Síndrome por compresión intermitente
de los troncos arteriales cerebrales ("1
F. VIDAL-BARRAQUER, M. LERMA, X. COT, F. QUINTANA
y F. A. VIDAL-BARRAQUER
Servicio de Cirugía Vascular (F. Vidal-Barraquer)
Hospital Clínico. Facultad de Medicina
Cátedra de Patología Quirúrgica (Prof. P. Piulachsl
Barcelona (España1
La insuficiencia de la irrigación encefálica por lesiones arteriales intrínsecas
es un capítulo bien conocido. Pero la insuficiencia puede ser secundaria a una
compresión extrínseca o a un acdamiento; y estas formas clínicas son mucho
menos conocidas que las de causa intrínseca. Son frecuentes a nivel de las
arterias vertebrales, ,pero raras en las carótidas.
El ,primero en describir el síndrome de compresión intermitente de la ver-
tebral fue el boloñés Neri, aunque no interpretó correctamente la causa, de for-
ma que lo denominó aSyndrome cerebrale del1 sympathice cervicalen. En el
mismo error cayeron Barré y Liéou dos y cuatro años más tarde, respectivamen-
te. A pesar de la primacía del italiano, los franceses denominan a este síndro-
me Síndrome de Barre-Liéou. Aunque actualmente se considera que la altera-
ción simpática no es la causa de esta afección, la descripción del síndrome
desde el punto de vista clínico conserva su valor.
Pero aparte del síndrome vértebrobasilar intermitente, hemos visto casos
de compresión extrínseca de la carótida. La posibilidad de una compresión o de
una afectación de la circulación carotídea, debida. también, a la rotación del
cuello. La existencia de variaciones del caudal carotídeo ya fue vislumbrada por
Hardecty y colaboradores, por B w n , por T d e y por Tatlow. Parece un hecho
comprobado que el caudal sanguíneo de las carótidas puede ser afectado por la
posición de la cabeza; y, en algunos casos. puede adquirir un carácter franca-
mente patológico por la coexistencia de anomalías congénitas o adquiridas.
Aunque según nuestra experiencia son muy raros, creemos que debemos pensar
en la posibilidad de este síndrome para poder aplicar una terapéutica correcta
cuando se presenten.
Hemos tenido ocasión de estudiar tres pacientes con un síndrome de is-
('1 Presentado a las XXI Jornadas Angiológicas Espaiiolas, Córdoba (España) 1975.
F. VIDAL-BARRAQUER, M . LERMA, X. COT, F. QUINTANA JULIO-AGOSTO
Y F. A. \'IDAL-BARRAQUER 1976
quemia cerebral crónica, lo cual creemos atribuible a una compresión de ¡a caró-
tida. La comprobación de este mecanismo 12 hemos obtenido en el momento
operatorio en los tres casos citados.
En otros pacientes la exploración radiográfica nos hizo suponer la existencia
de una compresión similar a los casos antes citados o bien se apreciaba un
acodamiento de la arteria, en relación con la rotación de la cabeza, lo suficien-
temente importante para poder originar un déficit arterial. A pesar de ello, dado
que no teníamos ninguna comprobación objetiva, no los hemos incluido en este
trabajo.
De los casos observados, uno era por brida que comprimía la carótida; otro
por un acodamiento de la carótida originado por la rotación de la cabeza; y el
tercero era una dolicocarótida interna bilateral, en uno de cuyos lados sobrevino
una trombosis sin que se observasen lesiones de la pared arterial que pudieran
ser la causa de dicha trombosis.
Casuística
Caso 1.0 Hombre de 51 años. Hace tres años que inicia un cuadro de estu-
por por inhibición pasiva. Progresivamente r e agrava, sufre crisis frecuentes de
obnubilación, en ocasiones con pérdida de equilibrio. Antes de operar, actitud
totalmente pasiva y adinámica, contestando sdlo con monosílabos cuando se le
pregunta y permaneciendo en la posición en que se le deja, que sólo cambia
ante una orden concreta. Debido a ello tuvo que dejar su profesión.
