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Fiona Davenport - Serie Yeah, Baby 03 - Baby, Dont' Go

La novela 'Síndrome de Lectura Compulsiva' sigue la historia de Jack Halston y Ellison Reed, quienes enfrentan la transición de amigos a amantes tras un embarazo accidental. A medida que su relación se profundiza, Jack lucha con sus sentimientos y la idea de perder a Ellison ante otro hombre. La trama explora la química entre ellos y los desafíos de establecer una relación romántica en medio de sus vidas profesionales como cirujanos.

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Fiona Davenport - Serie Yeah, Baby 03 - Baby, Dont' Go

La novela 'Síndrome de Lectura Compulsiva' sigue la historia de Jack Halston y Ellison Reed, quienes enfrentan la transición de amigos a amantes tras un embarazo accidental. A medida que su relación se profundiza, Jack lucha con sus sentimientos y la idea de perder a Ellison ante otro hombre. La trama explora la química entre ellos y los desafíos de establecer una relación romántica en medio de sus vidas profesionales como cirujanos.

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DISFRUTA de la lectura

EQUIPO
Moderación

Síndrome de Lectura Compulsiva

Traducción

Andreina

Ecberm

Lapislázuli

Corrección

Valentina

Danita

Diseño

Lapislázuli
Contenido
Sinopsis

Capítulo 1

Capitulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Epílogo

Escena Extra: ¡Un Cachorro!

Créditos
Sinopsis
Regla para los chicos #3: No sexo en la zona de amigos

La vida de Jack Halston cambió cuando su mejor amigo se casó con


su hermana. Comenzó a salir solo más a menudo, especialmente una vez
que nacieron su sobrina y sobrino. Le hizo volver a reexaminar su vida y
considerar la posibilidad de establecerse. Pero encontrar a la mujer
adecuada no es tarea fácil, a menos que sea ella quien haya llenado el
hueco que su mejor amigo dejo atrás.

Ellison Reed disfrutó de su largo coqueteo laboral con Jack. Cuando


su amistad se profundizó con el tiempo, ella hizo todo lo posible para
ignorar la química que chisporroteaba cada vez que estaba cerca... hasta
la noche en que las tendencias posesivas de Jack explotaron y reclamó a la
mujer que era suya. Antes de que alguien más pudiera.

Un embarazo accidental entre dos cirujanos que deberían haberlo


sabido mejor. Una oferta de trabajo en otro estado que para Ellison sería
una locura rechazar. Lástima que el camino de amigos a amantes es tan
complicado.

Advertencia: Esta novela contiene un sexy alfa, un amor


instantáneo, y un bebé ¡oops! Es rápido, caliente y sucio.

Esta es la tercera novela de la serie Yeah, Baby, pero cada historia se


puede leer de forma independiente y presenta una pareja diferente.
1
Jack

Traducido por Lapislázuli


Corregido por Valentina

—¡Hola, Ellie! —grité mientras corría por los estériles pasillos del
hospital. Una bata blanca y cola de caballo marrón oscuro simplemente
habían desaparecido a la vuelta de la esquina. Cuando llegué a la curva,
choque con ella, lo que provocó que los dos cayéramos al suelo. La atrape
antes de caer, por lo que cayó sobre mí. Suaves senos se presionan contra
mi pecho, hebras de cabello lacio color caramelo me hacen cosquillas en la
barbilla, y una dulce cara me sonríe mientras sus ojos marrones bailan
con diversión.

—Eres bastante torpe para ser un cirujano, bebe —se ríe, luego
golpea ligeramente mi hombro— Y, ¿dejarías de llamarme Ellie?

El gesto trajo calidez a mi pecho y su risa comenzó a zumbar en el


área de mi polla. Empujé ambos sentimientos lejos. Ellison Reed era mi
amiga. De hecho, ya que mi mejor amigo había embarazado y se había
casado con mi hermana, Ellie (no, no dejaría de llamarla así) básicamente
había ocupado su lugar.
Se pone de pie de un salto y la sigo, mi propia sonrisa de diversión
se refleja en mi cara. —No sé de qué está hablando, Dra. Reed… Usted
tropezó conmigo.

Ellison resopla. —Lo deseas

Sí. Lo deseaba, pero no estaba dispuesto a admitirlo en voz alta.


Alcé una ceja. —¿Eso crees?

sacudió su cabeza. —Bueno, ya que tu inflada novia se deshinchó...

Me pellizqué la nariz. —Graciosa, graciosa.

Guiñándome un ojo, hizo una reverencia. —Gracias.

Maldición, era adorable. O, ya sabes, linda. Como una amiga. —


Muy bien, Dra. Comediante, tengo una cirugía en media hora, pero quería
ver si todavía tenemos noche de cine en mi casa.

—Mi última cita debería ser a las cinco, así que me ducharé y
recogeré comida china en el camino. Debería estar allí a las seis.

—Y nada de toda la basura vegetal que obtuviste la última vez. ¡Soy


un niño en crecimiento, necesito carne, mujer! —Su cola de caballo se
balancea y no pude resistirme a tirar de ella antes de alejarme, su risa me
siguió y me trajo esos malditos hormigueos.

Ellison y yo habíamos trabajado juntos de vez en cuando en los


últimos dos años. Era cirujana general pediátrica y cuando sus pacientes
necesitaban un especialista en cirugía vascular pediátrica, generalmente
me solicitaba. Sin embargo, hace unos meses, nos encontramos con un
caso difícil y terminamos trabajando largas horas juntos. Comenzamos a
darnos cuenta de que teníamos mucho en común, un amor por las
películas de terror, la comida tailandesa, la música de los ochenta y el
béisbol. Cuando Wyatt tuvo que cancelar un juego de béisbol conmigo,
invité a Ellison. A partir de ahí, las cosas despegaron y hemos sido
inseparables desde entonces.

Siempre me había sentido atraído por ella, pero la amistad que


habíamos desarrollado era importante para mí y decidí nunca cruzar la
línea de la “zona de amigos”. Las noches de los viernes se convirtieron en
noches de cine para nosotros y la mayoría de las semanas estaba
deseando ese día para relajarme con ella, una cerveza fría y una película
de terror de la lista B.

Pasé la tarde con un caso difícil, y cuando terminé la cirugía, estaba


muy tenso por el estrés y la preocupación.

—Quiero actualizaciones cada hora durante las próximas cuatro


horas —dije a mi enfermera cuando terminé de escribir las órdenes de
Heather. Tenía solo seis años y estaba en estado crítico—. Entonces quiero
otra actualización cada cuatro horas a partir de entonces.

—No hay problema, Dr. Halston. —Terminó de conectar la IV de


Heather y me siguió desde la pequeña habitación en la UCI, los dos nos
detuvimos en la estación de enfermería para dejar el papeleo.

Me puse ropa informal en el vestuario y arrojé mis exfoliantes en una


papelera al salir por la puerta. Al entrar en el estacionamiento de
empleados, me acerqué a mi Mercedes convertible y abrí la cerradura
remota. Al entrar, bajé la cubierta y conduje hacia la cálida tarde de
verano. De camino a casa, me detuve en la tienda a comprar cerveza y un
cartón de Moose Tracks, el helado favorito de Ellison. Cuando llegué a mi
casa, me estacioné en el garaje para cuatro autos y estacioné al lado de mi
Ducati. Llevando todo adentro, guardé los comestibles y me metí en la
ducha, limpiando la mugre y algo del estrés del día. Después, me vestí con
un viejo par de jeans cómodos y una camiseta gris, pero me quedé
descalzo, disfrutando de la sensación de mi alfombra suave y lujosa en mis
pies.

Saqué mi edredón de la cama y lo llevé al sofá, sabiendo que Ellie


tendría frío y eventualmente me lo pediría, y lo arrojé a uno de los sofás de
mi sala de cine. Revisé mi teléfono para obtener una actualización de mi
paciente y me complació saber que estaba mejorando. Cuando sonó el
timbre, caminé por el pasillo y entré en mi gran entrada, a la puerta
principal y giré la manija. Al abrirlo, encontré a Ellison sosteniendo bolsas
de plástico en una mano y comiendo un rollo de huevo con la otra. Sus
gruesos labios se cerraron alrededor de la cilíndrica comida y luché contra
un gemido cuando de repente imaginé esos gruesos labios alrededor de
una parte de mi cuerpo de forma similar.

Necesitas echar un polvo, amigo.

Claramente, seis meses de celibato había puesto mis jodidas


hormonas a toda marcha. No ayudó mucho verla usando pantalones de
yoga que se ajustaban a sus finas piernas y culo, y una camiseta grande
que colgaba de un hombro, revelando una correa de sujetador púrpura
brillante.

—Sera mejor que no sea mi rollo de huevo —gruñí juguetonamente.


Sus ojos se abrieron con inocente sorpresa mientras daba otro mordisco.

—¿Querías uno? —Se metió el último trozo en la boca y masticó


lentamente. Puse los ojos en blanco y retrocedí, permitiéndole entrar.

—Sin embargo, te salvé los rangoons de cangrejo. —Arrojó sobre su


hombro.

Sentí mi cara arrugarse en una mueca de asco, odiaba los mariscos.


—Muy divertido, Ellie. Ahora, dame mi comida.

Puso las bolsas en la mesa mientras yo agarraba platos y cubiertos,


llevándoselos. Cenamos nuestra comida, me quejé sobre el arroz frito con
verduras y luego tomamos una cerveza y nos dirigimos a mi sala de cine,
sentándonos en un sofá para ver nuestra película. Ellie terminó dos platos
de comida y me pregunté, no por primera vez, dónde lo puso todo. Media
apenas 1,61m y no pesaba más de cincuenta kilos. Una imagen que he
imaginado un millón de veces. Agarré nuestros platos, los llevé a la cocina
y regresé para encontrar que se había apoderado de mi sofá. Como
siempre.

Estaba envuelta en la manta que había traído para ella por lo que
levanté sus pies cubiertos, para poder sentarme en mi extremo del sofá y
dejarlos caer en mi regazo. Estaban peligrosamente cerca de mi polla y ella
definitivamente se había dado cuenta. Me concentré en la película,
decidido a olvidar su cuerpo sexy y la proximidad de sus pies pequeños y
hermosos a mi erección. En un momento, corrió un dedo del pie por la
pierna opuesta, probablemente rascándose, pero era sexy como el infierno,
y tuve que apretar los puños para evitar seguir el camino de su pie con mis
manos. Luego se movió y cuando rozó mi polla dura como la mierda, casi
me vine en los pantalones en ese mismo momento. Si notó el bulto en mi
entrepierna, no lo mencionó y yo no iba a hablar. En general, era una
jodida agonía.

Logré superarlo, pero cuando los créditos comenzaron a rodar, salté,


casi tirándola al suelo.

—¡Hey! —gritó mientras se sostiene.

—Lo siento, necesito un poco de... um... ¡helado! —Me apresuré a la


cocina y abrí el congelador, disfrutando del aire fresco. Serví los platos y
regresé a la sala de estar, entregándole el suyo y tomando asiento en mi
sillón reclinable de cuero negro.

—¿Lista para la secuela? —pregunté mientras apuntaba el DVD.

Lamió su cuchara y dejó escapar un pequeño gemido de deleite.


¡Mierda! Ok, estúpida elección de palabras.

—Seguro. Aunque, no estoy segura de si puedo durar toda la


película.

La miré sorprendido. —Sabes que puedes quedarte aquí si es


demasiado tarde o si quieres tomar un par de cervezas.
Asintió con aire ausente, sin dejar de cavar en su helado, en busca
de pequeños trozos de mantequilla de maní. —Sí, lo sé. No es eso. Tengo
una cita temprano mañana.

Algo dentro de mí comenzó a arder, una ira irracional en


construcción. Su cita estaba acortando mi tiempo con ella, bastardo.

—¿Qué tipo de cita tiene lugar un sábado por la mañana? —


murmure retóricamente.

—El me llevará a caballo y quiere comenzar temprano antes de que


haga mucho calor. —Ella no parecía particularmente entusiasmada con la
cita, lo que calmó un poco mi ira. ¿Por qué estaba enojado? ¿Qué coño me
pasaba? Estaba siendo ridículo.

—Parece que es un esnob pretencioso, presumiendo.

Ellison se rió de mi comentario, dándome una mirada fulminante. —


Disculpa, pero ¿no tienes caballos, Jack?

—Eso es diferente —resoplé—. Somos amigos. Te llevaría a caballo si


quisieras ir. Pero, ¿llevar a una mujer a caballo para una primera cita?
Qué friki.

Fue el turno de Ellison de poner los ojos en blanco y murmurar—:


¿Qué demonios te pasa hoy?

—Nada. Creo que no deberías perder el tiempo con perdedores y este


tipo obviamente está tratando de meterse en tus pantalones arrojándote su
dinero en la cara.
—¿Qué? Jack, en serio, ¿qué te pasa esta noche? —Ellison se
levantó y salió de la habitación. La seguí a un ritmo lento, confundido por
mi propio comportamiento y haber perdido el apetito. La encontré en la
cocina, cargando todos nuestros platos en el lavavajillas.

—Lo siento —murmuré—. Mal día, supongo.

Suspiró. —Sí, estoy fuera...

Sentí algo parecido al pánico que se arrastraba por mi pecho. No


podía dejarla salir por la puerta, porque eso significaría que iría a una cita
mañana por la mañana. No podía dejar que sucediera, simplemente no
podía. Me sorprendió mi reacción y no sabía qué hacer con ella. Antes de
que pudiera responder, Ellison había salido de la habitación. Troté hacia la
entrada para encontrarla agarrando sus llaves y su teléfono celular del
tazón de vidrio en la mesita de mármol junto al armario de abrigos.

Me quedé allí, mirando, con los brazos colgando a los costados, sin
saber qué hacer o decir. Ella me miró con una media sonrisa mientras se
ponía sus zapatillas y se dirigía a la puerta.

Me uní a ella y puse mi mano sobre la puerta para mantenerla


cerrada. —¿Te veré el domingo para el desayuno? —pregunté
tentativamente.

—Oh, lo siento. Olvidé decirte que me llevará a una cabaña junto a


un lago para pasar la noche. Es por eso que queremos seguir el camino
antes de que el calor sea insoportable.
—Tu... um —gruñí cuando algo comenzó a ahogarme—. ¿Tu cita es
de la noche a la mañana? ¿Cómo, pasar la noche con él, en la cabaña,
solos?

Ellison me miró con curiosidad. —Sí.

No. De ninguna manera en el infierno estaba sucediendo eso.

