0% encontró este documento útil (0 votos)
33 vistas27 páginas

Parabolas

El documento presenta una serie de relatos breves que abordan temas como el amor, la generosidad y la solidaridad. Cada historia ilustra lecciones de vida a través de personajes que enfrentan dilemas y situaciones que reflejan la condición humana. A través de metáforas y parábolas, se invita a la reflexión sobre valores y actitudes en la vida cotidiana.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOC, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
33 vistas27 páginas

Parabolas

El documento presenta una serie de relatos breves que abordan temas como el amor, la generosidad y la solidaridad. Cada historia ilustra lecciones de vida a través de personajes que enfrentan dilemas y situaciones que reflejan la condición humana. A través de metáforas y parábolas, se invita a la reflexión sobre valores y actitudes en la vida cotidiana.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOC, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

1. Las estrellas de la charca. 20. Los profesionales.

2. Tres pájaros. 21. Gritar para quedar a


3. No pesa, es mi hermano. salvo.
4. Los dos hermanos. 22. Mi amigo.
5. Tres albañiles. 23. El zorro mutilado.
6. El amante perdido. 24. La senda estrecha
7. Compartir el dolor del prójimo. [Link] bien, muy bien.
8. Cielo e infierno desde aquí. [Link] águila real.
9. Para el otro, lo mejor. [Link] monje y la mujer.
10. Parábola de las muletas. [Link] a Cristo.
11. El gato del gurú. 29.¿Hay alguien ahí?
12. El ojo. [Link] antigénesis.
13. La oración del viejo [Link] amor y la locura.
maestro. 32. Dios siempre escucha.
14. El Cristo de los favores. 33. Estoy ahí fuera.
15. La paloma real. [Link] de la experiencia.
16. El pequeño pez. [Link] discípulo sabio.
17. Las campanas del templo. [Link] monje Demetrio.
18. La fórmula. [Link] mendigo.
19. El explorador. [Link] tres hermanos.

1
1. LAS ESTRELLAS DE LA CHARCA
TEMAS POSIBLES
liberación
constanc¡a
ayuda

Todos los que vivían en aquel oasis sabían que las estrellas que hay
en el fondo de una charca son sólo reflejo de las del cielo... y en sus
largas y cálidas noches, miraban las estrellas de arriba y soñaban
amores imposibles con ellas... Mientras, despreciaban los reflejos que
temblaban de noche en noche en el oscuro del agua.

Un buen día pasó por aquel oasis un caminante; venía desde muy
lejos.

Y les habló de paises donde en invierno hace frío, donde en


primavera los valles se llenan de hierba, donde la palabra “hogar” tiene
sentido, donde los sueños van siempre más lejos del horizonte
monótono y diario... y todos, todos, le escucharon asombrados.

También vio las estrellas de la charca, y habló de liberarlas. Fue


entonces cuando los habitantes del oasís le tomaron por loco. Pero él se
pasó toda la noche con un cubo, sacando agua y estrellas casi
ahogadas... Así hasta las primeras luces del nuevo día.

Cuando amaneció y dejaron de brillar las estrellas, el caminante se


fue a descansar satisfecho. iNo quedaba ni una sola estrella en la
charca! Pero los habitantes del oasís reían maliciosamente y esperaban
que volviera la noche, que brillaran en el cielo las estrellas, que se
reflejaran en el agua oscura... y así fue.

Al día siguiente, el caminante, avergonzado, emprendió un nuevo


camino, dejando tras de sí un rastro que el viento se encargó de borrar.
Pero nadie se dio cuenta de los pequeños brotes de hierba que, días
después, crecieron en el terreno que el caminante había regado sacando
cubos de agua de la charca, en su intento de liberar a las estrellas...

Y, aunque todo siguió igual, el desierto había perdido un poco de su


aridez.

2. TRES PÁJAROS
TEMAS POSIBLES
egoísmo
materialismo
libertad

2
Los tres pájaros llevaban cada uno su trocito de carne en el pico. De
pronto se dan cuenta que unos cuervos les siguen. “Démonos prisa”,
dice
uno, “que nos persiguen para quitarnos la carne”. “iQué desconfiado
eres”,
le dijo otro, “nos siguen porque les gustamos”. “Déjalos”, dice el tercero,
“si
nos la quitan, podemos pronto conseguir más carne, así estamos más
tranquilos
y no nos perseguirán”. Este soltó la carne y se posó en un árbol y desde
allí, sereno y libre, vio cómo al que creía agradar le arrebataban la carne
y después se posaba lejos, tembloroso, triste y solo. El tercero,
pobrec¡to,
a pesar de su agotamiento, no quería perder su trocito de carne y siguió
volando, esperanzado, hasta que... lo acosaron, le arrebataron la carne y
a él mismo lo destrozaron en pleno vuelo.

3. NO PESA ES MI HERMANO
TEMAS POSIBLES
amor
compartir
alegría
esfuerzo

El grupo estaba de excursión, en alegre algazara, cuando aparece a lo lejos


un niño de unos ocho anos que trae sobre sus hombros a otro más pequeñíto,
como de tres. Su rostro era ardiente, tostadito como el de todos los
campesinos del lugar. Más expresivo quizás al pasar a nuestro lado, pero
incapaz de ocultar un cierto cansancio, producido sin duda por la distancia, lo
difícil del camino y el peso del niño.

Para dar calor humano y aliento al pobre niño, pregunté con tono de
cariñosa cercanía: “Qué, amigo, ¿pesa mucho?”. Y él, con inefable expresión de
cara y encogimiento de hombros, que encerraban gran carga de amor, de valor
y resignación, dice con fuerza y decisión: “No pesa, es mi hermano”, y
agarrando más fuertemente al pequeño, que sonríe y saluda con su manita
derecha, echa una corta y lenta carrerita haciendo saltar con gracia a su
hermanito que aún mira una vez atrás para sonreír.

4. LOS DOS HERMANOS


TEMAS POSIBLES
Generosidad
amor
comprensión
justicia

3
Dos hermanos, uno soltero y otro casado, poseían una granja cuyo
suelo producía abundante grano, que los dos hermanos se repartían a
partes iguales.

Al principio todo iba perfectamente. Pero llegó un momento en el


que el hermano casado empezó a despertarse sobresaltado todas las
noches pensando: “No es justo. Mí hermano no está casado y se lleva la
mitad de la cosecha; pero yo tengo mujer y cinco hijos, de modo que, en
mi ancianidad, tendré todo cuanto necesite. ¿Quién cuidará de mi pobre
hermano cuando sea viejo? Necesita ahorrar para el futuro mucho más
de lo actualmente ahorra, porque su necesidad es, evidentemente,
mayor que la mía”.

Entonces se levantaba de la cama, acudía sigilosamente a donde


residía su hermano y vertía en el granero de éste un saco de grano.

También el hermano soltero comenzó a despertarse por las noches y


a decirse a sí mismo: “Esto es una injusticia. Mi hermano tiene mujer y
cinco hijos y se lleva la mitad de la cosecha; pero yo no tengo que
mantener a nadie más que a mí mismo. ¿Es justo, acaso que mí pobre
hermano, cuya necesidad es mayor que la mía, reciba lo mismo que
yo?.>.

Entonces se levantaba de la cama y llevaba un saco de grano al


granero de su hermano.

Un día, se levantaron de la cama al mismo tiempo y tropezaron uno


con otro, cada cual con un saco de grano a la espalda. Muchos años más
tarde, cuando ya habían muerto los dos, el hecho se divulgó. Y cuando
los ciudadanos decidieron erigir un templo, escogieron para ello el lugar
en el que ambos hermanos se habían encontrado, porque no creían que
hubiera en toda la ciudad un lugar más santo que aquél.

