La serie De andar y pensar, cuyo segundo tomo pu-
blicamos, es una especie de dietario singular, más
lírico y lúdico en sus primeros tomos, más reflexi-
DE ANDAR Y PENSAR (II)
vo y sentencioso en los ulteriores, pero siempre
breve, penetrante y contagioso, que recoge, en sín- VÍCTOR MANUEL ARBELOA
tesis bien ajustadas el amplio mundo de vivencias
de todo tipo del autor. Son el fruto de una vida
madura, intensa, de ese andar por todo el mundo y DE ANDAR
por muchas cosas y acontecimientos, y de ese pen-
sar sobre todo lo andado y todo lo leído, que es Y PENSAR (II)
mucho más que lo andado, desde que el hombre
dejó las primeras huellas de su existencia hasta la
última noticia que nos llega, casi en tiempo real, de
cualquier ángulo de nuestro planeta. Y todo expre-
sado en una prosa breve, poderosa, clara, lírica o
dramática, lúdica o filosófica, y de vez en cuando
imprecante y orante. ¿Pensamientos, sugerencias,
comentarios, aforismos, sentencias, greguerías, má-
ximas, metáforas? Todo eso a la vez, y siempre algo
más. Y a voleo de la vida, como ellos vienen y co-
mo ellos van.
Los tomos de la serie irán apareciendo, con unos
meses de margen, en la Biblioteca del autor en la
red, dentro del cuaderno de bitácora www.vmarbe-
V ÍCTO R M AN U E L A R B E LOA
loa.es.
VÍCTOR MANUEL ARBELOA MURU (Mañeru, 1936) con-
tinúa con esta serie de libros su trayectoria literaria-
ensayística, que se abrió editorialmente con el traba-
jo De andar por la vida (Estella, «Verbo Divino», 1973),
y que no ha estado nunca oculta durante los largos
años de su actividad predominantemente política.
Junto a la serie Por Navarra, que ya ha alcanzado la
publicación del tomo XI, éste es su más esforzado
empeño en prosa que, llega a los lectores tanto en
papel como en la red.
ISBN: 978-84-934533-7-4 Ediciones Fecit
DE ANDAR Y PENSAR (II)
VÍCTOR MANUEL ARBELOA
DE ANDAR
Y PENSAR (II)
© Víctor Manuel Arbeloa Muru
© Ediciones Fecit, 2008
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de la información, transmisión de parte alguna de esta
publicación sea cual sea el medio empleado (electrónico,
mecánico, fotocopia, grabación, etc.) sin obtener el previo
permiso de los titulares de los derechos de la
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Depósito legal: NA 1504/2008
ISBN: 978-84-934533-7-4
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Av. Baja Navarra 11 31002 Pamplona
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DEL ESTADO
ÉTICAMENTE IMPASIBLE
Del Estado éticamente impasible que acaba por hacer-
se imposible, habló hace años José Luis L. Aran-
guren. Frente a todo lo que pasa, ¿pueden quedarse
los responsables de la sociedad sin dar un paso?
La otra cara de la moneda suele ser una cruz.
Lo recibió de uñas pero, como buen cortesano, de
uñas cortadas.
Un lema humanista donde los haya: libres sin fuer-
za, fuertes por la libertad.
Los criticones hablan mucho precisamente para no
ser autocríticos: para poder seguir siendo tan pasivos
e irresponsables como hasta ahora.
Si el sol es nuevo cada día (Heráclito), todo es nuevo
bajo el sol.
Las personas corrientes y molientes ni corren ni
muelen.
Unos ponen el dedo en la llaga. Otros ponen la llaga
en el dedo.
La encíclicas (circulares), si son muy largas o muy
pesadas, no circulan.
Las hojas de las espadas y de los cuchillos son, ay,
hojas perennes.
El sueño es el regalo secreto que nos hace la noche.
La s es el silbido del tren del abecedario.
Los espartanos, al sostener que eran suyos todos los
campos que podían alcanzar con sus dardos, contribu-
yeron como nadie a la modernización de la balística.
Si fuera cierto que la verdad triunfa siempre del
error, otra hubiera sido la historia de la humanidad.
Micrófonos de Dios. Afortunadamente, en la historia
de nuestra relación con Dios nunca se inventará el
micrófono. 9
Los fotógrafos son los verdaderos testigos de las
bodas.
De entre los poderes supramorales: acaso, azar,
necesidad, destino, suerte, casualidad, fortuna...,
éste último parece el único rostro amable, la diosa
cercana.
Contra la mal-aria, Buenos Aires.
La justicia abstracta linda no pocas veces con el
terror.
Pensar es decir que no (Alain), incluso al propio
pensamiento.
Tal vez llegaremos al gobierno único de toda la
humanidad, el día en que nos amenacen o nos decla-
ren la guerra desde algún otro lugar del universo.
Los neo-nazis no neo-matan; matan sin más.
Aunque parezca mentira, en China no hay barrios
chinos.
Extra rem nulla salus: fuera de la realidad no hay
salvación.
El yugo matrimonial no unce siempre a los casados
por la cabeza.
Con Anaxágoras bien podemos decir que las cosas
que aparecen son un vislumbramiento de cosas no-
patentes. Todo lo esencial es no-patente. Mucho de
lo accesorio también.
No hay problemas mientras no somos conscientes de
ellos: son obstáculos.
Nos ponemos el hilo en el dedo (de la memoria)
para no perder el hilo que traemos entre manos.
A mayor poder, mayores necesidades.
Pompas fúnebres: qué oscura contradicción.
Parece mentira que la persona que requiebra quiera
10 sólo... quebrar la voluntad de la persona requebrada.
Los ranúnculos no son las crías de la rana.
Sin derecho natural —summum jus—, la gente con-
fundirá la verdad con la estadística: verdad estadísti-
ca.
Lo peor que se puede hacer con los libros, después
de quemarlos, es no leerlos.
A veces conocemos antes las cosas que los nombres.
Pero, en general, quien no conoce los nombres no
suele reparar en las cosas.
La obediencia ciega enceguece al obediente.
No saben lo que es existir, y... les dan el premio
Nobel, hubiera dicho, más o menos, el socarrón y
vigoroso Kierkegaard.
Las armas blancas suelen hacer negra la sangre.
¿Para qué dudar entre los insolubilia (cosan insolu-
bles) y los imposibilia (cosas imposibles)?
Dios no es uno, sino único.
Si el Dios de los filósofos se define como uno, que-
dará expuesto, como en el Parménides de Platón, a
todas las extravagancias de la sofística-dialéctica hu-
mana. Sería el uno o el no-uno, pero no Dios.
Las diligencias judiciales son a veces tan lentas, que
les cuesta muchos años hacer su recorrido.
Hablar sin opinar es como gritar sin cantar.
Cuando no hay otros imperativos, ¿qué queda sino el
imperativo legal?
Releer un libro a los treinta años de haberlo leído es
como leerlo por primera vez.
El pretérito imperfecto se ha perfeccionado mucho
y ahora es copretérito.
Incluso el pretérito perfecto quedaba un poco pasa-
do de moda; por eso le han puesto el moderno nom-
bre de antepresente. 11
La historia no puede sustituir al mito, el fondo del
mito: la búsqueda del sentido.
Para hacer borrón y cuenta nueva, primero hay que
saber qué cuenta vieja hay que emborronar.
Quien sostiene que el pueblo nunca se equivoca a la
hora de las elecciones, se ve obligado a sostener no
pocas veces que los únicos que se equivocan son los
políticos elegidos.
Cuántos de los emparejados no son sino imparejados.
Si uno no es libre de no ser libre (Stuart Mill), tam-
poco puede obligarse a no obligarse alguna vez.
Jacobinos: nadie diría que era el nombre de los
dominicos de París.
Si nuestra ignorancia es infinita, nuestra soberbia
insolente es un crimen de lesa finitud.
Sólo los convencidos no suelen ser vencidos.
De la teoría de los valores lo que menos me gusta es
que sólo nos fijamos en las cosas que valen porque
nos valen.
Es natural que los moralistas, en estos tiempos que
corren, estén bajos de moral.
Llamar a las cosas por su nombre es una segunda
creación.
Crátilo, según Aristóteles, era un heraclitiano radi-
cal; creía que nada debe decirse, limitándose a
mover el dedo. Nadie puede decir dos veces la
misma palabra, debía de pensar. Pero ¿podía mover
dos veces el mismo dedo?
Prefiero una democracia formal a una democracia
informal.
No puede haber multiplicidad sino multiplicidades.
¿Qué son unos miles de hectáreas de tierra para
quien toda la tierra le pertenece por nacimiento?
12
No hay gente baja, ni siquiera mediocre, en los
altos cargos públicos: todos son excelentísimos se-
ñores.
Los cómicos de la legua son, sobre todo, cómicos de
la lengua.
El miedo es el temor que tiembla.
Vamos en un buque que hace agua todas partes
(Voltaire). Pero cada uno cree que se ha embarcado
por su cuenta para un viaje de placer.
Cuanto más entusiasmo ponemos en nosotros, en lo
nuestro o en los nuestros, menos fuerza suele que-
darnos para ellos, lo suyo, o los suyos.
La ñ es la letra que inventaron los españoles para
escribir el nombre de España.
No hay diálogo cumplido sin pensamiento propio.
Porque pensar es dialogar consigo mismo antes de
dialogar con otro.
Sin novedad. Todavía entre gentes saludables se
llama novedad a la desgracia, enfermedad o muerte
casi siempre. La novedad no es siempre signo de
progreso.
Tarquinio el Soberbio, Pedro el Cruel y Carlos el
Malo: los tres pertenecen a la dinastía universal de
los malhechores.
El deus ex machina no es la máquina de Dios, sino
el dios de la máquina.
Cuando tantos buscan tanto el re-nombre, es que no
les es suficiente el nombre.
Se creen cristianos y sólo se adhieren a un orden
socio-cultural que llaman católico. Son de aque-
llos católicos sinceros, que tanto interesaban a
Comte para su conservadora Religión de la Hu-
manidad.
Hay cuentas que nunca vienen a cuento.
13
Con razón dice Lelio, en el libro De Republica. de
Cicerón, que si lo bárbaro debe decirse por la
manera de vivir y no por el idioma, los griegos no
son menos bárbaros que los romanos. ¿Somos tal
vez los europeos de hoy menos bárbaros que los
demás?
Los artículos de fondo van destinados a los bucea-
dores intelectuales.
El engaño de uno mismo a sí mismo es causa forzo-
sa de múltiples engaños para los demás.
Al fin y al cabo, la cosmética no es sino una mínima
contribución al cosmos, es decir, al orden universal.
La razón tiene sus condiciones. Los incondicionales
son unos irracionales.
No se sabe bien qué es el fin hasta que no se ponen
los medios.
El hombre fue el primer animal —uno de los más
débiles— que inventó armas para asegurar su super-
vivencia, probablemente aun antes de convertirse en
homo sapiens. Luego le cogió tanto gusto a la cosa,
que no ha parado de inventarIas, hasta el punto de
poner en peligro, esta vez, la misma supervivencia
del género humano.
Si cada uno tiene un precio, es que no tiene una dig-
nidad; la dignidad no tiene precio.
Contra los excesos de Feuerbach: cuando el hombre
se endiosa, ipso facto se destruye.
¿Quién no cuenta entre sus antepasados más de
10.000 personas: listas y tontas, buenas y malas,
ricas y pobres, útiles e inútiles, conocidas y desco-
nocidas, oriundas y extrañas? ¿Quién ha bajado
hasta las últimas raíces de su árbol genealógico?
El verdadero árbol genealógico es un bosque entero.
El amor necesita como el río un cauce apropiado
para poder avanzar. Sin él todo es desasosiego y a
14 veces inundación y calamidad pública.
De vez en cuando tenemos que dar cera a la plato-
niana tablilla de cera de nuestra mente.
Algo puede dolernos: no podemos evitarlo. Pero
podemos evitar el estar dolidos.
Los mudos no pueden pronunciar ni siquiera los
fonemas sordos.
Podemos llegar a ser más viejos que nosotros mis-
mos cuando avanzamos con el tiempo, y a la vez más
jóvenes cuando llegamos a ser más viejos.
Al abrir la boca nos sale siempre la A.
Con permiso de Mannheim: la ideología es una corti-
na de humo —inconsciente colectivo— que ciega a los
grupos dirigentes impidiéndoles conocer la realidad,
a la vez que los reafirma en su adquirida situación.
En las oraciones sagradas, fúnebres o no, los únicos
elementos son el predicador y los predicados.
La razón no cree ni deja de creer: el hombre sí.
Al salir de la universidad, a todos nos llevaron a la
Escuela de Franckfurt.
Huímos de los riesgos: perdemos muchas posibilida-
des.
No todas las opiniones son respetables. Tampoco los
autores de opiniones no respetables son respetables
en cualquier caso.
El día en que el rey Anco Marcio reservó como
públicos todos los bosques costeros conquistados,
estaba promulgando sin saberlo la primera ley de
costas: habían de pasar 26 siglos para que en algu-
nos países europeos se continuara su ejemplo.
Los cursos de teología ¿no son siempre cursos a dis-
tancia?
Los primeros hombres comenzaron a darse las
manos cuando se quitaron la piedra o el garrote que
llevaban en ellas.
15
Sólo conoce el carro de Hesíodo el que conoce las
cien piezas del carro.
Los delincuentes suelen estar bajos de ley.
Algunos espíritus fuertes (esprits forts) de nuestro
tiempo presumen de pensamiento débil.
El punto único y siempre presente de la eternidad
concentra en sí todas las líneas del pasado y del
futuro.
¿Qué cosa más seria que un beso? Nadie hasta hoy
ha besado y reído a la vez.
Con los materiales sueltos de los Presocráticos algu-
nos han levantado verdaderos castillos en el aire.
También a los cuerdos les gusta que les den cuerda.
A todos acaban ahogándonos las manecillas del
reloj.
Pocos escritores como Proudhon han distinguido
tan enérgicamente entre la miseria y la pobreza,
poniendo en ésta última una de las cimas de la feli-
cidad. Sermón perdido: casi nadie pensaba en su
tiempo ni tampoco ahora que el bienestar tenga algo
que ver con la servidumbre.
Al descabezo lo llaman los eufemistas y delicados
taurófilos descabello.
Los racionalistas soportan mal la fuerza misteriosa
de la poesía.
Sólo los buenos historiadores saben preguntar al
pasado, hacerle hablar, y escribir con sus respuestas
la historia que necesitamos.
La lotería sirve para intentar paliar con las buenas
casualidades los males que hacemos o dejamos
hacer con las causalidades.
La m (minúscula) es el puente natural del abeceda-
rio.
16
Ya nos enseño Séneca que también la muerte pasa.
Mientras la vida se va, podríamos decir, se viene la
muerte y se apodera día a día del campo de nuestro vivir.
Adelantarse al futuro y no aguantar su acometida es
acaso la primera tarea del buen político.
Los autores citados no suelen acudir a las citas.
Limitado e ilimitado, el ex-sistir del hombre es una
interminable tensión.
Quién lo iba a decir, pero comiendo ostras es como
menos se aburrían.
El tiempo es el bien más escaso de todos y uno de
los más difíciles de robar.
El carné de identidad es el símbolo acabado de la
nación como alma colectiva, que da, consolida o
plenifica la identidad de los pertenecientes a ella.
Lo que es diferente en relación a otro es, por eso
mismo, semejante. No hay por tanto nada absoluta-
mente diferente en el ámbito de lo relativo.
En ocasiones habría que utilizar, en vez de filosofía
(en el sentido vulgar de la idea, contenido, motivo)
las expresiones que emplea el autor del Fedón: filo-
somatía (amor al cuerpo), filocrematía (amor al
dinero), filotimía (amor a los honores)..., todo menos
filosofía (amor a la sabiduría).
La b de labio es la consonante más labial de todas.
iPoner la otra mejilla! Demasiado fuerte y demasia-
do rápido. La gente espera, en el mejor de los casos,
a que se recomponga la mejilla golpeada.
La paradoja es una verdad tan verdadera, que pare-
ce que se ha vuelto loca.
La razón no es el solo motor de la historia, y la his-
toria no es sólo la crónica de la razón.
Los tacones son los heraldos cotidianos y humildes
de las señoras.
17
Un César romano que tuviera el alma de Cristo,
soñaba Nietzsche como ideal del superhombre. Ya
sabemos qué hizo con Cristo el representante del
César y lo que de éste pensaba Cristo: Dad al César
lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.
Demasiado generoso y prudente fue tal vez Cristo en
esa ocasión: ¿es que algo era del César?
Desde Saussure, la lengua de la lengua se llama habla.
Confrontación: frente con frente, no cuerno contra
cuerno, que es lo que significa la palabra inglesa
confrontation y las españolas a-frontamiento y en-
frentamiento.
