Segundo Parcial
Segundo Parcial
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participante como un sujeto activo, que tiene algo que decir, la posibilidad de salida e
intercambio con la comunidad, etc.
¿Qué puede aportar el arte?
Nise Da Silveira funda un taller donde se dedica a ayudar a los enfermos a representar lo que ella
llamaba sus imágenes icc y descubre que en este trabajo de plasmar su interioridad, el sujeto va
calmando y dominando sus propios fantasmas. Habla de sujetos que padecen, de personas con
la necesidad de expresarse y hacer extensiva dicha necesidad cuando la plantea como inherente
a la psiquis humana, ofrece para el tratamiento de personas con patologías graves acercarse a
ellas desde una posición innovadora. El paciente tiene un código, un lenguaje, una forma de
percibir el mundo, el terapeuta deberá acceder a dicho código, lo explica cuando nombre al
taller como un Oasis donde el paciente encuentra la posibilidad de expresarse libremente y de
encontrarse con otro que no intentará forzarlo hacia una pseudo adaptación a pautas y
parámetros socialmente aceptados, sino por el contrario se interesará por compartir su peculiar
forma de lenguaje. Plantea al arte como forma de tratamiento no verbal, especialmente en
personas con graves limitaciones en este sentido.
La decisión de que los talleres sean coordinados por artistas, devela que se privilegia lo que
nosotros llamamos la mirada del artista, única posibilitadora de la apuesta deseante a la creación.
Se instala así al concurrente en el nivel de posibilidad del sujeto creador, sacándolo de la
perspectiva que lo nombra como enfermo. La experiencia que comentan sobre que los pacientes,
al interaccionar con coordinadores artistas se comportan de manera más activa, cuidado su
propia dignidad, y resguardando el espacio de taller como un lugar propio, valioso y sano la
compartimos plenamente y puede comprobarse en cualquier taller que funcione con
características similares.
Nos parece importante que el coordinador tenga una idea de la posibilidad de estos procesos,
que pueda estar al tanto de las peculiaridades relevantes del cuadro de los pacientes
participantes. Es sabido que, a veces, es conveniente no traer algunas temáticas específicas que
podrían “brotar” o desestabilizar al paciente psicótico, no forzarlo o llevarlo a ciertos tópicos
temáticos especiales. Por otro lado, también será de utilidad al estar entrenados en la mejor forma
de contención ante lo que el paciente canadiense describió como un high, momento en que el
sujeto necesita que lo ayudemos a no desbordarse, mantenerle los marcos y poder maniobrar
para que no se produzca una desorganización perjudicial que borraría al sujeto activo y
responsable de su acto artístico.
TALLERES DE EXPRESIÓN ARTISTICA EN ESCUELAS DE EDUCACION ESPECIAL.
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El quehacer concreto en el taller de arte favorece los procesos de aprendizaje, ofrece nuevas vías
de comunicación y ofrece al niño otros parámetros desde donde poder posicionarse frente a una
sociedad que lo enfrenta con la frustración, entendiendo al niño como una totalidad incluyendo
sus aspectos afectivos, psicológicos, emocionales, relacionales, etc.
Con respecto a los problemas de adaptación, vinculares, de relación también se fueron viendo
cambios positivos. Por un lado, al aprender a trabajar y a relacionarse corporal y vincularmente
con los otros. Por el otro, a partir de tener las herramientas y poder empezar a producir, ya no se
sentían tan afuera y pudieron empezar a ser reconocidos como parte de su grupo. Fue un
crecimiento también desde la autoestima, de pibes que no hablaban, que estaban el aula solo
ocupando un espacio, sin producir, sin relacionarse, o con relaciones mínimas.
El arte, las prácticas expresivas, son tomadas para intentar ayudar a corregir y curar heridas del
sistema socio-económico, del medio ambiente en donde se crio el niño, de las falencias vividas en
el interior del núcleo familiar o directamente de su ausencia. No solo en su posibilidad novedosa
de apuntar a la capacidad de simbolización sino básicamente en relación al otro. Caso del texto,
la práctica teatral y expresiva lleva a un conocimiento del otro, que para muchos chicos será
novedoso e inaugural: otro que no se un potencial enemigo, rival, explotador, etc., sino otro con
el que se podrá vincular con quien podrá sumar, crear, producir. Es así que para chicos donde su
única forma de vinculación era la violencia, el teatro se transforma en un medio posible que
encuentra y descubra que puede vincularse de formas muchos más gratos y valiosos para él
mismo. De esta manera, sostenemos que la praxis artística puede ser un medio para intentar
remediar las distorsiones que la hostilidad de una sociedad en crisis produce en la percepción de
los vínculos humanos.
El individuo no se agota en sus capacidades cognitivas ni sus limitaciones concretas. El desarrollo
de otras capacidades aporta una base de sustento afectivo y emocional desde donde apuntalar
las áreas más deficitarias. Nuestra propuesta es que el taller de arte apunte a ser una herramienta
que ayude, a través del interés, del deseo, al desarrollo de las capacidades comunicativas y
expresivas. Ya que la obra permite y facilita el contacto y la comunicación con el otro que aporta
su mirada de aquello que se produce, favoreciendo el dialogo y la interacción del artista con su
entorno social.
Los objetivos principales del taller de arte:
Ofrecer a los alumnos la oportunidad de descubrir toda una gama de posibilidades, donde
sean protagonistas, donde puedan conectarse con aquello que les es propio, su subjetividad.
Brindarles las herramientas necesarias para que puedan sentirse valorados y respectados como
personas, acceder a un lenguaje sensible con el cual canalizar sus emociones.
Acompañar a la persona en su búsqueda estética propia y su desarrollo potencial como artista,
entendiendo a esta figura en su aspecto más amplio, como persona creativa capaz de ofrecer
a otros aquello que le es propio.
Ofrecer un ámbito donde, a través de diferentes técnicas y materiales, el individuo pueda
comunicarse con su entorno y canalizar aquellas demandas internas que encuentran una vida
de expresión accediendo a la sublimación.
Es fundamental la intencionalidad de las actividades. No se pueden proponer las mismas
actividades para todos indiscriminadamente. Estas deben responder a objetivos específicos que
apunten a facilitar la expresión y la comunicación.
El taller de arte encontró un lugar donde poder aparecer como personas deseantes, con algo
para decir, para comunicar, para brindar, intercambiar.
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Otro punto importante es que la adquisición del vocabulario se logra muy lentamente en relación
con otros conocimientos, entonces el niño con debilidad mental posee un particular retardo en los
medios expresivos. Desde este punto consideramos fundamental el poder contar con talleres
artísticas que estimulen y desarrollen la capacidad de expresión a través de diferentes medios, el
arte como vía de expresión de lo propio, lo interno, el arte como comunicación amplia e integral
con el entorno y con otro, creemos que estos espacios deben ocupar un lugar importante en el
sistema educativo.
Siempre será prioridad la adaptación y modulación, según la singularidad de los participantes, la
particularidad del medio institucional donde se realice, el “estilo” propio de los coordinadores, etc.
Bibliografía: Fainblum. Cuando la discapacidad oculta la subjetividad en escena.
Voces que al enunciar los diagnósticos desde un saber anticipado suelen operar a la manera de
una sentencia, de una condena que destina a un lugar unívoco. Lugar de la imposibilidad, del
límite, lugar de la cosificación: “es trisómico, paralítico cerebral, deficiente mental o X frágil. Espere
poco o nada. Hágase la idea. Será necesaria mucha estimulación para algo conseguir….”.
Diagnósticos que suelen hacer destino, destino de discapacitados, destino de débiles al arrojar al
destinatario desde sus enunciados al sentido cristalizado de la limitación, sin posibilidad de
predicamentos que impliquen permutaciones significantes. Posiciones éstas que insistentemente
sustraen de manera anticipada espacios de posibilidad. Posibilidad de recorrer con voz propia
una travesía de vida singular e imprevisible.
Voces que no son sin efectos en los ya desgarrados narcisismos en juego que han estado a la
espera de His Majesty de Baby.
Posiciones defensivas que desde el saber verdadero arrojado desde La Ciencia forcluye al sujeto,
reenvíandolo al anonimato de las generalizaciones clasificatorias y de los pronósticos
homogenizantes.
Mientras que la Ciencia no se pregunta por sus consecuencias ni por el sujeto, el Psicoanálisis lo
reivindica desde la propia ética. Y es entonces que en nuestra práctica psicoanalítica en la clínica
de la discapacidad, aquello que va brujulando nuestra posición es la interrogación acerca del
Sujeto. Intervenciones que cabalgan en una ética que hace disyunción con aquellas que con
finalidades reeducativas, respondiendo a los imperativos de los rendimientos comportamentales e
intentando suturar el “déficit”, se organizan desde teorías que responden con sus variantes
actuales al mismo paradigma positivista de las teorías de antaño
Niños, jóvenes o adultos con gran chatura y pobreza psíquica, automatizados, alienados,
repetitivos y monótonos, debilitados en su palabra, adheridos a lo inmediato y concreto, muchos
de ellos en una crónica posición infantil habiendo dejado hace tiempo de serlo. Con poca
vitalidad, con escasa vida, en realidad, con escasa o nula vida propia. Patrimonio de aquellos
que manejan los hilos de la misma, determinando un destino. Otro que desde un exceso de poder,
poder arrasador, lleva a cabo un acto de violenta apropiación.
Diferenciación conceptual: discapacidad o deficiencia intelectual como consecuencia de una
causación orgánica. Debilidad mental: lo que está en juego son factores de orden psíquico.
Encontramos sujetos en posición de debilidad mental, presenten o no discapacidad. Sujetos
debilitados, efectos de las vicisitudes que se jugaron en su estructuración subjetiva entrecruzada
con las derivaciones de la iatrogenia introducida por los profesionales. Al no ser patognómica del
síndrome orgánico, constituye entonces “patología psíquica agregada”. Maud Mannoni pone en
el tapete de la discusión cómo el destino del mismo suele ser el de “objeto protector” de la madre
y de allí “objeto” de todas formas de reeducación y domesticación. Para Lacan la “debilidad
mental” no se trata de una nueva estructura sino de uno de los efectos posibles de la constitución
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del sujeto en el campo del lenguaje. Quien presenta un déficit orgánico no escapa a las generales
de la ley de todo humano en su estructuración subjetiva. Interrogar al sujeto y rescatar la
causalidad psíquica, no supone negar los componentes orgánicos, el real irreductible en juego.
No supone sustituir la causa orgánica, sino que sin desconocerla se trata de evitar cristalizar en la
misma, se trata de no hacer destino desde una mirada que atrapada en la alteración condicione
los caminos a partir de centrarse en el déficit. Se trata de garantizar y privilegiar la dimensión
subjetiva que entra en juego. Y entra en juego para todo ser de lenguaje y quien tiene una
discapacidad, ésta en sí misma no obtura esta condición.
Lacan. “Llamo debilidad mental al hecho de que un ser, un ser hablante, no esté sólidamente
instalado en un discurso. Esto es lo valioso del débil. No hay otra definición que podamos darle,
sino la de estar, como se dice, un poco desviado, es decir que flota entre dos discursos. Para estar
sólidamente instalado como sujeto, hace falta sostenerse en uno….”Por lo tanto quien está en
posición de débil mental si bien no está sólidamente instalado en el discurso no está por fuera del
mismo como el psicótico en el que se juega la forclusión del Nombre del Padre.
En el débil mental el S1 presenta una pregnancia imaginaria tal que conduce al “mismo sentido”,
al orden de la repetición. La lógica binaria está alterada. Pareciera que el haber sido predicado
de manera casi unívoca: discapacitado, débil, limitado, objeto a cuidar, a reeducar, a decirle qué
hacer y qué decir desde un Otro que tiene todo el saber ….dicha predicación ha producido sus
efectos identificatorios que conlleva a esta posición debilitada. A la par y por haberse identificado
encarnando el objeto que podría colmar el deseo de la madre es que desde este lugar de sumisión
a la identificación al objeto de la falta del Otro, se producirían efectos discursivos:
Existe una frecuente tendencia a repetir y la particularidad de esta repetición es que se trata
de la reiteración de los enunciados de los otros para referirse a sí mismo o de los significantes
del Otro. En la entrevista con los padres de Agustín es hablado desde los mismos como un niño
que le cuesta tener amigos, aprender y que lo central que le pasa es “que tiene alteraciones
en memoria a largo plazo”. En el transcurso de las diferentes sesiones es reiterada la respuesta
del puber, respuesta brindada en forma repetitiva y monótona, sesión tras sesión y ante el
tema que se trate: “no me acuerdo” ”cuando me acuerde te digo”. Derrotero éste por el que
queda anulada la posibilidad de la propia palabra, el poder ir articulando en un discurso un
nuevo S2 que lo represente y así poder emerger desde el interior del mismo. Ausencia de un
discurso en el cual sostenerse. Por el contrario, se manifiesta la reproducción, sin posibilidad de
corte alguno, del enunciado parental desde el que se muestra y se formula. Entonces es
habitual que se manifieste la ausencia de la palabra propia, de los propios enunciados para
referirse particularmente a sí mismo, dándose una repetición de la del Otro, presentándose a
la manera de un eco.
El sujeto al que estamos refiriendo es el sujeto del inconsciente; si hay deseo es porque se inscribió
la dimensión de la falta, de la castración. El sujeto se deja entrever fugazmente en los quiebres, en
las vacilaciones en el discurso. Este sujeto es un sujeto escindido entre el sujeto del enunciado y
sujeto de la enunciación. El primero sería el sujeto que habla actualmente mientras que el sujeto
de la enunciación alude a que el sujeto “es hablado”. El “débil mental” se rehúsa, nada quiere
saber de aquello que emerge entre los significantes, de diferente en lo que se quiere decir. Lo
rechaza y entonces a la par anula el hecho de enfrentarse con la enunciación. Elimina la
posibilidad de enfrentarse con la dimensión donde se lee el deseo del Otro. Dada su identificación
sumisa al objeto de la falta del Otro estaría evitando es el enfrentarse a la castración del mismo.
¿Cómo intervenir con pacientes con estas características? Una de las estrategias necesarias es el
“puntuar” la serie monótonamente presentada, esa serie en la que subyace el carácter de
infinitud y así acotarla. Inscribir un punto, un corte en lo monocorde.
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En oportunidad de alguna interpelación referida a un saber propio, a un saber acerca de algo
personal, respondiendo como suele hacerlo, o sea a la manera de cliché, dice: “No sé, te lo
averiguo y cualquier cosa te aviso”. Lo que se estaría jugando es la dificultad en relación al saber,
la alienación y por lo tanto la despersonalización respecto a lo propio como asimismo la
transformación de la pregunta en mandato, en tarea para el Otro y determinada por este Otro.
Pierre Bruno alude a esta situación, a la dificultad en la relación con el saber y a la debilidad del
pensamiento, afirmando que la funcionalidad de los mismos sería conservar intacto al Otro
convirtiéndose en su siervo. Tentación para muchos profesionales a aceptarlo con agrado o
promover la debilitación a partir de atribuírselo ellos mismos.
Caracterización: Fenoménicamente se trata entonces de aquellos pacientes que repiten, repiten
exactamente lo mismo sesión tras sesión, día tras día, y lo repiten como si fuera la primera vez. Que
se presentan hablando del mismo tema, de la misma manera y con un monto de monotonía
elevado. Son aquellos que transferencialmente generan aburrimiento, a veces hasta cierto
fastidio. La banalidad suele ser la característica tanto del contenido como de la forma de lo
expresado. No presentan matices ni movilidad en sus razonamientos y perspectivas frente al tema
que se trate. Se ubican por siempre en la misma posición sea quien fuere a quien dirigen su
palabra. Es así que muchos niños, jóvenes y adultos establecen un lazo por igual para todo
interlocutor con una cualidad de familiaridad e intimidad que se mantiene aún con desconocidos.
Dificultad de descentrarse a fin de considerar otras perspectivas y posiciones.
Son aquellos que en lugar de ser los “protagonistas” de su vida están fijados a un lugar de
“personaje”, aquel que es creado por Otro (¿Amo?). En la clínica de la discapacidad encontramos
niños, jóvenes o adultos en posición de “personajes”, creados por Otro. Otro encarnado tanto por
quien ha ejercido la función materna como por diferentes profesionales que escriben el texto de
la vida de los mismos.
Al posicionarnos desde la ética propia del psicoanálisis desde la cual es central la interrogación
por el sujeto como asimismo su convocatoria, se estaría promoviendo por este derrotero una
posición contraria a la de objeto de la manipulación de Otro, propiciando entonces una posición
de “protagonista”. En consecuencia, estar en la perspectiva de generar un efecto sujeto
implicaría tender a intervenir generando una debilitación de la posición de débil, (con)moverla en
el sentido de propiciar entre otras cuestiones, una posición de autonomía, de posibilidad de la
palabra propia , de sostener/se y no claudicar rápidamente a la misma y al propio saber , de
poder representarse en un discurso al cual estar amarrado. Es decir, de escribir el texto propio de
la propia vida y entonces de esta manera emerger desde un papel principal, el de “protagonista”
de la misma. Así se hará posible progresivamente conectarse con lo propio y ponerlo a jugar en
sus iniciativas y elecciones y a la par ir desplegando la responsabilidad subjetiva.
