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Producto: Infografía.
1. En binas seleccionen y lean un capítulo y/ o fragmentos de autores de la época contemporánea: Carlos
Fuentes, José Emilio Pacheco, Juan Rulfo, Alejo Carpentier. De igual manera algunos de la Literatura
Sonorense contemporánea: Abelardo Casanova, Ismael Bohorquez, Alba Brenda Méndez (1951) Carlos
Moncada (1934) Claudia Velina Reina Antúnez (1980) Eve Gil (1968) Edmundo Valadés (1915) Ignacio
Mondaca Romero (1956) Miguel Méndez (1930) Abdul Sahib Machi (1978) Sergio Valenzuela (1941)
Cristina Rascón, Carlos René Padilla.
2. Realiza una infografía en la que consideres los siguientes puntos:
• Título de la obra.
• ¿De qué trata la historia?
• ¿Cuál es el contexto del autor y la obra?
• ¿Qué aspectos innovadores presenta la obra?
• ¿Cuál sería tu análisis e interpretación del contexto actual que transmite la obra?
• *Puedes agregar más datos según lo determine tu equipo y el profesor(a).
3. Finalmente presenten el trabajo realizado al resto de la clase.
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LITERATURA I
Producto: Cómic de la literatura medieval.
Lee el siguiente fragmento de “El cantar de Roldán” y a partir de las escenas más representativas realiza
una tira cómica. Puedes realizar el trabajo en hoja blanca o cartulina. Si conoces alguna herramienta o
aplicación para la creación de historietas gráficas también puedes utilizarla.
El cantar de Roldán
[Poema narrativo extenso- fragmento]
I
El rey Carlos, nuestro emperador, el Grande, siete años enteros permaneció en España: hasta el
mar conquistó la altiva tierra. Ni un solo castillo le resiste ya, ni queda por forzar muralla, ni ciudad,
salvo Zaragoza, que está en una montaña. La tiene el rey Marsil, que a Dios no quiere. Sirve a
Mahoma y le reza a Apolo. No podrá remediarlo: lo alcanzará el infortunio.
II
El rey Marsil se encuentra en Zaragoza. Se ha ido hacia un vergel, bajo la sombra. En una terraza de
mármoles azules se reclina; son más de veinte mil en torno a él. Llama a sus condes y a sus duques:
-Oíd, señores, qué azote nos abruma. El emperador Carlos, de Francia, la dulce, a nuestro país
viene, a confundirnos. No tengo ejército que pueda darle batalla; para vencer a su gente, no es de
talla la mía. Aconsejadme, pues, hombres juiciosos, ¡guardadme de la muerte y la deshonra!
No hay infiel que conteste una palabra, salvo Blancandrín, del castillo de Vallehondo.
III
Entre los infieles, Blancandrín es juicioso: por su valor, buen caballero; por su nobleza, buen
consejero de su señor. Le dice al rey:
-¡Nada temáis! Enviad a Carlos, orgulloso y altivo, palabras de servicio fiel y de gran amistad. Le
daréis osos, y leones y perros, setecientos camellos y mil azores mudados, cuatrocientas mulas,
cargadas de oro y plata y cincuenta carros, con los que podrá formar un cortejo: con largueza pagará
así a sus mercenarios. Mandadle decir que combatió bastante en esta tierra; que a Aquisgrán, en
Francia, debería volverse, que allí lo seguiréis, en la fiesta de San Miguel, que recibiréis la ley de
los cristianos; que os convertiréis en su vasallo, para honra y para bien. ¿Quiere rehenes?, pues
bien, mandémosle diez o veinte, para darle confianza. Enviemos a los hijos de nuestras esposas: así
perezca, yo le entregaré el mío. Más vale que caigan sus cabezas y no perdamos nosotros libertad
y señorío, hasta vernos reducidos a mendigar.
IV
Prosigue Blancandrín:
-Por esta diestra mía, y por la barba que flota al viento sobre mi pecho, al momento veréis
deshacerse el ejército del adversario. Los francos regresarán a Francia: es su país. Cuando cada uno
de ellos se encuentre nuevamente en su más caro feudo, y Carlos en Aquisgrán, su capilla, tendrá,
para San Miguel, una gran corte. Llegará la fiesta, vencerá el plazo: el rey no tendrá de nosotros
palabra ni noticia. Es orgulloso, y cruel su corazón: mandará cortar las cabezas de nuestros rehenes.
