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Delincuencia Juvenil: Teorías y Factores

El documento aborda la delincuencia juvenil, analizando sus teorías explicativas, factores de riesgo y trastornos de conducta que afectan a los menores. Se discuten enfoques criminológicos, sociológicos y psicológicos, así como el tratamiento jurídico y los sistemas de protección disponibles para los menores en conflicto social. Además, se presentan programas y estrategias de intervención socioeducativa para abordar las dificultades que enfrentan estos jóvenes.

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Delincuencia Juvenil: Teorías y Factores

El documento aborda la delincuencia juvenil, analizando sus teorías explicativas, factores de riesgo y trastornos de conducta que afectan a los menores. Se discuten enfoques criminológicos, sociológicos y psicológicos, así como el tratamiento jurídico y los sistemas de protección disponibles para los menores en conflicto social. Además, se presentan programas y estrategias de intervención socioeducativa para abordar las dificultades que enfrentan estos jóvenes.

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TEMA: 2

MENORES.
Criminalidad y Menores.
Objetivos.
Mapa Conceptual.
1. Delincuencia juvenil, aspectos generales.
2. Teorías explicativas de la delincuencia juvenil.
 2.1 Teorías etiológicas, la Criminología clásica.
 2.2 Teorías criminológicas, la Criminología crítica.
 2.3 Teorías integradoras.
3. Factores de la delincuencia juvenil.
 3.1 Factores individuales.
 3.2 Factores familiares.
 3.3 Factores socio-educativos: La escuela.
 3.4 Factores sociales y socioeconómicos.
 3.5 Factores de grupo generacional: los amigos.
4. Trastornos de la conducta y su repercusión en menores.
 4.1 Causas de los trastornos de conducta.
 4.2 Clasificación de los trastornos de conducta en los niños.
 4.3 El perfil del delincuente juvenil.
5. Tratamiento jurídico con menores.
6. Sistemas de protección de menores.
7. Programas y estrategias de acción socioeducativa con menores en
dificultad y conflicto social.
 7.1 Integración en aulas escolares de menores en dificultad y
conflicto social.
 7.2 El Proyecto Educativo Individual (PEI).
Recuerda.
Autoevaluación.

Objetivos.

Conocer las diferentes teorías explicativas de la delincuencia


como fundamentación previa a la intervención práctica.
Identificar los diferentes factores y trastornos que pueden dar
lugar a la delincuencia juvenil.
Asimilar los conceptos relacionados con el tratamiento jurídico
que reciben los menores.
Conocer los diferentes programas y estrategias de intervención
con menores en dificultad y conflicto social.
Aprehender la estructura básica del Sistema de Protección de
Menores para poder así actuar de un modo fundamentado y
profesional.
Mapa conceptual.

1. Delincuencia juvenil, aspectos generales.

La delincuencia se conoce como el fenómeno de delinquir o cometer actos fuera de las


normas establecidas dentro de la sociedad, pudiéndose definir como un conjunto de
infracciones fuerte repercusión social perpetradas contra el orden público.
Herrero Herrero (1997) define la delincuencia como el fenómenos social constituido por el
conjunto de las infracciones contra las normas fundamentales de convivencia, producidas
en un tiempo y lugar determinados. Visto el concepto de delincuencia, es necesario
delimitar el término “juvenil”, puesto que en el marco legal se define la delincuencia juvenil
como los actos contra el orden público cometidos por personas que no han cumplido la
mayoría de edad penal.
La delincuencia juvenil es uno de los fenómenos sociales más importantes que se dan en
las distintas sociedades, se trata de un fenómeno de ámbito mundial.
Según lo expuesto, podemos definir la delincuencia juvenil en España como el fenómeno
social constituido por el conjunto de las infracciones penales cometidas por los mayores
de 14 años y menores de 18 La incidencia de la delincuencia juvenil, al igual que la adulta
no puede atribuirse a una causa concreta, pues su aparición depende de diversas
variables que interactúan entre sí, por lo que enumeramos los diferentes aspectos a tener
en cuenta para su análisis y explicación:
Aspecto criminológico
La criminología puede definirse como la disciplina que estudia las causas del delito y se
fundamenta en conocimientos propios de la sociología, psicología y antropología.
La delincuencia juvenil es uno de los ámbitos de estudio de la criminología por la
personalidad de sus protagonistas, ya que hay que tener en cuenta el significado de la
conducta para comprender a la persona que comete el delito, así como por su repercusión
social. Con esto vemos que los modelos teóricos explicativos de la delincuencia toman
como referencia la criminalidad.
Aspecto Sociológico
No existe un perfil ni un tipo establecido de jóvenes que cometan delitos, ni se tiene unos
criterios de edad, procedencia social, educación recibida, etc. Ya establecidos, por lo que
en 1990 las Directrices de las Naciones Unidas para la prevención de la delincuencia
juvenil acuñaron el término “jóvenes en situación de riesgo social” para definir a todo
aquel menor de edad que sea más susceptible de cometer actos delictivos.
Aspecto Psicológico
La adolescencia es una etapa de incertidumbre, en la que el sujeto está a la espera de
encontrar su “yo”, descubrir quién es. Se encuentra en una etapa dominada por los
cambios: físicos, sociales, emocionales y psicológicos.
Están dejando de ser niños pero no se identifican con los adultos, por lo que sienten
inseguridad con ellos mismos y con el ambiente que los rodea, con la sociedad; hacen el
intento de “ser mayores” pero no lo consiguen, lo que desencadena una serie de actitudes
y comportamientos desafiantes, que se traducen con el intento de encajar en el medio en
el que viven. Estas conductas suelen ser de tipo caprichoso, egoísta, impulsivo, sin temor
a las consecuencias que pueden acarrear, ya sea a ellos o a los que los rodean.
El adolescente necesita ser entendido, pero no da explicaciones, sólo actúa.
Aspecto Educativo
En relación al aspecto psicológico, podemos decir que los comportamientos impulsivos y
sin explicación aparente de los adolescentes se dan en respuesta a los estímulos que
recibe desde el entorno familiar, escolar y de sus amigos. Estos se convierten en factores
muy importantes, pues conforman su entorno ambiental más próximo.
En la familia es importante tener en cuenta la disciplina que se le impone al adolescente,
por lo que la relación con sus padres juega un papel primordial en el aspecto social y
educativo del joven. No es recomendable ni una postura muy relajada hacia el
adolescente ni una postura demasiado exigente ni autoritaria, ambos extremos
desencadenarían una actitud aún más de rebeldía en el adolescente.
En la escuela debe existir comunicación con la familia, pues el “abandono” del estudio y
las responsabilidades académicas puede ser indicio de que algo le está sucediendo, por
lo que la colaboración padres-escuela es primordial.
Otros factores a tener en cuenta son las amistades y los hábitos y el ocio del adolescente.
En esta etapa son muy influenciables y susceptibles de las opiniones ajenas, por lo que
éstas pueden hacer más daño en la conducta del adolescente que beneficiarlo.
Con esto vemos que la criminalidad surge de una combinación de causas, surgidas en
muchos casos de lo que llamamos “indicadores de factores de riesgo” y alimentadas por
diversos elementos presentes en la vida del adolescente, la violencia y la frustración entre
ellos.
A continuación enumeramos algunos de los factores de riesgo, que veremos más
adelante durante el desarrollo del tema.
 Factores individuales.
 Factores familiares.
 Factores escolares.
 Factores sociales y comunitarios.

Los menores en conflicto o en situación de riesgo social que han sido o son víctimas de la
discriminación social son considerados como incapaces de adaptarse al medio social y en
la mayoría de los casos, usan la delincuencia como alternativa de “supervivencia”.
Pueden ser fácilmente víctimas de faltas graves educativas y convertirse así en
agresores.

