Tema 3
Tema 3
Fundamentos de Meteorología
Tema 3: Ciclones extratropicales y frentes
La termodinámica es clave para la meteorología tropical, dominada por la convección como vimos en el
tema anterior. En cambio, la meteorología extratropical puede explicarse usando dinámica adiabática,
ignorando el calentamiento en primera aproximación. La principal herramienta son las leyes de Newton.
La atmósfera está sujeta a fuerzas externas, como la gravedad y la fricción, pero también a fuerzas
internas, fundamentalmente de presión, que se ejercen entre sí las parcelas de aire. Además, en un
sistema de referencia solidario con la Tierra es necesario incluir las fuerzas de inercia que aparecen
como consecuencia del movimiento de ésta. La fuerza de inercia más importante es la fuerza de Coriolis,
que produce una aceleración 90º a la derecha de la velocidad en el hemisferio norte (al revés en el sur).
La combinación de todas estas fuerzas produce una aceleración lagrangiana, que es responsable del
movimiento de las parcelas de aire. Para analizar el movimiento en un punto fijo (descripción euleriana),
es necesario incluir también la advección, es decir, el origen de las parcelas que llegan a dicho punto,
que son distintas en cada instante de tiempo. Este término puede también considerarse como la fuerza
de inercia que aparece cuando se considera un sistema de referencia que se mueve con la parcela.
Para movimientos de gran escala en los extratrópicos el término de advección es mucho menor que la
fuerza de Coriolis y el viento es aproximadamente geostrófico. El viento geostrófico es el viento
resultante del balance entre el gradiente de presión y la fuerza de Coriolis. Este viento se dirige en
dirección paralela a las isobaras/isohipsas y gira en sentido antihorario en los ciclones (y viceversa para
los anticiclones) en el hemisferio norte (al revés en el sur). El viento geostrófico cambia con la altura
cuando la temperatura varía horizontalmente; esto se conoce como viento térmico. El viento térmico
explica que los ciclones de núcleo cálido sean más intensos en superficie, y los de núcleo frío más
intensos en altura.
En las latitudes medias, el intenso gradiente térmico meridiano del frente polar se asocia a una cizalla
del oeste del viento térmico, que produce un máximo del viento en capas altas. La corriente en chorro
separa el aire cálido de los subtrópicos del aire frío de la región polar. Esta corriente está sujeta a
ondulaciones, llamadas vaguadas y dorsales, que son el equivalente en capas altas de ciclones y
anticiclones, respectivamente. Además de propagarse hacia el este, estas ondas rompen cuando
alcanzan gran amplitud, provocando embolsamientos de aire cálido (frío) al norte (sur) del chorro en
capas altas. Estos últimos son especialmente relevantes en nuestra geografía porque pueden producir
convección al moverse sobre las aguas cálidas del Mediterráneo, dando lugar a DANAS.
Aunque el viento ageostrófico es mucho más débil que el geostrófico, este viento juega sin embargo un
papel muy importante en la dinámica extratropical. El viento geostrófico representa fundamentalmente
un equilibrio –si el viento fuera exactamente geostrófico la atmósfera nunca cambiaría. La aceleración
del viento geostrófico es causada por el viento ageostrófico. Los movimientos verticales, en particular,
juegan un papel muy importante para la intensificación de los ciclones extratropicales. Muchos de los
precursores de la ciclogénesis, como la aproximación de una vaguada en capas altas, la presencia de un
chorro localmente intenso, o una alta temperatura de la superficie del mar, están asociados a ascensos.
En los ciclones explosivos, aquellos que se intensifican de forma más rápida, confluyen frecuentemente
varios de estos factores. Esto explica también que los ciclones extratropicales ocurran preferentemente
en ciertas regiones llamadas stormtracks, coincidentes con las cuencas oceánicas extratropicales.
1
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Aunque los ciclones extratropicales se consideran normalmente ciclones de núcleo frío, en realidad los
ciclones tienen una estructura térmica de mesoescala. La deformación del gradiente térmico del frente
polar por el viento geostrófico da lugar a procesos de frontogénesis, produciendo un frente cálido al
este y un frente frío al oeste. Ambos frentes se asocian a movimientos verticales, nubosidad y
precipitación, siendo el desarrollo vertical y la precipitación mayores para el frente frío. Al avanzar el
frente frío más rápidamente que el frente cálido se achica la masa de aire cálido comprendida entre
ambos, produciéndose la oclusión cuando el frente frío alcanza al cálido.
Las ecuaciones del movimiento, llamadas ecuaciones de Navier-Stokes, son simplemente el resultado de
aplicar la segunda ley de Newton a las parcelas de un fluido. Si consideramos una parcela de aire, la
suma de las fuerzas que actúa sobre ellas va a provocar una aceleración. Por unidad de masa:
𝐷𝐷𝑣𝑣⃗
= � 𝐹𝐹⃗
𝐷𝐷𝐷𝐷
Observad que hemos escrito la derivada temporal con una notación especial, usando mayúsculas. Esta
notación se usa para indicar que se trata de una derivada lagrangiana. Lo que queremos decir con ello
es que esta derivada mide el cambio que sufre la parcela elegida, una cualquiera pero una concreta, que
debido al movimiento del fluido va a estar en localizaciones distintas en cada instante. Es la única forma
en que tiene sentido aplicar las leyes de Newton. Reservamos los símbolos de diferenciación habituales
para la derivada euleriana, que mide el cambio en una localización fija por la que en cada instante
pasan parcelas distintas. En la sección siguiente veremos cómo están relacionadas ambas derivadas.
Consideramos ejes de coordenadas cartesianos locales, con el eje x apuntando de oeste a este, el eje y
de sur a norte, y el eje z hacia arriba en dirección perpendicular a la superficie.
Las principales fuerzas externas que actúan en la atmósfera son la gravedad y la fricción. Esta última es
importante sobre todo cerca de la superficie, en la llamada capa límite, pero puede normalmente
despreciarse en la atmósfera libre.
El balance de fuerzas es muy distinto en el plano x-y y en dirección z debido al impacto de la gravedad.
𝐷𝐷𝐷𝐷
Salvo para movimientos convectivos intensos, ésta es mucho mayor que la aceleración vertical 𝑔𝑔 ≫ y
𝐷𝐷𝐷𝐷
1
La fuerza de presión es la fuerza ejercida en dirección normal a la superficie de contacto. Además, puede existir
una fuerza de cizalladura paralela a la superficie, asociada a la viscosidad, pero esta fuerza es despreciable en la
atmósfera.
