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Marx

La filosofía de Marx, en colaboración con Engels, es una propuesta ética que integra teoría social, economía e historia, destacando la crítica a Hegel y Feuerbach. Marx redefine la esencia humana a través de la actividad práctica y aborda el concepto de alienación en el contexto del capitalismo, donde el trabajador se encuentra desconectado de su trabajo, producto y naturaleza. Además, identifica la propiedad privada y la división del trabajo como las raíces de la alienación, proponiendo una crítica teórica como medio para transformar la realidad social.
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Marx

La filosofía de Marx, en colaboración con Engels, es una propuesta ética que integra teoría social, economía e historia, destacando la crítica a Hegel y Feuerbach. Marx redefine la esencia humana a través de la actividad práctica y aborda el concepto de alienación en el contexto del capitalismo, donde el trabajador se encuentra desconectado de su trabajo, producto y naturaleza. Además, identifica la propiedad privada y la división del trabajo como las raíces de la alienación, proponiendo una crítica teórica como medio para transformar la realidad social.
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LA FILOSOFÍA DE MARX

La obra de Marx –que no puede entenderse separada de la de Engels- es la


contribución teórica de mayor repercusión histórica en la época contemporánea. En
ella la filosofía está unida a la teoría social, la economía, la historia y la crítica
política. Pero su sentido último es el de ser una propuesta ética orientada a su
realización práctica. Algunos de sus escritos más importantes son Manuscritos
económico-filosóficos (1844), La ideología alemana -con Engels- (1846), Manifiesto
comunista -con Engels- (1848) o El capital (1867-94).

1. Principios filosóficos: La crítica a Hegel y Feuerbach

Marx recibió de Hegel, Feuerbach y la izquierda hegeliana los materiales con


los que elaboró su propia filosofía; pero ésta se constituyó como una crítica a esas
fuentes.
Hegel era idealista; pensaba que la historia era el resultado del despliegue del
espíritu, que los cambios materiales son producidos por factores ideales. Sostenía
también que los procesos históricos –y los naturales- se producen según las leyes de
la dialéctica (cada realidad, afirmación, es sustituida por otra opuesta, negación, y
ésta por otra que niega ambas a la vez que integra los aspectos positivos de cada
una, negación de la negación y superación, Aufhebung), cuyo fin es la realización
progresiva de la Libertad (que él identifica con el Estado prusiano).
Feuerbach, por su parte, era materialista; para él el hombre es sólo un ser
corporal y sensorial, aparte de comunitario. Es además un ser que vive alienado por
la religión, ya que la divinidad, ante la que se inclina, no es sino la proyección de la
esencia humana, una esencia a la que el hombre renuncia. Así que la crítica de la
religión ha de conducir a la recuperación de la esencia humana.
Marx acepta la dialéctica hegeliana y rechaza el idealismo desde una
perspectiva materialista. Reconoce a Hegel el mérito de considerar al ser humano
como un ser activo. Acoge también la dialéctica como método para comprender el
carácter procesual de la realidad, insistiendo en la contradicción como motor de los
cambios históricos. Pero censura su pretensión de buscar la esencia del hombre en
la actividad espiritual y no en la práctica material; y rechaza asimismo las
implicaciones conservadoras de la concepción hegeliana de la historia, en la que
―todo lo real es racional‖.
Respecto al materialismo de Feuerbach, Marx juzga que es ―incapaz de
concebir el mundo como un proceso, como materia sujeta a desarrollo histórico‖.
Concuerda con él en definir al hombre como un ser material, pero le critica que
entienda lo material en un sentido mecanicista y pasivo, y el hombre aparezca no
como un ser activo, sino ―contemplativo‖. Frente a ello, cuando Marx alude a lo
―material‖ en el hombre se refiere siempre a su actividad práctica. Por último, el
materialismo de Feuerbach le parece insuficiente porque su crítica se mueve en el
terreno puramente teórico: ―Los filósofos han interpretado el mundo de diversas
maneras; lo que hay que hacer es transformarlo‖.

