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Tabúes Sexuales en la Vida Religiosa

El documento aborda el tabú de la sexualidad en la Vida Religiosa Consagrada, destacando cómo las creencias religiosas influyen en la percepción y manejo de la sexualidad, creando un entorno donde ciertos temas son difíciles de discutir. Se enfatiza la necesidad de una educación sexual que respete las creencias religiosas, promoviendo la aceptación y el entendimiento, así como la importancia de abordar la salud mental de los religiosos frente a la represión de sus deseos y afectos. Finalmente, se proponen prácticas y soluciones para integrar la sexualidad de manera creativa y responsable en la vida de los individuos y comunidades religiosas.

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Tabúes Sexuales en la Vida Religiosa

El documento aborda el tabú de la sexualidad en la Vida Religiosa Consagrada, destacando cómo las creencias religiosas influyen en la percepción y manejo de la sexualidad, creando un entorno donde ciertos temas son difíciles de discutir. Se enfatiza la necesidad de una educación sexual que respete las creencias religiosas, promoviendo la aceptación y el entendimiento, así como la importancia de abordar la salud mental de los religiosos frente a la represión de sus deseos y afectos. Finalmente, se proponen prácticas y soluciones para integrar la sexualidad de manera creativa y responsable en la vida de los individuos y comunidades religiosas.

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El Tabú de hablar sobre Sexualidad en la VR

Taller de Afectividad

Cortés Hernández Ignacio

Introducción

El tabú en la vida religiosa, especialmente en relación con la sexualidad, es un tema


complejo y multifacético. Las creencias religiosas a menudo influyen en la percepción y
manejo de la sexualidad, creando un entorno donde ciertos temas se consideran inapropiados
o incómodos de discutir. Aún más, hablar de sexualidad en una modalidad de vida específica
como es la Vida Religiosa Consagrada, supone irse con más cuidado y referirnos a criterios
más radicales, pues estamos hablando de hombres y mujeres que “dóciles a la llamada del
Padre y a la noción del Espíritu, han elegido este camino de especial seguimiento de Cristo,
para dedicarse a Él con corazón ‘indiviso’ (...) mediante la adopción de los consejos
evangélicos, el primero y esencial entre ellos es el vínculo sagrado de la castidad por el Reino
de los Cielos”.1

Si bien el tema de la sexualidad ha iniciado a dar sus primeros pasos relevantes en el


campo de las ciencias humanas (psicología, neurología, biología, etc.), y se ha comenzado un
estudio detallado que ha llegado a la creación de la ciencia que trata directamente como lo es
la sexología, remitirse al estudio de la sexualidad de los sacerdotes, religiosas y religiosos
católicos a partir de las instancias que su cultura religiosa les proporciona, es un tema
novedoso y poco abordado, y hay para todos los gustos. Me refiero al balance de los
planteamientos teológico-morales que, acerca de la sexualidad se dan en la actualidad en el
seno de la Iglesia.

Según algunos, la moral sexual católica, en el fondo e, incluso, en la forma, no ha


cambiado en nada. Se mantiene inamovible, como el pino junto a la rivera. Lo único que ha
hecho es encalar la fachada del edificio, sin reforzar los cimientos. Otros dicen, está

1
Cfr. HERNÁNDEZ, Jesús; Sexualidad y Afectividad en el religioso católico, Estudio sobre las Culturas
contemporáneas, vol. III, núm. 15, junio, 2002, p. 57.
cambiando tanto que parece irreconocible para los mayores, sin embargo, aún no ha perdido
la memoria de los tiempos pasados.2

Desarrollo

Del Tabú Sexual al Mito de la Libertad

Los tabúes se han venido generando desde tiempos inmemoriales en la historia de la


humanidad. El origen del término tabú proviene del vocablo polinesio que significa “lo
prohibido”, que contextualizado a la condición sexual implica prohibición en ciertas prácticas
y manifestaciones del placer y la conducta sexual, haciendo énfasis a las diferentes conductas
o acciones que no son aceptadas por un grupo de personas debido a cuestiones culturales,
sociales o religiosas.

Las creencias religiosas juegan un papel crucial en la formación de actitudes hacia la


sexualidad. En muchas tradiciones religiosas, la sexualidad se ve como un aspecto sagrado de
la vida humana, pero también como un área que debe ser controlada y regulada. Esta dualidad
puede llevar a la creación de tabúes que dificultan la discusión abierta y honesta sobre temas
sexuales.

