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Antropología Cristiana y Dignidad Humana

El documento explora la naturaleza del hombre desde diversas perspectivas, destacando la necesidad de una visión integral y trascendente que reconozca su dignidad y relación con Dios. Se critica la visión contemporánea del hombre, influenciada por el racionalismo y la secularización, que ha llevado a una degradación moral y física. La investigación propone una antropología cristiana que resalta el misterio del hombre a la luz de la redención en Cristo, buscando restaurar su dignidad y propósito en la existencia.

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Antropología Cristiana y Dignidad Humana

El documento explora la naturaleza del hombre desde diversas perspectivas, destacando la necesidad de una visión integral y trascendente que reconozca su dignidad y relación con Dios. Se critica la visión contemporánea del hombre, influenciada por el racionalismo y la secularización, que ha llevado a una degradación moral y física. La investigación propone una antropología cristiana que resalta el misterio del hombre a la luz de la redención en Cristo, buscando restaurar su dignidad y propósito en la existencia.

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INTRODUCCIÓN

¿Qué es el hombre? Esta es la cuestión que el espíritu humano se hace de su


propia realidad, buscando saciar ese deseo de verdad sobre sí mismo. El hombre quiere
saber sobre su existencia. ¿Quién es?, ¿de dónde viene?, ¿hacia dónde va?, ¿qué hay
más allá de la muerte?, ¿ por qué el sufrimiento? ¿por qué existe el mal?, etc. Este
espíritu humano sediento de verdad ha tratado de dar respuesta a estas interrogantes
sobre su realidad misma y ha llegado a formular distintas visiones del hombre.

Desde la filosofía el hombre es concebido como un animal racional, por ende, un


ser pensante. En cambio, para la psicología, el hombre se reduce a pura conciencia, es
un yo consciente. Para las ciencias empíricas el hombre es un cúmulo de células bien
organizadas. Para la sociología el hombre es un ser social, capaz de relacionarse con sus
semejantes. Todas estas definiciones y otras más que podemos seguir enumerando,
intentan dar una visión del hombre, pero desde un razonamiento meramente natural. Y
en cierto sentido nos aportan una verdad acerca del hombre, pero parcial. Es decir, no
abordan la cuestión del hombre desde una dimensión integral y trascendente.

Motivación de la investigación.

La principal motivación de mi investigación parte del hecho que nuestro mundo


contemporáneo se ha formado una visión inadecuada, parcial, e inmanente del hombre.
Factor principal por el cual el hombre ha sufrido grandes detrimentos tanto al nivel
físico y al nivel moral. Llegando a degradar la dignidad humana a grados
insospechables por la razón. El hombre ha sido puesto en la cima de la creación, ha sido
puesto como señor de todas las cosas creadas, y todas ellas son medios de los cuales se
sirve para alcanzar su fin último que es Dios.

Por lo tanto, si no se tiene una visión adecuada, integral y trascendente del


hombre. Todos aquellos sistemas políticos, económicos, filosóficos, psicológicos,
sociológicos, etc, que deberían estar al servicio del hombre, terminarán estropeando su
dignidad. El hombre es la base donde descansan todos estos sistemas. En consecuencia,
los sistemas deben estar al servicio del hombre y no el hombre al servicio de los
sistemas. Como ha sucedido y sigue sucediendo ahora en nuestro mundo
contemporáneo.
Toda esta visión inadecuada sobre el hombre tiene una historia precedente. Para
ello nos remontaremos a dar un vistazo general a la historia del pensamiento europeo.

Hasta la Edad Media, gracias al gran aporte del cristianismo con respecto a la moral
antropológica, el hombre vivía con el corazón anclado en el cielo. Es decir, con una
apertura hacia la trascendencia. Dios era el fundamento de su existencia y de su
dignidad. Pero, este hecho cambió con el proceso de secularización que trajeron consigo
los pensadores modernos y de un modo especial Descartes.

Pongo como punto de partida a Descartes, no solo por el simple hecho de que él
marca el comienzo de una nueva época en la historia del pensamiento europeo, sino
también que es él quien inaugura el gran giro antropocéntrico en la filosofía, expresado
en su máxima ontológica: «Pienso, luego existo». Este lema se ha convertido en el
eslogan del racionalismo moderno. En este sentido, podemos decir que el racionalismo
de los últimos siglos tanto en su expresión anglosajona como en la continental con el
kantismo, el hegelianismo y la filosofía alemana de los siglos XIX Y XX hasta Husserl
y Heidegger, puede considerarse como una continuación y un desarrollo de las
posiciones cartesianas.

El autor de las Meditaciones metafísicas, con su prueba ontológica, nos alejó de


la filosofía de la existencia, por ende, de las tradicionales vías de Santo Tomás, vías que
nos llevan a Dios, que es la existencia autónoma: «el mismo Ser subsistente». En
cambio, Descartes, con la absolutización de la conciencia subjetiva, lleva más bien
hacia la pura conciencia del Absoluto, que es el puro pensar. Con esta visión filosófica
nos encontramos en el umbral del inmanentismo y del subjetivismo moderno.

