, esta patología no se da mucho entre los criminales.
Todas las estadísticas están de acuerdo en mostrar la escasa cuota femenina en comparación con la masculina, y
la diferencia sería mayor si se omitiese el delito de infanticidio. La criminalidad de la mujer se centra en el aborto,
la bigamia, la calumnia (Landecho Velasco). Su mayor crueldad se debería a su mejor identificación con lo
primitivo, de ahí su predominio en la comisión de delitos de sangre (Canteras Murillo).
La delincuencia femenina aparece definida por una doble anormalidad: biológica y social, que presenta su
criminalidad como una masculinizada e impropia de su sexo. Esta doble concepción provoca una doble repulsa,
por lo que a la condena legal se le añade una condena social, lo que no acurre con el hombre. Lombroso y Ferrero
llegaron a decir que por esta doble excepción la mujer criminal es un monstruo. En España, Salillas, representante
del positivismo criminológico, consideraba que la mujer no delinque y no tenía personalidad para delinquir. Desde
la perspectiva económica de la delincuencia, la mujer puede jugar un papel de amparo y fomento de la
delincuencia, pero no de llevar a cabo una actividad delictiva.
Se centran en el estudio de carácter endocrino, e intentan explicar el fenómeno delictivo, diferente en el hombre
y la mujer, debido a los efectos que produce su distinta conformación hormonal sobre sus emociones. Al estudiar
la relación entre sexo, conducta emocional y delincuencia se afirma por Gray que, la mayor agresividad del
hombre respecto a la mujer, se debe a que el hombre posee más hormonas andrógenas, y fundamentalmente la
testosterona, que influye de forma decisiva en la agresividad. Esto explicaría porque las mujeres no comenten, o
lo hacen en muy pocos casos, delitos violentos.
Las mujeres son menos agresivas que los hombres, pero son más depresivas. Las explicaciones endocrinológicas
sobre la delincuencia de la mujer, se han centrado en el estudio de la psicopatología experimentada por la mujer
durante las crisis biológicas propias de su sexo, pubertad, maternidad y climaterio, y durante la crisis catamenial.
Las fases del desarrollo biológico sexual se relacionan con un incremento de la actividad delictiva. Estas
circunstancias específicamente femeninas pueden ser modificativas de la responsabilidad criminal.
Berman mantenía que la menstruación y el embarazo pueden llevar a tendencias criminales como consecuencia
de un cambio en el sistema glandular.
Jiménez de Asúa en su obra Libertad de amar y derecho a morir (1928) dedica una de sus partes a la
endocrinología, donde hace referencia a la relación entre la endocrinología y la delincuencia femenina y las
alteraciones que producían en la mujer los estados de embarazo y la menstruación, en los que suele haber
irritabilidad y emotividad que puede conducir a la realización de delitos.
Estos estudios revelaron que en la mujer hay una relativa hiperfuncionalidad del tiroides, denominada “glándula
de la emoción”, es la causante de una mayor emotividad en las mujeres que en los hombres. La mujer, también
sufre fases de hiposecreción, lo que origina en la mujer una inestabilidad psíquica características ocasionadas por
estos cambios hormonales, y lo sufre en todos los periodos de su vida relacionados con su sexo.
En el embarazo hay un rejuvenecimiento físico y una exaltación de las cualidades femeninas, no obstante en
algunos casos, este estado de embarazo puede producir trastornos psíquicos que conduzca a la comisión de
delitos.
Durante la menstruación aumenta la irritabilidad y la emotividad que pueden llevar a la comisión de
acciones reprobables socialmente y en algunos casos llegan a ser delictivas.
En la menopausia las alteraciones hormonales afectan de forma importante a las emociones, como
consecuencias de un hipertiroidismo y el hipersuprarrenalismo.
Uno de los rasgos psicológicos de la mujer en esta etapa de su vida es la emotividad irritable, la inestabilidad
emotiva, que puede llevarla a cometer algún delito pasional… (Jiménez de Asúa) Llega a la conclusión que el
embarazo, los períodos menstruales y la crisis del climaterio afectan a la imputabilidad de la mujer, por lo que
debería atenuarse su responsabilidad o incluso llegar a eximirla, pero también es muy importante aplicar el
tratamiento adecuado a la mujer para mitigar los efectos de las alteraciones hormonales.