La opresión en mi pecho y garganta se rompió y una oleada de


adrenalina, lujuria y necesidad incontrolable atravesó mi cuerpo como si
una presa se hubiera roto. Mi mano ahuecó la parte posterior de su cuello,
la otra la agarró por la cintura y la apretó contra mi cuerpo, mi boca
cerrándose sobre la de ella.
2
Ellison

Traducido por Lapislázuli


Corregido por Valentina

Jadeé sorprendida cuando la lengua de Jack se deslizó dentro de mi


boca. Se enredó con la mía mientras me devoraba, besándome como
siempre había supuesto que lo haría en las raras ocasiones en que
permitía que mis pensamientos vagaran en esa dirección. Jack Halston era
un sexy demonio. Lo supe desde el primer momento en que lo vi, como lo
hizo cada mujer. Con 1,88m, con un cuerpo tonificado que mostraba que
hacía ejercicio durante sus horas libres, cabello oscuro que parecía que
acababa de salir de la cama, y los ojos color chocolate que siempre
parecían sonreír, era imposible de perder. Al principio, estaba feliz de que
él fuera mi coqueteo de trabajo cuando nuestros caminos se cruzaban en
un caso compartido. No nos veíamos con la frecuencia suficiente para que
fuera incómodo, y disfruté la pequeña emoción que tuve por la forma en
que bromeábamos de un lado a otro.

Coquetear con Jack me ofreció una distracción traviesa, pero sabía


que nunca saldría nada de eso. Jack tenía una regla sobre no acostarse
con nadie del hospital, un hecho lamentado durante mucho tiempo por la
gran mayoría del personal femenino que habría dado casi cualquier cosa
para que él la rompiera. No había forma de que fuera yo quien lo obligara a
tirar su libro de reglas por la ventana. Cuando nuestra amistad se
profundizó hace unos meses, la pequeña posibilidad que tuve de ver a
Jack desnudo se hizo aún menos probable porque pasamos de ser
compañeros de trabajo a amigos. Si un tipo como Jack no se acostaba con
sus compañeros de trabajo, entonces definitivamente no fastidiaba a
ninguna de sus amigas. Un hecho que me había recordado cada vez que
me despertaba de los sueños sobre todas las cosas que le haría si alguna
vez tuviera la oportunidad.

No iba a desperdiciar una oportunidad como esta. Alejándome de


todos los pensamientos sobre lo que podría pasarle a nuestra amistad si
tomo otro camino, solté mis llaves y mi teléfono y me deleité con la
sensación de sus labios sobre los míos.

—A la mierda —gimió en mi boca—. Ya terminé de interpretar al


buen tipo, tratando de ignorar lo duro me pones porque eres mi amiga y
compañera de trabajo. Cómo has hecho que sea imposible para mí incluso
mirar a otra mujer sin compararla contigo.

Espera ¿Su reciente sequia se debió a mí? Porque definitivamente


podría echarle la culpa a la mía. Fue difícil encontrar un chico que
estuviera a la altura de mis sueños con Jack. Finalmente me convencí de
aceptar esta cita con un chico que me había preguntado una docena de
veces cada vez que me encontraba con él en el gimnasio. La única razón
por la que dije que sí era porque me di cuenta de que en algún momento
tendría que oír hablar de los encuentros de Jack con otra mujer.
—No voy a dejar que salgas por esa puerta, sabiendo que estarás con
un imbécil este fin de semana. El no toca lo que es mío —gruñó, haciendo
que mi coño temblara por la posesividad en su tono.

—¿Y qué es lo que exactamente consideras tuyo? —Sí, esa era mi voz
ronca, burlándose de él con mi pregunta cuando ambos sabíamos a qué se
refería. No pude evitarlo. Había comenzado esto, y quería asegurarme de
que lo hubiera terminado.

Me llevó más cerca de la puerta, su duro pecho presionado contra el


mío mientras sus grandes manos me sujetaban las caderas. Mi corazón se
acelera cuando sus labios trazaron un camino a lo largo de mi mejilla y
hasta mi oreja. Su aliento era cálido cuando respondió a mi pregunta, sus
dedos se apretaron sobre mí. —Eres mía.

—Ah, ¿sí? —Respiré—. Demuéstralo, bebe.

—Me encanta cuando me llamas bebe. —Su voz era oscura y


peligrosa, sin ninguna de las burlas que siempre había entre nosotros—. Y
no puedo esperar para demostrar lo que es mío.

Sonaba como un gran plan. —Sí, por favor.

—Mirar tus curvas sin poder tocarlas es pura tortura. —Su mano se
levantó de mi cadera, a lo largo de la curva de mi cintura y mi costado
hasta que descansaba debajo de una de mis tetas. Mis pezones se
crisparon cuando su pulgar se alzó. Su otra mano apretó mi cadera,
sosteniéndome firmemente contra su polla mientras sus caderas se
flexionaban y presionaban su longitud contra mí—. ¿Ves lo que me haces?
Estoy caminando duro cuando estás cerca.

—Tal vez deberíamos hacer algo al respecto —murmuré, pasando


mis manos por su espalda, sus músculos se reúnen debajo de mis dedos.

—No hasta que tenga mi gusto de ti.

Se dejó caer de rodillas, empujando mis pantalones y bragas de yoga


por mis piernas, rompiéndolos y tomando mis zapatillas. Él amplió mis
piernas y sin previo aviso, dos dedos se hundieron en mí. Su pulgar se
quedó en mi clítoris, frotando en círculos.

Gemí, montando su mano mientras sus dedos trabajaban dentro y


fuera de mí, mirando su cabeza oscura mientras su cuerpo se flexionaba
con cada empuje de sus dedos. Todo pensamiento coherente salió de mi
cerebro cuando se inclinó hacia adelante y reemplazó su pulgar con sus
labios en mi clítoris. Alternando entre chupar y lamer, nunca dejando de
meter sus dos dedos en mí.

—Estoy tan cerca —grité, mi cuerpo tensó cuando chupó mi clítoris


con fuerza y me mordió suavemente. El intenso placer rasgó mi cuerpo,
mis caderas se sacudieron contra él. Sacó sus dedos de mí y deslizó su
lengua tan profundo como pudo, jodiéndome a través de mi orgasmo
mientras montaba su rostro.

Se puso de pie, manteniendo una mano en mi cintura para


estabilizarme. Estaba aturdida por mi clímax, mis ojos incapaces de
concentrarse en verlo hurgando con su cremallera para liberar su polla.
—Dime que me quieres dentro de ti —No esperó mi respuesta, sus
labios chocaron contra los míos una vez más. Me probé en él, nuestros
sabores mezclados—. Por favor, Ellie —susurró contra mi boca.

—Sí. —Mi respuesta se convirtió en un jadeo cuando sus manos


agarraron la parte posterior de mis muslos para levantarme. Mis piernas
se envolvieron alrededor de sus caderas, alineándonos perfectamente. Se
condujo dentro de mí con un poderoso empujón, mi espalda golpeando
contra la puerta.

Dejó caer su frente sobre la mía, sus ojos marrones parecían aún
más oscuros por el deseo. Mi coño se apretó en respuesta al brillo posesivo
en ellos. Mi cerebro podría no estar seguro de lo que estaba sucediendo
exactamente entre nosotros, pero mi cuerpo parecía estar más que bien
para seguir el ritmo y disfrutar del viaje.

—Esta primera vez, sé que debería ser amable. Lo siento, no puedo


serlo —gimió, apretando sus caderas contra mí y empujando su polla aún
más profundo—. He esperado demasiado y te quiero demasiado, pero juro
que lo haré bien para ti, mi Ellie.

—Es más que bueno así. —Prometí—.Tómame, bebe.

—Tan jodidamente perfecta —Su voz era áspera contra mi cuello


cuando envolví mis brazos alrededor de sus hombros e intenté mover mis
caderas. Su agarre sobre mí se apretó aún más, hasta el punto de que iba
a tener moretones por la mañana. Marcas que usaría con orgullo como un
recordatorio de nuestra noche juntos.
Se retiró y luego vuelve a entrar. Una y otra vez mientras me
sostiene inmóvil contra la pared y me folla. Lentamente al principio y luego
su ritmo se acelera, empujándome más cerca del borde. Jadeando cada vez
que me golpea, mis gritos resonando entre nosotros.

—Vente para mí —gruñó—, Necesito sentir tu apretado coño


estrangulando mi polla.

Me rompo, gimiendo ruidosamente mientras mi cuerpo convulsiona


a su alrededor. Mi coño revoloteando, mis piernas temblando en sus
caderas y mis brazos apretándose alrededor de su cuello. Mi orgasmo fue
enorme. Juro que vi estrellas.

—Lo más caliente que he visto —gimió—. Solo verte así es suficiente
para hacerme venir también.

Su cuerpo se estremeció cuando demostró que sus palabras eran


ciertas. Se vino caliente y duro, profundamente dentro de mí mientras
temblaba. Sus caderas se empujaron más profundamente, llevándolo más
adentro en mí, mientras que su semen me llena y se vierte por mis muslos.

—Joder —siseó—. Te sientes tan bien, Ellie.

Se sintió mejor que bien dentro de mí. Por supuesto que lo hizo. No
fue solo porque encajamos perfectamente, casi como si su polla hubiera
sido hecha para llenarme. No, se sintió más que increíble porque habíamos
hecho algo que nunca había hecho antes. Jack me había llenado desnudo.
Sin protección de ningún tipo porque no estaba tomando anticonceptivos,
no lo había estado desde que era adolescente y descubrí que no
reaccionaba bien a las hormonas. Éramos médicos, por el amor de Dios.
Ambos conocíamos los riesgos mejor que la mayoría de las personas, y sin
embargo, la idea de decirle que usara un condón no había pasado por mi
mente. Ni una sola vez. ¿Qué diablos pasaría con eso?
3
Jack

Traducido por Andreina


Corregido por Valentina

Había soñado con follar a Ellison tantas veces, despertando en un


sudor frío, a punto de venirme noche tras noche. Ni siquiera se acercó a lo
real. Apenas podía respirar. Mi corazón latía muy fuerte, y aunque me
sentí saciado por el alivio de finalmente tenerla, también alimentó mi
obsesión. Mi polla aún estaba dura como una roca, enguantada por el
calor de su coño.

Mis manos se movieron de sus caderas a su culo regordete y


delicioso, y rápidamente la acompañé a la parte trasera de la casa y a mi
habitación, sin perder la conexión. Bajándola suavemente hacia la cama,
me escabullí, su pequeño maullido de protesta endureció mi polla aún
más, a pesar de haberme vaciado en ella. Me rasgué la camiseta por la
cabeza y dejé caer mis jeans y bóxer al piso antes de reunirse con ella en la
cama nuevamente. La ayudé a levantarse y quitarse la camisa, arrojándola
al azar porque mis ojos estaban pegados a sus tetas, observando cómo los
globos llenos de seda púrpura subían y bajaban mientras jadeaba con
excitación.
Mis manos se deslizaron por sus costados y sobre su vientre plano,
hasta ahuecar sus tetas. Llenaron mis palmas perfectamente y las apreté,
casi rompiéndome al oír el gemido de Ellison. Alcancé una mano debajo de
su espalda y abrí el broche. El sujetador se aflojó y sus tetas se
derramaron, sus pezones rosados oscuros grandes y erectos, rogando por
mi boca.

—Eres jodidamente hermosa, Ellie —rugí antes de tomar un pico en


mi boca. Sabían dulce, y los lamí y los chupé como una piruleta hasta que
Ellison se retorció, sus manos con puños agarraron las mantas.

Podía sentir algo pegajoso interponerse entre nosotros y decidí vivir


la fantasía de mi mujer empapada. En más de un sentido. —Vamos a
ducharnos, bebé.

Me miró, sonreí y la besé. —Prometo que será la mejor ducha que


jamás hayas tenido.

Levantó una ceja y mi sonrisa se ensanchó. —Sí, definitivamente


quise decirlo en ambos sentidos.

Se rió y la alcé de la cama, levantándola en mis brazos, para llevarla


al baño mientras se aferraba a mí, brazos y piernas bloqueadas alrededor
de mi cuerpo. La acomodé en el mostrador y entré en mi espaciosa ducha
de mármol, abrí el agua y esperé que se calentara a la temperatura
perfecta.

Luego volví a ella y la levanté, su cuerpo una vez más se envolvió a


mí alrededor. Me puse debajo del chorro y ella gimió de placer.
—Ellie, bebé, sigues haciendo ruidos como ese y te encontrarás
jodida contra una segunda pared esta noche.

—¿Lo prometes? —preguntó ella, su voz susurrando suavemente,


bañando la concha de mi oído en su cálido aliento. Estaba tentado, muy
tentado, pero había algo más que quería más.

Me lavé las manos y la enjaboné de pies a cabeza, mi control se puso


a prueba severamente cuando ella me hizo lo mismo. Después de
enjuagarnos, agarré su cintura y jalé su suave cuerpo hacia mí.

—Ahora —murmuré contra su piel mientras besaba mi cuerpo—.


Sobre tu miel. —Me puse de rodillas y anhelé el brillante coñito rosado que
se exhibía. Riachuelos de agua corrían por sus piernas y tenía que saber si
la humedad era de la ducha. Separé sus pliegues e inmediatamente le di
un lamido largo y lento. El sabor de la miel estalló en mi lengua y gruñí
antes de atacar su coño. Mi lengua y mis dientes se pusieron a trabajar,
elevando a mi Ellie hasta que ella estaba llorando.

Añadiendo dedos a la mezcla ella gritó mi nombre cuando se hizo


añicos. Me puse de pie de un salto, la giré, puse sus manos en la pared y
empujé en su coño que todavía latía con su orgasmo. —Joder, bebé. Te
sientes tan bien. —Saqué un poco sus caderas e incliné su coño,
conduciéndome más profundo antes de que ella pudiera bajar de la cima, y
se volviera a venir—. Quiero otro, Ellie. Vamos nena. Llévame profundo. —
Empujé cada vez más fuerte hasta que le saqué un tercer orgasmo y
finalmente permití venirme. Estaba sacudiendo mi puto mundo.
Después de haber logrado recuperar el aliento, pasé una mano de su
cadera hacia abajo para ahuecar su coño. Sentí una espesa humedad salir
y cubrir mis dedos. Sacando mi mano de entre sus piernas, la miré
cubierta de semen.

¿Qué carajo acabo de hacer?

Había cogido a Ellie sin protección. Dos veces. ¡Hijo de puta!

Tendríamos que hablar al respecto, pero necesitaba tiempo para


procesar esto, así que aún no dije nada. Parecía estar en una bruma,
exhausta y saciada. Me encantaba la expresión de su cara. Me devolvió el
calor a mi pecho. Nos enjuagué a los dos y cerré el agua antes de salir a la
baldosa calentada. Agarrando dos toallas, envolví una al alrededor de mi
cintura, luego suavemente sequé a Ellie. Levantándola a mis brazos, la
llevé a mi gran cama y la ayudé a deslizarse debajo de las sábanas, antes
de ir al otro lado, trepar y tirar de ella hacia mis brazos. Su cabeza
descansaba sobre mi hombro y suspiró, deslizando su mano sobre mi
estómago y descansando sobre mi esternón.