En la radiografía se adivina una discreta estenosis de la parte más dista1 de
ambas carótidas primitivas, con una dilatación posestrictural bilateral que afecta
a los primeros centímetros de la carótida interna. Se observó una hipoplasia
marcada de las dos vertebrales.
El tratamiento, en ambos lados, consistió en la sección de una brida fibrosa
que cruzaba la carótida inmediatamente por debaio su bifurcación, que comprimía
en sentido ánteroposterior a la arteria, originando una estenosis manifiesta. Era
clara la dilatación postestenótica.
Después de la intervención el enfermo mejora rápidamente, de forma que
puede reemprender el trabajo y ocupar nuevamente su empleo.
En este caso es evidente el valor etiológico de la compresión carotídea,
pero es muy posible que existiese al mismo tiempo un déficit vértebrobasilar
consecutivo a la hipoplasia congénita bilateral de las vertebrales. Probablemen-
t e este déficit estuvo compensado a través del polígono de Willis y hasta que
apareció la insuficiencia carotidea no se manifestó la insuficiencia global de
aporte arterial al encéfalo.
Caso 2.O Hombre de 71 años, con crisis de isquemia cerebral transitoria
desde hace tres años. Ultimamente aqueja una pérdida de fuerza de las extremi-
dades superior e inferior derechas, el cual, según manifiesta el paciente, va
aumentando lentamente. Discreta disartria desde hace cuatro días.
En la exploración física se aprecia una disminución de la amplitud del pulso
en las carótidas izquierdas que llega a desaparecer en rotación.
ANCIOLOG~A SÍNDROME POR C O M P R E S I ~ N INTERMITENTE
VOL. X X V I I I , N.O 4 DE LOS TRONCOS ARTERlALES CEREBRALES
En la arteriografía, con opacificación del cayado aórtico. se observa una es-
tenosis en el nacimiento de la subclavia derecha, un aumento del diámetro y de
la longitud de ambas vertebrales y una ausencia de opacificación de la carótida
izquierda. Pero, como esta carótida es pulsátil. se procedió a su exploración por
punción directa, con inyección retrógrada del contraste. En la arteriografía se
ve que dicha arteria es permeable, aunque disminuida de calibre, y se observa
una imagen sospechosa d e estenosis c n su nacimiento en el cayado.
En la intervención, en los centímetros iniciales de la carótida izquierda a
partir del cayado aórtico, se encuentra una rigidez del vaso que provoca un aco-
damiento, el cual se acentúa extraordina,riamente con la rotación de la cabeza a
la derecha provocando una plicatura (Kinking). Se trató mediante una angio-
plastia con safena aplicada en forma de parche desde la parte vecina de la aor-
t a hasta más allá de la plicatura en la carótida. Terminada la plastia se com-
probó la desaparición del acodamiento y de la plicatura provocada por la rotación
de la cabeza.
Después de la intervención las crisis de isquemia cerebral transitoria no se
repitieron; curando toda manifestación isquémica.
Gaco 3 . O Hombre de 37 años. Refiere que desde hace seis meses presenta
crisis esporádicas de disartria, las cuales se acompañan de parestesias peri-
bucales. Desde hace un mes ha presentado tres crisis claras de vértigo, con
pérdida de equilibrio, acompañadas de diplopia. La última fue seguida de un
período d e horas de incoordinación mental y de irritabilidad. Ocasionalmente,
desde hace dos años, ,presenta accesos, de varias horas de duración, caracteri-
,zados por ,parestesias de la mano y antebrazo derecho; y, con menos frecuencia,
en la mano y antebrazo izquierdo.
A la exploración física no se encuentra pulso en la carótida interna iz-
quierda.
En la arteriografía se aprecia una dolicocarótida interna derecha y una obli-
teración de la carótida interna izquierda. En el lado derecho la carótida interna,
extraordinariamente elongada, describía en la región retromaxilar dos bucles
de 180".