En nuestro país destaca el estudio realizado por Aznar, en el año 1868, publicado en su obra Biología Criminal de
la mujer, que establece una relación causal entre menstruación y trastorno mental. La mayor o menor gravedad
de la conducta delictiva de la mujer estaría en consonancia con el mayor o menor grado de trastorno sufrido
durante la crisis catamenial.
La crisis catamenial constituye la más criminógena, la que ejerce más influencia en la configuración biológica y
jurídica del delito. AZNAR se ocupa del delito como fenómeno biológico corporal y anímico de la persona. La
conducta criminal es muy compleja, pues lo normal es que dependa de muchos factores (Serrano Gómez).
Con relación al sexo y al delito, tradicionalmente se ha concedido menor importancia a la criminalidad de la
mujer. Aznar considera de especial interés el valor biológico del sexo en la delincuencia de la mujer. Considera
que la diferencia de los datos estadísticos no refleja la realidad. Apunta que la cifra negra de delito de aborto, que
en un porcentaje muy alto es desconocido por la justicia.
En el periodo de gestación pueden aparecer una serie de problemas en la mujer, especialmente psíquicos, con
posibles efectos criminógenos.
Dentro de la biología criminal de la mujer el episodio de mayor trascendencia es el periodo menstrual. Sin
embargo, sólo en contadas ocasiones se ha tenido en cuenta para valorar la responsabilidad penal de la mujer,
como factor etiológico del delito o como circunstancia que puede afectar a la responsabilidad criminal.
La menstruación lleva consigo una serie de síntomas somáticos y psíquicos que pueden afectar a la conducta de
la mujer e incluso tener efectos criminógenos. El comportamiento sentimental suele alterarse, reflejándose en los
cambios de humor y afectividad que influyen en el psiquismo. Cuando los efectos neuro-psíquico que produce la
menstruación en la mujer adquieren dimensiones patológicas, surge el riesgo de violar la ley, bajo la forma de
delincuencia impulsiva, pudiendo ser consciente o inconsciente. En la delincuencia catamenial hay conciencia del
acto.
Las ideas obsesivas tienen gran importancia en la criminalidad de la mujer durante el periodo catamenial, existe
otros síntomas neuropsíquicos que pueden desencadenar la actividad antisocial o delictiva: La irritabilidad
psíquica, es causa de violentos altercados, actos agresivos y lesiones.
El mayor índice de suicidios en la mujer se da durante la menstruación. El homicidio también puede ejecutarse
durante este periodo, aunque se presenta con reservas en cuanto a la causalidad. Recientes investigaciones han
averiguado como afecta al cerebro el síndrome premenstrual extremo. Algunas partes del cerebro cambian hasta
un 25% cada mes. Estos cambios para la mayoría de las mujeres resultan manejables. Estas explicaciones
endocrinas sobre la delincuencia de la mujer destacan la anormalidad de la misma. Aunque los cambios
hormonales pueden influir en cambios de humor, no podemos afirmar que estos trastornos sean la causa de la
comisión de los delitos por las mujeres. Estos estudios tenían como finalidad analizar las causas específicas del
delito en la mujer o establecer la tipología de delincuentes femeninas, y pretendían diferenciarlas de las mujeres
no delincuentes.
Explican las causas de la delincuencia femenina en la diferencia genética de las mujeres criminales respecto a las
no delincuentes. Los estudios que se realizaron fueron los siguientes:
· Estudios de familias. Para comprobar si la delincuencia se transmite genéticamente.
· Estudios de hermanos gemelos monocigóticos y dicigóticos
· Estudios basados en las diferencias cromosómicas. Parecen mostrar una mayor predisposición a la comisión
de delito, las mujeres que tienen más de 47 cromosomas. El hombre, por tener cromosoma Y, que potencia la
agresividad, realiza más delitos que la mujer comete actos más violentos.
· Estudios realizados a niños adoptados. Para demostrar la influencia genética de los padres biológicos.