Abrazándola, contemplé nuestras circunstancias. Por una


conversación previa, supe que no estaba tomando ningún tipo de
anticonceptivo debido a las reacciones adversas que había experimentado.
No tenía la intención de actuar según la química entre nosotros, pero
ahora que lo había hecho, no había manera de que la dejara ir. Quería
esto, tenerla en mi cama todas las noches, para siempre. La imaginé
caminando por un pasillo cubierto de flores con un vestido blanco y no
sentí nada más que necesidad y deseo, mientras que esperaba entrar en
pánico. La imagen se transformó en una imagen de Ellison con el vientre
hinchado, su sonrisa brillante, y me emocioné.

Esto podría ser la bala de plata. Quería una familia, especialmente


después de pasar tiempo con mi hermana, su esposo y sus gemelos. Había
empezado a considerar seriamente establecerme. Después de ceder a las
ansias de mi cuerpo por Ellie, me di cuenta de que definitivamente quería
esas cosas, pero solo con ella. Un bebé consolidaría nuestro compromiso
mutuo. Ella era mía y todos lo sabrían.

Mientras más lo pensaba, la idea creció hasta que estuve decidido a


hacerlo realidad. A la mierda los condones, si Ellie no estaba embarazada,
me aseguraría de que lo estuviera lo antes posible. Hacerla mudarse de
inmediato fue el primer paso para abordar. En ese curso de acción, me
quedé dormido con una sonrisa en mi rostro y soñé con mi futuro perfecto.

***

A la mañana siguiente, me desperté lentamente, la alegría me cubrió


mientras pasaba mis manos por la carne suave de mi mujer envuelta en
mis brazos. Ella se movió y miré hacia abajo para ver sus ojos revolotearse
y luego ampliarse cuando levanto su cabeza, mirando a su alrededor con
algo parecido al pánico. Fruncí el ceño, frustrado porque aparentemente
no sentía el mismo nivel de satisfacción al despertar conmigo. Lentamente
se levantó sobre un codo y giró para encontrarse con mi mirada. El pánico
había disminuido, pero había sido reemplazado por la cautela.

—Buenos días, hermosa —ronroneé, el dorso de mi mano bajando


por su mejilla antes de empujar su cabello hacia atrás detrás de la oreja.
Mis palabras parecieron derretir algo de la cautela y la tensión en sus
hombros disminuyó. Ella me sonrió, casi con timidez, y fue tan adorable
que tuve que besarla. Poniendo mis manos sobre su torso, la levanté para
presionar mis labios contra los de ella.

Mi erección matutina se volvió repentinamente dura como un bate


de béisbol y fruncí el ceño cuando ella se retiró. Sonrió de nuevo y me
suavicé al verlo, preguntándome si ella siempre tendría el mismo efecto en
mí.

—Buenos días —susurró. Se movió y vi un pequeño respingo,


preocupándome.

—¿Estás dolorida, bebé? Probablemente no debería haberte tomado


tan duro anoche.

Sus mejillas se volvieron de un dulce tono rosado. —Um, un poco. —


Me guiñó un ojo—. Esa máquina de guerra que llamas polla es más grande
de lo que estoy acostumbrada. —Se burló de mí—. No dejes que eso se te
suba a la cabeza, bebe. Ya te cuesta bastante atravesar las puertas como
está.

Me reí y la envolví en un abrazo.

La amaba.

¿Qué?

Me alegré de que no pudiera ver mi cara en este momento. Estoy


seguro de que parecía un ciervo con los faros delanteros. Santo cielo
¿Cuándo había pasado? Estaba tan enamorado de ella. Solo necesitaba
que se enamorara de mí también. No había otra opción.

—¿Por qué no te metes en la ducha, bebé? Nos prepararé un


desayuno.

Me hizo un puchero y yo me reí. —Si me ducho contigo, estarás aún


más dolorida.

Con un rápido beso en sus labios, me deslicé hasta el borde de la


cama y me puse de pie. Agarrando mi teléfono celular, revisé mis mensajes
en busca de noticias sobre Heather mientras buscaba mis bóxers y recogía
toda nuestra ropa dispersa, arrojándola al cesto.

—¡Hey! —protestó Ellie—. No tengo otra ropa aquí, cariño.

Abrí un cajón y le arrojé una camiseta y unos bóxers limpios. Ella


los atrapó y frunció el ceño. —No puedo ir a casa en esto.

Alcé una ceja. —¿Quién dijo que te ibas?

—Necesito ir a casa —murmuro

No respondí hasta que casi estaba fuera de la puerta y luego


murmuré lo suficientemente fuerte como para que ella oyera—: Ya
veremos.
4
Ellison

Traducido por Andreina


Corregido por Valentina

Después de una ducha rápida, olí la camisa de Jack, absorbiendo


profundamente el aroma de su detergente para ropa en mis pulmones,
antes de ponerlo sobre mi cabeza. Entrando en sus bóxers, No pude evitar
pensar que necesitaba desviarme a su cuarto de lavado para ver qué
marca usaba, para poder estar rodeada por su olor todos los días. Por otra
parte, no podría hacer mi trabajo porque me distraería el recuerdo de la
noche que habíamos pasado juntos. Supuse que ese plan estaba por la
ventana. Si solo mi trabajo literalmente no fuera de vida o muerte, la
compensación podría valer la pena. Jack olía tan bien.

Me detuve en el vestíbulo para agarrar mi celular, no estaba


acostumbrada a pasar más de un par de horas sin comprobarlo. Incluso
cuando no estaba de guardia, no era raro que recibiera llamadas con
preguntas sobre mis pacientes. Una rápida mirada confirmó que solo
había perdido una llamada del hospital, pero no habían dejado un
mensaje, por lo que no debía haber sido urgente. Cuando solté un suspiro
de alivio, mi teléfono sonó con una llamada entrante, no desde el hospital,
sino desde mi cita. El que había olvidado por completo y aparentemente se
había levantado esta mañana, ya que se suponía que debíamos habernos
encontrado hace cinco minutos.

—Ellison Reed —respondí por costumbre.

—Estoy llegando un poco tarde. El tráfico se detuvo por un


accidente —se quejó Richard.

Algo de mi culpa se evaporó ante la irritación evidente en su tono.


Había visto los resultados de demasiados accidentes de primera mano para
sentir algo más que alivio, mi automóvil no estaba involucrado y esperaba
que nadie resultara herido cada vez que pasaba uno. Además, por muy
hipócrita que fuera de mí, me molestó un poco que hubiera esperado hasta
llegar tarde antes de llamarme. Sabía que era ridículo, considerando que
estaba parada en medio de la casa de Jack, vestida con su ropa después
de pasar la noche en su cama, pero de todos modos estaba molesta.

—Lo siento, Richard, pero ha surgido algo y no seré capaz de


cumplir con el día hoy.

—O cualquier día —gruñó Jack en mi oído, acercándose


sigilosamente y apretando sus caderas contra mi trasero para demostrar
exactamente lo que había surgido. Una vez más.

Sacudí mi cabeza para aclarar mis pensamientos, girándome en sus


brazos para presionar mi palma contra su boca para que no pudiera
interrumpir mi llamada. Cancelar una cita después de que se suponía que
ya había comenzado era bastante malo, me negaba a hacerlo con Jack
susurrándome al oído. O peor aún, sin molestarse en mantener la voz baja
y dejarle claro a Richard exactamente por qué no iba a mantener nuestra
cita.

—No puedo decir que no estoy decepcionado, pero supongo que eso
es lo que sucede cuando sales con una cirujana exitosa. ¿Crees que podrás
conducir más tarde hoy o incluso mañana por la mañana?

¿Cita? ¿Cómo había hecho que aceptar una cita con este chico nos
convirtiera en citas? Debería haberme dado cuenta de que iba a
convertirse en un Clinger de Grado A en función de cuántas veces me
había invitado a salir. La persistencia no siempre era algo bueno en un
hombre, a veces era una señal de lo que vendría si decías que sí.

—No, no podré hacerlo hoy o mañana.

Los ojos de Jack se encendieron y sentí sus labios moverse contra mi


palma. Si la forma en que su cuerpo se tensaba era una indicación, no
estaba contento con la dirección de mi conversación con Richard, que
todavía estaba parloteando sobre citas en mi oído.

—El próximo fin de semana tampoco es bueno para mí.

Jack cruzó los brazos sobre su pecho mientras me nivelaba con una
mirada. Su ceja se arqueó de manera desafiante. Habíamos sido amigos el
tiempo suficiente para que supiera que no quería que decidiera que
necesitaba tomar el control de esta discusión, a menos que quisiera
cambiar de gimnasios. Y me gusta mi gimnasio, maldita sea.

—Por mucho que aprecie tu oferta de reprogramar, probablemente


no debería haberte aceptado tu oferta en primer lugar, Richard.
—Vamos, Ellison. No retrocedas ahora. Me llevó una eternidad
conseguir que dijeras sí en primer lugar. Odiaría tener que pedírtelo otra
docena de veces para escucharte decirlo nuevamente.

Tal vez Jack tenía razón, y Richard realmente era un perdedor que
quería meterse en mis pantalones. Un perdedor muy persistente que
podría obligarme a cambiar de gimnasio de todos modos. ¿Por qué tuve
que estar de acuerdo con esta fecha en primer lugar?

Oh sí. Le devolví la mirada Jack. Había sido atrapada en un


momento de debilidad mientras intentaba convencerme de que debería
salir con alguien más porque Jack era solo mi amigo. Realmente, se podría
argumentar fácilmente que toda esta situación fue su culpa por no hacer
un movimiento antes.

Aparté mi mano de su boca y murmuré al teléfono—: Preguntarme


una docena de veces no va a cambiar nada. No voy a salir contigo hoy y no
te diré que sí en el futuro.

—Eso es lo que me dijiste la quinta vez que te invité a salir.

¿Mantuvo un registro de mis respuestas? Tomé una nota mental


para ver otros gimnasios en un futuro muy cercano. Evitar al tipo
espeluznante con el que casi había pasado el día era ahora una prioridad
para mí. Y noche, ¡Mierda!

—No va a suceder, Richard. No la próxima vez que preguntes, o una


docena de veces después de eso. Así que hagámonos un favor a ambos y
deja de preguntarme.
Desconecté la llamada mientras estaba discutiendo conmigo.
Claramente había tenido una llamada cercana con él y no valía más mí
tiempo, no cuando tenía el objeto de mi propia obsesión parado frente a
mí: sonriendo, bastardo presumido.

—Es bueno que le hayas dejado claro que no estabas interesada.


Solo hay espacio para una polla en esta relación y seguro que no es la de
él.

—Quiero que sepas, a Richard no le gusta que lo llamen perdedor —


respondí, mientras hacía un pequeño baile en mi cabeza sobre el hecho de
que Jack acababa de decir que lo que estaba sucediendo entre nosotros
era una relación.

Tiró de mi brazo, llevándome a la sala de estar y tirándome hacia


abajo, así que estaba sentada a horcajadas sobre su regazo en el sofá. —
¿Qué tal si te preocupas por esta polla en su lugar? —murmuró en mi
oído, apretando las caderas hacia arriba.

Su longitud caliente chocó contra mi clítoris, haciéndome


estremecer. Enrosqué mis brazos alrededor de su cuello y empujé mis
rodillas contra los cojines a ambos lados de sus caderas mientras me
movía sobre él. Sus manos se deslizaron debajo de mi camisa, rozando mi
espalda. Rodeé mis caderas y sus dedos se clavaron en mi piel. Luego sus
labios estuvieron sobre los míos, su lengua empujó hacia mi boca y
exploró. Una de sus manos se deslizó hacia arriba, apretando mi cabello y
moviendo mi cabeza mientras profundiza su beso.
Mi coño había estado dolorido antes, pero ahora me dolía por una
razón diferente. Me froto contra él con un propósito, rosando su polla
hasta que sentí que mi cuerpo se tensaba. Gimiendo, me atrajo hacia sí,
mis tetas presionando con fuerza contra su pecho y su longitud
endurecida lo más cerca de mi cuerpo que podía ponerse con la ropa entre
nosotros. El placer comenzó a bombear a través de mi cuerpo, solo para
ser interrumpido por el sonido de mi teléfono sonando. Una maldita
interrupción.

—No —gemí.

Jack liberó su agarre de mi cabello, extendiendo un brazo para


enganchar mi teléfono desde donde lo había dejado caer sobre el cojín
junto a nosotros.

—Ella podría haber sido amable al respecto, pero no me voy a


molestar porque los dos sabemos que solo hay una forma en que vas a
alejarte de ella y es cuando te des cuenta de que ya ha sido tomada.
Mantente alejado de lo que es mío.

Contuve el aliento ante la posesividad evidente en su tono, mis ojos


se posaron en la pantalla cuando pasó el pulgar para desconectar la
llamada. Solo había un problema. El número en la pantalla no era el de
Richard. El código de área ni siquiera era local. La llamada había venido de
Minneapolis. ¡Minneapolis!

—¡No! —grité, agarrando el teléfono de su mano y saltando de su


regazo.
Me alejé de él, presionando el número en mi historial de llamadas
para devolver la llamada.

—¿Dra. Reed?

La voz masculina en el otro extremo de la línea sonaba confusa,


comprensiblemente, considerando lo que Jack le había dicho.

—Sí, esa misma. Lamento haber perdido tu llamada justo ahora.

—Qué extraño —murmuró—. Debe haber habido un cambio con las


líneas o algo así.

No estaba dispuesta a admitir los verdaderos orígenes del -o algo- en


esta situación. —¿Con quién estoy hablando?

—Oh, sí. Soy Declan McGowan, jefe de pediatría en Children's


Minneapolis. Lamento llamarla de la nada de esta manera, pero tenemos
una oportunidad inesperada para nuestro Jefe de Cirugía Pediátrica y
esperamos que considere tomar el puesto. Sé que no es ortodoxo, pero
teniendo en cuenta que nuestro actual Jefe apenas te venció para el
puesto, la junta pensó que podríamos pasar por alto algunos de los pasos
en el proceso de contratación si aún estuvieras interesada.

Mi corazón latía con fuerza en mi pecho. Había sido aplastada


cuando perdí el puesto como Jefe de Cirugía por otro candidato el año
pasado. No era que no estuviera contenta con mi trabajo actual, pero esta
era un gran ascenso en un hospital muy respetado. Me di la vuelta, mis
ojos se posaron en Jack. Trabajo ideal, hombre ideal. Diferentes ciudades.
Maldita sea mi suerte.
5
Jack

Traducido por Ecberm


Corregido por Valentina

No pude escuchar el otro lado de la conversación, pero observo de


cerca cómo la expresión de Ellison pasó de sorprendida a extasiada. Luego
se volvió para mirarme y cambió una vez más, esta vez a la indecisión. Lo
que sea que la persona en la línea estaba diciendo la confundía claramente
y me molestó. Estábamos pasando. Fin de la historia.

Fruncí el ceño, tentado a tomar su teléfono y jugar un juego


permanente de -Mantener alejado-. Por supuesto, el médico que había en
mí nunca la separaría de su conexión con el hospital. Él, sin embargo,
colgaría al hijo de puta haciéndola cuestionar nuestra relación.

