‘‘BRUMA’’
AUTOR:
MARTÍN PEÑA VÁZQUEZ
PERSONAJES:
ANASTASIA
BURÓCRATA
SECRETARIA
Un gran portón se abre de par en par y entre las sombras aparece la
silueta de alguien. Una pequeña luz revela que se trata de una mujer
confundida y temerosa, que lentamente va ingresando a un espacio
desconocido. El humo del lugar limita su visión, mientras el sonido
del viento aumenta y se confunde con pequeñas voces que emiten
palabras incomprensibles. La mujer mira sus piernas y sus manos
temblorosas, al mismo tiempo que siente una corriente fría que viaja
por su espalda. Ella escucha pasos que se acercan y que pronto se
pierden en la distancia, lo cual la estremece y aumenta su confusión.
Ella cubre sus oídos y adopta posturas que exteriorizan su angustia.
Intenta escapar, pero se escuchan puertas que se cierran aumentando
su tensión.
Una puerta vieja rechina y al terminar de abrirse proyecta en la pared
la sombra de un ser grande y poderoso. La mujer levanta lentamente
su mirada sintiéndose cada vez más pequeña, mientras la gran sombra
se desliza con paso lento hacia un viejo escritorio. Una voz grave y
ronca emite la palabra: “next”, ordenando a la mujer que se acerque
al buró. Con mucho temor la mujer se va acercando y va descubriendo
en la marcha la imagen de un burócrata que tiene una gran cabeza
deforme, piernas largas, dedos engarrotados, grandes ojeras de color
morado y un bastón con pequeñas curvas irregulares. Su ceño
fruncido esconde parte de sus ojos, y su gran boca de pez cae junto a
sus mejillas debido a la gravedad de su amargura. Asustada, ella corre
una vez más hacia a la puerta pero ésta se cierra.
Burócrata.- ¿Nombre, causa de la muerte, edad, número de cédula,
estatura, color de ojos, color de piel, historial dental, defunción número?
Ella.- Anastasia, exceso de anestesia, treinta y tres. Cero uno cero tres,
setecientos ochenta cinco, veinticinco raya cero. Uno punto cincuenta y
nueve, negros, blanca…
Burócrata.- ¡Solicitud de Ingreso!
Ella.- (Busca el papel y lo encuentra.) Aquí está.
Burócrata.- Bienvenida a “Bruma”, el único lugar especializado en el
destino de su muerte.
Ella.- Señor, lo que quiero decirle es…
Burócrata.- (La interrumpe.) Permítame presentarme. Yo soy el Ministro
del Más Allá.
Ella.- Sí señor, pero lo que quiero…
Burócrata.- (Interrumpiendo.) Señor Ministro.
Ella.- Señor Ministro del Más Allá, lo que quiero explicarle es…
Burócrata.- (Interrumpe.) ¿Ha llenado el formulario? (Ella dice no con la
cabeza.) Sin formulario no hay atención.
Ella.- Un formulario, necesito un formulario.
Burócrata.- Necesito sus datos.
Ella.- Anastasia, exceso de anestesia, treinta y tres. Cero uno cero tres,
setecientos ochenta cinco, veinticinco raya cero. Uno punto cincuenta y
nueve, negros, blanca…
Burócrata.- ¡Solicitud de Ingreso!
Ella.- (Busca el papel y lo encuentra.) Aquí está.
Burócrata.- Bienvenida a “Bruma”, el único lugar especializado en el
destino de su muerte. Su alma por fin tiene un respaldo profesional en
el camino hacia el Paraíso.
Ella.- Señor Ministro, lo que quiero…
Burócrata.- (Corrigiéndola.) Señor Embajador.
Ella.- Señor Embajador, lo que quiero decirle es…
Burócrata.- (Interrumpiendo.) ¿Ha llenado el formulario? (Ella dice no con
la cabeza.) No intente engañarnos pues usted está en manos de nuestra
empresa, la única especializada en el destino de su muerte. Pues la gente
muere, muere, muere y muere.
Ella.- ¿Muerta? ¿Muerta? ¿Muerta? ¿Muerta?
