21 DE FEBRERO MIÉRCOLES
“A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he
puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge,
pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia”. Deuteronomio 30:19
El Monte Gerizim, el monte de la bendición
El valle donde se encuentra Nablús (antigua Siquem y
Sicar), en territorio palestino, está entre dos montes: El
Monte Ebal y el Monte Gerizim. El Monte Ebal es árido,
haciendo honor a su nombre (“Ebal” significa “despojado
de follaje”). En contraste, en el Monte Gerizim hay verdor
y vida, a pesar de que su nombre significa “rocoso”.
Estando uno al lado del otro es fácil compararlos. ©Daniel Ventura, WikiCommons.
Este detalle es interesante porque los dos montes nos recuerdan el camino de la
vida y el camino de la muerte, el camino de la bendición y el camino de la maldición
(versículo del encabezado). El Señor había dado instrucciones para pronunciar
palabras de bendición sobre el Monte Gerizim, y de maldición en el Monte Ebal
(Dt. 27:12-13). En solemne ceremonia esto se realizó una vez que los israelitas
entraron en la Tierra Prometida (Jos. 8:33-34).
Cuando los reyes de los alrededores escucharon lo que los israelitas proclamaban,
se unieron para atacar a Israel (Jos. 9:2). Sintieron la amenaza que representaba
ese pueblo, que ya había tomado a Jericó y a Hai. Esto pasa con el enemigo de
nuestras almas, hoy en día también, cuando nos ve aferrados a la Palabra de Dios:
tiembla y ataca.
Una solemne advertencia recibimos los creyentes al considerar el monte Gerizim.
El Señor nos redimió de la maldición de la ley, tomando nuestro lugar de maldición
en la cruz (Gál. 3:13), así que el creyente tiene delante solo bendiciones
espirituales en Cristo (Ef. 1:3). No podemos, entonces, hablar de maldiciones para
los creyentes en Cristo. Sin embargo, es claro en el Nuevo Testamento que cada
creyente tiene delante de sí dos caminos: la obediencia y la desobediencia. En
nuestra vida espiritual se verán los frutos y las consecuencias del camino que
elegimos (Stg. 1:22-25). El llamado del Señor es a elegir la obediencia.
Para los samaritanos antiguos y modernos, el Monte Gerizim es el monte más
sagrado de la tierra. Allí se reúnen para sus festividades actuales, incluída una
pascua con todo y sacrificio del cordero. En el tiempo del Señor, sin duda la
samaritana se refirió a este monte cuando dijo: “Nuestros padres adoraron en
este monte” (Jn. 4:20). El Señor dio una respuesta cuya significación alcanza toda
la tierra: “la hora viene, cuando ni en este monte, ni en Jerusalén adoraréis al
Padre… los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad”
(v. 22-23). Los lugares visibles no deben afectar nuestra adoración al Padre, puesto
que lo que Dios busca es que sea espiritual, y conforme a la verdad.