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que las fuerzas de inercia (discutidas abajo), por lo que el balance dominante en dirección z es entre la
gravedad y el gradiente vertical de presiones. Esto es lo que se conoce como balance hidrostático:
1 𝜕𝜕𝜕𝜕
0=− − 𝑔𝑔
𝜌𝜌 𝜕𝜕𝜕𝜕
Físicamente, este balance implica que la presión que ejerce el aire es igual al peso del volumen de fluido
que tiene por encima.
Como el sistema de coordenadas que hemos tomado gira solidariamente con el planeta, es necesario
incluir también fuerzas de inercia. Para deducirlas, consideremos un vector 𝐴𝐴⃗ constante en un sistema
inercial (figura 2) y veamos cómo cambia ese vector visto desde un sistema de referencia no inercial que
gira con velocidad angular Ω��⃗. Durante un intervalo de tiempo 𝛿𝛿𝛿𝛿, tanto el origen (punto 1) como el
extremo (punto 2) de 𝐴𝐴⃗ giran respecto al eje de rotación en dirección contraria a la del disco, con lo que
también lo hace el vector 𝐴𝐴⃗. Esto implica la siguiente relación entre las derivadas en el sistema inercial y
rotante (no inercial):
𝑑𝑑𝐴𝐴⃗ 𝑑𝑑𝐴𝐴⃗
� � = � � + 𝛺𝛺 �⃗ × 𝐴𝐴⃗
𝑑𝑑𝑑𝑑 𝑖𝑖𝑖𝑖 𝑑𝑑𝑑𝑑 𝑟𝑟𝑟𝑟𝑟𝑟
Fig. 2: Esquema ilustrando cómo cambia un vector 𝐴𝐴⃗ en un sistema no inercial que rota con velocidad angular Ω ��⃗.
��⃗.
Aunque el vector es constante (paneles A y B), en el sistema rotante el vector gira en sentido contrario a Ω
Aplicando esta relación al vector de posición podemos relacionar la velocidad en el sistema inercial 𝑣𝑣⃗𝑖𝑖𝑖𝑖
con la velocidad en el sistema rotante 𝑣𝑣⃗ ≡ 𝑣𝑣⃗𝑟𝑟𝑟𝑟𝑟𝑟 :
𝐷𝐷𝑥𝑥⃗ 𝐷𝐷𝑥𝑥⃗
𝑣𝑣⃗𝑖𝑖𝑖𝑖 = � � = � � + 𝛺𝛺 �⃗ × 𝑥𝑥⃗ = 𝑣𝑣⃗ + 𝛺𝛺
�⃗ × 𝑥𝑥⃗
𝐷𝐷𝐷𝐷 𝑖𝑖𝑖𝑖 𝐷𝐷𝐷𝐷 𝑟𝑟𝑟𝑟𝑟𝑟
Para la aceleración:
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𝐷𝐷𝑣𝑣⃗𝑖𝑖𝑖𝑖 𝐷𝐷𝑣𝑣⃗𝑖𝑖𝑖𝑖 𝐷𝐷
� � =� �⃗ × 𝑣𝑣⃗𝑖𝑖𝑖𝑖 = � �𝑣𝑣⃗ + 𝛺𝛺
� + 𝛺𝛺 �⃗ × 𝑥𝑥⃗�� + 𝛺𝛺 �⃗ × �𝑣𝑣⃗ + 𝛺𝛺
�⃗ × 𝑥𝑥⃗� =
𝐷𝐷𝐷𝐷 𝑖𝑖𝑖𝑖 𝐷𝐷𝐷𝐷 𝑟𝑟𝑟𝑟𝑟𝑟 𝐷𝐷𝐷𝐷 𝑟𝑟𝑟𝑟𝑟𝑟
𝐷𝐷𝑣𝑣⃗
=� �⃗ × 𝑣𝑣⃗ + 𝛺𝛺
� + 2𝛺𝛺 �⃗ × 𝛺𝛺
�⃗ × 𝑥𝑥⃗
𝐷𝐷𝐷𝐷 𝑟𝑟𝑟𝑟𝑟𝑟
Las dos fuerzas de inercia que aparecen en el miembro derecho son la fuerza de Coriolis y la fuerza
centrífuga, en este orden. La fuerza centrífuga es pequeña, y simplemente resulta en una pequeña
corrección a la gravedad que podemos ignorar, pero la fuerza de Coriolis tiene una gran importancia en
la dinámica.
Las ecuaciones anteriores se derivaron aplicando las leyes de Newton a una parcela de aire que
conserva su identidad. Como la posición de esta parcela va a cambiar con el tiempo, habitualmente de
forma caótica, esto no resulta práctico. En general, estaremos más interesados en conocer cómo varían
la velocidad, temperatura, etc. en un emplazamiento fijo (por ejemplo, Madrid) en vez de siguiendo a
una parcela cuya posición final se desconoce. Esto es lo que se conoce como derivada euleriana y se
�⃗
𝜕𝜕𝑣𝑣
denota simplemente .
𝜕𝜕𝜕𝜕
Para calcular la derivada euleriana en un punto cualquiera 𝑥𝑥⃗ hay que tener en cuenta que las parcelas
que llegan a dicha posición son distintas en cada instante de tiempo. Como muestra la figura 4, el
cambio de una propiedad cualquiera 𝐴𝐴(𝑥𝑥⃗, 𝑡𝑡) entre los instantes 𝑡𝑡 y 𝑡𝑡 + 𝛿𝛿𝛿𝛿 se debe tanto a que una
parcela distinta ocupa dicho punto (la azul en el instante 𝑡𝑡 y la roja en el instante 𝑡𝑡 + 𝛿𝛿𝛿𝛿) como a que el
valor de 𝐴𝐴 para la parcela roja ha podido además evolucionar en este periodo (derivada lagrangiana).