Burócrata.- Usted sabe, suicidios, malas prácticas médicas, sicariatos.
Sobran las razones para aumentar nuestra clientela, y esa decadencia
humana es nuestra gloria profesional.
Ella.- Señor Licenciado…
Burócrata.- (Corrigiéndola.) ¡Magíster!
Ella.- Señor Magister, tengo algo muy importante que decirle.
Burócrata.- Dígalo a través de un oficio, junto a dos fotografías, una
declaración juramentada y una copia certificada para cada uno de los
miembros del comité.
Ella.- Señor Licenciado…
Burócrata.- (Corrigiéndola.) ¡Magíster!
Ella.- Señor Magister necesito que me escuche.
Burócrata.- ¿Ha llenado el formulario? (Ella dice no con la cabeza.) Lea
bien los requisitos.
El Burócrata la guía con su bastón y la confundida mujer va leyendo cientos de papeles
que están pegados en las paredes, cada uno de ellos tiene cientos de requisitos para
obtener la atención, y después de leerlos, ella se queda exhausta.
Ella.- ¡Papeles, decenas de papeles, cientos de papeles, miles de papeles,
solo papeles!
Burócrata.- (Con placer) ¡Hojas de vida!
Ella.- ¡Solo cartones!
Burócrata.- Diplomados, que de tenerlos facilitarían cualquier trámite.
Ella.- ¡Yo luché día a día por ganarme el título de señora!
Burócrata.- Su título no es reconocido por las leyes divinas. (Cambiando
a una actitud de galán.) Aunque…señora, déjeme decirle que usted es el
retrato vivo de la belleza. Permítame sentir su mano sobre la mía.
El burócrata toma la mano de Anastasia y la acaricia suavemente, lo cual hace que
la sorprendida mujer reaccione proporcionándole una cachetada al burócrata.
Ella.- ¡¿Pero cómo se atreve?! ¡Yo soy una mujer decente!
Burócrata.- En ese caso, me temo no poder atenderla. Vaya con esos
papeles a la oficina diez, pasillo quince, puerta ochenta y dos.
Ella.- Pero señor, solo le pido…
Burócrata.- (Interrumpiéndola levantando el teléfono) No oigo, no oigo, soy
de palo, tengo orejas de pescado. (Repite varias veces. Los dos hablan al mismo
tiempo hasta que él cuelga el teléfono.)
Burócrata.- (Entrando en un estado de ensoñación.) Pescado, pescado,
pescado…
Ella.- (Desesperada.) ¿Señor me puede dar información?
Burócrata.- (Recordando sus vacaciones.) ¡Sol, mar y arena!
Ella.- Necesito una firma, una firma autorizada.
Burócrata.- ¡Cancún, Hawai!
Ella.- Debo llegar a la oficina diez.
Burócrata.- ¡Agua y brisa… Venecia…!
Ella.- Pasillo quince, puerta ochenta y dos.
Burócrata.- Las calles empedradas de Edimburgo…
Ella.- ¡Solo un sello, necesito un sello!
Burócrata.- ¡París! ¡París!
Ella.- ¡Solo un sello, solo un sello!
Burócrata.- ¡París!
El Burócrata se deja caer feliz sobre la mesa mientras ella desesperada corre
persiguiéndolo. Él disfruta de un paseo de placer y ella hace lo posible por alcanzarlo
pero no lo consigue. El Burócrata siente una suave brisa en el rostro, al mismo tiempo
que ella rueda y se arrastra por el piso mientras esquiva múltiples obstáculos.
El viaje termina y el Burócrata satisfecho descansa sobre la mesa con una gran sonrisa
que pinta su rostro.
Ella.- (Queriendo despertarlo.) Señor, señor, señor. (Él no reacciona, no regresa
de su sueño. A ella se le ocurre algo.) ¡Doctor!
Burócrata.- (Vuelve a la realidad abruptamente.) ¿Dígame para qué soy útil?
Ella.- ¿Y si llegamos a un acuerdo? (Él no entiende.) Yo sé que hay cosas
mucho más importantes que el dinero, pero hace falta mucho dinero
para conseguirlas.