El crítico-autocrítico busca la verdad dondequiera
que esté. El relativista se contenta con cualquier
cosa que le parece verdad.
El médico da recetas, el maestro respuestas.
Fácil es obedecer ciegamente. Lo difícil es obedecer
viendo a quién se obedece.
Penígero, contra lo que pueda parecer, es el que
lleva alas o plumas.
Cuando, al soñar, creemos estar contando sueños,
parecemos tan despiertos como en estado de vigilia.
Detenerse antes de perderse, nos aconseja Voltaire, a
la hora de discurrir sobre cosas que no podemos
penetrar. Hay, sin embargo, quien considera a la
temeridad y a la aventura dignas también de la inte-
ligencia humana. ¿Pero hasta la pérdida del sentido?
La erre doble de carro nos dice de inmediato que el
carro lleva dos ruedas.
A veces se confunde igualdad con justicia. El lema
de toda justicia suum cuique tribuere (dar a cada uno
lo suyo) no habla precisamente de igualdad.
La implícita y nunca declarada convicción de que
somos poco menos que infalibles nos impide a
menudo interesarnos seriamente por las razones de
18 nuestros contradictores y adversarios.
Son muchas más las personas que ojean que las que
hojean.
Si el infierno está empedrado de buenas intenciones,
al menos eso que tendrá de bueno el infierno: el
empedrado.
Malos maestros (¿sofistas?) los que tienen explica-
ción para todo.
Cuanto más vacía y débil es la vida de una comuni-
dad, más llena y poderosa es la figura de los políti-
cos que la rigen (figurones).
La defensa violenta de una negación equivale con
frecuencia a una afirmación vergonzosa.
El llamado asno de Buridán nunca dudó un segun-
do en comer de uno y otro haz de heno, puestos a
la misma distancia. Probablemente acabó con los
dos.
Buena persona en el fondo. Lo que quiere decir que,
fuera de ese fondo, no es mucho de fiar.
Las vocalías están llenas de consonantes.
Las nueve Musas, nacidas de Mnemósine y Zeus,
nacieron de un mismo parto tras ser engendradas en
nueve días. Por eso es tan fácil confundirlas y
tomarlas unas por otras.
La falta de memoria ahuyenta a las Musas. Por algo
Mnemósine (la memoria) es la madre de todas ellas.
El patriotismo es también un acto de fe, entendida
como lealtad (fides). No por casualidad es común en
pueblos muy religiosos o que acaban de perder/tras-
vasar su fe religiosa.
La ll es la única letra melliza de nuestro abecedario.
En otros suele ser la w.
De la admiración por el poder de la historia —que
Nietzsche reprochaba a Hegel— a la idolatría de los
hechos no hay más que un paso. Y otro, menor toda-
vía, a la idolatría de los señores de la historia. 19
De nadie puede decirse mejor que del astrónomo y
filósofo Tales de Mileto que vio las estrellas, cuando
cayó en un pozo por querer mirar mejor el firma-
mento estrellado.
Cuando los pobres inventaron la suma, los ricos
inventaron la multiplicación.
Multiplica y vencerás se dijeron los más avisados
vencedores.
Los cónsules romanos del siglo V a. C., Espurio
Casio Vecelino y Espurio Melio, así como otros
muchos Espurios posteriores, nunca fueron espú-
reos.
A veces no tenemos cara para en-cararnos.
Muchos hombre públicos pretenden que se les esti-
me por lo que son, además de por lo que hacen.
Pero la inmensa mayoría sólo estima resultados y
beneficios, y no vidas ejemplares, que suelen apre-
ciar sólo en las personas privadas.
Inexactos por convención o por naturaleza, los nom-
bres llaman a la puerta de las cosas, pero nos dejan
en ella.
Cuando al saber no le basta su propio éxito, el éxito,
cualquiera que sea, hace las veces de saber.
La opinión es una enfermedad sagrada, dice un frag-
mento apócrifo atribuido a Heráclito. Quizás por eso
muchos expendedores de salud nos venden su opi-
nión y nos protegen de tener la nuestra.
El basto es el palo por excelencia de la baraja.
Los que hablan en público piden perdón por la tos
pero no por las mentiras que dicen.
Sibi quisque ortoduxus est (cada uno se cree ortodo-
xo), escribía Locke. Incluso ortodoxo de su hetero-
doxia.
Contra lo que pueda parecer, la u es una vocal cerra-
20 da mientras la o es una vocal abierta.
Las personas que viven en estado de perfección son-
perfectamente imperfectas.
¿Qué hacer con el quehacer de quehacerse?
No fueron cuarenta siglos los que contemplaron a los
soldados napoleónicos en la batalla de las Pirámides,
sino sesenta. Si Napoleón lo hubiera sabido, quizás
la victoria hubiera sido superior en un tercio.
El color amarillo es tan indefinible como el rojo y el
azul.
La insapiencia es la ignorancia que se ignora a sí
misma.
Nada puede imaginarse ni decirse de la nada. Nada
puede hacerse con ella. Dios no hizo el mundo de la
nada, sino después de la nada.
Zánatos (la muerte) lleva en griego género masculi-
no: el señor de los muertos, el amo de nuestros días.
No falta el humor ni en los antiguos relatos marti-
riales de los santos. San Román, que era testarudo
por naturaleza, comenzó a hablar cuando le corta-
ron la lengua.
El triángulo trinitario no es geométrico, sino solamen-
te simbólico-teológico. Eso sí, el triángulo perfecto.
Los cuentistas viven con un pie en el cuento y con
otro en la cuenta.
Somos un continuo adiós y una continua bienveni-
da. Tristeza y alegría, inseparables.
Leyendo a Durkheim, el suicidio aparece como la
pena que la condición humana impone a quienes se
aventuran más allá de los seguros muros de la ciu-
dad. Todos se suicidan, pues, extra muros.
El telefonema nos trae varios fonemas, morfemas,
lexemas y sememas.
Nada ni nadie es famoso si la Fama no lo comunica
con su trompeta. 21
Las medianías no todo lo hacen a medias: su ente-
reza es a veces singular.
Los melioristas son más que los optimistas y que los
pesimistas; gracias a ellos se perpetúa el optimismo
y el pesimismo.
La u es un fonema hecho para ulular.
22
LA RELIGIÓN DE
LA H UMANIDAD
La Religión de la Humanidad, ideada y organizada
por Augusto Comte, discípulo del conde de Saint-
Simon, venía a derruir a Dios y al cristianismo (¡no
a la Iglesia!) y acabó en una global tiranía: en dicta-
dura de una secta, en la negación de toda libertad y
de todo derecho. Ya no hay derechos, sino deberes:
el individuo es una abstracción fuera de la unidad
biológica de la especie.
Si no hay luz sin sombra, ¿cómo no va a haber som-
bras en torno a la máxima luz?
Frente al pernicioso Ares (dios de la guerra), la oji-
zarca diosa Atenea (diosa de la sabiduría), en pala-
bras de la Ilíada.
Ventrílocuo no es el que habla con el vientre, sino el
que habla con los ventrículos.
El lema que España funcione parece la traducción
política literal del concepto de verdad de W. James.,
como algo que funciona o puede funcionar y servir
para la vida concreta. Pero si no funciona, tendría-
mos que dudar de la verdad de España.
Las palabras mayores suelen ser las más cortas.
Los picos no cuentan en la suma del gallinero.
El conductismo no trata solamente de la conducta,
buena o mala, de los conductores.
En las juergas es cuando más se utilizan las jer-
gas.
Me gusta ver siempre tras el sustantivo deber el
verbo ser: el deber como deber ser.
El calendario es el ensayo desesperado del hombre
por reducir el tiempo a espacio y dividirlo en ro-
dajas. Años, meses, días, horas... Pero el tiempo es
indivisible y fluye impertérrito sin oír ningún
reloj.
25
No sé si la teología de la liberación ha aprovechado
aquel pasaje de la Odisea, en el que se le recuerda a
Antinoo, despreciador de un extranjero pobre, que
los dioses recorren a veces las ciudades cual pere-
grinos errantes para ver la justicia y la maldad de los
hombres. Tal vez arranque de allí la leyenda, popu-
lar entre nosotros, de Dios que se hace mendigo y
pide limosna en nuestras casas.
Siempre que decimos baboso miramos discretamen-
te hacia donde tuvimos un día el babero.
No se ha inventado aún nada para averiguar el error
de una suma. Hay que sumar de nuevo.
Al enterarse de la teoría especial de la relatividad de
que con la velocidad aumenta la masa, dejó de
correr todas las mañanas por el parque.
Si la esperanza no dudase, sería una seguridad.
Los accionistas suelen terminar mejor que los acti-
vistas.
El cero es la lotería de los números.
El discurso falso dice lo que no es como si fuera; no
habla de nada o de nadie: sino que habla, mal, de
alguien o de algo. Nadie piensa ni dice ni quiere ni
espera lo que no es.
Cuando alguien pide la palabra en público, es que
ya la tiene.
El tercer hombre platónico-aristótelico no existe por-
que no existe el primero (el hombre de la idea).
La luz corre tanto porque no quiere quedarse a
oscuras.
El teólogo antidialéctico medieval san Pedro
Damián, celoso de la supremacía divina, llegó a afir-
mar que la ilimitación, infinitud y omnipotencia de
Dios pueden hacer incluso que lo que ha sido no
sea. No sabemos, pues, a ciencia cierta, si existió san
26 Pedro Damián, o si es santo todavía.
Son nacionalistas exaltados de su grupo-nación y se
creen menos nacionalistas que los demás.
La d, la t y la zeta se pronuncian siempre entre dien-
tes.
La teología griega —naturaleza y personas— y la lati-
na —relaciones subsistentes— sobre la Trinidad nos
ha oscurecido lo fundamental: las tres dimensiones
insustituibles del Misterio divino: Dios único y tras-
cendente, Palabra encarnada en la historia, y Pre-
sencia amorosa-permanente.
Qué difícil, qué imposible, la unidad entre uno y
una, a no ser que dejen de serIo, que dejen de ser
dos y los dos.
Si, por hacerse la justicia, tiene que perecer el
mundo ( fiat iustitia pereat mundus), mejor que es-
peremos un poco para ver si encontramos algún
remedio.
Pocos dejan de creer en los dioses Penates, que pro-
tegen la casa ( penus = despensa) y en los dioses
Lares, que defienden la propiedad familiar.
El uniforme uni-forma pero no iguala. Mucha gente
piensa que está igualada y sólo está uniformada.
Que el hombre es la medida de todas las cosas, tanto
del ser de las que lo son como del no ser de las que
no son (Protágoras) se ha entendido habitualmente
como la máxima por excelencia del humanismo.
Pero el maestro griego de sofistas subordinaba así el
ser de las cosas al parecer de los hombres. Por sal-
var a éstos perdía aquéllas. ¿Y qué es el hombre ver-
dadero sin la verdad de las cosas?
La tónica es un agua muy acentuada.
Si los dueños de los asadores tuvieran un poco de
humor sacro, proclamarían de inmediato como
patrono a San Lorenzo mártir, asado vivo, quien, al
sentirse muy hecho por un lado, dijo al verdugo:
dame la vuelta y prueba ya ( versa jam et man-
duca ).
27
La ergo-nomía no es la ley ni la ciencia de hacer
silogismos.
En-rojecemos pero no en-verdecemos ni en-azule-
cemos.
Cuando África comenzaba en los Pirineos, Europa
terminaba en África del Sur.
Eran tan europeos, que pedían el desayuno inglés y
el almuerzo español.
La quinta columna siempre está esperando a la
sexta.
Los andarines siempre se ponen las botas de andar.
¿No será tantas veces la violencia, en muchas de sus
manifestaciones, la sustitución, resentida y amarga,
de las grandes fuerzas místicas y religiosas, de las
que hablaba Michelet, y que se abandonaron por
diversos motivos?
Los cerdos de granja han dejado de ser puercos.
A las mujeres emancipadas no las sujeta ni el suje-
tador.
Xénos significa en griego clásico extranjero, pero
también huésped y visitante. La palabra vasca arrotz
tiene el mismo doble significado. Buena señal para
estos tiempos de xenofobia.
Los gemelos en los puños de la camisa son las espo-
sas de juguete que nos pone la moda.
El lugar no ocupa lugar.
Si habitantes de otras épocas vieran, una tarde cual-
quiera, correr a tanta gente por los alrededores, par-
ques y jardines de la ciudad, pensarían que ha sona-
do el toque de queda, que se ha declarado un incen-
dio o que se trata de una huída, dosificada, de la
población.
28
El abecedario ¿no debería decirse abecediario?
La abeja reina era para los griegos la abeja rey: todo
un símbolo, según Platón, del verdadero político,
superior en cuerpo y alma. En nuestro siglo todo un
Bergson comparó la sociedad (cerrada) con un hor-
miguero. No debieron de encontrar nada mejor con
que compararnos.
¿Irracional o a-lógico?
Todos los habitantes de un país son, quieran que no,
paisanos.
Antes los ex-terminaban (desterraban); ahora los
exterminan, y punto.
No hay inteligencia sin memoria. No basta la razón,
sin el recuerdo constante de lo que el hombre y la
humanidad han sido, para aprehender lo que son.
La pirámide clasista que levantó el conde de
Saint-Simon fue su propia tumba y la tumba de su
seudo-religión jactanciosa.
Llaman Providencia a todo aquello que les provee.
El lenguaje es también el maestro más experimenta-
do.
Vemos [...] el Amor con el Amor, y el Odio con el
Odio funesto, escribe Empédocles de Agrigento.
Amor y Odio como dos causas eficientes y eternas,
que actúan sobre los cuatro elementos primordiales.
Pero, curiosamente, el Amor, cuando unía elemen-
tos opuestos, los hacía semejantes (agua y fuego).
Por algo en Murcia llaman mantear al salir mucho
de casa las mujeres.
El placer es el premio natural de cada actividad bien
hecha.
Las prostitutas italianas parecen ser las más filosófi-
cas del mundo: las llaman peripatéticas.
Llamamos pesadas a las personas que con su pesan-
tez nos llevan hacia abajo, hacia el fondo del tedio y
del hastío.
29
Los números, al saberse infinitos, no tienen sentido
de la escasez, ni del ahorro, ni del despilfarro.
Quizás, para evitar cualquier antropomorfismo, lo
mejor sería decir con Aristóteles que Dios o es inte-
lecto o algo que está incluso más allá que el intelec-
to. Y así de todos los atributos.
Hay conceptos imaginarios, como sirena, bruja o
duende, que no existen en la realidad, pero subsis-
ten, resisten y persisten de otros modos. Por lo que
no es necesario existir para tener documento men-
tal, lingüístico y literario de identidad.
De ciertas utopías a ciertas tiranías no hay más que
un paso, paso que sólo impide la mediación de la
inteligencia.
Se llaman feministas y el primer insulto que se les
cae de la boca es hijo de puta.
Pienso que en toda la historia de la filosofía no hay
una relación tan ejemplar como entre la esencia y la
existencia, sea lo que sea de sus diferencias reales,
formales, o sólo de razón con fundamento en la rea-
lidad.
A veces el mochuelo se va a un nido que no es el suyo.
Es pena que de la antigua Polis (ciudad) griega, sólo
hayan quedado en nuestro vocabulario habitual los
políticos y los policías.
¿Quién dice que ama a la humanidad?
Cojeaba del pie derecho... Casi nadie cojea de los dos
pies.
La vocación es la voz que, desde el fondo de nues-
tro ser, nos voca, nos a-voca, nos in-voca y nos con-
voca a existir con plenitud.
¿Quién conoce, quién recuerda a Niccoló Lorini,
que denunció a Galileo ante el Santo Oficio?
Cuando se cobra la nómina es cuando el nombre se
30 hace efectivo.
Hombres sin ideas (idein = ver): hombres ciegos.
Los universales lingüísticos o la gramática universal
de Chomsky, sean innatos o no, nos muestran que
toda lengua humana —una de las fronteras que más
separa a los hombres— tiene rasgos estructurales
comunes a todas las demás.
Todos los números son más importantes que el 1,
pero todos lo llevan consigo.
Cuando se dice con todas las de la ley, siempre falta
alguna.
¿Qué mayor presente de Dios al orante que su pre-
sencia (invisible y silenciosa)?
Las noches de luna llena, le ocupaba el lunar... la
cara.
No hay conocimiento a priori: lo a priori, en el
mejor de los casos, hace posible el conocimiento.
No hay, no puede haber, priores elegidos o nombra-
dos a priori.
Falange: del rodillo de los huesos digitales al de los
cuerpos de tropa.
A los falansterios del dinámico y generoso Fourier
les faltó el orden y las nóminas de los ministerios.
Tras la teoría de la relatividad, de Einstein, las leyes de
la naturaleza no son más relativas, sino más absolutas
y comunes: en todos los sistemas de movimiento.
Hay embarazadores que acaban siendo embarazo-
sos.
