CICLO III - CONCIERTO 21
TEMPORADA 2011 / 2012 11, 12 Y 13 DE MAYO DE 2012
La Venus de Milo, Museo del Louvre, París.
Fotografía (ca. 1890-1900), Biblioteca del Congreso, Washington.
Presidencia de Honor
S.M. la Reina de España
ORQUESTA Y CORO NACIONALES DE ESPAÑA
Joan Cabero, director CNE
Ramón Puchades, director técnico OCNE
CICLO III - CONCIERTO 21
ORQUESTA NACIONAL DE ESPAÑA
Jean-Christophe Spinosi, director
I
Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791)
Sinfonía núm. 35, en re mayor, K 385, “Haffner”
I. Allegro con spirito
II. Andante
III. Menuetto — Trio
IV. Presto
Johann Baptist Vanhal (1739-1813)
Concierto para contrabajo, en re mayor (versión de L. Streicher)
I. Allegro moderato
II. Adagio
III. Finale: Allegro
Toni García, contrabajo
II
Ludwig van Beethoven (1770-1827)
Sinfonía núm. 4, en si bemol mayor, opus 60
I. Adagio — Allegro vivace
II. Adagio
III. Allegro molto e vivace — Trio
IV. Allegro ma non troppo
CICLO III - CONCIERTO 21
Viernes 11 de mayo de 2012, a las 19:30 h ONE-5222
Sábado 12 de mayo de 2012, a las 19:30 h ONE-5223
Domingo 13 de mayo de 2012, a las 11:30 h ONE-5224
Auditorio Nacional de Música (Madrid) Duración aproximada:
Sala Sinfónica primera parte: 45 minutos;
descanso: 20 minutos;
El concierto del domingo se transmite en segunda parte: 35 minutos
directo por Radio Clásica (RNE)
NOTAS AL PROGRAMA
Afloja el ceño:
Mozart, Vanhal y Beethoven parece que sonríen
La vida puede ser una pesadilla. Que se lo digan a Wolfang Amadeus Mozart, que es-
cribió la feliz Sinfonía núm. 35, en re mayor, K 385 para festejar el ascenso social del
hasta entonces burgomaestre Siegmund Haffner en 1782, mientras Mozart —sobrecar-
gado como siempre de trabajo con el que ni siquiera era capaz de llevar adelante a su
propia economía familiar— se veía obligado a sacar fuerzas de flaqueza para finalizar el
encargo mientras escribía a su padre “en fin, yo la escribiré, aunque sea por la noche, si
no no terminaré nunca; que este sacrificio sea por usted…”. O a Beethoven, que cuando
compone su ligera y entusiasta Sinfonía núm. 4, en si bemol mayor, opus 60 en 1806, y
a pesar de vivir entonces la promesa efímera de un romance, ya su sordera llevaba cua-
tro años atravesada en su destino, una sordera que, digámoslo ya, es todo un inconve-
niente para el desarrollo de una profesión como la musical, en la que los defectos del
oído no están precisamente bien considerados. Tampoco le fue mucho mejor al bueno
de Johann Baptist Vanhal (1739-1813), quien pasó buena parte de su carrera profesional
saltando de depresión en depresión y sin el amparo de toda una industria farmacéutica.
Pero de todo esto deberíamos sacar las correspondientes enseñanzas, entendiendo que
tal vez no hemos sabido comprender estos mismos tiempos que padecemos en los que
la palabra crisis parece escribirse con la primera letra de todos los comentarios. Y podría
parecer algo extraño pretender precisamente ahora dejar atrás la prisa, la infelicidad
y la náusea; pero eso es precisamente lo que hoy como anfitriones nos exigen Mozart,
Vanhal y Beethoven, quienes a pesar de sus ruinas, sus penas y sus desgracias parecen
sonreírnos desde el cuadrilátero insólito del escenario del concierto.
Porque el mundo, nuestro mundo, está en crisis. Pero es una crisis que se inició desde
mucho antes de la primera huella de algo que remotamente pudiese denominarse como
homo sapiens sapiens —y es casi seguro que nos sucederá cuando, como especie, nos
hayamos extinguido. No podemos preguntar a los dinosaurios por sus crisis vitales, por-
que fueron éstas las que los extinguieron; tampoco por las de los neandertales a los que
el sapiens sobrevivió para vivir sus propias crisis mucho más prolongadas en el tiempo.