En la actualidad estas concepciones puramente biológicas están superadas, pero nuevos descubrimientos pueden
ayudar a explicar la delincuencia femenina. Los cerebros de las mujeres son más pequeños que los de los
hombres, una vez efectuadas las correcciones correspondientes por el tamaño corporal. A pesar de esta
diferencia de tamaño, los celebros de los hombres y mujeres tienen el mismo número de células, pero las
conexiones son diferentes.
a) Perspectiva individual: El delito femenino tiene su causa en un trastorno mental. Las mujeres delincuentes
padecerían algún tipo de enfermedad o trastorno mental. Apreciándose en los médicos una tendencia a
diagnosticar como enfermedad mental en las mujeres las conductas desviadas.
b) Perspectiva social: Mantiene la relación entre enfermedad mental y delito, y explica la existencia de poca
delincuencia femenina, por el trato diferencial de hombres y mujeres por parte de los sistemas de control. Se
considera a la mujer delincuente como anormal, por este motivo, ingresan en los establecimientos psiquiátricos
en un número mayor que los hombres, en lugar de ingresar en prisión.
3.2 Teorías intermedias: individualismo con proyección social
3.2.1 Teoría liberal funcionalista
W.I., THOMAS parte de una perspectiva biológica, de tipo lombrosiano, pero admite la influencia de factores
psicosociales y socioestructurales. Mantiene la tesis, igual que Lombroso. Thomas relaciona el comportamiento
criminal femenino con la perdida de la unidad familiar tradicional, lo que origina en la mujer una situación
desconcertante, debido, por una parte, a la pérdida del marco adecuado para controlar plenamente su instinto
biológico-amoroso, como es la esfera familiar, lo que la deja en un estado de descontrol; y por otra parte, un
desajuste respecto a las instancias públicas de control que le son extrañas.
La mujer delincuente será una anormalidad y una rareza frente a la mujer tradicional pero este autor considera
que esta situación puede cambiar, si los instintos amorosos de la mujer se canalizan a través de las instancias de
control, siendo la familia la más importante. Se establece una relación entre la delincuencia de la mujer, que tiene
su causa en una enfermedad, y su deficiente socialización y adaptación a los valores sociales. La mujer puede
curarse y para ello necesita un tratamiento individualizado.
OTTO POLLACK parte de la inferioridad biológica de la mujer respecto al hombre, que se manifestaría
preferentemente durante las crisis biológicas derivadas de su desarrollo sexual. Considera la astucia, la falsedad y
la venganza como características negativas sustitutivas de esta desigualdad. La tesis fundamental de Pollack es
que la mujer, más que ser, como la define el prototipo social establecido, un ser puro, dulce, desprotegido,
actuaría así, con lo que su comportamiento criminal quedaría enmascarado bajo estas apariencias.
La baja tasa de criminalidad femenina podría explicarse como consecuencia de una actividad criminal sumergida y
por su favorable consideración social, con lo cual su criminalidad no suele detectarse por la policía, y en aquellos
casos en los que se denuncia, la mujer recibe un trato de favor respecto al varón, por parte de los órganos
judiciales. La mujer también desarrollaría su actividad delictiva como inductora de la criminalidad masculina.
En la actualidad esta tesis no tiene sentido.
COWIE, STALER y COWIE consideran la delincuencia femenina como consecuencia de una anormalidad biológica,
o de una pequeña anormalidad unida a factores ambientales desfavorables. El factor fundamental de la
delincuencia femenina es de carácter biológico, pero la examinan desde una perspectiva funcional.
Todas estas teorías llegan a la conclusión de que existe una contradicción entre ser delincuente y mujer, porque el
delito se entiende incompatible con la genuina esencia femenina.
Tiene un carácter marcadamente individual y se empeñan en destacar la anormalidad de la mujer delincuente.
Estas teorías se mantuvieron en los estudios sobre delincuencia femenina durante mucho tiempo, a pesar de que
en el análisis de la criminalidad masculina ya se habían abandonado.