Con Descartes, comprobamos cómo lo que era esencialmente cristiano en la


tradición del pensamiento europeo, se ha puesto ya entre paréntesis. Y finalmente este
divorcio entre el pensamiento cristiano y el secular llega a su culmen con el iluminismo.
Doctrina con la que se lleva a cabo la definitiva afirmación del puro racionalismo.

El racionalismo iluminista puso entre paréntesis al verdadero Dios y, en


particular, al Dios Redentor. Pero ¿Qué consecuencias trajo este fenómeno? Que el
hombre tenía que vivir dejándose guiar exclusivamente por la propia razón, como si
Dios no existiese. No sólo había que prescindir de Dios en el conocimiento objetivo del
mundo debido a que la premisa de la existencia del Creador o de la Providencia no
servía para nada a la ciencia, sino que había que actuar como si Dios no existiese, es
decir, como si Dios no se interesase por el mundo.

El papa Juam Pablo II, consiente de esta realidad histórica del hombre, nos dice
que es fruto de la realidad de pecado que existe en el hombre. Que se va repitiendo en
todas las épocas, pero, con matices diferentes, que en el fondo es lo mismo. El hombre
siempre ha querido caminar al margen de Dios, y en algunos casos ha actuado como si
Dios no existiera. Agustín lo describe como: amor de sí mismo, hasta llegar al desprecio
de Dios. El hombre siempre ha querido usurpar el puesto de Dios, siempre a buscado ser
como Dios: «seran como dioces» ( Gn 3,5), siempre ha querido alcanzar su realización,
su felicidad y su fin último al margen de Dios.

Pero, la historia nos ha demostrado lo contrario, que es imposible alcanzar


nuestro propio fin sin Dios. Basta recordar las dos catástrofes que sufrió la humanidad
con las guerras mundiales. Y todo, por esas ansias de poder del hombre, de esos
nacionalismos exagerados (fascismos, nazismo) y del comunismo totalitario y ateo. Que
trataron de amputar al hombre de su relación con el ser trascendental, su relación con el
Absoluto (Dios), relación que da consistencia todas las demás relaciones que el hombre
tiene.

A todo esto, podemos sumarlo los problemas que está afrontando el hombre
contemporáneo. El santo padre menciona tres. La producción irracional tanto en el
ámbito industrial y armamentístico. El hombre teme que estos productos que proceden
de su genialidad se conviertan en instrumentos de su autodestrucción. Luego tenemos el
problema del progreso. El hombre contemporáneo no ha logrado un progreso integral,
ha puesto más interés en el progreso técnico-científico, y por desventura ha descuidado
su progreso ético-moral. Es decir, ha puesto más interés en ese afán maniático de
producir cosas, de tener más, y ha descuidado su desarrollo como persona, de ser más.

Finalmente está el problema de los derechos humanos. Encontramos en estos


tiempos una cierta contraposición entre la declarada letra de los derechos humanos y la
realización de su espíritu. Vemos muchas veces que el espíritu de la vida social y
pública, se halla en oposición a la declarada letra de los derechos humanos. Hay muchos
estados que están aprobando leyes que atentan contra la dignidad de la persona, por
ende, contra sus derechos. Pena de muerte, aborto, eutanasias, ideología de género, etc.
Todos estos fenómenos sociales han conducido al hombre a la tetralogía del
nihilismo: hedonismo, consumismo, permisividad y relativismo. Se presentan ante el
hombre cargados de una aparente autorrealización, pero en el fondo, le van conduciendo
hacia el vacío existencial. Estado por el cual el hombre vive angustiado y desesperado,
buceando en el mar de la pura inmanencia, sin saber hacia dónde encaminar su
existencia, sin un puerto fijo hacia dónde dirigirse.

Objetivo

Frente a toda esta problemática antropológica que está viviendo el hombre de


hoy, causada por los distintos humanismos autónomos, que pretenden presentar una
antropología al margen de Dios, encerrado en la pura naturalidad, con paraísos
terrenales. Nuestro siguiente trabajo de investigación tiene como objetivo principal
presentar una visión adecuada, integral y trascendente acerca del hombre. Trataremos de
presentar un humanismo cristiano, un humanismo que sea capaz de salvaguardar la
dignidad de la persona.

Presentaremos una antropología de carácter teológico. Por ende, se trata de la


verdad acerca del hombre que no procede de meros razonamientos humanos, sino, por
revelación divina. Verdad que se encuentra contenida en la Sagrada Escritura, en la
Sagrada Tradición, y custodiada por el magisterio de la Iglesia.