El hombre es constitutivamente libre, pero tiene que hacerse históricamente libre. Tiene
que hacerse, porque en sus elecciones concretas se juega a sí mismo. Se juega su realización
global o en su fracaso como persona. La persona nace con la dignidad de la libertad, pero
tiene que construirla, a base de compromiso, con sus proyectos responsables de liberación.
Por tanto, el término “liberación”, aplicado al proyecto de realización de cualquier realidad
personal, incluida la sexualidad, parece adecuado. Por esto y más, no basta con hablar de “
libertad sexual”, sino que hay que hablar de una “liberación sexual”, como proyecto de
realización de la persona, en el que debe incluir el ámbito de su sexualidad.

La sexualidad es aquella característica que posee el ser humano, es un funcionamiento


sexual (FS) y las conductas sexuales de riesgo (CSR) constituyen dimensiones fundamentales

2
Cfr. VICO, José; Itinerario de la Moral Sexual, Proyección teológica y mundo actual, núm. 208, Enero-
Marzo-2003, p. 1.
de la salud sexual. Estas se vinculan a las condiciones anatómicas en el apetito sexual, el
placer carnal, y el conjunto de fenómenos emocionales y conductuales vinculados al sexo. 3

Prevalece en la posmodernidad que el hombre es el que tiene mayores libertades sexuales


frente a la mujer, calificándola de inmoral. La investigación se basó en el enfoque mixto, con
referencia a las ciencias sociales, en la que se hizo uso de marcos referenciales y la discusión
con datos relativos a hechos abordados mediante la observación y estadísticas generadas a
partir de fuentes directas. Se realizó un análisis comparativo de poblaciones en contextos
culturales diferenciados, al establecerse que la virginidad es garantía de pureza y fidelidad en
el matrimonio, no así el otro grupo, no lo consagra como un factor determinante en la
conformación de una pareja. Asimismo, las libertades y el apego sexual responden a la
condición humana y con cierta restricción a creencias y valores religiosos.4

1. El Rol de la Religión en los Tabúes Sexuales

En este sentido, el rol de la religión con estos tabúes ha marcado precedentes negativos,
creando prejuicios entre individuos, llevándolos a estar en una sociedad que juzga e inhibe la
libertad sexual. Aunque algunos actos fueron declarados como pecaminosos (masturbación,
relaciones sexuales antes del matrimonio, etc.). La liberación de la contención sexual es una
característica de la sociedad moderna, iniciando cambios positivos en el pensar de quienes
consideran no ser sano lo biológico del individuo. Sin embargo, el desconocimiento acerca de
lo moralmente reprimido conlleva a prejuzgar las acciones y el sentir de los demás, creando
una sociedad llena de prejuicios y tabúes sexuales.5

La diversidad sexual a menudo se enfrenta a un fuerte estigma dentro de las comunidades


religiosas. Las enseñanzas tradicionales pueden condenar o rechazar las identidades y
orientaciones sexuales no heteronormativas, creando un ambiente de silencio y represión.
Este tabú puede tener consecuencias negativas para la salud mental y emocional de los
individuos que se identifican como parte de la diversidad sexual.

Es un tema muy delicado, ya que se ha mal entendido la opinión de la Iglesia respecto a


este tema, y no es que se rechace a la persona o que se entienda como pecado, o como

3
Cfr. ORDOÑEZ, Rosa, CHEVEZ, Nicol, et al.; Los Tabúes y Prejuicios de la Sexualidad en
la Población, Revista Cumbres vol. 8, núm. 1, 2002, p. 11.
4
Cfr. Ibidem, p. 10.
5
Cfr. Ibidem, p. 12.
muchos lo piensan, que es una enfermedad. Al contrario de todo esto, se busca una
integración de estas personas, es una aceptación, aunque se siga teniendo la opinión de que el
matrimonio es solo entre hombre y mujer, esto por el fundamento bíblico y biológico, este
último por el tema de reproducción.

2. Sexualidad y Afectividad en el Clero

El artículo "Sexualidad y afectividad en el religioso católico" destaca cómo los miembros


del clero también enfrentan desafíos relacionados con la sexualidad. La vida de celibato y la
expectativa de pureza pueden llevar a una represión de los sentimientos y deseos sexuales, lo
que a su vez puede generar conflictos internos y problemas psicológicos.