Se apartó de mí, con el teléfono en la oreja, y se movió para salir de


la habitación. No está pasando. Enganché su brazo y la tiré de vuelta a mi
regazo. Ella me miró con el ceño fruncido, pero dejó de luchar y moverse
cuando se dio cuenta de que no iba a ceder.

—Gracias por la oportunidad, Declan.

¿Declan? ¿Qué tipo de hombre se llamaba Declan? Un hombre con


un coño, ese es seguro.
—Sé que necesitas una respuesta pronto, sin embargo —Me miró—,
mi situación ha cambiado desde la última vez que hablamos.

Me estaba irritando mucho por haber quedado fuera de esta


conversación. Tomé su teléfono para poder escuchar, pero ella apartó mi
mano y me pellizcó con tanta fuerza que grité de dolor.

—Lo siento, uno de mis pacientes acaba de recibir una inyección. De


todos modos, ¿podría tener algo de tiempo para pensarlo?

Gruñí y terminé con su mano presionada sobre mi boca


nuevamente. ¿Pensar qué, maldita sea?

—Excelente. Gracias Declan. Estaré en contacto pronto.

Presionó el botón de colgar el teléfono y luego me golpeó el hombro.


—¡A veces Eres un imbécil, Jack!

—¿Quién diablos fue eso?

Suspiró. —Déjame tener un poco de tiempo para procesarlo, luego lo


discutiremos, lo prometo.

Estaba a punto de discutir, pero la sensación de sus labios sobre los


míos y su pequeño coño caliente frotándose contra mi polla aún dura me
distrajo. Puso pequeños besos a lo largo de mi mandíbula hasta que estuvo
cerca de mi oído. —¿Quién es el dueño de mi coño, bebe?

—Será mejor que sepas a quién perteneces, Ellie —gruñí mientras


tomaba su culo y la acercaba, sin dejar absolutamente espacio entre
nosotros. Le arranqué la camisa por encima de la cabeza y puse mi boca
en su pezón, apretándole el culo con fuerza mientras chupaba. Quitando
una mano, liberé mi polla de mis bóxer y empujé la ropa interior
demasiado grandes a un lado, dejando al descubierto su coño empapado.

—Estás tan jodidamente mojada para mí, bebé. Solo para mí,
¿verdad? ¿Estás empapada por el hombre que posee este coño? —gimió y
la agarré por las caderas para golpearla contra mi polla mientras me
introducía dentro de ella. Un empuje y estaba completamente dentro de
ella, sus paredes apretadas y resbaladizas me agarraban, succionándome
imposiblemente más profundo.

Ambos gemimos y después de las llamadas telefónicas y su cambio


de actitud después de la última, no me quedaba control. Conduje hacia
ella, hundiéndome con fuerza mientras la penetraba una y otra vez,
frotando contra su clítoris cada vez. Mis labios lamieron, mordieron y
chuparon sus grandes pezones duros como diamantes. Me encantó cómo
se sentían en mi boca, saboreados en mi lengua.

Mis manos viajaron desde sus caderas hasta los globos firmes y
redondos de su trasero, extendiendo las mejillas. El dedo medio de mi
mano derecha rodeó su pequeño agujero arrugado y cuando gritó de
placer, puse la punta dentro cuando la bajé por última vez y nos
destrozamos juntos.

Me vacié dentro de ella, largos chorros de semen la llenaron


mientras animaba silenciosamente a mis muchachos, animándolos a llegar
a la línea de meta. Rápidamente me moví para que estuviéramos acostados
en el sofá con ella atrapada debajo de mí, permaneciendo enterrado
profundamente dentro de ella. No quería que saliera nada de esa mierda.
No parecía importarle, suspirando y envolviendo sus piernas alrededor de
mi cintura.

No quería comenzar nuestra relación con secretos o deshonestidad,


así que decidí que era hora de tener una conversación sobre el condón,
justo después de que la llenara (adelante, ríe, lo entiendo) y todavía la
estaba llenando con mi polla

La besé profundamente primero. —Bebé, tenemos que hablar —


murmuré contra sus labios.

—¿Hmmmm? —Su tono era relajado y suave. No estaba por encima


de aprovechar su agradable humor.

—¿Sabes que no usamos condones anoche? ¿O esta mañana?

Gimió. —Mierda. Maldito seas tú y tu polla gigante, Jack Halston. No


puedo pensar cuando estás jodiendo mis neuronas.

Ni siquiera intenté ocultar mi sonrisa presumida.

Ella puso los ojos en blanco. —Necesitas descubrir cómo usar un


condón, Jack. Juro por todo lo que es sagrado, si me dejas embarazada de
tu bebé, te voy a patear el trasero. Además, probablemente me vería
obligada a tener una cesárea porque inevitablemente heredará tu ego
gigantesco y una cabeza tan grande que no saldrá de mi vagina.
—Soy un doctor, Ellie, sé cómo usa un maldito condón. —Acerqué
mi cara a centímetros de la de ella, mi expresión se volvió seria—.
Simplemente elegí no hacerlo porque te voy a embarazar, bebé. Voy a
follarte cada vez que tenga oportunidad hasta que esté seguro de que mi
hijo está creciendo en esta barriga sexy.

La mandíbula de Ellison cayó en estado de shock, y asentí con


firmeza para enfatizar mi determinación de hacer que esto suceda.

—Y, dejemos esto a la vista para que puedas aceptarlo lo antes


posible. Si tu casa no está a la venta antes de que descubras que estás
embarazada, puedes apostar tu trasero a que me encargaré de esa mierda
—La nivelé con la mirada y la besé dulcemente—, Te quiero en mi cama
todas las noches, Ellie. Quiero despertar abrazándote en mis brazos. Y
definitivamente quiero tener fácil acceso al coño que poseo.

Sus ojos comenzaron a derretirse ante mis palabras, pero la última


oración la sacó de la bruma. Así se hace, imbécil.

Respiró hondo y me miró, claramente tratando de mantener una


apariencia de calma y control. Todavía estaba completamente asentado
dentro de ella y toda esta charla sobre bebés y tenerla cuando quisiera
había convertido mi erección semidura en piedra. Me moví con la
esperanza de obtener un poco de alivio en otra posición.

Ante el movimiento dentro de ella, Ellison me miró y trató de


alejarme de ella. Sus esfuerzos fueron inútiles. La supero en al menos cien
libras.
—¡No puedes decidir dejarme embarazada, Jack! —exclamó.

Cerré mi boca sobre la de ella antes de murmurar—: Claro que


puedo. —Contra sus labios. Moviéndome con movimientos lentos y
tortuosos, la saqué de su maldita mente hasta que explotó en mis brazos y
la llené con aún más de mi semilla.

—¿Ves? —murmuré.

—Yo… yo, um... no, tú, um —tartamudeó, su mente aparentemente


en un estado confundido y desconectado.

Salí de ella, mi pecho figurativamente hinchado por su pequeño


sonido de protesta. Al levantarla, se envolvió mi alrededor como lo hizo
cuando la cargué antes. Me dirigí a mi habitación y a la ducha, pero justo
cuando la puse en el mostrador, mi teléfono celular comenzó a sonar.

—Joder —murmuré. Atravesé rápidamente el dormitorio para


agarrarlo del tocador—. Dr. Halston —contesté.

—Doctor. —Debbie, el supervisor de turno dijo con urgencia—.


Heather desarrolló una complicación. El médico de guardia quiere abrirla
de nuevo, pero sabía que querrías ser tú.

—Estaré allí en veinte minutos —respondí antes de colgar y tirar mi


teléfono a la cama. Me apresuré al baño y abrí la ducha.

—Lo siento, bebé, me tengo que ir.

Ellie frunció el ceño. —¿Heather?


Asentí y salté a la cabina de vidrio. Ella se apresuró a seguirme y
también comenzó a darse una ducha. Debería haber esperado que ella
quisiera estar allí también. Heather también era su paciente.

Nuestras cosas personales tendrían que esperar. Llegamos al


hospital y confirme que Heather necesitaba cirugía adicional. Quería poner
mi puño a través de una pared, pero mi reacción volátil no nos ayudaría a
ninguno de los dos. Ellison me llevó a la sala de lavado y me ayudó a
prepararme. Su presencia alivió mis turbulentas emociones,
infundiéndome calma y determinación.
6
Ellison

Traducido por Ecberm


Corregido por Valentina

Las largas horas y el agotamiento eran la norma en la vida de un


cirujano, pero eran un infierno en las relaciones. Incluso cuando ambas
personas eran médicos aparentemente. Jack y yo habíamos pasado tantas
horas en el hospital desde la cirugía de emergencia de Heather que no
habíamos podido volver abordar toda la conversación -tratando de
embarazarme-. No es que le hubiera impedido darle a su plan de embarazo
otra oportunidad o dos, o doce. Me había puesto a poner condones en mi
bolso, bolsillos de bata de laboratorio, sus bolsillos, nuestros dos autos...
prácticamente en todas partes. No es que hubiera hecho un montón de
bien. En el calor del momento, nunca me acordé de pedirle que se lo
pusiera, y seguro que nunca se ofreció. Estaba empezando a preguntarme
si era mi subconsciente tratando de decirme que realmente quería que el
bastardo presumido me embaraza.

Sin embargo, el momento era horrible, con la oferta de mi trabajo


soñado cayendo en mi regazo. Una decisión en la que también evité pensar
con éxito durante la última semana. A juzgar por la frecuencia cada vez
mayor de las llamadas provenientes de Declan, el tiempo se acababa. El
sonido de mi teléfono me sacó de mis pensamientos. Miré hacia abajo y
reconocí el número en la pantalla.

Hablando del diablo.

—Hola, Declan —respondí—. Lamento no haber podido responderte


aún.

—No necesito disculpas, Ellison. —Me aseguró—. Espero que mi


llamada te haya tomado por sorpresa después de que inicialmente íbamos
con un candidato diferente.

—Definitivamente fue inesperado —confirmé.

—La junta y yo queremos dejar en claro cuán comprometidos


estamos con tenerte en nuestro equipo.

Me estaba diciendo exactamente lo que habría dado casi cualquier


cosa para escuchar hace un año. —Aprecio eso, Declan, y sabes lo
emocionada que estaba por la posibilidad de trabajar para ti cuando fue
entrevistada el año pasado.

—¿Por qué escucho un –pero- en algún lugar?

—Simplemente no estoy segura de si quiero moverme ahora —


suspiré.

—Dame la oportunidad de convencerte de lo contrario. Déjame


llevarte a almorzar para que podamos hablar cara a cara.
—¿Almuerzo? —Repetí. ¿Cómo funcionaría eso con él en Minneapolis
y conmigo en Rock Springs?—. ¿Cuándo?

—Hoy.

Su respuesta me sorprendió, deteniéndome en seco mientras


caminaba por el pasillo del hospital. —¿Estás en Nebraska?

—Te lo dije en la junta y quería convencerte de cuán serios somos


acerca de que tomes este trabajo.

—¿Entonces subiste a un avión para venir a mí? ¿Para almorzar? —


farfullé, sintiéndome halagada por lo lejos que estaban dispuestos a hacer
para hablarme sobre el trabajo. Ayudó a calmar parte de la picadura de
cuando no me habían seleccionado para ello anteriormente.

—Lo haré si me dices que estás disponible para almorzar hoy.

Mi estómago gruñó, recordándome que me había saltado el


desayuno. Rechazar un almuerzo gratis sería una tontería. —Claro, puedo
hacer el almuerzo.

—¿Te recogeré en el hospital?

—Claro —dije arrastrando las palabras, pensando en cómo podría


asegurarme de que no nos encontramos con Jack mientras él estaba aquí.
No solo no habíamos hablado sobre la situación del condón, sino que
tampoco había mencionado la oferta de trabajo.

***
—Mmmm —murmuré, saboreando el sabor de mi filete envuelto en
tocino. Declan había hecho todo lo posible, recogiéndome en un auto de la
ciudad y llevándome a uno de los mejores asadores de la ciudad. Fue
bueno que no tuviera un caso pesado esta tarde, porque podía ver una
siesta en la habitación en mi futuro cercano.

—Inteligente, exitosa, magnífica, y en realidad comes comida de


verdad en lugar de hierba. —El tono de Declan estaba lleno de aprobación
masculina.

Mis ojos se abrieron de sorpresa. Había estado disfrutando mucho


mi comida, me había olvidado de que estaba allí por un minuto. Agaché la
cabeza avergonzada y puse el tenedor en mi plato casi vacío. Saltarse el
desayuno no había sido una idea inteligente ya que había tenido suficiente
hambre como para devorar mi filete entero en cuestión de minutos. —
Definitivamente disfruté mi comida —murmuré.

Declan extendió la mano para agarrar mi mano y apretarla. Deslicé


mi mano y la dejé caer sobre mi regazo. Embarazoso.

—Lo dije como un cumplido, Ellison.

—Gracias —susurré.

—¿Terminaste?

—Sí. —Confirmé, inquieta en mi asiento, de repente consciente de


cómo nos habíamos sentado juntos en una cabina de la esquina.
Hizo un gesto al camarero, y él levantó la mesa, dejando la factura
para Declan.

—Ya te he dado mi discurso. —Y lo había hecho, tanto la última vez


que me entrevisto como durante nuestro almuerzo—. No quiero sonar
pretencioso, pero sé que tenemos mucho que ofrecer en Children's
Minneapolis.

—Sí —respondí, asintiendo con la cabeza en comprensión.

—Cuando hablamos la semana pasada, mencionaste que tu


situación había cambiado. —Su mirada cayó hacia donde mis manos
estaban dobladas en mi regazo antes de levantarse para encontrarse con la
mía nuevamente—. Solo puedo suponer que es tu vida personal ya que
nuestra investigación no ha indicado nada diferente en tu posición laboral
actual.

—Lo es. —Mantuve mi respuesta breve porque realmente no quería


entrar en detalles con él.

Declan ladeó la cabeza hacia un lado, su mirada especulativa


mientras escaneaba mi rostro. —Espero que no te importe si me pongo un
poco personal contigo por un momento.

Agité una mano en un movimiento circular, dándole permiso para


continuar ya que tenía curiosidad de dónde iba a llevar esto.

—Odiaría verte dejar pasar una oportunidad como esta por un tipo,
especialmente cuando habrá oportunidades de romance en Minneapolis
para ti.
—Erm... —balbuceé, completamente nerviosa e insegura sobre cómo
responder.

—Déjame ser directo. —¿Como si ya no lo fuera?—. No vi un anillo


en tu dedo, así que tengo que pensar que este tipo probablemente no valga
la pena el sacrificio. No cuando puedes tomar el trabajo con nosotros y
dejar que te lleve a una cita después de que te instales allí.

Oh, por el amor de Dios. ¿Yo estaba irradiando feromonas


irresistibles o algo así? Primero, Richard se puso muy raro cuando intenté
salir de él tan fácilmente, y luego aquí estaba Declan tratando de atraerme
al trabajo en Minneapolis, usándose a sí mismo como cebo. Sin
mencionar, Jack haciendo todo lo posible para embarazarme.