DURKHEIM y SUTHERLAND mantuvieron que la diferencia entre delincuencia femenina y masculina no podría
explicarse adecuadamente sin recurrir a factores sociológicos, que señalaran las diferencias de los roles sociales
entre ambos sexos. Sin embargo, estas opiniones no se tuvieron en consideración y los autores se decantaron por
utilizar las teorías biológicas y psicológicas para explicar la delincuencia femenina en una época en las que las
mismas habían sido abandonadas en el estudio de la delincuencia masculina y sustituidas por las teorías
sociológicas.
A partir de los años sesenta del pasado siglo, estas teorías están influenciadas por los postulados del Movimiento
de Liberación de la mujer y los derechos humanos. Se investiga la relación entre la delincuencia femenina y los
cambios producidos recientemente en el rol de género. Tuvieron en cuenta y destacaron la importancia que tiene
la socialización en la realización de conductas desviadas y delictivas.
La socialización es distinta en los chicos que en las chicas, y diferentes según la clase social. Los delitos que
comete la mujer son menos violentos y suelen emplear menos fuerza. Expectativas diferentes de
comportamientos típicos suponen diferentes formas de realización de delitos.
La Criminología feminista surge dentro de la Criminología crítica en los años setenta y reclamó para las mujeres
la igualdad. La Criminología crítica favoreció la realización de estudios desde la perspectiva de género. La
Criminología feminista destaca la desigualdad real entre hombre y mujer. Los autores de esta corriente ponen de
manifiesto la ausencia de la mujer de los estudios de criminología, donde había sido completamente ignorada.
El feminismo destaca como motivos del bajo número de delitos cometidos por las mujeres su confinamiento en el
hogar, la discriminación y la falta de oportunidades. Las feministas marxistas ven que la desigualdad de género
tiene su origen en la desigualdad de poder entre hombres y mujeres en la sociedad capitalista. En el capitalismo
los hombres controlan a las mujeres económica y biológicamente, por lo que las mujeres carecen de
oportunidades para delinquir. El feminismo radical sitúa el origen del delito femenino en el patriarcado.
Se fijan en la diferente socialización entre hombres y mujeres a la hora de desempeñar sus respectivos roles y de
explicar su conducta. Existen dos grandes corrientes:
A) Teoría de la reversión del rol: Bajo el influjo de las teorías del Movimiento de Liberación de la Mujer,
consideran que ésta, como consecuencia de su ruptura con su rol sexual tradicional, iría aproximando
progresivamente su delincuencia al prototipo de la masculina, virilizando y asumiendo el rol del hombre. Esta
tesis de la masculinidad no se ha confirmado.
A pesar de la integración de la mujer en la vida laboral y social, no se ha modificado sustancialmente la tasa
de delitos cometidos por hombres y mujeres, sino que la relación de proporcionalidad entre ellos se mantiene
constante. Por lo que habrá que tener en cuenta, a la hora de estudiar las causas que llevan a la comisión del
delito, otros factores como la educación, el control social y la socialización.
WEIS puso de manifiesto que el silogismo en el que se basaban las teorías de la reversión es falso, porque
seguían el siguiente esquema: el delito es típico de hombres; las mujeres cometen cada vez mayor número de
delitos; las mujeres debido a lo anterior, son cada vez más parecidas a los hombre en sus tasas de comisión de
delitos y en su forma de vida.
B) Teoría de la convergencia de roles: Considerarían que la similitud entre criminalidad masculina y femenina
se debería a una aproximación entre ambos roles: una masculinización de los roles femeninos y una
feminización de los roles masculinos. Las predicciones de los defensores de la teoría del rol, directamente
influenciadas por los postulados del Movimiento de Liberación de la Mujer, no se han cumplido, la brecha
entre delincuencia femenina y masculina se ha mantenido prácticamente constante a los largo del tiempo,
aunque se ha apreciado un incremento de los delitos violentos cometidos por mujeres.
El Movimiento de Liberación de la Mujer contribuyó a eliminar la concepción de que la delincuencia
femenina se debía a alguna anormalidad o a su constitución biológica, destacando la diferencia entre mujeres
delincuentes y el resto ya que no se correspondía al rol que tenía asignado por la sociedad por el hecho de ser
mujer, y puso de manifiesto que la mujer era una víctima de la sociedad patriarcal.
