LA CONSTRUCCIÓN DEL PODER LOCAL EN LA CAMPAÑA
BONAERENSE. DISCUSIÓN SOBRE LA LEGISLACIÓN EN
TORNO AL FUNCIONAMIENTO Y ATRIBUCIONES DE LOS
JUZGADOS DE PAZ, 1854-1884
MARTA VALENCIA
valencia@[Link]
Universidad Nacional de La Plata
Argentina
Resumen:
En este trabajo se analiza la legislación sobre la justicia de paz de la campaña de
Buenos Aires entre 1854 y 1884, con el objetivo de estudiar el esfuerzo que realizó
el gobierno central para fortalecer las instituciones en el ámbito rural como parte
de la organización del Estado. Se analizará de qué manera se conformó un corpus
legal que permitiera a los nuevos gobernantes controlar la campaña a través de los
jueces de paz. Además, se comentan las disposiciones contenidas en el Código Rural
y en algunos casos, en sus antecedentes que contienen las encuestas encargadas por
Valentín Alsina.
Palabras clave: poderes locales — jueces de paz — legislación - Código Rural
Abstract:
This paper analyses legislation related to the justice of peace of the campaign
of Buenos Aires from 1854 to 1884, with the aim of studying the effort made by the
central government to strengthen institutions in rural areas as part of the state orga
nization. It will look at how it was formed a legal corpus that allowed new rulers to
control the campaign through the judges of peace. In addition, we discuss the provi
sions of the Rural Code and in some cases, in their backgrounds that contain surveys
commissioned by Valentín Alsina.
Keywords: Local Powers — Peace Judges - Legislation - Rural Code
260 MARTA VALENCIA INVESTIGACIONES Y ENsAYos N. ° 60
l. LOS PODERES LOCALES Y LA CONSTRUCCIÓN DEL ESTADO
Después de la caída del gobernador Juan Manuel de Rosas, la provincia
de Buenos Aires atravesó cambios de índole diverso que trajeron aparejados
un sinnúmero de conflictos políticos además de una reorganización adminis
trativa, producto de la separación de la Confederación luego del triunfo de la
revolución del ll de septiembre de 1852 y el sofocamiento al Sitio de Lagos en
julio de 1853. A pesar de los conflictos, desde 1854 la conformación del Estado
de Buenos Aires se afianzó mediante la sanción de la Constitución Provincial
y la Ley de Municipalidades de 1854. Esta independencia se prolongó hasta la
unificación nacional, como resultado del triunfo mitrista en Pavón. Durante
el interregno, la campaña bonaerense sufrió particularmente el cambio de
coyuntura puesto que se pasó del “orden rosista” a un contexto de constante
conflicto bélico donde la población volvió a ser movilizada bajo la figura de
las Guardias Nacionales.
En estos años, la frontera de Buenos Aires retrocedió, perdiendo en ma
nos de los indígenas gran cantidad de hectáreas, al mismo tiempo se intentó
ordenar la situación de la campaña, sancionando leyes y dictando decretos con
el afán de restaurar los daños producidos. Sobre la expansión del Estado en el
lapso 1852-1862 se ha señalado el crecimiento de los presupuestos provinciales
en el período posrosista en áreas vitales “. .. despliegue del Estado, pero en este
caso, no en cualquier dirección, dado que apunta claramente a un reforzamien
to de la presencia estatal en el ámbito urbano y, sobre todo, en la campaña. . .”'.
En 1856 Alsina comenzó con las encuestas para conocer los problemas que
aquejaban a la campaña, estas opiniones se verán reflejadas en el Código Rural
sancionado en 1865. No obstante el esfuerzo encarado desde el Estado, hubo
obstáculos tanto para la aplicación del Código Rural, como también de las
leyes y decretos. Tal como lo señala Samuel Amaral’, la campaña de Buenos
Aires tenía aún instituciones débiles. La profusa legislación promulgada para
ordenar jurídica y administrativamente la campaña durante esos treinta y dos
años, que estudiaremos en este trabajo, registró un cambio sustancial en 1884,
con la ley que transfirió las funciones políticas y administrativas de los jueces
de paz a los presidentes de las municipalidades.
‘JUAN CARLOS GARAVAGLIA, Construir el estado, inventar Ia mizción. El Río de Ia Plata,
siglos X VIII-XIX, Buenos Aires, Prometeo, 2007, pp. 364-365.
2 SAMUEL AMARAL, The Rise of Capitalism on the Pampas. The Estancias of Buenos Aires,
1785-1870, Cambridge, Cambridge University Press, 1998.
INvEsrIoAcIoNEs Y ENSAYOS N. ° 60 LA CONSTRUCCIÓN DEL PODER LocAL EN LA CAMPAÑA... 261
En este trabajo se analiza la legislación sobre la justicia de paz de la cam
paña, con el objetivo de estudiar el esfuerzo que realizó el gobiemo central
para fortalecer las instituciones en el ámbito rural como parte de la organiza
ción del Estado. Se analizará de qué manera se conformó un corpus legal que
permitiera a los nuevos gobernantes controlar la campaña a través de los jueces
de paz. El recorrido de la legislación sobre el funcionamiento y atribuciones de
los juzgados en 1a segunda mitad del siglo XIX indicó que para su mejor aná
lisis se agruparan las disposiciones en asuntos de gobierno, en la jurisdicción
contenciosa, en temas económicos, en las atribuciones fiscales y en el papel
desempeñado en la legislación terrera. Además, se comentan las disposiciones
contenidas en el Código Rural y en algunos casos, en sus antecedentes que
contienen las encuestas encargadas por Valentín Alsina.
No obstante, se advertirá que la reiteración de varias medidas indicaría
que, en muchos casos, las mismas fueron de difícil cumplimiento. En algunas
situaciones, quizá se podría explicar porque los jueces formaban parte de redes
personales que les impedirían sancionar a sus pares o negar favores. En cierto
sentido cumplirían su papel de agentes estatales al perseguir a los más débi
les pero como su actuación incluía a otros sectores de la sociedad rural más
importantes, allí se observaría la renuencia a aplicar las normas. Tal como se
viene estudiando, en las vinculaciones locales que tenían los jueces se apoyaría
también su capacidad para ejercer el poder".
A través del estudio de este material se revelan los principales problemas
de la campaña bonaerense, el rol asumido por el Estado para ordenar y contro
lar las actividades rurales mediante un sistema básicamente centralista que les
otorgó a los jueces un papel preponderante. Después de 1854, con la creación
de las municipalidades, efectivizada a partir de 1856, el juez de paz siguió
conservando su importancia en tanto presidente de la misma. Por otro lado,
además de adquirir mayor relieve como agente electoral, sus atribuciones eco
nómicas no disminuyeron puesto que adquirieron importancia como agentes
electorales después de la caída de Rosas cuando “predomina en ésta el aspecto
político, tanto como antes había predominado el económico y militar”.
Cabe señalar, antes de entrar de lleno en el análisis de la legislación, que
el tema de la construcción del poder en la campaña bonaerense, desde una
perspectiva enfocada en las instituciones, tiene larga tradición en la historio
3 GARAVAGLIA, ob. cit.
“ BENrro DtAz, Juzgados de paz de la Provincia de campaña de la Provincia de Buenos
Aires (1821-1854), La Plata, Universidad Nacional de La Plata, 1959, p. 25.
262 MARTA VALENCIA INVESTIGACIONES Y ENSAYOS N. ° 60
grafía de la Universidad Nacional de La Plata, los trabajos de Carlos Heras
sobre las municipalidades, el mencionado de Benito Díaz, el libro de Femando
Barba sobre los autonomistas del ’705. La cuestión se ha retomado para la
primera mitad del siglo XIX con nueva metodología que ha aportado aires re
novados en los últimos veinte años, Juan Carlos Garavaglia, es autor de varios
libros y artículos donde Se ocupa del tema de la justicia de paz, especialmente
relacionado con el disciplinamiento de la población, el peso de las exigencias
militares, su idea sobre el estado provincial como la matriz fimdacional del
Estado argentino, para él:
El carácter represivo del accionar de los jueces de paz ha crecido después de
Caseros hasta niveles desconocidos en loS períodos precedentes, y Su indepen
dencia de todo poder jurídico externo - ¡ya podían los paisanos arreglárselas
para apelar al juzgado del crimen mientras Se hallaban enganchados en un
fortín miserable de la frontera- parece haberlos convertidos ahora en pequeños
déspotas locales‘.
En este caso Se alude a las disposiciones contenidas en la ley de octubre
de 1858, que se analizan más adelante. Se han realizado trabajos muy recientes
sobre las leyes de vagancia, la conflictividad y la penalidad desde la justicia
de paz, enfocados en casos locales como Tandil y Tres Arroyos, tanto como
otros enfocados en la normativa, detallando el rol de la justicia de paz en la
Constitución de la Provincia de Buenos Aires de 18737. Finalmente, un trabajo
muy original nos muestra la experiencia de la constitución de las prefecturas
5 CARLoS HERAS, “Antecedentes sobre la instalación de las municipalidades en la provincia
de Buenos Aires (1852-1854)”, en: Trabajos y Comunicaciones l, La Plata, Facultad de Huma
nidades y Ciencias de la Educación, 1949, pp. 75-107; CARLOS HERAS “Nuevos antecedentes sobre
la instalación del régimen municipal en la provincia de Buenos Aires: 1852-54”, en: Trabajos
y Comunicaciones 3, La Plata, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, 1952;
FERNANDO E. BARBA, Los autonomistas del '70, Buenos Aires, Pleamar, 1972.
6 GARAVAGLIA, ob. cit., p. 333; JUAN CARLOS GARAVAGLIA, Poder, conflicto y relaciones socia
les. EI Río de Ia Plata, XVIII-XIX Rosario, Homo Sapiens, 1999.
‘¡LEANDRO A. DI GRESIA, “Conflictos y armonías en el Sur bonaerense. Conflictividad,
penalidad y extrajudicialidad desde la Justicia de Paz (Tres Arroyos, 1865-1902)”, en: Anuario
del Centro de Estudios Históricos “Prof Carlos S. A. Segreti ” 7, Córdoba, Centro de Estudios
Históricos “Prof. Carlos S. A. Segreti”, 2007, pp. 41-73; GISELLA SEDBlLLAN “Las leyes sobre
vagancia: Control policial y práctica judicial en el ocaso de la frontera (Tandil, 1872-1881), en:
Trabajos y Comunicaciones 32-33, La Plata, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educa
ción, 2006/2007, pp. 141-166; MARIA ANGELICA CoRvA, “La justicia de paz en la constitución de
la Provincia de Buenos Aires de 1873”, en: Revista de Historia del Derecho 33, Buenos Aires,
Instituto de Historia del Derecho, 2005, pp. 69-129.
INVESTIGACIONES Y ENSAYOS N. ° 60 LA CONSTRUCCION DEL PODER LOCAL EN LA CAMPAÑA... 263
de campaña entre 1857 y 1859 y su relación con la justicia de paz y las comi
sarías‘. Este conjunto de nuevos estudios indica que se mantiene intacto el
interés en la investigación sobre los poderes locales. Esta mención de autores
no pretende ser exhaustiva e incluye sólo una parte de los historiadores que se
abocaron especial o tangencialmente al tema de la justicia de paz9.
2. Los JUECES DE PAZ EN AsUNTos DE GOBIERNO
La situación política suscitada entre Buenos Aires y la Confederación, la
amenaza de invasiones del enemigo, el constante retroceso de la frontera con
la ocupación de las tierras por los indios, motivaron al gobierno de Buenos
Aires a tratar de controlar la campaña volcando en los jueces de paz más atri
buciones, pero, como plantea Birocco “. .. los contados recursos materiales que
puso a su disposición se contrapusieron con el creciente número de facultades
que concentraron los jueces. . .”‘°.
