Lectura 4. Gadea, W., Cuenca, R. y Chávez, A. (2019).
El
positivismo lógico. En Epistemología y fundamentos de
la investigación científica. Cengage Learning Editores. Pp. 42-45.
EEEE201
Epistemología y fundamentos de la investigación científica
4.1 El positivismo lógico
La discusión alrededor del positivismo ha sido y sigue siendo tan encarnizada
en nuestros días, que al comenzar un intento de caracterización del mismo
no podemos menos que recordar lo que Enrique Marí señala en su prólogo
a El orden y los juegos, de Dominique Lecourt. En él observa que “no puede
negarse que con cierta frecuencia el término «positivismo» y «positivista»
haya sido usado con un carácter excesivamente alto, poco ajustado y, en
ocasiones, con el propósito de descalificar a filósofos que no resultan del
agrado del locutor”.
Si bien la influencia del positivismo comteano es discutida al momento
de rastrear los antecedentes del positivismo lógico de nuestro siglo, es
innegable de todos modos el parentesco de los postulados positivistas de
dicho autor con los del positivismo lógico contemporáneo (especialmente de
los supuestos de la concepción verificacionista del significado y la exigencia
del conjunto racionalidad-lógica-experimentación como criterio de verdad
y validación del conocimiento).
Será necesario examinar ahora los postulados y supuestos principales de
esta forma contemporánea del positivismo para ver con mayor claridad
dicho parentesco y, principalmente, para identificar cómo determinan las
concepciones filosóficas —y no filosóficas— del mundo y de las posibilidades
y garantías de conocerlo con “certeza”.
El neopositivismo o positivismo lógico es también conocido como
empirismo lógico, y a él responden, por ejemplo, la concepción funcional
del conocimiento de Hans Reichenbach y la filosofía naturalista, como la
denomina Ernest Nagel. En todo caso, el positivismo lógico como concepción
del mundo fue una “filosofía científica” y una “visión científica del mundo en
general” desarrollada principalmente por el denominado Círculo de Viena y
por la Escuela de Berlín.
4.2 El falsacionismo
La distinción establecida anteriormente entre teorías verdaderas y teorías
que pueden ser sometidas a la metodología propuesta de justificación
cobra su entera significación ahora, cuando se ve que Popper opone al
criterio verificacionista un criterio falsacionista o de falsabilidad de los
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Parte IV: Racionalidad en la naturaleza y sociedad
enunciados. Dicho con sus palabras: “No exigiré que un sistema científico
pueda ser seleccionado, de una vez y para siempre, en un sentido positivo;
pero sí que sea susceptible de selección en un sentido negativo por medio
de contrastaciones y pruebas empíricas: ha de ser posible refutar por la
experiencia un sistema científico empírico”.
Si bien nunca podemos estar seguros de la verdad de un enunciado (pues
los enunciados tautológicos no se refieren a la experiencia y los enunciados
empíricos nunca son universales), es posible probar que un enunciado es
falso (en eso consiste la falsabilidad). Por ejemplo, por más extensa que
sea, una enumeración nunca puede ser universal (incluir la totalidad de
los casos). Una ley (siendo siempre universal) no puede probarse sobre
la base de la experiencia, puesto que ésta siempre es parcial (aun cuando
pudiese tener datos de todos los hombres actualmente existentes —lo que
es improbable ya que siempre puede escapárseme alguno—, no podría
tenerlos de todos los que han existido en el pasado ni de los que existirán
en el futuro. Pero basta con que encuentre un hombre no-social para estar
seguro de que el enunciado “todos los hombres son seres sociales” es falso).
Una teoría no puede ser verificada (demostrar su verdad) ni confirmada
(asignarle una probabilidad), pero puede ser falsada. Una hipótesis o teoría
es falsable cuando se establece la posibilidad de que sea refutada si un hecho
o situación determinados llegasen a ocurrir.
De este modo, los enunciados tautológicos no serán enunciados científicos
empíricos, así como tampoco lo serán los enunciados sobre fantasmas o
espíritus. Una hipótesis o teoría irrefutable no pertenece a la ciencia empírica
y a la inversa, cuanto más audaz (más refutable, más improbable —a partir
del conocimiento básico—) es una hipótesis o teoría, mejor, puesto que está
más expuesta a ser falsada. La falsabilidad no es un defecto, sino un mérito.
La falsación nos permite deshacernos de las hipótesis falsas; sin embargo,
subsiste el problema de cuándo es lícito aceptar un enunciado no falsado. En
otras palabras: sobre qué bases hemos de aceptar una teoría y qué criterios
nos permitirán preferir una entre varias hipótesis falsables (aunque no
falsadas) rivales. Si una teoría es contrastada empíricamente (si no es posible
refutarla y supera con éxito la confrontación con la experiencia), adquiere
el estatus de corroborada (aceptada, aunque sólo provisionalmente, pues
siempre es posible que sea falsada). Se ve, entonces, por qué Popper opone
su criterio falsacionista al criterio verificacionista del positivismo lógico.