La sexualidad y la afectividad han sido vistas en la larga tradición de la Iglesia católica,


como elementos propios del ser humano que han de ser tomados con suma cautela, a tal
grado que la persona ha sido impulsada a desexualizarse y convertirse en ángel (angelismo), a
partir de la influencia de elementos maniqueístas y puritanistas. 6 Además de tener este
concepto dualista de que el cuerpo es la cárcel del alma, es el pecado, esa tensión entre
pecado y gracia, y esta idea la vamos arrastrando y manteniendo en las mentes de las
personas, y esto debería cambiar. A pesar de que el campo teológico ha dado avances
considerables en estas ideas, aun nos aferramos a estas tradiciones forzando de diversas
formas su significado para seguir realizando esas tradiciones y enfoque a una purificación del
alma para disminuir el pecado. El tema era y sigue siendo un tabú y reprimido, aun a pesar de
las consecuencias que la negación y represión psicológicas han traído a nuestras comunidades
religiosas y el clero diocesano.

Hoy los fieles se encuentran con una situación crítica ante lo que propone el Magisterio y
la Tradición de la Iglesia respecto de la sexualidad, y lo que la ciencia y los nuevos valores
mundiales proponen. Mientras que, en el ámbito interno de su estructura, la situación se tensa
cada vez más, aunque los mismos sacerdotes, religiosos y religiosas prefieren seguir
ventilando sus problemas sexuales y afectivos al interior de ésta. Situaciones como relaciones
sexuales, homosexuales, homosexualismo, bisexualismo, masturbación, o simplemente la
forma de relacionarse con hombres y mujeres, llegan en ocasiones a convertirse en una

6
Cfr. HERNÁNDEZ, Jesús; Op cit, pp. 78-79.
verdadera problemática, sea por falta de información, educación, o aceptación cultural, dentro
de la estructura eclesial, de valores genuinos como lo son la sexualidad y la afectividad. 7

Esto lleva a una contradicción interna, mientras que la Iglesia busca el desarrollo de
aquellos que la conforman, ya que cada miembro está llamado a lograr un desarrollo humano
y religiosos pleno. Sin embargo, cortan el camino, lo obstruyen, bajo postulados represivos
que siguen alimentando una cultura machista e intolerante con conceptos que pierden su
sentido original, transformándose en limitadores de la persona (gracia, pecado, cielo, etc.).

Impacto en la Salud Mental

Un gran número de religiosos y religiosas tienen miedo de vivir su afectividad y


sexualidad, y en el momento en que se tienen que enfrenar con esos sentimientos, deseos
inherentes, la angustia, depresión, miedo, etc., son los frenos o esos limitadores que aparecen
delante, e invaden a la persona y esto es algo que los lleva a una represión de esos mismos
deseos. No se ha logrado una integración adecuada, o una confianza sana dentro de los
institutos o seminarios para que fluya un diálogo, además de un lugar seguro para la persona
y pueda hablar todo lo que le pasa.

El temor a ir en contra de una cultura represiva los hunde más en situaciones estresantes y
desequilibrantes, llegando a incluirse en un círculo vicioso del que es más difícil salir. Es por
eso que la educación a la afectividad y sexualidad para los sacerdotes y religiosos tendría que
ser una parte importante e indispensable en su desarrollo y formación. Tanto por su calidad y
dignidad como personas, como por la función que desempeña al interior de su institución.

La represión de la sexualidad debido a tabúes religiosos puede tener un impacto


significativo en la salud mental. La falta de espacios seguros para discutir y explorar la
sexualidad puede llevar a sentimientos de culpa, vergüenza y aislamiento. Es crucial que las
comunidades religiosas reconozcan y aborden estos problemas para promover el bienestar
integral de sus miembros.8

7
Cfr. Ibid.
8
Ibid., p. 80.
Posibles Soluciones

3. Educación y Conciencia:

La educación sexual dentro de un marco religioso puede ser una herramienta poderosa
para romper los tabúes. Proveer información precisa y compasiva sobre la sexualidad puede
ayudar a los individuos a reconciliar sus creencias religiosas con su identidad sexual.
Programas de educación sexual que respeten las creencias religiosas pero también promuevan
la aceptación y el entendimiento son esenciales.