Tampoco podemos preguntar a Mozart o Beethoven si tienen una opinión al respecto
sobre todo esto, pero desde luego sí que podemos rastrear en sus vidas las huellas de
las crisis sociales, económicas y políticas que vivieron. Claro que los modos en los que
las padecieron fueron ciertamente diferentes a lo que tenemos que vivir y soportar no-
NOTAS AL PROGRAMA
sotros. Tal vez lo que los distingue a ellos de nuestros padecimientos es que no tuvie-
ron que aclimatarse a los vaivenes de las primas de riesgo, las incertidumbres políticas,
o los intereses del crédito cuánticamente variables.
Escuchando el empuje y la fuerza, la exaltación vital de una sinfonía tan acabadamen-
te perfecta como la Núm. 35 de Mozart es difícil imaginar que entonces las crisis que
asolaban el entorno del autor se llamasen gripe o viruela, cólera o incluso peste. Incer-
tidumbre económica, hambre, guerras interminables o la desdicha de un devenir del
gusto de un nuevo público que poco o nada tenía en común con la nobleza, el poder po-
lítico y el del clero que hasta entonces habían sostenido la creación de música culta en
cortes y capillas. Son las crisis, la hambruna y las miserias sociales que acabaron por
llevar a un rey y a su real familia ante el acero helado de la guillotina.
Lo que nos enseñan las huellas que la historia ha ido dejando en esto que hemos que-
dado casi todos en llamar arte es que ni somos tan únicos, ni resultamos tan especia-
les; tampoco que nuestros padecimientos sean algo único e insoportable. Se lo podemos
preguntar a Beethoven, una vez que encontremos la equidistancia con el entusiasmo
en el que se desenvuelve con su Sinfonía núm. 4, y no olvidar que allí estaban las gue-
rras napoleónicas en una Europa en permanente crisis, una Europa que creíamos inex-
pugnable y eterna pero cuya configuración geográfica, política y económica se asemeja
más a la historia evolutiva de una peligrosa y corrosiva medusa a la deriva de las co-
rrientes marinas. La Viena de Beethoven es también la Viena de una inflación galopan-
te, la del hambre pero también la de la belleza infinita e inacabable. Es la historia de un
invierno ruso que se abalanza sobre sus enemigos congelando sus ansias de conquista
y que cien años más tarde volverá a repetirse con el asedio, una vez más, de un pueblo
alemán que pese a sus pérdidas y sus guerras, no se da por vencido en su deseo de con-
quistar una Europa que cree suya.
No vayamos tan lejos. Cuando entramos en esto de la música, cuando nos sorprendie-
ron los Bach, los Mozart, los Beethoven, los Wagner o los Chaikovski únicamente sen-
tíamos la fuerza que latía en sus creaciones, en sus composiciones. Era un impulso irre-
sistible que nos alejaba de cualquier posibilidad más allá del entretejido musical que
brotaba como hojas y ramas desde los alambres del pentagrama. Tal vez éramos mucho
más jóvenes y, como tales, podíamos pensar en muchas más cosas que en esta cosa as-
querosa en la que se ha convertido el dinero.
NOTAS AL PROGRAMA
Puede que Beethoven tuviese miedo. Miedo de que una enfermedad que ahora cura-
mos con unos simples polvos disueltos en medio vaso de agua que brota limpia y cris-
talina de los grifos de nuestras casas acabase por cercenar la posibilidad de terminar
su gran obra musical; miedo de no encontrar patrocinador para su próxima sinfonía y
tener que ganarse la vida dando clases de piano o de composición a una señorita des-
preocupada y ociosa de la alta burguesía.
Porque siempre hemos estado en crisis. De hecho, la historia del ser humano es la histo-
ria de esa crisis interminable que, por otro lado, es la que nos empuja a seguir adelante
aunque, en ocasiones, no hagamos otra cosa que pensar en sus terribles consecuencias.
Pero ¿qué son los clásicos?