2. Teorías explicativas de la delincuencia juvenil.


A lo largo de la historia de la Criminología se han hecho diversos acercamientos teóricos
desde distintos enfoques y corrientes científicas y psicológicas para averiguar el origen y
causas de la delincuencia juvenil.
En este punto hacemos una aproximación a estas tantas teorías, centrándonos en las
más relevantes e influenciadoras en nuestra sociedad actual, por lo que haremos una
división en tres bloques:
1. Teorías etiológicas o de criminalidad, que son las que enfocan el origen de nuestro
objeto de estudio desde el punto de vista biológico, psicológico o sociológico, son las
teorías que se corresponden con la llamada Criminología clásica.
2. Teorías criminológicas o criminología crítica, son las teorías que aparecieron en
contraposición a las anteriores, no se centran en por qué una persona delinque, sino que
intentan comprender los mecanismos por los que las instituciones definen y sancionan la
delincuencia.
3. Teorías integradoras que son las que intentan integrar los postulados de la
criminología clásica y la criminología crítica a fin de conseguir un mejor conocimiento y
entendimiento del fenómeno de la delincuencia.

2.1 Teorías etiológicas, la Criminología clásica.

Como ya se ha mencionado, a lo largo de la historia se han hecho múltiples


acercamientos teóricos desde diversos enfoques para determinar el origen de la
delincuencia y de cualquier tipo de conducta, sobre todo de las que se “salen de lo
normal”.
Muchos de estos acercamientos defienden que la conducta es el resultado de la
interacción entre dos variables: las propias del sujeto y las procedentes del exterior y
algunas corrientes teóricas abogan por un tipo de influencia más que por la otra. Este es
el caso de las teorías etiológicas, que tratan de explicar el comportamiento criminal en
función de anomalías o disfunciones biológicas, psicológicas o sociológicas.
2.1.1. Teorías psicobiológicas.
Estas teorías parten del estudio de rasgos biológicos o psicológicos como base para
determinar la personalidad criminal del sujeto, tratando de obtener los factores que
predisponen para cometer delitos.
Algunos de los precursores de estas teorías fueron Lombroso, Ferri y Garofalo, miembros
de la Escuela Positivista italiana, que defendían la presencia de factores endógenos,
internos del individuo, tales como anomalías y disfunciones orgánicas que estaban
directamente relacionados con la predisposición biológica al delito, pero también
reconocían algunos factores exógenos, de tipo social, que influían en esta predisposición.
Dentro de estas teorías identificamos algunas explicaciones basadas en la influencia
genética y tipológica.

Herencia y genética.

Algunas de las investigaciones más relevantes dentro de este campo se basaron en


determinar la causa de la predisposición genética al delito en la alteración genética de la
persona, por lo que se investigó en torno a determinados síndromes genéticos que hacían
a la persona un poco más violenta, debido a las patologías asociadas a su síndrome,
como es el caso del Síndrome XYY o Síndrome de Klinefelter. Lo que se pretendía
demostrar con estas investigaciones es que todos los hombres con esta alteración
genética presentaban una disposición congénita al delito, pero ninguno de estos estudios
realizados dio datos fiables que relacionaran esta alteración con comportamientos
violentos ni delincuentes.
Otros estudios se fundamentaron en la herencia genética entre hermanos gemelos
monocigóticos y dicigóticos, que comparten distinto porcentaje de genes unos con otros.
También se realizaron estudios con niños que habían sido adoptados, para determinar la
influencia genética.
Christiansen (1968) encontró que el 50% de los gemelos idénticos (monocigóticos) tenían
el mismo grado de actividad criminal registrada, mientras que tan solo el 20% de los
dicigóticos alcanzaban niveles similares de criminalidad, persistiendo estos datos incluso
cuando los hermanos habían sido separados al nacer, lo que demuestra que la genética
puede predisponer a algunos individuos a la delincuencia.
Los estudios con niños adoptados intentaron demostrar la influencia Genética vs.
Ambiente en el comportamiento humano, se intentaba determinar si estos niños, con
antecedentes delictivos por parte de sus padres biológicos eran más propensos a tener
este tipo de comportamiento que otros niños adoptados sin antecedentes delictivos y se
demostró que la mitad de los menores que habían sido condenados por crímenes tenían
padres con antecedentes penales.

Teorías tipológicas.

Estas teorías intentaban establecer una relación entre delincuencia y la configuración


morfológica del cuerpo. Los precursores en este campo fueron William Sheldon y Ernst
Kretschmer, llegando a alcanzar su mayor auge con las investigaciones de Hans Eysenck.
Kretschmer estableció una relación entre las características corporales y tipos somáticos,
según las características que presentaban estos individuos podían ser: asténicos,
atléticos, pícnico o un tipo mixto, así como ciclotípico y esquizotípico, siendo este tipo de
personas las que más posibilidades tenían de delinquir, pues su complexión era fuerte,
musculada y atlética, frente a la complexión débil y delgada que presentaban los
ciclotípicos.
Sheldon, tomando como referencia los trabajaos de Kretschmer distinguió tres tipos
somáticos, cada uno con un tipo de temperamento:
 Endomorfo, de constitución sueva y grueso son personas lentas, cómodas,
sociables y extrovertidas.
 Mesomorfo, de constitución sólida, musculada y atlética, son agresivos y activos.
 Ectomorfos de constitución frágil y delgada con carácter moderado e introvertido.

De estos tres grupos y según investigaciones realizadas por el autor, los endomorfos son
los que más inclinación a la delincuencia presentaban, cometiendo estafas y fraudes; los
de tipo ectomorfo podían incurrir en ocasiones en pequeños robos, siendo los de tipo
mesomorfo los más propensos a cometer actos delictivos de forma habitual, en los que
harían uso de la violencia y cometiendo robos más grandes y violentos, llegando hasta el
homicidio.
Nos centraremos en las teorías de Eysenck, puesto que son más completas que las de
los autores mencionados, que tan solo se limitaban a analizar las variantes genéticas que
influyen en la conducta delictiva y Eysenck fue un paso más allá, reconociendo que
además de la influencia genética también debían considerarse los factores ambientales,
teniendo estos dos factores gran importancia y trascendencia en la infancia y por tanto
con posibles consecuencias positivas o negativas en la adolescencia de los individuos.
En su Teoría de la condicionabilidad defiende que el comportamiento se adquiere por
aprendizaje, estando inmerso aquí el sistema nervioso central, así como también se ve
implicado el condicionamiento de la persona, regido por el sistema nervioso autónomo.
Sus teorías reconocen la importancia del funcionamiento del sistema nervioso heredado
(la influencia genética), distinguiendo aquí dos tipos de comportamiento: el introvertido y
el extrovertido. Según el grado que presenten los individuos de introversión o extraversión
serán más o menos fáciles de ser condicionados. Se ve aquí claramente la influencia de
la genética y del ambiente en el individuo, a nivel del sistema nervioso.
Para Eysenck las personas extrovertidas son más difíciles de condicionar. Sus teorías
destacan el papel de la influencia familiar, defendiendo que la criminalidad es un rasgo
que viene determinado por la influencia genética y biológica, pero que puede ser
suavizado o potenciado con un condicionamiento en el ambiente familiar.

