Resumen de Simmel: Sociología y Cultura
Resumen de Simmel: Sociología y Cultura
UNIDAD 3: SIMMEL
Clase 14/09
Simmel- pensador alemán que nació en 1858. Está relacionado con los 3 autores clásicos de la sociología. analiza
determinados fenómenos que tienen que ver con formas de comportamiento e interacción, estilos de vida y tipos
humanos, visto desde el punto de vista sociológico.
1898 primeros escritos sobre sociología. Su estilo es fundamentalmente el ensayo, dónde reflexiona sobre
producciones filosóficas, artistas y demás.
a que se refiere “la tragedia de la cultura” “se que moriré sin herederos espirituales”
Intercambios que producen efectos que a su vez producen otros efectos. En ese sentido es un autor bastante
contemporáneo.
- Escribe ensayos sobre cuestiones minúsculas.
- El no habla de sociedad sino de socialización.
Intercambio de afectos, se va a poder dar analizando nuestra relación cómo si fuese una de socialización. todo
depende de la perspectiva desde dónde yo mire los fenómenos
- La sociedad no es algo dado, depende de la mirada del investigador.
- Para él hay sociedad cuando hay acción recíprocamente referida, la acción de uno sobre los otros. Para él es
importante los números y la distancia. Hace una geometría social; hay 2 que interactúan, cuando hay 3 ya
podemos pensar en una sociedad más compleja pq hay muchas más situaciones que se pueden dar (competencia,
dominación , formas de relación que se dan a partir de las triadas.
- Estudia las formas de socialización.
- la triada y marca la posibilidad de una gran gama de relaciones. La distancia también es importante, me va a
permitir medir, lo más lejano es lo más valioso. La distancia es también otra de las variables
- El individuo es producto de la sociedad, pero a su vez hay algo que nunca encaja en la sociedad.
uno puede pensar a los individuos en la función que cumple en la sociedad pero ninguno es sólo eso.
- Racionalización creciente en occidente. en predominio de lo cuantitativo sobre lo cualitativo es una idea
simmeliana
- ningún mortal puede alcanzar las alturas de lo infinito
- captar lo típico en lo singular
Simmel, viejo autor nacido en Berlín en 1858 y muerto en 1958, exponente de la sociología formal y antecedente
a Weber. Podríamos decir que cada uno de los escritos de Simmel constituye un ensayo y una revelación. Ensayo
por su estilo de escritura y revelación por el impacto que nos ha provocado una modalidad de tratamiento
temático al mismo tiempo actual y expresión de su época. Fue un modernista. Se interesó por la acción social y
por los estados psicológicos derivados de la interacción. La relación, en términos de oposición entre cultura
subjetiva y objetiva opera cómo eje de sus análisis, en los que busca definir formas. La moda, la coquetería, la
aventura, la cultura son algunas de esas formas básicas que asume la interacción.
Define a la modernidad: “La esencia de la modernidad cómo tal es el psicologismo, la experiencia e interpretación
del mundo desde el punto de vista de las reacciones de nuestra vida interior y, de hecho, cómo un mundo interior,
la disolución de los contenidos fijos en un elemento fluido del alma, del que se filtra todo lo esencial y cuyas
formas son simples formas de movimiento.
Perspectiva estética para abordar el conocimiento de la sociedad en sentido de tomar una intuición cómo base del
conocimiento. Un fragmento, una instantánea puede darnos elementos para captar la totalidad que se expresa en
el flujo constante de la vida. Dialéctica de lo permanente y lo transitorio. “Para nosotros, la esencia de la
observación e interpretación estética radica en que se debe buscar lo típico en lo singular, lo sistemático en lo
fortuito, la esencia y el significado de las cosas en lo superficial y transitorio”
La vida moderna, hiper estimulante, excita los sentidos.
El constante bombardeo de los sentidos provoca la necesidad de aislarse, genera indiferencia, hastío.