—Eso es increíblemente amable de tu parte ofrecer esta oferta —


murmuré, mirando mi teléfono mientras vibraba en mi mano—. Y por
mucho que me encantaría hablar más sobre esto... me necesitan de vuelta
en el hospital.

—Ellos. —Era realmente Jack, ya que él era el que trataba de


comunicarse conmigo. Le envié un mensaje de texto rápido, haciéndole
saber que estaría de regreso y me reí suavemente de la serie de mensajes
de texto rápidos que siguieron.

Jack: Te extrañé en el almuerzo. Te llevaste mi comida favorita


contigo. Quería probar tu miel.

Jack: ¿A dónde fuiste?


Jack: ¿Quieres verme en mi oficina para un polvo rápido?

Jack: Prometo hacer todo lo posible para hacerte gritar, pero


mantendré tu boca ocupada para que nadie pueda escucharte.

Yo: Mi pobre, niño hambriento. Estaré allí en 5 minutos.

¡Maldito hombre! El viaje de regreso al hospital no pudo ser lo


suficientemente rápido ya que ya era incómodo, y eso fue antes de que me
sonrojara y mis bragas estuvieran húmedas por las imágenes que Jack
había puesto en mi cabeza. Me quedé súper quieta, no queriendo hacer
nada para hacer que Declan pensara que los signos visibles de excitación
se debían a él.

Cuando el auto se detuvo frente al hospital, prácticamente salté del


vehículo. Desafortunadamente, Declan me siguió e insistió en
acompañarme al interior. Y mi mala suerte empeoró cuando vi a Jack a
través de las puertas de vidrio. No nos dio la oportunidad de entrar antes
de irrumpir por las puertas para encontrarme en la acera y hacer su
reclamo.

—Ellie —gruñó, su boca chocando con la mía en un beso que gritaba


posesividad. Cuando levantó la cabeza, mis rodillas estaban débiles y me
estaba agarrando de sus brazos por mi vida.

Declan se aclaró la garganta, atrayendo mi atención hacia él, junto


con la de Jack.
—Dr. Jack Halston —anunció, extendiendo su mano para sacudir la
de Declan—. El prometido de Ellie.

¿Y ahora qué dice? ¿Me había perdido completamente su propuesta


en algún momento de esta semana?

La mirada de Declan cayó a mi dedo sin anillo antes de reírse


suavemente. —Dr. Declan McGowan de Children's Minneapolis. Estaba en
la ciudad tratando de tentar a Ellison para que se uniera a nuestro equipo.
Teniendo en cuenta cómo fueron las cosas el año pasado, me imaginé que
era necesario cortejar un poco.

La mandíbula de Jack se crispó y prácticamente gruñó su respuesta.


—Gracias por invitar a mi chica a almorzar, pero voy a manejarlo desde
aquí. —Me estremecí con la amenaza de la sugestión sensual en sus
palabras Tenía la sensación de que me haría pagar por no hablar con él
sobre la oferta de trabajo pronto.
7
Jack

Traducido por Ecberm


Corregido por Danita

Como médico, entiendo los resultados de la violencia física más que


la mayoría, pero este tipo se encontraría bien familiarizado con mi puño si
no salía de aquí, rápido.

Deslicé mi brazo alrededor de Ellison y apreté su cintura,


acercándola a mí. Declan -el coño- estaba sonriendo como un hijo de puta
engreído, y lo miré mientras Ellison se despedía y prometía llamarlo. Mis
dedos le apretaron un poco más, un reflejo ante la idea de que ella me
dejara, transmitiéndole mi irritación.

Extendió su mano y reprimí la necesidad de tirar de ella hacia atrás,


ni siquiera queriendo el más mínimo toque de su piel sobre la suya.
Declan finalmente se giró para irse y mantuve a Ellison a mi lado mientras
caminaba de regreso por las puertas corredizas de vidrio. En el vestíbulo
del hospital.

—Hola, Dr. Halston, Dra. Reed. —Saludó una enfermera con


uniforme rosa detrás del mostrador de registro. Sacudí mi barbilla en
respuesta y Ellison saludó débilmente con su mano libre. Manteniéndome
firme en mi camino, me dirigí directamente a mi oficina, básicamente
ignorando a todos en el camino. Una vez que la alcanzamos, la guié dentro
antes de girar y cerrar la puerta de golpe. Me tomé un segundo para
calmarme, luego me giré para mirarla.

—¿Te importaría explicarme por qué me ocultas secretos y permites


que otros hombres te saquen? —Acercándome a ella, obligándola a
retroceder, pero solo tuvo unos centímetros antes de quedar atrapada
entre el escritorio y yo—. Seamos claros acerca de una cosa, no hay forma
de que tomes otro trabajo y te alejes de mí. Eres mía, Ellison. ¿O no lo he
hecho bastante obvio manteniéndote en mi cama todas las noches y
haciendo todo lo posible para plantar a mi hijo en ti?

Los ojos de Ellison se entrecerraron y frunció el ceño antes de hacer


un esfuerzo para alejarme. Bien podría estar tratando de mover un bloque
de piedra. No iría a ningún lado hasta que ella entendiera la situación.

—Escucha, arrogante hombre de las cavernas —gruñéndome dijo—:


¡no tomes decisiones por mí!

Me incliné hasta que nuestras caras quedaron a un aliento de


distancia. —Creo que ambos sabemos que no necesito hacerlo. Sabes que
eres mía, bebé. —La agarré por el culo y tiré de su cuerpo contra el mío—.
O no dejarías que mi polla desnuda entrará en tu dulce coño.

Levantándola, presioné el bulto en mis pantalones en la cuna de


sus muslos. —Quizás necesites un recordatorio —dije antes de golpear mi
boca con la de ella.
—Dra. Reed. —Una voz incorpórea llamó por el sistema de
megafonía—. La necesitan en pediatría.

¡Joder!

La puse abajo, asegurándome de que sintiera el deslizamiento de


nuestros cuerpos todo el camino.

La llamada se repitió y di un paso hacia atrás, dándole espacio para


rodearme y salir de la oficina. Sacudió la cabeza, evidentemente tratando
de despejar la espesa neblina de lujuria a nuestro alrededor. Ella no hizo
contacto visual mientras se dirigía hacia la puerta, así que la agarré del
brazo obligándola a detenerse y volverse hacia mí.

—Continuaré con mi recordatorio más tarde. —Plantándole un beso


rápido en sus labios hinchados y la solté.

Se giró y cruzó el umbral, murmurando—: Ya veremos. —


Lanzándome mis propias palabras. Una sonrisa se apoderó de mi rostro y
sacudí la cabeza. Jodidamente amaba a esa mujer.

Resultó que Ellison tuvo una cirugía de emergencia y tuve un caso


programado una hora después de que la llamaran. Sin embargo, todavía
había terminado antes que ella y caminé por el cuarto de pediatría, al
acecho, listo para saltar. Ella terminó y quedó fuera de la vista hasta que
se había lavado y cambiado de nuevo en su ropa para salir.

Estaba descansando a varios metros por el pasillo y cuando me vio,


dudó por un momento, luego levantó la barbilla tercamente y continuó
hacia mí. Estaba jodidamente caliente cuando se enojaba y estaba a punto
de avivar la llama. La idea hizo que mi polla ya dura luchará como loca por
ser liberada y enterrarse en su coño caliente y húmedo.

Comenzó a pasar por mi lado sin hacer comentarios. Era adorable


cómo pensaba que se saldría con la suya. Coloqué una mano en el centro
de sus hombros y cuello, mientras que la otra estaba en el picaporte de la
puerta más cercana. Firmemente, la adentre hacia la abertura. Cerré la
puerta y miré a mí alrededor, dándome cuenta de que estábamos en un
armario de almacenamiento. Me encogí de hombros mentalmente. Serviría.

Ellison me miraba ceñuda, con los brazos cruzados sobre el pecho,


levantando sus senos y su cadera ladeada.

—¿Puedo ayudarle, Dr. Halston? —Apretando los dientes.


Apoyándola contra la pared, me presioné contra ella.

—Puede gritar, Dra. Reed, cuando le haga venir tan fuerte estará
viendo estrellas de mierda.

Ella trató de sofocarlo, pero escuché su pequeño jadeo y miré hacia


abajo para ver sus pezones endurecidos en picos haciendo agua la boca.

—Creo que necesitas una ducha fría y una craneotomía para


eliminar algo de tu ego y el Neanderthal dentro de ti —dijo con aire
despectivo, tratando de ocultar lo excitada que estaba.

—Sabes que amas a este engreído hombre de las cavernas —Sonreí


con presumida confianza—. Y su gran polla.
Antes de que ella pudiera protestar más, cedí a mi desesperación por
reclamarla, tomando sus labios en un beso agresivo. Quería abrumarla,
pero en realidad, el amor, la necesidad y la pasión también cayeron sobre
mí.

La blusa tenía botones en la parte delantera y se rasgó fácilmente,


botones volando y haciendo ruido al golpear los estantes. Empujé las
copas de su sexy sujetador de encaje rosa. Sus tetas se derramaron, pero
se mantuvieron elevadas por el sujetador. Era como si me los ofrecieran, y
aproveché al máximo, chupándolos como si fueran mis dulces favoritos. No
estaba lejos de serlos de todos modos.

Ellison gimió, empujando sus tetas hacia adelante, sus manos


yendo a mi cabello, agarrándolo para mantenerme cerca. Sí, no había
necesidad, no iba a ir a ninguna parte hasta que lograra mi objetivo. Mi
boca todavía adoraba sus tetas con atención, palmeé su trasero y la
levanté para que sus piernas inmediatamente me rodearan. La sensación
de sus muslos apretados con fuerza casi hizo que quisiera venirme, pero
me contuve, no hasta que este profundamente dentro de ella y mis hijos
tuvieran la oportunidad de nadar con sus pequeños traseros hasta su
óvulo. Si aún no lo habían hecho, esta vez, iba a dejarla embarazada.

La baje al suelo y cambié de posición para que apoyarme en la


pared. Mi boca volvió a la de ella y usé mi pie para sentir alrededor, hasta
que golpeó algo duro. Separando mi boca, mis manos se retorcieron y se
arrancaron de sus pezones, mientras miraba para ver encontré una caja
grande y vacía a mi izquierda. Dejé que Ellison se alejara por un minuto
para agarrar un montón de toallas y tirarlas sobre la parte superior de la
caja. Bajé la cremallera y liberé mi polla. Estaba tan duro que siseé de
dolor cuando la tela se enganchó. Dándole la vuelta, ahuequé sus tetas,
masajeándolas antes de arrastrar mis manos hacia abajo para levantar el
borde de su falda (gracias a Dios que llevaba una ese día) y meterla en su
cintura. Luego volví una palma a una de sus tetas grande y redonda, la
otra deslizándose a través de su humedad.

—Me encanta lo mojada que te pones por mí, bebé. Jodidamente


empapada.

—Oh, Jack —gimió.

Con cuidado descendí a la parte superior de la caja, con los dos


brazos enroscados, de modo que cada uno estaba en la parte interna del
muslo. Mis piernas se extendieron entre sus piernas y presioné sobre ellas
para ampliar su postura. Cuando estaba justo donde la quería, miraba el
culo más perfecto que había visto y miraba la pequeña cuerda que
sujetaba su tanga. Fue fácil de romper y pasar suavemente la palma en su
espalda para inclinarla un poco hacia adelante, mostrando su coño rosado
para mí. Su clítoris estaba hinchado y suplicando, así que lo alivie al
chuparlo con mi boca.

—¡Oh, joder! —gritó Ellie. Sabía que debía cubrir su boca o hacer
algo para mantenerla callada, pero era la menor de mis preocupaciones.
Me perdí con sus fuertes exclamaciones de placer. Lamiendo de arriba a
abajo, agregando un dedo para imitar lo que mi polla le iba a hacer pronto.

—Mmmmm. Necesito mi bocadillo de miel —ronroneé—. Solo es mi


merienda, ¿verdad, Ellie? —pregunté con un poco más de fuerza. Cuando
no respondió de inmediato, pellizqué su clítoris mientras mi lengua se
hundía dentro de ella.

—¡Sí! —gritó.

—Buena niña. ¿Quién es el dueño de este coño, bebé?

—Tú —jadeó. Quería preguntarle si me amaba, pero me acobardé y


la llevé a un orgasmo gritando.

Agarrando sus caderas, ensanche mis piernas para mantenerla


abierta mientras la guiaba lo suficiente como para alinear mi polla y luego
me estrellé contra ella. Ambos jadeamos ante la sensación de estar unidos
tan íntimamente. Con su posición manteniéndola ancha, doblé mis rodillas
levantándome lo suficiente para que pudiera inclinarme hacia adelante y
descansar contra ellas. Mostrándome su espectacular trasero de nuevo y
la carne que rogaba ser golpeada. Un fuerte chasquido resonó a través del
sonido de nuestros jadeos y del silencioso armario.

Ellie se sacudió y me asentó aún más profundo.

—¡Oh, joder sí, bebé! —grité.

Envolví mis dedos alrededor de los bordes de la caja, y utilicé la


presión de mis pies en el suelo para aprovechar, y comencé a empujar lo
suficientemente fuerte como para hacer rebotar su cuerpo y hacer que
volviera a rebotar cada vez. Ellie se enderezó y me apretó la polla cada vez
que bajaba.

—Sí, sí, sí —cantó, agregando un -¡más rápido, Jack!- por si acaso.


Puse toda mi fuerza en follarla. Cuando sentí el apretón
contundente de sus paredes, mantuve un fuerte agarre en su cuerpo, su
espalda apretada contra mi frente, y me puse de pie. Girándole, gruñí—:
Agarra el estante, bebé. No lo sueltes.

Una vez que sus manos estuvieron seguras, envolví sus piernas
hacia atrás alrededor de mis caderas, luego conduje dentro de ella,
ganando velocidad cada vez que gritaba hasta que la estaba follando con
frenesí. No tenía ritmo, ni delicadeza, era un jodido, animal.

Gritó mi nombre cuando su cuerpo se estremeció, su coño


estrangulando mi polla, chupándola mientras empujaba tres veces más
antes de explotar. Empujé contra ella y con sus piernas estaban muy
altas, estaba en una buena posición para sellar nuestras ingles,
manteniéndome dentro para que fuera lo más profundo posible mientras
disparaba mi carga y evitaba que se escapara.

Finalmente, ambos perdimos la fuerza para mantener nuestra


posición y me escabullí de ella, bajando sus pies cuando lo hice. Ella
maulló en protesta y mentalmente, mi pecho se hinchó de orgullo por
satisfacer a mi mujer. La sostuve contra mí, inclinando la cabeza para que
mi boca estuviera en su oído.

—¿Fue un recordatorio suficiente, Ellie? —Mis manos se deslizaron


por su suave piel para extenderse sobre su vientre—. Esta vez, sé que te
llene con mi bebé. Eres mía Ellie, tú y nuestros bebés.