2.1.2. Teorías sociológicas.

Teoría de la socialización deficiente

Estas teorías se centran en explicar la delincuencia en procesos deficientes de


socialización, los cuales se deben a un aprendizaje defectuoso durante la infancia o por
imitar o integrarse en grupos o subculturas delincuentes.
Los defensores de estas teorías son totalmente opuestos a las ideas positivistas
expuestas anteriormente, pues estudian y analizan el crimen o delincuencia como un
fenómeno social. Destacamos aquí los trabajos de los franceses Alessandre Lacassagne,
Adolphe Quételet y Gabriel Tardé Lacassagne defensor acérrimo de la influencia social,
resalta la importancia del medio social como factor fundamental en la configuración de la
conducta en el ser humano destacando dos factores clave, el individual: de tipo somático
que supone la predisposición del individuo a cometer actos delictivos y el factor social,
que es el verdaderamente determinante de los actos de la persona y decisivo en la
adopción de comportamientos criminales.
En palabras de Lacassagne “la sociedad encierra en sí los gérmenes de todos los
crímenes que se van a cometer. Ella es la que en cierta manera los prepara, y el culpable
no es más que el instrumento de los ejecuta”; “el medio social es el caldo de cultivo de la
criminalidad”.
Quételet estableció las llamadas Leyes térmicas de la delincuencia y es que para él las
desigualdades sociales y la forma de organización social son factores influyentes en la
aparición de actos delincuentes. Defiende que “la sociedad prepara a los criminales y los
culpables son solamente los instrumentos que los ejecutan”, siendo los jóvenes más
propensos a delinquir que los adultos, por lo que el crimen es un fenómeno social de
masas.
Tardé expone sus Leyes de la imitación (1890) para explicar la criminalidad. Defiende que
las personas se imitan unas a otras en función de la frecuencia de contacto existente
entre ellas.
Estos contactos, según se produzcan en grandes o pequeñas ciudades y dependiendo de
su frecuencia e intensidad pueden llegar a ser lo que Tardé define como “moda” o
“tradición”.
Para Tardé los factores determinantes de la conducta criminal provienen de la sociedad a
través de la imitación, y es que el ser humano por naturaleza imita y aprende a través de
la imitación y este es el fundamento de las teorías de Tardé, cuya conclusión es que el
crimen al ser un comportamiento social también puede ser imitado, llegando a convertirse
en una moda o tradición a transmitir.

Teorías ecológicas

Estas teorías se basan en explicar la conducta humana, y en este caso la criminología,


basándose en el medio ambiente en el cual se desarrolla el individuo, por lo que los
factores que influyen en el desarrollo de la delincuencia están en el medio ambiente.
Esta escuela fue fundada por Robert. E. Park en la ciudad de Chicago, por lo que también
es conocida como “La Escuela de Chicago”, pues los estudios que dieron forma a estas
teorías se centraron en la distribución geográfica de la delincuencia en esta ciudad,
creándose una serie de programas de prevención de delincuencia.
Estas teorías tienen su origen en los trabajos de Guerry y Quételet, que se centraron en el
estudio de la incidencia criminal en ciertos lugares geográficos. Uno de los trabajos de
Guerry se fundamentó en el uso de mapas ecológicos que representaban diversos índices
criminales que dependían de diversos factores sociales, destacando la relación entre
crimen, pobreza y falta de educación.
Las conclusiones de este estudio por parte de Guerry fueron que la pobreza, en sí misma
no es la causa de actos delictivos en contra de la propiedad, sino que el factor clave es la
oportunidad, y en lo que respecta al nivel de educación, se comprobó una relación
directamente proporcional con los niveles de educación y el nivel de violencia en los
crímenes, por lo que las áreas de la ciudad con niveles de educación más altos también
tenían los índices de crímenes más violentos y los índices más bajos de violencia se
correspondían con niveles bajos de educación.
Otra de las aportaciones más importantes a esta Escuela fue el trabajo de Ernest. W.
Burgess con su “hipótesis zonal”. Esta autor dividió la ciudad en cinco zonas, siendo la
zona interior el distrito central y de negocios; la zona de transición en la que se
encontraban los suburbios y fábricas; la tercera zona, donde residían la gente corriente y
aquellos que habían conseguido salir de la zona de transición y por último las zonas 4 y 5
con cada vez más afluencia de hogares y totalmente fuera del alcance de los suburbios.
Pero la mejor aportación a la Escuela de Chicago fue el trabajo de Shaw y McKay que
defendían la idea de que la base de una carrera criminal adulta comenzaba en la edad
temprana, por lo que se debía prevenir la delincuencia juvenil. La conclusión de su estudio
radica en que la diferencia entre delincuentes y no delincuentes no está en los rasgos
personales de cada individuo, sino que depende de las características de los barrios o
zonas en las que viven y se desenvuelven, en su medio ambiente.
Exponen que las zonas en las que existe mayor índice de delincuencia se corresponden
con el surgimiento de tradiciones criminales y delincuentes.
Dan mucha importancia a la asociación de menores con bandas y otras formas de
organización criminal, pues están en constante contacto con estos ambientes, lo que les
hace aprender las técnicas de actuación y les relaciona con otros delincuentes.

2.1.3. Teorías del Aprendizaje

Estas teorías explican la conducta humana como “una interacción recíproca y continua
entre los determinantes cognoscitivos, comportamentales y ambientales”, dándole
especial importancia a las variables sociales para explicar el desarrollo y la modificación
de la conducta humana.
Su principal exponente es Albert Bandura que explica las alteraciones de la conducta
desde los principios del aprendizaje social, haciendo hincapié en tres factores
fundamentales:
 Las características de comportamiento de los modelos sociales, a los que el niño
ha estado expuesto (aprendizaje por imitación u observación).
 Las contingencias de refuerzo en su aprendizaje.
 Los métodos de instrucción que se han utilizado para desarrollar y modificar su
conducta social

Teoría de la asociación diferencial

La teoría de la asociación diferencial o de los contactos diferenciales fue desarrollada por


Edwin Sutherland y parte de que todo tipo de comportamiento, delincuencial o no, se
aprende. Las personas al vivir en sociedad y relacionarse aprenden unas de otras.
Según este planteamiento una persona se vuelve delincuente cuando las actitudes
positivas frente al comportamiento desviado superan a los juicios negativos hacia este tipo
de comportamiento. Este autor presenta una serie de máximas que sustentan su teoría y
que concretamos:
1. El comportamiento criminar se aprende a través de la interacción con otras personas
mediante un proceso de comunicación.
2. El aprendizaje en sí de la conducta criminal ocurre en grupos de personas íntimas.
3. El aprendizaje del comportamiento criminal incluye el aprendizaje de técnicas para
perpetrar el crimen.
4. Los motivos, razones e impulsos se aprenden de definiciones de los imposiciones
legales ya sean o no favorables y éstos no explican el comportamiento criminal, sea
cuales sean.
5. Una persona se convierte en delincuente porque adquiere un exceso de definiciones
favorables a la violación de la ley.
6. Las asociaciones diferenciales pueden variar en frecuencia, duración, intensidad y
prioridad.
7. El proceso de aprendizaje del comportamiento criminal conlleva los mismos
mecanismos que cualquier proceso de aprendizaje.
Teoría de las Subculturas

Albert Cohen y su teoría de las subculturas alcanzaron un gran reconocimiento, ya que


situaron como eje central de las investigaciones el problema de la criminalidad juvenil.
El punto de partida fue la idea de que “toda acción es el resultado de continuados
esfuerzos para solucionar problemas de adaptación”. Por lo que se ponía en evidencia
que la falta de reconocimiento por parte del grupo de iguales era uno de los factores, por
no decir el factor determinante de las conductas desviadas.
En palabras de Cohen, la subcultura delincuente pude concebirse como “un sistema de
convicciones y valores que se desarrolla en un proceso de interacción comunicativa entre
niños, que por su posición en la estructura social están en una situación similar para la
resolución de los problemas de adecuación a la cultura imperante y que no le
proporcionan soluciones satisfactorias”, por lo que el joven puede optar por tres
alternativas:
1. Incorporarse al ámbito cultural de los jóvenes de clase media, aunque eso suponga
competir en inferioridad de condiciones.
2. Integrarse en la cultura de otros jóvenes de la calle, renunciando a sus aspiraciones y
buscando un nivel de adecuación.
3. Integrarse en una subcultura delincuente.