Podríamos considerar a Simmel cómo uno de esos hombres modernos que intenta, teorizando formas, solidificar
el fluir de los contenidos cotidianos, siempre mudables. La ciudad es el escenario de esa inestable vida moderna,
en la que la transitoriedad es lo permanente. La tensión nerviosa es un rasgo de la vida moderna, lo que genera,
según Simmel, un tipo de personalidad “neurasténica”.
Su análisis sobre la modernidad se pone de manifiesto con mayor claridad en lo que denomina “tragedia de la
cultura”; Parte del análisis del dinero, que hace cuantitativo a lo cualitativo, un medio que convierte a las
sociedades modernas en un fin en sí mismo. En estas sociedades “monetaristas” se produce una oposición entre
cultura objetiva, el mundo cultural y sus productos, objetivaciones del espíritu subjetivo que devienen
autónomos, que se independizan de la vida de los individuos y adquieren vida propia, tales cómo conocimientos
acumulados, los instrumentos, los artefactos de la cultura ) y subjetiva, que se compone de las apropiaciones
individualizadas de la cultura objetiva.
Las formas culturales se reproducen ilimitadamente y no pueden ser adquiridas por los individuos en el curso
limitado de sus vidas. Sin embargo, se esfuerzan hasta el agobio por alcanzar esa totalidad, por eso el hombre vive
insatisfecho.
Simmel define a la cultura cómo un fenómeno tanto subjetivo cómo objetivo. Lo que lo caracteriza es la relación
que se establece entre un aspecto instalado en la personalidad que se desarrolla y exterioriza cómo producto
cultural objetivado. “La cultura surge dónde se unen dos elementos, ninguno de los cuales la contiene por sí: el
alma subjetiva y el producto espiritual objetivo. Hay una continuidad entre producción subjetiva y mundo
objetivo. Una vez que la producción subjetiva se corporiza cómo ciencia, arte, religión, etc, adquiere cierto grado
de autonomía y perdemos de vista el hecho de que el alma subjetiva es la fuente de todo valor objetivo. La
cultura, que en realidad “eleva nuestro yo global a un escalón más próximo de perfección” pierde está cualidad al
producirse la escisión entre mundo subjetivo y objetivo.
Con está separación se pierde la unidad de la cultura. En eso consiste la tragedia de la cultura, en la escisión que
no permite experimentar el entrelazamiento entre espíritu subjetivo y mundo objetivo. Porque… “la cultura
significa aquel tipo de perfección individual que sólo puede consumarse por medio de la incorporación o
utilización de una s¡figura suprapersonal en algún sentido ubicada más allá del sujeto” “... por destino trágico
entendemos, en efecto, lo siguiente: que las fuerzas negativas orientadas contra un ser surgen a partir de los
estratos más profundos de este mismo ser.” “En el interior de esa estructura de la cultura surge una grieta que, ya
está puesta en su fundamento y que, a partir de la síntesis sujeto/objeto, a partir de la significación metafísica de
su concepto, hace surgir una paradoja: una tragedia”.
Los contenidos culturales están bajo la paradoja de que ciertamente han sido creados por sujetos y están
destinados para sujetos, pero en la forma intermedia de la objetividad que adoptan más allá y más acá de estas
instancias siguen una logica evolutiva inmanente, y en está medida, se alejan tanto de su origen cómo de su fin.
No son necesidades físicas las que entran en juego sino necesidades culturales que, sin duda, no pueden saltar por
encima de las condicionalidades físicas.
La ruptura que supone el desarrolló del conocimiento en esferas autónomas; Cómo afirma Simmel “tanto el arte
cómo la religión y la ciencia tienen sentido en sí mismas”; se encuentran en un aislamiento autosuficiente, la obra
de arte tiene que ser perfecta según las normas del arte y así.
“La provisión del espíritu objetivado, provisión que crece hasta lo indescriptible, plantea exigencias al sujeto,
despierta veleidades en él, lo golpea con sentimientos acerca de la propia insuficiencia y desamparo. De este
modo, la problemática del hombre moderno reside en ese sentimiento de estar “cercado por un sinnúmero de
elementos culturales que no carecen de significado para él, pero que tampoco le resultan plenamente
significativos”
Para Simmel cómo para Weber, la realidad es infinita, Simmel considera que por medio de fragmentos podemos,
cómo habíamos visto, captar la totalidad de la vida. Sujeto cómo portador de sentido, para este autor, somos
hombres de cultura y por lo tanto capaces de conferir un sentido al mundo. Simmel nos dice que el alma subjetiva
es la fuente de todo valor objetivo.