Uno se acostumbra a pensar que el equilibrio perfecto entre los argumentos del méto-
do clásico y la perdurable sensación de la repetición de patrones, la inacabada perma-
nencia de que un objeto del clasicismo no puede pertenecer al mundo del idealismo ale-
mán posterior cuando precisamente con esa acepción de idealismo nos sumergimos en
la aventurada tarea de describir o determinar el fin último de lo clásico, de lo bello per-
manente como una condición o estado de las cosas ideal.
Pero digámoslo ya: vivimos agujereados por el prejuicio —esa práctica manía de poner
un punto final en la respuesta antes de haber planteado siquiera de forma correcta la
naturaleza de una pregunta— lo que nos convierte en unos seres un tanto atrevidos cada
vez que pensamos que los clásicos son clásicos porque son un modelo en el que siem-
pre nos miraremos.
Lo cierto es que hay dos tipos de clásicos: los que se convierten en modelos durante un
período de tiempo —y por lo tanto cada momento y cada época tendrán los suyos— y
los modelos durante un período de tiempo pero en esta ocasión muy concreto, precisa-
mente el momento histórico que se vive durante el siglo XVIII.
Un clásico es ese viejo amigo al que tenías un poco olvidado pero al que siempre se
acaba por regresar cuando lo que te muerde el alma es un momento difícil, de apuro, de
angustia vital, de incertidumbre. Un clásico es ese hogar que añoramos una y otra vez
pero que siempre nos acompaña sin nosotros saberlo.
El crítico literario norteamericano Harold Bloom lleva definiendo toda su larga vida a
los clásicos por su pertenencia exclusiva a ese esqueleto último que uno se encuentra
NOTAS AL PROGRAMA
cuando desnuda la realidad a la luz prístina de la anatomía de la influencia. Umberto
Eco, mucho más cercano a nuestros decadentes paladares europeos creía, sin embar-
go, que lo clásico se definía a sí mismo por el reconocimiento de unos patrones esta-
bles, inmutables y siempre ciertos que nos aportan una falsa y transitoria sensación de
permanencia y seguridad.
Tal vez es precisamente la seguridad de encontrarnos a los clásicos una vez más cuan-
do damos la vuelta a la esquina la que hace que resulte tan gratificante para nosotros
tropezarnos, de nuevo, con gentes como Mozart, Beethoven o el mismo Vanhal, ahí en
medio como un entrometido con el que no contábamos y con su concierto para contra-
bajo, con ese ronroneo oscuro de gato ronco y viejo.
Porque, digámoslo ahora, son tres clásicos unidos por un destino común mucho más
allá de la escasa coincidencia estilística en un determinado momento en el que, es pro-
bable, jamás se encontraron. Pues Mozart, Beethoven y Vanhal son clásicos no tanto por
su pertenencia o no a un movimiento estilístico o un mismo concepto estético; lo clásico
es, en ellos, precisamente lo que les ha permitido perdurar en el tiempo.
Sus músicas han resistido epidemias y hambrunas, sequías y tsunamis así como terre-
motos, revoluciones y restauraciones, a monarquías decapitadas y a dos guerras mun-
diales; a la Revolución rusa, a varias crisis económicas y a la última financiera; a la gue-
rra química, a la Primavera árabe, al feisbuc, al tuiter, a la prima de riesgo y a los futuros
movimientos del viento.
No podemos imaginar cómo será la sociedad así que se pase un poco el tiempo, como
tampoco imaginaron nuestros abuelos lo muy lejos que llegaríamos nosotros, sus nie-
tos. Pero de una cosa podemos hoy estar seguros: que Mozart y Beethoven estarán es-
perándonos allí donde lleguemos.
El clásico ausente de los clásicos presentes
Vanhal, Beethoven y sobre todo Mozart tienen también sus clásicos. Si Mozart conserva
su sonrisa en esta Sinfonía núm. 35, lo hace poseído por un ímpetu y un deseo de vida
más allá de cualquier penuria o circunstancia personal, con esa insultante explosión de
energía del comienzo y con la ligereza de la levedad graciosa de su Andante.
Porque estas tres obras, concebidas en épocas y entornos bien diferentes, parecen orbi-
tar todas alrededor del Haydn (Franz Joseph) más bienhumorado que podamos imagi-
NOTAS AL PROGRAMA
nar. La Sinfonía núm. 35 de Mozart proviene de un momento especialmente feliz fuera
del Salzburgo opresivo del férreo control del poder de su todopoderoso arzobispo Co-
lloredo, siempre bajo pesadas nubes grises y esa humedad perpetua que únicamente
salva la brevedad de sus veranos.