Teoría de las Subculturas

Esta teoría defiende que en la sociedad se produce una profunda desigualdad entre las
diversas clases sociales a la hora de acceder de un modo legítimo a las metas cultural y
socialmente aceptadas. En respuesta a esta frustración los miembros de los grupos más
deprimidos usan todo tipo de métodos ilegítimos para conseguir acceder a estas clases
bien consideradas, pero estos métodos no son igual de accesibles para todos, por lo que
el acceso depende de diversos factores: posición, sexo, raza, personalidad, etc.
Cloward y Ohlin señalan tres grupos de subculturas juveniles:
 Subcultura criminal aparece fácilmente en aquellos barrios o zonas de clase baja
y establece que la mayoría de sus miembros se conocen. Aparece una forma
desviada de comportamiento, aceptada por la comunidad y totalmente
normalizada. El joven imita los modelos de los adultos.
 Subcultura del conflicto aparece en barrios menos estables, donde las
oportunidades ilegítimas de acceder a la delincuencia no son tan fáciles, pero se
promueve el uso de la violencia para alcanzar un estatus o representatividad.
 Subcultura de la retirada o abandono, se refiere a los jóvenes en todas las
comunidades de clase social baja que fracasan en las subculturas mencionadas
anteriormente y frente a este fracaso eligen una forma de vida fuera de su
comunidad, en torno a las drogas, alcohol o cualquier tipo de evasión.

2.2 Teorías criminológicas, la Criminología crítica.

Como ya se ha mencionado, las teorías criminológicas son aquellas que aparecieron en


contraposición a las teorías etiológica, no se centran en por qué se delinque, sino que
intentan comprender los mecanismos por los que las instituciones definen y sancionan la
delincuencia.
Estas teorías surgen de la crítica y discusión del concepto de delincuencia, introduciendo
una visión crítica y más compleja del fenómeno. Se expuso que las normas y su
aplicación no constituyen una realidad objetiva y neutral, sino que configuran una forma
de control cultural y social.
La Criminología crítica, en palabras de Hirst (1972) “procura explicar y justificar al
delincuente como producto de las relaciones sociales, situar al criminal como víctima del
proceso de rotulación y castigo que opera al servicio de los intereses del régimen
establecido, y cuestionar la naturaleza de las leyes y valores propios de ese régimen”

Teoría del etiquetado social (Labeling)

La teoría del etiquetado surge en los años 60 y 70 y defiende, junto con las teorías de las
relaciones sociales que el motivo de aparición de las conductas desviadas no es inherente
al acto, sino que es una manifestación de la sociedad, que califica o etiqueta
negativamente los comportamientos minoritarios que se salen de la normalidad, de las
normas culturales estandarizadas por la sociedad.
La teoría hace referencia a cómo la propia identidad y el comportamiento de los individuos
puede ser determinado por los términos que se usan para clasificar determinados
comportamientos. Estudia el proceso de atribución de estas definiciones negativas; los
mecanismos de control social que consiguen el etiquetamiento, los procesos de
estigmatización y exclusión de los delincuentes.
La teoría afirma que el sistema de justicia juvenil es en gran medida causante del
problema de la delincuencia y que propugna la salida del sistema de la mayoría de los
jóvenes.
Desde este punto de vista y consideración de la criminalidad aparecen distintas
construcciones teóricas, de entra las que destacamos la Teoría de la desviación primaria
y secundaria de Edwin Lemert (1972).
Esta teoría se centra en la interacción y relación entre los agentes de control social y los
delincuentes, los cuales son etiquetados como criminales o delincuentes.
Esta interacción lleva consigo una serie de fases, que hace que la desviación primaria al
alcance a ser desviación secundaria, es lo que Lemert denomina el “modelo de desviación
por rotulación de secuencias”.
La desviación primaria es la que se produce por causas individuales, debido a un
comportamiento desviado ocasional que intenta ser racionalizado o excusado, mientras
que la desviación secundaria es responsabilidad de la sociedad y se produce por la fuerte
reacción social recibida por el individuo al reparar la desviación primaria, por lo que este
“modelo de desviación por rotulación de secuencias” se articularía de la siguiente manera:
 Desviación primaria: Producida por inadaptación escolar y motivada por escaso
capital cultural (mal comportamiento).
 Castigo: Malas notas, advertencias y amonestaciones del maestro.
 Nueva desviación primaria.
 Mayor castigo y tentativa de exclusión de la escuela (expulsión temporal)
 Desviación, hostilidad por el castigo recibido; enfrentamiento con los compañeros
o el maestro.
 Refuerzo de la conducta desviada como reacción al etiquetado y al castigo.
 Aceptación de su status de inadaptado y esfuerzo para su perfeccionamiento
(comportamiento delictivo).

Con esto vemos cómo los modelos de comportamiento se desarrollan siguiendo una
secuencia ordenada. La desviación es fruto de una sucesión de fases de cambios de
comportamiento.
2.3 Teorías integradoras

Teorías integradoras intentan integrar todas las aportaciones y conocimientos acumulados


de las teorías criminológicas para conseguir un mejor entendimiento del fenómeno de la
delincuencia.
De entre las teorías integradores destacamos la Teoría Integradora, expuesta por David.
P. Farrington, que trata de explicar cómo se produce la delincuencia juvenil integrando en
una sola teoría los aspectos más relevantes de algunas de teorías expuestas
anteriormente, de forma se explique la delincuencia como un proceso de interacción entre
el individuo y el ambiente.
Divide su teoría en cuatro etapas a las que más tarde añadió una quinta.

 En la primera etapa surge la motivación. Esta etapa sugiere que los principales
deseos que llevan a cometer el acto delictivo son deseos de bienes materiales,
prestigio social y búsqueda de excitación; deseos que surgen para responder a
situaciones específicas en las que se encuentra la persona.
 En la segunda etapa se busca el método legal o ilegal para satisfacer los deseos.
Algunas personas tienen menos posibilidades para satisfacer sus deseos por
métodos legales (falta de recursos económicos, la clase baja) por lo que buscan
distintas alternativas para alcanzar la satisfacción de sus deseos, en ocasiones
con métodos ilegales o desaprobados socialmente.
 En la tercera etapa, la motivación para cometer actos delictivos se magnifica o
disminuye por las creencias y actitudes interiorizadas sobre el significado de
infringir la ley. Este significado surge del proceso de aprendizaje de la persona
como resultado de una historia de recompensas y castigos.
 La cuarta etapa supone un proceso de decisión en una situación particular que
se verá afectada por los factores situacionales inmediatos, esto es: si la
motivación para cometer el acto delictivo sobrevive a la tercera etapa, este se
convierte en realidad.
 Las consecuencias de delinquir influyen en la tendencia criminal y en los cálculos
sobre coste-beneficio de futuros delitos.

3. Factores de la delincuencia juvenil.

Como ya hemos visto a lo largo de lo expuesto en este tema, la criminalidad es fruto de


una combinación de causas, si bien, sabemos que hay determinados indicadores, que
podemos considerar como “factores de riesgo”, presentes en los menores.
La existencia de estos factores pone en evidencia que es totalmente erróneo el concepto
que la delincuencia es propia del entorno marginal. Los agentes de socialización más
importantes están en la familia, la escuela y el entorno en el que el individuo se desarrolla
y todos ellos interactúan entre ellos, por lo que ninguno puede sustituir a otro.
Los factores de riesgo más influyentes en el comportamiento delincuencial de los
menores se puede clasificar en:
3.1 Factores individuales

Compuestos por una serie de factores biológicos, físicos y psicológicos que influyen en el
desarrollo de la personalidad del individuo, son elementos básicos para la predicción de
los comportamientos antisociales.
De los factores psicológicos podemos destacar:
 Factores inhibidores de la competencia social, son las carencias cognitivas que
presentan los delincuentes juveniles. Todos los elementos y características de
estos factores influyen en la tendencia a adoptar conductas desviadas.
 Factores facilitadores de la competencia social, son el conjunto de aspectos que
deben potenciarse para que los menores lleven a cabo un comportamiento
prosocial.