El que gana, de una forma u otra, alguna causa
pública, sea cual sea, sabe que alguien acabará feli-
citándole.
¿Cómo serían los vegetales sin domesticar?
La hora de la muerte es también la muerte de la
hora.
31
¿Qué entidad más real que el flatus vocis (soplo de
voz), con que Roscelino de Compiege y sus discípu-
los calificaban a los inexistentes universales?
La palabra agua está siempre mojada.
No existe el Estado perfecto. No sólo porque está
constituido por hombres, sino también porque tiene
nada menos que el monopolio de la fuerza legítima.
Pero tampoco existe la sociedad perfecta.
La voluntad, no queriendo querer, acaba, quiera que
no, queriendo: queriendo no querer.
La ignorancia es una demencia, benigna de por sí y
muy peligrosa por sus consecuencias.
Las varas de mando de las autoridades nos recuer-
dan, por si acaso, el primitivo fundamento de la
autoridad.
La pantalla de la televisión es la pasarela de la fama
cotidiana.
Uno de los achaques más comunes de nuestra indo-
lente inteligencia es convertir las tensiones en anti-
nomias.
La moral popular suele ser una moral de mínimos y,
a la vez, una moral de máximas.
Todos los varones cobardes que llevaron una vida
injusta [...] cambiaron a mujeres en la segunda
encarnación, hace decir Platón a Timeo. Pero no nos
dice cómo las trataron las primeras mujeres que
aparecieron entonces en su encarnación original.
No existe el juego porque existen muchos jugado-
res, sino que existen jugadores porque existe mucho
juego, que impone sus propias reglas a los jugado-
res.
Sólo los elegidos saben elegir: se llaman elegantes.
Al creyente le apetecería decir a Dios: que coincida
tu voluntad con la mía. Pero la fe le lleva a decir lo
32 que dice: hágase tu voluntad.
La j es la sola letra que baila.
La talidad es, por doble motivo, la esencia de los
Fulano de Tal.
En-cuadrarse en algo es meterse en un cuadro del
que es difícil salir.
La memoria y la razón multiplican, en proporciones
desconocidas, cualquier tipo de placer.
Lo peor de ciertos ilustrados es su autosuficiencia,
nota histórica peculiar de fariseos, estoicos y pela-
gianos: todo lo deben a sus propios méritos.
La palabra licor siempre deja caer una gota.
El fin de cualquier acción es siempre, a la vez, su
principio.
AIgunos reformadores lo que quisieron, de verdad,
fue reformarse a sí mismos, pero acabaron refor-
mando una parte del mundo.
Unos bebean, otros cecean y hasta dedean.
Sólo quien tiene hábitos (habitudes) puede habérse-
las —tenérselas— con una vida plenamente humana,
es decir, moral.
Entre el diafragma y el ombligo, nos dice Timeo,
pusieron los dioses la parte del alma apetecedora de
comidas y bebidas, atada como fiera salvaje junto al
pesebre. Al atarla, ¿no harían en el ombligo el nudo
del cordón?
No hay ningún gran entendimiento sin una gran
imaginación.
Tiempo somos. Radicados en el tiempo, atravesados
por el tiempo, pendientes del tiempo. Frágiles árbo-
les de tiempo.
Ya no nos leen la cartilla: nos hablan por televisión.
La ironía es la penúltima defensa, siempre dudosa,
que nos queda en tiempos de turbación. La última
es la esperanza. 33
Ciertos dialécticos barajan pacientemente el naipe
triádico de la tesis, antítesis, síntesis, y..., vuelta a
empezar.
Los placeres son los niños caprichosos de la casa de
nuestra vida.
La mayoría de los escépticos no pasan de ser filoló-
gicamente fieles a su nombre: los que miran y exa-
minan cuidadosamente las cosas.
34
¿CONOCERSE
ES AMARSE?
¿Conocerse es amarse? No habrá felicidad —escribe
San Bernardo— al conocerse, más que allí donde no
hay ninguna mancha. De ahí que el amor entre per-
sonas humanas no exija nunca el pleno conocimiento.
Si estuviéramos muertos de miedo, no tendríamos
miedo.
Se levanta la mano para tomar la palabra, pero a
veces también se levanta la palabra para poner de
inmediato la mano en acción.
Aristóteles nos enseñó que hay que subordinar la
fortuna a la felicidad y no la felicidad a la fortuna.
Felicidad afortunada y no fortuna feliz.
Los peces no dicen ni mú ni pío para que no les
entre el agua por la boca.
Algunos piensan que el status depende de la estatura.
El famoso axioma laissez faire, laissez passer (dejad
hacer, dejad pasar) parece a primera vista un lema
de circulación.
Sin algo propio no hay nada verdaderamente
común.
La muerte injusta de Sócrates no sólo manchó, sino
relativizó para siempre el sistema democrático.
Algunos que creen haber perdido la fe han perdido
sólo la fe... mágica.
Fuera de algunas excepciones, ¿qué somos unos
hombres para otros sino ráfagas de recuerdos, con
más o menos aprecio, con más o menos admiración,
en el mejor de los casos?
Se cortan tal vez la coleta pero nunca la cola.
La libertad es la fuerza de la colectividad soberana;
la justicia es la ley escribió Proudhon, resumiendo
buena parte de su inmensa obra. La libertad sería el
viento (viento de libertad) y la justicia su dirección. 37
Muchos neg-ocios no tienen otro fin que conseguir
una vida de ocio.
¿Qué habría dicho el homérico y magnánimo Estén-
tor, de broncínea voz a los que, en vez de estentórea
(voz), dicen ostentórea?
Triste servidumbre la del exceso de libertad (liberti-
naje), que suele llevar inexorablemente a la vieja
servidumbre sin libertad (liberticidio).
Menos mal que la realidad no se deja sobornar.
Es natural que en la glotis el agua haga glo, glo, glo.
El diálogo es humanamente más importante que el
acuerdo. Este puede ser fruto del interés, del miedo
o de la violencia.
Es mejor soñar lo que vivimos que vivir lo que so-
ñamos.
El Príncipe de Maquiavelo no es un libro de moral
(cómo debe ser el príncipe), sino de historia de su
tiempo (cómo son los príncipes), propuesta como
moral (inmoral).
La gente de vida airada suele ser gente de vida muy
aireada.
¿Quién propondría la elección de un piloto terrestre,
marítimo o aéreo por motivos de amistad o de cama-
radería? ¿Y qué otra cosa hacen algunos políticos
cuando nos colocan ciertos candidatos para pilotos
de la nave del Estado?
El primus inter pares es sobre todo primus.
Zeus inventó el deporte rural de la soka-tira cuando,
según la Ilíada, desafió a diosas y dioses menores a
colgar del cielo una soga dorada y a intentar arras-
trarlo a él mismo hasta el suelo.
El arte destierra el miedo a la muerte porque nos
acerca a Dios.
La l de lago es la más líquida de las eles.
38
Siembre odios. El odio da vida al que es odiado, le
aconsejaba alguien a César González Ruano. ¿Cómo
puede dar vida el odio, que es uno de los ensayos de
la muerte?
Llamar la atención es el deporte preferido de los frí-
volos.
También los inatendidos llaman la atención.
Los apetitos beben los vientos por el presente; el
futuro los tiene sin cuidado.
El dolce far niente es dulce sobre todo para quien se
aprovecha de lo que otros dejan de hacer.
I-racional: ¿meta-racional, a-racional, anti-racional,
supra-racional o infra-racional?
Los que se salvan por los pelos son los peluqueros.
En el terreno moral la vida del hombre forma un
todo, un todo continuo. Es el conjunto de la vida lo
que importa, no este o aquel acto particular, aislados.
Los auténticos cuentistas cuentan cuentos de nunca
acabar.
La mejor poesía es aquella en la que la forma y el
contenido no se distinguen ni apenas pueden distin-
guirse.
Y ahora resulta que el marxismo fue nada menos
que el opio para el pueblo, que los nuevos amos no
quisieron emancipar.
Ni siquiera con los habitantes de las islas cercanas
pudo entenderse el místico Hayy bn Yaqzan, el
héroe que imaginó el filósofo andalusí Abentofail. El
místico es ante todo una isla rodeada de Dios por
todas partes.
Una tarea anterior a todas las demás: no prejuzgar
los prejuicios.
Casi todos los reformadores y revolucionarios se
hacen pronto conservadores de su reforma o de su
revolución. 39
Cuando no pintamos nada en un sitio, nos salen los
colores.
La derrota de las esperanzas se llama decepción; la
de la esperanza, desesperación.
Chica para todo suele necesitar un señor de todo.
Hasta la libertad tiene que ser libre.
Platón sacó al aire de la calle los más sustanciosos
temas sobre el saber humano. ¿Qué otra cosa son
sus Diálogos? Desde entonces seguimos debatiéndo-
los. Este es su mayor éxito. Y esto es, en verdad, la
filosofía.
Los afrodisíacos se fabrican no para los afroasiáti-
cos, sino para los anafrodisíacos.
Es lamentable que sea menos clamorosa la violencia
de la injusticia que la injusticia de la violencia.
Una de las diferencias entre el hombre y el buey es
que éste último siempre dice mú.
La flecha de nuestra vida está permanentemente
disparada hacia el blanco de la felicidad.
La demo-cracia no existe sin pueblo pero tampoco
sin poder: sin poder del pueblo.
Se llaman andana lo que no quieren andar en líos.
Vivir al día —carpe diem—, vivir el ahora, el momen-
to presente..., es justamente lo contrario de lo que
llamaba Kierkegaard instante y repetición : lúcido
resumen, y plenitud potenciadora de toda nuestra-
vida. Vivir al día es no vivir fuera de ese día.
No maduramos, como los vegetales y los animales.
En el mejor de los casos, nos perfeccionamos, y, en
el peor, nos empeoramos, desaprovechando las múl-
tiples posibilidades que nos ofrece el tiempo de
nuestra vida.
Los espíritus de la golosina siempre están cerca de
entregar el espíritu.
40
Los pantalones no se llamaron tapaculos para no
confundirlos con los escaramujos.
Si tuviéramos lentes de recordar para nuestra
memoria cansada, pasaríamos media vida leyéndo-
nos por dentro.
Más exacto que decir, como Malraux, que la muerte
transforma nuestra vida en destino, es decir que
nuestra muerte libre, anterior a la biológica, confi-
gura definitivamente nuestra vida.
¿Cómo no van a defender que el fin justifica los
medios, si para ellos los medios son el fin?
El único censo que falta es el de los censores.
La prosopopeya es la máscara ( prósopon) de grave-
dad que ponemos a nuestra prosa hablada o es-
crita.
Los que andan con pies de plomo siempre llegan
tarde.
Todos somos alumnos muy formales en la clase de
ética de Kant. Todos salimos de ella queriendo hacer
los deberes.
¿Quién ha fijado las fronteras naturales de los
Estados?
En ese pequeño eterno retorno al que se parece
nuestra vida monótona, sólo podemos librarnos del
tiempo implacable, dominándolo: dándole el sentido
unificador que no tiene e imprimiéndole la direc-
ción que le falta.
Qué desgracia la del lego lego.
Lo más fácil de todo, cuando se ha aprendido a
conocerse, es menospreciarse.
Nómos (ley) y nóumisma (moneda de ley) fueron los
dos principios rectores de la primera comunidad
política griega. Todo lo que no sea de ley no puede
servir de vínculo social.
41
La llamada por algunos teólogos ciencia media, por
la que Dios conoce los futuros contingentes condi-
cionados, no llega, la verdad, ni a media ciencia.
Las letras sentenciales, argumentos y predicados de
la lógica cuantificacional, fueron raptadas por los
números para hacer sus veces.
¿La propiedad es un robo? (Brissot de Warville,
Proudhon) En cualquier caso, cuando todos son o
quieren ser propietarios, ha dejado de serlo.
Cuando veo que se hacen miles de fotos a cualquier
pelagatos, recuerdo que sólo nos queda un retrato
auténtico de Platón.
Mejor es ser menos perfecto que más perfecto, sólo
comparado con los defectos de los demás.
A menudo los jugadores de cartas tienen una copa
de más.
Algunos necios cuentan sus aventuras sexuales por
las horas de navegación y hasta por el número de
naufragios.
La elipse de los planetas de Kepler rompió el círcu-
lo de la astronomía clásica. Desde entonces el círcu-
lo dejó de ser perfecto.
Sucede a veces que, a fuerza de ir en contra de al-
guien, nos en-contramos con él.
Cuando el injusto intenta pasar por justo está cum-
pliendo a las mil maravillas su papel. ¿Qué mayor
injusticia que parecer justo sin serlo?
Los aristócratas tienen, al menos, en su poder la
mejor (áriston) palabra griega.
La fe mística de muchos liberales en el orden provi-
dencial de las leyes económicas les hace creer lo que
nunca vieron, nunca ven y nunca verán.
Siempre hay sectas de aquenios, esenios o de aque-
lenios.
42
Si pudiéramos tocar y gustar de lejos, como hacemos
con la vista, con el oído y, mucho menos, con el olfa-
to, nos evitaríamos muchos disgustos.
Dios, Patria, Ley, proclamó Unamuno cuando entró
en España, tras ser desterrado por la dictadura de
Primo de Rivera. No era una broma, porque la ley es
nuestro verdadero rey y señor.
El mito no es una respuesta irracional sino una pre-
gunta existencial.
La verdad es que el Liceo de Barcelona nos ha
hecho olvidar el Liceo de Aristóteles.
El que se somete a los hombres se somete previamen-
te a las cosas, escribió Epicteto. Previamente y pos-
teriormente. Pero lo cierto es que hay muchas cosas
menos subyugadoras y feroces que muchos hom-
bres.
Hasta los más gordos valen más de lo que pesan.
El secreto es a las burocracias lo que a las democra-
cias es la opinión.
La cosa es repetir sin verificar. Con la Iglesia hemos
topado, Sancho, dice todo el mundo, creyendo saber
lo que dice. Pero Cervantes escribió: Con la iglesia
hemos dado, Sancho: los muros de la iglesia parro-
quial de El Toboso, una noche cerrada.
El lugar no se desplaza con los cuerpos pero tampo-
co se separa de ellos.
La pajarita del cuello es la corbata doblada y dise-
cada.
Ni siquiera una vez es posible sumergirse en el
mismo río, pensaba nuestro amigo Crátilo, según el
testimonio del Estagirita. ¿Porque de un momento a
otro el río deja de ser el mismo? ¿O porque quien se
sumerge está siendo distinto a cada instante?
Abarse no es hartarse de habas, excepto en casos
extraordinarios, hasta morir de indigestión.
43
Para que algo cambie en la humanidad, mucho o
poco, algo tiene que permanecer (el sujeto). Cuando
en una persona, grupo o sociedad todo cambia y
nada permanece, el cambio no es sólo una revolu-
ción, es una catástrofe.
De la región sublunar hablaron los griegos. Es nues-
tra región natural cósmica, nuestra pequeña patria
dentro de la gran patria del universo.
De ser la pura realidad de la cosa o la cosa misma en
cuanto tal cosa, la esencia ha pasado a ser un acci-
dente banal de cualquier persona: el perfume líqui-
do concentrado de una sustancia aromática.
Dios habla siempre el primero. El hombre no puede
tomar la palabra, si no es del Otro. Pero puede y
debe tomarle la palabra.
Los quinquis no cobran quinquenios.
Cuando se comienza esperando de la política todo
bien, se termina, a veces, achacándole todo mal.
No es de extrañar que la menos recatada de las cua-
tro sea la sota de copas.
Nuestro lenguaje popular, que sabe más de existentes,
acabó interesándose por la difícil, tediosa y a veces
arbitraria discusión filosófica sobre el ente. El
Diccionario lo define, en su acepción popular, como
sujeto ridículo y extravagante: es un ente de cuidado,
qué ente... No lo hubiera imaginado ni Quintiliano,
que inventó la palabreja latina, ni Santo Tomás, que lo
definió como lo que es, ni Heidegger, que tanto empe-
ño puso en distinguirlo del Ser (Sein und Seiendes).
La n se sube enseguida a la nariz.
Hablaban de ideas, ideales, fines, objetivos, proyec-
tos... Pero se olvidaron de darles de comer.
Scintilla, acies, apex... (chispa, agudeza, ápice)
escribieron los escolásticos tratando de la concien-
cia. Algo nos ilumina, nos inquieta y nos aguijonea.
El reloj de cuco intenta inútilmente encantar al
tiempo.
44
Si usted piensa, con el filósofo renacentista portu-
gués Francisco Sánchez, quod nihil scitur (que nada
se sabe), no lo diga: no vaya a echar por tierra lo que
acaba de decir.
La belleza de la bondad es la más bella.
De los tiempos de fanáticas religiones intolerantes
hemos pasado, al menos en Occidente, al tiempo de
una beata religión de la tolerancia.
¡Mucha suerte! Pero puede haber mucha suerte sin...
suerte.