3.3.2.2 Teoría de la igualdad de oportunidades
Tiene sus orígenes en las teorías de la anomia de Merton, la de las oportunidades diferenciales de Cloward y
Ohlin, la de los contactos diferenciales de Sutherland y Cressey y la de la subcultura de Cohen. Debido a la escasa
presencia de la mujer en las actividades sociales, económicas y laborales, no tenía oportunidades para cometer
delitos, pues buen número de criminólogos afirman que la mayoría de los delincuentes no buscan la ocasión,
sino que aprovechan para delinquir las ocasiones que se les presentan, la mujer tenía menos oportunidades
para delinquir.
La progresiva incorporación de la mujer a la esfera pública debería traer consigo una elevación en su tasa de
delincuencia, hasta llegar a equipararse al varón. Esto pronósticos no se han cumplido.
También se estudia la relación entre estatus social y rol de la mujer. Las mujeres y hombres de clase baja tenían
estilos de vida semejantes, más que los hombres y mujeres de clase alta, se pronosticaba que las diferencias de
criminalidad fuesen más bajas para los primeros que para los segundos. La incidencia del Movimiento de
Liberación de la Mujer sobre la criminalidad femenina ha sido escasa. Las tasas de delincuencia no cambian,
comparando la década anterior a la aparición del Movimiento de Liberación de la Mujer y la década en el que éste
se produce, pero es percibida de forma diferente por la sociedad.
SMART niega la relación directa entre el Movimiento y la criminalidad femenina, aceptando un aumento de la
delincuencia femenina respecto a la del varón, que se explicaría por un proceso complejo, en el que ha influido la
nueva percepción que las instituciones de control tienen de la mujer y el incremento de sus oportunidades
legítimas.
HANSEN sugiere que las mujeres delincuentes tienen poco que ver con el Movimiento de Liberación de la mujer.
Las condiciones económicas y la proliferación de drogas son, en parte, responsables del aumento de la
criminalidad femenina. No se puede hablar de relación entre la criminalidad femenina y la emancipación de la
mujer, porque las tasas de criminalidad femenina y masculina no están convergiendo sino divergiendo. Más bien,
lo que tiene relación con el aumento de las tasas de criminalidad, son los periodos de crisis económica. El
crecimiento de la población lleva aparejada la existencia de grandes desigualdades económicas. Estas
desigualdades llevarían a la mujer a cometer un mayor número de delito.
El control social al que se ve sometida la mujer se aprecia desde la infancia y sobre todo en la adolescencia,
donde las chicas tienen menos libertades e independencia que los chicos, están más supervisadas que éstos y han
tenido menos oportunidades para cometer delitos. Este control tan temprano sobre la mujer, previene su
implicación en la delincuencia y explicaría su escasa participación en la misma.
Lo que distingue la delincuencia femenina y masculina no son los factores impulsores del delito, sino los factores
de inhibición, que contrarrestan los factores impulsores.
Los factores de inhibición son más fuertes en la mujer, destacando sus evaluaciones morales antes de realizar un
delito, lo que explica la menor tasa de delitos. Existen dos clases de control: formal e informal.
*El control informal sería la respuesta negativa que reciben determinados comportamientos que vulneran las
normas sociales, que no cumplen las expectativas de comportamiento asociadas a un determinado género o rol.
El control informal ejercido sobre las mujeres ha tenido mucha importancia en todos los niveles de su desarrollo,
de su vida y también, por supuesto, en el ámbito de la delincuencia.
*El control formal es ejercido por el Estado a través de las distintas instancias formales de control de la
delincuencia (policial, judicial y penitenciaria).
Del examen y estudio de los datos aportados por las distintas instancias del Sistema Judicial Penal, se revela un
tratamiento preferente respecto a las mujeres delincuentes que se manifiesta en los siguientes hechos: la
imposición de sanciones menos severas, un mayor número de suspensiones de condena y un mayor número de
conmutaciones de pena capital, en los países donde existe esta pena, sobre todo a mujeres embarazadas.
