PROF.
AGUSTINA PASSARELLA 2° AT - PSICOFARMACOLOGIA
¿Qué es la ansiedad?
La ansiedad es un sentimiento de miedo, temor e inquietud. Puede hacer que sude, se sienta
inquieto y tenso, y tener palpitaciones. Puede ser una reacción normal al estrés. Por ejemplo, puede
sentirse ansioso cuando se enfrenta a un problema difícil en el trabajo, antes de tomar un examen o
antes de tomar una decisión importante. Si bien la ansiedad puede ayudar a enfrentar una situación,
además de darle un impulso de energía o ayudarle a concentrarse, para las personas con trastornos
de ansiedad el miedo no es temporal y puede ser abrumadora.
¿Qué causa los trastornos de ansiedad?
No se conoce la causa de la ansiedad. Factores como la genética, la biología y química del cerebro, el
estrés y su entorno pueden tener un rol.
¿Quién está en riesgo de tener trastornos de ansiedad?
Los factores de riesgo para los diferentes tipos de trastornos de ansiedad pueden variar. Por
ejemplo, el trastorno de ansiedad generalizada y las fobias son más comunes en las mujeres, pero la
ansiedad social afecta a hombres y mujeres por igual. Existen algunos factores de riesgo generales
para todos los tipos de trastornos de ansiedad, incluyendo:
Ciertos rasgos de personalidad, como ser tímido o retraído cuando está en situaciones nuevas o
conoce personas nuevas
Eventos traumáticos en la primera infancia o la edad adulta
Antecedentes familiares de ansiedad u otros trastornos mentales
Algunas afecciones de salud física, como problemas de tiroides o arritmia
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¿Cuáles son los síntomas de los trastornos de ansiedad?
Los diferentes tipos de trastornos de ansiedad pueden tener síntomas diferentes. Pero todos
muestran una combinación de:
Pensamientos o creencias ansiosos difíciles de controlar: Le hacen sentir inquieto y tenso e
interfieren con su vida diaria. No desaparecen y pueden empeorar con el tiempo
Síntomas físicos, como latidos cardíacos fuertes o rápidos, dolores y molestias inexplicables,
mareos y falta de aire
Cambios en el comportamiento, como evitar las actividades cotidianas que solía hacer
El uso de cafeína, otras sustancias y ciertos medicamentos pueden empeorar sus síntomas.
¿Cómo se diagnostican los trastornos de ansiedad?
Para diagnosticar los trastornos de ansiedad, su profesional de la salud le preguntará sobre sus
síntomas e historial médico. También es posible que le hagan un examen físico y pruebas de
laboratorio para verificar que otro problema de salud no sea la causa de sus síntomas.
Si no tiene otro problema de salud, recibirá una evaluación psicológica. Su proveedor puede hacerlo,
o puede ser derivado a un profesional de salud mental para ello.
¿Cuáles son los tratamientos para los trastornos de ansiedad?
Los principales tratamientos para los trastornos de ansiedad son psicoterapia (terapia de
conversación), medicamentos o ambos:
La terapia cognitiva conductual es un tipo de psicoterapia que a menudo se usa para tratar
los trastornos de ansiedad. Enseña diferentes formas de pensar y comportarse. Puede
ayudarle a cambiar cómo reacciona ante las cosas que le causan miedo y ansiedad. Puede
incluir terapia de exposición, la que se enfoca en confrontar sus miedos para que pueda
hacer las cosas que ha estado evitando
Los medicamentos para tratar los trastornos de ansiedad incluyen medicamentos contra la
ansiedad y ciertos antidepresivos. Algunos tipos de medicamentos pueden funcionar mejor
para tipos específicos de trastornos de ansiedad. Debe comunicarse bien con su profesional
de la salud para identificar qué medicamento es mejor para usted. Es posible que deba
probar más de un medicamento antes de encontrar el correcto
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TIPOS DE ANSIEDAD
TRASTORNO DE ANSIEDAD GENERALIZADA
El trastorno de ansiedad generalizada consiste en la presencia de un estado de preocupación y
nerviosismo excesivos en relación con diversas actividades o acontecimientos. Las personas
afectadas sufren ansiedad la mayoría de los días durante un periodo de 6 meses o más.