2. Antropología

A. La esencia humana

1
Contra Feuerbach, Marx afirma que carece de interés hablar de la esencia
humana en general, entendiendo por tal una serie de rasgos fijos que definen a los
hombres de cualquier tiempo y condición. Al revés, sostiene que el hombre es un
ser natural activo, que se construye a sí mismo a través de esa actividad; y lo hace
de diferentes maneras a lo largo de la historia. Porque, de un lado, la actividad
humana se basa en la existencia de necesidades naturales que ha de satisfacer
mediante la transformación de la naturaleza; pero, de otro lado, esa actividad se
desarrolla dentro de un marco social y, por tanto, está sometida al cambio
histórico.
En realidad, la actividad natural y social que define al hombre no es otra que el
trabajo, entendido en sentido amplio como producción o praxis. ―El hombre se
diferencia de los animales a partir del momento en que comienza a producir sus
medios de vida‖. Al crear sus medios de vida está también haciéndose a sí mismo o
produciendo su propia vida como nunca podría hacerlo el animal. Es así la actividad
práctico-productiva, la praxis, la que caracteriza al hombre y no la teoría, tal como
había sostenido casi toda la filosofía desde el mundo griego. Para Marx sólo a través
de la praxis entra el hombre en relación con la naturaleza –se adapta a ella
convirtiéndola en obra suya— y con los otros hombres.

B. La alienación
Ya que no existe una esencia genérica humana sino sólo sujetos históricos
concretos, parece lógico que Marx se interese por el individuo europeo del s. XIX
y, en particular, por el trabajador de la emergente sociedad capitalista, esto es,
por el sujeto que ocupa en ese momento la escena social. Y si en torno a él gira, de
hecho, toda la obra de Marx, el concepto con el que caracteriza su modo de vida es
el de alienación –Entfremdung— (o enajenación). Lo que entiende con este término
es muy diferente de lo que entendían Hegel, que lo acuñó, y Feuerbach, pues para
Marx la alienación es un fenómeno fundamentalmente económico.

a. La alienación económica
En los Manuscritos, Marx sostiene que la alienación económica se hace
presente en la existencia del trabajador de diversas formas:
Primero, como alienación del hombre respecto a su propia actividad. En la
sociedad capitalista el trabajador deja de ser dueño de aquello que habría de
definirle, su actividad, en la medida en que ésta se convierte en una mercancía que
se vende a otro que puede disponer de ella. En el trabajo, señala Marx, ―el hombre
no se pertenece a sí mismo‖, no se afirma sino que se niega.
En segundo lugar, se manifiesta una alienación del hombre con el producto
de su trabajo. Como tal, el producto de una actividad no es más que la encarnación
de esa actividad en forma de objeto; es la objetivación de la actividad. En este
sentido, debería ser también una manifestación de la vida y la personalidad del
trabajador. Sin embargo, en el proceso de producción capitalista, el producto ni
expresa ni pertenece al trabajador; antes bien, se enfrenta a él ―como un ser extraño,
como un poder independiente‖. Y ello porque el producto, apropiado por el capitalista,
pasa a convertirse inmediatamente en capital que servirá para comprar de nuevo la
fuerza de trabajo del obrero.
En tercer lugar, el trabajador vive también alienado respecto a la naturaleza.
Como ser natural, el hombre está sujeto a necesidades que sólo a través de la

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naturaleza pueden satisfacerse. Ésta nos ofrece medios de vida, víveres; es el
―cuerpo inorgánico del hombre‖. Sin embargo, en la sociedad capitalista, también la
naturaleza se convierte en una mercancía (fuente de materias primas) que es
apropiada por el capital; de ahí que, ante él, aparezca como algo ajeno, propiedad de
otro y no parte de su propia vida.
Por último, Marx menciona la alienación de los hombres respecto de los
demás. Se trata de una consecuencia inmediata de las otras, pues el trabajo humano
se asienta precisamente en la cooperación. Sin embargo, en la sociedad capitalista el
trabajador trabaja sólo para sí mismo, enfrentado con otro al que pertenece su
actividad y enfrentado incluso con otros trabajadores con los que contiende para
obtener un empleo y un mayor salario. En suma, bajo el capitalismo, la forma habitual
de relación de los hombres entre sí es la competencia (entre trabajador y patrono,
entre empresarios, entre trabajadores).

