CRISIS DEL LIBERALISMO Y DE SUS INSTITUCIONES.
El liberalismo es la ideología sobre las que se apoyaron las revoluciones burguesas de
finales del siglo XVIII y primera mitad del siglo XIX, convirtiéndose en el núcleo teórico
básico de los sistemas políticos establecidos desde entonces y hasta hoy en las
sociedades occidentales, con la excepción de las experiencias totalitarias.
Los orígenes del liberalismo se encuentran, para la mayoría de los historiadores en la
época de los enfrentamientos entre la monarquía inglesa de Carlos I y el parlamento
de su país, en el siglo XVII, ya que en 1688 estallará la “Gloriosa Revolución” contra el
monarca absolutista. A partir de esta revolución, se establecerá en este país un
sistema político sobre el que se desarrollará el liberalismo: La monarquía
parlamentaria. Sobre ella evolucionarán una serie de principios, planteamientos y
mecanismos que en sus características esenciales serán definidos por John Locke, en
su obra “Dos tratados sobre el gobierno” (1689) y que configuran precisamente las
bases sobre las que se fundamenta este primer liberalismo, y que son las siguientes:
La libertad y la propiedad son cosas tan valiosas e inherentes a los individuos que no
hay ninguna autoridad que pueda eliminarlos legítimamente bajo ningún concepto.
El gobierno tiene que ser representativo de la voluntad popular y rendir cuentas al
pueblo de sus actuaciones ya que deben ir encaminadas a la búsqueda del bienestar
general.
El poder y las facultades de las autoridades deben de estar limitadas de manera que
se salvaguarden los derechos individuales y se garanticen ciertas libertades tales
como las de palabra, asociación, credo religioso, compra-venta de propiedades, etc.)
En la segunda mitad del siglo XIX el programa político del liberalismo europeo se
había impuesto casi totalmente en Europa Occidental y Central, aunque ya se le
hacían críticas desde los sectores más radicales del liberalismo(demócratas) que
propugnaban la realización efectiva del principio de soberanía del pueblo y criticaban
los modelos liberales existentes, que bajo el nombre de Estados de Derecho y del
constitucionalismo, escondían la hegemonía política de las capas altas de la burguesía
y de las viejas clases propietarias. Pero además otros planteamientos políticos
exteriores al sistema vendrán a poner en crisis el modelo existente. Por un lado, el
socialismo, defendido por los sectores obreros, planteaba una crítica global al sistema
y a la dominación de la burguesía. Después del fracaso de la comuna de París y de la
Primera Internacional, los sectores obreros se agruparon en partidos nacionales, de
carácter más o menos revolucionario o reformista, respaldados por los sindicatos
obreros y coordinados en la Segunda Internacional. El desarrollo de estas fuerzas y su
creciente actividad política atemorizó a la burguesía, que se hizo desde entonces más
conservadora, en su mayoría. De todas formas, el frente liberal se dividió a su vez
entre los partidarios de mantener el sistema oligárquico tal como estaba y los que,
desde entonces, optaron por ponerse al frente de un movimiento democratizador del
Estado. Por si esto fuera poco, otro factor contribuyó a agravar esta quiebra interna y a
engrandecer la crisis del liberalismo a finales de Siglo: el nuevo nacionalismo agresivo.
El auge del nuevo nacionalismo de gran potencia.
Inicialmente las clases aristocráticas habían sido gracias a la idea nacional,
estrechamente ligada a la ideología liberal en casi todos los procesos revolucionarios
de la primera mitad del siglo XIX. Pero dos grandes políticos conservadores, Bismarck
y Disraeli, supieron intuir la fuerza potencial del sentimiento nacionalista,
reinterpretándolo en un sentido antiliberal. Este nuevo nacionalismo apelaba a la
superioridad de unas naciones sobre otras y al derecho de las primeras a expandirse y
conquistar a las segundas. De esta forma se defendía que la nación deseaba y
necesitaba poder. Se renegaba de la existencia de un territorio pequeño. Se deseaba
pertenecer a una unidad grande, haciendo valer la voluntad común hacia el exterior,
desafiando a los demás pueblos.
Este nacionalismo agresivo o de gran potencia cobró un auge extraordinario en las dos
últimas décadas del Siglo XIX. Así en Inglaterra, se propugno la idea de moldear el
mundo con carácter anglosajón (hacer del mundo Inglaterra), mientras en Alemania se
insistía en la idea del Estado como la organización de la nación en función del poderío,
abogando por la construcción de un Estado militar. En Francia el nacionalismo se basa
en el antisemitismo, en el racismo y el anticapitalismo, defendidos por el grupo “Acción
Francesa”, que establecía que el poder de la nación es el máximo valor.
El desarrollo de este tipo de nacionalismo antiliberal, tendrá fundamentalmente dos
consecuencias: por un lado, impulsará las conquistas coloniales, y por otro exacerbar
las diferencias y los pleitos entre los distintos pueblos europeos, agravando los
conflictos políticos interestatales. Todo ello se reflejó en las tensiones que se
produjeron en la época de la Paz Armada (1880-1914) y que estallarían en la llamada
la Gran Guerra.
Con el nuevo nacionalismo agresivo, las fuerzas conservadoras aumentaron su
protagonismo e influencia política frente a los liberales, buena parte de los cuales
acabaron aceptando los postulados de esta nueva ideología, ya que el proteccionismo
económico y el Imperialismo les beneficiaba.