La persona afectada está ansiosa y preocupada por diversos temas, actividades y situaciones, y no
por un único tipo de asuntos.
Para establecer el diagnóstico de este trastorno, la ansiedad ha de ir acompañada de otros síntomas
(como, por ejemplo, tendencia a cansarse con facilidad, dificultad para concentrarse y tensión
muscular).
El tratamiento consiste en una combinación de fármacos (generalmente ansiolíticos y a veces
antidepresivos) y psicoterapia.
El trastorno de ansiedad generalizada es un tipo frecuente de trastorno de ansiedad. Presenta una
prevalencia anual cercana a un 3% de la población adulta. Las mujeres tienen un riesgo dos veces
mayor de sufrir este trastorno. A menudo comienza en la infancia o en la adolescencia (véase
Trastorno de ansiedad generalizada en niños), pero su inicio puede darse a cualquier edad.
En la mayoría de las personas el trastorno tiene un curso fluctuante, con empeoramiento en
periodos de estrés, y persiste a lo largo de muchos años.
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Síntomas de ansiedad generalizada
Las personas con trastorno de ansiedad generalizada experimentan un estado de preocupación o
malestar constante que les resulta difícil de controlar. La intensidad, frecuencia o duración de la
preocupación es mayor a la situación.
Las preocupaciones son de carácter general y pueden referirse a diversos temas, si bien es frecuente
que con el tiempo vayan pasando de un tema a otro. Entre las preocupaciones habituales se incluyen
las responsabilidades laborales y familiares, el dinero, la salud, la seguridad, las reparaciones del
automóvil y las labores domésticas.
Diagnostico de la ansiedad generalizada
Evaluación de un médico, en base a criterios específicos
Para que un médico diagnostique un trastorno de ansiedad generalizada, la persona afectada debe
experimentar preocupación o ansiedad que
Es excesiva
Está relacionada con una serie de actividades y eventos diversos
Está presente la mayoría de los días durante un periodo de 6 meses o más
Además, la persona afectada debe presentar 3 o más de los siguientes síntomas:
Inquietud o sensación de tensión o desasosiego
Tendencia a cansarse fácilmente
Dificultad para concentrarse
Irritabilidad
Tensión muscular
Alteraciones del sueño
Antes de diagnosticar el trastorno de ansiedad generalizada, los médicos realizan un examen físico.
Pueden practicar un análisis de sangre u otras pruebas para asegurarse de que los síntomas no son
causados por un trastorno físico o por el uso de un fármaco.
Tratamiento de la ansiedad generalizada
Una combinación de psicoterapia y tratamiento farmacológico.
El tratamiento consiste a menudo en una combinación de terapia farmacológica y psicoterapia. Esta
última puede abordar las causas de la ansiedad y proporcionar herramientas para hacerle frente.
La terapia cognitivo-conductual ha demostrado ser beneficiosa en el tratamiento del trastorno de
ansiedad generalizada. Con esta terapia, las personas aprenden a hacer lo siguiente:
Reconocer en qué aspectos está distorsionado su pensamiento
Controlar su pensamiento distorsionado
Modificar su comportamiento en consecuencia
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TRASTORNO DE PANICO
Un ataque de pánico es miedo o ansiedad repentinos e intensos que pueden provocarle falta de aire
o mareo, o hacer que tenga palpitaciones. Puede sentirse fuera de control. Algunas personas creen
que están teniendo un ataque al corazón o que están a punto de morir. Un ataque suele durar de 5 a
20 minutos. Pero puede durar incluso más, hasta unas pocas horas. Usted tiene la máxima ansiedad
aproximadamente 10 minutos después de que comienza el ataque. Si estos ataques suceden a
menudo, se los llama trastorno de pánico.
Los ataques de pánico pueden ser aterradores y tan graves que pueden interferir en sus actividades
diarias. El tratamiento puede ayudar a la mayoría de las personas para que tengan menos síntomas,
o incluso detener los ataques.
¿Qué causa los ataques de pánico y el trastorno de pánico?