5. TRES ALBAÑILES
TEMAS POSIBIBLES
Alegría, amistad, Liberación, profesión

Un día quise ver a mis tres amigos, unos que trabajan en una obra
de construcción, cerca de mi casa. Hacía mucho que no los veía ¿qué
era de sus vidas? Casi a la entrada, en una postura de comodidad, me
encuentro al primero. “Hombre, qué alegría verte”, le dije mientras le
daba un fuerte abrazo. “¿Cómo te van las cosas?”. “»Aqui, trabajando y
sudando como un negro, ya me ves. Como un idiota, esperando

4
largarme cuanto antes”.

Doy tan sólo unos pasos y allí en un andamio, a escasos metros del
suelo, encuentro a otro viejo amigo. “Por fin te veo,... ¡cuidado que hace
tiempo! ¿Cómo te va todo esto?”. “Pues hombre, ya ves. Las vueltas que
da la vida. Hay que hacer algo, ¿no? Hay que ganarse el pan y mirar por
los hijos. Es ley de vida”, me dijo.

Levanto la vista y, allá arriba, en una postura de difícil equilibrio, veo


a mi otro amigo. Sintió una enorme alegría al verme y, con una gran
sonrisa y una voz potente, me preguntó cómo me iba, cuándo nos
veríamos detenidamente. Y, para terminar, me dijo: “Aquí estoy
haciendo una escuela bonita, bonita, ya verás qué escuela”.

6. EL AMANTE PERDIDO
TEMAS POSIBLES
Amor, realidad, comunicación.

Un amante estuvo durante meses pretendiendo a su amada sin


éxito, sufriendo el atroz padecimiento de verse rechazado. Al fin su
amada cedió: “Acude a tal lugar a tal hora”, le dijo. Y allí, a la hora
fijada, al fin se encontró el amante junto a su amada. Entonces metió la
mano en su bolso un fajo y sacó un fajo de cartas de amor que había
escrito durante los últimos meses. Eran cartas apasionadas en las que
expresaba su amor y la unión con ella. Y se puso a leérselas a su amada.
Pasaron las horas y él seguía leyendo.

Por fin dijo la mujer: “¿Qué clase de estúpido eres? Todas esa cartas
hablan de mí y del deseo que tienes de mí. Pues bien, ahora me tienes
junto a ti y no haces más que leer tus estúpidas cartas.
7. COMPARTIR EL DOLOR DEL PRÓJIMO
TEMAS POSIBLES
Desgracia, solidaridad, bondad,
Sabiduría, dolor.

El hambre desolaba la ciudad de Damasco... Ninguna lluvia caía del


cielo sobre la seca tierra, los árboles se morían en los vergeles, las
fuentes se agotaban, los bosques ya no tenían ni hojas ni frutos, las
colinas estaban sin verdura y sin pájaros y los hombres se veían, por lo
tanto, obligados a comer langostas. En modio de esta general
desolación, hallé a uno de mis amigos, gran personaje, lleno de honores
y poseedor de una fortuna inmensa.

Sin embargo, ya no conservaba más que los huesos y la piel, por lo


que hube de manifestarle mi sorpresa: “¿Oué accidente -le dije- te ha
puesto en un estado tan lamentable?”.

5
Y me respondió encolerizado:

- “¿No ves qué azote destruye la comarca? La miseria ha llegado a su


apogeo; el cielo no deja caer la lluvia y la queja de los hombres no
puede subir hasta el cielo”.

Yo le contesté: “¿Por qué te apuras? Tú eres rico y no puedes, como


los demás, morir en la miseria. La cerceta no se preocupa de la
inundación».

Mí amigo me dirigió entonces una mirada de lástima semejante a la


que se dirige a los ignorantes.

- “El hombre de corazón -me dijo- no permanece en la orilla cuando


sus compañeros son arrastrados por la corriente; no es el habre lo que
hunde mis mejillas y da a mí frente el color del marfil: es la angustia por
aquellos a quienes la miseria consume. El sabio teme más el sufrimiento
de los demás que el suyo propio y el hombre bueno debe siempre
compartir el dolor de su prójimo. Cuando contemplo a mi alrededor a
tantos desgraciados que perecen de hambre y de sed, tengo horror a los
alimentos como se tiene horror al veneno.

Un jardín lleno de luz y de pájaros pierde todo su encanto al pensar


en el amigo que gime en una prisión húmeda y negra”.
8. CIELO E INFIERNO DESDE AOUI
TEMAS POSIBLES
Egoísmo, amor, generosidad
compartir inteligencia

Cierto día, un sabio visitó el infierno. Allí, vio a mucha gente sentada
en torno a una mesa ricamente servida. Estaba llena de alimentos, a
cual más apetitoso y exquisito. Sin embargo, todos los comensales
tenían cara de hambrientos y el gesto demacrado. Tenían que comer
con palillos; pero no podían, porque eran unos palillos tan largos como
un remo. Por eso, por más que estiraban su brazo, nunca conseguían
llevarse nada a la boca.

Impresionado, el sabio salió del infierno y subió al cielo. Con gran


asombro, vio que también allí había una mesa llena de comensales y
con iguales manjares. En este caso, sin embargo, nadie tenía la cara
desencajada; todos los presentes lucían un semblante alegre; respiraban
salud y bienestar por los cuatro costados. Y es que, allí, en el cielo, cada
cual se preocupaba de alimentar con los largos palillos al que tenía
enfrente.

6
De una leyenda china

9. PARA EL OTRO... ¡LO MEJOR!


TEMAS POSIBLES
Amor, felicidad, generosidad, sacrificio

Era un matrimonio pobre. Ella hilaba a la puerta de su choza


pensando en su marido. Todo el que pasaba se quedaba prendado de la
belleza de su cabello negro, largo como hebras brillantes salidas de su
rueca. Él iba cada día al mercado con algunas frutas. A la sombra de un
árbol, se sentaba a esperar, sujetando entre los dientes su pípa vacía.
No llegaba para comprar un pellizco de tabaco.

Se acercaba el día del aniversario de la boda y ella no cesaba de


guntarse qué podría regalar a su marido Y, además, ¿con qué dinero?
Una idea cruzó su mente. Sintió un escalofrío al pensarlo, pero, al
decidirse, todo su cuerpo se estremeció de gozo: vendería su pelo para
comprarle tabaco.

Ya imaginaba a su hombre en la plaza, sentado ante sus frutas,


dando largas bocanadas a su pipa: aromas de incienso y de jazmín
darían al dueño del puestecillo la solemnidad y prestigio de un
verdadero comerciante.

Sólo obtuvo por su pelo unas cuantas monedas, pero eligió con
cuidado el más fino estuche de tabaco. El perfume de las hojas
arrugadas compensaba largamente el sacrificio de su pelo.

Al llegar la tarde, regresó el marido. Venia cantando por el camino.


Traía en su mano un pequeño envoltorio: eran unos peines para su
mujer, que acababa de comprar tras vender su vieja pipa... Abrazados,
rieron hasta el amanecer.

(Adaptación de un relato popular)

10. PARÁBOLA DE LAS MULETAS


TEMAS POSIBLES
Educación, ideales, superación, familia, tradición,
inteligencia, conformismo, jóvenes.

