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Ensayo Sobre La Sanidad y Salud Divina

La sanidad divina es un concepto central en la fe cristiana que abarca la restauración física y espiritual, reflejando el amor y compasión de Dios. Obstáculos como la incredulidad y el pecado no confesado pueden impedir la recepción de esta sanidad, mientras que la fe activa y la oración son esenciales para superarlos. A través de la obra de Jesucristo y el Espíritu Santo, los creyentes pueden experimentar una restauración integral, permitiéndoles vivir en plenitud y armonía con el propósito divino.

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Ensayo Sobre La Sanidad y Salud Divina

La sanidad divina es un concepto central en la fe cristiana que abarca la restauración física y espiritual, reflejando el amor y compasión de Dios. Obstáculos como la incredulidad y el pecado no confesado pueden impedir la recepción de esta sanidad, mientras que la fe activa y la oración son esenciales para superarlos. A través de la obra de Jesucristo y el Espíritu Santo, los creyentes pueden experimentar una restauración integral, permitiéndoles vivir en plenitud y armonía con el propósito divino.

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LA SANIDAD Y LA SALUD DIVINA

SARA CECILIA GOMEZ GOMEZ


COD. ESTUDIANTE RJM 00122

TRABAJO PRACTICO

M. ALEJANDRA VELEZ

REY JESUS MEDELLIN

Noviembre 06 de 2024
LA SANIDAD Y LA SALUD DIVINA
La sanidad divina es un tema fundamental dentro de la fe cristiana, que abarca tanto el aspecto
físico como el espiritual de la vida humana. A lo largo de las escrituras, se presenta a Dios
como un sanador compasivo y misericordioso, cuyo deseo es que sus hijos vivan en salud y
bienestar. En el Antiguo Testamento, se revela a Dios bajo el nombre de Jehová-Rafa, lo que
significa "El Señor que sana" (Éxodo 15:26), subrayando la voluntad de Dios de traer sanidad
a su pueblo. A lo largo del ministerio de Jesucristo en el Nuevo Testamento, este deseo se
materializa de manera tangible, demostrando que la sanidad no solo se limita a un bienestar
físico, sino que abarca una restauración integral del ser humano.
El Amor y la Compasión de Dios a través de la Sanidad
La sanidad divina no debe ser vista simplemente como la curación de una enfermedad o la
restauración de la salud física, sino como una manifestación del amor y la compasión de Dios
hacia la humanidad. A lo largo del Evangelio, se puede observar cómo Jesús sanaba a los
enfermos, restauraba a los marginados y liberaba a los oprimidos, lo que refleja el deseo de
Dios de sanar en todos los aspectos de la vida humana. Jesús no solo sanaba cuerpos, sino
que también liberaba las almas de las personas de las ataduras del pecado y la opresión
espiritual.
En el Evangelio de Mateo, se menciona que "Jesús recorrió todas las ciudades y aldeas,
enseñando en las sinagogas, proclamando las buenas nuevas del reino y sanando toda
enfermedad y toda dolencia" (Mateo 9:35). Este versículo refleja el propósito integral de la
obra de Jesús: la enseñanza de la palabra de Dios y la sanidad tanto física como espiritual de
las personas. La sanidad que Jesús ofrecía no solo restauraba el cuerpo, sino que también
traía paz al alma y liberación del pecado.
Obstáculos para la Sanidad Divina
A pesar del deseo de Dios de sanar a sus hijos, existen obstáculos que pueden dificultar la
recepción de la sanidad divina. Uno de los mayores impedimentos para recibir la sanidad es
la incredulidad. En varias ocasiones, Jesús se enfrentó a la falta de fe de las personas, lo que
limitaba la manifestación de los milagros. En el Evangelio de Marcos, se narra que en su
tierra natal, Jesús no pudo hacer muchos milagros debido a la incredulidad de la gente
(Marcos 6:5-6). Este pasaje ilustra cómo la falta de fe puede obstruir el poder de Dios para
obrar en nuestras vidas. La incredulidad, en otras palabras, es una barrera que impide que las