Los expertos no están seguros de qué es lo que provoca los ataques de pánico y el trastorno de
pánico. Pero el cuerpo tiene una respuesta natural cuando está estresado o en peligro. Acelera el
corazón, hace que respire más rápido y le da una descarga de energía. Esto se llama respuesta de
lucha o huida. Lo prepara para hacer frente al peligro o huir de él. Un ataque de pánico se produce
cuando se presenta esta respuesta cuando no hay peligro.
Los ataques de pánico y el trastorno de pánico pueden ser causados por un desequilibrio de las
sustancias químicas del cerebro o cuando existen antecedentes familiares de trastorno de pánico.
Algunas veces suceden sin una causa clara.
Los ataques de pánico también pueden ser provocados por:
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Un problema de salud, como la tiroides hiperactiva (hipertiroidismo), o problemas cardíacos
o respiratorios.
Depresión u otro trastorno del estado de ánimo.
Abuso del alcohol.
Consumir demasiada nicotina o demasiada cafeína.
Tomar ciertos medicamentos, como los utilizados para tratar el asma y problemas del
corazón.
Usar drogas ilegales, como la marihuana o la cocaína.
Vivir con altos niveles de estrés durante mucho tiempo.
¿Cuáles son los síntomas?
Los síntomas de un ataque de pánico pueden incluir:
Una sensación de miedo, terror o ansiedad intensos.
Dificultad para respirar o respiración muy rápida.
Dolor u opresión en el pecho.
Latido del corazón acelerado o que no es regular.
Sudoración.
Náuseas o malestar estomacal.
Mareo y temblores.
Entumecimiento u hormigueo.
Los síntomas del trastorno de pánico podrían incluir:
Ataques reiterados de angustia cuando no hay razón para la reacción de pelear o huir.
Cambio de actividades diarias debido a que le preocupa que vaya a tener otro ataque.
Algunas personas tienen miedo de estar en multitudes, de hacer una fila o de entrar a
centros comerciales. Tienen miedo de tener otro ataque de pánico o de no poder escapar.
Este problema se llama agorafobia. Puede ser tan grave para algunas personas que nunca
salen de su hogar.
Las personas con trastorno de pánico suelen tener depresión al mismo tiempo.
¿Cómo se tratan?
El tratamiento para los ataques de pánico y el trastorno de pánico incluye asesoría psicológica,
especialmente la terapia cognitivo-conductual (CBT, por sus siglas en inglés). Los medicamentos
también podrían ayudar. El tratamiento puede ayudar a la mayoría de las personas a controlar o
incluso detener los ataques. Pero los síntomas pueden volver, sobre todo si se detiene el
tratamiento demasiado pronto.
El tratamiento temprano de los ataques de pánico es muy importante. Puede prevenir otros
problemas relacionados con el trastorno de pánico. Estos problemas incluyen depresión, trastornos
de ansiedad y abuso de sustancias.
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TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO
El trastorno obsesivo compulsivo (TOC) se caracteriza por un patrón de pensamientos y miedos no
deseados (obsesiones) que provocan comportamientos repetitivos (compulsiones). Estas obsesiones
y compulsiones interfieren en las actividades diarias y causan un gran sufrimiento emocional.
Puedes intentar ignorar o detener tus obsesiones, pero eso solo aumenta tu sufrimiento emocional y
ansiedad. Finalmente, sientes la necesidad de realizar actos compulsivos para tratar de aliviar el
estrés. A pesar de los esfuerzos por ignorar o deshacerte de los pensamientos o impulsos que te
molestan, estos vuelven una y otra vez. Esto conduce a más comportamientos ritualistas, el círculo
vicioso del trastorno obsesivo compulsivo.
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El trastorno obsesivo compulsivo a menudo se centra en ciertos temas, por ejemplo, un miedo
excesivo a contaminarse con gérmenes. Para aliviar los temores de contaminación, puedes lavarte
compulsivamente las manos hasta que estén irritadas y agrietadas.
Si tienes un trastorno obsesivo compulsivo, puedes sentirte avergonzado y apenado por la afección,
pero el tratamiento puede ser eficaz.