Una cuestión de estrategia consistió en el cuidado de los caballos patrios,
aquellos que estaban al servicio del estado provincial y que eran de suma
importancia dada la situación de Buenos Aires. En 1854, se decretó que los
comandantes militares y los jueces de paz debían reunir y contar los caballos
pertenecientes al estado, dejando algtmos en las postas, según los requerimien
tos, conservando el resto en invernada“. El problema no fue resuelto fácilmen
te ya que varios decretos se ocuparon del tema; uno de ellos trataba acerca de
las multas que los jueces de paz debían cobrar a quiénes usaran indebidamente
los caballos patrios”. En el verano de 1860 apareció nuevamente el problema,
‘ MELINA YANGILBVICH, “Abigeato y administración de justicia en la campaña bonaerense
durante la segunda mitad del siglo XIX”, en: Anuario del Instituto de Historia Argentina 8,
La Plata, Instituto de Historia Argentina, 2008, pp. 123-150.
9 Entre ellos, debe mencionarse a Jorge Gelman y Raúl Fradkin, quienes trabajaron so
bre la primera mitad del siglo XIX y Juan M. Palacio para el período posterior a 1880. RAÚL
FRADKIN, El poder y Ia vara, Buenos Aires, Prometeo, 2008 y RAÚL FRADKLIN, La ley es tela
de araña, Buenos Aires, Prometeo, 2009; JORGE GELMAN, “Crisis y reconstrucción del orden
en la campaña de Buenos Aires. Estado y sociedad en la primera mitad del siglo XIX”, en:
Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani " 21, 2001; JUAN
MANUEL PALACIO, La paz del trigo, Barcelona, Edhasa, 2004.
'° CARLOS MARÍA BIROccO, Del Morón rural al Morón urbano. Vecindad, poder y surgi
miento del Estado Municipal entre 1770 y 1895, VCR impresores, 2009, pp. 117-118.
“Decreto, Buenos Aires, 7-IlI-l854, Registro Oficial de la Provincia de Buenos Aires,
(en adelante ROPBA), pp. 15-16.
‘z Buenos Aires, 3-XII-1855, ROPBA, pp. 80-81.
MARTA VALENCIA INVESTIGACIONES Y ENSAYOS N. ° 60
en octubre de 1859 se había librado la batalla de Cepeda, precedida por una
tormenta que hizo dispersar parte de la caballada del ejército de Mitre, y en la
batalla misma la caballería de ambos ejércitos tuvo una participación decisiva,
obligando la de la Confederación a una retirada desordenada de la porteña”.
Los caballos estaban dispersos y los particulares volvían a servirse de ellos
a discreción. Por otro lado, el gobierno debía equipar al servicio de fronteras
y decretó que todos los maestros de postas y dueños de establecimientos de
campaña debían entregar a los jueces de paz todos los caballos patrios que
tuvieran en su poder con la amenaza que quien los retuviera sería destinado al
servicio de armas por el lapso de un año“.
Los hombres que formaban los cuerpos auxiliares del ejército eran tam
bién celosamente controlados. Los jueces de paz compartieron con los jefes
militares el control sobre los traslados que hacían los guardias nacionales
hasta 1863, año en que se los liberó de solicitar licencia a los jefes militares
para trasladarse en el ámbito provincial. En adelante, gestionarían ante el juez
de paz un pase, cuidando que los guardias no eludieran las obligaciones de su
servicio. Para ello llevaban un libro donde registraban los pases y reportaban
a los comandantes las novedades producidas”.
A partir de la ley de Municipalidades del año 1854, efectivizada en 1856,
las de la campaña estarían compuestas por el juez de paz y cuatro propietarios
vecinos del partido. Mientras los municipales eran elegidos por los vecinos,
el juez era nombrado por el gobierno central entre una terna que propusiera
la Municipalidad, es decir, que la capacidad de maniobra del juez dimanaba
de sus relaciones y vinculaciones con la comunidad local. El juez era el único
vínculo con las autoridades y con otros jueces de paz o jefes militares esta
blecidos en los partidos, presidiría la Municipalidad, convocaría a elecciones,
vigilaría el cumplimiento de los reglamentos municipales y el desempeño de
los empleados públicos”. Esta ley fue calificada de centralista:
. . .porque hacía depender en forma muy directa la administración de la campa
ña del poder central. Por otro lado, el juez se desempeñaba como Presidente de
la municipalidad, comisario dependiente del Poder Ejecutivo y juez de primera
" ENRIQUE ROTTJER, “Campaña de Cepeda”, en: RICARDO LEVENE (dir), Historia de Ia Nación
Argentina, vol. 8, Buenos Aires, El Ateneo, 1961, pp. 281-289.
"‘ Decreto, Buenos Aires, 13-1-1860, ROPBA, pp. 6-7.
‘5 Decreto, Buenos Aires, l8-VI-l863, ROPBA, pp. 214 -2l5; Decreto, Buenos Aires, 20
XII-1866, ROPBA, pp. 241-242.
“Ley, Buenos Aires, l6-X-l854, ROPBA, pp. 107-117.
INVESTIGACIONES Y ENSAYOS N. ° 60 LA CONSTRUCCIÓN DEL PODER LOCAL EN LA CAMPAÑA...
instancia para muchos asuntos entre particulares, verdadera concentración de
facultades y poderes”.
En 1857 se transfirieron las funciones policiales que tenían los juzgados
de paz a los comisarios, al tiempo que se reducían las partidas de once a cua
tro hombres, en tanto cada comisaría tendría de diez a quince soldados con
un cabo cada una, se reducía también la asignación mensual para los gastos
generales en los juzgados, montos que pasaba a la comisaría”. Esta dismi
nución de facultades duraría poco tiempo, más adelante fueron devueltas y
acrecentadas”.
Cuando la técnica fue en auxilio de los propietarios para asegurar sus de
rechos, y el alambrado comenzó a poner un límite físico a los confmes de cada
campo”, también comenzó a colisionar el ámbito de lo público y de lo privado.
El libre tránsito de las personas por los caminos de la provincia y el deseo de
los hacendados por cercar sus propiedades necesitaron también del arbitraje
del Estado, quien se hacía eco de los avisos transmitidos por las autoridades
locales acerca de las frecuentes tentativas de los propietarios a cerrar las vías
públicas, ya sea para incorporarlas a sus terrenos, o hacerlas más estrechas, o
simplemente se negaban a abrir caminos ya demarcados. Considerando, en
tonces, que la libre circulación era necesaria, los jueces de paz y los tenientes
alcaldes debían multa: a quienes en quince días no devolvieran al libre tránsito
los caminos obstruidos”.
Otra actividad, no menor, que realizaban los juzgados consistía en dar un
marco legal a los documentos originados en transacciones, poderes, contratos,
etc. Esta atribución causó confusiones, como la que presentó el juez de paz
de Chascomús, Domingo Facio considerando que sólo podía dar su acuerdo a
documentos que se realizaran ante él mismo y de cuyas estipulaciones pudiera
dar fe, legalizándolas con su sanción. Pidió opinión al Ministro de Gobierno
y otras autoridades que consideraron que “todo individuo tiene el derecho de
redactar sus contratos en instrumento privado, siempre que así le convenga.
Pedir que sea autorizado por el Juez de Paz, es como pedir que sea reducido a
escritura pública, y este funcionario no debe negar su autorización...” Agre
gaban que todo juez debía llevar un registro donde copiar todos estos docu
‘7 BARBA, ob. cit., p. 56.
"Ley, Buenos Aires, ll-VII-l857, ROPBA, pp. 58-59.
‘9 Bmocco, ob. cit., pp. 122-123.
“NOEL H. SBARRA, Historia del alambrado en Ia Argentina, Buenos Aires, Eudeba, 1964.
2‘ Decreto, Buenos Aires, 8-VIII-l860, ROPBA, pp. l9-20.
MARTA VALENCIA INVESTIGACIONES Y ENSAYOS N. ° 60
mentos”. El valor legal de los documentos autorizados por los jueces de paz
fue discutido por el Superior Tribunal de Justicia, indicándole al Ministro de
Gobierno que la ley que instituyó los juzgados de paz no les otorgaba la facul
tad de autorizar contratos, los que únicamente se consideraban instrumentos
públicos cuando estaban asentados ante escribano. No obstante, continuaba
el Tribunal “ya que es costumbre pedir su intervención en el otorgamiento de
documentos, como testigos más caracterizados que el común de los hombres”
era conveniente que llevaran un registro de estos actos, con la finalidad de
que sirvieran de prueba para determinar la fecha de las escrituras o en caso de
pérdida de documentos. Recuerda, además, el alto tribunal, que desde 1855 la
Cámara de Justicia aconsejó a los jueces de paz de campaña que intervinieran
en las escrituras de transferencia, copiándolas en un registro especial y re
mitiendo otras, pero no declaró que esos documentos dejaban de ser simples,
para tomar el carácter de instrumentos públicos que la ley no reconoce sino
en las escrituras otorgadas por el escribano público. Así fue declarado por el
gobernador en un decreto modificatorio, que tardó un año en ser dictado”.
En algunos partidos de la campaña los jueces de paz que ya debían cum
plir las funciones de comisarios y presidentes de las municipalidades, se les
habían agregado las de comandantes militares. Una mirada a la legislación
indica que ganaron relevancia en todas las áreas, es decir que las leyes sancio
nadas en el período revitalizaron su poder. Los periódicos de la época abun
daban en descripciones sobre las falencias y falta de idoneidad de los jueces,
El Nacional decía
...la desproporción entre el número de autoridades que deben administrar
justicia y las personas y tenitorios, ¿cuál será pues, la situación producida
por tal orden de cosas? Los hechos responden con una elocuencia imponente
y desconsoladora, la arbitrariedad, la injusticia erigida en costumbre y la falta
de garantía a los derechos más sagrados de nuestros hermanos de la campaña".
En otro artículo titulado “Lo que puede un juez de paz” se refería al de
Junín, Roque Vázquez, diciendo:
2‘ Decreto, Buenos Aires, l8-VII-l862, ROPBA, pp. 9-11.
2’ Nota del superior Tribunal de Justicia, Buenos Aires, 6-VIII-l862, ROPBA; Decreto,
Buenos Aires, 7-X-l863, ROPBA.
2‘ En: EI Nacional, Buenos Aires, 16 de septiembre de 1866.
INVESTIGACIONES Y ENSAYOS N. ° 60 LA CONSTRUCCIÓN DEL PODER LOCAL EN LA CAMPAÑA...
Puede resistir en pago de sus deudas, estropear a los titulares que no se con
forman con su fallo, cambiar por dinero guardias nacionales en el servicio de
fionteras, tener escolta de veinte guardias nacionales, hacer asaltar poblaciones
de campo, tomar individuos de ellas y someterlos en calidad de desertores a
los cuerpos veteranos, tener cinco meses presos sin alimentos a los extranje
ros, quitar la propiedad y entregarla a otro, extender certificados falsos sobre
campos”.
En 1866, considerando el gobierno que esta situación era opuesta “a las
prácticas de una administración peligrosa, por cuanto crea una autoridad
omnipotente: que si comete un abuso cualquiera contra los derechos y garan
tías individuales, es conveniente que haya otra autoridad, la del juez de paz o
comandante según el caso, que pueda servirle de amparo” decretó el cese de
estas dobles funciones de juez y comandante, nombrando al mismo tiempo la
autoridad faltante en algunos pueblos de la campaña“.
