COMPASIÓN
Círculo Cromático: Colorido, combinaciones infinitas.
Tres combinaciones de cualidades espirituales que caracterizan al discípulo de Jesús
- Intimidad, devoción a Dios
- Compasión
- Gratitud
La intimidad es la presencia íntima que buscamos con Dios en la soledad y en el “vacío”. Ahí
reconocemos que somos “amados”, escuchamos su voz “Este es mi hijo amado en quien tengo
complacencia”, perdón, aceptación. El reconocimiento de esta verdad, nos lleva a una
profunda gratitud, una respuesta espontánea al descubrimiento de que somos amados.
Esta experiencia tiene una expresión en la vida de los demás, un poner en práctica esta
cualidad de ser hijos amados y es la práctica de la compasión. Aunque compasión, gratitud,
brotan espontáneamente de nuestra intimidad con Dios, cada una es también una disciplina
(conducta, práctica), una cualidad de la presencia de Dios, de nosotros mismos y de los demás
que tenemos que elegir conscientemente una y otra vez.
INTIMIDAD – COMUNIDAD – COMPASION
Silencio en la presencia de Dios, acompañado por la Palabra, soledad acompañada por la
comunidad. Intimidad crea comunidad.
En la comunidad se revela nuestra intimidad con Dios. Todas las relaciones humanas deben
tener su fuente en Dios y ser testimonio del amor de Dios. En la comunidad se revela la
compasión. La compasión es la esencia de nuestro testimonio cristiano.
Dios para nosotros, con nosotros, dentro de nosotros.
El mundo no está interesado en la compasión, porque no sirve para adquirir éxito, popularidad
o poder.
Cuando Jesús nos llama a amarnos unos a otros como él nos ha amado, nos llama a establecer
relaciones fieles, compasivas, que brotan del amor de Dios y no basadas en intereses
pragmáticos de la conveniencia personal, sino basados en el amor eterno de Dios. La
compasión significa que todas las decisiones que tomemos juntos en nuestra vida están
guiadas por la profunda conciencia de que estamos llamados a ser signos vivos de la fiel
presencia de Dipos entre nosotros. Esto requiere una solicitud de unos hacia otros que más
mas allá de toda obligación formal.
“Pensad en lo que es mejor para los demás”. la intimidad no nace de la soledad sino de un
aislamiento temeroso, rápidamente se degenera en un afán de posesión acaparadora y
egoísta. “Cuando conviertes al prójimo en Dios, te conviertes a ti mismo en demonio”
Gratitud:
Conciencia de que todo es gracia. No solo los buenos momentos, sino toda mi vida, todo mi
pasado a través del cual Dios me ha conducido a este presente y me está enviando al futuro.
Me confronta con los momentos penosos… las personas agradecidas celebran aún los
momentos penosos, porque confían en que, cuando llegue el tiempo de la cosecha, el fruto
demostrará que la poda no fue un castigo sino una purificación.
Nos hace ser fecundos. Todo lo que existe es un don de Dios, todo es regalo.
¿Y qué tienes que Dios no te haya dado? Y si él te lo ha dado, ¿por qué presumes, como si lo
hubieras conseguido por ti mismo?
De la lástima a la compasión
Sufrir con otros
La compasión es algo distinto a la lástima. La lástima sugiere distancia. Puedo dar dinero a un
mendigo, pero no me siento a hablar con él ni le miro a los ojos.
La compasión significa acercarse al que sufre. Pero sólo podemos acercarnos a otra persona
cuando nos hacemos vulnerables.
“Yo soy hermano tuyo, soy humano, frágil y mortal como tú. Tus lágrimas no me escandalizan,
tu dolor no me espanta. Yo también he llorado. Yo también he sentido dolor”
Solo podemos estar con el otro cuando el otro deja de ser “otro” y se hace uno como nosotros.
La persona que sufre nos está invitando a hacernos consientes de nuestro sufrimiento. ¿Cómo
puedo responder a la soledad de alguien si no entro en contacto con mi propia soledad?
¿Cómo puedo acercarme a una persona discapacitada cuando me niego a reconocer mis
propias discapacidades? ¿Cómo puedo estar con el pobre cuando no estoy dispuesto a
confesar mi propia pobreza?
Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades,
sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin
pecado. Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia
y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos. Heb.4:15-16
Los momentos de mayor bienestar y consuelo fueron cuando alguien nos dijo “no puedo
quitar tu dolor, no tengo solución para tu problema, pero puedo prometerte que no te dejare
solo…Ej. amigos de Job.
La compasión trae el regalo, la bendición de que no tenemos que vivir solos nuestro
sufrimiento y nuestro dolor.