De esta forma podemos decir que el liberalismo a finales del siglo XIX, estaba
escindido en diversos grupos divergentes, algunos de los cuales defendían doctrinas
de no-intervencionismo (laissez faire) mientras otros se aliaban con los sectores más
conservadores, defendiendo el proteccionismo y el Imperialismo, y un tercer grupo
abogaba por una solución intermedia (liberales reformistas).
Por tanto, a finales del siglo pasado, con el liberalismo debilitado y dividido en varios
frentes y el auge de movimientos antiliberales como el nacionalismo agresivo y el
socialismo, la situación política e ideológica varió respecto a años anteriores,
derivando en una serie de conflictos y tensiones entre grupos sociales y entre países
que acabaron desarrollándose plenamente durante la Primera Guerra mundial.
Después de ésta, mientras el liberalismo más democrático se imponía en las naciones
de Europa occidental, el Socialismo llegaba al poder en la Rusia zarista, que se
convertiría en una unión de repúblicas socialistas soviéticas (CCCP), mientras que los
nacionalismos agresivos, más desarrollados y con el nombre de fascismos van
adquiriendo el predominio en Alemania e Italia
EL SOCIALISMO NACIENTE
Los siguientes elementos, los pongo a consideración de los distintos procesos de
construcción que integran y perfilan lo que se ha dado en llamar Socialismo del Siglo
XXI en Latinoamérica.
Naturaleza, nuevo humanismo y bloque latinoamericano: elementos centrales del
nuevo socialismo del siglo 21
Un nuevo socialismo, del siglo 21, debiera tener contenidos de dimensión planetaria
también en este campo, y no solo generarse desde una discursiva pasional o
demagógica. Ese socialismo en construcción, que hoy puede y debe presentarse
como alternativa al moribundo neoliberalismo, debe implicar un nuevo paradigma de
Humanidad y Humanismo, y éste pasa por reconocer y proteger lo natural, lo animal,
lo ambiental y lo humano. Mi alocado aporte subjetivo a la naciente teoría del
socialismo del siglo 21, afirma la necesidad de incluir “un nuevo Humanismo” como
otro de los ejes constitutivos del Cambio Civiliza torio que implica el paso hacia una
sociedad poscapitalista en América Latina.
Y como las desquiciadas utopías deben ser acompañadas de hechos, propongo que
elaboremos las líneas generales y operativas de esa tesis (Naturaleza, nuevo
humanismo y socialismo del siglo 21) así como de la iniciativa "Bandung", en el marco
de la lucha por la transición hacia el socialismo del siglo 21.
De igual manera, considero que algunas definiciones ya avanzadas que se han venido
elaborando en los últimos veinte años desde la Escuela de Bremen y Escocia al
socialismo del siglo 21, aportan un elemento clave y definitivamente revolucionario a la
nueva doctrina de los derechos humanos que debemos ir configurando en América
Latina y el mundo: Viene siendo impostergable la redefinición radical de los derechos
humanos, desde una concepción integral y nueva para el siglo 21, que supere el
antropocentrismo y la instrumentación hipócrita vista en el arcaico sistema de
Naciones Unidas y utilizada por el imperio en sus informes infames sobre nuestros
procesos nacionales. Me explico: creo que si las organizaciones de defensa de los
DDHH más consecuentes y no dogmáticas, por lo menos en Latinoamérica, somos
coherentes con la actual etapa abierta en la Patria Grande y con el destino de la
humanidad, tenemos que incorporar como concepto revolucionario de DDHH, la
Teoría del Valor y la Economía de Equivalencias , para superar el humanismo idílico
de las ONG s escépticas, y trascender mundialmente, internalizado ese eje nodal que
nos explicaría mejor como defensores auténticos: el fin de la explotación y dominación
de unos seres humanos sobre otros.
EL SOCIALISMO DE CARL MARX
En el siglo XIX, tanto en Europa como en Estados Unidos, el capitalismo industrial fue
un hecho consumado del cual nació el proletariado industrial, una clase social que
fomentó la mayoría de movimientos sociales en un gran número de países de Europa,
entre los que se destacan la Revolución de 1848 y la Comuna de París de 1871,
ambos en Francia.
Como consecuencia del auge del capitalismo nace el socialismo, una ideología política
que atacaba los cimientos del capitalismo como doctrina económica y social.
Esta ideología apareció al mismo tiempo en Francia e Inglaterra (1830 y 1840),
pretendiendo convertirse en un mecanismo de control de la burguesía y de la
propiedad privada, aunque en un principio no pretendía abolirlos sino simplemente
vigilarlos en Pro del beneficio de la clase trabajadora.
Carlos Marx, en 1844, creó un nuevo tipo de socialismo, conocido como socialismo
científico, el cual planteaba:
· El derrocamiento de la burguesía.
· La dominación del proletariado.
· La abolición de la clase burguesa.
· La creación de una nueva sociedad que no tuviera ni clases sociales ni propiedad
privada.
Los textos más importantes del socialismo científico son |, Principios del comunismo
(1847), escrito por Federico Engels, el |Manifiesto del Partido Comunista (1848) escrito
por Federico Engels y Carlos Marx, y la obra magistral de Carlos Marx, |Das Capital
(1867-1895).