Los factores materiales impulsan. El espíritu anima,
orienta, marca la dirección. Ambas acciones, acor-
des o discordes, hacen mover la historia.
En las playas nudistas lo que más se mira son los tra-
jes de baño.
La lujuria trajo el lujo, y no al revés.
Hipatía, que parece el nombre de una dolencia, es el
de la primera, que se sepa, filósofa de la historia
(1 415), autora también de obras matemáticas y astro-
nómicas. Pero, como para hacer honor a su nombre,
fue lapidada por los cristianos en Alejandría, acusa-
da de conspirar contra el obispo Cirilo.
La lechuza se mira, de noche, en el espejo circular
de su cara.
Los filósofos clásicos, que llamaron al alma con
nombres que significan aliento, hálito, soplo..., cuan-
do no pudieron con su alma (propia), la exhalaron.
La justicia une pero también divide; acerca pero
también separa; respeta pero también opone. Ella
sola no puede llevar a la unión y a la paz.
La sangrienta victoria (pírrica) de Pirro II, rey del
Épiro, en Heraclea, sobre los legionarios romanos,
asustados de los elefantes, debió de parecer al es-
céptico filósofo contemporáneo Pirrón de Elis no só-
lo pírrica, sino ni siquiera victoria; debió de optar
como siempre por el silencio.
45
Al mantecón no se le juntan fácilmente las mante-
cas.
La lengua es la historia viva más acabada de un pue-
blo.
Muchos reformadores aparecen, unos cuarenta años
después, no sólo como hombres excepcionales por
su inteligencia y audacia, sino también por su egola-
tría e insolencia.
Los tipógrafos antiguos perdían el tipo por imprimir
un buen volumen.
Tal como han puesto los teólogos la teología dogmá-
tica, cualquiera de los apóstoles se las vería y dese-
aría para poder aprobar el examen de grado.
El chocolate del loro no es nada comparado con el
chocolate del dueño del loro.
Hay quienes sólo se sienten personas cuando llegan
a personajes.
Para el filósofo y matemático Pierre Gassendi, pre-
boste de la catedral de Digne, el verdadero saber es,
por ejemplo, saber que la miel es dulce, y no si lo es
por su propia naturaleza. Dos siglos más tarde, el
filósofo alemán J.G. Fichte se hubiera contentado
con el saber del segundo saber.
En la playas todo el mundo hace lo posible por vol-
ver al paraíso terrenal, tal como se lo imagina.
El espíritu de la época era para Goethe el espíritu de
los señores de la època. La mayoría de los críados de
todas las épocas suelen hacer todo lo necesario para
agradar a sus señores.
El colmo del cerero: dar cera al cero.
La fantasía es una imaginación emancipada, a la que
le gusta mucho la marcha: la pequeña loca de la
casa.
Feroces alimañas anidan junto a las praderas de la
46 fraternidad.
Cuando me dices déjame en paz, ¿debo dejarte en
paz? ¿Vale la pena que te deje así?
De significar, entre los griegos, actualidad perfecta o
acto cumplido, la palabra entelequia (cosa que lleva
en sí el principio de su perfección) ha pasado a sig-
nificar una cosa no existente, una quimera.
¿Escepticismo, relativismo? Ironía, más bien, de un
pueblo poco acostumbrado a tales perfecciones.
La representación diplomática: vuelve a presentar
imaginativamente el presente de su respectivo país.
El caballero de la mano en el pecho... ¿de quién?
Si cada hecho concreto tiene su explicación, el con-
junto de todos los hechos de la historia del universo
¿no deberá tener también la suya?
¿Imitamos a una persona para ser como ella o abri-
gamos. La recóndita intención de que se parezca un
día lo más posible a nosotros?
No nos darían tanto miedo las orejas del lobo si no
fuera por el lobo de las orejas.
El filósofo David Hume ya nos puso en guardia en
cuanto a la ciencia de las cosas naturales. Nuestra
certidumbre es resultado de la repetición de expe-
riencias, y, por tanto, asunto de probabilidad. Es,
pues, probable que llueva una próxima vez, y es pro-
bable que amanezca también mañana.
¡Yo soy así! —¿Y no quiere cambiar?
Entre introspeccionistas y extrospeccionistas, la casa
(propia) sin inspeccionar.
La imaginación es el campo de juego de la poesía.
Las guerras médicas se libraron entre griegos y medos.
Los médicos intervinieron sólo curando a los heridos.
In-ducción De-ducción: dos afluentes Que con-
ducen sus aguas al mismo río del saber.
¿Qué es toda per-secución sino un sañudo segui-
miento? 47
De la caridad (jaris = gracia, donación), así como de
la fraternidad, quiso hacerse ley y precepto; se las
rebajó a principios de organización social. Se con-
fundió así principio, fines y medios; se dejó a un
lado la virtud práctica de la justicia, que inspira al
derecho, teniendo en cuenta el interés. Se consiguió,
al fin, lo contrario de lo que, ingenua o dolorosa-
mente, se deseaba.
La comunidad del lugar está llena de lugares comu-
nes.
Según el filósofo francés Charles Renouvier, autor
de Ucronía, si no hubiera triunfado el cristianismo,
el balance hubiera sido más favorable a la humani-
dad. ¿Y si no hubiera escrito y publicado nada
Charles Renouvier?
En el basurero de la psique, llamado subconsciente,
siempre hay alguien revolviendo o escarbando el
viejo material.
Todos los en-diosados pierden el aprecio de los
suyos. Se admira y hasta se quiere a los amigos de
los dioses, pero a los en-diosados, no.
Cuando nos ponen a caldo, nos ponen a caldo hir-
viendo.
¿De qué se ríen y sonríen tanto los políticos y diplo-
máticos, que negocian la vida y la muerte, el ham-
bre y la emigración?
El Destino no tiene destinatarios.
48
LA INERCIA ES
COMO LOS NIÑOS
La inercia es como los niños: no quieren a veces
moverse, pero, una vez en movimiento, no pueden
parar.
Entre Kant y Hartman: obra de tal o cual modo,
aunque la máxima de tu acción no alcance nunca a
ser el principio de una legislación universal.
Una idea real también es una realidad.
Quien odia los regalos vivirá, dice el libro de los
Proverbios. Vivirá sin arruinarse, hubiera dicho
ahora.
Ya sólo por hablar una lengua determinada, somos
todos tradicionalistas.
Hay hombres des-terrados, trans-terrados, in-terra-
dos y en-terrados.
Ni el mismo marqués de Condorcet, muerto a las
pocas horas de ser encarcelado por los jacobinos,
afirmó que el progreso, entendido como emancipa-
ción de la naturaleza y de sí mismo, es inevitable,
sino que requiere esfuerzo colectivo y educación
constante. Pensaba, eso sí, que los movimientos
regresivos pueden rectificarse. Murió antes de
verlo.
No hay por qué elegir siempre entre dos extremos; a
veces se puede superarlos en una unidad común.
El acné suele estar todavía lejos del acmé (biográ-
fico).
El azar es un azor errático.
Al Santo Oficio solían acudir denunciantes con ofi-
cio y esperando algún beneficio.
En el gran teatro del mundo todos hacemos de algo:
de músicos, de taxistas o de agricultores. Qué gran
representación cotidiana.
51
Entre la probabilidad y la certidumbre, empleamos
el adjetivo seguro y el adverbio seguramente: es la
segura expresión de la esperanza.
Durante siglos los victorinos fueron una serie de
ilustres teólogos, filósofos y místicos que vivieron y
enseñaron en el monasterio de San Víctor, cerca de
París (Hugo, Ricardo, Godofredo, Gualterio...). Hoy,
entre nosotros, los victorinos son los toros de una
famosa ganadería.
Lo universal no es lo abstracto, sino lo concreto sin
limitación alguna.
Bendita la distracción de Galileo Galilei ante la lám-
para que colgaba del techo de la catedral de Pisa,
que le hizo descubrir la isocronía de las pequeñas
oscilaciones.
El círculo vicioso es el vicio circular.
De suyo, no se puede circular ni por la derecha ni
por la izquierda.
Entre la naturaleza individual de Dios o Primer
Principio (peligro de antropomorfismo) y la forma
pura de existencia (peligro de irrealidad), nuestra
mente va y viene en dos direcciones, que sólo se
encuentran seguramente en el infinito.
La teoría del materialismo es tan inmaterial como la
teoría del idealismo.
¿Qué profesional más completo que un ingeniero
ingenioso?
Nadie se rompe con nada los cuernos que no tie-
ne.
Si un día se probase empíricamente que las águilas
rompen sobre las cabezas de los calvos las tortugas
que llevan entre garras, como supone la leyenda de
la muerte de Esquilo, el precio de sombreros y boi-
nas alcanzaría alturas aguileñas.
Las más de las veces, el espíritu es débil y la carne
52 también.
Joseph de Maistre veía en el verdugo un modelo de
cohesión social. La guillotina, al parecer, además de
separar la cabeza del tronco de los ejecutados, unía
bien, por el miedo, el tronco de la sociedad con las
cabezas del Trono y del Altar.
Antes los tontos del pueblo nos hacían reír; ahora, si no
nos hacen llorar, al menos nos preocupan. Puede pare-
cer un retroceso lo que es un progreso en toda la línea.
La voz más poderosa y más silenciosa a la vez es la
de la conciencia.
Percibimos también la dulzura con la vista, pero a
través del color o de la figura (de lo dulce).
La estatua de mármol de Condillac, a la que se le
van agregando los sentidos, juega con la ventaja de
una estatua sapiens sapiens, con inteligencia sufi-
ciente como para poner en marcha funciones men-
tales a partir de las sensaciones.
Podríamos decir de las proposiciones per se notae y
no quad nos (conocidas de por sí pero no para noso-
tros), que en su casa las conocerán.
Incluso los que perdieron el juicio estarán presentes
el día del juicio.
La ironía más inteligente es la que ejerce la inteli-
gencia con su propia seriedad, grave y jactanciosa.
En la Grecia antigua eu-daimonía (buen demonio)
significaba plenitud, prosperidad, felicidad. Noso-
tros decimos, en sentido menos fuerte, tener duen-
de, tener ángel. La felicidad suprema, la beatitud, es
la felicidad divina. En todos los casos, felicidad no
como posesión, sino como ser poseido.
Dios, el infinitamente o absolutamente infinito,
según la teología clásica. Mejor: el definitivamente
infinito.
Cada uno lleva dentro un reloj biológico-espiritual
que le da la hora exacta de su tiempo propio.
53
El materialismo crudo es muy duro de probar.
En los tiempos homéricos, bueno significaba valien-
te y valeroso; en los platónico-aristotélicos y cristia-
nos, justo y honrado; en la Ilustración quería decir,
sobre todo, racional y tolerante. En nuestro tiempo
comienza a significar, al menos popularmente, ape-
titoso, muy de acuerdo con la extensión de las posi-
bilidades del apetito.
Colón ni puso el huevo ni lo encontró; sólo le aplas-
tó la punta de la cáscara.
El pensamiento planetario de algunos consiste en
dar vueltas en derredor de un astro principal.
Tiene la palabra-concepto entusiasmo una historia
tan desgraciada, que harían bien los políticos en
desear para su país, más que entusiasmo, buen
humor.
Verdaderamente hay pocos sujetos que sean libres.
De cien conejos no se hace nunca un caballo; de cien
sospechas no se hace nunca una prueba, dice el pro-
verbio inglés. Cien conejos nos llevan tal vez cerca
de un caballo, pero cien sospechas suelen dejar más
cerca de una prueba.
Somos tan pequeños ante Dios, el cosmos, la histo-
ria..., que todo lo que hacemos parece juego; y noso-
tros unos juguetones, tan serios a veces, como si no
nos creyéramos nuestro propio juego.
Hay quienes confunden plenilunio con penilunio.
Lo cierto y constatable es que la humanidad se ha
planteado siempre problemas y misterios que no
puede resolver o dilucidar. Lo que es signo de la
grandeza y de la limitación —no de la miseria— de la
inteligencia humana.
De los moralistas habría que decir lo contrario
de lo que Einstein decía de los físicos: que hay
que prestar atención a lo que dicen y no a lo que
hacen.
54
Cuando esperamos largamente el futuro o largamen-
te recordamos el pasado, el tiempo se nos hace
largo. Cuando no esperamos ni recordamos mucho y
vivimos intensamente el presente, el tiempo se nos
hace corto, se nos pasa volando, se nos desvanece
entre los dedos.
Obras son amores y no buenas razones, cuando hay
buenas razones que justifican esos amores; que sólo
entonces las obras serán buenas.
El baranda es aquél que nos contempla desde la
barandilla.
El deber es sobre todo el respeto al deber, antes que
el cumplimiento del deber (los deberes).
Con la llegada de la televisión, hemos visto de
cerca algunos de aquellos simulacros (éidola) de
los que hablaban Demócrito y Epicuro, y que
Lucrecio los descubrió volando hacia adelante y
hacia atrás por el aire (volitant utroque citroque per
auras), como membranas arrancadas de la piel de
las cosas. Las antenas de los tejados las apresan
ahora en su red.
La búsqueda del absoluto, cualquiera que fuera, ha
terminado frecuentemente en injusticia, porque los
absolutos solían ser muy relativos, sobre todo en
relación con quienes los buscaban.
El rey de copas es el menos peligroso de la ba-
raja.
Nada puede ser simple dato para la inteligencia,
que no puede menos de añadir, de dar algo a lo
dado.
San Agustín nos enseñó en su doctrina sobre la
Trinidad que no hay relaciones reales y válidas con
los otros sin una relación real e íntima consigo
mismo.
Los aforismos no son círculos cerrados; son círculos
provisionalmente completos: no cabe nadie más, por
ahora.
55
En un corto espacio de tiempo, Andando el tiempo,
Fuera de tiempo, AIzar el tiempo, Medir el tiempo...
Nuestro lenguaje popular, como la mayoría de los
filosófos de todos los tiempos, ha espacializado,
lógicamente, el tiempo. Tal vez la definición aristo-
télico-tomista como número del movimiento según el
antes el después influyó no poco en ello.
La baba va.
El problema de cualquier desmitologización es que
ésta pueda ser, a su vez, mitológica.
Algunos llaman ilusiones a las falacias: con ellas,
quieren ilusionarnos (engañarnos).
No es que los ojos sean más grandes que la tripa,
sino que ven más de lo que ésta puede soportar. Los
ojos de la tripa son, como se sabe, ciegos.
Individuos (en sentido biológico), no personas
(naturae rationalis individua substantia, según la
definición de Boecio), o personas reducidas a indi-
viduos, es lo que necesitan todos los embaucadores
y agitadores de masas.
La última palabra suele ser la primera verdad.
¿Por dónde cortar una línea infinita para que sea
finita?
Los ladrones clásicos, los manuales, son los auténti-
cos presti-digitadores.
Todos los objetos pueden ser sujetos y todos los suje-
tos objetos.
Todos aspiramos a lo que nos parece bueno, pero lo
malo es que nos lo parece según como somos, no
según como lo bueno es.
Si cada hombre es su propio ideólogo (Lewis S.
Freuer), enmascarado de sí mismo, la humanidad es
un clásico teatro de máscaras.
Parece mentira que e-yección e in-yección signifi-
quen cosas tan dispares.
56
Bastaría decir con taquígrafos, porque sin luz los
taquígrafos no pueden trabajar.
Cuando ejercemos nuestra facultad de juicio, abri-
mos un breve proceso hasta llegar a juzgar la exis-
tencia de los entes: su realidad o su irrealidad, sus
propiedades y sus valores. Al fin, terminamos sen-
tenciando su sentido o su sinsentido, su bondad o
maldad, su utilidad o su inutilidad.
El cabildo catedral siempre llama a capítulo.
Intentando justificar ciertas clases de suicidio, el
filósofo inglés Hume escribió que la vida de un hom-
bre no tiene mayor importancia que la de una ostra.
Hume estaba seguro de que ninguna ostra leería sus
Essays on Suicide and the Inmortality of the Soul.
Cuando el juego tiene otro fin fuera de sí mismo ya
no es juego de verdad.
No es que nadie crea algo por absurdo (credo quia
absurdum: frase que nadie dijo), sino aunque pueda
parecer absurdo.
El error no sólo yerra. Además, yerra (anda errante).
En el diálogo desembocan los distintos afluentes del
lenguaje.
El mecánico era, entre los griegos, el hombre hábil
en artes mecánicas, el ingeniero; entre nosotros el
mecánico suele ser el chófer.
La genuina propiedad de la persona es la propiedad
de sí misma. Todas las demás propiedades le corres-
ponden como sujeto legal, actor o personaje.
En Honduras no hay que meterse... en alturas.
La cosa en sí de Kant no da más de sí.
La ironía juega, el humor divierte, la burla ofende,
la mordacidad muerde, la causticidad quema, el sar-
casmo desgarra.