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Fig. 4: Esquema ilustrando las contribuciones al cambio de 𝐴𝐴 en el punto 𝑥𝑥⃗. La parcela que ocupa dicho punto ha
cambiado entre los tiempos 𝒕𝒕 (parcela azul) y 𝒕𝒕 + 𝜹𝜹𝜹𝜹 (parcela roja). Además, el valor de 𝐴𝐴 para la parcela roja ha
podido cambiar entre ambos instantes de tiempo.
siendo 𝐴𝐴(𝑥𝑥⃗ − 𝑣𝑣⃗𝛿𝛿𝛿𝛿, 𝑡𝑡) el valor de 𝐴𝐴 para la parcela roja en el instante 𝑡𝑡, cuando aún no estaba en el punto
𝐷𝐷𝐷𝐷
𝑥𝑥⃗ sino en el punto 𝑥𝑥⃗ − 𝑣𝑣⃗𝛿𝛿𝛿𝛿, y el cambio (lagrangiano) que ha experimentado dicha parcela. Usando
𝐷𝐷𝐷𝐷
una expansión de Taylor, podemos relacionar el valor de 𝐴𝐴 para las parcelas azul y roja en el instante 𝑡𝑡:
𝜕𝜕𝜕𝜕
𝐴𝐴(𝑥𝑥⃗ − 𝑣𝑣⃗𝛿𝛿𝛿𝛿, 𝑡𝑡) = 𝐴𝐴(𝑥𝑥⃗, 𝑡𝑡) + ∑ (−𝑣𝑣𝑗𝑗 𝛿𝛿𝛿𝛿) = 𝐴𝐴(𝑥𝑥⃗, 𝑡𝑡) − 𝑣𝑣⃗ · 𝛻𝛻�⃗ 𝐴𝐴 𝛿𝛿𝛿𝛿
𝜕𝜕𝑥𝑥𝑗𝑗
Este resultado nos permite reescribir las ecuaciones del movimiento en forma euleriana, más práctica:
𝜕𝜕𝜕𝜕 𝜕𝜕𝜕𝜕 𝜕𝜕𝜕𝜕 𝜕𝜕𝜕𝜕 1 𝜕𝜕𝜕𝜕
= −𝑢𝑢 − 𝑣𝑣 − 𝑤𝑤 + 𝑓𝑓𝑓𝑓 − + 𝐹𝐹𝑥𝑥
𝜕𝜕𝜕𝜕 𝜕𝜕𝜕𝜕 𝜕𝜕𝜕𝜕 𝜕𝜕𝜕𝜕 𝜌𝜌 𝜕𝜕𝜕𝜕
𝜕𝜕𝜕𝜕 𝜕𝜕𝜕𝜕 𝜕𝜕𝜕𝜕 𝜕𝜕𝜕𝜕 1 𝜕𝜕𝜕𝜕
= −𝑢𝑢 − 𝑣𝑣 − 𝑤𝑤 − 𝑓𝑓𝑓𝑓 − + 𝐹𝐹𝑦𝑦
𝜕𝜕𝜕𝜕 𝜕𝜕𝜕𝜕 𝜕𝜕𝜕𝜕 𝜕𝜕𝜕𝜕 𝜌𝜌 𝜕𝜕𝜕𝜕
𝜕𝜕𝜕𝜕
= −𝜌𝜌𝜌𝜌
𝜕𝜕𝜕𝜕
El término de advección de momento (en rojo) se denomina a veces inercial, pues este término puede
también interpretarse como una fuerza de inercia. Considerando un sistema de referencia que se mueve
con la parcela, en dicho sistema de referencia sólo existe la aceleración lagrangiana. Sin embargo, al ser
éste un sistema no inercial es necesario incluir además la fuerza de inercia debida a la aceleración del
sistema de referencia. Esta fuerza de inercia es precisamente el término de advección.
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𝜕𝜕𝜕𝜕 𝑢𝑢2
−𝑢𝑢 =−
𝜕𝜕𝜕𝜕 𝑅𝑅
En meteorología es frecuente usar la presión en vez de la altura 𝑧𝑧 como coordenada vertical. Al tomar la
presión como variable independiente, la altura se convierte ahora en una variable dependiente. Se
define el geopotencial 𝜙𝜙 = 𝑔𝑔𝑔𝑔, donde 𝑍𝑍 es la altura (llamada altura geopotencial) a la que se encuentra
el nivel de presión usado como coordenada. En estas coordenadas el gradiente de presión es sustituido
por el gradiente de geopotencial, con interpretaciones análogas (baja presión en coordenadas
geométricas es equivalente a bajo geopotencial en coordenadas de presión, y viceversa). Por este
motivo y por simplificar, frecuentemente nos referiremos a este término como el gradiente de presiones
en vez del gradiente de geopotencial aún cuando usemos coordenadas de presión.
Las ecuaciones en coordenadas de presión son muy similares a las que hemos derivado, con 𝑝𝑝
𝐷𝐷𝐷𝐷
sustituyendo a 𝑧𝑧, y usando como velocidad vertical 𝜔𝜔 = (la derivada respecto al tiempo de la presión,
𝐷𝐷𝐷𝐷
en vez de la altura, de las parcelas). Una ventaja de estas coordenadas es que no aparece la densidad, lo
que simplifica la formulación. Las ecuaciones de momento en coordenadas de presión son:
𝜕𝜕𝜕𝜕 𝜕𝜕𝜕𝜕 𝜕𝜕𝜕𝜕 𝜕𝜕𝜕𝜕 𝜕𝜕𝜕𝜕
= −𝑢𝑢 − 𝑣𝑣 − 𝜔𝜔 + 𝑓𝑓𝑓𝑓 − + 𝐹𝐹𝑥𝑥
𝜕𝜕𝜕𝜕 𝜕𝜕𝜕𝜕 𝜕𝜕𝜕𝜕 𝜕𝜕𝑝𝑝 𝜕𝜕𝜕𝜕
𝜕𝜕𝜕𝜕 𝜕𝜕𝜕𝜕 𝜕𝜕𝜕𝜕 𝜕𝜕𝜕𝜕 𝜕𝜕𝜕𝜕
= −𝑢𝑢 − 𝑣𝑣 − 𝜔𝜔 − 𝑓𝑓𝑓𝑓 − + 𝐹𝐹𝑦𝑦
𝜕𝜕𝜕𝜕 𝜕𝜕𝜕𝜕 𝜕𝜕𝜕𝜕 𝜕𝜕𝜕𝜕 𝜕𝜕𝜕𝜕
𝜕𝜕𝜕𝜕 1
=−
𝜕𝜕𝜕𝜕 𝜌𝜌
donde hemos indicado en rojo los términos que cambian para su mejor identificación. La última
𝐷𝐷𝐷𝐷
ecuación es la forma que adopta el balance hidrostático en coordenadas de presión, en el límite 𝑔𝑔 ≫ 𝐷𝐷𝐷𝐷 .
En meteorología es habitual usar como variables de análisis la presión a nivel del mar y el geopotencial
en niveles más altos. En concreto, los niveles de 500 hPa y 300 hPa se consideran representativos de la
troposfera media y alta, respectivamente.