personas experimenten el poder sanador de Dios.
Otro obstáculo mencionado en las escrituras es el pecado no confesado y la falta de perdón.
Jesús enseñó que, si no perdonamos a los demás, nuestras oraciones pueden quedar
bloqueadas, lo que incluye la oración por sanidad. En Mateo 6:14-15, Jesús dice: "Porque si
perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial;
pero si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras
ofensas". Este pasaje subraya que el perdón es fundamental no solo para la restauración
espiritual, sino también para la sanidad física y emocional.
La Fe como Clave para Recibir Sanidad
Para recibir la sanidad divina, la fe es esencial. La fe no es solo una creencia abstracta o
intelectual en la existencia de Dios, sino una confianza activa en su poder y en sus promesas.
La Biblia enseña que "la fe viene por el oír, y el oír por la palabra de Dios" (Romanos 10:17),
lo que indica que nuestra fe se fortalece a medida que escuchamos y meditamos en la palabra
de Dios. La fe crece cuando nos sumergimos en las escrituras y reflexionamos sobre los
milagros que Jesús realizó durante su ministerio terrenal, así como sobre las promesas de
sanidad que Dios ha hecho a sus hijos.
Es importante destacar que la fe no es algo que podamos generar por nuestra propia fuerza,
sino que es un don de Dios que crece a través de la exposición continua a su palabra. Cuando
los cristianos meditan en los relatos de sanidad y en las promesas de Dios, encuentran el
estímulo necesario para superar la duda y la incredulidad. La fe nos capacita para recibir la
sanidad, confiando plenamente en que Dios no solo puede sanar, sino que desea hacerlo.
La oración juega un papel fundamental en este proceso. Al orar, el creyente abre su corazón
a Dios, pidiendo no solo sanidad física, sino también la fortaleza para vencer los obstáculos
espirituales que puedan estar impidiendo la sanidad. La oración sincera, acompañada de la
fe, es una herramienta poderosa que abre la puerta para que el poder sanador de Dios se
manifieste en nuestras vidas.
La Obra del Espíritu Santo en la Sanidad
El Espíritu Santo también juega un papel crucial en la sanidad divina. Es a través del Espíritu
Santo que los creyentes experimentan la presencia de Dios en sus vidas de manera tangible.
El Espíritu Santo nos guía, nos consuela y nos fortalece, ayudándonos a mantener nuestra fe
en momentos de duda. Además, el Espíritu Santo nos capacita para vivir en obediencia a la
palabra de Dios, lo que a su vez nos permite recibir las bendiciones que Él ha prometido.
En 1 Corintios 12:9, Pablo menciona el "don de sanidad" como uno de los dones espirituales
que el Espíritu Santo otorga a los creyentes. Este don no solo se refiere a la capacidad de
sanar a otros, sino a la experiencia personal de la sanidad que Dios desea impartir a cada
creyente. El Espíritu Santo actúa como el conducto a través del cual el poder de Dios fluye
hacia aquellos que creen y se disponen a recibir su sanidad.
Conclusión
La sanidad divina es un acto de amor, compasión y poder de Dios. A través de la obra de
Jesucristo y la manifestación del Espíritu Santo, los creyentes pueden experimentar una
restauración integral de su salud física, emocional y espiritual. Sin embargo, para recibir esta
sanidad, es necesario enfrentar los obstáculos de la incredulidad, el pecado no confesado y la
falta de perdón, que pueden impedir la manifestación del poder sanador de Dios. La fe activa,
la oración constante y la meditación en la palabra de Dios son herramientas esenciales para
superar estos obstáculos y recibir la sanidad divina. En última instancia, la sanidad divina no
solo trae alivio físico, sino que restaura al ser humano en su totalidad, permitiéndole vivir en
plenitud y en armonía con el propósito divino.

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