Síntomas
El trastorno obsesivo compulsivo suele incluir tanto obsesiones como compulsiones. Pero también
es posible tener solo síntomas de obsesión o solo síntomas de compulsión. Puedes o no darte cuenta
de que tus obsesiones y compulsiones son excesivas o irrazonables, pero ocupan mucho tiempo e
interfieren en tu rutina diaria y en tu funcionamiento social, escolar o laboral.
Síntomas de obsesión
Las obsesiones del trastorno obsesivo compulsivo son pensamientos, impulsos o imágenes
repetidos, persistentes y no deseados que son intrusivos y causan aflicción o ansiedad. Podrías tratar
de ignorarlos o deshacerte de ellos realizando un comportamiento o ritual compulsivo. Estas
obsesiones suelen entrometerse cuando intentas pensar o hacer otras cosas.
Las obsesiones a menudo tienen temáticas, tales como las siguientes:
Miedo a la contaminación o a la suciedad
Dudar y tener dificultades para tolerar la incertidumbre
Necesidad de tener las cosas ordenadas y simétricas
Pensamientos agresivos u horribles sobre la pérdida de control y el daño a sí mismo o a
otros
Pensamientos no deseados, incluida la agresión, o temas sexuales o religiosos
Algunos ejemplos de los signos y síntomas de la obsesión incluyen lo siguiente:
Miedo a ser contaminado por tocar objetos que otros han tocado
Dudas de que hayas cerrado la puerta o apagado la estufa
Estrés intenso cuando los objetos no están ordenados o posicionados de cierta manera
Imágenes de conducir tu automóvil entre una multitud de gente
Pensamientos sobre gritar obscenidades o actuar inapropiadamente en público
Imágenes sexuales desagradables
Evitar las situaciones que pueden desencadenar obsesiones, como el apretón de manos
Síntomas de la compulsión
Las compulsiones del trastorno obsesivo compulsivo son comportamientos repetitivos que te sientes
impulsado a realizar. Estos comportamientos repetitivos o actos mentales tienen como objetivo
reducir la ansiedad relacionada con las obsesiones o evitar que algo malo suceda. Sin embargo,
dejarse llevar por las compulsiones no trae ningún placer y puede ofrecer solo un alivio temporal de
la ansiedad.
Puedes inventar reglas o rituales que te ayuden a controlar la ansiedad cuando tengas pensamientos
obsesivos. Estas compulsiones son excesivas y a menudo no están relacionadas de manera realista
con el problema que pretenden solucionar.
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Al igual que las obsesiones, las compulsiones suelen tener temas como:
Lavado y limpieza
Comprobación
Recuento
Orden
Seguir una rutina estricta
Exigir tranquilidad
Algunos ejemplos de signos y síntomas de compulsión incluyen los siguientes:
Lavarse las manos hasta que la piel se vuelve áspera
Comprobar las puertas repetidamente para asegurarnos de que están cerradas
Revisar la cocina repetidamente para asegurarnos de que está apagada
Contar en ciertos patrones
Repetir en silencio una oración, palabra o frase
Arreglar las conservas para que tengan el mismo frente
El trastorno obsesivo compulsivo suele comenzar en la adolescencia o en la edad adulta joven, pero
puede comenzar en la infancia. Los síntomas suelen comenzar progresivamente y tienden a variar en
su gravedad a lo largo de la vida. Los tipos de obsesiones y compulsiones que experimentas también
pueden cambiar con el tiempo. Los síntomas suelen empeorar cuando se experimenta un mayor
estrés. El trastorno obsesivo compulsivo, que suele considerarse un trastorno de por vida, puede
tener síntomas de leves a moderados o ser tan grave y prolongado que se vuelve incapacitante.
¿Cuándo debes consultar a un médico?
Hay una diferencia entre ser un perfeccionista (por ejemplo, alguien que busca resultados perfectos
o un rendimiento impecable) y tener un trastorno obsesivo compulsivo. Los pensamientos de una
persona con trastorno obsesivo compulsivo no son simplemente preocupaciones excesivas por
problemas reales en sus vidas o el placer de tener las cosas limpias u ordenadas de una manera
específica.
Si tus obsesiones y compulsiones están afectando tu calidad de vida, consulta al médico o a un
profesional de la salud mental.