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Epistemología y fundamentos de la investigación científica
A la luz de lo que se acaba de exponer, es posible precisar en qué consiste una
teoría científica empírica: en una teoría a partir de la cual es posible deducir
enunciados observacionales que, eventualmente, demuestren la falsedad de
dicha teoría (además de cumplir con los otros requerimientos estrictamente
lógicos que se enunciaron más arriba).
Esta última afirmación introduce, por su parte, otro problema relacionado
con la fundamentación del falsacionismo. Porque, tal como se señaló, la teoría
debe ser capaz de funcionar como un supuesto de enunciados empíricos,
pero no de cualquier enunciado empírico sino de enunciados empíricos
que sean capaces de falsarla. En rigor, no son estrictamente los enunciados
directamente derivados de la teoría, es decir, los enunciados ejemplificadores
de la teoría, los que pueden eventualmente falsarla, sino que es la negación
de tales enunciados los que efectivamente falsan la teoría.
Volviendo a nuestro ejemplo, supongamos que a partir de una teoría
cualquiera de la caída de los cuerpos se deduce el siguiente enunciado: si
se suelta este cuerpo, dado que está compuesto mayormente por elementos
livianos, no caerá. Ahora bien, si este enunciado resultara falso, es porque
su negación es un enunciado verdadero. En otras palabras, es porque el
enunciado: «No es verdad que si se suelta este cuerpo, no caerá», es verdadero.
Este último enunciado —que sí es capaz de falsar dicha teoría sobre la caída
de los cuerpos— es lo que Popper denomina un enunciado básico.
Por lo tanto, el criterio que permite decidir sobre la cientificidad de las
teorías puede, a su vez, enunciarse como la exigencia de que el conjunto de
enunciados básicos de dicha teoría (esto es, el conjunto de las negaciones
de los enunciados derivados de la teoría cuya verdad, si no se contara con la
falacia de afirmación del consecuente, verificaría la teoría) no sea vacío.
Desde ya que la misma postulación de enunciados básicos, a su vez, no está
exenta de problemas que el mismo Popper se apresura a adelantar. Uno de
ellos consiste en que es posible sostener a partir de este planteamiento el
inconveniente de una regresión al infinito. En efecto, en última instancia, los
enunciados solamente son comparables con otros enunciados, pero no con
la realidad. Esto quiere decir que un enunciado de un nivel relativamente
bajo requiere siempre de otro enunciado de un nivel aún menor para que sea
posible decidir su valor de verdad.
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Parte IV: Racionalidad en la naturaleza y sociedad
La respuesta popperiana es, nuevamente, la apelación a la decisión.
Cuáles enunciados serán considerados lo suficientemente “bajos” como
para funcionar como enunciados básicos, dependerá de la decisión que la
comunidad de científicos adopte en un momento y en una circunstancia
determinados. Este aspecto “convencionalista” del falsacionismo no debe
confundirse, por otra parte, con el convencionalismo como criterio de
demarcación, al que Popper ataca. En efecto, lo que de acuerdo con Popper
es decidible por convención no son más que las “reglas metodológicas”.
4.3 El problema de la historia de la ciencia
La perspectiva adoptada por el positivismo lógico para describir el
proceso de producción del conocimiento es preferentemente histórica. La
intención de establecer criterios no históricos se manifiesta al menos en
dos sentidos: por un lado, concretamente, en relación con los criterios de
evaluación de las teorías científicas y su verdad; por el otro, en relación
con las posturas filosóficas en general, como reacción contra la filosofía
historicista. Este último sentido es explícitamente declarado, por ejemplo,
por Hans Reichenbach cuando dice a propósito de la filosofía científica que
“trata de salvarse del historicismo y de llegar por medio del análisis lógico a
conclusiones tan precisas, tan sutiles y tan seguras como los resultados de la
ciencia de nuestro tiempo”. Y estas conclusiones precisas, sutiles y seguras
no pueden estar sujetas a criterios históricos sino a criterios lógicos que, en
principio, sobrevivan a cualquier circunstancia histórica.
Esto explica también su actitud respecto de los criterios metodológicos de
evaluación científica y respecto de la misma historia de la ciencia. En efecto,
ni el empirismo lógico ni el falsacionismo proponen metodologías que
decidan sobre la evolución de los conocimientos científicos, sino que ofrecen
criterios que permiten decidir, en todo caso, sobre la discusión entre teorías
contemporáneas entre sí. Más aún, los criterios lógicos de verdad, el rechazo
del psicologismo y, en consecuencia, la demarcación lógico-psicológica
paralela a la distinción justificación/descubrimiento muestran que tampoco
están interesados —ni el empirismo lógico ni el falsacionismo— en el
proceso de elaboración de las teorías, que podrían conservar algún elemento
“histórico” en cierto sentido.
Popper explica y justifica en una ponencia del año 1967 titulada Epistemología
sin sujeto cognoscente —título por cierto bastante sugerente a propósito
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