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Esta complejidad puede soslayarse en los extratrópicos para movimientos de gran escala, cuando el
análisis de escala muestra que el término de advección es mucho más pequeño y puede ser
despreciado. Como vimos en el tema 1, el análisis de escala consiste en estimar el orden de magnitud de
los distintos términos usando valores característicos de las variables. Si suponemos que las velocidades
horizontales son ambas de orden 𝑈𝑈, y varían en distancias de orden 𝐿𝐿 (elegiremos sus valores típicos
después), los términos de advección tienen orden de magnitud:
𝜕𝜕𝜕𝜕 𝜕𝜕𝜕𝜕 𝑈𝑈 2
𝑢𝑢 , 𝑣𝑣 ~𝑂𝑂 � �
𝜕𝜕𝜕𝜕 𝜕𝜕𝜕𝜕 𝐿𝐿
mientras que el término de Coriolis tiene orden de magnitud 𝑓𝑓𝑓𝑓~𝑂𝑂(𝑓𝑓𝑓𝑓). Comparando ambos:
𝑈𝑈 2
𝑎𝑎𝑎𝑎𝑎𝑎𝑎𝑎𝑎𝑎𝑎𝑎𝑎𝑎ó𝑛𝑛 𝑈𝑈
~ 𝐿𝐿 ~ = 𝑅𝑅𝑅𝑅
𝐶𝐶𝐶𝐶𝐶𝐶𝐶𝐶𝐶𝐶𝐶𝐶𝐶𝐶𝐶𝐶 𝑓𝑓𝑓𝑓 𝑓𝑓𝑓𝑓
Este cociente, que es adimensional, se conoce como número de Rossby. Cuando el número de Rossby es
pequeño, la advección puede ser despreciada frente a la fuerza de Coriolis. Tomando valores típicos
𝑈𝑈 = 10 𝑚𝑚/𝑠𝑠, y 𝑓𝑓 = 2Ω senφ~10−4 𝑠𝑠 −1 , para 𝐿𝐿 = 1000 𝑘𝑘𝑘𝑘 obtenemos 𝑅𝑅𝑅𝑅 = 0.1. Para valores
mayores de 𝐿𝐿, el número de Rossby es aún menor. Esto implica que la advección juega un papel
secundario para movimientos de gran escala en los extratrópicos 2 y puede ser despreciada en primera
aproximación.
𝐿𝐿
La gran escala evoluciona además de forma lenta, en escalas de tiempo advectivas ∆𝑡𝑡 = , por lo que la
𝑈𝑈
𝜕𝜕𝜕𝜕
derivada temporal es del orden de la advección y puede ser también despreciada. En la atmósfera
𝜕𝜕𝜕𝜕
libre, donde no hay fricción, las ecuaciones de momento horizontal se reducen entonces a:
1 𝜕𝜕𝜕𝜕 1 𝜕𝜕𝜕𝜕
𝑓𝑓𝑓𝑓 − =0 − 𝑓𝑓𝑓𝑓 − =0
𝜌𝜌 𝜕𝜕𝜕𝜕 𝜌𝜌 𝜕𝜕𝜕𝜕
usando coordenadas geométricas, o
𝜕𝜕𝜕𝜕 𝜕𝜕𝜕𝜕
𝑓𝑓𝑓𝑓 − =0 − 𝑓𝑓𝑓𝑓 − =0
𝜕𝜕𝜕𝜕 𝜕𝜕𝜕𝜕
2
En los trópicos la fuerza de Coriolis no es dominante porque 𝑓𝑓 disminuye con la latitud y se anula en el ecuador.
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usando coordenadas de presión. Se define el viento geostrófico como el viento que satisface
exactamente estas ecuaciones:
1 𝜕𝜕𝜕𝜕 1 𝜕𝜕𝜕𝜕
𝑢𝑢𝑔𝑔 = − 𝑣𝑣𝑔𝑔 = usando coordenadas cartesianas, o
𝜌𝜌𝜌𝜌 𝜕𝜕𝜕𝜕 𝜌𝜌𝜌𝜌 𝜕𝜕𝜕𝜕
1 𝜕𝜕𝜕𝜕 1 𝜕𝜕𝜕𝜕
𝑢𝑢𝑔𝑔 = − 𝑣𝑣𝑔𝑔 = usando coordenadas de presión
𝑓𝑓 𝜕𝜕𝜕𝜕 𝑓𝑓 𝜕𝜕𝜕𝜕
1
El viento geostrófico puede definirse de forma más compacta usando notación vectorial: 𝑣𝑣
����⃗ �
𝑔𝑔 = 𝑘𝑘 × ∇𝜙𝜙. 𝑓𝑓
Podemos ver a partir de esta definición que el viento geostrófico es horizontal y perpendicular a ∇𝜙𝜙.
Esto último implica que el viento geostrófico se dirige en la dirección de las isohipsas (líneas 𝜙𝜙 = 𝑐𝑐𝑐𝑐𝑐𝑐)
En la figura 6 se ilustra cómo sería la circulación para un ciclón (centro de bajas presiones, o borrasca) y
anticiclón (alta presión) idealizados, junto con un mapa sinóptico de ejemplo. Como dijimos, el viento
geostrófico tiene la dirección de las isohipsas, pero el sentido de rotación es distinto: horario para el
anticiclón y antihorario para el ciclón. Podemos entender esta dirección de rotación teniendo en cuenta
el balance de fuerzas entre gradiente de presión y fuerza de Coriolis. Para el ciclón la fuerza del
gradiente de presión se dirige hacia el interior del vórtice, por lo que la fuerza de Coriolis debe dirigirse
hacia fuera. Esto requiere un sentido de rotación antihorario, ya que en el hemisferio norte la fuerza de
Coriolis se dirige 90º a la derecha del vector velocidad. Para el anticiclón ocurre lo contrario.
Fig. 6: Balance de fuerzas en un ciclón y anticiclón idealizados, y mapa sinóptico mostrando un anticiclón sobre
las Islas Británicas flanqueado por dos ciclones.
La componente vertical del viento 𝜔𝜔 es enteramente ageostrófica porque, como dijimos, el viento
geostrófico es puramente horizontal.
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En la sección anterior definimos el viento geostrófico es función del gradiente horizontal de presiones.
En la atmósfera el gradiente de presiones puede variar de un nivel a otro cuando la temperatura varía
horizontalmente. El motivo es que, aunque la presión siempre disminuye con la altura, lo hace más
rápidamente para una masa de aire frío (más densa y pesada) que para una masa de aire cálido. Esto
implica que el gradiente horizontal de presión, y por tanto el viento geostrófico, van a cambiar con la
altura cuando exista un gradiente térmico horizontal. La variación del viento geostrófico con la altura de
denomina viento térmico.