A pesar de la inmediata madurez de su juventud —con su muerte prematura etc.— Mozart
conservará durante toda su trayectoria creativa la capacidad de dejarse llevar por todo lo
que pueda ser beatífica influencia. Acababa de descubrir los Cuartetos Rusos, opus 33 de
Haydn, pero también manuscritos de Bach y Händel, lo que lo puso en contacto directo
con los más grandes de su más inmediato pasado y que acaban por convertirse para él en
todo un acontecimiento en su cerebro.
Al margen de toda su furia, de la titánica (y tan mediática) lucha contra destinos y ele-
mentos de interminables noches de viento, tras la monumentalidad de su heroica y rup-
turista Sinfonía núm. 3, Beethoven se deja contagiar por el brillo del universo hayd-
niano. Beethoven parece querer dar un paso atrás, si no atrás, al menos parece querer
mostrar y demostrar que todavía puede componer al estilo clásico, que no ha pasado
nada que no pueda arreglarse con unas dosis de disciplina escolástica. O también da un
paso atrás para tomar distancia para contemplar la trascendencia de su ruptura desde
la atalaya del más ortodoxo del sistema clásico.
Lo hace en su Sinfonía núm. 4 con su introducción lenta, como dándole vueltas a la
manera en la que debería arrancar el motor, para abrirse después al humor y la ligere-
za que, digámoslo ya, de algún modo nos conecta especialmente con lo que años más
tarde será su Sinfonía núm. 8.
Tal vez Beethoven no quiere perder la capacidad de la sonrisa, pese a lo que de amargo,
duro y cruel tiene para él su destino, que lo ha bendecido con una rotunda sordera, un
serio inconveniente para alguien dedicado al negocio de lo musical, algo tan contradic-
torio como el ciego que pinta o la mujer barbuda del circo tras una visita a la barbería.
Beethoven relaja el ceño y sonríe.
Esa es la ligereza que parece contagiar al Concierto para contrabajo y orquesta, en re
mayor de Johann Baptist Vanhal. La primera vez que uno ve acercarse al centro del es-
cenario a alguien abrazado a ese mueble inmenso con aspecto de contrabajo solista le
asaltan las inmediatas dudas de que de tal artefacto puedan salir las matizadas frases
musicales que surgen a borbotones del Concierto para contrabajo de Vanhal. Será en-
NOTAS AL PROGRAMA
tonces una sorpresa cuando en lugar del ronroneo de un gato ronco se nos aparezca la
timbrada voz de un violonchelo al que la experiencia de la vida le haya cambiado el ca-
rácter, o como un animado violonchelo al que el paso del tiempo haya convertido su voz
en una referencia mucho más sabia.
Se escuchará en la versión revisada de Ludwig Streicher —profesor de Toni García Ara-
que en Viena— para quien Hans Karl Grüber escribió tres bellas cadencias que demues-
tran que, en el género concertante, siempre es necesario un más allá de la dificultad ori-
ginal, un más difícil todavía, una exigencia máxima tan propia de estos tiempos en los
que, entre tanta crisis, todavía esperamos volver a entusiasmarnos con las imposibles
destrezas. En toda la tesitura del instrumento, la versión revisada de Streicher transi-
ta desde la luz que el contrabajo emite cuando escala sus notas más agudas al calor que
desprende en el descenso a sus entrañas más graves.
No sé si el contrabajo es el hermano mayor de todos los instrumentos de cuerda, pero sí
estoy seguro que escuchándolo se trata del más sabio de todos ellos, como puede apre-
ciarse en la plácida tarde de verano de su Adagio central, con esa cadencia con la que el
movimiento termina por disolverse antes de la atropellada alegría de su Allegro final.
Javier Vizoso
Periodista y escritor
JEAN-CHRISTOPHE SPINOSI
Director
Este director francés trata de alcanzar el profundo significado dramático de cada obra,
dirige unas representaciones apasionadas que dotan de nueva vida al género, desenca-
denando una gran fuerza.
