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Fall

La protagonista, atrapada en una cama de hospital, anhela compañía y encuentra en Ian, un joven visitante, un vínculo inesperado que alivia su soledad. A medida que su salud empeora, ella lucha con la inminente despedida y la promesa de no abandonarse mutuamente. Finalmente, tras una grave crisis, acepta su destino y se despide de Ian, agradeciéndole por su compañía en sus últimos momentos.

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Fall

La protagonista, atrapada en una cama de hospital, anhela compañía y encuentra en Ian, un joven visitante, un vínculo inesperado que alivia su soledad. A medida que su salud empeora, ella lucha con la inminente despedida y la promesa de no abandonarse mutuamente. Finalmente, tras una grave crisis, acepta su destino y se despide de Ian, agradeciéndole por su compañía en sus últimos momentos.

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Mirando hacia la ventana me perdí en mis pensamientos, anhelaba

salir y vivir una vida normal como todo lo demás, sin embargo sabía
que era imposible. Perdí la cuenta de los innumerables días que he
pasado en esta cama, los días que he sido inútil.

Cambiando de la ventana a la puerta con frecuencia era como pasaba


mis días, la monotonía me mataba poco a poco.

Todo eso cambió cuando vi la puerta abrirse lentamente, un joven


entro, estaba visiblemente nervioso, por alguna razón eso me hizo un
poco de gracia, no dijo ninguna palabra, solo se quedo mirándome
desde el marco de la puerta

Fui la primera en hablar.

"Es la primera vez en mucho tiempo que alguien viene a visitarme,


¿Que te trae por aquí?." No hubo respuesta de su parte, lo invite a
sentarse un gesto de mi mano. Luego continué. "He estado esperando
que alguien cruzara esas puertas, alguien que no fueran las
enfermeras, claro." Hice una pequeña pausa para ver su rostro, era
joven, más o menos de mi edad, tenia los ojos negros y el cabello
ligeramente Marrón.

Aún sin decir una palabra. Yo continué. "Estar aqui encerrada me


esta volviendo loca." Solté una pequeña risa antes de continuar. "Es
bueno tener a alguien que me acompañe, aunque no sepa quien
seas." Mi tono cambio drásticamente a uno nostálgico, el cansancio
en mi voz era notable. "Estoy cansada, cansada de estar aqui todos
los días, el sentimiento de soledad me esta consumiendo lentamente.
No recuerdo la ultima vez que me sentí acompañada, todas las
personas solo van y vienen, prometiendo que volverán... Son unos
mentirosos." No pude evitar contener la tristeza en mis palabras.
"Sigo sin acostumbrarme a ese sentimiento, al de ver a las personas
cruzar esa puerta sabiendo que jamás volverán. Amigos y familiares
por igual, todos me han dejado sola." No dije nada por unos
momentos, únicamente me quedé mirando hacia la ventana.

"Es extraño, eres la mejor compañía que he tenido en mucho tiempo,


aunque no digas nada, se siente bien saber que no estoy sola y..." El
sonido de una campana interrumpió mis palabras. "Oh, es hora de
que te vayas... No suelo pedir esto pero, ¿Te podrías quedar un poco
más?" Dije sin esperar ninguna respuesta.

Para mi sorpresa sus labios se abrieron, pronunciando un simple: "Si"


fueron sus únicas palabras.
"Así que no eres mudo," Soltando una pequeña risa continué. "Me
alegra que te quedes, ¿Te gustaría que viéramos las estrellas a través
de la ventana? No se me ocurre otra cosa para pasar el tiempo." El
simplemente de levantó y se puso a un lado de la ventana,
lentamente y a duras penas me puse de pie.

Nos quedamos mirando un rato el cielo nocturno, las estrellas eran


visibles esa noche, el cielo era hermoso.

"No me dejarás como todos los demás, ¿verdad?"

Él solo asintió.

*************

El tiempo pasó, sus visitas eran más recurrentes, con el pasar de ellas
se fue abriendo un poco, ya no era tan callado.

Su nombre era Ian, su madre trabaja en este hospital y lo convenció


de que visitará a las personas enfermas para que no se sintieran...
¿Solas? No lo sé, cosas de las enfermeras que jamás entenderé.

"Ya es hora de irse, nos vemos mañana." Dije, regalándole una


sonrisa.

"Esta bien, nos vemos mañana, cuídate." Sus palabras estaban


inundabas con felicidad, al parecer habíamos formado un vínculo más
profundo del que creía.

Una vez salió por la puerta, volví a mis pensamientos, mirando la


ventana que constantemente era un recordatorio de mi encierro,
cerré mis ojos, sucumbiendo ante el sueño.

A la mañana siguiente desperté igual que siempre, sin embargo,


había alguien más en la habitación, un doctor se acercó a mi y dijo:
"Tu condición ha empeorado, lamento informarte que no te queda
mucho tiempo." Sus palabras eran insensibles y carentes de
humanidad, simplemente asentí y el salió por la puerta.

Sabía que no era coincidencia la debilidad que venía sintiendo desde


hace un tiempo atrás, simplemente me deje caer sobre mi cama,
esperando la hora de las visitas.

Ian llegó, como todos los días, estaba emocionado por pasar tiempo
junto a mi, sin embargo era ignorante sobre lo que pasaba, empezó a
hablar sobre como fue su día en la escuela, cosa que era común en él.
Sin embargo esta vez lo interrumpí.
"Ian." Dije, sus palabras se detuvieron en seco debido al tono serio de
mi voz, sus ojos se encontraron directamente con los míos esperando
atentamente mi siguiente palabra.

Aún sin reunir el valor para decirle la noticia que me habían dado
hace unas horas atrás, continué.

"¿Me prometes que sin importar que pase, ninguno de los dos
abandonará al otro?" Dije, el solo se quedó en silencio, estaba
desconcertado por las palabras que salieron de mi boca. Sin embargo
respondió rápidamente con un: "Por supuesto que si." Cargado con
una inocencia que dolió como si apuñalaran directamente mi corazón
con una estaca.

Luego de eso todo siguió con normalidad por unos días más, el seguía
viniendo constantemente, contándome historias o lo que sea que se
le ocurriera. Yo simplemente me quedaba observándolo, embelesada
por la manera en como contaba las historias con el entusiasmo de un
pequeño.

Sin embargo, todo tiene un final.

Mi estado fue empeorando cada vez más, apenas y podía levantarme


de la cama para comer. Ian era consciente de esto, sin embargo lo
tranquilizaba diciendo que todo estaría bien.

Ian estaba a mi lado cuando todo empeoró repentinamente, jamás


podre olvidar el pánico en sus ojos cuando los doctores le dijeron que
saliera de la habitación y fuera a la sala de espera.

Horas después desperté, había estado inconsciente durante horas. Lo


primero que vi fue a él sentado al lado de mi cama, se sobresaltó al
verme despertar y pregunto como me sentía. No le respondí, estaba
muy cansada para eso.

Lo mire a los ojos, sabiendo lo que venía, eso que siempre odié.

Una despedida.

Poniendo mi mano en su mejilla dije: "lo siento, parece que ni podré


cumplir nuestra promesa," mi voz era débil, mire su cara y pude ver
el horror en sus ojos. "Gracias por todo, Ian." El dijo algo, no pude
escuchar, no pude sentir nada, solo cerré mis ojos, aceptando el dulce
beso de la muerte.

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