����⃗
𝜕𝜕𝑣𝑣 𝑔𝑔 1 𝜕𝜕𝜕𝜕 1 1 1 𝑅𝑅𝑅𝑅 𝑅𝑅 𝑅𝑅𝑅𝑅 𝑅𝑅
= 𝑘𝑘� × ∇ � � = − 𝑘𝑘� × ∇ � � = − 𝑘𝑘� × ∇ � � = − 𝑘𝑘� × ∇𝑇𝑇 + 2 𝑘𝑘� × ∇𝑝𝑝 = − 𝑘𝑘� × ∇𝑇𝑇
𝜕𝜕𝜕𝜕 𝑓𝑓 𝜕𝜕𝜕𝜕 𝑓𝑓 𝜌𝜌 𝑓𝑓 𝑝𝑝 𝑓𝑓𝑓𝑓 𝑓𝑓𝑝𝑝 𝑓𝑓𝑓𝑓
𝜕𝜕𝜕𝜕 1
donde tuvimos en cuenta el balance hidrostático en coordenadas de presión, = − , y la ley de los
𝜕𝜕𝜕𝜕 𝜌𝜌
gases ideales. El término tachado se anula porque en coordenadas de presión ∇𝑝𝑝 tiene dirección 𝑘𝑘� . La
expresión anterior implica que el viento térmico tiene la dirección de las isotermas. Aplicando la regla
del sacacorchos para el producto vectorial, podemos ver que en el hemisferio norte el viento crece con
la altura (o decrece con la presión) dejando el aire frío a su izquierda (al revés en el hemisferio sur).
El balance de fuerzas que da lugar a la relación de viento térmico se ilustra en la figura 7. Supongamos
que en un nivel isobárico base (rayado) el viento geostrófico es cero o, de forma equivalente, el
gradiente horizontal de presiones se anula y la superficie isobárica es horizontal. Si la temperatura varía
horizontalmente en esta capa, la superficie isobárica superior estará más elevada sobre el aire cálido
(más ligero) que sobre el aire frío (más denso). Esto implica una fuerza de presión dirigida desde el aire
cálido al aire frío, como se muestra en el panel central de la figura 7. Para equilibrar esta fuerza el viento
geostrófico debe estar alineado con el frente dejando el aire frío a su izquierda (panel derecho), de
forma que la fuerza de Coriolis (dirigida 90º a la derecha de ����⃗)
𝑣𝑣𝑔𝑔 se dirija del aire frío al cálido. Si la
superficie isobárica base no fuera horizontal habría también un viento geostrófico en dicho nivel, al que
habría que añadir la componente de viento térmico que hemos calculado.
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Tema 3: Ciclones extratropicales y frentes
En la atmósfera los ciclones pueden clasificarse en ciclones de núcleo frío y de núcleo cálido,
dependiendo de si el aire encerrado por la circulación se encuentra más frío o más cálido que el que le
rodea. Los ciclones tropicales (que veremos en el tema 4) son un ejemplo de ciclón de núcleo cálido,
mientras que las DANAS son un ejemplo de ciclón de núcleo frío. En general, los ciclones extratropicales
se consideran ciclones de núcleo frío, aunque, como veremos, su estructura térmica es más compleja.
De acuerdo con la relación de viento térmico, el viento geostrófico crece 3 con la altura dejando el aire
frío a su izquierda. Esto implica que los ciclones de núcleo frío alcanzan su máxima amplitud en niveles
altos, mientras que los ciclones de núcleo cálido alcanzan su máxima amplitud en la superficie, y se
debilitan al movernos a capas altas. Para los anticiclones ocurre justo lo contrario: cuando su núcleo está
frío se debilitan con la altura, y cuando está cálido se intensifican.
La diferente radiación solar entre ecuador y polos da lugar a un gradiente térmico meridiano negativo
en el hemisferio norte, con temperatura decreciente con la latitud. Pero como muestra la figura 8
(izquierda), este gradiente no es uniforme sino que se concentra en las latitudes medias, donde la
temperatura varía más rápidamente con la latitud. La región de máximo gradiente térmico se denomina
frente polar (las variaciones de temperatura aparecen suavizadas en la figura 8 por haber tomado una
media temporal; instantáneamente el gradiente térmico del frente polar puede ser bastante mayor).
Fig. 8: Temperatura media a un nivel de 2m (izqda.) y viento medio zonal en función de la altura (derecha)
durante el invierno boreal. Fuente: ERA40 atlas
La relación de viento térmico implica que el viento zonal debe crecer con la altura en estas latitudes:
𝜕𝜕𝜕𝜕𝑔𝑔 𝑅𝑅 𝜕𝜕𝜕𝜕
=
𝜕𝜕𝜕𝜕 𝑓𝑓𝑓𝑓 𝜕𝜕𝜕𝜕
Como muestra la figura 8 (derecha), esto da lugar a un máximo de viento zonal en capas altas de las
latitudes medias (en torno a 300 hPa, a niveles de la tropopausa); ésta es la llamada corriente en chorro.
La corriente en chorro separa el aire cálido de los subtrópicos del aire frío de la región polar, con origen
estratosférico 4.
3
Con esto nos referimos a la componente oeste de 𝑢𝑢 y la componente sur de 𝑣𝑣 (es decir, en las direcciones
positivas de ambos ejes).
4
La tropopausa depende de la latitud y está más alta en los trópicos que en los polos. Dado que el chorro se sitúa a
niveles de la tropopausa en las latitudes medias, el aire en estos niveles es troposférico en la vertiente tropical del
chorro y estratosférico en su vertiente polar.
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Tema 3: Ciclones extratropicales y frentes
La figura 8 sólo muestra la media zonal del viento. La figura 9 muestra la estructura horizontal (longitud-
latitud) del chorro en capas altas, junto con la distribución térmica asociada. Como podemos ver, el
chorro se ondula en numerosos meandros denominados ondas de Rossby (Fig. 9). Estos meandros no
son estacionarios, sino que se propagan de oeste a este siguiendo la dirección del viento. Además, las
ondas crecen y decrecen y, cuando tienen gran amplitud, pueden llegar a romper.