Había una vez un país donde todos, durante muchos años, se habían
acostumbrado a usar muletas para andar. Desde su más tierna infancia,
todos los niños eran enseñados debidamente a usar sus muletas para no
7
caerse, a cuidarlas, a reforzarlas conforme iban creciendo, a barnizarlas
para que el barro y la lluvia no las estropeasen. Pero un buen día, un
sujeto inconformista empezó a pensar si sería posible prescindir de tal
aditamento. En cuanto expuso su idea, los ancianos del lugar, sus
padres y maestros, sus amigos, todos le llamaron loco: “Pero, ¿a quién
habrá salido este muchacho?, ¿no ves que, sin muletas, te caerás
irremediablemente? ¿Cómo se te puede ocurrir semejante estupídez?”.

Pero nuestro hombre seguía planteándose la cuestión. Se le acercó


un anciano y le dijo: “¿Cómo puedes ir en contra de toda nuestra
tradición? Durante años y años, todos hemos andado perfectamente con
esta ayuda. Te sientes más seguro y tienes que hacer menos esfuerzo
con las piernas: es un gran invento. Además, ¿cómo vas a despreciar
nuestras bibliotecas donde se concreta todo el saber de nuestros
mayores sobre la construcción, uso y mantenimiento de la muleta?
¿Cómo vas a ignorar nuestros museos donde se admiran ejemplares
egregios, usados por nuestros próceres, nuestros sabios y mentores?”.

Se le acercó después su padre y le dijo: “Mira, niño, me están


cansando tus originales excentricidades. Estás creando problemas en la
familia. Si tu bisabuelo, tu abuelo y tu padre han usado muletas, tú
tienes que usarlas porque eso es lo correcto”.

Pero nuestro hombre seguía dándole vueltas a la idea, hasta que un


día se decidió a ponerla en práctica. Al principio, como le habían
advertido, se cayó repetidamente. Los músculos de sus piernas estaban
atrofiados. Pero, poco a poco, fue adquiriendo seguridad y, a los pocos
días, corría por los caminos, saltaba las cercas de los sembrados y
montaba a caballo por las praderas”.

Nuestro hombre del cuento había llegado a ser él mismo.

Cuento indio

11. EL GATO DEL GURU


TEMAS POSIBLES
Rutina, superficialidad, apariencia, tradición.

Cuando, cada tarde, se sentaba el gurú para las prácticas del culto,
siempre andaba por allí el gato del Asbram distrayendo a los fieles. De
manera que ordenó el gurú que ataran al gato durante el culto de la
tarde.

8
Mucho después de haber muerto el gurú, seguían atando al gato
durante el referido culto. Y, cuando el gato murió, llevaron otro gato al
Asbram para poder atarlo durante el culto vespertino.

Siglos más tarde, los discípulos del gurú escribieron doctos tratados
acerca del importante papel que desempeña el gato en la realización de
un culto como es debido.

12. EL OJO
TEMAS POSIBLES
sentidos ayuda

Cierto día, el Ojo dijo: “Más allá de estos valles, veo una montaña
envuelta en el azul de la niebla. ¿No es hermosa?”.

El Oído oyó esto y, tras escuchar atentamente un rato, dijo: “Pero,


¿dónde está esa montaña? No la oigo..”.

Luego habló la Mano y dijo: “En vano trato de sentirla o de tocarla;


no encuentro ninguna montaña por ahí”.

La Nariz dijo: “No hay ninguna montaña, no puedo olerla”.

Cuando el Ojo se volvió hacia otro lado, los demás sentidos


empezaron a murmurar sobre su extraña alucinación. Y comentaban
entre sí: “Algo le debe fallar al Ojo!”.

Kahlil Gibran

13. LA ORACIÓN DEL VIEJO MAESTRO


TEMAS POSIBLES
Cambio, experiencia, ideales,
Conocimientos, oración

Aquel viejo maestro nunca dejaba de enseñar y nunca dejaba de


aprender. Cada vez sabía más y cada vez parecía más reacio a enseñar.
La vida le había llenado de conocimientos y le había llenado de
prudencia. El silencio, la moderación, son también sabiduría. “Cuando
era joven y revolucionario, -solía repetir-, pedía a Dios que me diera
fuerzas para cambiar al mundo. Multitudes de alumnos me seguían. Con
el tiempo me di cuenta de que no había cambiado a nadie y empecé a
pedir fuerzas para transformar al menos a los más cercanos. Ya no me
escuchaban tantos. Llegué a viejo y me di cuenta de lo estúpido que

9
había sido. Hoy sólo pido a Dios la gracia de cambiarme a mí mismo.
Veo que hay muy pocos que me escuchen. Pero yo, ojalá hubiera
pensado siempre así, no habría malgastado mi vida, porque Dios se ha
pasado toda mí vida, pidiéndome que me deje cambiar”.
14. EL CRISTO DE LOS FAVORES
TEMAS POSIBLES
Oración, Cristo, promesa, fidelidad,
Justicia, providencia.

El viejo Haakón cuidaba una cierta ermita. En ella se conservaba un


Cristo muy venerado que recibía el significativo nombre de “Cristo de los
Favores”. Todos acudían a él para pedirle ayuda. Un día también el
ermitaño Haakón decidió solicitar un favor y, arrodillado ante la imagen,
dijo:

- Señor, quiero padecer por ti. Déjame ocupar tu puesto. Quiero


reemplazarte en la cruz.

Y se quedó quieto, con los ojos puestos en la imagen, esperando


respuesta. De repente -ioh, maravillal- vio que el crucificado empezaba a
mover los labios y le dijo:

- Amigo mío, accedo a tu deseo, pero ha de ser con una condición:


que suceda lo que suceda y veas lo que veas, has de guardar siempre
silencio.

- Te lo prometo, Señor.

Y se efectuó el cambio. Nadie se dio cuenta de que era Haakón quien


estaba en la cruz, sostenido por los cuatro clavos, y que el Señor
ocupaba el puesto del ermitaño. Los devotos seguian desfilando,
pidiendo favores, y Haakón, fiel a su promesa, callaba. Hasta que un
día...

Llegó un ricachón y, después de haber orado, dejó allí olvidada su


bolsa. Haakón lo vio, pero guardó silencio. Tampoco dijo nada cuando un
pobre, que vino dos horas más tarde, se apropió de la bolsa del rico. Y
tampoco dijo nada, cuando un muchacho se postró ante él, poco
después, para pedir su protección antes de emprender un viaje. Pero no
pudo contenerse cuando vio regresar al hombre rico, quien, creyendo
que era ese muchacho el que se había apoderado de la bolsa, insistía en
denunciarlo. Se oyó entonces una voz fuerte:

- Deténte!

Ambos miraron hacia arriba y vieron que era la imagen la que había

10
gritado. Haakón aclaró cómo habían ocurrido realmente las cosas. El rico
quedó anonadado y salió de la ermita. El joven salió también porque
tenía prisa para emprender su viaje. Cuando, por fin, la ermita quedó
sola, Cristo se dirigió a Haakón y le dijo:

- Baja de la cruz. No vales para ocupar mi puesto. No has sabido


guardar silencio.

- Señor -dijo Haakón, confundido-, ¿cómo iba a permitir esa


injusticia?

Y Cristo le contestó:

- Tú no sabías que al rico le convenía perder la bolsa, pues llevaba en


ella el precio de la virginidad de una mujer. El pobre, en cambio, tenía
necesidad de ese dinero e hizo bien en llevárselo. En cuanto al
muchacho último, si hubiera quedado retenido en la ermita no habría
llegado a tiempo de embarcar y habría salvado la vida, porque has de
saber que, en estos momentos, su barco está hundiéndose en alta mar.
Leyenda noruega

15. LA PALOMA REAL


TEMAS POSIBLES
Intransigencia, fanatismo, cerrazón, uniformidad.

