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El Principio de La Perseverancia

El documento aborda el principio de la perseverancia en la fe cristiana, enfatizando que aquellos que se mantienen firmes en la doctrina de Cristo y enfrentan adversidades serán salvos. Se utilizan ejemplos bíblicos, como Job y los tres jóvenes hebreos, para ilustrar la importancia de resistir ante la presión social y las dificultades. La conclusión resalta que perseverar implica una resistencia activa y firmeza ante los desafíos de la vida, manteniendo la fe en Dios.

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El Principio de La Perseverancia

El documento aborda el principio de la perseverancia en la fe cristiana, enfatizando que aquellos que se mantienen firmes en la doctrina de Cristo y enfrentan adversidades serán salvos. Se utilizan ejemplos bíblicos, como Job y los tres jóvenes hebreos, para ilustrar la importancia de resistir ante la presión social y las dificultades. La conclusión resalta que perseverar implica una resistencia activa y firmeza ante los desafíos de la vida, manteniendo la fe en Dios.

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El Principio de la Perseverancia

2 Juan 1:9-11 “Cualquiera que se extravía, y no persevera en


la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la
doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al [Link] alguno
viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en
casa, ni le digáis: ¡Bienvenido!

“Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; más el que


persevere hasta el fin, éste ser salvo.” Mateo 10:22

En el capítulo 24 del Evangelio de Mateo, Jesús traza un cuadro de las


condiciones prevalecientes hasta el fin de los tiempos y les señala cuál
será su tarea permanente en medio de la apostasía: PERSEVERAR.

Tanto Jesús como sus apóstoles nos enseñaron a ser perseverantes en


medio de las crisis. Hoy yo quiero concentrar mi atención en esta
expresión de Jesús: “Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.”
(Mateo 24:13).

Esta expresión no significa que la gente será salva en el tiempo de la


tribulación por su perseverancia. La Biblia enseña que la salvación es un
regalo de Dios que se recibe por la fe en la muerte y resurrección de
Cristo. La fe que salva tiene siempre la cualidad de permanecer, de
perseverar firme bajo cualquier circunstancia.

PERSEVERAR ES: SOBREPONERSE A LAS


ADVERSIDADES DE LA VIDA
Hoy quiero recordarte que las adversidades y los obstáculos forman parte
de la vida misma. Nadie escapa a esta realidad. Y la mejor manera de
enfrentarlas es sobreponiéndose a ellas.
Uno de los ejemplos clásicos de la biblia que ilustra que el que persevera
en las adversidades triunfa, lo encontramos en el patriarca Job.

Job lo perdió todo. Perdió sus hijos, sus bienes y riquezas; perdió su salud
y hasta su esposa lo abandonó. Sus amigos cuestionaron su integridad.
Incluso el propio Job llegó a pensar que ya ni Dios lo tomaba en cuenta. Al
final de su prueba Job le dijo al Señor “Yo conozco que todo lo puedes, y
que no hay pensamiento que se esconda de ti. De oídas te había oído;
Mas ahora mis ojos te ven.” (Job 42:1,5). Paradójicamente las
adversidades de la vida nos acercan a Dios.

Nunca olvidemos que Dios no es la causa directa de todas las cosas, pero
todas las cosas están bajo su supervisión y poder. Dios siempre controla
todas las cosas, aun cuando parece que no es así.

En estos retos de la vida, como el que hoy enfrentamos, es cuando Dios


espera que perseveremos en la fe, que no claudiquemos, ni nos dejemos
aplastar por las circunstancias. Pablo le dice a los corintios: “Pues tengo
por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con
la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.” (Romanos 8:18)
Cf. 2 Corintios 4:17.

Y Dios no siempre remueve las barreras o quita los obstáculos aun cuando
se lo pidamos en oración. Pablo tenía un aguijón (un mensajero de
satanás [2 Corintios 12:7]) y le pidió a Dios tres veces que se lo quitara
pero Dios le dijo: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la
debilidad.” (2 Corintios 12:9). Y no se asuste, porque así actúa Dios. No
nos baja el listón, pero sino nos capacita para superarlo.

Recordemos esta frase “Un mar tranquilo nunca hizo un buen


marinero.” (Anónimo). Aunque parezca paradójico, las tribulaciones de la
vida son males necesarios que forman nuestro carácter cristiano y
fortalecen nuestra fe en el Señor.

El apóstol Pedro animaba a la iglesia perseguida del primer siglo con estas
palabras: “Las tribulaciones presentes ponen a prueba la firmeza y pureza
de su fe. Así como el oro se prueba y purifica en el fuego, su fe, que es
más valiosa que el oro, es sometida al fuego purificador de las
tribulaciones. Si permanecen firmes, recibirán alabanza, gloria y honra el
día en que regrese” (1 Pedro 1:7 ).

Esta es la receta apostólica para resistir cuando la vida y la fe se ponen


difíciles. Podemos aguantar lo que sea por la grandeza de lo que
esperamos, porque cada adversidad es otra prueba para fortalecer y
purificar nuestra fe, y porque al final de todo Jesucristo está esperando
decir a todos Sus siervos fieles: “¡Bien hecho!»