Con la aparición de Marx y Engels el socialismo se parte en dos; antes de estos dos
ideólogos el socialismo criticaba el modelo capitalista de producción existente y las
consecuencias que éste traía, pero no podía explicar el porqué de éste, lo que hacia
muy difícil cimentar una ideología que contrarrestara efectivamente los postulados
básicos del capitalismo, pero con la aparición de la obra de Marx y Engels se hizo
evidente que la lucha de clases conlleva a la toma del poder por parte del proletariado,
y que como consecuencia de esta lucha ha de surgir una sociedad sin clases.
En el año de 1883, las ideas socialistas habían recorrido casi el mundo entero,
caracterizándose por la confrontación teórica que implicaban. Entre 1889 y 1914 el
socialismo se arraigó profundamente en países como Austria, Francia y Alemania,
aunque estas ideas, paradójicamente, dieron verdaderos frutos en la Revolución de
Octubre, en Rusia, en 1917. Debido a esta revolución nace la Unión Soviética, con lo
que se convirtió en el primer país del mundo en implantar un modelo socialista de
gobierno en el mundo.
EL SOCIALISMO DE FEDERIC ENGEL
Es un conjunto de ideas que busca crear una sociedad mas igualitaria y justa, a partir
de una mayor intervención del Estado, de manera que corrigiera los desequilibrios y
problemas sociales creados por la economía del mercado. El socialismo se dividió en
dos ramas: la socialdemocracia, que busca alcanzar las ideas socialistas dentro del
sistema político-liberal; y el socialismo científico, representado por Karl Marx y
Friedrich Engels.
Engels se hizo socialista sólo en Inglaterra. En Manchester se puso en contacto con
militantes del movimiento obrero inglés y empezó a colaborar en las publicaciones
socialistas inglesas. En 1844, al pasar por París de regreso a Alemania, conoció a
Marx, con quien ya mantenía correspondencia. En París, bajo la influencia de los
socialistas franceses y de la vida en Francia, Marx también se hizo socialista. Allí fue
donde los dos amigos escribieron La sagrada familia, o crítica de la crítica crítica. Esta
obra, escrita en su mayor parte por Marx, y que fue publicada un año antes de
aparecer La situación de la clase obrera en Inglaterra, sienta las bases del socialismo
materialista revolucionario, cuyas ideas principales hemos expuesto más arriba. La
sagrada familia es un apodo irónico dado a dos filósofos, los hermanos Bauer, y a sus
discípulos. Estos señores practicaban una crítica fuera de toda realidad, por encima de
los partidos y de la política, que negaba toda actividad práctica y sólo contemplaba
"críticamente" el mundo circundante y los sucesos que ocurrían en él. Los señores
Bauer calificaban desdeñosamente al proletariado como una masa sin espíritu crítico.
Marx y Engels protestaron enérgicamente contra esa tendencia absurda y nociva. En
nombre de la verdadera personalidad humana, la del obrero pisoteado por las clases
dominantes y por el Estado, exigieron, no una actitud contemplativa, sino la lucha por
una mejor organización de la sociedad. Y, naturalmente, vieron en el proletariado la
fuerza capaz de desarrollar esa lucha en la que está interesado. Antes de la aparición
de La sagrada familia, Engels había publicado ya en la revista Anales franco-
alemanes, editada por Marx y Ruge, su Estudio crítico sobre la economía política, en
el que analizaba, desde el punto de vista socialista, los fenómenos básicos del
régimen económico contemporáneo, como consecuencia inevitable de la dominación
de la propiedad privada. Sin duda, su vinculación con Engels contribuyó a que Marx
decidiera ocuparse de la economía política, ciencia en la que sus obras produjeron
toda una revolución.
EL MANIFIESTO COMUNISTA
La Liga Comunista, una organización obrera internacional, que en las circunstancias
de la época -huelga decirlo- sólo podía ser secreta, encargó a los abajo firmantes, en
el congreso celebrado en Londres en noviembre de 1847, la redacción de un detallado
programa teórico y práctico, destinado a la publicidad, que sirviese de programa del
partido. Así nació el Manifiesto, que se reproduce a continuación y cuyo original se
remitió a Londres para ser impresas pocas semanas antes de estallar la revolución de
febrero. Publicado primeramente en alemán, ha sido reeditado doce veces por los
menos en ese idioma en Alemania, Inglaterra y Norteamérica. La edición inglesa no
vio la luz hasta 1850, y se publicó en el Red Republican de Londres, traducido por
miss Elena Macfarlanes, y en 1871 se editaron en Norteamérica no menos de tres
traducciones distintas. La versión francesa apareció por vez primera en París poco
antes de la insurrección de junio de 1848; últimamente ha vuelto a publicarse en Le
Socialista de Nueva York, y se prepara una nueva traducción. La versión polaca
apareció en Londres poco después de la primera edición alemana. La traducción rusa
vio la luz en Ginebra en el año sesenta y tantos. Al danés se tradujo a poco de
publicarse.