El psicoanálisis interviene en relación a un sujeto responsable o en ausencia a su emergencia. Ser
responsable es que pueda responder por sus actos, por aquello que dice y que hace. Dimensión,
la de la responsabilidad subjetiva, ausente o sumamente debilitada en la clínica de la
discapacidad, debilitamiento no generado por el déficit. Frecuentemente ya desde el impacto
del diagnóstico suele no ser reconocida como posibilidad y de antemano entonces llega a ser
obturada. Obturación llevada a cabo desde aquellos Otros que al debilitarla se fortalecen
defensivamente por este camino.
Los inteligentes con discapacidad intelectual…
Lograr ir ocupando una posición sujeto fortalecida implicaría la posibilidad del despliegue ya no
de una chatura y monotonía en las producciones subjetivas sino por el contrario de una progresiva
riqueza psíquica, de la posibilidad de un despliegue significante accediendo a la movilidad y
flexibilidad del mismo
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Ello implica fundamentalmente el despliegue de una inteligencia que es concebida desde el
psicoanálisis como no teniendo nada que ver con CI, ni operatorias lógicas. Quien tiene una
discapacidad intelectual y presenta un déficit en la posibilidad de acceder a las operatorias
aludidas y que tal vez nunca logre la lecto-escritura o la adquisición de determinadas
operaciones matemáticas, sin embargo podrá desplegar una riqueza psíquica, una producción
subjetiva “inteligente” que nada tiene que ver con la limitación cognitiva por causa orgánica.
La “debilidad mental” no tiene que ver con un “déficit”, sino con una posición subjetiva
“debilitada” que compromete a la “inteligencia”. La “inteligencia” se jugaría en la posibilidad de
“leer entrelíneas” comprender lo que se dice más allá del sentido literal y el débil se niega a
acceder a este entrelíneas, se niega a preguntarse por el deseo del Otro. En consecuencia el débil
presenta dificultad respecto al saber y fundamentalmente queda también comprometida su
inteligencia.
Nos topamos con niños, jóvenes o adultos débiles, estrictamente debilitados. Que en el tiempo de
la niñez han sido y siguen siendo pobremente predicados o unívocamente hablados desde el Otro.
Niños que no juegan. Niños que en los intercambios con quien ha encarnado la función materna,
función generalmente también debilitadas o conflictivamente constituida por el efecto de lo
posiblemente no tramitado del diagnóstico, han estado limitadamente expuestos a la circulación
del placer. Niños que en los momentos fundantes de su aparato psíquico si bien pudo haber
existido un objeto por fuera de la célula narcisística, éste ha sido insistentemente el de la “utilidad”,
el de los ejercicios, el de la rehabilitación. Niños que particularmente y en no pocos casos en
exceso, suelen haber soportado una posición objetal de manipulación diversa de Otros
Espacio privilegiado en la infancia el del jugar. Posibilidad de suspender la realidad externa sin
perderse, punto de invención y de creación. Hiancia entre el sujeto construyéndose y el
objeto/juguete construido. El hacerlo es dejar de serlo. De ser el objeto/juguete de Otros
omnipotentes.
Su problemática se juega en relación al saber. De tal modo que claudica prontamente a su
palabra otorgando valor de verdad al decir del Otro. Pareciera que nada quiere saber acerca de
la castración del éste. Nada quiere saber acerca de este lugar Otro.
El lazo social: una cuestión de discurso.
El débil presenta dificultad no solo para reconocer los matices del lazo social sino
fundamentalmente para sostenerlo. En el caso del débil se trataría de la posición de esclavo
implicada en el “discurso amo”. Sostiene Alvarez, A (2006) “En el Discurso Amo hay una función
que cumple el esclavo…y que le es necesaria al amo en la medida en que va extrayendo de allí
el saber…”. El esclavo es aquel que estaría desposeído de su saber y la función del mismo: “…es
solidaria a que el amo no conozca su deseo”. El deseo implica reconocer la castración. Esto último
es a lo que está dedicado el débil.
¿Por qué caminos lo intenta? Por los ya referidos: renunciando a su saber, claudicando
rápidamente a su palabra, otorgando valor de verdad a la del Otro, consagrándose a la referida
posición de chatura y pobreza psíquica, inhabilitando el entrelíneas
Hacedores de débiles
Mientras el (profesional) Amo disponga de un (paciente) Esclavo no se enfrentará con el propio
deseo que implica enfrentarse con la castración. Esto es lo que queda velado pues justamente el
esclavo funciona contribuyendo solidariamente a su desconocimiento.
Desde esta lógica del discurso amo frente a quien presenta una discapacidad los efectos de
aplastamiento y debilitación subjetiva son casi inevitables
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Ya hemos subrayado y reflexionado acerca de cómo desde una ética que hace al psicoanálisis
se estaría promoviendo la emergencia subjetiva y como advierte Lacan (1984) el reverso del
discurso amo es el discurso del analista. Pero (Lacan: 1984) advierte que “el discurso del analista
debe encontrarse en el punto opuesto a toda voluntad de dominar, porque es fácil deslizarse de
nuevo hacia el discurso del dominio”.
Bibliografía: Booth. Índice de inclusión escolar.
Un enfoque inclusivo para el desarrollo de la escuela.
El índice es un conjunto de materiales diseñados para apoyar el proceso de desarrollo hacia
escuelas inclusivas teniendo encuentra los puntos de vista del equipo docente, los miembros del
Consejo Escolar, el alumnado, las familias y otros miembros de la comunidad.
Las dimensiones, los indicadores y las preguntas.
La inclusión y la exclusión se exploran a través de tres dimensiones interrelacionadas en la vida de
las escuelas: culturas, políticas y prácticas.
Crear culturas Esta dimensión se relaciona con la creación de una comunidad escolar segura,
inclusivas. acogedora, colaboradora y estimulante, en la que cada uno es valorado, lo cual es
la base fundamental primordial para que todo el alumnado tenga mayores niveles de
logro. Se refiere, asimismo, al desarrollo de valores inclusivos, compartidos por todo el
personal de la escuela, los estudiantes, los miembros del Consejo Escolar y las familias,
que se transmitan a todos los nuevos miembros de la comunidad escolar. Los principios
que se derivan de esta cultura escolar son los que guían las decisiones que se
concretan en las políticas escolares de cada escuela y en su quehacer diario, para
apoyar el aprendizaje de todos a través de un proceso continuo de innovación y
desarrollo de la escuela.
Elaborar Esta dimensión tiene que ver con asegurar que la inclusión sea el centro del desarrollo
políticas de la escuela, permeando todas las políticas, para que mejore el aprendizaje y la
inclusivas. participación de todo el alumnado. Se considera como “apoyo” todas las actividades
que aumentan la capacidad de una escuela para dar respuesta a la diversidad del
alumnado. Todas las modalidades de apoyo se agrupan dentro de un único marco y
se conciben desde la perspectiva del desarrollo de los alumnos y no desde la
perspectiva de la escuela o de las estructuras administrativas.
Desarrollar Esta dimensión se refiere a que las prácticas educativas reflejen la cultura y las políticas
prácticas inclusivas de la escuela. Tiene que ver con asegurar que las actividades en el aula y
inclusivas. las actividades extraescolar promuevan la participación de todo el alumnado y
tengan en cuenta el conocimiento y la experiencia adquiridos por los estudiantes
fuera de la escuela. La enseñanza y los apoyos se integran para orquestar el
aprendizaje y superar las barreras al aprendizaje y la participación. El personal moviliza
recursos de la escuela y de las instituciones de la comunidad para mantener el
aprendizaje activo de todos.
Durante muchos años, se ha prestado poca atención al potencial de la cultura de las escuelas,
siendo este un factor importante que puede facilitar o limitar el aprendizaje y los cambios en la
enseñanza. A través del desarrollo de culturas inclusivas se pueden producir cambios en las
políticas y en las prácticas, que pueden mantenerse y transmitirse a los nuevos miembros de la
comunidad escolar.
Las tres dimensiones deben ser consideradas de igual importancia para el desarrollo de la inclusión
en la escuela.
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Cada dimensión se divide en dos secciones, que centran la atención en un conjunto de
actividades en las que deben comprometerse las escuelas, como una vía para ir mejorando el
aprendizaje y la participación de todo el alumnado.
Las dimensiones se superponen entre sí, ya que los avances en la cultura escolar requieren, a su
vez, la formulación de políticas y la implementación de prácticas.
Los indicadores representan una declaración de “aspiraciones” con las que se compara la
situación existente en la escuela a fin de establecer determinadas prioridades de desarrollo.
Tales indicadores pueden cumplir funciones distintas. Pueden servir para motivar la reflexión de
grupos de trabajo dentro del centro y hacer explícito su conocimiento previo acerca del
funcionamiento de su escuela. No hay que olvidar que una parte esencial del uso del índice es el
intercambio de información acerca de lo que se sabe sobre el actual funcionamiento de la
escuela con el fin de identificar las barreras que existen al aprendizaje y la participación dentro de
ella.
La definición de “apoyo” adoptada por el índice.
Apoyo o apoyo al aprendizaje escolar como todas las actividades que aumentan la capacidad
de una escuela para dar respuesta a la diversidad del alumnado. Proporcionar apoyo individual
a determinados alumnos es tan solo una de las formas para hacer accesibles los contenidos de
aprendizaje a todo el alumnado. También se presta apoyo, por ejemplo, cuando los docentes
programan conjuntamente, considerando distintos puntos de partida y diferentes estilos de
aprendizaje. El apoyo, desde este punto de vista, es parte integral de toda enseñanza.
Algunas veces, la inclusión se percibe tan solo como un movimiento que pretende incorporar a las
escuelas comunes a aquellos alumnos que estaban fuera de ellas. Y se piensa que éstos están
incluidos desde el momento que están en la escuela común. Sin embargo, desde nuestro punto
de vista, la inclusión es un conjunto de procesos sin fin, ya que también supone la especificación
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de la dirección que debe asumir el cambio, y esto es relevante para cualquier escuela,
independientemente de lo inclusiva o excluyente que sean su cultura, sus políticas y sus prácticas.
La inclusión significa que los centros educativos se comprometan a realizar un análisis crítico sobre
lo que se puede hacer para mejorar el aprendizaje y la participación de todo el alumnado en la
escuela y en su localidad.
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Se reproduce una vez más la histórica relación asimétrica y sesgada de capacitismo1 entre
profesionales e instituciones, dadores de saber y los (eternamente) pacientes carentes y
necesitados de autorización.
Hacia las instituciones la demanda histórica ha sido: que no pase nada. Actualmente las
intervenciones son más posibilitadoras de vínculos sexoafectivos, a condición de infantilizarlos y por
ende deserotizarlos.
¿No se estaría operando a través de estas intervenciones al servicio de una lógica de poder que
oprime a las PcDF permitiendo hacer elecciones solo dentro del campo de lo esperable, ideal y
heteronormativo?
Se erige así, un discurso profesional que se presenta comoun oráculo del saber, determinando
como deberían ser las cosas, dónde y a qué tiempo. Parecería instituirse de este modo un saber-
hacer con la sexualidad de un colectivo-otro, al que se le adjudican características ligadas a la
no “capacidad” de autodeterminar su vida afectiva y sexual.
La normatización establece la sexualidad de las PcDF como un problema que requiere
intervenciones tendientes a encauzar o reconducir las escasas manifestaciones sexuales
permitidas hacia actividades de descarga y cansancio. No se brinda una genuina ESI, sino que se
propone un intento de educar la sexualidad generando efectos de adoctrinamiento y
adormecimiento.
Así las PcDF se constituyen en base a resignar la sexualidad. Quedan invisibilizados, infantilizados y
sometidos a ocultar las manifestaciones de su sexualidad. Y en el mejor de los casos, los ámbitos
destinados para su expresión son dados a condición de responder a las únicas imágenes
esperables y soportables de amor romántico y heterosexual y con casi nula chance de genitalidad
ligada al placer.
En estos espacios delimitados y protegidos, serán los portadores de saber, en este caso los
profesionales, quienes cubran las necesidades dejando por fuera el deseo. En el marco de
prácticas profesionales tan intervencionistas en la potestad de los cuerpos y el magma de
significaciones que se erigen en torno a la sexualidad humana, cabe el planteo referido a si las
llamadas sintomatologías en sexualidad por parte de las PcDF no son el resultado de estas
prácticas naturalizadas e institucionalizadas a las que se han visto sometidas históricamente.
Cuando el supuesto saber ocupa demasiado espacio: lecturas, prejuicios e intervenciones.
Muchos profesionales que trabajar en instituciones con jóvenes se encuentran atravesadas por
discursos y prácticas arraigadas en marcos teóricos que requieren ser revisador y conducen a
realizar internveicones que visibilizan expectativas comportamentales normativizantes.
Por otra parte, los necesarios códigos de convivencia pueden deslizar normas institucionales que
responden, sin tener mucha conciencia de ello, a mandatos de control innecesario. Por ejemplo,
un novio o novia a la vez.
El estereotipo de género no solo moldea de manera anticipatoria un comportamiento y modo de
establecer lazo, sino que además invisibiliza y deja por fuera del campode la palabra la posibilidad
de vivenciar diferentes modos de vinculación y de ser. Es significativa la circulación de un saber
en torno a la sexualidad y a un supuesto saber hacer con la otra persona.
1
Es la discriminación y el prejuicio social contra las personas con discapacidad. Incluye estereotipos dañinos,
conceptos erróneos, barreras físicas y opresión en mayor escala. Dentro del capacitismo la discapacidad es
considerada como un “error” y no como parte de la diversidad humana, por lo que se percibe como algo negativo.
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Así se establece una frontera tajante entre lo que para una mayoría sin DF es sexualidad y sus
distintas manifestaciones, y lo que para las personas con DF deviene como una especie de
sexoterapia: una condición más de su existencia a rehabilitar.
Así pareciera que la DF excluye la posibilidad de ser reconocido y reconocerse en su subjetividad
como sujeto deseante, con sus correspondientes manifestaciones sexoafectiva. En esta misma
línea, quedan bajo efectos de infantilización y sometimiento, sin posibilidad de empoderarse y ser
protagonista de sus propias experiencias en relación a la sexualidad.
Algunas conclusiones.
La romantización de la sexualidad de quienes tienen DF posee una tendencia a expropiar la
dimensión del placer y la vivencia libre, ligándolo unívocamente a un relato novelado y por
momentos plagado de ingenuidad. El sexo por diversión, experimentación y placer compartido
resulta una práctica privilegiada y reservada para aquellos que no pertenecen a minorías
oprimidas, como las personas que presentan una DF. De esta manera, se constituyen
subjetivaciones en las que existe una identidad dolorosa de sobrellevar: la vergüenza de ser
poseedor de un cuerpo que se enseña a ocultar desde temprana edad al igual que los intereses
sexuales. A modo de posible consecuencia, la auto-invisibilización y el ocultamiento surgen como
respuestas y posicionamientos ante lo angustiante. Corporalidad monstruosa que debe ocultarse
o mantenerse fuera de la circulación social efectiva. Quedan así reservados para ellos estados
espacios institucionales acotados y por fuera de la inclusión social plena. Instituciones donde los
profesionales poseen el saber con respeto a sus cuerpos, necesidades, deseos y que son
aceptados y vivenciados, principalmente por las familias de personas con DF, con agradecimiento
y aceptación sumisa.
Incluir una ESI con perspectiva de DF y derechos sexuales en instituciones no implica solo diseñar,
planificar o adaptar el acceso a programas de contenidos de educación sexual. Una genuina
perspectiva de DF requiere el compromiso de comenzar a reflexionar sobre los modos en que se
abordan y se piensan las intervenciones profesionales en general, más allá del ámbito de lo
vincular y afectivo. Es pensar espacios que puedan armonizar el abordaje clínico y educativo, a
condición de que estén destinados a que los sujetos con DF puedan encontrar y construir un saber-
hacer propio y subjetivo con su cuerpo y transformaciones.
Es el placer el que estructura los bordes del cuerpo y este no se constituye desde normas y reglas
de otros sino desde la experiencia propia y el movimiento subjetivante con otros.
Los espacios destinados al intercambio y puesta en palabras de aquello que atraviesa los cuerpos,
requieren de una revisión que deconstruya estereotipos de género en personas con DF y que,
además, enfatice la ligadura insoslayable entre sexualidad e inclusión social.
Bibliografía: Ripolles. Sexualidad en la diversidad o diversidad en la sexualidad.
La sexualidad de las personas con DF, suelen vivir la sexualidad de manera distorsionada, hasta
cierto punto. Son personas concebida como asexuadas y en consecuencia tratadas de manera
infantilizada durante todo su ciclo vital o, por el contrario, algunas de ellas, en particular las mujeres
con DI y/o del desarrollo o mental, son interpretadas como personas hipersexuales y que no saben
controlarse.