Podríamos relacionar está idea con el pensamiento de Hannah Arendt, cuando ella plantea la fragilidad de la
acción y la posibilidad de que elementos mundanos, objetivados, enmarquen y contengan la futilidad de los
asuntos humanos. Finalmente, encontramos algunas líneas que nos remiten a Foucault. Cuando Simmel
caracteriza al objeto cultura afirma que es producido por varias personas, los elementos se han configurado cómo
si siguieran una lógica conformadora. Foucault, refiriéndose a cómo hay que analizar las relaciones de poder, dice
que son intencionales pero no subjetivas. “Tan pronto cómo nuestra obra está ahí, no sólo posee una existencia
objetiva y una vida propia que se ha separado de nosotros, sino que, en este ser si contiene fuerzas y debilidades,
partes constitutivas t significatividades, de las que somos totalmente inocentes y por las que a menudo somos
sorprendidos nosotros mismos.
En muchos ámbitos científicos se desarrolla aquello que podría denominarse el saber superfluo: una suma de
conocimientos metodológicamente irreprochables y que, sin embargo, están enajenados respecto del auténtico
sentido final de toda investigación.
Clase 12/10: Simmel - Sobre la aventura: sobre filosofía de la cultura, el concepto y la tragedia de la
cultura
Modernidad, proceso y periodo muy extenso. Pasó de un pensamiento ligado a la religión a un pensamiento
racionalista, luego el desarrolló de una perspectiva positivista cientificista. Se centra el conocimiento en el sujeto,
el sujeto es quien conoce.
Es un pensamiento de la modernidad porque puede captar las transformaciones continuas que generan cambios
muy profundos tanto en la producción económica cómo en el pensamiento.
La modernidad empieza con todos los procesos de cambios
modernidad =! modernismo =! modernización. El modernismo es una corriente artística que se desarrolla a fin del
19 y principios del 20 y tiene sus exponentes cómo por ejemplo Rubén Darío, Lugones y es una corriente artística
ligada al simbolismo, todo el pensamiento del art nouveau.
La Modernidad empieza mucho antes, a partir del siglo 17, y se desarrolla con el iluminismo en el siglo 18.
modernización: transformaciones de las sociedades. proceso por el que se pasa de una sociedad tradicional dónde
predomina la comunidad y el sentimiento a una moderna dónde predominan las relaciones racionales dónde los
intereses se dan por intercambios, predomina el cálculo. en las tradicionales lo afectivo.
Es un exponente de este proceso. Lo vemos en las grandes urbes, cómo estas transformaciones sociales
económicas y políticas tienen su contraparte en los estilos de vida.
A partir de fines del siglo 19 y principios del siglo 20, se da una revalorización del concepto de cultura que tiene
que ver con cultivar, cultivar es cultura para los romanos. conceptualiza la cultura.
Los alemanes a partir del romanticismo, van a romantizar el concepto de cultura en contraposición al de
civilización
- la cultura está ligada a lo orgánico, a aquello que es la transformación de eso que está en germen, se va
desarrollando la semilla. En cambio la civilización es más artificial, procesos en dónde se construyen cosas. El
término cultura para los alemanes está más ligado a lo orgánico y la civilización a lo artificial, lo instrumental. la
cultura es un fin en sí mismo, es un desarrolló. La contraposición entre cultura y civilización tiene que ver con
cómo están pensando la cultura y cómo desconfían en el desarrolló de la técnica/civilización. Cómo la técnica nos
domina.
→ A partir de la modernidad entonces, con esa tradición de pensamiento alemán, va a formular un concepto de
cultura en dónde trata de articular un poco está dicotomía que viene del pensamiento alemán entre cultura y
civilización. Este ensayo fue publicado en 1917. Lo interesante de este ensayo es el desarrolló de la noción de tr
El símbolo de todos los símbolos es el dinero.