Por mucho que durante los últimos veinticinco años hayan cambiado las
circunstancias, los principios generales desarrollados en este Manifiesto siguen siendo
substancialmente exactos. Sólo tendría que retocarse algún que otro detalle. Ya el
propio Manifiesto advierte que la aplicación práctica de estos principios dependerá en
todas partes y en todo tiempo de las circunstancias históricas existentes, razón por la
que no se hace especial hincapié en las medidas revolucionarias propuestas al final
del capítulo II. Si tuviésemos que formularlo hoy, este pasaje presentaría un tenor
distinto en muchos respectos. Este programa ha quedado a trozos anticuado por
efecto del inmenso desarrollo experimentado por la gran industria en los últimos
veinticinco años, con los consiguientes progresos ocurridos en cuanto a la
organización política de la clase obrera, y por el efecto de las experiencias prácticas
de la revolución de febrero en primer término, y sobre todo de la Comuna de París,
donde el proletariado, por vez primera, tuvo el Poder político en sus manos por
espacio de dos meses. La comuna ha demostrado, principalmente, que “la clase
obrera no puede limitarse a tomar posesión de la máquina del Estado en bloque,
poniéndola en marcha para sus propios fines”. (V. La guerra civil en Francia, alocución
del Consejo general de la Asociación Obrera Internacional, edición alemana, pág. 51,
donde se desarrolla ampliamente esta idea). Huelga, asimismo, decir que la crítica de
la literatura socialista presenta hoy lagunas, ya que sólo llega hasta 1847, y,
finalmente, que las indicaciones que se hacen acerca de la actitud de los comunistas
para con los diversos partidos de la oposición (capítulo IV), aunque sigan siendo
exactas en sus líneas generales, están también anticuadas en lo que toca al detalle,
por la sencilla razón de que la situación política ha cambiado radicalmente y el
progreso histórico ha venido a eliminar del mundo a la mayoría de los partidos
enumerados.
Sin embargo, el Manifiesto es un documento histórico, que nosotros no nos creemos
ya autorizados a modificar. Tal vez una edición posterior aparezca precedida de una
introducción que abarque el período que va desde 1847 hasta los tiempos actuales; la
presente reimpresión nos ha sorprendido sin dejarnos tiempo para eso. Londres, 24 de
junio de 1872. K. MARX. F. ENGELS.
EL PENSAMIENTO DE HEGEL
En el pensamiento de Hegel, poder político, dominación y obediencia guardan una
estrecha relación dentro del marco de la sociedad regida por Estado ético. La
influencia de esta relación alcanza el plano mimo de la conciencia individual, en la cual
es capaz de reproducirse, con lo cual el poder encuentra la forma más viable de
perpetuarse en la sociedad.
En este sencillo análisis de la razón de Hegel por Herbert Marcuse se resumen las
bases para el inicio de los movimientos libertarios revolucionarios. La razón siempre
está en las masas, en el pueblo al exigir mejor vida, al exigir vivir con dignidad. Para
los explotadores, esa razón es sinrazón, la razón se convierte en negación. Y cuando
se agota la razón, cuando no se escucha a la razón, cuando no se escucha al pueblo,
inicia la revolución.
"Hegel vio en el ‘poder de negatividad’ el elemento de vida del Espíritu y, por lo tanto,
de la Razón. Este poder de la negatividad era, en último análisis, el poder de
comprender y alterar los hechos dados de acuerdo a las potencialidades en desarrollo,
mediante el rechazo de lo ‘positivo’ tan pronto como éste se convierte en un obstáculo
para la libertad. La Razón es, por esencia, contradicción, oposición, negación, en tanto
la libertad no se haya hecho real."
TIPOLOGIA CONTEMPORANEA
FORMAS DE ESTADO
Comúnmente suelen confundirse formas de Estado y de gobierno, por eso es
necesario diferenciarlas, ya que estos dos términos significan cosas totalmente
distintas. La palabra Estado designa a la totalidad de la comunidad política, es decir al
conjunto de personas e instituciones que forman la sociedad jurídicamente organizada
sobre un territorio determinado; en cambio la palabra gobierno comprende solamente
a la organización específica del poder constituido al servicio del Estado.
El gobierno es sólo uno de los elementos constitutivos del Estado. Es el
conjunto de órganos directivos del Estado o la institución o conjunto de instituciones
por las cuales la sociedad realiza y desarrolla aquellas reglas de conducta necesarias
para hacer posible la vida de los hombres en una condición social.
Mientras las formas de Estado se refieren a la manera de ser fundamental de la
totalidad del cuerpo social jurídicamente organizado, las formas de gobierno tienen
relación con la modalidad adoptada por los órganos directivos que formulan, expresan
y realizan la voluntad del Estado.
El Estado es la comunidad política íntegramente considerada, constituyendo la
persona colectiva de la sociedad política en la función del Derecho y el sujeto activo de
la soberanía. El gobierno, es la organización específica del poder constituido en y por
el Estado y al servicio del Estado.
Tomando como criterio diferencial la participación del pueblo en las
organizaciones y marcha de la sociedad política, se distinguen dos formas de
gobierno: democracia y autocracia.
La primera consiste, según Kelsen, en que el orden jurídico es producido por
aquellos sobre quienes va a regir y supone, un alto grado de participación popular. La
segunda se caracteriza porque el orden estatal es creado por un señor único,
contrapuesto a todos los súbditos que excluye de toda participación activa.
Por lo tanto, los Estados de tendencia democrática son aquellos en los que el pueblo
participa de algún modo en las tareas de interés general, mientras que Estados de
tendencia autocrática, son aquellos en los que se deniega tal participación popular.
La democracia es una aspiración. El Estado totalmente democrático no existe.