Fig. 9: Estructura longitud-latitude del chorro (primeros dos paneles, correspondientes a tiempos distintos) y
temperatura a 500hPa para el mismo tiempo mostrado en el panel central (fuente: Meteociel)
Podemos observar dos tipos de meandros (o fases de la onda). En algunos casos, el chorro se deforma
hacia el sur y hay una intrusión de aire frío hacia los trópicos. En otros, el chorro se deforma hacia el
polo, donde se produce una intrusión de aire cálido. Estas anomalías de temperatura están también
asociadas a anomalías de geopotencial como muestra la figura 10 (para un día distinto). Las anomalías
frías se corresponden con anomalías negativas de potencial (o bajas presiones), y las anomalías cálidas
con anomalías positivas o altas presiones. Las primeras se denominan vaguadas y las segundas dorsales.
Fig. 10: Estructura longitud-latitud del chorro y mapa de geopotencial a 300hPa (fuente: reanálisis NCEP)
Las vaguadas y dorsales son el equivalente en capas altas de los ciclones y anticiclones en superficie.
Comparando los dos paneles de la figura 10, podemos ver que el viento circula aproximadamente
paralelo a las isohipsas y rota de forma ciclónica/antihoraria en las vaguadas y de forma anticiclónica/
horaria en las dorsales. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre en la superficie estas circulaciones no
son cerradas. Ello se debe al impacto de la componente media zonal del chorro (al norte de un ciclón o
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Tema 3: Ciclones extratropicales y frentes
al sur de un anticiclón el viento se dirige hacia el oeste en una circulación cerrada, pero en capas altas
esta circulación no llega a cerrar cuando se añade la intensa componente oeste del chorro)
Como veremos en la sección 3.8, esta estructura de ondas juega un papel importante en la ciclogénesis.
Además, la ruptura de las ondas en capas altas puede producir masas aisladas de aire frío al sur del
chorro (o de aire cálido al norte), llamadas embolsamientos (ver Figura 11). Al descolgarse y quedar
aisladas del chorro, estas masas de aire no se mueven tan rápidamente hacia el este y pueden dar lugar
a circulaciones cerradas. Las masas aisladas de aire frío que se producen en nuestras latitudes mediante
este mecanismo se denominan DANAS (acrónimo para ‘depresión aislada en niveles altos’) y pueden
producir importantes impactos meteorológicos.
Fig. 11: Esquema ilustrando la formación de una DANA durante un proceso de ruptura de ondas. El
estrangulamiento de una vaguada da lugar a una bolsa de aire frío aislada en capas altas.
Como ciclones de núcleo frío, las DANAS son más intensas en altura por lo que en un principio no se
asociarían a una borrasca profunda en superficie. Sin embargo, al moverse la masa de aire frío en capas
altas sobre las aguas cálidas del Mediterráneo se produce una situación de inestabilidad convectiva que
da lugar a precipitaciones intensas. Los movimientos verticales asociados a esta convección pueden a su
vez reforzar la borrasca en superficie, y la circulación ciclónica asociada transportar masas de aire cálido
y húmedo a la península. Los impactos de las DANAS suelen ser mayores en otoño, al ser en esta
estación cuando el Mediterráneo se encuentra más cálido y la convección intensa es más probable.
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𝐷𝐷𝑣𝑣
����⃗
𝑔𝑔
≈ −𝑓𝑓𝑘𝑘� × ����⃗
𝑣𝑣𝑎𝑎
𝐷𝐷𝐷𝐷
Como indica esta expresión, en el hemisferio norte la aceleración del viento geostrófico se dirige 90º a la
derecha del viento ageostrófico (a la izquierda en el sur). Esta aceleración puede asociarse a un cambio
en la intensidad o dirección del viento, como muestran los siguientes ejemplos:
• Curvatura del viento. Cuando el viento cambia de dirección (las trayectorias se curvan) se produce
una aceleración aunque no cambie su intensidad (aceleración centrípeta). La aceleración centrípeta
se dirige hacia el centro de curvatura, independientemente de que el viento rote de forma horaria
como en un anticiclón o antihoraria como en un ciclón. Esto implica que el viento ageostrófico debe
rotar de forma horaria en ambos casos, para producir una aceleración dirigida hacia el centro de
curvatura (figura 13). De esta forma, vemos que el viento ageostrófico refuerza al viento geostrófico
en los anticiclones, y lo debilita en los ciclones.
Como consecuencia de esta contribución ageostrófica, el viento geostrófico es más débil en los
anticiclones que en los ciclones, lo cual es consistente con el mayor gradiente de presión para estos
últimos (las isobaras están más juntas en los ciclones, ver por ejemplo la figura 6). Eso puede
entenderse alternativamente usando coordenadas naturales (que se mueven con la parcela). En
estas coordenadas es vez de aceleración se tiene una fuerza de inercia (fuerza centrífuga). Como
muestra la figura 14, en un ciclón la fuerza centrífuga compensa en parte al gradiente de presiones.
Esto hace que la fuerza de Coriolis requerida para cerrar el balance sea menor que la que habría si
no existiera dicha fuerza, por lo que el viento es menor que el geostrófico. Para un anticiclón ocurre
lo contrario: al reforzar la fuerza centrífuga al gradiente de presiones, la fuerza de Coriolis requerida
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Tema 3: Ciclones extratropicales y frentes
.
Fig. 13: Viento ageostrófico (en rojo) en un anticiclón
(izqda.) y en un ciclón (derecha). El viento ageostrófico Fig. 14: Balance de fuerzas en un ciclón y en un anticiclón
se ha exagerado, el geostrófico es mucho mayor.
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Tema 3: Ciclones extratropicales y frentes
Como veremos en la sección 3.9, los ascensos producen amplificación de una circulación ciclónica en
superficie. Por este motivo, tanto un chorro intenso como una vaguada en altura pueden servir de
precursores en un proceso de ciclogénesis.
Un ciclón es un vórtice en el que el aire gira de forma ciclónica (antihoraria en el hemisferio norte y
horaria en el sur) alrededor de un centro de bajas presiones. La palabra vórtice deriva de vorticidad.