En la intervención quirúrgica se encontró la carótida interna izquierda obli-
terada en toda su extensión. También se observaron dos bucles similares a los
vistos en la arteriografía del lado derecho. A l rotar la cabeza hacia el lado iz-
quierdo se cerraban estos bucles, fo,rmando ,una verdadera plicatura en cada
convexidad. La arteria estaba ocupada por un trombo rojo, en fase bastante
avanzada de organización, que se prolongaba hacia el interior del sifón carotí-
deo, lo que imposibilitó su desobliteración. Debemos recalcar que la pared ar-
teria] parecía totalmente normal, con una ausencia completa de toda lesión que
pudiera recordar a un ateroma. Estos datos nos :hicieron interpretar la oblitera-
ción como una trombosis pura y atribuible a ,la doble plicatura que se formaba
con la rotación de ,la cabeza a la izquierda. Ello nos hace incluir este caso dentro
de este grupo d e compresiones carotídeas.
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Y F. A. VIDAL-BARRAQUER 1976
Comentario
En los tres casos descritos nos ha parecido evidente la acción de la com-
presión. En uno. porque curó con la descompresión, y en los otros porque se
pudo comprobar en el momento operatorio. Asimismo ocurrió en el caso citado
del pequeño aneurisma del sector inicial de la carótida interna. En un caso pare-
ce que la compresión era permanente, pero en los otros tenía carácter intermi-
tente en relación.
Posiblemente la compresión de la carótida debe ser rara.
Si se tiene en cuenta tal posibilidad es probable que se encuentren más
pacientes con una compresión de la carótida que explique su cuadro clínico.
Pero, al contrario de lo que sucede en el territorio carotídeo, en el vertebral la
insuficiencia por compresión extrínseca es frecuente.
Como ya hemos dicho antes, el primero en describir la clínica de esta com-
presión vertebral intermitente fue el italiano Neri. Se caracteriza por la aparición
de síntomas de insuficiencia vértebrobasilar con carácter intermitente. ya que
se desencadenan al ser comprimida una o las dos arterias vertebrales con la
rotación o extensión del cuello. o con los movimientos de abducción de la ex-
tremidad superior.
Hay tres niveles de predileccitn donde la arteria vertebral puede ser com-
primida: la región occípitocervical; la parte media de la columna cervical. cuan-
do la arteria vertebral sube su curso a través de las apófisis transversas; y. fi-
nalmente, en el desfiladero escaleno-costo-clavicular.
En cualquiera de estas regiones una o las dos arterias vertebrales pueden
ser comprimidas y originar el síndrome que nos ocupa. Su curación después de
la liberación quirúrgica de la arteria es la prueba de que verdaderamente la
etiopatogenia de este síndrome es la compresión de la arteria vertebral en
el sitio liberado.
De las tres formas, la que ofrece más interés para el cirujano vascular es la
originada por una compresión en la región escalénica. Las otras quedan un poco
apartadas de nuestra especialidad por tratarse de un trastorno óseo, cuyo tra-
tamiento quiriirgico no es fácil, y por su complejidad, universalmente aceptada.
En cambio, en las formas puras de compresión en la región escalénica su trata-
miento es de una sencillez extraordinaria; y consiste en la simple sección del
escaleno, con lo que el paciente cura.
Este síndrome fue descrito por Powers y es más frecuente de lo que parece.
En él la isquemia vertebral es debida a una malformación vascular del nacimiento
de la vertebral en la subclavia, que topográficamente coincide con el desfiladero
escaleno-costo-clavicular. Estará, por tanto. relacionado con los síndromes cér-
vicoaxilares. En una cuarta parte de los enfermos observados por dichos autores
habían lesiones arteriosclerosas, pero en el resto de los pacientes únicamente
existía la compresión arterial.