Sólo se producen ciertas aproximaciones al orden utópico de la relación entre
gobernantes y gobernados. Por lo que entre mayor sea el grado de participación se le
conceda al pueblo, más democrático es el Estado.
En el esquema democrático puro el pueblo es, sujeto y objeto del orden jurídico
del Estado, porque él dicta este orden jurídico por medio de representantes en la
asamblea legislativa, y de otro, está obligado a observarlo. Esta doble calidad popular
es una de las características fundamentales del sistema democrático puro. Por eso, la
democracia es una forma de Estado o de sociedad en la que la voluntad colectiva
resulta engendrada por quienes están sujetos a él. Dado que la democracia consiste
en que el orden jurídico es producido y ejecutado por aquellos sobre quienes va a regir
no es entonces, mas que la concreción de la voluntad de los gobernados, se presenta
el problema de saber cual es esa voluntad o que debe entenderse como tal.
El hecho de que la voluntad de la mayoría pase por voluntad de la totalidad no
significa que el poder de la mayoría este exento de limitaciones. La primera limitación
que soporta es el respeto a la minoría, respeto que es un supuesto legal y moral del
sistema democrático. De otro modo, este implantaría la tiranía de la mitad mas uno
sobre la mitad menos uno. Además, no hay que olvidar, que la entidad dentro de la
cual se desarrolla la regla de la mayoría, ha surgido precisamente para garantizar los
derechos de los asociados.
La democracia directa y democracia indirecta o representativa tiene una
diferencia. La primera se realiza cuando el pueblo ejerce el gobierno del Estado por sí
mismo, en forma directa y sin intermediarios. La segunda, cuando el pueblo confía la
función gubernativa a determinadas personas, quienes la desempeñan en nombre y
representación de aquel. Nunca existió ni puede existir una democracia directa. Es un
imposible físico porque no ha y manera de que el pueblo masivamente, tome en sus
manos la conducción de sus destinos.
Los teóricos fascistas llamaron democracia vertical a sus regímenes totalitarios.
Hitler habló de democracia a pesar de postular el gobierno de las "minorías selectas" y
de sostener que la mayoría es abogado de la estupidez. Las dictaduras
latinoamericanas suelen justificar sus aventuras con la invocación de la defensa de los
principios de la "democracia occidental y cristiana". Los regímenes marxistas llamaron
democracias populares a sus sistemas autoritarios.
No se necesita llamar al sistema "democracia participativa", puesto que la democracia
o es participativa o no es democracia.
El proyecto democrático tiene hoy que afrontar dos nuevas y adicionales
amenazas, acerca de las cuales poco se ha dicho. Nos referimos a la cuestión
demográfica y al desarrollo de los medios masivos de comunicación. La explosión
demográfica de los países pobres pone dificultades al sistema democrático. El sistema
democrático no logra ser eficaz para atener las crecientes demandas sociales. Las
masas, en esas condiciones, son muy sensibles a la prédica redentorista, siguen
fácilmente el señuelo demagógico y surge así el populismo, que es un fenómeno de
raíz económica y efectos políticos. Pero el populismo no resuelve nada. Cuando llega
al poder se convierte en víctima de su propia prédica demagógica e irresponsable. El
populismo es una desordenada movilización de masas. Es la antidemocracia, porque
la democracia es la participación consciente de los pueblos en las tareas públicas,
mientras que el populismo es la intervención emocional y arrebatada.
EL RÉGIMEN POLÍTICO
El régimen político en sentido restringido puede asimilarse a las instituciones
pertenecientes al Estado y al modo como se relacionan entre sí y con la sociedad. Si
se le toma en un sentido más amplio hay que sumarle a lo dicho, los partidos políticos,
la opinión pública, el sistema electoral, entre otras cosas.
Los regímenes políticos admiten varios criterios de clasificación:
Según la legitimación del poder que prima. Este criterio de clasificación coincide
con el concepto de "formas de gobierno". Así, teniendo en cuenta ese parámetro, los
regímenes pueden ser democráticos o autocráticos, según el poder se encuentre en
muchas manos, o en una sola, sin desconocer que pueden existir formas intermedias.
Según la distribución funcional del poder. Esta tipología es asimilable a lo que en
ocasiones también se denomina como forma de gobierno, pero no teniendo en
cuenta el criterio de quién ejerce la dominación como en el caso anterior, sino según
las relaciones entre los diversos poderes del Estado. Así podemos destacar sin
agotar las posibilidades los siguientes regímenes, por ser los más conocidos:
Régimen parlamentario: se caracteriza porque el ejecutivo proviene del parlamento,
pues este nombra el primer ministro, quien es jefe de gobierno, El parlamento posee
poder de revocatoria sobre el ejecutivo, el cual a su vez puede disolver el parlamento.
La jefatura del Estado está en cabeza del presidente (en los regímenes democráticos)
o del rey (en las monarquías).
Régimen presidencialista: En este el ejecutivo es elegido en forma periódica por el
pueblo, posee las dos investiduras de jefe de gobierno y jefe de Estado. Ni el
presidente ni el congreso pueden revocarle el mandato al otro. Otras características
son: no existe voto de censura del congreso respecto del presidente o sus ministros; el
presidente nombra su equipo ministerial, el cual no es responsable frente al congreso.
