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La Edad Antigua en la península ibérica se caracteriza por la influencia de diversas culturas, incluyendo la indoeuropea, fenicia y griega, que moldearon la identidad de los pueblos indígenas. La dominación cartaginesa se intensificó tras las guerras púnicas, pero fue Roma quien finalmente sometió la región, estableciendo provincias y promoviendo un proceso de romanización que duró varios siglos. Durante este periodo, Hispania se convirtió en una parte integral del Imperio Romano, contribuyendo con figuras destacadas en diversas disciplinas.

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La Edad Antigua en la península ibérica se caracteriza por la influencia de diversas culturas, incluyendo la indoeuropea, fenicia y griega, que moldearon la identidad de los pueblos indígenas. La dominación cartaginesa se intensificó tras las guerras púnicas, pero fue Roma quien finalmente sometió la región, estableciendo provincias y promoviendo un proceso de romanización que duró varios siglos. Durante este periodo, Hispania se convirtió en una parte integral del Imperio Romano, contribuyendo con figuras destacadas en diversas disciplinas.

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Edad Antigua

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Véase también: Historia antigua de la península ibérica

Pueblos indígenas y colonizaciones históricas


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Dama de Elche, escultura ibera. Museo Arqueológico Nacional de


España (Madrid).
La Edad del Hierro se inicia en la península ibérica con la penetración de población e influencia
cultural indoeuropea desde el comienzo del I milenio a. C.; determinando la identidad étnica y
lingüística celta de la mayor parte de los pueblos indígenas de las zonas norte, oeste y centro, con
alguna excepción: lusitanos y vetones, también indoeuropeos, se califican de «precélticos»,
mientras que los vascones se califican de «preindoeuropeos». A pesar de la similitud de su forma
de vida a la de otros pueblos de la zona norte (galaicos, astures y cántabros), su lengua (el
«protoeuskera») se supone similar a las habladas en la zona oriental peninsular; las del grupo de
pueblos denominados iberos, de mayor desarrollo económico. Las fuentes clásicas
denominaron celtíberos al grupo de pueblos situados en una posición intermedia
(geográficamente).

La costa peninsular meridional y el área tartésica (con centro en el valle del Guadalquivir -
la Turdetania- y con proyección hasta zonas muy lejanas, de la desembocadura del Tajo a la
del Segura), la más rica en metales y de mayor desarrollo económico y social (una
verdadera civilización), fue profundamente influenciada por la colonización fenicia. La fundación
mítica de Gadir (Cádiz) se data en el 1104 a. C.,585960 aunque no hay base arqueológica para
sustentar semejante cronología hasta varios siglos más tarde. En el siglo viii a. C. ya hay pruebas
de la presencia de un abundante grupo de factorías y colonias fenicias,
como Malaka (Málaga), Sexi (Almuñécar) y Abdera (Adra).

Las colonias griegas se instalaron más al norte, en Akra


Leuké (Alicante), Hemeroskopion (Denia), Emporion (Ampurias) y Rhodes (Rosas). Su contacto con
los iberos les hizo dar las primeras referencias escritas de estos pueblos. Las mismas fuentes
griegas señalan que los navegantes griegos habían establecido contactos con el «reino»
de Tartessos y con su «rey» Argantonio, que les habría dado suficiente plata como para construir
murallas contra los ataques persas. Tales contactos no fructificaron, precisamente por el dominio
fenicio de esta ruta, y no ha podido constatarse arqueológicamente la presencia griega en la costa
mediterránea malacitana, en una colonia que habría llevado el nombre de Mainake.

Véase también: Lenguas paleohispánicas


Hispania cartaginesa
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Artículo principal: Hispania cartaginesa

Cartago y Roma entrarán finalmente en una serie de guerras (guerras púnicas) por la hegemonía
en el Mediterráneo occidental. Tras la derrota en la primera guerra púnica, Cartago intenta
resarcirse de sus pérdidas de Sicilia, Cerdeña y Córcega, incrementando su dominio en Iberia.

Amílcar Barca, Aníbal y otros generales cartagineses sitúan las antiguas colonias fenicias
de Andalucía y el Levante bajo su control y proceden después a la conquista o extensión de su área
de influencia sobre los pueblos indígenas. A finales del siglo iii a. C., la mayor parte de las ciudades
y pueblos al sur de los ríos Duero y Ebro, así como las islas Baleares, reconocen el dominio
cartaginés. Fundan Qart Hadasht (Cartagena), que se convierte rápidamente en una importante
base naval, debido al interés por controlar la riqueza generada por las minas de plata de
Cartagena.61 Esto último se desprende de las palabras del arqueólogo Adolf Schulten.
Con la plata de las minas de Cartagena pagaron ellos sus mercenarios, y, cuando por la toma de esta en
209 a. C. Carthago perdió estos tesoros, Aníbal ya no fue capaz de resistir a los romanos, de manera que la toma
de Cartagena decidió también la guerra de Aníbal.

Schulten A. Fontes Hispaniae Antiquae6263

En el año 219 a. C. se produce la ofensiva de Aníbal contra Roma, tomando la península ibérica
como base de operaciones e incluyendo un gran porcentaje de hispanos en su ejército.

Es en este proceso cuando intentarán someter a la colonia griega de Sagunto, situada al sur de la
frontera pactada del Ebro pero aliada de Roma, dando lugar a la segunda guerra púnica, que
culminará con la incorporación de la parte civilizada (íbera) de la península a la República Romana.

Hispania romana (206 a. C. – siglo v)


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Artículo principal: Hispania romana

Imperio Romano, siglo iii. Acueducto de


Segovia.
Tras la segunda guerra púnica entre el 218 a. C. y el 201 a. C., se puede considerar la península
ibérica sometida al poder de Roma. La campaña de ocupación, tras la expulsión cartaginesa, fue
rápida, excepto en el interior (Numancia) y el pueblo cántabro que resistió hasta la llegada
de Augusto en los inicios del Imperio romano.646566

En el 197 a. C., los romanos dividen el territorio ibérico en dos zonas: la Hispania Citerior y
la Hispania Ulterior.67

El sometimiento total de la península tiene lugar en el año 19 a. C. (tras finalizar las guerras
cántabras), tras lo cual se divide en tres provincias: Bética, Tarraconense y Lusitania, organización
que perduró hasta el Bajo Imperio, cuando el territorio se divide
en Bética, Carthaginense, Gallaecia, Lusitania y Tarraconensis.68

El proceso de romanización entendido como la incorporación de la lengua, las costumbres y la


economía romana se inició aproximadamente hacia el 110 a. C. y duraría con toda su fuerza hasta
mediados del siglo iii d. C.

En esta época, los hispanos se configuraron como parte muy destacada del Imperio romano,
aportando notables figuras durante el periodo histórico como los
emperadores Trajano, Adriano, Marco Aurelio y Teodosio, el filósofo Séneca, los teólogos Paulo
Orosio o Prisciliano, el retórico Quintiliano, los poetas Marcial, Lucano o Prudencio, el
agrónomo Columela, el geógrafo Pomponio Mela o políticos como Marco Annio Vero o Lucio Cornelio
Balbo, entre otros.69

Edad Media

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