¡Más vale que así mueran ellos antes de perder nosotros la bella y clara España, y padecer los
quebrantos de la desdicha!
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Los infieles dicen:
-Quizá tenga razón.
BLOQUE III Acercamiento a las épocas literarias
V
El rey Marsil ha escuchado a sus consejeros. Llama a Clarín de Balaguer, Estamarín y su par Eudropín,
y a Priamón y Guarlan el Barbudo, y a Machiner y su tío Maheu, y a Jouner y a Malbián de Ultramar,
y a Blancandrín, para hablar en su nombre. Entre los más felones, toma a diez aparte y les dice:
-Señores barones, iréis hacia Carlos. Está ante la ciudad de Cordres, a la que ha puesto sitio.
Llevaréis en las manos ramas de olivo, en señal de paz y humildad. Si gracias a vuestra habilidad,
podéis llegar a un acuerdo con él, os daré oro y plata a profusión, tierras y feudos a la medida de
vuestros deseos.
-¡Nos colmáis con ello! -dicen los infieles.
VI
El rey Marsil ha escuchado a sus consejeros. Dice a sus hombres:
-Señores, partiréis. Llevaréis en las manos ramas de olivo, y le diréis al rey Carlomagno que por su
Dios tenga clemencia; que no verá pasar este primer mes sin que yo esté junto a él con mil de mis
fieles; que recibiré la ley cristiana y me convertiré en su deudor con todo amor y toda fe. ¿Quiere
rehenes? Pues, en verdad, los tendrá.
-Con ello obtendréis un buen acuerdo -dice Blancandrín.
VII
Marsil manda traer diez mulas blancas, que le había enviado el rey de Adalia. Son de oro sus frenos;
las sillas tienen incrustaciones de plata. Los mensajeros montan; llevan en las manos ramas de
olivo. Van hacia Carlos, que en Francia tiene su feudo. No podrá remediarlo Carlos: lo engañarán.
VIII
El emperador se muestra alegre; está de buen humor, pues ya conquistó Cordres. Ha destruido sus
murallas y ha abatido las torres con sus catapultas. Sus caballeros han hallado gran botín: oro, plata
y preciosas armaduras. Ni un solo infiel quedó en la villa: todos murieron o fueron bautizados.
El emperador se halla en un gran vergel: junto a él, están Roldán y Oliveros, el duque Sansón y
el altivo Anseís, Godofredo de Anjeo, gonfalonero del rey, y también Garín y Gerer, y con ellos
muchos más: son quince mil de Francia, la dulce. Los caballeros se sientan sobre blancas alfombras
de seda; los más juiciosos y los ancianos juegan a las tablas y al ajedrez para distraerse, y los
ágiles mancebos esgrimen sus espadas. Bajo un pino, cerca de una encina, se alza un trono de oro
puro todo él: allí se sienta el rey que domina a Francia, la dulce. Su barba es blanca, y floridas sus
sienes; su cuerpo es hermoso, su porte altivo: no hay necesidad de señalarlo al que lo busque. Y
los mensajeros echan pie a tierra y lo saludan con amor y respeto.
IX
Blancandrín es el primero en hablar. Dícele al rey:
-¡Os saludo en nombre del glorioso Dios que debemos adorar! Oíd lo que os manda decir el
valeroso rey Marsil. Se ha instruido en la ley salvadora; por ello quiere daros riquezas a profusión,
osos y leones, perros que se pueden llevar con correa, setecientos camellos y mil azores mudados,
cuatrocientas mulas, cargadas de oro y plata, cincuenta carros con los que formaréis un cortejo, y
colmados de tantos besantes de oro fino que podréis pagar con largueza a vuestros mercenarios.
Durante largo tiempo permanecisteis en esta tierra. A Aquisgrán, en Francia, os convendría
regresar. Allí os seguirá, os lo promete, mi señor.
El emperador alza las manos hacia Dios, inclina la cabeza y se pone a meditar.
X
El emperador mantiene inclinada la cabeza. Jamás fueron apresuradas sus palabras: tal es su
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costumbre, sólo habla cuando le viene en gana. Cuando por fin se yergue, resplandece de orgullo
su rostro.
LITERATURA I
-Habéis hablado muy bien -contesta a los mensajeros-. Mas el rey Marsil es mi gran enemigo. ¿Qué
garantía tendré yo sobre las palabras que acabáis de pronunciar?