En estos pacientes el nacimiento de la arteria vertebral es anómalo. porque
tiene su origen en la cara posterior de la subclavia. y por ello es fácilmente an-
gulada o comprimida. Otras veces nace adosada o conjuntamente con el tronco
tirocervical. Con menos frecuencia emerge directamente de la aorta. Estas ano-
ANGIOLOG~A S ~ N D R O M EPOR C O M P R E S I ~ N INTERMITENTE
VOL. XXVIII, N.O 4 DE LOS TRONCOS ARTERIALES CEREBRALES
malías se observan en el 3 O/O de la población. La existencia de dichas malfor-
maciones hace que al poner en tensión los músculos del cuello, principalmente
el escaleno, sea comprimida la vertebral, sola o junto con la subclavia. Es de
suponer que se presenta cuando coinciden la anomalía vascular con el síndrome
del escaleno o uno de sus afines. La misma frecuencia de la malformación vascu-
lar y la infrecuencia relativa del síndrome explican la rareza de su aparición
cuando no coinciden ambos trastornos.
Es muy posible que la malformación sea asintomática toda la vida, hasta
que una descompensación del hombro o la aparición de una contractura del es-
c a l e n ~ ,secundaria a una espondilartrosis, desencadenen la compresión intermi-
tente. Aun así. puede no originar trastornos si es suficiente la irrigación a
través de ,la otra vertebral y de las carótidas. Por los motivos citados, dicho sin-
drome es más frecuente en la persona de edad avanzada que en el joven, a pesar
de tratarse de una anomalía congénita.
Pero a pesar de esta rareza, el conocimiento de la posibilidad de una com-
presión vertebral nos hace poner alerta sobre aquellos trastornos vagos (deso-
rientación, vértigos, cefalalgias, etc.) que, a veces. acusan los pacientes afectos
de uno de los síndromes cérvicoaxilares y a los cuales concedemos escasa im-
portancia.
La clínica en el síndrome de 'la compresión intermitente de la arteria ver-
tebral viene presidida por la aparición d e crisis esporádicas de insuficiencia
vértebrobasilar, desencadenadas por los movimientos de la cabeza o de las ex-
tremidades superiores.
Los síntomas serán los propios de dicha insuficiencia vértebrobasilar. Los
podemos dividir en varios grupos:
1.O Los vértigos, que pueden ser claros o, en su forma menos aparente,
consistir en una sensación de inseguridad o de pérdida de equilibrio momentá-
neas. Conjuntamente existen nistaamos. los cuales tienen gran valor para el
diagnóstico, como veremos más adelante.
2.O Alteraciones auditivac, como acúfanos o hipocausia.
3 . O Alteraciones visuales, ya sean en forma de fosfenos, visión de rayas
horizontales o visión borrosa, hasta llegar a la diplopía. Pueden aparecer también
amaurosis o reducción del campo visual.
4.0 Aquí incluiremos varios tipos de síntomas, como son cefalalgias, altera-
ciones sensitivas o alteraciones motoras. De entre éstas las más típicas serían
las mdrop-attacksn, con caída brusca al suelo. En realidad son crisis paroxísticas
de paraparesias. En ocasiones existen también trastornos psíquicos, como as-
tenia, depresión, irritabilidad, etc.
Raramente aparecen todos estos síntomas conjuntamente y, en ocasiones,
son muy discretos, con apariencia banal. Según Powers, en dos tercios de los
casos hay cierto grado de sordera de tipo central. Por este motivo y por la pre-
sencia habitual de trastornos visuales. estos pacientes son vistos muchas veces
por el oftalmólogo o por el otorrinolaringólogo. quienes con frecuencia desco-
nocen este síndrome. Pero no siempre es así. El Servicio de Otorrinolaringología
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Y F. A. VIDAL-BARRAQUER 1976
de nuestro Hospital actualmente es una de las fuentes importantes de donde
proceden nuestros pacientes.
Completa e l cuadro clínico la referencia del enfermo a la maniobra que de-
sencadena la crisis. Con la posibilidad, además, de que nosotros la reproduzca-
mos poniendo en tensión el escaleno con la maniobra de Adson o provocando el
pinzamiento costoclavicular desplazando los hombros hacia atrás y hacia abajo.