Es una antropología cristocéntrica- redentora. El hombre ha sido redimido con la


sangre preciosa de Jesucristo. Cristo por medio de su misterio pascual nos ha liberado
de las cadenas del pecado y nos ha devuelto la dignidad de ser hijos de Dios. Nos ha
hecho hijos en el Hijo por la gracia sobrenatural, por ende, herederos de la gloria eterna
y partícipes de la vida divina, reservada para el hombre desde toda la eternidad. En
suma, se trata de una antropología que concibe al hombre como un misterio, misterio
que solo puede ser esclarecido en el misterio de Cristo. Así lo describe el Concilio
Vaticano II en su constitución pastoral Gaudium et Spes 22, de la cual Jan Pablo II
participo en su elaboración, pero como cardenal:

«En realidad, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo
encarnado. Porque Adán, el primer hombre, era figura del que había de venir, es decir,
Cristo nuestro Señor, Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del
Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre
la sublimidad de su vocación.»
Esta es la visión antropológica que el papa Juan Pablo II intenta plasmar en su
primera encíclica Redemtor hominis. Y que nosotros a partir de un estudio minucioso
intentaremos presentarlo de manera más organizada y más profunda, buscando resaltar
la continuidad de su pensamiento antropológico con el magisterio de la Iglesia. Además,
resaltaremos también aquellos matices particulares de su pensamiento.

Para ello hemos dividido nuestra investigación en tres capítulos. Partiendo del
hecho que el misterio del hombre solo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado,
es decir, que la antropología se sitúa en función de la cristología, y no al revés. Por
ende, el misterio de Cristo es el que debe iluminar la realidad humana.

Partiendo de este principio he visto conveniente iniciar el primer capítulo


desarrollando el fundamento teológico de la antropología de Juan Pablo II. En este
capítulo estudiaremos la verdad del hombre a la luz del misterio redentor de Cristo.
Analizaremos a groso modo los tres temas de la antropología teológica; creación,
pecado y gracia. Una vez desarrollado el misterio redentor de Cristo, fuente y luz donde
el hombre encuentra la verdad de su existencia, y de sus problemas que agitan cada día
su alma. Pasaremos analizar el segundo capítulo, que lleva por título: el hombre
redimido y su situación en el mundo contemporáneo. Analizaremos aquí los tres
problemas sociales que enfrenta el hombre contemporáneo: la producción irracional y
desmedida en el proceso de industrialización, la unilateralidad del progreso, centrado en
el progreso científico- técnico, desligado del progreso ético- moral. Y finalmente
abordaremos el problema de los derechos humanos. Analizaremos la contraposición que
existe entre la declarada letra de los derechos humanos y el espíritu de su realización en
la vida pública.

En este capítulo trataremos de hacer notar que el papa no es ajeno a la realidad histórica
del hombre, no es ajeno a sus vicisitudes que enfrenta en la cotidianidad de su
existencia. Por ende, su antropología choca con la realidad histórica del hombre, porque
en este escenario es donde se desarrolla el misterio de la redención.

Finalmente, en el tercer capítulo abordaremos la misión de la Iglesia. Custodia y


trasmisora de las insondables riquezas de Cristo para el hombre. La Iglesia tiene como
base y fundamento de su misión al misterio redentor de Cristo. Porque solo en este
misterio el hombre encuentra la plena verdad de su existencia, de sus problemas y de su
destino final, para el que ha sido creado desde toda la eternidad. Además, tiene el
mandato de ir y anunciar esta verdad a todos los hombres y en todos los tiempos.
Método:

El método que hemos usado en nuestra investigación …

Originalidad:

Pensamos que nuestra investigación tiene cierta originalidad, en concreto, al intentar


presentar al hombre como persona, por ende, un ser relacional y comunional. En este
sentido Juan pablo II, ha dado un matiz nuevo a la antropología del imago Dei.
Tradicionalmente se declinaba la antropología de la imago Dei como ser intelectual,
volitivo y autodeterminado. En cambio, Juan Pablo II nos dice que imagen y semejanza
de Dios significa no solo racionalidad y libertad, sino, además, desde el principio,
capacidad de una relación personal con Dios, como «yo» y «tú» y, por consiguiente,
capacidad de alianza que tendrá lugar en la comunicación salvífica de Dios al hombre.

En este sentido, ser creado a imagen de Dios significa para el hombre, desde su origen
ser una creatura de naturaleza relacional, comunional. En suma, el hombre ha sido
creado para ese diálogo amoroso con Dios. El papa enfoca toda su antropología bajo la
dimensión relacional del hombre con Dios. Por ende, todos los problemas que afronta el
hombre contemporáneo se deben al hecho que, el hombre corta esta relación original,
que es el fundamento de su existencia y de sus demás relaciones.

Limites:

Si bien nuestro primer capítulo mira con amplitud el misterio redentor de Cristo,
nuestro intento no es hacer un desarrollo vasto sobre el tema. Sino que hemos tratado de
abordar los puntos fundamentales, entre ellos destacan: La bondad original del hombre,
el drama del pecado, y finalmente hemos visto el misterio pascual de Cristo que es la
expresión culmen del amor redentor del Padre derramado a los hombres por medio de su
Hijo. Estos tres temas responden al estudio completo de la antropología teológica que
son: creación, pecado y gracia.

Además, otro límite que podemos encontrar en nuestra investigación sea el


recurrir a otras encíclicas. La Redemtor Hominis al ser su primera encíclica, presenta
muchas ideas teológicas, pero desarrolladas de manera genérica. Por eso he visto
conveniente recurrir a otras encíclicas, con el fin de lograr una comprensión más
completa e integral de su pensamiento antropológico.

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