57
El niño-tiempo descansa en el regazo apacible de la
madre-eternidad.
El material más importante para conocer la materia,
los números, es lo más inmaterial del mundo.
Dentro del mito platónico, la época de Zeus se
corresponde mejor que la época de Cosmos con la
concepción cristiana de la creación y de la conser-
vación del mundo. El Dios piloto del universo aban-
donó desde el primer momento la caña del timón
dejando en libertad el curso de las cosas. El retiro a
su puesto de observación parece más digno del Dios
infinito y creador de libertad que el apacentar a los
hombres, dirigiéndolos personalmente como han pre-
tendido siempre todas las religiones mágicas.
¿Quién es más ingenuamente ingenuo que un fotó-
grafo?
Tenemos la vivencia de un gran amor y la experien-
cia de pequeños amores.
Los escolásticos de toda especie parece que están
declamando siempre en su escuela.
Con frecuencia el espíritu de la ley exige mayores
castigos que la letra de la ley.
Más allá del recorrido y límites de la razón teórica
queda la intuición intelectual, animada y requerida
por la razón práctica, función primordial de la inte-
ligencia personal y trascendente del hombre.
Razón + sensibilidad + fe = corazón (coeur) de Pas-
cal.
Hay quien escribe y habla de teleonomía para evitar
la teleología, que les suena a teología.
Inmanencia absoluta: mirando todo lo que existe
desde mí mismo, si yo no lo conociera, no existiría
para mí = no existiría. Luego yo soy lo único exis-
tente.
Los generales, en general, dicen generalidades.
58
Lo peor que puede ocurrir con el sofisma El Cor-
nudo, de Crisipo o de Eubúlides de Mileto, no es que
uno tenga cuernos porque nunca los haya perdido —
pudo muy bien no haberlos tenido nunca—, sino que
los tenga porque nunca se los haya encontrado.
Los materialistas, mecanicistas, positivistas, etc.,
que niegan el alma, no pueden llamarse des-alma-
dos sino des-almantes.
El equi-librio siempre es in-estable.
La eternidad no nos medirá por partes, como el
tiempo, sino por su totalidad. Es inútil, pues, contar,
incluso hasta el infinito (tiempo infinito).
La fe del carbonero se describe siempre con trazos
negros.
La agresividad humana reaparece siempre que la
damos por desaparecida.
Las 26 teclas del piano lógico de Stanley Jervons,
antes de sonar, concluían.
Las buenas disposiciones —sentimientos intenciona-
dos— (está en buena disposición) disponen al pensa-
miento para conseguir el fin.
El Papa Luna entró en su cuarto menguante de
Peñíscola y acabó menguado del todo.
Ver para creer. Pero también creer para ver. Si no
creyéramos en muchas cosas, no las veríamos
nunca.
Si el pensamiento es al cerebro, al decir de Karl
Vogt, lo que la bilis al hígado, no es de extrañar que
haya quien tenga, como el mismo Vogt, pensamien-
tos tan atrabiliarios.
La ideología de los otros suele ser enmascaramiento
de la realidad; la muestra, compromiso con ella.
No se puede jugar con el ser: puede jugarnos una
mala partida.
59
La utopía es la parábola de la revolución.
Mi cuerpo, mi cuerpo almado, no es un objeto más,
ni siquiera el modelo de los objetos, sino mi propia
existencia, y forzoso modelo de todas las existencias,
de todos los sujetos existentes.
Lo que Dios ha unido no lo separe Descartes.
Una persona desequilibrada es una inteligencia sen-
tiente sin tiento.
El autor de la revolución cósmica más grande de la
historia, la doble revolución, fue un pacífico canóni-
go de Frauenburg llamado Nicolas Copérnico, autor
de cuatro libros Sobre las revoluciones de los orbes
celestes. Murió, además, en paz y sosiego. Sólo le
condenaron 73 años después.
Sin memoria no hay conciencia. La inconsciencia
borra las dos.
La moral teó-noma no es para el creyente una moral
heteró-noma.
No se sabe a ciencia cierta si Arquitas de Tarento, que
fue el primero que empleó el cubo en geometría, fue
también el primero en inventar el cubo de la basura.
Lo que no tiene fin no es todavía infinito.
Ya Cicerón se lamentaba de la decadencia de las
costumbres, comparando su tiempo con el de sus
abuelos. En todos los siglos se repite la misma can-
tinela. Es la nostalgia del viejo paraíso que aún no
ha sido inaugurado.
La gravedad es la consanguinidad de todos los seres
que pertenecen a la misma familia unida del universo.
Todos los pronombres son relativos.
Continuamos porque fluimos, como el tiempo y el
movimiento. No estamos ni aquí ni allí. Continuar es
no estar en parte alguna y estar mentalmente en
todas.
60
Los trajes de baño intentan compensar lo que ocul-
tan.
Casi todas las mociones de censura son e-mociones
de censura.
Mejor sería decir que Dios nos hizo a su imagen, sin
semejanza.
En la vida político-social el movimiento se explica,
como en la física cartesiana, por torbellinos conti-
nuos, para evitar todo posible vacío.
Antes que la materia fuera posibilidad para algo
(Aristóteles), receptáculo vacío y lo común de los ele-
mentos (Platón), fue el bosque, la madera (materia),
sobre todo la madera cortada para toda clase de
construcción. Expresiva metáfora para todas las doc-
trinas filosóficas y científicas, antiguas y modernas:
extensión, plástico, lo que llena el espacio, masa,
congelación de energía, hueco en el continuo espa-
cio-tiempo, densidad... Definiciones todas de la mis-
ma madera.
La cuaderna vía llenaba todo el cuaderno.
La filosofía no puede llevarnos a una auténtica teo-
sofía, pero sí a una teo-logía, razonable y preparato-
ria de aquélla.
Nada más seguro y juicioso que poner ciertas cosas
dudosas en tela de juicio.
61
EL ARDID
DE LA RAZÓN
El ardid de la razón, del que habla Hegel en su filo-
sofía de la historia, sirve a veces a lo irracional bajo
capa de universal. Ni todo lo universal es racional ni
irracional todo lo particular.
Sea lo que sea del alma del mundo, el mundo se nos
aparece con frecuencia con el alma a los pies.
Es una pena que, tantas veces, los discursos no los
discurran los discursantes.
Si nuestro entendimiento fuera infinito y nuestra
voluntad finita, no cometeríamos los numerosos
errores que cometemos.
Las manos cogidas en la masa son manos blancas,
pero de harina.
El hombre es, por naturaleza, puro deseo (no deseo
puro).
Al oir hablar de accidentes, nadie piensa en esas
calidades de una cosa, que no son parte de su esen-
cia o naturaleza. Los frecuentes y terribles acciden-
tes de tráfico de todo género, por ejemplo, han sus-
tituido y hasta anulado a los innocuos accidentes
aristotélicos.
Suelen ciertos escritores tachar de mujerzuelas a
quienes consideran débiles o cobardes. No se les
ocurre llamarlos varonzuelos.
Hemos convertido el juego en apuesta, en apuesta
remunerada.
Teodoro el Ateo (siglo IV a C.) no sólo renegaba de
los dioses de la Ciudad (Atenas), sino también de la
Ciudad de los dioses. Enseñaba que la patria del
hombre es el mundo, y por tanto no debe sacrifi-
carse por la Ciudad. Acabaron desterrándolo de
ella.
¿Por qué declarar ante la justicia se llamar depo-
ner? 65
Crede ut intelligas (San Agustín). Sed credo ut inte-
lligam (San Anselmo). Creer para entender: la fe no
ciega, sino, iluminada, ilumina.
Los pensamientos más serios se expresan casi siem-
pre con juegos de palabras.
Lo bello, que los filósofos definieron como
fina1idad sin fin, y objeto de contemplación, tiene
hoy por todas partes un sin fin de finalidades que
tienen poco que ver con la pura contemplación pla-
centera.
Leer (legein) es elegir, reunir, cosechar palabras,
expresiones, significaciones, para llevarlas al grane-
ro de nuestra mente.
La imaginación juega con frecuencia a hacer de
entendimiento y nos trae el regalo, siempre grato, de
la ilusión.
La exigencia de una existencia armónica y absoluta,
que parece a veces desterrada de la historia del pen-
samiento, vuelve siempre. Los grandes temas de
reflexión del comienzo de la humanidad: el hombre,
el universo, el alma, Dios, el tiempo, la justicia, el
mal, la libertad, la unidad del género humano...
también son los del siglo XXI.
Se llama esperanto porque lleva tanto tiempo a la
espera de convertirse en lengua universal.
Todos los hombres no han nacido iguales, pero
todos han nacido hombres, y en esto —igualdad fun-
damental— son iguales.
Los apaños suelen ser paños de lágrimas.
En el locutorio lingüístico de J. L. Austin hay actos
locutivos, inlocutivos y perlocutivos, confusos a
menudo e ininteligibles.
No todos los majaderos están en las majadas.
La intuición (nóesis) es el relámpago del cielo de
nuestra inteligencia.
66
Cuando les digan que alguien está reunido, no les
extrañe: hay muchos que están re-unidos consigo
mismos.
Los nuncios ya no anuncian nada.
Los ídolos del teatro (Francis Bacon) son los prejui-
cios más persistentes, porque se representan diaria-
mente en los concurridos escenarios de la sofística,
del seudo-empirismo y de la superstición.
La Glotogonía es la parte de la Ligüística que se
ocupa no del final de la gula, sino del origen del len-
guaje.
Los racionalistas de la «razón perezosa» (ignara
ratio) son los perezosos sin razón.
En los espacios de poder no hay distinción de po-
tencia y acto: todo acto es potencia y toda potencia
acto.
Mejor amor propio que amor impropio.
¿Por qué llamarán sirenas a las señales sonoras de
las ambulancias, si las sirenas —busto de mujer,
cuerpo de pez o de ave— extraviaban a los navegan-
tes con la dulzura de su canto?
Todas las palabras (con sentido) son una idea. Pero
no todas la ideas tienen siempre su palabra corres-
pondiente.
Los gemelos suelen llevar botones en los puños de
la camisa.
La errata es el error que no merece aún este nom-
bre.
Comprendemos unas cosas, entendemos y explica-
mos otras. La no comprensión es más que un tipo de
aprehensión; es todo un modo de ser. ¿Qué es el
correcto conocimiento histórico sino fundamental-
mente comprensión?
Lo propio de los cabildos es cabildear.
67
En el siglo XIX cada uno salió del estamento o esta-
do donde estaba y se fue a su clase.
Quien confunda dogma con fanatismo no podrá
entender que la historia de la filosofía califique de
dogmáticos moderados a quienes defendieron deter-
minados puntos de vista en los varios campos del
saber.
No sé por qué llamamos epicúreos a quienes, como
Epicuro, ponían la felicidad en la ausencia de pena,
terror y pasiones, y en la ataraxia, entendida como
equilibrio permanente de alma y cuerpo.
Siempre es más fácil dividir todo en dos que en tres
o en cinco. También más dramático, pero no siem-
pre más verdadero.
Siendo decisivas las consecuencias de muchas
acciones humanas, es difícil no concebir la deonto-
logía (ciencia de los deberes) como parte de la tele-
ología (ciencia de los fines); quizás su parte más
pura y consecuente.
Los re-mordimientos de conciencia —remords de
conscience en Descartes— suelen intranquilizarnos
después de que los primeros mordiscos nos dejasen
tan tranquilos.
Parece una broma que la autosuficiencia económica
de un Estado reciba el mismo nombre —autarquía—
que el gobierno virtuoso y austero de sí mismo,
desasido de bienes externos, predicado por muchos
filósofos griegos.
Quien sostiene que una frase es absolutamente falsa
quiere decir que es absolutamente cierto que es
absolutamente falsa y, a la vez, que tal frase es nega-
ción de otra frase absolutamente cierta.
Es natural que el amanuense que mató en 1284 a su
señor, el filósofo averroista Sigerio de Brabante, lo
hubiera hecho a mano.
La buena voluntad, kantiana o no, es mucho más
que la buena intención.
68
Dios no es absurdo, aunque lo diga a su manera
—patéticamente creyente— Sören Kierkegaard. Ni su
esencia y existencia están contra el sentido común,
ni aparecen imposibles, ridículas o repugnantes. El
mayor absurdo en este caso sería confundir el absur-
do con el misterio.
Todo método estadístico, en el campo de las leyes
científicas, intenta convertir en probabilidad la
máxima porción de incertidumbre.
La cópula es sigue siendo la más suave de la cópulas.
¿Qué paso lleva de lo finito a lo infinito? Y si el paso
es salto, ¿quién lo da?
El poeta tiene tanto que decir, con tan pocas y tan
mismas palabras, que dice varias cosas a la vez, a
menudo confusa y atropelladamente. El poema es,
las más de las veces, un atropellamiento lingüístico.
¿Quién diría, viendo un número premiado de la
lotería, que para el mayor filósofo de la era moder-
na el número es el esquema de la magnitud en cuan-
to concepto del entendimiento?
La exclamación es el principio y el final del lengua-
je humano. Recién nacido y a punto de morir, el
hombre suele expresarse con exclamaciones.
Dame pan y dime tonto no es lo mismo que dime
tonto y dame pan.
En los confesionarios siempre se oye algún eco.
La lona de la luna llena cubre la tienda vacía de la
llanura.
Mientras unos aprenden, otros aprehenden. y hay
quienes aprenden a aprehender.
Fui a ver la luna de Valencia, y la ví tan amable y
acogedora como la de Cataluña o la de Aragón.
La mayoría de los que hablan y escriben son comen-
tadores de otros que hablaron y escribieron: encar-
gados permanentes del cu1to a los grandes muertos.
69
Hay conceptos de conceptos. Lo curioso es que,
desde la fecunda distinción de F. Suárez, el objeto
formal, el acto mismo del entendimiento, es siempre
una realidad, mientras el objeto material puede no
serlo: un duende, un buey volando, la princesa
encantada del bosque...
El quid de la cuestión sigue siendo la cuestión del
quid.
El monólogo se cierra en un círculo; el diálogo se
abre en líneas convergentes.
Las mozas distraídas, como las de la venta quijotes-
ca, con su distracción atraen y, así atraídas, se dis-
traen. Lo mismo ocurre con los mozos distraídos.
Ciertas cosas llegan también al alma de quienes sos-
tienen que todos los procesos mentales son meros
estados cerebrales.
El conocimiento informativo o conocimiento-noticia
prima hoy día sobre el conocimiento llamado de
contacto y el conocimiento fruto de la reflexión.
Estamos muy informados pero nuestros conocimien-
tos de las personas, cosas y acontecimientos son
lejanos e informales.
No todos los signos significan.
Menos mal que el Pseudo-Dionisio, el Pseudo-
Macario o el Pseudo-Plutarco no pseudo-pensaron,
no pseudo-hablaron o pseudo-escribieron.
Cuando nos dicen que alguien ha sido de-purado,
puede que lo hayan rehabilitado o, al revés, que lo
hayan eliminado. En el primer caso depurar signifi-
ca purificar; en el segundo, más bien, limpiar, lim-
piar del todo, borrarlo.
El poder, más que corromper, ciega. Segrega su pro-
pia ideología protectora, cegadora. Más que ideolo-
gía, que es, lo contrario etimológicamente, debiera
llamarse tiflología (tiflos = ciego).
Los malos estudiantes llevan muchos puntos... sus-
70
pensivos.
La línea recta es el paradigma gráfico de la recti-
tud / justicia: la distancia más corta y sin desvíos
entre dos puntos (principio/ fin = intención/verdad).
La historia de las ideas es la historia de las ideas de
los hombres (ideomas), pero sobre todo de los hom-
bres con ideas (dramas), según el vocabulario, tan
olvidado, de Ortega.
La nieve lenta cae también con velocidad meteó-
rica.
Con el voto de los pobres ganan los ricos, leo en una
pared. Nada más cierto. Pero es que muchos pobres,
que quieren ser ricos, no quieren votar a los
«pobres» que parecen querer seguir siéndolo.
El cartero siempre llama dos veces, si se guarda una
carta en la manga.
Lo mejor (abstracto) es enemigo a veces de lo bueno
(concreto).
Si la península es casi isla, la isla es casi mar.
Los letreros sin letras no son letreros.
El fundamento del argumento onto1ógico es que
sólo merece el nombre de realidad perfecta la reali-
dad eterna y absoluta, a la que llamamos Dios. Si
Dios no existiera, la realidad no tendría sentido, al
menos nuestro sentido de la realidad. No merecería
la pena (no tendría sentido) ni el pensar ni el vivir.
El reloj parado es el símbolo del tiempo intemporal.
Los melones nos traen a la memoria colectiva nues-
tras antiquísimas cabezas próximas a la tierra. De
ahí nuestro poco respeto gramatical y descriptivo.