Solicite una consulta
Complicaciones
Los problemas derivados del trastorno obsesivo compulsivo pueden incluir los siguientes, entre
otros:
El tiempo excesivo dedicado a los comportamientos rituales
Cuestiones de salud, como la dermatitis de contacto por el lavado frecuente de manos
Dificultad para asistir al trabajo, la escuela o las actividades sociales
Relaciones problemáticas
Mala calidad de vida en general
Pensamientos y comportamiento suicidas
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FOBIAS
Aproximadamente un 10 % de las personas tienen alguna fobia específica, las más frecuentes son a
la sangre, a los animales, a volar, a espacios pequeños (claustrofobia), etc. Estos distintos tipos de
fobias son miedos excesivos que pueden resultar muy incapacitantes para algunas personas que ven
limitada su libertad para tomar decisiones, por lo que se afecta a su calidad de vida. Las personas
con fobia específica, suelen tener miedo a una media de tres situaciones u objetos. El tratamiento de
la fobia específica de elección es mediante la terapia de exposición, aunque en algunos casos es
necesario complementar con medicación.
Se encuentran divididas en tres tipos distintos: Agorafobia, Fobia social y Fobias específicas. La
Agorafobia es el temor a verse en una situación en la que pedir ayuda pueda resultar difícil o
embarazoso. La Fobia social es el temor o ansiedad a las situaciones de interacción social en las que
la persona pueda sentirse analizada por los demás. Por último, la Fobia específica es el miedo o
ansiedad circunscrita a objetos o situaciones concretos, a los que denominamos estímulos fóbicos.
En este artículo vamos a desarrollar las Fobias específicas.
En la Fobia específica, el miedo no lo suele producir directamente el objeto o la situación temida,
sino que lo provoca las supuestas consecuencias que tendría exponerse al estímulo fóbico. De ahí
que las personas con miedo a las alturas no teman los edificios altos, sino el riesgo de caer al vacío.
Igualmente, las personas con miedo a conducir no temen el acto de conducir, sino las consecuencias
de un supuesto accidente de circulación. El síndrome fóbico puede dividirse en tres componentes
que se cierran en un círculo:
La ansiedad anticipatoria que aparece antes de enfrentarse o al imaginar el estímulo fóbico.
El temor en el momento de la exposición
Las conductas de evitación que aparecen después de haber sentido el miedo y que
consiguen mitigar la ansiedad anticipatoria.
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Los estímulos fóbicos pueden ser animales (incluye insectos y arañas), fenómenos naturales
(tormentas, alturas, mares, etc.), sangre (agujas, jeringillas, accidentes, etc.) o situaciones (aviones,
ascensores, etc.). La intensidad del miedo o ansiedad provocados debe ser excesiva, irracional y
persistente en el tiempo (al menos 6 meses). El temor a la situación u objeto debe ser excepcional,
lejos de lo convencional en la cultura del sujeto y desproporcionado al peligro real. La persona que lo
sufre es consciente de la desproporcionalidad, pero no puede evitar sentir miedo.
¿Cómo se vive una situación fóbica?
Las personas con Fobia específica reaccionan con miedo cuando se enfrentan al estímulo fóbico y el
resto del tiempo, lo evitan. Esto significa que aunque el estímulo no esté presente físicamente, sí lo
está en su mente y limita su capacidad de decidir libremente. Las conductas de evitación pueden ser
más o menos incapacitantes: pueden ser desde poco significativas hasta producir un total
aislamiento.
“En algunos casos, las conductas de evitación se convierten en la parte más invalidante del
trastorno.”
En cuanto al miedo, todos lo hemos sentido alguna vez: aparece una sensación de nerviosismo que
recorre el cuerpo entero, se acelera el corazón, la respiración se intensifica, aumenta la sudoración y
puede aparecer temblor. Es como si se activara el sensor de peligro y nuestra supervivencia corriera
peligro. El malestar suele ser breve si se consigue huir o evitar la situación temida.
De forma particular, las personas que tiene fobia a la sangre, a las agujas o a las inyecciones tienen
una elevada facilidad para sufrir un desmayo (síncope vasovagal) en el momento de la exposición.