La descripción que nos hace el paciente tiene con gran frecuencia un as-
pecto pintoresco, que puede ser muy característico, tanto que incluso es este
mismo carácter el que hace e l diagnóstico. Uno de nuestros pacientes, maestra
de escuela primaria. explicaba que no podía escribir o borrar la pizarra porque
toda la clase l e empezaba a dar vueltas. Otra mujer nos decía que no podía
tender la ropa porque al levantar los brazos le sobrevenía vértigo. Otro paciente
relataba que n o podía levantar la cabeza para ver pasar un avión porque se caía
al suelo. Otro nos contaba que al correr la cortina de la ducha con la mano
derecha el cuarto de baño empezaba a dar vueltos. Otros tienen dificultades al
hacer marcha atrás con e l coche. al tener que efectuar la rotación de la cabeza
para mirar hacia detrás. En la mayoría de pacientes le descripción de la manio-
bra o del gesto que desencadena la crisis de vértigo o de inestabilidad suele ser
suficientemente típica para hacer e l diagnóstico. Siempre se trata de movimien-
tos capaces de originar una compresión vertebral.
Además de los datos clínicos descritos. basamos e l diagnóstico de la com-
presión intermitente de la vertebral en el electronistagmograma y la exploración
arteriográfica.
El electronistagmograma nos dirá si los nistasmos son de origen vestibular.
o sea óticos, o bien si son de origen central por insuficiencia vertebrobasilar. La
arteriografía nos permitirá localizar exactamente el nivel de la compresión. cosa
indispensable para orientar la terapéutica. La efectuamos con rotación de la ca-
beza a ambos lados o con hiperabducción de la extremidad. según la causa que
desencadena las crisis.
Según Powers, existe una anomalía en e l nacimiento de la vertebral o en el
nacimiento del tronco tirocervical, que hace que la arteria subclavia sufra una
rotación en el sentido de las agujas del reloj, con lo que la arteria vertebral
puede quedar acodada y, además, ser fácilmente comprimida entre los escalenos.
En la arteriografia podemos apreciar una tortuosidad en la parte inicial de
la vertebral o su nacimiento en la cara posterior de la subclavia.
En estos enfermos, n o siempre hemos encontrado la disposición anatómica
que indica Powers. Consideramos fundamental para la presentación de este sín-
drome la localización del nacimiento de la vertebral en la subclavia en relación
con e l escaleno anterior y con el espacio costoclavicular. Este síndrome sólo
será posible s i la confluencia vertebrosubclavia e s suficientemente dista1 para
ser afectada por aquellas estructuras. En cambio, la compresión no será posible
si la vertebral nace, como sucede con frecuencia, en posición mucho más proxi-
mal, haciendo imposible la compresión de dicha confluencia.
Por otra parte, la compresión puede aparecer, según nuestra experiencia, con
disposiciones distintas de las señaladas por Powers. En ocasiones, la vertebral
ANCIOLOG~A S ~ N D R O M E P O R C O M P R E S I ~ NINTERbfITENTE
VOL. XXVIII. N.O 4 DE LOS TRONCOS ARTERIALES CEREBRALES
nace de la cara superior de la subclavia y, en estos casos, no tiene ninguna im-
portancia la posición del tronco tirocerrvical, pero sí la existencia de tortuosi-
dades muy marcadas de la vertebral y su nacimiento en la región escalénica.
En otros casos el desplazamiento del nacimiento de la vertebral en lugar de
ser hacia la cara posterior de la subclavia era hacia la cara anterior. O sea, no
existía la rotación en el sentido d e las agujas del reloj provocado por la tracción
de un tronco tirocervical que nace de la cara anterior de la subclavia, tal como
señala Powers, sino que existía una rotación antihoraria y, en este caso, pro-
vocada por el nacimiento anómalo de la mamaria interna.