La circular que envió el gobierno a los jueces de paz de los partidos
de Exaltación de la Cruz, Zárate, Monte, 25 de Mayo, Bragado, 9 de Julio,
Baradero y Ramallo, amonestándolos por la abstención de estos partidos en
la elección de marzo de 1867, nos da un panorama de la importancia que los
sectores del gobiemo le daban a la fimción política del juez de paz. Finalmente,
entre los funcionarios del Estado es conocido el papel que cumplía el juez de
paz en las jomadas electorales “desplegaban una gran capacidad de acción,
tanto en la confección del registro cívico como en la formación de las mesas,
el acto electoral, luego el escrutinio y su poder de reclutamiento. . .”27. Ya había
señalado Benito Díaz la importancia que cumplieron después de la instalación
de las municipalidades como agentes electorales”. En una carta dirigida por
Pastor Obligado al Juez de Paz de Bragado le manifestó:
[. . .] que en la elección de un Senador y un Representante. El Gobierno desea
que en próxima Legislatura se halle el mayor número posible de ciudadanos, de
reconocido patriotismo, amantes del país y decididos por su progreso y prospe
ridad y de acuerdo con estos deseos, verá con el mayor placer que la elección
2’ ROQUE VAZQUEZ, “Lo que puede un juez”, en: El Nacional, Buenos Aires, 20 de sep
tiembre de 1866.
“Decreto, Buenos Aires, ll-VI-l866, ROPBA, pp. 71-72. No hemos encontrado la norma
que estableció la doble función.
2’ HILDA SABATO, La política en la calles. Entre el voto y la movilización, Buenos Aires,
1862-1880, Buenos Aires, Sudamericana, 1998, pp.l34
2‘ DÍAZ, ob. cit, p. 25.
268 MARTA VALENCIA INVESTIGACIONES Y ENSAYOS N. ° 60
que va a tener lugar en esa Sección recayese en el ciudadano Rafael Trelles
para Diputado. Al recomendar pues a U. estos candidatos, que esperan Sean de
su agrado, le suplica influya con sus amigos para que dichos ciudadanos sean
electos, en la inteligencia de que en ello, hará un verdadero servicio al país”.
En el mismo tono se encuentran varios documentos Similares con las reco
mendaciones del gobierno a los jueces de los distintos distritos. Por otro lado,
el gobierno exhibía una pretendida prescindencia en distintas circulares, cuya
reiteración en realidad deja ver su manejo non sancto de los procesos electo
rales. En 1867, al volver a convocar a elecciones, les encomendaba a los jueces
[. . .] hacer lo posible por convencer a ese vecindario de que está hasta en sus
propias conveniencias propender de todas maneras a la marcha regular del
cuerpo legislativo y que debe manifestarse celosos en el ejercicio del más
alto de los derechos, hoy, sobre que el Gobierno no pretende influir directa ni
indirectamente en el resultado de la elección”.
Los mismos argumentos reiteraron otras circulares, una de diciembre
de 1869 anunció el beneplácito del gobernador por el movimiento político en
torno a las próximas elecciones de diputados “un signo inequívoca y la prueba
más acabada de la libertad de que gozan los ciudadanos y de la confianza que
demuestran tener en que la verdad del Sufragio no ha de Ser alterada por la
indebida acción oficia ”, la que prometía limitarse a garantizar el ejercicio de
sus derechos. Seguidamente, advertía a los jueces de paz que no dieran crédito
y reputaran como falsas:
[...] cualquier orden o indicación, que, por escrito o de otro modo, pudiera
hacerse a Ud. de que el señor gobernador o sus Ministros simpatizan o no
convienen con tal o cual lista, con tales o cuales candidatos para la diputación
[. . .] y para que los propósitos de transparencia y de defensa [. . .] de la voluntad
de la mayoría positiva de los electores [. . .].
Fuera cumplida, solicitaba a los jueces de paz que se abstuvieran de
“ejercer toda coacción sobre los ciudadanos”. La ley electoral nacional
promulgada en 1873 determinó la formación de un nuevo registro cívico que
¡’Archivo Histórico de la Provincia- Juzgado de Paz de Bragado en DtAz, Ibídem, pp. 276.
“Circular, Buenos Aires, 6-V-l867, ROPBA, pp. 194-195.
"Circular, Buenos Aires, 6-XII-1869, ROPBA, pp. 585-586.
INVESTIGACIONES Y ENSAYOS N. ° 60 LA CONSTRUCCIÓN DEL PODER LOCAL EN LA CAMPAÑA. ..
se renovaría cada cuatro años, a cargo de las juntas calificadoras presididas
por el juez de paz e integrada por dos vecinos nombrados por los gobiernos
respectivos de cada provincia, en el juzgado de paz se archivarían tales re
gistros, luego debía entregarlos y retirarse del registro de votación. Ningún
funcionario civil o militar podía presionar a los sufragantes so pena de una
multa de doscientos a mil pesos o prisión de uno a cinco meses”. Mientras en
la provincia no hubo ley electoral general, la organización de las elecciones
se hacía por decreto del gobernador, y en todos los casos se daba intervención
tanto a la municipalidad como al juez de paz donde aquella no estuviera orga
nizada”. Cuando se dictó la ley electoral provincial dio mayor participación a
las municipalidades, reservando al juez de paz la remisión de los documentos
relativos a la votación a las Cámaras, y la resolución de faltas y delitos, justi
ficables ante los jueces del crimen y apelables“. Finalmente, por ley del 11 de
diciembre de 1884 se estableció que las funciones políticas y administrativas
que realizaban los jueces de paz serían cumplidas por los presidentes de las
municipalidades, quedando los jueces como “funcionarios exclusivamente
judiciales y Agentes de los Jueces y Tribunales Superiores, no produciéndose
cambios en su jurisdicción contenciosa, a la vez se nombraba un Juez Titular
y uno suplente para cada partido”?
La acumulación de poder implicó que la actuación de algunos jueces
fuera denunciada por los vecinos solicitando su remoción y evidentemente a
veces lograban cumplir con su objetivo, como en el caso de Ranchos, donde
en 1868 se destituyó al juez Manuel Martín Faramiñan, nombrando en su lugar
a Bernabé Figueroa,
[. . .] siendo repetidas las quejas que se presentan al Gobierno contra procedi
mientos del Juez de Paz [. . .] y siendo, por otra parte, evidente que el vecindario
de ese Partido se halla dividido en dos fracciones, por lo cual se hace necesario
que al frente del Juzgado sea colocado un ciudadano que no se halle afiliado
en ninguna de aquellas [. . .]".
El caso de Monte parece haber sido similar, pues un grupo de vecinos pre
sentó una queja contra el reciente nombramiento del juez Felisardo Kelly, pero
3’ Ley, Buenos Aires, 25-IX-l873, ROPBA, pp. 505-516, arts 3, 13, 21, 58.
3’ Decreto, Buenos Aires, 5-I-l874, ROPBA, pp. 4-15.
3‘ Ley, Buenos Aires, 23-X-1876, ROPBA, pp. 262-275.
3’ ROPBA, pp.874 -875.
"Acuerdo, Buenos Aires, l5-IV-l868, ROPBA, p. 121.
270 MARTA VALENCIA INVESTIGACIONES Y ENSAYOS N. ° 60
otro grupo produjo una nota apoyándolo. El fiscal actuante se trasladó para
indagar in situ sobre la cuestión, entrevistando a los interesados, y produjo un
breve pero interesante informe que ilustra sobre el ejercicio del poder local.
Kelly estaba acusado por sus detractores de no devolver depósitos de dinero
que no debió utilizar, de hacer figurar en las listas de revista de la policía a una
persona que nunca lo había sido, haber pagado con dineros de la municipalidad
artículos vendidos a la corporación por un miembro de la misma, el municipal
Lecea y, finalmente, haber abonado tasaciones de chacras a personas que eran
empleadas de la muncipalidad. El fiscal consideró aclarada la primera imputa
ción en 1a medida que el dinero apareció y que sólo era un depósito producto
de una tasación; en cuanto a la segunda, la consideró una “práctica abusiva
y culpable”, pero no un delito pues era habitual en ese y otros juzgados de la
campaña, debido a que por sus múltiples actividades los jueces necesitaban
de un auxiliar que los ayudara a desempeñar sus funciones de comisarios,
como la legislatura no enviaba partidas de dinero a esos efectos los obtenían
incrementando el número real de personas que se desempeñaban. Respecto
del tercero y cuarto cargos tampoco los consideró un delito pero sí una falta
de consideración, pues el municipal debió abstenerse de hacer negocios con la
corporación, aunque la ley no lo prohibiera y las tasaciones debieron ser he
chas por la misma municipalidad. Por lo tanto, aconsejó que, si bien no había
necesidad de iniciar acciones contra Kelly, no era conveniente nombrarlo para
el cargo, como tampoco que siguiera el que estaba en ejercicio, sino nombrar
“á un ciudadano que, á las condiciones de honradez y aptitud requeridas, reuna
la de haberse encontrado alejado de los puestos públicos durante las adminis
traciones anteriores”?
3. JURISDICCIÓN CONTENCIOSA DE LOS JUZGADOS DE PAZ
A partir de 1854, los juzgados podrían decidir sobre todo litigio que no
superara los cuatro mil pesos moneda corriente, incluyendo los comerciales,
reparaciones o mejoras de predios urbanos y rurales, exceptuando aquellos
que se iniciaran como resultado de inventarios o tasaciones practicadas en las
testamentarias, debiendo éstas iniciarse en los juzgados de primera instancia.
En los daños y perjuicios causados en campos, chacras y quintas el límite
se elevaba a ocho mil pesos. Cuando la causa fuere por arrendamientos, el
37 Vista fiscal, Buenos Aires, el 29-III-l873, ROPBA; Decreto, Buenos Aires, l7-IV-l873,
ROPBA, pp. 222-225.
INVESTIGACIONES Y ENSAYOS N. ° 60 LA CONSTRUCCIÓN DEL PODER LOCAL EN LA CAMPAÑA...
límite de las atribuciones del juez alcanzaba los mil quinientos pesos en los
predios urbanos y quinientos en los rurales. Podía también resolver en las
injurias verbales, reales o por escrito, exceptuando las emitidas por la prensa.
Sus resoluciones serían inapelables en todas las causas que no excedieran los
trescientos pesos moneda corriente”.
Con el fin de dar cumplimiento al artículo 71 de la Constitución en el mis
mo año se dictó una ley que sumaba a los ya mencionados, asuntos referidos
a la inmigración. En adelante, podían resolver acerca del cumplimiento de los
contratos de pasaje y los de trabajo entre los emigrados y los empresarios, que
los traían, siempre que los primeros estuviesen adeudando una parte o todo el
monto del pasaje, de lo contrario continuaban rigiendo las leyes generales. Es
tos juicios serian verbales y apelables ante los juzgados de primera instancia”.
A partir de 1859, se ordenó que en las indagaciones que los jueces de paz
y comisarios realizaran en causas criminales debieran recibir bajo juramento
las declaraciones de los testigos. Estas indagaciones tendrían, de esa manera,
“el mismo valor jurídico que los sumarios levantados por los jueces del cri
men, que podrán adelantarlos si lo consideran necesario“?
El control del movimiento de las personas en el partido era otra de las
funciones que debía cumplir el juez. En 1858 se había sancionado una ley de
remonta del ejército que autorizaba a los jueces de paz, en procesos verbales y
apelables ante el juez del crimen, a destinar al servicio de las armas de dos a
cuatro años, a los “vagos y mal entretenidos” que se encontraran en casas de
juego o tabemas en días de trabajo, los que usaren cuchillo o armas blancas,
los que cometieran hurtos simples o infringieran heridas leves. Como dice
Gisela Sedeillán:
La figura de la vagancia se configuro en la primera mitad del siglo XIX en
diferentes disposiciones como una figura jurídica muy laxa y ambigua [. . .] Las
fuentes evidencian que la figura de la vagancia no sufrió alteraciones con res
pecto de la primera mitad del siglo y que en general continuaron subsumiendo
prácticas similares, más que un cambio en esta figura hubo una expansión en
su base social“.