Diagnóstico de las fobias
A pesar de lo frecuentes que son las fobias, raramente se convierten en el motivo de consulta en
salud mental. Normalmente, son síntomas que comentan los pacientes de soslayo cuando acuden a
la consulta del especialista por otra causa. En menor medida, las personas con Fobia específica
pueden acudir a la consulta del especialista cuando algún cambio vital reciente le obliga a tener que
enfrentar la situación temida. En cualquier caso, las personas que buscan ayuda para sus Fobias
específicas son aquellas que son muy incapacitantes, son fobias múltiples o las que provocan crisis
de pánico en el contexto fóbico.
El diagnóstico de la Fobia específica parece muy sencillo ya que la propia persona que lo sufre es
consciente de su problema. Sin embargo, son muchas las personas que no consultan por este
problema y terminan sufriendo otros problemas asociados, como depresión, baja autoestima o
consumo de sustancias. Muchas personas con Fobia específica se limitan a evitar la situación u
objeto temido sin darse cuenta que su libertad se ve muy limitada. Por ejemplo, una persona con
miedo a las serpientes que viva en una ciudad puede llegar a ver muy restringida su salida a la
naturaleza los fines de semana o en vacaciones. Por el contrario, una persona que viva en el campo y
tenga fobia a los ascensores pueda rechazar un empleo en una ciudad porque la oficina esté situada
en un piso alto. La vergüenza suele ser una emoción muy presente en estos casos, que impide a la
persona hablar abiertamente de sus miedos y reconocer sus limitaciones funcionales.
PROF. AGUSTINA PASSARELLA 2° AT - PSICOFARMACOLOGIA
Tratamiento de las fobias específicas
El tratamiento más consensuado para las fobias específicas es la psicoterapia. Dentro de las distintas
corrientes de psicoterapia, es la terapia cognitivo conductual la que más evidencia tiene. Se
denomina Terapia de exposición a la técnica cognitivo-conductual que se utiliza para tratar las
fobias.
En el caso de la fobia a la sangre, inyecciones y agujas, se recomienda al paciente que aplique
tensión a sus músculos, especialmente en las piernas, para evitar el desmayo durante los momentos
de exposición.
Terapia de exposición
La terapia de exposición es considerada por la mayoría de las guías de práctica clínica como la
primera elección en el tratamiento de fobia específica. Puede ser in vivo, en la que se acompaña al
paciente durante la exposición, o puede ser mediante imaginación guiada.
El primer paso en la terapia de exposición consiste en que el terapeuta enseñe al paciente a
reconocer su ansiedad y aprenda a nombrar su intensidad. Después le enseña técnicas de relajación
para poder enfrentarse gradual y lentamente al estímulo fóbico. Esta exposición escalonada es lo
que se conoce como desensibilización sistemática. Cognitivamente, se muestra al paciente lo
irracional de su temor y que el estímulo fóbico no es tan peligroso como creía.
Tratamiento farmacológico de la Fobia específica
Los tratamientos farmacológicos para la Fobia específica son menos eficaces que los tratamientos
psicológicos. No obstante, existen algunos casos que se pueden beneficiar de medicación. Los
medicamentos suelen emplearse cuando no ha habido mejoría con la psicoterapia, en situaciones
muy invalidantes o en casos en los que existan crisis de pánico que responden muy bien. El
tratamiento más adecuado son los antidepresivos, aunque puntualmente se pueden utilizar
benzodiacepinas y betabloqueantes. A pesar de su nombre, los antidepresivos son muy buenos
ansiolíticos y actúan directamente sobre la respuesta del miedo y la ansiedad. Son tratamientos muy
seguros, muy eficaces y que combinan muy bien con la psicoterapia. Se recomendaría mantener
aproximadamente 12 meses el tratamiento una vez hayan desaparecido los síntomas. Si
reaparecieran los síntomas al suspender el fármaco, habría que plantearse un tratamiento más
prolongado.
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TRASTORNO POR ESTRES POSTRAUMATICO
Algunas personas desarrollan trastorno de estrés postraumático (también conocido como TEPT)
después de experimentar un hecho impactante, aterrador o peligroso. En inglés, a menudo se
conoce este trastorno como PTSD por sus siglas.