3.2 Factores familiares

La familia tiene un papel relevante en el proceso de socialización de los menores, por lo


que los patrones de crianza y determinados factores incrementan el riesgo de aparición
de comportamientos delictivos:
 Falta de supervisión o control de los padres
 Actitudes crueles, pasivas y negligentes de los padres con los hijos.
 Violencia de los progenitores contra algún miembro de la unidad familiar.
 Disciplina férrea.
 Conflictos familiares.
 Familia numerosa.
 Malos ejemplos conductuales.
 Falta de comunicación entre padres e hijos.
 Carencias afectivas.
 Falta de enseñanza de valores prosociales.

3.3 Factores socio-educativos: La escuela

La escuela junto a la familia son los dos principales agentes de socialización de los
menores, de forma que se complementan, pero como ya hemos mencionado
anteriormente, no pueden sustituirse una a la otra.
En la escuela se instruye a los niños y además se les enseña a socializarse con sus
iguales y convivir con otras personas, pero también puede ser un factor con cariz
negativo, pues el fracaso escolar o el abandono de los estudios pueden ser elementos
facilitadores para la aparición de la conducta desviada o delictiva. Los niños pueden ser
víctimas de la imposición etiquetas por parte de sus compañeros e iguales (teoría del
etiquetamiento), así como no ser tolerantes a la frustración o la tensión que estas
situaciones pueden ejercer sobre ellos en estas edades tan tempranas.
La escuela también se considera un factor de riesgo debido a la competitividad que
muchas veces manifiesta entre los alumnos. Debido a la procedencia y problemas de
carácter sociofamiliar, muchos niños no superan el espíritu competitivo que puede llegar a
establecerse en el contexto educativo, por lo que son objeto de frustración y pueden
manifestar conductas violentas o reacciones de huida de la escuela y de todo lo que ésta
representa.
La violencia en la escuela puede tomar forma de violencia física o psicológica contra
profesores o los propios compañeros, lo que conocemos como bullying, o incluso con
actos de vandalismo.

3.4 Factores sociales y socioeconómicos

El ambiente social en el que se desarrolla el menor también influye en la aparición de


conductas delictivas. Determinadas condiciones sociales y comunitarias tienen gran
influencia en la manifestación de comportamientos delictivos.
 Precariedad en las condiciones socioeconómicas
 Problemas de vivienda
 Aspectos ambientales del barrio o zona residencial
 Desorganización social
 Disponibilidad de drogas
 Cercanía con miembros del barrio implicados en actividades delictivas
 Prejuicios

3.5 Factores de grupo generacional: los amigos

La adolescencia es una etapa en la vida de las personas caracterizada por la búsqueda


de la identidad personal, siendo pues en esta etapa muy vulnerables e influenciables por
todo lo que les rodea. El grupo de iguales les ofrece pautas y normas de comportamiento
alas que aferrarse en este desarrollo personal. La influencia de los compañeros y amigos
del mismo grupo generacional adquiere por lo tanto un significado importante para ellos.
Se considera como factor de gran influencia en la delincuencia juvenil cuando la presión
del grupo afecta negativamente al individuo, con la manifestación entre otras, de
conductas como:
 Consumo de drogas
 Absentismo escolar
 Comportamientos delictivos

4. Intervención de los servicios comunitarios.


No existe una definición de los trastornos de conducta que sea aceptada en términos generales.
Las expectativas y las normas de conducta adecuadas difieren en los diversos grupos culturales
y étnicos.
La educación especial de los niños y niñas con trastornos de conducta es más eficaz cuando se
centra en lo que realmente hacen y en las condiciones ambientales en donde se realizan las
conductas, más que en intentar definir y clasificar algunas perturbaciones más profundas. El
rasgo común que tienen la mayoría de las definiciones propuestas es que se trata de niños y
niñas con un problema crónico, que difiere de forma muy marcada de las normas culturales y
sociales actuales. La diferencia más importante entre los niños y niñas con trastornos de
conducta y los niños y niñas normales es la frecuencia con que realizan este tipo de conductas
indeseadas, ya que los niños y niñas con un problema las realizan con más frecuencia.
Los niños y niñas con problemas de conducta suelen tener problemas en el aprendizaje y bajo
rendimiento académico. Con frecuencia, el niño o niña destacará en clase por su conducta
alborotadora y desafiante y por no admitir reglas ni someterse a los procedimientos
establecidos.

4.1 Causas de los trastornos de conducta.

Se pueden agrupar las causas de los desórdenes de conducta en dos importantes categorías:
psicológicas y fisiológicas.
 Los factores fisiológicos nos remiten a la creencia de algunos investigadores acerca de
que todos los niños y niñas nacen con un temperamento determinado biológicamente,
aunque el temperamento innato del niño o de la niña posiblemente no cause por sí
mismo o sí misma el problema de conducta. No obstante, incluso cuando existe una
clara deficiencia biológica, no se puede afirmar con certeza si la anormalidad fisiológica
es la causante del problema de conducta o si simplemente se relaciona con ésta de
alguna manera desconocida.
 Los factores psicológicos se refieren a la relación de los niños y de las niñas con sus
padres, que ejercen una gran influencia en las diferentes formas en que el niño o niña
aprende a actuar, en particular durante los primeros años de vida del niño o de la niña.
Además, ciertos análisis aseguran que los niños y niñas agresivos/as o con problemas
de conducta proceden de hogares cuyos padres aplican castigos excesivos y
demuestran poco aprecio por la buena conducta de su hijo o hija. Pero la conducta del
padre puede afectar a la conducta del hijo o de la hija en la misma medida, por lo tanto,
es erróneo pensar que la culpa la tienen los padres. Otras teorías afirman que la
escuela es la causa más importante de los trastornos de conducta, por ejemplo, por
crear expectativas inadecuadas o por una dirección no consecuente.
4.2 Clasificación de los trastornos de conducta en los niños.
- Rabietas. Es la forma más leve de alteración de conducta en los niños y niñas y, en la
mayoría de los casos, se trata de episodios de carácter esporádico, no muy intensos y
a los que cabe considerar como normales. Se manifiestan mediante llantos y protestas
verbales, agresión física hacia objetos o hacia otras personas e incluso hacia sí
mismos o sí mismas. Se puede afirmar que la rabieta es un llanto violento que el niño o
niña usa para conseguir sus deseos por encima de las reglas y normas establecidas
por los adultos. Si cuando llora consigue todo lo que quiere, entonces convertirá cada
situación en una rabieta para conseguir sus objetivos. Hay que estar atentos y no
dejarse tiranizar por las rabietas.
- Desobediencias. Se considera conducta desobediente aquella en la que el niño o niña
no atiende, continuada y consistentemente, a las órdenes razonables de sus padres,
maestros o maestras y cuidadores o cuidadoras, rechazando la autoridad de éstos y
éstas y generando problemas de convivencia. Esta conducta se suele iniciar a los dos
años. Otro aspecto a destacar es que, cuanto mayor es un niño o niña, más
preocupante puede llegar a ser esta conducta, que frecuentemente es un precedente
de conductas delictivas. La mayor razón de la desobediencia la encontramos en el
hecho de que los niños o niñas pretenden imponer su voluntad frente a la del adulto,
especialmente cuando éste le limita y le impide realizar ciertos deseos y pretensiones.
- Agresividad. La agresividad implica el acto o la intención de hacer daño físico y/o
psicológico a otro. Este daño y puede alcanzar distintos niveles de intensidad. La
agresión física implica violencia corporal hacia la otra persona; la verbal, la expresión
de insultos o palabras ofensivas para el agredido. La agresión psicológica crea
temores, inseguridad, pérdida de autoestima y hace daño al otro sin tocarle. El niño o
niña puede herir psicológicamente con acciones irreflexivas e impulsivas.