𝐶𝐶 = � 𝑣𝑣⃗ ∙ ���⃗
𝑑𝑑𝑑𝑑
𝒞𝒞
Resulta intuitivo que la circulación mide la rotación del fluido alrededor del
área 𝒜𝒜. Aplicando el teorema de Stokes:
�����⃗
�⃗ × 𝑣𝑣⃗� ∙ 𝑑𝑑𝑑𝑑
𝐶𝐶 = � �∇
𝒜𝒜
Además, como el propio viento, la vorticidad vertical está dominada por su componente geostrófica en
la gran escala:
𝜕𝜕𝑣𝑣𝑔𝑔 𝜕𝜕𝑢𝑢𝑔𝑔 𝜕𝜕 1 𝜕𝜕𝜕𝜕 𝜕𝜕 1 𝜕𝜕𝜕𝜕 1 2
𝜉𝜉𝑧𝑧 ≈ 𝜉𝜉𝑧𝑧𝑧𝑧 = − = � �+ � �≈ ∇ 𝑝𝑝,
𝜕𝜕𝜕𝜕 𝜕𝜕𝜕𝜕 𝜕𝜕𝜕𝜕 𝜌𝜌𝜌𝜌 𝜕𝜕𝜕𝜕 𝜕𝜕𝜕𝜕 𝜌𝜌𝜌𝜌 𝜕𝜕𝜕𝜕 𝜌𝜌𝜌𝜌
donde usamos la definición del viento geostrófico y despreciamos la variación de 𝑓𝑓 con la latitud. La
expresión análoga en coordenadas de presión es:
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Tema 3: Ciclones extratropicales y frentes
1 2
𝜉𝜉𝑧𝑧 ≈ ∇ 𝜙𝜙
𝑓𝑓
Como muestra esta expresión, la vorticidad
geostrófica es proporcional a la curvatura
(laplaciana) del campo de presión/
geopotencial. Para 𝑓𝑓 positivo (hemisferio
norte), la vorticidad es positiva en los
mínimos de presión (ciclones) y negativa en
los máximos (anticiclones), como muestra la
figura 18. Lo contrario ocurre en el Fig. 18: Vorticidad para ciclones y anticiclones en el HN
hemisferio sur, donde 𝑓𝑓 es negativa y los
ciclones y anticiclones giran en sentido inverso. De esta forma, la vorticidad proporciona una medida
alternativa a la presión o el geopotencial de la intensidad de los ciclones y anticiclones. Como veremos
en la próxima sección, este concepto resulta muy útil para entender la dinámica de la ciclogénesis.
Para entender cómo se produce la ciclogénesis, consideremos una isohipsa característica 𝜙𝜙 = 𝜙𝜙0 que
rodea a un mínimo de presión (figura 19). La intensificación del ciclón requiere que aumente la
vorticidad integrada en el área encerrada por dicha isohipsa. Como vimos en la sección anterior, esto es
equivalente a que aumente la circulación a lo largo de la isohipsa:
¿Qué puede producir esta aceleración tangencial? La fuerza de presión no, porque actúa en dirección
normal a la isohipsa, y la gravedad tampoco porque estamos en un plano horizontal. La única fuerza que
puede producir una aceleración tangencial es la fuerza de Coriolis. Dado que la fuerza de Coriolis es
siempre perpendicular a la velocidad, esto requiere que la velocidad tenga una componente normal a la
isohipsa, que va a ser necesariamente ageostrófica. Si esta componente es entrante (flechas rojas en la
figura 19) se producirá una aceleración (en morado) en dirección antihoraria, ya que la fuerza de Coriolis
se dirige a la derecha de la velocidad en el hemisferio norte. A la inversa, cuando la velocidad normal es
saliente (flechas azules) se debilita la rotación antihoraria. De esta forma, vemos que para que se
amplifiquen (debiliten) la circulación y la vorticidad es necesario que haya un flujo neto entrante
(saliente) a través de la isohipsa 𝜙𝜙 = 𝜙𝜙0 .
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Todos estos factores explican que las borrascas extratropicales se observen de forma preferente en
ciertas regiones del globo, llamadas stormtracks (del inglés, “pista de tormentas”). Una forma de
identificar estas regiones (figura 21) es compilando las trayectorias de las borrascas mediante un
algoritmo de tracking (siguiendo mínimos de presión o máximos de vorticidad en tiempos sucesivos),
para calcular después la densidad media de las trayectorias en las distintas regiones. Como muestra la
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Aunque aquí nos hayamos centrado en el proceso de intensificación del ciclón alimentado por una vaguada en
capas altas, en realidad ambos pueden reforzarse mutuamente gracias a una inestabilidad de la corriente en
chorro llamada inestabilidad baroclina. Esta inestabilidad, que depende de la baroclinicidad, es responsable de la
generación de dorsales y vaguadas en capas altas, y de ciclones y anticiclones en superficie.
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Tema 3: Ciclones extratropicales y frentes
figura 21, las regiones de mayor densidad de borrascas (stormtracks) se observan sobre las cuencas
oceánicas extratropicales, coincidiendo con las latitudes del chorro/frente polar. Esto refleja el papel
que juegan tanto la baroclinicidad como el calor latente para la intensificación de los ciclones. Dado que
los ciclones se mueven generalmente hacia el este impulsados por el chorro, esta distribución implica
que las márgenes oeste de las cuencas oceánicas, como la zona de Terranova en el Atlántico norte, son
regiones de fuerte ciclogénesis. Estas son regiones de entrada al chorro, más intenso sobre el océano, y
de gran baroclinicidad en invierno debida al contraste térmico entre océano y continente.
Fig. 21: Caracterización de las stormtracks: trayectorias de borrascas en el Atlántico, obtenidas mediante
tracking (izqda.), y densidad media de trayectorias en los hemiferios norte (centro) y sur (derecha) durante sus
respectivos inviernos (figuras tomadas de Hoskins and Hodges, 2002, 2005).
3.10 Frentes
Un frente es una región en la que la temperatura varía de forma muy rápida horizontalmente (las
isotermas se juntan). Los frentes marcan la frontera entre masas de aire con temperatura muy distinta:
la dirección del frente se dirige a lo largo de las de las isotermas y perpendicular al gradiente térmico, en
regiones en las que este gradiente es especialmente intenso. Los frentes se producen normalmente de
forma adiabática, es decir, como consecuencia del movimiento del aire en vez de mediante
calentamiento desigual. Si se tienen dos masas de aire con temperatura distinta, el gradiente térmico
aumenta cuando la circulación atmosférica acerca ambas masas. La figura 23 ilustra cómo la circulación
puede amplificar de forma adiabática el gradiente térmico. Dado un gradiente térmico inicialmente
suave/uniforme, las isotermas se apilan empujadas por el viento, y el gradiente térmico se acentúa
creando un frente. Este proceso se denomina frontogénesis.
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Tema 3: Ciclones extratropicales y frentes
El símbolo usado para identificar el frente en la figura 23 indica que se trata de un frente frío (figura 24).