Ellie se sacudió ante mis palabras. —¿Bebés? ¿En plural?


Le acaricié el cuello y dije: —Al menos cuatro. Quiero muchas
pequeñas Ellies corriendo.

—¿Al menos cuatro? —exclamó—. ¿Cuándo diablos voy a tener


tiempo para criar a cuatro hijos y ser médico?

Le besé la oreja. —No tengo dudas de que podrías manejarlo bebé.


Eres la mujer más fuerte que he conocido. —Aunque las palabras eran
cien por ciento verdaderas, sonreí triunfante cuando la sentí derretirse un
poco—. Y estaré allí para ayudarte en cada paso del camino.

Resopló y la giré para mirarla, frunciendo el ceño dolido. —¿No


crees que seré un buen padre?

Parecía avergonzada. —No, Jack. Lo siento. Creo que serás un


padre increíble, pero ¿cuatro hijos con dos médicos como padres? No
puedo evitar preguntarme si esperar que renuncie y quedarme en casa con
nuestros hijos.

Fruncí el ceño, pero me di cuenta de lo fácil que sería para ella


llegar a esta conclusión y suavizó mi expresión. —Nunca consideré
quitarte tu carrera, Ellie. Es parte de ti del mismo modo que es parte de
mí. Eres una doctora asombrosa. Espero que confíes en mí lo suficiente
como para creerme.

Me dio una pequeña sonrisa, pero me di cuenta de que no estaba


completamente convencida. Lo único que podía hacer era demostrarlo.
Tenía el resto de nuestras vidas para hacerlo, así que lo dejaré para otro
día.
8
Ellison

Traducido por Ecberm


Corregido por Danita

—Tenemos que parar en la casa de Wyatt y Bailey en nuestro


camino a casa.

Mis cejas prácticamente subieron todo el camino hasta la línea del


cabello por la forma casual en que Jack lanzó su comentario, como si no
fuera gran cosa. Hoy ya había sido interesante con la reacción de Jack a
mi almuerzo con Declan. Conocer parte de su familia sería la coronación
del día, especialmente porque había estado esperando cambiarme la ropa
de trabajo y servirme una gran copa de vino. Molesta, me quejé por lo
bajo—: Sé que has estado trabajando todo el día y estás atrapada en bata
de laboratorio en lugar de las ropas maravillosas que te pusiste esta
mañana porque arruiné tu blusa cuando la arranqué de tu cuerpo, pero yo
estoy seguro de que mi familia te amará de todos modos.

—Prometo que no tomará mucho tiempo, y te ves caliente como el


infierno en esa bata, como lo haces con cualquier cosa que uses. —No
estaba lo suficientemente tranquila—. Lamentablemente mi sobrino, Jack,
ha tenido fiebre todo el día y mi hermana quiere que pase para asegurarse
de que no sea nada grave.
¡Oh, no! Me sentí culpable por ser tan gruñona. Por supuesto que
deberíamos ir.

—Por lo general, come como un cerdito, pero Bailey dijo que apenas
come y es increíblemente irritable. Además, se ha estado frotando mucho
la oreja hoy. Probablemente no sea más que la dentición de su primer
diente, pero quiere descartar otras posibles causas, como una infección en
el oído, y no puede llevarlo a ver al pediatra de los gemelos hasta mañana
por la tarde.

—Pobre bebé —suspiré, girándome hacia él y ofreciéndole una


sonrisa de compasión—. Pero es bueno que el tío Jack pueda correr al
rescate.

Extendió la mano y apretó mi muslo rápidamente mientras se


detenía en el camino de entrada. —Sí es agradable para Jack y Julia tener
un tío cirujano imagínate la suerte que tendrán nuestros hijos de tener dos
padres cirujanos.

Nuestros hijos. ¿Cómo era posible que los dos ya los llamáramos
así? Me llevé la mano al estómago y traté de imaginar cómo sería si
estuviera embarazada de su bebé. Ninguno de nosotros había usado la
palabra con A todavía y me habían ofrecido el trabajo de mis sueños en
otro estado. El momento no sería bueno para un bebé, en absoluto.

Pero luego entramos en la casa de su hermana, y mi reloj biológico


cobró vida. Siempre pensé que Jack era guapo, pero verlo con su sobrina y
sobrino lo hacía aún más irresistible. Realmente no había nada como un
hombre sexy con un bebé en sus brazos para que tus ovarios se sintieran
a punto de explotar. Bastardo astuto, si el bebé Jack no hubiera estado
enfermo, habría estado segura de que había planeado nuestra visita
precisamente por esta razón.

—Estoy tan feliz de finalmente conocerte —susurró Bailey mientras


las dos mirábamos desde la puerta mientras Jack revisaba a su sobrino.
Observé mientras ella me evaluaba hasta que se me sonrojaron mis
mejillas.

—¿Finalmente? Jack y yo no hemos sido una pareja por mucho


tiempo.

Ella rió suavemente. —Tal vez no, pero he estado escuchando tu


nombre aparecer en conversaciones con mi hermano cada vez más en los
últimos seis meses.

Aparté mi atención de Jack con una mirada de adoración mientras él


miraba al adorable bebé en sus brazos, un dedo largo frotando sus encías.
No fue fácil, pero me intrigó lo que Bailey acababa de decir. —¿En serio? —
Asintió, y bajé la voz antes de continuar—: ¿Cuándo Jack me mencionó
por primera vez?

Bailey ladeó la cabeza hacia un lado y se tocó el labio inferior con el


dedo. —Ha pasado menos de un año porque siento que estaba embarazada
lo suficiente como para estar solo en ropa de maternidad y los bebés
tienen siete meses.

—Huh —murmuré, mirando a Jack—. Me sorprende que haya sido


tanto tiempo. No nos conocíamos muy bien en ese entonces.
—No fue lo que dijo sino cómo lo dijo —explicó—. Estaban
trabajando en un caso juntos y sus ojos se iluminaron cuando mencionó
su papel en ayudar a salvar al paciente. La forma en que se veía cuando
decía tu nombre, combinada con los elogios sobre tus habilidades
quirúrgicas, te puso en mi radar fraternal.

—No es exactamente conocido en el hospital por elogiar a otros


médicos.

La suave risa de Bailey se convirtió en carcajada, atrayendo la


mirada de Jack hacia nosotros. —No me sorprende. Amo mucho a mi
hermano, pero puede ser un poco arrogante. Recuérdame que te cuente la
historia de cómo reaccionó al saber de mi relación con Wyatt, en otro
momento.

Jack miró a su hermana antes de mirar al bebé en sus brazos. —Tu


mami está siendo una mocosa, amigo. Es bueno, me recuerda que tú y yo
tenemos que hablar sobre lo que significa ser un hermano mayor. —Se
puso al lado de la cuna rosa en donde duerme Julia y el bebé en brazos.

—¿Ves a tu hermana ahí? —Lo inclinó para que mirará a Julia—. Tu


mayor responsabilidad como su hermano mayor será protegerla de todos
los chicos que hay. Tendrás mucha ayuda de tu papá y de mí, pero habrá
momentos en que serás la única línea de defensa. No importa si el chico es
tu amigo o no, un buen tipo o uno malo; sabrás que no es lo
suficientemente bueno para Julia. Ninguno de ellos lo será.
—Oh, por el amor de Dios, Jack —resopló Bailey mientras se
acercaba para tomar a su hijo—. Es demasiado joven para entender una
sola palabra de lo que estás diciendo.

—Oye, no puedes culparme por haberle dado asesoramiento inicial.


—Levantando los brazos—. Sólo quiero compensar por uno que me
hubiera gustado recibir.

La mirada que hubo entre ellos trajo lágrima a mis ojos, y a Bailey.

Acomodó al bebé Jack en la cuna regresando para darle un abrazo a


su hermano. —Será mejor que no me hagas llorar o Wyatt intentará
patearte el trasero —murmuró.

—No —respondió—. Me perdonará cuando le diga que su bebé está a


punto de tener su primer diente y no necesita ver al médico mañana.

—Qué alivio —suspiró, inclinándose y mirándolo.

—Además, no es como si él pudiera patearme el trasero de todos


modos —dijo cuchicheando Jack, dejando caer un beso en su cabeza—. Y
no estaremos aquí cuando llegué a casa.

Cruzando la habitación, tirándome a su lado y susurrándome al


oído. —Necesitamos llegar a casa para asegurarme de que mi recordatorio
de esta tarde haya quedado claro, y darle a mis nadadores otra
oportunidad en caso de que no hayan hecho su trabajo antes.

No recibió ninguna discusión de mi parte. Si hubiera estado usando


bragas debajo de mis pantalones, se habrían empapado.
****

La vida con Jack iba a la velocidad de la luz. Una semana éramos


colegas de trabajo que coquetean y la siguiente somos amigos que
estábamos unidos por la cadera. Y en una noche, pasamos a estar en la
zona de amigos a una relación exclusiva. Entonces, sentí que mi reloj
biológico hacía tictac y en la siguiente semana mi período se retrasó.
Siempre llegaba cada veintiocho días, como un reloj, y debería haber
comenzado hace dos días. No había señales de que comenzaría pronto.
Estaba bastante segura de que Jack había cumplido su deseo y me había
embarazado, me encontré escondida en el baño a primera hora de la
mañana mientras preparaba el desayuno. Había orinado en la prueba hace
tres minutos y estaba tratando de no estar nerviosa por ver los resultados.

—Puedes hacer esto —murmuré—. No importa lo que diga la prueba,


eres una mujer fuerte y descubrirás lo que hay que hacer.

Mi charla animada no estaba haciendo nada para detener el aleteo


de mariposas en mi vientre. Respiré profundamente, tomé la prueba del
mostrador del baño y la volteé.

No lo estaba.

El aire de mis pulmones salió como un suspiro agitado. La emoción


que debía sentir era alivio, ya que no estoy segura de estar lista para
bebés, y mucho menos tenerlos con Jack. Apenas lo conozco por dos años
en el trabajo, empezamos a ser pareja hace dos semanas. Además, aún
necesitaba decidir qué hacer con la oferta de trabajo de Children's
Minneapolis. Mi cerebro sabía que era lo mejor, pero parecía que mi
corazón tenía una perspectiva diferente porque se estaba rompiendo.

La razón no contó que estaba sintiendo. Habían pasado los últimos


dos días pensando que tal vez había tenido razón y que me había dejado
embarazada. ¿Cómo iba a decirle que no lo estaba? Ni siquiera sabía que
mi período estaba retrasado porque no había estado lista para hablar con
él sobre la posibilidad real de que estuviera embarazada. Parecía la
decisión correcta en ese momento, pero desearía haberle dicho porque no
estaría enfrentándolo sola. Sentada en la bañera, sollocé en mis manos,
me di cuenta que…

Amó a Jack Halston.

No puedo aceptar el trabajo en Minneapolis.

Quiero tener sus bebés, los cuatro.

Mis lágrimas se convirtieron en una risita de ironía. En mis años de


estudiante, había sido crítica con las chicas que estaban allí para su grado
y lo iban a rechazar por un hombre. Sin embargo, no es cualquier hombre.
Tengo la sensación de que mis compañeras nerd tomarían la misma
decisión si tuvieran la oportunidad con el Dr. Jack Halston. Lástima para
ellas, él es todo mío.
9
Jack

Traducido por Andreina


Corregido por Danita

Coloqué un tazón de fresas en una bandeja junto con panqueques,


jarabe y jugo de naranja. Quería asegurarme de que mi mujer tuviera un
buen desayuno porque tenía planes de hacerle venirse mucho hoy. Era
raro para nosotros tener un día en el que ambos estuviéramos libres y
tenía la intención de pasarlo en la cama.

Levantando la bandeja, caminé cuidadosamente hacia el dormitorio


y me sorprendió ver la cama vacía. Una luz proveniente de la puerta del
baño, puse la bandeja en el tocador y me acerqué a la puerta cerrada. Giré
la perilla, y se abrió, luego escuché un suave llanto. Alarmado, corrí para
ver a Ellison sentada en la bañera, con los codos sobre las rodillas y la
cara enterrada en las manos.

La levanté, tomando su asiento, acomodándola en mi regazo, metí su


cabeza debajo de mi barbilla y froté su espalda en círculos.

—¿Qué pasa, bebé?

Sorbió la nariz antes de levantar la cabeza, sus ojos marrones


estaban llenos de lágrimas.
—No pensé que lo quisiera —susurró y más lágrimas caían.

Las limpie con el pulgar. ¿Qué quería?

—La vida que planeabas para nosotros, en la que teníamos cuatro


hijos, ambos como cirujanos, una casa y una perdiz en un peral.

Sus palabras sonaban melancólicas y lo tomé como una buena


señal.

—Bebé, realmente preferiría un perro, pero si esta es tu forma de


decirme que estás embarazada, podemos tener las jodidas mascotas que
quieras.

Comenzó a llorar en serio, enterrando su rostro en mi pecho. Entré


en pánico y pregunté si me había equivocado. Si intentaba decirme que
había decidido tomar el trabajo en Minneapolis, la encadenaría a mi cama
hasta convencerla que no pertenecía a ningún otro lugar que no fuera
conmigo. No importaba la cantidad de tiempo que habíamos estado juntos,
ella es parte de mí y queremos un futuro. Depende de mí que lo viera.

Mis ojos vieron la prueba encima del mostrador. Aún sosteniéndola,


extendí el brazo y tomé la prueba. La miré, nervioso. ¿Estás seguro de que
no eres el que tiene la vagina, amigo?

Conteniendo el aliento, di la vuelta y salió el aire.

No lo está.

La encadenaré a mi cama.
Acunándola en mis brazos y arrojé la prueba a la basura. Llevándola
a mi cama, la acosté y cubrí su cuerpo con el mío.

—Te lo dije antes, Ellie. Eres mía. No dejaré que me dejes. Si quieres
esperar para formar una familia, te lo daré, excepto dejarte ir. Te amo y sé
que me amas. Estamos destinados a estar juntos y voy a mantenerte aquí
hasta que te haya convencido.

Sus ojos color chocolate se agrandaron mientras me miraba. —Tú,


¿me amas? —tartamudeando.

Me di cuenta que me expuse, me abrí y le di la oportunidad para


arrancarme el corazón. No me arrepiento lo vale, ella es mi todo.

La besé suavemente y la recosté mirándola con adoración. —.Sí,


Ellie. Te quiero. Estoy seguro de que te he amado desde que te conocí. Me
llevó un tiempo darme cuenta de que eres todo lo que siempre quise.
Entendiendo mis sentimientos, decidí que no había otra opción más que
hacerte mía. Sé que me amas, Ellie. —Respiré temblorosamente e hice el
último paso hacia mi vulnerabilidad—. ¿Correcto?

Ella deslizó sus manos por mi pecho y cuello tomándome la cara. —


Te amo más que a nada en este mundo, Jack. Tienes razón, me posees. Y
no quiero esperar. Quiero tener una familia contigo.