b. Otras formas de alienación


La alienación económica constituye la forma más radical de alienación; pero
da lugar a otras formas derivadas. En primer término, cabe citar la alienación
política, que se asienta sobre la escisión entre la sociedad civil y el estado, y
consiste en negar al pueblo –a la sociedad—, por voluntad propia o por la fuerza, el
derecho a dirigir su propio destino político, es decir, la soberanía, con la consiguiente
concentración del poder en ámbitos restringidos, que ejercen luego a través del
estado el dominio sobre el pueblo cuya soberanía detentan.
También se puede hablar de la alienación intelectual y moral que padecen
grandes capas de la población, sometidas a la influencia ejercida por algunas
instituciones (educativas, culturales, políticas) que dirigen la conciencia de los
individuos y deciden por ellos lo que es verdadero o falso y lo que se debe o no
hacer. Entre esas instituciones, son hegemónicas las que hacen valer los intereses
de la clase dominante, es decir, la poseedora de los medios de producción.
Caso particular es también la alienación religiosa. De acuerdo con
Feuerbach, Marx entiende la religión como una creación psicológica del hombre.
Pero, a diferencia de él, que simplemente reivindica la devolución al hombre de su
esencia, para Marx la clave de la proyección y del desdoblamiento religioso del
mundo está en el desgarramiento y la insatisfacción que caracterizan las
condiciones materiales de vida de los hombres en la sociedad, en el trabajo
alienado, y defiende su ―crítica práctica‖. La religión no se basa en un sentimiento
natural universal; aunque en ella el hombre encuentre consuelo emocional y
esperanza, su función social es la de dormir las conciencias, paralizar la crítica y la
acción revolucionaria (―opio del pueblo‖).

c. Fetichismo de la mercancía
Un caso interesante de alienación es lo que Marx llama fetichismo de la
mercancía. Como tal, una mercancía sólo existe cuando consideramos los productos
del trabajo como valores de cambio y no como valores de uso. Éste lo da la
capacidad del producto de satisfacer ciertas necesidades humanas; aquel, su precio,
determinado por el tiempo de trabajo que requiere producirlo; por eso, todo valor de
cambio ha de poseer un valor de uso, pero no al revés. Ahora bien, en las
sociedades capitalistas se produce una generalización sin precedentes de la
mercancía. Por un lado, cada vez más objetos, productos y servicios adquieren un

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precio. Por otro lado, ese valor de cambio, otorga a los productos una vida social que
llega a suplantar la de los individuos. Éstos se convierten en portadores de
mercancías y son evaluados por los productos que pueden comprar y vender. La
existencia social de los hombres queda así transferida a la actividad del mercado y
su valor como personas se reduce al precio de intercambio de sus mercancías, a lo
que tienen, no a lo que son. Sin embargo, el mercado se rige por leyes que escapan
al control de los individuos; por lo que éstos toman la dependencia de las mercancías
como un régimen natural de vida al que han de plegarse como se pliegan a las
demás leyes de la naturaleza. La vida social resulta dirigida por los imperativos del
intercambio y las relaciones humanas dejan de ser directas para volverse elípticas.