El que un frente sea cálido o frío depende de la dirección en que se mueva el frente, que marca el signo
de la advección térmica. En este caso hemos supuesto que el frente se mueve de oeste a este (el sentido
habitual en las latitudes medias), por lo que se producirá advección fría al este del frente al avanzar la
masa de aire frío hacia dichas regiones. Si, por el contrario, el frente se moviera hacia el oeste, se
trataría de un frente cálido y se dibujaría con semicírculos rojos apuntando ahora hacia el oeste (los
triángulos y semicírculos se dibujan siempre apuntando en la dirección de avance del frente). En los
casos en los que el movimiento del frente no está bien definido se usa el símbolo de frente estacionario.
También se muestra en la figura 24 el símbolo usado para mostrar un frente ocluido. La oclusión se
produce cuando un frente frío alcanza a un frente cálido que le precede, un proceso que como veremos
es bastante frecuente en la etapa de declive (ciclólisis) de los ciclones extratropicales.
Los frentes tienen una gran importancia meteorológica debido a sus impactos en superficie. El impacto
más obvio es sobre la temperatura, que cambia de forma rápida debido a la advección térmica. Si el
movimiento del aire es adiabático, las parcelas conservan su temperatura (o temperatura potencial, si
hay movimientos verticales) y la variación de temperatura en un punto fijo se debe únicamente a la
advección:
𝐷𝐷𝐷𝐷 𝜕𝜕𝜕𝜕
=0 → = −𝑣𝑣⃗ ∙ ∇𝑇𝑇
𝐷𝐷𝐷𝐷 𝜕𝜕𝜕𝜕
Debido al gran gradiente térmico |∇𝑇𝑇|, el cambio euleriano de temperatura será grande cuando el
viento tenga una componente normal al frente. Esto se ilustra en la figura 25, en la que se muestra una
situación sinóptica típica durante el desarrollo de una borrasca extratropical. La figura 25a muestra la
presión en superficie y la estructura de frentes, con un frente cálido al este y un frente frío al oeste. Esta
estructura de frentes se asocia con una lengua de aire cálido de origen tropical en el cuadrante sureste
de la borrasca (Figura 25b). Como consecuencia del gran gradiente térmico hay advección térmica
fría/cálida muy intensa coincidiendo con la localización de ambos frentes (Figura 25c), que producirá
cambios rápidos en la temperatura en estos emplazamientos a corto plazo. Además, la figura 25d
muestra que gran parte de la precipitación producida por la borrasca ocurre en conexión con los frentes,
especialmente con el frente frío.
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Tema 3: Ciclones extratropicales y frentes
(a) (b)
(c) (d)
Fig. 25: Borrasca extratropical y frentes asociados: (a) Análisis mostrando la presión en superficie y la estructura
de frentes (cálido, frío y ocluido). (b) Temperatura a 850 hPa. (c) Geopotencial a 850 hPa y advección térmica.
(d) Presión en superficie y precipitación.
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Tema 3: Ciclones extratropicales y frentes
ejemplo de la figura 25a. La evolución de un sistema de borrasca-frentes típica se ilustra en la figura 26.
Los frentes fío y cálido se originan inicialmente como una deformación del frente polar por el viento
geostrófico asociado a la borrasca (amplificada por la advección ageostrófica, como veremos después).
La advección de aire cálido de origen tropical en el cuadrante sureste de la borrasca produce un sector
cálido, precedido por un frente cálido y seguido por un frente frío. En la evolución posterior, el frente
frío avanza más rápidamente que el frente cálido, que además tiende a rotar en dirección noreste. Se
produce la oclusión en la etapa de madurez del ciclón (fase IV en la figura 26). Al alcanzar el frente frío al
cálido, se achica y desaparece la masa de aire cálido cerca de la superficie, aunque puede perdurar en
altura debido a la distinta estructura vertical de ambos frentes (figura 28). Este esquema de evolución se
conoce como modelo noruego de ciclogénesis, y fue propuesto a principios del siglo XX para explicar la
ciclogénesis en base a la abundante evidencia empírica que relaciona borrascas y frentes. Hoy en día
sabemos que, aunque los frentes son un producto de la evolución de la ciclogénesis, no son esenciales
para que ocurra ésta.
Fig. 28: Estructura vertical típica de un frente cálido (izquierda) y frío (derecha) y tipo de nubosidad y
precipitación asociados. Imágenes tomadas de Lutgens and Tarbuck (2004).
Como se ilustró en la figura 23, la frontogénesis normalmente ocurre de forma adiabática, asociada a la
deformación de las isotermas por la circulación atmosférica. Para que se produzca frontogénesis es
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necesario que el viento horizontal converja en dirección perpendicular al frente, comprimiendo las
isotermas como en el ejemplo de la figura 23. Si el viento es geostrófico, esta convergencia debe ir
acompañada de divergencia en dirección paralela al frente (figura 28a) ya que el viento geostrófico no
tiene componente vertical. Este tipo de movimiento se conoce como movimiento de deformación, y es
caracterizado por sus ejes de contracción (dirección en la que converge el movimiento) y dilatación
(dirección en la que diverge). Para que se produzca frontogénesis, es necesario que el eje de contracción
proyecte en la dirección del gradiente térmico (figura 28a). En caso contrario, se produciría frontólisis y
declive del frente (figura 28b).
Fig. 28: (a) Frontogénesis producida por el viento geostrófico. (b) Frontólisis producida por el viento geostrófico.
(c) Contribución ageostrófica a la frontogénesis.
Aunque el viento geostrófico puede producir frontogénesis, este forzamiento por sí mismo produciría
tendencias frontogenéticas más débiles que las observadas. En la práctica, es necesario incluir también
el forzamiento por el viento ageostrófico para obtener tendencias realistas. Como muestra la figura 28c,
la convergencia en dirección normal al frente se asocia en este caso a convergencia horizontal y
ascensos en vez de a deformación. Aunque en la escala sinóptica 𝑅𝑅𝑅𝑅 ≪ 1 y 𝑣𝑣𝑎𝑎 ≪ 𝑣𝑣𝑔𝑔 , en la dirección
transversal al frente resulta más apropiada una estimación de mesoescala en la que 𝑅𝑅𝑅𝑅 ≈ 1 y 𝑣𝑣𝑎𝑎 y 𝑣𝑣𝑔𝑔
son del mismo orden, de forma que la advección térmica geostrófica y ageostrófica son comparables.
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Tema 3: Ciclones extratropicales y frentes
Fig. 29: Estructura característica de un ciclón extratropical, indicando los frentes cálido y frío y la cinta
transportadora caliente en el sector cálido. Figuras tomadas del libro de Stull.
Fig. 30: Climatología anual de temperatura potencial equivalente saturada. Fuente: Marshall & Plumb (2008)
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