Nasrudín llegó a ser primer ministro del rey. En cierta ocasión,


mientras deambulaba por el palacio, vio por primera vez en su vida un
halcón real.

Hasta entonces, Nasrudín nunca había visto semejante clase de


paloma. De modo que tomó unas tijeras y cortó con ellas las garras, las
alas y el pico del halcón.

“Ahora pareces un pájaro como es debido –dijo-; tu cuidador te ha


tenido muy descuidado”.

¡Ay de las gentes religiosas que no conocen más mundo que aquel en el que viven y no
tienen nada que aprender de las personas con las que hablan!

16. EL PEQUEÑO PEZ

“Usted perdone –dijo un pez a otro-, es usted más viejo y con más
experiencia que yo y probablemente podrá usted ayudarme. Dígame:

11
¿dónde puedo encontrar eso que llaman Océano? He estado buscándolo
por todas partes, sin resultado”.

“El Océano –respondió el viejo pez- es donde estás ahora mismo”.

“¿Esto? Pero si no es más que agua. Lo que yo busco es el


Océano...” –replicó el jovenpez, totalmente decepcionado, mientras se
marchaba nadando a buscar en otra parte.

Se acercó al Maestro, vestido con ropas sannyasi y hablando el lenguaje de los


sannyasi: “He estado buscando a Dios durante años. Dejé mi casa y he estado
buscándolo en todas las partes donde Él mismo ha dicho que está: en loalto de
los montes, en el centro del desierto, en el silencio de los monasterios y en las
chozas de los pobres”.

- “¿Y lo has encontrado?” –le preguntó el Maestro.

- “Sería engreído y unmentiroso si dijera que sí. No; no lo he encontrado, ¿y


tú?”.

¿Qué podía responderle el Maestro? El sol poniente inundaba la habitación


con sus rayos de luz dorada. Centenares de gorriones gorjeaban en el exterior,
sobre las ramas de una higuera cercana. A lo lejos podía oírse el peculiar ruido
de la carretera. Un mosquito zumbaba cerca de su oreja, avisando que estaba a
punto de atacar... Y sin embargo, aquel buen hombre podía sentarse allí y
decir que no había encontrado a Dios, que aún estaba buscándolo.

Al cabo de un rato, decepcionado, salió de la habitación del Maestro y se fue a


buscar a otra parte.

Deja de buscar, pequeño pez. No hay nada que buscar. Sólo tienes
que estar tranquilo, abrir tus ojos y mirar. No puedes dejar de verlo.

17. LAS CAMPANAS DEL TEMPLO

El templo había estado sobre una isla, dos millas mar adentro. Tenía un
millar de campanas. Grandes y pequeñas campanas, labradas por los mejores
artesanos del mundo. Cuando soplaba el viento o arreciaba la tormenta, todas
las campanas del templo repicaban al unísono, produciendo una sinfonía que
arrebataba a cuantos la escuchaban.

12
Pero, al cabo de los siglos, la isla se había hundido en el mar y, con ella,
el templo y sus campanas. Una antigua tradición afirmaba que las campanas
seguían repicando sin cesar y que cualquiera que escuchara atentamente
podría oírlas. Movido por esta tradición, un joven recorrió miles de millas,
decidido a escuchar aquellas campanas. Estuvo sentado durante días en la
orilla, frente al lugar en el que en otro tiempo se había alzado el templo, y
escuchó y escuchó con toda atención. Pero lo único que oía era el ruido de las
olas al romper contra la orilla. Hizo todos los esfuerzos posibles por alejar de sí
el ruido de las olas, al objeto de poder oír las campanas. Pero todo fue en vano;
el ruido del mar parecía inundar el universo.

Persistió en su empeño durante semanas. Cuando le invadió el


desaliento, tuvo ocasión de escuchar a los sabios de la aldea, que hablaban
con unción de la leyenda de las campanas deltemplo y de quienes las había
oído y certificaban lo fundado de la leyenda. Su corazón ardía en llamas al
escuchar aquellas palabras... para retornar al desaliento cuando, tras nuevas
semanas de esfuerzo, no obtuvo ningún resultado.

Por fin decidió desistir de su intento. Tal vez él no estaba destinado a ser
uno de aquellos afortunados a quienes les era dado oír las campanas. O tal vez
no fuera cierta la leyenda. Regresaría a su casa y reconocería su fracaso. Era
su último día en el lugar y decidió acudir una última vez a su observatorio, para
decir adiós al mar, al viento, al cielo, a los cocoteros. Se tendió en la arena,
contemplando el cielo y escuchando el sonido del mar. Aquel día no opuso
resistencia a dicho sonido, sino que, por el contrario, se entregó a él y
descubrió que el bramido de las olas era un sonido realmente dulce y
agradable. Pronto quedó tan absorto en aquel sonido que apenas era
consciente de sí mismo. ¡Tan profundo era el silencio que producía en su
corazón...!

¡Y en medio de aquel silencio lo oyó! El tañido de una campalilla,


seguido por el de otra, y otra, y otra... Y en seguida todas y cada una de las mil
campanas del templo repicaban en una gloriosa armonía, y su corazón se vio
transportado de asombro y alegría.

Si deseas escuchar las campanas del templo, escucha el sonido del mar. Si deseas ver a
Dios, mira atentamente la creación. No la rechaces; no reflexiones sobre ella. Simplemente,
mírala.
18. LA FÓRMULA.

El místico regresó del desierto. “Cuéntanos –le dijeron con avidez-,


¿cómo es Dios?”.

Pero, ¿cómo pdría él expresar con palabras lo que había


experimentado en lo más profundo de su corazón? ¿Acaso se puede
expresar la verdad con palabras?

Al fin les confió una fórmula –inexacta, eso sí, e insuficiente-, en la


esperanza de que alguno de ellos pudiera, a través de ella, sentir la

13
tentación de experimentar por sí mismo lo que él había experimentado.
Ellos aprendieron la fórmula y la convirtieron en un texto sagrado. Y se
la impusieron a todos como si se tratara de un dogma. Incluso se
tomaron el esfuerzo de difundirla en países extranjeros. Y algunos
llegaron a dar su vida por ella.

Y el místico quedó triste. Tal vez había sido mejor que no hubiera
dicho nada.

19. EL EXPLORADOR

El explorador había regresado junto a los suyos, que estaban ansiosos


por saberlo todo acerca del Amazonas. Pero, ¿cómo podía él expresar con
palabras la sensación que había inundado su corazón cuando contempló
aquellas flores de sobrecogedora belleza y escuchó los sonidos nocturnos de la
selva? ¿Cómo comunicar lo que sintió en su corazón cuando se dio cuenta del
peligro de las fieras o cuando condicía su canoa por las inciertas aguas del río?

Y les dijo: “Id y descubridlo vosotros mismos. Nada puedo sustituir al


riesgo y a la experiencia personales”. Pero, para orientarles, les hizo un mapa
del Amazonas.

Ellos tomaron el mapa y lo colocaron en el ayuntamiento. E hicieron


copias de él para cada uno. Y todo el que tenía una copia, se consideraba un
experto en el Amazonas, pues, ¿no conocía cada vuelta y cada recodo del río, y
cuán ancho y profundo era, y dónde había rápidos y dónde se hallaban las
cascadas?

El explorador se lamentó toda su vida de haber hecho aquel mapa.


Habría sido preferible no haberlo hecho.