d. Causas de la alienación: propiedad privada y división del trabajo


La propiedad privada y la división social del trabajo son, según Marx, las
raíces últimas de la alienación económica y, como consecuencia, de todas las demás
formas de alienación en la sociedad capitalista.
La causa principal es la existencia de propiedad privada, entendida ésta como
propiedad privada de los medios de producción o posesión particular de los
instrumentos de los que se vale la sociedad para obtener medios de vida y crear
riqueza. Es esta realidad económica y jurídica la que escinde el cuerpo social en dos
clases, la de los que poseen sus propios medios de producción y la de los que sólo
poseen su capacidad de trabajar, su fuerza de trabajo; escisión que da lugar a la que
existe entre propietarios inactivos del capital y trabajadores asalariados, en la que se
funda la enajenación de la actividad de estos últimos por parte de los primeros.
El mecanismo por el que la propiedad privada produce alienación es el
siguiente. En el proceso de producción capitalista, el valor añadido o plusvalía, que
el capitalista obtiene respecto al capital invertido, es utilizado de nuevo para contratar
más fuerza de trabajo. Sin embargo, la plusvalía es, ante todo, valor producido por
los mismos obreros; con lo que resulta que una parte del valor que genera el
trabajador se le opone ulteriormente como capital que vuelve a comprar su fuerza de
trabajo. El obrero se encuentra entonces con que su propia actividad productiva y
aquello que él mismo produce se vuelven contra él, lo poseen, lo dominan. Y en esto
propiamente consiste la alienación económica.
La división del trabajo es el reparto de las tareas laborales entre los
miembros de un grupo. Se da en todas las formas históricas de producción, aunque
puede hacerlo de modos muy distintos: bien como división natural del trabajo,
basada en las aptitudes de los productores, o bien impuesta socialmente. Según
Marx, la división del trabajo sólo llegó a darse a gran escala con el capitalismo, en el
que, además, no sólo ocasiona alienación sino que también la reparte socialmente de
forma desigual. Inicialmente consistió en distribuir un mismo proceso de producción
en tareas específicas, dando lugar a la especialización del productor. Después, la
implantación masiva de maquinaria agudizo el proceso de parcialización del trabajo.
Pero tal parcialización origina alienación al reducir la actividad del trabajador a una
acción repetitiva y simple, generalmente dominada por los ritmos de las máquinas.
Para el capitalista, en cambio, la llamada división técnica del trabajo resulta
beneficiosa ya que aumenta la productividad empleando la misma mano de obra.
Ahora bien, el empleo de maquinaria y la división técnica del trabajo están
vinculadas –como reconoce Marx— a la industria y, por ende, la renuncia a ellas
supondría un retroceso en los niveles de producción y consumo, una vuelta a

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economías preindustriales. De aquí parece deducirse que un cierto grado de
alienación resultaría inevitable incluso en una sociedad (industrializada) sin
propiedad privada.
Además de la división técnica de trabajo, hay una división del trabajo entre
productores y no productores, que paralelamente propicia una desigual incidencia de
la alienación entre ellos; se trata de la llamada división social del trabajo.
Habitualmente se entiende como aquella que se da entre el trabajo manual y el
intelectual y la que hay entre los que deciden qué hay que producir y los que llevan a
efecto la producción. Esta forma de división del trabajo se institucionaliza bajo el
capitalismo como resultado de la privatización de los medios de producción y, por
tanto, desaparecería con ella.