Junto al Ensemble Matheus fundado por él, y como director invitado, actúa regular-
mente en Europa, Asia y Estados Unidos. Ha colaborado con artistas como Marie-Ni-
cole Lemieux, Philippe Jaroussky, Natalie Dessay y Cecilia Bartoli.
Esta temporada dirige Daphnis y Chloe de Ravel, Prélude à l’après-midi d’un faune de
Debussy, Xerxes de Händel, Sinfonía de cámara de Shostakovich, Sinfonía “Del Nuevo
Mundo” de Dvořák (con la Nueva Filarmónica de Japón en Tokyo), Réquiem de Fauré,
Triple concierto de Beethoven (en el que además toca el solo de violín) y Las siete últi-
mas palabras de Cristo de Haydn con el Quatuor Mattheus, como primer violín.
Sus últimos compromisos operísticos han incluido Alcina de Händel en la Ópera de
París, La fida ninfa de Vivaldi (dentro de una gira europea), La flauta mágica de Mo-
zart en el Theater an der Wien con la Sinfónica de Viena, Cosi fan tutte de Mozart en el
Théâtre des Champs-Élysées, y una nueva representación de El Mesías de Händel en
el Theater an der Wien. En 2011 Spinosi dirigió también Orlando furioso de Vivaldi en
el Théâtre des Champs-Élysées, en la Ópera de Niza y en la Ópera Nacional de Lorrai-
ne, en Nancy.
La pasada temporada Spinosi hizo su debut con la Staatsoper de Viena, con la Orques-
ta de París en la Salle Pleyel y con la Real Filarmónica de Estocolmo. Este año ha debu-
tado también en la Philharmonie de Berlín con la Deutsche Symphonie Orchester (con
obras de Beethoven) y con la Scottish Chamber Orchestra (en una gira por Escocia).
Próximamente lo hará con la NDR Radiophilharmonie de Hannover.
Le interesa acercar el repertorio clásico al público más joven y por ello actuará, en julio
de 2012, con el Ensemble Mattheus en el Festival des Vieilles Charrues, el festival de
rock más importante de Francia.
Spinosi tiene una amplia discografía con el Ensemble Mattheus, incluidas numerosas
óperas de Vivaldi además del Stabat Mater y Nisi Dominus de Vivaldi con Philippe Ja-
roussky y Marie-Nicole Lemieux con Naïve. También cuenta con el doble disco de oro
Heroes con EMI–Virgin Classics.
TONI GARCÍA ARAQUE
Contrabajo
Nació en Barcelona, comenzó sus estudios musicales en la Escolanía de Montserrat y
más tarde en el Conservatorio de su ciudad natal, estudió Contrabajo con Ferran Sala,
obteniendo las más altas calificaciones. Amplió sus estudios en la Hochschule de Viena
con Ludwig Streicher y realizó cursos con Franco Petracci, Rodney Slatford y Klaus Stoll.
Fue premiado en el I Concurso de Jóvenes Intérpretes del Ministerio de Cultura y selec-
cionado en el Concurso Internacional de Ginebra. También fue galardonado en el Con-
curso Internacional de Grandes Virtuosos Nicanor Zabaleta, celebrado en San Sebastián.
Formó parte de la Orquesta del Gran Teatro del Liceo durante dos temporadas y a con-
tinuación obtuvo la plaza de solista de contrabajo de la Orquesta Nacional de España.
Colaboró en sus inicios con la Joven Orquesta Nacional de España como primer contra-
bajo, con la que realizó giras en calidad de solista. También como solista ha actuado con
numerosas formaciones, entre las que cabe destacar: Solistes de Catalunya, Orquesta
Nacional de España, Orquesta Sinfónica de Bilbao, Orquesta de Extremadura, etc. Ha
desarrollado la faceta camerística con el Cuarteto Bellas Artes, el Cuarteto Arditi y otras
muchas agrupaciones. Ha dado recitales en la Fundación Juan March, Congreso Euro-
peo de Profesores de Cuerda, Festival Internacional de Cadaqués, Centro de Arte Reina
Sofía, organizados por el Centro para la Difusión de la Música Contemporánea, etc.
Destacan también numerosas grabaciones como solista para RNE y RTVE.