Parábola de la viuda y el juez injusto

18 También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar


siempre, y no desmayar, 2 diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni
temía a Dios, ni respetaba a hombre. 3 Había también en aquella ciudad una
viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme justicia de mi adversario. 4 Y él no
quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni
temo a Dios, ni tengo respeto a hombre, 5 sin embargo, porque esta viuda
me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la
paciencia. 6 Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto. 7 ¿Y acaso Dios no
hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en
responderles? 8 Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el
Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?

Parábola del fariseo y el publicano


9
A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los
otros, dijo también esta parábola: 10 Dos hombres subieron al templo a orar:
uno era fariseo, y el otro publicano. 11 El fariseo, puesto en pie, oraba consigo
mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros
hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; 12 ayuno
dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. 13 Mas el
publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se
golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. 14 Os digo que
este descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que
se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.
PERSEVERAR ES: NO DESPLOMARSE BAJO LA
TENSIÓN DE LA VIDA
La presión social y religiosa que se ejerce sobre la iglesia evangélica es
incalculable. Ya les he dicho que cuando la iglesia evangélica alza su voz y
condena como pecado el homosexualismo, el aborto como infanticidio
autorizado, las relaciones prematrimoniales, la injusticia social, la idolatría
y toda práctica religiosa extrabíblica, somos acusados de homofóbicos, de
ser extremistas en nuestra fe y de no acoger los nuevos estilos de vida del
hombre liberal y progresista.

La verdadera iglesia de Cristo NO SE DESPLOMA bajo las presiones ni


del gobierno ni de la sociedad ni de la cultura. La obra de Dios no
depende de los aplausos del mundo. No los necesita. Jesucristo es
suficiente para hacer prosperar su obra en cualquier parte del mundo y
bajo cualquier circunstancia. Cuando se nada a favor de la corriente del
mundo para evitarse problemas, se corre el riesgo de apostatar de la fe.

Lo que Dios sí necesita son hombres y mujeres comprometidos con el


evangelio y rendidos a su voluntad, sujetos a la dirección del Espíritu
Santo, dispuestos a servirle bajo cualquier circunstancia o pandemia.
Cristianos que sean capaces de decir “…nosotros no somos de los que
retroceden para perdición, sino de los que tienen fe, para preservación del
alma” (Hebreos 10:39).

John Wesley el fundador del metodismo dijo en una ocasión: “Dame cien
predicadores que no le teman a nada excepto al pecado, y que no deseen
nada excepto a Dios. Ellos sacudirán las puertas del infierno y
establecerán el Reino de Dios en la tierra.”

Es tiempo de identificarse con Cristo y su evangelio. No es tiempo de


retroceder. No es tiempo de vender el evangelio como Esaú vendió la
bendición de su primogenitura por un plato de lentejas (Éxodo 25:27-34).

LLAMADOS A PERSEVERAR HASTA EL FIN


El evangelio no es negociable. El llamado de Cristo es a resistir “Pero el
que resista hasta el fin, será salvo.” (Mateo 24:13 RVC). “Y seréis
aborrecidos de todos por causa de mi nombre; más el
que persevere hasta el fin, éste ser salvo.” (Mateo 10:22).

En medio de la más grande crisis de fe, los tres jóvenes hebreos (Ananías,
Misael y Azarías) se mantuvieron firmes en su fe. No se desplomaron bajo
la tensión del momento. No desertaron. Fueron capaces de decirle al
mismísimo rey Nabucodonosor:

“He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de
fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey,
que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que
has levantado.” (Daniel 3:17-18).

Dios honró la fe de estos tres jóvenes y los libró del horno de fuego
ardiendo. Todos los que deseaban la ruina de sus vidas quedaron
avergonzados.

La historia de la iglesia recoge que Policarpo, discípulo del apóstol Juan y


Obispo en la Iglesia de Esmirna, fue llevado ante el procónsul romano y
éste le ordenó: “Pronuncia el juramento y te dejo en libertad. Maldice a
Cristo.” Pero aquel anciano alzó su voz y con plena convicción de fe le dijo:
“Lo he servido por 86 años y Él jamás me ha hecho ningún mal. ¿Cómo
voy a blasfemar contra mi Rey, que me salvó?”

Pablo cierra el capítulo 8 de su carta a los romanos diciendo: “Antes, en


todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que
nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni
ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo
alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del
amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.” (Romanos 8:39).

CONCLUSIONES

Perseverar no es resignarse pasivamente a la suerte, al destino, a como


salgan las cosas.

Perseverar es la resistencia activa y enérgica a la derrota, al fracaso, a no


parar.
Perseverar es seguir adelante siempre, con firmeza, con constancia, sin
desplomarse.

Perseverar es la capacidad de mantener el rumbo frente a la dificultad y


negarse a renunciar.

Pensamiento final: “Cuando está lo suficientemente oscuro, los hombres y


las mujeres de Dios consiguen ver las estrellas.”

Llamado a Salvación…Con Cristo si es posible sobre ponerse a la


adversidad y permanecer firme en medio de las presiones de la vida.

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