Los regímenes políticos pueden moverse entre extremos de un mismo segmento,
como afirma Alejo Vargas la cuestión es que la preponderancia "de la institución
legislativa o de la ejecutiva en la orientación global de la política, determina el que se
hable, dentro de una especie de continuo de regímenes parlamentarios (como el caso
suizo o inglés con ciertas variantes); semi-presidenciales o de competencias repartidas
(como el caso francés); presidencialistas donde el poder se personifica en el
presidente (como en Latinoamérica, situación considerada por algunos como una
desviación del régimen presidencial) o presidenciales con un equilibrio entre las dos
ramas (el caso norteamericano).
Según la distribución territorial del poder. Esta tipología corresponde con la categoría
denominada formas de Estado. Las formas de Estado pueden ir desde el centralismo
hasta el federalismo, que son las dos formas extremas, entre las cuales pueden
presentarse formas intermedias.
El centralismo se caracteriza, como su nombre lo indica por la centralización del poder
político, un Estado que posee esta forma de distribución de poder se reconoce como
Estado unitario, lo característico para la centralización política es que un único centro
de poder puede hacer prevalecer de modo general en el territorio la propia concepción
del bien público, a través de una única Constitución, detentando así el monopolio de la
creación del Derecho positivo. En el otro extremo se encuentra el Estado federal, en el
cual el principio constitucional que lo determina es la pluralidad de centros de poder
que se consideran soberanos pero que conservan una relación de coordinación entre
sí, de modo tal que el gobierno federal conserva una mínima cantidad de poder, el
indispensable para asegurar la unidad política y económica del Estado, los poderes
restantes los conserva cada estado federal para aplicarlos en su correspondiente
territorio.
ESTADO PATRIMONIAL
En el Estado Patrimonial no existe oposición vertebrada como alternativa real para
alcanzar gobierno, sino que partidos zancudos o en caso real, un partido construido
para crecer lentamente o hundirse en sus propias contradicciones que, sin embargo,
constituye la única voz de esa inmensa minoría que aspira a cambiar el estado de
cosas, junto a otros partidos pequeños que permiten expresar ideas por sobre la
retórica de las ideologías. Decía Maquiavelo que el príncipe gobierna con sus iguales
o lo hace con su familia, con sus cortesanos, criados o amigos y por eso está
condenado a desempeñarse en una grandeza que solo existe en su imaginación
desbocada. Porque en el Estado Patrimonial no existe la ideología sino los intereses
de grupo, y se aspira a vivir en una república mediática, ya que las elecciones o
candidaturas se fraguan, ya no en el club exclusivo de antaño, sino en las salas de la
prensa corporativa y se aspira a tejer una red siniestra, y efectiva, en la cual el Poder
Legislativo, el Judicial, los aparatos ideológicos del Estado, los organismos
complementarios al Gobierno, están todos en función del gobernante, dado que su
elección para regirlos está en manos de los partidos políticos tradicionales, para su
propia subsistencia, pero aislados cada vez más de los estratos medios o ilustrados,
que ejercen el deber de la resistencia para no compartir el pensamiento único que
lentamente va imponiéndose en el principado.
El Estado Patrimonial, para su propia existencia, debe mostrar una doble cara para
poder seguir existiendo. Acostumbra rasgarse sus vestiduras para llamar al miedo, a la
mentira y señalar al adversario, pretendiendo ser guardián de valores éticos que ya
solo existen en su imaginación, o al deseo de perpetuar un menguado, prestigio, a
desmoronarse en años. Todo lo que ejecuta en su poder económico, de clientelismo,
de dominio del dinero, de la información mediática, de la clase social que acaba
representando, responde a intereses específicos que todos conocemos.
ESTADO POLICIAL
Un Estado policial es un estado donde el gobierno mantiene un estricto control sobre
la sociedad, particularmente a través de la supresión de las libertades civiles y a
menudo mediante una fuerza de policía secreta y un gran despliegue e inversión en
mecanismos de vigilancia. Esto implica que el control por el gobierno contradice la
voluntad de los individuos que están siendo controlados. Así, un estado policial es
inherentemente antidemocrático. Es similar a la ley marcial. En la literatura, el mejor
ejemplo de estado policial es el que se describe en la novela de George Orwell 1984,
que describe un régimen totalitario que utiliza la excusa de guerra constante para
permitir que la policía y las cámaras de seguridad controlen a toda la población.
Similar a la perspectiva de Orwell, los libertarios asumen que un Estado policial es
consecuencia natural del control que todo Estado, ya sea liberal, nacional, o socialista,
ejerce sobre la población ubicada en el territorio sobre el que tiene jurisdicción y que la
diferencia radica solo en el grado de invasión a las libertades, donde además esto es
difícil de definir puesto que todos los Estados vigilan secretamente a toda su población
-o públicamente pero bajo el convencimiento y aprobación civil de que están siendo
protegidos por su propio bien- en la medida de sus recursos o de los intereses que
protegen, y precisamente debido al hecho de que es secreto o maquillado no
conocemos completamente la magnitud del hecho ni las intenciones reales detrás de
todo el aparataje de vigilancia.