Su actividad docente se ha desarrollado paralelamente a su actividad concertística, im-
partiendo cursos en toda la geografía española, en Sudamérica, Capbreton (Francia),
Londres, Wroclaw (Polonia)… Es invitado habitualmente para formar parte del jurado
en concursos internacionales de contrabajo, profesor en encuentros de jóvenes orques-
tas, ha sido catedrático en el Conservatorio Superior de Música de Valencia y ha impar-
tido clases magistrales en el Conservatorio Superior de Música de Barcelona. Es profe-
sor en la Cátedra de Contrabajo de la Escuela Superior de Música Reina Sofía.
ORQUESTA
NACIONAL DE ESPAÑA
© Rafa Martín
Director emérito Francisco Romo Campuzano
Rafael Frühbeck de Burgos Roberto Salerno Ríos
Director honorario Violas
Josep Pons Cristina Pozas Tarapiella (solista)
Lorena Otero Rodrigo (solista)
Violines primeros
Emilio Navidad Arce (ayuda de solista)
Mauro Rossi (concertino)*
María Ropero Encabo (ayuda de solista)*
Birgit Kolar (concertino)*
Carlos Antón Morcillo
Ane Matxain Galdós (concertino)
Virginia Aparicio Palacios
Jesús A. León Marcos (solista)
José Enguídanos López (solista) Carlos Barriga Blesch
Salvador Puig Fayos (ayuda de solista) Roberto Cuesta López
Miguel Ángel Alonso Martínez Dolores Egea Martínez
Laura Calderón López Mª Paz Herrero Limón
Antonio Cárdenas Plaza Julia Jiménez Peláez
Jacek Cygan Majewska Pablo Rivière Gómez
Kremena Gancheva Dionisio Rodríguez Suárez
Yoom Im Chang Gregory Salazar Haun
Raquel Hernando Sanz Violonchelos
Ana Llorens Moreno Miguel Jiménez Peláez (solista)
José Francisco Montón López
Ángel Luis Quintana Pérez (solista)
Mirelys Morgan Verdecia
Mariana Cores Gomendio (ayuda de solista)
Elena Nieva Gómez
Salvador Escrig Peris (ayuda de solista)
Rosa María Núñez Florencio
Enrique Ferrández Rivera
Stefano Postinghel
Adam Hunter
Mª del Mar Rodríguez Cartagena
Piotr Karasiuk Cisek*
Georgy Vasilenko
Zsófia Keleti*
Krzysztof Wisniewski
José Mª Mañero Medina
Violines segundos Nerea Martín Aguirre
Joan Espina Dea (solista) Susana Rico Mercader*
Laura Salcedo Rubio (solista) Carla Sanfélix Izquierdo*
Javier Gallego Jiménez (ayuda de solista) Josep Trescolí Sanz
Mario Pérez Blanco (ayuda de solista)
Juan Manuel Ambroa Martín Contrabajos
Nuria Bonet Majó Jaime Antonio Robles Pérez (solista)
Iván David Cañete Molina Antonio García Araque (solista)
Aaron Lee Cheon* Ramón Mascarós Villar (ayuda de solista)
Francisco Martín Díaz Luis Navidad Serrano (ayuda de solista)
Amador Marqués Gil Pascual Cabanes Herrero
Gilles Michaud Morin Pablo Múzquiz Pérez-Seoane
Rosa Luz Moreno Aparicio Emera Rodríguez Serrano*
Federico Nathan Sabetay* Bárbara Veiga Martínez
Alfonso Ordieres Rojo Héctor Sapiña Lledó**
ORQUESTA
NACIONAL DE ESPAÑA
Arpa Trombones
Nuria Llopis Areny Edmundo José Vidal Vidal (solista)
Juan Carlos Matamoros Cuenca (solista)
Flautas Enrique Ferrando Sastre
Juana Guillem Piqueras (solista) Francisco Guillén Gil (trombón bajo)
José Sotorres Juan (solista) Rogelio Igualada Aragón
Miguel Ángel Angulo Cruz Jordi Navarro Martín
Antonio Arias-Gago del Molino
José Oliver Bisbal (flauta-flautín) Tuba
Miguel Navarro Carbonell
Oboes
Víctor Manuel Ánchel Estebas (solista) Percusión
Robert Silla Aguado (solista) Juanjo Guillem Piqueras (solista)
Vicente Sanchís Faus Rafael Gálvez Laguna (solista)