En la actualidad se observa un descenso en la práctica de la caballerosidad hacia las mujeres, con un tratamiento
más igualitario. Teresa Miralles no está de acuerdo con la hipótesis de la caballerosidad, sino que mantiene que la
mujer se encuentra con un montaje de control en todas las esferas de su actuación. Por eso se explica que lleguen
menos mujeres a las instancias de control formal, porque la mujer está sometida a numerosos controles
informales que hacen que mantenga el rol que la sociedad le asigna.
GIMÉNEZ-SALINAS y RIFÁ I ROS mantienen que las teorías del control social no se confirman con los datos de los
países del norte de Europa, donde se da prácticamente la igualdad entre hombres y mujeres, no tienen tasas
mayores de población femenina penitenciaria que otros países donde no se ha alcanzado la igualdad.
Esta teoría propuesta por Hagan y sus colegas ofrece una explicación a las diferencias existentes entre el número
de delitos cometidos por las mujeres y los hombres, y para ello relaciona elementos macro-estructurales, al
analizar las relaciones de poder en el mundo del trabajo que sitúa a las personas en una determinada clase social,
con elementos micro, al estudiar las relaciones de dominación y control en las familias. El tipo de control que los
progenitores ejercen hacia hijos e hijas y la repercusión que la socialización en la familia tiene en la construcción
de ciertos esquemas de género basado en la división sexual de las actividades del hogar. Esta socialización
diferencial de chicos y chicas ayuda a explicar la brecha de género en la participación en el delito de los hombres
respecto a las mujeres.
La teoría mantiene que el motivo de la diferencia relativa en la criminalidad de hombres y mujeres reside no en
diferencias biológicas o en otras propuestas tradicionales, sino en los mecanismos de socialización. Las diferencias
serán más apreciables en las familias con una estructura más patriarcal, donde la socialización de los hijos e hijas
es muy diferente.
En las familias más patriarcales se tiende a reproducir la división del trabajo doméstico patriarcal (el padre
trabaja fuera del hogar y la madre se ocupa fundamentalmente del hogar y de la crianza de hijos e hijas. Las hijas
son socializadas para que asuman papeles domésticos y se las somete a un control especial). Son dos los
mecanismos que aseguran el mayor control de las hijas: la dominación masculina propia de la familia patriarcal y
la socialización en papeles que se asumen como de ‹‹naturaleza›› femenina.
A los chicos, sin embargo, se les concede más libertad, lo que les permite involucrarse en más actividades
arriesgadas. Por todo ello, su tendencia a delinquir es mucho mayor respecto a las chicas.
En las familias con estructura más igualitaria el padre y la madre tienden a redistribuir sus esfuerzos de control.
Las hijas son objeto de un control similar al que reciben los hijos. La teoría del poder control hipotetiza que en
estos casos la diferencia entre la criminalidad de hombres y mujeres tenderá a verse reducida.
La teoría del poder control pone de manifiesto que la dominación masculina continua vigente en las sociedades
actuales. Se ha perpetuado esta situación porque se mantiene la diferenciación entre hombres y mujeres, y a ello
han contribuido tanto los hombres dominadores como las mujeres dominadas. La teoría del poder control
contribuye a entender cómo se reproduce en la familia la dominación que el hombre ejerce en la sociedad y como
este proceso influye en la distribución social de la delincuencia entre hombres y mujeres.
Se basa en la observación de las diferencias entre las penas impuestas por la comisión de un mismo delito a las
mujeres y a los hombres. Hay tres posiciones: quienes defienden que a las mujeres les son aplicadas penas más
benignas; los que mantienen que a las mujeres se les imponen penas más duras; y aquellos que mantienen la
imparcialidad de la justicia por razón de sexo.
KRUTTSCHNITT, realizó su estudio mediante encuestas a mujeres delincuentes. Contrastó las penas impuestas en
las sentencias con la situación de la mujer, llegando al siguiente resultado: las mujeres más dependientes
recibieron las condenas más leves (la determinación de si una mujer es dependiente o no, no tiene que ver con su
nivel de recursos económicos, sino la indicación del control social que sufre).