Me invadió el alivio. Había estado más nervioso de lo que pensaba.


Sonriéndole y fusionando nuestras bocas, vertiendo mi amor en el beso.

Miré a la hermosa mujer debajo de mí y noté sus lágrimas secas.


Después de otro beso rápido, acaricié su mejilla, trazando las huellas
saladas. —No hay necesidad de llorar, bebé. Te follaré tantas veces como
sea necesario hasta que estés hinchada con mi bebé en tu vientre. —
prometí y fui recompensado con una dulce risa.

Un pensamiento se estrelló contra mí y salté de la cama y corrí hacia


la puerta, deteniéndome después de unos pocos pasos y dando vuelta. La
señalé. —Tú. Quédate. Ahí.

Arrugó su linda nariz con disgusto. —Será mejor que practiques


para cuando tengamos un perro, Dr. Halston.

Gruñí. Cada vez que me llamaba así, me excitaba. La señalé una vez
más y salí corriendo de la habitación, decidido a regresar lo más rápido
posible. Prácticamente bajé las escaleras hacia mi oficina y tomé una
pequeña caja azul del cajón de mi escritorio. Con la misma rapidez, regresé
a nuestra habitación y trepé sobre ella.

Satisfecho de que se hubiera quedado donde la puse, besé su frente.


—Buena chica.

Me miro.

Puse una expresión inocente en mi rostro. —¿Supongo que no


quieres que te halague por ser obediente entonces? —Levanté una
pequeña caja y su mandíbula cayó, con un brillo en sus ojos—. ¿Creías
que estaba jodiendo cuando le dije al imbécil que era tu prometido? —
Sonriéndole por el reclamo que había prometido.

—Nunca dijiste nada, supuse...


La interrumpí. —Estabas equivocada y traté de pensar en una forma
romántica de proponértelo, increíblemente romántico. No puedo esperar
más. Necesito que todos sepan que no estás disponible. Que te poseo.

Puso los ojos en blanco, pero había una sonrisa jugando en las
esquinas de su boca. Desaté el lazo blanco y sedoso quitando la tapa.
Sacando la caja negra de terciopelo, abriéndola para revelar un diamante
de cinco quilates, talla cojín, abrazado en una banda de platino con
incrustaciones de diamantes. Ellie jadeó, su rostro llenó de asombro
mientras tocaba el anillo con la punta de sus dedos, trazando la caja.

—Es impresionante, Jack. Lo amo.

—¿Amas a quién? —pregunte, celoso de un anillo.

Guiñó su ojo. —Te amo a ti —murmuro muy bajo.

—Vas a pagar por eso, bebé —me quejé. Sacando el anillo de la caja,
lo deslicé sobre su dedo tembloroso—. Sabes lo que esto significa,
¿verdad? —pregunté con cautela, y luego se me ocurrió que no habíamos
discutido su oferta de trabajo—. Sin mudanzas, sin nuevo trabajo, sin
Declan. —Lo nombré, aún luchando contra el impulso de reorganizar su
rostro por tratar de robar a mi chica.

Resoplando. —¿Tienes que derivar todo?

Fruncí el ceño, ofendido por su acusación y un poco inseguro de lo


que quería decir. —No —dije—. Pero cuando mi prometida está
considerando mudarse fuera del estado —La miré—, dejando que otros
hombres la llevan a almorzar, estoy seguro de que voy a derribar todo lo
que se interponga en mi camino.

Sus labios se convirtieron en un puchero, adorable y completamente


irresistible. Bebí de sus labios hasta que me mordió el labio más fuerte de
lo habitual.

—¡Mierda! ¿Qué demonios, Ellie?

—Me distrajiste.

—¿Y? —pregunté.

Hizo una mueca que aumentó cuando no podía dejar de sonreír. La


amó tanto.

—Te iba a decir que no voy aceptar el trabajo. Quiero quedarme


aquí, estar contigo. Pero tus malditas tácticas de hombre de las cavernas
me robaron el momento. Quería decirte que estaba devastada por no estar
embarazada. Te amo, Neanderthal y todo.

Guiñé un ojo y sonreí. —Te lo compensaré. —Juré antes de besarla


hasta que estuvo sin aliento y temblando.

Solo quedaba una cosa por hacer antes de que pudiera pasar el resto
del día haciéndola gritar. Despegando mi boca de la de ella (no es tarea
fácil, podría agregar), me estiré para tomar su teléfono celular de la mesita
de noche.

—Llámalo, ahora —exigí, entregando el teléfono.


Mirándome con diversión. —¿Llamar a quién?

—No te metas conmigo, bebé. Ya has garantizado que voy a


castigarte haciéndote llegar al orgasmo lo más fuerte y con la mayor
frecuencia posible hasta que te desmayes. Si quieres seguir así, ganarás
una segunda ronda.

Guiñando su ojo. —¿Promesa?

Me reí, pero le quité el teléfono y busqué su información de contacto,


presionando llamar antes de ponerlo en el altavoz. Lo agarró, le cogí las
muñecas y las sostuve encerradas en una mano sobre su cabeza.

—¡Ellie! —La voz del idiota se puso al teléfono y mi mano libre se


apretó al usar mi apodo. Abrí la boca para despedirlo, pero Ellison
comenzó a hablar.

—Declan —respondiendo.

—Espero que llames para aceptar el trabajo y darme una


oportunidad.

Este tipo me estaba enojando cada vez más. Podía sentir el rubor de
la ira y sabía que mi cara tendría que haberse puesto roja.

—Um. —Ellie me estaba dando una advertencia con sus ojos,


diciéndome que retroceda y la deje manejarlo. Asentí bruscamente,
dispuesto a aceptar su pedido, por el momento.
—No, estoy increíblemente halagada y sin duda es una oferta muy
tentadora —gruñí ante la idea de que podría encontrar tentador dejarme.

Siseó para que me callara, lo suficientemente tranquila para que no


sonaba en el teléfono. —Por favor, Ellie. Danos una oportunidad…

Estoy harto. —Su nombre es Dra. Reed o pronto será Dra. Halston,
cualquiera de los que prefieras llamarla —espeté—. En realidad, no la vas
a llamar de ninguna manera. Así que retrocede y deja a mi mujer en paz.

Apreté el botón de colgar y dejé caer el teléfono sobre la alfombra. No


le di la oportunidad de arremeter contra mí. Me ocupé de darle seis
orgasmos gritando hasta que se desmayó.

Si es posible, estaba aún más decidido a embarazar a mi mujer.

Muy bien chicos, vamos a la guerra.


10
Ellison

Traducido por Andreina


Corregido por Danita

Jack había estado haciendo todo lo posible para que aquella prueba
de embarazo llegara a ser positiva en los últimos días, despertándome al
menos una vez cada noche para intentarlo de nuevo. Me había convertido
en un zombi con sus intentos. No había estado tan cansada desde mis
años de residencia. Solía poder dormir durante muy pocos días con muy
poco sueño, pero parecía que llegar a los treinta significaba que ya era
demasiado mayor para pasar las noches enteras, incluso para tener
relaciones sexuales.

Enterré mi cara en mi almohada cuando sentí el deslizamiento de la


sábana sobre la piel desnuda de mi espalda. —Debes dormir.

Mis palabras fueron amortiguadas pero aparentemente lo


suficientemente claras para que Jack las entendiera en base a su profunda
risa. —Arriba, bebé. Tienes cosas que hacer antes de que me vaya a mi
turno.

— No —gemí—. Realmente no tengo nada que deba hacer.

—¿Estás segura de eso?


—Sí —confirmé—. Estoy bastante segura de que ya hicimos todas
las cosas anoche. Es muy temprano. Por mucho que te quiera y lo ardiente
que seas, no creo que pueda soportar más orgasmos hasta que duerma un
poco.

—No estoy hablando de sexo, Ellie.

—¿Ah, no? —Fue una sorpresa. Levantándome para mirarlo y


prácticamente me caí al ver lo que tenía en la mano. —Sabes que estás
loco, ¿verdad?

Retirando la prueba. —Amas mi locura.

—Acabo de tomar una hace tres días, y fue negativo —dije


quejándome.

Encogió sus hombros. —Tal vez orinaste mal.

Molesta dije—: ¡No hice tal cosa!. Soy una cirujana pediátrico
certificada por la junta. Orinar en una prueba no ha pasado de mis de
habilidades.

—Tu período lleva casi una semana de atraso, estás exhausta y me


tiraste de la cama anoche cuando intenté jugar con tus tetas —bromeó—.
Algo que generalmente te haría mojar las bragas.

—Pero la prueba fue negativa —repetí.


Me levantó y me sacó de la cama, empujándome hacia el baño. —
Como ya señalaste amablemente, eres una cirujano certificada por la
junta. Deberías estar familiarizada con los falsos negativos.

—¿Realmente crees que eso es lo que era? —susurré caminando. Por


extraño que parezca, la posibilidad ni siquiera se me había pasado por la
cabeza. Estaba demasiado molesta para considerarlo..

—Solo hay una forma de averiguarlo —respondió.

Me subí la camisa, la que me había puesto cuando finalmente me


dejó dormirme anoche, y me puse en cuclillas para sentarme en el inodoro.
— ¡Fuera!—ordené.

—Vamos —se quejo—. Quiero estar aquí en cada paso del camino
contigo. Estamos juntos en esto.

—La única manera en que vas a estar en el baño mientras hago pipí
en el váter es si alguna vez llega el día en que tú me hagas hacerme pipí.

—Bien —resopló antes de salir y cerrar la puerta detrás de él. Sin


embargo, no me dio mucho tiempo. Tan pronto como terminé de orinar me
sonrojé porque la puerta se abrió de nuevo. Me dio el tiempo justo para
lavarme las manos, mientras estaba ocupado envolviendo la prueba en
una toallita, antes de levantarme y llevarme de vuelta a la cama.
Acostándome en el colchón, me siguió y mirándome como un niño. —¿Ya
es hora?

—Todavía no —reí—. Tienes que esperar un par de minutos más.


—Creo que será mejor que encuentre una manera de pasar el tiempo
—murmuró contra mi boca, reclamándola en un beso rápido pero
profundo antes de arrastrar sus labios más abajo. A lo largo de mi
mandíbula, bajando por mi cuello, provocando los costados de mis tetas.
Llegó por mi vientre antes de volver a hablar, susurrando—: Creo que es
hora de demostrarle a tu mamá que estás allí.

Me quedé sin aliento al ver su cabeza oscura contra mi piel pálida.


—Por favor, por favor —cantó mientras alcanzaba la toallita y levantó
cuidadosamente una esquina para mirar dentro. La sonrisa cegadora que
se extendió por su rostro me dio mi respuesta antes de que pudiera
mostrarme la prueba. Era positivo. Tenía que ser, inclinándome y
golpeándole el hombro para darme espacio, y miré la pantalla.

Embarazada.

—Estamos embarazados.

—Maldita sea —confirmó, tirando la prueba y la toallita al suelo y


saltando hacia mí—. Ahora tenemos que celebrar.

Si las hubiera estado usando, mis bragas se habrían derretido por


su felicidad. —¿Cómo exactamente planeas celebrar esta noticia cuando
necesitas estar en el hospital pronto?

Tiene una sonrisa astuta. —Tengo una hora.

Giré para mirar el reloj en la mesita de noche. —No, no lo haces.


Tienes que irte en unos diez minutos.
—Adelante el reloj antes de despertarte —informó, quitándome la
camisa—. Quería asegurarme de que tuviéramos suficiente tiempo para
celebrar antes de tener que irme.

—¿Tenías tanta confianza?

Se quitó la camisa y empujó su ropa interior por sus piernas. —No


había dudas en mi mente, Ellie.

—¿Qué tal si me muestras cómo planeabas pasar esa hora?

Plantó un beso rápido en mi vientre y luego se acomodó entre mis


piernas. —Eres tan jodidamente hermosa, bebé —murmuró contra la piel
de mi muslo interno. Su aliento era caliente contra mi carne desnuda
mientras su lengua se movía para una rápida lamida—. Y soy adicto a tu
sabor.

Me tomó poco para estar repentinamente al borde de un clímax.


Apenas me había tocado, pero eso no impidió que mis paredes apretaran
contra su lengua cuando la deslizó dentro de mi coño. Su dedo rodeó mi
clítoris y sentí que perdía el control. Gimió contra mi coño, y las
vibraciones fueron suficientes para enviarme volando sobre el borde. Mis
piernas temblaron cuando se apretaron alrededor de su cabeza mientras
me venía.

—Nunca me cansaré de escuchar tus gritos mientras como tu coño


—gruñó antes de ponerme de rodillas y tirar de mis caderas hasta que me
movió más abajo en la cama. Luego me empaló con un fuerte empujón—.
Pero no hay nada mejor que la sensación de tu coño mojado envuelto
apretadamente alrededor de mi polla, sabiendo que mi bebé está creciendo
dentro de tu vientre.

Comenzó a moverse con fuerza y rapidez, profundizando con cada


poderoso empujón pero sosteniendo mis caderas suavemente todo el
tiempo. Una y otra vez, con sus ojos fijos en los míos todo el tiempo. El
sexo con Jack siempre había sido increíble, desde la primera vez, pero esta
vez fue diferente. Mejor. Más. Su anillo estaba en mi dedo, y estaba
embarazada de su bebé. Sus ojos estaban llenos de lujuria, pero estaban
templados por el amor. Tanto amor.

Sus golpes me provocaron un hormigueo en la columna, haciendo


que mis dedos se apretaran contra mis sábanas. Me golpeó, el clímax más
grande que nunca había sentido, haciéndome gritar su nombre hasta que
mi voz estaba ronca. Siguió avanzando, golpeándome hasta que volví y mis
piernas se sentían como gelatina. Cuando no pensé que podría aguantar
más, se plantó profundamente una vez más y gimió. Su polla se sacudió, y
el calor de su semen provocó otro orgasmo para mí.

—Fuiste hecha para mí —murmuró—. Debería habérmelo admitido a


mí mismo hace dos años. Si lo hubiera hecho, entonces ya estarías
embarazada de nuestro segundo o tercer hijo. Estoy tan feliz. —Tres
pequeñas palabras, pero tenían un significado profundo, con la intención
de despejar la duda que había inculcado en mi interior. Este hombre
increíble que me amaba.

Apoyando mi cabeza contra su pecho, me reí suavemente. —Es


difícil saber qué hubiera pasado si cualquiera de nosotros hubiera hecho
un movimiento en ese entonces, pero me encanta que tuviéramos dos años
para conocernos como lo hicimos.

—¿Estás contenta con el bebé, entonces ? —preguntó, con un tono


vulnerable—. ¿Suficientemente feliz como para casarte conmigo mañana?