Problematizar la sexualidad no solo en el campo de la genitalidad ha sido un gran aporte


freudiano que posibilita pensar que los afectos ternos o las reacciones neuróticas
desproporcionadas tienen como eje el modo como el sujeto se las está habiendo con su deseo.
Otro aporte fue reconocer que el niño también impulso sexual, que muestra párvulamente en
sus juegos de desnudez, y que ello evidencia de qué manera la pulsión sexual, igual que la
pulsión de saber, implica un proceso de moldeamiento social sin que jamás se logre
domesticar del todo el empuje (aguijón). Esta concepción permite apreciar que el campo de
pulsión, que no tiene objeto predeterminado y que busca la descarga, tiene un proceso de
complejización cuando, gracias al reforzamiento de los imagos parentales, introyecta el lugar
y el tipo de objeto sexual esperado (ideal), en los cuales se admite la liberación de la energía.
Hay un avance en la complejización humana cuando se pasa de la descarga en un objeto
indiscriminado a cuando se hace un objeto indiscriminado a cuando se hace en un objeto al
que se le dan atributos deseables, allende la búsqueda de placer inmediato. Dos aspectos
acompañan este proceso: uno, la capacidad de alteridad para reconocer en el otro no solo
como un objeto, sino un otro como yo, hasta poder aceptar que es otro diferente a mí; dos, la
transición de una indiscriminación en el sentir hasta la cualificación afectiva del sentimiento
(el paso del narcisismo primario al secundario).9

Este análisis además de otros podría ser importante en el campo académico de los
seminarios e institutos de vida religiosa. La sexualidad es un don y tarea; es phatos y ethos, y
no hay que confundir estos dos aspectos. Quizá quienes no los distinguen suficientemente, se
confunden y pueden confundir a los demás. La sexualidad es constitutiva de la persona y es

9
Cfr. SÁNCHEZ, Antonio; El Reto de la Sexualidad en la Iglesia, Análisis Plural 1° Semestre, 2010, pp. 126-
127.
irrenunciable. El mismo Jesús era sexuado y, ante la acusación de ser eunuco, se defendió,
afirmando su sexualidad, desde su opción por el Reino (Mt 19, 12).

4. Prácticas y Soluciones

A nivel personal, se necesita una responsabilidad para poder contribuir personalmente en


la construcción de si mismo. No vale reclamarse alegremente a la “libertad sexual”, entendida
como libertinaje y vivida en la anarquía de la simple apetencia. La libertad sexual,
irresponsablemente vivida, termina en esclavitud. Una esclavitud en la que el hombre se ve
sometido a la fuerza del deseo sexual. Frente a esa postura, se puede presentar la necesidad de
una integración creativa de la sexualidad. Es cuestión de conducir el impulso sexual, sin que
sea este impulso el que me conduzca, incluso, a donde no se quiere ir.

Para esta liberación sexual se trata de una labor de integración creativa, concreta, se trata
de aceptar, comprender, integrar y orientar la sexualidad en línea de su maduración personal.
Es la manera de actuar de manera digna y honesta con el propio cuerpo para santificarlo en el
amor y en el respeto. Tomando todo esto con esfuerzo y practicando, volver a intentarlo una y
otra vez, es paciencia, es cuestión de ejercitarse todos los días, aunque no haya logrado dar
alcance a la meta, siempre está el ahínco de conseguirla.10

A nivel interpersonal, se trata de encontrarse con las personas y tratarlas como un fin en si
mismas, y no como un medio. Es decir, tratarlas como sujetos y no como objetos.
Encontrarse y tratarse como personas. El único encuentro y trato sea como amor y desde el
amor, y no un amor puramente sentimental, sometido a los vaivenes de esas reacciones
espontaneas que son los sentimientos. Ni un amor posesivo, que se encierra en un círculo
egocéntrico y narcisista.

Además de estos niveles, está la liberación social, que también tiene su complejidad, ya lo
decía K. Marx, que el amor sexual es “materialista”. Lo decía en el sentido de que está
sometido a las condiciones sociales de su entorno. Y advertía que, si no se quiere hablar de la
sexualidad y del amo en abstracto, hay que prestar atención a las condiciones de posibilidad
del contexto histórico en las que se vive.

10
Cfr. VICO, José; Op. cit., pp. 35-36.
Facilidad o dificultad el proceso liberador. No hay más que dar un vistazo, por ejemplo, a
la cultura patriarcal, que ha dado origen a un machismo a lo largo del tiempo y, por
contraposición) a algún que otro feminismo en nuestros días, entre otros casos.