Finalmente el mismo síndrome clínico, desencadenado por los movimientos
de la cabeza o de la extremidad superior, podría ser originado por la compre-
sión de la misma subclavia más proximalmente al nacimiento de la vertebral.
Generalmente existe una estenosis intrínseca de esta arteria que permite que
la compresión pueda fácilmente ocluir el vaso.
El tratamiento de la compresión intermitente de la vertebral, si es en la
región escalénica, acostumbra a ser muy sencillo. Consiste en la liberación del
confluente subclavio-vertebral, la cual comporta la sección del escaleno anterior.
Muchas veces con esto es suficiente. Powers aconseja la sección del tronco tiro-
cervical, cosa que hemos hecho siempre que hemos creído que dicha rama podía
influir en la compresión de la vertebral.
En dos ocasiones hemos seccionado la mamaria interna, ya que en estos
casos parecía que era la mamaria el agente causal de una rotación antihoraria
de la subclavia, con un desplazamiento del nacimiento d e la vertebral hacia la
cara anterior de dicha subclavia.
En otras ocasiones no hemos visto el desplazamiento posterior ni anterior
del nacimiento de la subclavia. En cambio, sí la presencia de una tortuosidad
importante en el tramo inicial de la vertebral, la cual puede ser causa de su
acodamiento, que se acentúa con la rotación de la cabeza y quizá con la contrac-
ción del escaleno.
El tratamiento de estos pacientes, además de la liberación de la vertebral,
puede requerir una corrección de la tortuosidad. En algunos lo hemos hecho
acortando la arteria subclavia y en otros mediante el abocamiento en la sub.
clavia de todo el sector de la vertebral adosado a aquella arteria.
En otro paciente el síndrome era debido a un acodamiento, pero no de ja
vertebral sino de la subclavia derecha a nivel de su nacimiento en el tronco
braquicefálico, lugar donde existía una estenosis filiforme que hacía fácil una
compresión, posiblemente por acodamiento. Curó totalmente con un injerto ve-
noso carotidosubclavio.
De los quince casos operados han curado trece, habiendo mejorado diver-
samente los dos restantes.
En resumen, creemos que la arteria vertebral puede ser comprimida en la
región escalénica o costoclavicular cuando las condiciones anatómicas se pres-
tan a ello, como es el nacimiento de la vertebral en las proximidades del esca-
leno enterior, sobre todo si, además, dicha confluencia arteria1 es desplazada
F. VIDAL-BARRAOUER, M . LERMA, X. COT, P. QUINTANA JULIO-AGOSTO
Y P. A. VIDAL-BARRAOUER 1976
hacia la cara posterior o ante.rior de la subclavia o bien si existen tortuosidades
importantes en el sector proximal de la arteria vertebral.
Generalmente, la presunción diagnóstica es fáci.1 por el simple interrogatorio
del paciente. La confirmación de dicho diagnóstico deberemos buscarla primero
con el electronistagmograma y después con la arteriografía.
El tratamiento acostumbra a ser sencillo y los resultados suelen ser bri-
llantes.
Los síndromes isquémicos crónicos encefálicos por lesión intrínseca de las
arterias del cuello son conocidos y su indicación terapéutica perfectamente re-
glada. Pero, además, existen cuadros clínicos similares por compresión vascular
extrínseca de aquellos vasos. Son muy poco conocidos, por lo que no acostum-
bran a ser diagnosticados. Los más frecuentes son 'los que afectan a la arteria
vertebral y por sus manifestaciones acostumbran a acudir a la consulta del
otorrinolaringólogo o del oftalmólogo. Su tratamiento debe ser quirúrgico y con-
siste en la supresión de la anomalía causante de la compresión.
Apart from encephalic ehronic ischemic syndroms by intrinsec lesions of
the arteries of the neck, there are others not well-known dues, in general, to
the vertebral arteries. Three cases, symptoms and comments are exposed. Su.r-
gical treatment is recommended.