3" Ley, Buenos Aires, 23-XII-l854, ROPBA, pp.96—98. El límite máximo para la interven
ción del juez de paz en asuntos civiles o comerciales se elevó a veinte mil pesos en 1863 (Ley,
Buenos Aires, 25-IX-l863, ROPBA, p. 283).
3’ Ley, Buenos Aires, 5-X-l854, ROPBA, pp. 101-103.
“Ley, Buenos Aires, 3-IXl859, ROPBA, pp. 77-78.
4' SEDEILLAN, ob. cit.
MARTA VALENCIA INVESTIGACIONES Y ENSAYOS N. ° 60
Seis años más tarde se inhibió a los jueces para resolver estos delitos
correccionales, derogando el artículo segundo y tercero de la ley de 1858. En
adelante debían limitarse a sumariar y someter a estos individuos al fallo de
la justicia ordinaria. El gobernador Saavedra envió al Senado una nota en la
que llamó la atención por las atribuciones otorgadas a los jueces en la ley del
30 de octubre de 1858:
[...] pero lo que es más insostenible aún, concede en la campaña el conoci
miento de las causas al juez de paz, quien debe proceder sin forma alguna de
juicio, que es lo que importa el proceso verbal, y de cuyo fallo tampoco puede
decirse existe apelación, ni recurso alguno, desde que es ilusoria esa apelación
[. . .] Ley, pues, de circunstancias, como se dijo al sancionarse por las Cámaras
[. . .] puede subsistir en época normal.
Saavedra aludía al hecho de que en 1858 se necesitó reclutar para el ejérci
to dado el enfrentamiento con la Confederación“. El Código Rural volvería a
cambiar esta cuestión, aunque compartiendo el juez de paz las decisiones con
los municipales o los alcaldes. En el título cuarto, referente a la policía rural
se establece que estaría “por ahora” a cargo de los jueces de paz en su calidad
de comisarios. Deberían detener a los vagos y abrirles sumario, luego, junto
a dos municipales o dos alcaldes organizar un juri para escuchar al acusado y
resolver en consecuencia, destinándolos al servicio de armas por tres años o
a trabajos públicos un año”. Deberían controlar todo lo atinente a los juegos
de azar, el movimiento de pulperías y buhoneros, las llamadas faltas y delitos
rurales (hurto, destrucción, daños de árboles, encender fuego sin permiso,
degradar caminos o apropiarse de los mismos, etc.) imponiendo las multas
correspondientes“.
Un pequeño párrafo aparte merece una resolución del ministerio de go
bierno que, por un lado, reconocía que los habitantes de la provincia se que
jaban y denunciaban asiduamente “los abusos de los Jueces de Paz, sin tener
en cuenta ni la naturaleza de los hechos, ni el carácter en que han procedido
aquellos”, lo que contradecía “todo principio de buena administración” y aten
taba contra las facultades de cada poder del estado; consideraba conveniente
se dirigieran directamente a los tribunales con el fin de “descentralizar en
‘z Circular, Buenos Aires, 31-X-1864, ROPBA, pp. 115-116; Sesión de Cámara de Senado
res de la Provincia de Buenos Aires, Buenos Aires, 26-X-l864, ROPBA, p.163
"Código Rural, Buenos Aires, 3l-X-l866, arts. 287, 290-2.
“Código Rural, Ibídem, arts. 293-305.
INVESTIGACIONES Y ENSAYOS N. ° 60 LA CONSTRUCCIÓN DEL PODER LOCAL EN LA CAMPAÑA...
lo posible la administración” y fomentar que los habitantes se “acostumbren
á tener fé en la accion de los Tribunales, dejando así de acudir para todo al
Gobierno como Juez único, resábios que ha dejado sin duda la época funesta
en que todos los Poderes residían en una sola persona”, por lo tanto, decretaba
que no se tramitarían escritos que denunciaran la acción de los jueces de paz
en tanto funcionarios de administración de justicia, presidente de la munici
palidad, o en acciones entre un particular y el municipio“.
La cuestión de los vagos requirió una circular aclaratoria, pues algunos
jueces ante el pedido del gobierno para que enviaran vagos a la remonta de la
guardia provincial enviaron otras personas penadas por otros delitos y no el
de vagancia. Más tarde se dispuso que, tanto los infractores a la ley de enro
lamiento como los desertores y los vagos, fueran remitidos al Departamento
General de Policía y solicitaba vagos para la remonta. Un nuevo cambio se
produjo en 1872, a partir de la ley que ordenaba que el servicio de fronteras
fuera realizado por soldados alistados que el gobierno nacional debía sostener.
Debian remitirse los vagos condenados a la cárcel departamental“.
En la campaña, aquellos enganchados para el servicio de la fiontera serían
recibidos por una comisión compuesta por el juez de paz, el comandante mili
tar y dos municipales o vecinos, abriendo un libro especial para los contratos
de enganche. Los enganchados serían acuartelados, siendo lo encargados de
su custodia el juez de paz y el comandante militar”.
Algunos jueces de paz decidieron cobrar adicionales por sus funciones,
“por citaciones, cedulones, actas, recusaciones, testigos, mandamientos, in
formes, apelaciones”, pero esto fue prohibido por una circular “en el deseo de
evitar abusos y propender a que la justicia sea lo menos gravosa a los intereses
de los particulares”. Cuando se dictó la ley de cercas de estancia, los jueces
de paz fueron facultados para “aplicar las disposiciones penales [...] y para
conocer en todas las demás civiles, por indemnización de pe1juicios”"‘.
“Decreto, Buenos Aires, 2-IX-l867, ROPBA, pp. 399-400.
“ Circular, Buenos Aires,l6-VIII-l869, ROPBA, pp. 414-416; Circular, Buenos Aires,
31-1-1870, ROPBA, pp. 45-46; Ley, Buenos Aires, 17-X-l872, ROPBA; Circular, Buenos Aires,
7-11-1872, ROPBA, pp. 393-396.
‘7 Decreto, Buenos Aires, 15-11-1872, ROPBA; Circular, Buenos Aires, 21-11-1872, RO
PBA, pp. 480-483.
" Circular, Buenos Aires, 9-III-l875, ROPBA, pp. 75; Ley, Buenos Aires, l7-V-l880,
ROPBA, pp. 196-201.
274 MARTA VALENCIA INVESTKGACIONES Y ENSAYOS N. ° 60
4. ATRIBUCIONES DE LOS JUZGADOS DE PAZ EN RELACIÓN AL MOVINIIENTO ECONÓMICO
DE LA PROVINCIA
Uno de los mayores problemas de los hacendados, muchos de ellos en
funciones políticas y, por lo tanto, preocupación casi obsesiva de los gobiemos,
era el traslado de animales en 1a campaña, ya sea para el abasto de los pueblos,
de la ciudad de Buenos Aires o para ser faenados en los saladeros y graserías.
El abigeato y los fraudes eran constantes y provocaron las respuestas de las
autoridades en sucesivas disposiciones legales que corregían una y otra vez
los métodos de control sobre el movimiento de animales, tratando de perfec
cionar un sistema que asegurara la propiedad de los hacendados. El límite del
poder de policía del estado lo muestra claramente la profusión de normas y los
cambios que se realizaban. A inicios de 1852 “habiendo representado el Jefe de
Policía los muchos reclamos que se le hacen por los hacendados relativamente
a abusos que en la campaña se cometen, a causa de entregarse en las tropas de
ganado vacuno animales de otra marcas, sin conocimiento de los dueños de
estos”, se decretó que los hacendados no podían vender ganado que no fuera
de su propia marca, salvo con autorización escrita del dueño, sin la cual los
jueces de paz no expedirían guías“.
En el invierno de ese año se dictó un reglamento, muchos de cuyos artí
culos se introdujeron más tarde en el Código Rural. El estado de convulsión
interna en la provincia había afectado seriamente a la campaña, se había alza
do la hacienda “[. . .] y no es posible ordenar, de un modo perentorio, que todos
las sujeten a la vez sin el tiempo necesario para que los salarios se nivelen, los
brazos abunden y las caballadas aumenten y repongan [. . .]”.
Como esta situación daba lugar a muchos abusos, el gobierno escuchando
el parecer de varios hacendados y la “experiencia propia” - cabe agregar, dado
que el firmante era Urquiza -, dictó un reglamento que intentaba cubrir las
actividades ganaderas de la campaña, desde la cría hasta la comercialización.
Las autoridades locales participaban activamente, desde los alcaldes o tenien
tes alcaldes, a quienes se debía avisar en caso de transporte de hacienda que
debían visar el certificado necesario para obtener la guía. Si bien se permitía
trasladar animales de diferentes marcas, con o sin poder, los troperos tenían
que munirse de un certificado por duplicado emitido por el despachante, una
copia serviría de guía, el otro sería archivado por el juez de paz del partido de
procedencia de la tropa. En los pueblos, saladeros, fábricas o graserías de la
4° Decreto, Buenos Aires, 2-III-l852, ROPBA, pp. 22.
INVESTIGACIONES Y ENSAYOS N. ° 60 LA CONSTRUCCIÓN DEL PODER LOCAL EN LA CAMPAÑA. . .
campaña el juez de paz establecería una tablada, compuesta de dos vecinos y
ayudante, quienes harían el recuento. En tanto que en los cantones o guardias
de la frontera, el juez de paz con la intervención de dos vecinos y un alcalde,
archivaría los resultados.
Otra función del juez sería la de llevar un registro de todas las marcas y
señales que existieran en su partido, no debía permitir que un mismo hacen
dado tuviera más de una señal en cada partido, ni la tenencia de animales sin
marcas”.
Como si este reglamento no hubiera existido, en 1854 se decretó que nin
gún hacendado que tuviese en su propio campo un saladero o grasería, podría
“beneficiar haciendas de sus rodeos que no sea exclusivamente de su propie
dad” salvo que estuviera autorizado por los dueños, y el poder correspondiente
depositado en el juzgado de paz. Aún sacrificando su propia hacienda, el
propietario debía avisar al juzgado para que la fiscalizara una comisión de
vecinos. Asimismo, se ordenaba el establecimiento de tabladas en todos los
pueblos, como así también las penas correspondientes a quienes transportaran
animales fuera de guía, las que debía aplicar el juez de paz”.
Eulogio Payán, juez de paz de Junín en 1861 contestó la encuesta realiza
da por Alsina refiriendose a los controles relativos a guías, tabladas, etc. “Esto
parece reservado a las Municipalidades de campaña, quienes tienen elementos
para conservar una policía completa, siempre que no estén dominadas por el
juez de paz: hasta hoy consiste en los jueces de paz la felicidad, la desgracia y
la paralización de los pueblos de campaña”.
Los ganados orejanos y alzados también eran motivo de conflicto para los
hacendados de Buenos Aires. Según el mismo decreto reconocía, por un lado,
debido a la negligencia de algunos, o tal vez, conveniencia - cabe pensar - ya
que de esa manera podían aumentar sus rodeos sin mayores gastos, pues segui
damente el gobierno consideraba que si todos marcaran los orejanos y separaran
los alzados según sus marcas “la aglomeración de estos trabajos a la vez en
diversos puntos de la campaña haría notar la escasez de brazos y produciría
5° Decreto, Buenos Aires, 24-VIII-l852, ROPBA, pp.l37-140, arts. 5, 13, 18, 19, 20, 2l
y 30. Para la primera parte del siglo, véase el trabajo de MARIA ELENA INFESTA, “Del campo a
las tabladas. El comercio de vacunos en Buenos Aires, 1830-1840. Estructura y dinámica del
sistema”, en: Mundo Agrario 21, La Plata, Centro de Estudios Histórico Rurales, Facultad de
Humanidades y Ciencias de la Educación, 2010.