20. LOS PROFESIONALES

Mi vida religiosa ha estado enteramente en manos de profesionales. Si yo quiero


aprender a orar, acudo a un director espiritual; si deseo descubrir la voluntad de Dios con
respecto a mí, acudo a un retiro dirigido por un experto; para entender la Biblia recurro a un
escriturista; para saber si he pecado o no, me dirijo a un moralista; y para que se me
perdonen los pecados tengo que echar mano de un sacerdote...

El rey de unas islas del Pacífico sur daba un banquete en honor de


un distinguido huésped occidental. Cuando llegó el momento de
pronunciar los elogios del huésped, Su Majestad siguió sentado en el
suelo mientras un orador profesional, especialmente designado al
efecto, se excedía en sus adulaciones.

Tras el elocuente panegírico, el huésped se levantó para decir


unas palabras de agradecimiento al rey. Pero Su Majestad le retuvo

14
suavemente: “No se levante, por favor –le dijo-, ya he encargado a un
orador que hable por usted. En nuestra isla pensamos que el hablar en
público no debe estar en manos de aficionados”.

Yo me pregunto: ¿no preferiría Dios que yo fuera más “aficionado” en mi relación con Él?

21. GRITAR PARA QUEDAR A SALVO... E INCÓLUME

Una vez llegó un profeta a una ciudad con el fin de convertir a sus
habitantes. Al principio la gente le escuchaba cuando hablaba, pero
podo a poco se fueron apartando, hasta que no hubo nadie que
escuchara las palabras del profeta.

Cierto día, un viajante le dijo al profeta:

- ¿Por qué sigues predicando?, ¿no ves que tu misión es imposible?”.

Y el profeta le respondió:

- Al principio tenía la esperanza de poder cambiarlos. Pero si ahora sigo


gritando es únicamente para que no me cambien ellos a mí”

22. MI AMIGO

Malik, hijo de Dinar, estaba muy preocupado por la disoluta


conducta de un libertino joven que vivía en la casa contigua a la suya.
Durante mucho tiempo no hizo nada al respecto, en la esperanza de que
hubiera alguien que interviniera. Pero cuando la condicta del joven se
hizo absolutamente intolerable, Malik se dirigió a él y le pidió que
cambiara su modo de ser.

Con toda tranquilidad, el joven informó a Malik de que él era un


protegido del Sultán y, por lo tanto, nadie podía impedirle vivir como a él
se le antojara.

Malik le dijo: “Yo, personalmente, me quejaré al Sultán”. Y el joven


le respondió: “Será completamente inútil, porque el Sultán jamás
cambiará su opinión acerca de mí”.

“Entonces le hablaré de ti al Sumo Creador” –replicó Malik. “El


Sumo Creador –dijo el joven- es demasiado misericordioso como para
reprocharme nada”.

Malik quedó totalmente desarmado, por lo que desistió de su

15
intento. Pero al poco tiempo la reputación del joven se hizo tan mala que
originó la repulsa general. Malik decidió entonces que debía intentar
reprenderle. Pero, cuando se dirigía a la casa del joven, oyó una voz que
le decía: “No toques a mi amigo; está bajo mi protección”. A Malik, esto
le produjo una enorme confusión y, cuando se vio en presencia del
joven, no supo qué decirle.

El joven le preguntó: “¿A qué has venido?” Respondió Malik:


“Venía a reprenderte, pero cuando me dirigía hacia aquí una Voz me dijo
que no te tocara, porque estás bajo su protección”.

El rostro del disoluto joven se transformó. “¿De veras me llamó


amigo suyo?”, peguntó. Pero para entonces Malik se había marchado.
Años más tarde, Malik se encontró con él en La Meca. Las palabras de la
voz le había impresionado de tal modo que había renunciado a todos sus
bienes y se había hecho un mendigo errante. “He venido aquí en busca
de mi amigo”, le dijo a Malik. Y, dicho esto, murió.

23. EL ZORRO MUTILADO

Un hombre que paseaba por el bosque vio un zorro que había perdido sus patas,
por lo que el hombre se preguntaba cómo podría sobrevivir. Entonces vio llegar a un
tigre que llevaba una presa en su boca. El tigre ya se había hartado y dejó el resto de
la carne para el zorro.

Al día siguiente, Dios volvió a a limentar al zorro por medio del mismo tigre. éL
comenzó a maravillarse de la inmensa bondad de Dios y se dijo a sí mismo: “Voy
también yo a quedarme en un rincón, confiando plenamente en el Señor, y éste me
dará cuanto necesito”.

Así lo hizo durante muchos días; pero no sucedía nada y el pore hombre estaba
casi a las puertas de la muerte cuando oyó una Voz que le decía: “¡Oh, tú, que te hallas
en la senda del error, abre tus ojos a la verdad! Sigue el ejemplo del tigre y deja ya de
imitar al pobre zorro mutilado”.

Por la calle vi a una niña aterida y tiritando de frío dentro de su ligero vestidito y con pocas
perspectivas de conseguir una comida decente. Me encolericé y le dije a Dios: “¿Por qué
permites estas cosas?, ¿por qué no haces nada para solucionarlo?”.

Durante un rato, Dios guardó silencio. Pero aquella noche, de improviso, me respondió:
“ciertamente que he hecho algo. Te he hecho a ti”.

24. LA SENDA ESTRECHA.

En cierta ocasión previno Dios al pueblo de un terremoto que habría de tragarse


las aguas de toda la tierra. Y las aguas que reemplazarían a las desaparecidas habrían
de enloquecer a todo el mundo. Tan sólo el profeta se tomó en serio a Dios. Transportó
hasta la cueva de su montaña enormes recipientes de agua, de modo que no hubiera
ya de faltarle el líquido elemento en los días de su vida.

16
Y efectivamente, se produjo el terremoto, desaparecieron las aguas y una
nueva agua llenó los arroyos y los lagos y los ríos y los estanques. Algunos meses más
tarde bajó el profeta de su montaña a ver lo que había ocurrido. Y era verdad: todo el
mundo se había vuelto loco y le atacaba a él u no quería tener nada que ver con él. Y
hasta se convenció todo el mundo de que era él el que estaba loco.

Así pues, el profeta regresó a su cueva de la montaña, contento por haber


tenido la precaución de guardar agua. Pero a medida que transcurría el tiempo, la
soledad se le hacía insoprtable. Anhelaba tener compañía humana. De modo que
descendió de nuevo a la llanura. Pero nuevamente fue rechazado por la gente, tan
diferente de él.

Entonces el profea tomó su decisión: tiró el agua que había guardado, bebió del
agua nueva y se unió a sus semejantes en la locura.

25. MUY BIEN, MUY BIEN

En una aldea de pescadores, una muchacha soltera tuvo un hijo y, tras


ser vapuleada, al fin reveló quién era el padre de la criatura: el maestro Zen,
que se hallaba meditando todo el día en el templo situado en las afueras de la
aldea. Los padres de la muchacha y un numeroso grupo de vecinos se
dirigieron al templo, interrumpieron bruscamente la meditación del Maestro,
censuraron su hipocresía y le dijeron que, puesto que él era el padre de la
criatura, tenía que hacer frente a su mantenimiento y educación. El maestro
respondió únicamente: “Muy bien, muy bien...”.

Cuando se marcharon, recogió del suelo al niño y llegó a un acuerdo


económico con una mujer de la aldea para que se ocupara de la criatura, la
vistiera y la alimentara. La reputación del Maestro quedó por los suelos. Ya no
se le acercaba nadie a recibir instrucción.