Es natural sentir miedo durante y después de una situación traumática. El temor forma parte de la
respuesta normal de "lucha o huida" del cuerpo, que nos ayuda a evitar o a responder ante un
posible peligro. Después de un acontecimiento traumático, algunas personas pueden experimentar
una variedad de reacciones, pero con el transcurso del tiempo la mayoría superará sus síntomas. A
aquellas personas que continúan experimentando síntomas se les puede diagnosticar trastorno por
estrés postraumático.
¿A quién le da el trastorno por estrés postraumático?
Cualquier persona puede tener trastorno por estrés postraumático a cualquier edad. Esto incluye
veteranos de guerra así como personas que han experimentado o presenciado una agresión física o
sexual, maltratos, un accidente, una catástrofe, un ataque terrorista u otros hechos graves. Las
personas con este trastorno pueden sentirse estresadas o asustadas, incluso cuando ya no corren
peligro.
No todas las personas con estrés postraumático han pasado por un hecho peligroso. En algunos
casos, con solo saber que un familiar o amigo cercano experimentó un acontecimiento traumático se
puede desencadenar este trastorno.
¿Cuáles son los síntomas del trastorno por estrés postraumático?
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Por lo general, los síntomas del estrés postraumático comienzan dentro de los tres meses
posteriores al incidente traumático, pero a veces surgen más tarde. Para cumplir con los criterios del
trastorno por estrés postraumático, los síntomas deben durar más de un mes y deben ser lo
suficientemente graves como para interferir en aspectos de la vida diaria, como las relaciones
personales o laborales. Los síntomas tampoco deben estar relacionados con medicamentos, el uso
de sustancias u otras enfermedades.
El curso de la enfermedad varía y aunque algunas personas se recuperan en seis meses, otras tienen
síntomas que duran un año o más. A menudo, las personas con este trastorno tienen afecciones
concurrentes, como depresión, trastorno por uso de sustancias o uno o más trastornos de ansiedad.
Después de haber tenido una experiencia peligrosa, es natural tener algunos síntomas o incluso
sentirse desasociado de la experiencia, como si estuviera observando las cosas, en lugar de estar
viviéndolas. Un proveedor de atención médica, como un psiquiatra, un psicólogo o un trabajador
social clínico, que tenga experiencia en ayudar a las personas con enfermedades mentales puede
determinar si los síntomas cumplen con los criterios de este trastorno.
Para que un adulto reciba un diagnóstico de trastorno por estrés postraumático, debe tener todo lo
siguiente por lo menos durante un mes:
al menos un síntoma de recuerdos intrusivos (o reviviscencia),
al menos un síntoma de evasión,
al menos dos síntomas de hipervigilancia y reactividad,
al menos dos síntomas cognitivos y del estado de ánimo.
Síntomas de recuerdos intrusivos
Experimentar flashbacks, o revivir mentalmente el acontecimiento traumático una y otra
vez, incluso acompañado de síntomas físicos como palpitaciones o sudoración.
Tener recuerdos o sueños recurrentes relacionados con el acontecimiento.
Tener pensamientos angustiantes.
Presentar indicios físicos de estrés.
Los pensamientos y los sentimientos pueden desencadenar estos síntomas, al igual que las
palabras, los objetos o las situaciones que hacen recordar lo ocurrido.
Síntomas de evasión
Mantenerse alejado de lugares, acontecimientos u objetos que hacen recordar la
experiencia.
Evitar pensamientos o sentimientos relacionados con el hecho traumático.
Los síntomas de evasión pueden hacer que la persona cambie su rutina. Por ejemplo,
después de un accidente automovilístico grave, puede evitar conducir o viajar en automóvil.
Síntomas de hipervigilancia y reactividad
Sobresaltarse fácilmente.
Sentirse tenso, mantenerse en guardia o estar “con los nervios de punta”.
Tener dificultad para concentrarse.
Tener problemas para conciliar el sueño o permanecer dormido.
Sentirse irritable y tener arrebatos de ira o agresividad.
Mostrar comportamientos arriesgados, imprudentes o destructivos.
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Con frecuencia hay síntomas de hipervigilancia presentes, los que pueden provocar sentimientos de
estrés y enojo y pueden interferir en tareas de la vida diaria, como dormir, comer o concentrarse.
