0% encontró este documento útil (0 votos)
37 vistas2 páginas

Leyendas de Quito: Cantuña y Almeida

La leyenda de Cantuña en Quito narra cómo un mestizo hizo un pacto con el Diablo para construir la Iglesia de San Francisco, a cambio de su alma. Por otro lado, la historia del Padre Almeida cuenta la transformación de un sacerdote fiestero que, tras ver su propio ataúd, decide abandonar la vida de excesos y llevar una vida íntegra. Ambas leyendas reflejan temas de desesperación, redención y las consecuencias de los actos humanos.

Cargado por

andreacriollo32
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
37 vistas2 páginas

Leyendas de Quito: Cantuña y Almeida

La leyenda de Cantuña en Quito narra cómo un mestizo hizo un pacto con el Diablo para construir la Iglesia de San Francisco, a cambio de su alma. Por otro lado, la historia del Padre Almeida cuenta la transformación de un sacerdote fiestero que, tras ver su propio ataúd, decide abandonar la vida de excesos y llevar una vida íntegra. Ambas leyendas reflejan temas de desesperación, redención y las consecuencias de los actos humanos.

Cargado por

andreacriollo32
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

1.

Cantuña y su pacto con el diablo

Todo aquel que haya visitado la capital de Ecuador, Quito, se habrá dado cuenta de
que es famoso el nombre de Cantuña y la leyenda que lo acompaña. La historia de
esta leyenda dependerá del lugar y la persona que la cuente, pero sea cual sea su
peculiar forma de contarla todos tienen en común la misma historia de fondo.

Unos dicen que Cantuña era un mestizo, hijo de madre indígena y padre español,
mientras que otros especulan que se trataba en realidad del hijo de Hualca,
ayudante del famoso inca Rumiñahui, del que se cuenta que ocultó el oro inca a los
conquistadores españoles.

Fuera cual fuera su origen, la historia cuenta que el sacerdote de Quito se


encontraba con la idea de construir la futura Iglesia de San Francisco en la ciudad y
que le preguntó a nuestro personaje si era capaz de construirla. Cantuña, honrado
por semejante encomienda, respondió que sí, que él se encargaría de construir el
nuevo templo.

Así pues, satisfecho el sacerdote por haber encontrado alguien dispuesto a tan gran
trabajo, dejó todo en manos de Cantuña. Pero, al pasar el tiempo, nuestro
protagonista vio que no tendría tiempo ni recursos para terminar el trabajo y,
desesperado, rezó a Dios por varios días para que hiciera caso de sus plegarias, a
ver si le ayudaba, pero tristemente no escuchó ninguna respuesta.

La desesperación de Cantuña ya era tal que se vio obligado a rezarle justo a quien
no se debe rezar: el Diablo. A diferencia de Dios, el señor del inframundo”acudió
presto a su llamada. ”ras escuchar las solicitud de Cantuña, el Diablo le dijo que le
ayudaría a terminar la iglesia rápido pero, a cambio, le tendría que dar su alma,
trato que nuestro protagonista estuvo de acuerdo.

Leyenda del Padre Almeida

En Quito es conocida una popular historia, de origen desconocido, que tiene como
protagonista a un párroco muy particular, el Padre Almeida. La moraleja de esta
leyenda no es otra que la de advertir a quienes se dan a la mala vida y a los
excesos.

Es muy reconocida la frase “¿Hasta cuándo, Padre Almeida?”, detrás de ella se


encuentra esta narración.

Dice la leyenda que, hace mucho tiempo, existió un personaje eclesiástico famoso
por sus juergas clandestinas.

El joven sacerdote, conocido como Padre Almeida, aprovechaba cualquier descuido


para salir por las noches del convento de San Diego sin que nadie le viera. Solía
escaparse por el torreón de la iglesia, deslizándose por el muro hasta la calle.

Un día, cuando iba a salir de parranda, escuchó que alguien le decía: “¿Hasta
cuándo, padre Almeida?”
El sacerdote pensó que era producto de su imaginación y respondió: “Hasta la
vuelta, señor”. El hombre no se percató que había sido la imagen del cristo que
había en lo alto de la torre, y se marchó.

Horas después, Almeida salió de la cantina dando tumbos. En la calle, divisó a unos
hombres portando un ataúd. Pronto, el féretro cayó al suelo y, para su sorpresa, vio
que la persona que estaba dentro era él mismo.

Cuenta la narración que, desde entonces, el sacerdote decidió abandonar la juerga


y prometió llevar una vida íntegra. Entendió que era una señal de Dios y jamás
volvió a escaparse del convento.

También podría gustarte