Al cabo de un año de producirse esta situación, la muchacha que había


tenido el niño ya no pudo aguantar más u acabó confiesando quehabía
mentido. El padre dela criatura era un joen que vivía en la casa de al lado. Los
padres de la muchacha y todos los habitantes de la aldea quedaron
avergonzados. Entonces acudieron al Maestro a pedirle perdón y a solicitar que
les devolviera el niño. Así lo hizo el Maestro. Y todo lo que dijo fue: “Muy bien,
muy bien...”.

26. EL ÁGUILA REAL

Un hombre se encontró un huevo de águila. Se lo llevó y lo colocó en el nido


de una gallina de corral. El aguilucho fue incubado y creció con la nidada de
pollos. Durante toda su vida, el águila hizo lo mismo que hacían los pollos,
pensando que era un pollo. Escarbaba la tierra en busca de gusanos e insectos,
piando y cacareando. Incluso sacudía las alas y volaba unos metros por el aire,
al igual que los pollos. Después de todo, ¿no es así como vuelan los pollos?

Pasaron los años y el águila se hizo vieja. Un día divisó muy por encima de
ella, en el límpido cielo, una magnífica ave que flotaba elegante y

17
majestuosamente por entre las corrientes de_aire, moviendo apenas sus
poderosas alas doradas. La vieja águila miraba asombrada hacia arriba. “¿Qué
es eso?” –preguntó a una gallina que estaba junto a ella.
“Es el águila, el rey de las aves, –respondió la gallina- pero no pienses en ello.
Tú y yo somos diferentes de él.

De manera que el águila no volvió a pensar en ello. Y murió creyendo que


era una gallina de corral.

27. EL MONJE Y LA MUJER

De camino hacia su monasterio, dos monjes budistas se encontraron


con una bellísima mujer a la urilla de un río. Al igual que ellos, quería
ella cruzar el río, pero éste bajaba demasiado crecido. De modo que uno
de los monjes se la echó a la espalda y la pasó a la otra orilla.

El otro monje estaba absolutamente escandalizado y por espacio de


dos horas estuvo censurando su negligencia en la observancia de la
Santa Regla: ¿había olvidado que era un monje?, ¿cómo se había
atrevido a tocar a una mojer y a transportarla al otra lado del río?, ¿qué
diría la gente?, ¿no había desacreditado la Santa Religión?, etc.

El acusado escuchó pacientemente el interminable sermón. Y al final


estalló: “Hermano, yo he dejado a aquella mujer en el río. ¿Eres tú quien
la lleva ahora?”.

Cuando las personas religiosas no dejan de darle vueltas a los pecados de los demás, uno
sospecha que esa insistencia les proporciona más placer del que el pecado proporciona al
pecador.

28. CONOCER A CRISTO


Diálogo entre un recién convertido a Cristo y un amigo no creyente.

- ¿De modo que te has convertido a Cristo?


- Sí.
- Entonces sabrás mucho de él. Dime, ¿en qué país nació?
- No lo sé.
- ¿A qué edad murió?
- Tampoco lo sé.
- ¿Sabrás al menos cuantos sermones pronunció?
- Pues no..., no lo sé.
- La verdad es que sabes muy poco para ser un hombre que afirma haberse
convertido a Cristo.
- Tienes toda la razón. Y yo mismo estoy avergonzado de lo poco que sé acerca
de Él. Pero sí que sé algo: hace tres años yo era un borracho. Estaba cargado
de deudas. Mi familia se deshacía a pedazos. Mi mujer y mis hijos temían como
un nublado mi vuelta a casa cada noche. Pero ahora he dejado la bebida; no
tenemos deudas; nuestro hogar es un hogar feliz; mis hijos esperan

18
ansiosamente mi vuelta a casa cada noche. Todo esto es lo que ha hecho
Cristo por mí. ¡Y esto es lo que sé de Cristo!
29. ¿HAY ALGUIEN AHÍ?

Un ateo cayó por un precipicio y, mientras rodaba hacia abajo,


pudo agarrarse a una rama de un pequeño árbol, quedando suspendido a
trescientos metros de las rocas del fondo, pero sabiendo que no podría
aguantar mucho tiempo en aquella situación.

Entonces tuvo una idea; «¡Dios!», gritó con todas sus fuerzas.

Pero sólo le respondió el silencio.

«¡Dios!», volvió a gritar. «¡Si existes, sálvame, y te prometo que creeré


en ti y enseñaré a otros a creer!»

¡Más silencio! Pero, de pronto, una poderosa Voz, que hizo que
retumbara todo el cañón, casi le hace soltar la rama del susto; «Eso es lo
que dicen todos cuando están en apuros».

«¡No, Dios, no!», gritó el hombre, ahora un poco más esperanzado. «¡Yo
no soy como los demás! ¿Por qué había de serlo, si ya he empezado a
creer al haber oído por mí mismo tu Voz? ¿O es que no lo ves? ¡Ahora
todo lo que tienes que hacer es salvarme, y yo proclamaré tu nombre
hasta los confines de la tierra!»

«De acuerdo», dijo la Voz, «te salvaré. Suelta esa rama».

«¿Soltar la rama?», gimió el pobre hombre. «¿Crees que estoy loco?,


¿hay alguien más ahí?»

Se dice que, cuando Moisés alzó su cayado sobre el Mar Rojo, no se


produjo el esperado milagro. Sólo cuando el primer israelita se lanzó al
mar, retrocedieron las olas y se dividieron las aguas, dejando expedito el
paso a los judíos.

30. EL ANTIGÉNESIS.

Al fin el hombre acabó con el cielo y con la tierra.


La tierra era bella y fértil,

19
La luz brillaba en las montañas y los mares
Y el Espíritu de Dios llenaba el universo.

El hombre dijo:
“Que posea yo todo el poder
en el cielo y en la tierra”.
Y vio que el poder era bueno,
y puso el nombre de Grandes Jefes
a los que tenían el poder
y llamó desgraciados
a los que buscaban la reconcialiación.
Así fue el sexto día antes del fin.

El hombre dijo:
“Que haya gran división entre los pueblos:
que se pongan de un lado las naciones a mi favor
y del otros las que están contra mí”.
Y hubo Buenos y Malos.
Así fue el quinto día antes del fin.

El hombre dijo:
“Reunamos nuestras fortunas todas en lugar
y creemos instrumentos para defendernos:
la radio para controlar el espíritu de los hombres,
el alistamiento para controlar los pasos de los hombres,
los uniformes para dominar las almas de los hombres”.
Y fue así.
El mundo quedó dividido en dos bloques, en guerra.
El hombre vio que tenía que ser así.
Así fue el cuarto día antes del fin.

El hombre dijo:
“Que haya una censura
para distinguir nuestra verdad de la de los demás”.
Y fue así.
El hombre creó dos grandes instituciones de censura:
una, para ocultar la verdad en el extanjero,
y otra, para defenderse de la verdad dentro de casa.
El hombre lo vio y lo encontró normal.
Así fue el tercer día antes del fin.

El hombre dijo:
“Fabriquemos armas que puedan destruir grandes multitudes,
millones y centenares de millones, a distancia”
El hombre creó los submarinos nucleares que surcan los mares
Y los misiles que cruzan el firmamento.
El hombre lo vio y se enorgulleció.
Entonces los bendijo diciéndoles:
“Sed numerosos y grandes sobre la tierra,
llenad las aguas del mar

20
y los espacios celestes; multiplicaos”.
Así fue el segundo día antes del fin.