- Toma de Marx el pensamiento dialéctico y la noción de fetichismo de la mercancía que lo lleva a pensar los
procesos simbólicos en el marco de la economía monetaria. cómo en ese marco se generan estilos de vida,
conflictos entre los sujetos y la economía.
El hombre si bien es parte de la naturaleza tiene características muy particulares, a diferencia de los animales
tiene la capacidad de salir de la naturaleza y dominarla. Es parte pero a su vez es el único que tiene la capacidad
de transformarla, dominarla, contraponerse a ella, luchar contra ella.
Cuando hablamos de cultura tenemos que tener en cuenta que contiene 2 aspectos, por un lado, cultura subjetiva
y por otro cultura objetiva.
- La cultura es la unidad nunca cerrada totalmente entre las capacidades del alma subjetiva para producir objetos,
pensamientos, organizaciones sociales políticas y las figuración que luego crea el alma subjetiva que son objetivas,
el derecho, la religión, toda la cultura natural, el arte, la técnica, el desarrolló económico, todo eso es creado por
el hombre, pero una vez que se cristaliza en objetos cómo pueden ser leyes, maquinaria etc pasan a
independizarse del hombre que las crea, pasan a objetivarse.
Nosotros tenemos la capacidad de idear cosas, pensarlas, imaginarlas, plasmarlas y objetivarse, generar objetos
que luego van a tener cierta entidad por fuera de nosotros. (se puede relacionar c la relación entre la naturaleza c
el hombre en marx)
- Los objetos pasan a tener una forma cristalizada que se independiza de aquellos que lo crearon.
- Lo que dice simmel que en medio de este dualismo entre cultura subjetiva y objetiva radica la noción de cultura.
la cultura es todo. No hay cultura si sólo consideramos lo individual.
por un lado está la vida y por el otro el objeto creado por la vida, la cultura está formada por estas dos
dimensiones. no existe si no consideramos las dos.
- Simmel analiza a la cultura desde dos perspectivas: desde el objetivo, la capacidad de los hombres de crear
objetos y desde el subjetivo. Analiza cómo se produce la cultura que es la unidad entre el alma objetiva y la
subjetiva.
Habla de una dicotomía, del hombre culto y el hombre ignorante. Para que se de un proceso integral de la
relación de la cultura, para que nos cultivemos (cuando nuestro núcleo de nuestra personalidad se desarrolla a
partir de su relación con la cultura) cultivar supone el autodesarrollo de la relación con la cultura. El hombre
cultivado es aquel que a partir de su relación con la cultura se desarrolla, crece, se transforma. En cambio, el
hombre culto es el que tiene una relación de acumulación, es cuantitativa, acumula cultura.
Para que haya cultura tiene que cultivarse. Tiene que haber ligazón entre la cultura objetiva y subjetiva. Plantea 2
figuras, el estilista y especialista. Son dos figuras extremas que van a expresar uno de los aspectos de la cultura. El
estilista es aquel que ensimismado se relaciona con la cultura individualmente, subjetivamente pero sin articularse
con la cultura objetiva. El especialista se especializa en un área pero esto no lo lleva a enriquecerse integralmente,
no tiene una relación integral con la cultura, está más ligado a la cultura objetiva.
Solamente podemos valorar la cultura cuando tenemos ese puente entre el alma objetiva y el mundo subjetivo. La
objetividad del mundo espiritual es necesaria: por un lado es necesaria la cultura objetiva pero el alma subjetiva
es la única fuente de todo valor
Mientras que el producto de las fuerzas por completo objetivas sólo puede ser valioso subjetivamente, el
producto de las fuerzas subjetivas, por el contrario, es valioso objetivamente para nosotros.
La cultura es una síntesis entre la cultura objetiva y la subjetiva.
- Cuando se produce un desequilibrio, cuando hay un gran desarrolló de cultura objetiva, está muy por encima de
las capacidades subjetivas de asimilar todo eso.