"Decreto, Buenos Aires, l8-III-l854, ROPBA, pp. 16-18.
‘¡Antecedentes y fundamentos del proyecto de Código Rural, Buenos Aires, Imprenta
de Buenos Aires, 1864, pp. 278.
276 MARTA VALENCIA INVESTIGACIONES Y ENSAYOS N. ° 60
una exorbitante alza en los jomales de los trabajadores”, lo que realmente era
inconveniente para los hacendados. De manera que “oído el parecer de personas
competentes en la materia” el gobierno optó por un término medio o disposi
ción indirecta que condujera al mismo resultado, sin el gravamen que a algunos
traería la adopción de una medida violenta en su ejecución. En el término de
un mes quien tuviera ganados orejanos o alzados y quisiera hacer apartes debía
avisar al juzgado de paz con seis días de anticipación para que concurrieran sus
vecinos a identificar los propios. Aquellos no reclamados, con marcas borrosas o
desconocidas por todos los que participaran en la tarea serían clasificados como
“marcas no conocidas”. Esta clasificación sería presidida por el juez de paz o
por una comisión que éste nombrara. El mismo juez remataría estos animales
al mejor postor, conservando el monto recaudado, en un plazo de tres meses
debía entregarlo a los propietarios del ganado. En cuánto a la hacienda orejana
marcada, el propietario se comprometía a reducirla a rodeo, este acto también
debía ser controlado por el juez de paz”.
En el caso de las yeguadas alzadas “el clamor de los hacendados” re
sonaba en torno a las pasturas de yeguas ajenas en sus campos. Agregaban,
además que originaban el robo y la vagancia, por lo tanto se decretó una me
dida similar a la tomada con los vacunos. Los hacendados podían organizar
recogidas en sus campos, avisando a sus vecinos y al juez de paz. Los jueces
debían vender en remate público las yeguadas no reclamadas o remitirlas a las
tabladas de la ciudad, si nadie las quisiera“.
A veces el rigor del clima obligaba a alterar el ritmo de las tareas rurales,
por ejemplo durante la sequía del verano de 1862, que produjo una gran dis
persión de vacunos y equinos, de manera que si se hacían marcaciones, mu
chos hacendados se verían perjudicados pues sus establecimientos quedaron
desiertos, así se prohibió esta actividad hasta el mes de junio siguiente, siendo
los jueces los que debían controlar el cumplimiento de esta disposición”.
Cuando se promulgó el Código Rural todos estos temas fueron revisados
y ordenados, modificando algunos puntos y agregando otros. Los cinco títulos
en que se dividió el código contuvieron expresas atribuciones para los jueces
de paz. En el primero, que comprendió todas las normas adoptadas para la
cría, comercio y traslado de los ganados, sería el encargado de imponer las
multas a quien se introdujera en campo ajeno a recoger haciendas, bolear
5’ Decreto, Buenos Aires, l8-III-l854, ROPBA, pp. 16-20.
5‘ Decreto, Buenos Aires, 25-IV-l860, ROPBA, pp. 66-67.
5’ Decreto, Buenos Aires, 31-III-1862, ROPBA, pp. 51-52.
INVESTIGACIONES Y ENSAYOS N. ° 60 LA CONSTRUCCIÓN DEL roman LocAL EN LA CAMPAÑA... 277
avestruces o cazar, sin el previo consentimiento del dueño del campo, si la
multa no se pagase podría el juez destinar al acusado a trabajos públicos por
un período de hasta tres meses, siendo su resolución inapelable“.
Los ganaderos que encontraran animales ajenos en su propiedad debían
dar cuenta al juez, quien avisaría al dueño para que pagara una multa, en caso
contrario el juez los remataría para cubrir el importe de la multa y el resto lo
entregaría al dueño de los animales. La presencia de vacunos alzados en los
campos se toleraría hasta un año y medio de promulgado el Código, luego el
propietario que los tuviera debería pagar una multa de hasta cien mil pesos,
en el caso de los equinos, el plazo se extendía a cuatro años, pero debían ser
recogidos por el juez de paz y rematarlos para ser faenados sin multar al dueño
del campo en este caso”.
Sin embargo, el Código Rural no previó la recogida de ovejas ajenas, años
más tarde, ante una consulta del juez de paz de Tapalqué, quien solicitaba rea
lizar una comprometiéndose a cumplir los resguardos del código para otros
ganados, que no fue aceptada por considerarse una medida inconveniente y
odiosa que no autorizaba el Código Rural“.
Respecto del registro de marcas y señales, debía llevarlo la municipalidad,
si no hubiere, el juzgado de paz, sino carecerían de validez y efecto legal, pero
aún más, se impediría el traslado de estos animales pues no se le expedirían
guías. Igualmente se procedería con las señales de ovejas, cuidando la auto
ridad que no hubiera señales idénticas en una radio de tres leguas entre cada
majada”.
La pérdida de yeguas continuaba siendo un tema importante; debía avisar
se al juez de paz y este divulgar la noticia a sus colegas de los partidos vecinos.
El juez debía fijar edictos en los lugares públicos del partido, con las marcas
dibujadas para que en un término de treinta días sus dueños se presentaran a
reclamarlas. Las yerras debían contar con la presencia de un alcalde enviado
por el juez de paz, quien además debía avisar a sus colegas vecinos de la ope
ración; el hacendado que no notificara al juez que iba a organizar una yerra
sería multado. También debía encargarse de publicar durante un mes en los pe
“ Código Rural, art. 9.
57 Código Rural, arts. ll, 12, 14, 145 y 146.
“Circular, Buenos Aires, 5-III-l873, ROPBA, pp. 133-134.
5’ Código Rural, arts. 20, 21, 75 y 76.
MARTA VALENCIA INVESTIGACIONES Y ENSAYOS N. ° 60
riódicos de Buenos Aires el nombre de los dueños de las haciendas encontra
das en el campo donde se efectuaba la yerra, para que estos las reclamaran“.
Asimismo, el control de los pastoreos recaía sobre los jueces de paz, en
primer lugar, respecto de la presencia de terneros orej anos, lo que era pasible
de multa. Los hacendados debían controlar la proporción de terneros en sus
rodeos y apartes, como en sus mandas de equinos, avisando al juez cuando los
hubiera en exceso para que éste nombrara una comisión formada el alcalde y
dos vecinos con el fin de inspeccionar la hacienda e informar por escrito. Si
un hacendado solicitara una inspección de pastoreo, el juez nombraría a tres
hacendados propietarios del partido para que realizaran un informe legal, pero
también el juez podía actuar de oficio cuando tuviera sospechas de que en un
pastoreo hubiera hacienda ajena; en caso de confirmarse, el hacendado pagaría
una multa de mil pesos por cada animal, una cifra cuya importancia respecto
del precio del ganado en la época daba la pauta del celo que intentaban poner
en el control del robo de hacienda. Con la misma severidad se intentaba per
suadir al juez de paz de la trascendencia de su tarea, su posible indolencia le
podía costar el cargo“.
En cuanto a las medidas de seguridad relacionadas con el traslado de
animales, los jueces de paz continuarían entregando guías para los ganados,
corambre y otros frutos del país, siempre que en sus registros constare la res
pectiva marca o señal. Cada guía sería expedida contra entrega del certificado
del dueño o vendedor de los productos que se anotaban en ella. Cuando un
juez tuviera la sospecha de que una tropa estaba acarreando productos fuera
de guía, iniciaría una investigación permitiendo seguir si el acarreador fuera
abastecedor matriculado, pero exigiendo una fianza si fuera el dueño de los
productos o un acarreador por cuenta de abastecedor. La negativa provocaba el
embargo de los animales por cuatro días, o de frutos por treinta, procediendo
el juez a venderlos vencido el plazo. Además, el juez debía consultar al colega
que expidió la guía para que aclarara las diferencias“.
La falla de los jueces de paz al anotar a los dueños del ganado en las guías
provocó la queja del Jefe de policía de la Tablada de Buenos Aires, pues, como
agregó el asesor:
“Código Rural, arts. 34-37; arts. 48, 49, Sl, 52 y 55.
“Código Rural, arts. 56, 58, 59, 63, 64 y 65.
‘z Código Rural, arts. 86, 87, 95-98.
INVESTIGACIONES Y ENSAYOS N. ° 60 LA CONSTRUCCIÓN DEL PODER LOCAL EN LA CAMPAÑA... 279
[. . .] si la falta denunciada subsistiese, la oficina de Tablada quedaría
imposibilitada para producir los datos que llegaran a necesitarse sobre
algunas introducciones cuya legal procedencia apareciese cuestionable
y quedaría igualmente inhabilitada para transmitir las autoridades su
periores, conocimientos detallados, relativos a esas mismas entradas,
en todos aquellos incidentes judiciales que comúnmente ocurren en los
tribunales de la provincia [. . .].
Además los “escandalosos robos en Azul y quejas de algunos otros
juzgados” daban una idea de la falla del sistema de control en el traslado de
hacienda en la campaña.“ En 1873 se recordó a los jueces que debían exigir
que los cueros lanares y vacunos fueran sacados con las orejas y la correspon
diente designación de las señales en los certificados necesarios para obtener
guías dado que:
[...] mientras una policía activa, severa y numerosa no abarque toda nuestra
campaña, mientras el espíritu local permanezca sin movimiento, y esperando
la acción de la autoridad central lo que sólo debía confiar a sus propias fuerzas,
es necesario no abandonar medidas que con todos sus inconvenientes respon
den a necesidades vitales“.
El gobierno siempre iba a la zaga de los inescrupulosos, ya fuera porque
no tenía la cantidad de personal de vigilancia en la campaña o porque los
propios mecanismos de control eran inefícaces. Así lo vio el juez de paz de 25
de Mayo, Victorino Abrego, a quien le presentaron una guía falsa, y sólo las
intensas gestiones del dueño de los animales, sumadas a la casualidad de un
dato certero, pudieron encontrar una majada nada menos que de mil animales.
El juez notaba que el personal de policía sólo era suficiente para vigilar los
pueblos, de manera que la recorrida de los campos era harto insuficiente; por
otro lado, admitía que no era posible conocer los sellos de cada juez de paz
y solicitaba que fueran iguales para todos. El gobierno tardó cinco meses en
tomar una medida tan simple como decretar que todas las guías debían llevar
el sello del juzgado y un contrasello que sería idéntico para todos. Además,
6’ Circular, Buenos Aires,26-IX-l869, ROPBA, pp. 460-462.
‘4 Circular, Buenos Aires, 13-11-1873, ROPBA, pp. 102.
280 MARTA VALENCIA INVESTIGACIONES Y ENSAYOS N. ° 60
cuando asumía un juez de paz debía dar a conocer a los otros jueces y comi
sarios de tablada los sellos y firmas que usaría“.
Con la llegada del ferrocarril se multiplicaron los problemas, el gobierno
reconocía que estaban introduciéndose diariamente a la Capital ganados y fru
tos sin las correspondientes guías, por lo que decretó una elevada multa ante
esa infracción, extremando los otros controles. En el mismo sentido facultó
a los jueces de paz para controlar que los buhoneros de campaña tuvieran las
correspondientes guías siendo notorio que algunos de los buhoneros que reco
rrían la provincia compraban y permutaban cueros u otros frutos robados. Por
ello, se recurrió al auxilio de los alcaldes y tenientes, quienes debían recorrer
el partido una o dos veces al mes, remitiendo a los infractores al juzgado con
el cargo de abigeato. El sistema de guías era un verdadero colador, o fallaba
por la desidia de los funcionarios locales o por la equivocación de las autori
dades centrales, como se ve en el caso de las quejas del juez de paz de Merlo,
quién remitió guías de las entradas de haciendas a su partido con errores
diversos, unas sin la denominación del dueño, otras sin las marcas y con la
anotación por venir despachada con simple permiso por orden superior, todas
con los formularios emitidos por la oficina de rentas que no correspondían a
lo indicado por el Código Rural, obligando a los jueces a pintar las marcas en
el margen y no en el cuerpo del mismo. Otra circular solicitaba a los jueces de
paz que cumplieran con el artículo del Código Rural que prohibía a los aca
rreadores vender parte de la tropa o carga que llevara, sin la correspondiente
verificación y anotación en las guías por el juez de paz.