-Tendréis rehenes -replica el sarraceno-. Diez, quince o veinte. Así deba perecer, pondré con ellos
a un hijo mío, y recibiréis, según creo, otros de mayor alcurnia. Cuando os encontréis en vuestro
soberbio palacio, durante la gran fiesta de San Miguel del Peligro, estará junto a vos mi señor, os lo
asegura. Allí, en vuestras fuentes, que Dios hizo para vos, quiere recibir el bautismo.
Responde Carlos:
-Quizá pueda alcanzar aún la salvación.
XI
La tarde es hermosa y luce claro el sol. Carlos ordena que las diez mulas sean conducidas al
establo y hace levantar una tienda en el gran vergel. Allí dará albergue a los diez mensajeros; doce
sargentos cuidan con esmero de su servicio. Reposan esa noche hasta que despunta el claro día. El
emperador se ha levantado temprano; ha escuchado misa y maitines. Se ha retirado bajo un pino
y manda llamar a sus barones para hacerse aconsejar: en toda circunstancia, quiere que sus guías
sean los de Francia.
XII
El emperador Se halla bajo un pino; ha llamado a sus barones para escuchar su consejo; el duque
Ogier y el arzobispo Turpín, Ricardo el Viejo y su sobrino Enrique, y también el animoso conde de
Gascuña Acelino, Tibaldo de Reims y su primo Milón. Vienen asimismo Gerer y Garín; y con ellos el
conde Roldán y Oliveros, el noble y denodado; son más de mil los guerreros de Francia; también se
halla Ganelón, el que había de traicionarlos. Da comienzo entonces el consejo que debía acarrear
terrible infortunio.
XIII
-Señores barones -dice el emperador Carlos-, el rey Marsil me ha enviado sus mensajeros. Desea
darme de sus riquezas a profusión: osos y leones, perros amaestrados para que se les pueda llevar
con correa, setecientos camellos y mil azores a punto de ser mudados, cuatrocientas mulas
cargadas de oro de Arabia y además cincuenta carros. Pero me pide que me retire a Francia: dice
que me seguirá a Aquisgrán, a mi palacio, y que recibirá nuestra ley, la más santa, según confiesa;
será cristiano, tendrá sus tierras como vasallo mío. Pero ignoro cuál es el fondo de su corazón.
-Desconfiemos -dicen los franceses.
XIV
El emperador ha expresado su pensamiento. El conde Roldán, que no está de acuerdo, al momento
se yergue para contrariarlo. Le dice al rey:
-¡Desdichado de vos, si creéis las palabras de Marsil! Son ya siete años enteros los que llevamos
en España. He conquistado para vos Noples y Comibles; he tomado Valtierra y las tierras de Pina,
Balaguer, Tudela y Sevil. Entonces el rey Marsil llevó a cabo una gran traición: envió a quince de sus
infieles hacia vos, llevaban todos una rama de olivo en la mano y os dijeron las mismas palabras
que ahora. Pedisteis consejo a vuestros franceses. A fe que os lo dieron muy insensato: enviasteis
al infiel a dos de vuestros condes, uno era Basan y el otro. Basilio; cerca de Altamira, en pleno
monte, cortó sus cabezas. ¡Continuad la guerra como la emprendisteis! Conducid a Zaragoza a la
flor de vuestro ejército; ponedle sitio, así deba durar toda vuestra vida, y vengad aquellos que el
traidor mandó matar.
XV
El emperador mantiene inclinada la cabeza. Alisa su barba y manosea su mostacho; ni aprueba a su 115
sobrino, ni lo regaña: nada responde. Los franceses guardan silencio, excepto Ganelón. Se pone de
BLOQUE III Acercamiento a las épocas literarias
pie, e irguiendo el cuerpo, se presenta ante Carlos. Con gran altivez comienza a hablar, y dice al rey:
-¡Ay de vos si escucháis al villano, sea yo, o cualquier otro, que no os aconsejara para vuestro bien!
Cuando el rey Marsil os manda decir que se convertirá en vuestro vasallo, juntas las manos, y que
recibirá toda España como un don de vuestra gracia, y que además acatará la ley que nosotros
observamos, aquel que os aconseje que desechemos semejante acuerdo en poco aprecia, señor,
nuestra vida. No debe prevalecer un consejo de orgullo. ¡Dejemos a los locos, atengámonos a los
juiciosos!
Anónimo
5.- ¿Primero yo, después yo y al último yo?
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