ESTADO DE DERECHO
El Estado de Derecho es aquel en donde sus autoridades se rigen, permanecen y
están sometidas a un derecho vigente en lo que se conoce como un estado de
derecho formal. Éste se crea cuando toda acción social y estatal encuentra sustento
en la norma; es así que el poder del Estado queda subordinado al orden jurídico
vigente por cumplir con el procedimiento para su creación y es eficaz cuando se aplica
en la realidad con base en el poder del estado a través de sus órganos de gobierno,
creando así un ambiente de respeto absoluto del ser humano y del orden público. Sin
embargo, no basta con que exista una autoridad pública sometida al derecho. Para
estar en presencia de un verdadero y auténtico Estado de derecho, el ordenamiento
jurídico del respectivo estado, debe reunir una serie de características que dan origen
a un estado de derecho real o material. El concepto de estado de Derecho se explica
por dos nociones: El Estado de Derecho en sentido formal y el Estado de Derecho en
sentido material. El surgimiento del Estado de Derecho coincide con el final del
absolutismo e implica la imposición de la Burguesía entre el siglo XVIII y XIX, que junto
con el poder económico alcanzado incluso reclamos de política y determinan una
transformación radical en la sociedad y el concepto de Estado. En teoría, la
proclamación del Estado de Derecho surge como oposición explícita al estado
absoluto: en esta última forma de estado, de hecho, los titulares del poder eran
"absolutos", o sea que se liberaban de cualquier poder superior a ellos. Actualmente,
de hecho, en gran parte de los estados del mundo los derechos civiles y políticos
están garantizados a todos los individuos sin distinción, gracias a la evolución histórica
y política que, a partir del estado absoluto, ha aportado al surgimiento del llamado
estado de ley. Podemos reconocer un ejemplo precursor del Estado de derecho en la
constitución Inglesa del siglo XVII: revolución gloriosa combatida contra el absolutismo
de la dinastía Stuart conduce a una serie de documentos (Bill of rights, Hábeas corpus,
el Acta de Establecimiento), que demuestra la inviolabilidad de los derechos
fundamentales de los ciudadanos y de la subordinación del Rey en el Parlamento (que
es representante del pueblo). La proclamación consciente y presente del Estado de
Derecho se logra a través de las dos grandes revoluciones de siglo XVIII: la
Declaración de Independencia de los Estados Unidos y la Revolución francesa. En
particular, es de importación en el Viejo Continente a los principios del Estado liberal,
que luego será (más o menos amplio, más o menos utilizados por los distintos
monarcas europeos) de las constituciones del siglo XIX. Las críticas que se dirigen en
general al Estado de derecho por la mayoría de la historiografía jurídica, a partir de
diversas franjas ideológicas (socialistas, doctrina social de la Iglesia, por ejemplo) y las
partes de la masa surgidas a fines del ochocientos y principios del novecientos es
aquella de haber reconocido sólo en abstracto los derechos humanos fundamentales,
sin tratar la actuación concreta de tales derechos.
Por lo tanto, se ha realizado en todos los estados liberales de facto una situación que
de hecho contrastaba con las proclamaciones de derecho prevista por los textos
constitucionales vigentes. Estas deficiencias se subsanan con la introducción de los
principios del Welfare State (Estado Social) y la creación del Estado democrático. El
término Estado de derecho tiene su origen en la doctrina alemana (Rechtsstaat). El
primero que lo utilizó como tal fue Robert von Mohl en su libro Die deutsche
Polizeiwissenschaft nach den Grundsätzen des Rechtsstaates (La policía alemana y la
ciencia de la conformidad con los principios de la ley), sin embargo, la mayoría de los
autores alemanes ubican el origen del concepto en la obra de Emmanuel Kant. En
tradición anglosajona el término más equivalente en términos conceptuales es el Rule
of law
Requisitos
1. Deben crearse diferentes órganos de poder del estado y cada uno de ellos
debe asumir una de las funciones de gobierno.
2. Esos órganos de poder del estado deben actuar autónomamente. Es decir, sus
dictámenes o decisiones no pueden ser invalidadas, modificadas o anuladas
por otro órgano.
3. Debe estar establecida la forma en que se nombran los titulares del respectivo
órgano, y las solemnidades y procedimientos para poner término a sus cargos.
4. El poder debe estar institucionalizado y no personalizado, vale decir, debe
recaer en instituciones jurídico-políticas y no en autoridades específicas, las
cuales tienen temporalmente el poder en sus manos mientras revisten su
cargo.
5. Tal vez el requisito más importante tiene que ver con que tanto las normas
jurídicas del respectivo estado como las actuaciones de sus autoridades
cuando aplican dichas normas jurídicas, deben respetar, promover y consagrar
los derechos esenciales que emanan de la naturaleza de las personas y de los
cuerpos intermedios que constituyen la trama de la sociedad.
Estados Autoritarios
El autoritarismo es, en términos generales, una modalidad del ejercicio de la
autoridad en las relaciones sociales, por parte de alguno o algunos de sus miembros,
en la cual se extreman la ausencia de consenso, la irracionalidad y la falta de
fundamentos en las decisiones, originando un orden social opresivo y carente de
libertad para otra parte de los miembros del grupo social. En ciencia política el
autoritarismo se refiera a "la doctrina política que aboga por el principio del gobierno
absoluto: absolutismo, autocracia, despotismo, dictadura, totalitarismo."1 El término se
utiliza para calificar a organizaciones o estados que pretenden conservar y gestionar el
poder político mediante mecanismos que se encuentren en abierta contradicción con
la libertad. Es muy conocida la división de Juan J. Linz entre régimen autoritario y
régimen totalitario, paralela a la de Hugh Trevor-Roper entre fascismo y fascismo
clerical. En un sentido estrictamente técnico, es la forma política en la que el Estado,
es decir, el conjunto de instituciones que ostentan el poder político en una delimitación
territorial sobre un conjunto de ciudadanos, se identifica con un partido político, cuya
función sería servir de nexo entre el poder político y el ciudadano. El dictador militar
Francisco Franco afín a los ideales totalitarios y represivos del Eje, tras la derrota en la
Segunda Guerra Mundial sumió a la España del franquismo en un aislamiento
internacional livianamente maquillado por el ferviente anticomunismo compartido con
los Estados Unidos de América.