La historia de muchos autores críticos se reduce a la
crítica de quienes han sido críticos con éllos o de
quienes no se les han rendido con sumisión sufi-
ciente.
Es mucho más fácil ser independentista que inde-
pendiente. 71
La universalidad de la unicidad, que propugnaba Max
Stirner, autor de El Único, seguiría siendo, en caso de
ser posible, la unicidad frente a la universalidad.
Si miráramos a las palabras a la cara, no las emple-
aríamos con tamaña frivolidad y desfachatez.
¿Es posible que nuestro mundo dependa de esas
docenas de personajes que salen cada día en los
telediarios? Nunca tantos, tan desconocidos, depen-
dieron de tan pocos, tan notorios.
La papada no es cosa sólo de papas.
Si los psicólogos de Würzburgo hubieran sido
negros, no hubieran sostenido quizás que, al pensar,
tenemos la mente en blanco (que el pensar carece
de contenido sensorial, de imágenes).
La ignorancia de la propia enfermedad es parte
principal de algunas enfermedades o de algunos
enfermos.
Aunque todos los perros fueran atados con ellas,
siempre habría más días que longanizas.
Las cosas de los cosistas no pueden cosificar el uni-
verso ni volvernos a todos cósicos.
Durante el sueño de la razón la imaginación nos
lleva a su sala de espectáculos.
Una intensa competitividad deportiva sublima con
creces las tendencias agresivas, pero a menudo cie-
rra el paso a las exigencias contemplativas, tan nece-
sarias para el hombre.
El buitre planea seguro sobre los campos, sabiendo
que la muerte le sirve los alimentos en bandeja.
Qué cara tan grande tienen los des-carados.
Para Heidegger pensar es pen-ser.
El so1o predominante criterio de la buena conducta
asemeja excesivamente a las personas con los ani-
males domésticos.
72
Los malos pensadores tienen habitualmente malos
pensamientos.
La prudencia es la regla justa de las cosas que pue-
den hacerse (Santo Tomás). No, en principio, de las
que no pueden o no deben hacerse.
Cuando alguien o algo nos ab-sorbe, quedamos, en
el mejor de los casos, ab-sortos (cautivados); en el
peor, ab-sorbidos (desaparecidos).
La ortodoncia es la ortodoxia de la dentadura.
Las tardes de los domingos, siempre piensa uno
encontrarse con Adán y Eva paseando por el par-
que.
Los mediocres —y todos somos mediocres más de
una vez— usamos las armas mortíferas de la envidia
y del odio.
La novedad tiene a veces poco que ver con la edad
de lo nuevo. El obispo cisterciense Otón de Freising,
tío del emperador germano, introdujo en Alemania,
en pleno siglo XIII, la lógica nova de Aristóteles,
16 siglos después de haber sido elaborada.
Es más fácil bi-monologar que dia-logar.
Casi nadie se llama conservador y casi todo el
mundo se las da de progresista. Y es que a casi todos
nos agrada llamarnos como quisiéramos ser, no
como realmente somos.
No entraba en razones porque creía que tenía toda
la razón.
Nunca es uno para sí mismo, y en serio, una perso-
nalidad. La persona se hace personalidad ante los
otros, para o contra los otros.
Si un mal día las palabras dejaran de significar lo
que significan, los más sabios serían los más locos de
todos.
Todo lo po-sesivo o es o ha sido ob-sesivo.
73
Si a ciertas personas hay que echarles de comer
aparte, es porque quizás necesiten algo distinto para
comer.
La religión suele ser un pre-texto o un con-texto,
entre tradicional y costumbrista, de ciertos naciona-
lismos. El Dios cristiano, universal e igualitario,
tomado en serio, es enemigo mortal de cualquier
particularismo exacerbado, a menos que éste, mani-
pulándole, le haga suyo, parte interesada o intere-
sante de su mezquindad.
No le demos más vueltas: del pimiento relleno, lo
mejor es el pimiento.
La sonrisa de algunas personas nos recuerda el gato
de Cheshire, en Alicia en el País de las Maravillas,
de Lewis Carrol: era una sonrisa sin gato, que desa-
parecía tras reconocer su locura.
Es un poco triste que la música se utilice mucho más
para dis-traer que para a-traer, para di-vertir que
para con-centrar.
El Derecho nos habla de lo derecho, lo recto
(orzón), frente a lo desviado, lo torcido. A veces la
naturaleza, la fuerza, el poder, la tradición, el inte-
rés... tuercen. El Derecho es in-flexible.
Jugando con Heidegger: nadie nada cuando la nada
nadea.
Los revolucionarios franceses no se andaron en
chiquitas; en vez de proclamar beata o santa a la
razón, la hicieron precipitadamente diosa. Por eso
duró tan poco su culto oficial.
Decir que el hombre es un animal racional es
quedarnos como antes; acaso peor, porque ahora
tenemos que explicar dos términos en vez de
uno.
El azar tiene también sus manías y sus costumbres
(desarregladas).
No cotizan mucho los honores sin honorarios.
74
Una buena parte de la crítica literaria no pasa de sí
misma, se celebra a sí misma, no informa ni, menos,
juzga. A lo sumo, se queda en el autor, al que, gene-
ralmente, elogia, pero no le importan ni la obra ni
los lectores: no explica (quizá no entiende) aquélla,y
no tiene el más mínimo respeto por éstos.
Cuando nadie se pasa de la raya, es que la raya no
deja pasar.
Que la distribución desigual de los bienes sociales,
desde la libertad a la riqueza, sea ventajosa para
todos (John Rawls) supone no sólo que lo sea inme-
diatamente para los menos aventajados, sino que
todos entiendan por ventaja la prioridad de la justi-
cia sobre la eficacia y el bienestar.
Menos mal que no existen los tipos ideales.
La razón histórica, que ya tiene una cierta edad, es
mucho más que cualquiera de sus años, de sus
ciclos: da cuenta y razón de toda la historia.
Oderint dum metuant. Casi todos odian a quien
temen.
Parece mentira que violar sea un sitio plantado de
violetas.
Los niños romanos pedían pan a sus madres antes
de ir al circo: panem et circenses.
La realidad, cualquier realidad, nos sor-prende, nos
a-sombra (nos alumbra), antes, incluso, de que la
entendamos o comprendamos; antes de que, en su
caso, la poseamos.
Si hemos de creer a Pierre de la Ramée (Petrus
Ramus) que todo lo que escribió Aristóteles es menti-
ra (commentitia), ¿por qué hemos de creer que Petrus
Ramus dijo alguna verdad, fuera tal vez, de ésa?
Hasta ahora no ha habido medio de encontrar al
ciudadano medio.
Si nevara mucho en Africa, ¿serían tan negros los
africanos?
75
Sin la casualidad el mundo sería un mundo cerrado,
terminado, aburrido. De ahí el hechizo de suertes y
loterías.
Pasar de castaño a oscuro es menos que pasar de
castaño-oscuro.
Cierto que mientras hay vida hay esperanza. Pero
más cierto que mientras hay esperanza hay vida.
Los hombres más racionales y razonables no son los
que sostienen esta o la otra opinión, sino más bien
los que emplean el más adecuado criterio para sos-
tener aquéllas, y, sobre todo, los que adoptan en su
vida una actitud consonante con los fines y medios
más propios de la razón humana.
Ni todos los presbíteros son présbitas, ni todos los
présbitas presbíteros, ni todos éstos presbiterianos.
Una inquietud constante por la verdad y por la liber-
tad en todas sus manifestaciones y aplicaciones
podría ser una buena radiografía de la mejor Europa.
Sólo los peces vivos, que viven y colean, nadan con-
tra corriente.
La intuición deslumbrante de matemáticos geniales
como Gauss, Riemann o Ramanujan, que enuncia-
ron acertados teoremas, cuya demostración ha exigi-
do decenas de años, prueba mejor que cualquier
argumento el poder de esa singular clase de conoci-
miento, que muchos filósofos se atrevieron a negar.
Los tiples cobraron esta vez el doble.
No teníamos bastante con el complicadísimo con-
cepto de esencia y alguien inventó la quintaesencia.
Contraefectos de la censura. La emperatriz María
Teresa de Austria mandó prohibir la publicación del
catálogo del Indice de Libros Prohibidos para no
hacerles así propaganda.
No somos nada. No: siempre somos algo y sobre todo
alguien.
76
MANÍA DE
LOS SUPERLATIVOS
Manía de los superlativos. ¿Qué diferencia habrá
entre última hora y hora ultimísima?
No sé por qué se llama una mujer estupenda des-
pampanante, sino al revés: pampanante.
Exagera Spinoza cuando afirma que sólo el miedo
nace de la superstición. Y cuando afirma que sólo el
vulgo es incapaz de liberarse de la superstición y del
miedo. La superstición —política, científica, religio-
sa...— es también flor negra de la ignorancia (que no
es sólo propia de ignorantes), de la soberbia, o de la
fe mágica, que no sólo produce el miedo.
Las moscas que se matan a cañonazos suelen reapa-
recer en las bocas de los cañones.
El espíritu de geometría (repetición) frente al espíri-
tu de creación (originalidad).
Dicen reiterativo los que no saben que existe el adje-
tivo iterativo.
¿Qué más reiterativo que el goteo de un grifo?
Si existiera la Teoría del Todo, que postulan algunos
científicos, no entenderíamos nada: ninguna fórmu-
la puede contener toda la verdad.
La ideas fuerza, de las que tanto escribió A. Fouillée,
no son las ideas fuertes frente a las ideas débiles o
ideas puras, sino las ideas puestas al servicio del
hombre cabal, que en ellas encuentra su fuerza
genuina, su mejor y más noble poderío.
Las apariencias son muchas porque son muchas más
las realidades.
Hay an-alfabetos que se saben el alfabeto.
No hay doctrina, tesis u opinión de un filósofo cual-
quiera que no haya sido negada por otros muchos
filósofos. El consensus gentium, si es que existe, está
lejos de convertirse en consensus philosophorum. 79
Si agosto tiene los mismos días de julio, es porque
Augustus (emperador) no podía ser menos que Julius
(César).
Para cualquier oponente toda crítica es constructiva;
para todo hombre de poder, destructiva.
Las aves migratorias hibernan mientras veranean.
No todos los locuaces son elocuentes, y viceversa.
Somos tan irrespetuosos con las personas mayores,
que hasta a una tan grave y venerable como Don
Quijote le decimos, sin más, El Quijote.
Lessing fue entre los ilustrados acaso el más lúcido;
el que vio luces también en los siglos anteriores y
anunció las luces del porvenir. Más que el siglo de
las luces contempló y amó la luz de los siglos.
¿Cómo podrán sentarse los justos de izquierda a la
derecha del trono de Dios?
Cuando caridad pareció demasiado poco, se llamó
beneficencia. Pronto la palabra se quedó corta y se
habló de fraternidad. Hace tiempo nos pareció
demasiado y la llamamos solidaridad.
Ahora ya comenzamos a llamarla cohesión.
Se puede opinar de cualquier cosa; se pueden creer
(creencia) un determinado número de cosas; se pue-
den conocer sólo unas pocas.
Si no hay dos copos de nieve iguales, no es sorpren-
dente que los hombres tampoco lo seamos.
Los animales no tienen pudor; tampoco vicios.
El loco es el que se cree otro distinto del que es: el
que cree que ocupa el lugar (locus) de otro.
Nadie nos ha dicho nunca qué cantaba Nerón.
¿Quién podría insuflar fuego a las ecuaciones que
codifican las leyes de la física, para emplear la
expresión del sabio físico Stephen Hawking? ¿El frío
80 Azar? ¿El helado universo contingente?
El arrebato es el rapto de uno mismo por sí mismo.
La cultura como salvación del naufragio de la vida
(Ortega), de nuestra embarcación perdida en el
vasto océano. Como consecuencia de lo que la vida
es y como conjunto de pensamientos y acciones para
mantenernos a flote.
Lo más que suelen darse los enemigos es la espalda.
Igual que las fronteras epistemológicas en las cien-
cias, las fronteras político-administrativas están para
ser traspasadas.
Tan difícil sería que un mono, jugueteando con la
máquina de escribir, o con el ordenador, escribiera
La Divina Comedia, como que Dante Aligieri hicie-
ra un mono con la pluma-pluma de escribir.
¿Quién se atreverá a decir a los racionalistas que
todos los conocimientos que parten de la experien-
cia son mas fruto de la costumbre que del razona-
miento?
Tienen más rostro los que tienen la cara en forma de
pico.
No era preciso que el misántropo de la fábula de
Diderot saliera de su caverna gritando ¡Dios, Dios! ,
para que los hombres empezaran a discutir, a odiar-
se y a degollarse mutuamente. Ya lo hacían mucho
tiempo antes y seguirían haciéndolo muchos años
después, con Dios, sin Dios y con muchos dioses.
Llamar a los ciegos faltos de vista y discapacitados a
los inválidos puede ser una incorrección. Hay ciegos
con mucha vista, e inválidos con muchas capacidades.
Si lo poseyéramos todo, no haríamos nada.
Podemos decir que la Venus de Milo fue víctima
también de la violencia y no precisamente sexual.
Perdió sus brazos por defenderse de sus amenazan-
tes raptores, que eran en esa ocasión turcos y fran-
ceses; la salvaron momentáneamente los griegos,
pero la bella estatua perdió sus extremidades supe-
riores en la operación rescate. 81
Al fin y a la postre, los políticos acaban siempre
hablando de resultados electorales.
Casi todos los físicos creen que todo lo que existe
tiene un papel que cumplir en el conjunto natural;
que nada es efecto de arbitrariedad, sino que está
lógicamente conectado con el resto. ¿Los llama-
remos crédulos o víctimas de la esperanza irracional?
Si tuviéramos, como los acéfalos que encontró
Nicolás Klimius bajo tierra, la boca en mitad del
estómago, nos pasaríamos la mitad de la vida eruc-
tando.
¿Quién se ha representado alguna vez el árbol, el
triángulo, el hombre..., y no un árbol, un triángulo,
un hombre?
El lenguaje de la belleza, cualquiera que sea, es uno
de los más expresivos, silenciosos y permanentes. A
mayor expresión, mayor silencio, más segura perma-
nencia.
No es que alguien no pueda hacer un cuadro circu-
lar. Es que un cuadro circular —como un círculo cua-
drado— no es, no es un ser. (Mejor que es un no ser).
Es mucho mas fácil y ordinario el amor-dominio o
el amor-sumisión, y hasta el amor-pertenencia que
la amistad, que no es ni dominio ni sumisión ni per-
tenencia. La amistad es superior al amor que por ahí
se lleva y exhibe.
Cantamos no tanto para quitarnos el miedo —quien
canta sus males espanta—, como para no oírlo, para
apagar su voz con la nuestra.
Si fuera de Dios no puede darse ni concebirse ningu-
na sustancia (Spinoza), todo lo que no es Dios es,
literalmente, in-sustancial.
Lo bueno de empezar la casa por el tejado es que así
se resguardan mejor de la lluvia los albañiles.
Los que no fornican bajo la curvatura interior de un
arco ( fornex = lupanar romano) no son propiamente
82
fornicadores.
Perder una partida de cartas es ya experimentar de
algún modo que el control del mundo se nos escapa.
La experiencia es casi siempre la razón de la razón.
Todos los irresponsables tienden a juzgar sus errores
como simples erratas.
Decía el abate Terrason, citado por Kant, que un
libro no se mide por el número de páginas, sino por
el tiempo que es necesario para comprenderlo.
Habría que añadir que también por el tiempo nece-
sario para olvidarlo.
¿Quién más cerca de la arbitrariedad que un árbi-
tro?
El pizzicato es el único pellizco sensual que hace
ruido.
Los hombres han tenido que pasar siglos defendién-
dose de las bestias. Las mujeres, además, han teni-
do y tienen que defenderse de la nunca domeñada
agresividad de los varones.
Cree Ciorán que, si creyera en Dios, su fatuidad le
llevaría a pasear desnudo por las calles. ¿También
en tiempo de heladas?
La historia universal, la única verdaderamente uni-
versal, es la historia cósmica, de la que no hablan
los libros de historia.
De una u otra manera, en uno u otro momento,
todos somos fideistas.
Los libertinos son unos liberales liberados y delibe-
rados.
La Ilustración sólo buscó y encontró la belleza y la
energía en las luces visibles. Pero también las
penumbras y las sombras —o los que nos parecen
tales— poseen energía y belleza no desdeñables.
Agamenón le prometió al enojado Aquiles, para
reconciliarse con él, entre otros preciosos regalos,
siete mujeres lesbias, no lesbianas.
83
Nuestro pasado no pasó. Manifiesto u oculto, discre-
to u omnipotente, siempre nos acompaña.
Contra el despotismo solían hablar y escribir con
frecuencia los escritores ilustrados. Incluso contra
los déspotas no ilustrados de Turquía, Persia,
Japón..., o contra déspotas ilustrados tan lejanos
como César, Augusto... y otros, poco peligrosos ya.