No existe una sexualidad única sino tantas sexualidades como personas hay. Las personas con DF
sufren distintas modalidades de violencias o vulneraciones también en el ámbito sexual. Su
sexualidad puede verse distorsionada a consecuencia de estas violencias. De este modo, la
asexualidad y la infantilización son características que acompañan las existencias con DF a lo largo
de todo su ciclo vital. Las mujeres con diversidad física, sordoceguera, intelectual y/o del desarrollo
o mental, siguen en esta línea dominante, mientras que en particular a las mujeres con diversidad
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intelectual y/o del desarrollo mental les persigue la hipersexualidad y la incapacidad de control.
La sexualidad ni siquiera dispone de un concepto estático, sino que se va configurando con los
cambios personales, colectivos, históricos y contextuales.
DEFINICIONES DE DF Y SEXUALIDAD.
Diversidad funcional en detrimento del concepto biomédico-clínico y capacitista de
discapacidad. Este nuevo cambio en el lenguaje implica un rechazo inicial de aquello que ha sido
heteroimpuesto y una manifestación clara y abierta de empoderamiento para “hablar desde
adentro”. Transformacion ética y política. Término exento de connotaciones negativas y surge
desde el propio colectivo. Refleja mejor la realidad de las personas que realizan unas mismas tareas
o funciones de forma diferente.
Sexualidad: En nuestra sociedad tendemos a usar de manera indistinta los conceptos de sexo y
sexualidad y, a consecuencia de la utilización permanente del sistema binario sexo-género,
interpretamos que el sexo es aquello biológico y biofísico frente al género que es una construcción
social. La sexualidad estaría, dentro de este dualismo, en el polo de la construcción sociocultural,
por lo que pertenecería al género, a sus comportamientos y actitudes. No hay sexualidades
humanas que podamos denominar naturales como hay mujeres no hombres que se puedan
caracterizar como naturales. Nos encontramos siempre con mediaciones simbólicas,
conceptuales, morales o conceptuales.
OMS. La sexualidad es un aspecto central del ser humano presente a lo largo de su vida. Abarca
el sexo, las identidades y los roles de género, la orientación sexual, el erotismo, el placer, la
intimidad y la reproducción. Se siente y se expresa a través de pensamientos, fantasías, deseos,
creencias, actitudes, valores, comportamientos, prácticas, roles y relaciones. Si bien puede incluir
todas estas dimensiones, no todas ellas se experimentan o expresan siempre. La sexualidad está
influida por la interacción de factores biológicos, psicológicos, sociales, económicos, políticos,
culturales, éticos, legales, históricos, religiosos y espirituales. Si bien es una dimensión central del ser
humano siempre se ha interpretado como algo que pertenece al ámbito privado e íntimo, por lo
que parece que no deba considerarse por la educación, la política ni de manera global. Además,
la OMS nos recuerda que la sexualidad tiene una dimensión psicosocial que hace referencia a los
temas de identidad sexual y de género. Todo ello se entiende como algo construido y, por tanto,
es razonable plantearse otras identidades sexuales o géneros. También se hace hincapié en esa
dimensión construida/psicosocial de la sexualidad, es decir, una realidad socio-histórica, cultural y
enmarcada en un contexto global, aunque se viva y perciba como individual e íntimo.
Sexualidad de personas con DF. Aparece la idea de que son seres asexuados o seres sin sexo. A
este mito se le una el de que la infancia tampoco tiene sexo con lo cual muchas personas con
esta circunstancia son tratadas con infantilismo o asexuadas. Ello implica que cuando se crean
políticas públicas para atender a estos sectores sus sexualidades apenas son tenidas en cuenta.
Esto se explica por la presencia del patriarcado y el capacitismo, dos sistemas estructurales de
dominación que desequilibran las relaciones humanas generando asimetrías de poder. El
patriarcado lo hace entre hombres y mujeres, el capacitismo entre personas con y sin
capacidades. Estos dos esquemas asimétricos de poder estructurales influyen en la sexualidad, a
través de la concepción que tenemos sobre el cuerpo, la sexualidad y sobre aquellas prácticas
que determinamos como sexuales.
UNA SEXOLOGÍA FEMINISTA.
El feminismo ha transformado la vida de las mujeres, ha abierto nuevas perspectivas y alentado su
autoafirmación y en todo ello la sexualidad ha desempeñado un papel importancia. En los años
60 la revolución sexual ocasiono importante transformaciones en la medida en que era importante
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desarrollar la igualdad entre los géneros y democratizar las relaciones afectivas y sexuales. Por
ejemplo, la anticoncepción, la aceptación de la homosexualidad, la mejora relativa de la posición
de las mujeres en la sociedad, la legalización del divorcio. Podemos concluir que la sexología
cuando no integra una perspectiva feminista, es decir, cuando no tiene en cuenta que ha habido
una sexualizacion social basada en el sistema de socialización diferenciado en funciones de los
géneros, no es consciente de las limitaciones que provoca a la hora de vivir nuestra sexualidad
desde la libre elección y placer, así como las violencias que desencadena dirigidas a nuestros
cuerpos y a nuestras formas de expresarnos a través de él. La sexología se ha constituido en un
saber errático y dañino a consecuencia del androcentrismo (es un saber patriarcal y valora la
corporalidad masculina y su existencia), la religión, el capitalismo y la industria farmacéutica.
Ortiz nos dice que a lo largo del tiempo la sexología se ha sustentado en principios desiguales,
patriarcales, binaritas, rígidos, heterocentristas y reproductivos, motivo por el que no se ha
constituido en un saber facilitador del cambio social igualitario.
El sexo no debe entenderse como natural, sino más bien como un producto cultural, con lo cual
hay que tener muy en cuenta que el binarismo forma parte de esa construcción. Además, las
zonas erógenas no tienen por qué circunscribirse a las zonas genitales. En segundo lugar, la
sexualidad es múltiple. Está constituida por dos planos: el del placer y el de la reproducción.
Es importante reivindicar políticamente una sexualidad autónoma, libre, madura y responsable, y
que asuma el concepto de sexualidad como expresión de los afectos con todos los sentidos y con
todas las partes corporales y sin ser cuantificable en organismos ni penetraciones.
Es fundamental romper con el mito del amor romántico, ya que una persona debe sentirse
completa y no permitir jerarquizaciones en las relaciones afectivo-sexuales. Hay que rescatar la
expresión de los afectos disociados de los géneros. Podemos sentir afecto de manera amorosa y
sexual hacia una persona independientemente del género. Sólo nos tenemos que permitir sentir,
sin castrar los afectos en función del género.
La implementación de una perspectiva feminista en la sexología es imprescindible para la
realización de una revisión crítica del modelo sexual vigente de forma constante.
SEXUALIDAD Y DF.
No puede haber una dignidad humana si no es una dignidad sexuada así como no puede haber
libertad si no somos libres de vivir nuestra sexualidad. Sin embargo, no siempre es fácil, sobre todo
cuando se trata de la sexualidad personas con corporalidades, sentidas, estructurales mentales
“no normativas”. Podemos imaginarnos cuando estas personas necesitan de apoyos humanos
generalizados de manera permanente, y encima son mujeres. Entonces, las dificultades se
acrecientan a la hora de vivir la sexualidad, tanto el autoerotismo como el heteroerotismo.
Convención: La salud sexual y reproductiva de estas personas está reconocida como derecho en
el artículo 23 donde reivindica el derecho a contraer matrimonio, formar una familia, ejercer la
paternidad/maternidad y la posibilidad de mantener relaciones personales y en el artículo 25
donde nos recuerda que tienen derecho a que se promuevan programas que atiendan la saluda,
incluida la sexual y reproductiva. La igualdad de trato y oportunidades en lo que concierne a la
sexualidad es un derecho reconocido. Sin embargo, no es lo mismo como derecho material en lo
que se refiere a la población con DF, en particular, cuando tienen necesidad de apoyos
generalizados permanentes.
La sexualidad tiene su propio discurso hegemónico, hetero-patriarcal, dominante, falocéntrico y
genitalizante. Por ello, la mirada dominante de este discurso es biomédico, patriarcal y capacitista.
En el caso de las personas con DF dicho discurso se retroalimenta con los modelos de
prescindencia, medico-rehabilitador y el de las capacidades. Desde todos estos la sexualidad de
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las personas con DF es percibida principalmente de manera negativa, puesto que no es una
sexualidad capacitista. El capacitismo percibe las maneras diferentes de funciones como
problemas y como anomalías.
Dentro del abordaje de la sexualidad de PDF y en particular de quienes necesitan apoyos humanos
generalizados y permanentes resulta importante la interrelación entre sexualidad y violencia,
principalmente violencia sexual. Para algunas las experiencias sexuales atraviesan la
vulneración/violación de sus derechos a la intimidad y a la integridad moral/física.
Seis posibles factores de riesgo como principales explicaciones del porqué las PDF, en especial las
mujeres, son tan propensos a sufrir abusos sexuales:
El tipo de discapacidad.
Confianza en otras personas.
Obediencia y falta de poder.
Medidas de seguridad ineficaces.
Aislamiento social y necesidad de intimidad.
Pobreza.
Derecho humano a una VIDA INDEPENDIENTE en materia de SEXUALIDAD.
Art. 19: Derecho a una vida independiente y a estar incluidos en sociedad. Las PDF, sobre todo
aquellas que necesitan apoyos humanos, desde la filosofía de VI, quieren vivir en igualdad de
oportunidades y condiciones que el resto de las demás ciudadanías. Con apoyos humanos,
asistentes personales, quieren tomar las riendas de sus propias vidas y tener el control sobre todo
aquello que les afecta viviendo en sus entornos ordinarios.
Al igual que en todos los ámbitos de su vida, en el ámbito sexual también hay discriminación.
Cuando se tiene una DF con necesidades de apoyos generalizados y permanentes, para que estos
derechos se cumplan es crucial vivir de manera independiente (no institucionalizado) y disponer
de los apoyos humanos: asistentes personales y asistentes sexuales. Resulta recursos facilitadores
para llevar una vida en igualdad de oportunidades.
Si queremos respetar los DDHH debemos aportar por la inclusión en todos los ámbitos públicos y
privados, y a todos los niveles.
Se interpreta que al tener DF esa es la única categoría significativa de esa persona, ignorando sus
posibles identidades de género o sus orientaciones sexuales.
Conclusiones.
Ripolles apuesta por una nueva cultura sexual, plural y abierta, que se fundamenta en derechos
humanos y no en un enfoque biomédico-clínico. Existen tantas sexualidades como personas hay,
por lo que es importante revisar aquello que la sexología clínica había interpretado como
enfermedad o anormalidad.
La ciencia sexológica no es neutra, por lo que tiene discursos dominantes, patriarcales y
capacitista. A través de realidades humanas, mujeres, PDF, personas mayores, personas con otras
orientaciones/identidades sexuales y/o de género, se va mostrando un gran espectro de
realidades sexuales que difieren de un modo u otro con las hegemonías sexuales más
estrictamente ortodoxas.
Las PDF reclaman su derecho a la sexualidad, a las sexualidades diversas o disidentes. No son
personas enfermas, ni sus sexualidades son defectuosas.
Necesitamos desarrollar los derechos sexuales como ddhh que son, crear políticas públicas que
atiendan la sexualidad mediante educación sexual inclusiva y programas de salud sexual y
reproductiva (con perspectiva feminista y enfoque de vida independiente). Ofrecer políticas
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basadas en la filosofía de vida independiente, garantizando la asistencia personal y la asistencia
sexual, incluir la sexualidad en las políticas de los cuidados y ser agentes sociales a la hora de
diseñar las políticas que defienden nuestros derechos.
La diversidad humana es riqueza emocional, social, afectiva, educativa, económica, cultural, y
por tanto, entre todos debemos construir maneras diferentes de convivir, relacionarnos, sentir,
acariciarnos y de disfrutar desde la igualdad y el consentimiento. La sexualidad está en la
diversidad y la diversidad también lo está en la sexualidad.
Semana 10 – UNIDAD IV.
Bibliografía: Jerusalinsky. La sexualidad del deficiente mental.
La sexualidad tiene un papel fundamental en la estructura del sujeto psíquico. La madre provee al
bebé los objetos satisfactorios que, por serlo, se instalarán como objeto de la pulsión. El hecho de
que ellos sean ofrecidos por otro, inscribe a estos objetos en el circuito de dependencia de ese
otro. Para que el niño tenga interés por el mundo es necesario que él mismo sea deseado por otro.
Solamente así el contacto con los objetos y personas podrá ser psíquicamente placentero,
desbordando el campo puramente biológico.
Es en esta relación madre-hijo que comienza la historia de la sexualidad: la provisión de un circuito
de simbolización le permitirá al bebé postergar sus realizaciones eróticas puramente corporales y
le otorga un orden interno que le permite dirigirse al mundo social de la comunicación y del
aprendizaje.
El placer se gesta en la identificación con una madre gozosa de tener su hijo y con un padre que
le abre promesas de realización sexual futura en el mundo externo, a cambio de la inhibición
actual. Es por esto que aparecen con tanta frecuencia problemas sexuales con los deficientes
mentales:
El deseo de la madre dirigido hacia el hijo queda perturbado, a veces suspendido o quebrado.
La reciprocidad del intercambio madre-hijo deja de ser gozoso, por la depresión materna, por
la conmoción familiar, por la sensación de intrusión que produce el recién llegado, no
coincidente con el hijo esperado.
Las promesas de futura realización sexual quedan suprimidas.
La falta de tales asuntos en los planteos del niño parecen mucho más imputables a las dificultades
que sienten los padres para abordar esta cuestión. Los aspectos más perturbadores para la familia
están constituidos por asustadoras imágenes con respecto al futuro de este niño y por la habitual
confusión conceptual entre inteligencia y personalidad. El primer actor se observa la presencia, en
casi todos los casos, de temores de perversión sexual del hijo deficiente mental durante la
adolescencia, atribuyéndole una naturaleza particularmente impulsiva, una incapacidad de
control o una ingenuidad que lo transformará en fácil víctima de inescrupulosos aprovechadores.
El segundo factor perturbador, la confusión entre inteligencia y personalidad, obedece a las
antiguas concepciones de la psicología de la conciencia que oponen razón a emoción. El
concepto de que la emoción es un efecto de impulsos primitivos irracionales y bestiales y que
solamente la fuerza del pensamiento lógico puede controlar e introducir orden en este hipotético
animal humano. Teniendo como supuesto icc este prejuicio social, los padres temen que la
debilidad de la razón no ofrezca barrera de contención suficiente para los primitivos impulsos
sexuales. Pero está claro que no responde a la realidad de la dinámica de la deficiencia mental:
la contención de los impulsos sexuales no depende de la inteligencia sino de los procesos de
identificación y simbolización, y para que estos últimos ocurran resulta suficiente una inteligencia
intuitiva. Además, de tanto insistir en el temor, el hijo acaba de temer ser aquello que horroriza a
los padres.
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Los niveles de inteligencia raramente ofrecen, por si solos, riesgos para la elaboración adecuada
de la sexualidad en los casos en los cuales la cuestión de la circulación sexual social permanece
en pie.
Los mayores riesgos provienen de la resistencia parental a enfrentarse con la obturación total de
la sexualidad del hijo, que la mayoría de ellos siente como inevitable.
Este cierre, que obtura el futuro personal del niño e induce a la familia a anticipar en él un bebé
eterno, constituye un sufrimiento de una dimensión, intolerable tanto para los padres cuanto para
el hijo. Es por esto que acaban produciéndose síntomas tales como: oposicionismo, masturbación
compulsiva, exhibicionismo, depresiones psicóticas, conversiones, somatizaciones, etc.
La sexualidad es motivo y vehículo por el cual unimos o desunimos nuestro destino a otra persona,
aunque no sea en ella misma que se realice o desrealice esta unión, sino en lo que de ella deriva:
el orden psíquico.
La propuesta de producción de autómatas más o menos eficazmente adaptados, de acuerdo
con las expectativas de los padres y sin ningún deseo constituido en los niños, reducen la
sexualidad a este concepto de “hábitos”. Proponen programas de entrenamiento para el manejo
de los genitales con el mismo valor de indiferencia con que se proponen el aprendizaje de una
clasificación de círculos y triángulos.
Estos enfoques suelen ser muy tentadores: economizan el tiempo y la angustia que produce la
formulación y elaboración de las preguntas sobre el destino, porque al fin y al cabo, para ellos el
deficiente mental no tiene otro “destino” más allá de lo previamente establecido en los programas
de enseñanza y absorción progresiva.
Bibliografía: Cantis. La sexualidad y sus vicisitudes en adolescentes con retardo mental y
discapacidad motriz.
Introducción. Es un tema que debe ser activado y naturalizado en los procesos psicoterapéuticos
para ir construyendo a través del tiempo la sexualidad como un derecho. Como una vida sexual
independiente en los procesos de autodeterminación de los adolescentes con discapacidad.
Tanto en discapacidades mentales como motrices existen situaciones generales y singulares que
dependen, por un lado, de mitos culturalmente arraigados y, por otr lado, del grado de
maduración psicosexual, el grado de constitución psíquica, la capacidad subjetiva y la infleuncia
de su medio familiar.