- Cuando la cultura objetiva se va independizando y desarrollando con su propia lógica, se autonomiza de los
propios hombres que la crearon. cuando la cultura objetiva alcanza tal grado de desarrolló, se va independizando
de aquellos que la crearon. se crean burbujas autónomas. empieza a manifestarse la tragedia de la cultura.
A medida que se desarrolla la cultura objetiva es más difícil encontrarle un sentido a sus puntos.
lo que se da es una especie de desproporción. lo que se produce en la modernidad es una hipertrofia de la cultura
objetiva y una atrofia de la cultura subjetiva
- Accedemos a la cultura de una manera muy sesgada y poco ligada a la manera de cultivar > la cultura objetiva
nos pasa por encima. Se pierde la continuidad entre el alma objetiva y subjetiva. Con la división del trabajo esto se
puede ver, cada uno hace una partecita y no tiene idea cómo va a quedar el producto terminado
más importante para una producción científica, el procedimiento que los resultados. lo que vale más es el medio
que el fin.
- Habla del fetichismo de la ciencia y el saber superfluo; una serie de conocimientos metodológicamente
irreprochables no impugnables del concepto de ciencia y sin embargo enajenados del sentido final.
cómo la técnica muchas veces termina dominándonos y terminamos siendo esclavos de la ciencia. se produce la
primacía de la convención metodológica por encima del sentido de la ciencia.
todo este proceso que estábamos viendo que tiene que ver con la profundización de la grieta entre la cultura obj
y subj, se va a convertir en la tragedia de la cultura, y se va a dar a algo que es inherente a ella. Con el gran
desarrolló de la cultura objetiva, se da un proceso que sea inabarcable, genera incapacidad de comprender. Por
otro lado la automaticidad de cada esfera, quienes quedan afuera no pueden encontrarle el significado.
Clase 19/10
La misma cultura supone dos polos que son irreconciliables pero que necesarios. El individuo tambien, tiende a
relacionarse con los demás pero hay algo que nunca encaja en el interior y se mantiene en el individuo. Tenemos
la necesidad de unirnos y salir de nosotros mismos pero también la necesidad de diferencia y eso se presenta en
la moda: La moda expresa ese dualismo.
- es una forma de acción recíproca que tendamos a unirnos en los otros y a la vez a diferenciarnos, a llamar la
atención con algo. Las motivaciones son los contenidos de la moda y se satisfacen en aquellos que van a la moda.
- es un producto de la división de clases, si en una sociedad no hay diferencias no es necesaria la moda.
- es un fenómeno social: son siempre modas de clase.
- su función es trazar un círculo cerrado y al mismo tiempo separado del resto, la moda cumple esas dos
funciones: es imitacion y diferenciación, permite que estas dos tendencias que están presentes en todos nosotros
puedan tomar forma. la imitación hace que el individuo parezca parte de un grupo. forma de distinguirse, de
destacarse de manera adecuada. porque la moda es un fenómeno sociológico, algo que está de moda por ahi no
es ni cómodo ni útil ni agraciado pero sin embargo se pone de moda.
- lo que viene a hacer es cumplir una función social, la de cerrar un grupo y a su vez diferenciarlo de otro: es un
aspecto central de esa forma de socialización
urbanista, tipo humano con determinadas características que tienen su fundamento en que en las grandes
ciudades hay mayor densidad e interacción entre los miembros. Se caracterizan por la indiferencia, etc. Estos son
los mecanismos de defensa que tienen debido a la gran cantidad de estímulos que se generan en las grandes
ciudades. Estas formas de comportamiento permiten llevar adelante esa vida llena de estímulos, violencia, etc.
Estos mecanismos ayudan a poder convivir en esa situación. La indolencia, especie de defensa, hace que se pueda
transitar por las grandes urbes sin el costo nervioso. embotamiento ante las cosas, las cosas aparecen grises
porque no hay un gran acercamiento sensible. Lo que se pierde en las grandes ciudades es la calidad de las
relaciones, por eso predomina el entendimiento por sobre el sentimiento pero se da en libertad. las grandes
ciudades permiten cierto desarrollo de la singularidad, igual pero a la vez cada uno hace lo que quiere y nadie lo
mira. Las grandes ciudades son la sede de la moda, de la economía monetaria, de la división del trabajo, gran
desarrollo de la cultura subjetiva pero tragedia de la cultura.