4.3 El perfil del delincuente juvenil

La delincuencia juvenil no es un tema nuevo ni se ha dejado de estudiar en ningún momento,


pero durante los últimos años se está haciendo hincapié en la importancia de subrayar los
aspectos cognitivos interpersonales en la descripción del carácter del delincuente juvenil. La
mayoría de los estudios descriptivos señalan una serie de factores individuales y biográficos que
caracterizan al delincuente juvenil. Algunos de los rasgos de personalidad característicos entre
los jóvenes delincuentes podemos encontrarnos una persona impulsiva, con afán de
protagonismo, fracaso escolar, consumidor de drogas, baja autoestima, clase baja, familia
desestructurada, clase baja, falto de afectividad, agresivo, sin habilidades sociales, poco
equilibrio emocional inadaptado e incluso frustrado.
Atendiendo a los rasgos de personalidad característicos de estos jóvenes, el profesor Herrero
Herrero señala tres categorías tipológicas de los menores delincuentes:

1. Menores con rasgos de anormalidad patológica.


- Menores delincuentes por psicopatías. Se manipula la verdad en beneficio del propio
interés. Se manifiesta mostrando una falsa sinceridad para hacer creer a sus víctimas
que es inocente o que está profundamente arrepentido.
- Menores delincuentes por neurosis. Trata de hacer desaparecer la situación de
angustia cometiendo delitos con el fin obtener un castigo que le permita liberarse del
sentimiento de culpabilidad.
- Menores delincuentes por autorreferencias subliminadas de la realidad. Por la
confluencia de predisposiciones psicobiológicas, los menores llegan a mezclar fantasía
y juego de una manera tan intensa que empiezan a vivir fuera de la realidad. Es ese
estado el que puede conducirlos a cometer actos antisociales.

2. Jóvenes con rasgos de anormalidad no patológica.


- Menores delincuentes con trastorno antisocial de la personalidad. Sus principales
características son la hiperactividad, la excitabilidad, ausencia de sentimiento de culpa,
culpabilidad con los animales y las personas, fracaso escolar, y son poco o nada
comunicativos. Una de las principales causas es la ausencia de la madre o una figura
distorsionada de la misma. Todos los jóvenes tienen un denominador común: el
desamor, la falta de comprensión y de cariño, así como de atención y cuidado de sus
padres.
- Menores delincuentes con reacción de huida. Suele tratarse de menores que han
sufrido maltrato en el hogar y por ello abandonan el mismo. Son menores
psicológicamente débiles, y que en lugar de responder a la agresión, eligen la huida sin
plazos, y casi siempre sin rumbo. Esto les hace propicios al reclutamiento de bandas
organizadas, siendo presa de actuaciones de gran riesgo como por ejemplo el
transporte de drogas en su cuerpo.

3. Menores con rasgos de personalidad estadísticamente normal y/o afectados por situaciones
disfuncionales que no perturban ni la conciencia, ni la capacidad espontanea de decisión ni la
emotividad o afectividad. Aquí podemos incluir a:
- Aquellos que llevan a cabo simples actos de vandalismo, ataques al mobiliario urbano,
etc. como consecuencia de las perturbaciones psicobiológicas que producen la
preadolescencia y la adolescencia por motivos de desarrollo y cambio.
- Los que comenten pequeños hurtos, robos o fraudes para crear situaciones de
admiración ante los compañeros.
- Los que comenten delitos contra el patrimonio por puro placer.
-

5. Tratamiento jurídico con menores.

El Derecho penal juvenil visto como puro derecho penal, no es un adecuado instrumento, por lo
que las sanciones que se impongan deben ser integradoras y no estigmatizadoras, con
instrumentos educativos que subrayen la responsabilidad de los hechos cometidos.

Para que la sanción tenga efectos integradores se ha de lograr su aceptación y comprensión por
parte del menor e identificar los factores negativos de socialización que sus actos conllevan.

La diferencia entre el Derecho penal de adultos y el de menores está en las consecuencias


jurídicas aplicables a los infractores. La legislación penal de los menores únicamente prevé
“medidas socioeducativas” que se adecuen a los rasgos de la personalidad y necesidades de
los infractores, de forma que la finalidad sea la prevención de la delincuencia.

La política criminal a seguir en la prevención y el tratamiento de la delincuencia juvenil debe


respetar los principios establecidos en:

 La Declaración Universal de los Derechos Humanos (10 de diciembre de 1948).


 La Declaración de los Derechos del Niño (20 de noviembre de 1959).
 El Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (16 de
diciembre de 1966).
 El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (16 de diciembre de 1966).
 Las Reglas mínimas de las Naciones Unidas para la administración de la justicia de
menores [Reglas de Beijing] (Resolución 40/33, de 28 de noviembre de 1985).
 La Recomendación del Comité de Ministros del Consejo de Europa, Rec (87), 20 sobre
Reacciones sociales ante delincuencia juvenil, adoptada el 17 de septiembre de 1987.
 La Convención sobre los Derechos del Niño (20 de noviembre de 1989).
 Las Directrices de las Naciones para la Prevención de la delincuencia juvenil
[Directrices de Riad] (resolución 45/112, de 14 de noviembre de 1990).
 Las Reglas de las Naciones Unidas para la Protección de los menores privados de
libertad (resolución 45/113, de 14 de noviembre de 1990).
 Otros instrumentos y normas relativos a los derechos, intereses y el bienestar de todos
los menores y jóvenes.
Todos estos textos abogan por una serie de recomendaciones:
 Prevenir antes que reprimir con los programas de asistencia social, educacional y
laboral necesarios y adecuados.
 Minimizar el uso del sistema de justicia tradicional de adultos. Se deben usar otras
herramientas de resolución conflictos.
 Minimizar la intervención estatal, de forma que se ofrezcan distintas alternativas en los
contextos-ambientes más próximos al menor: familia, escuela.
 Minimizar las medidas de internamiento en régimen cerrado siempre que sea posible,
siempre. Tan solo los casos de gravedad excepcional deberían de concluir así.
 Diversificar la reacción penal para que sea flexible, para que las medidas puedan ir
adaptándose progresivamente a la evolución y necesidades del menor.
 Profesionalización de las autoridades: policía, jueves, fiscales, abogados, trabajadores
sociales, psicólogos, etc. Con el fin de que se consigan mejores resultados en la
recuperación social de los menores.

En España el Derecho penal juvenil se aplica a las personas que no han alcanzado la mayoría
de edad penal, 18 años. Este derecho penal no establece conductas delictivas (delitos y faltas),
éstas se encuentran descritas en el código penal o las leyes penales especiales aplicables a los
mayores de edad penal.
Los principios en los que se sustenta la Ley de Responsabilidad Penal de los Menores
(LORRPM) son:

- El principio del interés superior del menor: Este valora con criterios técnicos aplicados por
equipos de profesionales especializados en el ámbito de las ciencias no jurídi1cas. Constituye
un elemento principal de interpretación de las normas y de las instituciones.
- El principio de legalidad asegura que las medidas se ejecutarán según lo establecido en la
Ley.
- El principio de culpabilidad: No se podrá imponer una medida al menor en el que concurra
alguna causa de inculpabilidad, de modo que la acción pueda ser reprochada personalmente al
autor.
- El principio de intervención mínima supone que sólo se debe aplicar la ley penal para
castigar las acciones u omisiones que resulten más perjudiciales para la sociedad.
- El principio de oportunidad se establece con la finalidad de evitar la estigmatización social
que supone pasar por un proceso penal, se le concede al Ministerio Fiscal amplias facultades
para decidir sobre la incoación o no del expediente.

La LORRPM ha seguido las pautas marcadas por los acuerdos y recomendaciones


internacionales citadas anteriormente y establece que “Para la elección de las medidas
adecuadas se deberá atender de modo flexible, no sólo a la prueba y valoración jurídica de los
hechos, sino especialmente a la edad, las circunstancias familiares y sociales, la personalidad y
el interés del menor, puestos de manifiesto los dos últimos en los informes de los equipos
técnicos y de las entidades públicas de protección y reforma de menores cuando éstas hubieran
tenido conocimientos del menor por haber ejecutado una medida cautelas o definitiva con
anterioridad”.
6. Sistemas de protección de menores.