El hombre dijo:
“Hagamos a Dios a nuestra imagen y semejanza;
que actúe como actuamos nosotros,
que piense como pensamos nosotros,
que quiera lo que nosotros queramos,
que mate como nosotros matamos”.
El hombre creó un Dios a su medida
y lo bendijo diciendo:
“Muéstrate a nosotros y pon la tierra a nuestros pies.
No te faltará nada si haces nuestra propia voluntad”.
Y así fue.
El hombre vio todo lo que había hecho
y estaba muy satisfecho de todo ello.
Así fue el día antes del fin.

De pronto se produjo un gran terremoto en toda la superficie de la tierra,


Y el hombre y todo lo que había hecho dejaron de existir.

Así acabó el hombre con el cielo y con la tierra.


La tierra volvió a ser un mundo vacío y sin orden;
toda la superficie del océano se cubrió de oscuridad
y el Espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas.

31. EL AMOR Y LA LOCURA.

Cuentan que una vez se reunieron en un lugar de la tierra todos


los sentimientos y las cualidades de los hombres, y ocurrió cuanto sigue:

Cuando el aburrimiento había bostezado por tercera vez, la locura,


como siempre tan loca, les propuso:
- ¿Jugamos al escondite?

La intriga levantó la ceja y la curiosidad, sin poder contenerse,


preguntó:
- ¿Al escondite?, ¿cómo se juega?
- Es un juego –explicó la locura- en que yo me tapo la cara y comienzo a
contar desde uno hasta un millón mientras vosotros os escondéis; y
cuando yo haya terminado de contar, el primero de vosotros al que
encuentre ocupará mi lugar para continuar el juego.

El entusiasmo bailó secundado por la euforia. La alegría dio tantos


saltos que terminó por convencer a la duda, e incluso a la apatía, a la

21
que nunca le interesaba nada. Pero no todos quisieron participar. La
soberbia opinó que era un juego muy tonto; en el fondo, lo que le
molestaba es que la idea no hubiese salido de ella y fuese suya. Y la
cobardía prefirió no arriesgarse.

- Uno, dos, tres, cuatro... comenzó a contar la locura.


La primera en esconderse fue la pereza, que como siempre, se
dejó caer tras la primera piedra del camino.
La fe subió al cielo y la envidia se escondió tras la sombra del
triunfo, que con su propio esfuerzo había logrado subir a la copa del
árbol más alto.

La generosidad, casi no alcanzaba a esconderse. Cada sitio que


hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos. Así le ocurrió:
que si un lago cristalino para la belleza; que si el bajo de un árbol
perfecto para la timidez; que si el vuelo de una mariposa para la
voluptuosidad; que si una ráfaga de viento para la libertad... Así que
terminó por esconderse en un rayito de sol. El egoísmo, en cambio,
encontró un sitio muy bueno para esconderse desde el principio:
ventilado, cómodo, pero sólo para él.

La mentira se escondió en el fondo de los océanos –esto no es


verdad, realmente se escondió detrás del arco iris- y la pasión y el deseo
en el fondo de los volcanes.
El olvido, no recuerdo dónde se escondió, pero esto no es lo
importante.

Cuando la locura contaba 999.999, el amor todavía no había


encontrado un sitio para esconderse, pues todo se hallaba ocupado.
Hasta que divisó un rosal y, estremecido, decidió esconderse entre sus
flores.

La primera en aparecer fue la pereza, sólo a tres pasos de la


piedra. Descubrió a la fe porque escuchó su voz al dialogar con Dios
sobre el hombre. Y la pasión y el deseo los sintió en el vibrar de los
volcanes.

En un descuido, descubrió a la envidia: le colgaban los pies. Y fue


fácil deducir dónde estaba el triunfo.

Al egoísmo no tuvo ni que buscarlo: él solito salió disparado de su


escondite, que había resultado ser un enjambre de avispas.

De tanto caminar, sintió sed y al acercarse al lago, descubrió a la


belleza.
Con la duda fue más fácil todavía, pues la encontró sentada en

22
una cerca sin decidir aún de qué lado esconderse.

Así fue encontrando a todos: el talento entre la hierba fresca, la


angustia en una oscura cueva, la mentira detrás del arco iris y hasta el
olvido, que no se acordaba que estaba jugando al escondite. Pero sólo el
amor no aparecía por ningún sitio.

La locura buscó detrás de cada árbol, bajo cada arroyo del planeta,
en la cima de las montañas y, cuando estaba por darse por vencida,
divisó un rosal y las rosas... Y comenzó a buscar con su bastón por entre
las rosas gritándole al amor que saliera. Escuchó un grito, y el amor salió
con los ojos ensangrentados: las espinas se le habían clavado en los ojos
y estaba ciego.

La locura no sabía cómo disculparse y no paraba de pedir perdón.


Rogó e imploró, y le prometió solemnemente que desde ese mismo
momento, la locura serían los ojos del amor.

Desde entonces, desde que por primera vez se jugó al escondite


en la tierra, el amor es ciego y la locura le acompaña siempre.
32. DIOS SIEMPRE ESCUCHA.

El cura del pueblo era un santo varón al que acudía la gente


cuando se veía en algún aprieto. Entonces él solía ret¡rarse a un
determinado lugar del bosque, donde recitaba una orac¡ón especial.
Dios escuchaba siempre su oración, y el pueblo recibía la ayuda
deseada.

Murió el cura, y la gente, cuando se veía en apuros, seguía


acudiendo a su sucesor, el cual no era ningún santo, pero conocía el
secreto del lugar concreto del bosque y la oración especial. Entonces iba
allá y decía: “Señor, tú sabes que no soy un santo. Pero estoy seguro de
que no vas a hacer que mi gente pague las consecuencias... De modo
que escucha mi oración y ven en nuestra ayuda”. Y Dios escuchaba su
oración, y el pueblo recibía la ayuda deseada.

También este segundo cura murió, y también la gente, cuando se


veía en dificultades, seguía acudiendo a su sucesor, el cual conocía la
oración especial, pero no el lugar del bosque. De manera que decía:
“¿Qué más te da a ti, Señor, un lugar que otro? Escucha, pues, mi
oración y ven en nuestra ayuda”. Y una vez más, Dios escuchaba su
oración, y el pueblo recibía la ayuda deseada.

23
Pero también este cura murió, y la gente, cuando se veía con
problemas, seguía acudiendo a su sucesor, el cual no conocía ni la
oración especial ni el lugar del bosque. Y entonces decía: “Señor, yo sé
que no son las fórmulas lo que tú aprecias, sino el clamor del corazón
angustiado. De modo que escucha mi oración y ven en nuestra ayuda”.
Y también entonces escuchaba Dios su oración, y el pueblo recibía la
ayuda deseada.

Después de que este otro cura hubiera muerto, la gente seguía


acudiendo a su sucesor cuando le acuciaba la necesidad. Pero este
nuevo cura era más aficionado al dinero que a la oración. De manera
que solía limitarse a decirle a Dios: “¿Qué clase de Dios eres tú, que, aun
siendo perfectamente capaz de resolver los problemas que tú mismo
has originado, todavía te niegas a mover un dedo mientras no nos veas
amedrentados, mendigando tu ayuda y suplicándote? Está bien: puedes
hacer con la gente lo que quieras!”. Y, una vez más, Dios escuchaba su
oración, y el pueblo recibía la ayuda deseada.
33. ESTOY AHÍ FUERA.

Erase una vez una mujer muy devota y llena de amor de Dios.
Solía ir a la iglesia todas las mañanas, y por el camino solían acosarla
los niños y los mendigos, pero ella iba tan absorta en sus devociones
que ni siquiera los veía. Un buen día, tras haber recorrido el camino
acostumbrado, llegó a la iglesia en el preciso momento en que iba a
empezar el culto. Empujó la puerta, pero ésta no se abrió. Volvió a
empujar, esta vez con más fuerza, y comprobó que la puerta estaba
cerrada con llave.