Con respecto al cuerpo, en primer lugar, no hay diferencias entre el quimismo pulsional del
adolescente discapacidad y el del joven sin déficit. En segundo lugar, la genitalidad se desarrolla
igual.
Aspectos generales de la sexualidad en la discapacidad mental.
Es importante discriminar el tipo de retraso y determinar la etapa psicosexual alcanzada. Podría
decirse que a mayor retraso mental menor será el grado de la función de la sexualidad.
Cuando hablamos de la función de la sexualidad nos remite a la forma de procesamiento
simbólico. La función de la sexualidad en adolescentes con importante regresión está al servicio
del pegoteo y del aturdirse y aturdir al otro. Además, las distintas erogeneidades entre sí están más
confundidas y funcionan como equivalentes.
Una de las tareas terapéuticas consiste en ayudar a los pacientes a diferenciar las zonas erógenas.
En los débiles mentales moderados podemos observar más problemas con lo fálico que con la
oralidad. También podemos observar como la sexualidad funciona más al servicio de la
discriminación en aquellos adolescentes que mantienen una importante simbolización y
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pensamiento, retraso mental LEVE, el cual consistiría en demandas sexuales y actitudes que
tienden a satisfacerlas. También es importante tener en cuenta la diferenciación de género.
Tenemos que averiguar si el adolescente se ha discriminado del otro, si el otro es vivenciado como
separado de sí mismo.
Uno de los aspectos fundamentales a tener en cuenta en todos los retardos mentales es el grado
alcanzado de vitalidad anímica y su relación con la economía pulsional. La economía pulsional es
el conjunto de fuerzas vivas. En los adolescentes con retardo mental la economía pulsional
aparece devastada desde adentro a causa de un desequilibrio interno. Una falla genética puede
ser en realidad una situación traumática. La coraza de protección anti-estímulo aparece vuelta
hacia el interior donde se manifestó un desborde y un estado de violencia que es sufrido desde
adentro.
En esta situación, el adolescente con retardo mental se encuentra interme, en medio de una
notable desvitalización anímica, razón por la que lo nuclear en esta clínica son los estados de sopor
y apatía.
Es importante tener en cuenta las dificultades o limitaciones para el procesamiento de las
exigencias pulsionales.
Aquí el procesamiento falla porque están alteradas las fuentes pulsionales o está alterada la
motricidad o el sistema nervioso. Todo esto hace difícil la tramitación de las exigencias pulsionales
y actúa como drenaje de la propia tensión vital.
Viñeta Sergio. Encontramos en los padres una notable desmentida de los órganos genitales de sus
hijos, el mecanismo familiar se podría entender porque el crecimiento en estos niños no tiene una
integración cuerpo-mente armónica lo que causa una marcada tendencia familiar a eternizarlo
como un bebé. Uno de los abordajes específicos en las familias es la falta de psicohigiene al dormir.
EL mismo tiende a incrementar la excitación que el/la joven no puede procesar y fomenta la no-
separación del cuerpo materno/paterno y del cuerpo del niño/a.
En síntesis, cuanta menos posibilidad haya de procesamiento simbólico más queda todo resuelto
en términos incestuosos o promiscuos sin que haya un objeto psíquico, el objeto psíquico es un
objeto orgánico, sin cualificación psíquica, sin matiz afectivo.
Acerca del autoerotismo mortífero.
Existen dos tipos de autoerotismo: uno que es el que se manifiesta a través de la succión de los
dedos, chupeteo de los labios y masturbación, y otro tipo de autoerotismo que tiene que ver más
con alterar la zona intracorporal que la erógena periférica.
Aspectos generales de la sexualidad en la discapacidad motriz.
Sabemos que el esquema corporal se integra a partir de la mirada del otro, de acuerdo a cómo
la madre y el padre pueden catectizar el cuerpo del niño. En las malformaciones corporales
tempranas se produce un gran impacto estético en la familia. Lo estético es el encuentro armónico
de lo visual. Para muchas familias su hijo aparece con gran disarmonía.
Son cuerpos caracterizados por la pasividad. Y en algunas discapacidades físicas específicas son
cuerpos que duelen, con dolor orgánico.
En niños con discapacidad motriz nos encontramos con un cuerpo manipulado y modelado,
ubicado en el espacio por otro. En muchos de estos niños y adolescentes se observa una
libidinización de algunas partes del cuerpo significadas más por la imposibilidad que por la
posibilidad.
No vivencian su cuerpo como una unidad armónica, produciéndose en ciertas situaciones la no-
representación de determinadas partes del cuerpo.
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Dolto nos permite entender que pese a un esquema dañado se puede construir una imagen
inconsciente intacta del cuerpo, si ese niño ha podido ser narcisizado, si esa anomalía o trastorno
ha podido ser incluido en un universo de palabra en lugar de funcionar como mutilación silenciosa.
Es importante que el adolescente subjetivice su discapacidad, y al hacerlo subjetivice su cuerpo,
o sea, lo haga propio.
Pero en un momento determinado surge en el discapacitado motriz una nueva tensión, la tensión
genital.
Este pasaje de la pasividad pulsional se complica en aquella discapacidad donde lo nuclear del
déficit es lo motriz.
La creación de la zona erógena pasa a ser el camino por el cual las distintas pulsiones parciales
aparecen como retoños de Eros, son sus representantes en el plano de la sexualidad, pero sólo lo
son porque luego de la creación de la zona erógena, hay un momento de pasividad y
posteriormente se pasa a la actividad.
Entonces, la zona erógena pasa a ser un motor en el cual uno se erige hacia el mundo en forma
activa.
Estos pacientes que están en un estado de pasividad por su déficit motriz y también por otras
razones quedan con mayores interferencias para la constitución activa de la zona erógena.
Freud, liga al desvalimiento orgánico con la indefensión frente al exterior y al desvalimiento
psíquico con la indefensión frente a un estímulo pulsional.
El desvalimiento orgánico tiene que ver con el cuerpo real, ese cuerpo que duele y el dolor se
combina con la estasis de la autoconservación.
Pero el desvalimiento orgánico tiene como correlato el desvalimiento psíquico y uno de los
aspectos se combina con el otro.
El concepto de pasividad con respecto a la erogeneidad se complica en esta clínica porque no
hay intimidad y privacidad en el adolescente discapacitado.
En la clínica de la discapacidad no hay tanta separación entre cuerpos, incluso los jóvenes que
quieran mantener su intimidad, se dejan ganar porque usan la no separación como beneficio
secundario y lo mismo sucede con los padres, por eso hay una tendencia o riesgo a establecer
vínculos incestuosos. Hay un beneficio secundario derivado de su propia dependencia que obtura
la necesidad de trabajo psíquico.
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El tránsito adolescente implica un proceso de desasimiento de los padres de la infancia, “esos”
padres ideales y de los ideales de “esos” padres. En el intento de separación, el sujeto se rebela.
Se pronuncia desde un ataque que descalifica la palabra parental, en un intento de migrar hacia
la construcción de una posición propia. Tránsito en el cual necesariamente realiza escalas,
estaciones intermedias, el grupo de pares, en donde ubica discursos e imágenes jugadas como
emblemas a los que procura identificarse masivamente. Transcurso que implica la toma de nuevos
ideales en un escenario exogámico, como “…una manera de abrirse a la experiencia temporal
de lo social… con distintos grados de compromiso con ese momento de apertura a la
temporalidad…”, junto a otros que atraviesan el mismo proceso. Asimismo “…Si el niño crece, es
también que los padres envejecen, y si él toma posición de adulto, los desaloja un poco para
empujarlos hacia la vejez. Y esto algunos lo soportan mal…” Particularmente aquellos que sellaron
un pacto de eterna juventud, a condición de atribuir a su hijo (con discapacidad), el perenne
lugar de niño-eterno-solamente hijo.
¿Qué cuestiones estarían en juego en la economía psíquica de éstos padres? Ahí donde el
nacimiento de un hijo con discapacidad ha remitido con toda su fuerza a aquellas instancias
relativas a la propia castración, una de las formas de esquivar la angustia concomitante, suele
darse en la apuesta a la atemporalidad, la eternidad. Niño eterno, eternamente hijo alude a
padres eternos, eternamente jóvenes, completos y fecundos.
En el caso del arribo al tiempo adolescente, se trata del testimonio que los cuerpos reflejan a partir
de la irrupción puberal, la aparición de las marcas físicas que dan forma al cuerpo, cuerpo adulto
de un sujeto que, en éste caso, porta una discapacidad intelectual. Frente a dichas vicisitudes,
los padres se suelen enfrentar a una reactualización del trauma inicial, intensificándose aspectos
no elaborados y que podrían predisponer al despliegue de mecanismos defensivos en el intento
de rehusarse a reconocer esta realidad que se impone desde lo real del cuerpo. Renegación
mediante, es habitual identificar en padres, que habiendo podido acompañar el proceso
adolescente de otros hijos, frente a la adolescencia del que tiene discapacidad, se produce un
“tambaleo” del marco simbólico.
Por otra parte, y a partir de los posibles espacios de cristalización al que puede arribar un hijo en la
economía psíquica de quien ejerza su función materna, puede desarrollarse otra línea de análisis.
Según las conceptualizaciones de Mannoni, en la fetichización de un hijo como maniobra de
restitución narcisistica, puede vislumbrarse el efecto de haber ubicado masivamente a ese hijo
como objeto de goce, en la mortífera amenaza de abandono implícitamente expresada frente a
la posibilidad de alguna separación de aquel.
En este punto, si la adolescencia presentifica pues un tiempo privilegiado para escenificar la
separación, el crecimiento y la construcción de narraciones ligadas al “irse”, “alejarse”, etc. ¿Por
qué en la clínica de la discapacidad se escucha entonces con tanta frecuencia estas efectivas
amenazas subyacentes? ¿Qué pasaría cuando el hijo “crece”?
Maia tiene 23 años. Acaba de finalizar el ciclo pos primario en una escuela de educación especial. Se
presenta en el marco de un proceso de admisión para ingresar a un centro de día como una nena, en un
cuerpo de adulto. Su vestimenta no permite advertir las formas de un cuerpo desarrollado de mujer. En cada
entrevista trae consigo una muñeca, cada vez una diferente. Obsequio habitual que recibe de su madre.
Habla con un lenguaje empobrecido y despliega una actitud aniñada. Asiste a un médico pediatra y
familiarmente no surge la cuestión acerca de la pertinencia de una consulta ginecológica. Cuando se la
interroga por sus intereses, no puede dar cuenta y alude a la palabra parental. En las entrevistas familiares
iniciales, sus padres relatan que su hija “no quiere crecer”, que se niega a aprender a viajar sola o a pasear
su perro por el barrio. Frente a un señalamiento, llegan a aceptar que en realidad son ellos los que tienen
mucho miedo al pensar que alguno de estos movimientos sea logrado por Maia. Ella confirma los dichos de
sus padres, manifestando “…yo no quiero saber nada de eso de andar sola…”.Una vez transitando las
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actividades de la nueva institución y los proyectos ofrecidos, Maia es convocada desde y a un lugar
diferente; se observa que las muñecas comienzan a ser olvidadas y dan lugar a otras elecciones, con
cualidad adolescente: música, amigos, uso del celular, redes sociales, un novio…
El embate del adolescente hacia la estructura parental requiere de un soporte para desde allí
devenir otro. Hacer soporte desde una doble vertiente: por un lado soportar el ataque, el
cuestionamiento y no ser destruido por ello, condición para, por otro lado, oficiar de
soporte/sostén. Compleja tarea la de los padres, de oscilar entre la protección y el cuidado y
habilitar la separación en el camino hacia el tiempo futuro de la adultez del hijo.
Parafraseando nuevamente a Mannoni, este posible destino de “objeto fetiche”, objeto fijo e
inamovible produce efectos equivalentes en relación al tiempo obturando alguna apertura hacia
la dimensión futura. Esta operación no se inaugura en el tiempo de la adolescencia, sino que
resulta heredera de los momentos instituyentes en que ese niño pudo ser pensado y proyectado
en un tiempo en movimiento, como adulto. En el caso de sujetos con discapacidad, ese soporte
parecería no poder contener, dada la imposibilidad de soportar la separación y la posibilidad de
reinventar su nueva posición subjetiva como padres de un hijo que ha dejado de ser niño. Es
habitual encontrarse con adolescentes con discapacidad, que al intentar expresar su malestar,
sus contradicciones, su malhumor y enojos propios de este tránsito, no encuentran “soporte” que
desde la palabra haga borde y genere un ordenamiento simbólico para su contención. Lo que se
observa es a padres que, ellos desbordados por esta realidad, y, tal lo dicho, aun habiendo podido
transitar la experiencia con otros hijos anteriores, acuden y demandan a un saber que acalle lo
que desborda.
Saberes disciplinarios, la medicina u otras terapéuticas rehabilitatorias, que con recetas y/o
psicofármacos intentan encauzar violentamente lo indomable de la pulsión. Sujetos arrasados por
un exceso gozoso que implica el desintrincamiento de Eros y Tánatos. Encontrando esto último su
destino en la destrucción heterónoma, ó, no en pocos casos, en la autoagresión. Asimismo es
frecuente hallar jóvenes - adultos que, atontados, adormecidos y con extrema docilidad, se
ofertan a la manipulación. Por otro lado, se identifican sujetos disparados al acting y mostraciones
por fuera de las convenciones sociales que sostienen los intercambios culturales, confirmando así,
los presupuestos imaginarios del Otro social acerca de estar por fuera lo normal/ideal.
Julieta tiene 25 años. Todos los domingos, desde siempre, la madre recibe en su domicilio a sus amigas para
jugar a las cartas. Todos los domingos son iguales. Y parecería que Julieta también tiene que estar “igual” y
participar pasivamente de un encuentro social que no elige ni le pertenece. A lo largo del tiempo fueron
desoídos diversos indicios, sin palabras, acerca de estar incómoda y aburrida en dichos espacios:
mantenerse de malhumor, no querer saludar a las invitadas, dejarse puesto el pijama durante la visita, etc.
En una oportunidad, frente a los requerimientos maternos sobre sus actitudes y delante de la mirada de las
amigas de la madre, se presentó vistiendo sólo ropa interior para luego culminar la escena con un fuerte
empujón a su mamá. Este suceso, deriva en una desesperada consulta profesional a un médico psiquiatra.
El profesional medica haciendo, en el mismo acto, desaparecer a Julieta y su padecimiento, e irrumpir un
nuevo nombre: Trastorno Negativista Desafiante.
La dificultad de los padres para poder reconocerse narcisisticamente en ese hijo, que en tal caso
no podrá ser representante de un linaje a trascender, podría generar el riesgo en el mismo de
perder el estatuto de semejante. Esto acaecido en los momentos fundantes del psiquismo, se
pondrá en juego reactualizándose en esta segunda vuelta adolescente. Puede aparecer como
dificultad, identificada en muchos adolescentes con discapacidad intelectual, para investir como
par semejante a otros adolescentes sin discapacidad.
22
En el proceso hacia la revelación2, el adolescente requiere pasar por reconocerse en la alteridad
en tanto semejante, “haciendo masa” para, en el mejor de los casos, erigir a posteriori revelar una
identidad propia. Es usual percibir que en algunos intentos de realizar prácticas inclusivas en donde
circulen sujetos con y sin discapacidad de equivalente franja etaria, los adolescentes con
discapacidad no logran “espejarse” en quienes no presentan un déficit. No suelen ubicarse como
pares, reconociéndolos, con frecuencia, como “los mayores”. Estas apreciaciones no resultan
excluyentes del interjuego de miradas en las que el reconocimiento mutuo es el que resulta
dificultado.
Es el Otro social quien demanda que ese “desviado” continúe en la esfera de lo privado, lo familiar,
lo endogámico. Una demanda implícita acerca de qué hacer con ese hijo, garantizando que no
circule socialmente, que no se reproduzca, quedando sin ser portador de dote para el intercambio
exogámico. Imposibilitado de producir tanto desde una perspectiva auténticamente laboral,
como desde posibilidad de un aporte personal y creativo al tejido social.
A lo insoportable de lo analizado en los padres para tolerar y sostener el transito del despliegue
adolescente, se sobreagrega el mencionado imperativo social que suele reenviar al espacio
endogámico obstaculizando el lazo social.
Es habitual observar, que en ese viaje desde el proceso de rebelarse al de revelarse, hay quienes
frente a figuras parentales que no pueden hacer soporte, realizan ese tránsito a condición de
buscar escenarios no familiares en donde rebelarse, y poder cuestionar así aquellos saberes
parentales, postulados como sagrados.
El tránsito hacia una posición de sujeto adulto autónomo, implica un camino que lo conduciría a
un lugar “más allá del padre”, es decir, lograr hacer algo diferente y fuera de los lugares
históricamente asignados. Se trata de un movimiento que funda y produce el encuentro entre el
sujeto y aquella marca propia, que le resulta novedosa e inédita. Revelarse, reconociendo lo
propio y diferente. Para ello primero tendrá que haber espacio para rebelarse, momento lógico
previo y posibilitador. Aquella amenaza subyacente aludida en párrafos anteriores, suele producir
efectos de dificultad en este necesario trabajo psíquico, y de allí las versiones encontradas en la
clínica como modalidades sintomáticas, de adultos empujados al lugar de eternos niños, en su
fallido intento de encontrar el camino para Revelarse.