Las diferentes medidas de protección contempladas en la actual Ley orgánic de Protección


Jurídica del Menor 1/1996 quedan orientadas bajo el principio del interés superior del menor,
que siempre debe prevalecer sobre cualquier otro. Este principio supone una nueva
concepción de los derechos del menor y del ordenamiento jurídico que regula la protección y
reconoce que los menores de edad son sujetos activos, participativos y creativos, con
capacidad para modifica su vida personal y social.
Con esto vemos de dónde parte el que se tenga en cuenta, según dispone la Ley
andaluza 1/1998 “la capacidad del menor para participar activamente en la construcción
de una sociedad más justa, solidaria y democrática, así como para reconocer la realidad
que vive, descubrir los problemas que más le afecten y aportar soluciones a las mismas”
(art.3).
La necesidad de disponer de recursos alternativos de protección implica que la actuación
de los poderes públicos se encamine al mantenimiento del menor en su propia unidad
familiar de origen. Como ya se ha visto en el apartado anterior se debe procurar siempre
que el niño permanezca en su familia de origen y en contacto con su entorno
sociocultural. Sin embargo, cuando no se han establecido los suficientes recursos de
prevención o no se han obtenido los resultados esperados y siempre persiguiendo el
bienestar y la protección del menor, puede producirse la intervención de las entidades
públicas, es por esto que la mencionada ley distingue entre situación de riesgo y
desamparo.

Riesgo

En los casos considerados como situación de riesgo se dan una serie de circunstancias
que originan carencias o dificultades en la atención de las necesidades básicas, que son
necesarias para el desarrollo físico, psíquico y social de los menores.
La actuación pública se centrará en la realización y ejecución de un proyecto de trabajo
de carácter individualizado que recogerá los recursos y actuaciones más oportunos para
afrontar esta situación, intentando en todo momento la promoción y protección del menor.

Desamparo

Cuando las situaciones pueden llegar a perturbar el desarrollo o la seguridad del menor,
la entidad pública responsable declarará la situación de desamparo, asumiendo la tutela
automática del menor y establecerá los recursos de protección más adecuados según las
características del menor, siempre teniendo en cuenta el principio del interés superior del
menor.
No obstante estas medidas deben ser provisionales, en tanto que pueda proporcionársele
al menor el recurso de protección más adecuado. La entidad pública deberá notificar al
Ministerio Fiscal las medidas tomadas, así como notificarlas de forma legal a los padres,
tutores o personas responsables que hayan vivido con el menor en un plazo de 48 horas,
ya que estas medidas implican la suspensión de la patria potestad o tutela ordinaria y
supone una decisión de gran trascendencia para la vida del menor.
La Ley Orgánica 5/2000, de 12 de enero, reguladora de la responsabilidad penal de los
menores establece como su ámbito general de intervención los mayores de 14 años y
menores de 18 años.
A los menores de 14 años no se les pedirá responsabilidad civil, sino que se les aplicará
las disposiciones de amparo pertinentes y será la entidad pública competente (servicios
sociales generalmente) la que decida qué medidas y actuaciones tomar ante menores de
14 años infractores. Los mayores de 14 años y menores de 18 si serán destinatarios de la
Ley y serán conocidos con el término que ésta dispone “menores”.
Los órganos competentes para la determinación de la responsabilidad penal de los
menores serán el Juez de Menores y el Ministerio Fiscal, encargado de la instrucción del
procedimiento. Una de las funciones de ambos organismos es la de servir de
asesoramiento al Equipo Técnico, el cual estará formado por profesionales especialistas
en la educación y formación de menores.
Durante la instrucción del expediente, el Equipo Técnico deberá elaborar un informe sobre
la situación psicológica, educativa y familiar del menor, amparándose en el principio del
interés superior del menor a fin de adoptar algunas de las medidas previstas en la Ley.
Así mismo también deberá emitir informes sobre la conveniencia de una intervención
socio-educativa sobre el menor, sobre la viabilidad de la realización de una actividad
reparadora por parte del menor o de llevar a cabo una conciliación con los perjudicados.
Si estos informes resultan ser negativos se requerirá continuar con el procedimiento, así
como la pronta actuación del Equipo Técnico para tomar medidas de acogimiento o
medidas cautelares en centros o instituciones adecuadas a la situación del menor. Las
medidas cautelares son iguales que las medidas de acogimiento pero sólo se llevarán a
cabo de forma provisional hasta que el proceso finalice y se tomen las medidas de
actuación definitivas; estas serán dictadas por el juez y contarán con la aprobación del
Ministerio Fiscal.
Las medidas contempladas en la mencionada Ley toman distinto cariz según las
características de los menores imputados.

Medidas privativas de libertad

Según el art. 54 redactado por el apartado cuarenta y cuatro del artículo único de la L.O.
8/2006, de 4 de diciembre de 2006, por la que se modifica la L.O. 5/2000, de 12 de enero,
reguladora de la responsabilidad penal de los menores, las medidas privativas de libertad,
la detención y las medidas cautelares de internamiento que se impongan de conformidad
con esta Ley se ejecutarán en centros específicos para menores infractores, diferentes de
los previstos en la legislación penitenciaria para la ejecución de las condenas penales y
medidas cautelares privativas de libertad impuestas a los mayores de edad penal.
La ejecución de la detención preventiva, de las medidas cautelares de internamiento o de
las medidas impuestas en la sentencia, acordadas por el Juez Central de Menores o por
la Sala correspondiente de la Audiencia Nacional, se llevará a cabo en los
establecimientos y con el control del personal especializado que el Gobierno ponga a
disposición de la Audiencia Nacional, en su caso, mediante convenio con las
Comunidades Autónomas.
La ejecución de las medidas impuestas por el Juez Central de Menores o por la Sala
correspondiente de la Audiencia Nacional será preferente sobre las impuestas, en su
caso, por otros Jueces o Salas de Menores
No obstante lo dispuesto en el apartado anterior, las medidas de internamiento también
podrán ejecutarse en centros socio-sanitarios cuando la medida impuesta así lo requiera.
En todo caso se requerirá la previa autorización del Juez de Menores.
Los centros estarán divididos en módulos adecuados a la edad, madurez, necesidades y
habilidades sociales de los menores internados y se regirán por una normativa de
funcionamiento interno cuyo cumplimiento tendrá como finalidad la consecución de una
convivencia ordenada, que permita la ejecución de los diferentes programas de
intervención educativa y las funciones de custodia de los menores internados.

7. Programas y estrategias de acción socioeducativa con


menores en dificultad y conflicto social.

La intervención con menores en riesgo de exclusión o en conflicto social requieren de un


enfoque y de una metodología en los que priman la inclusión de los mismos en el sistema
comunitario.
Aunque bien es cierto que dependiendo de las necesidades detectadas requieren el
establecimiento de una serie de programas especializados en función de la problemática
que se aborde.
Para ello, se llevan a cabo una serie de actividades socioeducativas como so por ejemplo
los centros de día, convivencia con otras personas o con grupos educativos o
prestaciones en beneficio a la comunidad.
En todos estos tipos de programas se llevan a cabo una serie de actividades en la que se
intenta inculcar una serie de valores positivos como por ejemplo pueden ser la educación
en valores, actividades de alfabetización, educación para la salud y para la sexualidad,
actividades de ocio y tiempo libre, etc.

7.1 Integración en aulas escolares de menores en dificultad y


conflicto social

Se trata de una serie de aulas donde los menores en situación de riesgo de conflicto
social se pueden reunir con otros jóvenes con la misma problemática y los mismos
pensamientos que ellos y conviven en régimen abierto, semiabierto o cerrado
dependiendo de la situación en la que se encuentre cada menor.