En 1879, con el propósito de hacer más difícil la perpetración de robos
de haciendas “se decretó que la revisación de los cueros para la expedición
de guías se harían por medio de una comisión integrada por el alcalde y dos
vecinos del cuartel donde se encuentren los cueros. El alcalde expediría un
certificado con su sello que serviría para que el juez de paz expidiera la guía
correspondiente”. En 1881, se dispuso que los abastecedores y acarreadores
fueran matriculados por los jueces de paz de cada partido, quien llevaría un
registro y otorgaría una papeleta numerada y sellada renovable anualmente“.
"Notas del juez de paz, Buenos Aires, 25- V- 1872 y 24-X-1872, ROPBA; Decreto, Bue
nos Aires, l4-III-l873, ROPBA, pp. 160-162.
6° Decreto, Buenos Aires, 18-VI-1873, ROPBA, pp.324-325; Decreto, Buenos Aires,
l5-VII-l873, ROPBA, pp. 393-394; Nota del juzgado de paz de Merlo, 27-V-1873, ROPBA;
Informe de la Sociedad Rural Argentina, Buenos Aires, 5-VIII-l873, ROPBA; Vista del fiscal,
Buenos Aires, l3-VIII-l873, ROPBA; Resolución, Buenos Aires, 20-IX-l873, ROPBA, pp. 461
INVESTIGACIONES Y ENSAYOS N. ° 60 LA CONSTRUCCIÓN DEL roman LOCAL EN LA CAMPAÑA... 28 l
El control de la provisión de agua en los campos del partido, como así
también las medidas tendientes a remediar su carestía estaría a cargo de co
misiones nombradas por los jueces de paz en los partidos donde no hubiera
municipalidades, igualmente reglamentarían todo lo atinente a las tabladas y
abasto de los pueblos. Los saladeros y graserías de la ciudad estaban bajo la
jurisdicción de los comisarios pero los de campaña eran controlados por el juez
de paz. En ninguno de ellos podía recibirse animales ni matarlos de noche, en
los de campaña se podía faenar ganado ajeno si previamente se depositaba en
el juzgado el correspondiente permiso del dueño con dos días de anticipación
para controlar la hacienda y las guías o permisos, aún faenando hacienda pro
pia debía avisarse día de anticipación”.
En el título segundo del Código Rural, dedicado a la labranza, el juez de
paz impondría multas de doscientos pesos a quiénes dejaran que los ganados
se introdujeran en chacras ajenas y arbitraria en caso de discordia por la in
demnización que correspondiera a los daños provocados, nombrando además
una comisión para tasarlos, siendo su decisión apelable al juez de primera
instancia“.
El título tercero se ocupó de las disposiciones comunes a la ganadería
y la agricultura; aquí las atribuciones del juez se precisaron en cuanto a su
actuación en los casos de abigeato, en los cuales podría decidir en primera ins
tancia hasta por un valor de veinte mil pesos, levantando sumario, deteniendo
a los sospechosos, devolviendo animales de marcas conocidas y los restantes
depositándolos. Luego procedería con los trámites de la causa, fallando y lle
vando a ejecución su fallo, dando lugar a apelación en caso de ser solicitada,
remitiendo el expediente y el preso al juez de primera instancia. Si bien se les
facultaba resolver reduciendo a días los términos del juicio, se les obligaba
expresamente a mantener las formas y trámites del juicio, es decir; audiencia,
prueba y sentencia. Las penas podían ser multas o realización de trabajos pú
blicos en el partido. Respecto de los equinos el procedimiento sería el mismo.
Pero había otros cuidados en torno a la libre utilización de caballos de silla;
por ejemplo la necesidad de contraherrar o llevar un certificado expedido por
el juez de paz para los que salieran del partido. Para aquellos caballos de silla
ajenos, se procedía de manera similar que con los vacunos y yeguas, pero con
466; Circular, Buenos Aires, 27-III-1877, ROPBA, p.123; Decreto, Buenos Aires, 3-XII-1879,
ROPBA, p. 579; Circular, Buenos Aires, 21-11-1881, ROPBA, p. 75.
6" Código Rural, arts. 101, 126 y 134, 136-143.
“Código Rural, arts. 154, 173, 174, 184, 195.
282 MARTA VALENCIA INVESTIGACIONES Y ENSAYOS N. ° 60
la diferencia de que en vez de rematarlos el juez podía utilizarlos en activida
des de la municipalidad o el juzgado‘?
Entre estas disposiciones generales del Código Rural se encuentran las
relacionadas con los contratos de trabajo entre patrones rurales y peones. Los
jueces de paz debían llevar un libro de conchabos para asentar los contratos.
Si el patrón tuviera que trasladar de un partido a sus peones les entregaría un
documento fechado en el que constarían los días que estarían a su servicio
en el nuevo destino, vencido el plazo, el juez de ese partido debía remitirlos
al de residencia del patrón e imponerles multa de cincuenta pesos. El juez
debía arbitrar entre el patrón y el peón ante divergencias sobre el monto de
anticipaciones de dinero, o las cláusulas de los contratos, pero si no hubiera
otras pruebas, fallaría según los datos que surgieran del libro de cuentas del
patrón, también fallaría, en este caso sin apelación ante el incumplimiento del
contrato por cualquiera de las partes, imponiendo multas o penas de trabajos
públicos. También, estaban comprendidas entre sus atribuciones la de decidir
en la nulidad o rescisión de los contratos de trabajo. Si el patrón despidiera a
un peón acusándolo de desobediente, haragán o vicioso y este creyera injusta
la imputación podía apelar al juez de paz7°.
El juez de paz tendría decisión sobre la violación de propiedad privada o
pública por los cazadores, imponiendo multas de quinientos pesos o destinán
dolos a trabajos públicos en el partido. En el caso de que no hubiera municipa
lidades, tenían decisión sobre la conservación de especies, disponiendo épocas
de veda, multando a quienes no las respetaran, incluso a los dueños cazando
en su propio campo. En 1883, a causa de una denuncia de la Sociedad Rural
Argentina sobre los cazadores de perdices que “arrean tropilla por campos que
han preparado de antemano a ese objeto, quemándolos cuando sus campos
son abundantes y sazonados, para encontrarlos en el estado que les conviene
en las épocas oportunas” se recordó a los jueces de paz que debían cumplir
con los artículos correspondiente del Código Rural, procediendo “con toda
severidad respecto de los infractores”. En el mismo año, se dictó una ley pro
hibiendo bolear avestruces sin el consentimiento de los dueños de los campos
y la conformidad del juez, quién además expediría los certificados de ventas
6° Código Rural, arts. 209-221.
7° Código Rural, arts. 227, 232, 233, 235, 236 y 237.
INVESTIGACIONES Y ENSAYOS N. ° 60 LA CONSTRUCCIÓN DEL PODER LOCAL EN LA CAMPAÑA... 283
de las plumas a los vendedores y compradores, además de resolver los juicios
por estas operaciones".
El control de las quemazones y enfermedades contagiosas de los animales
también quedaba bajo la jurisdicción de las municipalidades y la aplicación de
multas por el juez de paz. Por ejemplo, en 1872 se solicitó a los jueces de paz
que enviaran información sobre los casos de fiebre aftosa que se registran en
sus partidos, ante un aviso del Consejo de Higiene Pública sobre la aparición
de esa enfermedad en los mataderos de Buenos Aires”.
Los robos de caballos continuaron, sobre todo en los partidos limítrofes
con la Provincia de Santa Fe y el Río Paraná, según la Sociedad Rural Argen
tina “con motivo de las grandes compras que hacen para el ejército y estos
se embarcan por los puertos del litoral del Paraná” y, en este sentido, influía
también el precio que se pagaba por ellos y, como reconocía el mismo gobierno
en el decreto con que respondió al interés de la agrupación de hacendados,
“sin que sea bastante a impedir tal abuso, la presentación de guías o de boletos
para acreditar la enajenación de los mismos, cuya exactitud es muy difícil,
sino imposible verificar”, con lo que se reitera la cuestión de la debilidad del
poder de policía del Estado. En consecuencia, se decretó que no sería posible
extraer caballos de la provincia sin que estuvieran contramarcados, tal como
lo preveía el Código Rural, aclarándose expresamente que no serían válidos
para acreditar la propiedad, ni las guías, ni los boletos de venta, y luego en
cargaba “muy especialmente” a los jueces de paz de los partidos por donde
se trasladaban esos caballos hacia afuera de la provincia el cumplimiento del
decreto y, finalmente, solicitaba la reforma del artículo correspondiente del
Código Rural en Asamblea Legislativa”.
A veces el buen criterio administrativo de un funcionario local, motivaba
una acción de gobiemo, como fue el caso del juez de paz de Monsalvo, quien,
motu proprio envió a sus superiores unas planillas estadísticas conteniendo
detalladamente las haciendas y otros productos que habían salido del partido
durante el mes de enero de 1870. Inmediatamente el Gobernador, felicitó la
iniciativa y dispuso que se enviaran planillas a todos los jueces de paz".
"Código Rural, arts. 261, 262, 265, 266 y 268; Circular, Buenos Aires, l8-VI-l883, RO
PBA, p. 510-511; Ley, Buenos Aires, 22-VIII-l883, ROPBA, pp. 590-591.
7’ Código Rural, arts. 273-282; Circular, Buenos Aires, 22-VIII-l872, ROPBA, pp. 348
349.
7’ Nota de la Sociedad Rural Argentina, 2-VI-1869, ROPBA; Decreto, Buenos Aires, 17
VI-1869, ROPBA, pp. 269-271.
"Acuerdo, Buenos Aires, 26-Il-l870, ROPBA, p. 129.
284 MARTA VALENCIA INVESTIGACIONES Y ENSAYOS N. ° 60
El aumento de la población y el proceso de colonización que, aunque en
Buenos Aires no había alcanzado el desarrollo que tenía en el litoral, impulsó
al gobierno a solicitar de los jueces de paz un informe sobre la instalación de
colonias “espontáneas, debida a la iniciativa de los particulares”, cuál era el
estado de la mismas, el número de personas que la integraban, tipo de culti
vos realizados, y “todos los datos que pudieran dar idea de la riqueza de la
colonia”75.
5. ATRIBUCIONES FISCALES DE LOS JUZGADOS DE PAZ
Según la ley de contribución directa de 1855, los capitales se regularían
anualmente por una comisión integrada por el juez de paz y dos propietarios
nombrados por el gobierno. En caso de desacuerdo, el demandante reclamaría
ante el mismo juez de paz, quien nombraría a un vecino en representación del
Estado; éste, junto a otro nombrado por el afectado, realizaría una nueva ta
sación, y en caso de nueva controversia el juez de paz nombraría a un tercero.