Necesidad de destacarse en los singular, afianzamiento de la singularidad, esto articulado al desarrollo de la
libertad, de las grandes ciudades. no lo juzga como bueno o como malo pero puede ligarlo. origen de la noción de
individuo.
Idea de libertad -> desarrollo del individuo es producto de estas transformaciones que se dan en la sociedad, el
marco social y sus relaciones generan estilos de vida y tipos humanos (urbanita, loco por la moda, estilista, etc) y
formas de interacción (moda, relaciones donde predomina el entendimiento, etc). formas de acción recíproca que
se generan como productos de las relaciones que se dan en la economía monetaria.
Automatización e inabarcabilidad de la cultura objetiva = tragedia de la cultura.
TEXTO:
Los más profundos problemas de la vida moderna manan de la pretensión del individuo de conservar la
autonomía y la peculiaridad de su existencia frente a la prepotencia de la sociedad, de los históricamente
heredado, de la cultura externa y de la técnica de la vida. En todo esto actúa el mismo motivo fundamental: la
resistencia del individuo a ser nivelado y consumido en un mecanismo técnico-social. El fundamento psicológico
sobre el que se alza el tipo de individualidades urbanitas es el acrecentamiento de la vida nerviosa, que tiene su
origen en el rápido e ininterrumpido intercambio de impresiones internas y externas. El hombre es un ser de
diferenciar, su consciencia es estimulada por la diferencia entre la impresión del momento y la impresión
precedente. En tanto que la gran urbe crea precisamente estas condiciones psicológicas, produce ya en los
fundamentos sensoriales de la vida anímica, en el quantum de conciencia que está nos exige a causa de nuestra
organización cómo seres de diferencia, una profunda oposición frente a la pequeña ciudad y la vida del campo,
con el ritmo de su imagen senso espiritual de la vida que fluye más lenta y más regular. A partir de aquí se torna
conceptual el carácter intelectualista de la vida anímica urbana, frente al de la pequeña ciudad se sitúa más bien
en el sentimiento y en las relaciones conforme a la sensibilidad. Los estratos de nuestra alma, transparentes,
conscientes, más superiores, son por el contrario, el lugar de entendimiento. El entendimiento es de entre
nuestras fuerzas interiores, la más capaz de adaptación, por lo que sólo el sentimiento más conservador sabe que
tiene que acomodarse al ritmo de los fenómenos
En el urbanita se crea un órgano de defensa frente al desarraigo con el que le amenazan las corrientes y
discrepancias de su medio ambiente externo: en lugar de con el sentimiento, reacciona frente a estas en lo
esencial con el entendimiento, para el cual, el acrecentamiento de la consciencia, al igual que produjo la misma
causa, procura la prerrogativa anímica.
Las grandes ciudades han sido desde tiempos inmemoriales la sede de la economía monetaria. El hombre
puramente racional es indiferente frente a todo lo auténticamente individual, pues a partir de esto resultan
relaciones y reacciones que no se agotan con el entendimiento lógico.
Lo esencial en el ámbito psicológico-económico es aquí que en relaciones más primitivas se produce para el
cliente que encarga la mercancía, de modo que productor y consumidor se conocen mutuamente. Pero la
moderna gran ciudad se nutre casi por completo de la producción para el mercado, osea, para consumidores
completamente desconocidos.
El espíritu moderno se ha convertido cada vez más en un espíritu calculador. En virtud de la esencia calculante del
dinero ha llegado a la relación de los elementos de la vida una precisión, una seguridad en la determinación de
igualdades y desigualdades, un carácter inequívoco en los acuerdos y convenios, al igual que desde un punto de
vista externo, todo esto se ha producido por la difusión generalizada de los relojes de bolsillo. Las condiciones de
la gran ciudad son tanto causa cómo efecto.
La técnica de la vida urbana no sería pensable sin que todas las actividades e interacciones fueran dispuestas de la
forma más puntual en un esquema temporal fijo, suprasubjetivo.