La “joven” eternidad
La época posmoderna actual presenta una extensión de las moratorias del periodo adolescente
en quienes no tienen una discapacidad. Adolescencia tardía enmarcada en un momento social
que intenta sostener ideales de juventud y potencia en detrimento de la vejez.
Se trataría pues de un deslizamiento del “eterno niño” a un “eterno joven” que daría cuenta de
equivalentes intentos de cristalización de la temporalidad en la vida de un sujeto que tiene una
discapacidad intelectual, a partir de un nulo proyecto identitario a futuro, vislumbrado como
imposible. Es así que se detiene el tiempo adolescente en dichas personas, y se rehúsa al
advenimiento del tiempo adulto en tanto no hay representación que acompañe este pasaje. Lo
que se trata de velar son las pérdidas de un futuro que carece aún de precedentes.
Bibliografía: Schorn. El adolescente con discapacidad intelectual. Busca su lugar.
2
Posición que al ser lograda implicaría el sostenimiento de una palabra propia y diferente como expresión
deseante y autónoma de las marcas de Otro.
23
La adolescencia incluye aspectos biológicos y culturales, cambios físicos y psíquicos diferentes a
otros momentos de la vida. Los cambios físicos ocurren en los jóvenes con discapacidad como en
cualquier otro.
La dificultad que tienen estos jóvenes para hacer desprendimientos afectivos desde sus padres
hacia nuevos objetos libidinales tanto sean éstos objetos amorosos, como nuevas amistades.
Blos decía que la adolescencia se caracterizaba por la desconexión de los primeros objetos de
amor expresando su sentir en dos estados afectivos consecutivos: el duelo y el enamoramiento.
Pero esto tan propio de esta etapa no parece ser genuinamente vivido como un momento de
proyección y gozo por los padres y los hijos con discapacidad sino todo lo contrario. La sexualidad
que emerge es sentida por ambas partes como algo que asusta o espanta.
La sexualidad algo que es tan privativo de la adolescencia pasa a ser tema propio y hasta público
de padres y de educadores en adolescentes con discapacidad.
Cualquier adolescente sin discapacidad se defiende con palabras, con hechos y acciones
cuando sus padres u otros adultos se entrometen demasiado en sus vidas. A casi ningún padres se
le ocurriría plantearse seriamente, si su hijo puede o no desear o si tiene permiso para gustar de
algún joven o si existen fantasías al respecto. Ellos saben que deben estar y acompañar el recorrido
emocional de ellos pero nada más que eso. Pero esto no es lo que ocurre corrientemente con la
adolescencia de la persona con discapacidad intelectual. Esta etapa es vivida por ciertos padres
como una situación conflictiva, traumática e indeseada donde todo lo que le ocurre al joven no
le es propio sino que tiene absoluta repercusión en la familia.
El retiro de la libido de los objetos infantiles de amor, condición indispensable para la progresión
adecuada de esta fase hacia la elección de objeto no incestuoso, parece estar más de una vez
obstaculizada. Carlos, un joven de 16 años con Síndrome de Down refiere que varias chicas del
colegio gustan de él, su madre a cota “sería preferible que las docentes se ocuparan más de
enseñarse matemática y no de exacerbarle esas relaciones o sentimientos que no pueden llegar
a nada”. A esta señora le cuesta admitir que este hijo pueda sentir algo por alguien que no sea
ella, por ello lo infantiliza o lo desconoce cómo adolescente. Se impone el sostenimiento de
relaciones endogámicas bajo la supuesta teoría familiar de que es preferible “no excitarlo” y de
esa forma que las cosas no cambien.
El Yo por o tener un adecuado drenaje para dominar los conflictos y presiones instintivas genera
síntomas neuróticos, en vez de ayudar a la formación de carácter. Hay una exteriorización
patológica de métodos defensivos regresivos.
El adolescente normal en cambio pasa por distintos estados de ánimo, felices y depresivos
consecuencia del crecimiento, del deseo de independizarse de sus padres internos y externos, del
querer tener proyectos… Pero también este es otro de los aspectos generalmente trabados en
jóvenes con discapacidad.
La dificultad para tener proyectos o ser ellos tomados en cuenta en sus inquietudes.
Este proceso de separación no está habitualmente trabajo. El adolescente con discapacidad
intelectual también tiene proyectos o planteos parecidos al de cualquier adolescente “no quiero
estudiar” “quiero ser o no como mis viejos”, pero no son habitualmente escuchados ni oídos pues
siempre hay algo que hacer. ¿Se les pregunta alguna vez a ellos si en verdad lo quieren hacer?
Sus gustos, sus ideas no son tomadas en cuenta. Esto es una forma engañosa de parte de los padres
de no enterarse del paso del tiempo. Si sus hijos crecen pueden querer o pensar cosas diferentes
a ellos. Es preferible entonces que el tiempo no pase.
El desconocimiento del paso del tiempo.
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Los padres dicen que ellos no pueden despegarse de la preocupación por lo que sus hijo no son
o no tienen. Temen por “el futuro” de ellos cuando ellos no estén, sin terminar de ver el presente.
La adolescencia no puede ser entendida como una simple etapa o una determinada edad.
¿Cuándo un joven en verdad es grande? Meltzer diría que lo es cuando caduca la ficción de la
omnipotencia y omnisapiencia parental. Cuando el adolescente puede ver al padre tal como es,
lo puede desmitificar y llega a tener más confianza en sí mismo.
¿Un adolescente con discapacidad intelectual puede acceder a esta categoría? Solo un
porcentaje pequeño se apropia de ello. Me inclino a pensar que, la mayoría de los padres siguen
haciendo un reforzamiento en estos hijos del mantenimiento de la latencia, lo cual incluye la
represión de la sexualidad y la negación de las fantasías.
La latencia se caracteriza por refrenar los requerimientos sexuales, por tener el yo menos conflictos
y por ser el superyó menos rígido. Pero debido a que los padres consciente o inconscientemente
dudan acerca del para qué perder ese equilibrio de tranquilidad que da la latencia, luchan para
que todo quede igual. No llegando a dimensionar que la apropiación de una adecuada
sexualidad no es el solo uso de la genitalidad sino un modo de posicionarse hacia el afuera, un
deseo de romper los lazos endogámicos, el logro de una más apropiada subjetividad.
Al no ocurrir esto se robustece la idea del mantenimiento del niño latente. Pero tampoco el de un
latente tardío d e8 años que intenta ya liberarse del adulto y trata de competir en sus juegos sino
él de un latente temprano caracterizado por la angustia frente a lo impulsivo y la fuerza de las
medidas defensivas. La formación reactiva se impone, empobreciendo al yo.
Pero otro dato importante a tomar en cuenta es que el padre no ocupa habitualmente el lugar
de interdictor del amor materno. Queda solo unido a su función de genitor y el hijo por
consecuencia no puede entrar a la función simbólica, a la sucesión generacional, quedando así
anulado para ejercer un rol adulto.
El sostenimiento de una modalidad relacional “todo es igual para siempre” impide la
transformación, no pudiendo el adolescente con discapacidad hacer uso de los logros aprendidos
de la infancia.
Un síndrome con un compromiso intelectual no necesariamente afecta la estructuración psíquica,
al logro de una identidad, ni a la capacidad que tiene un sujeto para reconocerse a sí mismo para
hablar y pensar apropiadamente.
Bibliografía: Fainblum. Edgar. Sexualidad, parentalidad y discapacidad intelectual. Cuando se
habla de eso que no se habla.
En los discursos sociales hay una relación directa para los significantes sexualidad, DI y
problemático. Es oportuno recordar que en todo humano la sexualidad resulta conflictiva y
problemática, en tanto la inexistencia de un saber y complementariedad. Cada sujeto tendrá que
poner(se) en juego en la construcción de su propia respuesta a ese no saber desde el complejo
entramado real, simbólico e imaginario de un cuerpo sexuado.
Se tratará del encuentro transformador de la pura carne con el significante, encuentro con otro
produciendo efectos de sexualización y las primeras marcas que conducirán al proceso de
sexuación. Cuando la discapacidad está en escena se suele poner en juego una suerte de
equivalencia: lo orgánico – deficitario = sexualidad – deficitaria.
Cuando el déficit se encuentra en el área intelectual, conceptos como el de edad mental
legitiman, defensivamente, pero desde un discurso científico, aquellas representaciones sociales
que ubican al sujeto con una discapacidad intelectual en términos de eterno niño. Cae el
25
reconocimiento de la alteridad en tanto semejante, constituyendo una otredad deficiente y
enferma. En este mismo acto defensivo, también se estaría desconociendo la sexualidad infantil.
Por otro lado, surgen desvirtualizaciones conceptuales respecto a la perspectiva económica en
torno al par placer-displacer, ligando la supuesta descarga pulsional a la actividad y el cansancio
físico. Así se suele encontrar en la clínica a profesionales, aún aquellos que se identifican como
psicoanalistas, que prescriben “cansar el cuerpo para descargar” y “distraer para no pensar en
eso”. Estas intervenciones, a modo de maniobras defensivas, se sostienen en la dimensión histórico
– social. Desde el Otro social, encontramos afirmaciones muy próximas a las anunciadas por los
profesionales aludidos. De no poder identificar los puntos ciegos resistenciales en sí mismos, se
generan intervenciones que desconocen al otro como sujeto y que, a la par, contradicen y
“olvidan” los fundamentos teóricos. Fundamentos que parecerían ser válidos sólo para aquellos
que no tienen discapacidad.
Retomando lo planteado en el inicio, ¿por qué se afirma tan frecuentemente desde el discurso
social que la sexualidad de quien porta una discapacidad intelectual es problemática? Esto
conduce a abrir un nuevo interrogante: ¿A quién se le presenta lo problemático? Y en tal caso,
¿por qué?
En el imaginario social se escuchan afirmaciones que, al servicio de sostener un Ideal amenazado
por la imagen que devuelven quienes tienen una discapacidad, ubican la dimensión de lo
problemático en quienes son motivo de sus angustias. Por ello se advierten distintas articulaciones.
Una de ellas, es el no reconocimiento de la posibilidad de un ejercicio placentero de toda
expresión de la sexualidad, particularmente la genital, cancelando desde los momentos fundantes
del psiquismo, una proyección futura y exogámica como ser sexuado.
Inevitablemente el tiempo pasa… “el eterno niño” ha crecido y su cuerpo desde lo real lo
denuncia. Esto hace caer la desmentida a partir de la aparición de los caracteres sexuales
secundarios. Se hace necesario sustituir lo “angelical” por lo “bestial”. Representaciones que alude
a extremos.
Por otra parte, es usual observar que los rituales de pasaje propios del proceso adolescente
parecerían ser inexistentes y no destinados para quienes tienen una discapacidad. Obstaculizada
la estructuración de lo privado, encontramos adolescentes y jóvenes con discapacidad cuyos
espacios vitales resultan únicamente públicos. Familiarmente se estaría jugando, de modo
inconsciente, una imperiosa necesidad de obturar el “pasaje” hacia otra posición, ya que la misma
se configuraría como una señal de alarma, riesgo y peligrosidad.
Por otra parte, es usual identificar la explicitación de profundos temores, familiares y profesionales,
en referencia a quienes logran acceder a encuentros placenteros con otros. El fantasma de la
“reproducción” lleva a pensar en su doble vertiente: reproducción en el sentido de la temida
posibilidad de un embarazo, y a su vez en el temor a la reproducción de la falla. Situaciones que
no pocas veces promueven actuaciones en una atmósfera de “sin salida”, que intrusan los cuerpos
con intervenciones como la ligadura3 de trompas y la vasectomía, o en su defecto, incrementan
los mecanismos de extrema vigilancia que impida todo contacto.
Al hablar de las fases del desarrollo psicosexual, se estaría aludiendo a aquello no determinado
por lo biológico. La sexualidad se constituye, y lo hace a partir de las contingencias propias y
singulares del encuentro con el Otro primordial encarnado por quien ejerce la función materna, y
por ello a las sucesivas operatorias que harán a diferentes hitos en el devenir psicosexual.
3
Ligadura que no liga, sino que cancela y detiene.
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Diagnostico-nombre que suele oficiar como un certificado de “no paternidad”. Se da ingreso al
“no ha lugar de hijo para éste ajeno”. No ha lugar para arraigar en la cuna simbólica que
aguardaba al no nacido, cuna construida desde el deseo y los ideales paternosque este recién
arribado no puede sostener y por ello tampoco ocupar. Dificultades y particularidades en las
funciones parentales que hacen sentir sus efectos en la constitución subjetiva concomitante a la
sexualzación y a las marcas que hacen a la sexuación.
Tomando a Freud “… El trato del niño con la persona que lo cuida es para él una fuente continua
de excitación y de satisfacción sexual a partir de las zonas erógenas, y tanto más por el hecho de
que esa persona –por regla general la madre– dirige sobre el niño sentimientos que brotan de su
vida sexual, lo acaricia, lo besa y lo mece, y claramente lo toma como sustituto de un objeto sexual
de pleno derecho.
Cuando todo ocurre de acuerdo a lo esperable, los intercambios con el niño serán placenteros,
con efectos erogenizantes y que harán al despertar sexual. El niño hace su entrada como objeto
sexual de la madre, posición necesaria pero no suficiente para advenir sujeto sexuado. Los
intercambios se regulan desde una legalidad que los ordena y acota. Atravesada por la
castración, su deseo quedará anudado a la ley.
Una escena de la que muchos quieren participar jubilosamente, en la manipulación libidinizante
de un cuerpo en construcción. Cuán distinta resulta la historia de aquellos niños cuyo espacio
privilegiado en el que son “dados a ver”, es el ojo de la ciencia y la reeducación en la
manipulación de un puro cuerpo-órgano fallado. Un niño ofertado desde el goce materno,
jugándose el “más allá del principio de placer”. Así parece restarse la mirada de escenas
libidinizantes, por no proveerse intercambios placenteros como los que podrían darse en el los
momentos del amamantamiento o el cambiado
Si desde el vamos ese cuerpo ha sido en exceso objeto de la mirada y las manipulaciones, será
muy probable que esas marcas que contribuyen al armado del mismo, lo que hayan inscripto es
que no le pertenece al sujeto que lo habita. No solo su cuerpo, sino su palabra y su vida ha sido y
suele seguir siendo patrimonio de otros. Entonces, ¿cómo poder inscribir algo del orden de lo
propio, privado / íntimo desde donde se jugaría la búsqueda de un placer sexual? Es allí donde el
“perverso exhibicionista” del discurso social entra en la escena pública y que con su “compulsiva
masturbación” se estaría ofreciendo a la mirada de quien fuere en la búsqueda de un placer
inmediato. Dificultades jugadas en lo relativo a trocar el principio del placer por el de realidad,
que al no oponerse al primero, lo mediatizaría. De estar sólidamente instaurado, la búsqueda del
placer se llevaría a cabo mediante rodeos, aplazamientos que vía consideración de las
condiciones impuestas por el mundo externo y la puesta en juego de recursos simbólicos lo haría
posible desde otras condiciones. Al constituirse funciones maternas debilitadas o conflictivas, se
identifica que cuando ello acontece, el exceso de goce se suele poner en juego peligrando la
función paterna interdictora, y con ello la posibilidad del niño con discapacidad intelectual de
permutar su lugar de objeto hacia la emergencia subjetiva. Camino que haría a la construcci´n
de una posición sexuada.
En la clínica de la discapacidad suele presentarse como frecuente la pobreza simbólica, pobreza
efecto de un debilitamiento jugado en los tiempos y las operatorias que hacen a su construcción:
pobres aportes significantes, escasa donación simbólica desde el Otro primordial, detrimento del
espacio simbolizante del juego en provecho de la reeducación y los ejercicios rehabilitatorios. Pura
rehabilitación, que al tomar la primacía estaría restando lugar a lo placentero/ lúdico y de esta
manera también al capital subjetivo que requiere poner en juego la mencionada posibilidad de
aplazo.
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En una entrevista conjunta con su madre, Sergio, un joven de 30 años, al abordar un tema que le genera
tensión, manifiesta un descontrol que se juega en sus manifestaciones corporales y en la expresión de su
tono de voz. A la par, toca sus genitales y por momentos manipula los pechos de su progenitora.
Mariela, de 21 años y con un síndrome que le genera déficit cognitivo, en el centro de día al que concurre
muestra parte de su cuerpo desnudo sin ocultamiento frente a la mirada de sus compañeros de taller y los
profesionales. Al señalarle esta actitud y abrir un interrogante respecto del contexto y las normas de
convivencia, tiene una reacción de ajenidad e indiferencia ante la misma.
