MALDITOS CUERVOS
MC
HISTORIA DEL CLUB
Sergio Figueroa, un costarricense que había buscado refugio en las
tierras frías de Canadá, ya no era el hombre que solía ser. Los
fantasmas de su pasado lo habían alcanzado, obligándolo a
enterrar su nombre y adoptar una nueva identidad: Gasper Hall.
Había dejado atrás su vida como miembro del club The Lost, una
hermandad que alguna vez significó todo para él, pero también lo
arrastró a errores que lo perseguirían por siempre.
Con su vieja chaqueta de cuero y el orgullo herido, Gasper sabía
que no podía olvidar los ideales que lo forjaron ni el emblema del
águila que siempre había defendido. Pero también comprendió que
no había marcha atrás. Así, decidió fundar su propio club, uno que
llevaría consigo la sombra de lo que alguna vez fue The Lost, pero
con un nuevo símbolo: el cuervo. Y así nacieron los Malditos
Cuervos, una nueva hermandad, un refugio para aquellos que,
como él, buscaban una familia en las vastas carreteras, lejos del
pasado y hacia la libertad.
Interpretacion
Los Malditos Cuervos se fundaron bajo los mismos códigos que una
vez rigieron a The Lost, abrazando con orgullo el infame 1%, esa
marca que los identificaba como fuera de la ley. Sin medias tintas,
el club era la encarnación de todo lo que la Familia Figueroa
representaba: un mundo donde la ilegalidad no era una sombra,
sino la esencia misma del camino que seguían.
Gasper, tras años de andar solo en las carreteras polvorientas,
finalmente encontró a sus hermanos perdidos. Juntos, levantaron
una organización cimentada en la lealtad inquebrantable, la fuerza
como virtud, y la agresividad como arma, usada solo cuando el
hierro lo demandaba. Pero más allá del caos, Malditos Cuervos
también tenía cabeza para los negocios. La mecánica era su sangre,
y a través de ese oficio se forjaron como un negocio familiar, un
bastión donde cada tornillo apretado y cada motor encendido era
un recordatorio de que la familia, por encima de todo, siempre
prevalecería.
Justificacion INFAMES
Víctor y Olman Figueroa crecieron en las frías tierras de Canadá, hombro a
hombro con su hermano mayor, Gasper. Desde que tenían uso de razón, el
rugido de los motores y el cuero curtido fueron parte de su vida. Los tres
hermanos, unidos por la sangre y por la vida en la carretera, forjaron un lazo
indestructible. Desde la cuna, Víctor y Olman fueron parte de los Malditos
Cuervos, casi como si ese destino estuviera grabado en su piel.
Como de los primeros miembros del club, los gemelos crecieron bajo los
ideales que Gasper plantó con puño firme: lealtad, fuerza y el respeto por el
símbolo del cuervo, que para ellos era tanto familia como un juramento. Ahora,
con los años y la experiencia a cuestas, los tres hermanos buscaban expandir el
legado de los Malditos más allá de las fronteras canadienses. Víctor y Olman no
eran simplemente seguidores; eran parte del corazón del club.
Con esa convicción, fijaron su mirada en la isla de Los Santos, un lugar donde el
caos y las oportunidades iban de la mano. Víctor y Olman sabían que, si querían
hacer crecer a los Malditos Cuervos, necesitaban un territorio nuevo donde
probar su temple. Gracias a sus conexiones en la organización Dark Unión,
vieron la posibilidad de extender la influencia del club a las calles de Los
Santos. Allí, podrían forjar un nuevo camino, uno donde el legado de los
Figueroa continuaría en cada esquina oscura y en cada motor que rugiera por
la libertad.