Los déspotas ilustrados europeos eran... sus amigos
y protectores.
Nos crecen mucho más las uñas de las manos que
las de los pies porque hasta hace unos siglos las pri-
meras nos servían para la aprehensión y la rapiña
forzosas.
Los científicos que en el National Laboratory
Livermore, de California, fraccionan un cabello
hasta 3.000 veces están tomando el pelo al pelo.
El fanatismo anticlerical y anticristiano tiene en el
deísta Voltaire su gran patrón, su santón perpetuo.
Quien haya leído a Voltaire puede ahorrarse casi todo
lo que de copia o comentario ha venido después.
En la Edad Media y aún en siglos posteriores men-
tar la soga en casa del ahorcado no era tan infre-
cuente. La soga del entuerto tenía un alto valor
comercial e incluso terapéutico.
Los altos políticos suelen estar en la Cámara Baja.
Un antiquísimo refrán griego decía que los poetas
dicen muchas mentiras. Pero la verdad de los poetas
pertenece al orden de la belleza, y no es contraria a
las mentiras del orden de la verdad.
El pavo real es el más pavo de los pavos.
En el lenguaje emotivo o evocativo del arte la forma
es igual al contenido porque la emoción los funde y
los parifica; no los distingue y separa, como hace la
razón en el lenguaje cognoscitivo o enunciativo.
La segur de la luna menguante acaba de cortar todas
las flores de luz de la tarde.
84
Todos somos nos y todos somos otros.
El problema del continuo ha paralizado el trabajo de
muchos filósofos, haciéndolo dramáticamente dis-
continuo.
Si Dios dejó la huella de un pie en las playas del
mundo, hasta David Hume, autor de la imagen, puede
comprender que demos por bueno que también deja-
ra, aunque se haya borrado, la huella del otro pie.
La unidad y totalidad de la historia exigen un más
allá de la historia.
Los premios literarios son mucho más inalcanzables
que la lotería. La suerte no tiene preferencias de
escuela, ni manías personales o generacionales, ni
interés, ni mandatos.
Entre los que roban mucho de una vez y los que
roban poco muchas veces, sólo hay una diferencia
de ritmo.
Si para Descartes y Malebranche los animales eran
máquinas, para el gordo, enorme y glotón de La
Mettrie, autor de El hombre máquina, lo eran tam-
bién los hombres. Sólo por eso, declaraba, les hacía
algún caso. Un mal día, su máquina se paró maqui-
nalmente a causa de una maquinal indigestión.
La Injusticia nunca aparece con los ojos vendados,
como la Justicia. La Injusticia siempre es parcial.
Debajo de toda torre de marfil hay siempre un suelo
de barro.
El plato llamado principio debiera llamarse princi-
pal.
El estilo es el hombre mismo (Le style est l’homme
même ), dijo el admiradísimo naturalista Buffon en su
discurso sobre el estilo, al ingresar en la Academia.
Todo lo que en una obra literaria no está marcado por
el hombre pasa. Sólo el estilo (el hombre elevado y
noble) permanece. Estilo: punzón de la inteligencia.
El sursumcorda levanta mucho la voz.
85
Individualización frente a reproducción: tensión
continua, y no sólo biológica, en el hombre y en
todo grupo humano.
Todo es gratuito (Sartre). Pero no por eso el corazón
queda oprimido, sino, al revés, ensanchado. Porque
lo contingente no es lo absoluto que produce la náu-
sea; es creatura de lo Absoluto, que hace posible la
libertad y el regocijo.
Animales, no alimañas. (Distinción también prove-
chosa para el hombre).
Lo malo de las grandes palabras como democracia
—de broma etimológica la calificó Pío Baroja— es
que nunca son exactas. Lo bueno es que siempre
son proyectos en vías de realización.
No existiría el número uno, si los todos los demás no
estuvieran numerados.
Todos los hombres, por naturaleza, desean saber,
comienza diciendo Aristóteles en su Metafísica. Pero
muchos de ellos, por pereza, se contentan con la
ignorancia.
¿ El miedo es libre ? El miedo nos hace menos libres,
y no estamos libres deI miedo.
Las muchas pre-tensiones suelen conducir a
muchas tensiones.
Los inmoralistas suelen tomar la historia como la
única realidad: la realidad del hombre siempre el
mismo, corrompido por naturaleza. A la acti-
tud correspondiente a tal realidad la llaman rea-
lismo.
Para estar con señoras o señores de abrigo hay que
abrigarse bien.
Las leyes como relaciones necesarias, derivadas de
la naturaleza de las cosas. Así las vio Montesquieu.
Sólo así se entiende la permanencia de las mismas,
su exigencia y su eficacia. Sólo así se legitima su
protagonismo. Lo positivo de la ley positiva lo
86
ponen las propias leyes.
Las mujeres de Nápoles que toman la luna en las
azoteas para que les crezcan los senos desnudos,
confunden los senos con las mareas.
¿Fe igual a debilidad, ateismo igual a coraje? Como
si vivir en serio una explicación y un sentido totales
del hombre y del universo fuera flaqueza humana.
No es que el tú sea más antiguo que el yo: es que es,
o parece ser, mejor conocido.
¿Quién estará seguro alguna vez, viendo cien huevos
iguales, de que todos tendrán el mismo gusto?
El absoluto de Cantor, que demostró la autoconsisten-
cia de lo infinito, o cualquier otro absoluto, siendo una
unidad y completo en sí mismo, debe incluirse en sí
mismo y no puede por tanto ser conocido por vía racio-
nal. Lo supra-racional excluye aquí a lo irracional.
Qué difícil determinar el determinismo.
Menos mal que a los alucinados no les cobran la luz.
Tenemos muchas dudas, pero entre ellas no está la
cartesiana.
El reloj que el teólogo inglés William Paley encontró
en el suelo, sigue, a pesar de la respuesta analógica
de Hume, preguntando por el relojero, por el loco o
por la casualidad que lo compuso.
La belleza pura es aquélla que invita a su contem-
plación y no a su posesión.
El amor al lejano es demasiado fácil. Lo difícil sigue
siendo el amor al próximo.
Como el Himalaya ha crecido en los últimos años
unos centímetros, habría que revisar todas las mar-
cas conseguidas en su conquista.
Somos de un realismo casi grosero. Seguimos pen-
sando que las imágenes presentadas por los sentidos
son los mismos objetos externos, y no meras repre-
sentaciones.
A los guardias civiles sin grado los llaman números,
para contarlos, sumarlos y multiplicarlos mejor.
87
Ilustres filósofos, teólogos y reformadores religiosos,
por salvar la omnipotencia de Dios, no dudaron en
poner en duda y hasta en destruir la libertad del
hombre. No dudaron en confundir la omnipotencia
con la tiranía y a Dios con el mayor de los tiranos de
su tiempo.
No nos enseñaron a perder ni siquiera en el juego.
Ha sido una de las mayores carencias-errores en
nuestra educación.
El poeta es un vidente y un profeta, porque ve y pro-
clama la realidad profunda de ayer, hoy y mañana.
La realidad profunda de las personas y de las cosas
apenas cambia.
Kierkegaard llamaba chusma a la aristocracia junto
a la clase media y a los ganapanes de arroyo. La
gente soez ya no está sólo compuesta por los galeo-
tes que servían en las galeras reales, una de las acep-
ciones que da el Diccionario de la palabra chusma.
La procesión es un proceso paralitúrgico, solemne y
lento.
La alegría del bien es la más segura e íntima de las
alegrías; no hay hombre de bien que no sea profun-
damente alegre.
Los pesimistas piensan que el hombre no puede
cambiar; que su historia es pura naturaleza.
Se llaman dígitos los números que se inventaron con
los dedos de la mano.
Algunos de los más brillantes científicos de la histo-
ria, Einstein, Pauli, Heisemberg, Eddington, Jeans,
o Schrödinger, eligieron la vía mística, o fueron ele-
gidos por ella, más allá de la investigación científica,
y del razonamiento lógico, como acercamiento a una
comprensión mejor y mayor del universo. El miste-
rio como descanso y fin de la razón.
No nos morderíamos los hígados, si sobre ellos
pudiera influir nuestra voluntad. No nos mordemos
la lengua porque podemos moverla a nuestro antojo.
88
Los que afirman que no tienen escrúpulos morales
quieren decir que no tienen moral.
No el lo mismo jugar al veo-veo que al vídeo-vídeo.
El Dios-monarca constitucional, que prefirió el filó-
sofo y matemático Whitehead al Dios-soberano
omnipotente, parece más acorde con la bondad di-
vina y con la libertad humana.
Creemos muchos milagros de todo género porque
rechazamos siempre el milagro mayor, que sería
para nosotros creer en la falsedad de aquellos en
quienes tenemos plena confianza.
El cazador no se considera un destructor; al revés: se
siente señor y dueño de la naturaleza.
Para los frívolos, todos los hombres preocupados
por alguna causa más allá del propio interés son
unos amargados. Es decir, amargos para su gusto
acostumbrado al dulce empalagoso.
La mujer de la frase célebre y machista no es el
reposo del guerrero, sino la que menos le deja re-
posar.
Menos mal que, si Dios percibe todo, pueden así
existir de verdad, según el obispo filósofo Berke1ey,
todos los objetos que sólo existen verdaderamente al
ser percibidos. ¿Qué sería, si no, de los pájaros, de
las plantas, de los minerales, de los peces, que
nunca percibiremos? ¿No se le habrá ido a Dios la
mano?
La hucha nos amenaza siempre con pillarnos los
dedos si somos tacaños.
Un yo que no cambia no puede durar. Tampoco una
sociedad o una cultura.
Ya sabemos qué quieren decir expresiones como el
pueblo, tout le monde, la gente, people...: unos cuan-
tos; en el mejor de los casos, una mayoría, nunca
estable.
89
Mucho antes de que Carlos Marx llamase a la uni-
dad de los proletarios del mundo, otros muchos
habían gritado, de muchas maneras: todos los listos
del mundo, uníos.
Hemos distinguido tanto entre animales racionales y
no racionales, que hemos olvidado el sufrimiento, la
tortura y la explotación, comunes y antianimalianos.
En política, como en física, la fuerza es la causa del
cambio de movimiento, es decir, de la aceleración.
En el sistema democrático, la fuerza democrática.
La otra mejilla sí, pero... no la yugular.
La filosofía ha sido y es, en cierto modo, madre de
las ciencias. Pero sobre todo madrina de todas ellas,
a veces dicharachera, a veces silenciosa.
La muerte del hombre es un fenómeno natural y
social, pero sobre todo personal.
Al final de la lectura de sus obras, Nietzsche apare-
ce como el predicador más vehemente, más agudo
tal vez, más brutal y cruel, más latoso a la par, de la
historia de los filósofos.
No es tan difícil quitarle a uno lo bailáo. Hay escar-
mientos que hacen maldecir todos los pasos de bai-
les pasados.
Quienes no tienen interés en hablar de la corrupción
política suelen aducir la necesidad de tratar sobre
cosas concretas que interesan a la gente concreta: el
paro, la sanidad, etc. Como si la moral política no
fuera parte sustancial de la política concreta.
90
FALSOS
HISTORIADORES
Hay falsos historiadores que escriben sobre el pasa-
do desde posiciones del presente, con la frivolidad
con que hubieran escrito sobre el futuro (nuestro
presente), desde posiciones del pasado.
Piacere senza pena... , qué pena de placer.
El milagro de los milagros es la ley moral —la volun-
tad de Dios—, escrita en nuestros corazones por
nuestra razón. Los mayores incrédulos son los que
no creen en ella.
Los marxistas-leninistas tiene el alma en un puño,
en el puño izquierdo.
Menos mal que los quebranta-corazones no actúan
como los quebranta-huesos.
...tan pronto hacían libros contra la corte como dedi-
catorias a los reyes, discursos para los cortesanos y
madrigales para las cortesanas; estaban orgullosos
de sus escritos y se arrastraban en las antecáma-
ras..., escribía en 1794 Robespierre sobre la secta de
los enciclopedistas. No me extraña que algunos inte-
lectuales de hoy los tengan como sus venerables
antepasados.
Actuamos según somos, pero somos también, en
buena medida, según actuamos.
La seguridad del Estado significa no pocas veces la
seguridad del estado de los miembros de los gobiernos.
Decimos cuarentón, como si fuera un insulto, con
una mentalidad de hace 400 años.
Dios no puede pre-determinar la espontaneidad de
nuestra libertad porque en Dios no hay sucesión
temporal; ni pre ni post.
La mayoría de los que declaran ante los tribunales
padecen ronquera.
Si progresara el ser mismo del hombre, el ethos del
hombre, ese sería el progreso de verdad, el progreso
de los genuinos progresistas. 93
La licencia y coqueteo de algunas señoras elegantes
en la Europa del siglo XVIII no hicieron cambiar la
condición de la mayoría de las mujeres de ese tiem-
po. La mujer no fue el centro del mundo (Hermanos
Goncourt): algunas mujeres fueron el centro de
atracción de unos pocos varones.
Mala cosa para nuestro sistema democrático, donde
todos somos, en principio, políticos, que los políti-
cos sean tan malos como se dice.
Las carreras de caballos dejaron hace tiempo de ser
épicas para ser sólo hípicas.
Nos asusta ver un embalse vacío porque nos imagina-
mos enseguida que al mar le pueda pasar lo mismo.
La fuerza ejercida en legítima defensa no es propia-
mente un acto de violencia sino de vivencia. No está
fuera de su estado natural.
Los sincrónicos cortan el tronco del árbol de la his-
toria, para estudiarlo. Con el mismo fin, los diacró-
nicos lo recorren.
Cuando sufrimos un fuerte catarro (fluir, en griego),
tememos que nos arrastre con él.
La inconstancia del proceder de los hombres en
determinadas circunstancias es una de las constan-
tes de la naturaleza humana.
No sé por qué Ciorán puede afirmar que en los
momentos cruciales de la vida la ayuda del cigarro es
más eficaz que la de los Evangelios. ¿Es qué no se
pueden leer los Evangelios mientras se fuma? ¿Y qué
haremos los no fumadores, que somos la mayoría?
Posibilidad y acción forman la realidad. Muchos
activistas no tienen (no cuentan con) posibilidades,
y muchos posibilistas nunca pasan a la acción.
Algunos pusieron la mano en el fuego por alguien, y
menos mal que no pusieron las dos.
La ciencia es directamente universal. El arte sólo
94 desde su concreción en el espacio y el tiempo.
Los sarcásticos pretenden inocularnos su miedo en
pequeñas dosis de escepticismo desgarrador.
El reloj de sol es el más ecológico de los relojes: no
da ni marca las horas: sólo las ensombrece.
Toda definición no sólo excluye las notas que no per-
tenecen al objeto definido (omnis determinatio nega-
tio est, escribió Spinoza), sino que excluye también
aquéllas que no le son exclusivas y otras muchas que,
no siendo definitorias, componen lo definido. La
definición lo deja en los puros huesos, en su esencia.
Por eso, cuanto más vivo y complejo es el objeto defi-
nido, más abstracta, torpe y negativa es la definición.
El sueño de los justos, que duermen muchos asuntos
pendientes, es tan prolongado como el sueño de los
injustos.
De jóvenes la muerte nos es tan lejana, que nos
parece un espectáculo.
En las naves de los locos ( stultifera navis) los pilo-
tos, al menos, debían ser cuerdos.
El 1 es el único número que es a la vez par e impar
y, además, no tiene par.
Hay muchas causas que no explican los propios
efectos, pero los producen.
Los pitagóricos fueron, acaso sin querer, los prime-
ros machistas de la historia. Entre los diez principios
constitutivos de las cosas, pusieron el principio
macho en la columna de luz, recto, bueno, o derecha,
y colocaron el principio hembra en la columna
donde aparecían malo, oscuridad, curvo o izquierda.
No sabían lo que hacían.
El lumbago, literalmente, nos des-loma.
También la línea curva está compuesta de muchas
líneas rectas.
Las primeras máquinas de los griegos fueron las
máquinas de guerra y las máquinas teatrales.
Ingenios, invenciones ingeniosas del hombre, que
era todo menos hombre-máquina. 95
En la fiesta de Todos los Santos no falta ni uno. Por
eso es tan popular.
Todos los integrismos (políticos, culturales, religio-
sos...) intentan acaparar al hombre concreto, redu-
cirlo íntegramente a su causa, limitándolo, separán-
dolo, clausurándolo. El individuo debe pertenecer
totalmente a un grupo, a un líder, a una doctrina, a
una patria, etc. Íntegro = totalizado.
El sol tocaba el órgano creciente de las viñas verdi-
negras.
Artesanos, más que artistas, son los que hacen la
síntesis de elementos pre-existentes, que ellos lla-
man, impropiamente, creación.