Esta concepción del Estado y su identidad con el partido se puede contraponer a los
sistemas políticos occidentales de hoy en día, en los que el Estado funciona como un
ente superior, siendo así desligado del partido, que, a pesar de tener cierto nivel de
control sobre el Estado, no puede invadir competencias ajenas y hacerse con el
control absoluto, es decir, fundirse con el Estado. A pesar de que la mayor parte de los
autoritarismos actuales funcionan como un sistema monopartidista, el hecho de que
sólo exista un partido no es lo suficientemente concluyente como para decir que tal
Estado es autoritario. Igualmente, no es correcto decir que un Estado, por el mero
hecho de disponer de varios partidos, no es autoritario. No hay más que recordar
aquellos turbulentos momentos acaecidos durante la Revolución francesa, en los que,
a pesar de existir varios partidos, se presentaba un autoritarismo evidente. El partido
que llegaba al poder pasaba a ser el Estado, y gracias a ello, se dieron tremendas
atrocidades, delitos capitales por motivos políticos y con efectos retroactivos, el
exterminio administrativo de los rivales de los demás partidos. A lo largo de los siglos,
la preocupación principal de los estudios de la teoría política ha sido la teoría del
Estado. Platón contribuyó a los cimientos de esta teoría con su discurso de La
República, en el que intentaba reconciliar la teoría moral con la práctica política
mediante el diseño de una comunidad en la que la propiedad fuera común y el
gobierno estuviera en manos de una aristocracia de reyes-filósofos que educaran a los
más jóvenes. Estas doctrinas, en una versión muy tergiversada, han sido utilizadas en
los tiempos modernos como sustrato del sistema de gobierno denominado
'autoritarismo.
Estados de Democracia Progresiva
Es una de las formas transicionales de organización estatal de los pueblos que se han
liberado del imperialismo y han emprendido la vía no capitalista de desarrollo (ver). La
esencia de ese Estado se encuentra definida en la Declaración de la Conferencia de
representantes de los partidos comunistas y obreros celebrada en Moscú en
noviembre de 1960: el Estado independiente de democracia nacional es un Estado
que defiende de manera consecuente su independencia política y económica, lucha
contra el imperialismo y sus bloques militares, contra las bases militares en su
territorio; es un Estado que combate las nuevas formas de colonialismo y de
penetración del capitalismo imperialista; es un Estado que rechaza los métodos
dictatoriales y despóticos de gobierno; es un Estado que garantiza al pueblo, amplios
derechos y libertades democráticas (libertad de palabra, libertad de prensa, de
reunión, de manifestación, de creación de partidos políticos y organizaciones sociales),
la posibilidad de realizar la reforma agraria y de satisfacer otras reivindicaciones en la
esfera de las transformaciones democráticas y sociales, la posibilidad de participar en
la determinación de la política del Estado. La base política del Estado de democracia
nacional radica en el frente único democrático y nacional de todas las fuerzas
patrióticas del pueblo, en la alianza de todas las fuerzas progresivas que luchan por la
independencia nacional, por la democracia, por llevar hasta el fin la revolución
nacional liberadora. El luchador más consecuente por el logro de estos fines es la
clase obrera. El núcleo del frente nacional esta constituido por la alianza entre la clase
obrera y el campesinado. La base económica del Estado de democracia nacional está
formada por el sector estatal de la economía, creado sobre todo mediante la
nacionalización y la construcción de nuevas empresas. Además de fortalecer su
independencia política, es tarea importantísima del Estado de democracia nacional
alcanzar la independencia económica, crear y fortalecer el sector estatal de la
economía, regular y planificar a través del Estado la economía del país. El Estado de
democracia nacional está llamado a efectuar transformaciones revolucionarias en la
agricultura, a liquidar los restos del feudalismo, a impulsar la industrialización, a acabar
con el analfabetismo, a elevar el nivel de vida material y cultural del pueblo, a preparar
técnicos, científicos y otro personal especializado propio, nacional. Liberados del
imperialismo, los nuevos estados jóvenes sólo pueden conservar su independencia
política y alcanzar su independencia económica, si, a la vez que luchan con toda
decisión contra el imperialismo, refuerzan y amplían la colaboración con los países del
sistema socialista mundial, firme garantía contra las tentativas de exportar la
contrarrevolución. La formación y consolidación de estados de democracia nacional
ayudan a los pueblos liberados a avanzar rápidamente por la vía del progreso social, a
intervenir activamente en la lucha por la paz, contra la política agresiva del campo
imperialista, por la liquidación completa del yugo colonial. La idea del Estado de
democracia nacional, formulada por los marxistas—leninistas, se desarrolla y concreta
al ser aplicada con espíritu creador teniendo en cuenta las peculiaridades del
movimiento de liberación nacional en los diferentes países.