Como se ve, prácticamente el monto a pagar estaba en manos del juez de paz,
quien además sería el encargado de cobrar las cuotas correspondientes. Los
jueces de paz tenían atribuciones relacionadas con la percepción de este im
puesto desde la creación del mismo, que fueron variando con el correr de los
años. A partir de 1858, el juez de paz ya no formaría parte de las Comisiones
Reguladoras de Capitales, las que sólo estarían compuestas por dos personas
nombradas por el gobiemo“. "
En octubre de 1854 se había dispuesto que los alcaldes hicieran lo que
se denominó una “visita anual de patentes “con el fin de verificar que fuera
debidamente recaudada”, pero “considerando que no se ha practicado en algu
nos partidos de la campaña con la escrupulosidad que sería de desear” y que
se había dictado antes de la instalación de las municipalidades, se pasó esta
función al nuevo cuerpo, siendo el juez de paz, junto a dos municipales, los
encargados de llevarla a cabo”.
"Circular, Buenos Aires, 2l-VI-l877.
7° Ley, Buenos Aires, 28-X-l855, ROPBA; Ley, Buenos Aires, 26-I.X-l857, ROPBA,
pp.l06-l08. Véase ALFREDO ESTÉVEZ, “La contribución directa 1821-1852”, en: Revista de Cien
cias Económicas 10 (XLVIII), Buenos Aires, Facultad de Ciencias Económicas, abril-junio
1960, pp. 121-240 y MIRON BURGIN, Aspectos económicos del federalismo argentino, Buenos
Aires, Solar/Hachette, 1969, pp. 249-253.
"Decreto, Buenos Aires, 3-IX-1858, ROPBA, pp. 73-74.
INVESTIGACIONES Y ENSAYOS N. ° 60 LA CONSTRUCCIÓN DEL PODER LOCAL EN LA CAMPAÑA... 285
Tampoco la contribución directa alcanzó los resultados mínimos que
esperaba el gobierno; así, en 1863, además de dictar por primera vez un re
glamento especial para la recaudación de la campaña, encargó especialmente
por circular a los jueces de paz “empeñe toda su influencia con el vecindario
del partido, para que no se oponga la resistencia que hasta aquí hasta aquí, al
pago del impuesto que es sin duda el mas proporcional, el menos onerosos, el
más equitativo de todos [. . .]”73.
Con el nuevo reglamento, la regulación de los capitales en los partidos de
la campaña quedaba a cargo de las municipalidades o del juez de paz junto
a dos vecinos, donde no las hubiere. Se abriría un registro catastral en cada
municipalidad, el valor de la propiedad se expresaría restándole un quinto a
favor del propietario, y el juez de paz funcionaba como recaudador. Las multas
que se regulaban para quienes se atrasaban en los pagos alcanzaban al veinte
por ciento por cada año, pero además dispuso que no se otorgaran escrituras
de ventas si no se hacía constar que el bien vendido no adeudaba contribución
directa, como tampoco se le extenderían guías hasta que el propietario no
pagara este impuesto. Luego de la publicación del nuevo registro gráfico, la
promulgación de la ley de división de partidos de la campaña y su decreto re
glamentario se ordenó a los jueces de paz que organizaran nuevos registros de
contribución directa que se ajustaran a la nueva conformación de los partidos
y controlaran si había más o menos propietarios de terrenos de pastoreo que
los que figuraban en el registro gráfico”. A fines del mismo año, la porfiada
negativa de los contribuyentes a cumplir con sus obligaciones impositivas
obligaba a las autoridades a insistir, como se refleja en la resolución por la
que se reclama a los jueces que remitieran los registros de contribución directa
dado que “el gobierno ha mirado con extrañeza el inexplicable proceder de los
jueces de paz, que obligados por las disposiciones vigentes a cerrar el registro
de Contribución Directa el 30 de abril, y remitirlo inmediatamente en copia al
Ministerio de Hacienda, no lo han hecho hasta el presente”.
Además informaba que, salvo los partidos de Cañuelas, Rojas y Salto,
todos los demás no habían cancelado su cuenta de Contribución Directa, soli
citando que lo hicieran a la brevedad y recordando que los contribuyentes que
no hubiesen cumplido debían ser “ejecutados sin más demora”. En la ley de
contribución directa del año siguiente se facultaba a los jueces de paz para eje
"Circular, Buenos Aires, 10-1-1863, ROPBA, pp. 2-6.
7° Decreto, Buenos Aires, 9-1-1863, ROPBA, pp. 6-9; Decreto, Buenos Aires, 26-1-1866,
ROPBA, pp. 8-9.
286 MARTA VALENCIA INVESTIGACIONES Y ENSAYOS N. ° 60
cutar a los morosos, embargando y vendiendo los bienes hasta cubrir el monto
del impuesto, más un veinte por ciento de multa”. En 1873 se prohibió a los
jueces de paz que expidieran patentes provisorias “cuyo importe recaudaban,
descuidando después su reemplazo por las patentes que recibían oportunamen
te de la Oficina respectiva”?
La ley de contribución directa de 1875 volvería a cambiar las reglas de
juego en materia fiscal, ordenando que en la campaña las Valuaciones de los
capitales se hicieran por comisiones de dos vecinos nombrados por el poder
ejecutivo, los que tendrían además la facultad de recaudar el impuesto, bajo la
fiscalización de los Inspectores generales de campaña: los jueces de paz serían
los encargados de resolver las demandas que dichas comisiones levantaran
contra los morosos, pudiendo embargar la propiedad o los alquileres y luego
rematarlos. Los jueces presidirían también los jurys de apelación integrados
por cuatro vocales, dos nombrados por el poder ejecutivo y dos por la muni
cipalidad”.
6. ATRIBUCIONES DE LOS JUECES DE PAZ EN LA LEGISLACIÓN DE TIERRAS
A pocos días de la caída de Rosas, el 16 de febrero de 1852, se decretó que
las propiedades que habían pertenecido al ex-gobernador pasaran a la órbita
pública, de manera que, hasta tanto no se tomara una decisión sobre el destino
que se les daría, los jueces de paz de los partidos en que estuvieran asentadas
debían vigilarlas, designando a un vecino como administrador para cada una
de ellas. Estos administradores tendrían la función de cuidar, conservar y acre
centar estos bienes, pudiendo realizar las ventas que fI1eran necesarias para
su manejo, siempre con la correspondiente información al juzgado de paz”.
Otra de las herencias que dejaba la dictadura eran los bienes confisca
dos y embargados por el decreto de 16 de setiembre de 1840, los que fueron
levantados por el decreto de 17 de febrero de 1852, pero como los dueños los
recibirían tal como se encontraban en ese momento, lo que incluía a los ocu
pantes de los mismos, debía recurrirse al juez de paz en caso de conflicto“. Y
“Resolución, Buenos Aires, 17-11-1866, ROPBA, p. 196; Ley, Buenos Aires, 7-II-l867,
ROPBA, pp. 81-83.
3‘ Decreto, Buenos Aires, 1-IX-1873, ROPBA, pp. 440-441.
‘z Ley, Buenos Aires, 9-1-1875, ROPBA, pp. S-ll (arts. 16, 18, 21, 24, 35, 36 y 39).
3’ ROPBA, 1852, p. 7-8.
“ROPBA, 1852, p. 9.
INVESTIGAClONES Y ENSAYOS N. ° 60 LA CONSTRUCCIÓN DEL PODER LocAL EN LA CAMPAÑA... 287
éstos evidentemente se suscitaron pues, a poco andar, por un nuevo decreto se
reafirmaba la entrega de los bienes en la condición en que se encontraran en
ese momento, siempre a cargo de los jueces de paz, al tiempo que el gobiemo
se comprometía a devolver a quienes tuvieran la tenencia el monto abonado al
estado por la compra, mientras que el pago de las mejoras introducidas en el
bien quedarían a cargo de los dueños primitivos, pero si el propietario original
exigía que se le entregara desaloj ada la propiedad el juez de paz daría un tér
mino no menor a ocho días, ni mayor de cuarenta.“ En este punto, el gobierno
actuaba según la presión de las circunstancias, pues, al día siguiente, “vé por
reclamaciones que se le dirijen, que hay casos no comprendidos en aquellos:
esto es, casos en que á virtud de órdenes especiales y sueltas del dictador,
se ha dado arbitrariamente posesion de propiedades raices de particulares, á
individuos que alegaban algun remoto derecho [. . .]”, se determinó que todo
ocupante de un bien raíz, cuyo título tuviera como origen una orden de Rosas
debía entregarlo en los quince días siguientes a quien se presentara como due
ño original mostrando los títulos correspondientes, siempre los jueces de paz
serían los responsables de hacer efectivo el traspaso“.
Otra de las herencias que dejó el rosismo en cuanto a la tierra pública fue
la enfiteusis, pues todavía se estaba discutiendo el pago del canon enfitéutico
a fines de la década de 1850, entonces se les solicitó a los jueces de paz que
informaran al gobierno quiénes estaban ocupando tierras públicas en sus res
pectivos partidos, indicando la extensión que tenían".
Cuando se declararon tierras de pan llevar algunos cuarteles de los
partidos de Matanza y Zárate, a instancias de los respectivos jueces de paz,
éstos quedaron facultados para notificar a los dueños de estancias que en ese
espacio no podrían tener ganado en el año siguiente a la promulgación de los
decretos. En el caso de Barracas al Sud, todo el partido fue declarado tierras
de pan llevar. Los jueces de paz darían un plazo de ocho meses para retirar los
ganados y podrían imponer multas de 10 a 20 pesos a los dueños de animales
que estuviesen sueltos o sin pastor, aunque no hubieran causado daño“.
3’ Decreto, Buenos Aires, 12-III-1852, ROPBA, p. 28-30.
‘5 Decreto, Buenos Aires, 13-III-1852, ROPBA, p. 31.
“Decreto, Buenos Aires, 30-VII-1858, ROPBA, pp. 203-205.
m‘ JOAQUÍN MUZLERA, Tierras Públicas. Recopilación de leyes, decretos y resoluciones, vol.
l, La Plata, Isidro Solá Sanz, decretos de 14 de setiembre y 3 de octubre de 1855, pp. 154-157;
decreto del6 de octubre de 1855, pp. 157-159.
288 MARTA VALENCXA INVESTIGACIONES Y ENSAYOS N. ° 60
En el caso de las islas del Paraná, como el vacío legal impedía resolver
los litigios que se estaban iniciando, se encomendó al subdelegado de marina
de San Femando para que registrara las demandas de posesión de los pobla
dores, acompañado por una comisión de dos vecinos elegidos de una lista de
doce vecinos confeccionada por el juez de paz del partido; asimismo, en dicho
juzgado se registrarían las solicitudes de terreno. Esta autorización para conce
sión de las tierras de las islas del río Paraná luego fue ampliada a los juzgados
de San Nicolás, San Pedro, Baradero y Zárate, aclarándose que los jueces no
podrían conceder más de doce cuadras de fiente sobre los canales a cada po
seedor, pero en el caso que las solicitara una sociedad las doce cuadras podían
concederse a cada uno de los socios. Los jueces de paz tendrían atribuciones
judiciales sobre estas cuestiones, apelables ante gobiemo".
Cuando se dispuso la venta de las tierras de Chivilcoy, el juez de paz de
bía abrir la subasta y otorgar las escrituras, asignándosele una remuneración
del uno por ciento del importe que se recibiera por estas tierras. Luego se
dispuso que los solicitantes debían presentarse por escrito al juez de paz del
partido, indicando el área y la ubicación que pretendían, justificando con dos
testigos su condición de ocupante, en caso de confirmarse el juez le extendería
la escritura de venta, previo pago de la tercera parte del precio de la tierra.