La puntualidad, calculabilidad y exactitud que las complicaciones y el ensanchamiento de la vida urbana le
imponen a la fuerza, no sólo están en la más estrecha conexión con su carácter económico-monetarista e
intelectualista sino que deben también colorear los contenidos de la vida y favorecer la exclusión de aquellos
rasgos esenciales e impulsos irracionales, instintivos, soberanos, que quieren determinar desde sí la forma vital,
en lugar de recibirlo cómo una forma general, esquemáticamente precisada desde fuera.
La esencia de la indolencia es el embotamiento frente a las diferencias de las cosas, no en el sentido de que no
sean percibidas, cómo sucede en el caso del imbécil, sino de modo que la significación y el valor de las diferencias
de las cosas y con ello de las mismas cosas, son sentidas cómo nulas.
En la medida que el dinero equilibra uniformemente todas las diversidades de las cosas y expresa todas las
diferencias cualitativas entre ellas por medio de diferencias acerca del cuanto, en la medida en que el dinero con
su falta de color e indiferencia se erige en denominador comun de todo valor, en está medida, se convierte en el
nivelador más pavoroso, socava irremediablemente el nucleo de las cosas. Por esto, las grandes ciudades en las
que en tanto que sean sedes principales del tránsito monetario la adquiri bilidad de las cosas se impone
completamente distintas de lo que lo hace en relaciones más pequeñas, son también los auténticos parajes de la
indolencia. El automantenimiento de ciertas naturalezas al precio de desvalorizar todo el mundo objetivo, lo que
al final desmorona inevitablemente la propia personalidad en un sentimiento de igual desvalorización.
La actividad de nuestra alma responde casi a cada impresión por parte de otro hombre con una sensación
determinada de algún modo, cuya consciencia, carácter efímero y cambio parece tener que asumirla sólo en una
indiferencia. La antipatía provoca las distancias y desviaciones sin las que no podría ser llevado a cabo este tipo de
vida: su medida y sus mezclas, el ritmo de surgir y desaparecer, las formas en las que es satisfecha, todo esto
forma con los motivos unificadores en sentido estricto el todo inseparable de la configuración virtual urbana: lo
que en está aparece inmediatamente cómo disociación es en realidad, de este modo, sólo una de sus más
elementales formas de socialización.
El estadio más temprano de las formaciones sociales, es este: un círculo relativamente pequeño , con una fuerte
cerrazón frente a círculo colindantes, extraños o de algún modo antagonistas, pero en está medida con una union
tanto más estrecha en sí mismo, que sólo permite al miembro individual un mínimo espacio y movimientos libres,
de los que es responsable por sí mismo. La evolución social se encamina al mismo tiempo hacia dos direcciones
distintas, y sin embargo, que se corresponden. En la medida en que el grupo crece, en precisamente está medida,
se relaja su unidad interna inmediata, la agudeza de su originaria delimitación frente a otros grupos se suaviza por
medio de relaciones recíprocas y conexiones, al mismo tiempo, el individuo gana una libertad de movimiento muy
por encima de la primera y celosa limitación, y una peculiaridad y especificidad para que la división del trabajo
ofrece ocasión e invitación en los grupos que se han tornado más grandes.
Cuanto más pequeño es el circulo que conforma nuestro medioambiente, cuanto más limitadas las relaciones que
disuelven las fronteras con otros círculos, tanto más recelosamente vigila sobre realizaciones, la conducción de la
vida, los sentimientos del individuo, tanto más temprano una peculiaridad cuantitativa o cualitativa haría saltar en
pedazos el marco del todo. Así también, hoy en día en un sentido espiritualizado y refinado, el urbanita es
<<libre>> en contraposición con las pequeñeces y prejuicios que comprimen al habitante de la pequeña ciudad.