e. Las ideologías
Marx considera que la crítica teórica es el paso previo para conseguir la
eliminación real de la alienación, que es el auténtico móvil ético de la
antropología marxista. A su juicio, resulta necesario clarificar críticamente la
conciencia que el hombre tiene de sí mismo y de su realidad social porque aquel
habitualmente percibe su inserción en el mundo social de forma confusa y errónea.
Ello se debe a la existencia de ideologías.
Con este término Marx se refiere a ciertos sistemas de ideas que orientan
nuestra acción y tienen un origen y una relevancia social. Aunque, en realidad, en su
obra combina dos sentidos del término ―ideología‖. Según el primero las ideologías
son ideas condicionadas socialmente, es decir, influidas por el grupo social o la
clase a la que se pertenece, que traducen o reflejan sus perspectivas e intereses. De
acuerdo con el segundo sentido, las ideologías son ideas falsas de la realidad
social, o sea, representaciones engañosas opuestas al conocimiento verdadero de la
ciencia. El primer sentido de ―ideología‖ se basa en el supuesto de que las ideas no
tienen un origen autónomo ni evolucionan según sus propias leyes, sino que están
determinadas, en su origen y contenido, por la existencia social de los hombres y el
modo de producción de su vida material. El segundo sentido del término apunta a la
tesis de que ciertos grupos sociales tienden a generar en los individuos ideas
deformadas destinadas a ocultar la realidad en la que viven. En este caso, la función
de la ideología sería, precisamente, la de impedir el conocimiento objetivo de la
realidad social, enmascarándola. En las sociedades capitalistas, según Marx, la
responsable principal de este falseamiento es la burguesía, interesada en ocultar
el fenómeno de la alienación. Por eso, la crítica de la ideología constituye no sólo una
exigencia científica sino también un requisito para abordar su ―crítica práctica‖, la
supresión de la alienación y de las condiciones que la hacen posible.

f. El humanismo moral de Marx


En resumen, puede decirse que la filosofía de Marx es una filosofía
humanista; primero porque su fundamento último es de carácter ético y,
concretamente, se cifra en la lucha contra la alienación del hombre; segundo, porque
está contra la trascendencia religiosa y rechaza la existencia de un ser superior al
hombre, al que éste se halle subordinado físicamente y sometido normativamente; y
tercero porque concibe al hombre como el auténtico sujeto de la historia, que
compone el tejido social y conduce los acontecimientos.

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3. El materialismo histórico

El materialismo histórico contiene la concepción de la sociedad y la historia


de Marx y pretende fundarse científicamente en el análisis socio-económico del
capitalismo y la evolución de los modos de producción en general.

A. Materialismo dialéctico
El supuesto metafísico y metodológico del materialismo histórico es el
materialismo dialéctico, teoría sobre la realidad (natural y humana) inspirada en la
dialéctica hegeliana y que no fue formulada explícitamente por Marx sino por Engels.
Esta concepción del mundo tiene como supuestos básicos que la realidad es una
totalidad dinámica formada por elementos interrelacionados según ciertas leyes (ley
de conversión de la cantidad en cualidad, ley de unidad de los opuestos, ley de
negación de la negación); y que todo lo existente es de carácter material,
entendiéndose por realidad material la constituida por la interacción del hombre y la
naturaleza. Estos principios se consideran válidos tanto para explicar los procesos
naturales como los históricos. Pero, de hecho, la investigación del propio Marx se
desarrolló siempre en el ámbito de la historia y su resultado es la teoría del
materialismo histórico, cuyas claves se exponen a continuación.

B. Base y superestructura
Para Marx, la sociedad civil es el momento determinante de una formación
social dada. Es la base o infraestructura de dicha sociedad. Soportados por ella se
sitúan el Estado, la religión, el derecho, el arte y el pensamiento en su acepción más
general. Todos estos elementos forman la superestructura. La base económica, en
definitiva, determina en mucha mayor medida a la superestructura que lo que ésta
puede condicionar a aquella, si bien Marx matiza que la relación entre ambas es
dialéctica (de influencia recíproca).
La estructura económica de una sociedad, a su vez, comprende las
relaciones sociales de producción y las fuerzas productivas. Las primeras son
las relaciones objetivas que los agentes económicos establecen, independientemente
de su voluntad, en el proceso productivo. Y las segundas estás constituidas por todos
aquellos elementos que hacen posible materialmente un mayor o menor nivel
productivo (trabajo, instrumentos, materias primas, avances tecnológicos, red de
comunicaciones, etc.).
La forma concreta que adopta la estructura económica de una sociedad o, lo
que es igual, la correlación efectiva entre las fuerzas productivas y las relaciones
sociales de producción en una sociedad, es lo que Marx llama su modo de
producción (su sistema económico). Él mismo, junto con Engels, registra
históricamente varios modos de producción: primitivo, asiático, antiguo, feudal,
capitalista y predice uno futuro, el socialista. Cada uno de ellos se caracteriza por
ciertas leyes económicas que son sólo válidas dentro de ese sistema. Se opone así
Marx al iusnaturalismo que ve en la sociedad burguesa la expresión definitiva de
unos supuestos derechos presociales de la persona (como la propiedad); y rechaza
el planteamiento de la Economía Política liberal (Smith, Ricardo) que tiende a
describir las leyes económicas de la sociedad capitalista como si fueran tan
inmutables como las leyes de la naturaleza, olvidando que son obra de la acción
humana. La concepción de Marx es esta: la sociedad burguesa es la forma