Más tarde “notándose la tendencia á apoderarse de ella [la tierra pública] por
el hecho de la posesion sin adquirirla defmitivamente [. . .]” se ordenó al juez
de paz de Chivilcoy que hiciera comparecer a los pobladores que, segím el in
forme del ingeniero que mensuraba, tuvieran su población dentro de los límites
de las tierras públicas que se estaban midiendo, con el fin de notificarles que
debían declarar si deseaban o no comprarlas. Cuando los ocupantes desistie
ran de la preferencia que les otorgaba la ley el juez de paz declararía vacante
el lote y lo vendería, aunque estos ocupantes debían pagar el arrendamiento
mientras continuaran en posesión. En adelante el juez de paz no podría tolerar
que alguien cultivara o poblara tierras del estado, procediendo a su inmediato
desalojo, asimismo, debía llevar un registro público para asentar el extracto de
las escrituras que se otorgaran”.
“Ibídem, decreto del 23 de julio de 1856, pp. 165-166; decreto dell8 de febrero de 1857,
pp. 169-170. Como los jueces de paz de San Fernando no organizaron el registro correspon
diente, dicha atribución pasó al Departamento Topográfico. Ibídem, vol. 2, decreto del 14 de
abril de 1869, pp. 218-221.
“Ibídem, vol. l, ley del 14 de octubre de 1857, pp. 179-181; decreto del 2 de junio de 1858,
pp. 191-192; vol. 2, decreto del 6 de setiembre de 1860, pp. 6-8.
INVESTIGACIONES Y ENSAYOS N. ° 60 LA CONSTRUCCIÓN DEL PODER LOCAL EN LA CAMPAÑA...
Igualmente en el caso de la suerte de estancias que se concederían en
Bahía Blanca y Patagones, cuya autorización había otorgado la legislatura al
poder ejecutivo en 1855, y fue reglamentada recién en 1864, luego del fracaso
de los proyectos de colonización que habían llevado a suspender las concesio
nes; el juez de paz sería el encargado de otorgar el certificado de población,
donde constaría una descripción de la morada construida, los árboles plantados
y los ganados introducidos, todo con la confirmación de dos testigos”.
Hacia mediados de la década de 1860, muchos solares de los pueblos de
la provincia no habían sido escriturados por sus poseedores, según el gobierno
debido a que no tenían a quién encargar los trámites, o por no poder pagar
los gastos. Se decidió entonces facilitar estos procedimientos indicando que
las peticiones se realizarían ante las municipalidades correspondientes, las
que constatarían que hubieran sido cumplidas las condiciones de población
y luego del informe del Departamento Topográfico, el juez de paz otorgaría
las correspondientes escrituras, llevando un registro especial al efecto, el que
remitido anualmente a la Escribanía Mayor de Gobierno sería protocolizado.
Esta última disposición se cambió al año siguiente, optándose por escriturar en
las escribanías de cada uno de los pueblos. En la ley de ejidos de 1870 se dis
puso que los jueces de paz resolverían en primera instancia los conflictos por
prioridad de presentación, mejor derecho a la posesión y límites, sus decisiones
serían apelables al juzgado civil sin que pudieran seguirse otros recursos”.
La ley de arrendamientos rurales sancionada en 1857 y sus decretos re
glamentarios le atribuyeron funciones a los jueces de paz, por ejemplo; en las
tierras concedidas fuera de la línea de frontera, serían los responsables de con
trolar el cumplimiento de las condiciones de población, fundado en su propio
conocimiento del caso y la declaración de dos testigos. Estas atribuciones eran
especialmente importantes dado que el gobemador Mitre en 1862 hizo notar
[...] que la tierra pública ha llegado a ser un objeto de explotación, siendo
generalmente solicitada por personas que no tienene al solicitarla ni la inten
ción ni los medios de poblarla, ni más objeto que venderla acción adquirida a
términos de que habiendo más de mil quinientas leguas concedidas al exterior
de la línea de frontera muy pocas son las que se encuentran pobladas [. . .]9-".
"Ibídem, v. l, ley del 31 de octubre de 1855, pp. 159-160; v. 2, decreto del 28 de julio
del864, pp. 99-100.
“Ibídem, decreto del 20 de abril de 1865, vol. 2, pp. 130-132; decreto del 20 de noviembre
de 1866, pp. 162-163; ley del 3 de noviembre de 1870, pp. 245-257.
9’ Ibídem, decreto del 20 de setiembre de 1862, vol. 2, pp. 34-38.
290 MARTA VALENCIA INVESTIGACIONES Y ENSAYOS N. ° 60
La solución que encontró el gobierno ante las sucesivas evasiones a la
obligación de poblar fue obligar a presentar en la oficina de tierras públicas
un certificado del juez de paz haciendo constar el cumplimiento de las condi
ciones de población por los solicitantes. En este caso sólo se entenderían como
cumplidas después de un año de haberse sostenido la población, así quedarían
exentos del pago del arrendamiento por el término del contrato todas las tierras
fuera de la línea de frontera.
Cuando se inició el proceso de privatización de las tierras arrendadas a
través de la sanción de las leyes de ventas que abarcan el período 1864-1878,
en todos los artículos se le otorgó un papel importante a las certificaciones de
los jueces. En el caso de las ventas producidas en 1871, surgieron denuncias
sobre la emisión de certificaciones falsas sobre las condiciones de población,
emitidas por los jueces, situación que se repitió en la venta de 1878. Pese a que
estas situaciones fueron objeto de debate en las cámara provinciales y se dis
cutieron penalidades acordes a los fraudes, pero la sangre nunca llegó al río“.
7. REFLEXIONES FINALES
Después de Caseros, en Buenos Aires los gobiernos tomaron decisiones
para salir del proceso rosista y sus consecuencias. Se sancionó la constitución
en 1854, el poder legislativo se convirtió en bicameral, aumentaron los presu
puestos con la intención de reforzar las instituciones de gobiemo, no sólo en la
ciudad, también en la campaña, que había padecido el retroceso de la frontera
y las guerras internas. También en 1854 se aprobó la ley de Municipalidades,
en 1863 se crearon numerosos partidos, en 1864 se levantó el Registro Gráfico,
en 1865 se sancionó el Código Rural.
En este contexto se analizó la legislación referida a la justicia de paz de
la campaña como parte de esta transformación en la que se embarcaron los
gobernantes, en el período que se cerró con la sanción de la ley de 1884. Sin
9‘ MARTA VALENCIA, Tierras públicas-tierras privadas, Buenos Aires, 1857-1876, La
Plata, Editorial de la Universidad Nacional de La Plata, 2005; MARTA VALENCIA, “La última
frontera de la campaña de Buenos Aires antes de la campaña de Roca”, en: GRACIELA BLANCO
Y GUILLERMO BANZATO, La cuestión de Ia tierra pública en Argentina. A 90 años de la obra
de Miguel Ángel Cárcano, Rosario, Prohistoria, pp. 111-133; GUILLERMO BANZATO Y MARTA
VALENCIA, “Los jueces de paz y la tierra en la frontera bonaerense, 1820-1885”, en: Anuario del
IEHS 20, Tandil, Instituto de Estudios Histórico-Sociales, Universidad Nacional del Centro de
la Provincia de Buenos Aires, 2005, pp. 211-239.
INVESTIGACIONES Y ENSAYOS N. ° 60 LA CONSTRUCCIÓN DEL PODER LOCAL EN LA CAMPAÑA. .
duda que apostaron a ejercer un mayor control a través de dichas autoridades,
cuyas conexiones los ligaban tanto al gobierno central como a las necesarias
vinculaciones locales, dado que ambos -gobierno y pares - eran la base de su
poder. En esta disyuntiva, ¿a quién satisfacer?. Se inscribieron las decisiones
de los jueces de paz, unas veces inclinados a apoyar las sugerencias de un
ministro sobre un candidato a legislador, en otros casos otorgando certificados
falsos a los adquirentes de tierras.
Aunque, como lo señala Samuel Amaral, las instituciones recientemente
creadas y el articulado del Código eran de dificil ejecución y las municipali
dades, que se implementaron a partir de 1856, eran débiles porque buena parte
de ellas estaban desorganizadas, en algunos casos sin sede para sesionar, los
jueces de paz mantuvieron y fueron aumentando el poder que tenían en la épo
ca de Rosas. En el proceso, por un lado, las quejas de los vecinos debido a su
abuso de autoridad se trasladaron a los periódicos, por otro, el propio gobierno
solía mostrar su descontento porque eran ineficaces.
Tuvieron en sus manos el control de la campaña en la instancia del enfren
tamiento con la Confederación, quedó en su esfera la vigilancia de los caballos
patrios. A partir de la vigencia de la ley de Municipalidades en 1856, el juez de
paz fue nombrado por el gobierno central a partir de una terna propuesta por
la municipalidad. Este sistema fue calificado de centralista por la dependen
cia que generó, cuestión que se hizo evidente cuando se produjeron los actos
eleccionarios; los jueces recibían las recomendaciones o sugerencias para que
consiguieran el apoyo de los candidatos afines al gobierno en cada distrito.
En cuanto a la jurisdicción contenciosa tuvieron un límite en el monto de
los casos a atender, que fue sufriendo variaciones con el correr de los años.
Controlaron el movimiento de las personas apoyados en una ley de 1858 que
les otorgó la posibilidad de derivar al servicio de las armas a los “vagos y
malentretenidos”, esto significó una suerte de continuidad en prácticas que
derivaban de épocas anteriores. El gobierno justificó estas medidas por el
enfrentamiento que tenía con la Confederación. La figura del juez, entonces,
adquirió características despóticas, según las apreciaciones de algunos autores.
El gobernador Saavedra corrigió, en 1864, estas disposiciones argumentando
que la situación política se había normalizado y que no correspondían seme
jantes atribuciones en manos de los jueces que vulneraban los derechos dc los
ciudadanos. Más adelante, el Código Rural les devolvió esas fimciones aunque
compartidas con los municipales y alcaldes.
MARTA VALENCIA INVESTIGACIONES Y ENSAYOS N. ° 60
Los temas económicos que recayeron en los jueces fueron numerosísimos;
el control del abígeato, el traslado de animales, la verificación de las guías, la
matanza de ganado, la supervisión de las marcas. A su vez, el Código Rural
reordenó y reafirmó todos los controles para evitar el robo de ganado, contro
lar la provisión del agua en los campos, evitar que los animales se introdujeran
en las chacras, etc. También contempló el tema de los contratos de trabajo
entre patrones y peones; el juez debía arbitrar ante situaciones litigiosas. Con
referencia a la contribución directa los jueces de paz tuvieron atribuciones
relacionadas con su percepción y la regulación de los montos. En este punto se
aprecia que tuvieron serias dificultades para lograr una adecuada recaudación.
En la legislación de tierras del período tuvieron un papel significativo, en
todas las leyes - casi sin excepción - fueron encargados de controlar, vigilar y
certificar el cumplimiento de lo dispuesto en las normas. Si se tiene en cuenta
la gran cantidad y complejidad de las sancionadas en el lapso que abarca este
estudio se podrá sopesar la importancia de los jueces en el rubro. Las tierras
públicas, entre 1852 y 1884 se donaron, arrendaron y por último se vendieron
en una cantidad estimada en alrededor de 10.000.000 de has. Para ello el juez
de paz debía verificar que se hubieran cumplido las condiciones de población
- ocupación edilicia y con haciendas - para obtener el derecho de preferencia
a la compra. En este punto fueron acusados de otorgar certificaciones falsas,
las cámara legislativas se ocuparon del tema debido a las numerosas denuncias
recibidas pero los jueces nunca fueron sancionados.
Seguramente, los nuevos estudios con enfoque local, en fluido diálogo
con las historias de los pueblos, podrán retomar, en este marco, las formas que
adoptó el ejercicio del poder centrado en la figura de los jueces de paz, como
parte de la notabilidad de la campaña bonaerense que fue reforzando sus vín
culos al tiempo que representaban la autoridad de un estado que perfeccionaba
sus mecanismos de control de la sociedad.