Burócrata.- No entiendo señorita lo que…
Ella.- (Haciendo un gesto de dinero con sus manos.) Un acuerdo.
Burócrata.- (Feliz.) ¡Hecho!
Ella.- (Arrepentida.) No puedo.
Burócrata.- Sí puede.
Ella.- ¿Qué hago?
Burócrata.- El acuerdo.
Ella.- ¡No hay acuerdo! Morir es un derecho natural del ser humano, y
yo no pienso pagarle.
Burócrata.- ¡Yo no pienso atenderla!
Ella.- ¿Pero y mi situación? Llevo horas en este lugar y nadie me da una
indicación, estoy perdida, necesito información.
Burócrata.- Visite nuestra página web.
Ella.- Necesito hablar con alguien, no quiero comunicación muerta.
Burócrata.- ¡Modernícese, usted está muerta!
Ella.- ¿Muerta?
Burócrata.- ¡Muertísima!
Ella.- ¿Muerta?
Burócrata.- ¡Muertada!
Ella.- ¿Muerta?
Burócrata.- ¡Muertuda!
Ella.- (Desconcertada) Muerta, muerta…
Burócrata.- ¡Bienvenida al mundo de hoy!
Ella.- (Ella observa a su alrededor y ve a gente que ingresa al cielo libremente.)
¿Pero por qué hay gente que circula sin problema?
Burócrata.- El poder no se acaba con la vida señorita, (Ella intenta ir por
donde va esa gente y él la detiene.), y usted está en manos de nuestra empresa,
la única especializada en el destino de su muerte.
Ella.- ¡Necesito hablar con usted!
Burócrata.- Necesita una cita.
Ella.- ¡Una cita, quiero una cita!
Burócrata.- Hable con mi secretaria.
Gira todo el lugar cambiando radicalmente el tiempo y el espacio. Aparece una
secretaria que sostiene un teléfono antiguo.
Secretaria.- ¡Jefe, tiene una cita!
Burócrata.- (Toma el teléfono y lo cuelga.) Cancelada.
Secretaria.- ¡Pero jefecito!
Burócrata.- Señor Director.
Secretaria.- Señor Director, es la vigésima cuarta vez que rechazamos
la solicitud de esta señorita y no me parece justo que…
Burócrata.- (interrumpiendo) ¡Un solo cliente no va a obligarnos a
trabajar!
Secretaria.- ¡Jefecito pero nunca trabajamos!
Burócrata.- (enojado) Si tiene tantas ganas de trabajar, entonces
trabaje. Ahora mismo se me antojó redactar un importante informe.
Ella toma una pluma y un papel
Secretaria.- ¡Estoy lista!
El Burócrata comienza a dictar una serie de palabras incomprensibles. Es un
parloteo absurdo que confunde a la secretaria quien intenta cazar alguna palabra o
idea de aquella verborrea sin sentido.
De pronto suena el timbre del teléfono y ellos se asustan. La secretaria quiere pasarle
el teléfono al Burócrata, pero éste huye perdiéndose entre las sombras.
Secretaria.- Aló, secretaria.
Anastasia.- Señorita estoy entre la vida y la muerte…
Secretaria.- Todos estamos entre la vida y la muerte querida.
Anastasia.- Necesito una cita, una cita con el Embajador.
Anastasia.- Todas necesitamos una cita con el Embajador.
Anastasia.- Señorita por favor…
Secretaria.- Señorita por desgracia, aunque espero que no por mucho
tiempo, pues no he visto un ángel en años, y eso que estoy tan cerca del
cielo.
Anastasia.- No entiendo nada de lo que me dice (La Secretaria cuelga el
teléfono.) ¡Señorita, señorita, señorita!
Anastasia se queda sola en medio de un inmenso pasillo. Su voz desesperada retumba
en las paredes y vuelve con el gran eco de su soledad. Está perdida en un laberinto de
números, sellos y firmas que flotan en el aire y consumen su energía hasta dejarla
exhausta. El burócrata aparece cantando “Singing in the rain” y encuentra en el piso
a la mujer colapsada.