Síntomas cognitivos y del estado de ánimo
Experimentar problemas para recordar detalles importantes de la experiencia traumática.
Tener pensamientos negativos sobre uno mismo o el mundo.
Tener pensamientos distorsionados sobre el acontecimiento que causan sentimientos de
culpa.
Experimentar emociones negativas continuas, como miedo, ira, culpa o vergüenza.
Perder el interés en actividades en las que participaba antes.
Sentirse socialmente aislado.
Tener dificultad para sentir emociones positivas, como felicidad o satisfacción.
Los síntomas cognitivos y del estado de ánimo pueden comenzar o empeorar después de la
experiencia traumática. Estos síntomas pueden hacer que la persona se sienta aislada o
desconectada de sus amigos o familiares.
¿Cómo reaccionan los niños y los adolescentes ante las experiencias traumáticas?
Los niños y los adolescentes pueden tener reacciones extremas ante una experiencia traumática,
pero es posible que sus síntomas no sean iguales a los de los adultos. En los niños menores de 6
años, estos síntomas pueden incluir:
orinarse en la cama después de haber aprendido a ir al baño,
olvidarse de cómo hablar o no poder hacerlo,
representar la experiencia traumática a la hora de jugar,
aferrarse de forma inusual a sus padres o a otro adulto.
A menudo, los niños más grandes y los adolescentes muestran síntomas más parecidos a los
observados en los adultos. También pueden presentar conductas disruptivas, irrespetuosas o
destructivas. Los niños más grandes y los adolescentes pueden sentirse culpables por no haber
evitado lesiones o muertes. También pueden tener pensamientos de venganza.
¿Por qué algunas personas experimentan el trastorno por estrés postraumático y otras
no?
No todas las personas que atraviesan por una situación peligrosa tendrán el trastorno por estrés
postraumático. Hay muchos factores que desempeñan una función en esto. Algunos de estos
factores están presentes antes de la experiencia traumática y otros cobran importancia durante y
después del acontecimiento traumático.
Los factores de riesgo que pueden aumentar la probabilidad de tener el trastorno por estrés
postraumático incluyen:
haber pasado por circunstancias peligrosas o traumáticas;
salir lastimado o ver a personas heridas o que fallecen;
haber tenido traumas infantiles;
sentir terror, impotencia o miedo extremo;
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tener poco o ningún apoyo social después del acontecimiento traumático;
enfrentar estrés adicional después de la experiencia traumática, como la pérdida de un ser
querido, dolor y lesiones, o la pérdida del trabajo o del hogar;
tener antecedentes personales o familiares de enfermedades mentales o del uso de
sustancias.
Los factores de resiliencia que pueden reducir la probabilidad de presentar el trastorno por estrés
traumático incluyen:
buscar ayuda de amigos, familiares o grupos de apoyo;
aprender a sentirse bien con la forma en que actuó como respuesta a la experiencia
traumática;
contar con una estrategia de afrontamiento para superar y aprender de un evento
traumático;
estar preparado y ser capaz de responder a acontecimientos perturbadores cuando estos
ocurran, a pesar de sentir miedo.
¿Cómo se trata el trastorno por estrés postraumático?
Es importante que cualquier persona con síntomas de estrés postraumático consulte con un
profesional de la salud mental que tenga experiencia en el tratamiento de este trastorno. Entre los
tratamientos principales se encuentran la psicoterapia, los medicamentos o ambos. Un profesional
experimentado en salud mental puede ayudar a las personas a encontrar el plan de tratamiento que
aborde sus síntomas y satisfaga necesidades.
Algunas personas con este trastorno pueden estar viviendo un trauma continuo, como estar en una
relación abusiva. En estos casos, el tratamiento suele ser más eficaz cuando aborda tanto la
situación traumática como los síntomas. Las personas que tienen trastorno por estrés postraumático
o que están expuestas a una situación traumática también pueden experimentar trastornos de
pánico, depresión, uso de sustancias o pensamientos suicidas. El tratamiento para estas afecciones
puede ayudar a la recuperación después de la experiencia traumática. Las investigaciones muestran
que el apoyo de familiares y amigos también puede ser una parte importante de la recuperación.