En Sergio y Mariela se observa un debilitamiento de los diques psíquicos: el asco, el
pudor/vergüenza y la moral. Diques a los que alude Freud en “Tres ensayos para una teoría sexual”
como aquellos emergentes en el período de latencia y que al oponerse a los impulsos sexuales
canalizan su curso a la manera justamente de un dique.
Se trata de la regulación psíquica de los propios impulsos. Procesos de represión e identificación
harán de elementos del trabajo de su subjetivación. Al perturbarse estos condimentos, por razones
que se han ido identificando anteriormente, los diques construidos pueden llegar a ser tan frágiles
que la embestida pulsional no los encuentre en su función encauzadora. Evidencias no
patognómicas de síndrome orgánico alguno.
En los casos anteriormente mencionados, parecería que esa sexualidad “peligrosa y
descontrolada”, jugaría como una profecía autocumplida de lo anticipado. De ahí, el intento
fallido de apaciguar y adormecer lo irreverente de la pulsión en juego, medicación y vigilancia
mediante, y desconociendo los efectos que dichas intervenciones puedan producir. Entre ellos la
suspensión de nuevas ligaduras simbólicas como trabajo psíquico posible. Si a esto se le agrega la
dificultad que suele aparecer en torno al establecimiento de nuevos interlocutores válidos para
hablar del propio cuerpo y sus transformaciones, la figura del profesional especialista queda
asociada únicamente a tareas que no incluyen el diálogo abierto entre adultos.
La dificultad que se presenta desde tiempos instituyentes para la proyección de un tiempo futuro
sexuado, hace que aquellas marcas que el cuerpo denota sean ofrecidas al goce de la ciencia y
la rehabilitación. Imposibilitado la proyección de imaginarlo en pareja y gozando de su sexualidad,
la aparición de los caracteres sexuales secundarios cobrarían otro estatuto.
Actualmente varias intervenciones, principalmente desde los ámbitos institucionales, proponen
diversos modos de abordar la temática.
Los talleres de educación sexual, pueden resultar interesantes espacios si están destinados a
promover que los sujetos se encuentren con el propio cuerpo, sus particularidades y
transformaciones: lo enigmático que surge y pulsa. Es decir, no se trata de caer en el deslizamiento
entre educación sexual y la “educación de la sexualidad”.
Hablar del cuerpo y de los cuerpos, implicaría la toma de una posición frente al mismo. Hablar
para ligar, simbolizar. Tramitar la nueva embestida pulsional a fin que sea favorecida la vía
simbólica de acceso a la mediatización, pues el encuentro con un partenaire no se trata de un
puro cuerpo a cuerpo. Cuando estos recursos se encuentran debilitados es probable que la
“problemática sexualidad” se manifieste por la dificultad de elaborar aquello que pulsa sin
posibilidad de aplazar la inmediata satisfacción, ni el recurso del fantaseo.
En dicho contexto, padres, educadores y profesionales de la salud se enfrentan a cuestiones de
difícil tramitación y abordaje, generándose como única salida la censura virulenta de la conducta
del joven en cuestión, a partir del dominio asimétrico de la escena que tanto preocupa.
Ahí donde el niño –ahora joven adulto - sólo pudo ser tomado como objeto de goce, difícilmente
construya una futura elección de objeto. Ahí donde se dificulta el armado de una escena y el
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rodeo de la fantasía, el impulso arrasa el lazo social. El “saber” sobre el cuerpo que el sujeto habita,
se edifica en torno al placer, estructurando un cuerpo que le pertenece.
Hablar sobre la temática, constituiría un acto que funda los bordes al desborde, que limitaría y sería
uno de los recursos que podrían posibilitar la inauguración de un nuevo espacio: la intimidad. El
respeto por esa intimidad no se reduce a indicaciones y permisos normativos desde “los otros”, los
que no tienen discapacidad. Se trataría pues, de un movimiento subjetivante en el que la puesta
en escena del cuerpo no sea únicamente desde la alternativa de hablar sobre el tema, sino
fundamentalmente de un cuerpo que pueda ser vivido como sede del placer y por fuera de la
mirada intrusiva y determinante de los otros.
Se trataría entonces de inscripciones que puedan enriquecer y matizar aquello débilmente
inscripto en algunos, mientras que en casos con mayores carencias simbólicas se podría generar
el efecto de construcción de un andamiaje imaginario que sostenga y acompañe, encauzando
vías que no impliquen un desborde incontrolable.
Paternidades posibles.
La posibilidad de pensar en el ejercicio de la parentalidad de quienes desde un inicio, quedan
anclados, y no pocas veces identificados en y a posiciones infantilizadas, parecería obturar
proyecciones futuras que den curso a la continuidad de ese linaje familiar. Más precisamente la
continuidad de ese linaje se ha fracturado hace tiempo y por ello ese (im)posible padre o madre
con discapacidad ya no constituye parte de la cadena generacional. Menos aún su
descendencia.
Estas reflexiones conducen a pensar en la evitación de continuar un linaje defectuoso. Como se
mencionó en párrafos anteriores, la reproducción de la falla a través de la gestación de un hijo es
no sólo temido, sino que un muchos casos suele retornar, para los padres – abuelos, mediante un
sentimiento de espanto ligado a lo siniestro que se estaría jugando allí.
La madre de Andrea ante la sorpresiva noticia del embarazo de su hija, reacciona
descontroladamente, y con sentimientos de horror y desborde llega a decir al profesional
consultado que si no se detiene inmediatamente esa gestación, su hija, su novio y el niño por llegar
pasarían a formar un “zoológico” del que ella tendría que hacerse cargo.
Cuando desde los momentos inaugurales del aparato psíquico queda obturada la proyección en
el tiempo, y en el recorrido de los diferentes hitos cancelada la promesa de realización futura, suele
generarse el efecto de quedar invisibilizada la alternativa de un proyecto de familia propio. Desde
los progenitores, la idea de que su hijo pueda ser madre o padre suele quedar ligada a la reedición
del trauma inicial, por lo tanto deberá ser evitado a toda costa. De tal modo, como contrapartida,
la parentalidad suele resultar inconcebible desde quien porta discapacidad intelectual.
Por otro lado, los argumentos que circulan insistentemente al servicio de la resistencia, refieren que
el déficit intelectual imposibilita la crianza de un hijo. Se estaría dando un deslizamiento, que aún
se identifica desde discursos profesionales en la clínica de la discapacidad, en donde se difuminan
los límites y diferencias entre el concepto de inteligencia y los procesos de simbolización en
personas con déficit intelectual.
Distinción entre Rol materno y Función materna. El primero alude a cuestiones de orden cotidiano
tal como la organización de turnos médicos, horarios de alimentación, organización de compras
de insumos para el bebé y demás “acciones específicas” de crianza. Es sobre ellas y apoyándose
en ellas, tal como refiere Freud, que el trabajo de quien maternice agregará un plus que nada
tiene que ver con el orden de la necesidad. Se hace inevitable aclarar particularmente en ésta
clínica, que ese “plus” nada tendrá que ver tampoco con la inteligencia.
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Función materna, vinculada al deseo y las marcas que desde allí se imprimirían en el bebé alojado
como hijo. Marcas que harían al proceso de libidinización en la célula narcisística, la mirada
estructurante propia del Estadio del espejo, la posibilidad de inscripción de la falta y demás
operatorias subjetivantes. El despliegue de las mismas no se sostiene en la inteligencia en tanto
función racional y consciente. Por el contrario para el despliegue de las mencionadas operatorias,
deseo mediante propio de la función materna, requiere de recursos simbólicos.
4
FAINBLUM, A. (2008): Trabajo e integración social. En Discapacidad: Una perspectiva clínica desde el
Psicoanálisis. Editorial La nave de los locos, Buenos Aires.
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Un submodelo denominado marginación. Dicho modelo se presenta como aquella versión en que
el trato que se da a las personas con discapacidad incluye prácticas de subestimación y
ocultamiento por temor, así como de considerarlas objeto de compasión.
En este submodelo, los sujetos que presentaban marcas discapacitantes pertenecían a un grupo
particular: los marginales. Estos no se encontraban excluidos de la comunidad, sino en los
márgenes, y su circulación social se veía reglamentada. La subsistencia era posible a partir de
recibir la caridad. La práctica de la mendicidad (incluso provocando alguna discapacidad en
niños pequeños, con el fin de incorporarlos en ese circuito), dan cuenta de la intensidad con que
desde el resto de la población se respondía ante la presencia de cuerpos con marcas. La
compasión por un lado, y el temor o la crueldad por otro, devenían cuando se ubicaba en la
misma serie significante al pobre como peligroso. La caridad como práctica instituida, ha
generado efectos de inhabilitación de aquel que sólo podía ser sujeto de la mendicidad en
primera medida, y protegido/amparado por la benevolencia de quienes se encargan de cuidar y
mantener a quienes necesitan. De este modo se lograba la supervivencia a condición de
mantener también, la disposición de los lugares diferenciales y marginales.
Modelo rehabilitador.
Entrando en la modernidad se puso pensar a la PcD como alguien a “rehabilitar”. La discapacidad
como problema se entiende como circunstancia perteneciente a la esfera personal, como
consecuencia de enfermedades o traumas y frente a los cuales se requiere de un cuidado
especial. Para ello, el saber científico ha podido desplegar una serie de tratamientos, educación
y profesionales, crecientemente especializados cuyo trabajo se desarrolló (y se desarrolla) en
espacios y dispositivos institucionales específicos “especiales”. Este modelo considera que la PcD
tiene algo que aportar a la comunidad en la medida en que pueda ser rehabilitado. Los cuerpos
pasan a ser objeto de prácticas específicas. Este centramiento en el déficit genera efectos en
diversos planos sociales, de hecho, la sociedad despliega una actitud paternalista resaltando lo
que la PcD no puede hacer o no puede alcanzar, y por ende, adjudicándole un valor menor. Esto
llevaría a justificar las prácticas del asistencialismo como medio de subsistencia a través de la
asistencia social. Los que no pueden quedan apartados del mercado laboral.
De la caridad para el sin empleo al ¿empleo por caridad?
Desde una perspectiva aplicada al trabajo y los medios de subsistencia, también se han instalado
durante la modernidad y modernidad tardía, diversos modos de provocar la productividad de
aquellos a rehabilitar, desde espacios protegidos. Surgen en la Argentina del siglo XX, por ejemplo,
los talleres protegidos, en donde se reproducen modalidades endogámicas con escaso o nulo
establecimiento de lazos sociales genuinos entre los participantes y el mundo exterior. Allí se
destinan los esfuerzos mancomunados, generalmente familiares, por enseñar rutinas repetitivas de
producción (al estilo fordista) en donde jóvenes y adultos con discapacidad pueden percibir un
limitado sustento económico a cambio de la producción de objetos en serie. Se podría establecer
un paralelismo entre estas prácticas “protegidas” y el modelo de marginación dado el limitado y
reglamentado espacio de circulación social. El ocultamiento de la diferencia en espacios que se
denominan protegidos nos invita a pensar quién es el protegido y de qué se protege.
Es en este contexto de coordenadas socio-históricas, que también se puede comenzar a pensar
en los procesos de subjetivación de quien tiene una discapacidad, como sujetos de trabajo y
consumo. Es posible construir que a partir de las dificultades atravesadas por quienes ejercieron
las funciones parentales a la hora de reconocerse en aquel que ha generado un quiebre
narcisistico de difícil elaboración, devengan en el tiempo las insistentes dificultades que adultos
con discapacidad presentan para de establecer procesos de identificación. Identificaciones que
31
harían a tomar y reconocer como pares a otros sujetos que trabajan. Se trataría entonces, en
parte, de obstaculizaciones acontecidas en tiempos fundantes del psiquismo humano, donde al
no lograr proyecciones futuras habilitantes, se problematiza la inscripción del paso del tiempo y la
consecuente apertura a espacios para la creación de una identidad adulta, posicionada
activamente frente a la circunstancia del trabajo.
Las implicancias del tiempo adolescente en quienes portar una discapacidad y sus familias
también es un tema a considerar. Deslizamiento desde el eterno niño al eterno joven que producen
efectos de invisibilización del implacable paso del tiempo. Dicha eternidad podría pensarse en
relación a la eternidad de las acciones específicas que se vinculan a la temática del trabajo, es
decir, eterno aprendiz, eterna necesidad de apoyo para la supervivencia/integración.
En la actualidad se han propiciado otros dispositivos en relación a la temática del trabajo y la
discapacidad. Entre ellos podemos ubicar a las escuelas de formación laboral y los talleres de
capacitación para el empleo con apoyos. Ambos dispositivos apuntarían a generar competencias
ocupacionales ligadas a oficios la primera, y actividades laborales en comercios y empresas la
segunda. No es extraño dilucidar algunas fracturas entre discursos y prácticas. De hecho, en ciertos
dispositivos se observa un circuito de aprendizaje continuo, no pocas veces repetitivo, que se
interrumpe llegado el caso de una pasantía laboral en espacios ofertados por empresas con las
que se generan convenios.
Resulta interesante considerar si las intervenciones propuestas para la resolución del supuesto
problema entre la discapacidad y el trabajo, no estarían resultando reinvenciones de los otrora
establecidos intentos de igualar a la norma, conduciendo a que el sujeto con discapacidad se
integre en un mercado laboral convencional-competitivo que exige compulsivamente que se
responda de una determinada manera: lo más parecida posible a la mayoría, sin discapacidad.
Nuevos ideales que se imponen, a los que las instituciones y sus profesionales parecerían no poder
escapar, interviniendo en la línea de borrar las diferencias sutilmente, detrás de discursos que
prometen la tranquilizadora inclusión. Rehabilitación mediante devienen prácticas
deshumanizadas que oprimen al sujeto y su familia con estos ideales de productividad y
modalidad de circulación social como única receta de éxito (¿éxito para el profesional, a modo
de restitución narcisista?). Algunos de estos circuitos contemplarían entonces, una
formación/moldeamiento sostenida en el tiempo a la espera del “golpe de suerte” y ser ingresado
en una pasantía laboral de tiempo limitado, que al finalizar reconduciría al sujeto hacia el espacio
de aprendizaje anterior como modo de sostener una “ocupación posible”. Se presentaría
entonces, como única alternativa posible para la entrada en la cadena productiva, la idea de ser
empleado de alguien, pero bajo las particulares condiciones descriptas. O quedar por fuera.
¿Acaso no se trataría de una nueva modalidad de proponer la antigua circulación social
reglamentada?
Se ha tratado en otra oportunidad que un enfoque ético de respeto por la singularidad, promoverá
desde el trabajo profesional, movimientos tendientes a un proceso de habilitación subjetiva, de
quienes tomando la palabra, construyan un futuro posible y deseante, historizándose. El encuentro
con el deseo de trabajar y apropiarse del resultante de la obra realizada, implica movimientos
superadores.
La alternativa del proyecto laboral autogestivo y el cooperativismo.
Dentro de las actividades propuestas por un centro de día, se ha implementado un espacio que
se propone acompañar el proceso de construcción de proyectos laborales autogestivos entre
adultos que portan una discapacidad intelectual. Se trata de abordar la temática haciendo eje
en el singular camino que cada uno transita en su habilitación para pensarse como sujeto
32
trabajador. De este modo, los intercambios grupales atraviesan etapas en donde se invita a una
exploración sobre las representaciones que cada uno tiene respecto del trabajo, el dinero, la
responsabilidad y la valoración del producto construido. La actividad contempla favorecer,
mediante la intervención grupal, la apropiación de una mirada crítica y creativa sobre las
posibilidades de cada uno, promoviendo asociaciones en pequeños grupos de trabajo para la
puesta en marcha de emprendimientos autogestivos de producción de bienes o servicios, en
sintonía con el interés genuino de los participantes. La intervención de los profesionales de la
institución es la de brindar herramientas, a modo de colaboración técnica y reflexiva, que
optimicen las ideas a implementar y las condiciones de viabilidad de cada proyecto.
El trabajo de los mencionados espacios se asienta en la propuesta de promover, de acuerdo a los
tiempos subjetivos de cada participante, un movimiento que conduzca a desmarcarse de la serie
de quienes son objeto de caridad y ayuda constante. Propiciando una habilitación que podrá
devenir en proyectos genuinamente autogestivos, que resulten respuesta a la situación del trabajo
y el dinero, no ya pensado como problema sino como actividad en la que un sujeto puede decir
y hacer creativamente. La posibilidad de generar emprendimientos comerciales sustentables se
vuelve un panorama posible cuando es comandado por sujetos autónomos.
Con el tiempo, las propuestas autogestivas seguirán su curso, por fuera de los espacios propuestos
institucionalmente, espacio que quedará como puente facilitador de recursos y herramientas de
las que apropiarse como soporte en el tránsito de saberse habilitado para ganar el propio sustento
El cooperativismo5 parece surgir como alternativa para aquellos colectivos que, desfavorecidos a
la hora de ingresar en el mercado laboral competitivo - convencional, pueden tomar activa
acción sobre sus posibilidades, a partir de la creatividad y la camaradería. Alternativa económica
con efectos subjetivos que hacen a que “…un sujeto con discapacidad se habilite (aceptando
su limitación) para ejercer un rol protagónico, creativo e independiente (dentro de sus
posibilidades) en su vida y por lo tanto a nivel social, poniendo en juego su deseo y su capacidad
de iniciativa y elección….proceso que conduce a la habilitación desde el sujeto…” 6 Proceso en
relación a otros, a partir del establecimiento de lazos sociales.