Me reí, pensando que estaba bromeando hasta que pude ver la


expresión de total seriedad en su rostro. No tenía dudas de que él
encontraría la manera de que intercambiáramos nuestros votos mañana si
aceptaba, pero no dudé en darle mi respuesta. —Sí, cariño.
Epilogo
Jack

Traducido por Lapislázuli


Corregido por Danita
Coloqué suavemente a mi pequeño hijo en su cuna, pasando una
mano por su cabello suave y plumoso. Erick era un bebé tranquilo y
dormía toda la noche. Encendí el monitor, salí al pasillo y abrí la puerta
para que estuviera casi cerrada. Ya había acurrucado a mi dulce y
pequeña Addy, de dos años, así que caminé por el pasillo hasta el estudio
donde mi hermosa esposa estaba tendida en el sofá, viendo una película.
Haciendo una línea recta hacia ella, me bajé para que mi cuerpo cubriera
el de ella. Sonreí con exasperada diversión. Addy había llegado al escenario
donde era como un avestruz metiendo la cabeza en la arena. Parecía creer
que si no podía vernos, no podríamos verla.

—Creo que nuestros dos hijos están dormidos, Dra. Halston —


susurré mordisqueando su oreja—. ¿Qué haremos con este tiempo a
solas?

Ellie inclinó la cabeza hacia atrás, dándome más acceso a su cuello,


y coloqué besos calientes, húmedos y con la boca abierta en el valle entre
sus tetas. Llevaba una camiseta sin mangas y el escote se abría, así que
enganché un dedo en la tela y tiré de él. Gemí al ver sus tetas desnudas,
más llenas por el periodo de lactancia de nuestro hijo. Lamí alrededor de
uno antes de llevarlo a mi boca.

Mordí la punta ligeramente y ella jadeó, cada músculo de su cuerpo


se congeló, antes de comenzar a temblar. Levanté la cabeza, sorprendido
de que se hubiera venido tan rápido. Sin embargo, su rostro no estaba
perdido en éxtasis. No, se estaba riendo, su boca se comprime mientras
trataba de guardar silencio.

—Si no estuviera tan seguro en mi habilidad para hacerte venir, esto


podría ser un gran golpe para mi ego, bebé.

Ella se rió y señaló detrás de mí. —¿Qué estabas diciendo acerca de


que los niños estaban dormidos?

Me levanté y giré hacia atrás.

Una almohada flotaba por la puerta, o al menos, parecía que sí.


Realmente, tenía dos pies pequeños, apenas visibles debajo de la
almohada grande. Pequeños y delicados dedos agarraron los bordes y se
movía lentamente, vacilante.

—Addy —dije severamente. La almohada se sacudió y bajó,


revelando sus grandes ojos marrones. Estaban completamente abiertos,
conmocionados por haber sido descubierta. Era adorable como la mierda.
Mis hijos eran los más lindos, no me importaba lo que dijera Wyatt. Amaba
a mis sobrinas y sobrinos, pero vamos, mi hija era una jodida sorpresa.
Sus grandes ojos color chocolate se llenaron de lágrimas y miré a Ellie
frenéticamente. Ella levantó una ceja y me miró desafiante. Mierda. Olvidé
nuestra apuesta. Ellie estaba convencida de que no podía mantenerme
firme con mi bebé cuando lloraba. Era ridículo. Fui lo suficientemente
hombre como para lidiar con sus lágrimas sin derrumbarme.

—De vuelta a la cama, niña astuta.

Estreché mis ojos y la fulminé con la mirada, mi corazón comenzó a


romperse con los pequeños resoplidos que venían detrás de mí. Respiré
hondo y me armé de valor contra el abrumador deseo de recogerla y darle
todo lo que quisiera.

Levantando la camisa de Ellie, me bajé de ella y me enfrenté a mi


Addy, desmoronándome al ver las grandes y gordas lágrimas rodando por
su rostro. Me moví rápidamente hacia ella y la recogí en mis brazos. Sus
pequeños brazos me rodearon el cuello y apoyó su cabeza contra mi pecho,
su cabeza debajo de mi barbilla.

—Monstruos, papi —hipó—. Quiero estar entre tú y mami. —Mi


resolución desapareció rápidamente, luego jugó la carta de triunfo—.
Tengo miedo. —Era mi trabajo proteger a mi niña, ahuyentar a los
monstruos, ser su héroe, maldición.

—Por supuesto, mi niña.

Ellie se aclaró la garganta ruidosamente y miré hacia atrás para


verla sacudiendo la cabeza. Le lancé una mirada suplicante, pero ella no
simpatizaba, riéndose de mí otra vez. ¡Insensible, mujer sin sentimientos!
Finalmente se levantó y se acercó a nosotros. —Deberías dormir en
tu cama, Addy. Papá buscará los monstruos y luego te irás a dormir, ¿de
acuerdo? —Frotó la espalda de Addy en círculos lentos mientras hablaba.

Addy se echó hacia atrás y me miró con ojos suaves y tristes. —¿Por
favor, papi?

Bueno, a la mierda. Ellie podía ver que estaba a punto de rendirme y


se encogió de hombros antes de darse la vuelta y murmurar por lo bajo a
mi lado. —Blando.

No podía ocultarlo más. Ella tenía razón, yo era un completo imbécil


para mis hijos. La seguí rápidamente. —¿Algo más?

—Supongo que tendré que ponerme otra cosa en la cama ya que la


nuestra estará muy llena —dijo desapareciendo a la vuelta.

Mirándome con una sonrisa petulante. —Bueno, no tanto algo más


como algo simplemente viejo en lugar de nada en absoluto.

Me apresuré por el pasillo y entré en la habitación de mi hija, con la


risa de Ellie detrás de mí. Con Addy, comprobé el armario, debajo de la
cama, y cada rincón y grieta en busca de monstruos.

—¿Ves, niña ? Nada a lo que temerle —dije en voz baja, besando su


frente. Me incliné para acostarla en su cama nueva de princesa, pero ella
se aferró a mí.

—¿Quédate, papi? —rogó, tirando de mi corazón. Sin embargo, había


pasado una semana desde que Ellie y yo tuvimos una noche tan temprana
como esta, una en la que los dos no estábamos demasiado cansados para
más que una cogida rápida. Me moría por hacer el amor con mi esposa,
adorar cada centímetro de su delicioso cuerpo, saborearla.

—¿Puedes ser la mejor chica, Addy? ¿Mostrarme lo valiente que


eres? —Sus ojos se llenaron de lágrimas otra vez y juré una violenta serie
de maldiciones por la mierda que iba a recibir de Ellie por lo que estaba a
punto de hacer. Sin mencionar la mierda de Bailey, Wyatt y mi papá,
porque Ellie estaría hablando por teléfono cuando se enterara. A mi polla
no le importó, así que dejé de intentarlo—. Si te duermes y eres valiente,
puedes desayunar algo de tu tarta de cumpleaños.

Sus ojos se abrieron, repentinamente secos sin lágrimas, y una


sonrisa se extendió sobre su dulce rostro mientras asentía vigorosamente.

—Está bien —dije mientras la acostaba—. Cuanto más rápido te


duermas, más rápido llegará la mañana y podrás comer pastel.

Ella inmediatamente cerró los ojos y se acurrucó en el oso de


peluche que puse en sus brazos. Cuando estuvo acomodada, corrí a mi
habitación, deteniéndome decepcionado cuando mi esposa no me esperaba
desnuda en la cama.

Entonces noté el rastro de ropa en el piso que conducía al baño.


Cuando abrí la puerta, me detuve para admirar la vista de Ellie parada en
la ducha bajo el chorro de agua caliente, cayendo en cascada por su
increíble cuerpo.
Me quité la ropa a la velocidad del rayo y me puse detrás de ella,
tirando de ella contra mí y ahuecando sus tetas llenas. Jodidamente
amaba su cuerpo y solo se volvía más delicioso y hermoso con cada bebé.

—Le prometiste su pastel, ¿no? —preguntó.

La ignoré y deslice una mano hacia abajo para jugar con su coño,
haciéndola gemir. Estaba tan jodidamente duro que temía que solo tomara
un movimiento de sus caderas para hacerme explotar. Pero, primero
quería probarla.

Me puse de rodillas y la giré para que estuviera a la altura de su


bonito coño. —Te he extrañado, bebé —Una larga y lenta lamida la hizo
temblar de necesidad. Comí su coño, saboreando cada bocado, lamiendo y
chupando. La hice venir dos veces antes de estar satisfecho y me puse de
pie, levantándola del suelo y empalándola mientras la apretaba contra la
pared.

—¡Oh joder! Te sientes tan bien, bebé.

Ella apretó sus músculos internos y yo estaba a punto de venirme,


así que comencé a bombear dentro de ella, mientras jugaba con su clítoris.
Estaba llorando y cumpliendo cada empuje con sus caderas.

—¿Estás lista, bebé? ¡Voy a venirme, Ellie! ¡Joder, necesito que te


vengas!

De repente, se congeló y yo retrocedí sorprendido.

—Condón, Jack —jadeó.


Fruncí el ceño. —A la mierda el condón, Ellie. Solo te tomo desnudo.

Ella reflejó mi expresión oscura y abrió su boca para discutir, pero


no la dejé decir una palabra antes de cubrir su boca con la mía y conducir
dos veces más, haciéndonos enloquecer a los dos.

Después de tener a Addy, acepté usar un condón hasta que Ellie


estuviera lista para volver a intentarlo, pero la primera vez que lo probé, no
pude sentirla y salí, lo arranqué y volví a entrar. Estaba muy enojada
cuando apareció embarazada tres meses después. Pensé que era
jodidamente fantástico y se lo dije. Ella me acusó de ser un neandertal y
salió de la habitación. Con un poco de chocolate y mucho de comer su
coño, no me llevó mucho tiempo convencerla de que me perdonara.

***

Levanté la boca de donde estaba devorando la miel de Ellie y fruncí


el ceño. —¡Tiempo de adulto, Addy! —grité, agradecido por cerrar la
puerta.

—¡Papá! —gritó Addy, golpeando la puerta de nuestra habitación—.


¡Sé que estás ahí!

Ellie se rió y la fulminé con la mirada.

—¿Por qué tengo que mirar a los otros niños? —se quejó Addy.

—Porque yo digo. Ahora, ve a ser una buena hija y dale a tu madre


y a mí algo de tiempo a solas.
Ella se alejó de la puerta, murmurando en voz alta—: ¡Será mejor
que no me des otro hermano o hermana!

Ellie se echó a reír y yo fruncí el ceño. Levantó las manos en señal de


rendición. —Oye, tú eres quien decidió que cinco era el número mágico.

La mirada oscura en mi rostro debe haberse transformado en una de


completo y absoluto shock porque Ellie puso los ojos en blanco y me dio
una mirada seca.

—¿Cinco? —Sorprendido

—Sip. ¿Qué crees que sucedería cuando no puedes mantener un


condón en tu gigantesca polla?

Trate, realmente lo hice, pero cada vez que sentía algo entre
nosotros, no podía soportarlo. Era como si no pudiera respirar hasta que
fuéramos uno sin nada de por medio.

Después de un momento, la conmoción desapareció y una sonrisa


engreída cruzó mi rostro. Bajé la vista hacia su estómago actualmente
plano. Muy bien, muchachos.
Escena Extra
¡Un Cachorro!

Ellison
Traducido por Lapislázuli
Corregido por Danita

Cuando Jack abrió la puerta principal y simplemente metió la


cabeza con una mirada traviesa, debería haber sabido que estaba en algo.
Su pelo oscuro estaba despeinado aún más de lo habitual, y parecía que
uno de sus pacientes había tenido un mal día. Si él estuviera con nuestro
hijo menor, habría entendido la baba. Ethan tenía un año y ocho meses,
por lo que él consideraba todo cerca de su boca como un aperitivo. Sin
embargo, todos los niños estaban en casa conmigo.

Toda la mañana he estado tratando de preparar la casa para la


fiesta de cumpleaños número diez de Addy, ya que estábamos a punto de
ser invadidos por un enjambre de sus amigos de la escuela. Se fue toda la
mañana afirmando que tenía algo urgente en el hospital, me desplomé en
la cama, sin fuerza por el orgasmo que me había dado.

Entrecerrando los ojos, puse mis manos en mis caderas, tratando de


dale una mirada de muerte. Me sentí debilitada ya que parpadeaba con
una sonrisa de niño. —Ya era hora de que estuvieras en casa. Los amigos
de Addy estarán aquí muy pronto.
—Lo siento, bebe. —Su tono era de disculpa, pero su expresión no
cambió en absoluto, ni siquiera había entrado por la puerta.
Definitivamente había algo—. No pensé que tardaría mucho, No quería
decirte nada acerca de la sorpresa.

—¿Sorpresa? —No estaba segura de que me gustaría. En especial,


no en el cumpleaños de Addy, ya que nuestra hija mayor tenía su padre
envuelto con fuerza alrededor de su dedo. Y entonces oí un suave aullido
que venía de detrás de Jack. No lo hizo.

—¿Qué sorpresa, papi? —Addy llegó jadeante detrás de mí,


corriendo hacia él—. ¡Por favor, por favor, dime que es lo que creo que es!

Antes de que atrajera una pequeña bola blanca de su espalda, lo


sabía. En realidad, lo había hecho. —¡Un cachorro! —gritó—. ¡Este es el
mejor cumpleaños, papi! Sí, papi. El mejor cumpleaños. —Acepté ¿Cómo
podría realmente estar molesta cuando mi niña estaba tan feliz? Aunque
hubiera sido bueno saber que iba a darle a un cachorro a Addy hoy. Él
acababa de comenzar a planear algo esta mañana ahora que me acordaba,
poco después de darme un orgasmo.

Addy se sentó, su regalo arrastrándose sobre ella. —¿Macho o


hembra?

—Macho —respondió Jack, sonriendo para nuestra hija—. Un West


Highland White Terrier. Es pequeño, tiene poco más de un año y fuerte
como un tanque para que pueda soportar la locura de vivir con nuestros
cinco hijos.
—Parece que has pensado mucho sobre ello —murmuré, decidida a
darle un poco de infierno. No mucho, porque ya que había logrado
comprar al perro y llevarlo a casa—. Me sorprende que se haya podido
elegir al perro perfecto, encontrar una camada de cachorros, y seleccionar
un regalo, todo esto mañana.

—Bueno, puede que haya tenido un poco de ayuda —admitió con


timidez.

—Mmmhmm... —murmuré.

—¿Puedo darle un nombre? — preguntó Addy.

—Por supuesto, princesa. ¿Qué tal si escoges dos nombres y luego


papá y yo vamos a elegir entre ellos? —añadí.

Sus ojos traviesos, parecidos a su padre derritieron mi corazón. —


Está bien, mami. Podemos llamarlo Woofie o Martin.

¿Woofie o Martin? Sí, mi hija sabía cómo conseguir lo que quería.


Elegimos Woofie.

Fin.
Sobre la autora
El dúo de escritoras Elle Christensen y Rochelle Paige se unen
bajo el seudónimo de Fiona Davenport para ofrecerte historias
atractivas de amor llenas de hombres alfa. Si quieres una
lectura rápida y sucia con un feliz para siempre garantizado,
¡entonces prueba con Fiona Davenport!
POR

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