Rafael Tamarit Torremocha Pascual Osa Martínez (ayuda de solista)
Félix Castro Vázquez
Clarinetes Pedro Moreno Carballo
Enrique Pérez Piquer (solista)
Javier Balaguer Doménech (solista) Clave
Eduardo Raimundo Beltrán (clarinete bajo) Gerardo López Laguna**
José A. Tomás Pérez
Carlos Casadó Tarín (requinto) Avisadores
Francisco Osuna Moyano (jefe de escenario)
Fagotes Juan Rodríguez López
Enrique Abargues Morán (solista)
Vicente J. Palomares Gómez (solista)
Miguel Alcocer Cosín
José Masiá Gómez (contrafagot)
Miguel José Simó Peris
Trompas
Salvador Navarro Martínez (solista)
Rodolfo Epelde Cruz (solista)
Javier Bonet Manrique (ayuda de solista)
Carlos Malonda Atienzar (ayuda de solista)
José Enrique Rosell Esterelles
Salvador Ruiz Coll * Contratados ONE
Trompetas ** Músicos invitados para el presente programa
Manuel Blanco Gómez-Limón (solista)
Adán Delgado Illada (solista)
Juan Carlos Alandete Castillo (ayuda de solista)
Antonio Ávila Carbonell
Vicente Martínez Andrés
Vicente Torres Castellano
EQUIPO TÉCNICO
Director técnico Gerencia
Ramón Puchades Purificación García (Contratación)
Amalia Jiménez (Administración)
Directora adjunta María Morcillo (Administración)
Belén Pascual Rosario Laín (Cajera pagadora)
María Ángeles Guerrero (Caja)
Gerente
Elena Martín Secretaría de dirección técnica
Pilar Martínez
Asistente a la dirección artística
Federico Hernández Secretarías técnicas
Paloma Medina (Secretaría ONE)
Coordinador de publicaciones María Jesús Carbajosa (Secretaría ONE)
y documentación Marta Álvarez (Secretaría CNE)
Eduardo Villar
Documentación
Coordinador de proyectos pedagógicos Begoña Álvarez (Documentación)
Rogelio Igualada Mercedes Colmenar (Biblioteca)
Isabel Frontón (Documentación CNE)
Coordinador técnico del CNE Lourdes Rodríguez (Archivo ONE)
Agustín Martín
Archivos OCNE
Secretario técnico de la ONE Victoriano Sánchez
Salvador Escrig Rafael Rufino
Relaciones públicas
Reyes Gomariz
Comunicación
Adela Gutiérrez
Producción y abonos
Pura Cabeza
AVISO
RENOVACIÓN DE ABONOS TEMPORADA OCNE 2012-2013
Exclusivamente en las taquillas del Auditorio Nacional de Música
Recordamos a nuestros abonados que deben presentar las entradas del último concierto
de cada ciclo* para acreditarse en el momento de renovar el abono de acuerdo a este
calendario:
* Tribuna Ciclo III renovarán con las localidades de abono OCNE 24 (último concierto,
viernes 1 y sábado 2 de junio de 2012)
Abono completo 16 y 17 de mayo de 2012
Abono 2 ciclos 22, 23 y 24 de mayo de 2012
Ciclo I 29, 30 y 31 de mayo de 2012
Ciclo II 5, 6 y 7 de junio de 2012
Ciclo III 12, 13 y 14 de junio de 2012
Cambios 19, 20 y 21 de junio de 2012
NUEVOS ABONOS Y VENTA LIBRE DE LOCALIDADES
En las taquillas del Auditorio Nacional de Música, teatros del INAEM
y Servicaixa: www.ticketmaster.es – 902 33 22 11
Nuevos abonos Desde el 26 de junio hasta el 14 de septiembre de 2012 (excepto agosto)
Venta libre A partir del 25 de septiembre de 2012
de localidades
IV Ciclo de Música Coral - El orfeonismo en Europa
17 de mayo 2012
Auditorio Nacional de Música. Sala de Cámara, 19:30 h
La sociedad y el individuo
Coro Nacional de España
Mireia Barrera, directora
Obras de:
Bartók, Kodály, Poulenc, Bernstein, Weill y Gershwin
Localidades a la venta
Más información en: http://ocne.mcu.es
NIPO 035-12-006-0