Burócrata.- (Deja de cantar.) Señorita… X, según los códigos 25G y 25Y,
usted se vuelve un caso 32A y va a tener que pagar un impuesto
adicional. (Repite el anuncio hasta despertarla)
Ella.- Eso no es justo, llevo horas en este lugar tratando…
Burócrata.- (Interrumpiéndola.) Usted tiene derecho a permanecer en
silencio, tiene derecho a un abogado y tiene derecho a una llamada.
Ella.- No gracias. Ya la hice.
Burócrata.- ¿Con qué permiso?
Ella.- (Irónica.) Embajador, Ministro, Licenciado, Doctor… ¿Podría
hacer una llamada?
Burócrata.- ¡Concedidísima!
Ella.- No gracias, ya la hice.
Burócrata.- ¿Qué ha hecho?
Ella.- La llamada.
Burócrata.- No llamó.
Ella.- Si llamé.
Burócrata.- ¿Y con qué autorización?
Ella.- Con la que usted me dio después de que llamé.
Burócrata.- Usted no llamó, no llama, ni llamará.
Ella.- No llamaré, porque ya llamé.
Burócrata.- no llamó, no pudo haber llamado
Ella.- Llamé, y llamaré cuando yo quiera
Burócrata.- Llamará cuando yo quiera querrá decir
Ella.- No quiero porque ya lo hice
Burócrata.- ¿Qué ha hecho?
Ella.- La llamada
Burócrata.- ¡Basta! ¡Se cancela la atención al cliente!
Ella.- ¡Eso no es posible, no es justo! ¿Quién se cree, quién es usted para
suspender la atención?
Silencio.
Burócrata.- (Inflando su ego) Yo soy el Embajador extraordinario y
plenipotenciario. El que pone las reglas, el amo del buró. Yo soy…Yo
soy…¡el rey!
Suenan truenos y cambia la atmósfera. Ella se pierde entre sombras y el Burócrata
comienza a flotar imaginando dar un discurso para muchos adeptos. Cegado por el
poder obliga a todos con su bastón a hacer una reverencia, mientras su pecho se infla
hasta tocar su barbilla. Desfila saludando a seres de su imaginación hasta que poco
a poco se cansa y se duerme sobre el buró, entrando así a un dulce sueño.
Todo se oscurece hasta que de pronto una pequeña luz revela la silueta de Anastasia,
quien entra en puntitas como bailarina acompañada de una música alegre. Ella hace
reverencias y saluda con respeto al Burócrata, cuya emoción va creciendo
progresivamente.
Ella.- Buenos días señor Ministro, encantada señor Embajador, que
honor Don Coronel, ¡Magíster! ¡Ups! Perdón ¡Doctor! ¿Así que ella es la
primerísima primera dama? Tanto gusto. ¡Bienvenido, Oh, Rey!
El Burócrata se levanta sintiéndose Rey y ella lo aplaude, lo admira y se derrite cada
vez que él envía besos. El Rey saluda mientras camina por una alfombra roja y una
multitud enardecida lucha por obtener una mirada de su líder, quien llega a sentarse
en la silla convertida en trono. Lentamente cambia la luz y todo lo que rodea al
Burócrata se va desfigurando hasta desaparecer, quedándose él dormido sobre el
escritorio.
Ella entra...
Ella.- (Intentando despertarlo.) Señor, señor… Su majestad.
Burócrata.- (Despertándose de golpe.) Dígame para qué soy útil.
Ella.- Mientras usted dormía he llenado todos los formularios que
solicita. Más el anexo uno, el dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho,
nueve, diez ¡Toooodos! Aparte, he sacado dos copias a color y en
blanco y negro de cada uno de los documentos de identidad. Además,
dos fotos tamaño carnet, una tamaño pasaporte y una carta firmada,
notarizada, certificada, sellada y apostillada. Por lo tanto exijo con todo
respeto y admiración que revise los documentos inmediatamente.
Burócrata.- Con todo respeto y admiración debo decirle que se acerca
mi hora del lunch, por lo tanto le brindaré tan solo unos minutos.
Ella.- Con todo respeto y admiración, esa es su obligación.