Afligida por no haber podido asistir al culto por primera vez en


muchos años, y no sabiendo qué hacer, miró hacia arriba... y justamente
allí, frente a sus ojos, vio una nota clavada en la puerta con una
chincheta. La nota decía: «Estoy ahí fuera».
* * * *
Se decía de un santo que. cada vez que salía de su casa para ir a
cumplir sus deberes religiosos, solía decir: «...Y ahora te dejo, Señor.
Me voy a la iglesia».

34. APRENDER DE LA EXPERIENCIA.

Dos cazadores alquilaron un avión para ir a la región de los


bosques. Dos semanas más tarde, el piloto regresó para recogerlos y
llevarlos de vuelta. Pero, al ver los animales que habían cazado, dijo:
«Este avión no puede cargar más que con uno de los dos búfalos.
Tendrán que dejar aquí el otro».

«iPero si el año pasado el piloto nos permitió llevar dos búfalos en

24
un avión exactamente igual que éste...!~, protestaron los cazadores.

El piloto no sabía qué hacer, pero acabó cediendo: «Está bien; si lo


hicieron el año pasado, supongo que también podremos hacerlo
ahora...»

De modo que el avión inició el despegue, cargado con los tres


hombres y los dos búfalos; pero no pudo ganar altura y se estrelló
contra una colina cercana. Los hombres salieron a rastras del avión y
miraron en torno suyo. Uno de los cazadorés le preguntó al otro:
«¿Dónde crees que estamos?» El otro inspeccionó los alrededores y dijo:
«Me parece que unas dos millas a la izquierda de donde nos estrellamos
el año pasado».

35. EL DISCÍPULO SABIO.

El maestro preguntó al discipulo: "¿Por qué no adoras los ídolos?".


El discípulo respondió: "Porque el fuego los quema".
- Entonces adora el fuego.
- En todo caso adoraría el agua, capaz de apagar el fuego.
- Adora entonces el agua.
- En todo caso adoraría las nubes, de las cuales proviene el agua.
- Adora las nubes.
- No, porque el viento es más fuerte que ellas.
- Entonces adora el viento que sopla.
- Sí debiera adorar al viento, adoraría al hombre que tiene poder de
soplar.
- Adora entonces al hombre.
- No, porque muere.
- Adora la muerte.
- Lo único digno de adorarse es al Dueño de la vida y de la muerte.
El maestro alabó la sabiduría del discípulo.

36. EL MONJE DEMETRIO.

Cuenta la historia de un monje, Demetrio, que un día recibió una orden

25
tajante: debería encontrarse con Dios al otro lado de la montaña en la
que vivía, antes de que se pusiera el sol. El monje se puso en marcha,
montaña arriba, precipitadamente. Pero a mitad de camino se encontró
a un herido que pedía socorro. Y el monje, casi sin detenerse. le explicó
que no podia pararse, que Dios le esperaba al otro lado de la cima, antes
de que atardeciese. Le prometió que volvería en cuanto atendiese a
Dios. Y contínuó su precipitada marcha. Horas mas tarde, cuando aún el
sol brillaba en todo lo alto, Demetrio llegó a la cima de la montaña y
desde allí sus ojos se pusieron a buscar a Dios. Pero Dios no estaba. Dios
se había ido a ayudar al herido que horas antes se cruzó por el camino.
Hay, incluso, quien dice que Dios era el mismo herido que le pidió
ayuda.

(Leyenda Eslava)
37. EL MENDIGO.

En un pueblo de la antigua Castilla la Vieja, según cuanta la


leyenda, vivían hace tiempo dos hermanas. Una era rica y la otra muy
pobre: cosas del destino y... de las bodas. La primera, la rica, vivía en la
opulencia y tenía una avaricia desmedida; la más pobre, por el contrario,
compartía lo poco que tenía con los más necesitados.

Sucedió una vez que la hermana rica fue a ver a la pobre y le


llevó, cosa curiosa, un regalo: un Cristo mohoso y viejo del que quería
deshacerse. Después de aceptarlo, lo colgó en su comedor. Pocas oras
más tarde, habiendo despedido a su hermana rica, puso la mesa para
comer. Llamó a sus hijos y todos se pusieron a comer lo poco que
tenían. Aquella pobre mujer bendijo la mesa y, dirigiéndose al Cristo
viejo, dijo: “Señor, si queréis comer, estáis invitado”.

La imagen no contestó pero, a los pocos minutos llamaron a la


puerta. Abrió el hijo mayor, diciendo a la madre:
- es un mendigo que pide un mendrugo de pan.
- No le des el mendrugo -contestó la madre-, donde comen cinco bien
pueden comer seis. Que pase y se siente a la mesa con nosotros.

Este hecho se repitió durante muchos días, siempre tras la


invitación al Cristo viejo. Uno de esos días, después de acoger al
mendigo en su mesa y tan pronto como se hubo marchado, aquella
pobre casa se transformó en una especie de gran palacio, decorado con
los más preciosos adornos. Todo el pueblo se quedó desconcertado ante
el milagro y alabó al Señor porque había hecho justicia. La hermana rica
visitó enseguida a la que antes era pobre, mas cuando se enteró del
milagro, volvió corriendo a su casa, puso la mesa y mandó servir la
comida repitiendo la invitación a Cristo, tal como había hecho su
hermana. Al poco, un mendigo llamó a la puerta pidiendo algo de comer,

26
pero la dueña de la casa le despidió a cajas destempladas, diciendo:

- ¡Para caridades estamos en esta casa!

La escena se repitió varios días, hasta que al cabo de una semana, tras
cerrarle la puerta en las narices a un mendigo, aquella hermana rica vio
su casa convertida en una choza.
38. LOS TRES HERMANOS.

En cierta región pobre y solitaria, vivían tres hermanos. Un día


llegó a sus oídos la noticia de que lejos de allí existía una fabulosa
ciudad, llena de oportunidades para gente entusiasta, acogedora, donde
la felicidad y la paz de sus habitantes era el pan de cada día. Para
encontrarla era necesario caminar durante varios días por un sendero
estrecho y accidentado.

El primer hermano quiso ir en busca de aquella ciudad. Comenzó a


caminar pero sentía verdadera añoranza de todo lo que había dejado en
su casa y continuamente miraba hacia atrás, así, desorientado y
cansado, decidió regresar.

El segundo hermano empezó a andar. Tanto le obsesionaba la idea


de alcanzar la ciudad que caminaba con la mirada fina en el horizonte,
ajeno a la belleza del paisaje y a los baches y piedras que llenaban el
sendero, varias veces cayó y, por fin, cansado, dolorido y magullado,
también decidió regresar sin haber alcanzado la ciudad deseada.

El tercer hermano salió de casa. Al principio, cuando la soledad del


camino es más grande y ha pasado los primeros entusiasmos, miraba
hacia atrás recordando lo que había abandonado, pero decidió que las
maravillas que encontraría en la ciudad serían de mucho más valor y
continuó. Miraba hacia delante pensando en la meta de su viaje, pero
percibió la hermosura de todo lo que le rodeaba y las piedras y los
baches del sendero, en los que podía tropezar, y se mantuvo atento. Así
caminó cucho tiempo; conoció días de sol y noches sin luz; pero, al fin,
un amanecer divisó la ciudad.

27

También podría gustarte