Conclusiones
Cuestionar cualquier modalidad homogeneizante, que intente resolver dicho campo de
intervención en términos de problema. Pues puede generar un efecto de invisibilización de la
dimensión subjetiva en juego, opacando la experiencia creadora de quienes podrían construir
alternativas propias frente a la actividad laboral genuina. Proponer el ideal de una sociedad
inclusiva a partir de la inserción de personas con discapacidad intelectual en empleos pseudo
formales a condición de ser alojados en espacios limitados, lejos de posibilitar una integración
social, resultan maniobras que van en detrimento de la habilitación subjetiva. En consecuencia, se
trataría muchas veces, de entrenamientos y modelados de habilidades y conductas
5
El Cooperativismo es una doctrina socio económica que promueve la organización de las personas para
satisfacer, de manera conjunta sus necesidades. Uno de los propósitos de este sistema es eliminar la
explotación de las personas por los individuos o las empresas dedicados a obtener ganancias. Se rige por
valores y principios basados en el desarrollo integral del ser humano. Fuente: [Link]
6
FAINBLUM, A. (2008): Conceptos de Rehabilitación, Normalización e Integración. En Discapacidad: Una
perspectiva clínica desde el Psicoanálisis. Editorial La nave de los locos, Buenos Aires.
33
Favorecer y ofertar recursos para la apropiación de herramientas para la respuesta conjunta a la
necesidad de trabajo en tanto ciudadanos, resulta un camino posible en el campo de la
discapacidad intelectual. La implementación de alternativas como el cooperativismo y los
proyectos laborales autogestivos podrían producir como efecto, a un genuino entramado en el
tejido social fuera de los lugares históricamente asignados más vinculados a los márgenes de la
sociedad.
Bibliografìa: Edgar. Proyecto propio y habilitación subjetiva en adultos con DI.
Edgar aborda la adultez y el futuro en el campo de la DI y la Habilitación Subjetiva de los
involucrados para protagonizar activamente un proyecto propio. Un primer interrogante es ubicar
si en la Planificación del futuro o el Proyecto de vida independiente se realiza PARA o DESDE el
sujeto con discapacidad.
La pertinencia de trabajar con el adulto con discapacidad intelectual incluiría: las vicisitudes
propias que emergen en la etapa adulta, las operatorias y fantasías que se reactualizan en la
familia que atraviesa este momento del ciclo vital y el trabajo y posicionamiento ético por parte
de los profesionales intervinientes.
La toma de una posición activa y deseante en relación a un proyecto personal se constituye como
pilar fundamental y fundante de un proceso posterior que contemple los apoyos necesarios en la
capacitación y adquisición de herramientas para la autonomía en una vivienda independiente.
Es importante aclarar que será tarea del equipo interviniente no dejarse fascinar por proyectos
estandarizados que apuntan a homogeneizar los procesos para la adquisición de habilidades y
comportamientos ligados a la independencia en el hogar. Esquemas de trabajo que logran
engrandecer los narcisismos profesionales a costa de silenciar al sujeto con discapacidad a la hora
de pensar en su propio futuro.
Futuro y Exogamia.
La llegada a la adultez trae aparejada vicisitudes familiares que imprimen un escenario en donde
se vislumbran las potencialidades y dificultades que cada grupo familiar despliega para la
elaboración de un proyecto posible. Es usual encontrar la pregunta “¿Qué será de ella/él cuando
nosotros no estemos?”. Preocupación por la dimensión del futuro que parecería reactualizar
aspectos no elaborados de instancias traumáticas previas. Desde esta perspectiva se puede
pensar en la incidencia de las operatorias de la elaboración parcial del duelo por el hijo sano no
nacido y los efectos del mismo para el ejercicio de las funciones parentales en el proceso de
constitución subjetiva del hijo con discapacidad. Una historia pasada que se hace presente y
cobra protagonismo a la hora de pensar en los recursos simbólicos con los que cuenta un joven
adulto para afrontar y elaborar su propio crecimiento. Recursos simbólicos para pensarse por fuera
del ámbito familiar cotidiano.
Se tratará entonces de una instancia que interpela la puesta en juego de la propia palabra, el lazo
social y la sexualidad como instancias que promueven y sostienen una habilitación subjetiva para
proyectarse a futuro. De este modo, pensarse como artífice de un proyecto de vida propio, implica
la posibilidad de ubicarse discursivamente como poseedor de una palabra en la que creer, que
comande un cuerpo al servicio de los caminos del deseo aun con sus contradicciones y
padecimientos, y en el marco del establecimiento de lazos sociales.
Se observa en el trabajo con adultos con discapacidad intelectual que muchos han construido
una posición subjetiva debilitada (Fainblum débiles mentales?), de modo tal que lo se dificulta
significamente es la posibilidad de desplegar sus potencialidades en el armado de lazos, que en
tanto exogámicos, representen nuevos eslabones en una vida donde pudo cifrarse una promesa
futura de satisfacción. Suelen presentarse situaciones vitales que han cancelado dicha promesa
34
en el momento de la tramitación edípica. Se advierten obstaculizaciones en el ejercicio de las
funciones parentales que pueden motorizar cristalizaciones en los lugares ofrecidos, siendo como
frecuencia el de niñez eterna aquel se presenta incluso para la única identificación posible por
parte del sujeto con D y los consiguientes efectos de infantilización. Un tiempo que se congela,
cancelando la aparición de la potencia creadora y transformadora.
La familia dará las coordenadas de las posibles influencias en la construcción de subjetividad. “...el
posicionamiento del discapacitado va a depender del tipo de representación que nos
construyamos y que el mismo se construya y de ahí se va a derivar el hábitat en el cual nos vamos
a establecer.”
La llegada a la adultez de quien porta una DI enfrenta a todo el grupo familiar con situaciones
que pueden no estar elaboradas o incluso por fuera del registro cc de los actores involucrados. Es
que la vejez de los padres, el deterioro, incluso la D adquirida de los mismos, así como la muerte
real o fantaseada como inminente, hacen que muchas veces el futuro quede ligado en términos
significantes a la muerte: Futuro (del hijo) frente a la muerte (de los padres). Esta ligazón parecería
dejar por fuera la posibilidad de contemplar la construcción de un futuro posible desde el diseño
de un proyecto propio, exogámico. Por otra parte, los temores que se disparan frente al temido
panorama de pensar en un futuro sin los padres que se responsabilizaron desde siempre, hacen al
sostenimiento de silencios familiares inconmovibles. Verdaderos temas tabú.
Como posibles efectos de estas modalidades familiares se observan:
Crisis explosivas que acontecen e irrumpen a partir del fallecimiento de alguno de los padres.
Resoluciones improvisadas, desorganizadas y angustiosas por parte del familiar que “queda a
cargo”. Esto es un gran desafío para los hermanos que según las herramientas que
construyeron a nivel familiar pueden verse frente a mayores situaciones conflictivas asociadas
a la necesidad de cuidar o tener que tomar decisiones respecto del cuidado de un hermano
con discapacidad. Angustia y sentimiento de culpa, como también mandatos implícitos o
explícitos de continuar con la tarea de cuidado.
Podríamos pensar un sujeto ubicado o que se ha ubicado en un lugar objetal, a quien se le tiene
reservado un plan, que tal como se mencionó puede ser repentino y sin mucha elaboración. Un
futuro delineado por otros sin que el decir del principal involucrado se involucre.
Rol del profesional: Importante su vínculo con su saber. Dependiendo de este último será
generador de efectos en los destinatarios que podrán observarse a posteriori de las intervenciones
realizadas. Fainblum: “Amo y supuesto poseedor de todos los conocimientos. En lugar de
intervenciones “habilitantes” emergerá aquellas obturantes a partir de un saber y tratamiento
omnipotentes y organizados independientes del sujeto particular y de su demanda, quedando el
mismo atrapado en el lugar de la ignorancia, el no saber, la incapacidad. Desubjetivado y
reducido a puro objeto”. Poder sostener una oscilación entre saber y no saber, acompañar sin
invadir ni sobre-determinar desde representaciones ideales acerca de lo que se espera de un
grupo adulto de personas con DI en la actualidad.
También puede verse la tendencia a la reproducción discursiva de modelos escolares propios de
la infancia, se ve tanto en los concurrentes como en sus familias, articulando demandas hacia la
institución y sus profesionales y depositando en estos la ilusión de una omnipotencia reparadora.
Se desarrolla el caso de una Comisión de Jóvenes conformada por adultos de 20 a 40 años con DI
leve o moderada. Se logró llegar a hablar sobre “Vivir fuera de casa”. La aparición de la pregunta
respecto de qué quiere hacer cada quien en relación a la temática del futuro y del proyecto de
vida independiente, abrió en primera medida un espacio familiar en donde “de esto” comienza a
hablarse. Un espacio al diálogo (y al despliegue de resistencias asociadas a fantasías propias de
35
las vicisitudes desarrolladas anteriormente). En segunda instancia, a pensarse como protagonistas
en distintas alternativas a modo de proyectos propios pensados independientemente de la vejez
o muerte de los padres.
Conclusiones.
Se hace necesario reflexionar permanentemente desde los equipos de trabajo, para no operar
desde nuevos ideales que se erigen sobre modelos que, a la vez que promueven alternativas hasta
el momento inéditas en el campo de la discapacidad, pueden también conducir a obstaculizar
el despliegue de las versiones propias. Es decir, la estructuración de esquemas impuestos como
recetas, invisibilizando y silenciando la voz de los verdaderos protagonistas. Sostener desde una
ética profesional, una posición que soporte lo incierto.
Las acciones conducentes a intervenir en la promoción de una Habilitación Subjetiva en la
construcción de un proyecto futuro, implican contemplar las situaciones que atraviesa toda la
familia de un sujeto con D. Dichas intervenciones se proponen propiciar en los diferentes miembros
de la familia, la conmoción de posicionamientos y representaciones que puede haberse
cristalizado en el tiempo generando efectos desubjetivantes que cancelan la potencia creativa.
El enfoque clínico entendido desde una perspectiva de respeto por la singularidad y los tiempos
subjetivos, será una brújula en la artesanal tarea de identificar en cada sujeto con D, las
condiciones de posibilidad para la toma de una posición frente a la palabra y respecto a su propio
futuro. Será en el marco de un sujeto activo y hacedor de su propia vida que una capacitación
para la autonomía cobrará valor de genuina herramienta.
Bibliografía: Verdugo.
PRINCIPIOS BASICOS:
Plan centrado en la persona.
Inclusión social y económica.
Autodeterminación.
36
Aunque el plan se centra en el individuo, la prestación de servicios sigue centrándose en los
sistemas y organizaciones. Es decir, que los únicos aspectos de la visión personal por los que uno
puede esperar recibir apoyo son los que no trastornan al sistema y le permiten que funcione como
lo viene haciendo. Cuando una persona tiene una idea para el futuro que no encaja con la idea
tradicional, es común que se les ignore o se les incluya a la fuerza en un programa ya existente.
Por eso, la adopción del enfoque CPC es fundamental para lograr un efectivo EA.
2. INCLUSIÓN SOCIAL.
Inclusión social y económica como una serie de experiencias vitales y frecuentes en las que se
incluyen a la familia, amigos, conocidos y una vida laboral y social.
INCLUSIÓN: La implicación completa y justa de las personas con discapacidades y todas sus
diferencias con respecto a la “norma”, en todos los aspectos de la sociedad general, como un
derecho y no como un privilegio.
Ahora están reconocidos los derechos de todas las PCD para la igualdad de oportunidades en
todos los campos sociales, incluido el empleo. Para conseguir la igualdad, necesitamos estar
plenamente incluidos en la sociedad tanto social como económicamente. Esto significa que el EA
debería traducirse en que las personas posean las capacidades y el apoyo necesario para
alcanzar ese objetivo, la oportunidad para una interacción social en todos los aspectos de nuestra
sociedad y que además tengan el apoyo necesario para lograrla. En la sociedad esto es algo que
consiguen aquellos que tienen un trabajo, y deberíamos reconocer que para que los individuos
puedan conseguir una integración plena e independencia, el objetivo debe ser que cada
individuo sea económicamente independiente, tener un trabajo a largo plazo, sostenible y a
tiempo completo.
Ganarse la vida, decidir con independencia y la igualdad NO son privilegios, SON DERECHOS.
3. AUTODETERMINACIÓN.
Derecho a tomar sus propias decisiones vitales, ser activos al tomar decisiones en todos los
aspectos de su vida, incluso en las decisiones que pueden ser erróneas o llevarlos a callejones sin
salida y que deben ser renegociadas. Es un elemento importante de la inclusión junto con
accesibilidad e igualdad. La dignidad y auto—erminación son valores universales y deberían ser
aplicados universalmente.
El empleo con apoyo es una forma de permitir a la gente que necesita apoyo adicional tener éxito
con un empleo real, a largo plazo y sostenible. Es un proceso que forma parte de una completa
estrategia vital que ayuda a la gente a integrarse plenamente en la sociedad, tanto económica
como socialmente. NO SE TRATA DE FORZAR A ALGUIEN A QUE TENGA UN TRABAJO PORQUE ESTÉ
DISPONIBLE Y CONVENGA ECONOMICAMENTE AL ESTADO.
El EA devuelve el control al individuo que, con la ayuda de los profesionales y el servicio que
funcionan para trastocar el statu quo, intentaran conseguir sus sueños y aspiraciones de una vida
mejor. Si el trabajo es parte de esa visión, entonces el empleo con apoyo es el proceso mediante
el cual se puede ayudar a conseguirlo.
En el pasado, tuvimos un servicio basado en el modelo médico o rehabilitador y una pensión
económica para arreglar este déficit.
38
PERFIL PROFESIONAL:
Conocer a la persona y su estilo particular de aprendizaje, es una parte fundamental del proceso.
Conocer a la persona en tantas situaciones diferentes como sea posible.
La familia y los amigos son contribuyentes de este proceso y que se apoyó y aportaciones marcan
la diferencia entre éxito y fracaso.
Sean cc de la necesidad del equilibrio entre la elección personal, la autodeterminación y la
independencia del individuo y la implicación de la familia en el proceso del empleo con apoyo.
Comiencen por acordar encuentros con el individuo en primer lugar. Consideren cómo un trabajo
influirá en las circunstancias actuales de la familia, cambios en los subsidios, sistema de apoyo, por
ejemplo transporte. También necesitan identificar los nuevos tipos de compromiso familiar que
podrían ser necesarios para hacer sostenible el trabajo, llegar al trabajo, otras adaptaciones u
otros apoyos sociales.
APOYOS NATURALES.
Si pensamos que es vital que el servicio de EA ofrezca el mínimo apoyo necesario para
desaparecer lo antes posible, entonces necesitamos entender nuestro papel como el de un
catalizador.
El experto laboral es un catalizador. El desarrollador laboral es el catalizador, ya que facilita la
inclusión social natural y fortalece las relaciones entre los individuos, sus compañeros de trabajo y
los empleadores.
Estrategia de apoyo natural: se trata de un proceso que une los apoyos sociales tanto formales
(supervisores, programas de formación, etc.,) como informales (compañeros y grupos semejante)
en el entorno laboral para facilitar la inclusión social.
39
El modelo de Empleo con Apoyo sirve para desarrollar unos apoyos efectivos para las PCD, con el
objetivo de ayudarles a conseguir oportunidades de empleo sostenible.
Desarrolla procesos que definen el trabajo, como un objetivo deseable para las PCD y para el resto
de la sociedad.
Busca la identificación de las formas más naturales en las que podemos ayudar a las personas con
discapacidades en el trabajo.
Reconoce que el trabajo es fundamental a la hora de definir la calidad de vida individual y debe
verse como una parte integrante de la experiencia vital y global de la persona.
No es un simple cambio de estrategia, es un cambio fundamental en nuestra visión de la prestación
de servicios, no será fácil, puede ser duro y complicado, y lo que más miedo da a los profesionales
es que puede que no acabe nunca, puede que los servicios sean necesarios durante toda la vida
de una persona, con cambios constantes que poner en marcha. Sin embargo, el empleo con
apoyo reconoce claramente lo que todos sabemos: el empleo y la calidad de vida van de la
mano. Si realmente queremos que las personas tengan igualdad de oportunidades, debemos
empezar ofreciendo oportunidades de empleo sostenibles para todos.
AUTODETERMINACIÓN.
Bibliografía: Aznar. La autodeterminación como eje de evaluación e intervención en la DI.
La autonomía está ligada a la independencia respecto de otros y a la capacidad para funcionar
adecuadamente por sí mismo.
La autodeterminación es la capacidad de:
Ser agente causal de la propia vida.
Mantener relaciones de interdependencia con el contexto de pertenencia social.
Hacer elecciones y tomar decisiones sin interferencias ni manipulaciones externas.