Para ello, se establecen una serie de objetivos a conseguir con la convivencia en estas
aulas escolares:
 Crear entornos saludables donde sean los propios menores los responsables del
mantenimiento del mismo.
 Desarrollar las habilidades personales por medio de la convivencia y del respeto
de unas normas comunes para todos.
 Fortalecer la acción comunitaria por medio de actividades grupales.
 Para ellos se desarrollan una serie de actividades de índole grupal.

En el centro se desarrollan también una serie de actividades en las que los menores pueden
realizar actividades de cualificación profesional como por ejemplo mecánica o carpintería, de
modo que se prepara a los menores para un futuro profesional y que partan con unos
conocimientos base para la intervención.
En estos centros han de tener un ambiente estructurado que permita una intervención abierta
pero intensiva y ha de estar supervisado y llevado a cabo por profesionales de la intervención
socio-educativa como psicólogos, trabajadores sociales o pedagogos.
Este modelo residencial y esta práctica educativa permiten:

 Estabilizar las condiciones básicas de salud como son el sueño, una comida rica y
variada y respetar una serie de horas de descanso y trabajo.
 Organizar tiempo y espacios: horarios, hábitos, rutinas, etc.
 Mejorar la comunicación con los iguales y con los profesionales, de manera que la
comunicación sea más abierta y más cordial y ellos sean capaces de expresar sus
emociones y sus pensamientos.
 Distanciar malos hábitos de vida como puede ser el alcohol o las drogas y a su
vez crear hábitos de vida saludables.
 Mejorar el contacto familiar por medio de comunicaciones directas o actividades
llevadas a cabo de manera conjunta entre la familia y los menores.
 Adaptarse paso a paso de nuevo a la comunidad, aprendiendo a respetar las
normas básicas comunitarias.

7.2 El Proyecto Educativo Individual (PEI)

Todo menor escolarizado que precise de un programa especializado e individualizado se


le realiza al comienzo de cada año un Proyecto Educativo
Individual.
Ya sea por problemas educativos o problemas sociológicos este proyecto ofrece una serie
de objetivos y de actividades en las que se ayuda a los menores a avanzar de una
manera notoria hasta llegar al nivel del resto de los compañeros.

Al principio del año escolar todo estudiante con impedimentos o dificultades debe contar
con un Programa Educativo Individualizado. Este programa puede incluir:
 Una indicación del nivel de dificultad que presenta el alumno, así como a su
progreso y su participación en el progreso del currículum.
 Una serie de metas anuales y objetivos a corto plazo para ir llenando los huecos
en los que el menor precise ayuda.
 Una explicación detallada de las actividades que el menor va a desarrollar, tanto
en el plano académico como en el plano de la educación informal para la
consecución de los objetivos propuestos al comienzo del proyecto.
 Una indicación detallada de las fechas en las que constará el comienzo y el fin
del proyecto, así como del lugar y de la duración de las actividades y la
disponibilidad de los servicios.

En este proyecto están incluidos los padres, los profesores del colegio, los representantes
de la escuela y los profesionales del ámbito sociocomunitario como son los psicólogos del
centros, educadores sociales/pedagogos y trabajadores sociales. Estos profesionales
serán los encargados de la evaluación del programa así como de si el menor necesita de
una ayuda más especializada en algunos de los aspectos relacionados para la
consecución de los objetivos principales plateados al comiendo del proyecto.
El modelo en que se sustenta el PEI para seleccionar el tipo de información que debe
incorporar dicho documento es el modelo de evaluación psicológica de Fernández-
Ballesteros y Staats (1992), en el cual se detalla los aspectos que han de ser evaluados y
que representan un papel en la explicación del comportamiento. Estos elementos serían:

 Los estímulos ambientales pasados o la historia ambiental del sujeto. Es


decir, el entorno familiar del menor, la escuela o la vida comunitaria.
 Las variables biológicas que influyen en el curso posterior del desarrollo.
Por ejemplo, enfermedades o accidentes en el nacimiento o en la primera
infancia.
 La personalidad del sujeto que se manifiesta de una manera muy concreta en
la conducta o en lo intelectual.
 Variables biológicas actuales que impiden que el menor actúe conforme a
lo que ha aprendido. Como por ejemplo una lesión cerebral o una enfermedad
que afecta en la actualidad a la conducta y le impide su desenvolvimiento
normal.
 Estímulos ambientales concretos o ambiente actual en el que se desarrolla el
comportamiento que analizamos.
 Variables biológicas que afectan a la percepción que el sujeto realiza de
ese ambiente concreto. Como por ejemplo lesiones como pérdida de visión o
audición que pueden distorsionar la percepción de estímulos ambientales.

El procedimiento de elaboración del Proyecto Educativo Individual se lleva a cabo por una
serie de fases en la intervención.

 En primer lugar, se lleva a cabo una evaluación de necesidades y las


fortalezas del menor, estableciendo así una línea base en nuestra intervención.
Esta evaluación establecerá los aspectos más urgentes para la intervención y las
necesidades más urgentes que presenta el menor.
 Posteriormente se elabora una programación de acciones y actividades
educativas que se considera que serán capaces de resolver esas necesidades.
 Tras la elaboración de la intervención, se comienzan a ejecutar las actividades
y técnicas que se han plasmado en la programación.
 Mensualmente, se valoran los resultados obtenidos. Esta evaluación mensual
permitirá adaptar y modificar la intervención a las necesidades de los menores.

Por lo tanto, este tipo de proyectos han de ser totalmente abiertos para ir adaptando el
proyecto a las necesidades que vayan desarrollando los menores.
Es decir, el proyecto debe estar sujeto a cambios que se produzcan durante el desarrollo
el proyecto y que se encontraran en la valoración mensual del mismo. Las necesidades
personales del alumno, así como el entorno y las características del proyecto son ítems
variables con los que se ha de tener especial cuidado ante el desarrollo de un proyecto
individual.
RECUERDA
 La delincuencia es el fenómeno de cometer actos fuera de la normas establecidas en
la sociedad, siendo pues el conjunto d infracciones con fuerte repercusión social
perpetradas contra el orden público.
 La delincuencia juvenil uno de los fenómenos sociales más importantes que se dan en
las distintas sociedades, se trata de un fenómeno de ámbito mundial.
 Las teorías más importantes en el estudio de la Criminalidad y la delincuencia juvenil
se dividen en tres bloques:
1. Teorías etiológicas
2. Teorías criminológicas
3. Teorías integradoras
 Los agentes de socialización más importantes están en la familia, la escuela y el
entorno en el que el individuo se desarrolla y todos ellos interactúan entre ellos, por lo
que ninguno puede sustituir a otro.
 Los factores de riesgo más influyentes en el desarrollo de la personalidad del individuo
son los factores individuales (biológicos, físicos y psicológicos); factores familiares;
factores socioeducativos, compuestos principalmente por el contexto escolar; los
factores sociales y socioeconómicos y los factores del grupo generacional: los amigos
y entorno social más próximo.
 Las causas de los desórdenes de la conducta se encuadran dentro de dos categorías:
la psicológica y la fisiológica.
 Existen tres categorías tipológicas de menores delincuentes atendiendo a los rasgos
de su personalidad:
 Menores con rasgos de anormalidad patológica: neurosis, psicopatías y subliminización
de la realidad.
 Jóvenes con rasgos de anormalidad no patológica: trastorno antisocial de la
personalidad y reacción de huida.
 Jóvenes afectados por situaciones disfuncionales.
 La Ley de Responsabilidad Penal de los Menores (LORRPM) establece los principios
de actuación con los menores de edad, pero no establece conductas delictivas (delitos
y faltas), éstas se encuentran descritas en el código penal o las leyes penales
especiales aplicables a los mayores de edad penal.

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