Pues la reserva e indiferencias recíprocas, las condiciones vitales espirituales de los círculos más grandes no son
sentidas en su efecto sobre la independencia del individuo en ningún caso más fuertemente que en la densisima
muchedumbre de la gran ciudad, puesto que la cercanía y la estrechez corporal hacen tanto más visible la
distancia espiritual; evidentemente el no sentirse en determinadas circunstancias en ninguna otra parte tan sólo y
abandonado cómo precisamente entre la muchedumbre urbanita es sólo el reverso de aquella libertad.
La esfera vital de la pequeña ciudad está en lo esencial concluida en y consigo misma. Para la gran ciudad es
necesario que su vida interior se extienda cómo crestas de olas sobre un ámbito nacional o internacional más
amplio.
Esto ya indica que hay que entender la libertad individual; que sigamos las leyes de la naturaleza, se torna
entonces por vez primera, para nosotros y para otros, completamente visible y convincente cuando las
exteriorizaciones de está naturaleza también se diferencian de aquellas otras, ante todo nuestra transformabilidad
en otros demuestra que nuestro tipo de existencia no nos es impuesto por otros.
Y esto conduce a la individualización espiritual en sentido estricto de los atributos animicos, a la que la ciudad de
ocasión en relación a su tamaño. Una serie de causas saltan a la vista: en primer lugar, la dificultad para hacer
valer la propia personalidad en la dimensión de la vida urbana. Allí dónde el crecimiento cuantitativo de
significación y energía llega a su límite, se acude a la singularidad cualitativa para sí, por estimulación de la
sensibilidad de la diferencia, ganar por si, de algún modo, la consciencia del círculo social: lo que entonces
conduce finalmente a las rarezas más tendenciosas, a las extravagancias específicamente urbanitas del ser
especial, del capricho, del preciosismo, cuyo sentido ya no reside en modo alguno en los contenidos de tales
conductas, sino sólo en su forma de ser diferente, de destacarse y de este modo, hacerse notar, para muchas
naturalezas, al fin y al cabo, el único medio de salvar apra si alguna autoestimación y la consciencia de ocupar un
sitio. En el mismo sentido actúa un momento insignificante, pero cuyos efectos son bien perceptibles; pues en
virtud de está brevedad y rareza surge la tentación de darse uno mismo acentuado, compacto, lo más
característicamente posible, extraordinariamente mucho más cercano que allí dónde un reunirse frecuente y
prolongado proporciona ya en el otro una imagen inequívoca de la personalidad.
El desarrolló de las culturas modernas se caracteriza por la preponderancia de aquello que puede denominarse el
espíritu objetivo sobre el subjetivo; esto es, tanto en el lenguaje cómo en el derecho, tanto en las técnicas de
producción cómo en el arte, tanto en la ciencia como en los objetos de entorno cotidiano, está materializada ena
suma de espíritu cuyo acrecentamiento diario sigue el desarrolló espiritual del sujeto sólo muy incompletamente y
a una distancia cada vez mayor.
Está discrepancia, es, en lo esencial, el resultado de la creciente división del trabajo, pues tal división del trabajo
requiere del individuo particular una realización cada vez más unilateral, cuyo máximo crecimiento hace atrofiarse
bastante a menudo su personalidad en su totalidad.
Las grandes ciudades son los auténticos escenarios de está cultura que crece por encima de todo lo personal. Aquí
se ofrece, en construcciones y en centros docentes, en las maravillas y comodidades de las técnicas que venden al
espacio, en las formaciones de la vida comunitaria y en las instituciones visibles del Estado, una abundancia tan
avasalladora de espíritu cristalizado, que se ha tornado impersonal, que la personalidad, por así decirlo, no puede
sostenerse frente a ello. La atrofia de la cultura individual por la hipertrofia de la cultura es un motivo del
individualismo.
El portador del valor <<hombre>> no es ya el <<hombre general>> en cada individuo particular, sino que
precisamente unicidad e intransferibilidad son ahora los portadores de su valor. En la lucha, y en los cambiantes
entrelazamientos de estos dos modos de determinar para el sujeto su papel en el interior de la totalidad,
transcurre tanto la historia externa cómo la interna de nuestro tiempo. La significatividad del tipo vital se pone de
relieve en el hecho de que tampoco rechaza configurarse según lo insignificante