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histórica más evolucionada que conocemos; en ella se encuentran vestigios de
modos de producción anteriores, expresados de una manera superior, al lado de
otros rasgos novedosos. En conjunto, todas las sociedades anteriores son vistas
como etapas que conducen a la sociedad burguesa, que las recupera superándolas
dialécticamente. Pero esta sociedad no es el último peldaño de la evolución histórica.
Así como la sociedad civil moderna surgió del modo de producción feudal,
alimentándose de sus contradicciones, la futura sociedad comunista está ya dada
in fieri en la sociedad burguesa y se nutre de los antagonismos que se dan en ella.

C. Génesis del capitalismo y advenimiento del comunismo


En el modo de producción feudal, precursor del capitalista, el trabajador
estaba orgánicamente ligado a sus condiciones de vida, era dueño de sus
instrumentos de trabajo y tenía derechos sobre las tierras. El intercambio era muy
reducido y se producía para el consumo directo y no para el mercado. Precisamente
estos dos factores (dominio del productor sobre sus medios de vida y producción
para el uso) diferencian el modo de producción feudal del capitalista.
Según Marx, para que se diera la acumulación capitalista fueron necesarias
ciertas condiciones previas, que podemos resumir en dos: primera, la existencia de
un capital inicial y, segunda, la remodelación de las relaciones entre el productor y
las condiciones sociales de producción. De ambas, Marx concede una importancia
mayor a la recomposición de las relaciones entre el productor y sus medios de vida,
pues una premisa necesaria para la producción capitalista es la separación de los
medios de producción del dominio directo de los productores. Ello convierte al
trabajador en asalariado, a los medios de producción en capital y a los detentadores
de esos medios en capitalistas. Tal cosa empezó a suceder en Inglaterra,
extendiéndose después al continente. Se estaban sentando las bases del modo de
producción capitalista, cuyo motor ya no será la producción para el consumo
sino la obtención de plusvalía.
Con el advenimiento del capitalismo, según Marx, la sociedad civil queda
atravesada por una lucha de clases, protagonizada por la burguesía y el
proletariado, que son las dos clases que ha engendrado el mundo moderno y que se
hallan objetivamente enfrentadas: una lo posee todo y otra no posee nada; una
posee lo que ha arrebatado a la otra. Para Marx, el proletariado es una clase
inexorablemente revolucionaria, porque en su lucha con la burguesía no tiene nada
que perder. El proletariado es además la clase universal. Las demás clases
oprimidas –el campesinado, la pequeña burguesía— sólo aspiran a mejorar su propia
condición, dejando inalterada la división en clases de la sociedad. El triunfo del
proletariado supondrá, sin embargo, la abolición de la sociedad clasista.
De hecho, Marx mantiene que el fin al que se dirige la historia es
justamente la desaparición de las clases y la instauración del comunismo. Ello
será la consecuencia de la propia dinámica evolutiva del capitalismo, en el que el
gran desarrollo de las fuerzas productivas entrará en contradicción con unas
relaciones de producción clasistas, dando lugar a revoluciones sociales. Ahora bien,
el proceso hacia la sociedad comunista, en la que no existirán ni la propiedad privada
ni las clases sociales ni el Estado, será paulatino y deberá pasar, como fase
intermedia, por la toma del Estado por el proletariado y la consecutiva socialización
del los medios de producción.

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