Burócrata.- Aunque pensándolo bien, con todo respeto y admiración,
usted no ha hecho méritos para ser atendida.
Ella.- Con todo respeto y admiración, usted me ha cerrado todas las
puertas.
Burócrata.- Con todo respeto y admiración, usted se ha puesto sus
propios candados.
Ella.- Admirablemente me ha irrespetado.
Burócrata.- Respetablemente usted me admira.
Ella.- Yo no lo admiro ni lo respeto.
Burócrata.- Exijo respeto y admiración.
Aumenta la tensión entre los dos hasta que inician un combate. Ella usa como arma
los papeles y él su bastón. Ambos atacan y se defienden dentro de un ruedo.
Anastasia y el Burócrata luchan hasta terminar exhaustos.
Ella.- (Con ironía.) ¡Ups…el señor se molestó! Alguien olvidó la
reverencia, pero cómo es posible, esto es inaudito. Que tonta he sido al
irrespetar a un hombre tan honorable, tan trabajador, tan honesto, tan
importante (el Burócrata va inflando el pecho). Al Licenciado, al Doctor, al
Ministro, al Embajador extraordinario y plenipotenciario, a su Majestad,
El Rey.
Burócrata.- (Con su pecho muy inflado a punto de estallar) ¡Formularios,
revisión de formularios!
Suena música circense y Anastasia entrega al Burócrata varios papeles y éste los va
botando mientras baila sin darles ninguna importancia. De repente ella le ofrece el
último documento, y cuando él se presta a tomarlo ella no se lo entrega, lo cual para
de golpe la música y detiene el ambiente festivo.
Ella.- ¡El oficio requerido por su excelencia!
El Burócrata toma el oficio, lo lee y no lo puede creer
Burócrata.- (Sorprendido.) ¡Esto es imposible!
Ella.- Es posible.
Burócrata.- No puedo creerlo.
Ella.- Pues créalo.
Burócrata.- Esto es inaudito.
Ella.- Lo mismo digo.
Burócrata.- Inaudito.
Ella.- Inaudito.
Burócrata.- Inaudito.
Ella.- Inaudito.
Burócrata.- De manera que usted aún presenta signos vitales.
Ella.- Lo sabía, yo lo sabía.
Burócrata.- ¿Y por qué no me lo dijo antes?
Ella.- ¡Es lo que he intentado decirle desde que llegué a este lugar y usted
no me lo ha permitido!
Burócrata.- Debe entender señorita, que aquí tenemos mucho trabajo
y hemos cometido un pequeñísimo error. Sepa usted disculparnos.
Ella.- Pero aún tenemos tiempo. ¡Haga algo, haga algo!
Burócrata.- Haré todo, todo lo que esté a mi alcance.
Ella.- ¡Lo que sea pero hágalo ya!
Burócrata.- Necesito sus datos.
Ella.- Anastasia, exceso de anestesia, treinta y tres. Cero uno cero tres,
setecientos ochenta cinco, veinticinco raya cero. Uno punto cincuenta
y nueve, negros, blanca…
Burócrata.- ¡Solicitud de ingreso para ser anulada!
Suena un reloj y ella con desesperación comienza a buscar el documento entre todos
los papeles que están tirados en el piso. De pronto suena un timbre y se corta el sonido
del reloj. El Burócrata toma el teléfono como micrófono y se convierte en una especie
de presentador de programa concurso.
Burócrata.- ¡Se teeeeerminó su tiempo! ¡Y usted señora Anastasia es
ahora oficialmente nuestro cliente!
Anastasia desesperada intenta escapar y no puede pues está atrapada. El Burócrata
la manipula con su bastón mientras se escuchan varias voces que dicen palabras
incomprensibles.
Junto a truenos y relámpagos cae una lluvia de papeles. Aumenta la intensidad de
la lluvia y el Burócrata se va bailando entre la bruma.
Termina la lluvia de papeles y ella se queda sola, dormida sobre la mesa.
De pronto ella se despierta asustada y se encuentra en una sala de espera sosteniendo
un ticket de turno en su mano.
FIN