Conscientes de esta problemática, la moral sexual cristiana busca darle respuesta, desde su
propia identidad. Y es que el proyecto de liberación sexual cristiano tiene sus raíces más
hondas y específicas en la búsqueda del Reino de Dios, porque es un proyecto de seguimiento
de Jesús. Y Jesús vive su sexualidad por el Reino y para el Reino e invita a sus seguidores a
hacer lo mismo.11

Poner la liberación sexual bajo la categoría de la búsqueda del Reino se está mostrando
particularmente fecunda, y que, bajo esta clave del Reino, se señala abiertamente que esta
liberación sexual ha de ser profundamente evangélica y centrada en el seguimiento histórico
de Jesús, dicho de otra manera, en un seguimiento de Jesús que invita a comprometerse –
tanto individualmente como colectivamente, y tanto personal como estructural y
políticamente-, haciéndose cargo de la realidad, para encargarse de la realidad, cargando con
la realidad.12

Haciendo énfasis que ésta es una liberación desde abajo: desde lo pobres, los marginados y
los que no cuentan, porque ellos son los destinatarios preferentes, aunque no exclusivos, del
Reino de Dios. Por otra parte, indica que, esta liberación no es una liberación burguesa, que
se puede vivir desde la lógica del “sálvese quien pueda”, sin ocuparse de los de los efectos
que esto pueda tener (y de echo los tiene) para los demás. Pero tiene mucho que ver con la
construcción de un mundo habitable y solidario, que tiene como meta gestar la unidad de toda
la familia humana, aun en medio de las reconocidas diferencias sexuales.13

Para abordar el tabú de la sexualidad en la vida religiosa, (aunado a lo ya mencionado,


están estos puntos importantes en el cambio de mentalidad para liberarnos de ese tabú) es
importante implementar prácticas que fomenten la apertura y el diálogo. Esto puede incluir la
creación de grupos de apoyo, talleres educativos y la inclusión de líderes religiosos en
conversaciones sobre sexualidad. Además, es vital que las instituciones religiosas trabajen en
colaboración con profesionales de la salud mental para ofrecer apoyo a aquellos que luchan

11
Ibid., p. 38
12
Ibid.
13
Ibid.
con conflictos relacionados con su sexualidad y su fe. En fin, para alcanzar esta meta, aún no
queda mucho por pensar, amar y hacer.

Conclusión

El tabú en la vida religiosa en torno a la sexualidad es un desafío significativo que requiere


un enfoque multifacético. A través de la educación, la conciencia y la creación de espacios
seguros para el diálogo, las comunidades religiosas pueden comenzar a desmantelar estos
tabúes y promover una comprensión más saludable y holística de la sexualidad. Al hacerlo,
no solo se mejora el bienestar individual, sino que también se fortalece la comunidad en su
conjunto.

Los tabúes sexuales al concebirse histórica y culturalmente como algo prohibido y


sagrado, apelan a la ignorancia de las personas y la sociedad, incluso castigados y en cierta
forma regularizados por las normas sociales, que establecen que es correcto e incorrecto. La
iglesia es un actor inhibidor social de las libertades y conductas sexuales, olvidándose que el
ser humano es un ser sexuado de acuerdo a Freud. Las conductas sexuales son propias de la
biología humana, como lo son los deseos, pensamientos y relaciones sexuales, la
masturbación y la virginidad. Sin embargo, al momento de efectuarse intervienen factores
biológicos, sociales, culturales, éticos y religiosos, que, al envolverlas por los tabúes, se
desencantan y pierden su naturaleza.

Bibliografía:

SÁNCHEZ, Antonio; El Reto de la Sexualidad en la Iglesia, Análisis Plural 1° Semestre,


2010.

ORDOÑEZ, Rosa, CHEVEZ, Nicol, et al.; Los Tabúes y Prejuicios de la Sexualidad en la


Población, Revista Cumbres vol. 8, núm. 1, 2002.

HERNÁNDEZ, Jesús; Sexualidad y Afectividad en el religioso católico, Estudio sobre las


Culturas contemporáneas, vol. III, núm. 15, junio, 2002, p. 57.

VICO, José; Itinerario de la Moral Sexual, Proyección teológica y mundo actual, núm.
208, Enero-Marzo-2003.

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