Componentes:
Protagonismo: Ser el agente causal y principal de la propia vida, apropiándose de ella (no
como una pertenencia sino como una creación de la cual se es creador sustancial).
Responsabilidad: Asumir y cumplir compromisos, reconocer los errores y ser capaz de repararlos.
Libertad: Hacer elecciones y tomar decisiones sin manipulación ni presión externa, aunque no
siempre coincidan con las que tomaría la mayoría.
Contexto vincular: Tener conciencia de que todos los actos de la vía afectan a otras personas
que recíprocamente comparten un conjunto de bienes materiales, inmateriales y
conductuales y tienen expectativas mutuas.
DINÁMICA DE LA AUTODETERMINACIÓN.
Los 4 componentes se relacionan entre sí dinámicamente. Cuatro pares de interacciones:
LA INICIATIVA Y LA DIRECCIONALIDAD DE LAS ACCIONES. El protagonismo y la responsabilidad
parten de la persona y se dirigen hacia su entorno. La libertad y el contexto vincular son
componentes que parten desde el entorno y afectan a la persona.
LA CREATIVIDAD. El protagonismo y la libertad se usan para crear nuevos objetos y vínculos,
mientras que la responsabilidad y el contexto vincular funcionan utilizando objetos y vínculos
ya existentes.
LOS LÍMITES. A todas las personas nos atraviesan y pre-existen los limites. Existen por convención
social y se los pretende universalmente válidos dentro de la comunidad. La libertad y la
responsabilidad están involucradas en el reconocimiento y uso de los límites.
40
LAS FRONTERAS. Los humanos construimos una matriz de expectativas y anhelos. La interfaz, la
zona de contacto entre matices son las fronteras. Tienen una ubicación difusa ya que son
producto del diálogo. Su funcionamiento es modificable. En la construcción de las fronteras se
involucran el protagonismo y el contexto vincular.
Tiene un dinamismo bidireccional entre la persona y su ambiente.
Desde cualquier campo disciplinario y en cualquier prestación de servicios para las personas con
discapacidad intelectual basta con trabajar desde la autodeterminación y brindar los apoyo que
requieren para normalizar su condición de vida (totalmente distinto a normativizar a la persona, es
decir forzar a la persona a ajustarse a estándares y normas que la preceden y exceden). Esta
perspectiva y esta metodología de intervención son útiles para reducir las limitaciones en las
habilidades adaptativas, porque impactan en un aspecto nodal y constitutivo: el posicionamiento
subjetivo, ante sí mismos y ante el entorno social del que son miembros.
Cuando la CS se desarrolla en forma esperable, la persona adulta lleva una vida
autodeterminada. En el individuo adulto, autónomo, maduro y desarrollado subjetivamente,
podemos encontrar los siguientes fenómenos y efectos:
Preferir y elegir (protagonismo): La voz de los que creen no tener voz, ni la palabra autorizada
para hablar de sí mismos, no es ruidosa. Entre ellos están las PCDI. Hay que tomarse el tiempo
necesario para que se hagan escuchar. Siempre tienen algo para decir de sí mismos, en
proporción directa con la oportunidad y la habilitación que les da su entorno social.
Tener valores y comprometerse (responsabilidad): Eximir a una persona de la exigencia de
reparación de un error o del cumplimiento de los compromisos contraídos, equivale a reducirla
a objeto. No existe situación vital ni condición que desligue a un ser humano de su reciprocidad
para con otros.
Tener metas y proyectarse (libertad). La habilitación para la vida (que siempre es social) tiene
que existir sin demostración previa de capacidades. La persona asume algún grado de
responsabilidad sobre su vida, los otros (la familia, sociedad, instituciones) son co-protagonistas
con la PCD hasta que ella pueda serlo por sí misma. Una forma de habilitar la apertura al
proyecto de vida propio es tener la expectativa de que lugar de una persona sea en el mundo,
ni fuera del mundo, ni a salvo de él.
Ejercer un rol social y participar (contexto vincular): Para lograr la ciudadanía plena, las PCDI
deben ser consideradas y respetadas primero como personas. Como tales, y sin ningún pero
sueñan, deciden, desean, planean y cuidan diferentes aspectos de su vida. Nada de eso
sucede si antes de reconocerlos como personas los consideramos enfermos, niños eternos,
incapaces. La dependencia y el cuidado controlador a través de instituciones no producen
ciudadanos.
Las alteraciones de la autodeterminación y de la CS, siempre concomitantes, no son patrimonio
exclusivo del retraso mental. Hay dos alteraciones de la autodeterminación:
Disipación subjetiva: Afecta la manifestación de la subjetividad de una única persona. Proceso
de subjetivación que busca borronear o reducir los conflictos. Se constituye como un modo de
ser y estar en el mundo silencioso, crónico, poco llamativo. No requiere energía, no cansa ni
hastía. Puede describirse como una disminución o desaparición de uno de los componentes
de la autodeterminación. Se interviene sobre ella desarrollando él o las áreas disipadas.
La alienación subjetiva: Afecta a dos personas a la vez. Es un proceso de subjetivación en el
que predomina un componente de la autodeterminación. Requiere energía para mantenerse,
padecen agotamiento, hartazgo o desesperación en la relación vincular a causa de la escasa
distancia afectivo o física entre ambos. Las alienaciones mejoran desarrollando los otros
41
componentes de la autodeterminación antes que enfocarse en el que predomina. La
intervención debe diseñarse para que afecte al vínculo alienado/alienante.
Propuesta de clasificación para orientar el trabajo clínico.
La subclasificación del retraso mental de acuerdo con el CI es obsoleta. Es útil administrar una
escala de autodeterminación, podemos distinguir 3 situaciones clínicas. Personas con retraso
mental:
Sin alteración de la autodeterminación: como cualquiera, requerirán las adaptaciones necesarias
para su inserción y participación social.
Con alteración disipativa de la autodeterminación: puntajes homogéneos bajos en las escalas.
Con alteración alienada de la autodeterminación: puntajes heterogéneos con algunos
componentes altos y otros bajos.
DISIPACIÓN. ALIENACIÓN.
Alteración. SITUACIONES CLINICAS EN ADULTOS. Alteración.
Sumisión. Cuando cualquier Protagonismo. Demanda constante de Egocentrismo.
persona le dice que se atención, con caprichos y
Mascotización. Capricho.
mueva o se calle, ella obstinación.
obedece sin oponer Quiera algo y si no se lo Individualismo.
resistencia. dan se violenta.
Hace monólogos referidos
a sí misma, generando
escenas en las que es el
centro de atención.
Aislamiento. Permanece por fuera de Contexto Actua en función del otro, Masificación.
cualquier dispositivo necesita de este para
Soledad, desinterés vincular. Estereotipación,
grupal, inclusive los tomar decisiones.
social. rutinarios. conformismo.
Hace los que hacen los
No interactúa jamás con demás, le da lo mismo
nadie. Se queda en un cualquier actividad.
rincón.
Se limita a satisfacer sus
necesidades básicas.
Principios de la intervención.
Intervenciones que no sean crónicas, sino variadas y limitadas en el tiempo.
42
Los apoyos centrados en la persona, focalizado en los elementos relevantes son más eficaces
que las intervenciones globales.
Corriéndonos del modelo médico-rehabilitador-deficitario, esperando un futuro y caminando
hacia el encontramos mejores efectos. Si abordamos a los pacientes sin esperar que cambien,
nosotros los fijamos en entidades abstractas, crónicas, poco interesantes. No encontramos
excepción para esto: brindando apoyos, centrándonos en las personas, desarrollando la
autodeterminación, todos los pacientes evolucionan favorablemente.
La autodeterminación puede:
Desarrollarse programáticamente, como un eje transversal a los procesos de desarrollo de la
subjetividad.
Operacionalizarse como un contenido curricular, enseñarse y practicarse.
Ser un marco conceptual para los proyectos o las políticas que procuren la transformación
social con la meta de generar comunidades inclusivas.
Algunos profesionales creen trabajar para mejorar la autoestima de sus pacientes adultos, pero
arreglan los horarios de las sesiones con los padres del mismo. El paciente no puede tomar en serio
nuestro estimulo sino confiamos en su capacidad de distinguir y preferir entre la mañana y la tarde.
Los profesionales, los políticos y las familias, son proclives a ocupar un lugar omnipotente frente a
las PCDI. Estas últimas tienden a la posición contrario y a no autorizarse frente a ellos más que en
circunstancias extremas. Insistimos: la concepción que tengamos del campo de la discapacidad
intelectual determina los resultados que vamos a obtener de nuestro trabajo en él. Si la DI es terreno
de los especialistas, el resto de los actores será pasivo y los resultados serán mínimos. Vemos en
esto otra encarnación de las subjetividades disipadas y alienadas.
Bibliografía: Edgar. Adultos con DI: La inclusión como convivencia diversa y sus vicisitudes.
Al día de hoy existen barreras actitudinales para la construcción de una inclusión plena, es decir,
una convivencia diversa genuina sin eufemismos ni desigualdades encubiertas.
Existe una histórica brecha entre los discursos y las prácticas. Discursos que proclaman la inclusión
y prácticas que eventualmente la imposibilitan o constituyen un como sí que confirman la
exclusión. No hay inclusión social cuando se opera desde la caridad, la excepción o lo
políticamente correcto, no hay inclusión social si continuamos delimitando fronteras entre una
otredad-deficiente y un nosotros-parcial, y no se accede a una plena inclusión social sin concretos
procesos inclusivos en la familia, la educación, la cultura y el mundo del trabajo.
El excluido no está por fuera del campo social, sino que participa de él pero en peores condiciones
que el resto. O sea siendo parte de un tejido comunitario que sostiene lógicas que perpetúan la
desigualdad, a partir de su aspecto: aquel que delimita subjetivaciones bajo sospecha de
patologizacion, legitimando dependencia e influencias innecesarias.
Si bien en la actualidad se pueden vislumbrar avances significativos en relación a los discursos y
prácticas de otros tiempos, nos encontramos con el hecho factico que expone la ausencia de
persona con DI en muchos sitios de la vida social cotidiano. Y en el caso de participar, las
experiencias parecerían continuar presentándose como circunstancias especiales o ejemplares y
no como algo común y regular.
La tarea requiere una visión clara, crítica y transversal tanto de aquellos factores que operan como
barreras, como de las condiciones subjetivas construidas para habilitar y habilitarse a transitar la
convivencia diversa. Al producir una lectura situacional, y clínica, es necesario enfatizar la
importancia de leer lo que ocurre tanto en el espacio social intersubjetivo como en los aspectos
intrapsíquicos del sujeto.
43
Comprendiendo la complejidad.
Entender los contextos en los que se producen y reproducen modos de relación que implican la
dominación de unos sobre otros, permiten comprender la insistencia en la sobre determinación en
las decisiones y trayectorias de vida, y la intromisión en la potestad de los cuerpos.
Booth y Ainscow proponen un índice que permite pensar las condiciones que gestan inclusión. Se
trata de un esquema que contempla la coexistencia de tres dimensiones que, como una mesa de
tres patas, logra mantenerse en pie a condición de que ninguna se encuentra ausente o
malograda en su equilibrio. Las dimensiones a cotejar son:
Las políticas inclusivas.
Las prácticas inclusivas.
La cultura inclusiva.
De este modo, se intenta evaluar los contextos sociales.
La participación y el análisis de las prácticas.
Fernández Moujan piensa la participación como un acontecimiento que ocurre entre los sujetos,
que permite devenir en el otro sin dejar de ser uno y sin dejar de ser el otro en el anhelo compartido
de superación. En este caso, el anhelo de una sociedad de la que todos seamos parte valiosa.
Esta vivencia abre el campo a la participación solidaria ya no como una solidaridad social sino
como una experiencia compartida y vivida como propia, sin identificación a priori que delimiten
lugares sino alcanzando una identidad grupal de todos. Este movimiento permite la multiplicación
compartida de un campo de valores que sostenga una convivencia diversa suponiendo la
consideración de cada integrante de la sociedad como alguien con voz y palabra propia a
escuchar y participar. Convivir con lo diverso NO ES SOPORTARLO, SINO ENRIQUECERSE EN LO
MULTIPLE Y DISTINTO. SIN JERARQUIAS ARTIFICIALES DE PODER.
El modelo de la diversidad es una muestra del giro concebido en el modelo social y su
consideración de la dignidad humana de las PCD y su posibilidad de participar en la sociedad
cuando se propician las medidas oportunas para ello. Reconocerlos en tanto semejante, ubica un
campo de interacción discursiva común. Siendo interlocutores válidos, se genera una riqueza del
encuentro intersubjetivo que potencia el tejido social, en versiones más equitativas y respetuosas
de los DDHH.
El paradigma de la diversidad funcional ofrece una reinterpretación de la noción de discapacidad
ubicándola como una forma de las diversas humana, al igual que la Convención Internacional de
los derechos de las PCD estableciendo el respeto por la diferencia y la aceptación de la
discapacidad como parte de la condición humana diversa.
Intervenciones, efectos y afectos.
El trato infantilizante y la sobreprotección constituye un obstáculo para la inclusión y podrían
pensarse desde vertientes complementarias.
Fainblum: Se trataría de manifestaciones defensivas desplegadas en el espacio intersubjetivo
surgidas ante la injuria narcisista que lo especular puede producir tanto en familiares como en
el equipo terapéutico educativo. En ese marco, la infantilización se configura como un intento
de cristalización de la temporalidad, persiguiendo una restitución de lo propio afectado a partir
de desconsiderar un proyecto identitario que contemple una adultez posible, sexuada y
participativa de quien porte la discapacidad.
Conlleva un trasfondo de capacitismo, como posicionamiento que sostiene la existencia de
condiciones de ciertos sujetos (quienes no tienen capacidad) que legitiman acciones de
opresión y control sobre ellos.
44
La infantilización delimita una distancia permanente que marca esa otredad no-semejante
produciendo un efecto deshumanizante y un ataque hostil.
AUTODETERMINACIÓN. El desarrollo de la misma en PCDI impacta de manera superadora y
subjetivante al histórico y rehabilitarorio propósito de alcanzar la noción de autonomía. La
AUTONOMIA se encuentra ligada al alcance de una independencia de otros a través del
despliegue de capacidades para funcionar adecuadamente por sí mismo. Lo que se necesitaría
para lograr un proyecto de vida por parte de una PCDI se asemeja a un modelo inalcanzable para
el que nunca estará preparado. En cambio, la AUTODETERMINACIÓN de un sujeto implica que
él mismo se posicione como principal agente causal de su vida, participando de una comunidad
con otros y utilizando e identificando herramientas concretas para la vida diaria.
Los componentes de la autodeterminación ofrecen un escenario en el que se puede pensar,
diseñar y evaluar recursos, servicios y apoyos específicos en el caso por caso, de la PCDI, su familia
y su contexto social.
La autodeterminación puede presentar alteraciones que devienen de vicisitudes en los momentos
estructurantes del psiquismo y producir posicionamientos subjetivos a los que el ámbito exogámico
les resulte obturado o cuyo establecimiento de lazo social es a condición de opacarse
debilitadamente. Dado que los recursos psíquicos se hallan configurados en la dimensión
intersubjetiva, los avatares familiares serán un elemento que puede favorecer u obstaculizar la
construcción autodeterminada de un proyecto de vida independiente.
Muchas instituciones y profesionales continúan pretendiendo que sujetos con DI puedan acceder
a mejores condiciones de vida a partir de lograr asemejarse a quienes el poder de turno llama
normales. En consecuencia, pueden observarse PCDI cuya potencialidad deseante se ve
debilitada a partir de problemáticas emocionales tanto individuales como familiares. De este
modo es usual encontrar adultos con DI que vivencia este ciclo vital entre el aislamiento abúlico y
la dependencia infantilizada, sin proyectos futuros ni red afectiva exogámica.
Lo cultural: de aquí, de allí, por todos lados.
La cultura inclusiva incluye las acciones cotidianas, pequeñas o enormes, que todos los actores
sociales realizamos a diario. Desde la persistencia de diagnósticos como insultos coloquiales hasta
la limitación explícita para ejercer un derecho y participar de actividades sociales cotidianas. La
escasez con la que circula la información actualizada junto a la utilización lastimosa o heroica de
los medios de comunicación y redes sociales genera mayores efectos de confusión en el
imaginario social que finalmente recurre y reproduce las representaciones de siempre.
Las políticas pueden ser de vanguardia y las prácticas de excelencia pero si la cultura no es
inclusiva seguiremos hablando de una cosa y viviendo otra. Proclamando inclusión y
reproduciendo una sociedad con ciudadanos de primera y otros de segunda.
A la hora de pensar en la IS de las PCDI se abre un campo de posibles intervenciones profesionales
y acciones sociales a propiciar desde etapas tempranas del desarrollo. Entre ellas, la promoción
de la autodeterminación puede articularse a través de todos los espacios de participación social
de las personas: institucionales, profesionales, comunitarios y familiares. Se trata de acompañar y
hacer lugar a lo singular a los fines de encontrarse en la adultez con sujetos deseantes,
posicionados en su propia historia y conviviendo en un entorno diverso.
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