En la dialéctica furiosa de la competitividad (profe-
sional, política, cultural, etc.), cuando la propia
competencia no renta, se explota el filón de una
supuesta incompetencia del adversario: no hay
muestra más segura de la degradación de cualquier
proceso competitivo.
Cuando el lobo se ve en un aprieto, se le pone carne
de gallina.
El labrador que acaba de coger las cerezas del cere-
zo o el herrero que acaba de forjar la reja de hierro
están mucho más de acuerdo con el filósofo
Brentano —para quien hay una continua permanen-
cia de la causa en el efecto— que con Hume, según
el cual sólo hay conjunción y no conexión entre las
llamadas causas y los llamados efectos.
Nuestros ojos de murciélago no pueden a veces con
tanta luz.
Lo cierto es que el por-venir nunca llega.
Las personas pudientes no coinciden siempre con
las personas pudorosas.
En tiempos de sequía, antes se rezaba y cantaba a
los santos patronos sacados en procesión. Ahora se
va en procesión a gritar contra los responsables polí-
96 ticos, los patronos-no-santos de nuestros días.
Yo que tú... es como decir: tú que yo... Así de hipo-
tético.
La ONU (Organización de las Naciones Unidas), que
celebra su L aniversario, es un ejemplo de cómo el
fin justifica las siglas.
Ni indeterminismo ni mecanicismo en general: leyes
causales y leyes probabilitorias, interconectadas por
las leyes naturales.
Corrigiendo a Bergson: las causas eficientes son las
determinantes; las causas finales, en cambio, son
sólo terminantes.
Los aventureros de lujo se compran el título de cos-
mopolitas.
La soledad (solitariedad) es una farola que se ha
quedado sin luz.
Lo malo no son las malas inclinaciones, sino la
buena gana (intención) con que, en vez de resistir-
les, las seguimos y nos precipitamos tras ellas.
El título no es del todo correcto: los Mecenas eran
los que daban de comer a los escritores y artistas.
Si la sub-conciencia tiene relación cognoscitiva con
el pasado, la supra-conciencia tiene una intuitiva
relación con el futuro.
Los números se separaron un día de las cosas y for-
maron colonias independientes: las tablas de multi-
plicar, las loterías, los libros de matemáticas, las
máquinas calculadoras, etc.
Ver una paloma muerta no nos deja del todo en paz.
El chichisbeo es un señor con suerte que puede
decir con éxito chischis a una señora encopetada.
La lógica pro domo sua que utiliza habitualmente la
razón de Estado en muchos asuntos reservados es
similar al razonamiento central del escéptico radical
siciliano Gorgias: nada existe; si algo existiera, no
podría ser conocido; aunque pudiera conocerse, no
podría ser comunicado. 97
La espada es una lengua de acero que lame la san-
gre de las víctimas.
Apreciamos los valores de las personas y de las cosas
pero no los producimos. Sin nuestro aprecio no valdrían
para nosotros, pero sí para cualquier otro que los aprecie.
La historia es lo que pasa. Pobres de nosotros, si no
sabemos lo que nos pasa.
Estár fuera de sí y volver en sí: la más peligrosa de
las salidas y el más noble de los retornos.
¿Cómo iba a sufrir un caballo, pensaba el cortesano
P. Malebranche, si no había comido del heno prohi-
bido? Mejor reducirlo a máquina. La doctrina del
pecado original, entendido como pecado personal y
hereditario, ha hecho estragos en el campo de la
teología, y, como se ve, incluso en el de la filosofía.
En virtud de... Volvemos al primitivo significado de
virtud como fuerza, poder, excelencia (areté ). El
poder se hace luego hábito, costumbre, modo de ser.
La nada es uno de los polos de nuestra libertad, el polo
negativo, que significa destrucción, autodestrucción y
muerte, frente a la creación, la autocreación y la vida.
Los chupatintas suelen tener la lengua sucia.
Otra diferencia entre el bufón y el ironista: el pri-
mero alegra y entusiasma a la gente, el segundo la
irrita; el bufón la representa, el ironista la pone casi
siempre en cuestión.
Los limpios de corazón, los que lo han entregado
todo, no temen ya al ladrón de la muerte.
Todos los huesos de santo, aún de aquéllos que se
quedaron en los huesos, son muy blandos el día de
todos los santos.
La ansiedad no es la angustia. El hombre es funda-
mentalmente ansiedad, tenso e intenso deseo de ser
y de seguir siendo (el tónos de los estóicos). La
angustia (angor ) ocupa muchos momentos de esa
ansiedad perenne, pero también la expansión, la
98 exultación y el sosiego.
Siendo 60 los santos que en la Iglesia Católica lle-
van en nombre de Juan, no es sorprendente que
cualquier devoto diga: éste no es mi Juan, que me lo
han cambiáo .
En 1863 los turcos no pudieron comerse un croi-
ssant en Viena.
Muerto de risa ¿No se dijo solemnemente que la risa
mata más que la cólera?
Nadie puede estar maduro para algo, si no le han
dejado antes madurar en nada.
El humanitarismo no es el humanismo, pero éste no
puede existir sin aquél.
Dar a cada uno lo mío no es la justicia, sino mi justicia.
Los inválidos no pierden por eso ni validez ni valor.
El amor es el peso (pondus) que arrastra al alma a
buscar el lugar natural de su reposo, según San
Agustín. Distintos amores la mueven distintamente;
¡Cómo nos duele tantas veces su dis-locación!
Quien saca punta a todo pronto se clava en algo.
El que pregunta busca siempre algo de alguien,
sobre alguien o sobre algo.
La Edad de Oro suele ser el resplandor que arranca
del hierro el insistente rayo de nuestra nostalgia.
Los abogados del diablo son más angélicos que dia-
bólicos.
La utopía no es sólo un lugar ideal (no-lugar), sino
un lugar ideal-idealizador-indicador-acusador, que
nos saca de nuestros lugares habituales, de nuestras
casillas, de nuestros quicios.
El resentimiento altera y descompone todos los senti-
dos. De los venenos cotidianos no hay otro más eficaz.
La música de fondo arroja al fondo la música.
Si tuviéramos fe como un grano de mostaza, nunca
se nos ocurriría pedir a las montañas que se muevan
de su sitio. 99
Si las cuatro virtudes cardinales descritas por
Platón, prudencia, justicia, fortaleza y templanza,
son, al decir del filósofo persa Algazel, las madres
del carácter, no nos extrañará ver tantos huérfanos
espirituales por el mundo.
Algo de lo que el viento se llevó el viento volvió a
traerlo en algunas ocasiones.
Si es imposible decir siempre toda la verdad, al
menos que lo que pueda decirse sea todo verdadero.
El ateo tiene la seguridad de su no-fe y la fe en su
seguridad.
En la perfecta oración cristiana el hombre no busca
obrar sólo sobre sí mismo por medio de Dios, ni
obrar sobre Dios en favor de sí mismo, sino estar,
primera y primordialmente, ante la realidad del Dios
vivo. Todo lo demás es secundario.
Hablar por no callar puede ser tan insensato como
por no hablar me callo.
¿Quién es suficientemente libre, suficientemente
informado, suficientemente imparcial (Javier Mu-
guerza), para que su preferencia por uno entre
varios códigos morales pueda llamarse racional?
El Bobo de Coria es ciudadano del mundo.
La campaña electoral es el teatro ambulante de los
partidos políticos.
Las cosas, las personas, los hechos, valen, y la con-
ciencia los valora. Valer-valor: más que ser real o ser
posible, ser valioso.
Los pisaverdes suelen pisar habitualmente alfom-
bras grises, pardas y rojas, casi nunca la hierba de
los campos.
A veces despierta el buen salvaje que tenemos den-
tro, que no es más que el hombre natural harto de
civilización.
El halcón lleva puestos unos prismáticos naturales
100
de nueve aumentos.
Lo peligroso de ciertas in-mersiones lingüísticas es
que puedan ser, en muchos casos, sub-mersiones.
La cabeza de turco de verdad era una cabeza cortada.
Ciertos llamados cambios de moral en la historia no
son sino la subordinación de ciertos valores, tenidos
un día por superiores, a otros, verdaderamente su-
periores pero considerados hasta entonces como in-
feriores.
Los celos, todavía no agusanados por el recelo, sue-
len reavivar el celo.
Pensar es siempre preguntarse.
El Dios de la Religión racional de Kant se parece
más a un exigente profesor de metafísica (él mismo)
que al Dios del Nuevo Testamento.
Un país sin cuadros es un país en cuadro.
Cuando queremos coger algunos problemas por los
cuernos, nos damos cuenta muchas veces de que los
cuernos de esos problemas nos tienen cogidos hace
tiempo.
La infinitud numerable es una infinitud de contables.
Si la derecha y la izquierda son divisiones democrá-
ticas, valores políticos, bondades sociales, llamar
ultra derecha y ultra izquierda, extrema izquierda y
extrema derecha a expresiones y conductas antide-
mocráticas, antipolíticas y antisociales es calificar de
ultra bondad o de extrema bondad lo que es, en casi
todos los casos, la extrema maldad y la ultra maldad.
Hay amores que matan... incluso de amor.
Ya se nota que los pollos fueron domesticados hace
6.000 años y en China.
Cuando algunos ilustrados se irritan porque gentes
sencillas lamenten la muerte, como perros de los
increyentes, el filósofo ilustradísimo Ernst Bloch
llega diciéndonos que se niega, por dignidad perso-
nal a que el hombre acabe igual que el ganado.
101
De noche todos los gatos no son pardos: son oscuros.
Lo que tiene el no saber qué es el bien (lo bueno, lo
justo) es que tampoco se sabe qué es el mal (lo malo,
lo injusto). Y, si eso no se sabe, ¿de qué sirve todo lo
demás?
Los teloneros locales de los líderes nacionales o regio-
nales en tiempos de elecciones son algo más: son el
mismo telón. Cuando ellos desaparecen, comienza de
verdad el acto, montado a menudo para la televisión.
Algunos llaman conspiración a que las cosas no
sigan el curso que les habían marcado.
La fraternidad es a la solidaridad lo que la comu-
nión a la comunidad.
Quién nos iba a decir que las Sententiae Vaticanae
contuvieran fragmentos de Epicuro, un hombre tan
poco epicúreo, por cierto.
Válido, valente, valiente, valioso y valeroso.
El concepto de Dios después de Auschwitz... ¿Es qué
en Auschwitz comenzó a sufrir la humanidad?
Los buitres son, después de los hombres, los anima-
les más fieles al recuerdo de los muertos. Todos los
inviernos, un millar de ellos se reúnen en el parque
nacional de Gettysburg (USA) desde que en 1863
una sangrienta batalla dejara sobre el suelo 50.000
soldados muertos y heridos.
Vivimos casi siempre más fuera que dentro, perdi-
dos en el espacio exterior y alejados de nuestro
tiempo interior, llevados y traídos, rara vez dueños
de nuestro intenso movimiento.
Las plantas trepadoras enseñaron a trepar a los ani-
males.
Mejor una mala conciencia que una bonne cons-
cience.
Todavía no nos hemos enterado bien del Big Bang
(gran estallido), cuando ya algunos comienzan a
asustarnos con el Big Crunch (gran crujido).
102
Obscurum per Obscurius, diría Enesidemo, cuando
alguien quiere sacar causas oscuras de cosas más
oscuras todavía, que no son más que apariencias.
Cuanto menos realidad tiene una cosa, más oscura
es. La nada es lo más oscuro de todo.
Los políticos, en vez de buscar la admiración (como
los artistas), deben conseguir la imitación y la cola-
boración (como los sabios).
Sin resurrección no hay teología de la cruz: habría
cruz, no teología.
Los callejones sin salida —o calles sal si puedes— son
las aporías (sin salida) del urbanismo.
Caudillos: cabecillas, aparentes diminutivos aumen-
tados por el poder (cabezones).
Las Súplicas, cojas, arrugadas y bizcas, hijas de
Zeus, que iban tras la Ofuscación curando el mal que
hacía ésta, la requerían siempre que alguien las
rehusaba. La ofuscación ha sido durante toda la his-
toria el castigo de quienes han rechazado la compa-
sión en sus vidas.
De la plena autonomía a la autarquía hay sólo un
paso, y de la autarquía a la seudo-divinidad otro
todavía más corto.
Una pecera sin peces es el objeto más inútil del
mundo.
Si, trastocando las tradicionales calificaciones, lla-
mamos, como hace Ignacio Sotelo, buena a la fini-
tud, esto es, algo determinado, con límites preci-
sos, fronteras y contornos, y que puede alcanzar
la plenitud, ¿por qué no aceptar las consecuen-
cias inevitables (llamémoslas mal o cualquier otro
nombre) de esos límites, de esas fronteras, de esos
contornos?
Callar no es estar en silencio.
Cuando alguien nos deja con un palmo de narices,
nos deja con las mismas narices que ya teníamos.
103
En las grandes opciones (decisiones) de la vida, sólo
cada uno sabe qué es lo razonable: lo adecuado a su
inteligencia sentiente, al conjunto de su ser, a su
persona. Ahí no valen las leyes de la moda.
Las espadas no duermen. Tienen siempre todos los
ojos (filos) abiertos.
Varias conclusiones probables, cuando convergen,
nos llevan por la vía regia de la certidumbre moral,
nunca total.
Tucídides llamó a la guerra duro maestro, porque
pone de acuerdo con las circunstancias imperantes
el comportamiento de la mayoría de los hombres.
Su dura herencia permanece también en tiempos
de paz. No sólo, pues, la política es muchas veces
la continuación de la guerra, sino también la
moral: la fuerza como principio supremo contra la
justicia.
Las fanerógamas son las plantas descaradas y coque-
tas que lo hacen todo a la vista de todos. Pero en
ellas la desfloración es la floración.
El medium es un medio (mediador), pero en latín.
Cuando lo sublime se des-pista, se des-camina, se
des-quicia, lo llamamos extra-vagante.
Los detenidos por haber matado a la suegra o a la
cuñada (madre y hermana política) serían ya presos
políticos: además, podían haberlas llevado al otro
mundo para hacer un servicio a la humanidad. ¿Qué
mayor motivación política?
El altivo, que no siempre es alto pero sí altanero, no
puede menos, al hablar, que ser altisonante.
Los teólogos que prescinden de la experiencia reli-
giosa de la gente, de lo que llaman con desprecio
mística, no suelen pasar de físicos de la religión, y,
a veces, ni siquiera de gramáticos.
El fanfarrón va tocando siempre su propia fanfa-
rria.
104
Aunque Henri Poincaré nos enseñó a distinguir
entre el amor a la certidumbre y el amor a la verdad,
la mayoría de los hombres sólo llaman verdad a la
certidumbre. Y es que buscan ante todo la seguridad.
La palabra pundonor es muy poderosa. No es un
punto de honor el que nos satisface, sino muchos
puntos seguidos.
Signos, señales: nos señalan, nos hacen señas.
Palabras, músicas, dibujos, signos de todas clases.
Pero hay signos que ya no hacen señas, que están
mudos, muertos: palabras, músicas, dibujos... Acaso
los muertos somos nosotros.
Incluso a los que creen en los milagros les interesa
que no haya tantos como algunos milagreros quisie-
ran hacernos creer. Porque los milagros o son pocos
y extra-ordinarios, o no son milagros.
Sólo cuando el varón (Adán) se durmió, pudo Dios
crear a la mujer (Eva), arrancándole una costilla,
según el Génesis. Despierto, no hubiera sido el va-
rón tan generoso.
Trabajamos menos que un negro y ganamos como
un blanco.
Con permiso de Berkeley: hay ideas generales (abs-
tractas): hombre, ángulo, árbol. Lo que no puede
haber es una imagen abstracta.
Unos doran la píldora y otros se la tragan.
Cuando las autoridades civiles se quitan los bombi-
nes al entrar en la catedral, se pone la mitra el señor
obispo. Unos y otros, tan respetuosos, se cubren las
cabeza en sus dominios respectivos.
Cuando actuamos, avanzamos hacia el futuro.
La burocratización produce el tedio, éste la inefica-
cia, y ésta, a su vez, la falsa retórica, la engañosa jus-
tificación, la corrupción y el encubrimiento.
El inodoro es una de esas palabras críticas que quie-
ren significar lo contrario de lo que son.
105
El repúblico suena a político muy público, dos veces
público.
La mayoría de los científicos que creen que el uni-
verso es inteligible hacen gala de una pura y dura fe
racional.
Si ante Dios todos somos iguales, es natural que se
alegren de la muerte de ese Dios (e incluso es pro-
bable que los autores del crimen hayan sido ellos)
todos los hombres superiores.
Los números primos no se dejan engañar fácilmen-
te.
106
ÍNDICE
Del Estado éticamente impasible [7]
La Religión de la Humanidad [23]
¿Conocerse es amarse? [35]
La inercia es como los niños [49]
El ardid de la razón [63]
Manía de los superlativos [77]
Falsos historiadores [91]
109