Ver a Cristo
“Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis”: los
hambrientos, los desnudos, los presos, los sedientos, los refugiados, los que están solos, los
angustiados, los moribundos… todos ellos están a mi alrededor y me muestran un corazón
roto… Él nunca está lejos de mí. Él aparece como Señor herido y resucitado
Superar nuestra necesidad de juzgar
Compasión en la intimidad con Dios, en el centro de nuestra intercesión. Orar en
profundidad por el otro
Sentir sus luchas, sus dolores, salgo de mí mismo en mi intimidad con Dios, y – por así decirlo
– me convierto en uno de ellos. Entonces siento compasión. Compasión como un don de Dios,
porque no puedo abrazar al mundo, no puedo resolver el dolor, pero Dios sí. El sostiene a la
humanidad en un brazo compasivo.
El buen samaritano, el padre de la parábola del hijo prodigo, la mujer hallada en adulterio….
Jesús en la cruz, cargó con el sufrimiento de todos y lo transformó en una ofrenda de
compasión al Padre.
La compasión como vocación, esto nos permite ofrecerla con libertad hacia los demás. Implica
desprendernos de nuestro concepto de “propiedad privada” a lo que nos apegamos como
algo a defender, sea ésta bienes materiales, intelectuales, afecto, objetos de los que nos
hemos rodeado, etc. No defendemos nada porque ya todo ha sido regalado, ya nada es
nuestro.
Ser el Amado: Este es mi hijo amado en quien tengo complacencia.
Compasión es un camino descendente
Pero Jesús los llamó, y les dijo:
—Como ustedes saben, entre los paganos los jefes gobiernan con tiranía a sus súbditos, y los
grandes hacen sentir su autoridad sobre ellos. Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario,
el que entre ustedes quiera ser grande, deberá servir a los demás; 27 y el que entre ustedes
quiera ser el primero, deberá ser su esclavo. Porque, del mismo modo, el Hijo del hombre no
vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por una multitud. Mateo
20:25-28
La tentación bien intencionada de la popularidad: Podes influir a un número grande de
personas. Camino descendente Filipenses 2
5 Tengan unos con otros la manera de pensar propia de quien está unido a Cristo Jesús, 6 el
cual:
Aunque existía con el mismo ser de Dios,
no se aferró a su igualdad con él,
7 sino que renunció a lo que era suyo
y tomó naturaleza de siervo.
Haciéndose como todos los hombres
y presentándose como un hombre cualquiera,
8 se humilló a sí mismo,
haciéndose obediente hasta la muerte,
hasta la muerte en la cruz.
9 Por eso Dios le dio el más alto honor
y el más excelente de todos los nombres,
10 para que, ante ese nombre concedido a Jesús,
doblen todos las rodillas
en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra,
11 y todos reconozcan que Jesucristo es Señor,
para gloria de Dios Padre.
El regalo secreto de la compasión
Camino descendente para estar con el pobre, el enfermo, el que nos pide compasión puede
parecer morboso. ¿Puede haber gozo en la compasión?
Si nos atenemos a los medios, la alegría viene del éxito, la popularidad y el poder
La alegría de dar que es mejor que recibir, la alegría del ejercicio de nuestra vocación, de la
entrega. La alegría es el regalo secreto de la compasión.
La compasión es un intercambio de dones… recibimos mucho más de lo que damos. No es
necesario esperar la recompensa de la compasión, esta oculta en la compasión misma.
Otro regalo es el enfrentamiento con uno mismo, no solo con nuestra propia vulnerabilidad,
sino con nuestro deseo de afirmación personal, cuando la acción compasiva no satisface
nuestras propias expectativas, nuestros deseos de reconocimiento y afirmación personal.
A partir desde donde estamos
La compasión comienza desde donde estamos, en los pequeños gestos de la vida cotidiana.
Lo que verdaderamente cuenta no es si estamos dispuestos a imitar o no a la Madre Teresa,
sino si estamos abiertos a los muchos sufrimientos de aquellos con quienes compartimos
nuestra vida. Hay mucho sufrimiento que está oculto… del adolescente que se siente inseguro,
el del rico que piensa que la gente se le acerca solo por dinero, el del homosexual que se siente
aislado de su familia, a los miles de personas que se sienten solas. Cuando miramos hacia
abajo en la escalera de la vida, donde quiera que vamos vemos el dolor de la gente y donde
quiera que vamos escuchamos el llamado de la compasión.
El silencio de la compasión
Estamos llenos de palabras… Silencio compasivo. El callará de amor. El corazón compasivo de
Dios
Hay tanto dolor en el mundo que puede resultar se agobiante. Pero el corazón compasivo de
Dios no tiene límites, su corazón es infinitamente más grande y compasivo que el nuestro. El
amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones Rom. 5:5 y este es el amor que nos
permite amar sin quemarnos y sin saturarnos.
Oh Dios, ¡pon en mí un corazón limpio!, ¡dame un espíritu nuevo y fiel!