La delincuencia femenina es menor, estadísticamente, que la masculina. En las mujeres delincuentes se aprecia
que concurren los mismos factores que determinaron a los hombres a cometer delitos, entre los que destacan el
fracaso escolar, el control social y la falta de oportunidades para integrarse en la sociedad.
Por otra parte, el discurso feminista considera que las explicaciones a la delincuencia femenina hay que buscarlas
en la estructura patriarcal de la sociedad, simplificando en exceso las causas de la misma. Ninguna teoría
criminológica ha conseguido explicar la diferencia cuantitativa tan acusada entre la delincuencia femenina y
masculina. Y en la solución de esta cuestión es donde se encuentra la clave para establecer el enfoque que
debemos dar al estudio de la delincuencia femenina.
Han abierto una nueva perspectiva para el estudio de la delincuencia femenina. Se analiza la delincuencia
femenina partiendo de la diferenciación de géneros, que los distingue por la conjunción de factores psicológicos y
sociales, y no biológicos y naturales, que hará que se desprenda de las teorías clásicas sobre las causas de la
delincuencia femenina y sobre la justificación de su bajo volumen.
La delincuencia de la mujer no puede ir referida a lo masculino, explicarla como una masculinización de la mujer,
sino que hay que entender que hay dos géneros y unas expectativas sociales diferentes sobre los roles que tiene
atribuido cada uno de ellos.
La diferenciación de géneros ha traído como consecuencia, el análisis de la delincuencia femenina desde la
perspectiva del género, distinguiéndolo del sexo.
La socialización de la mujer en la época actual ha sufrido importantes variaciones. Este cambio en la socialización
conlleva cambios en la delincuencia femenina, que trasciende el ámbito privado, aumenta su participación, sobre
todo, en los delitos contra la salud pública, en el tráfico de drogas, y también se observa una mayor participación
de la mujer en delitos violentos, que en épocas anteriores era escasa. Al analizar la criminalidad femenina
tenemos que tener en cuenta una pluralidad de factores, que nos permitan estudiarla y distinguirla de la
criminalidad masculina.
El género y las diferencias de género son importantes para estudiar la delincuencia, pero las investigaciones no
deben centrarse exclusivamente en este factor sino examinar, junto a las diferencias de género, otros factores
que pueden influir en la delincuencia como son la raza, la clase social, entre otros posibles. Del análisis de la
delincuencia en los últimos años, se puede comprobar que, a pesar de la igualdad entre hombres y mujeres en los
ámbitos educativo, laboral y social, el volumen de la criminalidad femenina no se ha igualado a la masculina. La
delincuencia femenina en el siglo XXI la tendremos que analizar teniendo en cuenta el papel que desempeña la
mujer en la sociedad actual y de acuerdo al nuevo status que ejerce en la sociedad.
3.4.2 La victimización
Una de las causas por las que las mujeres llegan a la delincuencia es la existencia de una victimización previa,
determinada por múltiples situaciones: haber sido víctima de un delito; haber sido objeto de malos tratos, de
abusos físicos, psíquicos, sexuales, de explotación sexual; del tráfico ilegal de personas; del ejercicio de la
prostitución. Otras veces, la mujer delincuente ha sido víctima de su propia situación, del consumo o la adicción a
determinadas sustancias, drogas, alcohol…, y esto la lleva a iniciarse en la delincuencia. Otra causa es la
victimización de su propio medio social. La necesidad de escapar del medio en el que viven, determina, en
muchos casos, que el único medio para hacerlo sea la comisión de delitos.
La victimización de la mujer está directamente relacionada con su condición social y con las desigualdades de
poder entre hombres y mujeres. La inmigración, sobre todo, la inmigración clandestina, cuando llegan al país de
destino, sin trabajo y sin recursos económicos, la única alternativa que se les ofrece es la comisión de delitos. La
pobreza y la falta de recursos económicos es un factor determinante de la delincuencia femenina. La mujer
también tiene en determinados casos un riesgo mayor de ser víctima, por razón de su sexo, que el hombre. Esta
mayor victimización también derivará en algunos casos en el recurso a la delincuencia.